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Presentación

¿Apocalípticos o integrados?
El campo de investigación sobre la experiencia
de la vida judía en Argentina 

Emmanuel Kahan

En Hacer Patria, el documental de David Blaustein (2007), se puede apreciar la trayectoria de la propia historia familiar del director como una alegoría del derrotero de la vida judía en Argentina. Sus abuelos maternos y paternos llegan al país como parte de las olas inmigratorias de comienzos del siglo XX y dan inicio a un proceso de integración familiar a la sociedad nacional que se caracterizó por múltiples bifurcaciones, obstáculos y adaptaciones. Uno de los aspectos más destacados del film es su capacidad para dar cuenta de cómo operaron los contextos históricos específicos el proceso de incorporación a la Nación, la integración al mundo del trabajo, los jalonamientos frente al devenir político, etc. en el derrotero de la vida familiar.

Si bien la trayectoria de los Blaustein es similar a la de cualquier otro grupo migratorio arribado al país como parte de la misma experiencia histórica la de aquellos que llegaron desde Europa entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, en la narrativa se ponderan una serie de determinaciones que caracterizan el derrotero de la vida judía en el país. Sin sobredimensionar la experiencia un recurso bastante utilizado en otras producciones de transmisión cultural, la cuestión del antisemitismo permite reconocer una característica diferenciada de integración que se conjuga con una serie de inmigrantes cuyas procedencias nacionales fueron diversas, su adscripción religiosa de distinto grado, con un conjunto de tradiciones plurales y un amplio abanico de identificaciones políticas e ideológicas.

En este sentido, el título del documental es un recurso simbólico central. Hacer Patria recupera la narrativa acerca de la integración desgarrada de los judíos a la Nación disputando el sentido a quienes, durante gran parte del siglo XX, acusaron a los judíos de ser ajenos y amenazantes de lo que se esperaba como la esencia del “ser nacional”: “¡Haga Patria, mate un judío!” fue uno de los leiv motiv que esgrimieron estos actores. En la película la historia de los Blaustein se podría contar como la de los Pérez-García por recurrir a otra alegoría con el objeto de dar cuenta del proceso de integración de un conjunto de inmigrantes sin renunciar a una serie de experiencias que fueron particulares. En este sentido, la propuesta narrativa de David Blaustein, aunque ya tiene algunos años, nos propone revisar el abordaje de la experiencia de la vida judía en el país sopesando la dimensión particular de su derrotero y su incorporación a las diversas esferas de la sociedad nacional.

Esta compilación advierte  que el abordaje de las características que asumió la vida de los y las judías en el país sigue siendo un campo académico en construcción. ¿Qué significa esto? Que la agenda de investigación aún está en desarrollo y que la misma está atenta al universo de investigadores abocados al tema y al reconocimiento de otras agendas académicas de las Humanidades y las Ciencias Sociales. Para reponer la perspectiva del documental Hacer Patria: hay que mirar a los Blaustein como los Pérez-García pero sin dejar de advertir algunos rasgos singulares. En gran medida, esto dependerá de cómo los estudios sobre el derrotero sociohistórico de los judíos en el país permita comprender y poner en diálogo esta experiencia con la de otros colectivos sociales.

El desarrollo de los estudios sobre los judíos argentinos concentró sus polos de producción, durante una considerable cantidad de tiempo, por fuera de la propia frontera nacional. El epicentro de las investigaciones estuvo mayormente en los Estados Unidos e Israel. Incluso, como muestra el trabajo de Alejandro Dujovne y Emmanuel Kahan (2019), lo que se denomina como estudios judíos latinoamericanos evidencia una gran preponderancia de la indagación en torno a diversas facetas de la experiencia argentina. Si bien gran parte de esta producción se concentró en las formas, disputas, jalonamientos y desarrollo de las instituciones autoadscriptas a la representación de lo judío, también es posible identificar un canón de trabajos fructíferos sobre diversas dimensiones en torno a la participación de judíos en la creación artística y cultural.

Cuando la experiencia del Núcleo de Estudios Judíos en Argentina comenzaba a forjarse, por el año 2005, muchos de nosotros y nosotras presenciamos ‒aún jóvenes‒ los debates que colegas de Israel, los Estados Unidos y México tenían en torno a cómo pensar conceptual y metodológicamente la experiencia de los judíos en nuestras sociedades nacionales. Aquellas polémicas permitían identificar cómo, al menos para el caso de los estudios de carácter sociohistórico, la mirada se había concentrado en las dimensiones institucionalizadas de la vida judía en el país incluso, en aquellas instituciones concentradas mayormente en la ciudad de Buenos Aires y adscriptas al sionismo invisibilizando a un universo mayor de experiencias vinculadas de modo diverso a lo judío (Lesser & Rein, 2008; Bokser-Liwerant et al., 2011).

Como todo debate de carácter intelectual, las posiciones resultaban iluminadoras y, en todo caso, marcaban cuáles eran entonces los déficits del campo o los lugares aún no interpelados por los académicos dedicados al estudio de los judíos en nuestras sociedades. Leída a la distancia, la polémica evidenciaba que los estudios ensimismados en las dinámicas institucionales no permitían advertir el grado de integración y aceptabilidad que la representación de los judíos había tenido en Argentina. Esto contrastaba, sin embargo, con la producción que en aquel tiempo ya se había desarrollado entre aquellos que situados en los estudios culturales habían mostrado cómo diversas trayectorias casi siempre consagradas habían integrado o puesto en diálogo las formas de pensar lo judío en contextos más amplios que los marcos institucionales.

No obstante, y el tiempo sucedido entre aquellos debates y nuestras producciones académicas resultó central, el abordaje sobre los marcos institucionales operó como un buen “mapeo” que permitió reconocer algunas dimensiones singulares de la experiencia asociacional judía y sus diversos matices en función de las adscripciones identitarias múltiples que interpelan lo judío: las diversas formas de religiosidad, las diferentes lenguas comprendidas, las variables regionales y nacionales de procedencia, la adscrpciones políticas y las posiciones, redes y pertenencias transnacionalizadas. En este sentido, si bien debemos comprender que el desarrollo de los y las judías en el país puede observarse y poner en diálogo con el de otros contingentes de migrantes, también es posible advertir que algunas dimensiones endógenas fueron singulares y que factores exógenos el antisemitismo, los atentados a la Embajada de Israel (1992) y al edificio de la Asociación Mutual Israelita de Argentina (AMIA) (1994), por ejemplo otorgaron una representación diferenciada de lo judío en el espacio público.

Lo singular, lo específicamente judío, y lo compartido constituyen el horizonte de abordaje de la experiencia judía en nuestro país. Cómo conjugar ambas dimensiones constituye uno de los desafíos para poder comprender el modo en que, ya entrado el siglo XXI, los judíos se han integrado a la vida política, social, cultural y económica. Este no es una mera cuestión declarativa sino una premisa metodológica. ¿En qué sentido? Una mirada sobre la escena contemporánea, por ejemplo, no puede dejar de advertir que la integración de los judíos en las diversas dimensiones que componen la esfera pública ha sido, en algún sentido, exitosa. A diferencia de los debates y los embates contra, por ejemplo, la presencia de funcionarios de origen judío durante el tercer gobierno peronista (1973-1976) y la presidencia de Alfonsín (1983-1989), desde fines del siglo XX y ya definitivamente en la segunda década de la centuria que estamos transitando, diversas personalidades con distinto grado de auto-identificación con lo judío ocuparon y ocupan funciones centrales del entramado institucional, estatal y político. Lo mismo podría decirse en relación al campo empresarial. (Quizás la excepción sea el ámbito de la producción cultural, intelectual y/o académica donde este proceso había sido anterior).

Esta dimensión contemporánea quizás pueda ser ilustrativa del declive de los estudios en torno al antisemitismo. Estos, junto a los trabajos sobre la inmigración judía, fueron uno de los tópicos más abordados durante un período considerable de tiempo. Podríamos afirmar que, en algún punto, fueron los pilares sobre los que se desarrollaron los estudios sobre la experiencia judía en el país incluso aquellos trabajos que indagaron en las prácticas culturales y los debates intelectuales venían a dar cuenta de cómo judíos migrantes o sus hijos e hijas fueron incorporándose a la Nación y legitimando las representaciones en tono a lo judío en el espacio público. 

Sin embargo, de un tiempo a esta parte la pregunta en torno a las persecuciones o acusaciones contra los judíos ha ido perdiendo peso. Ese desplazamiento de sentido es acorde con el impacto que la denuncia sobre el antisemitismo tiene en la agenda pública. ¿Esto significa que no hay antisemitismo en el país? No, para nada. Pero si es evidente que hay una amplia aceptación e integración de individuos de origen judío en diversas esferas del quehacer nacional que, en ocasiones, pone en duda la eficacia de las campañas de denuncia de persecución y odio a los judíos desarrolladas por instituciones comunitarias locales y transnacionalizadas. Incluso, como ha señalado en alguna ocasión Daniel Lvovich (2001) quien estudió sistemáticamente los discursos y las prácticas antisemitas en Argentina desde fines del siglo XIX hasta la década de 1950 (2003) las amplias y horizontalizadas muestras de apoyo de la sociedad argentina tras el atentado a la AMIA (1994) ponían en evidencia un cambio en las percepciones en torno a los judíos en el país. 

Claro, ha pasado mucha agua bajo el puente desde 1994. Pero, también es cierto, las expresiones antisemitas acaecidas en el país desde comienzos del siglo XXI se asemejan más a versiones caricaturizadas o en color sepia, como muestra el trabajo de Matías Grinschpun en este volumen, de las intervenciones y el impacto que tenían esas mismas narrativas durante gran parte del siglo XX. Pareciera que el antisemitismo es menos una amenaza latente sobre la existencia de la vida judía en el país como pudiera estar pasando, por caso, en algunos países europeos donde la situación es preocupante que un recurso para la intervención y legitimación en el espacio público nacional y en el entramado de relaciones transnacionales de instituciones y organizaciones que poseen aspiraciones representacionales de lo judío.

Un traslape temático también se puede advertir en torno a los estudios migratorios. Si bien estos continúan siendo uno de los puntales de la agenda académica actual, su objeto de indagación se ha traslado a un universo de actores menos consagrados que aquellos que procedentes de Europa llegaron al país entre fines del siglo XIX y mediados de la pasada centuria. En todo caso, la indagación sobre la llegada de judíos al país está asociada con los estudios sobre el Holocausto y los caminos sinuosos que atravesaron los sobrevivientes y refugiados como muestran de diverso modo los trabajos de Brodsky, Raber y Kahan en este volumen o Goldstein (2014), Chinski (2017) y Senkman (1991) o con las prácticas y representaciones de remembranza de las experiencias consagradas de inmigración de los judíos al país (Freidenberg, 2013; Flier, 2011; Cherjovsky, 2017).

Se podría advertir en este punto algo de carácter similar a los estudios sobre el antisemitismo. Los trabajos sobre la inmigración judía al país resultaron capitales en el desarrollo de una agenda en torno a los estudios judíos (Avni, 2002 ; Lewin, 1971; Senkman, 1984; Bargman, 2011, Mirelman, 1990). Estos trabajos resultaron muy influyentes y estimulantes al indagar en la mecánica, disposiciones, formas de integración y socialización comunitaria que acompañaron el arribo de judíos a la Argentina. Actuaron, a su vez, como narrativas que, desde la producción académica, legitimaron las representaciones de los judíos en el espacio público en contextos históricos específicos. No obstante, una vez legitimada la presencia de los judíos en la representación de la ciudadanía, el abordaje sobre la experiencia inmigratoria se ha reconvertido. Este nuevo corrimiento manifiesta el grado en que los estudios judíos dialogan con los estudios de memoria y con los abordajes en torno al Holocausto.

Esto último nos permite advertir cómo el estadío actual del campo comprende la articulación con otras, nuevas, locales y transnacionales agendas académicas. La presente compilación se propone mostrar cuál es el estado actual del campo de investigación a través del relevamiento de producciones de quienes integran el Núcleo de Estudios Judíos con sede en el Instituto de Desarrollo Económico y Social en la ciudad autónoma de Buenos Aires y de aquellos y aquellas que participaron de algunas de nuestras sesiones de trabajo. Estas investigaciones ponen de relieve, a su vez, la variedad disciplinar y la inserción diversificada de sus integrantes en equipos de investigación dedicados al estudio de los sitios de memoria, la religiosidad, las producciones teatrales y cinematográficas, los estudios de memoria y la historia reciente. De algún modo, al tiempo que indagan en lo judío su objeto se vincula con el desarrollo ampliado en otras escalas de investigación.

Hace unos años, cuando muchos de nosotros y nosotras aún avanzabamos en la formación de posgrado, debatíamos la pertinencia estratégica de presentar paneles específicos sobre la experiencia de los judíos en jornadas académicas nacionales: las Jornadas Interescuelas de Historia, las Jornadas de Ciencias Sociales y Religión, algunas de las de Sociología o las de Antropología Social, por mencionar algunas. Más allá de alguna presentación a modo de prueba, la experiencia y el modo en que se encarnaron los debates metodológicos y conceptuales nos llevaron a declinar la iniciativa. Si lo que pretendíamos era legitimar la pertinencia del campo de los estudios judíos en Argentina, no era estratégico ni mucho menos funcional reproducir la impronta particularista. Había que salir del ghetto así como abrir las puertas. Salir aún a condición de explicar cada vez quiénes eran los actores que investigamos y cuál la pertinencia de hacerlo. El tiempo nos ha permitido sopesar que algunas preguntas ya no están entre las intervenciones del público y los y las colegas. 

Abrir las puertas implicaba la necesidad metodológica de nutrirnos de otras experiencias de investigación que pudieran resultar iluminadoras para abordar la experiencia de los judíos en Argentina. También, para prestar la experiencia y diversidad conceptual y empírica de nuestros abordajes a una serie de agendas de investigación poco más o poco menos consolidadas que la nuestra. Las Jornadas de Trabajo del Núcleo de Estudios Judíos constituyeron desde 2009 una experiencia que permitió construir ámbitos de diálogo e intercambio fructíferos que se materializaron en publicaciones colaborativas y Dossier específicos de revistas académicas. Como advertimos respecto de la premisa metodológica en torno al abordaje de la experiencia judía atendiendo lo particular y lo compartido el reconocimiento del propio campo se fraguaba entre el abordaje de renovadas dimensiones de la experiencia judía en Argentina y el diálogo o el modo en que esos abordajes se insertaban en redes más extensas de indagación acerca del mundo social, político y cultural.

En sentido, los estudios judíos en Argentina siguen siendo un campo en construcción pero no en el mismo estadío que cuando comenzamos a reunirnos en 2005 un pequeño y entusiasta grupo de jóvenes investigadores con el afán de desarrollar trayectorias académicas en nuestro país. Es cierto, también, que ese conjunto de voluntades tuvo a su favor una política pública de ampliación del sistema de Ciencia y Tecnología en el país que permitió, por lo menos hasta el 2015, la incorporación de becarios e investigadores a las agencias de investigación y/o al sistema de Universidades con dedicación a tareas investigativas. Es decir, los estudios judíos en Argentina son la consecuencia de las trayectorias individuales de quienes han profundizado en el conocimiento sobre la vida judía en el país así como de un contexto que habilitó la concreción de esas mismas trayectorias en marcos institucionales legitimados para el estudio científico de experiencias sociohistóricas.

Este derrotero no puede menoscabar algunas referencias que han sido centrales. Desde ya, la producción previa y aquella que, contemporáneamente, se continuó produciendo en otros centros de investigación radicados en el exterior. De hecho, los encuentros en ámbitos como las Conferencias de LAJSA (Latin American Jewish Studies Association) y AMILAT (Asociación Israelí de Investigadores del Judaísmo Latinoamericano) constituyeron experiencias formativas y enriquecedoras en función de ampliar el horizonte de debates de los estudios judíos en Argentina. A su vez, no toda la producción académica argentina en torno a lo judío se produjo en el ámbito del Núcleo de Estudios Judíos y ni siquiera en Buenos Aires. Otros y otras colegas han realizado un aporte sustancial en este período: Nerina Visacovsky, Elisa Cohen de Chervonagura, Vanesa Teitelbaum, Susana Skura, Susana Brauner, Silvia Hansman, Fabiana Tolcachier, Marcia Ras, Beatriz Gurevich, Mónica Szurmuk, Iaacov Ruvel, Daniel Bargman, Tamara Kohn, Lucas Fiszman, Fernando Fischman, entre otras y otros.

Estas trayectorias y aportes se refuerzan con una serie de instituciones que permiten el desarrollo de muchas de nuestras investigaciones. Desde 2018 comenzó a consolidarse la iniciativa del Centro de Documentación “Pinnie Katz”, bajo la voluntariosa dirección de Nerina Visacovsky, que reúne las publicaciones y fuentes documentales de las instituciones ligadas a la Federación de Entidades Culturales Israelitas (ICUF). Este nuevo archivo se suma a los ya existentes Centro de Investigación y Difisón de la Cultura Sefardí, el Instituto de Investigaciones Judíos (IWO) y el Centro de Documentación Marc Turkow (AMIA), en la ciudad de Buenos Aires, que reúnen colecciones destacadas para nuestro trabajo así como los relevamientos realizados por el Centro de Estudios Sociales (DAIA). Deberíamos sumar la reciente apertura de un punto de acceso al fondo del Visual History Archive de la Shoah Foundation en una institución emblemática y en un punto central de la geografía política argentina: la sede de Memoria Abierta en el sitio de memoria de la Ex-ESMA. Este último se trata de un caso significativo de lo que intentamos presentar en relación a la presencia de lo judío en la geografía política y simbólica nacional: uno de los archivos más emblemáticos en torno a la experiencia de la dictadura militar en el país acogerá el repositorio más grande de testimonios sobre el Holocausto.

El presente volumen pone en evidencia, también, que las temáticas abordadas han ido modificándose o consolidando en estos 15 años de trayectoria del Núcleo de Estudios Judíos. En 2011 publicamos una primera compilación que tenía por objeto hacer visibles cuáles eran los temas que abordábamos por entonces (Kahan, et al., 2011). Una revisión de aquel índice puede resultar ilustrativo: de los 15 artículos publicados solo 5 avanzaban más allá de la década de 1960, 3 no hacían referencias a marcos institucionales, 2 se vinculaban con el período del Holocausto 1 más lo hacía de modo general, 6 aludían a impacto y posicionamientos de los judíos en el escenario nacional/internacional. 

Tiempo después la extensión y actualización del repertorio de temáticas abordadas es significativo en sentido positivo y, desde ya, negativo. ¿Por qué? La compilación que estamos presentado muestra, a grandes rasgos, la consolidación de un gran área temática la configuración en el país de los estudios sobre el Holocausto y la preponderancia de dos marcos disciplinares en el abordaje de la experiencia judía en Argentina: los estudios culturales y la investigación de carácter sociohistórica. La revisión del índice de este volumen permitirá al lector o lectora identificar rápidamente que 5 de los 12 artículos abordan, en contextos diversos y revisando fuentes distintas, la recepción y resignificación del Holocausto en Argentina. En este sentido, como en lo que advertíamos sobre los estudios acerca de la inmigración de los judíos, no podemos dejar de reconocer que nuestros propios trabajos conforman parte de un universo de representaciones en el que la memoria del Holocausto se constituyó en uno de los tópicos centrales del sentido de identificación de lo judío en las escalas local e internacional ‒en nuestro caso, además y como muestra el trabajo de Kahan y Wechsler en este volumen, con el vínculo asociativo de carácter simbólico que se estableció con el último régimen dictatorial.

Resulta significativo que del conjunto de trabajos solo 1 se dedique exclusivamente al análisis de una institución y otros dos lo hagan tangencialmente a través del análisis de organizaciones que ayudaron o promovieron campañas para el socorro de sobrevivientes del Holocausto durante la década del 40´. Se podría advertir que, retomando los debates mencionados al inicio, el índice de este libro evidencia que ha sido posible abordar diversas facetas, actores y representaciones en torno a lo judío que circulan por fuera de los marcos institucionales. Eso es una verdad a medias. ¿En qué sentido? Una lectura profunda de los textos no tardará en identificar que esas trayectorias o definiciones identitarias están en relación, a veces armoniosa y otras conflictiva, con las instituciones comunitarias. 

Las investigaciones de Raanan Rein (2015, 2012) sobre la participación de judíos en diversas organizaciones políticas partidarias en particular el peronismo así como su trabajo sobre el el club de fútbol del barrio de Villa Crespo, Atlanta, han sido reveladoras al igual que las investigaciones de Leonardo Senkman (1983) sobre la incorporación de lo judío en la literatura argentina. Estos trabajos nos brindaron herramientas con las cuales identificar la multidimensionalidad de nuestro objeto en el derrotero histórico, político, económico y cultural de nuestro país. Sin embargo, esta dimensión que enriqueció el grado de conocimiento en torno a lo judío en el país no puede desatender el peso que tienen, ya sea real o simbólico, las instituciones que auto-proclaman la representación de lo judío en el espacio público y, sobre todo, ante las autoridades políticas ya sean nacionales, provinciales o locales. El trabajo de Wanda Wechsler puede resultar muy ilustrativo al respecto: identificar las trayectorias de quienes desde el Museo de Holocausto legitimaron su inserción en estructuras políticas partidarias y/o en el funcionariado estatal es revelador del reconocimiento y utilidad que tienen esos marcos institucionales en la esfera pública. 

Si aceptamos sin más lo que advertimos anteriormente acerca de la baja intensidad, poca eficacia y retórica añeja del antisemitismo en el país, no llegaríamos a comprender en su real dimensión la impronta que tiene la denuncia en torno a amenazas, usos narrativos y prácticas antisemitas efectuada por diversas organizaciones comunitarias, ya sean de carácter local o transnacional. Aún cuando las denuncias ponen en evidencia los usos públicos del antisemitismo como estrategia de presión al poder político, se puede identificar el alto impacto que las mismas tienen en medios de comunicación y en prontas declaraciones de funcionarios estatales ‒cualquiera sea el signo de gobierno y el poder del Estado en el que cumplan funciones‒, intelectuales y ciudadanos y ciudadanas que retoman las denuncias aunque más no sea para el debate a través de intervenciones en redes sociales o portales informativos.

Quizás sea hora de volver a abordar lo judío a través de los marcos institucionales no porque allí se encuentre algo que efectivamente sea “judío” la mayoría de los trabajos en este volumen muestran que eso no le es sino porque en la escena local contemporánea la participación e implicancia de los marcos institucionales comunitarios del signo que fueran pone en evidencia la implicancia de esos mismos marcos en diferentes relaciones de poder. Y está claro que no se trata de consagrar el ideario antisemita acerca del dominio de los judíos de los entretelones de la política nacional e internacional sino de señalar que a diferencia de lo que caracterizó al siglo pasado en el que las instituciones de la comunidad judía tenían una relación más distante con los actores de la política estatal e institucional, en la centuria que estamos transitando la participación es abierta y declarada. 

Este trastocamiento de sentidos precisa, también, de una renovación metodológica: mientras la bibliografía sobre la experiencia de los judíos en el siglo XX ponía en el foco en la dimensión marginal de su derrotero, una mirada sobre el devenir, integración y estudio de trayectorias exitosas deberá estar atenta al estudio de la sociología de las elites. No porque los judíos en su conjunto conformen una elite sino porque muchas de las personalidades consagradas en el espacio público como representación aspiracional de lo judío forman parte de circuitos muy restringidos de las elites económicas, sociales y políticas del país.

Este retorno a las instituciones sería iluminador, a su vez, del modo en que se consolidó, bajo otro signo de los tiempos, una red de escuelas judías al calor de un proceso de privatización de la enseñanza en Argentina que comenzó a fines del siglo pasado. De algún modo, observar qué sucedió en las escuelas judías puede ayudarnos a comprender cómo se caracterizó un fenómeno más amplio y, en todo caso, identificar cuáles fueron las singularidades que adquirió y/o conservó  el tejido educativo de la comunidad judía en el país. Salvo algunos trabajos clásicos como los de Rubel (1998) y Zadoff (1994) y el proyecto renovado y programático dirigido por Judith Bokser Liwerant (2015), no ha habido muchas investigaciones que vuelvan a cruzar las dimensiones de historia, pedagogía e identidad judía. Los trabajos de Nerina Visacovsky (2015) y, el más reciente, de Karina Korob (2020) pueden resultar iluminadores.

La actualización de temas abordados, decíamos anteriormente, muestra los avances sobre un universo de actores, prácticas y representaciones que permanecían inexploradas a la vez que pone en evidencia aquello que sigue invisibilizado y que deberíamos poder abordar con nuevas herramientas, preguntas o atendiendo a un contexto que ha cambiado. Es llamativo, por ejemplo, la ausencia de trabajos en este volumen sobre el impacto, alcances, recepción y utilización pública de los atentados a la Embajada de Israel y la sede la Mutual Israelita de la República Argentina. Es un déficit de este libro pero también de las ciencias sociales en general. Salvo los trabajos de Beatriz Gurevich (2005), Natasha Zaretzky (2015), Kevin Levín (2016) y Mariel Slavin (2020) no ha habido un estudio profundo acerca del impacto que los atentados tuvieron en estos años ni en la capacidad de movilización, agencia y rupturas entre las organizaciones de afectados. Claro está que la investigación académica no puede reponer la ausencia de justicia retributiva ni establecer las responsabilidades pero si, como en la investigación sobre la dictadura militar (Kahan, 2010), iluminar cómo fueron constituyéndose sentidos cambiantes en torno a la memoria de los atentados y qué usos dieron diversos actores a las demandas de justicia. (Quizás, como en otros tantos temas, sea primero la literatura, el cine o el documental, el soporte que pueda poner primero una palabra. En este sentido, la miniserie “Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía” de Justin Webster (2020) puede constituir un punto de inicio).

En el mismo sentido podemos advertir que pese a la centralidad que los debates en torno a las cuestiones de género tienen en el espacio público, el campo académico de estudios en torno a lo judío se encuentra rezagado. El trabajo de Cynthia Gabbay en este volumen o las investigaciones de Sandra McGee Deutsch (2017), Elisa Cohen (2015) y las que está desarrollando Vanesa Teitelbaum en la provincia de Tucumán, resultan piezas claves que centran la mirada en las trayectorias de mujeres judías. Estas perspectivas podrían complementarse, desde ya, con las reflexiones e intervención de colegas inscriptas en otras tradiciones como Diana Sperling y Tamara Tenenbaum, por ejemplo. No obstante, la agenda de género es más amplia y salvo pocas excepciones como los trabajos más recientes de Damián Setton (2016) no ha habido una pesquisa sobre las sexualidades disidentes, la homosexualidad y la identificación con lo judío.

Algo del mismo orden podríamos reponer en torno al abordaje de lo judío desde los estudios culturales realizados en Argentina. Si bien constituyen una de las perspectivas más destacadas, su desafío es contemplar un espectro de producciones y soportes más amplios en los que pueden advertirse realizadores y autoras con distinto grado de identificación, como bien problematiza Gabbay en este volumen, respecto de lo judío. Los aportes de los artículos en esta compilación acerca de las obras, biografías y traducciones de diversos autores consagrados Israel Yeoshúa Singer, César Tiempo y Germán Rozenmacher son una muestra relevante de este universo. 

Las propuestas como las de Débora Kantor y Damián Setton, en este volumen, Lila Fabro (2019) y los trabajos en curso de Darrell Lockhart sobre la presencia de lo judío en comics,, por ejemplo, nos permiten reconocer un universo más amplio de soportes culturales en los que se complejiza la dimensión identitaria y el vínculo entre lo judío y otras constelaciones de sentido: el cine, la música, los cómics, los soportes multimediales y las redes sociales. En este sentido, el derrotero de algunas figuras destacadas podría ser iluminador de cómo se configuran nuevas, complejas, multidireccionales trayectorias y resignificaciones en torno a lo judío. Darío Sztajnszrajber, Simja Dujov, Laura Haimovichi, Julián Gorodischer, Langer, Brian Janchez, entre otros y otras. (Esto es un mero juicio del autor pero no resulta sorprendente que una de las mejores historias sociales y políticas en torno al derrotero de la vida judía en el país haya sido escrita por uno de los jóvenes cronistas de este tiempo: Los crímenes de Moisés Ville (2013, TusQuets) de Javier Sinay).

A su vez, la emisión de series televisivas como “Unorthodox” (2019) o el documental “One of us” (2017), por mencionar algunos, han puesto en escena los debates en torno a las comunidades religiosas de carácter ortodoxas. No obstante, muchas de las intervenciones en el debate público en medios locales, nacionales y en redes sociales han puesto en evidencia el escaso conocimiento y los prejuicios en torno a las prácticas religiosas. El trabajo de Vanesa Lerner, en esta compilación, puede resultar iluminador, en este sentido, a la vez que revelador respecto de dos aspectos centrales. En primer término, que lo que se evidencia como privativo del orden religioso el cumplimiento estricto de las normas y la persecución o rechazo de los díscolos bien podría encontrarse entre otros grupos en apariencia más liberales: la tesis de Adrián Krupnik (2019) sobre aquellos que “retornaban” tras la imposibilidad de transitar la integración a la sociedad israelí en las diversas olas de argentinos y sionistas que emigraron a Israel es iluminadora del “rechazo” y la “exclusión” a la que fueron sometidos cuando volvieron al país. (Algo similar podría observarse en los jalones y fraccionamientos que afectaron a las instituciones judías ligadas al Partido Comunista entre los años 40 y la década del 80´del pasado siglo: la disciplina partidaria era un valor que se imponía como reguladora de las prácticas sociales).

En segundo lugar, lo que se observa como rígido entre las prácticas de los grupos ortodoxos es más bien característico de otros credos religiosos que como señalan las investigaciones más recientes sobre América Latina, tienen una aceptación cada vez más extendida. En ese sentido, el estudio de las prácticas e incorporación de jóvenes a comunidades religiosas ortodoxas debería comprenderse como un fenómeno más amplio que incluye otros grupos religiosos nuevos pentecostales, evangelistas, musulmanes, etc. u otras formas que vinculan una cosmovisión del mundo en apariencia más light pero plagadas de reglas estrictas de observancia. 

Estos son solo algunos temas y problemas que una agenda de investigación centrada en los estudios judíos en Argentina podría atender. No obstante, no se trata de una “lista de tareas” ni las instrucciones para la consagración. En todo caso, son producto de una reflexión abierta, producto del diálogo con colegas ya sean de los estudios judíos como de otras agendas de investigación que repone la pregunta acerca del impacto público que pueden tener nuestras investigaciones. Al menos para Argentina, la “cuestión judía”, definida de modos diversos en razón de contextos cambiantes, ha tenido una relevancia destacada en el espacio público y, como se advierte en las últimas páginas de esta presentación, en relación a temas muy sensibles del debate contemporáneo. 

La tarea que realizamos quienes indagamos en diversas facetas de la experiencia judía en el país podríamos ser un aporte en este sentido. ¿Cuál es la relevancia de observar esa experiencia de modo desagregado? La identificación de cómo fue el desarrollo de la vida judía en el país, su integración, sus experiencias traumáticas, las emergencia de nuevos actores y la consolidación o cambio de instituciones tradicionales así como la consagración de trayectorias públicas ya sea en la política, la economía, las artes y el mundo intelectual y académico puede echar luz sobre los debates actuales en torno a las agendas de género, la diversidad cultural y la construcción de un horizonte de ciudadanía inclusiva.

Todo esto, como advertíamos anteriormente, fue posible gracias a un contexto que supo aunar el interés y la voluntad individual de los y las investigadoras, los recursos materiales disponibles para la pesquisa bibliotecas y archivos y una política pública que promovió el desarrollo científico y tecnológico en el país. Algunas de estas cosas se trastocaron en los últimos años y otras emergen como señales de buenos augurios ‒las nuevas iniciativas en torno a los archivos, por ejemplo. Tendremos algunos desafíos por delante: la construcción de una biblioteca actualizada sobre los abordajes de otros grupos, en particular de los judíos, la ampliación de los temas y actores abordados y la consolidación de un diálogo federal y regional que acompañe la formación de los investigadores y habilite el intercambio entre colegas que permita el enriquecimiento de perspectivas de abordaje y reflexión en torno a la experiencia de la vida judía en nuestras sociedades nacionales. No es poco.

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1 comentario

  1. roka 05/09/2020 4:13 am

    Gracias por la generosidad del convite
    Un trabajo deslumbrante

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