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2 El periodismo literario y la violencia

El género combinó la investigación periodística con técnicas de escritura de ficción en la narración de eventos de la vida real. El periodismo literario es una especialización del periodismo realizada con el arte de la literatura: literatura de no ficción, literatura de la realidad o periodismo de autor (Tom Wolf, Johnson, 1973; Wolf, Tom Wolf, 1973).

Hay una constante preocupación por hacer periodismo que revela un mundo subyacente al que se encuentra en las noticias, empleando una perspectiva subjetiva. Por lo tanto, establece la utilización de técnicas literarias –en la recopilación, redacción, edición de reportajes y ensayos periodísticos– para construir una reproducción detallada de la realidad.

En Estados Unidos, el marco fue Truman Capote, con A sangre fría, de 1965. Como narrativa de no ficción, cuenta la historia de la muerte de la familia Clutter en Holcomb (Kansas) y la de los autores de la masacre. Además de narrar el asesinato de Herbert Clutter, su esposa Bonnie y sus hijos, reconstruye la trayectoria de los asesinos, Perry Smith y Dick Hikcock. Ellos planearon el crimen con la creencia de que se apropiarían de una fortuna, pero no encontraron nada. Perry era un soñador; tuvo una educación violenta y conflictiva. Dick, el cerebro del dúo, quería el dinero y desapareció. Arrestados y condenados, fueron ahorcados en 1965.

La relación que estableció Capote con sus fuentes fue decisiva. Además de pasar más de un año en la región, investigando y hablando con los vecinos, se ganó la confianza de los delincuentes. El libro tiene precisión fáctica y la fuerza emocional de la creación literaria. Al cabo, trátase de una reflexión sobre las ambigüedades del sistema judicial americano.

El periodismo literario combina la investigación periodística con técnicas de escritura de ficción para contar historias sobre eventos de la vida real. Las principales técnicas son el describir escena por escena, la construcción de diálogos y una tercera persona como narrador, y el uso de técnicas literarias en la recopilación, redacción y edición de informes y ensayos periodísticos para reproducir la realidad.

Trátase de una investigación minuciosa, audaz, donde la relación con los informantes es fundamental, utilizando recursos narrativos y estilísticos que enriquecen la trama, conmueven y provocan indignación y emoción, y reconocimiento de la dignidad de los personajes. Revélase un periodismo que revela el mundo detrás del que se encuentra en las noticias, con primoreada forma literaria. Tom Wolfe ha traído para el periodismo la técnica del flujo de consciencia –introducido en la literatura por James Joyce en su Ulises–. Norman Mailer ha creado la técnica del punto de vista autobiográfico escrito por una tercera persona.

Todavía, hay que recordar que en América Latina hubo un periodismo literario avant la lettre: Euclides da Cunha, en el Brasil; Rodolfo Walsh, en la Argentina.

El escritor brasileño Euclides da Cunha (1866-1909) publica Los sertones (Os Sertões) en 1902[1]. Hay tres partes en la obra. En la primera, “La tierra”, el escritor realiza un análisis y descripción del relieve, suelo, fauna, flora y clima de la región del nordeste del Brasil.

Euclides da Cunha enfatiza la principal calamidad del sertón: la sequía y sus ciclos de nueve a doce años, desde el siglo xviii. La segunda parte es “El hombre”: asume la doctrina del determinismo, pues cree que el hombre es producto del medio (geografía), de la raza (genética) y del momento histórico (cultura). En esta parte, el autor describe la psicología del sertanero y sus costumbres.

La tercera parte es “La lucha”. El escritor narra el conflicto entre el ejército republicano y los sertaneros, quienes, a pesar de ser considerados racialmente inferiores, logran ganar múltiples batallas y causar muchas bajas al enemigo, aunque al final de cuatro episodios militares pierden la guerra: “Aquella campaña parece un reflejo del pasado. Y fue, en el verdadero significado de la palabra, un crimen. Lo denunciamos” (Euclides da Cunha, 1901).

Así, la profesora Walnice Galvão expone la obra como un libro cientificista que se realiza como obra literaria, un épico que también es trágico: “No hay propiamente personajes, porque no hay novela. Lo que tenemos es un inmenso diálogo por muchas voces, mediadas por el narrador […]. El suporte de este polifonismo se basa en la intertextualidad” (Walnice Nogueira Galvão, 2019, p. 624).

Asimismo, concluye que el libro es un elemento de la memoria de la sociedad brasileña:

Este libro da cuenta, examinando su contrario, del inicio del proceso de modernización del país, al que es contemporáneo y cuyo rostro no eufórico se examina. […] lo que implica para la plebe en tal orden de dolor y pérdida que desemboca en una concepción del mundo al revés, invertida y demonizada (Walnice Nogueira Galvão, 2019, pp. 632-633)[2].

Con base en esta novela, y después de sucesivos viajes al territorio de Canudos, Vargas Llosa escribe La guerra del fin del mundo. De este modo la describe:

A finales del siglo xix, en las tierras paupérrimas del noreste del Brasil, el chispazo de las arengas del Consejero, personaje mesiánico y enigmático, prenderá la insurrección de los desheredados. En circunstancias extremas como aquéllas, la consecución de la dignidad vital sólo podrá venir de la exaltación religiosa –el convencimiento fanático de la elección divina de los marginados del mundo– y del quebranto radical de las reglas que rigen el mundo de los poderosos. Así, grupos de miserables acudirán a la llamada de la revolución de Canudos, la ciudad donde se asentará esta comunidad de personajes que difícilmente desaparecerán de la imaginación del lector: el Beatito, el León de Natuba, María Quadrado… Frente a todos ellos, una trama político-militar se articula para detener con toda su fuerza el movimiento que amenaza con expandirse (Vargas Llosa, La Guerra[3]).

El paso siguiente en el periodismo literario latinoamericano lo situamos en Rodolfo Walsh (Operación masacre, de 1957). Los acontecimientos son de junio de 1956, cuando un fallido intento revolucionario contra el régimen militar que había destituido a Perón desencadenó una operación clandestina para eliminar a los opositores al régimen. En un basurero de las afueras de la capital, un grupo de civiles fueron fusilados (cinco, más precisamente, y hubo siete sobrevivientes). Walsh pudo localizar a uno de esos supervivientes y tras escuchar su testimonio comenzó una arriesgada investigación que desmentiría la versión oficial sobre los hechos y documentó un caso de terrorismo de Estado. Esto trabajo fue publicado en el diario Mayoría, y poco después, en 1957, como libro, y fue revisado en 1970. Rodolfo Walsh, nacido en 1927, fue asesinado después de publicar Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, el 25 de marzo de 1977.

Analizando ahora autores más recientes, encontramos La muerte de Honorio, del venezolano Miguel Otero Silva (1963). Consiste en un relato de las torturas padecidas por cinco hombres –el Médico, el Barbero, el Periodista, el Tenedor de Libros y el Capitán– que representan, en la ficción, a muchos otros luchadores de Venezuela de los años anteriores a 1958, que padecieron igual suerte, como el propio autor señala. Señala el autor: “Los personajes y el argumento de este libro son imaginarios. En cuanto a los maltratos que en él se narran son auténticos y fueron padecidos por venezolanos de carne y hueso en los años inmediatamente anteriores a 1958” (Miguel Otero Silva, La muerte de Honorio, p. 5).

La primera parte del libro –“Cinco que no hablaron”– narra, juntamente con los maltratos, los diversos puntos de vista ideológicos y humanos de los protagonistas, su pasado y su presente, su familia y sus historias amorosas, en un montaje de gran agilidad y eficacia. Las páginas de su llegada en la cárcel y su vida reclusa, así como las torturas que sufren a manos de los esbirros son entrecortadas por recuerdos de sus militancias. Casi dos centenas de reclusos. Los personajes principales son: el Médico, el Periodista, el Tenedor de Libros, el Barbero y el Capitán.

El segundo cuaderno, en forma de diario, con lecturas de las cartas que recibían, algunos libros a veces, es la expresión, a nivel humano y literario, de una solidaridad entre los cinco presos, en torno a la figura ausente de un niño, Honorio, que llega a convertirse en el hijo mítico de todos ellos:

Cada uno había pensado por su cuenta en el común compromiso de velar por la suerte de Honorio que habían adquirido tácitamente entre las sombras del calabozo y que los mantendría unidos cuando retornaran al aire libre. Ninguno de ellos concebía una separación a la desbandada, olvidados de Honorio, al no más les abrieran las puertas de la cárcel (Miguel Otero Silva, La muerte de Honorio, p. 121).

El hilo narrativo transcurre durante los meses finales de la dictadura de Marco Pérez Jiménez (1952-1958), lo que no impidió la preservación de la dignidad humana de los encarcelados:

Pero, para los otros, Honorio era un ser real, tiernamente nacido y amado entre las sombras de una cárcel. Y ese ser real, ese hijo que había crecido en cuatro pechos privados del sol y de la ternura, acababa de morir. Aquella noche, la noche de la muerte de Honorio, cuatro hombres sin hijo, metieron de frente la cabeza entre la almohada para ahogar sus viriles ganas de llorar (Miguel Otero Silva, La muerte de Honorio, p. 127).

Cerca del final del siglo xx, se acumulan las obras del periodismo literario. El brasileño Percival de Souza publica Society Cocaína en 1981, donde cuenta toda la historia del tráfico de cocaína en América y el Brasil. Revela quién produce, quién destila, quién transmite y quién consume.

Vuelve en 2002 con Narcoditadura: o caso Tim Lopes, el relato del asesinato del periodista Tim Lopes, que fue secuestrado, torturado y asesinado. Su cuerpo fue quemado por narcotraficantes mientras investigaba el narcotráfico en el barrio del Complexo do Alemão (Río de Janeiro), en 2002. Percival de Souza cuenta la historia de Tim Lopes, en detalle, realista y cruel. Asimismo, el autor logró vislumbrar un contenido mítico-religioso en la historia: Tim Lopes entra como el arcángel Antonio Lopes do Nascimento, traicionado por un diablo –André Capeta, que lo condujo al verdugo de nombre bíblico, Elías–. Salvo que, a diferencia del profeta, es el delincuente Elías Maluco. El libro revela las brechas del crimen, la justicia y la política, pero no se limita a presentar la realidad, pues utiliza recursos narrativos y estilísticos que enriquecen la trama, emocionan al lector y provocan indignación.

El libro O Sindicato do Crime – PCC e outros Grupos, de 2006, es el resultado de una investigación para descubrir el crimen organizado y lo que hay por detrás de la organización PCC (Primeiro Comando da Capital), desde diferentes cárceles, que actúa en las grandes ciudades hasta las regiones fronterizas del país. Describe esta organización criminal, sus orígenes, motivaciones, mandos y militantes. Trae historias reales, con nombres y rostros, aunque parecen ficción.

El periodista gaucho Carlos Wagner escribió varios libros sobre los hombres sin tierra y sin patria. En Brasiguaios: homens sem pátria, de 1898, revela cómo durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) los agricultores de Rio Grande do Sul y sus descendientes, que habían habitado el oeste de Santa Catarina y Paraná, fueron atraídos por el gobierno para comprar tierras baratas en el Paraguay. Con el tiempo, descubrieron que habían adquirido lotes que el gobierno no podría haber vendido, porque pertenecían a indígenas, eran parte de reservas forestales o ya tenían dueño. Todavía, no pudieron legalizar sus tierras y, para quedarse, aceptaron ser extorsionados por los militares paraguayos y sus aliados. Eran más de 500.000 personas, y la mayor parte de la tierra no ha sido legalizada. Muchos fueron arrestados, torturados, perdieron sus propiedades y regresaron al Brasil; algunos acamparon a lo largo de las carreteras del estado de Mato Grosso do Sul o de Paraná. Los que consiguieran quedarse se convirtieran en productores de cereales. Viven una vida cotidiana violenta; son blancos de extorsión, secuestradores y ladrones de insumos agrícolas, y no tienen a quien quejarse porque todavía son brasileños, y permanecen como hombres sin país.

Carlos Wagner vuelve al tema en País bandido: delito de exportação, en 2003. Describe cómo la frontera entre el Brasil, la Argentina y el Paraguay conforma un territorio que fue poblado por los llamados forajidos. La región se convirtió en refugio porque hubo una disputa de fronteras entre tres países. En otras palabras: una tierra de nadie.

En Capitán Bado, una ciudad paraguaya adyacente a Coronel Sapucaia (Mato Grosso do Sul), el narcotraficante Fernandinho Beira-Mar se refugió a fines de la década de los años 90 del siglo xx. Transformó el Comando Vermelho (CV) de Río de Janeiro en una poderosa organización con sucursales en el Paraguay y Colombia. En este territorio, las mafias circulan cigarrillos falsificados, drogas, armas y otras actividades ilícitas. Para el aparato policial brasileño, todos los que viven en el País de los Bandidos son culpables hasta que se demuestre lo contrario.

El brasileño Caco Barcellos, en Rota 66: a história da polícia que mata, de 1992, desvela los orígenes de la creación de un sistema de exterminio, sus métodos y su motivación. Para hacerlo, desmantela la intrincada red que forma el “escuadrón oficial de la muerte” establecido en São Paulo, resultado de una investigación minuciosa y audaz.

Después, en Abusado: o dono do morro Dona Marta, de 2003, escribe que es necesario comprender cómo piensan y actúan los delincuentes para comprender la violencia urbana en Río de Janeiro. Demuestra la lógica, las complejidades y el modus operandi de las grandes organizaciones criminales, del tráfico de drogas y sus otras actividades ilícitas. Mediante la historia de Juliano VP (un alías), de su infancia, adolescencia, su entrada y el ascenso en el narcotráfico en la favela de Santa Marta (Botafogo), consigue revelar la ocupación del cerro por parte del Comando Vermelho, una facción criminal, y su cruel disciplina.

El brasileño Gilberto Dimenstein (1956-2020) en el libro A Guerra dos Meninos – Assassinatos de Menores no Brasil, de 1995, revela cómo en el Brasil hay grupos de exterminio que asesinan a niños. Son niños y niñas que son torturados y maltratados rutinariamente por grupos encargados de “mantener el orden”. Describe la realidad de los menores marginados en varias ciudades brasileñas.

Para escribir Meninas da Noite – a prostituição de meninas escravas no Brasil, de 1997, investigó, durante seis meses, la ruta del tráfico de niñas en la Amazonía, detallando el mundo de la prostitución infantil. Se narra cada paso de la investigación, y se muestra a los traficantes y el cautiverio de niñas esclavas en la selva amazónica.

Todos estos elementos aparecen en Democracia em pedaços, de 1996: grupos de exterminio, masacres, violencia contra mujeres, negros e indígenas, policía, aparato judicial y penitenciario, escenario de torturas rutinarias y asesinatos impunes. Es al mismo tiempo un retrato de la violencia en la sociedad brasileña y una guía en derechos humanos, que combina la investigación periodística y el rigor académico, mostrando cómo la barbarie persiste en el país. La lectura provoca emoción, pero enfatiza la dignidad de los personajes que luchan por la democracia plena.

Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez, se publicó en 1996; es una novela que sigue a A sangre fría de Truman Capote. Era un momento en que el país atravesaba una profunda crisis: guerrilla, acuerdos de paz, narcotráfico, corrupción y asesinatos políticos, por parte de la guerrilla y el narcotráfico, desde la muerte de Luiz Carlos Galán, en agosto de 1989, cuando era candidato a la presidencia.

Los guardianes navegaron sentados en sus asientos y apoyados contra la pared. Su espacio era tan estrecho que, si se estiraban los pilares, los pilares caían sobre el colchón de los cautivos. Vivía en el crepúsculo porque la única ventana estaba cerrada. […]. La habitación cerrada y sin ventilación estaba saturada de un calor pestilente (García Márquez, Noticia de un secuestro, 1996, p. 57).

Gabriel García Márquez describe la vida de los secuestrados y el drama de las negociaciones para su liberación. Contextualiza la situación en Colombia y el estado de las negociaciones del Gobierno con los narcotraficantes.

El libro narra el secuestro de personas de la élite colombiana, entre 1990 y 1991, por orden de Pablo Escobar, jefe del cartel de Medellín, para presionar al gobierno para que legisle contra la extradición de narcotraficantes a Estados Unidos. Habló en nombre de “Los Extraditables”, y pidió la suspensión de la violencia policial contra los barrios de Medellín. Los secuestrados fueron confinados en una habitación destartalada con muebles andrajosos, una radio y televisión y ventanas tapiadas. Dos mujeres secuestradas fueron asesinadas:

Los guardianes velaban sentados en el suelo y recostados a la pared. Su espacio era tan estrecho que si estiraban las piernas les quedaban los pies sobre el colchón de las cautivas. Vivían en penumbra porque la única ventana estaba clausurada. […]. El cuarto cerrado y sin ventilación se saturaba de un calor pestilente (García Márquez, Noticia de un secuestro, 1996, p. 57).

El autor señala las características de los que autores, todos jóvenes:

La condición común era el fatalismo absoluto. Sabían que los jóvenes iban a morir, los aceptaban, y solo a ellos les importaba vivir el momento. […]. Rezaban (a María Auxiliadora) diariamente para implorar su protección y misericordia, con una devoción pervertida, porque ofrecen órdenes y sacrificios para ayudarlos en el éxito de sus criminales. […]. Todos lo odiaban demasiado: los políticos, el gobierno, el Estado, la justicia, la policía, la sociedad entera. La vida, decían, era una mierda (García Márquez, Noticia de un secuestro, 1996, p. 76).

La sucesión de imágenes se desarrolla al ritmo de una película policiaca: los pasos de los protagonistas, la postración psicológica, su deteriorada apariencia física, las condiciones de cautiverio y convivencia con sus captores, así como las negociaciones entre el Gobierno y Pablo Escobar.

Su prosa se caracterizó por la creatividad conceptual y semántica, el contenido poético, la sutileza en el análisis político y su solidaridad con los secuestrados. En este relato romantizado, que mezcla lo creíble, lo irreflexivo y la crueldad, “un episodio de holocausto”, García Márquez escribió una narrativa centrada en denunciar las injusticias sociales a favor de la libertad.

El epílogo es la rendición negociada de Pablo Escobar, su posterior fuga y muerte a manos de la policía en un tejado en Bogotá en diciembre de 1993. Una novela sobre el poder y la violencia:

Pero el poder –como el amor – es de doble filo: se ejerce y se padece. Al tiempo que genera un estado de levitación pura, genera también su contrario: la búsqueda de una felicidad irresistible y fugitiva, sólo comparada a la búsqueda de un amor idealizado, que se ansía, pero se teme, se persigue, pero nunca se alcanza (García Márquez, Noticia de un secuestro, 1996, p. 76).

Paulo Lins, brasileño de Río de Janeiro, publicó Cidade de Deus, en 1997, que se hizo conocido mundialmente por la película. Presenta un panel de las transformaciones sociales que ha atravesado el conjunto habitacional Cidade de Deus, en las periferias de Río de Janeiro: del pequeño crimen, de los años 60, a la situación de violencia generalizada, con la introducción de armas por una policía corrupta, hasta llegar a la dominación del narcotráfico en los años 90. Lins utiliza el término neo favela en contraposición a la antigua favela, la de los círculos de samba y el mundo romántico. El libro se basa en hechos reales: la novela trata sobre la juventud, el narcotráfico, el gobierno paralelo, la pobreza y las formas de violencia. Se trata de una novela de formación (bildungsroman), en la que el autor supo trasponer una situación social a la literatura, conjugando en su narrativa la agilidad de acción y el lirismo de la prosa.

En 1989, el Dr. Drauzio Varella, de São Paulo (Brasil), inició un trabajo voluntario para la prevención del sida en la Casa de Detenção de São Paulo, con más de 7000 presos. El médico relata en la Estação Carandiru, de 1999, lo que pudo observar en diez años de atención, mostrando cómo un código penal no escrito organiza el comportamiento de la población carcelaria, y cómo antagonizarlo podría equivaler a la muerte. También evoca la masacre por parte de la policía militar de 111 prisioneros en la llamada Masacre de Carundiru, en 1992. El relato tiene tonos de experiencia personal. No solo denuncia un sistema penitenciario inhumano: expresa la voluntad de tratar a las personas caso por caso, incluso en condiciones difíciles para la expresión de la individualidad, revelando el lado soñador de los privados de libertad.

Por otra parte, Drauzio Varella publica Carcereiros, en 2012, luego de trabajar durante dos décadas en las cárceles como médico voluntario, que lo acercaron al otro lado: los funcionarios de prisiones, que, trabajando en condiciones estrictas y en ocasiones poniendo en riesgo su vida, gestionan esta población. Drauzio comenzó a reunirse con ellos después de largas jornadas de trabajo, en una taberna frente a Carandiru. Esta convivencia lo puso en contacto con los relatos narrados. Y siguió una rebelión a través de los ojos de quienes intentaban contenerla. Se puso en contacto con el día a día de los carceleros y las situaciones impuestas por la profesión, que resuelven con flexibilidad y, en ocasiones, con humor.

El tercer libro se titula Prisioneiras, del año 2017. Son las mujeres encarceladas las protagonistas. Drauzio Varella recuerda los once años de atención en la Penitenciaría de Mujeres de la Capital, con más de dos mil reclusas. Estamos delante de historias de mujeres que muchas veces incurren en delitos por culpa de sus parejas, incluso tratando de llevar drogas a sus compañeros encarcelados durante las visitas. Las familias pueden tolerar a un encarcelado, pero no a una madre, hermana, hija o esposa en la cárcel; por eso, son abandonadas, solo las madres las visitan. Los centros de detención de mujeres tienen sus particularidades: dinámica de atención, ausencia de visitas, relaciones amorosas entre reclusas. La realidad de las cárceles escapa a la imaginación de quienes viven fuera de ellas, presentando en Prisoneiras un informe franco que no pierde su sentido crítico en relación con la sociedad brasileña.

Drauzio escribió desde su propia actividad como médico en el sistema penitenciario las frustraciones, los aciertos y la dificultad para reconciliarse con la de médico particular, investigador de plantas, escritor y padre de familia. Si algo tienen en común estas vidas –carceleros, médicos, detenidos– es la dimensión humana, que insiste en sobreponerse a las violaciones de un sistema penitenciario deshumano.

El escritor español Arturo Pérez-Reverte publica la novela La reina del sul en 2002, en la cual el personaje Teresa Mendonza es una contraheroína: el instinto de supervivencia nos hace enfrentar la adversidad y transformarnos, para bien o para mal. Teresa Mendonza nació en Culiacán (México), donde morir de forma violenta se naturalizó. Pobre, fue violada, casi asesinada, después de que su novio, un piloto de avión del cartel local, fue asesinado. La joven se ve obligada a huir a España, con el apoyo de un político. Nos adentramos el mundo internacional del narcotráfico: la vida cotidiana de matar, morir, engañar y corromper. Teresa Mendonza llega a ser la poderosa narcotraficante de España, la Reina, dueña de un imperio de transporte de drogas en la Costa del Sol y en Europa. El libro mezcla hechos y ficción, sexo, drogas y violencia. La épica saga de Teresa Mendonza abarca décadas y continentes en una historia llena de sensualidad, crueldad, amor, traición, vida y muerte.

Virginia Vallejo, popular presentadora de televisión colombiana y celebridad de las revistas, publicó Amo a Pablo, odiando a Escobar en 2007. Conoció a Pablo Escobar, el capo de los cárteles, en 1982. Virginia Vallejo fue su amante durante cuatro años, le enseñó la cuestión social de los pobres de Colombia, y recuenta esta historia desde el amor. Las partes del libro son: “Días de inocencia y ensueño”, “Días de esplendor y pavor” y “Días de ausencia y silencio”. Narra la vida del capo de 33 años, su mundo de riquezas, y cómo una parte del dinero del tráfico de cocaína se canalizó hacia proyectos caritativos y también a las campañas de los candidatos presidenciales –así, Pablo Escobar llegó al Congreso colombiano–, sin olvidar las visitas de políticos y de celebridades a su Hacienda Nápoles, localizada cerca a 180 kilómetros de Medellín, donde había reuniones de negocios, fiestas suntuosas y un zoológico de animales salvajes como jirafas, canguros e hipopótamos.

Los acontecimientos se suceden: la muerte del ministro de Justicia Rodrigo Lara, en 1984; la invasión del Palacio de Justicia, en 1985; la explosión de un avión de Avianca, en 1989; el asesinato de Luis Carlos Galán y otros tres candidatos presidenciales durante 1987-1990. Acompañamos la guerra de Escobar contra el Cartel de Cali y el Estado, el narcoterrorismo, entre 1988 y 1993; la coalición de agencias y enemigos en su caza; finalmente, la muerte de Pablo Escobar, el día 2 de diciembre de 1993, en un techo, inmortalizada por la pintura de Botero.

La narrativa contiene todo el sufrimiento de Virginia Vallejo tras el fin de su relación con Escobar en 1987 y su colaboración con la agencia antidroga. Por fin, un avión de la DEA la lleva a Miami, en julio de 2006, donde todavía vive.

Amando a Pablo, odiando a Escobar describe el nacimiento y auge de la industria de la cocaína, la cooperación de los políticos, los orígenes de las principales organizaciones rebeldes y de los escuadrones paramilitares fundados por Escobar. Una apasionante historia de amor, convertida en crónica de terror, describe la evolución del capo: su capacidad para infundir terror y generar corrupción, los vínculos entre sus tratos ilícitos y políticos, y no sin humor. Amor y perdición se entrelazan. A su muerte, los animales del zoo Nápoles se dispersan, pasan a personajes literarios, son objetos de ambientalistas y hoy día pueden ser visitados en el actual parque. Una contribución al real maravilloso.

Escrita por un novelista, Santiago Roncagliolo, La cuarta espada: la historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso, de 2007, es una investigación periodística de Sendero Luminoso y su líder, Abimael Guzmán. En las décadas de los 80 y los 90 del siglo xx, casi 70.000 muertes ocurrieron en la guerra entre el movimiento terrorista Sendero Luminoso y el Estado peruano, en los Andes y en Lima.

Abimael Guzmán se consideraba a sí mismo la “cuarta espada” del comunismo internacional, después de Lenin, Stalin y Mao. No llevaba armas. No contó con el apoyo de gobiernos extranjeros. Rara vez estuvo presente en el campo de batalla. Indaga Santiago Roncagliolo: ¿cómo se convirtió Guzmán en un objeto de culto capaz de inspirar misiones suicidas? ¿Quiénes eran sus soldados, hombres y mujeres? ¿Cuál fue el amor y el odio entre ellos? ¿Cómo inspiró las rebeliones carcelarias? El libro es un relato de las relaciones humanas dentro de la cúpula terrorista Sendero Luminoso, con información proporcionada por sus protagonistas, incluso una inmersión en la mente del líder. Este libro se asemeja a una novela, en la tradición del periodismo literario.

Roberto Saviano publicó Gomorra en 2008; un viaje al imperio criminal y empresarial de la camorra napolitana, una organización con ramificaciones en todo el planeta. Se ocupa de diversos negocios: narcotráfico, industria textil, reciclaje de residuos y medicina. Roberto Saviano reconstruyó la lógica económico-financiera y expansionista de los clanes originarios de Nápoles.

El libro de Roberto Saviano CeroCeroCero: cómo la cocaína gobierna el mundo (2014) relata la lógica económico-financiera y expansionista de la camorra napolitana, una organización con ramificaciones en todo el planeta: desde el narcotráfico hasta la industria textil y el reciclaje de residuos y medicinas. “Mira a través de la cocaína: verás el mundo de quién la produce, quién destila, quién la transmite y la consume”. Cuanto más desciende en los círculos de coca, más percibe un río que fluye bajo las grandes ciudades; nace en Sudamérica, pasa por América, atraviesa África y se ramifica por Europa.

Cerocerocero es la harina de trigo más fina, pura y cara: la jerga con la que los traficantes europeos se refieren a la cocaína de mejor calidad. El libro cuenta cómo el polvo blanco vincula las principales plazas comerciales del mundo e impone sus reglas, sus códigos morales, a todos, directa o indirectamente, y cómo la mafia se aprovechó de la globalización: de Calabria (Italia) a México, de Colombia a Rusia, del Brasil a Nueva York, Los Ángeles, Londres y Milán. Revela los secretos internos y las conexiones de este mercado global, la “gran corporación” de drogas, y sobre la (in)efectividad de la lucha contra el tráfico. Roberto Saviano trae el concepto de narco capitalismo.

Ya la novela de Saviano La banda de los niños, de 2017, es fruto de una observación periodística directa. Conforma una novela de formación (Bildungsroman) en Nápoles, el espacio de la camorra. Una pandilla se propone conquistar la ciudad: de familias normales, les gusta la ropa de marca y los tenis, y se tatúan el símbolo de su pandilla. Liderados por Nicolás Fiorillo, el Marajá, los adolescentes usan motocicletas para todo: huyen por las estrechas calles del centro histórico. Quieren ser parte de la organización; se unen a un viejo capo para ascender. Obtienen el poder con el miedo, la violencia y las armas. Se trata de una novela sobre la realidad, una crónica ficcional de una ciudad en la que la sangre se paga con sangre. Una vez más, el destino aparece escrito en forma de reformatorio, prisión o tumba: la tragedia de vidas acortadas en la modernidad tardía.

El libro En mer, pas de taxis, de Roberto Saviano, publicado en 2021, restablece los factos de su participación en navíos humanitarios en el canal de la Sicilia, en 2017. Centenas de migrantes fueron socorridos, pero Europa se quedaba ausente, y algunos italianos de extrema derecha estigmatizaron los migrantes y hablaron de una invasión planificada. La expresión “taxis del mar” aparecía. Roberto Saviano participó del debate público y se convirtió en un blanco de la extrema derecha italiana. El escritor afirma, a través de palabras y de fotografías:

Todo esto nos concierne, todo esto constituye para nosotros una información preciosa. El mensaje que nos llega puede tornarse el carburante que posibilita cambiar el curso de las cosas o la piedra funeraria que significará su inevitabilidad fatal. A nosotros de decidir (Roberto Saviano, En mer, pas de taxis, 2021).

La periodista mexicana Anabel Hernández escribe Los señores del narco en 2010. Leemos narrativas sobre la complicidad de círculos políticos, policiales, militares y empresariales con el crimen organizado en México. Cuestiona la “guerra contra las drogas” que el Gobierno Federal ha desatado, desde 2006, contra el narcotráfico, y examina el origen de la sangrienta lucha por el poder entre grupos criminales. Exhibe en detalle la trayectoria de los capos hermanos Beltrán Leyva, Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Sorprendentemente, El traidor: el diario secreto del hijo del mayo, de 2019, de Anabel Hernández, nos revela que, en enero de 2011, fue contactada por uno de los abogados de Vicente Zambada Niebla, “El Vicentillo”, quien estaba siendo juzgado en un tribunal de Chicago. La intención era compartir documentos e informes que aclararían varios episodios de Los señores del narco. El autorretrato de payaso, portada del libro, aparece en los diarios realizados por Vicentillo durante su colaboración con el gobierno de Estados Unidos. El capo reconstruyó su historia y la del cartel de Sinaloa: cómo funciona el sistema interno de la organización criminal, violencia y formas de narcotráfico. Expone la complicidad entre políticos, empresarios y agentes del orden. Al cabo, revela el perfil del rey del narcotráfico: Ismael “El Mayo” Zambada, padre de Vicentillo, quien nunca fue detenido.

El periodista guatemalteco Lafitte Fernández, en Crimen de Estado: el caso PARLACEN, de 2011, desnuda los hechos sobre el brutal asesinato en Guatemala, el 19 febrero de 2007, de cuatro salvadoreños, tres de ellos diputados al Parlamento Centroamericano (PARLACEN). ¿Fue a causa del narcotráfico, crimen organizado o de grupos de exterminio dentro del Estado? Las hipótesis que forman la columna vertebral de este libro las elaboró un grupo multidisciplinario de investigadores profesionales, de varias nacionalidades, contratados por Naciones Unidas mediante la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

En los anexos, hay una reveladora entrevista a Rodrigo Ávila, exdirector de la policía salvadoreña, y la confesión, por primera vez de forma íntegra, de Javier Figueroa, exsubdirector de la policía guatemalteca, sobre grupos de exterminio dentro del Estado. Una serie de documentos secretos de la CICIG que muestra el rumbo original de las investigaciones sobre el caso PARLACEN y otros crímenes relacionados. Una vez más, la violencia del Estado se hace presente en la historia latinoamericana.

El periodista mexicano J. Jesús Lemus escribe Los malditos: crónica negra desde Puente Grande, en 2013, desde su experiencia personal de encarcelamiento. En 2008, cuando Jesús Lemus dirigía el periódico El Tiempo de La Piedad, de Michoacán, publicó notas que irritaron a las autoridades locales. La venganza de los poderosos fue contundente: le fabricaron cargos criminales y lo enviaron al penal de máxima seguridad de Puente Grande (Jalisco). Allí padeció los brutales mecanismos punitivos del sistema penitenciario mexicano. Después de varios años, Lemus consiguió la libertad.

En Los malditos, registra las conversaciones que sostuvo con los miembros de la llamada “selección nacional del crimen”: Daniel Arizmendi, “El Mochaorejas”; “El Duby”; Juan Sánchez Limón; Alfredo Beltrán Leyva, “El Mochomo”; Daniel Aguilar Treviño, el asesino confeso de José Francisco Ruiz Massieu; Mario Aburto; Rafael Caro Quintero; “El Gato”, y revela cómo eran los días en el penal cuando “El Chapo” Guzmán estaba preso. El otro lado del narco aparece en memorias y sufrimientos.

Humberto Trezzi, periodista brasileño, revela, en Terreno minado,[4] aventuras de conflictos y guerras: conflictos, catástrofes, rebeliones políticas y crimen organizado.

A medida que avanzamos por estas páginas, nos adentramos en las mentes de asesinos a sueldo, traficantes de drogas y ladrones, entrevistados en sus escondites. Muestra conflictos en varios países: Libia, Angola, Colombia, Haití, Timor. Reporta desastres en Santa Catarina, el Brasil y Chile. Atraviesa rebeliones políticas en Bolivia y el Ecuador, y desvela el crimen organizado en el Brasil (Río de Janeiro y Porto Alegre), el Paraguay y México.

Trezzi tiene formación literaria, de Karl May a Emilio Salgari, de Joseph Conrad a Ernest Hemingway. Buscó siempre el reportaje en situaciones de riesgo, del criminal a las guerras, buscando transmitir a los lectores los eventos que transforman el mundo, no necesariamente para el mejor. Un cronista del cotidiano conflictivo del mundo actual.

Junto con otros periodistas, escribió Os inflitrados: eles eram os olhos e os ouvidos da ditadura[5]: desvelan espiones de la dictadura militar en distintos contextos: infiltrados en los conflictos agrarios, en el estado de Río Grande do Sul, en los años 1970-1980; entrevistan a un exespía disgustado; el espionaje en un sindicato de bancarios huelguistas; los que vigilaban estudiantes militantes y exilados retornados, e incluso adentro de grupos guerrilleros. El agente secreto en la tradición de Joseph Conrad, desvelados por los cuatro hábiles periodistas, con el olfato, la constancia, la mirada diferenciada y el buen texto, además de temerarios.

Al final, hace una caracterización del reportero policial:

El reportero de la policía aún debe tener cuidado de que la noticia no contribuya a la “buena reputación” del “servicio criminal”. […]. Es en situaciones extremas, y la forma en que los seres humanos reaccionan ante ellas, siempre me ha fascinado. A veces, las personas se revelan en la urgencia. […]. Tienes que mantener tu ingenuidad en un rincón, pero mantener la pureza en tus intenciones y acciones. Tienes que hablar con el malandrín, sin deslizarte hacia la acción malandra. Hay que circular con un policía, sin olvidar nunca: un periodista no es un policía. Tienes que tener tacto para hablar con alguien que perdió a un familiar hace unos minutos. […]. Pero la profesionalidad de informar requiere distancia, incluso para intentar informar de manera imparcial. Incluso si no existe la imparcialidad, es necesario buscarla. […] ¿Y quién, después de todo, puede hacer el reportaje policial? Personas que combinan humanismo y curiosidad por situaciones extremas (Trezzi, Em Terreno minado, pp. 338-340).

La argentina Selva Almada nos trae una narrativa pungente: Chicas muertas, de 2014. Tres crímenes ocurridos en el interior del país y tres muertes sin culpables, mientras la Argentina festejaba el regreso de la democracia: Andrea, María Luisa y Sarita.

Yo tenía trece años y esa mañana, la noticia de la chica muerta, me llegó como una revelación. Mi casa, la casa de cualquier adolescente, no era el lugar más seguro del mundo. Adentro de tu casa podían matarte. El horror podía vivir bajo el mismo techo que vos. En los días siguientes supe más detalles. La chica se llamaba Andrea Danne, tenía diecinueve años, era rubia, linda, de ojos claros, estaba de novia y estudiaba el profesorado de psicología. La asesinaron de una puñalada en el corazón. Durante más de veinte años Andrea estuvo cerca. Volvía cada tanto con la noticia de otra mujer muerta (Selva Almada, Chicas muertas, p. 8).

Luego, reporta los dos otros casos. Permanece la duda de si Sarita sigue vive, el algún lugar del país o del extranjero:

Un verano, pasando unos días en el Chaco, al noreste del país, me topé con un recuadro en un diario local. El título decía: A veinticinco años del crimen de María Luisa Quevedo. Una chica de quince años asesinada el 8 de diciembre de 1983, en la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña. María Luisa había estado desaparecida por unos días y, finalmente, su cuerpo violado y estrangulado había aparecido en un baldío, en las afueras de la ciudad. Nadie fue procesado por este asesinato. Al poco tiempo también tuve noticia de Sarita Mundín, una muchacha de veinte años, desparecida el 12 de marzo de 1988, cuyos restos aparecieron el 29 de diciembre de ese año, a orillas del río Ctalamochita, en la ciudad de Villa Nueva, en la provincia de Córdoba. Otro caso sin resolver (Selva Almada, Chicas muertas, p. 8).

Sin embargo, estos casos dan lugar a una investigación infructuosa: “Hace un mes que comenzó el año. Al menos diez mujeres fueron asesinadas por ser mujeres. Digo al menos porque estos son los nombres que salieron en los diarios, las que fueron noticia” (Selva Almada, Chicas muertas, p. 78).

Algo desconocido afloraba, aunque a las escondidas conversaciones de madre e hija, escribe la narradora: “No recuerdo ninguna charla puntual sobre la violencia de género ni que mi madre me haya advertido alguna vez específicamente sobre el tema. Pero el tema siempre estaba presente” (Selva Almada, Chicas muertas, p. 22).

La narrativa es entrecortada por detalles de la vida cotidiana de esas mujeres pobres y de hombres de la vecindad. Hay sufrimiento de mujeres y de hombres. Tiene sucesivos relatos de abusos, humillaciones, acosos sexuales de las empleadas domésticas por los hombres de la casa, reiteradas violaciones, las amenazas de los motoristas en viajes a dedo de mujeres jóvenes y muertes: “Tres adolescentes de provincia asesinadas en los años ochenta, tres muertes impunes ocurridas cuando todavía, en nuestro país, desconocíamos el término feminicidio” (Selva Almada, Chicas muertas, p. 8).

El narrador, a parte de los viajes por las ciudades de las provincias donde ocurrieran los asesinatos, recurre a los videntes, que le susurran:

En algún momento de su vertiginosa carrera, ya por la velocidad, ya porque se mete en las aguas de un arroyo para cruzarlo, ya porque la luna le hiere directamente en un costado, el lobo se transforma en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas. Tal vez esa sea tu misión: juntar los huesos de las chicas, armarlas, darles voz y después dejarlas correr libremente hacia donde sea que tengan que ir (Selva Almada, Chicas muertas, p. 21).

Además de revelar los caminos indescifrables de la investigación criminal y la tardanza de la justicia, evoca los sucesos novelescos a la Chandler. Al final, la prosa nítida de Selva Almada plasma lo invisible, las formas cotidianas de la violencia contra niñas y mujeres en la Argentina democrática:

Tres velas blancas. Mi adiós a las chicas. Una vela blanca para Andrea. Una vela blanca para María Luisa. Una vela blanca para Sarita y si Sarita está viva, ojalá que sí, entonces esta vela es para esa chica sin nombre que apareció hace más de veinte años a orillas del río Ctalamochita. Un mismo deseo para todas: que descansen (Selva Almada, Chicas muertas, p. 78).

El mexicano Sergio González Rodríguez escribió, entre otros, dos libros capitales: Huesos en el desierto, en 2002, y El hombre sin cabeza, en 2009. (Barcelona: Anagrama). Huesos en el desierto trae la sociedad de Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, en la frontera entre México y Estados Unidos. Es una historia de crímenes brutales. La crónica periodística investigaba asesinatos en serie desde la década de los 90 del siglo xx: niñas violadas y torturadas, cuyos cuerpos son arrojados al desierto. Se devela una trama de complicidad y silencio entre asesinos, policías, autoridades locales, élites y el Gobierno Federal.

El hombre sin cabeza recapitula una narrativa de múltiples resonancias culturales y políticas sobre la violencia: las decapitaciones realizadas por los sicarios del narcotráfico en México. El acto de decapitar representa la pérdida de la razón. El autor estudia los fenómenos de la brujería y los sacrificios humanos de los narcos: los cuerpos de las víctimas como un mensaje cruel, acompañado por el surgimiento de un culto criminal: la Santa Muerte. Leemos testimonios de sicarios y de un cortador de cabezas. El narrador maneja la crónica, el ensayo y notas autobiográficas alternadamente, convirtiendo el material periodístico en una práctica literaria excepcional, lo que no impidió que Sergio González Rodríguez fuera amenazado de muerte y obligado a desplazarse periódicamente.

El escritor mexicano Jorge Volpi publica Una novela criminal, en 2018, después de un trabajo de investigación, con múltiples fuentes, y devela la trama subyacente de lo que parecía una detención más de dos secuestradores en México.

El 9 de diciembre del año 2005, dos cadenas de televisión mexicanas, Televisa y TV Azteca, emiten en directo la detención de Israel Vallarta y su novia –o exnovia–, Florence Cassez, y la liberación de tres personas a las que tenían secuestradas en el rancho Las Chinitas. En el México de los años 2000, los levantones eran frecuentes. El operativo puesto en marcha fue de la Agencia Federal de Investigación. Todo es, sin embargo, una farsa, un montaje: fueran detenidos, en realidad, horas antes, en otro lugar. Han sufrido torturas, se les negarán sus derechos y la lista de acusaciones irán en aumento. Volpi escribe:

Lector, estás por adentrarte en una novela documental o novela sin ficción. […]. Para llenar los incontables vacíos o lagunas, en ocasiones me arriesgué a conjeturar –a imaginar– escenas o situaciones que carecen de sustento en documentos, pruebas o testimonios oficiales: cuando así ocurre, lo asiento de manera explícita para evitar que una ficción elaborada por mí pudiera ser confundida con las ficciones tramadas por las autoridades (Jorge Volpi, Una novela criminal, p. 11).

Volpi escribió una novela sin ficción, pero con consecuencias sociales, periodísticas, policiales, políticas y diplomáticas, pues la detención de Cassez, ciudadana francesa, provoca la reacción del presidente francés Nicolás Sarkozy, de la primera dama Carla Bruni y de actores como Alain Delon o Marion Cotillard. Incluso con audiencias entre los dos, irónicamente con la misma obsesión por la “seguridad pública”, el francés exige la liberación de la ciudadana francesa. Una novela criminal, de Jorge Volpi, es un enorme ejercicio que expresa literariamente la corrupción policial y política en México. Fue conocido como el caso televisivo del Zodíaco:

En el universo bipolar que comienza a ser llamado “caso del Zodiaco” distingo dos espacios contrapuestos: el que los espectadores ven –o, más bien, se les obliga a ver– en televisión y el que se les oculta o escamotea. De un lado, las imágenes que los medios exhiben como verdades incontrovertibles y, del otro, aquellas que permanecen en las tinieblas. En escena, el espectáculo público, heredero de las ejecuciones de antaño y detrás su maquinaria secreta: lo visible y lo invisible determinados, a su antojo, por el poder (Jorge Volpi, Una novela criminal, p. 109).

Leemos la violencia del Estado al inventar acontecimientos, hacer la producción del “falso positivo”, del invisible visible, con la complicidad de medios de comunicación, y los responsables de la policía fueron más tarde encarcelados por diversas razones, incluida la complicidad con los carteles.

Cristian Alarcón, periodista argentino, publica Cuando me muera quiero que me toquen cumbia: vidas de pibes chorros en 2003. La muerte de un chorro, Víctor Manuel “el Frente” Vital, de diecisiete años, acribillado por la policía en la periferia de Buenos Aires, el 6 de febrero de 1999, produce un mito de bandolero social. Él repartía lo que robaba entre los vecinos de la villa miseria, y originó un particular tipo de santo capaz de obrar milagros, además de las divinidades afrorreligiosas.

Como si él y su poderío místico incluyeran la condena y la salvación, el mito de Frente Vital me abrió la puerta a la obscena comprobación de que su muerte incluye su santificación y al mismo tiempo el final de una época (Cristian Alarcón, Cuando me muera quero que me toquen cumbia: vidas de pibes chorro, p. 16).

Una narrativa acerca de la violencia policial, los traficantes de menudeo, el robo de zapatillas, el tráfico de drogas, los pasajes por la cárcel, llegando a la solidaridad y la traición: la muerte anunciada de los rotulados como peligrosos. Si Florence Cassez vive en libertad en Francia, Israel Vallarta sigue en la cárcel.

El título siguiente de Cristian Alarcón, Si me querés, quereme transa, de 2010, penetra en el mundo de una guerra interminable del comercio de la droga a menudeo en una villa miseria de Buenos Aires, la lógica de la “transa desesperada”, llena de treguas inciertas y triunfos volátiles, en la que sus participantes nunca saben qué les puede suceder mañana. Cinco clanes se disputan la distribución de cocaína: los Alcira, los Reyes, los Aranda, los Chaparro y los Valdivia. Un mundo lleno de santos, el Señor de los Milagros, de liturgias paganas, de la umbanda. Alcira los sobrevive con astucia y sin miedo a la muerte:

Y así, de golpe y porrazo tuve que entender este negocio: una máquina que mata, que elimina, capaz de perder al ser humano, porque da poder, más poder que ningún otro. Cualquier cosa es poca al lado de semejante negocio. Es tenerlo todo hoy. Perderlo todo mañana (Cristian Alarcón, Si me querés, quereme transa, p. 20).

Trae las masacres entre narcos, aparecen los exsenderistas que vinieron de Lima, a partir de 1990, y los paraguayos. Se desarrolla una memoria del Sendero Luminoso, desde los 80, en Ayacucho, en el Perú, y los atentados con bombas en Lima, con testimonios y referencias a La cuarta espada, de Santiago Roncagliolo.

Cristian Alarcón consigue expresar los matices, los desplazamientos, las pausas dramáticas y las invenciones lingüísticas del lunfardo bonaerense. Expresa, como periodista literario, una manera violenta de sobrevivir, con personajes tan variados como los policías violentos, los sicarios o los violentólogos, escenarios llenos de ganancias, venganzas y muertes. Las violencias políticas y del narco se entrecruzan en el paisaje latinoamericano.

El periodista brasileño Allan de Abreu publicó Cocaína: a rota caipira, en 2017. Escribe sobre la ruta del mercado de la cocaína en el Brasil, en el interior del estado de São Paulo y en el Triângulo Mineiro, estado de Minas Gerais. Por allí, se conectan a la ruta del narcotráfico internacional. La región es un punto estratégico, un camino entre los países productores de drogas –Colombia, Bolivia, el Perú– por un lado, y los grandes centros de consumo –São Paulo y Río de Janeiro– y de exportación a Europa y África, por el otro. El periodista entrevistó a policías, jueces, fiscales, traficantes y cocaleros en el Brasil, el Paraguay y Bolivia, y reunió miles de documentos.

Puede entonces desvelar el ascenso y la caída de los grandes barones del polvo; su creatividad en el arte de eludir a la policía, pues la cocaína se convierte en tela e incluso en plástico; el drama de las “mulas”, los traficantes de menudeo al servicio del narcotráfico; la organización empresarial de grupos criminales, tales como el PCC; los mecanismos de blanqueo de millones de dólares, y la corrupción del aparato represivo, desde la policía hasta el Poder Judicial. Múltiples y crueles historias que confluyen en el paisaje rústico, la ruta “caipira”.

El libro del periodista Bruno Paes Manso y la socióloga Camila Nunes Días (ambos brasileros) A Guerra – A ascensão do PCC e o mundo do crime no Brasil, de 2018, es un verdadero libreto del fracaso del modo de seguridad pública en el Brasil. Las entrevistas con miembros del PCC revelan el interior de las organizaciones criminales; los autores obtuvieron informes inéditos y cuentan la historia desde un ángulo revelador. Quien tomó la iniciativa en el proceso fue el PCC (Primer Comando de la Capital), creado en 1993, meses después de la Masacre de Carandiru, cuando 111 presos fueron asesinados por la policía militarizada.

Como resultado, describen con detalles inusitados las actividades de las facciones criminales: el negocio del narcotráfico, las pugnas entre facciones –PCC (Primeiro Comando da Capital); CV (Comando Vermelho), cuyo número llega a más de sesenta en todo el país– y con sus tribunales del crimen propios. Desde 2017, las rebeliones en presidios brasileños proliferaron y la ola de muertes fueron muchas veces divulgadas por redes sociales. Una empresa económica y una organización social, de “hermanos” que deben ser bautizados y un organograma de “sintonías”:

Com o PCC, o crime passaria a se organizar em torno de uma ideología: os ganhos da organização beneficiariam os criminosos em geral. De acordo com essa nova filosofia, em vez de se autodestruírem, os criminosos deveriam encontrar formas de se organizar para sobreviver ao sistema e aumentar o lucro. O ‘crime fortalece o crime’ é uma das máximas do PCC (Bruno Paes Manso y Camila Nunes Días, p. 12).

Administradas desde dentro de las cárceles, las facciones criminales se hicieron profesionales y comenzaran a dictar las reglas del crimen en las cárceles, muchas veces administrando galerías carcelarias y las rebeliones eventuales. Emiten comunicados, los “salves”, como protocolos de acción. Asimismo, ejercen su justicia, mediante en rito de los debates, que pueden resultar en ejecuciones:

Os “debates”, mesmo que inspirados nos tribunais, criaram uma semántica própria a partir do dia a dia nas cadeias, que sempre buscou reforçar essa diferença. A coletividade criminal precisava estar representada no ritual. A ‘cobrança’ aos desviantes só poderia ocorrer depois que os “irmãos” conversassem e avaliassem o quadro e as diferentes “visões”da acusação e da defesa. Assim, eles poderiam apurar a “verdade” e establecer as “consequências” que o acusado deveria asumir em razão do que fez (Bruno Paes Manso y Camila Nunes Días, p. 116).

Expandieran sus poderes extramuros, imponiendo pautas de conducta y de retribución y, recientemente, ha estado imponiendo su poder en otras regiones del país. Sin embargo, se han internacionalizado y establecido vínculos con carteles en Bolivia, el Perú y Colombia.

La periodista Daniela Arbex escribió un libro sobre la impunidad: Todo dia a mesma noite: a história não contada da boate, de 2018. Se trata de una narrativa sobre la tragedia en la ciudad de Santa María (Río Grande do Sul), el día 27 de enero de 2013, donde hubo 242 muertos en el incendio de la discoteca Kiss.

La autora necesitó de cientos de horas de testimonios de sobrevivientes, familiares de las víctimas, trabajadores de rescate y profesionales de la salud, escuchados por primera vez en este libro, para sentir y comprender la verdadera dimensión de la tragedia.

La narrativa configura un memorial contra el olvido de esa noche oscura: las puertas cerradas por seguridad privada; el momento en que la gente se apiñaba en los baños para tomar aire; el gimnasio donde los padres iban a recoger a sus hijos muertos; los hospitales donde la gente intentaba salvar vidas. También fue en busca de los que siguen vivos, en los días siguientes, de las consecuencias de descuidos banalizados por empresarios, políticos y ciudadanos. Hasta hoy día, sigue la morosidad de la justicia, y se perpetúa la impunidad.

Este libro A república das milicias, de Bruno Paes Manso (2020), reconstruye las formas violentas de gestión de negocios y de territorios en el Brasil. Se suceden los personajes involucrados: sicarios, policías, expolicías, traficantes, políticos, liderazgos comunitarios y sobre todo las víctimas. Coexisten la ausencia del Estado y el acaparamiento del dispositivo del Estado, sea por elecciones, por corrupción o por la violencia policial. Apoyándose en vasta documentación y referencias bibliográficas, incluso en entrevistas con algunos actores, el transcurrir de las páginas desdobla los detalles de este entrecruzamiento de negocios y micropoderes con el funcionamiento de las “oficinas del crimen”.

Este periodismo político traza un histórico de tales fenómenos, desde los grupos de exterminio, los “escuadrones de la muerte” de los años 60, de los esbirros de la dictadura al mundo del narcotráfico y de la trata de personas y de armas desde el siglo XVIII llegando a las organizaciones criminales de molde empresarial, incluso en competición armada con los grandes grupos criminales en los territorios de las grandes ciudades, y alcanzando el mundo de la política, local y nacional, en los 2000. El hito fue el asesinato de la edil Marielle Franco y Anderson Gomes, en Río de Janeiro, el día 14 de marzo de 2018, cuyos autores, aunque ya presumidos, permanecen todavía impunes. Pero empiezan las milicias a aparecer en otras grandes ciudades brasileñas. Se desdoblase así una cultura política autoritaria que ejerce la confrontación violenta, el sicariato, los asesinatos, la diseminación de las armas, el racismo y el recurso a la producción industrial de fakenews.

Un entrevistado, “el Lobo”, exmiliciano, expone en detalles todas las actividades de la milicia, llegando Bruno Manso a una conclusión visceral:

A violencia, vista desta ótica, gana um papel instrumental. Quando imposta pela defesa de uma causa coletiva, em favor dos mais fracos, ajuda na garantía da orden e da obediencia às regras. Como uma ação pedagógica. O homicidio ensinaria aos demais o destino dos ladrões que ousavam desobedecer (Bruno Paes Manso, A república das milicias, p. 293).

Este milicianismo está en el origen de la victoria presidencial de 2019, ahora asociado a una propuesta neoliberal dependiente de la economía –ejerciendo la desestructuración del Estado de bienestar y de la economía estatal–, así como a una pauta conservadora de las costumbres sociales. Está producido, así, el modo del milicianismo neoliberal dependiente y conservador, quizás repetido en muchos países del continente latinoamericano[6].

Ana Paula Araújo, periodista brasileña, escribió Abuso: a cultura do estupro no Brasil, publicado en 2020. Formula las siguientes indagaciones: ¿por qué la violación sigue siendo un delito tan común en la sociedad brasileña? ¿Por qué es tan difícil presentar una denuncia?

Luego de cuatro años de investigación, recorriendo el país y haciendo cerca de 100 entrevistas, escribe un relato que trata sobre el miedo y la vergüenza de las víctimas, cómo son juzgadas y muchas veces culpadas por la sociedad y los poderes públicos:

Toda mulher convive com o fantasma do abuso sexual. […]. Estupro é o único crime em que a vítima é que sente culpa e vergonha. Sim, é crime, mas é algo tão comum e normalizado em nosso país […] que quem o sofre acha que é culpado por ele, uma vez que a sociedade em sí também alimenta essa mentalidade (Ana Paula Araújo, Abuso, p. 11-12).

Las víctimas son de todas las edades y clases sociales, los actos acontecen tanto en el espacio público como doméstico, y la mayoría de los agresores son conocidos de las víctimas. Subraya las dificultades para denunciar, y las formas de superar el trauma, con muchos rasgos de introversión:

Mas um sintoma que encontrei em todas com quem conversei foi a introversão. Em maior ou menos grau, todas sentiram a necessidade de se isolar, mesmo que apenas por um período, o que acaba afastando até a ajuda de pessoas mais próximas. […]. Mais do que isso, a vítima sente uma vontade profunda de se esconder, uma sensação de que é preciso se proteger do mundo, seja em relações amorosas, familiares ou de amizade (Ana Paula Araújo, Abuso, p. 253).

Concluye que la violación afecta a toda la red familiar y deja marcas en la vida de quienes la padecen. Estos actos de violencia tan recurrentes generaron una especie de cultura de la violación en la sociedad brasileña: “…o homem estupra porque existe uma cultura que o autoriza a isso. Há uma naturalização dessa dominação do homem sobre a mulher. […]. Há sempre essa relação de subordinação e dominação (Ana Paula Araújo, Abuso, pp. 288-289).

La escritora Tatiana Salem Levy publicó la novela Vista chinesa en 2021. La narrativa transcurre en Río de Janeiro, en vísperas de la Copa del Mundo de 2014 y de las olimpíadas. Adopta el estilo de una carta que el personaje Júlia escribe a sus hijos sobre la violación que sufrió en la floresta de Alto de Boa Vista, en un sitio llamado Vista Chinesa:

Ele era baixo, forte, encostou uma pistola na mina cabeça e ordenou, me segue, a mão me apertando o braço, interrompendo uma corrida e me arrastando para a floresta, aquela mata llinda, exuberante, cantada nos mais belos poemas. […]. Vejo pedaços, fragmentos daquele momento: uma clareira um cinto um tapa mina garganta folhas no céu uma boca se mexendo uma língua sapatos um peito nu um tapa um passarinho um soco um cinto folhas caindo do céu outro soco ânsia de vômito gosto ruim uma nuvem dor vai quebrar mosquitos um cheiro ruim dentro outro tapa fora dor dor dor uma jaca várias jacas um rosto os detalhes de um rosto se desfigurando um rosto (Tatiana Salem Levy, Vista Chinesa, pp. 11-12).

En seguida, Julia sale a las tontas y a locas, consigue volver a su casa, la familia la recibe, se lava; permanece muda, desfigurada. Va al hospital, después a la comisaría y empieza una interminable sesión de ver fotos, después observar sospechosos, sin nunca poder realizar el reconocimiento del violador, y la vuelta al local del crimen; además, hubo preguntas casi incriminatorias por parte de la policía.

Evoca momentos amorosos con el marido, Michel, un viaje a Cancún para esparcir. Viene su psicoanalista a escucharla, sus recuerdos fragmentarios:

Um pedaço de mim, um pedaço grande de mim havia ficado na mata, perdido, esfacelado, restos de carne, comida dos animais. […]. Está tudo escrito na minha pele, sei que está, tudo o que aconteceu, até os detalhes que eu disse que tinha contado para a policía, mas não contei, porque nunca se conta tudo, há sempre uma parte que falta (Tatiana Salem Levy, Vista Chinesa, p. 42-43).

El trauma permanece, así como la imposibilidad de identificar el agresor, un olor de muerte que permanece: Agora, ao contar essa história para voçês, me dou conta de que o luto é assim: a gente enterra na floresta, enterra na análise, enterra no trabalho, enterra na vida que segue, más há sempre uma parte que volta (Tatiana Salem Levy, Vista Chinesa, p. 94).

En fin, el recuerdo del mal:

Mas há uma coisa que extrapola o acaso: o ódio daquele homem, a violência daquele homem, a permissão que ele se dava de violar o meu corpo. Isso não é acaso. Isso foi o meu encontró fortuito com o mal (Tatiana Salem Levy, Vista Chinesa, p. 102).

Tatiana Salem Levy escribió una ficción, basada en la realidad, que ha transformado un acontecimiento de la vida de una mujer en literatura sobre la dominación masculina, en medio de la ciudad maravillosa.

Hallazgos generales de las narrativas del periodismo literario sobre la violencia

El género combina la investigación periodística con técnicas de escritura de ficción para contar historias sobre eventos de la vida real.

El periodismo investigativo y literario utiliza técnicas de relatar las escenas, el diálogo y el recurso a la tercera persona. Usa técnicas literarias en la recopilación, redacción y edición de informes y ensayos periodísticos para reproducir la realidad. Presenta una investigación minuciosa, audaz, relación con informantes, utilizando recursos narrativos y estilísticos que enriquecen la trama, conmueven y provocan indignación y emoción por la dignidad de los personajes. Hace un periodismo que revela el mundo detrás del que se encuentra en las noticias.

Podemos establecer hallazgos generales de la lectura sociológica de este conjunto de libros en las siguientes dimensiones: 1) la guerra contra los sertanejos mesiánicos y las masacres actuales; 2) la violencia urbana y las organizaciones criminales; 3) Pablo Escobar y el Cartel de Medellín; 4) las cárceles; 5) Sendero Luminoso y Abimael Guzmán; 6) la novela de formación (bildungsroman); 7) feminicidios; 8) la dignidad humana.

Por supuesto, hay un tránsito desigual entre el periodismo y el literario, algunas veces predomina el primero, en otras la obra llega a ser ficción, aunque no ficcional. Coinciden en ofrecer narrativas de la violencia contemporánea.

La guerra contra los sertaneros mesiánicos y las masacres actuales

La guerra contra los sertaneros mesiánicos ocurrió por cuatro expediciones militares contra el movimiento mesiánico de Canudos y su líder, Antonio Conselheiro (Brasil), de 1896 a 1897. Un siglo después, se repiten las masacres. Los orígenes de la creación de un sistema de exterminio, sus métodos y su conciencia, en los años de la dictadura militar datan de los “escuadrones de la muerte”, en São Paulo. En los años 90, fueron repetidos por grupos de exterminio, escuadrones de la muerte que asesinan a niños; niños y niñas torturados por grupos encargados de “mantener el orden”. Además, la sistemática violencia contra las mujeres, negros e indígenas. Y la violencia policial, la selectividad del sistema judicial y penitenciario y la gran impunidad de los delincuentes letales. También está la trata de personas, sea la trata de niñas en la Amazonía, la prostitución infantil o el cautiverio de niñas esclavas.

Fueron relatadas las condiciones violentas de vida de los Brasiguaios –los agricultores brasileños que se fueran al Paraguay: desvélanse las entrañas del poder político, económico y social paraguayo y su relación con los campesinos brasileños, atraídos por tierras. La frontera Brasil-Paraguay-Argentina fue considerada un territorio de bandidos.

También fueron registradas la violencia policial y las masacres entre narcos en las villas miseria de Buenos Aires (1990). Más reciente, está la organización de las milicias en el Brasil (2000-2020), desde negocios ilícitos hasta la configuración de un poder miliciano.

Violencia urbana en Río de Janeiro

Percibimos cómo piensan y actúan los delincuentes en las grandes ciudades brasileñas. Surgen, entonces, las organizaciones criminales o carteles: la lógica, las complejidades y el modus operandi de las corporaciones criminales; su modo de organización social, incluso con la definición de normas de conducta. Y las relaciones entre el crimen, la justicia, la policía y la política.

Dos grandes organizaciones fueren detalladas, en sus actividades económicas y sus formas de dominación: el Comando Vermelho de Río de Janeiro, mediante la historia de Juliano VP en la favela de Santa Marta, en Botafogo, y el PCC, creado en 1993, meses después de la Masacre de Carandiru (111 presos asesinados por la policía). La facción comenzó a dictar las reglas del crimen en las cárceles de São Paulo, más también llegó a diseminar su poder por las grandes ciudades, a otros territorios y hasta las fronteras.

En el caso de México, hay narrativas sobre la complicidad de círculos políticos, policiales, militares y empresariales con el crimen organizado, con la sangrienta lucha por el poder entre grupos criminales. Asimismo, la precariedad de la investigación criminal y la tortura.

La “guerra contra las drogas” del Gobierno Federal, desde 2006, hizo aumentar la violencia y los desaparecidos. En Ciudad Juárez se registran asesinatos en serie de mujeres desde la década de 1990: niñas violadas y torturadas, cadáveres son arrojados al desierto, y las decapitaciones, con sus resonancias culturales y políticas. Los relatos sobre el Cartel de Sinaloa demostraron cómo funciona el sistema interno de la organización criminal, la violencia y las formas del narcotráfico.

Aparecen acá el fenómeno de la brujería y de los sacrificios humanos: el uso de los cuerpos de las víctimas como mensajes crueles y de largo alcance. E incluso el culto: la Santa Muerte.

Las cárceles

La presencia de los narcotraficantes y sicarios en el penal de México, con su relato de trayectorias de vida, incluso de “El Chapo”. Las prisiones de São Paulo están en detalles. Por un lado, el código penal no escrito, que organiza el comportamiento de la población carcelaria, en el penal Carandiru. Por otro, la vida de los carceleros: funcionarios de prisiones que, trabajando en condiciones estrictas y a menudo poniendo en riesgo su vida, administran la prisión, y su día a día produce situaciones desconcertantes. En tercer lugar, las prisioneras, y las particularidades de los centros de detención de mujeres. Desde la dinámica asistencial y la escasez de visitas hasta las relaciones entre presos, historias de mujeres que a menudo cometen delitos en nombre de sus parejas –incluido el intento de llevar drogas a sus parejas en las cárceles masculinas en los días de visita, pero que son olvidadas por sus parejas y familias tras las rejas–. Solo llegan las madres.

Todos los relatos fundan la noción de narco-capitalismo (de Saviano). Es la lógica económico-financiera y expansionista de la camorra napolitana, una organización con ramificaciones en todo el planeta: desde el narcotráfico hasta la industria textil y el reciclaje de residuos y medicinas. Cuanto más se desciende en los círculos de la coca, más se percibe un río que fluye bajo las grandes ciudades, nace en Sudamérica, pasa por América, atraviesa África y se ramifica por Europa.

Pablo Escobar y el Cartel de Medellín

El personaje de Pablo Escobar, del Cartel de Medellín, se revela en sus múltiples roles: el negocio del tráfico de cocaína, los proyectos sociales de caridad y las campañas de los candidatos presidenciales; el nacimiento y auge de la industria de la cocaína, gracias a la cooperación de los políticos; los orígenes de las principales organizaciones y los escuadrones paramilitares. Conseguimos ver la evolución del capo: su capacidad para infundir terror, generar corrupción, los vínculos entre sus negocios ilícitos y políticos, los asesinatos de candidatos presidenciales, la invasión de la Corte y la violencia.

El epílogo viene con la guerra de Escobar contra el Cartel de Cali y el Estado colombiano, seguida por el narcoterrorismo de 1988 a 1993; la coalición de agencias y enemigos de Escobar involucrados en su caza y la reacción mundial a la muerte de Pablo Escobar, el 2 de diciembre de 1993.

Sendero Luminoso y su líder, Abimael Guzmán

Escrita por un novelista, la investigación periodística sobre el Sendero Luminoso y su líder, Abimael Guzmán, que se consideraba la “cuarta espada” del comunismo internacional, después de Lenin, Stalin y Mao. El texto intenta responder a algunas preguntas claves: ¿cómo se convirtió en un objeto de culto capaz de inspirar misiones suicidas? ¿Quiénes eran sus soldados, hombres y mujeres? ¿Cómo fue el amor y el odio entre ellos? ¿Cómo inspiró las rebeliones carcelarias?

Se trata de un relato de las relaciones humanas dentro de la cúpula de Sendero Luminoso, con información proporcionada por sus protagonistas. Además, es interesante que se registraran la migración de exsenderistas a Buenos Aires, donde establecieron el narcotráfico y reprodujeron la violencia.

La novela de formación (bildungsroman)

El aprendizaje de la delincuencia: en el caso de La Banda de los Niños, en el caso de Nápoles, una pandilla va a conquistar la ciudad. Niños de familias normales, les gustaba la ropa de marca y las zapatillas, se tatuaban el símbolo de su banda, y se alían con un viejo capo para ascender. Obtienen poder a través del miedo, de la violencia y de las armas. El destino se escribe en forma de reformatorio, prisión o tumba: la tragedia de las vidas abreviadas, similar a Río de Janeiro.

También las masacres entre los narcos a menudeo en Buenos Aires: el mito de Frente Vital y la violencia policial. En todas las narrativas, el destino se escribe en forma de reformatorio, prisión o tumba: solidaridad y traición implican la tragedia de las vidas abreviadas.

Crítica de la violencia contra la mujer

Los informes sobre violaciones y feminicidios, en el Brasil y Buenos Aires, expresan matices de experiencia personal: no buscan solo denunciar: expresan la voluntad de reconocer a las personas, así como se registrarán los impasses de las víctimas y la ineficacia de la investigación criminal. Identifícase así una cultura de la violación. Al cabo, leemos una aguda crítica de la violencia contra la mujer, de las violaciones y del feminicidios.

La dignidad humana

Lo que tienen en común esas vidas (criminales, jóvenes delincuentes, policías, políticos, periodistas, carceleros, médicos, victimas, presos) es la dimensión humana. Muchas historias de amor frágil y esquivo, pero persistente.

En suma, esos hallazgos generales de la lectura sociológica de este conjunto de periodismo literario, en el cual se incluyen algunas novelas no ficcionales, nos permiten conocer múltiples dimensiones: desde la guerra contra los sertanero mesiánicos y las masacres hasta la violencia urbana y las organizaciones criminales, así como el mundo de las cárceles. Entendemos las violencias políticas mediante los relatos del Sendero Luminoso. Pero encontramos también las novelas de formación y la denuncia de los feminicidios. Sin embargo, hay que subrayar la búsqueda de afirmar la dignidad humana, por amores pasionales y ocasionales.

Parecería, entonces, que estamos ahora bien informados para pasar al análisis de un conjunto de novelas latinoamericanas.


  1. Cunha, Euclides da (2019 [1901]). Os Sertões. São Paulo: UBU Editora/Edições SESC, 2.a Ed., Walnice Nogueira Galvão (Ed.); Cunha, Euclides da (1980). Los Sertones. Caracas: Librería Ayacucho/CLACSO (Walnice Nogueira Galvão, Comp.).
  2. Nogueira Galvão, Walnice. En Cunha, Euclides da (2019 [1901]). Os Sertões. São Paulo: UBU Editora/Edições SESC, 2a. Edição) (Walnice Nogueira Galvão, Ed.), pp. 616-633; Nogueira Galvão, Walnice (1994). No calor da hora. São Paulo: Ática, 3.a ed.
  3. Mario Vargas Llosa (1981). La guerra del fin del mundo. Caracas: Librería Ayacucho.
  4. Humberto Trezzi (2013). Em terreno minado: aventuras de um repórter brasileiro em áreas de guerra e conflito. São Paulo: Geração Editorial.
  5. Ethichury, Carlos; Wagner, Carlos, Trezzi, Humberto; Mariano, Nilton (2010). Os inflitrados: eles eram os olhos e os ouvidos da ditadura. Porto Alegre: AGE Editora.
  6. Tavares-Dos-Santos, José Vicente (2021). “Democracia y autoritarismo: el neoliberalismo dependiente conservador en Brasil”. In: Torres-Ruiz, René y Salinas-Figueiredo, Darío. Crisis política y democracia en América Latina. México: Siglo XXI / CLACSO; Tavares-Dos-Santos, José Vicente; Marenco, André. “Autoritarismo y democracia en Brasil: desarrollo inclusivo y dependencia conservadora neoliberal”. Contextualizaciones Latinoamericanas. Guadalajara, Universidad de Guadalajara, Año 11, número 22, Enero-Junio 2019, 83-91. ISSN:2007-2120.


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