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Empresarios glocalizados

Soja, tierra y poder en Anta

Julieta Krapovickas

Resumen

Los actuales procesos de avance del agronegocio sojero en el departamento de Anta (provincia de Salta, Argentina) son comandados, en gran medida, por nuevos actores sociales, grandes empresas transnacionales que operan en la región, pero que no tienen sus casas matrices en la zona. Sin embargo, operan también una multitud de actores tradicionales, los cuales se reconfiguran y se adaptan al nuevo escenario. Se trata de empresas familiares adaptadas a las nuevas prácticas agronómicas y económicas/financieras; agentes que pueden definirse como glocalizados: su mercado es internacional, pero tienen a la vez alta presencia territorial en la localidad base de la empresa. El departamento de Anta, situado en la zona central del Chaco salteño, se conoce también como el corazón sojero de Salta. Este trabajo se propone analizar las estrategias de dos grupos empresariales “glocalizados”, dedicados principalmente a la siembra de soja en el departamento de Anta. Se trata de las empresas Grupo Segovia y Anta del Dorado, cuyas casas matrices se encuentran localizadas respectivamente en Las Lajitas y Coronel Mollinedo. La primera es propiedad de un exjornalero devenido en empresario, quien, tras aprender el arte del negocio, maneja una empresa polirrubro que incluye producción de granos en miles de hectáreas y venta de maquinaria. La otra es una empresa de larga tradición en el área, que diseñó el plano del pueblo donde está la casa matriz de la empresa y loteó los terrenos. Ejerce hasta la actualidad un rol patriarcal sobre la población local. Ambas tienen gran presencia territorial, contratan a población local y ejercen un poder no solo económico y territorial, sino también político y simbólico.

Metodológicamente, se trata de un trabajo de naturaleza cualitativa, sostenido en el empleo de datos primarios recolectados durante trabajos de campo realizados entre 2012 y 2014, en los que se entrevistaron a los directores ejecutivos de las empresas, a empleados y a vecinos no vinculados directamente con las mismas. Los principales resultados evidencian que, bajo el modelo del agronegocio, las distintas estrategias de adaptación de los actores sociales hegemónicos tradicionales y las múltiples maneras en que el modelo del agronegocio se ancla en el territorio tienden a reproducir y reforzar viejas y enquistadas desigualdades sociales.

Palabras clave

Agronegocio; territorio; reconversión; familias tradicionales.

Introducción

El departamento de Anta, situado en la zona central del Chaco salteño, se conoce también como el corazón sojero de Salta. En efecto, la mitad de la soja cultivada en Salta proviene de este departamento, y es también una de las unidades administrativas con mayor superficie bajo producción sojera de todo el país (Domingo Yagüez et al., 2011)[1]. En las últimas décadas, las buenas condiciones ambientales (Paolasso, Ferrero, Gasparri y Krapovickas, 2010), pero sobre todo el creciente precio en el mercado y las posibilidades comerciales y financieras, más la disponibilidad de tierras[2] y la posibilidad de concentrar la producción y de expandir la agricultura (es decir, la soja) cada vez más hacia el este, han convertido al departamento de Anta en el principal productor de soja de la provincia de Salta y en uno de los más importantes de Argentina.

Los actuales procesos de avance del agronegocio sojero en el departamento de Anta son comandados, en buena medida, por nuevos actores sociales, grandes empresas transnacionales que operan en la región, pero que no tienen sus casas matrices en la zona. Los nuevos actores sociales arriendan y/o compran tierras por valores que son prohibitivos para los medianos y pequeños productores rurales locales, lo que genera un boom inmobiliario que acaba dejando en el camino a los actores menos capitalizados. El nuevo sistema agrícola-productivo que se impone requiere cada vez menos mano de obra y más insumos (agroquímicos, maquinaria, semillas genéticas modificadas, know-how empresarial), desarrolla un patrón especializado de producción (con tendencia al monocultivo), se vincula con grandes escalas productivas capitalizadas; todo lo cual implica un cambio fundamental en la organización de los factores productivos (tierra, trabajo, capital y –ahora también– conocimiento) (Gras y Hernández, 2013).

En tal sentido, el Chaco salteño aparece caracterizado por la presencia de una amplia variedad de actores, entre los que predominan las grandes empresas agroexportadoras que avanzan sobre los bosques y las producciones tradicionales (porotos, explotación forestal y ganadería extensiva, fundamentalmente). Sin embargo, también encontramos que el sistema del agronegocio acoge a una multitud de actores locales, los cuales se reconfiguran y se adaptan al nuevo escenario. Entre ellos, se destacan algunas empresas familiares tradicionales adaptadas a las nuevas prácticas agronómicas y económico/financieras; agentes que pueden definirse como glocalizados: su mercado es internacional, su área de influencia es global, pero tienen a la vez alta presencia territorial, ya que instalan sus casas matrices en localidades rurales.

Este trabajo se propone analizar cómo la lógica económica-territorial del agronegocio se ancla en un territorio donde todavía persisten lógicas coloniales y patriarcales y cómo las refuerza. Particularmente, se analizan las historias y configuraciones de dos de estas empresas glocalizadas en el departamento de Anta (figura 1), Anta del Dorado y Grupo Segovia, y se abordan los distintos poderes que las mismas detentan en las localidades sobre las que asientan sus casas matrices; es decir, Coronel Mollinedo y Las Lajitas.

Figura 1. Departamento de Anta

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Fuente: Fundación Proyungas.

Marco teórico-metodológico

Actores y anclajes territoriales

La pluralidad de actores presentes en la región admite aplicar la clasificación que proponen Gras y Hernández (2013), a través de la cual diferencian a los actores agroproductivos en la Argentina del agronegocio sojero, según los modos de presencia y anclaje territorial. Así pues, en esta zona estamos en presencia de: 1) agentes globales con poca o nula presencia territorial, 2) productores glocales (territorializados) y 3) otros agentes de mayor presencia territorial, como los rentistas, contratistas y prestadores de servicios agrícolas.

Los primeros, los empresarios globalizados, se caracterizan por su dinámica económica y porque movilizan, para dar sentido a sus prácticas, un imaginario que se ancla en lo global. “Es decir, son empresarios que organizan el negocio de manera tal que su reproducción no depende de relaciones sociales y económicas localizadas territorialmente” (Gras y Hernández, 2013: 51). Ejemplos de este tipo de actor globalizado en Anta son las acopiadoras y exportadoras de capitales nacionales Agropecuaria General Deheza (AGD) y Federación Agraria Argentina (FAA), y las extranjeras Bunge, Cargill y Noble. También está presente Monsanto (que tiene en la zona una planta clasificadora de semillas) y una serie de grandes empresas de capitales nacionales y extranjeros, entre las que se pueden mencionar: LIAG (capitales australianos), Finca La Moraleja[3] (capitales españoles), Inversora Juramento[4] (capitales argentinos) y CRESUD[5] (capitales argentinos). Esta última no es una empresa productiva en sí, sino que su negocio es principalmente inmobiliario y podría asociarse con el fenómeno de land grabbing[6].

En el segundo caso, los productores territorializados, hablamos de un tipo de actor fuertemente tensionado por la posición bisagra en la cual se encuentra, entre las lógicas de desarraigo territorial inducidas por el modelo del agronegocio y su situación residencial. En muchos casos, se acercan a los actores globalizados en las formas de reproducción material de sus empresas así como en los registros simbólicos en los que se referencian. Se trata de empresas de mediana y gran escala, con cierto grado de diversificación territorial, pero que no han desdoblado completamente las funciones de producción y gestión, al tiempo que la familia sigue siendo un espacio de autorreferencia identitaria de la empresa. Las empresas están divididas territorialmente en distintas unidades de negocios, con campos productivos en diferentes provincias y/o países. Muchas veces, la gestión de los servicios informáticos, contables, comerciales y jurídicos está centralizada, pero la producción y la organización productiva están fragmentadas en diferentes regiones. Por lo tanto, se relacionan con múltiples territorios y su estrategia de diversificación territorial es valorada por ellos mismos en tanto les permite un mejor manejo de los distintos riesgos (Gras y Hernández, 2013).

Por otro lado, para estos empresarios, la dimensión local de su sociabilidad adquiere otras aristas: aun cuando residen en el pueblo o agrociudad, pasan parte de su tiempo en otras ciudades donde nutren su agenda de contactos, obtienen y actualizan sus experiencias profesionales y satisfacen sus consumos. “En suma, aun si residen en las agrociudades, en lo productivo, su reproducción material depende cada vez menos de esos territorios y sus consumos, valores estéticos y culturales, son globales” (Gras y Hernández, 2013: 55). Ejemplo de ello son las casas en las que residen, más cercanas en su estética a los barrios cerrados y countries, o la estética de las oficinas de la empresa, que por su modernidad estilística escasamente remiten al paisaje que los circunda. Su materialidad los construye simbólicamente como poderes económicos que tienen una representación en el territorio. Para estos productores, la lógica de reproducción familiar sigue estando ligada a la reproducción material de la empresa y los vínculos interpersonales son parte esencial de un capital social que preservan de las generaciones anteriores y heredarán las futuras. Estas sociabilidades les permiten algunas ventajas para sostenerse en la producción y, si bien son económicamente beneficiosas para las partes, están fundadas en la confianza (Gras y Hernández, 2013).

En el caso que nos ocupa, entre los actores glocales, deben mencionarse a las empresas Anta del Dorado, Grupo Segovia, Ecodesarrollo y Las Lajitas S. A. Se trata de empresas que comenzaron como empresas familiares produciendo porotos o ganadería en la zona y que se expandieron durante los noventa y dos mil. También, aunque se trata de empresas más grandes, podrían caber dentro de este grupo las firmas Viluco S. A. (perteneciente al Grupo Lucci de Tucumán) y Agrobari (propiedad de un portugués radicado en Salta).

A nivel local, finalmente, encontramos una amplia red de centros de servicios al agro –contratistas, aseguradoras, fumigadores aéreos, asesores e ingenieros agrónomos, vendedores de agroquímicos, proveedores de semilleras, etcétera–, que completan el cuadro de actores del agronegocio sojero en el departamento.

Antes de seguir, es importante en este punto hacer referencia al concepto de glocalización, término que usamos para referirnos a los actores territorializados, pero que tienen lógicas globales. El concepto ha sido bien explicado por Haesbaert (2004), para quien la glocalización es algo más que un conjunto de situaciones locales que sufren la interferencia de lo global. No es simplemente una sobreposición en escalas distintas ni una imposición unilateral de eventos que ocurren en una escala sobre otra. Se trata de un proceso en el que podemos reconocer mejor la multiterritorialización. La glocalización remite a una combinación de elementos en una nueva dinámica, en la que estos no pueden ser más reconocidos estrictamente como globales ni locales, pero sí como un amalgama cualitativamente distinta: global y local combinados al mismo tiempo como un nuevo proceso.

El marco conceptual se completa con la consideración de la noción de campo[7] y de capital[8] de Bourdieu (1990; 2000), conceptos que son esenciales para el análisis de las estrategias que llevan adelantes los actores sociales que describiremos. Bourdieu entiende que los agentes de las diferentes clases disponen de capitales de naturaleza diferente y de diversas propiedades, y que los mismos habrán de actuar dentro del sistema de las relaciones de clase, con miras al mantenimiento o la extensión de sus posiciones y de sus propiedades (Bourdieu, 1990). Siguiendo a Bourdieu, proponemos analizar las estrategias de reproducción social, consideradas como:

conjunto de prácticas fenomenalmente muy diferentes, por medio de las cuales los individuos y las familias tienden, de manera consciente o inconsciente, a conservar o a aumentar su patrimonio, y correlativamente a mantener o mejorar su posición en la estructura de las relaciones de clase (Bourdieu, 1988: 122).

Metodológicamente, se trata de un trabajo de naturaleza cualitativa, sostenido en el empleo de datos primarios recolectados durante trabajos de campo realizados entre 2012 y 2014, en los que se entrevistaron a los directores ejecutivos de las empresas, a empleados y a vecinos no vinculados directamente con las mismas. También se entrevistó a las autoridades ejecutivas de cada unidad territorial: es decir, en Las Lajitas se entrevistó al intendente y en Coronel Mollinedo, al delegado municipal y también a un empleado de la intendencia de Apolinario Saravia (de la cual depende Coronel Mollinedo). Finalmente, se visitaron los sitios web de las empresas.

Descripción y análisis de los casos de estudio

Este trabajo, como ya se adelantó, se propone describir a dos grupos empresariales glocalizados dedicados principalmente a la siembra de soja en el departamento de Anta, Salta. Se trata de las empresas Grupo Segovia y Anta del Dorado, cuyas casas matrices se encuentran localizadas respectivamente en Las Lajitas y Coronel Mollinedo. La primera es propiedad de un exjornalero devenido en empresario, quien, tras aprender el arte del negocio, maneja una empresa polirrubro que incluye producción de granos en miles de hectáreas y venta de maquinaria. La otra es una empresa de larga tradición en el área, que diseñó el plano del pueblo y loteó los terrenos, y que ejerce hasta la actualidad un rol patriarcal sobre la población. Ambas tienen gran presencia territorial, contratan a población local y ejercen un poder no solo económico y territorial, sino también político y simbólico. Pasaremos a continuación a describirlas y analizarlas.

Grupo Segovia

“La riqueza tiene por origen al hombre social, no al suelo”
(A. Smith y J-B. Say, citados por Alberdi, 1916: 81).

La empresa tiene su casa matriz en Las Lajitas, con un estilo muy moderno y elegante. El Grupo Segovia pertenece y está dirigido por Doroteo Segovia, una persona muy especial y fuera de serie. Él, junto a sus padres y a dos de sus hijos, reside de modo permanente en Las Lajitas. Doroteo es de origen muy humilde. Nació en Jujuy, y sus padres eran bolivianos. En el sitio web de la empresa, se puede ver un video con fotos de su niñez y adolescencia, video que también me ha mostrado durante la entrevista. El video comienza con la foto de un niño lustrabotas que es él mismo, y luego continúan otras fotos, en las que se lo ve trabajando en el campo como cosechero de tabaco y de vid. Desde los 13 hasta los 33 años, trabajó para una misma persona que le enseñó todo (al que él llama “mi segundo padre”). Él acompañaba al jefe a todas las reuniones y así aprendía y, sobre todo, conocía a otros empresarios.

Doroteo cuenta:

Yo escuchaba esas conversaciones entre los empresarios, a mi jefe, que me hizo sentar siempre en la misma mesa con él. Hablaban de valores, tabaco de Argentina, Estados Unidos, Paraguay. Había que producir alimentos para el mundo porque había cien millones no sé cuánto y que van a seguir creciendo más y que después va a faltar la comida y entonces hay que hacer más soja, más maíz, trigo… y eso se me ha ido formando… formando una idea… (entrevista a Doroteo Segovia, octubre de 2014).

Segovia comienza a producir soja por cuenta propia en el año 1993. Produce soja en Las Lajitas, donde arrienda 240 hectáreas. Consigue créditos por el capital social que ha podido acumular en los años como mano derecha de su jefe. Explica:

Primero compré maquinaria. Me compré dos tractores y arranqué. Y alquilaba las 240 hectáreas porque no podía si no… Y como tenía la experiencia de trabajar con mi jefe, era la persona de confianza de mi jefe, me conocía todo el mundo. Iba a una empresa y pedía la semilla, a la otra el agroquímico… me daban crédito. A mí todo el mundo me abría las puertas. Así empecé. (…) Y cuando hacía la cosecha, pagaba las deudas. Hasta que un buen día pude comprar 2000 hectáreas. Y sigo arrendando. Tengo campos propios pero sigo arrendando (entrevista a Doroteo Segovia, octubre de 2014).

Actualmente, produce en unas 15 mil hectáreas; tiene ganadería, venta de maquinaria, servicios de fumigación. Produce soja y maíz, principalmente.

Su empresa, tal como caracterizaban Gras y Hernández a este tipo de actores, es familiar. Sus dos hijos varones y el hijo del que fuera su jefe (“es como un hermano para mí”, dice Segovia) ocupan algún cargo dentro del organigrama de la empresa.

Un aspecto importante de la personalidad de Doroteo es su religiosidad. En todo momento, agradece a Dios lo que le ha dado y señala que llegó a donde está ahora por obra de Dios. Dice: “Estoy agradecido por todo lo que Dios me ha dado. No es una obra mía”. En su afán por devolver algo de todo lo que Dios le ha dado, en 2005 se propuso construir una nueva iglesia en Las Lajitas (había una capilla pequeña). De este modo, entre 2005 y 2010 gestionó donaciones, trabajó en los planos de la iglesia, hizo todos los trámites pertinentes con las autoridades políticas y eclesiásticas, incluso llegó a viajar al Vaticano; todo lo necesario para la construcción del nuevo templo. Si bien el catolicismo no es tan fuerte localmente, ya que las iglesias evangélicas y neopentecostales han ganado muchos fieles en toda la región, la propuesta de la nueva iglesia despierta un nuevo fervor religioso en la comunidad. Doroteo cuenta que los vecinos se entusiasmaron y todos aportaron algo para su realización (figura 2).

Figura 2. Exterior e interior de la iglesia construida por Doroteo Segovia

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Fotos de la autora, 2014.

Doroteo Segovia, además de ostentar un incuestionable poder económico-territorial dentro de la comunidad local, ahora pasa también a emparentarse con las altas cúpulas del poder de la Iglesia católica, con las que se frecuenta para llevar adelante su meta. Pasa entonces a ser un referente de empresario devoto, comprometido con la comunidad, generoso por las donaciones que hace (a la iglesia), con lo que fortalece un tipo de poder diferente: el simbólico.

En el año 2013, cuando entrevisté a empleados del sector de venta de maquinaria del Grupo Segovia, hacía dos años que había sequía en la zona y las cosechas habían sido tan malas que en algunos campos no se había levantado la cosecha. Todo estaba paralizado, productiva y económicamente, y la venta de maquinaria, de repuestos y los servicios de mantenimiento también estaban sin actividad. Un empleado afirmaba: “Si no hay cosecha, no se rompen las maquinas, no hay servicios, no hay nada. No hay trabajo. (…) Yo si fuera él [Segovia], ya me hubiera echado” (entrevista a empleado, octubre de 2014). Entre los empleados entrevistados, regía un concepto muy bueno de Segovia. No eran despedidos o cesanteados de sus puestos de trabajo –aunque no tuvieran nada que hacer– por la generosidad de su empleador. Se genera, entonces, una relación de gratitud con el patrón y pasan a estar en deuda con él. La generosidad se capitaliza entonces también como poder.

La historia de vida de Doroteo Segovia (tal como él la relata) busca ejemplificar principalmente sobre dos preceptos: por un lado, la bondad de Dios, quien te recompensa si eres creyente, y por otro lado, la bondad del agronegocio, que, al igual que el anterior, te recompensa si eres trabajador y meticuloso. Son preceptos que se sintetizan en su discurso, pero también en los símbolos que lo rodean. Así, por ejemplo, en la sala de espera de sus oficinas, se alza un pequeño altar con una cruz cristiana de vidrio que funciona como recipiente de granos de soja.

La lectura que Doroteo no hace, pero que explica mejor que el milagro divino su historia de vida, es la de la importancia de la capitalización social que él logró a través de su mentor y jefe. Doroteo ha llegado tan lejos por el capital social que ha podido conseguir durante los años que trabajó como mano derecha de su jefe. Le han abierto puertas y han sido generosos con él debido a ese capital social que supo adquirir y debido a que en sus derroteros y relaciones con otros empresarios, su campo de posibilidades se amplió.

Anta del Dorado

La empresa Anta del Dorado tiene su casa matriz en Coronel Mollinedo, una localidad de aproximadamente 1800 habitantes. La empresa en su sitio web se define como “una empresa familiar agrícola, ganadera y forestal que, desde 1974, trabaja en el Chaco Salteño produciendo alimentos de manera sustentable con compromiso social”. La empresa pertenece a la familia Elizalde. El director ejecutivo de la empresa (Javier Elizalde) tiene nueve hijos (siete varones y dos mujeres). En el organigrama de la empresa, aparecen ocupando distintos cargos seis hijos varones y la esposa del presidente. Sobre el hijo varón menor dicen: “todavía no trabaja porque está estudiando. Lo estamos esperando” (entrevista a Javier Elizalde, presidente de Anta del Dorado, 2013). El empresario declara en la entrevista que produce soja, pero que también tienen ganadería, cultivos de maíz, sésamo, girasol y chía. “Estamos produciendo en unas 10 mil hectáreas, en Anta y General San Martín” (entrevista a Javier Elizalde, 2013). En el imaginario local, sin embargo, se habla de muchas más. Se comenta que tienen en propiedad campos en Bolivia y que producen en unas 20 mil hectáreas.

Anta del Dorado tiene en Coronel Mollinedo una planta de almacenaje, clasificación y embolsado de semillas de soja, porotos y pisingallos para exportación. Allí se emplean unos 120 obreros, casi todos residentes de Coronel Mollinedo. ¿Por qué esta agroempresa tiene su casa matriz en un pueblo tan pequeño como Coronel Mollinedo? Porque allí es donde compraron su primer campo en 1976 y fueron ellos mismos quienes fundaron y diseñaron el pueblo. Lotearon los terrenos del pueblo y los pusieron a la venta para que las poblaciones que residían dispersas dentro del campo que ellos habían adquirido vayan a residir en el nuevo pueblo.

Yo en realidad soy de Buenos Aires. Compramos con mi familia este campo. Y… acá no había nada, nada de nada. (…) El pueblo es un loteo nuestro. (…) Nosotros hicimos el loteo y después gestiones (…). En ese momento, el gobierno lo vio muy bien, lo hizo rápido (entrevista a Javier Elizalde, 2013).

Es importante aquí considerar la situación política local y la situación de la familia Elizalde en esas fechas. Fue el padre de Javier Elizalde, Rodolfo, quien compra la finca. Rodolfo era militar de la Marina (capitán de navío), fuerza que pasó a gobernar y a administrar a la provincia de Salta tras el golpe cívico-militar que derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón en marzo de 1976. En su discurso, cuando Javier Elizalde se refiere a las gestiones con el gobierno, indudablemente hace alusión al gobierno intervenido de la provincia y del municipio de Apolinario Saravia, un gobierno afín a la familia.

La empresa, entonces, fue quien dibujó y armó los planos del pueblo. Diseñó dónde se localizaría la plaza principal y situó a las oficinas de la empresa y a sus galpones en frente de la misma. Ningún edificio público rodea la plaza, ni una iglesia, ni un centro comunal. El único edificio que se destaca es el de la empresa, con los silos de telón de fondo (figura 3).

Figura 3. Coronel Mollinedo, localización de la empresa
frente a la plaza principal

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Fuente: Google Maps.

La empresa gestionó frente al municipio la llegada de los servicios (luz, agua, electricidad), y debido a que las familias que residían en las inmediaciones no tenían la propiedad de sus terrenos, los Elizalde los “convencieron” para que compraran lotes de tierra en el nuevo pueblo: “(…) había gente que tuvimos que convencerlos porque no quería dejar el campo… no eran propietarios” (entrevista a Javier Elizalde, 2013).

Actualmente, la empresa controla el crecimiento del pueblo, ya que es la propietaria de todo el terreno circundante: “Nosotros hicimos una planificación de lo que es el crecimiento del pueblo. Es decir, para que el pueblo crezca con orden, nosotros ya previmos cómo iban a ser todos los crecimientos” (entrevista a Javier Elizalde, 2013).

La relación entre familia/empresa y pueblo, entonces, es muy estrecha y podríamos caracterizarla como un neocolonialismo. La empresa es la “dueña del pueblo”; el pueblo es como un feudo de los Elizalde. Esta propiedad del pueblo aparece marcada en los discursos, tanto del presidente de la empresa como de los empleados municipales entrevistados, quienes se referían “al pueblo de Javier”. A su vez, Javier Elizalde, cuando habla de las obras públicas que –con dinero público– se hicieron en el pueblo, las relata en primera persona del plural: “hicimos una canchita”, dice Javier. Y el salón de usos múltiples que el municipio hizo en Coronel Mollinedo es de uso de la empresa: “Javier está contento con el salón de usos múltiples, ¡hasta lo usa para reuniones de la empresa!” (entrevista a un empleado de la municipalidad de Apolinario Saravia, 2014).

La relación con los vecinos es de tipo patriarcal. Así, por ejemplo, ayuda particularmente a los vecinos cuando algo les falta, regalando chapas o financiando los materiales de construcción de las casas a cambio de trabajo. Los vecinos quedan en deuda siempre con Elizalde. Las ayudas, de todas maneras, son bienvenidas y de esta manera, se gana el beneplácito de los vecinos, y pocos se animan a “morder la mano que les da de comer” (en estos términos se refería una vecina), así como a criticar las fumigaciones que se desarrollan a no más de 30 metros del patio de la escuela.

A diferencia de Doroteo Segovia, y a pesar de que la relación entre empresa y pueblo sea tan estrecha, los Elizalde no residen en Coronel Mollinedo. Tienen dos casas, una al lado de la empresa y otra más grande y apartada con piscina, caballos y avioneta, que usan como casa de fin de semana para la familia.

Cuándo, dónde y cuánto puede y debe crecer, qué infraestructura necesita y merece, qué normativas se respetan y cuáles no, quiénes trabajarán y tendrán derecho a residir en el pueblo y quiénes deberán irse. Todo queda bajo la decisión de un empresario.

Conclusiones

Caracterizar a los actores sociales del agronegocio puede ser una tarea compleja, dado que frecuentemente se dan por sentadas situaciones que no son del todo válidas para estas regiones marginales del agronegocio. Posiblemente, no sea frecuente en la región pampeana que actores glocales ostenten tal variedad de poderes como los que vimos en estos dos casos seleccionados. No es frecuente, si hablamos de actores del agronegocio, que además de ostentar el poder económico/territorial, se sumen el poder político y simbólico (como ser referente religioso de la comunidad). Esta conjunción nos remite a un pasado colonial, que en el departamento de Anta no es pasado, sino presente. De este modo, las múltiples maneras en que el modelo del agronegocio se ancla en el territorio tienden a reproducir y reforzar viejas y enquistadas desigualdades sociales.

En esta breve descripción de estos dos casos de actores glocalizados en Anta, hemos dejado muchas cosas por decir, y los análisis deberían profundizarse. Solo he querido marcar algunas líneas muy generales que ayuden a comprender cómo la herencia de colonialidad de este territorio no desaparece, ni ante el avance de un cultivo con tanta tecnología y mecanización como es la soja, ni ante el desarrollo de una red empresarial con lógicas globales. Por el contrario, los empresarios locales tradicionales parecen con facilidad adaptar el modelo global a las lógicas locales.

Bibliografía

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Paolasso, P.; Ferrero, M. E.; Gasparri, I. y Krapovickas, J. (2010). “The farming transformation in the Dry Chaco of Argentina and the climatic jump”, en M. A. González Tagle (comp.). Biodiversity and climate change: Adaptation of land use systems, Proceedings of the International Symposium com-Workshop. Göttingen: Sierke Verlag, pp. 2-14.

Pastrana, C. (21 de enero de 2013). “La Moraleja, una próspera finca en el centro de Salta”, en La Nación. Disponible en: <https://bit.ly/2Zk3m7F>.

Valleboni, C. (6 de marzo de 2018). “Los negocios del dueño de los shoppings (y algo más)”, en Forbes Argentina. Disponible en: <https://bit.ly/30A1DZa>.

Sitios web consultados

Anta del Dorado: <https://bit.ly/2ZlIj0u>.

Grupo Segovia: <https://bit.ly/31VUOlg>.


  1. La gran extensión en superficie del departamento le permite estar ubicado entre los primeros quince departamentos con mayor producción sojera a nivel nacional. Se trata de un departamento muy extenso (21 945 km²), ubicado en una frontera agrícola que en los últimos diez años ha transformado miles de hectáreas de bosque.
  2. Relativa, por cierto, dado que las tierras estaban en manos campesinas, o bajo gestión estatal, condiciones que no impidieron el avance de las grandes empresas agrícolas.
  3. Ángel Sanchís y Luis Bárcenas, ambos extesoreros del Partido Popular de España, figuraron como accionistas y fueron administradores de esta finca, que en 2013 generó escándalos en España y en Argentina, al vincularse a la firma agropecuaria con lavado de dinero producto de coimas recibidas por el entonces partido oficialista (Clarín, 20 de enero de 2013; Pastrana, 21 de enero de 2013).
  4. Inversora Juramento pertenece a Jorge Horacio Brito, presidente y mayor accionista del Banco Macro y el quinto argentino más rico según la revista Forbes (Infobae, 20 de marzo de 2017), con una fortuna estimada en 1,3 mil millones de dólares. Inversora Juramento tiene unas 67 000 hectáreas y 54 000 cabezas de ganado en las inmediaciones de Joaquín V. González, cabecera del departamento de Anta. Uno de los feedlots está ubicado sobre la ruta 16, desde la cual se pueden apreciar (detrás de una muralla negra de moscas) las 25 mil vacas que tiene solo ese establecimiento.
  5. CRESUD pertenece a Eduardo Elsztain, empresario argentino, presidente y accionista del Banco Hipotecario, gerente de IRSA y dueño de casi todos los shoppings centers de la ciudad de Buenos Aires más otros en provincias del interior. Posee propiedades inmobiliarias en la ciudad de Buenos Aires y campos en Argentina, Bolivia, Paraguay y Brasil. También posee acciones en TGLT, desarrolladora inmobiliaria que opera en Uruguay. Además, desarrolla negocios en Israel. Forbes estimaba su riqueza en torno a los 5 mil millones de dólares en 2011 (Valleboni, 6 de marzo de 2018).
  6. La traducción al español de esta expresión sería “acaparamiento de tierras”. El fenómeno de land grabbing se ha disparado desde la crisis económica y financiera global de 2008, fecha a partir de la cual las grandes corporaciones, empresas transnacionales, actores económicos locales y globales poderosos y fondos privados de inversión empezaron a comprar grandes extensiones de tierras, principalmente en países del sur global, con fines productivos, pero principalmente, especulativos (Borras Jr., Hall, Scoones, White y Wolford, 2011).
  7. Los campos son espacios de discrepancia y pugna entre grupos de agentes que sostienen diferentes perspectivas sobre el funcionamiento, los objetivos y las orientaciones al interior de cada uno de estos ámbitos (Bourdieu, 1990).
  8. Bourdieu define a las distintas especies de capital como diferentes especies de poder que se distribuyen desigualmente en los distintos campos, lo que genera estructuras de posiciones de dominación-dependencia (Baranger, 2000).


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