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Trayectorias de santidad: Laura Vicuña y Ceferino Namuncurá en Junín de los Andes (Neuquén/Argentina)

María Andrea Nicoletti

Introducción

Junín de los Andes nació como un pequeño poblado alrededor de un Fortín tras la conquista militar del Estado argentino al Nahuel Huapi en 1884. Los Salesianos habían establecido allí misiones volantes a partir de 1894 y se asentaron en Junín con colegio, escuela y misión en 1899. Ese mismo año, también desde Temuco llegaron las Hijas de María Auxiliadora y abrieron su colegio en 1899.

En este contexto arribaron a Junín de los Andes en 1901 Mercedes Pino y sus dos hijas Laura del Carmen y Julia Amanda Vicuña, que inmediatamente ingresaron al colegio de las Hijas de María Auxiliadora en esta localidad. Poco después de su fallecimiento en 1904, se publicaron sus primeras biografías para promover su causa de santidad (Crestanello, 1911).

La conquista militar fue también escenario en la vida de Ceferino Namuncurá. Tras la rendición de su padre Manuel en 1885, su comunidad fue expulsada de sus tierras y terminó su devenir instalándose en San Ignacio, cerca del poblado de Junín de los Andes, donde actualmente están los restos del beato Ceferino (Nicoletti, 2009).

Nos proponemos presentar cómo las trayectorias de santidad de dos jóvenes salesianos, actualmente beatos, convergen en Junín de los Andes, sacralizando este espacio y conformando un itinerario de turismo religioso en la localidad, que se completa y resignifica con la monumental obra del arquitecto Alejandro Santana: el Vía Christi. Entendemos al espacio sagrado como

un campo de fuerzas y valores que eleva al hombre religioso más allá de sí mismo, que lo transporta a un medio distinto de aquel en el que transcurre su existencia. A través de los símbolos, los mitos y los ritos, lo sagrado ejerce su función de mediación entre el hombre y la divinidad (Rosendahl, 1996: 30).

Estas dos figuras que confluyen en esta ciudad tienen puntos en común que analizaremos en este trabajo: su pertenencia a las congregaciones salesianas, su juventud, el camino de santidad a través de su muerte temprana, sacrificial y heroica para llegar a los Altares y la construcción de su figura tanto desde lo discursivo como iconográfico. De esta manera, observaremos el modo en el que Junín de los Andes se transformó en el punto de convergencia del turismo religioso salesiano a través de las trayectorias de ambos beatos.

Las Hijas de María Auxiliadora tutelan la devoción a Laura en la Iglesia Nuestra Señora de las Nieves “Santuario Laura Vicuña” y algunos hitos que conforman un recorrido turístico que se torna procesional y religioso cada 20 de enero, día de la muerte de la beata.

En el caso del beato salesiano, sus puntos de devoción se encuentran actualmente dispersos: la peregrinación del 26 de agosto en Chimpay, su lugar de nacimiento, que se realiza desde hace 50 años, ahora en el Parque Ceferiniano, y la visita a su tumba, actualmente en San Ignacio, cerca de Junín de los Andes. Veremos a través de los distintos traslados del cuerpo de Ceferino (Roma-Fortín Mercedes-San Ignacio) cómo fue cambiando y resignificando su trayectoria devocional hasta la llegada definitiva a la capilla en forma de kultrún mapuche, diseñada por el arquitecto Santana.

A través de marcos teóricos provenientes de la geografía de la religión y de la historia, analizaremos un nutrido corpus documental proveniente de los archivos salesianos de Buenos Aires, Bahía Blanca, Santiago de Chile y Roma y los registros in situ de las iconografías, los sitios y las actividades religiosas referidas a los beatos salesianos.

Trayectorias de santidad: Laura Vicuña y Ceferino Namuncurá

Los beatos salesianos Laura del Carmen Vicuña (Santiago de Chile, 5/04/1891-22/01/1904, Junín de los Andes) y Ceferino Namuncurá (Chimpay/Río Negro, 26/08/1886-11/05/1905, Roma) forman parte del conjunto de jóvenes santos de las congregaciones salesianas (Salesianos[1] e Hijas de María Auxiliadora[2]). Sus vidas contemporáneas están signadas por formar parte de familias social y económicamente marginales, de haber sido educados en las escuelas de la congregación, haber sufrido y entregado sus vidas por otros: por su madre, Laura y por su pueblo de origen, Ceferino. Sus muertes tempranas con “perfume de santidad” (Guiance, 2009:131-161) y sus biografías se multiplicaron en las escuelas salesianas y los consolidaron como figuras ejemplares. En estas, la iconografía de los beatos también se fue modificando a lo largo del tiempo, atravesada por los distintos períodos historiográficos (Nicoletti y Penhos, 2010).

Laura Vicuña era hija de Mercedes Pino y de José Domingo Vicuña, aunque sus documentos la declararon hija natural. Ceferino, a su vez, fue uno de los hijos del lonko Manuel Namuncurá y de Rosario Burgos, pero, tras el casamiento civil y religioso de Manuel con su primera esposa Ignacia, la madre de Ceferino dejó la comunidad Namuncurá y Ceferino quedó así fuera del matrimonio legal.

Tras la guerra civil en el país trasandino, Mercedes Pino cruzó la cordillera en 1899 con sus dos hijas Laura del Carmen y Julia Amanda y se estableció en Junín de los Andes, donde trabajó en la estancia del capitán Fosbery. A los pocos meses, pasó a la zona del río Quilquihué y convivió con el estanciero del lugar, Manuel Mora, quien maltrataba a la madre y a las niñas y abusaba de ellas. Laura y su hermana ingresaron al colegio de las Hijas de María Auxiliadora en Junín como alumnas internas. Ceferino siguió el derrotero de las comunidades posconquista y, como varios de los hijos de lonkos, fue llevado a educarse a Buenos Aires al colegio salesiano Pío ix. Allí se despertó su vocación salesiana y, ya enfermo en el aspirantado de Viedma, viajó a Roma a visitar al papa.

Las hagiografías “nos entregan información sobre la espiritualidad practicada en una época en un área geográfica determinada asociado a lo cual estaban los fenómenos extraordinarios que generaban el vínculo entre el ‘santo’ y los fieles” (Millar Carvacho, 2012: 143). Las biografías de Laura, que recorren un extenso período desde 1911 hasta la actualidad, muestran su vida en el colegio, su consagración a la Virgen María en 1901 tras su comunión y su sufrimiento por la convivencia de su madre con Manuel que ella vivió en carne propia. Según las hagiografías, Laura optó por pedir a Dios la salvación de su madre a cambio de su vida y, tras caer gravemente enferma, le confesó a Mercedes Pino en su lecho de muerte, el 22 de enero de 1904, que había ofrecido su vida para que ella se arrepintiera y viviera cristianamente. Esa construcción hagiográfica posee una estructura propia que no es necesariamente una narración histórica, sino “más bien como un sistema que organiza una manifestación gracias a una combinación topogógica de ‘virtudes’ y ‘milagros’” (De Certeau, 2000: 258).

Las hagiografías y biografías ceferinianas desde 1930 hasta hoy también nos muestran a un alumno abnegado y aplicado en el colegio salesiano, sufriente por su pueblo, al que busca ayudar y redimir. Ceferino quiere ser sacerdote, pero su origen ilegítimo y su enfermedad le impiden concretar su vocación.

La fama de santidad de Laura Vicuña hizo que el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora iniciara en la década de 1950 su causa de santidad, que tuvo inconvenientes por la corta edad de la muerte de la niña, por lo que fue aceptada recién en 1982. En 1986 fue declarada venerable y en 1988, beata por el papa Juan Pablo ii (Scalco, 2004).

A los pocos años de la muerte de Ceferino, en 1911 comenzó la recolección de testimonios y las iniciativas para introducir la causa. Tras las primeras biografías, que señalan la expansión de su devoción, en 1944 el salesiano Pedemonte inició la publicación del “Noticiario Ceferiniano”, donde se publican los favores y milagros concedidos por Ceferino. Sin embargo, entre la circular de Vespignani y la postulación, la causa de Ceferino no pareció avanzar, por lo menos en términos formales, y eso mismo relataron sus biografías. El proceso de beatificación fue iniciado en julio de 1947, pero quedó treinta años estancado. Entre 1957 y 1962, siguió su proceso en Roma y en 1972 Ceferino fue declarado venerable. Tras la comprobación de un milagro ocurrido en el año 2000, Ceferino Namuncurá fue declarado beato de la Iglesia el 11 de noviembre de 2007 en Chimpay (Nicoletti, 2009).

Finalmente, señalamos los cambios en las iconografías de ambos beatos, ya que en distintos espacios en Junín de los Andes conviven sus primeras imágenes con versiones renovadas en esculturas, fotos y dibujos. De acuerdo a los períodos históricos, las biografías se adaptaban a la formación de distintos modelos.

Esta alternancia de diferentes técnicas dentro del mismo registro visual puede abrir fisuras en la superficie pretendidamente homogénea de estos discursos, ya que los dibujos son resultado de elaboraciones en las que intervienen elecciones, selecciones y adaptaciones que el artista hace a partir de lo observado y de modelos iconográficos previos, mientras que el dispositivo fotográfico, si bien no escapa a estos condicionamientos, produce una imagen indicial que se encuentra ligada ineludiblemente a aquello que representa (Chartier, 1996: 79-80).

En otras palabras, un dibujo de Ceferino podía ser una completa invención fantasiosa que no supone su existencia real, pero en este caso hay fotos que requirieron que él estuviera allí en el momento de obturar la cámara.

La hagiografía de Laura fue escrita poco después de su muerte por su confesor Augusto Crestanello (1911). Pero fue en Italia, entre las Hijas de María Auxiliadora, donde surgieron los primeros dibujos: Sulle Ande (1924), Bocciolo di rosa (1926), escritas por M. Puttini, y Candido Olocausto (1945), de A. Membri. Este conjunto va parangonando su vida como modelo de santidad con una flor andina de la que surgirá después la hagiografía Bocciolo di rosa (Botón de rosa), centrándose más en la vida de Laura que en el contexto misionero y destacando las virtudes heroicas de la niña (Rubial García, 1997-1998: 44). Las hagiografías de Laura siguen los parámetros de las hagiografías femeninas como una obra entre la santa y su confesor, quien “‘traduce’” esos materiales para difundir lo que era secreto” (Rubial García, 1997-1998: 48). Del texto de su confesor, surge el tema del “secreto de Laura”, que en italiano y castellano se publicó en forma de historieta (reedición en 1988). Tras estas hagiografías fundantes, aparecieron grosso modo dos tipos de textos sobre Laura Vicuña: los que buscan difundir un modelo de espiritualidad para generar vocaciones y devoción, y aquellos que se acercan a la biografía histórica en función de la beatificación y canonización de la niña[3].

Las hagiografías y biografías de Laura hasta el libro de Brugna Aportes tienen en general ilustraciones y dibujos de Laura en diferentes escenas familiares, escolares, en la capilla y en su lecho de muerte. En 1958 la biografía del historiador salesiano Raúl Entraigas comenzó a difundir el rostro de Laura a partir de una pintura del italiano Caffaro Rore, quien también pintó una imagen de Ceferino, de acuerdo a la foto de otra niña que había conocido que, al parecer de Entraigas, podía ser semejante a Laura. Tras mostrársela a su hermana Julia Amanda, la pintura de Rore devolvía una niña de tez blanca, pelo oscuro y mirada lánguida. El giro determinante que se produjo en la imagen de Laura fue el supuesto “hallazgo de la foto”, que formó parte inicialmente de esos nuevos Aportes de Ciro Brugna. Su aparición resultó disruptiva y polémica, y comprobamos a través de la correspondencia del autor con su secretario, el sacerdote Román, que Brugna hizo una interpretación sumamente forzada de su autenticidad. Sin embargo, a solicitud de las Hijas de María Auxiliadora de Chile, la foto publicada en el libro de Ciro Brugna Aportes… (1990) fue sometida a un estudio pericial por el Departamento de Criminalística de Carabineros de Chile (8121/2009), y su conclusión fue que en esa foto de conjunto estaba la beata. Sin embargo, el hallazgo de una copia de esa fotografía en el Archivo de las Hijas de María Auxiliadora en Bahía Blanca[4] revela, por su epígrafe y el estudio heurístico que realizamos de esta copia y otra documentación epistolar hallada en el Archivo[5], que aquella no se corresponde con el período en el que Laura Vicuña estuvo en el colegio, por lo cual no sería la niña señalada por el peritaje de Carabineros de Chile[6]. Muy diferente era el rostro identificado en la foto y que los peritos carabineros de Chile señalan como el de Laura Vicuña. Esto ocasionó un debate entre las religiosas y los devotos de la beata ante las dos imágenes que aún siguen circulando (Nicoletti, 2021).

Figura 1: detalle de la foto de conjunto de alumnas del Colegio María Auxiliadora de Junín de los Andes en la que se señala a Laura Vicuña en segunda fila, la segunda de derecha a izquierda

Figura 2: estampita de Laura Vicuña con la imagen de Rohre

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Fuente: AHHMA, Bahía Blanca.

En Ceferino, la etapa que podemos considerar de mayor influencia hagiográfica (1930-1940) es aquella que lo caracterizaba como “Lirio de la Patagonia”, con una imagen de un niño blanco angelado y de “alumno salesiano virtuoso”. Adentrándonos en el período nacionalista, Ceferino ha sido presentado como el “santito criollo”, en clave asimilacionista, imagen que pervive incluso hasta las biografías más recientes. En estas etapas la “aboriginalidad” de Ceferino se desdibuja en función del modelo de santidad, y el cambio y la “civilización” son producto de la educación y evangelización salesiana. Los dibujos e historietas nos revelan a un joven de saco y corbata o un gaucho con poncho pampa. El trayecto iconográfico se observa claramente representado en los dibujos de Amado Armas, que van desde un niño con marcados rasgos indígenas, que en algunos casos hasta asemeja a los simios, hasta el de un joven blanco con rasgos suaves.

Las biografías a partir del 2000 realizan el camino inverso, “mapuchizando” su figura y poniendo énfasis en su cultura y sus orígenes. En estos textos la resignificación no solo es discursiva, sino que se da también en la imagen. Son los textos con mayor cantidad de fotos originales de Ceferino, que se transforma en el “mapuche misionero”, cuyo modelo de santidad también se adapta, se acerca y se resignifica en función de la historia del pueblo mapuche, pero aún en clave nacionalista, como las pinturas de Ramos y Piazza. Conviven en las biografías del siglo xx los dibujos de Amado Armas y las fotos, incluso la publicada en el libro de Martínez Torrens Ceferino Namuncurá, Vida, escritos e imágenes del 2007, en la que encontramos a un joven convaleciente vestido con indumentaria occidental (Nicoletti, 2019). La representación de Ceferino, tanto en la pared lateral del santuario, como en el Vía Cristi, responde a la última foto del joven en Villa Sora poco antes de su muerte, y es fiel a sus rasgos originarios (Martínez Torrens, 2007).

Figura 3: pared lateral del santuario Virgen de las Nieves y Laura Vicuña

Foto de la autora, Junín de los Andes, 2017.

En Junín de los Andes converge la última resignificación de los beatos. La de Laura, a partir de la biografía de la hermana Elda Scalco (2013), que retoma aquella foto de la biografía de Brugna en su libro Laura Vicuña, contexto histórico, cultural y religioso de ayer y hoy, sobre la base del informe de carabineros de Chile (2009).

Sin embargo, dentro del santuario, los vitrales laterales que narran la vida de Ceferino y de Laura siguen los dibujos de las historietas de Amado Armas (1965) y conviven con las nuevas iconografías del arquitecto Santana.

Itinerarios de santidad

Junín de los Andes es un punto de confluencia de las trayectorias de santidad de ambos beatos. Entendemos la santidad como una construcción histórica (Boesch, 2020; Millar Carvacho, 2009; Bianchi, 2007), una representación social (Delooz, 1962: 22 y 27) y una trayectoria, o sea, como “un movimiento temporal en el espacio, es decir, la unidad de una sucesión diacrónica de puntos recorridos” (De Certeau, 2000: 41).

Como señalamos, Junín fue uno de los nodos de misión y colegio más importantes de la Congregación Salesiana en Patagonia. Por otro lado, constituye el punto de turismo religioso por excelencia en la provincia de Neuquén. El plan maestro 2003-2007 lo enmarca dentro del turismo cultural y se suma a la definición de Nación en el 2005 como “la oferta de viaje donde el motivo religioso constituye uno de los principales fines, junto al disfrute del patrimonio histórico-cultural” (García Moggio, 2005: 10). Además, Junín entronca su recorrido de turismo religioso con la “Ruta Patrimonial Padre Pancho”, en la Araucanía chilena (comunas de Freire, Villarrica, Pucón y Curarrehue), uniendo esta región con la Republica Argentina a través del paso internacional Mamuil Malal. Esta ruta es un homenaje a monseñor Francisco Valdés Subercaseaux, primer fraile capuchino chileno y primer obispo de Osorno. Allí nace la “Ruta binacional de la Fe”, que “ingresa en territorio argentino para continuar con este circuito turístico religioso denominado ‘Ruta de los Beatos’ por ruta provincial n.º 60 que conecta a 67 km con la ciudad de Junín de los Andes” (Convenio cooperación Ruta binacional de la Fe, 2013). Si bien se firma en el 2013 este convenio de cooperación, el desarrollo de ambos tramos no está aun suficientemente conectado, y la ruta del Padre Pancho en Chile cuenta con un desarrollo de hitos, circuitos y caminos bien definidos (Gobierno de Chile, 2016), que aún no presenta Junín[7].

Nos focalizamos ahora en el cruce de estos dos itinerarios de santidad en Junín de los Andes, los que podemos analizar mediante un discurso de prácticas, lugares y escenarios que “esconden” otros espacios invisibles a modo de hologramas (Lindón, 2007). Por otro lado, Junín hace de su patrimonio religioso una diferenciación de oferta turística de su vecina localidad San Martín de los Andes. Por ello, esta ciudad podría analizarse desde una

visión integral, dinámica y crítica del patrimonio (religioso espiritual) de modo tal que se pueda adicionar toda una serie de experiencias, prácticas, discursos e imágenes que conformar el acervo inmaterial de las comunidades, y que muchas veces quedan eclipsadas por el peso del patrimonio material –predominantemente católico– que domina el campo (Flores, 2018: 156).

En esta primera aproximación comparativa, buscamos describir, identificar y analizar esa puesta en valor del patrimonio salesiano a modo de geosímbolos[8], a través de estos jóvenes beatos, para asomarnos a algunas de las significaciones encapsuladas en sus figuras, tanto materiales como simbólicas.

Laura Vicuña en Junín de los Andes

Como vimos, la vida de “santidad” de Laura transcurrió en este poblado, entre el colegio y la estancia de Manuel Mora. El “itinerario” histórico de Laurita recorre una serie de lugares relacionados con su trayectoria de santidad, a los que podemos nombrar como “geosímbolos”, es decir, como “el conjunto de signos culturales que caracterizan a una sociedad” (Flores y Giop, 2017: 175). Por ello buscamos “no quedarnos en la identificación de la mera materialidad, sino bucear en el universo de tramas de sentidos que se les atribuyen a esos signos y que en definitiva, construyen la semiósfera” (Flores y Giop, 2017: 175).

Los puntos que marcan este itinerario en el folleto “Otro turismo buscando tesoros espirituales” son los siguientes:

  1. la casita de la estancia “Fosbery” donde vivió Laura con su mamá al pasar la cordillera (frente al aeropuerto Chapelco de San Martín de los Andes);
  2. los cimientos de uno de los puestos de Manuel Mora donde vivieron Laura, Julia y su mamá (cercanía del puente sobre el río Quilquihue);
  3. la parte del antiguo colegio María Auxiliadora donde vivió Laurita;
  4. el sitio del río Chimehuín donde la bañaban para bajar la fiebre;
  5. el rosal de Laura en el patio del colegio María Auxiliadora;
  6. el lugar donde sufrió la enfermedad (ermita en la calle Laura Vicuña); y
  7. el lugar donde murió.

A estos lugares materiales cargados de gran simbolismo, se les suman en la revista n.º 11 “Faro de Fe y Cultura desde Junín de los Andes” (2014) dos espacios relacionados estrechamente con la muerte y el camino a los altares de Laura:

  1. el lugar donde estuvo la primera sepultura de Laura; y
  2. el Santuario Virgen de las Nieves y Laura Vicuña, que contiene una reliquia de la beata.

Tanto el folleto como la revista ilustran cada punto histórico con la foto, la vida de Laura, una bienaventuranza del capítulo 5 versículo 6 del Evangelio según san Mateo y una reflexión.

En estos geosímbolos, observamos dos itinerarios: el de la vida y el de la muerte, relacionados con la santidad. El primero marca claramente que el camino material y simbólico de Laura nace en suelo argentino, en busca de una mejor vida para una mujer y dos niñas, que solicitan refugio en una de las estancias más importantes de la zona. Los folletos observan cómo, aun con el paso de los años, se mantiene la casa en buenas condiciones. Sin embargo, en el lugar que generó el sufrimiento, el holocausto y la santidad de Laura, solo hay ruinas. A partir de allí, los lugares señalados son hitos de su trayectoria a los altares: el colegio donde estudió, el María Auxiliadora, el río donde la sumergían para bajar la fiebre, el rosal “milagroso”[9] y el ranchito donde Laura agonizó y murió, transformado en ermita. Los sitios tras la muerte de Laura son su primera tumba (después fue trasladada a Bahía Blanca) y el santuario con la reliquia luego de su beatificación. Estos lugares están estrechamente ligados a la santidad y han sido esos puntos en los que se resignificaron simbólica e iconográficamente su figura.

El 22 de enero, conmemorando la muerte de Laura, se realizan distintas actividades a través de un itinerario en los lugares históricos en los que estuvo la beata, mediante una procesión centralizada en Junín de los Andes. Las actividades son la misa en el santuario donde se encuentra su reliquia, un recorrido por las calles de Junín rememorando la primera procesión con los restos de Laura hasta el cementerio local y la fogata en el rosal de Laurita donde se queman las peticiones que se depositaron en la urna del santuario.

Esta ceremonia tras la misa convoca a todos los participantes y resulta la ofrenda final de todas las peticiones escritas que se juntaron, simbólicamente realizada en el lugar en el que Laura ofreció su vida por la de su madre. Este espacio más íntimo difiere del de la misa del santuario, en el que el rito guía y disciplina la devoción. En ese espacio convergen los rostros y las ilustraciones de los dos beatos salesianos.

Figura 4: Itinerario de geosímbolos de Laura Vicuña

Elaboración propia con base en un plano de Junín de los Andes, en bit.ly/3zP2ac8.

Ceferino: de Fortín Mercedes a San Ignacio

El itinerario de Ceferino Namuncurá ha tenido que ver con los distintos lugares en los que ha sido sepultado y donde se han trasladado sus restos. Tras su muerte, diez años después, se llevaron sus restos a una urna y se repatriaron casi veinte años más tarde. En 1924, el salesiano Adolfo Torquinst se hizo cargo de la exhumación y el traslado. Al llegar a Buenos Aires, decidieron colocarlos paradójicamente en Fortín Mercedes, bastión de la campaña de Rosas contra los indígenas y centro del aspirantado salesiano por donde pasó Ceferino (Fonseca, 2007: 63). Particularmente, los geosímbolos ceferinianos “no son meras marcas en el espacio público, son dispositivos que dan cuenta de relaciones de poder (siempre asimétricas) y de relaciones de alteridad que se vinculan con procesos políticos, ideológicos, culturales y por supuesto, territoriales” (Flores y Giop, 2017: 175). Inmediatamente después de su repatriación, se inician tempranamente en 1926 peregrinaciones a su tumba (Martínez Torrens, 2007: 170). “Los lugares considerados como sagrados contienen un poder muy importante para la fe del caminante, ya que en su seno abrazan una imagen o reliquia que es el objeto de la devoción del creyente” (Vázquez Estrada, 2005: 21). Estos lugares son punto de encuentro en las peregrinaciones como centros de convergencia e irradiación (Rosendahl, 2009: 54).

Las peregrinaciones hacia Fortín Mercedes se organizaron a manera de “tour religioso”, y su espacio y circuito se fue complejizando. En la revista Esquiú, en el suplemento Ceferino, líder juvenil (1980), se explica “cómo llegar hasta la tumba del Venerable Ceferino Namuncurá” y las comodidades del anexo “Descanso ceferiniano” con comedor y albergue. Posteriormente, esa información se trasladó a la revista Ceferino Misionero (1980, n.º 3 y 4), donde aparecen los avisos que organizan las peregrinaciones a Fortín Mercedes con la compañía de un sacerdote salesiano para realizar un circuito desde Bahía Blanca para visitar los restos de Laura Vicuña y de allí a Fortín Mercedes.

Hacia 1986 surgió un nuevo centro de peregrinación en el lugar de nacimiento de Ceferino: Chimpay. De esta manera, los peregrinos tienen dos puntos de devoción: donde están sus restos y donde nació. En ese sentido, Chimpay se presenta como una “vuelta a los orígenes”, allí no está su cuerpo, ni existe ningún objeto sagrado de Ceferino que se constituya como centro de culto. Pero Chimpay fue el escenario de la beatificación y este acto legitima, resignifica y fortalece ese lugar de devoción. En la peregrinación a Chimpay, el momento clave es una misa y posteriormente una rogativa mapuche presidida por un lonko y con participación de los obispos presentes (Noceti y Fonseca, 2006; Ceferino Misionero, 124, agosto, 2006: 4-7). La peregrinación a Chimpay se convirtió en una peregrinación popular desbordante que fue rápidamente introducida en los cánones, y que se convirtió en agosto en la “Semana de la Fe”, “en la que se trata de orientar la piedad popular” (Martínez Torrens, 2007: 171).

En San Ignacio, Junín de los Antes, encontramos un primer geosímbolo significativo: un monumento a Ceferino en el Cerro de la Cruz, en el que el obispo Cagliero en 1902 colocó una cruz a pedido de su padre Manuel. En 1983, relata el salesiano Antonio Mateos que la hija del lonko Celestino Namuncurá soñó que “dos máquinas de Vialidad subían abriendo un camino hasta el cerro, y que arriba estaba Ceferino”. Lo que llevó al sacerdote a gestionar la apertura del camino y el monumento (Mateos, 2012: 2).

Tras su beatificación en el año 2007, la familia Namuncurá solicitó el traslado de sus restos a la comunidad en el paraje de San Ignacio, lo que se concretó en el año 2009. Este traslado originó la movilización de los vecinos de Fortín Mercedes y Pedro Luro, quienes argumentaban que ellos lo habían “cuidado y venerado”. Sin embargo, el derecho[10] que asiste a la familia Namuncurá de tener sus restos y la determinación del papa Benedicto xvi de facilitar su traslado fueron elementos contundentes a los que debieron ceder los vecinos de las localidades[11].

Los restos de Ceferino descansan en su tierra en una capilla en forma de kultrum diseñada por el arquitecto y artista Alejandro Santana[12]. El 15 de noviembre de 2009, inauguraron el santuario de Ceferino Namuncurá en San Ignacio. Dice una nota de Neuquén Informa:

El gobernador Jorge Sapag y el lonco de la comunidad mapuche local, Celestino Namuncurá, encabezaron una cabalgata que llegó hasta la base del cerro Ceferino, en San Ignacio, donde se celebró una misa y se cortaron las cintas del templo que alberga los restos del beato[13].

En esta misma nota, se señala que se está construyendo un salón “financiado con fondos del programa de Mejoramiento Habitacional e Infraestructura (Promhib)”.

Figura 5: exterior e interior de la capilla donde se encuentran los restos de Ceferino Namuncurá

Foto de la autora en San Ignacio, 2014.

El kultrum simboliza y reafirma la vuelta a los orígenes de Ceferino, igual que en sus biografías. El tambor mapuche envuelve a Ceferino, pero el punto principal es la roca de la comunidad Namuncurá “de fuerte valor simbólico” [14] donde están sus restos. Es significativo que la Semana de la Fe en Chimpay continúe paralelamente a la visita, aún poco desarrollada, de sus restos en San Ignacio. La peregrinación de Chimpay está organizada por la Iglesia y promocionada por la congregación salesiana, mientras que en San Ignacio Ceferino está custodiado por su pueblo.

Conclusiones

Junín de los Andes es una ciudad que busca afianzar su perfil de turismo religioso a partir de distintos elementos: las trayectorias de santidad de dos jóvenes beatos salesianos, el Vía Christi de Alejandro Santana y la Ruta binacional de la Fe con Chile. En esta ocasión nos aproximamos a los itinerarios de santidad de Laura Vicuña y Ceferino Namuncurá. A través del concepto de “construcción de la santidad”, analizado desde una perspectiva historiográfica de sus hagiografías y biografías, observamos los puntos en común y las matrices de santidad que se visibilizan en sus textos. Dentro de esta reflexión, prestamos especial atención a la iconografía de las imágenes, pues ambos beatos han sido representados de acuerdo a su contexto historiográfico y al modelo de santidad construido por las congregaciones para la educación de la niñez y juventud salesiana. Estas iconografías conviven con fotos de Laura y Ceferino que dieron un giro importante en su hermenéutica y construcción de santidad. Las fotos y los dibujos conviven en Junín de los Andes en distintos geosímbolos. A partir de este concepto, nos adentramos en los dos itinerarios: la vida y muerte de Laura reconstruida en el ejido municipal juninense y la de Ceferino atravesada por el contexto de conquista militar y el largo derrotero de sus restos, que terminan en el paraje San Ignacio de Junín de los Andes.

El itinerario de Laura gira alrededor de dos grupos de geosímbolos: su vida y muerte santa. Su casa, el colegio, su enfermedad constituyen lugares resignificados como espacios sagrados e hitos de la procesión del 22 de enero. Estos puntos convergen en la misa y las ofrendas a Laurita. Itinerarios organizados por las Hijas de María Auxiliadora y el santuario donde se encuentra una reliquia de la niña. Ninguno de los puntos está fuera de la Iglesia y la congregación. Ceferino, en cambio, tiene un largo de derrotero. Sus restos marcan los geosímbolos más significativos: Chimpay, su lugar de nacimiento y Fortín Mercedes, donde llegaron sus restos tras la repatriación. La estructura de ese tour religioso fue organizada por los salesianos y, si bien la peregrinación popular, constituida en Semana de la Fe en Chimpay, fue controlada por la Iglesia, Fortín Mercedes fue el centro de veneración salesiana por excelencia. El desprendimiento de los restos de Ceferino ante el reclamo de la comunidad Namuncurá lo devuelve a San Ignacio, custodiado por su familia y plagado de geosímbolos que reivindican a su pueblo de origen.

Bibliografía

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Fuentes

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  1. La Pía Sociedad de San Francisco de Sales fue fundada en 1859 por un grupo de sacerdotes bajo la dirección de don Bosco y aprobada por el papa en 1864.
  2. En Mornese, Italia, María Dominga Mazzarello (1837-1880) fundó en 1872, junto con Juan Bosco, el Instituto de Hijas de María Auxiliadora. Este se constituyó en la rama femenina de la Congregación Salesiana hasta su autonomía en 1910.
  3. Mencionamos entre las más antiguas, por ejemplo, L’Angelo del Neuquén: Laura Vicuña de R. Fierro (1953); Io o nessun altro con Laura in camino (1988), de sor L. D’Auria; Laura Vicuña una santidad juvenil (1891-1904), de Luigi Castano (1992). El segundo conjunto se refiere a las biografías del P. Luis Pedemonte: La sierva de Dios Laura Vicuña (circa 1954); La azucena de los Andes de Raúl Entraigas (1958); Santità e martirio di Laura Vicuña de Luigi Castano, sdb (1990) y Aportes para el conocimiento de Laura Vicuña de Ciro Brugna (1990).
  4. Si atendemos al informe de la foto realizada por técnicas de Archivo Histórico Salesiano, correspondería al año 1919, y Laura Vicuña falleció en 1904. El estudio espectrográfico revela que esa fecha fue claramente adulterada. AHS ARS / BB, Informe del análisis técnico de la foto de grupo del Colegio de las Hijas de María Auxiliadora de Junín de los Andes, p. 3.
  5. Finalmente, las cartas de su secretario, P. Román, le aconsejan enfáticamente no publicar esa foto que considera posterior a la muerte de Laura dando distintos argumentos probatorios (AHMA, BB, Caja Documentos importantes Ciro Brugna Cartas del P. Román al P. Brugna, Buenos Aires, 22/08/1989).
  6. Con respecto a la foto publicada por Ciro Brugna en su libro Aportes para el conocimiento de Laura Vicuña (1990), como la foto de conjunto en la que se encuentra la beata, podemos concluir que no tuvo en sus manos la copia del AHMA, Bahía Blanca con el epígrafe 1915/1919, sino otra copia que él afirma es del original “enviado a Nizza desde Junín, el año 1905, un grupo fotográfico en el cual se encontraba también Laura” (Brugna, 1990: 198).
  7. Agradezco la información y documentación del Lic. Rubén Frascoli sobre turismo religioso en Junín.
  8. El geosímbolo es un marcador espacial que construye identidad. Flores, en referencia a Bonnemaison (2008: 179) los caracteriza como “símbolos que arraigan las iconologías en los espacios lugares. Delimitan el territorio, lo animan, le confieren sentido y lo estructuran” (Flores y Giop, 2017: 174).
  9. “A Laura le gustan las flores y las cultiva con entusiasmo, un día la Directora le da un palo seco, tal vez para que sirva de sostén a alguna planta: Laura lo mete en tierra y dice: ¿Sabés Merceditas que un palo plantado por obediencia puede florecer? Pasado algún tiempo el palo floreció” (Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, 1961, Cuadro 20).
  10. Ley 25.517 (2001), que establece la restitución de los restos de aborígenes que integren colecciones públicas o privadas a las comunidades que los reclamen, y también el resguardo de los no reclamados.
  11. Ver bit.ly/3kBLvCt.
  12. Patagonia.com.ar y tripadvisor, entre otras.
  13. En bit.ly/39FXkC1 (consulta: 15/09/2021).
  14. Expediente 5646-d-2010, 6/8&2010. En bit.ly/3ESy5L1 (consulta: 15/09/2021).


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