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10 Black Mirror y la hipótesis cibernética en Tiqqun

David Nicolás Morales[1]

No existe, probablemente, ningún dominio
del pensamiento o de la actividad material del hombre,
del que se pueda decir que la cibernética no tendrá,
tarde o temprano, un papel que jugar.

 


Georges Boulanger,
El dossier de la cibernética, utopía o ciencia
de mañana en el mundo de hoy
, 1968

Como presentación, podríamos decir que el trabajo en cuestión va a centrarse en hacer una relación entre el capítulo de la serie Black Mirror “Shut Up and Dance” y el texto del colectivo Tiqqun llamado “La hipótesis cibernética”. Dicho esto, brevemente, pasaremos a desarrollar parte del argumento principal del capítulo anteriormente señalado.

Podríamos comenzar resaltando que en las primeras escenas de “Shut Up and Dance”, escrito por Charlie Brooker y William Bridges y dirigido por James Watkins, nos exhiben al protagonista del capítulo en su lugar de trabajo. Esto no es algo menor, porque a través de varios planos, por ejemplo, en el que el intérprete entrega el juguete al niño, o cuando mira atentamente los lápices y el dibujo en la mesa, nos brindan los indicios sobre el tema oculto del actor, que al finalizar el capítulo terminaremos de confirmar, en un giro casi inesperado a primera vista.

“Shut up and dance” es el tercer capítulo de la tercera temporada de la serie Black Mirror, en el que el argumento principal es la develación de un video cuyo contenido es perjudicial para la vida de distintas personas. Este se concentra en los acontecimientos que va atravesando el protagonista, llamado Kenny, que tiene la característica de ser un joven con dificultades de vínculo social y una gran timidez. Kenny, que a través de internet puede satisfacer sus necesidades sexuales más íntimas, cierto día recibe un correo electrónico anónimo con un mensaje que expresa “We saw what you did y un video adjunto en el cual se encuentra masturbando (video que fue obtenido a partir de un malware que le arrebató el control de la cámara de su notebook y le permitió a la persona –o grupo anónimo– remitente del correo grabarlo durante el acto). A partir de aquí, Kenny se ve envuelto en conflictivos eventos, ya que la persona, o grupo anónimo, que envió el mensaje lo extorsiona, diciéndole que, si no hace lo que le pedirá, publicará el video en todas las redes sociales.

Surgen aquí varios interrogantes para tener en cuenta durante el desarrollo del trabajo. ¿Dónde queda el límite en las redes sociales entre lo público y lo privado? ¿Hay posibilidad de resistencia ante un problema como el que se plantea? ¿Hay posibilidad de resistencia cuando son los propios individuos los encargados de su regulación dentro de una red social? Trataremos de ir resolviendo estos planteamientos, con el fin de reflexionar y considerar situaciones que se nos escapan día a día en la cotidianeidad de nuestra vida en la red.

Tiqqun nos ofrece un matiz necesario para desarrollar lo que venimos planteando de antemano. Entendemos comúnmente a las distopías o utopías negativas como obras de ficción que llevan hasta el extremo la pesadilla de elementos o tendencias reales ya activas en el presente. Por ejemplo, podríamos encontrar en el gran abanico de posibilidades a 1984 de George Orwell o Un mundo feliz de Aldous Huxley. “La hipótesis cibernética”, del colectivo Tiqqun, es una de este tipo de obras. Un relato que advierte y alerta sobre algo. ¿Sobre qué? Sobre la inquietud de un mundo enteramente organizado en red: transparente, conectado, dinámico, autoorganizado y fluido. Una lectura que produce vértigo, horror y nerviosismo.

Tiqqun, podríamos decir, plantea a la cibernética como una nueva tecnología de gobierno que se configura partir de la resignificación de las prácticas del capitalismo y el liberalismo. ¿En qué consiste esta resignificación? Se trata, por un lado, de la administración y gestión ya no del capital, sino, más bien, de la información; y, por otro, del cambio de fundamento que deja de estar en el principio de escasez, para pasar al principio de la incertidumbre. Es decir, para la administración de la incertidumbre, es necesaria su transformación en información.

Con la resignificación de las prácticas del capitalismo, acontece un cambio sobre la lógica del sistema. Ya no se buscan los productos acabados, sino los procesos. A partir de esta tesis sobre la transformación de la lógica capitalista, es importante señalar el cambio que acontece también en las prácticas artísticas cuya lógica se mueve en ese mismo sentido, ya no se aboga por la obra como producto acabado, sino que se valora la exposición y escenificación de los procesos. Desarrollar en profundidad este punto sería desviarnos demasiado del tema en cuestión.

La transformación de la subjetividad a partir del surgimiento de la cibernética es otro de los puntos tratados en este texto. Si hay un cambio sobre las prácticas, lo hay también en la constitución de los sujetos. ¿En qué términos se da este cambio?, ¿cuál es esa nueva subjetividad cibernética? A partir de una mayor valoración de los flujos de información en la nueva lógica cibernética, se invalida todo proceso interior que implique la opacidad de algún proceso que permita la entrada de la incertidumbre en el flujo de la información.

Por otro lado, podemos ver en el texto el cambio de modelo sobre la forma de gobernar. ¿Qué significa “gobernar” en el paradigma cibernético, en qué consistiría un gobierno cibernético? El término griego “Kubernesis” que significa ‘piloto’ o ‘regulador’. Es justamente esa función del poder en la hipótesis cibernética: pilotar en medio de superficies en movimiento, regular permanentemente flujos en circulación.

Gobernar, así, no sería tanto imponer o legislar, sería más como “coordinar racionalmente los flujos de informaciones y decisiones que se producen ‘espontáneamente’ en el cuerpo social” (Tiqqun, 2015: 9). Pensemos en Google, Instagram o Facebook… Se trata siempre de monitorizar la realidad, de recoger, procesar y conectar datos, de dar acceso y hacer de cada usuario un codesarrollador, de buscar la cooperación público-privada. Es decir, cuanta más información, más capacidad de gestión y más capacidad de anticipación se tendrá. Gobernar, dicho en otras palabras, es hacer predecibles los acontecimientos.

Tres condiciones asegurarán esto, dice: instalar un conjunto de captores para no perder ninguna información procedente de los “sujetos”; tratar las informaciones mediante correlación y asociación; situarse a proximidad de cada comunidad viviente (Tiqqun, 2015: 9)

Podríamos decir que estamos ante un tipo de poder diferente. En primer lugar, el gobierno cibernético no es vertical ni autoritario, al menos en primera instancia, porque ese modo perdería demasiada información. Por el contrario, es un gobierno que sabe pegarse a los territorios que gestiona, a través de una red de sensores o captores inteligentes de información (humanos o máquinas). No gobierna como una instancia ajena y exterior, sino que produce, en lo posible, a los gobernados como fuente de feedback. Además, hoy en día se podría hablar de que, en las ciencias cognitivas de “red”, la HP se introduce en la red neuronal de los individuos. Es decir:

La cibernética es la asimilación de la totalidad de los fenómenos existentes en el cerebro. Al colocar la cabeza como alfa y omega del mundo, la cibernética se ha asegurado de este modo estar siempre a la vanguardia (Tiqqun, 2015: 17)

En segundo lugar, el gobierno cibernético no es un gobierno sedentario o estático, sino más bien “una dinámica de autoorganización”. Un tipo de orden que no niega o rechaza el caos, sino que más bien busca permanentemente el equilibrio en el desequilibrio. Un gobierno capaz de seguimiento de flujos, procesos, devenires, a través de dispositivos nómadas de rastreo y trazado.

Por último, el gobierno cibernético no es un gobierno centralizado, sino mediador. No solo interconecta máquinas, procesos, información, personas y capitales, sino que borra las viejas fronteras de la arquitectura liberal del poder (público-privado, etc.) articulando esferas heterogéneas: fragmentos de Estado, sociedad civil, movimientos sociales.

Leído esto en nuestro contexto particular, la distopía de Tiqqun produce un cierto escalofrío. Uno no puede dejar de pensar que “la nueva política” es el agente histórico destinado a atacar el pasaje del viejo capitalismo industrial al nuevo capitalismo cibernético en el plano de las instituciones. Los “pilotos” de la hipótesis cibernética no pueden ser personas que desconozcan las redes, sino que tienen que ser oriundos digitales que asuman como paradigma o “imagen del mundo” esta hipótesis. Entenderla como una forma de ser, de hacer, de pensar y, ahora también, de gobernar.

El imperativo de circulación mercantil sobre el cual reposa el capitalismo cibernético se metamorfosea en fobia general, en fantasma de autodestrucción. La sociedad de control es una sociedad paranoica, lo cual es confirmado sin mucho trabajo por la proliferación en su seno de las teorías de la conspiración. Es así que cada individuo es subjetivado en el capitalismo cibernético como dividuo de riesgos, como el enemigo cualquiera de la sociedad equilibrada (Tiqqun, 2015: 37-38).

La sociedad de control se plantea como una sociedad paranoica, pues en su base está siempre la posibilidad del caos; de ahí viene su necesidad de realizar una gestión de la incertidumbre. Todo debe ser traducido a datos que puedan ser pilotados. Ya no es el fantasma del comunismo el que habita en esta forma del capitalismo cibernético, sino el fantasma de la autodestrucción, pues la potencia del caos está dentro del sistema mismo.

Al principio se celebró la red digital como un medio de libertad ilimitada. El primer eslogan publicitario de Microsoft, “Where do you want to go today?”, sugería una libertad y movilidad ilimitadas en la web. Pues bien, esta euforia inicial se muestra hoy como una ilusión. La libertad y la comunicación ilimitadas se convierten en control y vigilancia totales (Han, 2014: 11).

Por eso, las medidas de control tienden a ser cada vez más encarnadas en los individuos. Aquí, podríamos encontrar una relación con el capítulo anteriormente señalado, ya que, en la distopía de “Shut Up and Dance”, podemos observar cómo los sucesos acontecidos al protagonista no están muy alejados de lo que nos podría ocurrir hoy en día.

“No queremos más transparencia ni más democracia. Ya hay mucha. Queremos, por el contrario, más opacidad y más intensidad” (Tiqqun, 2015: 47). Con esta cita se puede abrir una de las preguntas planteadas al comienzo del escrito. Si todo puede ser traducido a datos para ser gestionado y controlado, ¿hay posibilidad de resistencia ante un sistema como el que se plantea?, ¿hay posibilidad de resistencia cuando son los propios individuos los encargados de su regulación?

“La demanda de transparencia, de trazabilidad, es una demanda de circulación perfecta de la información, un progresismo en la lógica de flujos que rige al capitalismo cibernético” (Tiqqun, 2015: 46). La transparencia, en el orden cibernético, implica quedar reducidos a “perfiles”. Convierte la experiencia en estadística. Pero podríamos decir que no somos perfiles, sino, más bien, singularidades con tonos, vibraciones y acentos propios. No somos “muros”, donde todo el mundo ve de nosotros las mismas cosas y al mismo tiempo, sino “seres en situación”: distintos según el contexto y la trama de relaciones en la que nos encontremos. Hacer de nuestra existencia una perfilización es perder todos los vínculos que en la multidimensionalidad de la vida se pueden dar, y esto solamente por una exigencia de representación.

Conjuntamente, la transparencia, en cierta forma, reemplaza las relaciones de confianza por relaciones de examen. En lugar de darnos confianza, construyendo situaciones y contextos de igualdad, nos volvemos vigilantes y jueces unos de otros, en una especie de panóptico distribuido y participativo.

La velocidad, en el orden cibernético, significa poner la vida entre paréntesis. Hay que correr siempre más, producir para seguir produciendo, actualizar permanentemente nuestra imagen, muro o perfil. No hay tiempo, ni espacio, solo flujos en aceleración permanente. La urgencia es la temporalidad propia de la cibernética (y los nervios a flor de piel, su clima afectivo). Todo lo que estorbe y nos haga ir más lentos en la inmediatez de la cibernética es necesario eliminarlo; aquí los lentos son los que pierden. La conexión, en el orden cibernético, reduce la relación a interacción. No descodificamos una sintaxis o desciframos una información, sino que vivimos en el malentendido, traduciendo una y otra vez a los demás.

La apuesta de Tiqqun en relación con lo anteriormente señalado: considerar errada la hipótesis cibernética. Para Tiqqun, la vida no es solamente información, ni puede reducirse de esa manera. Los cuerpos no son nodos transparentes, los encuentros no son enlaces, el tiempo no es el tiempo real. Aunque la hipótesis cibernética se piense y presente como un poder horizontal, en realidad sigue siendo una forma de poder normativa, coactiva, exterior. Para Tiqqun, entonces, no se trata tanto de perfeccionar o radicalizar la hipótesis cibernética, sino de devenir irrepresentables: opacos, ilegibles para sus máquinas binarias de sentido, impredecibles para sus técnicas de control.

¿Cómo? Tiqqun nos propone numerosas estrategias. Y lo hacen poéticamente, porque no se trata de convencer, ni de orientar la opinión y la acción, sino más bien de insinuar y sugerir formas de resistencia que luego cada cual tendrá que configurar. La resistencia a la hipótesis cibernética tiene que empezar por los modos de comunicación. Lo contrario de la transparencia no es el hermetismo, sino el poema; es decir, formas de escribir que no entorpecen, que no atontan, que dejan espacio y libertad al lector.

Para ir finalizando, vamos a apuntar tres de estas estrategias, dejándolas deliberadamente imprecisas; ellas son: lentitud, ritmo y niebla.

“Lentitud” se entiende aquí en el sentido no de ir despacio, sino de desacelerar: aprender a desconectar y desconectarnos de los flujos del capitalismo cibernético. En primer lugar, desconectar nuestra propia cabeza. Es el arte de la interrupción: la fuga, el sabotaje sutil o el levantamiento colectivo. Si la velocidad implica una respuesta automática, superficial y la irritación constante ante lo que nos hace obstáculo, la desaceleración de los flujos abre por el contrario la posibilidad del proceso y el encuentro; es decir, permite darse tiempo.

Por su parte, el ritmo no se trata de ir lento o rápido, sino de encontrar nuestro propio tiempo. “Todo cuerpo, en la medida en que es cojo, porta consigo un ritmo que manifiesta que en su naturaleza yace el sostener posiciones insostenibles” (Tiqqun, 2015: 83). El ritmo, dice Tiqqun, es necesariamente “cojo”. Caminamos, pero nunca un paso es igual a otro. Hay siempre imperfección, disonancia. La vida va y viene, entre la palabra y el silencio, lo visible y lo invisible. Un ritmo vital será, pues, necesariamente “cojo”. De ningún modo, el ritmo tiene que ser automático y unilateral como el de la máquina (que descarta lo pesado, y lo lento). Tampoco tendría que ser como el ritmo musical armónico, que sigue paso a paso la partitura del programa. En todo caso, el ritmo del free jazz: plural, disonante y abierto a la improvisación. Es un ritmo que asume e incorpora los silencios, las mareas bajas y los fallos.

La hipótesis cibernética, como hemos visto, gobierna extrayendo y procesando información, pero la información solo es la parte codificable de la comunicación humana. La niebla sería la estrategia que confunde las exigencias de transparencia, de univocidad y de identificación. Permite que una experiencia pueda darse, desarrollarse, encontrar su propio ritmo, sus propias palabras para nombrarse y compartirse (lo que podríamos llamar la “autogestión del sentido”). Se trata, entonces, de ir contra la rapidez que demanda la lógica de los flujos de información que impone el capitalismo cibernético. Podríamos decir que se plantea un ritmo de la desconexión, pero ahora cabe preguntarnos: ¿existe la posibilidad, hoy en día, de una desconexión en el sistema de red del capitalismo cibernético?

Bibliografía

Byung-Chul Han (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Herder: Barcelona.

Tiqqun (2013). “La hipótesis cibernética”. Disponible en https://bit.ly/2KDyCZb.

Videografía

Brooker, C. (productor) y Watkins, J. (2011). Black Mirror. T03E03: “Shut Up and Dance”. Endemol Shine UK: Reino Unido.


  1. Estudiante del profesorado en Filosofía. Becario del Consejo Interuniversitario Nacional, Departamento de Filosofía, Facultad de Humanidades, UNCa.


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