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Epílogo

La memoria

La figura del barón Hirsch y sus proyectos filantrópicos se conservaron en la memoria colectiva del pueblo judío. Las enciclopedias sobre judaísmo incluyen entradas sobre el Barón y sus numerosas actividades filantrópicas en el Imperio Austrohúngaro, los países balcánicos, Rusia, Europa occidental, los Estados Unidos y, obviamente, la Argentina. En los Estados Unidos, hay comunidades judías cuyas denominaciones honran su memoria. Durante el Mandato Británico en Palestina, algunas calles del país recibieron su nombre. Este también designó un pequeño barrio cercano a una estación ferroviaria de Salónica, a cuya comunidad judía prestó ayuda el Barón en una situación crítica. En 1943, cuando los nazis deportaron a los judíos de Salónica a Auschwitz, ese barrio fue convertido en campo de concentración para su despacho. De ese modo, medio siglo después de su muerte, el nombre del Barón quedó vinculado también con el Holocausto.

En todos estos proyectos y contribuciones, el Barón actuaba ya fuera por intermedio de instituciones existentes, como la Alliance Israélite Universelle, cuyos presupuestos anuales reflejaron su constante filantropía; ya fuera por instituciones creadas por él y administradas por autoridades comunitarias locales como la red escolar judía en Austria-Hungría. Pero ni en las unas ni en las otras estuvo el Barón involucrado personalmente. Como vimos, lo contrario ocurrió en el caso de Argentina: él mismo estableció la Jewish Colonization Association, fijó ese país como su campo exclusivo de actividad en ese momento, y él mismo la dirigía personal y diariamente. Por consiguiente, se puede afirmar que el gran proyecto argentino coronaba sus actividades filantrópicas… y fue también su gran decepción.

El judaísmo argentino conmemoró la imagen del Barón de Hirsch de diversas maneras y con distintos matices. En la ciudad de Bahía Blanca, por iniciativa de veteranos de la cercana colonia judía de Médanos (que no pertenecía a la JCA, pero cuyos fundadores provenían de sus colonias), se levanta un monumento en memoria del barón Hirsch,[1] y esa no es la única forma material de su conmemoración en el marco del judaísmo argentino. El alcance de dicha memoria, y los cambios que se han producido en ella durante los ciento veinte años transcurridos desde la muerte del Barón, fueron detalladamente estudiados en el reciente libro de Iván Cherjovsky, Recuerdos de Moisés Ville. También la historiografía general del pueblo judío se ha ocupado del proyecto de colonización en Argentina y sus logros en vida del Barón, ya sea con precisión, como en la obra clásica del historiador Simon Dubnow —contemporáneo joven del Barón, quien incluyó en el décimo volumen de su monumental Historia Universal del Pueblo Judío una descripción sumaria del proyecto—,[2] ya sea de manera reducida u deformada, como en obras históricas muy posteriores.[3] Pero todas estas manifestaciones de conmemoración no alcanzaron a expresar los exactos alcances de la visión del Barón.

“Proyecto abandonado”

Projet Abandonné” (“Proyecto abandonado”): así está titulada, en letra clara y florida, la carpeta en la que quedó archivado el borrador de su propuesta para el gran congreso de filántropos y dirigentes judíos que habría de otorgarle apoyo para su grandioso programa de trasladar a masas judías rusas hacia la República Argentina. Tanto si esas palabras fueron escritas por órdenes del Barón mismo, a modo de juicio lapidario sobre un proyecto fracasado, o si constituyen la evaluación posterior de un amanuense, las mismas reflejan la decepción personal de un hombre que, en una hora de penuria histórica para sus hermanos, se elevó a las alturas de una visión utópica. Ese documento nunca vio la luz. Debido a ello sus contemporáneos, aun cuando conocieron y debatieron sus grandiosos programas, no llegaron a percibir sus verdaderas dimensiones; y el Barón, hasta no lograr plasmar un ejemplo exitoso de su proyecto personal, no vio oportuno tratar de convencer a otros de la verdad del mismo. Continuó redactando sus instrucciones y sus programas según su mejor saber y entender, al tiempo que experimentaba una frustración creciente ante el hecho de que la ansiada base para una gran empresa histórica —rescatar masas de judíos oprimidos— iba diluyéndose ante sus propios ojos. Con ello, ejemplificó quizás la limitada posibilidad de un individuo para fijar horizontes al destino de todo un pueblo, cuando solo tiene a su disposición una gran fortuna, mucha energía personal y buenas intenciones.

El Barón abandonó con gran pena su proyecto mayor y adoptó un programa alternativo reducido, que por su misma naturaleza no podía superar las fronteras de la filantropía. El cambio que ello produjo en la imagen de la Jewish Colonization Association y su transformación en una empresa de apoyo filantrópico a judíos —tanto los que emigraban como los que permanecían en sus lugares tradicionales de residencia—, atribuidos por sus contemporáneos y por investigadores a las actuaciones de sus herederos en la conducción de la misma, no fueron sino el fruto de su planificación personal y detallada en los últimos meses de su vida. A consecuencia de ello, la JCA se convirtió en el mayor centro filantrópico del pueblo judío hasta la Primera Guerra Mundial, a medida que fue aumentando el alcance de sus actividades con posterioridad a la vida del Barón, sobre todo dentro de la misma Rusia.

El proyecto de colonización del barón Maurice de Hirsch, que partió de las amplias corrientes de la historia judía, dejó en ellas ciertamente su impronta, también después de encauzarse en el estrecho canal de la historia de los judíos en Argentina.


  1. Véase Cherjovsky (p. 24).
  2. Dubnow (vol. 10, pp. 192-196, 276-278).
  3. Véase, por ejemplo: Karady, 2004 (pp. 184, 259).


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