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Por nuestra parte tenemos que sacar completamente a la luz del día todo lo que es el viejo mundo y configurar positivamente el nuevo. Cuanto más tiempo dejen los acontecimientos a la humanidad pensante para reflexionar, y a la humanidad doliente para unirse, tanto más perfecto saldrá a la luz el producto que el presente lleva en su seno.

Marx, Karl, Frühe Schriften I, p. 166. (cit. por Osvaldo Ardiles en Vigilia y utopía, 1989b: 414)

…apuntamos a una región por explorar y no a un casillero por llenar.

Ardiles, Osvaldo, Vigilia y utopía (1980: 223)

Es momento de adentrarnos en el proyecto filosófico de Osvaldo Ardiles. Es éste, si se quiere, el centro o parte principal y motivo fundamental de la presente obra. Para hacerlo nos situaremos en una lectura de lo que, en otro trabajo, realizado a partir de una lectura de la historia de las ideas en nuestra América actuales desde la propuesta de Horacio Cerutti (Lima, 2013a), hemos llamado modos de construcción del discurso filosófico. Huelga aclarar que hemos elaborado esta propuesta a partir de la lectura que propone el mismo Cerutti de los “modos de producción” de la filosofía que, en apretada síntesis, aluden justamente a los modos de filosofar que, en este caso, se producen desde nuestra América, enfocándolos desde lo que ha llamado una “historia materialista de las ideas” (Cerutti, 1997; 2000).

Pero, ¿a qué nos referimos entonces con el término “modos de construcción del discurso filosófico”? Justamente queremos apelar a una lectura de los discursos filosóficos que denote el aludido “modo de producción” desde el análisis, interpretación, contextualización periodizada y explicación de la construcción del filosofar (que, en nuestra América se puede muy bien ubicar como un “pensar”), dando cuenta, con ello, de los “modos de operatividad” que presenta dicho filosofar en una hermenéutica de la realidad misma y los “modos de realización” o concepción de la operatividad del filosofar como filosofía producida en determinados contextos socio-históricos (de los cuales, por supuesto, parte todo pensar). Así, el “modo de construcción” implica tanto una determinada concepción de filosofía desde la cual se ejerce (con implicaciones políticas e ideológicas y utópicas de su quehacer intelectual), como, consideramos ineludible e insoslayable, de un sujeto concreto y situado para poder ejercerlo. La articulación de tales “modos” no es, por supuesto, mecánica, sino que parte desde la materialidad misma de la realidad histórica, por lo que hay siempre una apertura de transformación constante y dialéctica.

En el caso del pensamiento de Osvaldo Ardiles, abordaremos el modo de construcción de su propia concepción de una “filosofía de la liberación” a partir de sus escritos de la década de 1970. La consideración de dichos escritos es nodal para poder dar cuenta no sólo de un periodo de gestación de las llamadas “filosofías de la liberación”, sino también de un pensamiento situado, crítico y creativo producido desde nuestra América, al que consideramos de importante valor para la filosofía producida en la región y que, si bien ha sido ya valorado en tal horizonte (como hemos visto), persisten aún muchas lagunas en su lectura por un desconocimiento (casi generalizado) de varias de sus obras. En tal sentido, nuestra lectura tiene implicaciones tanto historiográficas como histórico-filosóficas que tendremos en cuenta al momento de situarnos en los temas, problemas y proyecciones a los que nos lleve nuestro tratamiento de la obra misma de Ardiles.

Su proyecto filosófico, plasmado principalmente en Vigilia y utopía (editada, como hemos visto, primero en 1980 en México y después, en 1989, en Córdoba), presenta una generalidad y una particularidad importante en el horizonte de las filosofías de la liberación: como generalidad, Ardiles planteó varios elementos en conjunto con Enrique Dussel y Juan Carlos Scannone (había un proyecto común de trabajo en torno al horizonte de liberación filosófico): la noción de una exterioridad trans-ontológica, el carácter originalista de su filosofar y el consecuente des-historizamiento del pensamiento de la región, la importancia de filosofar desde la propia realidad y la alteridad como un sujeto primordial para tal ejercicio intelectual (algunos de estos elementos fueron, según vimos, parte de la temprana idea de filosofía en Ardiles). Sin embargo, aquí se presenta una serie de elementos que dan particularidad al proyecto ardilesiano de la liberación, pues, según hemos visto y según profundizaremos a continuación, en su concepción misma de la filosofía hay una diferencia fundamental en cuanto al abordaje teórico. El punto toral es Ardiles no parte de un enfoque levinasiano (si bien no le es indiferente), como sus dos compañeros de trabajo de entonces, sino que más bien se ve mayormente influenciado por autores de la llamada “Escuela de Frankfurt” (como Benjamin y, sobre todo, Marcuse) y, en general, del marxismo alemán de la década de 1920. Dicho elemento aportó un enfoque distinto para el tratamiento de los temas generales ya señalados, así como para otros temas propuestos por el propio Ardiles, como veremos a continuación. Destacamos una especial influencia del pensamiento de Marcuse, sobre todo a partir de su ya referida tesis doctoral sobre El pensamiento dialéctico-marxiano en el joven Herbert Marcuse, elaborada bajo la dirección de Habermas en el bienio de 1969 a 1971 en Frankfurt, Alemania (Ardiles, 2002c: 134). Sin embargo, podemos adelantar que Marcuse no es su única referencia intelectual.

En este punto conviene preguntarnos: ¿por qué el nombre de Vigilia y utopía? Podríamos responder concisamente en torno a dos elementos clave que Ardiles aporta en la segunda edición (1989) de la obra, y sobre los que volveremos luego. Por una parte, el título de la obra se enmarca en un horizonte blochiano (por el filósofo alemán Ernst Bloch), asociado a la utopía y a los sueños en vigilia, a los que a su vez entiende como elementos insertos en el “frente cultural” del proyecto popular y su memoria:

El frente cultural de uno de esos proyectos está constituido por lo que Ernst Bloch denominaba los sueños de vigilia con que los pobres calientan sus horas de espera. Hoy [–escribía esto entre 1986 y 1989–], que está de moda denostar la utopía, conviene traer a cuento, redefiniéndolo en sentido inverso, el dicho de J. L. Borges […] alertando que “el sueño de uno es parte de la memoria de todos” (Ardiles, 1989b: 402).

Por otra parte, también es importante considerar un rasgo que distinguió a Ardiles a lo largo de su entera trayectoria y que siguió estando presente tras su retorno del exilio, en el contexto argentino de la “transición a la democracia”: la militancia teórica y práxica. Como definió Ardiles:

Creemos oportuno refrescar esta idea de militancia; particularmente en nuestro medio. […] En estos momentos en que la izquierda argentina boquea lastimosamente, el pueblo se encuentra desmembrado, el socialismo de cátedra se ha vuelto bien pensante y posibilista, el espectro político del establishment se ha corrido al “centro”, la anomia alimenta la violencia espontánea, el ultraísmo ensombrece el fandango, el neopositivismo discrimina la crítica, etc., etc.; en momentos así, repito, publicar a nuestras magras expensas un libro como éste [Vigilia y utopía], “intempestivo” y “comprometedor”, es un acto de militancia que algún mal pensado puede atribuir a la mencionada carencia de un existir placentero (Ardiles, 1989b: 267-268).

Tales elementos los hemos podido relacionar con su segunda obra titulada El exilio de la razón (editada en la Córdoba de 1989), que a su vez nos ha permitido redondear nuestra lectura al respecto. Ambos libros están cruzados por el exilio como un tema recurrente y plasman a su vez los linderos, planteamientos y consideraciones que el propio Ardiles vislumbró en Argentina y México entre 1971 y 1989.[1] Igualmente nos hemos apoyado en otras obras y escritos éditos e inéditos, como lo es su libro La descripción fenomenológica (publicada en 1977 en México) y en algunos artículos más breves que citaremos en su momento. Pero es Vigilia y utopía la obra central que denota su proyecto de investigación. Como ya sabemos, se trata de materiales gestados entre 1971 y 1976 en el horizonte de las filosofías “de la liberación”. Expresión esta última que, recordemos una vez más, significó, para Ardiles,

un doble sentido. El primero, en cuanto procuraba liberar al quehacer filosófico argentino institucionalmente enclaustrado de la endémica dependencia cultural que lo condenaba a la inautenticidad y al mimetismo. El segundo, porque intentaba articularse orgánicamente (conforme la propuesta gramsciana sobre “el intelectual orgánico”) con la praxis liberadora de las masas oprimidas y explotadas (Ardiles, 1989b: 21)[2].

Ambos elementos, como veremos enseguida, están presentes en su obra. En todos sus escritos se puede vislumbrar una serie de problemáticas y temáticas sumamente sugerentes para el filosofar nuestroamericano. Entre ellos están, además de lo ya dicho, la importancia de la dialogicidad (no sólo regional, sino entre culturas distintas) para el filosofar; la relevancia de las mediaciones para ejercer un proyecto de liberación popular (el cual precisa, a su vez, de un enfoque interdisciplinario); la importancia de un tratamiento dialéctico de cada uno de estos temas.

Para Horacio Cerutti, uno de los pocos historiadores de estas filosofías que conoce Vigilia y utopía, tal libro se inscribe en lo que ha denominado “subsector analéctico” de estas filosofías de la liberación: “reúne aquí algunos valiosos trabajos en los cuales recupera aportes de la Escuela de Frankfurt para (re)pensar la estética, la dialéctica y las complejidades de los procesos de liberación, en una perspectiva asociada a la posición que se ha denominado analéctica” (Cerutti, 2011a: 101-102). Esta asociación será uno de los elementos de necesaria consideración en lo que sigue.

En un apartado previo hemos abordado sucintamente a distintos estudiosos de la obra ardilesiana. El recorrido realizado mostró que Horacio Cerutti es prácticamente el único estudioso de las filosofías de la liberación que conoce este trabajo importantísimo de Ardiles. No es un detalle menor. A continuación presentamos nuestra lectura de la obra haciendo referencia también a otros materiales ardilesianos, anteriores y posteriores, que esperamos nos ayuden a aportar una visión consistente de Vigilia y utopía en el contexto de su producción escrita en general, así como a denotar la importancia, fecundidad y actualidad de los temas, problemas y abordajes presentados en la obra desde el punto de vista del filosofar nuestroamericano.

De manera que en esta segunda parte del libro abordaremos el proyecto filosófico de la liberación de Osvaldo Ardiles. Antes de comenzar, será conveniente recordar las palabras que el propio Ardiles escribió en el prefacio a Vigilia y utopía, donde afirma que el marco de referencia de la obra

se halla en la preocupación por aproximarnos a una ontología del ser histórico-social que dé cuenta de la dialecticidad de lo real evidenciando la verdadera índole de los conflictos y del movimiento histórico. Tal tarea requiere una nueva lógica de la contradicción, sin la cual no se comprendería ese plus de negatividad que supone, no sólo la praxis humana sino el movimiento mismo del ente en cuanto se lo focaliza como emergente de un tiempo creador. Con esto, se potencia el quehacer crítico-liberador en su intento de articular un logos develador que cuestione radicalmente el proyecto racionalizador de la dominación en su pretensión de domesticar la historia y cercenar la creatividad humana (Ardiles, 1980: 12-13)[3].

La referencia pone ya sobre la mesa varios de los puntos clave del proyecto filosófico ardilesiano. Los examinaremos siguiendo el siguiente orden expositivo:

Una ontología de la alteridad 

Donde evaluaremos la importancia que Ardiles dio a la ontología como enfoque filosófico desde el cual plantear una “filosofía de la liberación” a partir de sus consideraciones críticas sobre la fenomenología de tres autores contemporáneos fundamentales en la construcción de su discurso: Husserl, Heidegger y Levinas. Este recorrido nos permitirá establecer la lectura, la valoración y la apropiación que el propio Ardiles hace de cada uno de estos autores para dar paso a su propuesta ontológica.

Desde el ser histórico-social

Donde abordaremos, centrándonos en la primera parte de Vigilia y utopía, los elementos teóricos, posiciones y enfoques de lo que Ardiles mismo concibió como una “ontología del ser histórico-social”.

Una hermenéutica de la cultura popular en el proceso de liberación

Donde estudiaremos propiamente su concepción del proyecto filosófico y la dimensión ontológica que le asignó al mismo, así como el tratamiento que, mediante una lectura ontológica y metafísica, dio al tema de la cultura, en especial, al de la concebida como “cultura popular”, posible aún en el seno de una “cultura dependiente” o “cultura del temor” (para decirlo con sus palabras). Se trata de pensar cómo concebir una cultura popular desde sus propias concepciones, cuestión que remite, a su vez, al tema de la conscientización cultural y su de efectivización en las “mediaciones histórico-sociales” como instrumentos para una “posibilidad real” de la concreción de la “utopía” de la efectivización de la liberación.

Desde un filosofar interdisciplinario 

Donde nos adentramos en el enfoque de la interdisciplinariedad y en las mediaciones requeridas por una filosofía de la liberación. Se trata de un enfoque novedoso en el seno de las filosofías de la liberación (“novedoso” no en el sentido de surgido ex nihilo, sino en el de que plantea como problema el dar cuenta de las “novedades” creativas de las praxis desde un enfoque hermenéutico dentro de un proyecto popular y en un “presente grávido de futuro”, según expresión del propio Ardiles), y que porta, según veremos, la siguiente cuestión: ¿cómo es posible que los intelectuales “opten” por un proyecto de liberación popular en el seno de una “cultura dependiente”? y, derivadamente, ¿cómo hacer efectiva no sólo su relación con sino también desde el pueblo mismo?

Por una racionalidad dialógico-liberadora desde nuestra América

Donde indagaremos en la propuesta de esta racionalidad, necesaria en cuanto se torna imprescindible dar cuenta de un proyecto popular de liberación en el cual los intelectuales precisan integrarse “orgánicamente” (gramscianamente dicho) o “muscularmente” (fanonianamente dicho) con el pueblo como sujeto principal para la liberación integral.

Con este recorrido esperamos poder dejar planteado íntegramente el proyecto filosófico de la liberación ardilesiano y dar pie, así, a nuestras reflexiones finales, centradas en torno de la dimensión política del filosofar mismo que, consideramos, es una cuestión latente que fecunda toda su obra, misma que puede entenderse, en términos generales, como una problematización del quehacer filosófico e intelectual de nuestra América.

Si nos propusiéramos definir sucintamente el proyecto ardilesiano, podríamos enunciarlo como sigue: una ontología de la alteridad desde el ser histórico-social que posibilita una concepción del pueblo distinta de un populismo y una hermenéutica de la cultura popular en el proceso de liberación desde un enfoque interdisciplinar del filosofar por una dialéctica y racionalidad dialógico-liberadoras.

Es posible que algunos planteamientos y argumentos puedan resultar reiterativos. Empero, se trata de enunciaciones dialógica y dialécticamente formuladas para dar cuenta de un proyecto filosófico para la liberación de carácter multifacético y en función de su situación real, social y personalmente vivida. En definitiva, constituyen un primer acercamiento de conjunto al proyecto de Ardiles, desde con su filosofar, para el filosofar nuestroamericano.


  1. Para un acercamiento al contexto de la izquierda argentina en las décadas de 1960 a 1980 es muy sugerente la obra de Claudia Hilb y Daniel Lutzky, La nueva izquierda argentina: 1960-1980 (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1984); en torno a la situación de violencia en Argentina en las citadas décadas puede verse algunas obras como son las de Daniel Feierstein, El genocidio como práctica social (Buenos Aires, FCE, 2008), la obra que examina la cuestión desde el primer peronismo hasta 2007 es la de Antonius C. G. M. Robben, Pegar donde más duele. Violencia y trauma política y social en Argentina (trad. de Nuria Brufau Alvira et al., Barcelona, Anthropos Editorial, 2008) y más recientemente el estudio de Marina Franco, Un enemigo para la nación. Orden interno, violencia y “subversión”, 1973-1976 (Buenos Aires, FCE, 2012).
  2. Negritas en el original.
  3. Itálicas en el original; negritas nuestras.


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