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TERCERA PARTE: SUBSUNCIÓN
DE LA VIDA AL CAPITAL Y NEUTRALIZACIÓN DE LA CRÍTICA

La exposición crítica de las tesis sobre el “fin del trabajo” que realizamos en la segunda parte nos abrió una serie de problemas, interrogantes y paradojas que ahora tenemos que explorar con detalle. Según algunos de estos planteos, la “sociedad salarial” habría entrado en un impasse insuperable: el trabajo asalariado ya no sería necesario para el sistema productivo, las nuevas tecnologías lo estarían reemplazando, lo cual conduciría a una sociedad del paro y la precarización laboral. En este contexto, la añoranza romántica por la sociedad salarial se constituiría en una ideología particularmente dañina, al oscurecer la posibilidad, ahora materialmente realizable, de una sociedad diferente, ya no fundada en el trabajo. Sería ese tiempo-espacio liberado, actualmente vivenciado como una fatalidad (por el desocupado, por el precarizado obligado a trabajar a tiempo parcial o de modo temporario, etc.) el que habría que resignificar como potencial lugar para el desarrollo de actividades autodeterminadas, independientes de los imperativos de la economía y del Estado.

Y sin embargo, vimos que incluso en los intersticios de estos planteos aparecían enunciadas tendencias que ponían en tensión este diagnóstico. Así, Rifkin llegaba a ver en las nuevas modalidades de organización del proceso productivo incluso una mayor explotación del trabajo que en el fordismo; Gorz tomaba nota de la subsunción, por la racionalidad económica instrumental, de ámbitos anteriormente ajenos a ella; y Méda denunciaba la conversión, en la sociedad de servicios, de toda actividad humana en trabajo. Naturalmente, ninguno de estos autores se disponía a ahondar en el por qué de estas tendencias, ni mucho menos a poner en cuestión, a partir de las mismas, sus tesis principales. El mejor recurso para soslayarlas que encontraban (por ejemplo, Gorz y Méda) radicaba en anclarlas en esa tozudez por persistir en la “sociedad del trabajo” a pesar de su crisis: un falso remedio, imaginario e irracional, consistente en convertir en trabajo toda actividad y en hacer de toda capacidad humana un potencial objeto de intercambio mercantil.

Son estas tendencias, junto con otras, las que ahora debemos abordar con más detalle. Tendremos que ponerlas en conceptos e integrarlas en nuestro argumento acerca de la naturaleza del trabajo abstracto y el capitalismo; intentaremos de este modo entenderlas en términos de un sistema de dominación y explotación que amplía su lógica para subsistir, y no como meras manifestaciones de una ceguera ideológica. Veremos entonces que es el mismo capitalismo el que, en su desarrollo, pone en cuestión de un modo radical las principales dicotomías de los teóricos del “fin del trabajo” y sus predecesores: acción instrumental y acción comunicativa, trabajo y acción, heteronomía y autonomía, por mencionar algunas de las más recurrentes.

Siguiendo este hilo conductor, analizaremos algunas de estas tendencias que caracterizan al capitalismo tal como empieza a constituirse tras la crisis de la década de 1970. De un lado estudiaremos, desde el punto de vista del proceso productivo, las distintas modalidades de explotación de la fuerza de trabajo que se articulan en el período; veremos también cómo la subsunción del trabajo tiende a ampliarse por las actividades, capacidades y habilidades que prograsivamente involucra (capítulo cuarto). Por otro lado, haremos eje en la cuestión del consumo para dar cuenta de la creciente imbricación de lo simbólico-cultural con lo económico. En este sentido, sostendremos que el capitalismo actual tiende, más que a reducir la lógica económica, a ampliarla y desarrollarla en solidaridad con otras esferas tradicionalmente consideradas refractarias a ella (capítulo quinto). Siguiendo esta idea directriz analizaremos, desde el caso de los discursos de la nueva gestión empresarial, la puesta en cuestión dentro del mismo capitalismo de dicotomías básicas de la vida industrial moderna: empresa/familia, razón/afectos, acción instrumental/acción comunicativa (capítulo sexto). A partir de aquí, podremos explicitar lo que según entendemos constituye una crisis de la crítica tradicional del trabajo, la cual nos interpelará a repensar la crítica en un nuevo marco, que retomando a Marx conceptualizaremos en términos de una “subsunción de la vida al capital”.

Cabe una aclaración metodológica importante respecto al tipo de abordaje que realizaremos en toda esta parte. En principio, no constituye nuestro objetivo analizar pormenorizadamente la magnitud y el alcance de los cambios ocurridos en el capitalismo desde fines de los ‘70. Como ya señalamos anteriormente, respecto a esto hay todavía un debate abierto que aquí no se pretende cerrar. Por ejemplo, son cuestiones aún muy discutidas las relativas al alcance, a nivel mundial, de la crisis del fordismo, así como de la supuesta desindustrialización y terciarización de la economía capitalista. Particularmente, y más allá del discurso muchas veces apologético sobre la uniformización en la era de la globalización, siguen siendo sumamente importantes las diferencias entre países, regiones, y sobre todo entre las economías desarrolladas y las llamadas “periféricas”. Todas estas cuestiones son importantes y deben ser tenidas en cuenta; no obstante, está claro que su abordaje minucioso escapa a los objetivos de esta investigación. Lo que procuraremos remarcar es una serie de tendencias que, tomadas en conjunto, muestran una transformación importante del capitalismo, incluso cuando su alcance sea motivo de discusión. Esta idea de “tendencia” resulta además útil porque enfatiza que hablamos de un proceso en curso y no de un estadio definitivo, ya realizado y completado.



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