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La fiesta patronal de Villa Cura Brochero en clave situada

Una mirada etnográfica a la triada espacial del movimiento brocheriano

Rodolfo Puglisi

Introducción

El calendario sagrado anual de las comunidades brocherianas de Argentina está puntuado por una serie de momentos álgidos que modelan la estructura emocional del grupo y sus miembros. Uno de los episodios anuales de “efervescencia colectiva” (Durkheim, 1993) más significativos de la devoción al cura Brochero (1840-1914) son las “semanas brocherianas”. Una de ellas tiene lugar en los días previos al 26 de enero (día de su fallecimiento), y la otra, en las jornadas previas al 16 de marzo, día de su natalicio. En esta última fecha, se celebra la fiesta patronal de Villa Cura Brochero (pueblo que hasta 1916 se llamaba Villa del Tránsito), de la que nos ocuparemos en este trabajo centrándonos en su espacialidad religiosa al delimitar lo que llamamos la “tríada espacial” del movimiento brocheriano. Durante estas semanas se realizan una serie de actividades como novenas, misas, peñas, procesiones, festivales musicales, etc., así como peregrinaciones en diferentes partes del país. En efecto, si bien tiene su epicentro en este pueblo y en la provincia de Córdoba en general, el movimiento brocheriano desborda los límites provinciales, con importantes núcleos de seguidores en las provincias del oeste argentino (San Juan, San Luis, La Rioja) e incluso significativos grupos en la Provincia de Buenos Aires (Quilmes y Mar del Plata). Remitimos a otros trabajos (Puglisi, 2021) para una caracterización más pormenorizada de la devoción a Brochero en la Argentina actual.

Todas estas celebraciones, verdaderas fiestas populares en el caso de las semanas brocherianas, “generan una ruptura de lo cotidiano” e implican una “reactualización de la memoria grupal y de la experiencia de lo sagrado” que involucra “procesos de construcción y recomposición identitaria” (Ameigeiras, 2008: 36). En efecto, estas conmemoraciones constituyen rituales colectivos que se activan a través de una puesta en escena, recreando y legitimando imaginarios y narrativas sobre la figura de Brochero, así como generando estados de communitas[1] (Turner, 1988) entre los adherentes a su figura.

Sobre el santo patrono del pueblo de Villa Cura Brochero, brevemente señalemos que Brochero (1840-1914) es conocido popularmente como el “cura gaucho”, un “pastor con olor a oveja”, que en octubre de 2016 fue canonizado (declarado santo) por la Iglesia católica, el primero nacido y fallecido en Argentina, en función de los “milagros” de sanación que se le atribuyen. Para la gran mayoría de sus devotos, sin embargo, Brochero “ya era santo y solo faltaba el trámite”. De hecho, en el pueblo era, como me decía un ferviente seguidor, el “santito escondido”, pues desde hace décadas todos en sus casas tienen imágenes, esculturas y altares de él. En este sentido, vale enfatizar que, si bien estamos hablando de un sacerdote recientemente reconocido de manera oficial como santo, la devoción a Brochero desborda lo institucional y se extiende más allá del campo de católicos practicantes, siendo sus seguidores muy diversos en lo que respecta a adscripciones religiosas y procedencias socioeconómicas. Constituye, pues, un movimiento muy amplio, polifacético y heterogéneo que, en algunas de sus manifestaciones, conforma un caso de religiosidad popular (Álvarez Santaló et al., 1989; Semán, 2004; Martin, 2007; Ameigeiras, 2008)[2].

A partir del trabajo de campo etnográfico que estamos llevando a cabo del movimiento brocheriano en la Argentina contemporánea, en el marco de una agenda de investigación antropológica que involucra fundamentalmente el empleo de las técnicas de la observación participante y la realización de entrevistas semiestructuradas a diferentes actores del grupo, en este trabajo vamos a abordar la Fiesta Patronal de Villa Cura Brochero del 16 de marzo reconociendo lo que caracterizamos como la “tríada espacial” fundamental de la espacialidad devocional brocheriana. En esta dirección, como veremos a continuación, esta está constituida por el santuario donde descansan los restos corporales de Brochero, por el museo lindero que atesora sus posesiones personales y por la plaza de enfrente, punto de reunión por excelencia para celebraciones masivas como la fiesta patronal. Destacaremos cómo estos espacios constituyen el centro geográfico medular del movimiento, jugando un rol clave en el reforzamiento de la adhesión a este sacerdote y los imaginarios de pertenencia a la comunidad brocheriana.

La tríada espacial de la devoción brocheriana

El espacio donde tiene lugar la celebración de la fiesta patronal de Villa Cura Brochero (pueblo ubicado en el departamento de San Alberto, en la llamada región de Traslasierra en el oeste de la provincia de Córdoba) es un aspecto central a considerar. Por ello, brevemente recuperaremos aquí algunas elucidaciones provenientes del campo de la “geografía cultural”, especialmente aquella interesada en la espacialidad religiosa (Flores, 2016). Vale aclarar que, en cuanto antropólogo social que se aventura en este terreno, mi objetivo es dar cuenta de algunas líneas de reflexión sobre mi caso de estudio iluminadas por ciertos desarrollos de la geografía cultural. Como lego en la materia, naturalmente no pretendemos aquí estar ofreciendo un panorama acabado de las discusiones que en esta última disciplina se han desarrollado sobre estos temas, sino tan solo esbozar una aproximación exploratoria.

Como señalan los especialistas, el estudio del espacio es importante para observar “las relaciones sociales que en él son vividas, relaciones sociales que en él se expresan y que contribuye a reproducir” (Remy, 1998: 172). Es decir, “la cultura no es sólo una construcción social que se expresa territorialmente, sino que la cultura (y por lo tanto la religiosidad) está, en sí misma, constituida espacialmente” (Cosgrove, 1984: 22. Citado en Flores, 2016: 8).

Siguiendo las problematizaciones sobre “geografías sagradas” (Rosendahl, 2005; Carballo, 2010), podemos decir que Villa Cura Brochero constituye una “hierópolis”. Recuperando los planteos de Zeny Rosendahl, ella caracteriza las hierópolis como aquellos lugares que habitualmente son sitios de peregrinación y se distinguen de otros centros históricos por poseer ciertas lógicas espaciales funcionales:

1) poseen un orden espiritual dominante donde lo sagrado ejerce dominio sobre las demás esferas, por ejemplo, la económica; 2) presenta diferencias entre tiempo sagrado y tiempo común; 3) el alcance de la hierofanía no responde a costos de transferencia asociados a la distancia; 4) presenta itinerarios devotos más o menos preestablecidos a través de los cuales los peregrinos viven la experiencia de lo sagrado; 5) su organización es marcada material y simbólicamente por un lugar “central” sagrado (Rosendahl, 2009: 13. Citado en Flores, 2016: 4).

En el marco de estas discusiones, para nuestro caso de estudio, comencemos señalando que, como analizamos detenidamente en otro trabajo al abordar el fenómeno de los restos corporales (reliquias) del cura Brochero (Puglisi, 2021), estos constituyen el polo magnético al cual apuntan todas las brújulas de la devoción brocheriana. Dentro del pueblo cordobés de Villa Cura Brochero, los restos se encuentran ubicados en una pared medianera entre la iglesia-santuario Nuestra Señora del Tránsito y Santo Cura Brochero (en adelante “Santuario”) y el Museo Brocheriano, y se los puede observar desde el interior de ambos edificios ya que estos son contiguos. Frente a ellos, separados por una estrecha calle, se encuentra la plaza Centenario (la plaza principal del pueblo) (imagen 1).

Imagen 1: en la fotografía de la izquierda, se aprecian las edificaciones linderas del Museo Brocheriano (izquierda) y Santuario (derecha) fotografiados desde la plaza Centenario. En la imagen de la derecha, es retratada la urna con los restos corporales de Brochero tal como se ven desde el santuario

Fuente: elaboración propia.

Los restos corporales de Brochero son centrales en la arquitectura simbólica y emocional del grupo. En efecto, el movimiento brocheriano configura un culto fuertemente carismático motorizado por el “deseo proxémico” de cercanía de los fieles hacia las reliquias del santo, así como objetos personales que estuvieron en contacto con él en vida y que se atesoran en el Museo Brocheriano aledaño.

Por supuesto que hay otros espacios relevantes dentro del movimiento, como la casa donde murió (situada a dos cuadras de allí), la nueva capilla con el parque temático (a cinco cuadras de distancia), el canal de irrigación “Los Chiflones” construido por Brochero (en los alrededores), los hogares en los que se hospedaba el cura cuando viajaba (como “la casa de los Recalde” en el cercano pueblo de Panaholma), así como de modo general ciertos puntos más distantes dentro de la región de Traslasierra donde existe alguna obra (parroquias, por ejemplo) o rutas de tránsito (vías transerranas) realizadas por el cura. Incluso, alejándonos aún más, la casa donde nació, convertida hace un tiempo ya en “Museo Casa Natal” (en la distante Villa Santa Rosa, en el departamento de Río Primero), es también objeto de visitas turísticas y peregrinaciones.

Sin embargo, teniendo en cuenta lo que señaláramos sobre el “deseo proxémico” de los seguidores, el santuario y el museo son, indiscutiblemente, los espacios más visitados por los fieles. En la narrativa reproducida una y otra vez por los seguidores, es habitual la referencia a la Casa de Ejercicios Espirituales[3] (hoy devenida Museo Brocheriano), que fue construida por Brochero al lado de la iglesia (hoy también santuario) en colaboración con pobladores locales. El museo posee varios cuadros y otras recreaciones visuales que recuperan esta historia, donde se relata asimismo cómo en el espacio que hoy es la plaza Centenario las personas se juntaban allí a amasar los ladrillos, preparar el material, comer, etc. Como veremos más abajo, esta historia fue incluso mencionada en el marco de las celebraciones de la fiesta patronal. Podemos decir, pues, que esta tríada espacial conformada por el santuario, el museo y la plaza es, sin lugar a dudas, el centro geográfico sagrado del movimiento brocheriano, cuyo epicentro o punto cero son los restos corporales del santo.

Los devotos o turistas circulan a través de estos espacios. Ingresan al santuario, se acercan a los restos y eventualmente asisten a misa, también muchos acceden al museo que narra la vida y obra del cura, e incluso muchos se cruzan a la plaza a “tomar unos mates”, descansar, etc. Este “circuito” no tiene necesariamente un orden de recorrido predefinido. Sin embargo, y especialmente para el caso de aquellas personas que realizan visitas al pueblo muy cortas en el tiempo (por ejemplo, los que viajan puntualmente a agradecerle o pedirle a Brochero), teniendo en cuenta que los restos corporales son el epicentro espacial del movimiento por el poder que se les otorga, en términos generales podemos decir que el primer lugar visitado por las personas (en ocasiones el único) es el santuario. Entre los factores que podemos enumerar para explicar esto, creemos que aquí juega un importante papel, entre otras condiciones, el hecho de que al santuario se accede gratuitamente, está abierto durante gran parte del día y, salvo que haya fila, dentro de él rápidamente se llega a los restos. Asimismo, uno puede permanecer en este lugar mucho tiempo, tomar fotografías y tocar[4] el cristal detrás del cual está la urna con los restos de Brochero. En contraposición, para acceder a los restos desde el museo (que tiene un horario matutino y uno vespertino de cierre), hay que abonar una entrada, y luego, dentro de este, hay que dirigirse a la capilla, la cual en ocasiones puede estar cerrada por la realización de ejercicios espirituales. En este espacio se puede permanecer muy poco tiempo, no se pueden tomar fotografías y tampoco se puede tocar el cristal detrás del cual está la urna.

Para finalizar esta sección, vale decir que, si bien aquí nos estamos refiriendo a un espacio muy densamente cargado en términos sagrados –de hecho, es el espacio más sacro del movimiento brocheriano–, vale recordar que las problematizaciones de la geografía cultural en la actualidad se inclinan a poner en tensión el modelo dual de la espacialidad basado en el modelo de Mircea Eliade, quien escindía taxativamente un espacio sagrado de uno profano. Como señala Flores:

Hay perspectivas superadoras que proponen correrse de la sacralidad como una cualidad per se de los espacios, y situarla en el plano de las prácticas espaciales de los sujetos. Así, las esferas de lo sagrado y lo profano no se presentarían como dos componentes estancos y opuestos sino por el contrario, en permanente contacto, superposición e intervención (Flores, 2016: 6).

Es decir, al analizar la religiosidad en clave espacial, hay que poner el acento más bien en las prácticas de sacralización, en los múltiples modos de “hacer sagrado” que llevan a cabo los diferentes actores. Pasemos ahora a describir la fiesta patronal que tuvo lugar precisamente en estos espacios.

La fiesta patronal

La fiesta patronal del 16 de marzo marca el fin de la semana brocheriana, cerrando la serie de actividades que se venían llevando a cabo los días previos, como, por ejemplo, la novena[5] y la cabalgata brocheriana[6].

Vamos aquí a describir la fiesta patronal de la que participamos en el año 2019, la cual tuvo un tinte adicional pues ese año se conmemoraban además los 150 años de la llegada del cura Brochero a la zona (curato de San Alberto, Traslasierra) en 1869. Podemos decir que esta es una fiesta religiosa, así como una celebración civil. En efecto, esta fiesta es uno de los eventos sociales más grandes del año en Villa Cura Brochero. En este contexto, especialmente para el caso de los participantes que son pobladores de la villa, constituye un ejercicio superfluo intentar distinguir quiénes están “por Brochero” y quiénes por una costumbre del poblado, porque estas cuestiones están fuertemente interconectadas en cuanto remiten a la construcción imaginaria de la comunidad y sus mecanismos de pertenencia y membrecía, en un pueblo que lleva justamente el nombre de un religioso. En este sentido, todos son “brocherianos”, sea que estén designando su lugar de residencia o su adscripción devocional al santo.

La fiesta patronal, organizada por el santuario y con la colaboración activa de la Municipalidad, fue programada en distintos eventos a lo largo de todo el día principalmente en aquellos espacios que distinguimos como la tríada espacial del movimiento. Describimos a continuación el cronograma de actividades pautado. Consignamos entre paréntesis el lugar donde se realizaron. Obviamente, la prevalencia de la plaza responde a la cuestión logística de alojar la masividad de personas que asistieron.

  • 08:00 h. Misa para peregrinos y promesantes (santuario).
  • 10:00 h. Misa para peregrinos y promesantes (capilla San José Gabriel[7]).
  • 11:00 h. Misa para peregrinos y promesantes (santuario).
  • 17:00 h. Recepción de peregrinos y de imágenes de comunidades vecinas (plaza Centenario).
  • 18:00 h. Santa Misa en Honor al Santo Cura Brochero (plaza Centenario).
  • 19:00 h. Procesión alrededor del pueblo partiendo de la puerta del Santuario y retornando a él.
  • 20:00 h. Espectáculos en vivo (plaza Centenario).

En las misas de la mañana, el párroco local hizo mención a los “peregrinos” que están en el pueblo. La denominación es bastante amplia pues se refiere tanto a aquellas personas que no son del pueblo y vienen para la fiesta patronal, como también a aquellos que, en un sentido más específico, acaban de realizar la peregrinación (cabalgata brocheriana) que arribó al pueblo en el atardecer del día anterior. De igual modo, destaca cómo a lo largo del día se van a ir sumando más y más personas. En estas misas matutinas, obviamente muchos pasajes de estas (sermones, homilías) fueron claramente apologéticos destacando la vida y obra virtuosa del cura Brochero.

En estas misas matutinas celebradas dentro del santuario, obviamente la gran mayoría de las personas se acercó formando una fila a la pared donde se encuentran los restos corporales de Brochero (imagen 2). Asimismo, la gente también se dirige a una estatua del cura gaucho que se encuentra a la izquierda de los restos, que lo representa parado y vestido con sombrero y poncho (elementos que, junto con el mate, constituyen los símbolos brocherianos típicos). La gente la acaricia, le habla, le reza (imagen 3). Esta estatua suele también ser objeto de saludos, agradecimientos y pedidos. Muchos tocan el poncho que la cubre mientras le susurran y lo miran a la cara, así como le cuelgan rosarios de las manos. Luego de las misas de la mañana, durante el mediodía, esta estatua fue retirada del santuario para prepararla de cara a la procesión alrededor del pueblo pautada para el atardecer.

Imagen 2: en la fotografía de la izquierda, se aprecia la fila para llegar a los restos de Brochero durante las misas matutinas. En la foto de la derecha, se retrata la estatua que luego fue retirada por la tarde para la procesión de la noche

Fuente: elaboración propia.

En las primeras horas de la tarde, el Museo Brocheriano lindero al santuario presenta un significativo movimiento de personas. Conversando brevemente con la museóloga encargada, visiblemente ocupada por el afluente de personas, me dice que “están a full” y que constantemente llegan micros para la misa principal de las 18 h.

En el santuario, especialmente a partir de las primeras horas de la tarde, hay masivas colas para el ingreso al santuario. Se realiza una extensa fila para poder estar delante de los restos de Brochero. Muchos llevan varias fotos y las apoyan delante del vidrio detrás del cual está la urna con las reliquias corporales de Brochero. Podemos identificar entre los participantes individuos organizados en grupos de peregrinos, asociaciones gauchas, clubes barriales, etc.

Enfrente del santuario y del museo, en la plaza Centenario, especialmente a partir de las 15 h se va aglomerando cada vez más gente (imagen 3). Los parlantes que están distribuidos en diferentes lugares de la plaza pasan música, pero también la biografía de Brochero hecha canción. Se observa mucha gente con sus propias reposeras o sentada en el pasto en diferentes espacios verdes. Los bancos de la plaza están ya todos ocupados. Destaca el consumo de mate y facturas entre los grupos, y no registramos el consumo de bebidas alcohólicas dentro de ella.

Cerca del escenario montado en la plaza (separado del santuario solo por una estrecha calle), se apostan diferentes medios periodísticos regionales con cámaras fotográficas y de video. Advertimos la cobertura por parte del programa Caminos del interior de la cadena El Doce, y también está cubriendo el evento el programa Viajando por el 10 de Canal 10.

Imagen 3: dos postales de la plaza Centenario durante las primeras horas de la tarde antes de la misa de las 18 h donde se aprecia el altar-escenario montado

Fuente: elaboración propia.

A las 17 h, el coro parroquial, junto a la banda de la Policía de Córdoba, dan la bienvenida a los peregrinos y pobladores locales. Lo que podemos denominar “la previa” de la misa de las 18 h fue conducida por el vicario y el diácono locales, quienes señalaron que “estamos saliendo a todo el país en vivo” a través de radio María y del Facebook del santuario. Fue un verdadero show de animación y motivación del público, haciéndolos cantar y bailar. Por ejemplo, a través de un juego cantado de preguntas y respuestas, se le consultó a la imponente masa de participantes por sus lugares de procedencia. Entre los lugares se mencionó, además de a varias localidades de Córdoba, a La Rioja, Tucumán, Jujuy, Salta, Godoy Cruz (Mendoza), Merlo (San Luis), Chajarí (Corrientes), Mailin (Santiago del Estero), Catriló (La Pampa), Chaco, Bolivia y distintas localidades de la provincia de Santa Fe (Rosario, Funes, San Jorge, Nelson) y Buenos Aires (Lanús, La Matanza, Tigre, Morón, El Palomar, San Miguel).

En este evento se mencionaron además, en términos claramente apologéticos, los hitos biográficos fundamentales del cura Brochero. En estos momentos, cuando el clima se cargaba de solemnidad, por contraste a la atmosfera festiva que se vivió previamente con las canciones y juegos, el diácono dijo:

Tanta gente pregunta: “¿Por qué ustedes siguen a los santos?” [señala a la gente y, con un dedo en el piso, dice] ¡Y acá está la respuesta! ¿Por qué lo vamos a seguir? Porque fue un igual que nosotros. ¡Vivió las mismas cosas que nosotros! Es más. Donde hoy ustedes están paraditos o sentaditos cómodos algunos, ahí, ahí o acá donde estoy yo gritando como un sonso [señala con su dedo el piso de la plaza donde estamos], el cura amasaba el barro, quemaba los adobes para hacer los ladrillos de esa casa de ejercicios [y señala la edificación que tiene a sus espaldas, el Museo Brocheriano] ¡Gracias, señor, por regalarnos este pastor con olor a oveja! ¡Gracias, Jesús, por semejante testimonio de santidad! Por esa casa, durante sus años de párroco, pasaron más de cuarenta mil personas haciendo ejercicios espirituales.

Antes de comenzar la misa de las 18 h, el diácono expresó “Ahora entra Brochero en sus dos formas”, las reliquias y la estatua. La estatua ingresó a la plaza Centenario escoltada por servidores y cadetes de la Policía de Córdoba, quienes la llevaron hasta al altar mayor montado en la plaza. Luego, en medio de la multitud que colmaba la plaza, provenientes del santuario, se produjo el ingreso de un relicario que contenía pequeñas reliquias de Brochero, mientras sonaban sin cesar las campanas del santuario detrás y se cantaba la canción “Un paso aquí, un tranco allá”, creada en honor a Brochero por Carlos di Fulvio, y que es una de las más famosas y difundidas dentro del movimiento brocheriano.

Monseñor Ricardo Araya, obispo de Cruz del Eje (diócesis a la que pertenece Villa Cura Brochero) a cargo de presidir la misa, tomó las reliquias, las besó y las elevó delante de la multitud (se calcula una presencia de alrededor de diez mil personas) que aplaudía y vociferaba en ese momento con mucha intensidad.

La homilía del obispo naturalmente tuvo un tenor apologético. En primer lugar, instó a los presentes a “la búsqueda de Dios siguiendo la huella del Cura Brochero”. Posteriormente, recuperando el evangelio que correspondía a esa semana, la transfiguración de Jesús, el obispo asoció la gloria que vieron y escucharon los discípulos con la gloria de Dios que supo ver Brochero y aquellos que decidieron colaborar con él. Asimismo, el obispo señaló que otro rasgo de la gloria de Dios que supo contemplar Brochero fueron las conversiones que se daban en la casa de ejercicios espirituales. En este punto enfatizó: “En esos patios, en esas galerías, en esas habitaciones se dieron profundas y verdaderas conversiones […]. ¡Esa es la obra del Cura Brochero!”.

Luego, recuperando la enfermedad que padeció Brochero (recordemos que murió de lepra), dijo:

Cuando no pudo ver porque lo tapó la nube de la ceguera, cuando ya solo distinguía la luz del día, cuando ya no podía ni ver sus propias manos, él supo escuchar la voz de Dios. En medio de la soledad y de la oscuridad que le trajo la ceguera corporal pudo afinar el oído y seguir escuchando, quizás del modo nuevo.

Y agregó:

Ser brocherianos tiene que ver con afinar el oído y escuchar la voz de Dios y escuchar a los pobres. Hay muchas cosas que pueden esperar, hay muchas personas que pueden esperar ¡Los pobres no pueden esperar! Y de eso Brochero es un extraordinario ejemplo.

Finalmente, cerró su homilía con un ruego a Brochero diciendo:

Cúbrenos con el poncho y empújanos a salir de nosotros mismos, empújanos abrigados con tu poncho, sin temor a las tormentas, empújanos a salir hasta las periferias más recónditas, existenciales o geográficas. Enséñanos, empújanos, ayúdanos a ir hacia donde están los pobres, hacia donde están los enfermos, donde están esos que han perdido el camino de la vida […]. Padre Brochero échanos desde el cielo tu bendición.

En este momento una mujer a mi lado exclamó “Qué bien que habló el obispo”, “Me emocionó”, rescatando asimismo la frase “Es fácil ser obispo en este pueblo” que previamente había expresado en un momento anterior de la misa.

Acto seguido, se ofreció el sacramento de la eucaristía en la plaza. Dada la enorme cantidad de asistentes, del altar bajaron todos los sacerdotes que habían acompañado al obispo durante la misa, quienes portaban un cartel elevado (con el símbolo de la hostia) para que pudieran ser fácilmente identificados entre la multitud. Se formaron varias filas alrededor de cada uno de ellos y esta etapa duró un buen tiempo.

Luego de la celebración eucarística, se realizó la procesión alrededor del pueblo con la estatua de Brochero y sus reliquias. La marcha la encabezó la cruz procesional portada por un diácono. Detrás, a la izquierda de esta, iban los alumnos abanderados de las escuelas de la zona (como la escuela Cristo Obrero) y, del otro lado, los sacerdotes y la estatua. Se entregaron velas protegidas con medias botellas por el viento. Partimos de la puerta del santuario y dimos una vuelta de ocho cuadras alrededor de la parte central del pueblo, regresando al santuario por la otra esquina de la plaza. Muchísima gente participó (imagen 4). Fue una procesión bastante solemne. La marcha fue acompañada con el rezo repetido del rosario y, casi al final de esta, también se entonó por altoparlantes el himno nacional argentino[8].

Imagen 4: dos postales del comienzo de la procesión por el pueblo

Fuente: elaboración propia.

Al llegar nuevamente a la plaza, el obispo impartió la bendición final y despidió a los fieles (imagen 5). Finalizada la procesión, muchos ingresaron al santuario para hacer una muy nutrida fila y estar delante de los restos de Brochero.

Imagen 5: bendición final luego de la procesión

Fuente: elaboración propia.

Los festejos del día culminaron con un festival musical y obviamente aquí el clima de jolgorio se incrementó, con gente en la plaza bailando y cantando canciones como chacareras que músicos interpretaban en el escenario.

Vale decir que, desde la tarde, y especialmente durante toda la misa y posterior procesión, el cielo se mostraba con nubes realmente amenazantes. De hecho, previo a la misa, cuando se encontraban conduciendo el evento el vicario y el diácono, en ese clima festivo de cantos con la gente se le dedicó una canción a esta cuestión, donde se cantaba “Yo le diría a la tormenta, muévase, muévase, muévase”, a lo que la gente respondía “Y la tormenta se moverá, se moverá, se moverá”. Aconteció que no llovió sino hasta entrada la medianoche, finalizada ya incluso la fiesta musical. Naturalmente, esto fue interpretado en una clave sagrada. Brochero intercedió para evitar la lluvia. Precisamente, en una red social de devotos, luego una seguidora publicó una foto donde se apreciaba el cielo amenazante que se pudo observar toda la tarde-noche y agregaba:

Así estaba el cielo en el momento de la misa. Llovió en todos los pueblos de alrededor. Pero ni una gota opacó su fiesta porque Él se encargó de disiparlas hasta que finalizó. No se puede negar que estaba presente!!!

Como he podido escuchar en otras situaciones, por ejemplo, en el curso de distintas peregrinaciones del grupo de las que participé, los eventos meteorológicos son leídos en clave sagrada, donde Brochero actúa sobre estos premiando, castigando o tratando de advertir algo a sus seguidores a través de la lluvia, el viento, el “solazo”, etc.

Conclusiones

Determinados espacios juegan un rol central en la estructura representacional y emocional del movimiento brocheriano. Como hemos dicho, podemos hablar de una “tríada espacial” que constituye el foco espacial del culto, cuyo núcleo son los restos corporales del santo. Estos espacios (santuario, museo y plaza) constituyen el centro geográfico del movimiento, jugando un rol clave en el reforzamiento de la adhesión a este sacerdote y los imaginarios de pertenencia a la comunidad brocheriana.

La fiesta patronal tiene lugar precisamente en estos espacios, siendo visitados masivamente el museo y el santuario antes y después de las diferentes misas que tienen lugar en distintos momentos del día. La procesión, por su parte, inicia su marcha en las puertas del santuario y culmina precisamente allí, con largas filas para estar delante de la tumba de Brochero.

Habitar la misma plaza que Brochero habitó en el pasado realizando diversas tareas y visitar la casa de ejercicios que el cura construyó y donde practicó ejercicios espirituales tanto tiempo de su vida, así como, finalmente, estar delante de sus restos (en realidad, para los devotos, se trata de un encuentro con una persona allí presente) configuran experiencias espaciales fundamentales para los fieles. De este modo, para finalizar este trabajo, queremos enfatizar el rol central que, en cuanto seres encarnados, tiene la espacialidad en la producción y reproducción de las creencias de los hombres. En efecto, dado que los humanos somos seres encarnados, entes existentes materialmente, la necesidad de habitar, estar cerca y tocar ciertos objetos y lugares considerados fuentes de poder sagrado constituyen un rasgo inextinguible del fenómeno religioso.

Bibliografía

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Turner, Víctor (1988). El proceso ritual. Estructura y antiestructura. Madrid: Taurus.


  1. Con este término de la voz latina (que significa “comunidad”), el autor remite a las experiencias de unidad, fuerte emotividad, compañerismo e igualdad, es decir, de un “vínculo social generalizado” (Turner, 1988: 103) que tienen lugar en ocasiones especiales dentro de la vida social de un grupo. A estas ocasiones especiales, el autor las llama “eventos liminales”. Limen en latín quiere decir “umbral”, y con este término y otros similares (“liminal”, “liminalidad”, etc.), Turner se refiere a fenómenos (como los estados sociales de communitas) que se dan temporariamente al margen de la vida social cotidiana de un grupo con su estructuración regular.
  2. Recuperando las consideraciones de García Canclini (2004) sobre lo popular entendido no como una esencia encarnada en un sector poblacional específico, sino como una situación relacional, así como los planteos de Martin (2007) sobre las prácticas de sacralización de santos populares, Costilla y Ruffa (2015) proponen pensar la religiosidad popular como un sistema simbólico y práctico con una lógica propia, que remite a una forma particular de experimentar y representar los fenómenos religiosos. Este tipo de vivencia de lo sagrado, si bien es distinta, está en relación e imbricación con los cánones religiosos hegemónicos u oficiales, los cuales también, y especialmente para el caso del catolicismo, como destaca Fogelman (2015), están caracterizados por el dinamismo y la permeabilidad. Sin espacio para avanzar en esta dirección, puede conjeturarse incluso que la canonización de Brochero puede constituir un intento de canalizar institucionalmente el uso legítimo de su figura y limitar sus “desviaciones”.
  3. La formación sacerdotal de Brochero, como muchos seminaristas de su época, incluyó el entrenamiento en los ejercicios espirituales del fundador de la orden de los jesuitas, Ignacio de Loyola. Convencido del rol central que cumplían estas prácticas en el enderezamiento moral del “paisanaje” y su adhesión a la fe católica, Brochero anualmente movilizaba a caballo a su feligresía desde la región cordobesa de Traslasierra a través de casi 200 kilómetros de montaña hasta la ciudad de Córdoba para realizar los ejercicios ignacianos (según los registros, las comitivas en ocasiones alcanzaron las mil personas). Para evitar esta larga travesía, una de las tantas obras que Brochero motorizó en la zona fue, justamente, construir una Casa de Ejercicios Espirituales. Esta comenzó a funcionar en 1877, estando a cargo de la congregación de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Si bien en la actualidad en este edificio funciona el Museo Brocheriano (fundado en 1957), se sigue utilizando en algunos períodos del año una parte de este (la capilla) cuando, ininterrumpidamente como antaño, están llevándose a cabo retiros de ejercicios en una edificación contigua trasera.
  4. Esto se ha visto temporalmente interrumpido por la epidemia de coronavirus. En febrero de 2021, estuve en el santuario del pueblo y pude notar cómo la pandemia impactó literalmente en las formas de acceso a lo sagrado, pues los devotos por el momento no pueden acercarse al vidrio ya que se colocaron bancos para establecer distancia. Asimismo, fue colocado un cartel que enfatiza en mayúsculas “NO TOCAR”.
  5. La novena son oraciones diarias realizadas los nueve días previos a la celebración patronal. En este caso, desde el 7 al 15 de marzo, se realizan estos rezos en honor a San José Gabriel Brochero a las seis de la mañana (Rosario de la Aurora).
  6. La cabalgata brocheriana es una de las peregrinaciones en honor a Brochero más importantes del movimiento. Realiza un recorrido de casi 200 km a pie o a caballo uniendo Córdoba Capital y Villa Cura Brochero (recreando el viaje transerrano que hacia el cura Brochero), y llega al pueblo en la tarde del 15 de marzo. Hemos analizado con detenimiento esta peregrinación en otro trabajo (Puglisi, 2022).
  7. Esta edificación en honor a Brochero comenzó a construirse en 2014 y fue inaugurada en enero de 2017. Está ubicada en un amplio predio a cinco cuadras aproximadamente de la plaza central del pueblo (plaza Centenario), a orillas del río Panaholma. En este lugar también se ha construido un parque temático en honor al cura gaucho, recientemente abierto, así como una serie de edificios con habitaciones para peregrinos y seminaristas.
  8. Sobre fiestas, catolicismo e identidad nacional, remitimos a Ameigeiras (2014). Sobre el “mito” de la nación monopólicamente católica, ver, entre otros, Di Stefano (2013).


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