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1 El surgimiento de la sociología

Escuelas y autores clave de sociología urbana[1]

Verónica Paiva

Introducción

El objetivo de este capítulo es dar cuenta del contexto de surgimiento de la sociología y la estrecha relación que tuvo, desde sus inicios, con la problemática urbana, y, por otro lado, realizar una breve reseña de las diversas escuelas de sociología urbana que existieron desde antaño a nivel internacional, en diferentes épocas.

Contexto de surgimiento de la sociología

La sociología, la disciplina que analiza el cruce entre “biografía e historia” (Wright Mills, 1959), es decir, que examina los sucesos como efecto de un contexto social, político e institucional determinado, surge en el siglo xix como consecuencia de los cambios que rodearon a la Revolución Industrial y la Revolución francesa. ¿Cuáles fueron dichos cambios? Muy sintéticamente, pueden ser agrupados en tres: socioeconómicos, científicos y políticos.

Cambios socioeconómicos

Durante la etapa medieval, el 80 % de la población vive en el campo, con tareas rurales que se producen en los campos de los señores feudales. Los hombres se dividen en libres y no libres y existe entre ellos una relación de “vasallaje” que vincula a los de mayor poder con los de menor poder, en una relación que intercambia servicios por protección. Así se relacionan el rey con los señores feudales y estos con los siervos que viven en sus tierras. Durante el feudalismo, la producción es fundamentalmente rural y el 90 % de la población está constituida por campesinos que labran las tierras feudales. Se trata de un modelo económico de producción orientado a la reproducción del modelo, es decir, a la alimentación de los habitantes sin generación de mayores excedentes más que el resguardo contra hambrunas y adversidades climáticas.

Por su parte, en las ciudades medievales, pequeñas y amuralladas, solo se sitúan los gremios que agrupan a los artesanos de distinta jerarquía y también a los burgueses, clase social conformada por comerciantes y profesionales, que es minoritaria hasta las Revoluciones Industrial y francesa. Los gremios integran a los artesanos y existen leyes muy estrictas que prohíben la libre competencia dentro de los límites de la pequeña ciudad.

En un lento proceso que va desde el siglo xv hasta el siglo xviii, este mundo medieval y rural se empieza a erosionar, para dar paso al mundo industrial y capitalista. ¿Cuáles son los sucesos que provocan el cambio y cuál es la relación de la sociología con dichos hechos?

Si seguimos a Marx en su texto La acumulación originaria, el autor expresa que, al menos en Inglaterra, ya hacia el siglo xiv aquella división de la tierra entre señores feudales y siervos solo existe en el derecho, dado que la tierra está en manos de pequeños campesinos que labran los campos de los grandes señoríos feudales y que, además, en su tiempo libre, se dedican a trabajar las tierras de los terratenientes como arrendatarios libres (Marx, 1867).

Unido a ello, existe desde antaño una antigua institución germánica que dispone la existencia de terrenos comunales en donde los siervos pueden cultivar y tener animales. Lentamente, toda esta forma de división y uso de la tierra agrícola comienza a modificarse, ya que, por un lado, empiezan a limitarse y prohibirse las extensiones de tierras destinadas a campesinos que estaban ubicadas en los señoríos feudales y desde el siglo xviii se sancionan las llamadas enclosures acts (“leyes de cercamiento”), que mandan cercar las tierras comunes que pasan a manos de un solo dueño. El cercamiento no solo significa la prohibición de uso de las tierras de todos los campesinos que se abastecen allí, sino el cambio en el tipo de uso de la tierra, que pasa de ser agrícola a ser de pastoreo de ovejas, para abastecer las necesidades de la industria lanera que se está desarrollando en Londres.

Además de estos fenómenos, la Reforma Protestante del siglo xvi también incide en los cambios en la propiedad y uso del suelo, ya que, a partir de la expulsión de la Iglesia y la confiscación de las tierras, el 80 % de los campesinos que formaban parte del clero son expulsados de las tierras y privados de sus medios de vida. En este cambio de escenario, todos los campesinos que vivían de los dominios de la Iglesia o en las tierras de los señores feudales son desplazados hacia las ciudades y se convertirán lentamente en obreros de la naciente industria surgida en las urbes.

¿Cuáles son los agentes sociales y económicos que se convertirán en los grandes actores del naciente capitalismo? En el campo, el arrendatario capitalista, un sujeto que comenzó como arrendatario libre en calidad de siervo y que se va empoderando entre el siglo xiv y xvi por el aumento de los precios de los productos agrícolas. Si se tiene en cuenta que los arriendos se contratan a cien años según las normas feudales, y que los alimentos se venden en las zonas portuarias a precios de mercado, por fuera de los límites a la libre competencia que imponen los gremios, las coyunturas favorables al alza de precios actúan a favor de los arrendatarios, ya que la diferencia entre lo que pagan de arriendo y el precio de lo que venden los ayuda a enriquecerse (Marx, 1983).

El otro actor importante del emergente capitalismo es el burgués o capitalista en las ciudades. Hacia el siglo XI, eran un grupo minoritario dentro de la población de las pequeñas ciudades del Medievo. ¿Cómo se enriquecen luego, cómo logran constituirse en la clase fundamental que lleva adelante la Revolución Industrial en Inglaterra y la francesa en dicho país? En lo económico, un sector de los futuros capitalistas son algunos artesanos que utilizan la fuerza de trabajo del campesinado en la baja temporada agrícola para la elaboración textil a través del trabajo domiciliario (domestic system). Pero, fundamentalmente, es a través del comercio ultramarino, la explotación de las riquezas naturales de las nuevas colonias, la creación de bancos, de sociedades anónimas y de la deuda pública, es decir, los empréstitos de los privados al Estado para financiar las guerras (Marx, 1983).

Toda esta serie de hechos provocan la migración de grandes cantidades de pobladores del campo a la ciudad en busca de trabajo en la naciente industria urbana, el surgimiento de urbes que no están acondicionadas para recibir a los nuevos contingentes de población migrante y el surgimiento de un nuevo actor social: el proletariado.

Las condiciones de vida en las grandes ciudades de Inglaterra, la pobreza de las viviendas, el hacinamiento y la falta de salubridad son ilustrados por Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra:

En Inglaterra estos barrios malos están organizados por todas partes más o menos de la misma manera, hallándose ubicadas las peores viviendas en la parte más fea de la ciudad. Casi siempre se trata de edificios de dos o una planta. Estas pequeñas casas de tres o cuatro piezas y una cocina se llaman cottages y constituyen comúnmente en toda Inglaterra, salvo en algunos barrios de Londres, la vivienda de la clase obrera. Las calles mismas no son habitualmente ni planas ni pavimentadas, son sucias, llenas de detritos vegetales y animales, sin cloacas ni cunetas, pero en cambio sembradas de charcas estancadas y fétidas. Además la ventilación se hace difícil por la mala y confusa construcción de todo el barrio, y como muchas personas viven en un pequeño espacio, es fácil imaginarse que aire se respira en esos barrios obreros ( Engels, 2002: 70).

Cambios en el mundo de las ideas, de la ciencia y la filosofía

Desde el siglo xv en adelante, se producen una serie de cambios que marcan la modificación absoluta de los criterios para producir la ciencia. Según Obiols (1993), dichos cambios se dan entre los siglos xv y xix y marcan el tránsito entre una ciencia generada sobre la base de modalidades admitidas por la Iglesia y una ciencia basada en la “razón” y en las prácticas del método moderno. ¿A partir de qué sucesos se genera el tránsito hacia la racionalidad científica y filosófica?

Siempre según Obiols, el primer hito en este pasaje es la Reforma Protestante, es decir, aquel cisma producido por Lutero en el siglo xvi que significa una separación con la Iglesia católica y el nacimiento de un nuevo dogma. Existen dos aspectos de esta nueva creencia que se relacionan con el nacimiento de la modernidad: la libre interpretación de la Biblia y la exaltación de una única y excluyente relación de cada creyente con Dios, sin ningún tipo de intermediarios. Dichos postulados promueven la entrada en escena de dos factores estrechamente ligados con la modernidad: el sujeto y la razón individual.

Posteriormente, con Galileo Galilei en el siglo xvi y luego Newton en el siglo xvii, aparecen otros fundamentos de la modernidad. La ciencia deja de validarse por los mandatos establecidos por la Iglesia y empieza a gobernarse por los criterios de la ciencia moderna: observación, comparación, experimentación, validación.

Con esas prácticas y unas lentes rudimentarias que le acercaron los navegantes holandeses, Galileo comprueba que la Tierra es redonda y se enfrenta a la Iglesia católica, lo cual le apareja el castigo de la Inquisición y la necesidad de abjurar de sus creencias. Más tarde, ya en el siglo xvii, Newton con la misma metodología establece la “ley de gravitación universal” y logra el establecimiento de una ley general de funcionamiento de los cuerpos que es válida universalmente, al menos hasta que pueda establecerse otro criterio. ¿Qué importancia tienen estos cambios para la sociología?

Dichos cambios resultan fundamentales ya que son los parámetros que tomarán los primeros pensadores de la sociología cuando, luego de las Revoluciones francesa e Industrial, piensen cómo restaurar el orden social perdido por las guerras civiles provocadas por la Revolución francesa y por las consecuencias de la pobreza, el hacinamiento y las enfermedades causadas por el industrialismo que generó la Revolución Industrial en la población.

Tomando como referencia los descubrimientos de las ciencias exactas, Augusto Comte (Francia, 1798-1857) será quien utilice por primera vez los términos “física social” o “fisiología social” para referirse a la naciente sociología. Si se repara en los términos usados por Comte, “física” o “fisiología”, queda claro cuáles son sus referentes científicos para la formulación de la nueva disciplina. Para el fundador de la sociología, la referencia a Newton es constante en sus textos, dado que, así como aquel pudo encontrar las leyes que rigen la atracción universal, será posible encontrar la ley que rige el devenir humano y prevenir las crisis sociales futuras (Comte, 1997 [1842]).

Luego de Augusto Comte, otros pensadores continuarán la tarea de pensar la problemática social. En ese intento, es posible visualizar tres corrientes sociológicas que, en cierto modo, continúan hasta la actualidad. Una es la sustentada por Émile Durkheim (Francia), hacia fines del siglo xix y principios del xx, quien, bajo el paradigma positivista, busca analizar los hechos sociales como si fueran “cosas”, es decir, como si los sucesos sociales pudieran ser analizados objetivamente y sin que mediara la subjetividad de quien observa. Dicha perspectiva teórica examina la sociedad como si fuera un organismo cuyas partes cumplen funciones que sirven para sostener el equilibrio del engranaje general. Otra corriente es la que comienza con Marx hacia fines del siglo xix, que pone el acento en la desigualdad social, la lucha de clases, las consecuencias negativas del capitalismo y el industrialismo en las condiciones de vida de la clase obrera y en los mecanismos sociales que operan para mantener la desigualdad social. Por último, una tercera corriente es la perspectiva “comprensivista”, que comienza con Max Weber en Alemania hacia fines del siglo xix, la cual, a diferencia del positivismo y de la mirada de Durkheim, no sostiene que los hechos sociales pueden observarse y explicarse tal como los objetos de la naturaleza, sino más bien “comprenderse” atendiendo a la perspectiva del sujeto que emprende una acción (Pinto, 1996).

Cambios políticos

A partir del siglo xviii, se van constituyendo los Estados modernos, es decir, se dejan atrás las monarquías hereditarias feudales (siglos xi al xiii) y las monarquías absolutas (xvii al xviii) para consolidar las democracias modernas, a partir de la Revolución francesa de 1789 y durante todo el siglo xix en los distintos países. El fundamento del poder político deja de ser la herencia o el poder divino, fundamento en el cual se analiza las sociedades como si fueran fruto de un plan divino que coloca a los monarcas, señores feudales e Iglesia en una tríada que es reflejo del plan ideado por Dios, y se pasa a buscar su base en los derechos individuales.

En este contexto, autores como Hobbes (siglo xvi), Locke (siglo xvii) y Rousseau (siglo xviii) buscan en el “contrato social” la base del acuerdo que fundamenta el poder de los gobernantes y que cristaliza en la ley. El contrato es una entidad imaginaria entre distintas personas que “contratan” la organización de la sociedad y el modo como administrarán sus derechos individuales. Cada forma de contrato ideada por estos teóricos responde a una época histórica y al contexto social y político particular. Así, en el contrato de Hobbes, los hombres viven en guerra permanente, por lo cual contratan para entregar todos sus derechos al rey y, bajo este poder absoluto, garantizar la paz (siglo xvi), mientras que, en el contrato social que imagina John Locke, los hombres contratan para mantener la paz social y limitar el poder absoluto del rey (siglo xvii). Por último, ya en el siglo xviii, en el contrato social que describe Rousseau los hombres ya no entregan sus derechos al poder del rey, sino a la ley, que es soberano supremo.

Siguiendo a este autor:

Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con la fuerza común, la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual, cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y permanezca tan libre como antes. Tal es el problema del contrato social.
En fin, dándose cada individuo a todos no se da a nadie y como no hay un solo asociado sobre el cual no se adquiera el mismo derecho que se cede, se gana la equivalencia de todo lo que se pierde y mayor fuerza para conservar lo que se tiene ( Rousseau, 1999: 14-15 [1762].

Tal como señala Portantiero (1991), las disciplinas antecesoras de la sociología son las ciencias económicas y las ciencias políticas que surgen en el siglo xviii con las reflexiones de William Petty y Adam Smith sobre la libre competencia y el mercado y las teorizaciones de Hobbes, Locke, Montesquieu o Rousseau sobre el vínculo de los sujetos con el poder político. Tales ciencias surgen antes porque el perfil de las problemáticas que analizan es anterior a aquellas alrededor de las cuales formó su campo específico la sociología: el industrialismo, el surgimiento del proletariado, la anomia, la integración social, el hacinamiento y la pobreza.

Tal como se vio hasta aquí, la sociología y la ciudad estuvieron estrechamente ligados desde el principio ya que buena parte de las problemáticas de la disciplina fueron de orden urbano desde el comienzo. Desde este lugar, ¿con qué criterios delimitar a los autores que iniciaron la reflexión específica sobre sociología urbana?

Breve recorrido por las tradiciones de la sociología urbana: los autores y las escuelas

En términos generales, puede afirmarse que la ciudad está presente desde antaño en los escritos sociológicos ya que esta disciplina surge en el contexto de expansión del industrialismo en las urbes. En este sentido, Marx y Engels escriben textos fundamentales sobre la ciudad industrial. Por ejemplo, en El manifiesto comunista revelan el modo en que la burguesía somete al campo desde la ciudad (Marx y Engels, 1848: 111), y, en La situación de la clase obrera en Inglaterra, Engels describe las nuevas ciudades surgidas luego de la Revolución Industrial, sus barrios feos, sus calles estrechas y sucias, las viviendas oscuras y húmedas en las que habita la clase obrera (Engels, 1974: 44-46). En cuanto a Durkheim, señala que debe considerarse la morfología al estudiar el quehacer social, ya que, al igual que el resto de los hechos sociales, las obras arquitectónicas y las urbanas son impositivas y determinan de modo imperioso el sentido del cambio (Durkheim, 1981: 38), es decir que, al igual que el resto de los hechos sociales, moldean la conducta humana. Por último, Max Weber escribe un texto específicamente dedicado a definir qué es una ciudad. Tal como expresa el autor, todas se caracterizan por ser asentamientos cerrados, ser localidades y no un conjunto disperso de casas, tener un tamaño importante de habitantes, alta densidad demográfica, y poseer división del trabajo y una población que vive del comercio y de la industria (y no de la agricultura), que satisface sus necesidades a partir del mercado (Weber, 1964: 938-939). Según su actividad económica, Weber distingue entre las ciudades de productores y las ciudades de consumidores según vivan de la producción generada por las fábricas o del comercio para el mercado local y exterior o, al revés, sean rentistas o funcionarios que no producen dentro de los límites de la ciudad (Weber, 1964). Weber teoriza sobre las características de la ciudad, en función de dilucidar las especificidades de la racionalidad occidental, tema que está presente en todas sus obras.

Como se ve, la referencia a la ciudad y al espacio está presente en las reflexiones de los clásicos, y seguramente habría muchos otros textos para citar. Sin embargo, ninguno de ellos tiene como objetivo reflexionar sobre las urbes, sino que esto es una consecuencia del trabajo teórico realizado sobre otros temas, tales como el impacto del avance de la industrialización, el capitalismo o las características del hecho social.

Siguiendo este razonamiento, ¿cuándo puede afirmarse, entonces, que se inicia la sociología urbana? En general, la bibliografía limita su ámbito a un grupo de expertos que tiene como “objetivo específico” reflexionar sobre la ciudad y los fenómenos urbanos. Tomando este criterio, existe acuerdo en categorizar como sociólogos urbanos a los siguientes autores y escuelas: George Simmel, Maurice Halbwachs, Raymond Ledrut, los sociólogos de la Escuela de Chicago, y los de la Escuela Francesa de Sociología Urbana. En la actualidad, podría agregarse a este recorte a David Harvey (geógrafo), Saskia Sassen, los trabajos actuales de Manuel Castells, Mike Davis y varios estudios de Bourdieu aplicados al espacio físico y social, por solo citar a algunos.

De acuerdo con ello, a continuación, una breve reseña de los principales aportes de estos teóricos a la ciudad y el fenómeno urbano, más allá de que se incluya un capítulo específico para algunos de ellos en este libro.

En cuanto a George Simmel, se trata de un pensador alemán que vive en Berlín entre 1858 y 1918 y que escribe varios trabajos referidos al espacio y la ciudad. Entre ellos, El espacio y la sociedad, en donde expresa que el espacio es una forma que en sí misma no produce efecto alguno (Simmel, 1986a: 644) y que no son las formas de la proximidad o la distancia espaciales las que determinan los fenómenos de la vecindad o la extranjería, sino que estos hechos son producidos exclusivamente por factores espirituales (Simmel, 1986a: 644). En otro de sus textos más famosos, Las grandes urbes y la vida del espíritu (1986b), perfila las características del hombre metropolitano: racionalidad, cálculo, previsión, uso de la reserva y de la distancia para preservarse de la enorme cantidad de estímulos con la que debe toparse diariamente. Si no fuera por la actitud blassé (“indiferente”), sería imposible preservar la autonomía y la identidad que solo aparece en los pequeños grupos que se forman dentro de la gran ciudad. En este texto, la ciudad y el espacio no son elementos fundantes de dicha actitud, sino la economía monetaria y el capitalismo, que han puesto al dinero como medida de todos los vínculos.

Otro de los autores referenciados como iniciadores de esta rama de la sociología son Maurice Halbwachs (1877-1945), sociólogo francés influenciado por Émile Durkheim y Henri Bergson que pone el acento en la relación entre el espacio y la construcción de la memoria al esbozar que los sujetos son influenciados por el espacio, pero que también dejan su impronta en él (Halbwachs 1925: 20), y Raymond Ledrut y sus investigaciones sobre el barrio en cuanto unidad vecinal y no solo administrativa, lo mismo que la relación entre los barrios y el centro (Lamy, 2006).

Además de los autores citados, la bibliografía suele ubicar a los teóricos de la Escuela de Chicago como aquellos que continúan la reflexión sobre la vida en las ciudades y la especificidad de los hechos urbanos. Se trata de una escuela de sociología surgida en la ciudad de Chicago entre fines del siglo xix y la mitad del siglo xx.

Existen distintas generaciones en la Escuela de Chicago. Una primera que se inicia con la apertura del Departamento de Sociología y Antropología en el año 1892 y que llega hasta a los años 20. En esta etapa se producen los primeros trabajos orientados a dar respuestas a las problemáticas de la ciudad de Chicago, atravesada por el crecimiento veloz de la población a causa de la afluencia de inmigrantes de diversos lugares del mundo, la industrialización y la urbanización acelerada. En dicha etapa se escriben trabajos como The Polish Peasant in Europe and America (El campesino polaco en Europa y América), publicado entre 1918 y 1920 por William Thomas y Florian Znaniecki, que da cuenta de las formas de vida de la comunidad polaca en Chicago y que es elaborado sobre la base de historias de vida, entrevistas, observación participante, análisis de periódicos, cartas y otros documentos personales, exhibiendo una de las corrientes teórico-metodológicas que serán fuertes en Chicago, como los estudios culturalistas y cualitativos (Ullán de la Rosa, 2014).

La segunda generación de Chicago puede situarse entre 1920 y 1940. Varias investigaciones son paradigmáticas de las perspectivas teóricas que se consolidan en ella. Por un lado, el grupo de estudios que da cuenta del estudio de la ciudad como ecosistema urbano, entre los cuales se cuentan Ecología humana (Park, 1936), “El ámbito de la ecología humana” (McKenzie, 1926) o The City (Park, 1925). Por otro lado, las investigaciones que se focalizan en el universo cultural de las poblaciones urbanas, como por ejemplo las realizadas por Robert Redfield y su interés en los cambios operados por las poblaciones rurales al trasladarse a la ciudad (continuum folk-urbano) (Romero Contreras, 1999). Los trabajos de perfil ecológico estudian la dinámica poblacional como si fuera un ecosistema en el que la población ajusta su conducta al hábitat en que le toca vivir. Tomando las ideas de competencia y cooperación de Darwin y Haeckel, la ecología humana entiende el devenir de la urbe como el resultado de un proceso de competencia, dominio y sucesión en donde la lucha de actividades e instituciones en un territorio determina los rasgos de la comunidad urbana. El área de dominación es la del precio del suelo más elevado, que, en general, está ocupada por el área comercial y bancaria; a partir de allí, declina el precio del suelo. La ecología humana entiende la sociedad humana articulada sobre dos niveles: el biótico y el nivel cultural. Mientras que en el nivel biótico se da la competencia, el aparato cultural formado por la comunicación y el consenso tiende a frenar la conflictividad (Park, 1936). El modelo de crecimiento de las ciudades en círculos concéntricos de Burgess es tributario de esta mirada.

El principal exponente de la perspectiva culturalista es Louis Wirth. Este autor escribe un artículo famoso llamado “El urbanismo como modo de vida” (1938), en el cual no solo recupera la visión ecológica del urbanismo, sino que intenta definir cuál es la especificidad del análisis sociológico al explorar la vida urbana. En ese sentido, establece que en la organización social de la ciudad priman los lazos secundarios sobre los primarios, decaen los lazos familiares y los de vecindad y se debilitan las bases tradicionales de la solidaridad social. En cuanto a la personalidad urbana, el hombre de la ciudad opera a través de una multiplicidad de grupos que se relacionan con sus intereses y que, tanto como lo unen, también lo desintegran en su unidad emocional interior, de allí que el crimen, el suicidio, el desorden mental y la desorganización personal prevalezcan más en la comunidad urbana que en la rural (Wirth, 1938).

Para cerrar, cabe decir que los referentes teóricos que aparecen en los textos de los diversos teóricos de Chicago son, además de las ideas ecológicas de adaptación y supremacía, tributarias del darwinismo, la díada comunidad-sociedad de Sombart y Weber, las formas de la solidaridad de Durkheim y los rasgos del hombre metropolitano de Simmel. Es que, tal como dice Ullán de Rosa, en la Escuela de Chicago convergen el positivismo y la verstehen (“comprensión”), lo nomotético y lo idiográfico, el concepto de “comunidad” tributario de la ecología y los commnity studies desplegados por la antropología cultural (Ullán de Rosa, 2014). Para entender esta migración conceptual, debe tenerse en cuenta que Park es discípulo de Simmel en Berlín y también de John Dewey en el mismo Chicago (Ullán de Rosa, 2014).

Esta escuela declina a partir de la entrada en escena del funcionalismo de la mano de Talcott Parsons y, en lo relativo a cuestiones urbanas, luego del ascenso de la Escuela Francesa de Sociología Urbana en la década de 1960 y 1970.

En cuanto a esta, uno de sus teóricos fundamentales es Henri Lefebvre, filósofo y profesor la Universidad de París x en Nanterre, que es un crítico agudo del rumbo que toma la planificación urbana en su época. En su opinión, el centro de París se está “museificando”, es decir, derribando los antiguos barrios históricos de la ciudad para convertirlos en atractivos para el turismo. En este contexto, Lefebvre critica severamente la arquitectura racionalista de Le Corbusier y la deshumanización del centro. Como producto de aquella crítica, nace el texto El derecho a la ciudad (1967), en donde insta a los obreros a tomar el mando de la dirección que tomará la urbe, sin ser avasallados por los modos racionales que impone el Estado. Para Lefebvre, el espacio y su forma inciden en las conductas sociales y en el carácter de los sujetos.

Frente a estas posiciones, se levanta Manuel Castells, a la sazón discípulo de Lefebvre en la Escuela de Sociología Urbana de Francia. Retomando los postulados del “determinismo en última instancia” de Althusser, que domina el debate marxista en el ambiente académico francés de los 60 y 70, Castells reclama a Lefebvre que el espacio en sí no es generador de conductas y que, en todo caso, es una variable condicionada por el modo de producción capitalista y sus relaciones sociales. Con un enorme predicamento en el ambiente francés y latinoamericano de esas décadas, Castells publicará textos como ¿Hay una sociología urbana? (Castells, 1968), en donde propone que son dichas relaciones infraestructurales y no el espacio las que determinan la forma de la ciudad y la subjetividad de los habitantes. En trabajos posteriores sostendrá la hipótesis de que la ciudad es el lugar de la reproducción de la fuerza de trabajo y, por tanto, de los consumos colectivos necesarios para reproducirla, tales como transporte, educación pública, carreteras, agua, electricidad, etc. Propondrá la hipótesis de que el rol del Estado es subsidiario al capital monopolista, ya que se hace cargo de la infraestructura necesaria para hacer posible esa reproducción sin menoscabar la acumulación del capital. En La cuestión urbana (Castells, 1974), propone, sin embargo, que las clases medias urbanas beneficiadas por esos servicios pondrán en marcha una nueva serie de movimientos sociales ya no anclados meramente en la cuestión salarial y en las condiciones fabriles del trabajo, sino en la calidad de estos nuevos servicios de las ciudades.

Lefebvre y sus seguidores responderán a las críticas de Castells sobre el espacio sosteniendo que el mercado ya no se contenta con la producción “en” el espacio, sino que ha empezado a producir “el” espacio. Este se ha convertido en una mercancía que contribuye a la reproducción ampliada de las relaciones de producción. Para Lefebvre el proceso de producción del espacio y el producto (objeto) se presentan como un único elemento inseparable (Lefebvre, 1974). En cada coyuntura histórica, cada sociedad produce un espacio en el contexto de un proceso trialéctico sustentado en las representaciones del espacio, los espacios de representación y las prácticas espaciales (Baringo Ezquerra, 2013: 122).

Para concluir, cabe decir que, en cuanto a las producciones actuales en materia de ciudad y pensamiento urbano, si bien no es posible detectar una escuela dominante, sí se pueden señalar algunos autores de fuerte predicamento en el pensamiento sociourbano actual.

Por empezar, cabe citar a Saskia Sassen, quien aporta a la hora de pensar sobre el espacio y las relaciones sociales su noción de “ciudad global”. Se trata de ciudades nacidas como efecto del capitalismo posfordista, basado más en el capitalismo financiero que en el industrial y que trasciende las fronteras del Estado nación. Dicha economía global hace pie en un conjunto de ciudades que son sede de las principales instituciones financieras, poseen importantes redes de telecomunicaciones, aeropuertos que conectan los puntos más importantes del mundo y son centros del poder global. Como particularidades sociourbanas, estas ciudades globalizadas se caracterizan por tener grandes conurbaciones y gran cantidad de población que vive en ellas, ser cosmopolitas y avanzadas tecnológicamente y poseer un área de edificios cuyas arquitectura y ubicación se relacionan estrechamente con el capital internacional y no tanto con la economía local (Sassen, 1991).

Entre otros teóricos destacados de esta época, cabe citar a David Harvey, geógrafo y teórico social, quien, con sus textos referidos a la acumulación por desposesión (Harvey, 2003) o sobre “el derecho a la ciudad” (Harvey, 2013), ha repensado viejos conceptos de Marx o Lefebvre sobre la producción del espacio o las formas actuales de acumulación capitalista aplicadas a la ciudad. Por otro lado, los trabajos de Manuel Castells sobre ciudades globales producidos desde mitad de los 90 y los textos de Mike Davis sobre la pobreza y la desigualdad en Planeta de ciudades miseria (Davis, 2014), así como los de Bourdieu sobre los “efectos de lugar” (Bourdieu, 1999), pueden citarse como las producciones clave de estos últimos años.

La sociología urbana en Argentina. Breves comentarios sobre su recorrido

Si bien es posible rastrear los primeros estudios sociológicos sobre la ciudad en los trabajos de Gino Germani acerca de los efectos sociales de la urbanización en un área obrera del Gran Buenos Aires, en donde estudia las condiciones de vivienda y salud de los habitantes de la Isla Maciel (Trovero, 2017), o en otro llamado “La ciudad como mecanismo integrador” (Germani, 1967), en el cual pone en evidencia el rol de la ciudad como mecanismo de modernización de las poblaciones, la primera referencia a la existencia de una materia llamada “sociología urbana” se halla en el currículo del Instituto de Planeamiento Regional y Urbano del Litoral (iprul), que funcionó entre 1961 y 1965 bajo la dirección del arquitecto Jorge Enrique Hardoy. Este centro reemplaza al Instituto de Arquitectura y Planeamiento de la Universidad del Litoral, y su función es generar estudios, investigaciones y planes reguladores elaborados bajo las nociones de planificación urbana y regional tributarias del desarrollismo y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), es decir, bajo el criterio de que la planificación estatal puede influir positivamente en el desarrollo equilibrado de los países (Stropparo, 2011; Monti, 2015; Jajamovich, Cortés y Arango López, 2016). Allí aparece por primera vez Sociología Urbana, a cargo del Arq. Mario Robirosa, que armó la materia con el acervo que trajo de sus estudios en Francia (Paiva, 2018). Mario Robirosa se graduó de arquitecto en 1957 y luego realizó estudios de posgrado en Francia durante los años 60 con el antropólogo Paul-Henry Chombart de Lauwe, a quien se considera un iniciador de la sociología urbana en Francia.

Chombart es un estudioso de los sectores populares de la vida urbana y de la relación de la clase obrera con la vivienda, que tiene entre sus referentes teóricos a Durkheim, a Marcel Mauss y a la Escuela de Chicago, aunque refuta varios de los postulados de esa escuela sobre la desorganización familiar y la anomia y es un fuerte defensor de la cultura obrera. Es director del Centre de Sociologie Urbaine, creado por el Estado para avalar su política de vivienda, pero, al revés de lo esperado, sus estudios son muy críticos de la política pública en materia habitacional. Las técnicas usadas por Chombart aúnan la etnografía, las estadísticas y la foto área, técnica de la que es precursor (Ullán de la Rosa, 2014). Durante su estadía en Francia, toma contacto, además, con el texto “Teoría de la ecología humana” de Amos Hawley, que, como comenta él mismo, se convierte en la base de su concepción de la sociología urbana durante años (entrevista a Mario Robirosa, 2017).

Sintéticamente, la ecología humana es una derivación de la ecología urbana de Chicago que estudia las relaciones de los hombres tanto con su ambiente natural como con el construido y social. Analiza los esfuerzos adaptativos de los grupos humanos a esa diversidad de entornos y también los métodos para mejorar esa relación (Hawley, 1975).

Por otro lado, a su regreso en 1960, toma contacto con Gino Germani y cursa el “certificado de estudios sociológicos” que dicta el sociólogo italiano en la Universidad de Buenos Aires para los profesionales provenientes de otras disciplinas. En 1961 conoce al arquitecto Jorge Enrique Hardoy y se incorpora al iprul, que se sostiene con fondos de la Fundación Di Tella, la Fundación Ford y el CONICET. Robirosa arma su programa de Estudios de Sociología Urbana en el iprul bajo la perspectiva teórica de la ecología humana, más todas las referencias teóricas que traía de Francia y el importante conocimiento de técnica estadística, lo que le permite tomar datos estadísticos primarios en un contexto donde el financiamiento es abultado y permite a los investigadores desarrollar datos de este tipo a gran escala (Paiva, 2018). En 1965 se suspenden las actividades del iprul por conflictos internos con la Universidad del Litoral, y a principios de 1966 el anterior instituto reabre con el nombre de Centro de Estudios Urbanos y Regionales (ceur). El ceur tiene dos líneas importantes de trabajo: regional rural y urbana. Dentro de los temas urbanos que se investigan, se cuentan: la vivienda, la política pública en materia urbana, el rol del Estado de la construcción de grandes obras públicas (ceur, 2013). En cuanto a las orientaciones teóricas de los estudios de esta etapa, si bien allí Robirosa continúa a cargo de Sociología Urbana bajo la perspectiva de la ecología humana, aparecen nuevas corrientes, como la teoría de la dependencia, el marxismo estructuralista encarnado por Manuel Castells o el rol del Estado en la concentración de los medios de producción y consumo colectivos para acelerar la ganancia capitalista (Lojkine, 1979). Desde estos paradigmas, la existencia de pobres urbanos en la ciudad ya no es considerada un momento previo a la integración en las estructuras modernas de la sociedad tal como planteaba la teoría de la modernización, sino el signo de una estructura socioeconómica dependiente que los tiene en ese lugar como parte de su engranaje general y en la cual el rol del Estado es la dotación de consumos colectivos necesarios para la reproducción del capitalismo. En esta misma etapa, José Nun enuncia su teoría de la marginalidad, renovando los conceptos de “superpoblación relativa” y el “ejército de reserva” del marxismo clásico, que serán reinterpretados como “masa marginal”, es decir, sin función para el capitalismo dominante, para el caso de las ciudades latinoamericanas (1969). Esta época es rica, también, en estudios que analizan el rol de los movimientos sociales urbanos para enfrentar la lógica del capitalismo. Algunas tesis defendidas en el posgrado del ceur, como la de la socióloga Alicia Ziccardi sobre las políticas de vivienda y los movimientos urbanos, llevan los signos de estas nuevas perspectivas teóricas (Ziccardi, 1977). El golpe de Estado de 1976 señala la desaceleración de las actividades del ceur, el ocultamiento de las actividades y el exilio de varios de sus integrantes. También marca el eclipse del marxismo estructuralista y de la teoría de la dependencia, marcos teóricos que, al menos en la Argentina posterior a la recuperación democrática en 1983, comenzarán a convivir con otras perspectivas analíticas, como el papel de los poderes locales, la descentralización y la perspectiva del actor social.

En relación con la Carrera de Sociología y sus programas de estudio, en 1973 se reformula el programa de estudios y se incorpora la materia Sociología Urbana como asignatura especial, además de Planeamiento Urbano y Regional. En el programa de 1976 y en el de 1984, existe la asignatura Sociología Urbana como materia especial, y así continúa hasta la actualidad (Mancuso, 2011).

En síntesis

Los inicios de la sociología pueden señalarse hacia el siglo xix a partir de los cambios sociales, políticos, económicos y científicos producidos al calor de la modernidad y las consecuencias de las Revoluciones Industrial y francesa.

Como pudo verse, si bien la ciudad y el espacio estuvieron desde siempre en la reflexión de los iniciadores de la sociología, la bibliografía coloca los inicios de la sociología urbana con las investigaciones de George Simmel, Maurice Halbwachs y Raymond Ledrut, que fueron los primeros en teorizar estrictamente sobre la relación entre el espacio y la sociedad.

Las ideas de estos teóricos circulan a través de los viajes de estudio o migratorios, tales como el de Park en Alemania en 1900, que generaron que los conceptos de Simmel confluyeran en la Escuela de Chicago. Dicha escuela fue central en el surgimiento de la sociología en general y especialmente en la emergencia de la sociología urbana. En esta área se destaca su preocupación por las problemáticas que surgen en las grandes urbes, en particular en la convulsionada Chicago, atravesada por el crecimiento poblacional, la inmigración masiva de personas de diferentes países y culturas, la delincuencia, el alcoholismo y otros temas ligados a la integración social. Frente a estas problemáticas, pusieron en marcha los estudios de la escuela, enmarcados en las teorías vigentes en la etapa, tal como las ya citadas teorías de Simmel, las nociones de división del trabajo social, especialización y lazo social de Durkheim y las ideas de invasión, sucesión y competencia de Darwin. A través de ese conjunto teórico, abordaron la compleja realidad social de Chicago y sembraron un cuerpo temático de orden urbano que continúa vigente hasta la actualidad, aunque haya perimido el marco teórico desde donde se las analizaba. Problemáticas como las causas y el modo de expansión urbana, la inmigración, el rol de la cultura y la división del trabajo en la formación de las diversas áreas de la ciudad, las causas de prevalencia de unas zonas sobre otras, el “guetto” o zonas de migrantes distinguibles por la homogeneidad cultural y el “hobo” o trotamundos fueron parte de los tópicos de la Escuela de Chicago. La metodología utilizada, que mezcla la perspectiva cualitativa (entrevistas, observaciones) con la estadística social y la cartografía, fue otros de los hallazgos que aún continúan en el acervo metodológico de las ciencias sociales. La expansión urbana en círculos concéntricos planteada por Burgess, que situaba las clases medias altas en la periferia de la ciudad, fue tomada como modelo en América Latina, hasta que fue refutada por otros estudios que demostraban que no siempre la expansión urbana sigue la misma dirección y que no es universal. En nuestro país, la Escuela de Chicago aparece en algunos trabajos de Gino Germani sobre la Isla Maciel y en los del Arq. Mario Robirosa, que la retoma en la versión modernizada de Hawley.

Hacia las décadas del 60 y 70, los postulados darwinistas de la Escuela de Chicago fueron revisados por la Escuela Marxista de Sociología Urbana encabezada por Lefebvre y Castells, que criticaban la naturalización de la dominación de ciertas zonas sobre otras, sin cuestionar el rol del poder económico en la elección y valorización de las mejores áreas. Desde una perspectiva marxista, estos autores pusieron el acento en el papel del capital en la producción de la ciudad, en la relación entre el espacio y mercancía y en el rol de la clase obrera en la transformación social y espacial de la urbe.

En la actualidad el panorama de estudios relativos a sociología urbana es mucho más disperso, y se destacan teóricos como Saskia Sassen, David Harvey, Mike Davis o Pierre Bourdieu, entre otros, además de una gran variedad de trabajos de nivel macro y microsociológicos, elaborados con métodos cuantitativos y cualitativos; es decir, no es posible señalar una escuela dominante como se podía en otras épocas.

Como dijimos, a principios de 1960 se formó el Instituto de Planeamiento Urbano y Regional (iprul), que es uno de los primeros dedicados a la docencia e investigación en urbanismo. Allí Mario Robirosa dictó la materia Sociología Urbana con un programa que reunía a los teóricos que aprendió en sus viajes de estudio a Europa y que eran las perspectivas dominantes en la etapa: Chombart de Lauwe y la ecología humana de Hawley. En Argentina, hacia fines de 1960, se formó el ceur, en donde circularon las nuevas teorías tributarias del marxismo, tales como las de Castells o Lojkine, que fueron dominantes en América Latina. Al calor de estas perspectivas, se generaron elaboraciones propias tales como la teoría de la dependencia y la marginalidad de Nun, que marcaron la especificidad de la agenda latinoamericana y argentina.

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  1. Una versión de este trabajo fue publicada en área, Agenda de Reflexión en Arquitectura, Diseño y Urbanismo n.º 27 (noviembre de 2020-abril de 2021). El surgimiento de la Sociología y la Sociología Urbana. Un repaso sobre los inicios de la disciplina en Argentina. En línea. área, 27(1). Recuperado de bit.ly/34l4wAP.


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