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Prólogo

A cuatro años de su defensa publico ahora, con honda satisfacción, el trabajo de tesis que presenté para acceder al título de Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Saldo así una deuda pendiente que acarreaba –ante todo conmigo mismo–, y lo hago en un momento en el cual la discusión sobre el “fin del trabajo” vuelve a aparecer con cierta fuerza en el debate público.

La idea del “fin del trabajo” había tenido fuerte repercusión en los medios intelectuales e incluso más allá de ellos a fines de la década de 1990, pero se fue diluyendo en el trascurso de la década siguiente. Resultaba evidente entonces que las proyecciones más catastróficas sobre el desempleo tecnológico no se estaban cumpliendo ni en Europa ni en EEUU. En Latinoamérica, mientras tanto, el debate central acaecía entre el neodesarrollismo populista que llegaba al gobierno en varios países y el neoliberalismo, por entonces a la defensiva. Aquí y allá, poco espacio parecía haber para un debate que se entendía ya superado. Cuando finalizaba la escritura de la tesis, promediando el año 2013, la situación poco había cambiado a pesar del nuevo contexto abierto con la crisis financiera de 2008. Por esa razón, en la misma –el lector lo podrá apreciar– me vi en la necesidad de justificar la importancia del tema a pesar del aparente desinterés en el mismo que prevalecía entonces.

El contexto en el que hoy resurge el debate está signado por un proceso que ciertamente no es nuevo pero que está adquiriendo extensión y profundidad notables. La creciente universalización del uso de plataformas digitales, la tendencia a la interconexión de los dispositivos y el avance en las técnicas para el análisis de datos, entre otros, promueven la idea de que estamos asistiendo a un salto tecnológico cualitativo que conllevaría una nueva fase de automatización de los procesos productivos –llegándose a hablar, incluso, de una cuarta revolución industrial–. La cuestión de las tecnologías digitales y la tendencia a la automatización se constituye así en una preocupación que abarca un amplio espectro ideológico.

Un importante y difundido informe del Banco Mundial de 2016 denominado “Dividendos digitales”, indica que las computadoras prometen automatizar una creciente cantidad de empleos rutinarios e incluso algunos considerados hoy en día “no rutinarios” (traducción, atención médica, etc.), llegando a plantear que hasta las dos terceras partes del empleo en los países en desarrollo es pasible de automatizarse con las tecnologías existentes. A pesar de ello y de constatar una creciente polarización laboral y una distribución del ingreso desfavorable para los trabajadores, el informe mantiene, no obstante, una imperturbable fe liberal en el carácter progresista de las tecnologías digitales, planteando que en el contexto de una “carrera entre la tecnología y las habilidades”, los ganadores serán aquellos funcionarios responsables que “alienten el desarrollo de nuevas competencias, de modo que todos puedan beneficiarse de las oportunidades digitales”.[1]

Desde una perspectiva muy diferente, Alex Williams y Nick Srnicek –que a partir de 2013 cobran cierta notoriedad mundial con la publicación de un manifiesto[2] donde llaman a renovar la política y el pensamiento de izquierda en base a una propuesta llamada “aceleracionista”, que entre otras cuestiones propone impulsar el cambio tecnológico más allá del régimen capitalista– publican en 2015 un ensayo que retoma fuertemente el programa del “fin del trabajo”. Así –y luego de plantear un escenario en el que las tecnologías que impulsan la automatización se difunden en todos los sectores de la economía, generando el problema cada vez más acuciante de la existencia “poblaciones excedentes”– proponen la reducción de la jornada laboral, el menoscabo de la ética del trabajo y el establecimiento de un ingreso mínimo universal, además de promover –retomando la invectiva del manifiesto– una “automatización plena” de la producción.[3]

Menciono estos dos ejemplos simplemente para ilustrar la recepción del tema, que se hace presente en perspectivas ideológicamente divergentes pero con amplia difusión en la actualidad. La obra que sigue se centra en el abordaje del debate que se da fundamentalmente entre las décadas de 1980 y 1990 sobre el llamado “fin del trabajo”. Podría parecer que se trata de un contexto muy diferente. No obstante, lo cierto es que el proceso histórico que lleva a las discusiones actuales se remonta también a la transformación que sufre el capitalismo fundamentalmente hacia la década de 1970. Es allí donde comienza la revolución tecnológica centrada en las tecnologías de la información y la comunicación; es allí también donde se inician los cambios en los procesos productivos (crisis del fordismo, aumento de las tasas de desempleo en gran parte de los países centrales, precarización de la fuerza de trabajo, ascenso del neoliberalismo, etc.) que enmarcan las discusiones actuales.

Por otro lado, aquí se toma este proceso y la discusión sobre el “fin del trabajo” como escenario para un planteamiento de naturaleza teórica: la necesidad de articular una teoría crítica del trabajo en el capitalismo actual. Esto es: una teoría que logre poner de manifiesto el carácter históricamente determinado del trabajo en vistas de mostrar la dimensión contingente de su configuración vigente para a la vez abrir el campo de las posibilidades alternativas. Esto hizo necesario ir más allá de las discusiones coyunturales, revisando el modo en que algunas perspectivas de la filosofía y la teoría social pensaron el concepto de “trabajo” en el marco de las sociedades modernas. Considero que esta perspectiva –fundamentada a lo largo de esta obra– sigue siendo absolutamente pertinente –por no decir necesaria– para la discusión actual sobre el “fin del trabajo”.

Para esta edición he decidido mantener la estructura y el contenido originales de la tesis. Introduje varios cambios de estilo y redacción para mejorar la fluidez del texto y, sólo ocasionalmente y cuando el tema realmente lo ameritaba, agregué alguna referencia bibliográfica, aclaración o ampliación al texto original.

Agradezco particularmente a Ariel Fazio, Sebastián Botticelli y Virginia Pineau, que colaboraron en la revisión de la tesis originalmente presentada; a Eduardo Rinesi y Ezequiel Ipar, director y codirector respectivamente; al ya fallecido Mario Heler, por haber acompañado esta investigación en sus difíciles fases iniciales. Pude realizar la investigación gracias al hecho de haber contado durante cinco años con una beca del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Agradezco entonces a esta institución, que lamentablemente hoy está siendo desmantelada por un gobierno carente de toda perspectiva de desarrollo, no sólo económico sino también intelectual. Finalmente, aprovecho esta última referencia para agradecer también a todos aquellos que, en una coyuntura mundial y latinoamericana complicada para el pensamiento y el accionar emancipatorios, rehúsan el oportunismo fácil y sostienen inquebrantablemente su compromiso ético y político.


  1. BANCO MUNDIAL, Informe sobre el desarrollo mundial 2016: Dividendos digitales, cuadernillo del “Panorama general”, Banco Mundial, Washington DC, p. 23.
  2. Véase WILLIAMS, Alex y SRNICEK, Nick, “Manifiesto por una política aceleracionista”, en AVANESSIAN, Armen y REIS, Mauro (comps.), Aceleracionismo, Buenos Aires, Caja Negra, 2017, pp. 33-48.
  3. Véase WILLIAMS, Alex y SRNICEK, Nick, Inventar el futuro: postcapitalismo y un mundo sin trabajo, Barcelona, Malpaso, 2017.


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