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El impacto de la aparición de un cuerpo en la antesala del juicio
“Hospital Posadas II”

Estefanía Bernardini

Antecedentes del hallazgo

El 1 de noviembre de 2017, fueron hallados en el predio del Hospital Posadas[1] los restos de Jorge Roitman, un médico desaparecido en diciembre de 1976. Más precisamente, fueron encontrados a escasos metros del “Chalet”, espacio donde funcionó un centro clandestino de detención (ccd) entre noviembre de 1976 y enero de 1977. El hallazgo ocurrió en la antesala del juicio “Hospital Posadas ii”, justo seis meses antes del inicio del debate que juzgaría la responsabilidad penal de Luis Muiña[2] y Argentino Ríos por los homicidios de Jacobo Chester y del mismo Roitman. Sus desapariciones estuvieron vinculadas a una serie de secuestros de trabajadores y trabajadoras del Hospital Posadas sucedidas a partir de la puesta en funcionamiento de un grupo de seguridad denominado “Swat”, en julio de 1976. Este grupo estaba conformado en su mayoría por civiles y miembros exonerados de las fuerzas policiales que poseían nombramiento ministerial para funcionar como seguridad interna, lo que los colocaba en una posición propicia para ejercer el terror al interior del hospital (Crenzel, 2017; Bertoia, 2012; Bernardini, 2013 y 2016)[3]. Muiña y Ríos eran integrantes de este grupo.

El expediente judicial que investiga estos hechos se inició en el 2006 en el Juzgado Federal n.° 6. Dicho expediente surgió como un desprendimiento de la megacausa “Primer Cuerpo del Ejército” y se la caratuló como “Bignone, Reynaldo Benito Antonio y otros s/ privación ilegal de la libertad…”, aunque todos los actores sociales la reconocen de forma rápida como causa “Hospital Posadas”. En ella se concentraron las investigaciones del “Grupo Swat” y de las autoridades militares a cargo de las violaciones a los derechos humanos cometidos contra el personal del hospital.

Tras años de instrucción, en el 2011 se elevó parte de las investigaciones con lo que se realizó un primer juicio oral y público, conocido como “Hospital Posadas i”, donde se juzgaron delitos de privación ilegítima de la libertad y tormentos. En esa oportunidad se condenó a la pena de 13 años de prisión a Luis Muiña por el secuestro y tortura de Jorge Roitman y Jacobo Chester, como así también de otras tres sobrevivientes del “Chalet”. Argentino Ríos, el otro imputado del “Grupo Swat” que aún seguía con vida, eludió el juicio por razones de salud[4].

En ese marco, y pese al reclamo de la querella y de la fiscalía, no se juzgaron los homicidios. El pedido para que se incluyeran los asesinatos se fundamentó en la existencia de otra clase de pruebas. En el caso de Jacobo Chester, su mujer había recibido un certificado de defunción un año y medio después de su secuestro. Su cadáver había sido encontrado por la Prefectura Naval Argentina flotando en el Río de la Plata el 2 de diciembre de 1976, seis días después de su secuestro. El certificado de defunción había sido librado el 16 de enero de 1977, y su cuerpo había sido inhumado por vía administrativa debido a que, según información del juzgado, por entonces no se había logrado la identificación del cadáver. Esta recién fue realizada en junio de 1978 a partir de las fichas dactiloscópicas obtenidas, hecho que motivó la rectificación de la partida de defunción original y la entrega de la documentación a los deudos. En la década del 80, con la creación de la conadep, los familiares tuvieron la posibilidad de tomar contacto con las fotos de la autopsia, aunque, pese a los esfuerzos realizados, nunca lograron recuperar sus restos[5].

En el caso del deceso de Jorge Roitman, se contaba con la declaración de Gladys Cuervo, quien, desde su testimonio en la conadep en 1984, ha relatado en numerosas oportunidades cómo se desarrolló el secuestro de ambos en el “Chalet”:

Un día la radio dejó de funcionar. Lo empecé a oír a Roitman quejarse en una habitación próxima al placar donde yo estaba. Cuando me llevaron al baño, yo le dije al que me llevaba: “¿Por qué no me dejás verlo a Roitman? Dejame verlo”. Teves abrió la puerta, yo no sé si accedió a mi súplica o quiso atemorizarme, y entonces lo vi a Roitman, que estaba desvariando en un charco de orina y sangre. ¿Entonces yo le digo: “¿Qué le hicieron? Tienen que llevarlo a un hospital”. Yo todavía era ingenua. […]. Después, una noche, yo lo oía a Roitman quejarse, y hubo corridas, vinieron los autos […] corrían todos por la escalera, corrían, bajaban, subían, entraban, y vino este Tevez y le digo: “¿Qué paso?”. Me dice: “Se murió Roitman, vinieron los milicos a llevárselo” (declaración testimonial de Gladys Evarista Cuervo en “Bignone y otros…”, 4/3/2013, fs. 161).

Debido a la falta del cuerpo y a la clandestinidad de las operaciones, este testimonio se configuró históricamente como la principal prueba sobre el asesinato de Jorge Roitman. Su relato es además coincidente con el de otra víctima que lo vio en ese centro clandestino en oportunidad de un careo y refirió en su declaración judicial que “fue salvajemente torturado”.[6] Sin embargo, pese al hecho de que se contaba con dichas pruebas desde el retorno de la democracia, su tratamiento en juicio como evidencia de los homicidios se volvió un desafío para los fiscales de esa instancia y la querella[7]. La razón de esto me la explicó el juez federal de la causa en una entrevista realizada en el año 2019:

En 2004 se partía de una lógica según la cual si no estaba el cuerpo no se podía condenar, no se procesaba como homicidio. Con el paso del tiempo, yo eso lo fui modificando con mucha prudencia, ¿no? Porque del otro lado tenés en definitiva a alguien que va a ser condenado por homicidio sin que esté el cuerpo. Pero, dadas ciertas circunstancias, cuando hay muchos elementos de prueba, aun así me permití avanzar en esos términos (entrevista al juez Daniel Rafecas, diciembre de 2019)[8].

Así, tras años de avance en las causas de lesa humanidad, se llegó a una nueva elevación a juicio por homicidios en el año 2014. “Elevar a juicio” representaba para los querellantes el primer paso en el camino al reconocimiento por parte del Poder Judicial de la actuación de Muiña y Ríos en los asesinatos. En ese marco, el juez federal adoptó el criterio establecido por la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las Causas por Violaciones a los Derechos Humanos en el documento titulado “Consideraciones acerca de la prueba requerida para acreditar la concurrencia de homicidios frente a las desapariciones forzadas durante el terrorismo de Estado en Argentina”. Así, estableció:

[…] la situación de Roitman –actualmente desaparecido– de ningún modo difiere de aquellos otros casos en los cuales sí se han obtenido los restos físicos de las víctimas, en virtud de entender que en el caso de los homicidios si bien la aparición del cuerpo es una prueba relevante para la acreditación del delito, la concurrencia de dicho elemento probatorio no resulta indispensable cuando se cuenta con un cúmulo de otros elementos convictivos, serios y concordantes en ese sentido (“Bignone y otros…”, 4/3/2013; fs. 378).

En ese contexto, y meses antes del debate oral y público, los restos de Jorge Roitman fueron encontrados e identificados. El hallazgo fue fortuito, lo que generó la sorpresa de aquellos que, de alguna manera, aguardaban expectantes el inicio del juicio. De este modo, el juez federal recordaba en nuestra entrevista la importancia de ese evento:

Por suerte, en ese camino cuando estaba en el juicio resulta que apareció… justo, justo, justo antes… increíblemente, justo antes de los alegatos, en pleno juicio aparecen los restos y por lo tanto terminó de ratificar la postura del juzgado, ¿no? […], entonces fue todo muy providencial.

El error al precisar la distancia temporal entre ambos sucesos da cuenta de un sentido, compartido por otros actores, acerca de que el hallazgo estaba unido de “modo providencial”[9] con el juicio que se encontraba por delante. Bajo esta misma lógica, un familiar de Jorge Roitman me dijo, antes de que comenzase la primera audiencia del debate oral, que el cuerpo había aparecido “para que Muiña [estuviera] en cana” y “que si estos hombres tenían alguna esperanza la perdieron cuando encontraron el cuerpo”.

Así, este artículo se propone analizar determinadas aristas del impacto, o los impactos, que generó la aparición del cuerpo de Jorge Roitman en ese contexto. En ese sentido, su hallazgo movilizó profundamente a la comunidad hospitalaria al tiempo que funcionó como un legitimador de los testimonios y las narrativas construidas en torno a la represión sufrida en el Hospital Posadas. Esas narrativas daban cuenta de modalidades locales de la represión que tensionaron los saberes oficiales acerca de las formas de desaparición de los cuerpos. Al mismo tiempo, la integración en el juicio de los restos hallados habilitó la visibilización de nuevas dimensiones de la violencia ejercida contra los cuerpos muertos que también nos hablan de formas particulares de operar del grupo “Swat”.

El hallazgo y la geografía represiva: entre el conocimiento local y el saber oficial

En una institución donde los cuerpos muertos son materia constante y atraviesan un estricto tratamiento y control sanitario y burocrático, la aparición de un cadáver enterrado en las inmediaciones de uno de los chalets que rodean su establecimiento central no pasó desapercibido. Más precisamente, el cuerpo fue encontrado el 1 de noviembre de 2017[10] por un operario mientras excavaba unos pozos cloacales para la construcción de lo que sería un Centro de Integración Comunitaria (cic) a 42 metros del ex-ccd el “Chalet”[11].

Este lugar marcado por la violencia se encuentra ubicado en los márgenes (Das y Poole, 2008) del hospital, en una zona de tránsito entre este y el barrio Carlos Gardel, donde se condensa lo más conflictivo y dramático de su historia. En términos espaciales, el “Chalet” se enclava en los fondos del hospital, a unos doscientos metros del edificio principal, y, junto con otras construcciones de similares características, compone un conjunto habitacional que fue diseñado para funcionar como viviendas de las autoridades del establecimiento sanitario. El ex-ccd –actual Sitio de Memoria– es una casona de tipo española de dos pisos y con techo a dos aguas que originalmente estuvo destinada a servir de casa del director asistente. Se ubica a unos 50 metros de otra construcción estilo americano conocida como “Chalet Americano”, que fue incendiada en el año 2011 junto a un Ford Falcon en pleno juicio oral y público. Por su historia, este espacio se ha convertido en un lugar fundamental desde el cual disputar memorias sobre el pasado represivo (Crenzel, 2017).

Pero los “Chalets” se encuentran también al margen de los saberes oficiales acerca de las formas de desaparición política de los cuerpos. En efecto, este era un espacio que condensaba imaginarios y reclamos acerca de la necesidad de investigar y excavar ese territorio frente a la sospecha de que, además de un centro clandestino de detención y tortura, podía tratarse de un lugar de enterramiento de las víctimas que por allí pasaron. Esas sospechas se basaban principalmente en relatos que provenían de vecinos y vecinas del “Chalet” y que se unían a su vez con historias acerca de los túneles que atraviesan al hospital y que, según algunas versiones, conectan las calderas del establecimiento sanitario con el “Chalet Americano”. Pero estas historias –marginales incluso al interior del nosocomio– se contraponían con el saber oficial sobre las formas de desaparecer los cuerpos construido a partir de una larga experiencia de trabajo con esta clase de delitos por parte del Equipo Argentino de Antropología Forense (eaaf) y del sistema judicial.

La desaparición de los cuerpos mediante su ocultamiento o destrucción respondía, dentro del plan implementado por las fuerzas militares, al objetivo de encubrir los crímenes (Somigliana y Olmo, 2002). En ese marco, una de las metodologías implementadas fue la de los “vuelos de la muerte”, en los cuales las víctimas eran sedadas y arrojadas al mar. Otra forma característica consistió en la inhumación de los cadáveres en fosas clandestinas en distintos cementerios (Gandulfo, 2014), o bien el abandono de los cuerpos en la vía pública para que fueran posteriormente trasladados a la morgue judicial (Sarrabayrouse de Oliveira, 2011). Respecto a los patrones de descarte de cadáveres, uno de los integrantes del eaaf me explicó en una entrevista que esta práctica no era frecuente:

[…] que en el Área Metropolitana de Buenos Aires hubiera enterramientos clandestinos relacionados con el Centro no era imposible, pero en general había otros mecanismos[12]. […]. Por eso no hubo, como en otros casos sí los hay, un trabajo previo de investigación. No es que fuimos a buscar allí, sino que, como en muchos casos sucede, apareció de casualidad (entrevista a Carlos Somigliana, 27 de febrero de 2018).

Tampoco desde la experiencia de investigación penal en esta clase de delitos, por parte del juzgado a cargo de la causa, existían motivos que justificasen la exploración del terreno hasta el día del hallazgo. A criterio del juez:

Nunca se nos ocurrió porque no teníamos antecedentes. Nosotros partimos de que los represores, en la lógica del exterminio y de ocultar las evidencias, lo último que van a hacer es enterrar víctimas en el propio predio. Para esto, previo a eso, nosotros hicimos un montón de búsquedas en los centros clandestinos, en Vesubio levantamos todo […]. Lo mismo en Olimpo, en Mansión Seré. Nunca encontramos, entonces desistimos de hacer eso porque evidentemente la línea que bajaban en términos del ocultamiento de las pruebas era que no había que enterrar a las víctimas en las inmediaciones de los centros clandestinos. Esta fue claramente una excepción (entrevista al juez Daniel Rafecas, diciembre de 2019).

En cambio, para Zulema Chester, directora del espacio de derechos humanos del hospital e hija de Jacobo Chester, “siempre fue muy obvio que había algo. Pero el tema es que tenés que convencer a alguien” (entrevista a Zulema Chester, 13 de noviembre de 2019). En ese sentido, desde que el “Chalet” se estableció como espacio de memoria en el año 2007, se venían activando distintos reclamos en organismos y dependencias del Estado. Yo misma participé, durante mi paso como trabajadora en esa institución en el año 2014, de las negociaciones infructuosas con el Municipio de Morón para ampliar la investigación sobre ese terreno con el objetivo de abarcar el “Chalet Americano”. Pero el mayor de los conflictos se desarrolló en el año 2007, durante un proyecto de urbanización del barrio Carlos Gardel, a partir de la aparición de huesos dentro de un aljibe. En esa oportunidad, los restos fueron removidos por el Cuerpo Médico Forense de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, pero resultó que pertenecían a un ave.[13] Sin embargo, a criterio de los familiares que hicieron guardia allí para que no fueran removidos sin la debida intervención forense, las investigaciones fueron, cuanto menos, rápidamente clausuradas.[14]

Así, cuando el 6 de noviembre se difundió la noticia de que habían aparecido huesos de un cuerpo humano en esa zona, pocos dudaron de que se trataba de los restos de un desaparecido durante la última dictadura y menos aún de que dichos restos pertenecían al Dr. Roitman[15]. Antes que incertidumbre, la aparición del cuerpo pareció generar certezas. Como un rumor que circuló por lo bajo, y con la prudencia de no ser dicho delante de los familiares que aún buscan a sus seres queridos, esos huesos adquirieron nombre propio apenas descubiertos.

No resulta extraño que en aquel contexto los rumores que circulaban sobre el hallazgo se vincularan con las historias locales sobre la violencia política que tuvieron por epicentro ese territorio. En efecto, en los días que siguieron al hallazgo, las memorias evocadas por aquellos que se acercaban al “Chalet” eran memorias sobre ese lugar (Gordillo, 2012). En mi trabajo de campo con relatos sobre la dictadura, solían aparecer, como elementos centrales del paisaje sonoro del lugar, los disparos provenientes de los “fondos del hospital”. Pero, en noviembre, “la línea de palmeras” se constituiría en el objeto descriptivo privilegiado para dar cuenta de esa geografía represiva. Esta línea de palmeras, según recordaban los trabajadores que habían sido testigos de las transformaciones operadas en ese espacio, por entonces delimitaba y cubría al “Chalet” de la vista de los que circulaban por el hospital.

Ahora bien, si, por un lado, la aparición de un cuerpo venía a validar y respaldar una demanda por largo tiempo sostenida desde la Dirección de Derechos Humanos del Hospital, por el otro, los restos –sin túmulo, ni marcación y arrojados en un espacio profano– se presentaban ante la comunidad como una exhibición dramática del trato deshumanizante y brutal de los cuerpos muertos –asesinados– por el terrorismo de Estado. Al mismo tiempo, era la expresión de la impunidad por 41 años escondida en el mismo suelo del hospital, como un mensaje del poder casi omnipresente de un grupo que habitó en la institución –y diseminó el terror– por tan solo unos meses.

De esta forma, a partir del hallazgo, se reactivó esta disputa con diversos organismos del Estado en relación a los procesos de investigación y de asignación de responsabilidades por los hechos represivos ocurridos en dicho establecimiento. De esto da cuenta el comunicado difundido por la Dirección de Derechos Humanos del hospital a raíz de la aparición del cadáver:

Este hecho confirma la necesidad de avanzar en la investigación de todo el perímetro lindero a El “Chalet” tal como se sostiene desde este espacio hace tiempo. Con el mismo compromiso por la Memoria, la Verdad y la Justicia con que viene trabajando, esta Dirección de Derechos Humanos acompañará las tareas en que se definirá la identidad de los restos hallados y su posible relación con los y las compañeros detenidos desaparecidos durante la última dictadura cívico militar (comunicado de la Dirección de Derechos Humanos del Hospital Posadas, 7 de noviembre de 2017).

Así las cosas, a consecuencia del hallazgo se dio apertura a una investigación judicial para determinar el origen de los huesos[16]. Las primeras acciones se hicieron en el marco de una causa judicial abierta el 3 de noviembre[17] en el Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal n.° 1 de Morón a partir de la denuncia formulada desde la Dirección del Hospital en la Delegación de Morón de la Policía Federal. Desde ahí se tomaron las primeras medidas a fin de preservar el lugar y se solicitó la intervención del eaaf para la recuperación de los restos y su posterior identificación.

En paralelo, Zulema Chester y otros querellantes dieron aviso sobre el hallazgo al juzgado de Rafecas, bajo el entendimiento de que la investigación debía encauzarse en la dependencia federal a cargo de la causa del hospital. Gracias a esto, el 8 de noviembre, tras finalizar la exhumación de los restos, el expediente pasó a manos de este último juez luego de solicitar el traspaso de la “competencia” de las actuaciones. Para ello, se envió un oficio explicitando lo siguiente:

Se ha acreditado en el marco de las causas relacionadas […] que una de las prácticas adoptadas por los perpetradores era la realización de fosas en las adyacencias a los Centros Clandestinos, pudiéndose advertir esta práctica en […] el ccdt Cuatrerismo[18]. […]. Entiendo que no puede descartarse que los mismos pertenezcan a víctimas del terrorismo de Estado que hubieran permanecido en el ccdt citado (“el Chalet”) o bien estuvieran relacionados con los sucesos acaecidos en el marco del citado Hospital. Por lo cual entiendo que corresponde adicionar las actuaciones a las investigaciones que se vienen llevando a cabo (actuaciones complementarias del Juzgado Federal n.° 1 de Morón; sumario n.° 477 “Hallazgo”, fs. 57.

Hasta aquí he descrito los acontecimientos que se suscitaron inmediatamente después del hallazgo y que pusieron en cuestión, al menos para un caso en particular, los saberes oficiales acerca de las formas de desaparición de los cuerpos del terrorismo de Estado. En ese marco, los hechos de noviembre no solamente sacudieron a la comunidad local –y a los deudos, que recibieron la noticia en los primeros días de diciembre del 2017–, sino que impactaron en los procesos de investigación penal vigentes activando nuevas líneas de trabajo. Así, el Juzgado federal de instrucción dispuso, por una parte, la exploración del predio a fin de verificar la existencia de restos de otros posibles desaparecidos relacionados con el hospital, la cual arrojó resultados negativos. Por la otra, se dio impulso a la causa con el objetivo de identificar nuevos imputados y recolectar pruebas en torno a la utilización del “Chalet Americano” y los túneles como posibles ccd. Pero, además, como se verá a continuación, el hallazgo del cuerpo adquiriría en el juicio que estaba por delante un lugar prominente.

Los huesos en el juicio: registro de un caso muy particular

El 18 de mayo del 2018, comenzó el debate oral y público conocido como juicio “Hospital Posadas ii”. Como ya se explicó, el cuerpo fue hallado con anterioridad al inicio de este, pero con posterioridad a que fuera elevado a juicio. Esto significaba que para el juzgado a cargo de las investigaciones ya existían pruebas suficientes para determinar la responsabilidad penal de Muiña y Ríos por el homicidio de Roitman. Por lo tanto, este suceso se integró a un juicio ya programado, de forma que no solo generó transformaciones a nivel de la prueba jurídica, sino que también impactó en los actores sociales de diversas maneras.

En este sentido, con el objetivo de aportar una interpretación experta sobre los trabajos forenses de exhumación e identificación de los restos óseos encontrados, en el juicio oral fue convocada a declarar Patricia Bernardi en su calidad de antropóloga forense e integrante del equipo que desarrolló esas tareas. La incorporación de esta clase de recurso pericial se enmarca en lo que se conoce a nivel mundial como el “giro forense” (Garibian et al., 2017)[19], que imprimió la presencia cada vez más constante y legitimada de esa clase de profesionales en las iniciativas ofrecidas como soluciones globales a las violencias masivas a los derechos humanos durante el siglo xx (Keenan y Weizman, 2015; Azevedo, 2017; Martín Chiappe, 2020).

La antropóloga fue citada a prestar declaración el 8 de junio de 2018. Para muchos de los que asistimos a esa audiencia, esta fue la oportunidad de conocer el trabajo realizado en la fosa y con posterioridad en los laboratorios –del cual solo conocíamos el resultado– y tomar contacto con los restos allí depositados. En este sentido, fue crucial el material visual –una presentación que contenía fotografías y diapositivas con material explicativo– que utilizó la antropóloga como soporte de su exposición y que se proyectó en las pantallas de televisión de la sala de audiencias.

Primeramente, apoyada en una serie de imágenes aéreas, identificó el lugar del hallazgo con relación al hospital y al “Chalet” y explicó que la fosa se encontraba ubicada en la “línea de palmeras”[20]. Sobre el trabajo de exhumación, aportó una serie de fotos tomadas allí. La más impactante era, sin lugar a dudas, una que dejaba apreciar los restos expuestos in situ, es decir, semidesenterrados de manera tal que se podía observar la forma en que estaban dispuestos los huesos al momento del hallazgo. La potencia de la imagen radicaba en el hecho de que era un reflejo del modo en el que había sido colocado y enterrado el cuerpo. Esto es así porque, según expuso la antropóloga, se trataba de “un enterramiento primario en el que el cadáver había sido depositado allí cuando todavía contenía sus partes blandas, las cuales con posterioridad fueron descomponiéndose dejando los huesos ubicados de manera anatómica”. Sobre la posición del cuerpo, declaró que era “muy particular”, “decúbito lateral” –esto es, acostado de un lado del cuerpo– y en posición fetal con los miembros inferiores flexionados. Esto se explicaba por que la fosa que lo contenía “era de forma circular y de no más de un metro de diámetro, posición bastante atípica para la ubicación de un cuerpo”. Posteriormente, agregaría que –según su apreciación la fosa parecía un “hoyito hecho a las apuradas”, y además explicitó lo siguiente:

Por lo general, las fosas en las que intervine siempre tienen profundidades mucho más grandes, o sea, 60 cm es como poco profundo. Y es llamativo porque lo primero que nosotros tratamos de hacer es buscar los límites de la fosa tratando de ver hasta dónde podemos pisar y hasta dónde no y esta era una superficie muy reducida. Uno, por lo general, calcula que una fosa es de 2 metros de largo y 1 de ancho. Y esto era de un diámetro de 1 metro. Para ser sincera, creo que es la primera vez en Argentina que lo encontramos (fragmento de la declaración testimonial de Patricia Bernardi, antropóloga, 8/06/18; el resaltado me pertenece).

Luego, expuso sobre el trabajo realizado en los laboratorios. En esa instancia se determinó que la causa de la muerte era “osteológicamente indeterminada”, o sea, sus huesos no presentaban evidencia de las razones del deceso. Finalmente, sobre el proceso de identificación declaró que el cotejo se realizó directamente con los datos genéticos aportados con anterioridad por familiares de Jorge Roitman, siguiendo la hipótesis de trabajo de la vinculación de los huesos con su caso. Terminada la exposición, la antropóloga acercó al tribunal y a las partes del proceso unas ligaduras encontradas junto al cadáver a la altura de los tobillos y vértebras cervicales. Estas ligaduras estaban conformadas por medias de dos tipos de tejidos anudadas en sus extremos que, según la apreciación del presidente del tribunal, se trataba de “nudos de pescador”.

Ahora bien, las fotografías que proyectaban los restos óseos, por un lado, y las medias, por el otro, estaban allí para “hablar”, a través de una experta, acerca de la violencia y del crimen asestado contra Jorge Roitman. En ese escenario, los restos presentados, interpretados y traducidos por un discurso autorizado (Bourdieu, 2008), que además era sumamente persuasivo (Ferrándiz, 2011; Martin Chiappe, 2020), funcionaron como un elemento de legitimación de lo que hasta entonces era solo la versión de los testigos y familiares con relación al destino final de Jorge Roitman.

Sin embargo, en cuanto saber sujeto a las reglas del mundo científico, estaba limitado por aquello que estos materiales podían aportar. Ferrándiz, a partir de su estudio sobre exhumaciones en España, sostiene que las intervenciones forenses no siempre se traducen en verdades inmutables (Ferrándiz, 2011). En este sentido, en el interrogatorio fue reiterado escuchar a la antropóloga aclarar: “No se olviden de que nosotros trabajamos con huesos, y es muy limitada la información que nos dan”. En efecto, estos huesos no poseían marcas que acreditaran la causa de la muerte, por lo cual explicó: “Cuando trabajamos con huesos y no observamos lesión a nivel óseo, lamentablemente la información de la causa de muerte es osteológicamente indeterminada y este fue el caso”.

Así las cosas, la información sobre los sucesos que dieron lugar a la muerte de Roitman solo pudieron ser explicados a través del testimonio de Gladys Cuervo. Testimonio que, como se dijo, encontró validación en la existencia de esos restos. Así, por ejemplo, una testigo expresó durante su declaración:

Nadie tuvo ninguna duda cuando la señora esta declaró que lo habían llevado al “Chalet”. Tenía la presunción de que estaba allí. Y era evidente, a tal punto que, cuando me enteré de que habían encontrado los restos de Roitman, me llama mi hijo porque yo no estaba en Buenos Aires y me dijo que habían aparecido sus restos y […] le dije: “Aparecieron en el Posadas, ¿no?”. Porque yo tenía la certeza plena de que de ahí no había salido (registro de campo; audiencia 8/06/18).

Otra cuestión que encontró legitimación en el juicio, de la mano del saber experto, fue la creencia local en torno a la existencia de enterramientos en los alrededores del “Chalet”. Esa creencia, que hasta entonces no superaba el estatus de rumor, en ese escenario jurídico se convirtió, bajo las reglas del mundo penal, en verdad jurídica. Esas historias, que hasta entonces formaban parte del folclore del lugar, se transformaron en testimonios, tanto históricos como judiciales, por lo que adquirieron entonces otro estatus (Tello, 2016). En este punto, algunas declaraciones se centraron en reafirmar y reivindicar el conocimiento que como testigos tenían sobre este asunto:

Que Jorge haya aparecido en el terreno del “Chalet” da cuenta de la hipótesis que siempre tuvimos de ese espacio, de que ahí había habido enterramientos. Y es momento de que se haga justicia con eso porque no sabemos si hay otros cuerpos de otros compañeros. Creo que Jorge viene a decirnos eso (registro de campo; audiencia 15/06/18).
Es un rumor en el hospital a boca abierta… que toda la investigación que hicieron los antropólogos en la línea de palmeras, la dichosa línea de palmeras, una fila de árboles de palmeras, al pie de una palmera se encontró el cuerpo de Roitman, y que supuestamente marcan o delimitan un espacio. La gente siempre dice que eso fue una fosa de fusilamiento. Hay mucha gente que al día de hoy no se sabe dónde están y que fueron secuestrados cumpliendo su servicio, trabajando (registro de campo; audiencia 1/06/18).

En conjunto, esos saberes locales y expertos daban cuenta de una modalidad represiva específica alejada de las prácticas canónicas implementadas por las Fuerzas Armadas en el plan represivo[21]. Pero hubo una dimensión que solo pudo hacerse visible allí en el juicio a partir de los trabajos forenses realizados sobre los restos encontrados. Presentadas las ligaduras, fue sorprendente escuchar que estos objetos daban cuenta de una nueva excepcionalidad en relación con los patrones más generales: “Nunca habíamos visto este tipo de ligadura”, sostuvo la antropóloga respecto a estos. Más sorprendente aún fue que estas ligaduras se asemejaban a las encontradas en las fotos de la autopsia de Jacobo Chester. Ante la pregunta del abogado querellante, la perito declaró: “La fiscalía me acercó la autopsia de un NN encontrado en 1976 donde lo llamativo es haber encontrado que contaba también con ligaduras”.

Por lo visto, las medias allí expuestas eran evidencia de una forma particular de atar y de intervenir a los cuerpos muertos que posibilitó otorgar sentido al tratamiento dado a otro cadáver previamente encontrado. Así, para Zulema Chester, la exhibición de esa dimensión posibilitó inscribir la experiencia de contacto con las fotos de la autopsia de su padre en nuevos horizontes interpretativos:

A partir de que vi las fotos de la autopsia, pude reconocer el cuerpo de mi padre. El cuerpo no tenía ningún hueso sano. El cuerpo estaba desnudo y estaba atado. Durante muchos años yo creí y sigo creyendo que el cuerpo de mi padre estaba atado de pies y manos con su talit, que es una prenda religiosa que secuestran con él. Cuando lo secuestraron a mi papa, además de todas las cosas que secuestraron, faltaban sus elementos de liturgia, la kipá y el talit […]. Cuando nos comunicaron que el cuerpo de Roitman fue atado de la misma manera que el cuerpo de mi papá, para mí fue muy claro entender que cualquiera de los del grupo “Swat” estaba en condiciones de ejercer cualquiera de los roles que fueron ejerciendo, golpear, torturar, secuestrar, robar y matar, y enterrar. Y también atar, porque estaban atados de la misma manera (registro de campo; audiencia 1/6/18; el resaltado me pertenece).

Como bien apunta Azevedo, los huesos, por la fuerza visceral y visual que poseen (Verdery, 1999), son comúnmente tomados como capaces de atestiguar por sí mismos en las múltiples dimensiones que lo integran (Azevedo, 2017: 5). En resumen, la aparición del cuerpo operó en el juicio en múltiples dimensiones, apareciendo en las declaraciones de los testigos como un hecho que venía a respaldar y validar las narrativas y las memorias construidas desde estos sectores por largo tiempo, tomando entonces el estatus de verdad jurídica. Algunas de esas verdades, como la de la existencia de enterramientos o las ligaduras que daban cuenta de formas específicas de atar a los cadáveres, solo pudieron tener lugar en el marco del juicio gracias a la aparición del cuerpo. Otras, en cambio, tenían una más larga historia de reconocimiento por parte del Poder Judicial, como el testimonio de Gladys. De cualquier forma, ambas sufrieron modificaciones a consecuencia de la integración de los restos como prueba judicial.

Reflexiones finales

En este artículo propuse ver qué impactos generó el hallazgo de los restos de Jorge Roitman en la antesala del juicio; tarea difícil, pues, tal como sostiene Ferrándiz (2011) para los cuerpos fusilados por el franquismo que han reaparecido en la escena pública en los últimos años, los cadáveres desenterrados tienen múltiples vidas. Este autor señala las siguientes: asociativa, política, mediática, judicial, científica y emocional. Con esto se propone subrayar el impacto multidimensional de estos cuerpos “tan radicalmente expresivos y necesariamente incómodos” (Ferrándiz, 2011: 534). Agregaría para este caso la vida literaria, tal como lo muestra un ensayo recientemente escrito por un poeta mexicano conmovido por el hallazgo de Roitman (Rodríguez Medina, 2019).

A nivel jurídico, también resulta difícil reconstruir cuánto impactó en su resultado final, es decir, en el veredicto. En este punto, es importante señalar que a Muiña se lo condenó a prisión perpetua por el homicidio de Jorge Roitman y se lo absolvió por el de Jacobo Chester, dado que, según el fallo, no se pudo establecer la vinculación del grupo “Swat” con su homicidio[22]. Sobre esto me limitaré a citar la interpretación de un agente judicial que participó del juicio: “Fue psicológicamente muy fuerte el tema del hallazgo del cuerpo de Roitman, […] aunque jurídicamente no fuera relevante”[23].

Ahora bien, más allá de esto, los impactos que generó el hallazgo del cuerpo en el juicio pueden ser rastreados en otras dimensiones de las que di cuenta en el artículo. En este sentido, sostengo que los efectos que tiene un debate oral en la comunidad no se limitan a la verdad establecida a través del fallo, sino que también se ven en los testimonios y las alegaciones desde los cuales se disputan sentidos y verdades. Es en estos donde el impacto del hallazgo se visibilizó en toda su potencia para exhibir y legitimar verdades políticas. Tomando a Verdery, podemos decir que el cuerpo devino en símbolo político desde el cual se expresaron deseos de legitimación o reivindicación del grupo dado (Verdery, 1999: 305). Entonces, si para los trabajadores y trabajadoras que participaron del juicio funcionó como legitimador de su relato, para Gladys implicó una legitimación y reconocimiento de su propia voz. Así, tras el hallazgo expresó: “Ya nadie me va a poder decir que estoy loca”.

Bibliografía

Azevedo, Desiree (2017). “O que revelam os corpos? Primeiras reflexões sobre a identificação das ossadas da Vala de Perus”. Ponencia presentada en xii ram.

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Expedientes judiciales y otros documentos

Expediente 11.758/06, “Bignone, Reynaldo Benito Antonio y otros s/ privación ilegal de la libertad en Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal. Cuerpos I a XXVI.

Fundamento del fallo Causa N° 2315 “Muiña, Luis y otros” del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N.º 2; septiembre de 2018.

Actuaciones complementarias del Juzgado Federal N°1 de Morón; sumario N°477 “Hallazgo”, fs. 57. Acumulada en Exp. Causa 11.758/06 “Bignone, y otros…”

Comunicado de la Dirección de Derechos Humanos del Hospital Posadas, 7 de noviembre de 2018.


  1. El Hospital Profesor Alejandro Posadas es un nosocomio nacional ubicado en la localidad de El Palomar, partido de Morón, en la Provincia de Buenos Aires. A lo largo del capítulo, se lo denominará “Hospital Posadas”.
  2. Luis Muiña es conocido por haber sido beneficiado en el año 2017 por un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (csjn) en el que aplicó por primera –y única– vez la Ley 24.390, conocida como “2×1”, en un caso de condena por delitos de lesa humanidad. Gracias a esto, Muiña, que ya se encontraba en libertad condicional desde el 2016 por haber cumplido dos tercios de su condena, vio reducida su pena de 13 años de prisión impuesta al término del juicio “Hospital Posadas i” (Bernardini, 2019).
  3. El entonces interventor del hospital, el coronel médico Julio Ricardo Esteves, solicitó al Ministerio de Bienestar Social de la Nación, del cual dependía el hospital a través de la Secretaría de Salud Pública, el nombramiento de un servicio de vigilancia a su cargo. Para ello, fundamentó su pedido en “[l]as muy precarias condiciones de seguridad contra las agresiones externas de las villas contiguas e internas, de resentidos, disociadores y subversivos”. Ese pedido se efectivizó en julio de 1976. La cantidad de personas que conformó el grupo “Swat” fue variando, pero aproximadamente se sostuvo un número estable de 9 integrantes.
  4. En ese juicio, además se condenó a Reynaldo Benito Bignone por las privaciones ilegales de la libertad de 15 trabajadores realizadas en el marco del operativo realizado en el hospital entre el 28 y el 30 de marzo y a Mariani como responsable mediato de la subzona 16 que corresponde a la jurisdicción de los partidos de Morón, Merlo y Moreno.
  5. Esta reconstrucción se realizó con base en el expediente de la causa n.º 11.620/76 caratulada “Chester, Jacobo s/muerte” del Juzgado Nacional en lo Criminal y de Instrucción n.º 12 y en una serie de entrevistas realizadas a familiares de Jacobo Chester.
  6. Ibid. 85. Por razones de confidencialidad, se omitió el nombre de la testigo que aquí se cita. Solo se darán a conocer los nombres reales de aquellos que, en el marco de un consentimiento informado, me habilitaron a hacerlo.
  7. En el marco del juicio “Hospital Posadas i, la fiscalía pidió la ampliación de la acusación por los casos de homicidio. Luego de un debate, el juzgado resolvió rechazar ese pedido en virtud de la no existencia de una novedad que justificara esa ampliación. Sin embargo, se logró que los magistrados admitieran en la sentencia el pedido de los querellantes y de la fiscalía de que se extrajeran testimonios para que se investigaran los homicidios en un nuevo proceso.
  8. Todas las entrevistas citadas en el artículo han sido realizadas por la autora.
  9. En lo que sigue, se usarán las comillas para las categorías nativas.
  10. La noticia que circuló en diarios y de boca en boca era que los restos fueron encontrados el 3 de noviembre. Sin embargo, en la declaración judicial el obrero declaró que el hallazgo fue el miércoles 1 y que ese mismo día dio aviso a las autoridades. Según consta en el expediente, la comprobación de la versión del obrero por parte del director médico fue el viernes 3 de noviembre dado que el jueves 2 no pudieron acercarse debido a las “inclemencias climáticas”.
  11. En la causa judicial ya mencionada, se dio por acreditada la detención y tortura de seis trabajadores de la institución entre noviembre de 1976 y enero del 1977. Entre estos, se encuentran los casos aquí trabajados.
  12. El antropólogo forense me contó de un hallazgo de restos humanos en el centro clandestino de detención “El Banco”, ubicado a metros de la intersección de la autopista General Ricchieri y el Camino de Cintura. Pero, a diferencia del caso aquí relatado, en el ccd “el Banco” se encontró una pauta totalmente distinta porque eran restos que estaban en una posición secundaria, es decir, se los había quemado y después se los había depositado en el lugar donde fueron encontrados.
  13. Expediente causa 11.758/06, “Bignone, Reynaldo y otros…”; Fs. 325.
  14. Todas las descripciones y citas de este apartado fueron reconstruidas sobre la base de mis registros de campo entre los días 6 y 8 de noviembre de 2017.
  15. El primero en constatar que efectivamente se trataba de huesos humanos fue el director médico de la institución, el Dr. Jorge Palmieri, quien, dos días después del hallazgo, se acercó al lugar junto al director ejecutivo para verificar la versión de los obreros. En esos primeros días, la novedad solo circuló en esa pequeña red de personas, y solo fue compartida por el Dr. Palmieri en una reunión con colegas el 4 noviembre. Recién entonces alguien advirtió la necesidad de informar a la Dirección de Derechos Humanos sobre el descubrimiento.
  16. La denuncia fue formulada por la Dirección del hospital el 3 de noviembre en la Delegación Morón de la Policía Federal, que, tras constituirse en el lugar de los hechos, procedió a perimetrar el predio y a desalojar a los trabajadores que por entonces continuaban excavando en los alrededores de la zona del hallazgo.
  17. El 3 de noviembre, se ordenó una primera inspección del lugar para evaluar las acciones futuras a seguir, que tuvo lugar el 6 de noviembre por la tarde. Como consecuencia de esas exploraciones, se aconsejó la necesidad de ampliar las tareas de excavación, lo que se hizo el 8 de noviembre.
  18. En esa causa se investigan los hechos acaecidos en Cuatrerismo-Brigada Güemes, también conocido como Protobanco o Puente 12, donde funcionó un ccd a cargo del Ejército y de la Policía Bonaerense entre 1974 y 1977. En este mismo lugar, fue emplazado, con posterioridad, el ccd “El Banco”. Se trata entonces del hallazgo previamente mencionado, en el cual se encontró una pauta de descarte distinta al caso aquí trabajado.
  19. Garibian, Anstett y Dreyfus señalan que la última década del siglo xx y la primera del xxi han sido testigos de “un tremendo resurgimiento de cadáveres producidos por la violencia extrema” (2017:10) y esto ha fomentado el estudio de los mismos. Estos autores consideran que la experiencia argentina ha sido fundacional del maridaje entre las ciencias forenses y los derechos humanos.
  20. Registro de campo, 8 de junio de 2018. Todas las citas mencionadas en este apartado son registros de campo de la autora del juicio oral y público “Hospital Posadas II”.
  21. Tal como sostiene Águila (2010), la existencia de particularidades locales en las formas de la represión no contradice el carácter sistemático de la represión y de las prácticas genocidas desplegadas por el terrorismo de Estado en todo el territorio de la Argentina.
  22. El fallo determinó: “Las pruebas aunadas sí permiten considerar suficientemente probado que la muerte de Chester no se produjo dentro del Centro de Detención –y el hallazgo del cuerpo de la víctima en el Río de la Plata a varios kilómetros del Centro Clandestino de detención no es un dato menor– y también se halla verificado que el accionar de Muiña únicamente tuvo lugar allí” (fallo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal n.º 2; Causa nl.° 2.315 “Muiña, Luis y otros”, septiembre de 2018).
  23. Entrevista realizada en febrero de 2019 a un integrante del Ministerio Público Fiscal que participó del juicio. Por razones de confidencialidad, se omitió el nombre de la persona entrevistada acá.


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