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Introducción

La sociología de la novela, la microfísica de la violencia y la novela de la violencia

La relación entre sociología y literatura siempre ha sido de conflictos y complementariedades. La sociología se constituyó a través de un difícil diálogo entre culturas: la literatura realista y la ciencia darwiniana (Lepenies, 1996), ya sea porque los novelistas se veían a sí mismos como sociólogos (Dubois, 2006) o porque la narrativa novelística era más que una descripción. Desde las novelas realistas de Balzac, Dickens, Stendhal y Flaubert hasta el naturalismo de Zola apareció en los escritores la ambición de reconstruir social e históricamente la “comedia humana”. La empresa literaria fue integral (Auerbach, 2007).

La complementariedad data de finales del siglo xix, cuando se consolidó una nueva episteme sobre el conocimiento de la realidad y las irrealidades que la configuran. Esta empresa fue compartida por el psicoanálisis, la sociología y la novela policíaca (Boltanski, 2012).

En otras palabras, ya sea como un desafío para entender la “comedia humana” o como una forma de descubrir el inconsciente, el fetichismo de la mercancía o el enigma de la modernidad, la sociología y la literatura caminan por la encrucijada de la imaginación sociológica.

Al final de esta introducción, vamos a discutir la relación que los sociólogos latinoamericanos establecerán con la literatura. En suma, toda esta introducción versa sobre el conflicto y la complementariedad entre la sociología y la literatura.

La fabricación de la novela

El surgimiento de la novela forma, desde el siglo xviii, con la novela de aventuras inglesa (Defoe, Hilferding), una de las primeras expresiones de la sociedad del individuo, que llegaría a asumir una mayor concreción debido a la Revolución francesa, o el surgimiento de una socialidad “desde abajo” o mediante la figura de Napoleón Bonaparte, cuya trayectoria se plasmó en las grandes novelas realistas del siglo XIX (Dubois, 2000; Robert, 1972).

La forma novedosa del contenido estaba compuesta por un enigma social, con alcance y detalle, que lo acreditaba como conocimiento y medio para transformar el mundo, lleno de historicidad y de una duración en el tiempo.

La novela realizó una manera de reconstruir el objeto social marcado por lo plurilingüe, en un esbozo de una gran narrativa totalizadora. La forma estructurada de la narrativa de la novela implica lenguaje, escritura, intertextualidad y metalenguaje, utilizando alegoría, metonimia y plurilingüismo, en una perspectiva universal (Bakhtin, 1993).

El emprendimiento decimonónico permitió la autonomía de la literatura, la constitución del campo literario con la aparición de una dimensión moral del realismo, y con una gran audiencia de folletos que coincidía con el individualismo de la sociedad moderna en ciernes (Watt, 2007; Bourdieu, 1998). Al mismo tiempo, posibilita la creación de la ilusión del “arte por el arte” como producto de la historia, es decir, efecto de la realidad, con autonomía de la literatura.

En cuanto género en desarrollo, el incompleto y la fluidez de la novela configuran una nueva sensibilidad del tiempo. Es decir, el presente se revela como historia, como libre invención y ficción histórica, aunque sus coordenadas temporales expresan un horizonte inacabado (Bosi, 1999).

De esta manera, la novela realista expone las relaciones entre hombres y cosas y las relaciones sociales: los personajes están en un mundo relacional. Los escritores siempre trajeron en sus escritos la violencia del pasado inmediato, y representaron al hombre incrustado en una realidad política social y económica concreta. De ahí una sensibilidad crítica, al revelar el desacuerdo del hombre, en su experiencia personal, con la sociedad, así que había una moral y una política en el realismo (Auerbach, 2007, p. 462).

Los temas de la novela realista fueron recurrentes: el sexo y la regulación social de las relaciones eróticas; dinero y poder; violencia, crimen y castigo. Presenta un espacio social con varios modos de diferenciación social, distanciamiento social y varios criterios de diferenciación en el espacio social, incluyendo las relaciones familiares: el infante y el bastardo, el narcisismo y el complejo de Edipo (Robert, 1972) o la relación con el padre (Kafka).

En otras palabras, la novela retrató, desde el principio, los conflictos individuales y la vida cotidiana, ya que, al dirigirse al individuo fuera de la sociedad, la novela favoreció el tratamiento de problemas reservados, de conflictos internos. La novela pasó a caracterizarse por desplazamientos y mediaciones, y por expresar una mimesis de la realidad social (Auerbach, 2007).

La sociología de la novela

La sociología de la novela busca explicar la relación entre la forma y la estructura del entorno social por establecer por el escritor, el individuo que logra crear un universo imaginario, coherente, cuya estructura corresponde a aquella hacia la que el grupo social en lo que vive está orientado.

Encontramos la construcción del objeto social en torno a una problematización o un enigma social, con alcance y detalle, que lo acredita como conocimiento y medio para transformar el mundo, plagado de historicidad y duración temporal.

La literatura efectuó una manera de reconstruir el objeto social marcado por el plurilingüismo, en un esbozo de una gran narrativa totalizadora (Bakhtin, 1993). En resumen, el objetivo de la sociología de la novela es reconstruir las homologías entre sociedad y forma novelística. La obra del joven Lukács buscaba una nueva correlación entre literatura y sociedad, entre contenido y forma. Sin embargo, la novela siempre estará marcada por la ambigüedad: forma una nueva sensibilidad en relación con el tiempo, al mezclar forma y contenido (Lukács, 2000). En consecuencia, se hace posible un estilístico sociológico de voces sociales e imaginarias (Bajtín, 1993). Esta ruptura y desgarro entre el mundo contingente y el individuo problemático se expresa finalmente en la novela, una narrativa similar a las explicaciones sociológicas desde el siglo xix. Nos encontramos con la intertextualidad, un diálogo universal entre textos de distintas sociedades y épocas.

La sociología de la novela se puede resumir en las siguientes proposiciones, según Goldmann:

  1. Homología de estructuras con la libertad individual, es decir, un equilibrio entre el sujeto de la acción literaria y el objeto social en el que actúa.
  2. La relación entre la forma novedosa y la estructura del entorno social la establece el escritor, el individuo que logra crear un universo imaginario, por plausible que sea, homólogo a las estructuras mentales de ciertos grupos sociales (Goldmann, 1976, p. 15; Frederico, 2006, p. 72).
  3. El estudio sociológico, estructural y genético, es decir, trasladar dos movimientos a la literatura: la comprensión y la explicación.
  4. La categoría de mediación es fundamental en este empeño, ya que se interpone entre la vida económica de la sociedad y las creaciones culturales.

El paso por la mimesis consiste en percibir la figuración de la sociedad y del individuo, ya que la obra literaria expresa la conciencia posible; es decir, la obra literaria es la conciencia del sujeto como individualización de una compleja red de relaciones entre varios individuos. Se trata de estudiar la correspondencia entre la unidad expresada por la creación cultural, el artista o el escritor y la evolución de la estructura de una sociedad determinada (Auerbach, 2007). El paso por la mimesis consiste en percibir la figuración de la sociedad y del individuo.

  1. La novela del siglo xix produjo varias personificaciones del héroe problemático, y desveló la ruptura entre el héroe y la sociedad.

En consecuencia, nos encontramos ante un mundo secular en el que los personajes experimentan la finitud, como ha señalado la novela policíaca desde Poe. La figuración literaria aparece llena de complejidad y densidad entre lo social y el sujeto, entre las estructuras y la performance de los personajes; así, tiene una dimensión crítica inmanente.

  1. Podemos caracterizar la novela como la épica trágica, en la que la totalidad de la vida todavía presenta una búsqueda procesual de totalización, posiblemente oculta e inacabada.

En otras palabras, en una narrativa llena de ironía, el héroe problemático es demoníaco: el héroe problemático lucha entre la tarea de intentar realizar valores y un universo social hostil, una ruptura entre el individuo y la sociedad (Lukács, 2000);

  1. La novela llegó a conformar una nueva sensibilidad con relación al tiempo, mezclando forma y contenido.

De este modo, se hace posible una sociología de la novela, o un estilístico sociológico de voces sociales e imaginarias (Bakhtin, 1993). Esta ruptura y laceración entre el mundo contingente y el individuo problemático se expresa finalmente en la novela, una narrativa similar a las explicaciones sociológicas desde el siglo xix.

Entre las representaciones colectivas que constituyen la modernidad, encontramos el crimen y la violencia en las novelas de aventuras y en las novelas de lo real, en la novela policíaca y en la fotografía, desde mediados del siglo xix, así como el periodismo literario, ya en el siglo xx; y las narrativas de testimonio de las épocas de dictaduras. La novela de violencia sería una expresión del siglo xxi.

Estamos, pues, ante la posibilidad de analizar la infinita diversidad de los objetos culturales, como la literatura, el teatro, el jazz o la novela policíaca.

Una historia social del jazz en la sociedad fue escrita por Hobsbawm (2014, p. 12). Subraya que los esclavos negros han traído elementos musicales que se han mezclado con las tradiciones europeas en el Caribe. Identifica las cinco características básicas del jazz: 1) el jazz tiene ciertas peculiaridades musicales, derivadas principalmente del uso de escalas originarias de África Occidental, la escala de blues usada en la melodía; 2) el jazz se apoya grandemente en otro elemento africano, el ritmo; 3) el jazz utiliza instrumentos propios con gran originalidad; 4) el jazz desarrolló ciertas formas musicales específicas, como los blues y las baladas; 5) el jazz es una música de ejecutantes, subordinada a la individualidad de los músicos, donde la improvisación individual y colectiva tiene una gran importancia (cf. Hobsbawm, 2014, pp. 48-55). Finalmente, Hobsbawm acentúa el rasgo de protesta y de rebeldía presentes en el jazz, originario de la música de pueblos y clases oprimidas (2014, p. 332).

Tiempo después, una historia social de la novela policíaca fue realizada por Ernest Mandel, que subrayaba que “el verdadero tema de los primeros romances policiales no es el crimen o el asesinato, sino el enigma” (Mandel, 1988, p. 37). Los temas recurrentes siempre han sido el dinero, el poder, el sexo, la diferenciación y la distinción social. El problema era analítico: “El héroe de la novela policial clásica […] confronta argucia analítica con astucia criminal […]. La lógica formal reina sobre todo” (1988, p. 51). Pudo, entonces, concluir: “El desorden se vuelve al orden y este vuelve al desorden; la irracionalidad perturbando la racionalidad; la racionalidad restaurada después de las sublevaciones irracionales; en donde se encuentra el núcleo de la ideología de la novela policial” (1988: 76).

También Michel Foucault recordaba que la novela criminal en el siglo xix tenía “por función mostrar que el delincuente pertenece a un mundo enteramente otro, sin relación con la existencia cotidiana y familiar” (1975, p. 292). Ese movimiento de extrañamiento del criminal es un momento de sustitución de los ilegalismos en el que hubo la criminalización de los ilegalismos populares, o la transformación de los bandidos sociales en bandidos, aunque dorados, como Arsène Lupin.

La novela policial intenta responder a las siguientes preguntas: ¿quién es el culpable? ¿Cuál es la razón del crimen? ¿Qué procesos se utilizaron para resolver ese mismo crimen? De este modo, la estructura básica de la novela policial puede ser resumida en los siguientes puntos:

  1. Habiendo un crimen, todos son sospechosos hasta encontrar al culpable. Hay, por lo tanto, una culpa que infecta a toda la sociedad cerrada en que el crimen es cometido, culpa esta que solo es extirpada con el descubrimiento del verdadero culpable. Las historias policiales se desarrollan en ambientes muy cerrados.
  2. Una oposición clara entre el bien y el mal, tanto si la ambigüedad es mayor o menor, pero al final acaba siempre por resultar en un mundo en blanco y negro, con el bien victorioso y cierto de poseer la verdad y garantizar el orden.
  3. Para empezar, siempre hay una interrupción del flujo normal del mundo. Esta interrupción se presenta como misteriosa, con resolución aplazada, fuente de suspenso y deseo de resolución. Asume casi siempre la forma de homicidio, y produce una víctima.
  4. Otro de los elementos esenciales de la novela policial es el héroe, normalmente un agente de la autoridad o un detective privado, un héroe fuerte y profesional que se dispone a resolver este desorden temporal en nombre de la sociedad amenazada. Este héroe presenta características particulares: el profesionalismo, cierta frialdad, soledad. Además, este héroe puede ser caracterizado por cierta masculinidad agresiva y activa por una competitividad individualista, en el marco de la cual la resolución del problema es una prueba de superioridad sobre los otros individuos.
  5. Este género se apoya también en el juego inductivo-deductivo que este héroe realiza, acumulando pistas y testimonios a los ojos del lector, para al fin llegar a conclusiones que estaban implícitas en todo lo que se presentó, pero que solo él logró ver.

Borges y Bioy Casares acentuaban el significado del género policial:

Ambos géneros, el puramente policial y el fantástico, exigen una historia coherente, es decir, un principio, un medio y un fin. Nuestro siglo propende a la romántica veneración del desorden, de lo elemental y de lo caótico. Sin saberlo y sin proponérselo, no pocos narradores de estos géneros han mantenido vivo un ideal de orden, una disciplina de índole clásica (1997, pp. 7-8).

El mundo presentado por la narrativa funciona dentro de una normalidad –un orden– valorada positivamente, siendo la interrupción de esa normalidad resuelta a través de la acción del héroe, un individuo profesional y eficaz. La normalidad revela la ideología que subyace a la novela policial: el orden establecido es defendido, quien atenta contra él es castigado; cuando la verdad fue encontrada, el orden fue restablecido; la vida continúa en la vida su normalidad reconfortante, el peligro se encuentra alejado.

En esa expresión literaria de la modernidad está presente el conflicto entre la legalidad y la justicia. El hombre moderno bloquea el sentimiento de la finitud, razón por la cual la función histórica del romance policial fue de desvestir la muerte de esa trascendencia, reduciéndola a instrumento del asesino. Por otro lado, la ruptura del contrato social debe ser reparada por la justicia, como el desorden deja lugar el orden. El crimen es producto de un comportamiento humano, pues exacerba la alienación de la sociedad moderna.

Todo el problema se trastorna cuando, en la modernidad tardía, se invierten los términos de Borges y Casares, y el desorden, lo caótico, lo anómico y la violencia se configuran como patrones sociales. ¿Cuál es la representación literaria que viene a aparecer en la era de la mundialización de las conflictividades?

La microfísica de la violencia

El aporte de nuestros estudios anteriores fue haber incorporado la noción de violencia difusa a la fenomenología de la violencia, además de la violencia de Estado y la violencia contra el Estado. Desde esta perspectiva, sugerimos el concepto de “microfísica de la violencia”. Podemos considerar la microfísica de la violencia como un dispositivo de poder-conocimiento, en el que se ejerce una relación específica con el otro, mediante el uso de la fuerza y ​​la coerción: esto significa que estamos ante una modalidad de práctica disciplinaria, un dispositivo, que produce daño social; es decir, una relación que golpea al otro con algún tipo de daño; está compuesto por líneas de fuerza, y consiste en un acto de exceso presente en las relaciones de poder: las relaciones de violencia se dan en un espacio-tiempo múltiple, recluso y abierto, y establecen una racionalidad específica (Tavares-dos-Santos, 2009).

La microfísica de la violencia abarcaría diferentes fenómenos sociales: violencia, anomia, crimen, conducta desviada y castigo. Entonces podemos identificar las diversas dimensiones de la violencia: 1) violencia difusa, urbana, violencia escolar, violencia sexual, violación y crimen; 2) crimen urbano, crimen violento, homicidios y masacres; 3) organizaciones criminales, tráfico de drogas, personas y armas; 4) policía, educación policial y violencia policial; 6) sistema de justicia penal y derechos humanos; 7) políticas de seguridad pública y seguridad ciudadana; 8) representaciones sociales de la violencia y el crimen (artes visuales, cine, televisión y literatura, especialmente la novela policíaca y la novela de violencia); 9) los significados de la violencia (imágenes, prácticas y discursos); 10) racismo y discriminación; 11) la violencia política en los espacios agrarios; 12) la relevancia de las estadísticas criminales.

Este conjunto implica algunos actores sociales relevantes: víctimas, jóvenes, mujeres, negros y pueblos originarios. En consecuencia, es necesario identificar las diferentes formas de dominación, control social y resolución de conflictos, instituciones de control, modos informales de control social y los enredos de estas modalidades.

El Estado está siempre presente: la policía, la educación policial, el poder judicial, las diversas formas de legislación, las cárceles, las escuelas y las múltiples formas de participación social, en democracia representativa y democracia participativa.

Por último, pero no menos importante, están las representaciones simbólicas de la violencia: en la cultura, en los medios, en el periodismo literario, en la literatura. El pensamiento científico aparece en el derecho dogmático, la criminología positivista o el derecho alternativo y la sociología crítica. Las cifras pueden ir desde una personalidad autoritaria hasta una conciencia social punitiva o un sentimiento de inseguridad, con un atisbo, en el límite, de la figura de la seguridad ciudadana. Una cultura de la violencia difunde la personalidad autoritaria en la sociedad contemporánea, y se presenta tanto en las organizaciones criminales como en las organizaciones policiales, valorando la violencia como medio de ordenamiento social y como medio de resolución de disputas.

La sociología ha discutido cuánta violencia ha sido omnipresente en períodos de autoritarismo social desde la investigación de Adorno sobre la personalidad autoritaria en los Estados Unidos en el período de posguerra (Adorno, 2017 [1950]).

La mayor preocupación fue con el individuo potencialmente fascista, aquel cuya estructura es tal que puede hacerlo particularmente susceptible a la propaganda antidemocrática. La “personalidad autoritaria” fue la combinación contradictoria de una postura racional e idiosincrasias irracionales. La persona marcada por esta personalidad sería un tipo individualista e independiente y con una inclinación a someterse a la autoridad. En contraste con el fanático del viejo estilo, el autoritario parece combinar las ideas y habilidades típicas de la sociedad altamente industrializada con creencias irracionales o antirracionales. Surge una actitud de estigma hacia el otro: los judíos, los pobres, los locos, los negros, los indios, los grupos de adolescentes.

Llegamos, entonces, a una primera identificación: la cultura de la violencia difunde la personalidad autoritaria en la sociedad contemporánea. Tal proceso se da tanto en las organizaciones criminales como en las organizaciones policiales, valorando la violencia como medio de ordenamiento social y como medio de resolución de disputas.

En segundo lugar, incluso en momentos de ausencia de autoritarismo político, el autoritarismo social revelaría personajes de una patología o enfermedad sociales (Honneth, 2009). En su obra parte de las experiencias de desprecio, ignorancia, desprecio e injusticia. Por otro lado, reconoce las luchas sociales y las luchas por el reconocimiento. Analiza la sociedad contemporánea impulsada por luchas encaminadas al reconocimiento por parte del otro de la especificidad y dignidad de cada individualidad. Su método es la descripción del proceso de institucionalización de los comportamientos individuales: la reconstrucción normativa. Es decir, la importancia de las relaciones intersubjetivas o las configuraciones interactivas de los individuos como creadoras de una moral común. Forma parte de las tres modalidades de libertad: jurídica, moral, social. Libertad social significa que los socios en la interacción cumplen las intenciones de los demás, es decir, la distribución equitativa de las libertades individuales entre todos los miembros de la sociedad. Realiza una “reconstrucción normativa” encaminada a determinar, a través de la evolución histórica de cada uno de los ámbitos sociales, las relaciones personales (amistad, relaciones íntimas, familia), la economía de mercado (mercado y moral, consumo, mercado laboral) y la formación de la voluntad democrática (vía pública democrática, Estado de derecho democrático, cultura política).

Las patologías sociales se expresan, entre otras formas, por la violencia contra el cuerpo y el sufrimiento, lo que impulsa la búsqueda del poder emancipador de la razón (Honneth, 2015).

Llegamos a dos preguntas claves: ¿serían las prácticas de violencia un fracaso en la regulación de las relaciones de reconocimiento, o habría una “sociabilidad violenta” en marcha? (Machado da Silva, 2008; Misse, 2006; Barreira, 2008). ¿Representarían las novelas y la producción de series y novelas actuales una patología social o se convertirían en la norma social misma de la sociedad contemporánea? (Grossi Porto, 2010).

La novela de la violencia

A partir del análisis de figuras literarias en las novelas, podemos sugerir la existencia de una representación en la sociedad contemporánea basada en la violencia como norma social, y sería la expresión de una cultura de violencia socialmente legitimada.

La tradición sociológica de estudios de la novela policial nos permite sugerir que aparece otra forma de romance, la novela de la violencia, en los últimos treinta años, “a partir de un complejo de caracteres diferentes, sin preocupación de formar con el primero un conjunto lógicamente armonioso” (Todorov, 1969, p. 104).

Desde el segundo período de la novela policial, el hard boiled de los años 1930 en Estados Unidos, aparecían algunos autores que se preocupaban más por “la violencia, la brutalidad, la crueldad, el sadismo, la mutilación y el asesinato”, el roman noir, que por encontrar la solución del misterio (Mandel, 1988, p. 150).

En Colombia, algunas novelas sobre la violencia y la guerra civil entre liberales y conservadores iniciada en 1948 tenían el estilo literario de la novela de costumbres rurales (García Marques, La mala hora; Gustavo Álvarez Gardeazábal, Cóndores no entierran todos los días). En los últimos treinta años, surgen los romances en torno al mundo del narcotráfico: Fernando Vallejos y Jorge Franco.

En México, después de la novela negra de Paco Ignacio Taibo II, las novelas sobre los carteles mexicanos pasan a tener enorme presencia: Carlos Fuentes, Élmer Mendoza, Daniel Sada. En la Argentina, retomando una tradición que viene de Borges y Roberto Arlt, seguida por Rodolfo Walsh y Ricardo Piglia, al lado de Juan José Saer, encontramos a Ernesto Mallo. En Colombia, encontramos a Gabriel García Márquez y Fernando Vallejo.

Varios autores han identificado la violencia como constitutiva de la historia y la sociedad brasileñas. El libro de Lilia Moritz Schwarcz y Heloisa Murgel Starling, Brasil: una biografía (2015), actualiza una interpretación del Brasil en la que la violencia está presente. El desafío se refiere a la identidad nacional, marcada por la contradicción entre el imaginario y la realidad. En la imaginación, el país en general aparece como un espacio idílico, con un clima agradable, naturaleza y valores exóticos, sin catástrofes naturales ni odios declarados. A los brasileños les gusta definirse como un pueblo alegre, honesto, trabajador y hospitalario, producto de una civilización mestiza, colorida y plural. En la práctica, el Brasil no es y nunca fue la tierra prometida y el futuro eterno. La realidad que aparece en las noticias diarias es violenta y desigual. Las relaciones públicas y privadas están impregnadas de un racismo silencioso y perverso. La corrupción persiste como rasgo endémico de inteligencia y falta de respeto por los bienes e intereses colectivos. En otras palabras, la desigualdad social, el racismo, el “familismo” (la costumbre de transformar los asuntos públicos en asuntos privados) son rasgos que se remontan a los inicios del Brasil. Por otro lado, también lo son la diversidad cultural, el proceso de mestizaje y la lucha por construir valores republicanos y ciudadanos (Schwarcz y Starling, 2015, p. 92).

Lilian Moritz Schwarcz, en un libro reciente, sintetiza la historicidad de los rasgos del autoritarismo brasileño: esclavitud y racismo; carácter mandón; patrimonialismo; corrupción; desigualdad social; raza y género; intolerancia, y violencia (Schwarcz, 2019). La presencia de la violencia en la sociedad brasileña, en diversas modalidades, ha sido objeto de estudio durante más de un siglo de las ciencias sociales brasileñas, desde los llamados “intérpretes del Brasil” hasta los autores contemporáneos (Oliveira Vianna, Paulo Prado, Mário de Andrade, Gilberto Freire, Caio Prado Junior, Sérgio Buarque de Holanda, hasta Florestan Fernandes, Octavio Ianni, Fernando Henrique Cardoso, Maria Isaura Pereira de Queiroz y José de Sousa Martins (Botelho, 2019; Tavares-dos-Santos, 2009).

Varias son las características de esta nueva narrativa sobre la violencia. El eje del enigma sería la presencia de la crueldad en las formas novedosas en las que la violencia en las relaciones sociales adquiere centralidad. La figura del antihéroe que había emergido en la novela del siglo xx, que acompañaba las metamorfosis de la cultura, sufre una modificación formal: el héroe problemático sale de escena y su lugar está ocupado por un proceso de disolución del personaje, con varios personajes colectivos y, de un otro mundo, una serie de contrahéroes. A menudo, colocan en el centro de la acción un contrahéroe que representa una parte de la población no defendida por el sistema: un negro, una mujer, un hispano. Estas dimensiones serán verificadas en un conjunto de autores latinoamericanos contemporáneos.

Los sociólogos latinoamericanos y la literatura

La relación entre literatura y sociología siempre fue muy valorada por antropólogos y sociólogos de América Latina tan diferentes como Fernando de Azevedo, Florestan Fernandes, Octavio Ianni, Enzo Faletto, Agustín Cuevas, Darcy Ribeiro, Edgardo Lander y Norberto Lechner.

Hélgio Trindade, en su magna opera[1] destaca los conflictos y complementariedades entre la sociología y la literatura, a partir de Lepenies:

Desde mediados del siglo xix, la literatura y la sociología han estado en competencia, cada una de las cuales afirma ser capaz de guiar a la sociedad moderna […]. Esta controversia tiene un papel decisivo en la vida pública, primero en Francia, luego en Inglaterra y finalmente en Alemania (Lepenies, 1990, p. 1).

También apunta a la gran obra literaria brasileña:

A primeira grande obra, por certo, mais literária do que sociológica, mas escrita sob a inspiração biossociológica e antropogeográfica e apoiada sobre larga base de conhecimentos, e observações científicas, é, porém, o livro Os sertões, de Euclides da Cunha, que analisa o choque de culturas nos sertões da Bahia (Hélgio Trindade, Uma longa viagem pela América Latina, p. 624).

El brasileño Florestan Fernandes (1920-1995) fue un gran lector, y en ocasiones refirió a personajes de Anatole France[2]. Destaca Octavio Ianni acerca de su obra de sociología crítica:

Cabe mencionar, inclusive, a frequente referência ao caráter “sociológico” da obra de romancistas, teatrólogos, poetas: José de Alencar, Castro Alves, Machado de Assis, Raul Pompéia, Lima Barreto, Mário de Andrade, Monteiro Lobato, Graciliano Ramos e outros (Ianni, Pensamento Social no Brasil, p. 310, nota 1).

Antonio Candido, su amigo y compañero en la USP, destacaba que “Florestan tende, no entanto, a encarar a literatura em função dos seus intereses intelectuais dominantes – o que é aliás uma das suas forças” (Candido, Florestan Fernandes, p. 10)[3]. Por lo tanto, Florestan comentaba con respecto a Thomas Mann[4]:

Basta ler a quadrilogia sobre José, de Thomas Mann, para se ver que mesmo a reconstrução estética produz o mesmo resultado, onde o fluxo da vida social une o que se perpetua e o que se renova através de um padrão estático de equilibrio da personalidade, da economía, da sociedade e da cultura (Fernandes, 1978, p. 88).

Por ende, sería posible localizar en la obra de Florestan Fernandes una contribución a la sociología de la cultura –por ejemplo, las reiteradas referencias a Euclides da Cunha, autor de Os Sertões–, además de su aporte novedoso a la teoría sociológica, destaca Renan Freitas Pinto[5]:

Um segundo nível de contribuição a ese terreno de investigação é o conjunto de escritos do autor sobre intelectuais brasileiros e sobre os papéis que estes desempenham nos diversos procesos de organização da cultura (PINTO, A Sociologia de Florestan Fernandes, p. 99).

El antropólogo brasileño Darcy Ribeiro (1922-1997) recuerda sus lecturas de joven:

… quando cheguei lá em Belo Horizonte, aos 17 anos, eu cheguei falando contra o poema de Carlos Drummond “A pedra no meio do caminho”. Meu discurso era que isso não era poesia e que o bom era Olavo Bilac. Um certo dia, eu me encontrei gostando daquilo. E foi incrível, porque eu que falava tanto mal disso e mudara de opinião. Então foi uma virada. E outra virada parecida, foi quando encontrei um livro de divulgação sobre história da filosofia. Eu devorei o livro, encantado por Sócrates e Platão, e eu dizia: “Porra, em Montes Claros não tem ninguém como esse Sócrates, nem em Belo Horizonte”. Então eu comecei a procurar homens sábios (Hélgio Trindade, Uma longa viagem pela América Latina, p. 709).

El estudio del sociólogo argentino Juan Carlos Portantiero (1934-2007), Realismo y realidad en la narrativa argentina, su primer libro, publicado en 1961, se compuso de cinco capítulos, e involucró dos temas: la discusión sobre literatura y sociedad y realismo, de Lukács, Gramsci, Sartre, Lefebvre y Goldmann (capítulos I y II) y realismo en la literatura argentina del siglo xx (capítulos III, IV y V)[6]. Portantiero presenta el significado de la literatura:

… presumo que el arte es una forma peculiar de reflejo y apropiación de lo real; una manera, la más sintética y total posible, del trabajo del hombre, de la proyección de su sensibilidad y de su razón sobre la naturaleza y la sociedad (Juan Carlos Portantiero, Realismo y realidad en la Narrativa Argentina, p. 29).

Por tanto, propondrá un realismo crítico, capaz de revelar el conflicto humano en la dialéctica forma-conflicto:

Es que, solo coincidiendo con la esencia de lo real, es decir, solo mediante el realismo, podrá evitarse que en la aproximación al mundo humano renazcan las trampas del viejo naturalismo […]. Y esta es la verdadera tarea de la literatura contemporánea: desmitificar, acabar con el idealismo, integrarse a la lucha humana por la libertad, introduciendo en el contacto de la conciencia con la realidad una concepción del mundo que redescubra su esencia objetiva (Juan Carlos Portantiero, Realismo y realidad en la Narrativa Argentina, p. 53).

En la discusión de la narrativa argentina, a partir del análisis del peronismo, retoma la importancia de autores como Martínez Estrada, Roberto Arlt, David Viñas y Beatriz Guido. Puede entonces concluir que la literatura argentina padecería de un desarraigo a ser superado[7]:

Este problema de la soledad del intelectual en relación con la comunidad ha presidido nuestra tradición literaria. Ese desarraigo –aún no superado– tendría sus raíces últimas en la falta de asimilación histórica de los intelectuales a la lucha nacional –popular por causa del fracaso de nuestra revolución democrática, que debió integrar a la Argentina como entidad autónoma en el sistema capitalista mundial (Juan Carlos Portantiero, Realismo y realidad en la Narrativa Argentina, p. 53).

El sociólogo chileno Enzo Falletto (1935-2003), exponente de la teoría de la dependencia[8], se reveló como un observador de las relaciones entre la sociología y la literatura[9]:

Buena sociología y buena novela nos permiten una comprensión del mundo en que vivimos. No veo por qué tenemos que plantearnos en términos de competencia con la novela o sentirnos desplazados por la novela. La mayor parte de nosotros accedimos a la comprensión del mundo en que vivimos a través de la novela, y muchas veces nuestro modo de comprender la realidad fue ese (Faletto, Dimensiones sociales, políticas y culturales del desarrollo, p. 364).

A lo largo de sus páginas, evoca desde fray Bartolomé de Las Casas (Brevísima relación con la destrucción de las Indias) o Francisco López de Gómara (Historia general de las Indias) hasta Gabriel García Márquez (Cien años de soledad), Ernesto Sábato (Sobre Héroes y tumbas), Vargas Llosa y los chilenos Carlos Cerda (Morir en Berlín) y Leandro Urbina (Cobro revertido).

Agustín Cueva (1937-1992), destacando la relación entre literatura y política, escribe que las dictaduras latinoamericanas emergen simbólicamente de la fantasmagoría de Roa Bastos, García Márquez o Alejo Carpentier (2015, p. 211), y analiza la obra de Gabriel García Márquez en el texto La espiral del subdesarrollo en las estructuras simbólicas de El coronel no tiene quien le escriba y Cien años de soledad (1989, pp. 223-261)”[10]:

Algunos de los elementos constitutivos de esa degradación ya los hemos identificado: una burocratización casi kafkiana (“Esos documentos han pasado por miles y miles de manos en miles y miles de oficinas hasta llegar a quién sabe qué departamento del Ministerio de Guerra”), en países que ni siquiera poseen complejas estructuras modernas; una violencia que constituye el pan de cada día y no solo sirve como mecanismo de dominación terrorista, sino también como palanca de acumulación originaria dentro de un capitalismo verdaderamente salvaje (típico representante de esta forma de enriquecimiento por expoliación, don Sabas, compadre del coronel, se dedica a denunciar a sus copartidarios para poder comprar sus bienes a vil precio cuando el alcalde los expulsa del pueblo). En fin, y para que no falte una de las marcas más infamantes de nuestra historia, tenemos la presencia del capital en su forma imperialista, que solo puede ser sinónimo de depredación (Agustín Cueva, Entre la ira y la esperanza, p. 236).

En conclusión, el sociólogo de la novela Agustín Cueva –que cita a Luckács y Goldmann– resume la relevancia de la obra magna de Gabriel García Márquez al configurar el “realismo mágico”:

Cien años de soledad mantiene, sin duda, una absoluta continuidad temática con la producción anterior de Gabriel García Márquez, pero al mismo tiempo representa un salto cualitativo en la forma de su obra y, lo que es más importante, constituye un verdadero parteaguas no solo en la historia de nuestras letras sino también en lo que hoy se llamaría “el imaginario” latinoamericano (Agustín Cueva, Entre la ira y la esperanza, p. 239).

Ana María Larrea Maldonado, en su texto sobre el ecuatoriano Agustín Cueva (1937-1992), subraya:

Sua produção intelectual iniciou-se com a publicação de Entre a ira e a esperança (1967), declarado patrimônio literário da humanidade pela Unesco. Nesse livro, Cueva abriu caminhos para a construção de uma nova crítica. O ensaio sociológico sobre literatura, a crítica literária, as preocupações com o papel da cultura nas formações sociais, a identidade nacional e o papel do índio na construção nacional foram constantes em sua produção. Nessa perspectiva encontra-se seu livro Leituras e rupturas (1986), além de inúmeros artigos como “Muito além das palavras” (1967), “Dois estudos literários” (1968), “Literatura equatoriana” (1968), “Ciência na literatura ou ideologia de classe” (In: Hélgio Trindade, Uma longa viagem pela América Latina, p. 500).

En sucesivos libros, Octavio Ianni (1926-2004) analizó el labirinto latinoamericano[11]: la oposición civilización y barbarie (Domingo Sarmiento, Facundo; Euclides da Cunha, Os Sertões), y el laberinto de la soledad (Octavio Paz)[12], destacando que “também na literatura está presente a problemática cultural, em termos da peculiaridade de cada povo, ou das peculiaridades culturais das sociedades latino-americanas” (IANNI, Octavio, Revolução e Cultura, p. 30).

Enumera, entonces, algunas obras de autores del continente: Martín Fierro, de José Hernández; Huasipungo, de Jorge Icaza; Ríos profundos, de José María Arguedas; La región más transparente, de Carlos Fuentes; Vidas secas, de Graciliano Ramos; El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias; Pedro Páramo, de Juan Rulfo; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; Cotidianas, de Mario Benedetti; Yo el supremo, de Augusto Roa Bastos; El recurso del método, de Alejo Carpentier; Canto general, de Pablo Neruda; Iracema, de José de Alencar. Escribe, entonces, acerca de la imaginación sociológica[13]:

… o ato da descoberta científica é um ato de imaginação criadora. O sociólogo não pode deixar de reconhecer o valor das interpretações ou das sugestões de obras como Facundo, de Domingo F. Sarmiento ou Os Sertões, de Euclydes da Cunha (IANNI, Octavio, Sociologia da Sociologia latino-americana, p. 20).

Subraya la carnavalización de la tiranía, por medio de las novelas de los dictadores (Asturias, Roa Bastos, Carpentier, García Márquez), y concluye:

É espelho do que se espelha. Inspirado na visão do mundo do homem do povo, e trabalhando essa matéria com engenho e arte, o escritor desenha a figura em que se revela a caricatura […]. Ao inspirar a carnavalização cultural que o escritor trabalha, o povo trabalha a carnavalização do ditador e da ditadura […]. Ao imaginar o presente sob outra forma, a cultura e a arte realizam uma espécie de invenção do devir (Ianni, Revolução e Cultura, p. 104).

Quizás uno de los sociólogos brasileños que más incorporó la cultura hispanoamericana, sus palabras sobre la carnavalización de la tiranía verían a concretizarse en otros tiempos para los pueblos y razas latinoamericanos, por la fabricación cultural de la violencia.

Al retratar las dimensiones del labirinto latinoamericano, hace un impresionante recorrido por la literatura y el pensamiento social, señalando su eclecticismo y la interlocución múltiple que posibilitan la invención:

A ocidentalização da América Latina não é um proceso único, unilinear, homogéneo, tranquilo. Ao contrario, é múltiplo e contraditório, atravessado por avanços e recuos, reorientações e impasses. Parece um caleidoscópio de surprendentes espelhismos […]. Pode-se dizer que a cultura latino-americana está marcada por três tendencias mais ou menos nítidas: colonialismo, nacionalismo e cosmopolitismo (Ianni, 1993, p. 122).

En su última obra magna sobre el pensamiento social brasileño, desvela las interpretaciones acerca de la singularidad de la formación social del Brasil, analizando tanto los pensadores sociales como los literatos[14], entre los cuales se encuentran Gregório de Matos, José de Alencar, Castro Alves, Machado de Assis, Euclides da Cunha, Raul Pompéia, Lima Barreto, Mário de Andrade, Oswald de Andrade, Graciliano Ramos, José Lins do Rego, Monteiro Lobato, Cassiano Ricardo, Jorge Amado, Antonio Callado y Márcio Souza.

Es relevante la presencia de la problemática racial en la literatura brasileña:

Em Lima Barreto, ao colocar-se a condição do negro na sociedade brasileira, também se realizaba um espécie de denuncia do caráter injusto e autoritário da sociedade burguesa em formação na época. Em Callado, no seu romance Quarup, há um certo fascínio pelo índio, que aparece como um mistério, impenetrável. Na floresta, não há sinais de Sônia, que se foi com Anta. […]. O modo pelo qual se cria o negro foi registrado por Isaías Caminha, personagem de Lima Barreto. Isaías Caminha se constitui como diferente, outro, negro, na teia das relações sociais nas quais predomina o branco. Pouco a pouco, torna-se diferente do outro e de si mesmo (Ianni, 2004, p. 127).

El autor destaca las tres significaciones de la literatura, contraponiendo texto y contexto:

Primeiro, a literatura participa decisivamente da formação da sociedade nacional, articulando fatos e situações, individuos e coletividades, adversidades e façanhas, monumentos e ruínas. […] Segundo, a literatura também pode ser uma técnica de controle social. Tanto pode propiciar o conhecimento como a dominação. […] Terceiro, a literatura é inclusive uma forma sofisticada de conhecimento, no sentido da compreensão e esclarecimento, ainda que difusa e inconciente. […] Pode revelar o real e o virtual, o presente e o pasado, o possível e o impossível, antes de que os contemporâneos se dêem conta do que vai pelo mundo; prefigurando ações e sentimentos, subjetividades e entendimentos, probabilidades do ser e do devir (Ianni, 2004, pp. 184-185).

Destacando la obra de Antonio Candido, Ianni concluye en la complementariedad entre la sociología y la literatura, la realidad y el imaginario, evocando los enmarañados de la fantasía:

Nos emaranhado dos desafios que compõem e descompõem o Brasil como nação, as produções científicas, filosóficas e artísticas podem revelar muito mais o imaginário do que a história, muito menos a nação rel do que a ilusória. Mas não há dúvida de que a história seria irreconhecível sem o imaginário. Alguns segredos da sociedade se revelam melhor precisamente na forma pela qual ela aparece na fantasia. Ás vezes, a fantasia pode ser um momento superior da realidade (Ianni, 2004, p. 40).

Aníbal Quijano (1928-2018) fue otro gran analista literario como aporte al conocimiento latinoamericano, desde Mariátegui, Rulfo, García Márquez hasta Arguedas[15]:

El otro, concierne al parentesco de la obra crítico-literaria de Mariátegui, con las posiciones antiburguesas y antiburocráticas surgidas en el debate posterior al dominio danoviano del “realismo socialista”. En particular, con el “realismo crítico”, y la más reciente, anticipada en mucho por la obra de Mariátegui, discusión sobre lo “real maravilloso” o “realismo mágico”, tan actual en la crítica y la producción literaria narrativa de América Latina, y de la cual García Márquez, Carpentier, Rulfo o Arguedas suelen ser considerados como principales exponentes (Aníbal Quijano, Cuestiones y horizontes, p. 475).

También destaca el enorme aporte de Arguedas, el escritor indígena peruano:

… por su opción de un modo de elaborar la lengua (una utopía de la lengua), que resaltó llevando nada menos que en la misma dirección de los movimientos que en la propia lengua traducían los procesos de la cultura y de la sociedad peruanas […]. La utopía arguediana de la lengua solo puede ser, sin embargo, explicada sí es asumida como una dimensión privilegiada de una utopía global de la cultura y de la sociedad de Perú (Aníbal Quijano, 2020, p. 692).

El sociólogo brasileño José de Souza Martins presenta alto rigor en la investigación empírica, densidad teórica profunda y un diálogo intelectual mundial, siempre reconociendo la tensión entre lo teórico y lo empírico. En su obra, seguimos una forma de construir la sociología como práctica científica y como pasión por el sentir del mundo, con su fascinación por lo imaginario, la modernidad que no se completa.

A lo largo de sus libros menciona distintos escritores. De los países hispanoamericanos, cita a Gabriel García Márquez, Isabel Allende, José Emilio Pacheco, Juan Gelman, Juan Rulfo, Manuel Scorza, Mario Benedetti y Nicolás Guillén. Entre los brasileños, encontramos en sus páginas a Mário de Andrade, Monteiro Lobato, Ana Maria Machado, Antonio Callado, Bernardo Elís, Érico Verissimo, João Guimarães Rosa, José Candido de Carvalho, João Ubaldo Ribeiro y Márcio Souza. Entre los europeos, aparecen los nombres de Miguel de Cervantes, Roberto Louis Stevenson, Eça de Queiroz, Lewis Carrol, Franz Kafka, John Steinbeck, Thomas Mann, Georges Orwell, Robert Musil Giuseppe Tomasi di Lampedusa y José Saramago.

Al sugerir que la sociología se ocupa de las anomías, de adentro hacia afuera, evoca a algunos escritores. Por un lado, a Lewis Carroll (Alice no País das Maravilhas y Alice no País do Espelho):

… reconstituiu o imaginário da sociedade dos avessos, a modernidade que começava e da qual sua obra é um marco. Ele próprio um duplo: o matemático e o religioso, que viu o racional numa perspectiva mítica, imaginária, o racional como absurdo, o infantil como a desconstrução do adulto (Martins, 2014, p. 71).

… são documentos exemplares sobre as revelações sociológicas do absurdo e do onírico, quando em relações e atos cotidianos concepções invertidas, como nos sonhos, passam a ser o parámetro para decifrar o sentido do que ocorre (Martins, José de Souza, 2000[16], p. 80).

Además, evoca a Euclides da Cunha, ya que

não é casual que a obra maior do pensamento social brasileiro pré-sociológico tenha por título Os Sertões. Nem é casual que o sertão seja aí visto como refúgio da barbarie, dos inimigos da civilização. Sertão passou a ser um conceito político” (Martins, 2014, p. 133).

Recuerda también a Kafka, escritor de la naturalidad del absurdo[17]:

Franz Kafka está entre os autores que captaram esse viver sem sentido e sem dominio sobre o próprio ser. Em Metamorfose, Gregor Sansa acorda uma manhã duplamente reduzido à impotencia: transformado ‘numa espécie monstruosa de inseto’e de costas, incapaz de mover-se e defender-se. […] Em O Processo, Joseph K ‘sem que ele tivesse feito qualquer mal foi detido certa manhã’. […] a lógica de um invade o outro, o cotidiano se torna pesadelo” (Martins, 2000[18], p. 84, nota 95).

Subraya, aun, el realismo mágico, el real maravilloso:

… o realismo fantástico da literatura latino-americana não recorre à modernidade para trabalhar o imaginário dos avessos. Percorre as temporalidades desencontradas das estruturas sociais profundas aprisionadas pelo nosso pretérito, um mover-se sem fim para permanecer priosioneiro de um maniqueísmo persistente que nos retém no agir da permanencia (Martins, 2014, p.71).

Esse é um tema bem, latino-americano: está em Cem Anos de Solidão, de Gabriel García Marquéz, a vida diluída no descompasso de um tempo que se tornou lento e de uma consciência da lentidão; em Redoble por Rancas, de Manuel Scorza, na cerca que avança por sí mesma, como se fosse dotada de vida, cercando, privando e derrotando o homem entre um fim de tarde e um começo de manhã; está na indistinção entre o mítico e o real em Pedro Páramo e em Llano en Llamas, de Juan Rulfo; está na bela série televisa de Carlos Fuentes, El Espejo Enterrado (Martins, 2000, p. 25).

Sigue comentando a Mário de Andrade, Macunaíma, José Candido de Carvalho y O Coronel e o Lobisomem, donde no se distingue entre el real y el fantástico (p. 25). Acerca de Guimarães Rosa (Grande Sertão: veredas), escribe[19]:

Já Rosa decifra os mistérios do viver dividido, expõe os avessos da sociedade, desconstrói as harmonias censitárias, arranca o demo das profundezas do acontecer, revela-lhe a intimidade, as ocultações do vivido, seu lugar no desenrolar da vida e na trama da existencia, expõe as formas do falso, o poder do imaginário e o imaginário do poder (Martins, 2014, p. 43).

É na travessia, na passagem, no inacabado e inconcluso, no permanentemente incompleto, no atravesar sem chegar, que está presente o nosso modo de ser – nos perigos do indefinido e da liminaridade, por isso viver é perigoso” (Martins, 2000, p. 25).

Muy tempranamente, en 1970, escribe sobre los personajes de Walt Disney a fin de explicar, didácticamente, el fetichismo de la mercancía, donde las relaciones entre los hombres parecen relaciones entre cosas[20]:

Procuro descrever as relações sociais que vinculam seus varios tipos e, através do seu conteúdo, mostrar que elas hierarquizam os patopolitanos por meio de uma escala implícita de valores fundada na figura do capitalista clásico. Patinhas é o Adão desse novo Éden. […]. Tal leitura seria impossível sem a constatação preliminar de que cada personagem é, antes de tudo, mercadoria, que se vende e se compra (Martins, José de, “Tio Patinhas no centro do Universo”, p. 94).

De este modo, para José de Souza Martins, “la literatura no solamente existe en el papel, existe en la vida”. Además, propone una sociología visual, capaz de captar el imaginario, a partir de la incorporación de nuevos lenguajes, como la fotografía:

Sou fotógrafo e, quando fotógrafo, “quase vejo” a realidade desse imaginário. A modernidade é a da sociedade da aparência, da imagen, embora, sociológicamente falando, não seja apenas isso nem fundamentalmente isso (Martins, A Sociologia como aventura, p. 71).

Así es la mezcla entre literatura y fotografía:

Há certa literatura na fotografía desses autores, muito de Guimarães Rosa, de Manuel Scorza, de García Marquéz e, sobretudo, do próprio Rulfo. A fotografía não é aí apenas a escrita da luz, mas também a fala da alma latino-americana (Martins, A Sociologia como aventura, p. 208).

Destaca varias obras fotográficas: Juan Rulfo, Sebastião Salgado, Lévi-Strauss (Martins, 2000, p. 26). Publica, asimismo, una “História visual de las luchas campesinas”[21].

En otras palabras, estamos en la imaginación fotográfica[22]:

Mas há também dimensões, significações e determinações ocultas na realidade fotografada. O verossímil não é necessariamente o verdadeiro e, certamente, não é o concreto, embora seja o real. Por seu lado, ao fotografar, o fotógrafo imagina. Também o sociólogo e o antropólogo, ao fotografar, imaginam, do mesmo modo que imaginam quando fazem suas outras formas de registro, mesmo que se possa e até se deva pensar numa imaginação fotográfica (ou numa imaginação sociológica, como propõe C. Wright Mills (Martins, 2002, p. 223[23]).

A relação fecunda entre a imaginação sociológica y literatura[24] incorpora a poesía, o drama, a tragedia e a esperança; ou os linchamentos, com base em noticias y fotografías de jornais[25] .

A imaginação sociológica envolve competencia científica para dialogar interpretativamente com o imaginário social. É nesse sentido que frequentemente a literatura é uma referencia que pode fazer a ponte entre a ciência e o imaginário de determinada população a ser estudada. A diferença da Sociologia em relação à literatura, quanto a certos temas e estilos, é que compreende objetivamente o que na obra literária é compreendido imaginariamente (Martins, 2014, pp. 39-40).

Encontramos, así mismo, una vez más la complementariedad entre la imaginación literaria y la imaginación sociológica en la escena intelectual latinoamericana.

En su entrevista, el venezolano Edgardo Lander lamenta la falta de tiempo para leer novelas, una de las razones por las que opta por estudiar ciencias sociales:

Me gustaba la Física, pero era una cosa que como estudio era tan absolutamente absorbente que no había tiempo para hacer absolutamente más nada. No había tiempo para leer novelas, no había tiempo para ir al teatro, no había tiempo para… Entonces, yo decidí que mi vida no la quería así (Hélgio Trindade, Uma longa viagem pela América Latina, p. 530).

En la conversación con el sociólogo alemán-chileno Norberto Lechner (1939-2004) acerca de las condiciones del trabajo intelectual, este subraya:

Bueno, soy hijo único de una familia de clase media. Mi padre estudió matemáticas y física y después fue profesor de educación secundaria. Es un hombre culto, con gran vocación musical, pero carente de todo gusto por la literatura. En cambio, yo comencé a leer desde muy temprano. La literatura me sirvió para hacerme un espacio frente a la figura dominante –en términos normativos e intelectuales– de mi padre. Creo que esa mezcla de rigidez normativa, superioridad intelectual y reserva emocional condiciona mi formación. Al mismo tiempo tenía un talante liberal que no buscaba influir en mi modo de pensar (Hélgio Trindade, Uma longa viagem pela América Latina, p. 1370).

Lechner concluye con el elogio a la literatura:

Cuando leo El Extranjero de Camus me descubro a mí mismo en ese personaje solitario y desarraigado. Como muchos de mi generación tengo a Camus y Sartre, Brecht y Kafka como autores de cabecera. Estoy convencido de que muchas veces se aprende más de la realidad por medio de la literatura que a través de las ciencias sociales (Hélgio Trindade, Uma longa viagem pela América Latina, p. 1373-1374).

Por lo visto, hay un gran interés por parte de los sociólogos latinoamericanos por la literatura, aprovechando los contenidos de las obras literarias, pero también nutriéndose de las formas romanescas, lo que es evidente en la calidad de los textos sociológicos que han producido.

Este libro tiene el siguiente plan: se compone, inicialmente, por dos análisis más generales: acerca de las novelas de los dictadores en América Latina y sobre el periodismo literario sobre la violencia. En seguida, desdoblamos el análisis sociológico de un conjunto de autores latinoamericanos: Rubem Fonseca, Luiz Alfredo Garcia-Roza y Patrícia Melo (Brasil); Élmer Mendoza y Guillermo Arriaga (México); Jorge Franco y Juan Gabriel Vásquez (Colombia); Miguel Gutiérrez y Santiago Roncagliolo (Perú); Ramón Díaz Eterovic) (Chile); Ricardo Piglia (Argentina) y Anacristina Rossi (Costa Rica). En la conclusión, vamos a esbozar los rasgos del género novela de la violencia.


  1. Trindade, Hélgio (2021). Un largo viaje por América Latina. Invención, reproducción y fundadores de las ciencias sociales. Buenos Aires: CLACSO; Cf. Trindade, Hélgio et al. (2007). As ciências sociais na América Latina em perspectiva comparada (2. Ed. Rev.). Porto Alegre: Editora da UFRGS; Trindade, Hélgio (2013). Las ciencias sociales en América Latina. Buenos Aires: EUDEBA.
  2. Conversación personal con José Vicente Tavares dos Santos en su visita a la UFRGS, en el primer semestre de 1968.
  3. Candido, Antonio (2001). Florestan Fernandes. São Paulo: Ed. Fundação Perseu Abramo.
  4. Fernandes, Florestan (1978). A Condição de Sociólogo. São Paulo: HUCITEC.
  5. Pinto, Renan Freitas (2008). A Sociologia de Florestan Fernandes. Manaus: Editora da Universidade Federal do Amazonas.
  6. “Mis primeras pretensiones eran literarias, al punto de que mi primer libro es de crítica literaria”. En: Trindade, Hélgio (2013). Las ciencias sociales en América Latina. Buenos Aires: EUDEBA, pp. 79-112, cita pág. 83.
  7. Publica, diez años después, Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero, Estudios sobre los orígenes del peronismo, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2011 [1971].
  8. Cardoso, Fernando Henrique y FALETTO, Enzo 2003 [1967] Dependencia y desarrollo en América Latina: ensayo de interpretación sociológica (Buenos Aires: SIGLO XXI).
  9. Faletto, Enzo 2009 Dimensiones sociales, políticas y culturales del desarrollo (Bogotá: Siglo del Hombre / CLACSO).
  10. Cueva, Agustín (2015). Entre la ira y la esperanza: y otros ensayos de crítica latinoamericana. México: Siglo XXI; Buenos Aires: CLACSO.
  11. Ianni, Octavio (1993). O labirinto latino-americano. Petrópolis: Vozes; IANNI, Octavio (1983). Revolução e Cultura. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira.
  12. Trindade, Hélgio (2013). Las ciencias sociales en América Latina. Buenos Aires: Eudeba, pp. 167-187, cita p. 181.
  13. Ianni, Octavio (1971). Sociologia da sociologia latino-americana. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira.
  14. Ianni, Octavio (2004). Pensamento Social no Brasil. Bauru: EDUSC/ANPOCS.
  15. Quijano, Aníbal (2020). Cuestiones y horizontes: de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. Buenos Aires: CLACSO; Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
  16. Martins, José de Souza 2000 A sociabilidade do homem simples: cotidiano e história na modernidade anômala (São Paulo: HUCITEC).
  17. “Franz Kafka fez a mesma coisa em A metaformose, em O Processo, escritos sobre a naturalidade do absurdo” (Martins, José de Souza, Uma sociologia da vida cotidiana, p.71).
  18. Martins, José de Souza (2000). A sociabilidade do homem simples: cotidiano e história na modernidade anômala. São Paulo: HUCITEC.
  19. Martins, José de Souza (2014). Uma sociologia da vida cotidiana. São Paulo: Contexto.
  20. “Tio Patinhas no centro do Universo”. En Martins, José de Souza (2014). Uma sociologia da vida cotidiana. São Paulo: Contexto (pp. 93-103); cf. también Dorfman, Ariel y Mattelart, Armand (1972). Para leer al Pato Donald. Buenos Aires: Siglo XXI.
  21. Martins, José de Souza (1918). Os camponeses e a política no Brasil. Petrópolis: VOZES. Apêndice.
  22. Martins, José de Souza (2008). Sociologia da fotografia e da imagen. São Paulo: Contexto; Martins, José de Souza, Eckert, C., Novaes, S. C. (Orgs.) (2005). O imaginário e o poético nas ciências sociais. Bauru: Edusc.
  23. Martins, José de Souza (2002). “A imagem incomum: a fotografia dos atos de fé no Brasil”. Estudos avançados, IEA – USP, 16(45), 223-260.
  24. Martins, José de Souza (2014). Uma sociologia da vida cotidiana. São Paulo: Contexto.
  25. Martins, José de Souza (2015). Linchamentos: justiça popular no Brasil. São Paulo: Contexto.


2 comentarios

  1. dianalapampa 13/10/2022 12:17 pm

    Hola, pregunta para el autor ¿A qué novelas de Vargas Llosa se refiere en el siguiente enunciado: “Vargas Llosa, en dos novelas, evoca a Rafael Leónidas Trujillo Molina, dictador de la Republica Dominicana entre 1930 y 1961.”?
    Nombra La fiesta del chivo que sí construye como personaje a Trujillo y también nombra Tiempos recios. Esta última se ubica en Guatemala. Muchas gracias!! Saludos cordiales, Diana Moro

  2. jvicente 25/11/2022 11:47 am

    Diana, son estos dos – La fiesta del chivo y Tiempos Recios. Sobre las ideas politicas de Vargas Llosas, cf. Boron, Atilio. El hechicero de la tribu.
    Muchas gracias, José Vicente

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