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7 Conclusiones

Esta tesis analizó las condiciones de producción de la televisión pública estatal de Argentina y Chile en el contexto de su convergencia con internet en el período 2009-2019, dando cuenta de las estrategias implementadas por ambos canales y los condicionantes “internos” y “externos domésticos” que gravitan sobre la posibilidad de un ingreso competitivo y expansivo a internet. A su vez estos dos aspectos fueron puestos en diálogo con un tercero, el aspecto “externo global”, definido desde el enfoque teórico como una dimensión que rebasaba las capacidades y márgenes de incidencia de los estados y sus canales, pero a la vez un factor estructural y determinante en la configuración del mercado global de la distribución de televisión por internet.

El objetivo general del trabajo fue analizar comparativamente las condiciones de producción y las estrategias de distribución de contenidos en internet de Canal 7 de Argentina y TVN de Chile, a la luz de los condicionantes internos y más ampliamente de las transformaciones y características actuales del mercado audiovisual global en internet. Para esto se buscó concretar estos objetivos específicos: 1) Reconocer y describir las semejanzas y diferencias entre ambas televisoras, en relación a sus condiciones de producción interna y externa doméstica; 2) Analizar comparativamente las estrategias de distribución de contenidos en internet implementadas por ambos canales en el período recortado; 3) Identificar las barreras, dificultades y posibles ventajas y oportunidades de los canales públicos estatales para la distribución de contenidos online, en su relación asimétrica con los agentes industriales globales que conducen este proceso; 4) Relacionar las condiciones de producción internas, y externas domésticas y globales, con las estrategias implementadas por los canales de los dos países, junto con sus resultados, y por último, 5) Interpretar si las televisoras analizadas logran cumplir un rol diferencial mediante sus estrategias de distribución online, aportando contenidos más diversos y de producción nacional.

En lo sucesivo este apartado final sistematiza algunos de los hallazgos y análisis ya presentados y los organiza en torno a tres ejes principales que se desprenden de los objetivos y preguntas de investigación: en primer lugar nos referiremos a las condiciones de producción sobre las que se insertan las estrategias de distribución en internet de los canales estudiados. Luego argumentaremos que las posibilidades de las televisoras estatales de producir un ingreso expansivo y competitivo a internet quedan condicionadas más ampliamente por factores globales que constituyen una variable que las excede. Finalmente nos referiremos a la construcción de un rol posible y legítimo para la televisión estatal en internet vinculado a la provisión de contenidos nacionales diversos.

En el período 2009-2019 la TV Pública de Argentina vivió dos etapas claramente diferenciadas. La primera, coincidente con los últimos gobiernos kirchneristas 2009-2015, de expansión en materia tecnológica, inyección de mayores recursos y la integración a un creciente sistema de televisoras públicas que se gestaron desde distintas áreas del Estado en los años previos. También se vio favorecida por otras iniciativas estatales de la época como las transmisiones deportivas y la emisión de ficción de fomento público. El período siguiente 2016-2019 inició con quiebres en la institucionalidad, ruptura parcial del contrato de lectura con las audiencias, y luego, hacia el final del gobierno macrista se visibilizó una alta conflictividad interna y mayor uso gubernamental de los informativos. La institucionalidad creada por la LSCA nunca llegó a consolidarse. Aunque el directorio de RTA S.E. se conformó formalmente en 2010, la “mayoría coincidente” a favor del oficialismo hasta 2015 y la alta injerencia del Presidente del Directorio en las decisiones ejecutivas, tuvo su correlato a partir de 2016 cuando este cuerpo fue disminuido en sus funciones, pero la conducción del canal continuó a cargo de un funcionario designado por el PEN, en este caso el titular del SFMyCP. Hacia el final del período estudiado, el uso gubernamental de la etapa previa funcionó como argumento para violentar aún más la precaria y joven institucionalidad de la empresa.

TVN sostiene desde su refundación a comienzos de la década de 1990 una forma de gobierno interno que, aunque dependiente de las características de los funcionarios que en cada momento ocuparon cargos directivos, en términos generales permitió cierta estabilidad a la emisora y contuvo, no sin conflictividad, la injerencia directa del gobierno central en la línea editorial. A causa de esta institucionalidad la emisora logra en la actualidad conservar un relativo prestigio y alcance con sus productos informativos, en especial los que no dependen de la señal abierta, a través de la web o en plataformas de televisión de pago. Pese a la relativa fortaleza de su institucionalidad el canal vive desde 2013 un proceso de retirada por desmantelamiento de recursos esenciales, humanos y económicos.

Ambas emisoras tienen frentes internos conflictivos, aunque con protagonistas distintos. En el caso de la TV Pública los enfrentamientos más frecuentes y visibles se dan en todo el período, aunque con distinta intensidad, entre la conducción política y los trabajadores organizados que mantienen con la emisora una relación afectiva y patrimonialista. En el caso de TVN, la conformación íntegramente política de su Directorio limitado en sus capacidades gerenciales pero con amplia vocación para conducir las decisiones operativas de la emisora, genera confrontaciones frecuentes con la Dirección Ejecutiva, lo que deriva en el período estudiado en una situación de inestabilidad y hostilidad interna permanentes. En ambos casos nacionales resultaba una dificultad introducir formas de producción más “ágiles” para distintas plataformas en estructuras altamente burocratizadas y rutinizadas, en diálogo con representaciones sindicales que defienden sus derechos adquiridos, en general plasmados en convenios colectivos que, aunque con modificaciones, datan de la década de 1970. De cualquier forma es frecuente la manifestación de voluntad y comprensión de los sindicatos en ambos canales sobre la necesidad de discutir cuestiones puntuales de los convenios que rigen la actividad, aunque la actual situación de marginalización en Argentina y desmantelamiento con despidos masivos en Chile, no aparecen como los contextos propicios para abrir una negociación que haga peligrar el resguardo de derechos laborales. La demanda a los trabajadores por mayor flexibilidad y polivalencia tampoco es una novedad que trae consigo la convergencia digital, en cambio ha sido una constante en muchos sectores de las industrias culturales y la comunicación. Lo comprensible de la argumentación sindical en la actualidad es que con el pretexto de la convergencia y sus demandas se introduzca aún mayor precariedad laboral o desempleo.

Tanto la TV Pública de Argentina como TVN de Chile han protagonizado en el período en estudio procesos de creciente desafección de la ciudadanía, por lo que cada una por vías distintas se encamina a ocupar un rol testimonial en el sistema televisivo, para beneplácito de sus competidores privados.

En términos de audiencia, la TV Pública se mantuvo cada año del período estudiado en el último lugar de las mediciones. El desplome de su escasa audiencia luego del recambio de gobierno en diciembre de 2015 es resultante de la concurrencia de dos factores. Por un lado la captura de la emisora por una facción política hasta 2015 que mantuvo un público reducido pero fiel, identificado con el proyecto político del momento, pero excluyendo la posibilidad de convocar audiencias más amplias. A esto se suma la incapacidad, falta de recursos o voluntad de la gestión siguiente para gestar un proyecto televisivo de interés masivo. En el medio, el canal perdió su capacidad de retener al público que interpelaba desde su filiación kirchnerista y también atractivos esenciales como las principales transmisiones deportivas. Con todo, ambas gestiones aparecen como corresponsables en la situación de marginalidad de la estación. En el caso de TVN el ingreso de capitales extranjeros y grandes capitales nacionales a los canales universitarios desde 2011 activó políticas predatorias sobre los recursos del canal público que, sumado a malas decisiones de su conducción política y ejecutiva, hundieron las finanzas de la emisora que pasó de generar utilidades a acumular pérdidas millonarias de un año al siguiente. El canal ingresó entonces en un círculo perverso en que la falta de recursos impactó la calidad y perfil de los contenidos que a su vez alejó aún más a las audiencias, lo que dificulta la justificación de esa operación: aun inmersa en una crisis terminal en 2017 la conducción del canal debió implementar intensivas acciones de lobby para persuadir a los decisores políticos sobre la conveniencia de votar una ley de capitalización de emergencia. Como lo hizo el gobierno argentino en 2006 cuando comenzó a poner en valor los medios estatales, el Estado chileno también ha reaccionado desde 2018 tomando distintas medidas para evitar la quiebra definitiva de la estación. No hay consenso sobre el costo político que podría tener para un gobierno abandonar hasta la extinción a la emisora, pero los parlamentarios chilenos tienen interés en la continuidad del canal por ser una de las principales productoras de contenidos informativos locales en regiones, ante la creciente concentración y “nacionalización” de la radio y prensa gráfica.

En este contexto poco auspicioso para ambos canales, destinan fracciones marginales de sus recursos humanos (1,6% TV Pública y 5% TVN, del total de sus empleados) a sostener proyectos de distribución en internet. Pese a haber alcanzado en los últimos años una amplia distribución de contenidos en especial a través de YouTube, y conformado comunidades numerosas en redes sociales digitales, la expansión de estas iniciativas encuentra numerosos obstáculos internos, aunque también algunas oportunidades.

La TV Pública inició un ambicioso proyecto web en 2009 al que luego de 10 años destina apenas 14 personas, el 1,6% de su dotación de personal. El área se encuentra limitada por la precariedad de las soluciones tecnológicas para la gestión de los contenidos y a su vez asediada por la empresa Contenidos Públicos S.E que desde su creación le disputa la distribución en internet de los contenidos públicos a favor de su plataforma Cont.ar creada en 2017. Los recursos humanos del canal formados mayormente en oficios de la televisión, miran con desconfianza “lo digital” como artífice da la “muerte de la televisión” que siempre han hecho. Paradójicamente ese temor activa y acentúa resistencias que ralentizan la introducción de innovaciones, por lo que el momento de la “muerte” de la pantalla principal parece todavía más lejano. Los cambios tecnológicos, especialmente aquellos que requieren períodos de implementación prolongados, colisionan con los tiempos breves de las gestiones políticas. La conducción política sujeta el destino de fondos para proyectos de innovación a la posibilidad de anotarlo como un logro de la propia gestión, lo que en ocasiones no es viable y acaba frustrando las iniciativas. Este tipo de conductas donde priman las lógicas políticas por sobre las necesidades operativas y oportunidades de mejora, se verifican en ambos casos nacionales.

La distribución de contenidos de la TV Pública en internet estuvo organizado en torno al principio de acceso universal entre 2009 y 2015, cuando el canal publicó a granel cortes y programas completos de la emisión lineal de prácticamente todos los ciclos emitidos por el canal, sin una política editorial o de curaduría muy clara. Desde 2016 el criterio de selección pasa a ser el éxito y se define archivar en la web aquellos ciclos que hubieran demostrado ser de interés solo en su primera emisión, un criterio curioso teniendo en cuenta los homogéneamente bajos niveles de audiencia del canal en este último período. Pese a contar con 10 años de vida, la Gerencia de Medios Digitales, que obtuvo esa jerarquía recién en 2018, se encuentra aún en un período experimental. Además de la reproducción de contenidos de la pantalla lineal, hasta 2015 se produjeron numerosos micro-sitios o docu-webs temáticos y existían frecuentes convocatorias a las audiencias a participar como productores de contenidos audiovisuales. Desde 2016 la experimentación se desplazó a la producción de contenidos audiovisuales exclusivos, en particular cápsulas culturales o transmisiones en vivo para Instagram que apenan lograban despertar el interés de la audiencia. El lugar de la audiencia como “prosumidora” se diluye en este segundo momento y su participación queda circunscripta a la conversación en redes sociales digitales en torno a los contenidos emitidos, intervenciones luego seleccionadas y parcialmente integradas a la pantalla televisiva.

TVN abordó la “cuestión digital” desde la perspectiva de los nuevos negocios. El mandato de autofinanciamiento que pesa sobre el canal prescribe que cada nueva actividad en la que incursiona tenga un modelo de monetización claro. De esta forma, aunque el ingreso de la emisora y los primeros acuerdos con YouTube fueron pioneros en el mercado chileno, el canal se limitó a publicar algunos contenidos de entretenimiento y noticias, visto que no era clara la forma de monetización en ese entorno y que cuando lo fue, el porcentaje que retenía la plataforma superaba el 50% de los ingresos que generaba la explotación de esos contenidos. A esto se sumaba la limitación legal del canal de realizar negocios y obtener ingresos por fuera de la plataforma televisiva que fue removida recién en 2013. Sin embargo desde 2014 el canal se sumerge en un extenso período de crisis económica que pone en riesgo su continuidad, altera las prioridades y limita cualquier proyecto de riesgo con ambiciones expansionistas. TVN fue el primero en Chile en experimentar con extensiones transmedia de sus ficciones hacia internet y en transmisiones de eventos masivos exclusivos para la web del canal. Hacia 2019 la Gerencia Digital era un área marginal dentro de la estructura de la empresa destinada a mantener activas las redes sociales y “gestionar la escasez” de contenidos originales de los últimos años acudiendo al extenso archivo de la emisora.

Aunque, tal como hemos visto en el enfoque teórico de este trabajo son crecientes las voces que se refieren a la necesidad de crear infraestructuras comunes además de las propietarias y algoritmos de servicio público, el margen de acción de los medios estatales que aquí estudiamos y su aporte pareciera recortarse no tanto en la capa de la infraestructura sino en la de los servicios, contenidos y aplicaciones. Allí sí, de la misma forma en que algunos estados, Argentina y Chile incluidos, han adoptado políticas de distinto alcance, para tender estructuras de conectividad, los medios estatales pueden funcionar como una herramienta diferencial al nivel de la capa de los contenidos. De hecho las iniciativas referidas a la inclusión digital mediante la extensión de la conectividad o la entrega de dispositivos deberían vincularse a una política de fomento a la producción de contenidos nacionales de interés de las audiencias. De lo contrario se corre el riesgo de divorciar el hecho tecnológico del cultural, y acabar poniendo las “infraestructuras comunes” o los “algoritmos de servicio público” al servicio de los mismos contenidos “globales”, que no requieren de los estados nacionales para encontrarse con sus audiencias.

Los indicadores de acceso a servicios infocomunicacionales se muestran en ambos países por encima de la media regional. Junto con Uruguay ambos países exhiben los mejores indicadores de conectividad de la región. En Argentina casi el 70% de los hogares tiene acceso a televisión paga y 62% a banda ancha fija. En Chile esos servicios llegaban al 57% y 60% de los hogares respectivamente. Los indicadores que hemos expuesto en esta tesis muestran que el porcentaje de ingresos que debe destinar un chileno para acceder a banda ancha es casi la mitad que en Argentina (2,6% del ingreso nacional bruto per cápita en Chile contra el 5,5% en Argentina). A su vez los accesos a banda ancha por fibra óptica eran más numerosos en Chile que en Argentina. Con todo el mercado de la televisión por suscripción se encontraba maduro y daba signos de incipiente estancamiento y contracción en Argentina, mientras que en Chile cayó casi 5% el último año (marzo 2019-marzo 2020). Por su parte el mercado de servicios VoD se mostraba aún dinámico y con amplio margen de crecimiento. En Argentina los suscriptores a servicios VoD se incrementaron de 1,6 millones en 2016 a 4,2 millones en 2020 (+162%), mientras que en Chile el crecimiento fue de 812 mil a 1,8 millones (+121%) en igual período, según estimaciones privadas. Dinámicas similares se observan en otros mercados de la región lo que explica el interés de las grandes plataformas por iniciar sus operaciones en Latinoamérica en búsqueda de “lucros compensatorios” que ya no obtienen en sus mercados de origen cercanos a la saturación. Su mayor atractivo desde el punto de vista del mercado encuentra a la región desprovista de regulaciones para estos actores globales entrantes, que hasta el momento apenas han sido abordados con impuestos generales como el IVA, al menos en los dos países que estudia esta tesis. No existe una agenda más extensa y con perspectiva de derechos que contemple los derechos de las audiencias, la defensa de identidad cultural y la industria audiovisual nacional.

Esta situación inquiere sobre cómo sumar a la avalancha de contenidos globales (principalmente estadunidenses pero crecientemente provenientes también de distintos países del mundo) otros locales con posibilidades de atraer la atención de las audiencias y usuarios. En relación a los contenidos se advierte una bifurcación de la televisión, que continúa siendo el origen de muchos de los contenidos más demandados en internet, que permite distinguir contenidos de alto presupuesto y factura técnica, habitualmente de ficción, que tienen mayores posibilidades e interés para ser distribuidos por internet, y otros como los ciclos de variedades y entretenimientos que habitualmente se agotan en su primera emisión en televisión abierta. En este punto ambos canales analizados producen en la actualidad bajos volúmenes de contenidos de interés para su distribución online. La TV Pública produjo apenas dos ficciones en toda la década y sobre todas las demás que emitió no tuvo o compartió derechos de distribución online con otras empresas co-productoras. TVN por el contrario era hasta 2014 una de las principales usinas productoras de ficción de Chile por lo que en la actualidad puede valerse de un archivo relativamente reciente para nutrir sus plataformas web, aunque los contenidos nuevos son cada vez más escasos por el menor volumen de producciones en este género. Algunos ciclos puntuales de alto valor cultural o periodístico informativo también son activos de interés para su distribución online de la TV Pública y TVN, respectivamente.

Como advierte Katz, América Latina viene rezagada en materia de disponibilidad de contenidos locales en internet (2015: 55). En la misma línea un relevamiento propio de 2019 sobre el catálogo de Netflix disponible en Argentina arrojó que apenas 3% de los títulos totales eran nacionales (Rivero, 2019c). En este punto, y ante la parálisis de producciones de interés, los canales públicos cuentan con la posibilidad de gestionar la escasez por la vía del acceso al archivo. En ambos casos se trata de televisoras con larga historia y archivos digitalizados o en vías de digitalización. TVN primero y TV Pública recién desde 2010 mantienen políticas de restauración, digitalización y preservación de sus archivos históricos, contenidos en muchos casos valiosos que forman parte de la memoria colectiva. La ingesta de este tipo de contenidos históricos puede representar una apuesta diferencial y una función específica de los medios televisivos estatales en internet. TVN lo hace actualmente con sus ficciones y la TV Pública tuvo una política de digitalización y publicación de contenidos históricos con lógica de acceso universal hasta 2016. Desde ese momento al criterio del acceso universal se impuso la formalidad de la trazabilidad del mapa de derechos antes de dar a publicidad cualquier pieza para evitar exponer al canal a posibles acciones legales. Esto no explica no obstante el freno en la publicación de contenidos informativos históricos, cadenas nacionales y otros materiales sobre los que no hay discusiones posibles respecto de su mapa de derechos. Pero al mismo tiempo la reconstrucción del mapa de derechos de algunas piezas de ficción de las décadas de 1950 o 1960 resulta inviable por lo que de no aplicarse algún criterio de obra huérfana, permanecerán digitalizadas y custodiadas por el canal pero lejos del acceso público (Rivero, 2017).

Como hemos discutido antes en el enfoque teórico de esta tesis, los medios de comunicación, contrariamente a lo que se pensaba hace apenas una década, han perdido el control y conducción de la distribución de sus propios contenidos en internet, crecientemente en manos de unas pocas empresas del sector de la alta tecnología de Estados Unidos. Empresas como Google, Amazon, Facebook, Apple y Netflix definen hoy las formas de distribución audiovisual en internet y han logrado disciplinar hacia atrás toda la cadena de valor que cuenta a los actores tradicionales.

La concentración convergente y excluyente de estas empresas es parte de su lógica de funcionamiento. Como indica Zallo: “el nacimiento de las empresas de la red les otorga –por su configuración y vinculación con los usuarios mediante protocolos exclusivos y excluyentes que no les permite llevarse sus contenidos a cualquier otra parte– un monopolio desde el inicio, de difícil desplazamiento” (2016: 39). El autor señala que no todas las culturas son iguales ante la red que favorece a aquellas con mejores focos tecnológicos e historial de oferta audiovisual. Esta situación coloca a los países del Sur global en una posición fronteriza, subalterna que en esta tesis hemos aludido con la noción de convergencia periférica. No se trata solo de los efectos de red, los flujos asimétricos entre países centrales y periféricos receptores de tecnologías y contenidos, sino además de la dificultad misma para importar, si ese fuera el caso, algunas de las prácticas que están en el corazón del modelo de negocio de las grandes plataformas, debido a la insalvable distancia de medios económicos que impide a televisoras estatales como las de Argentina o Chile acceder a los medios necesarios para recolectar, almacenar y procesar los volúmenes de datos de los que se sirven las plataformas para “perfeccionar” e hiper-personalizar el funcionamiento de sus servicios. Ya no podríamos ser ellos ni aunque fuera deseable, por lo que es preciso dar con caminos propios.

Por la caracterización y análisis de la situación interna y externa doméstica que hemos realizado de la situación de la TV Pública y TVN aparece inviable una disputa hegemónica contra los actores globales y tampoco es realista su negación, ya que distribuir contenidos en internet requiere hoy acuerdos de distinto tipo y alcance con los actores globales dueños de las tecnologías que lo hacen posible. Esto no implica aceptar la unicidad de modelos estandarizados listos para usar ni naturalizar el lugar de la exclusión, sino por el contrario tratar de hacer evidente una función diferencial para los medios estatales en internet.

La televisión pública estatal en América Latina ha encontrado dificultades para asumir enteramente un rol de servicio público. En ocasiones esta función ha sido cumplida por actores mediáticos del sector no gubernamental sin fines de lucro. Como reflexiona Roncagliolo “la rentabilidad socio-cultural, el ideal europeo de servicio público, en América Latina ha sido desarrollada no por el Estado sino por Organizaciones No Gubernamentales sin intereses comerciales, a través de las cuales la sociedad civil se organiza y se expresa a sí misma (…) Ante la falta de tradición de servicio público, la comunicación pública ha sido generada por la radio y la televisión comunitaria” (1996: 63). Puestos a cumplir en muchos casos funciones de vocería gubernamental las televisoras estatales resultan en ocasiones, aunque con notables excepciones, proyectos fallidos en su impacto sociocultural.

Esta situación las expone a un desafío adicional porque no se trata solo de hacer lo nuevo a partir de lo viejo, un escollo en sí mismo, sino de hacerlo sobre proyectos deslegitimados, desperfilados y sin funciones sociales claras y distintivas. Todas estas son condiciones necesarias que sumadas al apoyo político (de la política pública) podrían impedir que el punto de partida subalterno y desigual signifique un obstáculo infranqueable en las posibilidades online de las televisoras estatales.

La TV Pública por su situación marginal y TVN por su profunda crisis difícilmente reversible, tienen menos incentivos para hacer “seguidismo” de las tendencias que marcan los demás actores televisivos privados en sus políticas de internet, por lo que, pese a limitaciones presupuestarias, tienen margen para proyectar caminos propios. En cualquier caso los caminos propios están atados a las producciones que se gesten para la pantalla lineal, por la imposibilidad o determinación, de no producir contenidos exclusivos para la web. Así, su aporte a la diversidad será reflejo y proporcional a la diversidad de su oferta programática tradicional.

La cuestión de la diversidad adopta un rol central que los medios estatales trasladan, en su horizonte normativo, desde sus versiones tradicionales, y resulta una preocupación de particular importancia por tratarse de medios estatales de países periféricos. Como explica Zallo, quien retoma la idea de Eagleton “las culturas dominantes no necesitan preguntarse por su identidad. No reivindican la diversidad porque se perciben como ‘la’ cultura y como un estándar en el que se miran las culturas minoritarias o subalternas. Éstas, en cambio, se perciben como parte de la diversidad humana y la reivindican” (2016: 132), en efecto, advierte el autor, hay desigualdades escondidas en la diversidad.

En cualquier caso, como afirma Igarza, la diversidad “solo es culturalmente eficaz si es visible” (2012: 153). La visibilidad para contenidos públicos de televisoras periféricas del Sur del mundo no pareciera estar garantizada por las lógicas de prominencia que guían el funcionamiento de buscadores y plataformas que filtran, seleccionan, muestran u ocultan contenidos con criterios mercantiles. En este punto el desafío en la distribución de televisión en internet es de naturaleza global y requiere un abordaje desde intereses comunes.

Los intereses comunes pueden encontrarse tanto en el plano nacional hacia el interior de los mercados televisivos locales, o a nivel regional, y en ambos terrenos hay antecedentes donde indagar y un posible rol para los medios estatales como articuladores. La creación de plataformas comunes para la distribución de video entre canales de televisión pública y privada de un mismo país es una tendencia cada vez más común que en nuestra región inició Chile en 2011, aunque con un desenlace trunco. De cualquier forma el crecimiento y preponderancia de las plataformas globales de video los últimos años, expone con más claridad la fragilidad de las estrategias solitarias y la necesidad de construir alianzas entre pares nacionales. También es cierto que esfuerzos conjuntos de este tipo requieren inversiones económicas, algo que no parece estar al alcance al menos de los canales privados chilenos que, con la única excepción de Mega, exhiben rojos recurrentes en sus estados de resultados. En Argentina El Trece y Telefe ensayan formas incipientes de integración en la distribución de contenidos a través de la plataforma de Cablevisión, Flow.

Frente a su par chileno la TV Pública de Argentina tiene una ventaja adicional: forma parte de un sistema de medios públicos estatales y más ampliamente de un sector de producción de contenidos públicos, que en la última década ha generado miles de horas de contenidos nacionales y ganado expertise en la creación y sostenimiento de plataformas de video a demanda como Cont.ar, Cinear Play y antes CDA. El soporte tecnológico que de hecho brinda AR-SAT a estas iniciativas es un adicional que tampoco tiene contraparte en el caso chileno. Sería deseable no obstante una mirada estratégica sobre el conjunto de estos proyectos que alcance mayor articulación institucional y reduzca las tensiones propias de la gestión de la cosa pública por la apropiación de pequeños cotos de poder. En Chile TVN no cuenta con todos estos recursos ni integra un sistema de medios públicos, pero tiene larga experiencia en asociación público-privada con sus pares privados, tanto para la co-producción de eventos de gran envergadura como festivales internacionales o recientemente, la puesta al aire de la señal TV Educa Chile, una señal infantil que se emite por aire en la TDT y en plataformas de pago, administrada por TVN con aportes de contenidos de todos los licenciatarios privados. La señal fue creada en el marco de la pandemia del COVID-19 para distribuir contenido educativo. A su vez TVN ha recibido los últimos años una inyección de dinero e indicación legal para crear una segunda señal de contenido cultural, científico y educativo de la cual, al cierre de esta tesis aún no se conocían avances, lo que por otra parte resulta razonable dada la agenda de prioridades de la gestión política abocada a obtener financiamiento para reprogramar pasivos.

En estas condiciones de producción se da la convergencia periférica de las televisoras estatales que hemos estudiado. En Argentina, sumida en manejos pendulares de su gobierno interno al margen de cualquier institucionalidad que pueda crearse por ley; capturada por élites políticas o sindicales que se sirven de ella para sus intereses sectoriales, y despojada de sus activos artísticos que le impiden conquistar al menos algo de relevancia social. TVN transita su convergencia con internet en medio de un prolongado estado de conmoción interna del que el Estado, su dueño y único accionista, no puede hacerse cargo completamente, entrampada en un diseño de gobierno y financiamiento que hoy la asfixia. Tiene, a diferencia de la TV Pública dos activos centrales: su relevancia en las regiones que representa un aporte al federalismo con la producción de noticieros locales, y su marca 24horas aún reconocida y confiable como proveedora de contenidos informativos.

A nivel regional los diversos acuerdos regionales o subregionales, entre ellos el MERCOSUR se han mostrado fallidos en la creación de políticas de comunicación para un espacio común audiovisual (Monje, 2013), pero la historia reciente de la región está regada de intentos de integración nacional que en algunos casos fueron breves destellos, en otros apenas proyectos, y en otros se frustraron tras recambios gubernamentales. Entre los más relevantes se cuenta la iniciativa de la Unión de Naciones del Sur (UNASUR) para crear un anillo regional de fibra óptica que involucraba a empresas de soluciones satelitales y de telecomunicaciones de los países miembros; la Agencia de Noticias del Sur (ANSUR) que integró por un breve período a varias de las agencias estatales de noticias de los países miembros de la CELAC; Televisión América Latina (TAL), que promueve hasta la actualidad el intercambio de contenidos entre países de la región. Hay en este último punto referido a los proyectos con vocación integracionista quizás una línea de investigación ya iniciada que puede ser retomada y continuada a la luz de las nuevas posibilidades y desafíos de los mercados audiovisuales de la región.

Esperamos con esta tesis haber realizado un aporte a la reflexión sobre el tránsito de la televisión estatal a internet a través del análisis de dos casos fuertemente divergentes en sus condiciones internas de producción, pero que por diversas vías llegaron a este punto de su historia en un situación de extrema fragilidad que pone en riesgo sus capacidades de enfrentar desafíos de envergadura. Ambos casos nacionales muestran profundas dificultades para transitar la gestión del cambio, a lo que se suma estados nacionales que en mayor o menor medida son receptores de tecnologías, lo que confronta con la necesidad y desafío político de fortalecer el armado de una base tecnológica digital del Estado que sirva para construir otras soluciones, como pueden ser las prestaciones en internet de las televisoras a su cargo. Como hemos marcado desde la discusión teórica de esta tesis, la configuración actual de la distribución de contenidos televisivos en internet es una cuestión global o transnacional, las respuestas no pueden ser iniciativas solitarias y aisladas. El escenario del mercado televisivo se ha transformado fuertemente a partir de los procesos de digitalización y la convergencia, trastocando el terreno de juego conocido por los actores tradicionales y su temporalidad. Los canales que hemos estudiado no tienen margen para el seguidismo y la imitación, pero sí algunos recursos con los cuales construir un camino propio. Como canta Calle 13 “hay que moverse, hay que asumir el rol, como los planetas giran alrededor del sol. La misma órbita, diferente velocidad, desafiando la ley de la gravedad” (Calle 13, Todo se Mueve, 2010).



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