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Agradecimientos

A Lucy Sinatra, que nos llevaba al Cine Mayo de San Miguel, y a Julio González, que nos hizo mirar por la mirilla de un kinetoscopio en San Telmo. A Ingrid, Nahuel y Yan; a Lola y a Cleo. A Chantal.

A Leandro Zanon, in memoriam, que nos llevaba a los multiplex cuando eran una novedad.

A los amigos de siempre: Facu, Gastón, Guido, Guille, Herny, Jony, Lanzo, Lucas, Luty, Mati, Natxo, Osca, Ota, Pablo, Pesca.

A Pablo Gullino, JP Cremonte y Chopper Lagrutta, grandes amigos y colegas con los que compartimos un espacio de reflexión permanente. A Beatriz Alem y a Cecilia Vázquez, por el aprendizaje cotidiano en el aula, en la oficina y en la vuelta a casa. A la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS).

A Mariana Aramburu, por los intercambios constantes y por haber ayudado con algunos contactos para las entrevistas. A Juan Manuel Alonso, por la amistad y por su capacidad inagotable de tener el comentario preciso. A Lucía Rud, sencillamente una de las personas que más me ayudó y de las que más aprendí en todos estos años. A todos los amigos y colegas que combinan las facultades y la electricidad.

A José A. Borello, por la generosidad, el estímulo, la disposición a compartir conocimiento y la confianza desmesurada que siempre tiene. Trabajamos en muchos proyectos en todos estos años, en todos aprendí, en todos tuve mucha libertad para hacer. A Marina Moguillansky, cuyo trabajo me guía desde mucho antes de conocerla y cuya mirada fue decisiva cuando este proyecto era aún incipiente. Sin ellos, el barco nunca hubiera pasado por arriba de la montaña.

A partir de 2018 mi trabajo de investigación tuvo el apoyo de una beca de finalización de doctorado del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina). Cuando irrumpió la pandemia, el CONICET extendió automáticamente todas las becas que estaban por finalizar: un gesto que habla de la importancia de tener instituciones de calidad dirigidas por autoridades capaces de reconocer la dimensión humana en todas las cosas.

A los hombres y las mujeres que pensaron que este país tenía que ser una República y no otra cosa. A las instituciones que encarnan ese principio promoviendo educación pública, gratuita y de calidad; y en especial a la UNGS, por los muchos y muy buenos docentes que, también, encarnan ese principio poniendo en común el conocimiento.



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