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8 El territorio en la historia: claves para su análisis a partir de las formas de organización en las villas
de Buenos Aires

Valeria Snitcofsky

En Argentina, la organización territorial suele definirse como un fenómeno relativamente novedoso. Según la mayoría de los enfoques sobre el tema, la cuestión se considera parte de un proceso iniciado hacia fines del siglo xx, cuando los niveles inéditos de desempleo y trabajo precario erosionaron las formas tradicionales de organización del movimiento obrero, junto con el debilitamiento de las protecciones sociales existentes. Por lo tanto, numerosas perspectivas sobre el tema tienden a explorar casi con exclusividad el pasado reciente, destacando sus rupturas con las prácticas y experiencias históricas. En cambio, este artículo revisará críticamente los enfoques mencionados, tomando como referencia la historia de las villas de Buenos Aires y destacando que, si se puede pensar el cambio de siglo como un punto de inflexión, este no se vincula con una “emergencia” de la organización territorial, sino con su progresivo declive.

Para sostener este argumento, en un primer apartado se sintetizarán las principales perspectivas teóricas que identifican el origen de la organización territorial hacia fines del siglo xx. En este sentido, se destacará que, si bien los enfoques mencionados fueron fundamentales para poner en evidencia la profundidad de la transformación operada en ese momento, es posible proponer una lectura diferente sobre esos mismos cambios. Con este fin se desarrollará un breve recorrido histórico, que se inicia con los antecedentes de la cuestión, tomando como referencia el primer barrio informal designado “villa” en la Ciudad de Buenos Aires entre 1932 y 1935. Una vez planteados los antecedentes, se presentará una breve descripción sobre las tres principales organizaciones sectoriales que agruparon a las villas de la ciudad, entre 1958 y 1983. El último apartado de este artículo se centra en el período que abarca el pasaje del siglo xx al xxi, cuando las demandas planteadas desde las villas tendieron a formularse de un modo cada vez más fragmentario, coincidiendo con el fin de la industrialización por sustitución de importaciones y de las políticas vinculadas con el Estado de bienestar.

Emergencias y resabios

Este proceso, que la sociología contemporánea ha sintetizado como “el pasaje de la fábrica al barrio”, señala el ocaso del universo de los trabajadores urbanos, y la emergencia del mundo comunitario de los pobres urbanos.

 

Maristella Svampa (2005)

¿Es posible plantear que existió un momento fundacional, un punto identificable en la historia reciente, que dio origen al “mundo comunitario” en los barrios populares de Buenos Aires? Si lo fuera, ¿qué papel jugaría la experiencia colectiva desarrollada durante las décadas previas en esos mismos barrios? ¿Cuál sería el lugar de la extensa historia de negociaciones y confrontaciones con agentes del Estado protagonizada por sus habitantes? Y ¿ el lugar de los saberes transmitidos entre generaciones de dirigentes villeros o, para usar un término actual, “referentes territoriales”? Además, ¿con qué evidencias se podría fundamentar que los lazos de solidaridad entre los “pobres urbanos” fueron más fuertes hacia fines del siglo xx que, por ejemplo, durante la década de 1960?

Denis Merklen planteó que, entre 1983 y 2003, tuvo lugar la llamada “inscripción territorial de las clases populares”, a la que definió en los siguientes términos:

Con este concepto intento describir a la vez un modo de inserción social, un modo de estructuración de las clases populares a través del barrio y una forma de la política popular, una vía de conexión con las instituciones y un punto de apoyo para la acción colectiva (Merklen, 2010: 14).

Esta inscripción territorial se habría producido, según Merklen, como consecuencia de una serie de transformaciones desarrolladas hacia fines del siglo xx, cuando se debilitaron los sindicatos, el Estado y las solidaridades nacidas en el mundo del trabajo:

Frente a la descomposición de los lazos por el trabajo y a la desarticulación de las protecciones sociales, observamos el fortalecimiento de lazos de cooperación y de proyección estructurados a nivel local […] el barrio aparecía como la base de estructuración de soportes sociales indispensables para quienes iban desenganchándose del empleo, del sindicato y del entramado institucional con epicentro estatal (Merklen, 2010: 14).

A diferencia del enfoque planteado por Merklen, este artículo propone que los lazos de cooperación y organización estructurados a nivel local no se fortalecieron hacia fines del siglo xx, sino que se habían consolidado durante las décadas anteriores y, en todo caso, lo que se puso en evidencia con el cambio de siglo fueron los resabios, las pervivencias de formas preexistentes de organización. Esto permite, a su vez, poner en consideración los vínculos entre los lazos de cooperación establecidos en ámbitos laborales y aquellos dados por la vecindad: ¿por qué el debilitamiento de las solidaridades entre compañeros de trabajo llevaría a un fortalecimiento de la cooperación entre vecinos? La historia de las villas de Buenos Aires presenta numerosas evidencias acerca de los modos en que los vínculos por trabajo y vecindad se retroalimentaron, y sobre la forma en que las relaciones entre quienes habitaban un mismo barrio se fueron deteriorando progresivamente, una vez que tuvo lugar la descomposición de los lazos nacidos en ámbitos laborales.

En relación con lo anterior, Merklen planteó:

El barrio constituye una fuente de identidad importante para las categorías populares en Argentina. Ha conquistado este lugar con el arribo masivo de la inmigración de origen europeo a principios del siglo xx, eclipsándose con la consolidación de una estructura salarial y el desarrollo del Estado social a partir de los años cuarenta, para reaparecer hacia los años ochenta (Merklen, 2010: 100).

Sin embargo, la historia de las villas de Buenos Aires expresa recurrentemente la centralidad del territorio en la constitución de las identidades de sus habitantes, que, lejos de eclipsarse, asumieron su mayor intensidad entre las décadas de 1940 y 1970.

En su libro La sociedad excluyente, la Argentina bajo el signo del neoliberalismo, Maristella Svampa retomó algunas ideas de Merklen y, haciendo referencia al concepto de “inscripción territorial”, planteó: “[…] una de las primeras consecuencias de esta inscripción territorial es que el barrio fue surgiendo como espacio natural de acción y organización, y se convirtió en el lugar de interacción entre diferentes actores sociales” (Svampa, 2005: 168). Una vez más, es posible confrontar esta afirmación con las evidencias ofrecidas por la historia de las villas de Buenos Aires, que no se consolidaron hacia fines del siglo XX como espacios naturales de acción y organización, sino que se constituyeron como tales mucho tiempo antes. A su vez, existen numerosas evidencias para demostrar que el barrio fue, históricamente, un espacio de interacción entre diferentes actores sociales. Como ejemplo paradigmático en este sentido, se puede hacer referencia a las capillas de los curas villeros durante la primera mitad de la década de 1970, por donde permanentemente pasaban políticos, delegados sindicales, músicos, periodistas, abogados, arquitectos y otros profesionales que desarrollaban su práctica en términos de lo que actualmente se denominaría “militancia territorial”.

Villa Desocupación, los antecedentes

[…] el día 20 de Octubre de 1933 la ciudad se sintió conmovida por la noticia que circuló por todas partes con la rapidez de un rayo, de que los desocupados, en banda, acababan de recorrer las calles asaltando los comercios.

 

Juan Alejandro Ré (1937)

Junto con la llamada “emergencia” de la organización territorial, se suele asumir que, hacia fines del siglo xx, surgieron “nuevos repertorios de acción política” organizados sobre la base de una identidad fuertemente arraigada en el ámbito local (Merklen, 2010). En este sentido, también es posible encontrar antecedentes históricos al observar el pasado de las villas. Particularmente, se puede reconocer dos de las cuestiones vinculadas con estos nuevos repertorios: los saqueos masivos y los intentos de sindicalizar a los trabajadores desocupados, encuadrándolos en el movimiento obrero del período. Todo esto se puede indagar a partir del análisis sobre Villa Desocupación, un barrio informal establecido durante la Gran Depresión en la zona portuaria de Buenos Aires.

Hacia principios de la década de 1930, tuvo lugar una serie de asaltos colectivos a tiendas de abastecimientos, protagonizados por pobladores de Villa Desocupación. En este caso, los habitantes del barrio coordinaron acciones conjuntas ante la dramática difusión del hambre y la falta de respuestas estatales, entre fines de 1933 y principios de 1934. Juan Alejandro Ré, subcomisario de la seccional correspondiente a Villa Desocupación, describió en estos términos los saqueos, iniciados el 20 de octubre de 1933: “[…] el día indicado, a las 19 y 30, una cantidad de desocupados […] sorpresivamente asaltaron, al grito de ‘Queremos comer’ la sucursal de las Grandes Despensas Argentinas” (Ré, 1937: 62).

Una situación similar, pero narrada en forma de ficción, aparece en una obra teatral publicada en 1934 por Elías Castelnuovo titulada La marcha del Hambre, donde los habitantes de Villa Desocupación asaltan una iglesia para conseguir alimentos (Castelnuovo, 1934). Más recientemente, un artículo publicado en 2007 por Nicolás Iñigo Carrera y Fabián Fernández abordó estos mismos acontecimientos como una de las formas emblemáticas de protesta asumidas por los trabajadores desocupados durante la primera mitad de la década de 1930. En el trabajo mencionado, los autores plantearon que en octubre de 1993 los desocupados,

[…] armados con palos, hierros y ladrillos, se concentraron en Canning y Paraguay: repartieron panfletos de protesta y entraron en la sucursal de las Grandes Despensas Argentinas, perteneciente a la empresa arsa, llevándose pan y fiambre, pero sin tomar el dinero de la caja registradora (Iñigo Carrera y Fernández, 2007: 149).

Estos saqueos, que se repitieron en distintas circunstancias entre noviembre de 1933 y enero de 1934, fueron registrados por crónicas publicadas en periódicos de tendencias tan diferentes como Crítica y La Vanguardia, donde más de una vez se destacó que los desocupados tomaron mercadería, pero no robaron dinero. Durante las décadas que siguieron a los saqueos mencionados, no se registraron acciones similares hasta la crisis desatada en 1989, cuando la cuestión volvió al centro de la escena (Serulnikov, 2017). Si bien los saqueos desarrollados en 1933 asumieron una escala menor que los de 1989, en ambos casos se trató de asaltos colectivos a comercios, donde el blanco no fue el dinero en las cajas registradoras, sino los artículos de las góndolas.

Por otra parte, según el subcosmisario Ré, durante los saqueos de fines de 1933 se confiscaron volantes titulados “Incitación a la lucha, pan y trabajo. Viva el comité de desocupados” (Ré, 1937: 63). Este testimonio se vincula con un temprano encuadramiento de los trabajadores sin empleo en el marco del movimiento obrero organizado. Iñigo Carrera y Fernández sostuvieron que los esfuerzos en este sentido fueron alentados fundamentalmente por comunistas y anarquistas, las corrientes más radicalizadas del período. Para dar cuenta de estos intentos, los autores describieron los modos en que la población de Villa Desocupación, constituida mayoritariamente por trabajadores desempleados, coordinó en distintas oportunidades acciones articuladas con los obreros sindicalizados e hicieron referencias al comité mencionado en la fuente policial:

En mayo de 1933, después del ataque policial a un acto en Puerto Nuevo, el Comité de ese lugar propuso la formación de un Comité Nacional de Desocupados y los Comités de Desocupados del Frente Único llamaron a todos los obreros ocupados y desocupados a intensificar la lucha por las reivindicaciones de la enorme masa de desocupados (Iñigo Carrera y Fernández, 2007: 146).

En cuanto al posicionamiento del Partido Comunista ante el incremento radical del desempleo, Iñigo Carrera y Fernández plantearon:

El Bureau Político Sudamericano de la Internacional Comunista había fijado entre sus políticas el pedido de subsidio para los desocupados, a la vez que indicaba que “cada célula, cada grupo sindical, cada organismo de base debe editar literatura y especialmente periódicos, en todos los cuales debe ligarse a las cuestiones planteadas las reivindicaciones de los desocupados y la denuncia de los muertos de hambre o de frío o los suicidados de desesperación” (Iñigo Carrera y Fernández, 2007: 145).

Según estos autores, las organizaciones de trabajadores desocupados se destacaron por la conformación de comités locales, a diferencia de la cgt y el socialismo:

[…] mientras que la cgt y los socialistas priorizaban la confrontación dentro del sistema institucional y la negociación con el gobierno […] la organización de los desocupados se realizó con la formación de comités locales que reclamaban el otorgamiento de subsidios (Iñigo Carrera y Fernández, 2007: 151-152).

Como en el caso de los saqueos, no hay registros sobre este tipo de acción conjunta entre trabajadores ocupados y desocupados en la historia argentina inmediatamente posterior a la década del treinta, sino que la temática recién volvió a tomar relevancia durante las últimas décadas del siglo xx y particularmente a partir de 1992, cuando se conformó la Central de Trabajadores de la Argentina (cta), que incluyó en su estatuto social a los trabajadores sin empleo.

Organización territorial y continuidad histórica

Tanto la violación de derechos humanos producida como consecuencia de la ejecución del Plan de Erradicación, así como la lucha emprendida por los habitantes, a través de la organización que pudieron fundar y construir en aquel entonces, llamada Comisión de Demandantes […] es mayormente desconocida para el conjunto de nuestro pueblo. Y hasta la actualidad, incluso, ocupan un lugar marginal en la valiosa construcción de Memoria que llevaron adelante diversos organismos de derechos humanos.

 

Rosa Herrera (2014)

En relación con las perspectivas que identifican hacia fines del siglo xx una emergencia de la organización territorial, indagar la historia protagonizada por los habitantes de las villas porteñas entre 1958 y 1983 permite visibilizar la preexistencia de la cuestión. Con este fin, a continuación se abordará tres grandes organizaciones sectoriales que nuclearon, en distintas circunstancias, a las villas de Buenos Aires: la Federación de Villas y Barrios de Emergencia (fvbe), el Movimiento Villero Peronista (mvp) y la Comisión de Demandantes. Más allá de sus diferencias, estas tres organizaciones fueron encabezadas, mayoritariamente, por trabajadores con experiencia sindical previa, que replicaron en sus barrios los saberes adquiridos en ámbitos laborales.

En primer lugar, la fvbe se conformó en 1958, tras la formulación entre 1956 y 1957 de los primeros planes de desalojo masivo para las villas de Buenos Aires, y alcanzó su auge bajo el gobierno de Arturo Illia, con quien mantuvo un diálogo directo, y logró la materialización de algunas de sus demandas mediante la intervención del Poder Ejecutivo. Además de este intenso vínculo con la ucr del Pueblo, el partido gobernante entre 1963 y 1966, la organización estuvo relacionada con el Partido Comunista, cuyas publicaciones constituyen actualmente los principales registros sobre la fvbe. Otra adscripción importante de la Federación fue la cgt, en cuyas sedes se desarrollaron las asambleas más numerosas de la organización. De esta forma, la fvbe estuvo vinculada con tres actores políticos diferenciados, y, además, en su conformación hubo una importante presencia de cuadros de la Resistencia Peronista (Blaustein, 2001). Si bien estas múltiples filiaciones pueden parecer a primera vista contradictorias, fueron parte de una organización cuyos intereses y motivaciones fundamentales estuvieron vinculados con el territorio, y, por lo tanto, las estrategias planteadas por sus referentes variaron de acuerdo con las necesidades en este sentido.

Hacia principios de la década de 1970, a medida que se debilitaba la proscripción al peronismo, la Federación de Villas fue perdiendo representatividad. A su vez, tuvo lugar una reconfiguración de los liderazgos en las villas, impulsada en parte por los procesos de resistencia a un plan de desalojo masivo dictado bajo el gobierno de Juan Carlos Onganía. Como resultado de estos procesos, y de la creciente influencia de la izquierda peronista sobre las villas, se conformó en 1973 el Movimiento Villero Peronista, que rápidamente alcanzó una escala nacional y nucleó a delegados procedentes de distintas provincias en dos grandes congresos. Considerando el carácter masivo, la radicalidad de las demandas planteadas y el alcance geográfico de estos congresos, que tuvieron lugar entre 1973 y 1974 en las ciudades de Santa Fe y Córdoba, es posible interpretarlos como expresión de un momento de auge de la organización territorial en Argentina. Si bien el mvp estuvo estrechamente vinculado con Montoneros y la Juventud Peronista, nuevamente las prácticas y demandas de esta organización tuvieron un carácter vinculado fundamentalmente con cuestiones del hábitat popular y son resultado de tradiciones organizativas previas, que no se pueden pensar únicamente como concreción de las directivas emitidas por la Tendencia Revolucionaria del peronismo.

A medida que el mvp fue posicionándose críticamente ante un nuevo plan de desalojo masivo implementado durante el tercer gobierno peronista, se fue desplegando una creciente represión ilegal sobre las villas de Buenos Aires, encabezada por la Alianza Anticomunista Argentina. Esta violencia se intensificó a partir de marzo de 1976, bajo la dictadura autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional”. En este contexto tuvo lugar la desarticulación del mvp, junto con la erradicación de villas más violenta y masiva de la historia argentina, que implicó el desplazamiento forzoso de unas 200.000 personas, expulsadas de los límites de la ciudad. Además, en el caso de los inmigrantes provenientes de países limítrofes que habitaban estos espacios, fueron incluso deportados bajo el eufemismo de una supuesta “repatriación voluntaria”. Como respuesta ante estas medidas, se conformó la Comisión de Demandantes, una organización integrada por habitantes de distintas villas que logró, mediante una serie de juicios, frenar los desalojos compulsivos en la Villa 31 de Retiro, la Villa 1-11-14 del Bajo Flores, la 21-24 de Barracas, la 6 “Cildañez” y la 15 “Ciudad Oculta”. Los integrantes de la Comisión de Demandantes tuvieron distintas filiaciones políticas, además lograron un importante respaldo del Equipo Pastoral de Curas Villeros y fueron asesorados por abogados con una militancia activa en el Partido Comunista. Nuevamente, fue el territorio, antes que cualquier otra adscripción particular, la principal base sobre la que se construyó, en plena dictadura, una organización capaz de frenar por la vía legal el avance de las topadoras sobre las villas.

A partir del sintético recorrido planteado en este apartado, puede afirmarse que las organizaciones establecidas en las villas de Buenos Aires entre 1958 y 1983 fueron capaces de articular demandas unificadas como respuesta ante los planes generales de desalojo masivo. A su vez, las experiencias y lazos de cooperación nacidos en el mundo del trabajo y reforzados por la vecindad constituyeron un terreno fértil para la conformación de estas grandes organizaciones sectoriales. El apartado siguiente, en cambio, aborda un período en el que la fragmentación de las políticas tuvo como correlato una creciente dificultad para coordinar demandas conjuntas, y en el que, al mismo tiempo, cuando aumentaron drásticamente los niveles de desempleo, los vínculos entre vecinos y los códigos vigentes hasta fines del siglo xx en las villas se vieron debilitados, si bien no desaparecieron definitivamente.

Las villas durante el cambio de siglo

Estos fueron 7 años de sufrimiento que no compensan con un arreglo económico. Queremos la solución integral a nuestros problemas. Que nos otorguen las tierras que ocupamos y poder construir así nuestras viviendas dignas. Poblamos este lugar desde hace largos 47 años y somos los verdaderos dueños de estas tierras.

 

Comisión de Demandantes,
Villa 1-11-14 (20 de octubre de 1983)

Cuando la última dictadura estaba llegando a su fin, algunas de las tierras donde solían ubicarse las villas de Buenos Aires habían dado lugar a nuevas plazas, o bien habían alterado radicalmente su fisonomía, transformadas en barrios destinados a las clases medias y altas. Otras tenían la apariencia de extensos baldíos, atravesados por escombros en plena ciudad. En muchos de estos espacios, sin embargo, aún quedaban casillas aisladas, como testimonio de la capacidad de sus pobladores para articular respuestas eficaces frente a las medidas destinadas a expulsarlos del espacio urbano. Quienes lograron permanecer en estas viviendas siguieron denunciando hasta el final de la dictadura el accionar estatal contra los habitantes de las villas y, al mismo tiempo, continuaron reclamando su permanencia en la ciudad. Estos reclamos fueron atendidos parcialmente durante las décadas finales del siglo xx, cuando tuvo lugar una reorientación de las políticas públicas, que se expresó en el reemplazo de las medidas de desalojo compulsivo por una nutrida normativa tendiente a la radicación de las villas. La reorientación mencionada, que daría lugar poco después a las políticas de urbanización, no fue solamente resultado de las demandas planteadas por las organizaciones locales, sino que además se vinculaba con la incorporación al país de una serie de pactos, tratados y convenciones internacionales destinados a consagrar el derecho a un hábitat digno dentro del espacio urbano (Arqueros Mejica, Calderón, Ramos, Vitale y Yacovino, 2011: 176). En particular, se destacan los posicionamientos de la Agencia Hábitat de Naciones Unidas, que “desde la Conferencia de Vancouver (1976) propugna el reconocimiento de los asentamientos informales como forma de acceso a la ciudad y donde el Estado debe actuar apoyando las acciones de los pobladores” ( Cravino, 2009: 47).

En este contexto las antiguas villas se fueron repoblando, y, desde mediados de la década de 1990, tuvo lugar además la conformación de otros barrios sumamente precarios, denominados por la Defensoría del Pueblo de Buenos Aires como “Nuevos Asentamientos Urbanos” (Paiva, 2013). El hecho de recibir una denominación diferenciada implicó en un primer momento que no se contemplara la posibilidad de su urbanización. Sin embargo, a partir de la demanda de sus habitantes por lograr que estos espacios fueran clasificados también como villas, las autoridades cambiaron finalmente el modo de abordar la cuestión (Paiva, 2017).

Mientras tanto, las organizaciones territoriales que se formaron después de la intensa violencia desplegada sobre las villas durante la última dictadura asumieron características que, en buena medida, expresaron los efectos del terrorismo de Estado sobre el entramado social (Camelli, 2011). Particularmente, hacia fines del siglo xx, existió una tendencia a la desmovilización y un creciente individualismo, que alteraron los vínculos entre las organizaciones formadas en las villas de Buenos Aires y los agentes del Estado, lo que dio lugar a la difusión de prácticas clientelísticas. A su vez, en algunas villas se fue desarrollando una violencia inédita entre vecinos, junto con la propagación de nuevas adicciones, mientras que los crecientes niveles de desempleo y trabajo precario debilitaron significativamente, aunque no de modo definitivo, las formas tradicionales de solidaridad. Finalmente, la focalización de las medidas orientadas a intervenir sobre las villas de Buenos Aires, que reemplazaron a los planes generales formulados durante el período previo, derivó en una fragmentación de las respuestas articuladas desde el territorio.

De todas formas, es importante destacar que existieron intentos significativos de articular respuestas unificadas por fuera de las lógicas clientelares. En este sentido, se destacó el momento de conformación del Movimiento de Villas y Barrios Carenciados de Capital Federal (mvbc), en 1987, si bien la organización sufrió posteriormente una pérdida de autonomía. Más tarde se creó, en 1998, la Federación de Villas, Núcleos y Barrios Marginados de la Ciudad de Buenos Aires (FeDeVi). Para el establecimiento de ambas organizaciones, fue clave la figura de Juan Cymes, cuya formación como dirigente se consolidó a partir de una amplia experiencia desarrollada, simultáneamente, en ámbitos sindicales y territoriales.[1] Otro intento destacado en este sentido fue la conformación de los cuerpos de delegados, establecidos en distintas villas durante el cambio de siglo, con el fin de garantizar cierta horizontalidad en la toma de decisiones. Muchos de los delegados que intervinieron en estos casos se nutrieron, a su vez, de la experiencia acumulada por la generación anterior de dirigentes. De todas formas, las dificultades planteadas por el nuevo contexto dificultaron la consolidación de grandes organizaciones sectoriales que, por sus niveles de representatividad y unidad, puedan equipararse con aquellas constituidas durante la etapa previa.

Más allá de los cambios mencionados, los lazos comunitarios no fueron completamente erosionados y aún existe en las villas de Buenos Aires una importante reserva en términos de capacidad organizativa ante situaciones límite. Un ejemplo en este sentido son los “comités de crisis”, conformados en distintas villas de la ciudad para dar una respuesta desde el territorio ante la dramática difusión de la pandemia y los problemas vinculados con esta situación, como los efectos económicos de la cuarentena, la falta de medios para garantizar cierta continuidad en la educación a distancia y la dificultad para acceder a servicios tan básicos como el agua.

Balance, la genealogía velada

A la luz de la historia de las villas en la Ciudad de Buenos Aires, este artículo introdujo una serie de cuestionamientos sobre aquellas perspectivas que identificaron, durante las décadas finales del siglo xx, la existencia de una tendencia al fortalecimiento de las organizaciones territoriales. Coincidiendo parcialmente con estas perspectivas, se planteó que efectivamente es posible identificar durante esas décadas una enorme transformación en las formas territoriales de organización como consecuencia de las alteraciones operadas en otros ámbitos. Sin embargo, también es posible sostener que, una vez debilitadas las formas de protección dadas por el Estado y por el trabajo sindicalizado, lo que tuvo lugar no fue una emergencia de la organización territorial, sino que se pusieron en evidencia los resabios y pervivencias de una tradición organizativa preexistente, cuya extensa genealogía aún no fue suficientemente visibilizada.

Para fundamentar esta idea, el artículo se inició con una breve descripción sobre Villa Desocupación durante la primera mitad de la década de 1930. En este marco, se indagó sobre las formas asumidas por dos prácticas profundamente arraigadas en el territorio: los saqueos masivos y los vínculos establecidos entre el movimiento obrero y los trabajadores desocupados. Todo esto tuvo lugar en un momento crítico de la historia argentina, en el marco de profundas transformaciones estructurales vinculadas con la Gran Depresión y la crisis del modelo agroexportador. Tanto los saqueos como la organización de los trabajadores desocupados pasaron a un segundo plano durante las décadas siguientes y volvieron a evidenciarse, en una escala mucho mayor, a fines del siglo xx, bajo una nueva crisis estructural.

Una vez presentados en estos términos los antecedentes mencionados, se planteó que, desde mediados del siglo xx, con la consolidación de la industrialización por sustitución de importaciones, las villas se conformaron como ámbitos poblados mayoritariamente por trabajadores que eligieron a sus dirigentes entre quienes contaban con experiencia sindical previa. Estos saberes, junto con las solidaridades nacidas en ámbitos laborales, hicieron de las villas espacios con un enorme potencial reivindicativo que se expresó en la conformación de grandes organizaciones sectoriales. Sin embargo, a partir del desmantelamiento del Estado y del aumento del desempleo, quienes habitaban las villas vieron erosionadas sus redes de solidaridad. En este contexto, si bien es posible que las organizaciones territoriales hayan asumido una mayor visibilidad, sus orígenes se pueden rastrear con claridad, por lo menos, desde la década de 1960. Destacarlo implica reconocer el valioso legado que los habitantes de las villas acumularon históricamente y replicaron, una vez que fueron dispersados por la erradicación, en numerosos barrios populares y asentamientos del conurbano. En esos espacios, donde desarrollaron sus primeros trabajos de campo algunos investigadores hoy consagrados, las tradiciones organizativas previas fueron interpretadas como una novedad, vinculada con el declive de la sociedad industrial. A partir de ese momento, los enfoques mencionados fueron, y siguen siendo, replicados frecuentemente en aulas, eventos académicos y ámbitos de militancia en todo el país, donde se plantea que la organización territorial emerge cuando se debilita el mundo del trabajo. En cambio, lo que estas páginas destacan es el carácter histórico de la cuestión, dando cuenta de su dinamismo y haciendo posible reconsiderar sus múltiples implicancias en términos políticos.

Bibliografía

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Paiva, V. (2017). ¿Nuevos asentamientos o nuevas villas? El Playón de Fraga. Ciudad de Buenos Aires, 2014-2016. En área, Agenda de Reflexión en Arquitectura, n.° 23. Recuperado de bit.ly/351msRk (consulta: 11/04/2021).

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Svampa, M. (2005). La Sociedad excluyente. La Argentina bajo el signo del neoliberalismo. Buenos Aires: Taurus.

Volante titulado “De la villa Perito Moreno (Bajo Flores), 1-11-14 a las organizaciones de Derechos Humanos; al pueblo trabajador y todos los compañeros que luchan”, 20 de octubre de 1983.


  1. Una biografía de Juan Cymes, prologada entre otros por Sebastián Borro, relata la extensa experiencia política de este referente territorial y sindical, destacando por ejemplo su participación en la huelga conjunta desarrollada entre trabajadores de Mercedes Benz y Villa Las Antenas en 1975. Lapresa, Alejandro (2001). El Combatiente, según Don Juan Cymes. Buenos Aires: De la Campana.


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