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PRIMERA PARTE: REPENSAR
EL TRABAJO Y SU CRÍTICA

La discusión teórica sobre el concepto de “trabajo” ha adoptado con frecuencia una forma dicotómica, en la cual lo que se debate particularmente es el problema de si puede considerárselo como la más propia y esencial de las actividades humanas, o si por el contrario se trataría de una actividad más junto con otras, que sin embargo con la modernidad habría pasado a ocupar un lugar central dentro de las dinámicas sociales, y en consecuencia también en las valoraciones morales. Dos filósofos muy importantes de la segunda mitad del siglo XX como lo son Hannah Arendt y Jürgen Habermas, han contribuido a que el debate se plantee en estos términos, defendiendo en particular la segunda alternativa: en ambos casos hay un intento evidente por criticar el lugar aparentemente central que el trabajo ha ocupado tanto en las prácticas sociales de la modernidad como en las principales corrientes de pensamiento de esta época.

El autor que, en este aspecto en particular, recibe fuertes cuestionamientos por parte de Arendt y Habermas es Karl Marx. Esto podría parecer curioso a primera vista, sobre todo si se tiene en cuenta que este pensador ha sido uno de los grandes críticos de las sociedades modernas capitalistas y del régimen del trabajo asalariado. No obstante, ambos suponen que la crítica de Marx, incluso cuestionando algunos aspectos de las sociedades capitalistas como son el régimen de la propiedad privada, la ganancia como móvil de la producción, etc., habría perseverado en la defensa de uno de los pilares del pensamiento moderno: el lugar central del trabajo, concebido –en clave filosófico-antropológica– como la esencia del hombre. Para Arendt y Habermas, sería en este punto preciso que el pensamiento de Marx mantendría una continuidad con la ideología liberal que en otros aspectos él criticó de un modo tan vehemente.

El problema que desde esta perspectiva parece imponerse es el de si el trabajo constituye o no la esencia del hombre, si es o no la más propia de las actividades humanas, si debe ser juzgado de un modo negativo o positivo, etc. Incluso teóricos que reivindicando el pensamiento de Marx polemizaron con Arendt y Habermas han aceptado este modo de plantear el problema en la medida en que, contra éstos, procuraron defender la idea de que el trabajo es central para la constitución de la especie humana.[1]

Planteado el debate en estos términos, quienes hagan una valoración positiva del trabajo defenderán su centralidad, y quienes lo consideren negativamente intentarán relativizar ese lugar. ¿Y de qué dependerá que el trabajo sea considerado positiva o negativamente? En general, del modo en que se evalúen los caracteres mediante los cuales ha sido definido el concepto. Si por ejemplo se lo define como una relación de tipo instrumental con la naturaleza, la decisión dependerá de la evaluación que se haga de este tipo de relación. Sin embargo, sucede que no hay una definición unánimemente aceptada del concepto de “trabajo”. Esto hace que muchas veces las discusiones lleven a un callejón sin salida, porque se cree estar refiriendo a lo mismo cuando en realidad no es así.

En esta primera parte de la tesis se procurará desplazar este eje para emprender una discusión más fructífera respecto del concepto de “trabajo”. El principal cuestionamiento que nos merece la formulación del problema en esos términos es que el debate que abre tiene características deshistorizantes, ya que se plantea entre posiciones que comparten una concepción en buena medida esencialista del trabajo. En efecto, en ambos casos el concepto tiende a ser entendido como una cierta “actividad” humana, que es comprendida en términos transhistóricos. Sobre este terreno ya demarcado, pueden aparecer diferencias: en el mejor de los casos –si se parte de una definición común, cosa que como señalamos no siempre ocurre– por la disímil valoración que podría hacerse de esta actividad denominada “trabajo”.

El eje que aquí se propone parte, por el contrario, de la necesidad de delinear una mirada socio-histórica adecuada a las exigencias de una teoría crítica, en la cual lo que interesará será dar cuenta del carácter específicamente social que el trabajo adopta con la modernidad capitalista. Así, la discusión dejará de estar planteada en términos del lugar que tiene el trabajo en relación a una supuesta naturaleza o condición humana; el problema ahora radicará en evaluar el modo en que se articula el concepto de “trabajo” en el seno de las teorías que procuran analizar crítica y reflexivamente la sociedad moderna. Es desde esta perspectiva que en el capítulo primero se estudiarán los planteos de Arendt y Habermas. En particular, se intentará demostrar que a pesar de que ambos autores utilizan este concepto como uno de los eslabones centrales de sus teorías críticas de la sociedad moderna, la adopción por ambos de un concepto históricamente indeterminado e incluso esencialista de “trabajo” limita las potencialidades de sus abordajes.

Por otro lado, nos apoyaremos en una relectura de la crítica de la economía política de Marx –muy diferente a la que realizan Arendt y Habermas, pero alejada también de las interpretaciones que, desde el marxismo, intentan construir una ontología o antropología del trabajo– para recuperar una serie de herramientas teóricas que nos permitirán articular un concepto de “trabajo” histórica y socialmente determinado; será a partir de este punto que se vislumbrarán los contornos de una teoría crítica del trabajo en las sociedades modernas capitalistas que, según se argumentará, podría hacer frente a las dificultades que encontramos en los planteos de Arendt y Habermas.

La elección de comenzar este estudio polemizando con estos dos autores se debe a una serie de factores. En primer lugar, los planteos de Arendt y Habermas constituyen referencias muy importantes para las teorías sobre el “fin del trabajo” que se estudiarán en la segunda parte, por lo cual analizarlos resultará fundamental para abordar algunos de sus supuestos. En segundo lugar, y en relación a lo anterior, los tratamientos que ambos autores hacen del concepto de “trabajo” se articulan en un nivel elevado de abstracción, en el marco de teorías generales sobre las sociedades modernas. Es por eso que nos parecen adecuados para el rastreo de supuestos teóricos fundamentales, que muchas veces operan, aunque de modo solapado, en discusiones más concretas, incluso de carácter eminentemente empírico. Finalmente, puede interpretarse que ambos colocan la crítica del trabajo en el centro de sus cuestionamientos a las sociedades modernas, tema que constituye uno de los propósitos fundamentales de esta tesis.

La decisión de estructurar el planteo crítico frente a estas posiciones recuperando a Marx es igualmente deliberada, por razones paralelas a las que se acaban de esgrimir. El filósofo alemán es uno de los blancos de las críticas que formulan los teóricos del “fin del trabajo” que se estudian en la segunda parte. Además, permitirá movernos en el nivel de abstracción que requiere este primer abordaje en la medida en que, al igual que Arendt y Habermas, plantea la cuestión del “trabajo” al nivel de una teoría general sobre el desarrollo de las sociedades modernas. Por último, constituirá el punto de partida de una crítica del trabajo moderno, aunque de naturaleza y con consecuencias sumamente diferentes a las que operan y se desprenden de los tratamientos respectivos de Arendt y Habermas.

Cabe aclarar también que la idea de comenzar esta investigación construyendo un debate se debe a razones vinculadas al tipo de abordaje que se propone. Se entiende que la contraposición de posturas es un buen mecanismo para lograr una mirada crítica y reflexiva, que antes de dar por supuesto su “objeto” (en este caso, el “trabajo”), intenta construirlo dialógicamente, procurando a la vez explicitar las razones e implicancias del objeto tal como fue constituido teóricamente.


  1. El caso más claro es el de Antunes, que entabla una discusión con Habermas en torno a la centralidad del trabajo tomando como punto de partida de su postura el planteo del último Lukács, según el cual el trabajo es el modelo de toda prâxis social. Véanse LUKÁCS, Giörgy, Ontología del ser social: el trabajo, Buenos Aires, Herramienta, 2004; y ANTUNES, Ricardo, Los sentidos del trabajo, ob. cit., cap. VIII.


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