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La construcción de una memoria

El caso del Museo del Holocausto
de Buenos Aires

Wanda Wechsler

Introducción

La investigación y los estudios sobre temas judíos se han centrado, en gran parte, en el análisis del Holocausto, su memoria y su representación. Concebido muchas veces como una propiedad de los judíos, ha llevado a producciones especializadas, conferencias internacionales y desarrollo en instituciones de la comunidad. Sin embargo, en los últimos treinta años, esta temática fue explorada y reubicada desde los cientistas sociales en países en los cuales no sucedió el Holocausto. En Latinoamérica su estudio permitió iluminar aspectos locales para pensar la violencia del pasado reciente. De esta forma los estudios sobre golpes de estado, violaciones a los derechos humanos, genocidios y prácticas de encierro y tortura, han podido analizarse a partir de una mirada transnacional y polisémica.

Este trabajo busca analizar desde un enfoque local, un fenómeno internacional que fue la aparición y expansión de la memoria y representación del Holocausto a través de la creación de museos. Se trabaja en este caso con las prácticas concretas que fueron desarrolladas por un sector de la comunidad judía en la Ciudad de Buenos Aires a fines del siglo XX. Esta experiencia, que forma parte del pasado pero continúa en el presente, fue innovadora y su análisis permite observar aspectos tanto de la comunidad judía local como de la sociedad en general. Los resultados de esta investigación llevaron a la escritura de una tesis de maestría[1], y sus capítulos fueron debatidos de forma colectiva en el Núcleo de Estudios Judíos, perteneciente al Instituto de Desarrollo Económico y Social. Para todos y todas resulta un desafío poder trabajar e incorporar los temas vinculados a lo judío en la academia y los institutos, abordando la igualdad y la diferencia, lo específico y lo general. En la actualidad, la atención sobre lo judío no es llevada sólo por investigadores e investigadoras que se identifican como judíos, y cada vez más se abre el dialogo con otras temáticas, sin perder la especificidad. Sigue latente el desafío de poner en dialogo los temas ligados con lo judío con tradiciones académicas donde género, clase y etnicidad se combinen de forma más fluida. Sin duda el estudio sobre el diverso y amplio colectivo judío argentino es una puerta de entrada interesante para comprender y reflexionar sobre la sociedad argentina.

Sobre el capítulo

Hacia fines del siglo XX el Holocausto se convirtió en el paradigma del mal por excelencia. Como símbolo del terror en Occidente, los sucesos ocurridos bajo el régimen nazi se volvieron un prisma a través del cual observar no sólo esos hechos históricos, sino también otras masacres y violaciones a los derechos humanos. En el contexto de la “globalización del discurso del Holocausto” (Huyssen, 2007), el cierre de un siglo de genocidios y guerras mundiales fue acompañado por la proliferación de espacios de memoria, sitios y museos de la memoria. Sin embargo, la memoria del Holocausto no comenzó en los últimos años del siglo XX, sino que se intensificó, como un proceso de acumulación y explosión de sentidos.

Los diversos momentos históricos en los cuales se visibilizaron las memorias del Holocausto abarcan un marco temporal que se extiende desde la década de 1950 hasta los años noventa, momento en el cual se institucionalizó a partir de la construcción del Museo del Holocausto de Buenos Aires. De diversas formas, las memorias aparecieron en el espacio público, de manera progresiva, y permitieron un reconocimiento estatal y societal particular. Este trabajo aborda el proceso por el que esas memorias en Argentina se cristalizaron en la creación de una institución específica.

Este capítulo se organiza alrededor de cuatro momentos. En un primer momento se historiza de forma breve el desarrollo de las memorias del Holocausto en Argentina. En un segundo momento se aborda la conformación de un núcleo de personas y un espacio previo a la creación de un museo dedicado al tema. En un tercer momento, se describen las principales actividades de este espacio, y por último se realiza un balance vinculado sobre la forma y contenido de la representación de la memoria del Holocausto en la muestra del museo del período 2000-2017.

El trabajo afirma que de forma progresiva crecieron y se instalaron en la arena pública las memorias del Holocausto y se observan dos grandes generalizaciones iniciales. Por un lado, a medida que avanzó cronológicamente la memoria del Holocausto, se trasladó desde el ámbito privado al público. Por otro lado, y vinculado a lo anterior, estas memorias fueron abriéndose desde el ámbito de la comunidad judía hacia otros sectores de la sociedad argentina, como el Estado u organismos de derechos humanos.

Este proceso de crecimiento incluyó la formación del Museo del Holocausto, lo que dependió del nacimiento y proliferación de varias organizaciones no estatales, pero también del apoyo estatal en varios sentidos. La vinculación entre este Museo y los diferentes gobiernos fue inconstante, con momentos de mayor o menor acercamiento. Las acciones y declaraciones del ámbito privado estuvieron, en su mayoría, condicionadas o actuaron como respuesta a las diferentes políticas estatales. Fue la relación entre los fundadores del Museo del Holocausto y algunos agentes estatales lo que movilizó y permitió el proceso de expansión de la memoria.

Las memorias en torno al Holocausto formaron parte de un proceso que comenzó a darse a nivel global y se creció de forma paulatina en la Argentina a fines de los años ochenta. Esa memoria se negoció en el seno de las creencias, los valores, los rituales y las instituciones del cuerpo social. Se configuró poco a poco en los llamados “espacios públicos de la memoria” como museos, memoriales, monumentos e instituciones dedicadas a la transmisión y educación. La mayoría de los organismos vinculados a la memoria del Holocausto en Argentina nacieron en un período similar, aunque algunas instituciones como Sherit Hapleitá[2] son preexistentes. Entre estas instituciones se encuentran el Centro Simón Wiesenthal, la Fundación Memoria del Holocausto, Generaciones de la Shoá y el Centro Ana Frank. El Museo del Holocausto en Argentina fue creado en el contexto de la expansión de la globalización de la memoria, manifiesta a nivel internacional. Esta institución es representativa de la construcción de la memoria del Holocausto por haber sido uno de los primeros proyectos museísticos de Latinoamérica[3]. Su ejecución implicó la planificación de múltiples estrategias dedicadas a la memoria: la creación de un archivo, una biblioteca, una muestra, espacios de capacitación, entre otras. En la arena pública y dentro de la comunidad judía existen múltiples memorias y formas de representar el Holocausto. Sin embargo, la creación de un museo hizo oficial una memoria.

Breve historia de la memoria del Holocausto en Argentina

Realizar un resumen del desarrollo de la memoria del Holocausto resulta complejo, dado que en Argentina se despliega al calor de los acontecimientos sucedidos en el continente europeo, y se extiende hasta la actualidad. Como afirma Jelin (2002: 44), el discurso sobre el pasado se inicia con el acontecimiento mismo, pero continúa transformándose por más de sesenta años (y lo sigue haciendo en el presente).

A grandes rasgos, y en un ordenamiento cronológico y local, se evidencian dos grandes etapas de la memoria. Durante la primera (1940-1970), la memoria del Holocausto fue propiedad de la comunidad judía, estuvo vinculada al ámbito privado y se vehiculizó a través de actos e instituciones de la comunidad. En un primer momento, contemporáneo a los hechos, y durante la posguerra, el Holocausto fue objeto de rememoración y homenaje por parte de la comunidad judía argentina, circunscrito principalmente al ámbito privado[4]. Durante la década del sesenta, con el “caso Eichmann” en primera plana, los testimonios tomaron un rol central en el mundo. Sin embargo, en Argentina este juicio se vinculó con la identificación del antisemitismo con el nazismo y las condenas a las organizaciones nacionalistas. Durante esos años, se crearon instituciones que reforzaron la identidad judía y la existencia de sobrevivientes locales.

Una segunda etapa (1970- 2015), expresó una apropiación de nuevos sectores sociales de la memoria del Holocausto y una expansión de esta memoria materializada en nuevas instituciones y nuevos usos. Durante la década de 1970, se emprendió una identificación del antisemitismo desplegado en los centros clandestinos de detención, desarrollados por el terrorismo de Estado, con el proceso de exterminio desarrollado por el nazismo. Esta perspectiva se convirtió en una lectura difundida en diversos ámbitos como modo de denunciar la situación en Argentina. Un actor clave en este proceso fue Jacobo Timerman a través de sus denuncias públicas y la edición de “Preso sin nombre, celda sin número” (1981). Sin embargo, la dirigencia de la comunidad judía local, concentrada en la DAIA, no acompañó este proceso y mantuvo buenas relaciones con la última dictadura militar[5]. En el proceso posdictatorial, el Holocausto se constituyó en un tópico para metaforizar y conceptualizar dos procesos: la experiencia judía durante el régimen militar y la de las víctimas en general. También en esta etapa, se institucionalizó la memoria del Holocausto en nuestro país a través de la conformación de un espacio para la toma de testimonios a sobrevivientes y se creó un museo dedicado a la temática. Se evidenció aquí el peso de esta memoria reflejado en el reconocimiento estatal de un sector de la comunidad judía en la entrega de un edificio dependiente de la Nación para la conformación de un espacio de memoria. Por último, en esta segunda etapa florecieron nuevas instituciones, se crearon políticas estatales de la memoria, y se produjeron materiales y cursos a nivel nacional.

En este largo proceso, y tomando las categorías propuestas por Todorov (1998), la recuperación del pasado fue traducida en un primer momento como memoria “literal”, en la cual las víctimas y los crímenes son vistos como únicos e irrepetibles. La experiencia en este sentido fue pensada como intransitiva, propia de la comunidad judía, protagonista y encargada de portar, y a la vez expandir, ese recurso. Esta etapa inicial reflejó el lugar central que representa el recuerdo para la comunidad judía, “el terror al olvido” (Yerushalmi, 2006; 17) y también un contexto de indiferencia local y estatal frente al suceso Holocausto. En la segunda etapa, en cambio, se evidencia un progresivo uso “ejemplar”, en el cual la memoria de ese pasado comenzó a ser vista como una categoría más general, o como modelo para comprender una situación nueva, local y con diferentes agentes. Sin embargo, estas dos etapas presentan sus grises. Si bien el uso “ejemplar” de la memoria fue asumido inicialmente por actores vinculados a los organismos de DDHH y a las luchas contra el Terrorismo de Estado, en un segundo momento fue el propio Estado el que ocupó un papel en la construcción de políticas de educación y memoria, principalmente a partir de 2005. Durante este período, los actores de la comunidad judía preservaron una memoria “literal” que defendió la unicidad del Holocausto, la no comparación con otros procesos traumáticos y el temor a la banalización del mismo. Esto se reflejó, por ejemplo, en las primeras negativas del rabino Marshall Meyer en el uso del Holocausto para denunciar las violaciones de DDHH en la última dictadura militar o en la pedagogía elaborada desde el Museo del Holocausto durante los años noventa y comienzos del siglo XXI.

En resumen, en Argentina la construcción de esta memoria fue un proceso que llevó a la experiencia del exterminio de los judíos europeos desde la configuración original del evento hasta la de un prisma para observar el horror del siglo XX. En las puertas del siglo XXI, el Holocausto se erigió como un símbolo de la masacre que permitió, en algunos casos y para algunos actores, la reflexión sobre otros genocidios y matanzas en diversas partes del mundo. Los usos, representaciones y el crecimiento de la temática fue parte de un fenómeno global pero también influido por aspectos locales, particularidades de la historia argentina, la comunidad judía y las diferentes apropiaciones que se fueron realizando.

Conformación de un núcleo de personas y un espacio previo a la creación de un museo dedicado al tema

La creación del Museo del Holocausto se puede situar en los comienzos de la década de los noventa, aunque recién su inauguración pública será en el año 1999-2000. Para que este museo comience a funcionar, fueron varios los actores y las instituciones que intervinieron en el trabajo de construcción y formalización.

Los promotores del proyecto museo pueden ser denominados “emprendedores”. Este concepto, de acuerdo con Jelin, no tiene por qué estar asociado con el lucro económico privado y se diferencia del rol de empresario (Jelin, 2002). Son emprendedores de carácter social o colectivo y se involucran de forma personal en el proyecto, pero comprometiendo a otros, generando participación y realizando una tarea colectiva. El emprendedor trabaja en grupo y el trabajo puede implicar jerarquías sociales, mecanismos de control, espacios de poder y división del trabajo bajo el mando de estos emprendedores. En su rol y para llevar adelante sus proyectos, emplean gente y pagan sueldos, además de tener voluntarios.

En el caso estudiado quienes movilizaron la causa por la memoria fueron personas que se consideran judíos y algunos eran descendientes de sobrevivientes, denominados “Segunda generación”. Su vínculo con la temática estuvo marcado, en la mayoría de los casos, por una historia familiar personal, como suele ocurrir por lo menos en un comienzo. El protagonismo privilegiado fue de las generaciones posteriores a las víctimas y también de algunas de ellas. Un primer desafío de este grupo consistió tanto en instalar y expandir la temática entre la sociedad como posibilitar también su reproducción por los no familiares. Los fundadores del Museo interesados en la causa memorial forman parte de la colectividad y participan de otras instituciones judías. Por esta razón, se encontraron con un segundo desafío: la expansión de la memoria a sectores externos a la colectividad. Los emprendedores realizaron un lento y largo trabajo que llevó a la expansión de la temática y a la legitimación de su posición a través de vínculos con ese pasado, afirmando su continuidad.

Para instalar la memoria como una cuestión pública, fue menester un proceso que requirió esfuerzos y perseverancia. Constó de diferentes instancias: primero, la conformación de un núcleo de trabajo y formación; luego, la búsqueda por ganar visibilidad pública y legitimar una versión de esos sucesos a través de múltiples actividades. En este período el grupo fundador del Museo tomó la iniciativa de “salir” de la comunidad y conseguir un espacio propio, dado que en un comienzo funcionaron en oficinas cedidas por la Federación Argentina de Centros Comunitarios Macabeos. La Fundación Memoria del Holocausto (FMH) firmó su escritura y acta fundacional el 8 de mayo del año 1994[6]. Sin embargo, los orígenes de esta organización se sitúan en un tiempo anterior.

En este apartado se realiza un resumen de la investigación realizada en la tesis de maestría por la autora[7], en la que se indagó en torno a los orígenes de la construcción del Museo. En el año 1987 un grupo de amigos y conocidos, conectados de diferentes maneras con la temática Holocausto, se reunió en la casa de uno de ellos. Allí, según el recuerdo de Susana Rochwerger, el profesor Abraham Huberman dijo “…en la Argentina, la Shoá se recuerda un día, no se estudia, no se analiza…”[8]. A partir de ese encuentro entre familiares de víctimas, la ingeniera Noemí Kaplan de Richter emprendió la idea de crear un centro educativo especializado en el Holocausto.

El 6 de junio de 1988 tuvo lugar el acto fundacional del Instituto Argentino para Estudios del Holocausto (IAEH) en un auditorio cedido por la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), bajo el lema “¿Por qué recordar?”. Ese acto contó con la colaboración del Secretario de Cultura de AMIA, el Ingeniero David Filc y el Embajador de Israel Ephraim Tari. La exposición en el acto estuvo a cargo de Abraham Huberman por parte del IAEH y el aporte de Yosi Goldstein, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Moises Kijak, médico psiquiatra, Irene Dab, sobreviviente y psicóloga, y Daniel Fainstein, decano de Estudios del Seminario Rabínico Latinoamericano.

Una de las primeras tareas del IAEH fue la compilación de testimonios de sobrevivientes que vivían en Argentina, para la cual se organizó un departamento de testimonios, con un equipo de voluntarios. Este fue el primer trabajo de recopilación de testimonios de sobrevivientes del Holocausto realizado en el país y formó parte de un movimiento global de registro de testimonios[9]. El primer testimonio relevado fue el de la familia Klich y en esta etapa los testimonios fueron tomados “a mano”. Luego se introdujo la toma mediante un grabador y finalmente, con ayuda de la Universidad de Yale, se firmó un convenio para poder filmar, en contacto con el Video Archivo Fortunoff. Para esto se elaboró un documento, el “Memorándum informativo acerca del Proyecto de creación del Centro de documentación y archivo de testimonios”, que afirmó la adhesión al proyecto de algunas instituciones judías como American Jewish Joint Distribution Committee (Joint), la Sociedad Hebraica Argentina, Escuela ORT y Asociación Marcha por la Vida[10]. También este documento manifestó la necesidad del nombramiento de un director técnico y dos asistentes rentados, siendo todos los demás voluntarios. Entre los primeros entrevistados estuvieron los sobrevivientes Eugenia Unger, Jacob Fuchs, Gilbert Hirsch, Hela Urstajn, Hanka Jacubowizc, Guita Loffler, Bele Mushkat, Charles Papernik, Victoria y Alexander Zelenay, entre otros.

Este primer espacio organizó diversos tipos de actividades para poner en funcionamiento este grupo como algunos encuentros para hijos de sobrevivientes, programaciones radiales por Radio Municipal, proyección de películas, talleres para niños, jornadas sobre discriminación, actos conmemorativos y un seminario para periodistas y comunicadores que desconocían la temática. Rochwerger, una de las primeras integrantes, aseguró que debieron superar el escepticismo, la indiferencia y el poco eco en la dirigencia comunitaria[11].

En el año 1993, un año después del atentado a la Embajada de Israel[12] y con algunos años de trayectoria, este grupo convocó más personas y el IAEH se convirtió en una Fundación (FMH). Entre los primeros integrantes además de profesionales había sobrevivientes e hijos de sobrevivientes, como Mónica Davidovich, Susana Rochwerger, Gilbert Lewi, Jaime Machabanski. Al convertirse en una Fundación este grupo pasó a estar dotado de personalidad jurídica privada, sin fines de lucro y esto implicó la condición de contar con un patrimonio. Convertirse en fundación también involucró una previa autorización y reconocimiento por parte del Estado para funcionar, hecho que favoreció su visibilidad pública. La Fundación no surgió con los objetivos de materializarse en un museo sino como un espacio para la transmisión y la memoria con un centro de documentación. Sin tener un espacio físico propio comenzó a funcionar en unas pequeñas oficinas de la calle Rivadavia, cedida por FACCMA[13].

En abril de 1994 en el acta fundacional se determinó que esta organización sin fines de lucro tenía por objeto “promover todo tipo de actividad cultural, técnica, científica, de investigación que tenga por finalidad la promoción y/o difusión de la memoria del holocausto en Argentina”[14]. Para estos objetivos pretendieron:

a) programar y realizar planes de estudio y actividades relativas al análisis, esclarecimiento y evaluación del holocausto, b) proveer la difusión, por todos los medios, de las causas que indujeron al desarrollo del HOLOCAUSTO, procurando impedir su repetición en el futuro, c) educar e instruir a las generaciones del futuro, esclareciéndolas debidamente para valorar el sacrificio y calidad del pueblo judío, d) Promover la creación de Centros Formativos y de Estudios relativos al tema y e) Decidir todo otro medio lícito de expresión pública y privada relacionado con los fines de la entidad.

De esta manera los fundadores presentaron los objetivos basados en tres líneas: esclarecer el Holocausto, promover y difundir su memoria por diferentes medios y educar a las próximas generaciones, valorando el sacrificio y calidad del pueblo judío. ¿Quiénes fueron estos primeros fundadores, estos emprendedores del proyecto de Memoria? Sobrevivientes del Holocausto y familiares buscaron un proyecto unificador, de la mano de un grupo de personas dedicadas a los derechos humanos. Entre ellos se encontraban Abraham Huberman, Gilbert Lewi, Susana Rochwerger, Jaime Kattan, Mónica Dawidowicz, Eugenia Unger, León Gzmot, Sergio Miodownik entre otros. Para trabajar y crecer hacia afuera de la comunidad judía, comenzaron con la búsqueda de un espacio propio. Con ambición y entusiasmo, Lewi fue el principal emprendedor en términos monetarios y motivacionales. Él movilizó sus energías en función de la causa memorial y pedagógica, buscando reconocimiento social y legitimación de la temática en el país.

En ese contexto, en el año 1994 el diputado de la provincia de Chaco del Partido Justicialista Claudio Mendoza se comunicó con Lewi para realizar un monumento sobre el Holocausto en la Plaza de las estatuas en el centro de Resistencia, Provincia de Chaco. Mendoza fue uno de los movilizadores de las causas de derechos humanos durante la década de los noventa, vinculado también con Abuelas de Plaza de Mayo. Este fue el primer monumento sobre el tema construido en un espacio público. La inauguración del este monumento fue una oportunidad para que representantes de la FMH, como Graciela Jinich y Eugenia Unger, sobreviviente del Holocausto, difundieran el proyecto a través de unas carpetas tituladas “Proyecto”. Esta ocasión vinculó a la FMH con diferentes personas claves para el gobierno y para los derechos humanos, como Estela de Carlotto y Rosa Tarlovsky de Roisinblit, presidenta y vice de Abuelas de Plaza de Mayo, León Grzmot (sobreviviente de los campos de concentración) Graciela Fernández Meijide, diputada por el Frente Grande y ministros del gobierno de Menem, como Carlos Corach y Jorge Alberto Rodríguez (Ministro de Educación). Esta fue una de las primeras ocasiones en las que aparecieron en la escena pública representantes de la memoria del Terrorismo de Estado y del Holocausto convocados por “La Memoria”.

Luego de este acto los integrantes de la FMH fueron convocados a la Casa Rosada por el Ministro del Interior Corach para conversar sobre la donación de un espacio físico de trabajo. El Estado, lejos de aparecer como un gran aparato despersonalizado y monolítico, se presentó a través de los lazos y relaciones personales preexistentes y Corach fue promotor de la entrega de un edificio[15]. A partir de ese encuentro la FMH comenzó con la búsqueda de un espacio físico visitando los edificios ofrecidos por el gobierno nacional y a fines del año 1994 la Inspección General de Justicia emitió la resolución por la cual se autorizaba el funcionamiento de la FMH.

El edificio elegido se encuentra situado en la calle Montevideo 919 en la Ciudad de Buenos Aires y fue entregado en el aniversario de los cincuenta años de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, el 8 de mayo de 1995, lo que coincidió con el cierre de campaña para la reelección presidencial de Menem. Según afirmó Lewi, y fue retomado por la Revista Nuestra Memoria en la Editorial del mes de mayo de 1995, “este acto de aporte del Estado Nacional (…) marca un hito histórico en la posición asumida, por nuestro gobierno frente a las actividades de la sociedad civil en materia de lucha antidiscriminatoria”. Por otro lado, también destacó la relación entre el nazismo y los sucesos argentinos de la dictadura y los atentados:

Una matanza masiva, como la que ocurrió en menos proporción en nuestro país durante la dictadura militar, o el doble atentado contra la comunidad judía, que aún hoy nos mantiene atónitos y sin saber por qué realmente sucedió, y quiénes son los culpables, tiene que ser recuperado desde la memoria para que nunca más vuelva a suceder. Si así lo comprendemos, comprendemos que somos todos sobrevivientes, judíos y no judíos, porque esta perspectiva del nunca más, nos ubica claramente en el camino de la vida.

La entrega del inmueble significó un hecho histórico para la Ciudad de Buenos Aires ya que se concedió por primera vez un edificio propiedad del Estado para un fin vinculado a la memoria del Holocausto. Cincuenta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial y en un territorio que no participó activamente en ella, se decidió otorgar un espacio físico para sostener una memoria que, a priori, no es nacional.

Algunos años pasaron entre la entrega del edificio y su puesta en valor. En el año 1997 se aprobó un Proyecto de declaración de Interés Nacional de la construcción del Museo del Holocausto en Buenos Aires. El proyecto, presentado en abril de 1996 por el diputado Darío Alessandro, fue aprobado por unanimidad por la Cámara de Diputados de la Nación el 18 de junio de 1997 e impregnó de fuerza a los fundadores. Esta iniciativa fue acompañada por los diputados Carlos “Chacho” Álvarez, Patricia Bullrich, Alfredo Bravo, Marcelo Sturbin y Ana Kessler representantes de diferentes espacios políticos. La construcción y refacción del edificio llevó más de tres años y el acto fundacional del Museo fue celebrado el 5 de agosto de 1999. Desde este año hasta el 2017, el Museo se instaló en el edificio, desarrollando diferentes actividades. En este último año debieron cerrar sus puertas por problemas edilicios vinculados a la falta de mantenimiento y deterioro. Por ese motivo, la FMH pasó a instalarse de forma provisional en el Seminario Rabínico Latinoamericano, Marshall T. Meyer, también en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Belgrano. El proyecto de reforma del edificio se acompañó de una reforma integral de la muestra, que tuvo su apertura a fines del 2019.

La organización y administración del museo se conformó con una estructura que, si bien sufrió modificaciones, se sostuvo en los aspectos generales. El consejo administrativo se constituyó con un presidente, vicepresidentes, un secretario general, prosecretarios, un tesorero, vocales, vocales suplentes, un revisor de cuentas y un director ejecutivo. Además el trabajo se dividió en comisiones, las cuales fueron variando a lo largo del tiempo. Entre las comisiones existieron: el grupo de jóvenes, la de sobrevivientes, la de segunda generación, la de testimonio, la de edificio y la de cultura.

Desde 1999 hasta la actualidad se sucedieron varios presidentes que cumplieron un rol central en la administración, cada uno con sus particularidades: Lewi (1994- 1998 y 2002-2003) y Fleischer (1999-2001), fueron presidentes Rubén Beraja (1998), Daniel Vernik (2003-2005), Mario Feferbaum (2005-2011), Alejandro Dosoretz (2011-2013), Claudio Avruj (2013-2015), Gustavo Sakkal (2015-2017) y Marcelo Mindlin (2017-actualidad). Todos los presidentes forman parte de la comunidad judía, han tenido diversos cargos en las principales instituciones y varios de ellos además son empresarios locales reconocidos.

Principales actividades de este espacio

A partir del año 1999 el Museo abrió sus puertas y desarrolló diferentes actividades, entre las que se incluyeron un ciclo de cine vinculado a la temática, cursos para docentes de la Ciudad de Buenos Aires y de diversas provincias del país, y la edición de una revista propia denominada Nuestra Memoria.

En referencia a la revista Nuestra Memoria, entre diciembre de 1994, fecha de la primera edición, hasta la actualidad (2019) ha editado 39 números. Previo a la entrega del edificio fue una de sus primeras actividades como Fundación. Quienes comenzaron a gestar la publicación fueron Sima Weingarten, Diana Wang y Ana Kahan. Según Sima, “cuando se hace Nuestra Memoria pensamos que una institución requiere de un material que pueda llegar a escuelas e instituciones no judías que no tenían acceso a una institución o museo”[16] .

El formato del objeto ha ido cambiando a lo largo de los años. Lo que comenzó como una revista pequeña, tipo fanzine, con pocas páginas en sus comienzos, en la actualidad es una publicación que llega las 300 páginas, con una tirada de mil ejemplares a lo que se suma una versión digital, que puede leerse en la página web del Museo. Las últimas revistas se asemejan más al formato de un libro que contiene numerosos artículos sobre el Holocausto, escritos algunos por integrantes de la FMH, otros por sobrevivientes o por expertos académicos. La mayoría de las ediciones se encuentra disponible en el Museo y algunas han sido digitalizadas y se localizan en la página web[17].

Esta publicación fue y es uno de los dispositivos centrales en la construcción de la memoria del Holocausto de esta institución. En un comienzo fue una revista de divulgación de las actividades del museo aunque siempre se debatió su funcionalidad. Con el paso del tiempo se convirtió en un vehículo de la memoria a través de sus artículos, en el cual se construyó y difundió una memoria del Holocausto. Como afirma Dujovne, la comunidad judía deposita una fe en el libro y las publicaciones “como transmisor de valores, imágenes y creencias necesarias para afirmar los sentimientos de comunidad, como portador o recreador último de la cultura judía” (Dujovne, 2014: 281). Allí se difunden formas de concebir ese pasado, pero también el presente.

Esta publicación, que a veces sale una en el año o más de una dependiendo del presupuesto, fue uno de los elementos que se sostuvo desde los inicios de la fundación. Se distribuyó de forma gratuita para algunas organizaciones, escuelas, visitantes, docentes e instituciones en general, pero de forma selectiva, es decir a quienes decidía la FMH. En un comienzo quienes impulsaron la revista como Milmaniene, se encargaban de llevarlo personalmente a los colegios e instituciones. A lo largo de sus veinte años de publicación la revista modificó el formato, el contenido y los autores. A lo largo de sus publicaciones algunos tópicos fueron constantes: las palabras de los sobrevivientes, de sus familiares, las canciones que se volvieron “himnos oficiales” (como el Canto de los Partisanos), los hechos históricos que se seleccionaron para crear aniversarios de la memoria (como la liberación de Auschwitz). Estos conforman los “hitos” del Holocausto, como la canción de los partisanos o el homenaje a Oskar Schindler, uno de los salvadores o Justos entre las Naciones más conocidos. También la revista realizó una constante referencia a Yad Vashem, centro mundial de documentación, investigación y conmemoración creado en 1953 en Jerusalén que marca hasta la actualidad las políticas de la memoria del Holocausto. Otra aparición constante es la mención y el recuerdo de la Kristallnacht[18]. También se hizo referencia a diversos aniversarios significativos como el aniversario del Levantamiento del Ghetto de Varsovia, una de las conmemoraciones centrales, muestra de lucha y resistencia y palabras de los sobrevivientes.

La revista también se volvió central como medio de comunicación para difundir la recopilación, el acopio de información, objetos, testimonios y datos sobre sobrevivientes en Argentina. Al principio fue un medio para solicitar objetos a los sobrevivientes o familiares para poder exponer en el Museo cuando esté abierto. Otra campaña que se realizó a través la revista antes de la inauguración del museo fue la campaña que se denominó “Done un nombre”, en la cual se solicitaban datos de sobrevivientes que hubieran llegado a la Argentina o de sus hijos.

La revista que comenzó siendo un órgano para difundir actividades con el paso del tiempo se convirtió en un órgano de difusión de escritos, principalmente de algunos integrantes de la FMH, como Zylberman o Milmaniene, y de autores extranjeros. En este sentido finalizó siendo un espacio de reproducción de artículos o partes de libros ya publicados. La mayoría casi totalizante de los artículos publicados son en referencia al Holocausto, es decir que no hay presencia de notas referidas a otros genocidios.

La principal actividad del Museo se encuentra desde el inicio en las visitas guiadas y los recorridos por la muestra central. A partir del año 2000 el objetivo primordial del museo se logró a través de la inauguración del Museo como institución de la memoria, la que contó con la presencia de las autoridades nacionales y provinciales, como Fernando De la Rúa, presidente de la Nación.

Desde el comienzo la muestra y la visita estuvo orientada a niños, niñas y jóvenes en edad escolar, principales destinatarios para quienes se pensó el espacio. Con una orientación pedagógica y educativa, la muestra se construyó con el fin de enseñar el horror del pasado para que no vuelva a suceder en el presente, y prevenirlo en el futuro.

La apertura del Museo se realizó primero sin una muestra constituida. La primera muestra que se presentó fue sobre Ana Frank y luego se estableció una muestra que iba a ser transitoria, “Imágenes de la Shoá- El Holocausto y sus resonancias en la Argentina”[19]. El objetivo de la muestra fue inaugurar el Museo con una exposición general que recorra el antes, el durante y el después del Holocausto. Como toda muestra, la selección de lo expuesto expresó por sí misma qué memoria se quería recordar y qué aspectos eran los importantes. El objetivo según los creadores fue “transmitir los aspectos fundamentales de los trágicos acontecimientos de la persecución y el exterminio de seis millones de judíos en el contexto histórico del ascenso del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial”[20]. La muestra se iniciaba con la vida judía de preguerra seleccionando principalmente la vida en las ciudades, los oficios y las escuelas. Esto fue representado a través de fotografías, objetos y mapas. A la par, desplegaba aspectos de la vida judía previa a la guerra en Europa y en Argentina. Luego desarrollaba los años previos al nazismo y la gestación del mismo, para llegar al ascenso de Hitler al poder y algunos “hitos” o quiebres como las leyes de Nuremberg, la Noche de los Cristales Rotos y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. A partir de allí comenzaba la planificación del exterminio y la persecución violenta, a través de los Einsatzgruppen, la construcción de guetos y los campos de exterminio. En los últimos paneles se destacaban los heroicos actos de resistencia judía contra el nazismo y concluía con la liberación y el destino de los sobrevivientes y los juicios a los criminales nazis contra la humanidad- destacando en cada uno de estos hitos, las repercusiones de los hechos Argentina. “Imágenes de la Shoá” tenía referencias en paralelo a hechos de persecución y discriminación que sucedieron en Argentina, como en la Semana Trágica[21]. Hace referencia a la Argentina pero no en su presente o pasado reciente, sino en algunos momentos de la primera mitad del siglo XX.

Esta muestra fue inaugurada entre el año 1999-2000 y pasó de ser una exposición temporaria a convertirse en la muestra permanente del museo. Si bien en los diecisiete años que duró no tuvo casi cambios importantes, sí recibió mínimas modificaciones como la incorporación de algunos objetos. La muestra fue transformada en el año 2017, cuando el Museo debió cambiar de sede al Seminario Rabínico. Entre el año 2017 y 2019 se reformó el edificio y la muestra en forma integral.

Además de la muestra central, el museo ha realizado otras muestras itinerantes, algunas que visitaron escuelas y otras que viajaron a lo largo del país. Entre ellas podemos nombrar la primera dedicada a Ana Frank, realizada entre los años 2000 y 2002, que se presentó en provincias como Ushuaia, Mendoza, La Pampa, San Luis, Rosario y Tucumán. También una dedicada a Eichmann, “Él vivió entre nosotros”, guionada por Zylberman, otra denominada “Mentiras y Verdades” con objetos vinculados al Holocausto o la última denominada “Resistencia”, realizada por el mismo autor.

A continuación, realizaremos un pequeño balance de la primera muestra central. Fue un gran esfuerzo por parte de los colaboradores y la comisión directiva hacer esa muestra con pocos recursos económicos. Pudo en pocos paneles reconstruir una historia del Holocausto haciendo hincapié en la cronología histórica y los principales protagonistas. Incorporó diversos recursos como objetos, imágenes y en algunos momentos audiovisuales.

La cantidad de información presentada en esa muestra tiene algunos aspectos que merecen ser resaltados. Un paseo por esa primera muestra mostraba que la información era numerosa y se encontraba organizada de forma ensimismada. El visitante transitaba los paneles observando un “bombardeo” de información sobre cada momento: fechas, datos, propagandas, fotografías, objetos, todo distribuido en igual medida, ocupando la totalidad de los paneles. La elección de la exhibición de fotografías, objetos y propagandas fue dispuesta en cuadrados, en una misma línea sin jerarquizar los diferentes recursos presentes, lo cual hizo que ningún elemento se destaque en los paneles.

La muestra como toda selección presentó algunos silencios y recortes. La importancia de ciertos aspectos de la cultura judía, como el Idish, la vida rural y la militancia de izquierda aparecían tímidamente, en comparación a su peso previo al Holocausto. Por ejemplo el primer panel no hay representación rural de las pueblos judíos de Europa Central u Oriental. Estos sectores de Europa oriental fueron los más pobres y contenían a la mayor parte de la población judía europea previa a la guerra. El museo privilegió en esa primera muestra la selección de imágenes de las ciudades, las fábricas, la modernización y vida cotidiana de algunos judíos, sin incorporar la vida rural ni las tradiciones, ni la escritura o el idioma. Este es otro aspecto que no apareció: la relevancia de la lengua Idish. A diferencia de los judíos que vivían en la Europa Occidental, como Alemania, Bélgica, Italia, Francia, los de Europa Oriental en su mayoría hablaban como primera lengua el Idish. La muestra contenía una mención al Idish pequeña en el segmento referente a Argentina y los judíos, pero no como parte de la cultura judía anterior al Holocausto de los judíos de Europa.

Otro aspecto que se encontró disminuido fue el rol de algunos actores. El relato privilegió el binomio de actores sociales basado en la lógica perpetrador-víctima, dejando de lado los denominados observadores pasivos y los cómplices civiles al nazismo, como las grandes empresas o algunos intelectuales contemporáneos. Esto hubiese complejizado el análisis de los actores sociales en la experiencia del nazismo.

Un aspecto a destacar en el análisis de la muestra es la no referencia a otros genocidios, como el armenio, el de Ruanda, el de Camboya, entre otros. Si bien en algunas exposiciones temporales han aparecido algunas referencias, como en el aporte que realizó la escuela ORT en el 2014 para la noche de los Museos, el Museo del Holocausto en su muestra central no presentó casos paralelos. Tampoco hizo referencia en ningún momento al Terrorismo de Estado en Argentina, país donde se encuentra ubicado. De esta manera, se observó una resistencia a la relación con otras experiencias, tanto locales como internacionales. Este delicado ejercicio comparativo podría enriquecer el estudio y análisis del Holocausto como hecho histórico. La unicidad del Holocausto, es decir su dimensión como suceso único e incomparable, ha sido uno de los debates que se llevaron a cabo dentro del museo y generaron disrupciones[22].

Otro aspecto relevante de aquella muestra fue la construcción de discurso de sobriedad, empleando un género serio, discreto, vinculado a la noción de verdad. Frente a los peligros que implican la estatización y el lenguaje figurativo se prefirió uno de fotografía, documentos y objetos, que presuponen una relación con lo real directa, inmediata y transparente.

Conclusiones y balance

A lo largo del capítulo se desarrolló el contexto de formación y la historia de la FMH, devenida en Museo del Holocausto de Buenos Aires. Para ello se historizó el contexto de su aparición, situado en la última década del siglo XX, como marco que permitió comprender su nacimiento. Algunos de los sucesos ocurridos a nivel internacional y nacional dieron lugar a la aparición de la FMH en Argentina. Esta Fundación se creó por interés de algunos sobrevivientes del Holocausto y sus familiares, la generación posterior, que se comprometió en hacer un espacio dedicado a la memoria y educación. Fueron aquí descritas la organización y actividades llevadas a cabo por la FMH.

Mientras se logró concretar la construcción del museo para la memoria del Holocausto, en el país los organismos de derechos humanos se enfrentaban a un gobierno que imponía el indulto a los responsables de los crímenes y la violación de los derechos durante el Terrorismo de Estado. De esta manera una memoria triunfaba mientras otra permanecía subterránea, en las calles y luchando por ser reconocida. Podríamos pensar que esta memoria actuó como una “memoria de sustitución”, como recuerdo encubridor en la cual el Holocausto como trauma vendría a ocupar el lugar del trauma inhallable (Robin, 2014). La obra de la memoria del Holocausto parecía no presentar el riesgo de concitar a algún sector de la población contra la autoridad. Aquí se evidencia que los usos de las memorias traumáticas son diversos y a veces exceden a los intereses de sus promotores. Una hipótesis al respecto es que para los gobiernos de los años noventa, reconocer los crímenes de lesa humanidad ocurridos durante el Terrorismo de Estado (1976-1983) significaba reconocer que el mal se encontraba aquí, y que la violencia no había sucedido solo lejos. Permitir y posibilitar la aparición pública de una memoria global, internacional y apolítica en cierto sentido, resultó menos riesgoso que dar lugar a la memoria local, aún viva y en lucha.

La creación de este espacio no dependió solo de la voluntad de los sobrevivientes y las generaciones posteriores. También como se observó su aparición fue posible en parte por la participación de algunos actores representantes del Estado, como Mendoza, quien fomentó la creación del primer monumento dedicado al Holocausto y posibilitó el encuentro de algunos integrantes de la Fundación con otros políticos y luchadores por los derechos humanos; Corach, quien facilitó la donación de un espacio para construir el museo; integrantes de la Alianza, como Álvarez y Aníbal Ibarra, que declararon al museo de interés nacional.

Además de estos vínculos con actores políticos, también construyeron vínculos con instituciones de la comunidad judía preexistentes. En este sentido FACCMA prestó sus instalaciones, AMIA patrocinó la refacción del museo, la DAIA, la Sociedad Hebraica Argentina, Macabi y Sherit Hapleitá coordinaron en conjunto congresos, conferencias y seminarios.

Este trabajo además buscó relevar el relato construido durante la primera muestra, y la más duradera, dentro del museo (2000-2017). Esta muestra del museo del Holocausto de Buenos Aires ha mutado en los últimos años y se presentó renovada a fines del 2019, en el mismo edificio. Como aporte, y cierre de este capítulo, realizaremos un balance de la muestra anterior, presente por casi veinte años.

Un primer aspecto de la muestra relevada es la construcción de un relato basado en la unicidad del Holocausto. Esta pedagogía se instaló desde los años sesenta y fue un mensaje reproducido por algunos sobrevivientes como Elie Wiesel. La unicidad implica que al ser único en la historia, este hecho es incomprensible e incomparable. Esta forma de recordar el hecho se acerca a lo que Todorov reconoce como una recuperación literal del pasado: “el suceso es preservado en su literalidad (lo que no significa su verdad), permaneciendo intransitivo, y no conduciendo más allá del mismo” (Todorov, 2013: 50). Esta forma de recordar se diferencia de la manera ejemplar en la cual el suceso, una vez recuperado, se utiliza como una manifestación entre otras de una categoría más general y se posiciona como un modelo para comprender otras situaciones. De este ejemplo, se extrae una lección que posibilita pensar situaciones más actuales y es un principio de acción para el presente.

Frente a esta pedagogía nos preguntamos, ¿no existió después del Holocausto un Ruanda, un genocidio guatemalteco?, ¿no existió un terrorismo de estado desaparecedor en Argentina, Brasil, Uruguay o Chile? Es interesante recuperar que la principal razón por las cuales los niños, niñas y jóvenes visitaron el museo es a través de sus escuelas, que asistieron en parte por la incorporación a la currícula del tema Holocausto en el marco del trabajo sobre genocidios, impulsado por la propia experiencia local y regional[23]. Comparar genocidios tan diversos conlleva a problemas y riesgos que implican pero no deberían reprimir el ejercicio comparativo, ya que de allí quizás se pueden extraer algunas preguntas y enseñanzas interesantes. Queda pendiente profundizar sobre este aspecto en una próxima investigación.

En referencia a los visitantes de la muestra, principalmente jóvenes entre 11 y 17 años y en edad escolar, la época nazi puede parecer algo muy lejano y ajeno. En la muestra observaron imágenes que son lejanas en tiempo, en espacio, aparecían trajes militares, grandes campos de concentración, ciudadanos obligados a vivir encerrados, todo lo cual puede parecer una película. Quizás el desafío es pensar el cómo acercar ese hecho histórico al presente y establecer diálogos con lo cercano en tiempo y en espacio. Así se pueden pensar estrategias que permitan “utilizar ese pasado con vistas al presente, aprovechar las lecciones de las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy en día y separarse del yo para ir hacia el otro” (Todorov, 2013: 53).

En la muestra se expuso una relación concreta con lo local, al aparecer referencias a la historia argentina como “la Semana Trágica” o primeras planas locales durante el nazismo. En la selección del pasado local se hizo referencia a los hechos más lejanos, pero se evidenció una distancia con los hechos más cercanos como el Terrorismo de Estado y los desaparecidos.

Sin embargo, la muestra contuvo una referencia a lo local, que dejaba entrever aspectos de nuestra historia, aunque quizás no de forma intencional. Al respecto la muestra central priorizó el lugar de los campos de concentración y exterminio (CCD), exhibiendo el reconocido traje a rallas, frente a otras formas de asesinatos, como el denominado “Holocausto por balas”. Otro museos latinoamericanos dedicados al tema, como el de Guatemala, hace su eje en este último proceso. Probablemente para la sociedad argentina sea mucho más significativa la imagen o el concepto de CCD por nuestra historia reciente. ¿No debería entonces potenciar este museo reflexiones sobre la violencia local estatal de la historia reciente?

Otro aspecto que destacó la muestra fue la complejidad de observar y sentir empatía ante el horror, apartándonos de los políticamente correctos. Frente a esto nos preguntamos ¿cómo interpelaba esa muestra al espectador? ¿Cómo lo hacía formar parte de esa historia, sin importar su pasado, sus raíces, sino por el simple hecho de ser humano? Si aquello que se expuso sucedió hace mucho y muy lejos de Argentina, ¿cómo se los acercaba a pensar el presente? Además una gran mayoría de los que visitaban el museo no pertenecen a la comunidad judía, por lo que no solo fue hace mucho y muy lejos, sino que le sucedió a “otros”. Entonces, ¿cómo se los convocó?

Sobre este aspecto, una opción podría haber sido construir una pedagogía crítica, es decir realizar una muestra que permita reflexionar sobre ese pasado a partir de preguntas. Esto implicaría entender al visitante como un sujeto pensante y reflexivo. Quizás en vez de entregar todas las respuestas, con datos, nombres, fechas, el museo podía plantear algunas preguntas complejas sin respuestas, dejar abiertos interrogantes y hacer de la pregunta una práctica. Sontag afirmaba que “quizás se le atribuye demasiado valor a la memoria y no el suficiente a la reflexión” (Sontag, 2010, p. 98): ¿puede un museo provocar incomodidades, preguntas y problemas? Es quizás desde la incomodidad y la diferencia que se puede pensar, tejer lazos y construir la prevención de nuevos genocidios.

Como afirman González de Oleaga y Di Liscia, “Si pensamos la democracia como un sistema político y como una ideología (una forma de concebir lo político y la política), que pretende canalizar las múltiples demandas de sus ciudadanos de forma pacífica, aparecen dos palabras clave: diferencia y conflicto” (2018: 6). En este sentido, si un museo logra presentar estas ideas, puede favorecer a un entendimiento del pasado y del presente.

Tras “la memoria saturada” (Robin, 2014), el exceso de información y la construcción memorial desde el discurso simplificado y serio, resta seguir pensando formas alternativas de transmitir, reflexionar y llegar a una posible apropiación de los visitantes, observando lo diferente y lo conflictivo. Queda abierto entonces este desafío para esta institución que sigue creciendo y que se ha transformado de forma significativa en los últimos años.

Entrevistas realizadas por la autora

Davidowicz, Mónica, integrante de la FMH. Entrevista realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Febrero de 2015.

Jinich, Graciela, ex integrante de la FMH. Entrevista realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Noviembre de 2014.

Juhsz, Julia, secretaria de la FMH. Entrevista realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Junio de 2016.

Pierri, Serafina, museóloga de la FMH. Entrevista realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Julio de 2015.

Milmaniere, Sima, integrante de la FMH. Entrevista realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Noviembre de 2014.

Rochwerger, Susana, integrante de la FMH. Entrevista realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Febrero de 2015.

Shalom, Héctor, director del Centro Ana Frank. Entrevista realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Junio de 2016.

Widder, Sergio, director del El Centro Wiesenthal. Entrevista realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mayo de 2014.

Zylberman, Abraham, integrante de la FMH. Entrevista realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Febrero de 2015.

Zylberman, Lior, ex trabajador de la FMH. Entrevista realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Diciembre de 2015.

Bibliografía

Baer, Alejandro, (2006) Holocausto. Recuerdo y representación. Buenos Aires: Editorial Losada.

Carnovale, V. (2006). Memorias, espacio público y Estado: la construcción del Museo de la Memoria. Estudios AHILA de Historia Latinoamericana, nº 2 (nueva serie), Berlín, Verveurt Verlag.

Dujovne, A. (2014). Una historia del libro judío. La cultura judía argentina a través de sus editores, libreros, traductores, imprentas y bibliotecas. Buenos Aires: Siglo XXI.

Durán, V., Messina, L y Salvi, V. (2014). Espacios de memoria: una apuesta al debate. Clepsidra, revista interdisciplinaria de estudios sobre memoria, 1(2), 5-11.

González de Oleaga, M., Di Liscia M.S., Museos y ciudadanía. The odd couple. A Contracorriente: una revista de estudios latinoamericanos, Vol. 15, n°2, 1-10.

Huyssen, Andreas, (2007) En busca del futuro perdido: cultura y memoria en tiempos de globalización. México: Fondo de Cultura Económica.

Jelin, Elizabeth, (2002) Los Trabajos de la Memoria. España: Editorial Siglo XXI.

Robin, Régine (2014). Sitos de memoria e intercambios de lugares. Clepsdira, revista interdisciplinaria de estudios sobre memoria, 1(2), 122-145.

Sontag, Susan (2010). Ante el dolor de los demás. Madrid: DEBOLSILLO

Todrov, Tzvetan, (2013) Los abusos de la memoria. Barcelona: Paidós Ibérica.

Traverso, Enzo, (2014) El final de la modernidad judía: historia de un giro conservador. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Traverso, Enzo, (2011) El pasado, instrucciones de uso. Buenos Aires: Prometeo Libros.

Traverso, Enzo, (2012) La historia como campo de batalla. Buenos Aires: Fondo de cultura económica.

Wechsler, Wanda, (2017) ¿Todo está guardado en la memoria? Los usos de la memoria del Holocausto en la Argentina a través de un museo (1993-2013) (Tesis de maestría). UdeSA, Buenos Aires.


  1. Wechsler, W. (2016). ¿Todo está guardado en la memoria? : los usos de la memoria del Holocausto en la Argentina a través de un museo (1993-2013) (Tesis de maestría). Universidad de San Andrés, Buenos Aires.
  2. Sherit Hapleitá es una institución que reúne a sobrevivientes del Holocausto. En Argentina es una de las primeras que se fundó con el fin de contener a los sobrevivientes y crear un espacio para la realización de actividades referidas a la memoria del Holocausto. También la organización en un primero momento llevó adelante trámites de indemnización de los sobrevivientes.
  3. En la ciudad de Montevideo, Uruguay, ya existía un espacio museístico antes de la creación del Museo de Buenos Aires, que data de los años sesenta.
  4. Para profundizar, ver Chinski, M. (2018), tesis doctoral, “Memorias olvidadas: los judíos y la recordación de la Shoá en Buenos Aires, 1942-1956”, Universidad Nacional de San Martín, Buenos Aires.
  5. Para profundizar, ver “Entre la aceptación y el distanciamiento: Actitudes sociales, posicionamientos y memoria de la experiencia judía durante la última dictadura militar” de Emmanuel Nicolás Kahan, 2012.
  6. Escritura pública conforme al CCCN (Ley 12990). Conforme escritura N° 140, actuación notarial del Colegio de Escribanos B004787632 al B004787638 inclusive
  7. Wechsler, W. (2016). ¿Todo está guardado en la memoria? : los usos de la memoria del Holocausto en la Argentina a través de un museo (1993-2013) (Tesis de maestría). Universidad de San Andrés, Buenos Aires.
  8. “Breve reseña histórica de F.M.H”, Susana Rochwerger, p. 1. Material enviado por Rochwerger a la autora vía correo electrónico.
  9. Se puede nombrar como referencia la toma de testimonios organizada por la Fortunoff Video Archives for Holocaust Testimonies, con sede en la Universidad de Yale. Comenzó su labor en el año 1979, a partir de la idea del psicoanalista sobreviviente del Holocausto, Dori Laub.
  10. Estas instituciones se comprometían a proveer infraestructura tecnológica, horas voluntarias, horas profesionales y difusión.
  11. “Breve reseña histórica de F. M. H”, Susana Rochwerger, p. 1. Material enviado por Rochwerger a la autora vía correo electrónico.
  12. El ataque efectuado a la Embajada de Israel en Argentina sucedió el día 17 de marzo de 1992 y causó 22 muertos y 242 heridos.​​​ Se destruyó la sede de la embajada y del consulado, ambas ubicada en la Ciudad de Buenos Aires.
  13. FACCMA es la Federación Argentina de Centros Comunitarios Macabeos, una organización sin fines de lucro que nuclea a 43 instituciones (centros comunitarios, entidades socio deportivas y clubes). Todas ellas conforman una extensa red nacional comunitaria. FACCMA articula y desarrolla programas culturales, educativos y deportivos en un marco judaico.
  14. Acta fundacional Fundación Memoria del Holocausto (1994).
  15. Aunque excede a este trabajo, debe tenerse en cuenta la influencia que tuvieron los dos atentados sufridos por la sociedad, el primero a la Embajada de Israel y el segundo a la AMIA en el reforzamiento de los lazos entre el gobierno y un sector de la comunidad judía. Por otro lado, también se podría indagar en torno a las relaciones internacionales, y el vínculo entre el gobierno, los Estados Unidos e Israel durante la década de los noventa.
  16. Entrevista a Sima Weingarten realizada por la autora en noviembre de 2014 en la Ciudad de Buenos Aires.
  17. https://bit.ly/2ZsYwED.
  18. La Kristallnacht o Noche de los Cristales Rotos fue un hecho histórico que marcó el avance en la persecución y privación de derechos en Alemania contra los judíos. Sucedió en la noche del 9 de noviembre de 1938 e implicó el ataque a judíos, locales judíos y sinagogas por parte de las tropas de asalto nazis con colaboración de civiles. Los diversos ataques dejaron como consecuencia la muerte de al menos 91 judíos y las calles cubiertas de vidrios rotos a consecuencia de la destrucción de locales.
  19. La dirección de la muestra estuvo a cargo de Daniel Bargman y Regina Steiner; el montaje a cargo de Irene Jaievsky y con asesoramiento de Sima Weigarten. El trabajo histórico fue realizado por Abraham Huberman y Abraham Zylberman, la producción audiovisual por Lior Zylberman y contó con la colaboración de Mónica Dawidowicz, Liora Duchossoy y Eva Rosenthal.
  20. https://bit.ly/3iX3MYN.
  21. La Semana Srágica se denomina a la represión obrera que sucedió en el año 1919 durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen, en la cual fueron asesinados cientos de obreros. El conflicto fue consecuencia de una huelga obrera realizada en los talleres metalúrgicos Vasena, en reclamo por mejoras salariales. Un alto porcentaje de los obreros presentes eran de la comunidad judía. La represión no solo estuvo a cargo de las fuerzas policiales, sino que incluyó grupos parapoliciales como La Liga Patriótica, que sostenía una ideología antisemita.
  22. Para ampliar, ver Wechsler, W. ¿Todo está guardado en la memoria? : los usos de la memoria del Holocausto en la Argentina a través de un museo (1993-2013) (Tesis de maestría). Universidad de San Andrés, Buenos Aires.
  23. Desde el año 2005, el Ministerio de Educación de la Nación llevó adelante una política educativa de memoria que promovió la enseñanza de la historia reciente desde el Programa de Educación y Memoria y formó parte de un proceso más amplio que incluyó una serie de políticas públicas de memoria y derechos humanos. En el año 2009, el Consejo Federal de Educación aprobó la Resolución N° 80/09 titulada Plan de Enseñanza del Holocausto, que comprometió a nivel nacional y provincial, a la realización de acciones concretas para incluir en la currícula la enseñanza de la temática. Por último, en el año 2012, el Consejo Federal de Educación aprobó la resolución 180/12 para la promoción de la enseñanza del Holocausto y otros genocidios del siglo XX en la educación secundaria.


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