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9 Diego Barros Arana en la construcción de la historiografía americana[1]

Diego Barros Arana es generalmente conocido por su Historia General de Chile, la obra cumbre de su carrera de historiador; pocas personas lo conocen en nuestros días como historiador de América, y esas pocas difícilmente pueden imaginarse la importancia, la variedad de materias y el acierto con que el ilustre historiador se ocupó de la historia americana.

Rolando Mellafe, Barros Arana, americanista, p. 9.

Un caballero liberal

Diego Jacinto Agustín Barros Arana[2] nació en Santiago de Chile el 16 de agosto de 1830, quinto hijo de Diego Antonio Barros Fernández, acaudalado hombre de negocios, dedicado secundariamente a actividades rurales, y de Martina Arana y Andonaegui –hermana de don Felipe Arana, por muchos años ministro de Relaciones del dictador argentino Juan Manuel de Rosas–, quien falleció cuando Diego tenía cuatro años. Su padre, nacido en Santiago en 1789, se dedicó muy temprano a las actividades comerciales y por ellas viajó a Lima y estuvo relacionado desde 1812 con Buenos Aires. Allí se casó y obtuvo una posición social y política importante a pesar de su juventud. Apoyó a la revolución chilena desde el inicio. Después de la derrota de Rancagua, en 1814, ayudó a sus compatriotas emigrados en la ciudad del Plata y realizó numerosas misiones encargadas por San Martín en la capital de las Provincias Unidas mientras preparaba el ejército de los Andes en Mendoza para avanzar sobre Chile. De ideas conservadoras, fue amigo cercano de Bernardo O’Higgins y unido también por amistad y negocios con Diego Portales estuvo a partir de 1830 vinculado a su régimen, que erigido en virtual dictadura construyó un Estado centralizado, de una estabilidad desconocida en los otros nacientes países de la América española, base de una relativa prosperidad económica también poco frecuente en esa época en la región. Barros Fernández, hombre austero, generoso y filántropo, partidario de la causa del orden, participó en la convención constituyente de 1833; fue senador y consejero de estado hasta su muerte en 1853.[3] Una situación familiar, el pleito de su padre con la familia Carrera por un diferendo respecto al arrendamiento de un fundo, dejó huellas perdurables en el ánimo del futuro historiador, que nunca ocultó su animosidad hacia los Carrera en su interpretación del enfrentamiento más importante acontecido en la revolución y la temprana vida independiente del país andino. Digamos que fue esta la única excepción a una arraigada ecuanimidad de juicio –regla ética profesional que expresó de la mano de La Harpe, Cantú, Plutarco, Tácito y el abate Mably–, ejercida aun en temas conflictivos o profundamente polémicos, explicitada en los inicios mismos de su carrera como historiador:

Sin interés de ninguna especie, sin relaciones inmediatas de familia con ninguno de los hombres que figuraron en primera línea en la revolución, escribo con la convicción de mi independencia de estrañas sujestiones. En mis páginas no hai ni adulo ni rencor; narro los hechos como los concibo en vista de los documentos auténticos que he tenido a la mano. Si por desgracia, ellos no halagan a todo el mundo, me cabe la satisfacción de haber escrito sin odio ni temor. Siguiendo este sistema de imparcialidad, he anotado todos los pormenores que he descubierto, sin omitir ninguno por cálculo o por pasión. […] Esta prescindencia de todo juicio no me ha impedido desaprobar fuertemente lo que en conciencia hallo injustificable i ensalzar la virtud, sin recurrir a esos matices con que suele disfrazarse la verdad. La historia es también el castigo de los grandes crímenes y el premio a las grandes virtudes. De este modo he creido evitar ese servilismo vicioso con que se ha solido disimular las nulidades i faltas de algunos hombres si por su dicha han dejado sucesores que amedrenten o comprometan al historiador: así creo dar a mi obra el interés de la sinceridad.[4]

El niño Diego hizo su primer aprendizaje en un colegio de la calle Santo Domingo, en Santiago, dirigido por las señoras Fernández. En 1839 ingresó al Instituto Nacional –del que su padre desde 1817 era un reconocido benefactor, ya que había efectuado una importante donación de libros en el momento de su reapertura–, cuyo rector era don Manuel Montt.[5] Allí tuvo como condiscípulos a los hermanos Miguel Luis[6] y Gregorio Víctor Amunátegui,[7] y como monitor al que luego sería importante ideólogo y político, Francisco Bilbao,[8] de quien el joven Barros acuñaría gratos recuerdos. El tradicionalismo educativo de la institución que funcionaba en el antiguo convento de los jesuitas de Santiago era notorio, siendo obligatorio sólo el estudio del latín y de la filosofía escolástica, y optativo el de la geografía y algún idioma vivo. Pero en 1843 se produjo una importante reforma al plan de estudios que incorporó como obligatorios, junto con el latín, cursos de gramática castellana, francés, geografía, cosmografía, historia, matemáticas elementales, filosofía y literatura. El ambiente adverso y una temprana amenaza de enfermedad hizo que el joven Barros Arana se retirase al campo por prescripción médica y comenzara a cultivar sus aficiones históricas concibiendo el proyecto que luego cuajaría en la monumental historia de su patria, dando también inicio a la pasión de coleccionista de libros, manuscritos y documentos sobre los que edificaría su tarea historiográfica. En el último tomo de la Historia Jeneral de Chile, el autor ofrece un relato pormenorizado e interesantísimo del contexto cultural de esta primera dedicación suya a los libros y a la historia, en los años 1846 y 47, las dificultades de acceso a documentos, la formación de la Biblioteca Nacional con la adquisición de los acervos de Mariano Egaña y de Manuel Hipólito Riesco y el inicio de su propia “copiosa biblioteca americana”.[9]

Un primer aliciente en este camino fue la compra hecha por su padre de la biblioteca que dejara Miguel de la Barra[10], rica en obras históricas americanas y que contenía los primeros trabajos censales efectuados en algunos países. Otro hito para su formación en temas históricos y en la “americanística” –viajeros, cronistas, geógrafos, las discusiones más generales sobre la obra colonizadora española, los primeros y polémicos ensayos sobre la independencia, los grandes clásicos que harían una impresión definitiva en su imaginación y en el cuadro de conjunto: particularmente Humboldt, Robertson y Prescott– fue el acceso a la biblioteca de Mariano Egaña,[11] adquirida como dijimos por el gobierno para la Biblioteca Nacional de Chile en 1846,[12] de la que podemos afirmar que fue una fuente formativa fundamental para el futuro historiador, tal como se manifiesta a través de la investigación de Mellafe.[13] Una parte de las obras que configuraron la información básica para la elaboración de la Historia de América y que figuran en la Bibliografía incorporada a la edición de esta obra de 1892 pudieron ser conocidas y consultadas allí: las colecciones de Barcia, Ternaux-Compans y Navarrete, las historias de Raynal y Juan Bautista Muñoz y, junto con los autores más modernos mencionados antes, las obras de Manuel José Quintana y Washington Irving. Luego, en rápida enumeración tomada de Mellafe, mencionemos el Diccionario de Alcedo, el Teatro Americano de Villaseñor, viajeros y marinos como George Anson, John Byron, Alexander Caldcleugh, Peter Campbell Scarlett, Charles Marie de La Condamine, James Cook, François Raymond Depons, Maria Graham, Jorge Juan y Antonio de Ulloa, John Miers, los hermanos Nodal, Louis-Ange Pitou, Peter Schmidtmeyer y William Bennet Stevenson. Los libros de Beulloch y Ward dedicados a México; de Henry Koster a Brasil, de Gaspar Théodore Mollien a Colombia. Las crónicas de Zárate, Cieza de León, Garcilaso de la Vega, Bernal Díaz del Castillo, Solís y Salazar, las historias de Charlevoix y de Clavigero, así como los primeros volúmenes de la Colección De Ángelis para el Río de la Plata. De obras modernas sobre la Independencia Mellafe menciona las versiones de Restrepo para Colombia, Robinson sobre Mina en México, la del español Mariano Torrente, las Memorias de Miller y de Morillo.[14] Y no podemos omitir que en esa biblioteca también encontró el joven Barros el empirismo de Bacon, Hobbes y Locke, el sensualismo de Condillac, a Leibnitz, Adam Smith, Malthus, Burke. Pero más allá de la adquisición del conocimiento positivo, la incursión por la biblioteca de Egaña dejó en Barros Arana huellas profundas en la concepción del trabajo del historiador. Citamos a Mellafe:

Después de observar la larga excursión juvenil de Diego Barros Arana por la biblioteca Egaña, nos explicamos algunas características que, en su vida científica, no le abandonarían jamás: su profundo amor por la historia americana, su frío espíritu crítico y racionalista, a veces un poco excéptico (sic), y ya concretamente en el plano de la historia de América y de Chile, nos dice por qué su primer interés fuera por la independencia, como que era el tema que palpitaba más en aquella biblioteca.[15]

El 17 de septiembre de 1843 se realizó en Santiago la solemne ceremonia de instalación de la Universidad Nacional, en la que destacó el discurso del rector Andrés Bello. El alumno del Instituto asistió al acto junto con sus compañeros, quedando profundamente impresionado. Este acontecimiento fue el inicio de la importante influencia que el gran maestro venezolano ejerciera sobre el futuro historiador de Chile y América, especialmente en el diseño de la teoría y metodología del estudio del pasado.

En 1848 y 1849 aparecieron sus primeras publicaciones como folletines en los periódicos: traducciones de novelas de Alejandro Dumas y de Eugenio Scribe, en las que lo ayudaba su hermano menor José –fallecido tempranamente–, y una crónica de la revolución parisina de febrero de 1848. En 1850 se publicaron en La Tribuna sus primeras obras sobre el pasado chileno y americano: un artículo sobre Túpac Amaru y los Estudios históricos sobre Vicente Benavides y las campañas del Sur. 1818-1822, en las que aparece ya bien perfilado su interés por los “personajes históricos” y su papel en los acontecimientos pasados. Les seguirían, ese mismo año, un trabajo sobre Bascuñán y otro acerca de José de San Martín, temas a los que más maduro dedicaría otras páginas importantes. Al año siguiente, publicó en La Civilización una serie de artículos –editados en volumen en 1852– acerca del general Ramón Freire,[16] héroe de la independencia y Director Supremo y luego Presidente de Chile en la década de 1820, basados en las conversaciones que había mantenido con él, así como con testigos directos de su tiempo y consultas epistolares con otros, que serían la base de muchos de los estudios de posteriores historiadores sobre el mismo asunto. Inauguraba así un fructífero método de utilización de este tipo de fuentes testimoniales que aplicaría en el futuro en la investigación de muchos temas de la historia americana y chilena a los que prestaría atención.

Su extensa y calificada obra como historiador estuvo acompañada siempre por una decidida acción política como polemista, hombre del servicio público, reformador de la enseñanza, ministro de Chile en Buenos Aires en el momento en que arreciaba el conflicto por la demarcación de límites entre los dos países vecinos y luego como perito en dicha cuestión de límites. La actuación pública comprometida con un bando o con otro de la política de su país aparece como un elemento distintivo de toda la generación de historiadores a la que perteneció Barros Arana, y la práctica de la historia fue concebida por la mayoría de ellos como expresión sustantiva de una responsabilidad patriótica asentada en el proyecto de construcción nacional y en la defensa y justificación de sus respectivas posiciones ideológicas. Esta carrera estuvo claramente enmarcada a partir de cierto momento por su abierta oposición a las ideas y regímenes conservadores, especialmente de su fracción ultra católica, aunque no participó en la revolución de 1851, momento en el que la elección de Manuel Montt a la presidencia fue calificada por los liberales como fraudulenta. La sublevación resultante fue prontamente reprimida por el presidente Bulnes,[17] que respaldaba la continuidad de su gestión con la postulación de su ministro. La adscripción del joven Barros Arana al liberalismo recién se manifestó abiertamente a partir de 1853, habiendo mantenido silencio político hasta ese momento por respeto a su padre fallecido en ese año, quien como ya dijimos apoyaba y participaba abiertamente de las ideas del grupo pelucón.

En ese mismo año Barros Arana editó a costo de su peculio el periódico científico-literario El Museo en el que publicó una serie de biografías, ocupándose del Inca Garcilaso de la Vega, del general Rafael Maroto, de su padre Diego Barros Fernández, del primer Marqués de Valparaíso y del sacerdote Rodrigo de Valdés. Compuso también estudios críticos literarios y artísticos y crónicas históricas, un poema y epigramas, todos publicados en ese periódico. De acuerdo al comentario de Donoso, su convicción religiosa dogmática católica y su adhesión al régimen de Montt son muy visibles en estas producciones, probablemente por el peso de la figura paterna, pero en breve habrían de sufrir un vuelco radical, como ya dijimos. El tema de la independencia fue el inicial interés profundo del joven chileno. Su primera obra de aliento fue la Historia General de la Independencia de Chile, cuyos primeros diez capítulos aparecieron en El Museo, y el primer tomo al año siguiente, el segundo a fines de 1855, el tercero y cuarto en 1857 y 1858, respectivamente. En esta Historia ya aparece decididamente su predilección por la narración pormenorizada y la compulsa documental minuciosa como base de la tarea historiográfica, la utilización de fuentes diversas tales como testimonios publicados de contemporáneos de los sucesos, diarios, correspondencia oficial, papeles privados de los protagonistas y relatos orales de los sobrevivientes de los hechos narrados –tal como había practicado en su trabajo sobre Freire–, la ecuanimidad de juicio, pero también la tónica a veces pesadamente descriptiva y hasta excesivamente detallista que sería uno de los principales desmerecimientos atribuidos por los críticos a su producción. Sus simpatías van abiertamente hacia la figura de Bernardo O’Higgins, y aparece poco apreciada la de José Miguel Carrera, como ya habíamos anticipado. A fines de 1856 presentó en una sesión solemne de la Universidad Las campañas de Chiloé (1820-1826), más tarde reeditadas por Vicuña Mackenna como parte del quinto tomo de la Historia General de la República de Chile, en 1882. Nuevamente aquí se reflejan las ya indicadas fortalezas y debilidades de su trabajo, a la vez que la amplitud y variedad de sus fuentes impresas, documentales y de testimonios orales utilizados. También en esta primera época es ya notable su predilección por las biografías, de las que compuso numerosas a lo largo de su vida.

Casó a los veintitrés años, el 31 de enero de 1854, con Rosalía Izquierdo y Urmeneta. La muerte de su padre lo dejó dueño de una fortuna muy considerable, ya que engrosaba la que había recibido desde niño por parte de su madre. Al fallecer el profesor del Instituto Luis Antonio Vendel-Heyl en 1854 –un intelectual expulsado de Francia por pertenecer a la escuela saintsimoniana, víctima en Chile de repulsas e exclusiones por sus ideas anticatólicas, lo que resultó una recia prueba para el discípulo que vendría a ocupar su lugar– Barros Arana fue nominado para sucederlo en la Facultad de Humanidades y nombrado efectivamente en abril de 1855, incorporándose en diciembre de ese año. El alumno hizo el elogio de su maestro en la Facultad de Humanidades de la Universidad en diciembre de ese año,[18] y posteriormente fue enriqueciendo el trabajo con nuevos hallazgos de datos y referencias, tal como se muestra en el texto final publicado en 1873 y recogido en sus obras completas. Este trabajo de Barros Arana en su versión definitiva no sólo hace justicia al eminente profesor de lenguas clásicas, sino que constituye un apreciable testimonio para la indagación acerca de los orígenes del socialismo utópico en Chile y del espíritu reaccionario del partido clerical o “devoto” como lo nombra el autor, en particular en los primeros años de la administración Montt. También es una fuente importante para la historia de la educación chilena. Y en una lectura más sutil, resulta un testimonio de la amplitud de juicio de nuestro autor respecto tanto del socialismo “utópico”, específicamente del saintsimonismo, como de las interpretaciones radicales de la Revolución Francesa favorables a Robespierre y Saint-Just, así como de sus meditaciones en torno a las cuestiones religiosas y su pasaje a un agnosticismo de perfil acusadamente moral, proceso cumplido precisamente en el período posterior a 1855.[19]

Entre marzo y mayo de 1857 comenzó su dilatada pugna de polemista con las opiniones católicas en torno a la enseñanza y la necesidad de su modernización, que sería otro de los objetivos y logros más destacados de su vida. Comisionado por el Instituto para presenciar los exámenes del Seminario Conciliar de Santiago, informó sobre ellos en forma muy severa, lo que suscitó la crítica de la Revista Católica. Barros respondió desde El Ferrocarril comparando la calidad de los profesores –y en consecuencia, de la educación impartida– entre el Seminario y el Instituto y la total incapacidad del establecimiento católico para imponer reformas a sus métodos, a sus planes de estudio, a sus textos y a sus maestros. Redactó y costeó el periódico El País, cuyo primer número apareció el 27 de julio de 1857, planteado como órgano independiente de oposición, al que pronto seguirían El Correo Literario, La Actualidad y La Asamblea Constituyente, frente al control que el gobierno ejercía sobre El Ferrocarril y el Araucano, y la tibieza conciliadora de El Mercurio. Los cuatro meses de existencia de su periódico mostraron a Barros Arana como un periodista político incisivo y polémico cuya principal preocupación era la inmoralidad de la administración pública, y como un crítico demoledor del régimen de Montt y de su círculo más cercano en el que destacaba Antonio Varas.[20] Este ciclo de oposición periodística terminó cuando el grupo de Varas dejó paso a un nuevo gabinete, más tolerante con la oposición. Cuando este cambio ministerial se reveló infructuoso para contener el autoritarismo del presidente, Barros Arana y Ramón Sotomayor Valdés[21] fundaron el periódico La Actualidad en febrero de 1858, desde el que volvieron al recio ataque contra Montt y sus allegados, acción en la que se sumaron personalidades como Justo Arteaga, Rafael Vial, Victorino Lastarria y varios más. La campaña culminó con la publicación del Manifiesto de la oposición de Santiago a la república, redactado por Sotomayor Valdés y Barros Arana, contra la candidatura encubierta de Antonio Varas para suceder al presidente Montt y los abusos de poder del ejecutivo.

En octubre se allanó el domicilio de Barros Arana y se lo detuvo acusado de fraguar una revolución. Liberado, acusó al ministro del Interior, su pariente Jerónimo Urmeneta, de intentar vengarse por un áspero cruce de acusaciones públicas mutuas que habían sostenido. El 12 de diciembre de 1858 el presidente Montt estableció el estado de sitio y suspendió las garantías constitucionales, aprobó la censura de prensa y apresó a varios editores de la oposición –Vicuña Mackenna entre ellos– y obligó a exiliarse a otros, entre los que se contó Barros Arana. Este episodio promovió lo que Mellafe calificó como “el viaje decisivo” en la vida de Barros Arana. Éste, luego de una corta estadía en Argentina se trasladó a Europa, llegando a Londres en agosto de 1859. Estaba decidido a colectar la mayor cantidad de documentos que se refirieran a América y en especial a Chile y a establecer relaciones de cooperación con historiadores extranjeros.

En el transcurso de este peregrinaje, en el que definitivamente maduró su concepción historiográfica adquiriendo un distintivo tono de erudición y de rigor austero impuesto por la investigación documental que caracterizaría ya toda su obra posterior, trabajó y copió documentos en Mendoza, Buenos Aires, Montevideo, Londres, París, Madrid, Sevilla, Simancas y Lima, y además recorrió librerías y bibliotecas en Bélgica y Holanda.[22] Este trabajo de reconocimiento y copia de documentos en los archivos europeos, en el que solamente se había adelantado don Claudio Gay, fue el inicio de una fructífera y larga serie de investigaciones y recopilación documental de los americanistas. Conoció y enhebró amistosas relaciones con numerosos políticos, historiadores y hombres de letras. De paso inicialmente por Mendoza copió documentos y recopiló noticias históricas relacionadas con la ejecución de los Carrera. En Buenos Aires trató a Manuel Ricardo Trelles y a Bartolomé Mitre, con quien mantuvo una sólida amistad y colaboración durante toda la vida, y se encontró con compatriotas exiliados como Francisco Bilbao y Santiago Arcos, con Domingo Faustino Sarmiento y con el uruguayo Andrés Lamas. En Rosario conoció y frecuentó al general Santa Cruz, fundador de la confederación Perú-Boliviana, en casa del general Mansilla, cuñado de Rosas. Luego, en Montevideo, se vinculó a Vicente Fidel López, a don Tomás Guido y al general Manuel Escalada, de quienes obtuvo también y especialmente del segundo noticias históricas importantes respecto de las campañas de la independencia.

En marzo de 1859 había decidido su regreso a Chile, pero el giro desfavorable de los asuntos políticos en su país lo decidió a marchar a Europa. De Montevideo retornó a Buenos Aires donde continuó con sus pesquisas de archivo y adquiriendo libros, folletos y periódicos. A mitad de ese año embarcó para Londres, donde se reunió con Vicuña Mackenna. Allí trabajó en agosto de 1859 en la British Library, en el Museo Británico, donde contemporáneamente era asiduo estudioso Karl Marx. Se reunió también con el general Juan O’Brien, antiguo ayudante de campo del general San Martín, de quien recibió valiosos informes. Ambos amigos marcharon a París a fines de ese mes, y se ocuparon en recorrer bibliotecas y librerías. En octubre partieron a Madrid. Barros Arana se dedicó intensamente a la investigación y el estudio, visitando la biblioteca de la Academia de la Historia, la Nacional y la de los Reyes, además de la del Depósito Hidrográfico. Visitó Toledo, pero concentró finalmente sus búsquedas en los archivos de Simancas y Sevilla. En este último solamente explorado anteriormente por Claudio Gay, pasó cuatro meses, escribiéndole a Mitre: “Estoy persuadido de que no se puede escribir la historia de la conquista o de la dominación española, en ninguna de las parcialidades de América, sin consultar esos archivos”. Sentaba así una premisa que sería confirmada en el siguiente siglo de pesquisa americanística y rescate y copia de documentos por una legión de investigadores entre cuyos nombres más ilustres están los de José Toribio Medina, José Torre Revello y Roberto Levillier. Conoció al editor don Manuel Rivadeneyra, responsable de la entonces ya célebre Biblioteca de Autores Españoles y a don Pascual de Gayangos, bibliófilo y arabista, acreditado por la catalogación de los manuscritos e impresos españoles del Museo Británico.

En febrero de 1860 viajó a París, donde se reunió con su esposa. Se relacionó con el librero francés M. Franck, que editaba la Biblioteca Americana para la divulgación de obras raras y curiosas o manuscritas de los archivos peninsulares, de la que Barros Arana fue director por algún tiempo. También, y gracias a la buena disposición de Mercedes San Martín de Balcarce, hija del general San Martín, pudo estudiar durante un mes el archivo del prócer, que posteriormente pasaría a manos del general Mitre y serviría de base para su Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana. En la capital francesa frecuentó a don Claudio Gay,[23] a quien reconocería como un predecesor y a cuya obra monumental sobre Chile dedicaría un estudio importante. Visitó Bélgica y Holanda, pasó por Madrid todavía un mes en septiembre de 1860 y regresó a América. En Lima, en enero del año siguiente pudo conversar con el anciano general Miller, recabando información sobre San Martín, regresando finalmente a Santiago.

En septiembre de 1861, junto con Victorino Lastarria, Domingo Santa María y Marcial González, publicó Cuadro histórico de la Administración Montt, una violenta condena de ese gobierno, en particular por su intransigencia y autoritarismo, por el espíritu represivo y reaccionario que expresó a pesar del progreso impulsado en el período y su intención patriótica. La publicación fue una afirmación de fe liberal por parte del historiador y sus colaboradores, y el término de todo este período de dura lucha política. Su dedicación a la historia y a las letras se acentuó, y regresó al periodismo literario al fundar en 1862 el periódico semanal Correo del Domingo. Asoma también una muy fuerte preocupación por los temas relacionados con la educación. Extinguido el Correo del Domingo en octubre de 1862, Barros Arana comienza la redacción de su importante monografía sobre Magallanes, la primera de un carácter científico dedicada al descubridor, que se publicaría dos años más tarde.

En enero de 1863 fue nombrado Rector del Instituto Nacional por el presidente moderado José Joaquín Pérez,[24] con carácter interino pero con plenos poderes, y como definitivo el 31 de diciembre de ese año. La primera e inmediata reforma planteada por Barros fue la especialización de los profesores en determinados ramos de la enseñanza, la modernización del reglamento interno y la introducción del estudio de la historia general de la literatura, nociones de historia de la filosofía, elementos de química, geografía física e historia natural, así como la ampliación de los programas de matemáticas, física y cosmografía. Se incentivó la enseñanza experimental y desalentó la basada en la memoria; se adquirieron gabinetes para las clases de ciencias y se amplió la biblioteca. Dos años más tarde comenzaron las clases de química e historia natural, a cargo del profesor alemán Philippi, a cuya biografía dedicaría uno de sus últimos trabajos en 1904, y de historia de América y geografía, que dictó Barros Arana mismo. Consagró mucha atención a los textos, y de esa preocupación surgieron de su pluma el Compendio de Historia de América en 1865, los Elementos de retórica y poética en 1867, los Elementos de literatura (historia literaria) en 1869, el Compendio de historia moderna (sobre la base de los manuales de Duruy y Ducoudray) en 1870, el Manual de composición literaria y los Elementos de geografía física en 1871. Suprimió las prácticas piadosas de la misa diaria y el rosario nocturno. Sus reformas fueron radicales y desencadenaron una fuerte polémica en los colegios privados y en los medios católicos. En algunos casos, el gobierno las atemperó, como la declaratoria en 1865 de no obligatoriedad del estudio de geografía física, historia natural, química e historia de la filosofía, revocada en 1867 por iniciativa de Barros. En 1870 introdujo el estudio de la historia contemporánea.

Se mantuvo como rector hasta 1873, aunque desde la asunción del presidente Federico Errázuriz Zañartu[24] en base a la coalición liberal-conservadora vigente desde que en 1855 se habían aliado para atacar a Manuel Montt, era evidente que los conservadores harían salir de su puesto al reformador. Antes, en 1872, tuvo que enfr[25]entar la discusión motivada por el decreto inspirado por el ministro conservador de Instrucción Pública Abdón Cifuentes, que otorgaba validez a los exámenes de los alumnos de colegios privados sin la supervisión ejercida a través de los colegios del estado, lo que motivó corrupción y anarquía en la educación superior. Finalmente, después de diversas alternativas, y aunque la coalición gobernante con los conservadores se había roto precisamente en 1872, fue destituido por la presión del partido ultramontano, ejercida sobre el presidente liberal Errázuriz, tal como él mismo narra en una carta a Mitre del 28 de agosto de 1875:

Creo que mi acción sobre la enseñanza no ha sido inútil, y que al fin he conseguido introducir útiles reformas y despertar en la juventud el amor por ciertos estudios que antes se hacían mal o no se hacían. Pero yo enseñaba la historia sin milagros, la literatura sin decir que Voltaire era un bandido y un ignorante, la física sin demostrar que el arco iris era el signo de la alianza, y la historia natural sin mencionar la ballena que se tragó a Jonás. Esta enseñanza enfureció al clero, que no perdonó medio alguno para suscitarme dificultades. El gobierno de Errázuriz, que al fin ha tenido que romper con los clérigos, había comenzado por ponerse a las órdenes de las gentes devotas, y las sirvió hostilizándome por todos caminos, e inventando mil tramoyas para separarme. Al fin me sacaron del Instituto a principios de 1873, es decir, después de diez años de consagración a los trabajos de este orden.[26]

Paralelamente, desde 1867 se desempeñó como decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. En 1872 aceptó la supresión del latín en los primeros tres años de humanidades, a lo que se había opuesto tenazmente en 1865. Además, se encargó de defender la enseñanza pública de las arremetidas de la reacción, en torno a los exámenes de los colegios privados y a la obligatoriedad de la enseñanza religiosa. Las dificultades en el terreno estrictamente educativo, tuvieron un efecto positivo en otras actividades, ya que Barros Arana intensificó su participación en periódicos y revistas de cultura: en La República, durante 1871, con Miguel Luis Amunátegui; en los años siguientes en la Revista de Santiago y luego en Sudamérica, publicó numerosos estudios críticos, bibliográficos, biografías y ensayos historiográficos de mayor aliento. Finalmente, junto con su amigo Amunátegui, editó la Revista Chilena, a partir de enero de 1875, según el juicio de Donoso “una de cuantas más duradera huella han dejado en la vida intelectual de nuestro país”. Allí se desplegaron las “revistas bibliográficas” de Barros Arana, un extenso conjunto de reseñas sobre muy diversas materias, así como artículos necrológicos de importantes americanistas, incorporados luego en la edición de sus obras completas. También diversas contribuciones de índole biográfica o de historia narrativa. Mitre, en carta a Barros de 1875, criticaba sin embargo a la revista por considerar que “carece del sello original que debe marcar las producciones de éste [el talento] en un mundo nuevo […] le falta todavía el nervio de este género de publicaciones”, y de forma discreta señalaba como responsable el hecho de que “todos los chilenos son discípulos de don Andrés Bello, talento de asimilación, espíritu enciclopédico, vulgarizador elegante y metódico de tareas ajenas, que sólo ha sido original en materia de lengua castellana”; la revista era entonces para el distinguido corresponsal del Plata “una especie de magazine inglés, en que los conocimientos generales forman la tela y las materias americanas el bordado”. La agudeza del comentario de Mitre acerca de Bello y su influencia en Chile es de la mayor importancia, pero resulta poco ajustada y superficial en relación a la significación de la obra de Bello y a sus efectos en torno a la originalidad americana. Barros Arana siempre fue sensible al “efecto Bello” en su obra intelectual e historiográfica, como analizaremos más adelante.

Como forma de rehabilitación después de su destitución como Rector del Instituto, pero también como garantía de confianza en una solución amistosa en el conflicto limítrofe que se sostenía con Argentina, Barros Arana fue designado el 27 de abril de 1876 por el presidente Errázuriz Zañartu para estar a cargo de una misión diplomática en Buenos Aires, Montevideo y en Río de Janeiro. Entre mayo de 1876 y mayo de 1878 radicó en la capital argentina, con estancias en Montevideo y Río de Janeiro. A pesar de las notables buenas intenciones de Barros Arana en cuanto a conseguir un arreglo amistoso aunque significase un costo en los intereses chilenos planteados inicialmente o quizás a causa de ello, su misión constituyó un fracaso diplomático condensado en el fallido tratado Barros Arana-Elizalde del 18 de enero de 1878. Su gestión fue duramente calificada por algunos importantes hombres de estado chilenos, en particular por el que fue su superior, el ministro de Relaciones Exteriores José Alfonso. Su biógrafo Ricardo Donoso lo sintetiza afirmando que:

Indiscutiblemente no tenía el eminente historiador condiciones de diplomático, era hombre de una pieza, de ideas profundas e inconmovibles, desconocía el arte de la simulación y no convenía en que en negocios tan ingentes como los que le estaban confiados, se echara mano de todos los recursos de la astucia, la doblez y la insinceridad. Además, pretendía que los actos en que tomaba parte llevaran el sello inconfundible de su personalidad y de sus ideas, y no el del gobierno al cual representaba. De ahí las causas de su fracaso y de la esterilidad de su misión diplomática.[27]

Sin embargo, es necesario también señalar que buena parte de los avances realizados en el tratado Barros Arana-Elizalde de 1878 fue retomada en el Tratado de Límites del 23 de julio de 1881, que en lo sustancial determinaba el abandono de las pretensiones chilenas sobre el territorio de la Patagonia. Barros Arana está muy vinculado a la génesis de ese acuerdo, la negociación pertinente durante la administración de su amigo el presidente Aníbal Pinto[28] y las consecuencias de demarcación de este Tratado, así como será víctima durante un prolongado período de las opiniones adversas en su país a lo que consideraban una claudicación en el sostenimiento de un derecho territorial fundamental de Chile, inclusive en acusaciones que lo harían responsable de la supuesta pérdida de soberanía chilena sobre la Patagonia.

El dolido diplomático se dirigió a Europa, y se dedicó a la observación de la realidad política francesa y europea, en particular los proyectos de laicismo en la enseñanza de Jules Ferry. También, como siempre, seguía apasionadamente la actividad literaria, erudita y científica. Comisionado a participar en el tercer Congreso Internacional de Americanistas que se reuniría en Bruselas en septiembre de 1879, no asistió a las deliberaciones. Preocupado por la guerra que había estallado en el Pacífico en abril de ese año, en enero de 1880 regresó a Chile. El presidente Aníbal Pinto, inquieto por la propaganda antichilena desencadenada por Perú, le encargó una historia de los antecedentes y principales acciones militares de la confrontación bélica. El resultado fueron los dos volúmenes de la Historia de la Guerra del Pacífico, publicados en 1880 y 1881.

Barros Arana redactaba en este período su monumental Historia General de Chile que se extiende desde los tiempos prehistóricos hasta la promulgación de la constitución de 1833, en 16 tomos, editados sucesivamente a partir de 1884, hasta verse completada en 1902.[29] Como dice Donoso “toda la obra literaria de Barros Arana fue el trabajo preliminar de su magna empresa, que sería la gran preocupación de su vida”, y que constituiría el centro de su quehacer como historiador en el dilatado período que va desde 1881 a 1899. Podemos reproducir el juicio de Ricardo Donoso:

Dispareja y desproporcionada, excesiva en sus dimensiones, la Historia General de Chile es, sin embargo, la obra mejor lograda de toda nuestra historia literaria del siglo pasado [el XIX], monumento indestructible de investigación y trabajo, orgullo de Chile, y pedestal perdurable que sostendrá el nombre de Barros Arana a través de las generaciones.[30]

Algunas breves distracciones vendrían desde la política. Había sido diputado por el distrito de San Fernando en 1867, reelegido en 1870, y regresó al Parlamento en 1886, como diputado por el distrito de Putaendo, mientras se involucraba decididamente en la campaña presidencial de José Francisco Vergara. También experimentó la amargura del fallecimiento de su gran amigo y colega Miguel Luis Amunátegui en 1888 y al año siguiente el de su otro gran amigo, Vergara. Dedicó a ambos sentidas biografías.[31]

En 1890 se nombró a Barros Arana perito por parte de Chile en las tareas de demarcación de los límites con Argentina de acuerdo al Tratado de 1881. El historiador sin embargo, llamado nuevamente por las urgencias políticas, se convirtió en un fuerte opositor del gobierno de Balmaceda,[32] quien lo cesó en su cargo de perito en diciembre. Decretada su prisión, el historiador pasó los cuatro primeros meses de 1891 escondido en casas de diversos familiares y amigos en Santiago, y finalmente en la Recoleta Dominica de Apoquindo, de la que era prior el importante historiador Crescente Errázuriz, que fue luego arzobispo de Santiago. También le brindó refugio la casa de campo del ministro de Uruguay, don José Arrieta. Después de la guerra civil, fue repuesto por la Junta de Gobierno en la función de perito, y retomó esas tareas junto con su colega argentino. Las grandes dificultades de interpretación del tratado de límites y la agitación de la opinión fueron motivo para que en 1895 Barros Arana publicara un opúsculo titulado La cuestión de límites entre Chile y la República Argentina, en el que exponía el punto de vista chileno acerca de la cuestión de las más altas cumbres y la divisoria de aguas, sosteniendo este último principio que finalmente sería consagrado en el arreglo definitivo de la cuestión por el laudo arbitral inglés de 1902. En 1896 el perito Francisco P. Moreno se hizo cargo de sostener las posiciones de Argentina en la Comisión, y resultaría el gran contradictor de Barros Arana. Continuaron los trabajos de demarcación y también las divergencias. Finalmente, los territorios en litigio fueron derivados al arbitraje británico en 1898, y Barros Arana renunció a su cargo por grandes diferencias con el presidente Federico Errázuriz Echaurren[33] en el manejo de esa cuestión.

El gobierno de Jorge Montt[34] lo había llamado a asumir el decanato de la Facultad de Filosofía en septiembre de 1891. Desde ese cargo se preocupó por el Instituto Pedagógico, creado en 1889, reformando sus planes de estudio y los exámenes, lo que le valió nuevamente las polémicas y críticas del sector católico. En octubre de 1892 fue el orador principal en el acto universitario conmemorativo del cuarto centenario del descubrimiento americano. En junio de 1893 fue designado Rector de la Universidad de Chile. En esta elección, el reconocimiento de treinta años de labor en la educación se aunaba con la voluntad de autonomía de la universidad respecto de los vaivenes de la política y a una clara advertencia al partido conservador de que el edificio de la cultura nacional sería celosamente defendido de cualquier ataque reaccionario. En 1897, a pesar de la insistencia del Claustro Universitario que lo colocó por dos veces a la cabeza de la terna, no fue nombrado nuevamente Rector por el presidente Errázuriz que cedió a la presión de los conservadores.

Apartado de la vida pública, muy agobiado por la muerte de su sobrino Manuel Barros Borgoño, sus últimos trabajos fueron la biografía del sabio químico y naturalista Philippi, y Un decenio de la Historia de Chile, 1841-1851, en el que revisó su opinión en un sentido más favorable acerca de la actuación del presidente Manuel Montt y de Antonio Varas. Retirado a la hacienda familiar de San Bernardo, cercana a Santiago, falleció el 4 de noviembre de 1907.

La docencia de Andrés Bello y la concepción historiográfica de Barros Arana

Con muy buenos motivos se ha considerado que todos los integrantes de la excelente y prolífica escuela historiográfica liberal chilena del siglo XIX y comienzos del XX –sin ser exhaustivos: Barros Arana, los Amunátegui, José Toribio Medina, Ramón Sotomayor Valdés, Crescente Errázuriz, Gonzalo Bulnes, Enrique Matta Vial– fueron discípulos directos o indirectos de don Andrés Bello.[35] La formación intelectual de Andrés Bello se había consolidado en su etapa londinense bajo la influencia del historicismo, aunque el sabio caraqueño no dejó obra historiográfica salvo un breve trabajo temprano sobre la historia de su patria,[36] las observaciones de orden epistemológico y metodológico en sus polémicas con Lastarria y Chacón y algún otro comentario de esta época. En Londres, Bello se interesó por la historia y por el método historiográfico a través de largas jornadas de estudio en el Museo Británico o en la biblioteca de Miranda. La fundamental aproximación metodológica de Bello con la historiografía se concretará a través de las necesidades de su trabajo filológico. A partir de esta rigurosa disciplina de estudios lo histórico, como afirma Picón Salas, será “método y conciencia viva en sus teorías lingüísticas y gramaticales, en sus estudios jurídicos, etc.”.[37]

En materia filosófica, Bello se identificó ampliamente con el empirismo utilitarista a través de la asimilación de la obra de Jeremías Bentham, que conoció en su estadía en Londres a partir de su amistad con James Mill, entablada en la sala de lectura de la Biblioteca Británica. Adoptó el método empírico-deductivo en toda su producción intelectual y en particular en la filosofía aplicada a la historia, lo que naturalmente lo condujo al rechazo de una filosofía teleológica del devenir, y en consecuencia de la ontología en esa materia, a pesar de que poseía un amplio conocimiento de Vico, Herder y Voltaire. Rechazó con fuerza las filosofías apriorísticas de la historia, o sea aquellas que tomando como punto de partida una idea general y abstracta dan cuenta a través de ella de los hechos que son por su mismo carácter particulares y únicos. Es desde estos puntos de vista que Bello enfrentará a Lastarria y a Chacón en sus polémicas de 1844 a 1848. Sus dos oponentes estaban influenciados por el pensamiento iluminista y planteaban la escritura de la historia a partir de la filosofía. Para Bello, por el contrario, las ideas generales sólo se manifiestan a través de los hechos concretos y es desde estos acontecimientos individuales que se puede llegar a percibir el espíritu de un pueblo y de una época. Es así que para el sabio venezolano la historia debe precisamente narrar esos hechos, destacando su individualidad. Los principales escollos para realizar una buena historia son para él los apriorismos filosóficos y los entusiasmos políticos o ideológicos. Una síntesis de esta posición, que sería enteramente adoptada por Barros Arana a lo largo de su dilatada carrera se resume en esta cita de Andrés Bello: “Cuando la historia de un país no existe, sino en documentos, incompletos, esparcidos, en tradiciones vagas que es preciso compulsar y juzgar, el método narrativo es obligado”.[38] Así, el autor del Resumen de la historia de Venezuela abría la ancha vía de la realización de las historias nacionales concretas, que serían a su vez una afirmación de la originalidad americana, que en la otra orientación se perdía en los despliegues de la universalidad abstracta de matriz iluminista. Bello había recibido la influencia, esencialmente, de la escuela romántica francesa de historiografía a través de Amable Guillaume Prosper Brugière, barón de Barante, quien llevaba a tal extremo la intención narrativa que pretendía que desapareciese toda mediación entre el documento y el lector. La función del historiador se reducía a la de garante de autenticidad del documento, compilador e introductor. A través de Augustin Thierry recibió Bello el interés por la búsqueda del espíritu de la nación y de la época y de Sismonde de Sismondi la significación pedagógica de la historia. Estas influencias fueron transmitidas con mucha fuerza a sus discípulos, y son componentes centrales del trabajo historiográfico de Barros Arana.

Resulta significativa y redondea la influencia enorme del sabio sobre sus concepciones, la referencia efectuada por el historiador de Chile relativa a las opiniones de Bello precisamente en ocasión de las polémicas con Lastarria y Chacón:

Poco ántes de esa época [1849] se habia discutido en el seno de la Universidad i fuera de ella, el método que debia seguirse en la composicion de los trabajos históricos. Preferían unos la historia filosófica, es decir, una historia con pocos hechos, formada de disertaciones mas o ménos jenerales, para apreciar la importancia de los sucesos i de los hombres i el desenvolvimiento del progreso de un pais. Sostenian otros, i esta fue la opinion que sustentó don Andrés Bello, con su voto respetable, que estos trabajos denominados historia filosófica no podian ser útiles i provechosos, como tampoco podian ser exactos, sino cuando estaban basados en un estudios prolijo y cabal de los hechos. Según la opinion del ilustre sabio, la historia narrativa era indispensable: era ella la que estudiaba atenta i detenidamente los sucesos de los tiempos pasados, la que esplicaba todos los pormenores, i la que servia de punto de partida a los trabajos puramente especulativos i filosóficos. Sin ella, decia perfectamente Andrés Bello, estos últimos estudios no pueden ser mas que una série de jeneralidades mas o ménos vagas, mas o ménos aplicables a todos los tiempos i a todos los paises. Los sostenedores de la historia filosófica defendian su opinion con cierto talento fascinador. Citaban en su apoyo algunos trabajos europeos sumamente notables, sin fijarse que habian sido preparados solo despues de haberse hecho los mas estensos estudios en el jénero narrativo.[39]

En sus Elementos de literatura (Retórica i Poética), cuya primera edición es de 1867, don Diego plantea con mucha claridad interesantes precisiones acerca de sus ideas sobre la historia y la evolución de la historiografía.[40] En principio, una concisa definición de la disciplina: “La historia es la narración de los sucesos pasados hecha para la enseñanza del siglo presente i de los venideros”, en la que destaca a la vez la conjunción de la forma que adopta con la función pedagógica elevada que debe ejercer como “leccion eterna de los pueblos i los gobiernos” que se han sucedido a través de los tiempos. Lejos de ser pura narración de acontecimientos debe referir “el espíritu i la vida normal de cada siglo”, con lo que se acerca a la concepción de espíritu de época que tan elaboradamente construyera el historicismo de la mano de Dilthey. Luego, se adentra en la evolución de la historiografía, que en su concepción refleja en cada momento de su desarrollo el grado de civilización de cada época, en una concepción muy influida por el organicismo positivista vinculado en profundidad al historicismo. Esto es, desde la representación fabulosa del pasado sujeto a fuerzas divinas en las “primeras edades”, se pasa la etapa “heroica i poética”, en la que los hombres asumen un papel activo abandonando la exclusiva acción modeladora de los dioses. Este es el gran momento de la poesía épica, cuyo epítome son los poemas homéricos. A partir de la invención de la prosa, la historia pudo abandonar lo simbólico y sobrehumano, aunque conservase la crónica de la tradición popular. El texto fundacional es el de Herodoto, continuado por Tucídides, del que afirma “desde muchos aspectos su obra es hasta ahora un modelo inimitable para los historiadores modernos” –precisión que revela la profundidad de su reflexión sobre el asunto–, Jenofonte y Polibio. En Roma, César y Salustio, ejercitados en el conocimiento de los griegos, pueden relatar ciertos episodios particulares, pero fue Tito Livio el primero en trazar una historia general, “sencilla i poética en el principio, maravillosa mas tarde, i grave i razonada al fin”. Para Barros Arana la obra de Tito Livio condensa en su misma forma toda la historia de Roma. Tácito asoma como un innovador, en la medida en que la historia adquiere en él un carácter de instrumento reparador, castigo de crímenes y premio de virtudes.

En el análisis del mentor chileno la historia de la Antigüedad también adopta en su estructura una forma original y significativa, al combinar la narración de los hechos con la construcción de una discursividad retórica asignada a los protagonistas a través de la cual se exponen virtudes y defectos de una manera ejemplarizadora. Pero a la vez era una historia inclusiva, en la que junto con el acontecer civil, político y militar aparecía el devenir de las ideas, las instituciones y la industria de los pueblos.

En la Edad Media se repite el paso de la historia poética y maravillosa a la verídica y razonada. Pero como resultado del aislamiento en el que vivían los pueblos, la historia perdió el carácter de generalidad que había adoptado finalmente como gran logro de la Antigüedad, recobrando un tono de candidez descriptiva, “pintoresco”, por la vía de la frescura de las crónicas.

El Renacimiento también produjo su “revolución” en el arte de historiar, a la luz de la relectura de los clásicos antiguos. Abandona el pintoresquismo de la crónica medieval para retomar la estructura de la narración entrelazada con la discursividad retórica de miras elevadas, aunque a juicio de Barros Arana careció de penetración y rigurosa precisión de estilo.

La “reforma radical” en la historiografía proviene del siglo XVII, en la medida en que es en esa época cuando se realizan los primeros ensayos de historia filosófica: “algunos historiadores comprendieron que era necesario encadenar los hechos por medio de una idea capital, convencidos de que la sucesión de acontecimientos no tendría interés alguno si se les contaba siguiendo sólo el orden de las fechas i como ocurridos al azar”.[41] A Bossuet pertenece el mérito de haber sido el iniciador de esta reforma, pero a pesar de su majestad y elocuencia el providencialismo que proponía quitaba a la historia su carácter de ciencia experimental, al hacer depender enteramente a los hombres de los designios de un poder superior más allá de lo humano.

Los filósofos del siglo XVIII buscaron otra vía para la explicación de la historia humana. Voltaire, junto con los acontecimientos políticos y bélicos y la actuación de los personajes notables, indaga acerca de la evolución de las instituciones políticas y sociales, y construye a través de la exposición de la teoría y la ejecución de algunas obras históricas una completa visión de la civilización humana que abarca leyes, costumbres, religiones, artes, comercio e industria. La clave de la historia –para el autor de El siglo de Luis XIV y del Ensayo sobre las costumbres y el Espíritu de las Naciones– es descubrir la concatenación ininterrumpida de causas y efectos en el devenir. Así se originó la historia filosófica, desarrollada por Robertson, Gibbon y Hume.

El siglo XIX fue el escenario del desarrollo y perfeccionamiento de esta concepción. Señala paralelamente Barros Arana los progresos de lo que él llama “estudios accesorios”: las ciencias sociales, la paleontología, la arqueología, la numismática, la geografía, la etnografía, la lingüística, que contribuyeron a ensanchar el conocimiento de la civilización humana a límites impensables anteriormente. La historia se convirtió así en “verdadera” y “pintoresca” a la vez, fue el resultado de los esfuerzos conjuntados de casi todos los pueblos de Europa, en particular de Inglaterra, Francia y Alemania, y en Estados Unidos también pudo desarrollarse una verdadera escuela de estudiosos del pasado con esta moderna concepción, llegando así a ser uno de “los más lejítimos títulos de orgullo de nuestra época”.

Barros Arana reconoce dos sistemas básicos en la historiografía. El primero, ad probandum o filosófico, consiste en investigar y exponer con claridad los hechos capitales, sin fijarse en los pormenores, para que sirvan de apoyo al desarrollo de la idea central que anima al historiador, “la parte principal de la historia”. El otro, ad narrandum o narrativo, al que nuestro autor adscribe definitivamente, “es mas modesto”. La síntesis que ofrece es una descripción ceñida de su propio método:

[Se recomienda] que el escritor estudie todos los sucesos mediante la más minuciosa investigacion, que los esponga con todos los pormenores posibles, esceptuando sólo los que no interesen a la posteridad, que encadene esos sucesos narrándolos en el mismo órden en que acaecieron, que les dé su verdadero colorido, i que, absteniendose de pronunciar su juicio propio, deje al lector en estado de fallar por sí mismo.[42]

Los dos sistemas han sido practicados con logros maestros por eminentes historiadores. Pero mientras “en la esposicion clara i razonada de los sucesos humanos, en el agrupamiento de los pormenores mas interesantes e instructivos, en el estudios prolijo [de] los caractéres, de las ideas i costumbres de cada siglo, se halla fácilmente la filosofía de la historia, o a lo ménos, puede deducirlo el lector sin trabajo alguno”, la historia filosófica “estravia fácilmente al historiador”, que puede caer en el apriorismo y convertir el estudio y la exposición de los hechos en sólo una búsqueda de pruebas de confirmación de sus principios y teorías.

La historia moderna debe ser una obra de arte literaria, pero fundamentalmente tener carácter de “verdadera”, lo que significa extremar la indagación documental y examinar cuidadosamente a los autores de las fuentes disponibles, una ciencia de la observación que constituye lo medular de la crítica histórica. Debe estudiar las instituciones políticas y civiles y el conjunto de las leyes, doctrinas y costumbres de las sociedades. Y servir de enseñanza a la posteridad. Esto significa una gran complejidad del objeto de estudio de la historia tal como la concebía Barros Arana, superadora del reduccionismo a la que la han querido limitar sus críticos posteriores.

El punto medular epistemológico de la teoría historiográfica desarrollada por nuestro autor se precisa en su definición del concepto de hecho histórico y de la lógica de sus relaciones:

En el lenguaje de la literatura histórica, la palabra hecho espresa una idea compleja. Se denomina así un acto material i palpable, como un combate, un homicidio, un viaje; y también el resultado de ese acto material. Las investigaciones del historiador tendrán, pues, dos objetos: por una parte los hechos reducidos a su sencillez física, cuando se trata de saber si en efecto han acaecido i cuales han sido realmente las circunstancias sensibles y esteriores: por otra parte, su carácter moral, es decir, su encadenamiento, sus causas, sus efectos, sus consecuencias, porque es menester determinar qué voluntades han tomado parte en el hecho, qué influencias han ejercido, qué cambios han operado, a qué nuevos hechos han dado lugar. […] Pero no todos los hechos verdaderos son dignos de ser consignados en la historia […] De modo, pues, que una vez estudiada i reconocida la verdad de los hechos, el historiador debe escojer de entre éstos aquellos que ofrecen interés, i desechar como inútiles los demás. Esta segunda elección no es tanto el resultado del estudio como de la observacion, i presenta de ordinario muchas dificultades. Un historiador ilustrado puede distinguir entre muchos hechos que parecen insignificantes, algunos que interesan a la posteridad i que le dan a conocer ciertas fases del estado social de un pueblo. La importancia de los hechos depende de su relacion con la sociabilidad, objeto comun de los estudios morales y de los estudios políticos.[43]

La vigilancia epistemológica de Barros Arana no se agota en la lógica de la investigación sino que avanza al establecer las relaciones entre investigación y exposición. La corrección científica tiene que ver sustantivamente con el logro de una adecuada relación entre ambas. La exposición debe ceñirse a la lógica del encadenamiento de lo real, es decir debe permitir advertir la relación entre causas y efectos, “la lójica de los sucesos humanos”. Si el marco histórico general dominante es el cronológico, el respeto al mismo no debe llevar a alterar la sustancia del enlace causa-efecto. Un hecho debe ser desenvuelto en todas las consecuencias que entraña, antes de pasar a otro, aunque esto implique ciertas alteraciones en el estricto orden cronológico que constituye la matriz general ordenadora de la narración.

Barros Arana se dedica seguidamente a estudiar lo que pueden llamarse sus “principios generales” de composición de la obra histórica, en los cuales sigue lo planteado por Daunou en el séptimo tomo de su Cours d’études historiques.[44] Los denominados lugares históricos, las formas especiales que asume la retórica en la obra histórica, son identificados como las máximas o reflexiones, los retratos o paralelos, las arengas o discursos, las descripciones y las disgresiones o disertaciones, y cuidadosamente tratados en su uso y posición en el interior de la obra. Luego practica una cuidadosa taxonomía de las obras históricas de acuerdo con su objeto, partiendo de la distinción entre historia eclesiástica e historia civil o profana. La definición que ensaya de la última nuevamente empuja a reflexionar sobre lo erróneo de las críticas dirigidas posteriormente a la escuela histórica liberal cuando se orientan a acusarla de historia política limitada en sus miras o historia de acontecimientos desprovista de todo elemento crítico-reflexivo. Dice Barros en una más de sus definiciones del quehacer histórico:

La historia civil trata sobre todo de la constitución de los pueblos, de sus formas de gobierno, de sus revoluciones interiores, de su vida social, de sus conquistas, en una palabra, de todo lo que interesa a su gloria i a su prosperidad. No consiste tan solo, como se ha creido erradamente, en la narración de la vida de los soberanos, i en largos y fastidiosos detalles sobre las batallas que se han dado: el historiador no debe d[45]escuidar nada de lo que se refiere a la vida interior de la nacion i al progreso de la civilizacion.[44]

Finalmente, el autor argumenta en torno al género biográfico que constituyó uno de los más frecuentados por él a lo largo de su prolífica labor. La biografía es definida como la “historia particular de ciertos personajes”, que admite el extremo detallismo como forma de acercarse a la vida privada y a su “verdadero carácter”, acercarse a las “virtudes y los vicios […] los talentos y las faltas de los grandes hombres”.

Un punto de interés en cuanto al método histórico adoptado por el autor chileno es su referencia respecto de la “historia oral”, que lo distancia un tanto de Mitre y lo acerca a las posiciones de Vicente Fidel López, o al menos lo sitúa en un punto equidistante de ambos:

Entonces vivían aun muchos de los hombres que habían tenido alguna participación en los acontecimientos de la revolución de la independencia, o que habían sido testigos mas o ménos inmediatos de ellos. Todo aconsejaba recojer las noticias que esas personas podían suministrar no sólo sobre los hechos mismos, sino sobre el espíritu i los móviles de éstos, que en muchas ocasiones no aparecen o están disimulados en los documentos. […] Para llenar este vacío, frecuenté en aquellos años el trato de muchos de los sobrevivientes de la edad revolucionaria, o mantuve correspondencia epistolar con otros para obtener informaciones acerca de puntos sobre los cuales podían suministrarlas.[46]

Desde los comienzos de su trabajo como historiador utilizó con provecho estas fuentes testimoniales:

Otra clase de datos que me han servido considerablemente son las comunicaciones orales. Es este sin duda el momento de recojer esas noticias: cuando quedan todavía algunos actores de aquel gran movimiento es fácil tomar de ellos su testimonio, imponerse del carácter i espíritu de los partidos i descubrir el verdadero significado de esos documentos ambiguos que confunden al historiador, sin paricipar de sus pasiones y de sus odios.[47]

En otras de sus tempranas obras, afirma:

Para formar mi relación [de la campaña del Chiloé] he reunido todo cuanto se ha escrito de aquellos sucesos, una multitud de documentos contemporáneos, públicos y privados, los impresos de la época y las relaciones, memorias y diarios de algunos jefes y oficiales de ambos bandos; y he consultado el testimonio de muchos testigos y actores de aquellos acontecimientos.[48]

Entre los entrevistados más notables que menciona estuvieron los generales Freire y Prieto, ambos presidentes de Chile, Cruz, Blanco y Aldunate; Tomás Guido, amigo y confidente del general San Martín; también los generales Gregorio Las Heras y Matías Zapiola, comandantes muy importantes del ejército sanmartiniano, y el general Manuel Escalada, cuñado del jefe argentino, y otros militares de ambos bandos, patriotas y realistas.[49]

Los trabajos americanistas

Sin pretender un análisis riguroso y exhaustivo, repasaremos algunos de los más importantes trabajos de Barros Arana en el terreno de los estudios americanísticos, aspecto de su obra que amerita un estudio más comprensivo y de mayor profundidad, dentro de un campo todavía poco trabajado en su dimensión comparativa y de significación de conjunto. En 1861 publicó un amplio estudio con el título general de Los cronistas de Indias,[50] altamente valorado por sus contemporáneos y por la crítica posterior –Mellafe lo considera “el primero de conjunto, sumamente útil en nuestros días”–[51], en el que repasa los orígenes medievales de la institución de la crónica mayor de Indias desde 1525 en que se estableció, y la prolija reglamentación hecha por Felipe II en 1574, quien amplió sus funciones más allá del registro de los acontecimientos protagonizados por los hombres a “la historia natural de las yerbas, plantas animales, aves, peces, minerales i otras cosas”, lo que dio origen a las célebres relaciones geográficas de la época. Un criterio que anticipa las preocupaciones de los sabios ilustrados del XVIII y los elementos de conformación de un corpus americano por los coleccionistas de objetos, documentos y libros.

En el estudio se analiza la obra de los sucesivos ocupantes del cargo. Acerca de Gonzalo Fernández de Oviedo, el primer cronista, nuestro autor expresa una elevada valoración, considerando a la Historia general y natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar océano –que manejó a través de la “magnífica edición” de 1851-1855 de la Real Academia de la Historia a cargo de José Amador de los Ríos, la primera completa– como “una rica e inapreciable fuente de noticias” que coloca a su autor “en el rango de uno de los más grandes escritores de la lengua castellana en la primera mitad del siglo XVI”. Resulta interesante detenerse en el juicio más extenso que de él hace, porque no sólo ilumina alguno de los valores que apreciaba superlativamente en este tipo de autores, sino que echa luz acerca de aspectos centrales de su propio “taller” de historiador y de las bases de su epistemología implícita en ese momento, especialmente en torno al concepto de verdad objetiva en la historia y el control de la subjetividad:

Aunque Oviedo tuvo autorización para consultar los documentos de los archivos, buscó como fundamento principal de sus obras, las notas que él mismo tomó acerca de los sucesos de que era testigo, o sobre los cuales recibió informes de personas sérias i justificadas que podian saber la verdad. En el curso de su historia lo dice así con frecuencia, demostrando que sus relaciones con muchos de los personajes mas notables del descubrimiento, le habian permitido recoger noticias perfectamente seguras. De esta manera, si su obra no puede ser considerada la historia ordenada i completa de esos grandes acontecimientos, acerca de los cuales se hallan en otras fuentes muchas noticias que Oviedo ignoró o que desatendió, es un auxiliar indispensable para todo trabajo histórico emprendido con un propósito sério. La pasion que algunas veces se le ha atribuido en los juicios que pronuncia sobre los hombres i sobre los hechos, no se descubre en verdad en sus escritos en proporciones exageradas, cuando se las estudia atentamente. Aun podria decirse que en ninguna de las historias primitivas del descubrimiento i de la conquista, se encuentra tanta imparcialidad i criterio tan sano.[52]

Del segundo cronista, Juan Cristóbal Calvete de la Estrella, Barros Arana provee de información acerca de su vida y obras y conoce –fruto de las investigaciones realizadas en el transcurso de su primer y fructífero viaje a Europa– un códice conservado en la biblioteca de la Real Academia de la Historia, en latín, acerca de la conquista del Perú y las guerras civiles entre Almagro y Pizarro, y otra obra atribuida en la que se narra la rebelión de Gonzalo Pizarro y los trabajos del visitador La Gasca. Esta no pudo ser utilizada en la elaboración de la Historia de América, ya que su edición fue hecha en Madrid recién en 1889.

Un justificativo de la valoración muy negativa del tercer cronista de Indias, Juan López de Velasco, que desempeñó su cargo en el momento en que el rey amplió considerablemente el campo de acción y encargó el levantamiento de las relaciones geográficas, es que Barros Arana desconocía en el momento de la redacción de su trabajo la Geografía y descripción universal de las Indias editada recién en 1894. En 1596 llegó al cargo Antonio de Herrera, historiador ya muy conocido y aquilatado por su narración del reinado del Rey prudente. Según el historiador chileno, la obra respecto de las Indias del cuarto cronista es:

[…] monumental por su extensión, lo es tambien por su mérito […] si la obra de Herrera no es precisamente el resultado de una investigación prolija i de primera mano, no podrá desconocérsele su gran mérito por la coordinación de los materiales, por la abundancia ordenada de noticias tan variadas i complejas, i por la armonía del conjunto. I todo esto es tanto mas notable cuando se observa la discreción con que procedia en la elección de esos guias, pues casi siempre buscó los mas seguros, e incurrió en ménos errores de detalle de los que podian esperarse de un trabajo ejecutado de esa manera. El uso de esas relaciones en la forma que indicamos, le permitió intercalar en su libro apreciables descripciones geográficas, i noticias concernientes a la civilización i costumbres de los pueblos americanos, que Herrera no habia podido conocer por sí mismo.[53]

Barros Arana, al mostrarse preocupado no sólo por los aspectos restringidos de la narración propiamente histórica, sino también interesado en las connotaciones lingüísticas, culturales, antropológicas, geográficas y de “historia natural” que se desprenden de la confrontación de múltiples civilizaciones y culturas a partir del descubrimiento, explicita el interés amplio que es característico de la americanística de su tiempo, tan evidente en Mitre, por cierto. Estas inquietudes comunes de Barros Arana con los estudiosos más connotados de su época pueden constatarse en las obras y preocupaciones de sus colegas de todo el continente y también de los europeos, y verificarse, por ejemplo, en el catálogo de las contribuciones a los sucesivos Congresos de Americanistas.[54] Vocación múltiple, que a veces se derrama en territorios disciplinariamente muy mal definidos, y que extendida al coleccionismo bibliográfico y arqueológico –una nota distintiva de la generación–, la numismática y la catalogación de “curiosidades americanas”, marca desde su fundación este particular campo de estudios.

Los siguientes tres cronistas –Luis Tribáldos de Toledo, Tomás Tamayo de Vargas y Gil González Dávila– son descalificados por Barros Arana. Sobre el primero, al que dedicará luego un pequeño estudio específico,[55] muestra alguna atención por su trabajo acerca de la guerra araucana en la frontera ordenada por el rey Felipe IV a raíz del fracaso de los jesuitas en su intento misional de pacificación, que contienen información y documentos utilizables por el historiador de Chile; los dos siguientes, dedicados a la historia eclesiástica indiana son, según él, absolutamente prescindibles.[56]

En el estudio del siguiente cronista de Indias, Antonio de León Pinelo, se anotan algunos de los juicios más infortunados y cuestionables de Barros Arana, quien califica a las obras del ilustre jurista como “no merecedoras de los grandes aplausos que se les tributan”, sus escritos históricos “dejan ver poco espíritu crítico, falta de plan, i formas literarias de mui poco gusto”. Aunque en el inicio, de manera estrechamente reveladora como en tantas otras oportunidades, festeja la “gran erudición” como único mérito del cronista indiano, no se priva casi de inmediato de agregar “en todos los cuales [los tratados y escritos de León Pinelo] aparece junto con una erudicion no siempre oportuna, el mal gusto literario de la época, es decir el culteranismo i el conceptismo que dominaban en la poesía i en la prosa”. Su desprecio por el gran arte barroco, propio de una sensibilidad estragada por el positivismo cientificista, vuelve a la carga:

Era aquella una época de decadencia de las letras españolas. Se hacía sentir una esterilidad real; i las pocas obras que se escribian i daban a luz, casi todas empañadas por la frivolidad i por los vicios literarios que hoy hacen insoportable su lectura, alcanzaban escasa circulacion i poco crédito. Los aplausos prodigados a los escritos de los cuatro últimos cronistas de Indias que hemos recordado, son una manifestación de esa decadencia literaria.[57]

La época a la que se está refiriendo, puntualmente, corre entre 1625 y 1664, o sea que así está despachando nada menos que a los tiempos de Góngora, Quevedo, Lope de Vega y Calderón. A esa prejuiciosa valoración cultural y estética, se agrega la veladura de apreciación de la importancia específica del trabajo de León Pinelo.

Se podrían agregar algunas otros juicios del mismo calibre a estas infortunadas opiniones que en descargo de Barros Arana eran las dominantes en la época. De inmediato de León Pinelo, Barros Arana pasa a considerar la obra de su sucesor, Antonio de Solís. El autor de la Historia de la conquista de México es juzgado en principio sobre el desacuerdo que le provoca el juicio de Sismonde de Sismondi, atento a que Solís supo desembarazarse de los supuestos “estravíos de la imajinación, toda la rebusca de estilo o de imágenes” que afectaban la obra de sus inmediatos antecesores. Don Diego considera, con justicia, que su trabajo es una obra maestra de la literatura, retomando la opinión de Robertson y Prescott, aunque también señala que desde el punto de vista historiográfico su labor se ve afectada por el descuido en el estudio de las fuentes, el desconocimiento de muchas de ellas y la parcialidad a favor de los españoles, además de la inverosimilitud frecuente de situaciones. Respecto del décimo cronista, Pedro Fernández del Pulgar, se dedicó a continuar la historia de Solís referida ya a la época colonial. Resulta sumamente sugerente de la cosmovisión liberal el concepto que merece este período del pasado al historiador de América, que aparecerá con claridad en su Historia:

[…] la historia de América en el período que sigue a la conquista, pierde toda su animacion i casi todo su interes, de manera que la narracion de los acontecimientos de la colonia es tan monótona como era viva y brillante la de los sorprendentes sucesos de la época anterior; i si bien un espíritu razonador y filosófico puede sacar una gran enseñanza de la estagnacion y languidez de la vida colonial bajo un réjimen contrario a toda libertad i a toda iniciativa social, no podría exijirse de un escritor español del siglo XVII que poseyera esas dotes.[58]

Luis de Salazar y Castro, el undécimo cronista, solamente merece recordarse por haber reunido una considerable y valiosa colección de documentos y libros. Felipe V designó para sucederlo a Miguel Herrero de la Ezpeleta, completamente inútil en su cargo, lo mismo que su continuador puramente burocrático, el fraile Martín Sarmiento. En 1777 Robertson publicó su Historia de América. A pesar de que la Academia de la Historia reconoció el gran valor de este trabajo, nombrando a su autor miembro correspondiente y disponiendo una traducción de la obra, el ministro de Indias José de Gálvez la consideró ofensiva, prohibió la traducción y designó en el vacante cargo de cronista de Indias a Juan Bautista Muñoz, el último que lo desempeñaría, con el expreso encargo de refutarla. La obra proyectada de Muñoz debía integrar una historia de la conquista con la de la administración colonial española. Después de una minuciosa búsqueda de documentos que fundamentó una completa revisión de lo logrado hasta entonces, en 1793 apareció el primer volumen de la Historia del Nuevo Mundo, que comprende los ocho primeros años a partir del descubrimiento de Colón. Aunque murió en 1799 sin continuarla, dejó una magnífica colección de copias de documentos y notas de un enorme valor para la investigación futura.

El trabajo de Barros Arana sobre los cronistas de Indias considerado en conjunto resulta atrayente, no sólo por la información bio-bibliográfica aportada acerca de esos escritores-funcionarios, sino por las opiniones tempranas acerca de la historia y la manera de hacerse que aporta, como testimonio de una maduración obtenida en su viaje europeo que ya le había permitido esbozar los principios básicos que sostendría a lo largo de su obra.

En una serie de artículos necrológicos reunidos en una nota,[59] el historiador chileno procuró recuperar una serie de figuras interesantes para el desarrollo de los conocimientos científicos acerca de América: Tomas Bridges, E. Federico Poeppig, Juan Bernardo María Alejandro Dezos de la Roquette y Luis Le Fébure de Fourcy, este último sólo vinculado a América por su nacimiento en Haití, aunque toda su carrera la hizo como matemático en Francia. Fue el inicio de un proyecto más amplio, que no tuvo continuidad, que era mostrar a través de obituarios a figuras importantes nacidas en América o europeos protagonistas de la naciente americanística, dando especial importancia al registro bibliográfico de sus obras. Tanto Bridges, introductor de la Victoria regia en Europa, como Poeppig, fueron naturalistas botánicos y Dezos de La Roquette geógrafo; los dos primeros también exploradores. El punto de interés común es el relevamiento de América como un múltiple objeto de conocimiento, la acumulación de noticias en su campo específico de acción y la vinculación de éstas con relatos de viajes, hechos curiosos, descripciones de costumbres y lugares y conocimientos o noticias históricas. Se trata, en suma, de la prolongación heterogénea de la escuela de Humboldt de la que de una manera u otra son tributarios todos los “sabios” americanistas de la época, cualquiera fuera su campo específico de acción. Debería ahondarse más en este suelo común que habiéndose constituido sobre los intereses científicos de los estudiosos ilustrados del XVIII, se prolonga a lo largo del siglo siguiente entrelazándose con muchas de las temáticas, planteamientos y metodologías del positivismo. La historia como disciplina va despegándose trabajosamente de esta matriz, al articularse en la visión del organicismo historicista, pero las trazas del paradigma del americanismo anterior son fuertemente observables a través de trabajos e intereses como el que estamos reseñando de Barros Arana.

Barros Arana dedicó un estudio bibliográfico a la obra del jesuita Juan Ignacio Molina.[60] Destaca una idea que se sobrepone al prejuicio tan acentuado que albergaba respecto de la historia colonial y los aportes a la cultura americana provenientes de sectores vinculados al catolicismo, al señalar la importancia que tuvieron los jesuitas expulsados reunidos en Italia a finales del siglo XVIII, con lo que se anticipó a toda una corriente de estudios de historia cultural y política del siglo XX. Sin embargo, rápidamente expresa que no eran demasiados los jesuitas “que estuviesen convenientemente preparados para trascribir por escrito noticias sérias sobre la historia i la jeografía de las regiones que habían habitado”, citando sin embargo a Hervás, Coletti, Clavijero, Molina, Gillii, Muriel, Sánchez Labrador y Vidaurre. Luego, y a pesar de tener pocos materiales y el “tiempo en que escribió” señala a Molina como “un escritor distinguido i un sabio relativamente notable”, por su talento especial, la naturalidad flexible de su estilo, la variedad de sus conocimientos y la sagacidad de su inteligencia, tales son las virtudes que le encuentra. El artículo es una muestra de la erudición extrema de nuestro autor, con prolijas y detalladas referencias a las diversas ediciones de las obras del jesuita chileno, y una breve relación del contenido y su importancia para los estudios americanistas.

En otro trabajo publicado ese mismo año, 1881, también en la Revista Chilena, el historiador santiaguino repasa algunas obras recientes de la historiografía americana.[61] La primera reseña está dedicada al opúsculo de Mitre, Ollantay, estudio sobre el drama quichua, en el que el polígrafo argentino discute la antigüedad de esta pieza supuestamente enraizada en la tradición de representaciones del mundo incaico mencionada de manera vaga por el Inca Garcilaso, estableciendo que es propia de un universo mental y literario de corte europeo y más específicamente de la tradición dramática del XVII español. Barros Arana considera que las conclusiones de Mitre son “definitivas”, y luego se detiene prolijamente de manera muy característica de su estilo y manera de concebir la crítica, en una pequeña “rectificación” erudita al texto de Mitre referida a un autor secundario peruano –José Fernández Nodal– que considera indebidamente tratado.

Luego, efectúa un recorrido por dos libros acerca del antiguo Perú: Incidents of Travel and Exploration in the Land of the Incas, del estadounidense G. Squier, y Pérou et Bolivie. Récit de voyage, suivi d’études archéologiques et des notes sur l’écriture et les langues des populations indiens, de Charles Wiener.[62] El primero es celebrado por no tratar de imponer ningún “sistema histórico” de interpretación, sino solamente “reunir los materiales sobre los cuales se puede basar la discusión histórica”; el segundo, además de loable por sus excelencias tipográficas y artísticas reflejadas en sus más de mil grabados, 27 mapas y 18 planos, trabaja descriptivamente los viajes del autor por Perú, sus estudios arqueológicos y etnográficos acerca de los antiguos habitantes del Incario. Una conclusión de Wiener es glosada por Barros Arana, lo que resulta sugeridora de una importante opinión propia acerca de la valoración de todo un período fundamental de la historia americana, el colonial, anclada en la firme aversión a lo español de nuestro autor:

La raza indíjena era mas intelijente, mas trabajadora, mas feliz de lo que es ahora. La conquista española vino a destruir una civilizacion estendida en un vasto territorio, i solo ha implantado la nueva civilizacion en ciertos i determinados lugares del Perú, dejando el resto del pais en un estado de postracion i de abatimiento mui parecido a la barbarie. La raza indíjena ha retrocedido despues de la conquista; i ahora mismo se encuentra mas atrasada que bajo el réjimen colonial que implantaron los españoles.[63]

La estimación final es, sin embargo, cautelosa, y se condensa en un conocido tópico de la historiografía positivista de la época, el paso a paso acumulativo del conocimiento, ya adelantado respecto de la obra anterior:

El lector puede tambien no aceptar todas las conclusiones de M. Wiener, ya sea en el conjunto de su cuadro, ya en algunos de sus detalles. Aun nos parece que algunos puntos han ido demasiado aprisa, formulando teorías que el estado actual de nuestros conocimientos no nos permite aceptar completamente. Pero el libro que damos a conocer, así como el de Mr. Squier, de que hemos hablado mas arriba, son documentos de primer órden para estudiar el antiguo Perú i para preparar los trabajos definitivos que vengan a establecer la sinópsis completa de aquella civilizacion. Cuando se lee el resultado de los trabajos de estos dos intelijentes y laboriosos esploradores, se comprende que no hai motivos para desesperar de llegar un dia u otro a descorrer mas o ménos enteramente el velo que nos oculta el pasado del Perú, i a tener, si no la historia cronolójica i completa de sus soberanos, de sus guerras i de sus conquistas, a lo ménos el cuadro fiel de su constitucion i de su vida social.[64]

De Perú a la Nueva España. Barros Arana revisa la obra de Fray Bernardino de Sahagún, popularizada a través de Prescott, valorada muy positivamente como “un verdadero manuscrito histórico”. Sólo se detiene en proporcionar un sumario de su contenido, en referencias bibliográficas acerca de la historia del manuscrito exhumado por Juan Bautista Muñoz, la edición mexicana de Bustamante “incompleta i defectuosa […] verdadera curiosidad bibliográfica”, la inglesa de lord Kingsborough inaccesible por su alto precio, “propiamente un libro de biblioteca pública”, y la que motiva el comentario, la traducción al francés de Denis Jourdanet –también traductor de Bernal Díaz (1876)– y Remi Siméon, “lingüista distinguido”, aparecida en 1880 y que resulta “superior a las dos ediciones españolas”.[65]

El breve comentario a la Histoire de l’esclavage ancien et moderne de A. Tourmages le sirve para comparar esta obra de divulgación con los grandes monumentos eruditos acerca del tema –Wallon para la época clásica, Víctor Schoelcher para los tiempos modernos–, asentando el hecho de que si en el siglo XV este “cáncer social” estaba llegando a su término, el descubrimiento de América “trajo por fruto la esclavitud de los negros africanos para reemplazar a los indios americanos diezmados por la conquista i las crueldades de sus opresores”.[66] Reitera su juicio negativo sobre la acción colonizadora europea, condena la “bárbara institución” y reafirma su alineamiento con los principios de los “filósofos modernos ingleses y franceses en su mayor parte” acerca de la igualdad y la absoluta libertad del hombre, dos conceptos políticos y morales muy caros a Barros Arana.

La reseña del libro La Plata de Santiago Arcos –político y ensayista liberal chileno, amigo de Sarmiento y de Lucio V. Mansilla, exiliado en París– efectuada en la misma época que escribió la Historia de América, permite acercarnos a algunos conceptos del americanista chileno respecto a la historiografía de su tiempo:

La historia i la jeografía americana han sido objeto de numerosos libros publicados en Europa para dar a conocer estos paises en el viejo mundo. Escritos en su mayor parte con un completo desconocimiento de los hechos i sobre datos informes i desordenados, esos libros son curiosos por los errores que contienen; pero no han podido merecer ni aceptacion ni aprecio. Despues de su publicacion, la historia americana ha quedado tan oscura como ántes para los europeos. De aquí resulta que en los tratados jenerales de historia i de jeografía, en los libros elementales que sirven en Europa para la instrucción de la juventud, se consagra a América solo algunas líneas, llenas siempre de inexactitudes chocantes que revelan una ignorancia absoluta de nuestras cosas.[67]

La preocupación de Barros Arana por la educación es un motivo esencial, que había resultado el disparador de la composición de su compendio de historia americana. Arremete contra el célebre manual de historia contemporánea de Ducoudray –que en muchas escuelas de América Latina sería texto obligado de la formación juvenil, paradójicamente junto con la propia Historia… de Barros Arana– que dedica solamente dos páginas a la revolución hispano-americana, “i en ellas solo se encuentran equivocaciones y vulgaridades”, que se enmarcan en la consideración más general citada arriba. Un ejemplo: Ducoudray “parece dispuesto a presentar el gobierno del Paraguai [de Francia y López] como un modelo para las otras Repúblicas hispano-americanas”, un verdadero dislate para nuestro autor, amigo del entonces presidente Mitre que encabezaba una guerra de exterminio contra el pueblo guaraní y el original sistema político y económico paraguayo. Es más, el fin de la reseña recupera la comparación que efectúa Arcos entre el Paraguay y la Argentina, en una consecuente operación de propaganda bélica:

El libro del señor Arcos, por otra parte, ha sido escrito con el mejor propósito, i ejecutado con notable habilidad. Sus apreciaciones son dictadas por un espíritu tan liberal como ilustrado, i su obra es un buen servicio prestado a la causa liberal americana. Las sagaces observaciones de que está sembrado revelan principios mui fijos, cuyas ventajas ha sabido demostrar con bastante talento. Los europeos creen jeneralmente que la anarquía ha desgarrado a la República Arjentina, cegando todas las fuentes de prosperidad i de progreso; i han llegado a creer que la paz inalterable de que goza el Paraguai podrá presentarse como modelo a las otras naciones americanas. El señor Arcos ha bosquejado con hermosos rasgos un cuadro sumario, pero mui comprensivo, de la historia i de la situacion política e industrial del Paraguai para establecer un parangon entre esa República i la Confederacion Arjentina, la paz constante sostenida en aquélla por dictadores reacios, i la anarquía sangrienta que ha destrozado a ésta. El resultado de este parangon prueba cuánto se equivocan los escritores europeos, que, juzgando las cosas de América por las apariencias, han pretendido dar consejo de gobierno a los pueblos americanos. El Paraguai, a la sombra de una dolorosa paz, ha visto desarrollarse lentamente sus intereses materiales; pero su situacion moral es ahora peor que bajo la dominacion de los monarcas españoles. La República Arjentina, por el contrario, ha esperimentado una metamórfosis completa mediante un progreso maravilloso e increible de sus intereses materiales y políticos.[68]

Para resolver este problema de desconocimiento e indiferencia, Barros afirma que es necesario escribir libros de historia para el público europeo, adecuados a las “exigencias de la moda […] bajo formas agradables” revistiendo el trabajo con “ese ropaje variado i agradable del folletinista”. En contraste, sitúa la verdadera historia, sin muchos aspavientos, bajo el “tono grave y severo del historiador”, al que define –se autodefine– escueta pero contundentemente como “investigador paciente i prolijo en los documentos i en las relaciones primitivas”; sus obras se distinguen por “poseer la grave seriedad que distingue los buenos trabajos históricos”. Los libros de esta verdadera historia, “nuestros libros no alcanzan el honor de ser estudiados por los europeos”, lo que exige la construcción de estos nuevos arbitrios para dar a conocer el pasado y el presente de los países americanos.[69] En lo sustantivo de la reconstrucción del proceso histórico del vecino país del Plata efectuado por Arcos, lo significativo es que Barros recupera la tesis del autor que rechaza la asimilación frecuente en Europa de los grupos actuantes en las guerras civiles y en la dictadura de Rosas a los patrones clásicos europeos –torys, whigs o radicals– y los coloca dentro de un proceso explicado en términos del gran paradigma sarmientino de civilización y barbarie. Invariablemente, el reseñista no puede con su genio y señala “equivocaciones de detalle i a veces sucesos imperfectamente esplicados”, pero en tono absolutorio sintetiza: “Volvemos a repetirlo; en trabajos de esta naturaleza, no es posible acusar al autor por esa clase de equivocaciones: basta que el conjunto nos dé una idea del cuadro que se quiere bosquejar”.[70]

Barros Arana retomó el tema en un homenaje tributado a Arcos en 1874, con motivo de su suicidio en París.[71] Después de hacer una reseña de la vida del escritor chileno, en la que destaca con benevolencia sus inclinaciones políticas radicales y sus inquietudes sociales nacidas en el período de la revolución de 1848 en Francia y desarrolladas en Chile a finales de la década de 1840 junto con Francisco Bilbao y “otros espíritus ardientes y liberales”, vuelve a la obra anteriormente comentada escribiendo una síntesis que muestra sus ideas, a la vez que sirve de línea de continuación a la Historia de América cerrada con la revolución de Independencia.

Ese volúmen [La Plata, étude historique] escrito en lengua francesa i con una elegancia sostenida, contiene una historia jeneral de las provincias arjentinas desde los tiempos de la dominación de los incas del Perú hasta 1862. Esta historia no se distingue por ese trabajo prolijo de concienzuda investigación que asegura el crédito de las obras de esta clase. Arcos no habia hecho estensos estudios históricos, i se limitaba a escribir con estilo propio los hechos averiguados por otros, pero ha sabido exponerlos con una claridad particular i juzgarlos con una elevación filosófica mui poco comun en los trabajos concernientes a la historia americana, i desvanecer los errores i las falsas apreciaciones de los escritores superficiales del viejo mundo, que oyendo hablar de las revoluciones i de la anarquía de los pueblos americanos, creen que éstos no progresan , i aun que se encuentran mas atrasados que las antiguas colonias de España. Don Santiago Arcos ha llegado a probar hasta la evidencia que en medio de las guerras civiles, la América española no solo no ha retrocedido sino que a avanzado considerablemente, que los principios de libertad i de democracia han hecho conquistas indestructibles; la industria i la riqueza pública se desarrolla en una vasta escala; i todo promete un lisonjero porvenir a estos paises que solo necesitan poblarse para explotar las riquezas que encierran. Este libro, escrito con un excelente espíritu, se lee con agrado; i forma un compendio histórico tan interesante por la forma literaria como instructivo por el caudal de noticias que contiene, i por la enseñanza política que suministra.[72]

Resalta aquí no sólo el optimismo respecto del progreso material de los países hispano-americanos, anticipo de lo que eclosionaría pocos años después y sería el núcleo principal de la generación positivista, sino también una marcada insistencia en la necesaria autonomía de visión respecto del proceso recorrido por estas sociedades desde la independencia, vinculada con el reclamo de acuñar categorías propias de interpretación obligadamente distintas a las del mundo europeo. Resuena también el programa alberdiano con la inmigración como el gran resorte de la modernización social.

El estudio de 1893 de Barros Arana acerca de la lingüística americana[73] solamente llega hasta el importante trabajo del abate Lorenzo de Hervás y Panduro, jesuita exiliado en Italia, autor de una descomunal obra, Idea dell’ Universo che contiene la storia della vita dell’ uomo; elementi cosmografici, viaggio estatico al mondo planetario e storia della Terra, veintiún volúmenes editados en Cesena entre 1778 y 1787, además de un suplemento impreso en Foglino en 1792. El tomo XVII se titula Catalogo delle lingue conosciute e motizia della loro affinitá e diversitá, y en una nueva versión castellana publicada por Hervás en seis volúmenes en Madrid entre 1800 y 1805 se transformó en el Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas i numeracion, division i clases de éstas según la diversidad de sus idiomas i dialectos. El argumento del autor es que la diversidad de las lenguas fue el resultado del “castigo prodijioso de Dios” en el episodio de la Torre de Babel, lo que lleva a Barros Arana a considerar que la obra de Hervás es “la última de carácter aparentemente científico en que se recuerda sériamente la historia de la torre de Babel, no como un mito, sino en su sentido estrictamente literal”.[74] Sin embargo, considera positivamente el catálogo, valorando el hecho de que fue construido principalmente en base a los informes que le ofrecieron otros misioneros jesuitas expulsados de América en 1767, el método sistemático de agrupamiento en lenguas matrices, el discernimiento de los dialectos y “la masa de hechos que logró recoger”.[75] El contenido general del artículo no es demasiado importante y no resiste la comparación con lo efectuado por esas mismas fechas por Bartolomé Mitre.[76] Barros Arana se dedica a mostrar la falta de interés científico de la lingüística colonial, en su versión apoyada en los prejuicios teológicos y en el pragmatismo misional, ejerciendo en realidad él mismo su prejuicio respecto a lo español y lo católico referido a ese período, reafirmando lo expresado ya en la Historia de América. Un ejemplo muy claro es la falta de valoración del patrimonio cultural enorme que significaron los vocabularios elaborados por los misioneros, a la que se suma un mojigato prejuicio victoriano:

Los misioneros tuvieron que seguir preparándose para la catequización de los indios con el estudio de la lengua de éstos; lo que, como dijimos ántes, dio orijen a muchas de las gramáticas i vocabularios, i a las guias de confesores dispuestos en lenguas indíjenas, en que se hallan estensos diálogos entre el sacerdote i el penitente, que son curiosos por mas de un motivo, pero que ordinariamente son tambien chocantes por su crudeza, sobre todo al tratarse de los pecados contra el sesto mandamiento. Creemos inútil recordar en este estudio los nombres de algunos de aquellos gramáticos, ni mencionar sus obras por dignas que sean varias de ellas de las recomendaciones que han merecido en escritos especiales; pero debemos hacer notar que el mas persistente i laborioso de todos, aquel cuyas obras son mas copiosas i suponen mayor contraccion i seguramente mayor intelijencia, no se halla siquiera mencionado en muchos de esos escritos porque pertenecia a otra raza i a otra secta relijiosa. Es éste el misionero puritano John Eliot […].[77]

La Historia de América

Diego Barros Arana es autor de una temprana Historia de América –la primera edición es de 1865–,[78] cuya masiva difusión contribuyó en mucho a crear la noción de ese campo de estudio en un amplio público, a elaborar un muy extendido y persistente paradigma de interpretación del pasado, a erigir un panteón continental de héroes a través de las épicas de la Conquista y de la Independencia, y a reavivar un sentido de identidad supranacional americana que se nutría en el legado continental de la Ilustración y de la generación de la Independencia. Esta última fue –sin duda– su contribución mayor. La aparición de la Historia coincidió con el período de resolución, a menudo traumática en extremo, de los procesos de constitución y consolidación de los estados nacionales en algunos de los países más importantes del continente (Guerras de la Reforma, la Intervención y el Imperio en México; las contiendas civiles y la Guerra de la Triple Alianza en la cuenca del Plata; la Guerra de Secesión en Estados Unidos) y también, en lo inmediato, con la renovación de las amenazas coloniales que significó la invasión francesa a México y la desatinada hostilidad española en Santo Domingo y en las costas de Perú y Chile.

Rolando Mellafe sintetizó con justeza –pasado casi un siglo desde su composición– la valoración del aporte de la obra en el sentido que indicamos:

Mucho se ha usado del Compendio, pero poco se ha escrito sobre él. El libro que desentrañó durante más de medio siglo el misterio de la formación de nuestra América casi no ha tenido comentaristas, y es que para las generaciones inmediatamente pasadas y para las actuales de varios países americanos ha sido tan familiar, tan vital, podríamos decir, que no ha necesitado alabanzas. Todavía [Mellafe escribe en 1958] es recomendable y de hecho se usa, aunque la historiografía americana ha avanzado en una increíble proporción desde 1865, y los puntos de vista, los intereses y las corrientes historiográficas han cambiado. Una parte de América se va desprendiendo casi con dolor de esta magnífica obra, sintética, sencilla, clara, que lo dijo todo y lo llenó todo durante muchos años.[79]

La recuperación de este ingente esfuerzo del historiador santiaguino cobrará mayor sentido cuando podamos, en un futuro trabajo más ambicioso, incluirlo con el grupo de sus colegas chilenos y con los estudiosos argentinos reunidos en Buenos Aires en torno a Mitre, por muchos años su más valioso interlocutor en este terreno, en el conjunto de la historiografía americanista del siglo XIX cuya historia general está aún en buena medida pendiente.

El Compendio, esa inaugural obra general sobre la historia americana, dista mucho de adecuarse a la sola noción de “antecedente”, tentación grande a partir del desarrollo posterior de la historiografía en el continente. Debe ser considerado aquilatando su enorme influencia, que contribuyó decididamente a la construcción de una idea de América y de su pasado que resultó dominante a lo largo de varias generaciones. Precisamente, es a través de la sencilla elegancia de su temprana síntesis –el máximo logro de esta obra que en forma a su vez tan acertada subrayó Mellafe– que Barros Arana logró ese valor paradigmático que le asignamos en la construcción del imaginario histórico continental de muchas generaciones de estudiantes de América Latina. Es uno de esos libros que se integra precisamente con la noción de la educación cívica como religión laica elaborada a través del magisterio de Durkheim, tan eficaz en la configuración de los consensos más generales de construcción social en el último tercio del siglo XIX, y que se extiende con fuerza al menos hasta la década de 1930, y se prolonga ya con debilidades manifiestas hasta pasada la Segunda Guerra Mundial e, inclusive, hasta la década de 1960.

El paradigma interpretativo del Compendio se articuló sobre la “visión del mundo” del liberalismo de la segunda mitad del XIX, edificada a veces –las menos– haciéndose cargo de la tradición revolucionaria y transformadora, otras encerrada en estrecho filisteísmo o asumiendo un cientificismo menguado y pedantesco. En Barros Arana ambas facetas son claramente perceptibles, pero la confrontación radicalizada con el pensamiento católico y con la herencia colonial española resultó decisiva en el moldeamiento de su conceptualización tanto política como historiográfica. Según el juicio de su biógrafo Ricardo Donoso:

Como historiador, Barros Arana es uno de los más caracterizados entre los historiadores del siglo pasado [el XIX], y la extensión de su obra constituye uno de los esfuerzos de investigación de mayor envergadura que se han realizado en América. El pensamiento histórico de Barros Arana, como el de sus colegas de la misma generación, Miguel Luis Amunátegui y Benjamín Vicuña Mackenna, está naturalmente teñido de los mismos prejuicios de que participaron los historiadores americanos del siglo XIX, al juzgar la obra colonizadora y cultural de España en América. El régimen colonial fue para estos historiadores un período de oscurantismo y vasallaje, mientras el movimiento emancipador representó algo así como el renacimiento en la historia de la cultura occidental, y desde el punto de vista espiritual, una regeneración, una reacción contra tres siglos de opresión y servilismo. Las causas del atraso en que habían vivido los pueblos americanos descansaban en las instituciones viciosas, la avasalladora influencia de la Iglesia, los malos hábitos y la indolencia. En la larga y fecunda obra literaria del historiador chileno, esta idea prevalece en forma dominante y orientadora, mientras el movimiento emancipador surge como el resultado de un lento proceso de agitación de los espíritus.[80]

En los recuerdos acerca de su formación, que forman parte del tomo XVI de la Historia General de Chile, Barros Arana menciona el nacimiento de su interés por la historia en su más temprana juventud, en medio de la indiferencia general. Recordando esas épocas tempranas nos dice:

Si bien en virtud de las reformas introducidas en la enseñanza en 1843 se abrió ese año por primera vez en el Instituto Nacional una clase de historia, las lecciones dadas en ella, mui lijeras i superficiales, se contrajeron al principio únicamente a los antiguos imperios de oriente, i solo de año en año fueron adelantando lenta i gradualmente a tiempos mas modernos. La historia de América i de Chile no fue enseñada sino seis años mas tarde, i eso en una forma mui elemental, i en la primera época, según libros mui descuidados, con muchas deficiencias i con innumerables errores.[81]

Entre estos primeros libros se contaba el Manual de Historia de Chile de Vicente Fidel López.[82] Luego menciona la aparición de otras lecturas, mucho más motivadoras: el compendio del abate Molina, las Memorias del general Miller, la historia de Torrente y los primeros volúmenes de la monumental obra de Claudio Gay, junto con los tomos de documentos que la complementaban.[83] La primera impresión formativa de Barros Arana en relación a América la recibió de las obras de Humboldt, Robertson y Prescott, como ya mencionamos más arriba.[84] La visión crítica y sintética del Compendio, se encuentra impregnada por la referencia y admiración respecto de estos estimados maestros de juventud.

Siendo Barros Arana rector del Instituto el Compendio se dirigió a corregir la ausencia de un buen texto de historia americana. En la “Bibliografía”, incorporada en 1894 en una reimpresión de la segunda mitad del tomo segundo, y agregada luego al inicio de la edición definitiva en las Obras Completas, el autor señala nuevamente esta vocación pedagógica inmediata de la obra: “Estando destinado este libro a servir de auxiliar a los profesores encargados de la enseñanza de la historia de América i de Chile en nuestros colejios […]”.[85] Las fuentes de la Historia de América sin embargo, no son tan amplias como podría extraerse de esta bibliografía, ya que en ella incorporó lo más importante de lo que su colosal erudición había acumulado entre 1865, fecha de la primera edición, y su elaboración treinta años más tarde. A ella además, para tener una visión más general del saber americanista del escritor, debemos considerar la reunida en la bibliografía de las obras anónimas y seudónimas sobre la materia.[86]

Respecto a la narración de la Conquista en el Compendio, ésta fue escrita sobre la base de una copiosa documentación reunida a través del viaje realizado por Europa entre 1859-1861. Dice Barros Arana en carta a Mitre:

Creo haberle hablado de mi viaje a España y de mis estudios en las bibliotecas de Madrid y en los archivos de Simancas y de Sevilla. Los tesoros que encierra este último para la historia americana son inapreciables, por su cantidad y por su mérito. Pasé cincuenta días de incesante trabajo, y apenas tuve tiempo para hacer la elección de todo lo que debía hacer copiar referente a Chile y para tomar algunos apuntes y extractos de legajos y expedientes que, teniendo un valor secundario, podían completar el conocimiento de algún hecho. Estoy persuadido de que no se puede escribir la historia de la conquista o de la dominación española, en ninguna de sus parcialidades de América, sin consultar estos archivos.[87]

Este archivo solamente había sido utilizado antes de Barros Arana por don Claudio Gay, de quien escribió la biografía, al igual que la de su amigo y corresponsal Bartolomé Mitre, y también de don Mariano Torrente, el “violento” autor hispanista de la Historia de la revolución hispano-americana.[88] Igualmente estudió los cronistas de la conquista del Río de la Plata, de los que dispuso de la célebre colección de don Pedro de Ángelis, aunque no llegó a desarrollar la invitación que le efectuara Juan María Gutiérrez de dedicar una exhaustiva investigación y un libro al tema.

Como ya dijimos arriba, en su viaje a Buenos Aires el escritor trasandino anudó relaciones con los argentinos Manuel Ricardo Trelles y Bartolomé Mitre. Sin duda es la amistad con Mitre –nueve años mayor que él– la más importante y significativa para la naciente ciencia histórica y la americanística del último tercio del siglo XIX, y la correspondencia entre ambos es una fuente a estudiar más detalladamente. Dice Barros Arana de Mitre en el volumen XVI de la Historia General de Chile:

Poseedor de una abundante colección de libros i de papeles históricos que despues ha engrosado considerablemente, Mitre lo puso todo a mi disposición con la más absoluta franqueza, me ayudó con su esperiencia en la esploracion de los archivos, i me puso en comunicación con cuanta persona podía procurarme algun documento o suministrarme algun dato que pudiera interesarme. Las relaciones que habíamos cultivado en Chile en años anteriores, se convirtieron entonces en la mas estrecha amistad, en una verdadera confraternidad literaria que hemos conservado inalterable a pesar del tiempo, de la distancia i de todas las vicisitudes de la vida, comunicándonos nuestros proyectos literarios i nuestros escritos, de cualquier clase que fueren, i proporcionándonos recíprocamente los libros, los documentos i los mapas que podían interesarnos para nuestros trabajos respectivos.[89]

El nacimiento de la Historia de América estuvo relacionado, como mencionamos más arriba, con el desempeño de su autor en el rectorado del Instituto Nacional y con el principal punto de su gran tarea allí: la reforma educativa con centro en la especialización del profesorado. Esto quedó documentado en una carta a Mitre, entonces presidente de Argentina, del 12 de julio de 1864:

Actualmente estoy componiendo una Historia de América para la enseñanza, que formará un volumen de 600 páginas en 8º y de tipo menudo. Voy en la conquista de México, y a fines de agosto habré terminado las dos primeras partes, que están destinadas a la América indígena y a las conquistas. Con cuatro meses más de trabajo haré las otras dos, colonia e independencia. En septiembre comenzaré a imprimir, y tendré cuidado de remitir a usted por partes este trabajo. No me lisonjeo con la esperanza de hacer una obra notable; pero será un compendio claro, lleno de hechos y útil para los colegios americanos. En las ediciones posteriores podré mejorarlo algo más, corregir los errores, que siempre serán pocos, y mejorar su forma, que no puede ser muy buena, por ser hecho a la carrera y para suplir una necesidad imperiosa. Después de este trabajo me propongo hacer un compendio de historia de Chile de iguales dimensiones, para la enseñanza. De este modo, amigo mío, me tiene usted convertido en pedagogo, y alejado de los estudios de investigación prolija que tanto me gustan, y para los cuales me había preparado recogiendo infinitos documentos.[90]

En medio de esta composición, se dio tiempo para escribir un programa de historia romana. En diciembre de 1864 terminó la Historia de América, que fue leída en la facultad de Humanidades a lo largo de quince sesiones y aprobada como texto por unanimidad. En marzo de 1865 se publicó. Y nuevamente a Mitre, en abril de este año:

En este trabajo no verá usted más que el buen deseo de agrupar metódicamente las noticias más averiguadas para que los niños puedan estudiarlas. No he tenido el propósito de hacer un trabajo crítico, ni de alta erudición, y antes por el contrario, he evitado citaciones, no discutiendo sino aquello que era imposible dejar de discutir.[91]

En la introducción a la edición de 1865 el autor establece el hecho de que se ha ido desarrollando una afición por el estudio de la historia americana, para satisfacer el cual se han producido trabajos “preciosos, pero limitados a ciertos períodos i a determinados pueblos” y “se han buscado con preferencia los sucesos más interesantes o dramáticos para formar obras de lectura agradable a la vez que instructiva”. De inmediato reconoce una tradición de estos estudios: Prescott, Irving, Bancroft, Alamán, Restrepo, Baralt, Amunátegui, Mitre, Varnhagen.[92] Una segunda vertiente apareció también paralelamente:

Hai otra especie de estudios de ménos agrado tal vez, pero no de menor importancia. Forman ésta las disertaciones de erudicion histórica, contraidas a discutir i esclarecer diversas cuestiones poco conocidas o mal estudiadas. El baron de Humboldt puede ser considerado el primero entre los trabajadores de este jénero. A su lado, aunque en un rango inferior, deben colocarse los coleccionistas i editores de documentos que, como Navarrete, Ternaux Compans, Kingsborough i otros, han contribuido a ilustrar la historia americana.[93]

Un tercer sector de esta historia en construcción es decisivo para Barros Arana, e ilustra claramente su método:

Pero las principales fuentes históricas son todavía los historiadores primitivos, testigos i actores muchas veces de los sucesos que narran, o instruidos de ellos por la tradición reciente, cuando el tiempo no los había adulterado. El lector encuentra en ellos ese colorido especial de la época, esa animación casi inimitable i ese interés que forman el principal atractivo de la historia.

E inmediatamente de reconocer el campo y los antecedentes, declara su propio objetivo y la manera en que se inserta en él:

Desgraciadamente, no existe todavía una historia jeneral i uniforme de todos los pueblos americanos. Falta una obra que abreviar para componer un compendio. La obra de Robertson, la mejor sin duda en su jénero, está limitada sólo al descubrimiento i conquista de algunos paises. Para escribir un testo destinado a la enseñanza de la historia americana, es necesario que el autor consulte i estudie gran variedad de obras, i que en muchas ocasiones haga por sí mismo la investigación que cumple hacer a los trabajadores de primera mano. Esta es la principal dificultad que tiene que vencer el que trabaja un compendio para la enseñanza. Extractar hechos y noticias de varios libros, sin haberlos sometido a un examen rigoroso, es esponerse al peligro seguro e inevitable de copiar errores de toda especie. Se puede asegurar que no hai materia alguna sobre la cual se hayan escrito mayores desaciertos que sobre la historia americana. Es por lo tanto indispensable que el autor de un testo de enseñanza comience por apartar a un lado esos libros superficiales e inexactos en que con el título de historias generales, o de algunos países americanos, se han agrupado errores enormes e injustificables. Me ha sido forzoso apartarme de este mal camino, i contraerme a hacer un estudio prolijo de los sucesos que queria referir en este compendio. He consultado los mejores historiadores, i particularmente primitivos, he examinado los documentos que he tenido a la mano, i he escrito todo lo que parecia verdad probada. Esto no quiere decir que esté persuadido de que mi libro está exento de errores. Léjos de eso, creo que es imposible que no se hayan escapado algunos, ya por causa de la oscuridad i confusión de ciertos puntos de la historia del nuevo mundo, ya por la precipitación con que, en medio de variados afanes, he redactado este compendio. Esos errores, sin embargo, no serán de grande importancia, i podran correjirse en una edición subsiguiente, si mi libro alcanza a obtener los honores de la reimpresion. Réstame sólo advertir el objeto que me he propuesto al componer esta obra. El estudio de la historia americana no ha adquirido en nuestros colejios la importancia que parece reclamar. Al paso que se ha dado gran desarrollo a la enseñanza de los otros ramos de la historia, la de América ha quedado reducida a nociones mui elementales. Este libro tiene por objeto remediar este mal.[94]

Barros Arana trabaja una narración, siguiendo en esto los preceptos muy claros y decisivos de don Andrés Bello. Este apego al método narrativo está subrayado desde el inicio mismo de su labor de historiador, desde la página inicial de la Advertencia de su temprana Historia Jeneral de la Independencia de Chile:

Es en efecto el sistema narrativo el que más conviene a una obra de esta especie. Cuando se abre la posteridad para los fundadores de la independencia no es llegado el tiempo de juzgar sus obras sino por el interés de la época. Simples narradores, los cronistas de la presente generación, debemos recopilar todas las noticias posibles que ilustren a los historiadores futuros para que puedan dar su fallo con acierto. Mucho habremos conseguido si dando con el pie a las preocupaciones de partido, si comprendiendo bien el espíritu que dictó los pasquines y panegíricos del momento, logramos desentrañar la verdad y ponerla de manifiesto.[95]

En términos más generales hace su profesión de fe de historiador, en una carta a Mitre del 5 de diciembre de 1875:

Siempre he creído que lo que se llama historia filosófica es el asilo de los que no quieren estudiar la historia, de los que quieren hacer de esta ciencia u conjunto de generalidades y declamaciones vagas e inútiles. Yo no se si usted recuerda la polémica que sobre este punto sostuvo don Andrés Bello en 1847 con Lastarria y otros escritores chilenos, combatiendo este género de historia filosófica. A pesar del prestigio de tan gran maestro, los que en Chile nos hemos dedicado a estudiar y a escribir la historia, sobre todo Amunátegui y yo, hemos tenido que batallar largo tiempo para demostrar que la historia sin hechos bien estudiados y sin documentos es completamente inútil y absurda.[96]

La estructura del Compendio es simple: cuatro partes, que marcan los segmentos de construcción de significación más inmediatos en la narración general que constituye la Historia de América. Primera Parte: América indígena; Segunda Parte: Descubrimiento y Conquista; Tercera Parte: la Colonia; Cuarta Parte: Revolución de la Independencia. En la economía cuantitativa de la obra la parte Primera y la Tercera son prácticamente equivalentes en su extensión: 81 (6.4 %) y 105 (8.3%) páginas, respectivamente, de las 1,235 que ocupa el texto en los dos volúmenes de la edición definitiva de 1908 en las Obras Completas. La más extensa es la Parte Cuarta, con 565 páginas (44.6%), seguida de la segunda, con 432 (34.2%). Sumando la segunda y la cuarta parte, se alcanza el 82.4% de la obra, lo que demuestra el abrumador peso de los procesos de narración “dinámica”, de historia de “acontecimientos”, frente a la historia fría de descripción de estructuras sociales y culturales, que es la nota dominante de las partes primera y tercera.

En la primera parte, comienza con la discusión del origen de los pueblos americanos, que deja prudentemente abierta, aunque inclinándose sobre la hipótesis del origen asiático. En general, el abordaje de la realidad histórica prehispánica es constantemente matizado por la idea de un conocimiento todavía en construcción, con grandes espacios abiertos, y con opiniones más que certidumbres.

Sin embargo, interesaba a la historia adquirir el conocimiento del estado i del carácter de estas naciones, no sólo para poderlas apreciar en sí mismas, sino para deducir de ahí las diversas gradaciones por que la humanidad ha pasado lentamente ántes de adquirir la civilización. De este jénero de estudios especulativos han nacido las apreciaciones sistemáticas sobre los primitivos americanos, basadas en la observacion de los viajeros i de los escritores que estudiaban una o varias localidades. Este estudio, con todo, no ha dado aun sus últimos frutos. Los mismos viajeros encontraban entre los pobladores del nuevo mundo costumbres e ideas adquiridas posteriormente, cuya filiacion no podian distinguir, i de las cuales no podian deducirse acertadas consecuencias. Las noticias recojidas hasta ahora, forman un conjunto informe de datos de que es necesario hacer una separacion previa ántes de bosquejar el estado en que los indíjenas americanos se hallaban a la época en que fueron conocidos por los europeos.[97]

Luego, los tres capítulos siguientes están dedicados sucesivamente a las civilizaciones indígenas de México y Perú, “los otros indios” del continente. La ausencia más notable es el desconocimiento de la civilización maya, acerca de la cual no hay ninguna referencia directa, aunque basándose en Brasseur de Bourbourg habla de una “civilización primitiva de la América septentrional” que territorialmente ubica en el espacio geográfico de los mayas: Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Yucatán, Guatemala, Honduras y El Salvador, quedando de hecho amalgamadas la cultura olmeca, mixteca y maya, y también los diversos horizontes cronológicos. En relación al Anahuac, tampoco figura la mención a Teotihuacan, y en realidad solamente se destaca la historia del postclásico a partir de Tula.

La más descuidada es sin duda, la parte dedicada a la colonia. Barros Arana fue incapaz de superar el prejuicio antiespañolista de su tiempo, la consideró una época regresiva, de barbarización y burocratización opresiva del individuo y su libertad creativa individual. En esto, como en muchas otros aspectos, Barros Arana se muestra rezagado respecto dell poderoso intelecto de Mitre, quizás el más ecuánime en el juicio y también el que supo interpretar más hondamente la relación orgánica de la sociedad americana con su pasado colonial, como lo demuestra el magistral primer capítulo de la Historia de Belgrano y la independencia argentina. Las partes en las que se dividen la historia de América para el historiador chileno, los períodos en definitiva, son compartimientos estancos, que a lo sumo mantienen relaciones de exterioridad, reactivas, entre sí, y nunca se muestran las líneas de continuidad histórica, las trabazones orgánicas entre un momento y otro, la necesaria unidad del objeto. Este es el principal problema de la Historia de América.

El predominio de los acontecimientos no se ve acompañado, sin embargo, de una preeminencia de narración engarzada en los “grandes hombres”. Barros Arana no encuentra su hilo narrativo en la acción de los grandes personajes, sino más bien en la misma secuencia de los hechos narrados, que es en definitiva el verdadero protagonista. No es, entonces, una historia construida sobre el halo romántico de los héroes. Es más, resulta difícil organizar un panteón jerárquico de héroes. El hombre más destacado es, sin duda, Cristóbal Colón. En la secuencia de la Conquista y los descubrimientos, en el rubro descubridores, la figura del Almirante se articula con la de Magallanes;[98] mientras los Conquistadores son, a la par, Cortés y Pizarro. Más difícil es jerarquizar a los jefes de la independencia: Washington es probablemente el que emerge más nítido como un gran hombre; luego, en una línea no demasiado laudatoria tendríamos a Bolívar y San Martín, y consideradamente, Miranda, O’Higgins, Sucre, Hidalgo y Morelos, Artigas, Filisola. En las partes primera y tercera, no hay figuras, sino solamente un telón de fondo, un escenario vacío de acontecimientos y de personalidades.

Roberto Mellafe ha trabajado las influencias directamente operaron sobre Barros Arana en la elaboración de su Historia de América. A su juicio son tres: una primera, difusa, la de la escuela romántica y liberal, responsable en buena medida del desdén y el rechazo de la presencia española; la segunda, la del pensamiento y obra de Alejandro de Humboldt, que junto con Prescott renovó la visión proveniente de la historiografía ilustrada del XVIII; la tercera, la ejercida por William Robertson, que aunque proveniente de una tradición filosófica distinta, influyó deciddamente en diversos e importantes aspectos de la composición de la obra.[99] William Robertson,[100] un importante miembro de la ilustración escocesa que compartió entre otros con Adam Smith y David Hume, es el autor de la célebre History of America,[101] publicada en Londres en 1777, en la que relata la expansión española y portuguesa en el Nuevo Mundo y cuya segunda edición ampliada, póstuma, de 1796 incorporó la historia de Virginia hasta 1688 y de Nueva Inglaterra hasta 1752, omitiendo los hechos de la Independencia de las colonias inglesas. Este libro fue concebido por Robertson como una prolongación de su History of the Reign of the Emperor Charles V, publicado en Londres en 1769, y elogiado por Voltaire y Catalina de Rusia, y cuya introducción, View of the Progress of Society in Europe from the Subversion of the Roman Empire to the beginning of the Sixteenth Century -una vigorosa reconstrucción de la época medieval- es considerada la obra maestra del historiador escocés. El tema central de Robertson era la Europa del 1500, su sistema político, sus grandes estados, los conflictos religiosos, la expansión colonial. Para no obstaculizar el despliegue armonioso de su historia del emperador, decidió estudiar en un libro aparte que lo ocupó durante ocho años el tema de la expansión americana, y este fue el origen de la historia que nos ocupa.

La estructura de la historia de Robertson es de diez libros. En el primero, trabaja una historia de los descubrimientos geográficos, relacionándolos con la historia de la navegación. Dedica atención a los exploradores de la antigüedad, acción interrumpida por la invasión de los bárbaros. En la época moderna, sobre la base de la transmisión de los conocimientos geográficos y náuticos a través de los árabes, la renovación del comercio por el impulso de las Cruzadas y la invención de la brújula, comenzó la expansión europea debida inicialmente a los portugueses. Este es el marco en el que se produjo el descubrimiento de América por Colón, a quien dedica el segundo libro. El tercero describe la colonización de La Española, la crueldad de los españoles y la reacción de Las Casas. Analiza la implantación de la esclavitud de los africanos, y se extiende hasta los inicios de la conquista de México. En el libro cuarto interrumpe el relato de la conquista para detenerse en el estado de los pueblos americanos en el momento del descubrimiento; en los dos libros siguientes estudia las respectivas conquistas de Cortés y de Pizarro. El libro séptimo está dedicado a una descripción de las civilizaciones indígenas de mexicanos y peruanos, particularmente en sus instituciones y costumbres. La revisión del mundo americano bajo control hispánico culmina en el libro octavo, dedicado a la acción colonizadora de España, su gobierno y el comercio. La primera edición se detuvo aquí, ya que Robertson planteó que la continuación de su obra estudiando las colonias inglesas la hará cuando desaparezcan las condiciones de incertidumbre existente por el “estado actual de las colonias británicas […] comprometidas en una guerra civil con la metrópoli”. Es notable la percepción que manifiesta respecto de estos acontecimientos, al afirmar que “de cualquier modo que se termine esta desgraciada lucha, se verá nacer en la América septentrional un nuevo orden de cosas, y los negocios tomarán otro aspecto”. Anuncia que con el restablecimiento de la tranquilidad “proseguirá esta parte de mi obra […] y juntando á ella la historia de las colonias portuguesas, y la de los establecimientos de las otras naciones de Europa en las islas de América, habré completado mi plan”.[102] En parte este diseño se cumplió en la segunda edición, ya póstuma, de 1796, en la que aparecieron los dos últimos libros, noveno y décimo, dedicados el primero a la historia de los descubrimientos ingleses y su asentamiento en Virginia, y el segundo a la de Nueva Inglaterra.

La obra de Robertson tuvo una acogida entusiasta por parte de los historiadores españoles, pero el gobierno prohibió su traducción, ya comenzada, y su difusión. Ya hemos citado la opinión favorable que tenía Barros Arana de la obra del escocés. Mellafe efectuó una prolija revisión de las obras dedicadas a la historia general de América antes del trabajo del historiador chileno, y resulta indudable que más allá de las opiniones específicas que haya tomado de Robertson, el trabajo del escocés significó para el autor del Compendio un antecedente significativo en términos de la construcción de una visión general de la historia de todo el continente, con sus diversos afluentes europeos, vinculada al estudio y reconocimiento de las culturas prehispánicas y establecida en el marco de la fundamental discusión acerca de la identidad americana efectuada por los pensadores de la Ilustración. Un análisis pormenorizado de las opiniones de Robertson excede las posibilidades de este trabajo, pero aunque reconocemos la importancia de ellas en la configuración del trabajo de Barros Arana, nos parece excesiva la importancia que Mellafe le concede.

Teniendo en cuenta los antecedentes citados por Mellafe, de todos modos la Historia de América tiene un mérito todavía no suficientemente reconocido: es la primera historia general del continente pensada en forma orgánica y producida por un americano. Tributaria de la idea de la unidad de las Américas, dentro de la concepción de la generación de la Independencia que se concibió a sí misma enmarcada en el concepto de americano, originado en la Ilustración, proseguido luego con el concepto de panamericanismo fundado en esa identidad unificadora básica. Este concepto de identidad americana se refuerza al detenerse la narración en la culminación de la independencia, dejando de lado toda la historia particular de las nuevas repúblicas, la compleja construcción de los estados-nación más o menos logrados o la imposibilidad de efectivizarlos más allá de la conformación formal como entidades legales. Sólo luego de un par de generaciones la noción de latinidad –desde Ariel y el modernismo en adelante– pasó a ser un aglutinador distinto, que paulatinamente se deslizó desde la diferenciación a la hostilidad creciente con la América anglosajona. Pero la Historia de América de Barros Arana es coetánea de la Guerra de Secesión estadounidense, de la que el presidente Lincoln saldría todavía consagrado como el último integrante del panteón de grandes héroes americanos, sin distinción de origen, junto con Benito Juárez. Y también de la guerra chileno-peruana contra España en 1865, un último episodio que significó la renovación del sentimiento antihispánico que había prevalecido desde la guerra de la Independencia. El cambio de carácter de la república del Norte, claramente evidenciado en la obra de Martí, y en los acontecimientos y consecuencias de la guerra hispanoamericana de 1898, alterarían definitivamente la percepción de lo americano en gran parte de la opinión crecientemente identificada con la concepción de América Latina. Esta problemática está completamente ajena a la idea de Barros Arana tal como se manifiesta en su obra.. Sin embargo, la persistencia del panamericanismo como una representación fundamental de identidad recorre una buena parte del siglo XX, y desde el punto de vista historiográfico se reflejará en el magno proyecto que animó la creación del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, aunque deben reconocerse también en empresas de aliento como la Historia de América dirigida por Ricardo Levene. La masiva difusión de la Historia de Barros Arana y su utilización como una obra de texto destinada a la enseñanza media es un elemento insoslayable de la conformación del imaginario panamericanista en amplísimos segmentos de la población latinoamericana.

Apéndices

1. Índice de las Obras Completas de Diego Barros Arana

Reproducir el índice de las Obras Completas del historiador chileno –que no están fácilmente disponibles en bibliotecas, inclusive en las especializadas– tiene el sentido de acercarnos a la extensión y complejidad temática de sus escritos, y a las diversas formas que adoptaron: ensayos eruditos, obras didácticas, biografías, obituarios, notas bibliográficas, periodismo cultural. Permite también abordar con mayor claridad el panorama de su variada obra americanística, algunos de cuyos títulos abordamos en el trabajo que antecede, y verificar por cierto la dificultad de distinguir con nitidez –empresa a todas luces impráctica y no fundamentada– entre la obra americana y la obra chilena de nuestro autor. Una excelente bibliografía de los escritos del polígrafo puede consultarse en Ricardo Donoso, Diego, pp. 365-403.

Obras Completas

En las Obras Completas –publicadas a cargo del estado por decisión del Congreso nacional chileno luego de la muerte del historiador– no se incluyó su monumento mayor: la Historia General de Chile, ni tampoco sus notas periodísticas dedicadas a la política y a las controversias ideológicas sobre la educación.

Tomo I. Historia de América, Partes I i II, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1908, 531 pp. + retrato del autor.

Tomo II. Historia de América, La Colonia. La Revolución, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1908, 682 pp.

Tomo III. Elementos de Retórica i Poética, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1908, 379 pp.

Tomo IV. Nociones de Historia Literaria, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1908, 589 pp.

Tomo V. Manual de Composición Literaria, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1910, 531 pp.

Tomo VI. Estudios Histórico-Bibliográficos, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1910, 562 pp. [Contiene: “La primera biografía i el primer biógrafo de Cristóbal Colón”, pp. 1-16; “El libro más disparatado que existe sobre la historia del descubrimiento de América”, pp. 17-34; “Noticia bibliográfica de los poemas a que ha dado oríjen el descubrimiento del Nuevo Mundo”, pp. 35-58; “El proyecto de canonizar a Cristóbal Colón”, pp. 59-98; “Algunas palabras sobre la historia de la jeografía a propósito del descubrimiento de América”, pp. 100-120; “Algunas anotaciones a la vida i viajes de Cristóbal Colón escrita en inglés por Washington Irving”, pp. 121-128; “La verdadera Guanahani de Colón por don F. Adolfo Varnhagen”, pp. 129-134; “Discurso en la fiesta solemne del 12 de Octubre de 1892 celebrada por la Universidad de Chile en conmemoracion del 4º centenario del descubrimiento de América”, pp. 135-144; “Juan Sebastian Cabot segun las últimas investigaciones históricas”, pp. 145-170; “El descubrimiento del Río de la Plata”, pp. 171-182; “Vida i viajes de Hernando de Magallanes”, pp. 183-368; “Notas para una bibliografía de obras anónimas i seudónimas sobre la historia, la jeografía i la literatura de América”, pp. 369-559].

Tomo VII. Estudios Históricos, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1910, 465 pp. [Contiene: “Proceso de Pedro de Valdivia i otros documentos inéditos concernientes a este conquistador”].

Tomo VIII. Estudios Histórico-Bibliográficos, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1910, 337 pp. [Contiene: “Advertencia”, por El recopilador, p. 2; I. “Cronistas de Indias, o los Historiadores oficiales del descubrimiento de América. 1º Gonzalo Fernández de Oviedo i Valdés; 2º Juan Cristóbal Calvete de Estrella; 3º Juan López de Velasco; 4º Antonio de Herrera; 5º Luis Tribáldos de Toledo; 6º Don Tomas Tamayo de Vargas; 7º Jil González Dávila; 8º Don Antonio de León Pinelo; 9º Don Antonio de Solís; 10º Don Pedro Fernández del Pulgar; 11º Don Luis de Salazar i Castro; 12º Don Miguel Herrero de Espeleta; 13º El padre frai Martin Sarmiento; 14º Don Juan Bautista Muñoz”, pp. 5-46; II. “Iconografía española o sea colección de retratos, estátuas, mausoleos i demas monumentos inéditos de reyes i reinas, grandes capitanes, escritores i otros personajes célebres de la nacion española desde el siglo IX hasta el siglo XVII por don Valentin Carderera”, pp. 49-56; III. “Historia Antigua del Perú, por don Sebastián Lorente”, pp. 59-96; IV. “Historia de la Conquista del Perú, por don Sebastián Lorente”, pp. 97-105; V. “Introduccion a la Conquista i poblacion del Perú, por Cristóbal de Molina”, pp. 107-110; VI. “Introduccion a la vida de don Alonso Enriquez de Guzman, caballero noble i desbaratado”, pp. 111-115; VII. “Carta al redactor de la crónica literaria de la Revista del Pacífico, sobre la publicacion de la colección de Historiadores de Chile”, pp. 117-122; VIII. “Colección de Historiadores de Chile i de documentos relativos a la historia nacional”, pp. 123-128; IX. “Descubrimiento i Conquista de Chile, por don M. L. Amunátegui”, pp. 129-135; X. “Importancia de los documentos históricos”, pp. 138-142; XI. “La Crónica del Perú, por Pedro Cieza de León”, pp. 143-150; XII. “El Inca Garcilaso de la Vega”, pp. 151-158; XIII. “El historiador más antiguo de Chile: don Alonso de Ercilla i Zúñiga”, pp. 159-174; XIV. “Una nueva edicion de La Araucana i una nueva biografía de Ercilla”, pp. 175-184; XV. “Los antiguos cronistas de Chile: Góngora Marmolejo, Mariño de Lovera, Pedro de Oña, el doctor Suárez de Figueroa”, pp. 185-206; XVI. “El doctor don Cristóbal Suárez de Figueroa”, pp. 207-212; XVII. “La monja alférez”, pp. 213-224; XVIII. “Un crímen de jugadores. Episodio de la historia del Potosí”, pp. 225-232; XIX. “Santa Rosa de Lima”, pp. 233-237; XX. “Francisco Caro de Torres”, pp. 241-249; XXI. “Alonso González de Nájera”, pp. 251-261; XXII. “Luis Tribáldos de Toledo”, pp. 263-265; XXIII. “Don Melchor Jufré del Aguila y su libro”, pp. 266-278; XXIV. “Santiago de Tesillo”, pp. 279-281; XXV. “Bascuñan i El cautiverio feliz”, pp. 283-291; XXVI. “Don Francisco Núñez de Pineda y Bascuñan i su obra”, pp. 293-302; XXVII. “El primer marques de Valparaiso”, pp. 303-305; XXVIII. “El padre Rodrigo Valdes”, pp. 307-312; XXIX. “Don Francisco de Menéses Bravo de Saravia”, pp. 313-323; XXX. “Manuscritos relativos a Chile existentes en la Biblioteca Nacional de Madrid”, pp. 325-333.

Tomo IX. Estudios Histórico-Bibliográficos, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1910, 513 pp. [Contiene: “Advertencia”, p. 5; I. “Una ilusion ménos. La verdad sobre la historia de Guillermo Tell”, pp. 7-17; II. “Don Andrés González de Barcia”, pp. 19-34; III. “Juicio crítico sobre la obra escrita por don Antonio de Alcedo con el título de Diccionario jeográfico e histórico de las Indias Occidentales”, pp. 35-44; IV. “Estadística de la Literatura Inglesa. El Diccionario de autores de S. A. Allibone”, pp. 35-50; V. “Bibliografía americana. El ‘diccionario biográfico americano’ de Mr. Francis S. Drake, Boston, 1872”, pp. 51-61; VI. “La literatura española en 1874”, pp. 63-76; VII. Revistas bibliográficas: Iª Revista bibliográfica 1. Amadée Roux, Historia de la literatura contemporánea en Italia. (1859-1874), pp. 81-83; 2. Emile Charles. Lectures de philosophie, pp. 83-84; 3. Henry Sumner Maine.- Ancien Law, pp. 84-85; 4. M. De Pressensé.- La libertad relijiosa en Europa, pp. 86-87; 5. J. Charbonier.- Organización electoral representativa de todos los países civilizados, pp. 87-88; 6. Julio Claretie.- Historia de la revolución de 1870-71, pp. 88-89; 7. Gustave Hubbard i H. Reinald, pp. 89-92; 8. Gabriel Gravier.- Découverte de l’Amerique par les normands, pp. 92-94; 9. D’Avezac.- Sobre Colón, pp. 94-96; 10. Harrisse.- (Bibliógrafo norteamericano), pp. 96-100; 11. Claudio Gay.- Historia de Chile, pp. 100-101. IIª Revista bibliográfica 1. F. Odysse Barot.- Historia de literatura contemporánea en Inglaterra, pp. 103-104; 2. F. Papillon.- La naturaleza i la vida, p. 105; 3. El anuario del estadista, pp. 105-107; 4. Diccionarios enciclopédicos de biografía, historia i jeografía, pp. 107-113; 5. Documentos históricos del Perú por D. Manuel de Odriozola, pp. 113-117; 6. Ildefonso Antonio Bermejo.- Episodios del Paraguai, pp. 117-119; 7. J. Löwenberg, Avé-Lallemant & Dove.- Vida de Alejandro Humboldt, pp. 119-122; 8. J. F. Hutchinson.- Dos años en el Perú; pp. 122-124; 9. J. Bancroft.- Historia de los Estados Unidos, pp. 124-125; 10. Guía de las Repúblicas del Plata, pp. 125-126. IIIª Revista bibliográfica 1. Mary Summer.- Historia de Boudha, pp.128-132; 2. Arnold Guyot.- Jeografía Física, pp. 132-133; 3. Viollet Le-Duc.- Historia de una fortaleza, pp. 134-135; 4. L. Figuier.- Las maravillas de la industria, pp. 135-136; 5. Juan Mª Gutiérrez.- El Lector americano, p. 137; 6. Roisel.- Los atlantes, p.138; 7. A. Bello.- Principios de Derecho Internacional, pp. 138-139; 8. S. Hazard.- Santo Domingo, su pasado i su presente, pp. 139- 140; 9. William H. G. Kingston.- El mundo occidental, pp. 140-141; 10. José Joaquín Borda.- Historia de los jesuitas, pp. 141-144; 11. Recuerdos del jeneral Campero, pp. 144-145; 12. Carlos Greville.- Diario de los reinados de Jorje IV i Guillermo IV, pp. 145-147; 13. Roberto O. Cunningham.- Notas de la historia natural del estrecho de Magallanes, pp. 148-149. IVª Revista bibliográfica 1. André Daniel.- L’Anneé politique, pp. 151-152; 2. William Martins.- La San Bartolomé, pp. 152-153; 3. Colección Lamas.- Historia de Lozano sobre los Jesuitas del Paraguai, Rio de la Plata i Tucuman, pp. 154-156; 4. A. Tootal i R. F. Burton.- La cautividad de Hans Stade de Hesse entre las tribus del Brasil, pp. 157-158; 5. Roselli de Lorgues.- El embajador de Dios, pp. 158-160; 6. G. Ch. Musters.- Una residencia entre los patagones, pp. 160-162; 7. Anuario Hidrográfico de Chile, pp. 162-164; 8. F. Chardonneau.- Instrucciones sobre las costas de Chile, pp. 164-165. Vª Revista bibliográfica 1. M. Block.- Dictionnaire de la politique, pp. 167-168; 2. Wurtz i el Diccionario de química, p. 169; 3. Les Lundis de Sainte-Beuve, pp. 169-170; 4. G. Hoefer i la Historia de las Ciencias, pp. 171-171; 5. A. Guillemin.- Aplicaciones de la física a las ciencias, a la industria i a las artes, pp. 171-172; 6. Alfonso Pauly.- Bibliografía de las ciencias médicas, pp. 173-174; 7. Vivién de Saint-Martin.- Historia de la jeografía, pp. 174-177; 8. Revoluciones de Cuba, pp. 177-180; 9. L. Faliés.- Estudios históricos i filosóficos sobre las civilizaciones, pp. 180-181; 10. G. Niox.- Espedicion de Méjico (1861-67), pp. 181-183; 11. Miguel Lobos.- Un hijo de Inglaterra a quien le ha dado por viajar en las rejiones americanas que fueron de España, pp. 183-184; 12. C. M. Sayago.- Historia de Copiapó, pp. 184-186; 13. D. A. Torres.- Física elemental, pp. 187-188. VIª Revista bibliográfica 1. M. Pozzy.- La terre et le récit biblique de la création, pp. 189-192; 2. J. Huber.- Historia de la Compañía de Jesus, pp. 192-193; 3. Aventuras de M. De Tounens, pretendido rey de la Patagonia; pp. 194-199; 4. Ch. Wiener.- Ensayo sobre las instituciones políticas, relijiosas i morales del imperio de los Incas, pp. 199-200; 5. Jacinto Charencey, i la “Simbólica”, pp. 200-202; 6. Max von Versen.- Viajes en América i la guerra Sud Americana, pp. 202-204; 7. Ch. Darwin.- Viaje de un naturalista, pp. 205-206; 8. S. Eardly Wilmont.- Viajes en el Pacífico, pp. 206-207; 9. Harrisse.- Bibliógrafo americano, pp. 207-208; 10. Colecciones de documentos de historias americanas, pp. 208-210; 11. A. Blest Gana.- La edicion europea de sus novelas, pp. 210-211. VIIª Revista bibliográfica. 1. Vivién de Saint-Martin.- Année géographique, pp. 213-215; 2. C. Hippeau.- La instruccion pública en Italia, pp. 215-217; 3. Antonio Raimondi.- El Perú, pp. 217-220; 4. Un poema de G. Gati, pp. 220-222; 5. V. Carvallo Goyeneche i la Descripcion del reino de Chile, pp. 222-224; 6. R. Sotomayor Valdés.- Historia de Chile, pp. 224-226; 7. M. A. Caro i su traduccion de Virjilio, pp. 226-228; 8. R. B. Anderson.- América no descubierta por Colón, pp. 228-229. VIIIª Revista bibliográfica. 1. F. Galton.- Los sábios ingleses, pp. 231-233; 2. Los monarcas del océano, pp. 233-234; 3. J. Russell Bartlett.- Literatura de la guerra civil de Estados Unidos, 1861-65, pp. 234-236; 4. Fussang.- Los chinos en América, pp. 236-239; 5. P. Ch. Pauly.- Climas i endemias, pp. 239-246; 6. El Dr. Jourdanet.- Influencia de la presion del aire sobre la vida del hombre, pp. 246-255; 7. E. Ansart i el plano de Santiago de Chile; pp. 255-256. IXª Revista bibliográfica. 1. Courrière.- Historia de la literatura contemporánea en Rusia, pp. 257-259; 2. G. Maspero.- Historia antigua de los pueblos del oriente, pp. 259-261; 3. Correspondencia de Mirabeau, pp. 261-264; 4.V. Carvallo i Goyeneche, pp. 264-265; 5. Peregrinacion de Luz del dia, pp. 265-266. Xª Revista bibliográfica. 1. Fustel de Coulanges.- Historia de las instituciones políticas de la antigua Francia, pp. 267-269; 2. Jeografía física del mar, pp. 269-274; 3. Jorge Weber, Historia Universal, pp. 274-275; 4. J. W. Draper, Conflictos entre la ciencia y la relijion, pp. 275-277; 5. La tumba de Michelet, pp. 277-279; 6. Mendiburu.- Diccionario histórico biográfico del Perú, pp. 279-282; Memorias del doctor J. G. Valdivia, pp. 283-284; 9. J. V. Lastarria i su proyecto de Código Rural, pp. 284-285. Apéndice a la Xª Revista bibliográfica. Algo sobre literatura americana [Carta de Bartolomé Mitre a Diego Barros Arana, 20/10/1875], pp. 287-323. XIª Revista bibliográfica. 1. E. Glasson.- Elementos del derecho frances considerado en sus relaciones con el derecho natural i la economía política, pp. 325-327; 2. Memorias póstumas de Odilon Barrot, pp. 327-329; 3. P. Lanfrey.- Historia de Napoleon i, pp. 329-331; 4. H. Reynald.- Historia del Réjimen parlamentario en Inglaterra, pp. 332-333; 5. J. G. Courcelle Seneuil.- Compendio de moral racional, pp. 333-334; 6. A. Guillemin.- Pequeña Enciclopedia popular de las ciencias i de sus aplicaciones, pp. 334-337; 7. Estéban Echeverría.- Avellaneda (poema histórico), pp. 337-338; 8. Odriozola.- Documentos literarios del Perú, pp. 338-339; 9. Manuel Pasapero.- Algo para una lei de instrucción en el Perú, pp. 339-340. XIIª Revista bibliográfica 1. Th H. Huxley.- Elementos de anatomía comparada, pp. 341-345; 2. Amado Pissis.- Investigaciones sobre jeolojía e jeografía física; pp. 345-347; 3. M. A. Pelliza.- Vida de Alberdi, pp. 347-348; 4. Ildefonso Bermejo.- La Iglesia Católica en América, pp. 348-349; 5. Estadística de Melipilla, pp. 349-351. XIIIª Revista bibliográfica 1. E. Reclus.- La Tierra, pp. 353-357; 2. F. Hément.- La tierra i el hombre, pp. 357-358; 3. Memorias póstumas de Odilon Barrot, pp. 358-360; 4. Repertorio jeneral de política i de historia contemporánea, pp. 360-361; 5. Cuestion de límites entre Chile i Argentina, pp. 361-362; 6. Descripcion de Arjentina i de Chile, pp. 362-363; 7. R. Sotomayor Valdés.- Historia de Chile, pp. 363-365. XIVª Revista bibliográfica 1. D. Ramée.- Oríjen de los descubrimientos modernos, pp. 367-368; 2. R. Ménard.- Historia de las bellas artes, pp. 368-370; 3. Les portraits de Kel-kun, pp. 370-371; 4. Adolfo de Castro.- Filósofos españoles, pp. 372-373; 5. El novelista Pérez Galdós, pp. 373-375; 6. Antonio Zinny.- Bibliografía periodística de Buenos Aires, pp. 375-377; 7. J. A. Soffia.- Poesías líricas, pp. 378-379. Apéndice I. M. Littré (Traducción), pp. 381-389; Apéndice II. M. Littré, pp. 391-402. XVª Revista bibliográfica 1. Viollet-Le-Duc.- Historia de la habitación humana, pp. 403-404; 2. Biblioteca científica internacional, pp. 404-405; 3. H. Taine.- Oríjenes de la Francia contemporánea, pp. 40406; 4. Revista contemporánea de Madrid, p. 406; 5. Odriozola.- Documentos literarios del Perú, pp. 407-408; 6. Ricardo Palma.- Tradiciones peruanas, pp. 408-409; 7. Nicolás Acosta.- Bibliografía periodística de Bolivia, pp. 409-414; 8. Dr. L. V. Varela.- La democracia práctica, pp. 415-416; 9. Elisa Alicia Lynch.- Esposicion i protesta, pp. 416-417; 10. Zinny y Mitre, p. 417; 11. J. T. Medina.- Memorias del Reino de Chile de don Francisco de Meneses, pp. 417-418; 12. Aguinaldo de La Serena, pp. 419. XVIª Revista bibliográfica 1. Jeografía de las Repúblicas Arjentina, Uruguai i Paraguai, pp. 421-422; 2. D. Miguel Lobo.- Historia jeneral de las antiguas colonias hispano-americanas, pp. 422-429. XVIIª Revista bibliográfica 1. Jerónimo Pérez.- Historia de la campaña contra el filibusterismo, pp. 431-432; 2. B. Mitre.- Rimas, pp. 432-434; 3. D. F. Sarmiento.- Biografía del Dr. Vélez Sarsfield, p. 434; 4. I. De María.- Compendio de la historia del uruguai, pp. 435-436; 5. Libros sobre historia, jeografía, lingüística y etnografía americanas, pp. 436-438. Necrolojía americana. VIII. Juan Federico de Waldeck, pp. 441-445; IX. Don Florentino González, pp. 447-453; X. Necrolojía americana de 1874 1. Don Santiago Arcos, pp. 455-459; 2. M. Brasseur de Bourbourg, pp. 459-469; D. Felipe Larrazábal, pp. 469-472; 4. José Antonio Maitin, pp.473-475; D. Francisco D. Roulin, pp. 475-478. XI. Historiadores arjentinos. I. Historiadores anteriores a Bartolomé Mitre. Gregorio Funes.- “Ensayo de la historia civil del Paraguai”; Manuel Moreno.- “Vida del Doctor Mariano Moreno”; Pedro de Angelis.- “Colección de documentos para la jeografía e historia del Rio de la Plata”; Florencio Varela.- “Biblioteca del comercio del Plata”; Andrés Lamas.- “Colección de Memorias i documentos para la historia de las Repúblicas del Plata”; José María Paz.- Memorias; Luis L. Domínguez.- Historia arjentina; Domingo F. Sarmiento.- Vida de Facundo; Manuel Ricardo Trelles.- “Rejistro Estadístico”; Antonio Zinny.- Bibliografía histórica del Rio de la Plata, pp. 479-488. II. Bartolomé Mitre.- Reseña Biográfica, pp. 488-504.

Tomo X. Estudios Histórico-Bibliográficos, Imprenta Cervantes, 1911, Santiago de Chile, 527 pp. [Contiene: “Advertencia Preliminar” por Alejandro Fuenzalida Grandon, pp. 5-6; “Estudios sobre documentos relativos a la historia náutica de Chile en los siglos XVII y XVIII”, I. “Viaje de Enrique Brower a las costas de Chile”, pp. 9-12; II. “Diario de viaje i navegacion hechos por el padre José García, de la Compañía de Jesus, desde su mision en Cautin, en Chiloé, hácia el sur, en los años 1766 i 1767”, pp. 13-14; III. “Viajes del padre Francisco Menéndez al lago Nahuelguapi en 1791-1794”, pp. 15-25; IV. “Esploraciones jeográficas e hidrográficas de don José de Moraleda i Montero”, pp. 27-40; v. “Riquezas de los antiguos jesuitas de Chile”, pp. 41-135; “Documentos para la historia de chile del siglo XVIII”, pp. 137-253, “Importante documento sobre la espulsion de los jesuitas en 1767”, pp. 139-168; “Relacion de gobierno que dejó el señor marques de Aviles, presidente de Chile, a su sucesor don Joaquin del Pino”, pp. 169-206; VI. “Un bando de buen gobierno para la ciudad de Concepcion en 1798”, pp. 207-225; VII. “El entierro de los muertos en la época colonial”, pp. 227-253; “Historiadores de Chile”, VIII. “El jesuita Miguel de Olivares i su obra ‘Historia de la Compañía de Jesus en Chile’ (1593-1736)”, pp. 257-276; IX. “Don José Pérez García”, pp. 277-291; X. “Introduccion al informe anual presentado al Real Tribunal de Minería en 1803 por el doctor Juan Egaña”, pp. 293-299; XI. “La acción del clero en la revolucion de la Independencia Americana”, pp. 301-371; XII. “El padre frai Melchor Martínez”, pp. 373-393; “Historiadores de América”, XIII. “Don Mariano Torrente”, pp. 397-423; XIV. “Juan Manuel Pereira de Silva”, pp. 425-440; XV. “Don Francisco de Paula González Vijil”, pp. 441-458; XVII. “Don José María Lafragua”, pp. 453-458; XVIII. “Don José Gregorio Paz-Soldan”, pp. 459-463; XIX. “Apuntes para la historia del arte de imprimir en América”, pp. 465-481; XX. “Notas biográficas acerca de algunos de los jenerales españoles que combatieron contra la independencia americana”, pp. 483-516.

Tomo XI. Estudios Histórico-Bibliográficos, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1911, XII + 457 pp. [Contiene: “Advertencia Preliminar” por Alejandro Fuenzalida Grandon, I. “La lingüística americana, su historia i método actual”, pp. 5-26; II. “Bibliografía de las obras de don Juan Ignacio Molina”, pp. 27-40; III. “El primer cónsul estranjero en Chile. Mr. Joel Roberto Poinsett”, pp. 41-58; IV. “Recuerdos históricos. Un jeneral polaco al servicio de Chile. Antonio Baron de Bellina Skupieski”, pp. 59-71; V. “El doctor don Juan Martínez de Rózas”, pp. 73-77; VI. “Don José Miguel Carrera. Un capítulo para su biografia”, pp. 79-94; VII. “El centenario de O’Higgins”, pp. 95-102; VIII. “La desobediencia del jeneral San Martin”, pp. 103-147; IX. “Necrolojía americana. 1. Bridges (Tomás), 2. Le Fébure de Fourcy (Luis), 3. Poeppig (Dr. Eduardo Federico), 4. Roquette Juan Bernardo María (Dezos de la)”, pp. 149-163; X. “Algunos libros recientes sobre la historia americana. 1. Ollantay, 2. Estudios sobre el antiguo Perú de los Incas, 3. Sobre antigüedades mejicanas, 4. Historia de la esclavitud antigua i moderna”, pp. 165-176; XI. “La Plata, étude historique por Santiago Arcos”, pp. 177-183; XII. “Don Luis Antonio Vendel-Heyl”, pp. 185-230; XIII. “Historia física y política de Chile por don Claudio Gay (sobre el tomo de esta obra intitulada La Agricultura”, pp. 235-243; XIV. “Don Claudio Gay. Su vida y sus obras”, pp. 239-454].

Tomo XII. Estudios Biográficos, Imprenta, Litografía i Encuadernación Barcelona, Santiago de Chile, 1914, 393 pp. [Contiene: “Don José Antonio Martínez de Aldunate. Obispo de Santiago 1730-1811”, pp. 5-15; “Don Juan Martinez de Rózas 1759-1813”, pp. 17-35; “Don Bernardo O’Higgins 1778-1842”, pp. 37-44; “El Jeneral Freire (1787-1851)”, pp. 45-119; “El Jeneral Don Francisco Antonio Pinto (1785-1858)”, pp. 121-130; “Don José Manuel Borgoño (1792-1848)”, pp. 131-145; “El Jeneral Don Joaquín Prieto (1786-1854)”, pp. 147-157; “Necrolojía del Jeneral Don Rafael Maroto (1783-1853)”, pp. 159-163; “Don Santiago Ballarna (1790-1856)”, pp. 165-172; “El Coronel Don Antonio Millan (1775-1856)”, pp. 173-184; “Don Victorino Garrido (1794-1858)”, pp. 185-196; “Don Roberto Souper (1818-1881)”, pp. 197-210; “Don Antonio García Reyes (1817-1855)”, pp. 211-230; “Don Diego Antonio Barros (1789-1853)”, pp. 231-251; “Don Melchor de Santiago Concha (1799-1833)”, pp. 253-306; “Don José Joaquín Pérez (1801-1889)”, pp. 307-324; “Necrolojía de Don José Francisco Vergara”, pp. 325-332; “Don José Francisco Vergara (1833-1889)”, pp. 333-365; “Apéndice. Doña Jertrúdis Gómez de Avellaneda (1814-1873)”, pp. 367-388].

Tomo XIII. Estudios Biográficos, Imprenta, Litografía i Encuadernación Barcelona, Santiago de Chile, 1914, 452 pp. [Contiene: “Don Andrés Antonio de Gorbea (1792-1852)”, pp. 5-11; “Don Rodolfo Amando Philippi (1808-1904)”, pp. 13-190; “Don Juan Gustavo Courcelle Seneuil (1813-1892)”, pp. 191-214; “Don Alfonso María Thévenot 1838-1891”, pp. 215-221; “Don José Joaquín Vallejo 1809-1858”, pp. 223-232; “Elojio del Señor Don Andrés Bello”, pp. 233-249; “La erudición de Don Andrés Bello”, pp. 251-257; “Don Miguel Luis Amunátegui 1828-1888”, pp. 259-446].

Tomo XIV. Un decenio de la historia de Chile (1841-1851), Tomo primero, Imprenta, Litografía i Encuadernacion Barcelona, Santiago de Chile, 1913, 570 pp.

Tomo XV. Un decenio de la historia de Chile (1841-1851), Tomo segundo, Santiago de Chile, Imprenta, Litografía i Encuadernacion Barcelona, Santiago de Chile, 1913.

Tomo XVI. Historia de la Guerra del Pacífico (1879-1881), Imprenta, Litografía i Encuadernacion Barcelona, Santiago de Chile, 1914, 535 pp.

2. Otras ediciones de obras de Diego Barros Arana

Estudios históricos sobre Vicente Benavides i las campañas del sur, 1818-1822, Santiago, Imprenta de Julio Belin i compañía, 1850.

Discurso pronunciado por D. Diego Barros Arana en su incorporación en la Facultad de Filosofía i Humanidades de la Universidad de Chile, en elojio de su predecesor D. Luis Antonio Vendel-Heyl, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1855.

Las campañas de Chiloé. (1820-1826), Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1856; 2 a ed., “Las campañas de Chiloé (1820-1826)”, en Benjamín Vicuña Mackenna (ed.), Historia jeneral de la República de Chile desde su independencia hasta nuestros días, vol. 5, Santiago, Imprenta Nacional, 1882.

Historia Jeneral de la Independencia de Chile, Tomo I, Santiago, Imprenta Chilena, 1854; Tomo II, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1855; Tomo III, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1857; Tomo IV, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1858.

Compendio de Historia de América. Obra aprobada por la Universidad de Chile para la enseñanza de este ramo en los colejios, Santiago, Imp. del Ferrocarril, 1865, 2 vols.

Elementos de literatura (Retórica i poética). Obra aprobada por la Universidad de Chile, i mandada adoptar por el Ministro de Instrucción Pública para la enseñanza en los colejios del Estado, Santiago, Imprenta Nacional, 1867.

Elementos de literatura (historia literaria). Obra usada para la enseñanza en los colejios del Estado, Santiago, Librería Central de Augusto Raymnond, 1869.

Compendio de historia moderna. Arreglado en vista de los libros elementales de Duruy i Docoudray. Obra destinada a la enseñanza del ramo en los colejios del Estado, Santiago, Imprenta del Mercurio de Tornero y Letelier, 1870.

Manual de composición literaria, Santiago, Librería Central de A. Raymond, 1871.

Elementos de jeografía física, Santiago, Imprenta de la República, 1871.

Don Claudio Gay, su vida i sus obras. Estudio biográfico i crítico escrito por encargo del consejo de la Universidad de Chile, Santiago, Imprenta Nacional, 1876.

Historia de la Guerra del Pacífico, Santiago, M. Servat i. Ca., 1880-1881, 2 vols.

Histoire de la Gerre du Pacifique, París, J. Dumaine; L. Baudoin et Cie., successeurs, 1881-1882, 2 vols.

Notas para una bibliografía de obras anónimas i seudonimas sobre la historia, la geografía i la literatura de América, Santiago, Imprenta Nacional, 1882.

Historia Jeneral de Chile, Tomo I, II y III, 1884, 452, 494, 518 pp.; Tomos IV y V, 1885, 512, 564 pp.; Tomos VI y VII, 1886, 482, 584 pp.; Tomo VIII, 1887, 630 pp.; Tomo IX, 1888, 660 pp.; Tomo X, 1889, 646 pp.; Tomo XI, 1891, 698 pp.; Tomo XII, 1892, 678 pp.; Tomo XIII, 1894, 844 pp., todos en Santiago por Rafael Jover Editor; Tomo XIV, Santiago, Josefina M. v. de Jover Editora, 1897, 650 pp.; Tomo XV, Santiago, Josefina M. de Palacios Editora, 1897, 634 pp.; Tomo XVI i último, Santiago, Imprenta Cervantes, 1902, 394 pp.

La linguística americana. Su historia i su estado actual [en colaboración con Rodolfo Lenz], Santiago, Imprenta Cervantes, 1893.

La cuestión de límites entre Chile i la República Arjentina. Esposición de los derechos de Chile en el litijio de limites sometido al fallo arbitral de S. M. B., Santiago, Imprenta Cervantes, 1899.

El doctor Don Rodolfo Amando Philippi, su vida i sus obras. Obra escrita por encargo del Consejo de instruccion pública. Seguida de una bibliografía de las obras del doctor Philippi por Don Cárlos Reiche, Santiago, Imprenta Cervantes, 1904.

Un decenio en la historia de Chile (1851-1861), Santiago, Impr. i encuadernación universitaria, de S. A. García Valenzuela, 1905-1906, 2 vols.

3. Bibliografía de la Historia de América agregada en la edición de Obras Completas (1894). Ediciones príncipes o antiguas de fuentes de información de la Historia de América mencionadas por Mellafe como consultadas por Barros Arana en la biblioteca de Mariano Egaña. Presencia actual de estas obras en el catálogo de la Biblioteca Nacional de Chile.

Las obras se citan primero según la Bibliografía de Barros Arana de 1894, y se indica ♦. Entre corchetes se adecúa o completa la referencia bibliográfica dada por DBA.

Las ediciones catalogadas actualmente en la Biblioteca Nacional de Chile se indican *.

Otras ediciones importantes de la lista de Mellafe, no citadas por Barros Arana en su Bibliografía de 1894 ni catalogadas en la Biblioteca Nacional de Chile figuran sin marca específica.

 

ABREU E LIMA, José Ignacio, Compendio de [da] Historia de [do] Brasil, Río de Janeiro, 1843, 2 vols. ♦ [En casa dos editores Eduardo e Henrique Laemmert, 1843, Tomo I, 324 pp., Tomo II, 199 pp.] *

ACOSTA, P. José de, Historia natural i moral de las Indias, Sevilla, 1590. ♦ [Acosta, P. Joseph de, Historia natvral y moral de las Indias, en qve se tratan las cosas notables del cielo, y elementos, metales, plantas, y animales dellas: y los ritos, y ceremonias, leyes, y gouierno, y guerras de los Indios, Impresso en Seuilla en casa de Juan de Leon, 1590. Barros Arana menciona como más conocida la sexta edición castellana de Pantaleón Aznar, Madrid, 1792, 2 vols.*] *

ACOSTA, Joaquín, Compendio histórico del descubrimiento i colonización de la Nueva Granada en el siglo décimo sesto, París, 1856. ♦ [Imprenta de Beau, Paris, 1848] *

ALCEDO, Antonio de, Diccionario Geográfico-Histórico de las Indias Occidentales o América: es á saber: de los Reynos del Perú, Nueva España, Tierra-Firme, Chile y Nuevo Reyno de Granada. Con la descripción de sus Provincias, Naciones, Ciudades, Villas, Pueblos, Ríos, Montes, Puertos, Islas, Arzobispados, Obispados, Audiencias, Virreynatos, Gobiernos, Corregimientos, y Fortalezas, frutos y producciones; con expresion de sus Descubridores, Conquistadores y Fundadores: Conventos y Religiones: ereccion de sus Catedrales y obispos que ha habido en ellas: y noticia de los sucesos mas notables de varios lugares: incendios, terremotos, sitios, é invasiones que han experimentado y hombres ilustres que han producido, Vol. 1: ab-cu, Imprenta de Benito Cano, Madrid, 1786; Vol. 2: da-lu, Imprenta de Manuel González, Madrid, 1787; Vol. 3: ma-oz, imprenta de Blas Roman, Madrid, 1788; Vol. 4:pa-sw, Imprenta de Manuel González, Madrid, 1788; Vol. 5: ta-zu, Imprenta de Manuel González, Madrid, 1789.*

ALCEDO, Antonio de, The Geographical and Historical Dictionary of America and the West Indies containing an entire translation of the spanish work of Colonel Don Antonio de Alcedo, captain of the Royal Spanish Guards, and member of the Royal Academy of History with Large Adittions and Compilations from modern voyages and travels and from original and authentic information, by G. A. Thompson, Esq., London, vol. 1 a-cyp, Harding and Wright, London, 1812; vol.2 dab-mas, Harding and Wright, London, 1812; vol. 3 mas-ozu, printed for James Carpenter; Longman, Hurst, Rees, Orme, and Brown; White, Cochrane, and co.; and Murray, London; Parker, Oxford; and Deighton, Cambridge, 1812; vol. 4 pab-tzi, Carpenter and Son; Longman, Hurst, Rees, Orme, and Brown; White, Cochrane, and Co., and Murray, London; Parker, Oxford; and Deighton, Cambridge, 1814; vol. 5 uba to zuy, Carpenter and Son; Longman, Hurst, Rees, Orme, and Brown; White, Cochrane, and Co., and Murray, London; Parker, Oxford; and Deighton, Cambridge, 1815.*

ALEMAN (sic, por Alaman), Lúcas, Historia de Méjico desde los primeros movimientos que prepararon su independencia hasta la época presente, Méjico, 1849-1853, 5 vols. ♦ [Imprenta de S.M.Lara] *

ÁLVAREZ DE TOLEDO, Fernando. Cf. Toledo, Fernando Álvarez de

AMUNÁTEGUI, Miguel Luis, La dictadura de O’Higgins, Santiago, 1853. ♦ [Imprenta de Julio Belin] *

AMUNÁTEGUI, Miguel Luis, La Reconquista española (1814-1817), Santiago, 1852.♦ [Amunátegui, Miguel Luis y Gregorio Víctor Amunátegui, La Reconquista Española. Apuntes para la historia de Chile. 1814-1817, Imprenta Chilena, 1851] *

AMUNÁTEGUI, Miguel Luis, Descubrimiento i conquista de Chile, Santiago, 1862. ♦ [Imprenta Chilena] *

AMUNÁTEGUI, Miguel Luis, Los precursores de la independencia de Chile, Santiago, 1861-1869, 3 vols. ♦ [Imprenta de la “República”, Tomo Primero, 1870; Tomo Segundo, 1871; Tomo tercero, 1872] *

AMUNÁTEGUI, Miguel Luis, La crónica de 1810, Santiago, 1875, 2 vols. ♦ [Imprenta de la República, Tomo Primero, 1876; Tomo Segundo, 1876; Vol. 3, Imprenta Elzeviriana de J. T. Medina, 1899] *

ÁNGELIS, Pedro de, Colección de obras i documentos relativos a la historia antigua i moderna de las Provincias del Río de la Plata, Buenos Aires, 1836-1837, 6 vols. ♦ [Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las Provincias del Río de la Plata, ilustrados con notas y disertaciones, Imprenta del Estado, tomos I-V, 1836, tomo VI, 1837] *

ANSON, Georges, A Voyage round the World, in the years M DCC XL, I, II, III, IV, by Georges Anson, Esq.; Commander in Chief of a Squadron of his Majestic Ships, sent upon an Expedition to the South-Seas. Compiled from Papers and other Materials of the Rigth Honourable George Lord Anson, and published under his Direction by Richard Walter, M.A., Chaplain of his Majestic Ship Centurion in that Expedition, 3erd. Edition, John and Paul Knapton, London, 1748.

ANSON, Georges, Voyage a la mer du sud, fait par quelques officiers commandants le vaisseau le Wager. Pour servir de suite au Voyage de Georges, Chez les Freres Duplain, Libraires, Lyon, 1756.*

ARMITAGE [John], The history of Brazil (1808-1831), London, 1837, 2 vols. ♦ [Armitage, John, The History of Brazil from the period the arrival of the Braganza family in 1808, to the abdication of Don Pedro the First in 1831, compiled fron the State Documents and other Original Sources, forming a continuation to Southey’s history of that country, Smith, Elder and Co., 1836, 2 vols., I, XV + 371 pp; II, VIII + 297 pp. ] *

ASENCIO [por Asensio, sic] José María, Cristóbal Colón, su vida, sus viajes, sus descubrimientos, Barcelona, s.f., 2 vols. ♦ [Espasa, 1891] *

AYÓN, Tomás, Historia de Nicaragua desde los tiempos más remotos hasta 1852, Granada (Nicaragua), 1882, 3 vols. ♦ [Tipografía de El Centro-Americano] *

BANCROFT, George, History of United States, from the discovery of the american continent to the present time, Boston, 1834-1874, 12 vols. ♦ [Vol. I, 1a ed., Charles Bowen, Boston & R. J. Kennett, London, vol. I, 1834; vol. II, 1837; History f the United States, from the Discovery of the American Continent, in Nine Volumes: I-III: History of the Colonization of the United States; IV: The American Revolution. Epoch First. The Overthrow of the European Colonial System. 1748-1763; V: The American Revolution. Epoch Second. How Great Britain Estranged America. 1763-1774; VI: The Crisis; VII-VIII: The American Revolution. Epoch Third. America Declares Itself Independent. 1774-1776; IX: The American Revolution. Epoch Fourth.The Independence of America Is Acknowledged. 1776-1782: Charles C. Little and James Brown, Boston, 1852. Un décimo volumen apareció en 1874, y cubre el periodo de posguerra hasta 1782. Pese al subtítulo del vol. IX, cuyas referencias cubren el periodo 1776-1782, el único capítulo que va más allá de 1778 es el XV, titulado “The Constitutions of the Several States of America, 1776-1783”. Hay numerosas ediciones, y las variaciones entre ellas son muy considerables. Existen varias ediciones en la Biblioteca Nacional de Chile: Charles C. Little and James Brown, Boston, 1846, 3 vols.; George Routlege and Sons, London, ¿1879?, 7 vols.; D. Appleton and Co., New York, 6 vols.; Histoire des États-Unis, depuis la découverte du continent Américain, Firmin Didot Frères, Paris; A. Lacroix, Van Meenen et Cie., Bruxelles, 1861-1864, 9 vols.] *

BARALT, Rafael María, Resúmen de la historia de Venezuela, París, 1841, 3 vols. ♦ [Resúmen de la historia de Venezuela, desde el año de 1797 hasta el de 1830, Impr. de H. Fournier] *

BARCIA, Andrés González de, edición de: León Pinelo, Antonio de, Epitome de la Bibliotheca oriental, y occidental, náutica y geográfica de don Antonio de León Pinelo, del Consejo de Su Mag. en la Casa de la Contratación de Sevilla, y Coronista Maior de las Indias, añadido, y enmendado nuevamente, en que se contienen los escritores de las Indias orientales, y occidentales, y reinos convecinos China, Tartaria, Japon, Persia, Armenia, Etiopia, y otras partes, Francisco Martínez Abad, Madrid, 1737-1738, especialmente Tomo Segundo, Epitome […] en que se contienen los escritores de las Indias occidentales, especialmente del Peru, Nueva-España, la Florida, el Dorado, Tierra-Firme, Paraguay, el Brasil, y viajes a ellas, y los autores de navegacion y sus materias, y sus apendices, Francisco Martínez Abad, Madrid, 1738.

BARCIA CARBALLIDO Y ZÚÑIGA, Andrés González de, Historiadores primitivos de las Indias Occidentales, que juntó, traduxo en parte, y sacó á luz, ilustrados con erudítas Notas, y copiosos Indices, el ilustrísimo señor D.Andres Gonzalez Barcia, del Consejo, y Cámara de S. M., Madrid, 1749, 3 vols.*

BARROS ARANA, Diego, Historia jeneral de Chile, Santiago, 1884-1893, 12 vols. ♦ Cf. supra, nota 24.*

BARROS ARANA, Diego, Vida i viajes de Hernando de Magallanes, Santiago, 1864. ♦ *

BARROS ARANA, Diego, Proceso de Pedro de Valdivia i otros documentos inéditos concernientes a este conqistador, Santiago, 1873. ♦ [ImprentaNacional] *

BENEDETTI, Carlos, Historia de Colombia, Lima, 1887.♦ [Imprenta del Universo de Carlas Prince, 2a ed.] *

BERRA, F. A., Bosquejo histórico de la República oriental del Uruguay, Montevideo, 1881. ♦ [Libr. Argentina de Francisco Ibarra, Ed.] *

BULLOCK, W[illiam], Six month residence and travels in Mexico; containing remarks of the present state of New Spain, its natural productions, state of society, manufactures, trade, agricultura, and antiquities, & with plates and maps, John Murray, London, 1824.*

BEULLOCH, William [William Bullock], Le Mexique en 1823, ou relation d’un voyage dans la Nouvelle-Espagne, contenant des notions exactes et peu connues sur la situation physique, morale et politique de ce pays; accompagné d’un atlas de vingt planches; par M. Beulloch, Propiétaire de Musée mexicain établi à Londres; ouvrage traduit de l’anglais par M***. Précédé d’une introduction, et enrichi de pièces significatives et de notes; par Sir Jon Byerley, Alexis Eymery Libraire, Paris, 1824. Atlas historique pour servir au Mexique en 1823, avec l’explication des planches, Paris, Alexis Eymery Libraire et à Bruxelles, chez Brunet et Charles Frugev, 1824, 2 vols., 1 atlas.

BUSTAMANTE, Carlos M., Cuadro histórico de la Revolución de la América mejicana, Méjico, 1823, 2 vols. ♦ [Bustamante, Carlos María de, Cuadro histórico de la revolución de la América mexicana comenzada en quince de septiembre de mil ochocientos diez por el ciudadano Miguel Hidalgo y Costilla, Vol. I-IV, Imprenta de la Aguila, Vol. V, Imprenta de Galván, Vol. VI, Imprenta de A. Valdés, México, 1823-1832, 6 vols.] *

BYRON, John, The Narrative of the Honourable John Byron (Account of the Shipwreck of The Wager; and the Subsequent Adventures of Her Crew), 1768.

BYRON, John, Viage del Comandante Byron al rededor del mundo, hecho últimamente de orden del Almirantazgo de Inglaterra: traducido del ingles, ilustrado con notas sobre muchos puntos de geografía, de Physica y de Historia Natural, de Comercio & y con un nuevo mapa del Estrecho por el Dr Dn Casimiro de Ortega, En casa de Don Francisco Mariano Nipho, Madrid, 1769.*

CALDCLEUGH, Alexander, Travels in South America, during the years, 1819-20-21. Containing an Account of the Present State of Brazil, Buenos Ayres, and Chile, John Murray, 1825, 2 vols.*

CALVETE DE LA ESTRELLA, Juan Cristóbal, Rebelión de Pizarro en el Perú y vida de D. Pedro Gasca, Publicadas por A. Paz y Mélia, Colección de Escritores Castellanos 70 y 76, Imprenta y Fundición de M. Tello, Madrid, 1889, 2 vols.

CAMPBELL SCARLETT, Peter, South America and the Pacific; Comprising a Journey Across the Pampas and the Andes, from Buenos Ayres to Valparaiso, Lima, and Panama; with Remarks upon the Isthmus. To which are Annexed Plans and Statements for Establishing Steam Navigation on the Pacific, London, Henry Colburn Publisher, 1838, 2 vols.*

CASAS, Fray Bartolomé de las, Historia de las Indias, Madrid, 1875 i 1876, 5 vols. ♦ [edición de Feliciano Ramírez de Arellano, marqués de la Fuensanta del Valle y de José Sancho Rayon, Colección de Documentos Inéditos para Historia de España, LXII-LXVI, Imprenta de Miguel Ginesta] *

CEBALLOS, Pedro Fermín, Resúmen de la historia del Ecuador desde su oríjen hasta 1845, Guayaquil, 1886-1887, 6 vols. ♦ [Imprenta de la Nación, 1886-1889] *

CERVANTES DE SALAZAR, Francisco, México en 1554. Tres diálogos latinos que Cervantes de Salazar escribió e imprimió en México en dicho año, traducción y notas a cargo de [Joaquín] García Icazbalceta, Antigua Librería de Andrade y Morales Díaz de León y White, México, 1875.

CIEZA DE LEÓN, Pedro, Parte primera de la chronica del Perú. Que tracta la demarcacion de sus prouincias: la descripcion dellas. Las fundaciones de las nueuas ciudades. Los ritos y costumbres de los indios. Y otras cosas estrañas dignas de ser sabidas, En casa de Martin Montesdoca, Seuilla, 1553.

CIEZA DE LEÓN, Pedro, La chronica del Perú, Casa de Martin Nuncio, Anvers, 1554.*

CIEZA DE LEÓN, Pedro, La prima parte della cronica del grandissimo regno del Peru que parla de la demarcatione dele sue provintie, la descrittione d’esse, la fundationi de le nuoue citta, li ritti & costumi de l’Indiani, & altre cose strane degne de esser sapute, Tradotta pur hora nella nostra lingua italiana per Augustino di Craualiz, Apresso Valerio & Luigi Dorici fratelli, Roma, 1555.

CIEZA DE LEÓN, Pedro, La prima parte dell’Historie del Peru dove si tratta l’ordine delle Prouincie, della Cittá nuoue in quel Paese edi ficate, i riti, & costumi de gli Indiani, con molte cose notabili, et degue consideratione, Apresso Giordano Ziletti, Venecia, 1560.*

CIEZA DE LEÓN, Pedro, La seconda parte delle historia generali dell’India, con tutte le cose notabili accadute in ese dal principio fin’à questo giorno, & nouovamente tradotte di Spagnuolo in Italiano. Nella quali oltre all’imprese del Colombo et di Magalanes, e si trata particularmente della presa del Re Atabalippa, della Perle, dell’oro, della spetierie, ritrouate alle Malucche, & delle guerre ciuili tra gli Spagnuoli, Apresso Giordano Ziletti, Venecia, 1557.*

CIEZA DE LEÓN, Pedro, Cronica del gran regno del Peru, con la descrittione di tutte le prouincia, e costumi, e riti, con le nuove cittá edificate, & altre strane & marauiglose noticie. Parte Prima Scritta da Pietro di Cieca di Leone in Lingua spagnuola, Tradotta nella italiana per Agostino di Cravaliz, Per Francesco Lorenzini da Turina, Venecia, 1560.*

CLAVIGERO, Francesco Saverio, Historia antica del Messico cavata da’ migliore storici spagnuoli, e da’ manoscritti, e dalle pitture antiche degl’ indiani: divisa in dieci libri e corredata di carta geografiche, e di varie figure: e dissertazioni Sulla Terra, sugli Animali, e sugli abitatore di Messico, per Gregorio Biasini all’ Insegna di Pallade, Cesena, 1780-1781, 4 vols.*

CLAVIGERO, Francesco Saverio, The History of Mexico. Collected from spanish and mexican historians, from manuscripts, and ancient pictures of the indians. Illustrated by chartes, and other copper plates. To which are added critical dissertations on the land, animals, and inhabitants of Mexico, Translated from the Original Italian, by Charles Cullen, Esq., Printed by G. G. and J. Robinson, London, MCXXLXXXVII, 2 vols.

CLAVIGERO, Francesco Saverio, The History of Mexico. Collected from spanish and mexican historians, from manuscripts, and ancient pictures of the indians. Together with the conquest of Mexico by the spaniards, illustrated by engravings. With critical dissertations on the land, animals, and inhabitants of Mexico, Translated from the Original Italian, by Charles Cullen, Esq., Published by Thomas Dobson, Philadelphia, 1837, 1817, 3 vols.*

CLAVIGERO, Francisco J., Historia antigua de Méjico, sacada de los mejores historiadores españoles i de los manuscritos i pinturas antiguas de los indios, Londres, 1826, 2 vols. [Clavigero, Francisco Saverio, Historia antigua de Mégico y de su conquista, sacada de los mejores historiadores españoles y de los manuscritos y pinturas antiguas de los indios: dividida en diez libros; adornada con mapas y estampas, e ilustrada con disertaciones sobre la tierra, los animales y los habitantes de México, Traducida del italiano por José Joaquín de Mora, R. Ackerman, Londres, 1826]. [1° ed. en México, Imprenta de Lara, México, 1844]. ♦

Colección de historiadores de Chile i documentos relativos a la historia nacional, Santiago, 1863-1878, 11 vols. ♦ [vol. 1, Valdivia, Pedro de, Cartas al Emperador Carlos V; Primer Libro de Actas del Cabildo de Santiago (1541-1557), Imprenta del Ferrocarril, Santiago, 1861; vol. 2, Editor: Francisco Solano Astaburuaga y Cienfuegos, Góngora y Marmolejo, Alonso de, Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año de 1575, seguida de varios documentos; Córdoba y Figueroa, Pedro de, Historia de Chile, Imprenta del Ferrocarril, Santiago, 1862; vol. 3, Editor: Diego Barros Arana, Núñez de Pineda y Bascuñán, Francisco, Cautiverio feliz, y razón de las guerras dilatadas de Chile, Imprenta del Ferrocarril, Santiago, 1863; vol. 4, Editor: Diego Barros Arana, Olivares, Miguel de, Historia militar, civil y sagrada de lo acaecido en la conquista y pacificación del reino de Chile, dede la pirmera entrada de los españoles hasta la primera mitad del siglo décimo octavo de nuestra Redención; Tribaldos de Toledo, Luis, Vista jeneral de las continuadas guerras: difícil conquista del gran reino provincias de Chile, Imprenta del Ferrocarril, Santiago, 1864; vol. 5, Editor: Diego Barros Arana, Suárez de Figueroa, Cristóbal, Hechos de don García Hurtado de Mendoza, cuarto marqués de Cañete; Caro de Torres, Francisco, Relación de los servicios de don Alonso de Sotomayor; Tesillo, Santiago de, Guerras de Chile, causas de su duración y medios para su fin; Imprenta del Ferrocarril, Santiago, 1864; vol. 6, Editor: Miguel Luis Amunátegui, Mariño de Lovera, Pedro, Crónica del reino de Chile, Imprenta del Ferrocarril, Santiago, 1865; vol. 7, Editor: Diego Barros Arana, Olivares, Miguel de, Historia de la Compañía de Jesús en Chile (1593-1736), Imprenta Andrés Bello, Santiago, 1874; vol. 8, Editor: Miguel Luis Amunátegui, Carvallo Goyeneche, Vicente, Descripción histórica-jeográfica del reino de Chile, Tomo I, Imprenta de la Librería del Mercurio, Santiago, 1875; vol. 9, Editor: Miguel Luis Amunátegui, Carvallo Goyeneche, Vicente, Descripción histórica-jeográfica del reino de Chile, Tomo II, Imprenta de “La Estrella de Chile”, Santiago, 1875; vol. 10, Editor: Miguel Luis Amunátegui, Carvallo Goyeneche, Vicente, Segunda parte de la descripción histórico-jeográfica del Reino de Chile; Villarreal, Joaquín de, Informe sobre reducir a poblaciones a los indios del Reino de Chile; Bueno, Cosme, Descripción de las provincias del Obispado de Santiago i Concepción, Imprenta de la Librería del Mercurio, Santiago, 1876; vol. 11, Editor: Luis Montt, Tesillo, Santiago de, Restauración del estado de Arauco, Imprenta de la Librería del Mercurio, Santiago, 1878. La colección siguió publicándose hasta 1964; cf. Villalobos R., Sergio, Índice de la Colección de historiadores de Chile y de documentos relativos a la historia nacional, Universidad de Chile, Instituto Pedagógico, Seminario de Historia de Chile, Santiago, 1956] *

CORTÉS, Hernan, Cartas i relaciones al emperador Carlos V, colejidas e ilustradas por P. de Gayangos, Paris, 1866. ♦ [Impr. Central de los Ferro-Carriles A. Chaix y Ca.] * 

CORTÉS, José Manuel, Ensayo sobre la historia de Bolivia, Sucre, 1861. ♦ [Cortés, Manuel José] *

CRONAU, Rodolfo, América. Historia de su descubrimiento desde los tiempos primitivos hasta los mas modernos, Barcelona, 1892. ♦ [Montaner y Simón, 3 vols.] * 

CHARLEVOIX, P. François X., Historia de l’isle Espagnole ou de S. Domingue, Paris, 1730-1731, 2 vols. ♦ [Charlevoix S. J., Pierre-François-Xavier de, Histoire de l’isle Espagnole ou de S. Domingue. Ecrite particulierement sur des Memoires Manuscrits du P. Jean-Baptiste Le Pers, jesuite, Missionnaire á Saint Domingue. & sur les Pieces Originales, qui se conservent au Dépôt du Marine, Tome Premier, Chez François Barois, Nevers, 1730; Tome Second, Chez Hippolyte-Louis Guerin, Libraire-Imprimeur, Paris, 1731] *

CHARLEVOIX, P. François X., Histoire du Paraguay, Paris, 1756, 3 vols. ♦ [Charlevoix S. J., Pierre-François-Xavier de, Histoire du Paraguay, Chez Didot, Giffart et Nyon, Paris, 1756, 3 vols.] *

CHARLEVOIX, P. François X., Histoire et description de la Nouvelle France, Paris, 1744, 3 vols.♦ [Histoire et description generale de la Nouvelle France avec le journal historique d’un Voyage fait par ordre du Roi dans l’Amérique Septentrionale, Chez Pierre-François Giffart, Paris, Tome Premier, 1744; Tome Second, Chez Rollin Fils, Libraire, Paris, 1744; Tome Trosieme, Chez Rollin Fils, Libraire, Paris, 1744] *

DEPONS, François Raymond, Voyage a la partie oriental de la Terre Ferme, dans l’Amérique Méridionale, fait pendant les années 1801, 1802, 1803, et 1804; contenant la description de la capitaniere générale de Caracas composée des provinces de Venézuéla, Maracaibo, Varinas, la Guiane espagnole, Cumaná et de l’ile de la Marguerite, Chez F. Buisson, Paris, 1806, 3 vols.*

DEPONS, François Raymond, Travels in parts of South America, during the years 1801, 1802, 1803, & 1804, containing a description of the Captain-Generalship of Carraccas, with an account of the laws, commerce, and natural preoductions of that country; and also a view of the customs and manners of the spaniards and native indians, Richard Philliphs, London, 1806.*

DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal, Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, Madrid, 1632 [Imprenta del Reyno] ♦

DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal, Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, Libr. de Rosa, Paris, 1837, 4 vols.*

DOMÍNGUEZ, Luis L., Historia argentina (1492-1820), Buenos Aires, 1820. ♦ [Historia argentina, Imprenta del Orden, Buenos Aires, 1861, también 1862, 2 vols; Imprenta de Mayo de C. Casavalle, Buenos Aires, 1868 y también 1870] *

ERCILLA, Alonso de, La Araucana. ♦ [Barros Arana no indica edición. La Biblioteca Nacional de Chile posee numerosísimas ediciones de la obra. Las más antiguas: Ercilla y Çuñiga, Alonso de, La Araucana, En casa de Domingo de Portonarijs, Salamanca, 1574; En casa de Pedro Bellero, Anvers, 1575; En casa de Juan Soler, Çaragoça, 1577; Segunda parte de La Araucana, que trata de la porfiada guerra entre los Españoles, y Araucanos, cō algunas cosas notables que en aquel tiempo sucedieron, En casa de Juan Soler, Çaragoça, 1578; Primera, Segunda y Tercera partes de La Araucana, En casa de Pedro Madrigal, Madrid, 1589-1590, etc. Primera edición: Ercilla y Çuñiga, Alonso de, La Araucana, En casa de Pierres Cossin, Madrid, 1569. Cf. Medina, José Toribio, La Araucana. Ilustraciones. Edición del Centenario. Ilustrada con grabados, documentos, notas históricas y bibliográficas y una biografía del autor, Imprenta Elzeviriana, Santiago de Chile, MCMXVII] *

ERRÁZURIZ, Crescente, Los oríjenes de la Iglesia chilena (1540-1603), Santiago, 1873 ♦ [Imprenta del Correo] *

ERRÁZURIZ, Crescente, Seis años de la historia de Chile (1598-1605), Santiago, 1881-1882 ♦ [ImprentaNacional] *

FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, Martín. Cf. Navarrete, Martín Fernández de

FERNÁNDEZ DE OVIEDO Y VALDÉS, Gonzalo. Cf. Oviedo, Gonzalo Fernández de

FERNÁNDEZ PIEDRAHITA, Lucas. Cf. Piedrahita, Lucas Fernández

GARCÍA CAMBA, Andrés, Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú, Madrid, 1846, 2 vols.♦ [Sociedad Tip. de Hortelano y Compañía] *

GARCÍA PELÁEZ, Francisco de Paula. Cf. Pelaéz, Francisco de Paula García.

GARCILASO DE LA VEGA, Primera parte de los commentarios reales que tratan del oríjen de los yncas, reyes que fueron del Peru, etc., Lisboa, 1609 ♦ [Vega, Inca Garcilaso de la, Primera parte de los commentarios reales, que tratan del origen de los yncas, reyes que fueron del Peru, de su idolatría, leyes, y gobierno en paz y en guerras: de sus vidas y conquistas, y de todo lo que fue aquel Imperio y su Republica, antes que los Españoles passaran a el, En la officina de Pedro Crasbeeck, Lisboa, 1609] *

GARCILASO DE LA VEGA, Historia jeneral del Peru. Trata el descubrimiento de él; i como lo ganaron los españoles, etc., Córdoba, 1617 ♦ [Vega, Inca Garcilaso de la, Historia general del Peru. Trata el descubrimiento del; y como lo ganaron los Españoles. Las guerras ciuiles que huuo entre Piçarros, y Almagros, sobre la partija de la tierra. Castigo y leuantamieto de tiranos: y otros sucessos particulares que en la Historia se contienen, Viuda de Andres Barrera e Hijos, Córdoba, 1617] *

GARNEAU, F. X., Histoire du Canada depuis sa découverte jusqu’a nous jours, Quebec, 1845-1852. ♦

GAY, Claudio, Historia física y política de Chile, etc. ♦ [Historia física y política de Chile según documentos adquiridos en esta república durante doze años de residencia en ella, París, En Casa del Autor, Chile, En el Museo de Historia Natural de Santiago, Historia, Tomo Primero, 1844; Tomo Segundo, 1844; Tomo tercero, 1847; Tomo Cuarto, 1848; Tomo Quinto, 1849; Tomo Sexto, 1854, Tomo Séptimo, 1870; Tomo Octavo, 1871; Documentos sobre la Historia, la política y la geografía, Tomo Primero, 1846; Tomo Segundo, 1852; Atlas de la historia física y política de Chile, París, en la Imprenta de E. Thunot y Cia., 1854, 2 vols. La obra tiene en total 30 vols.: 8 de Historia, 2 de Documentos, 2 de Atlas, 8 de Botánica, 8 de Zoología, 2 de Agricultura] *

GÓMARA, Francisco López de, Historia general de las Indias, Medina del Campo, 1553.♦ [Hispania Victrix. Primera y secvnda parte de la historia general de las Indias cõ todo el descubrimiento, y cosas notables que han acaescido dende que se ganaron hasta el año de 1551. Con la conquista de México, y de la Nueva España, En Medina del campo, por Gullermo de Milllis] *

GÓMARA, Francisco López de, Conquista de Méjico, Madrid, 1553. ♦ [En la Biblioteca Nacional de Chile: Historia de Mexico, con el descvbrimiento de la nueva España, conquistada por el muy illustre y valeroso Principe don Fernando Cortes, Marques del Valle, En Anvers, En casa de Iuan Steelsio, 1554] *

GÓMEZ DE VIDAURRE, Felipe. Cf. Vidaurre, Felipe Gómez de

GÓNGORA MARMOLEJO, Alonso, Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575, Madrid, 1852. ♦ [Góngora y Marmolejo, Alonso de, “Historia de Chile, desde el descubrimiento hasta 1575, compuesta por el capitán Alonso de Góngora y Marmolejo”, en Gayangos, Pascual de, Memorial Histórico Español. Colección de documentos, opúsculos, antigüedades, tomo IV, Real Academia de la Historia, Madrid, 1852] *

GONZÁLEZ SUÁREZ, Federico, Historia jeneral de la República del Ecuador, 7 v., i 2 de Atlas arqueolójico, Quito, 1890-1894. ♦ [Imp. del Clero] *

GRAHAM, Maria, Journal of a Residence in Chile, during the year 1822. And a voyage from Chile to Brazil in 1823, Printed by Longman, Hurst, Rees, Horme, Brown, and Green, and John Murray, London, 1824.*

GRAHAM, Maria, Journal of a Voyage to Braziland Residence there, During Part of the Years 1821, 1822, 1823, Printed by Longman, Hurst, Rees, Horme, Brown, and Green, and John Murray, London, 1824.

HAWKESWORTH, John, An Account of the Voyages Undertaken by the Order of His Present Majesty for Making Discoveries in the Southern Hemisphere, and successively performed by Commodore Byron, Captain Wallis, Captain Carteret, and Captain Cook, in the Dolphin, the Swallow, and the Endeavour / drawn up from the journals which were kept by the several commanders, and from the papers of Joseph Banks, Esq., illustrated with cuts and a great variety of charts and maps relative to countries now first discovered or hitherto but imperfectly known, Printed for W. Strahan and T. Cadell, London, 1773, 3 vols.

[HAWKESWORTH, John] Relation des voyages entrepris par ordre de Sa Majesté Britannique, actuellement regnante; Pour faire des Découvertes dans l’Hémisphère Méridional, Et successivement exécutés par le Commodore Byron, le Capitaine Carteret, le Capitaine Wallis e& le Capitaine Cook, dans les vaisseaux le Dauphin, le Swallow & l’Endeavour: Rédigée d’aprés les Journaux tenus par les différens Commandans & les Papiers de M. Banks, par J. Hawkesworth, Docteur en Droit, Et enrichie de Figures, & d’un gran nombre de Plans & de Cartes relatives aux Pays qui ont été nouvellement découverts, ou qui n’étoient qu’imperfaitement connues, Traduit de l’anglois, Chez Saillant et Nyon, Panckoucke, Paris, 1774, 4 vols.*

HERRERA, Antonio de, Descripcion de las Indias ocidentales, En Madrid, en la Emplenta (sic) Real, 1601. ♦ [Herrera y Tordesillas, Antonio de, Descripcion de las Yndias ocidentalis] *

HERRERA, Antonio de, Historia general de los hechos de los castellanos en las islas i Tierra Firme del mar océano, Madrid, 1601-1615, 8 vols. [Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas i tierra firme del Mar oceano, escrita por Antonio de Herrera coronista mayor de S. M. de las Indias y su coronista de Castilla. En quatro decadas desde el año de 1492 hasta el de 1531, Decada Primera (I-II), En Madrid, en la emplenta (sic) real, 1601; Decada Terzera (III-IV), En Madrid, en la emplenta (sic) real, 1601; Decada Quinta (V-VI), En Madrid, por Ju. De la Cuesta, 1615; Decada Setima (VII-VIII), s.i., 1615, 4 vols.] *

HILDRETH, Richard, The history of United States of America, from the Discovery of the Continent to the organization of government under the federal constitution, New York, 1849, 3 vols. ♦ [Numerosas ediciones. En la Biblioteca Nacional de Chile, ed. Harper & Brothers, Publishers, New York, 1877, 6 vols.] *

HUMBOLDT, Alexander de, Examen critique de l’histoire de la géographie du nouveau continent et des progrès de l’astronomie nautique, Paris, 1836-1839, 5 vols. ♦

HUMBOLDT, Alexander de, Voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent, fait en 1799, 1800, 1801, 1802, 1803 et 1804 par Alexandre de Humboldt et Aimé Bonpland, rédigé par A. de Humboldt, Edition monumentale in folio et in quarto, Schoell, Dufour, Maze et Gide, Paris,1807-1833, 30 vols.

HUMBOLDT, Alexander von, Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, Traducción de Vicente González Arnao, En casa de Rosa, Paris, 1822, 4 vols. [El tercero es una adición del traductor al capítulo XI de la obra de Humboldt].*

IRVING, Washington, A History of the Life and Voyages of Christopher Columbus, John Murray, London, 1828, 4 vols. ♦

IRVING, Washington, A History of the Life and Voyages of Christopher Columbus, G. & C. Carvill, New York, 1828, 3 vols.*

IRVING, Washington, A History of the Life and Voyages of Christopher Columbus, Baudry, Paris, 1829, 4 vols.*

IRVING, Washington, Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón, s.p.i., Santiago, 1833-1834, 4 vols.*

IRVING, Washington, Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón, Imprenta de D. José Palacios, Madrid, 1833.* [En la Biblioteca Nacional de Chile, otra edición del mismo pie de imprenta, 1834].

IRVING, Washington, Vida i viajes de Cristobal Colon, Imprenta de Julio Belin, Santiago, 1851.*

IRVING, Washington, Vida i viajes de Cristobal Colon, Imprenta del Ferrocarril, Santiago, 1859, 4 tomos en 3 vols.*

IRVING, Washington, Voyages and Discoveries of the Companions of Columbus, Carey and Lea, Philadelphia, 1831.

IRVING, Washington, Histoire des voyages et découvertes des compagnons de Christophe Colomb par Washington Irving; suivie de l’historie de Fernand Cortez et de la conquete du Mexique et de l’histoire de Pizarre et de la conquete du Pérou ouvreges traduits de l’anglais par A.J.B. et C. A. Defauconpret, Librairie de Charles Gosselin, Paris, 1833, 3 vols.*

JUAN, Jorge y Antonio de Ulloa, Relacion historica del viage a la America Meridional hecho de orden de S. Mag. para medir algunos grados de Meridiano Terrestre, y venir por ellos en conocimiento de la verdadera Figura, y Magnitud de la Tierra, con otras varias Observaciones Astronómicas, y Phisicas, Imprenta de Antonio Marin, Madrid, 1748, 4 tomos en 2 vols.*

JUAN, Jorge y Antonio de Ulloa, Observaciones astronómicas, y phisicas, hechas de orden de S. Mag. en los Reynos del Perú, de las quales se deduce la figura, y magnitud de la tierra, y se aplica á la navegación, Por Juan de Zúñiga, Madrid, 1748.*

JUAN, Jorge y Antonio de Ulloa, Dissertación histórica, y geographica sobre el meridiano de Demarcación entre los Dominios de España, y Portugal y los parages por donde passa en la America Meridional, conforme à los Tratados, y derechos de cada Estado, y las más seguras, y modernas observaciones, Imprenta de Antonio Marin, Madrid, 1749.

JUAN, Jorge y Antonio de Ulloa, Noticias secretas de America, sobre el estado naval, militar y politico de los reynos del Peru y provincias de Quito, costas de Nueva Granada y Chile: gobierno y régimen particular de los pueblos de indios: cruel opresión y estorsiones de sus corregidores y curas: abusos escandalosos introducidos entre sus habitantes por los misioneros: causas de su origen y motivos de su continuacion en el espacio de tres siglos. Escritas fielmente según las instrucciones del Excelentisimo Señor Marques de la Ensenada, primer secretario de estado, y presentadas en informe secreto a S.M.C. el Señor Don Fernando VI. Sacadas a la luz para el verdadero conocimiento del gobierno de los españoles en la America meridional por Don David Barry, En la Imprenta de R. Taylor, Londres, 1826.*

KOSTER, Henry, Travels in Brazil, Printed for Longman, Hurst, Rees, Horme, and Brown, London, 1816.*

KOSTER, Henry, Travels in Brazil, Printed for Longman, Hurst, Rees, Horme, and Brown, London, 1817, 2 vols.*

KOSTER, Henry, Voyages pittoresques scientifiques et historiques en Amérique: Brésil: provinces de Pernambuco (Fernambouc), Scara, Paraïba, Maragnan, etc.; mœurs, coutumes et costumes des habitants de ce pays, Traduits par M. A Jay, Librairie Universelle, Paris, 1846, 2 vols.*

LA CONDAMINE, Charles Marie de, Relation abrégée d’un voyage fait dans l’intérieur de l’Amérique méridionale depuis la côte de la mer du Sud jusqu’aux côtes du Brésil et de la Guyane, en descendant la rivière des Amazones, lue à l’assemblée publique de l’Académie des sciences, le 28 avril 1745, Vve. Pissot, Paris, 1745.

LA CONDAMINE, Charles Marie de, A succinct abridgement of a voyage made within inland parts of South-America, from the Coasts of the South-Sea, to the Coasts of Brazil and Guiana, down the River of Amazons: As it was read in the Public Assembly of the Academy of Sciences at Paris, april 28 1745, Printed for E. Withers, London, 1747.*

LA CONDAMINE, Charles Marie de, Journal du voyage fait à l’Équateur servant d’introduction historique à la Mesure des trois premiers degrés du Méridien, Imprimerie Royale, Paris, 1751.

LARRAZÁBAL, Felipe, Vida del libertador Simón Bolívar, Nueva York, 1865-1875, 2 v. ♦ [En la Biblioteca Nacional de Chile: La vida y correspondencia general del libertador Simón Bolívar: enriquecida con la insercíon de los manifiestos, exposiciones, proclamas, & &, publicados por el héroe colombiano desde 1810 hata 1830, New York, Andrés Cassard, 6 a ed., 1883] *

LEÓN PINELO, Antonio de, Epitome de la Biblioteca Oriental y Occidental, Nautica i Geografica, En Madrid, Por Juan Gonzalez, 1629.

LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco. Cf. Gómara, Francisco López de

LORENTE, Sebastián, Historia del Perú, 1860-1876. ♦ [Historia antigua del Perú, Librería de Masias distribuidor, Lima, 1860; Historia de la Conquista del Perú, Librería de Masias distribuidor, Lima, 1861; Historia del Perú bajo los Borbones 1700-1821, Librería de Gil y Aubert distribuidor, Lima, 1871; Historia del Perú bajo la dinastía austríaca 1542-1598, Librería de Benito Gil distribuidor, Lima, 1863; Historia del Perú bajo la dinastía austríaca 1542-1700, Imprenta de E. A. Rochette, Paris, 1870; Historia del Perú desde la proclamación de la Independencia. 1821-1827, Tomo I, Imp. Calle de Camaná, Lima, 1876] *

LOZANO, P. Pedro, Historia de la compañía de Jesus en la provincia del Paraguai, Madrid, 1574 (sic)-1755, 2 vols. ♦ [Imprenta de la Viuda de Manuel Fernández] *

LOZANO, P. Pedro, Historia de la conquista del Paraguai, Rio de la Plata y Tucumán, Buenos Aires, 1874-1875, 5 v. ♦ [Historia de la conquista del Paraguay, Rio de la Plata y Tucuman, Ilustradacon noticias del autor y con notas y suplementos por Andrés Lamas, Biblioteca del Rio de la Plata, Colección de Obras, Documentos y Noticias inéditas o poco conocidas para servir á la historia física,política y literaria del Rio de la Plata publicada bajo la dirección de Andrés Lamas, Casa Editora “Imprenta Popular”, Buenos Aires, Tomo I, 1873; II, 1873; III, 1874; IV, 1874; V, 1875] *

MALO, Charles, Histoire de l’ile de Saint Domingue depuis sa découverte jusqu’à ce jour, Paris, 1819. ♦ [Histoire de l’ile de Saint Domingue, depuis sa découverte jusqu’a ce jour; suivi des pièces justificatives Chez Louis Janet, Chez Delaunay] *

MARURE, Alejandro, Bosquejo histórico de las revoluciones de Centro América, desde 1821 hasta 1834, Guatemala, 1834, 2 vols. ♦ [1a ed., Imprenta de la N. Academia de Estudios, 1837; el segundo volumen, 1838, no circuló. En la Biblioteca Nacional de Chile: Tipografía de “El Progreso”, 2a ed. 1877, 1878] *

MEDINA, José Toribio, Los aboríjenes de Chile, Santiago, 1882. ♦ [Imprenta Gutenberg] *

MEDINA, José Toribio, Historia de la literatura colonial de Chile, Santiago, 1878-1879, 3 vols. ♦ [Imprenta de la Libería del Mercurio, vols. I, II y III, 1878] *

MIERS, John, Travels in Chile and La Plata, including accounts respecting the Geography, Geology, Statistics, Government, Finances, Agriculture, Manners, and Customs, and the Mining Operations in Chile; collected during a residence of several years in these countries, Illustrated with original maps, views &c., Printed for Baldwin, Cradock, and Joy, London, 1826.

MILLER, John, Memoirs of General [Guillermo] Miller, in the service of the republic of Peru, Printed for Logman, Rees, Orme, Brown, and Green, London, 1828, 2 vols.*

MILLER, John, Memorias del jeneral Miller, Londres, 1829, 2 vols. ♦ [Memorias del general Guillermo Miller, al servicio de la República del Perú. Escritas en inglés por Mr. John Miller y traducidas al castellano por el general Torrijos, amigo de ambos, Logman, Rees, Orme, Brown, y Green, Londres, 1829, 2 vols.] *

MITRE, Bartolomé, Historia de Belgrano, Buenos Aires, 1876-1877, 3 vols. ♦ [Historia de Belgrano y de la Independencia argentina, Imprenta y Librería de Mayo, Buenos Aires]*

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MOLLIEN, Gaspar Théodore, Voyage dans la République de Colombia, en 1823, Chez Arthus A. Bertrand, Paris, 1824.*

MOLLIEN, Gaspar Théodore, Travels in the republic of Colombia in the years 1822 and 1823, Printed for A. Knight, London, 1824.*

MOLLIEN, Gaspar Théodore, Viaggio alla Repubblica di Colombia eseguito nell’anno 1823, Tipografia de fratelli Sonzogno, Milano, 1825, 2 vols.*

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MONTÚFAR, Lorenzo, Reseña histórica de Centro América, Guatemala, 1878, 7 vols. ♦ [Tip. de “El Progreso”, I, II, 1878; III, 1879; IV, V, 1881; VI, VII, Tip. “La Unión”, Guatemala, 1887] *

[MORILLO, Pablo], Mémoires du Général Morillo, compte de Carthagène, Marquis de la Puerta relatifs au principaux événemens de ses campganes en Amérique de 1815 á 1821; suivis de deux précis de Don Jose Domingo Diaz secrétaire de la Junte de Caracas, et du général Don Miguel de la Torre, Traduit de l’espagnol, Chez P. Dufart, Libraire, Paris, 1826.*

MUÑOZ, Juan Bautista, Historia del Nuevo Mundo, Madrid, 1793 ♦ [Viuda de Ibarra, 2 vols.] *

NADAILLAC, Marquis de, L’Amérique préhistorique, Paris, 1883. ♦

NAVARRETE, Martín Fernández de, Colección de los viajes i descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV, Madrid, 1825-1837, 5 v. ♦ [Colección de los viages y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV, con varios documentos inéditos concernientes á la historia de la Marina Castellana y de los establecimientos españoles en Indias, Tomo I, Viages de Colón: Almirantazgo de Castilla, Imprenta Real, Madrid, 1825; Tomo II, Documentos de Colón y de las primeras poblaciones, Imprenta Real, Madrid, 1825; Tomo III, Viages menores, y los de Vespucio; poblaciones en el Darien. Suplemento al tomo II, Imprenta Real, Madrid, 1829; Tomo IV, Expediciones al Maluco. Viage de Magallanes y de Elcano, Imprenta Nacional, Madrid, 1837; Tomo V, Expediciones al Maluco. Viages de Loaisa y de Saavedra, Imprenta Nacional, Madrid, 1837] *

NODAL, Bartolomé García del y Gonzalo de Nodal, Relacion del viaje que por orden de Su Mag. y acuerdo del Real Consejo de Indias hizieron los capitanes Bartolome García de Nodal, y Gonzalo de Nodal hermanos, naturales de Pontevedra, al descubrimiento del Estrecho nuebo de S. Vicente y reconocimiento del de Magallanes, por Fernando Correa de Montenegro, Madrid, 1621.*

OVALLE, P. Alonso de, Histórica relación del reino de Chile, Roma, 1644. ♦ [Histórica relación Del Reyno de Chile Y de las misiones y ministerios que ejercita en la Compañia de Jesus, En Roma por Francisco Caballo, MCXLVI].

OVIEDO Y BAÑOS, José, Historia de la conquista i población de la provincia de Venezuela, Madrid, 1723. ♦ [Primera Parte, En Madrid, en la imprenta de D. Gregorio Hermosilla]. *

OVIEDO I VALDÉS, Gonzalo Fernández, Historia jeneral i natural de las Indias, islas y Tierra Firme del mar océano, Madrid, 1851-1855, 4 v. ♦ [Fernández de Oviedo y Valdés, Gonzalo, Historia general y natural de las Indias, Islas y Tierra-Firme del Mar Océano, Cotejada con el códice original, enriquecida con las enmiendas y adiciones del autor, é ilustrada con la vida y el juicio de las obras del mismo por D. José Amador de los Ríos, Primera Parte, Imprenta de la Real Academia de la Historia, Madrid, 1851; Tomo primero de la segunda parte, segundo de la obra, Imprenta de la Real Academia de la Historia, Madrid, 1852; Tomo segundo de la segunda parte, tercero de la obra, Imprenta de la Real Academia de la Historia, Madrid, 1853; Tercera Parte, Tomo IV, Imprenta de la Real Academia de la Historia, Madrid, 1855] *

PAZ SOLDÁN, Mariano Felipe, Historia del Perú independiente, Lima, 1868-1874, 3 vols. ♦ [Primer período 1819-1822, 1868; Tomo II, Segundo período 1822-1827, 1870, 2 vols., Imprenta de Alfonso Lemale, Lima-Le Havre, 1870-1874] *

PELÁEZ, Francisco de Paula García, Memorias para la historia del antiguo reino de Guatemala, Guatemala, 1851-1852, 3 vols. ♦ [Tomo Primero, 1851; Tomo Segundo, 1852; Establecimiento Tipográfico de Luciano Luna] *

PIEDRAHITA, Lúcas Fernández, Historia jeneral de las conquistas del Nuevo reino de Granada, Amberes, 1688. ♦ [Por Juan Baptista Verdussen] *

PLAZA, José Antonio [de], Memorias para la historia de la Nueva Granada desde su descubrimiento hasta 1810, Bogotá, 1850. ♦ [Memorias para la historia de la Nueva Granada desde su descubrimiento hasta el 20 de julio de 1810, Imprenta del Neo-Granadino, por Ramón González] *

PITOU, Louis-Ange, Voyage a Cayenne, dans les deux Amériques et chez les antropophages. Ouvrage orné de gravures, contenant le tableau général des déportés, la vie et les causes de l’exil de l’auteur; des notions particulières sur Collot et Billaud, sur les îles Sechelles et les déportés de nivôse, sur la religion le commerce et les moeurs des sauvages, des noirs, des créoles et des quakers, L’auteur, Paris, 1805, 2 vols.*

PITOU, Louis-Ange, Voyage a Cayenne dans les deuz Amériques, et chez les antropophages. Ouvrage orné de gravures, contenant le tableau général des déportés, la vie et les causes de l’exil de l’auteur, des notions particulières sur les îles Séchelles et les déportés de nivôse (an 8 et 9), sur la religion le commerce et les moeurs des sauvages, des noirs, des créoles et des quakers, L’auteur, Paris, 1807, 2 vols.*

PRESCOTT, William, History of the reign of Ferdinand and Isabella the catholic, Boston, 1838, 3 vols. ♦ [American Stationers & Co. En la Biblioteca Nacional de Chile: ed. Baudry’s European Library, París, 1842] *

PRESCOTT, William, History of the Conquest of Mexico, with a preliminary view of the Ancient Mexican Civilization and the life of the conqueror, Hernando Cortés, Harper and Brothers, New York, 1843, 3 vols.

PRESCOTT, William, History of the Conquest of Mexico, with a preliminary view of the Ancient Mexican Civilization and the life of the conqueror, Hernando Cortés, Richard Bentley, London, 1844, 3 vols.*

PRESCOTT, William, History of the Conquest of Mexico, with a preliminary view of the Ancient Mexican Civilization and the life of the conqueror, Hernando Cortés, Harper and Brothers, New York, 1847, 3 vols.*

PRESCOTT, William, History of the Conquest of Peru, with a preliminary view of the Civilization of the Incas, Baudry’s European Lib., Paris, 1847, 2 vols.*

PRESCOTT, William, History of the Conquest of Peru, with a preliminary view of the Civilization of the Incas, Harper and Brothers, New York, 1848, 2 vols. ♦

PRESCOTT, William, History of the Conquest of Peru, with a preliminary view of the Civilization of the Incas, G. Routledge & Co., London, 1858, 2 vols.*

QUIJANO OTERO, I.[José] M.[María], Compendio de la historia patria, Bogotá, 1883. [Estados Unidos de Colómbia. Compendio de la historia patria, segunda edición revisada y corregida por el autor, Imprenta de Medardo Rivas] *

QUINTANA, Manuel Josef, Vida de españoles célebres, En la Imprenta Real, Madrid, 1807.

QUINTANA, Manuel Josef, Vida de españoles célebres, Imprenta de don Miguel de Burgos, Madrid, 1830-1833, 3 vols.*

QUINTANA, Manuel Josef, Vida de españoles célebres, Baudry, Librería Europea, Colección de los mejores Autores Españoles, Tomo XXXIV, Paris, 1845.

RAYNAL, Guillaume-Thomas, Histoire philosophique et politique des Établissements & du Commerce des Européens dans les deux Indes, Amsterdam, 1770, 6 vols.

RAYNAL, Guillaume-Thomas, Histoire philosophique et politique des Établissements & du Commerce des Européens dans les deux Indes, Chez Jean-Leonard Pellet, Genève, 1780, 10 vols.*

RAYNAL, Guillaume-Thomas, Histoire philosophique et politique des Établissements & du Commerce des Européens dans les deux Indes, Les libraires associés, Neuchâtel et Genève, 1783, 10 vols.*

RAYNAL, Guillaume-Thomas, Histoire philosophique et politique des Établissements & du Commerce des Européens dans les deux Indes, A. Costes, Paris, 1820, 12 vols.*

RENGGER, I. R. et Longchamp, M., Essai historique sur la révolution du Paraguay et le gouvernement dictatorial du docteur Francia, Paris, 1827. ♦ [Hector Bossange] *

RESTREPO, José Manuel, Historia de la revolucion de la república de Colombia, Besanzon, 1858, 4 v. ♦ [Historia de la revolución de la República de Colombia en la América meridional, Imp. de José Jacquin] *

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ROBERTSON, William, The History of America, W. Strahan, London, 1792, 3 vols.*

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ROBERTSON, William, Memoirs of de Mexican Revolution; Including a Narrative of the Expedition of General Xavier Mina. With Some Observations on the Practicability of Oppening a Commerce Between the Pacific and Atlantic Oceans, Through the Mexican Isthmus, in the Province of Oaxaca, and at the Lake of Nicaragua: and on the Future Importance of Such Commerce to the Civilized World, and More Especially to the United States, Printed for the Author, Lydia R. Bayley, Printer, Philadelphia, 1820.*

ROBINSON, William, Memoirs of de Mexican Revolution; Including a Narrative of the Expedition of General Xavier Mina, Lackington, Hughes, Harding, Mavor, & Lepard, London, 1821, 2 vols.*

ROBINSON, William, Memorias de la revolución de Megico y de la espedición del general d. Francisco Javier Mina. A que se han agregado algunas observaciones sobre la comunicación proyectada entre los dos océanos, Pacífico y Atlántico, R. Ackermann, London, 1824.*

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SOLÍS, Antonio de, Historia de la conqvista de Mexico, población, y progresos de la America septentrional conocida por el nombre de Nueva España, Imprenta de Don Manuel Martín, Madrid, 1780, 3 vols.*

SOLÍS, Antonio de, Historia de la conqvista de Mexico, población, y progresos de la America septentrional conocida por el nombre de Nueva España, Imprenta de Don Plácido Barco López, Madrid, 1791, 3 vols.*

SOLÍS, Antonio de, Historia de la conqvista de Mexico, población, y progresos de la America septentrional conocida por el nombre de Nueva España, Por Cano, Madrid, 1798-1799, 5 vols.*

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SPARKS, Jared, The life of George Washington, Boston, 1839. ♦ [Tappan, Whittemore & Mason] *

STEVENSON, William Bennet, A historical and descriptive narrative of twenty years’ residence in South America, containing the travels in Arauco, Chile, Peru, and Colombia; with an account of the revolution, its rise, progress, and results, Hurst, Robinson & Co., London, 1825, 3 vols.*

STEVENSON, William Bennet, Voyage en Araucanie, au Chili, au Pérou et dans la Colombie, ou, Relation historique et descriptive d’un séjour de vingt ans dans l’Amerique du Sud. Suivi d’un précis des révolutions des colonies espagnoles de l’Amerique du Sud, Leroi Lib., Paris, 1832, 3 vols.*

TERNAUX-COMPANS, Henri, Archive des voyages ou collection de anceiennes relations inédites ou très rares de lettres, mémoires, itinéraires et autres documents relatifs a la géographie et aux voyages suivis d’analyses d’anciens voyages et d’anecdotes relatifs aux voyageurs tirées des mémoires du temps, Arthus-Bertrand, Librairie, Paris, 1840, 2 vols.

TERNAUX-COMPANS, Henri, Voyages, relations et mémoires originaux pour servir a l’histoire de la découverte de l’Amérique, publiés pour la premierè fois en français, Arthus-Bertrand, Libraire-Editeur, Paris, 1837-1841, 14 tomos en 12 vols.*

TERNAUX-COMPANS, Henri, Recuil de documents et mémoires originaux sur l´histoire des possessions espagnoles dans l’Amérique, a diverses époques de la conquète, renfermant des détails curieux sur les moeurs, les coutumes et les usages des indiens, leurs relationes avec les espagnoles, et sur la géographie et l´histoire naturelle des ces contrées; publiés sur les manuscrits ancient et inédites de la bibliothèque de M. Ternaux-Compans, Librairie de Gide, Paris, 1840.

TOLEDO, Fernando Álvarez de, Puren Indómito, Leipzig, 1861. ♦ [Diego Barros Arana, ed., Bibliotheca Americana. Collection d’ouvrages inédits ou rares sur l’Amerique, A. Franck’she Verlags-Buchhandlung. El autor es en realidad Diego Arias Saavedra. La atribución de Barros Arana fue errónea] *

TORRENTE, Mariano, Historia de la Revolución Hispano-Americana, Imprenta de D. Leon Amarita, Madrid, 1829; Tomo II y III, Imprenta de Moreno, Madrid, 1830.* ♦

TORRENTE, Mariano, Historia de la Revolución Hispano-Americana, Imprenta de Moreno, Madrid, 1830, 3 vols.*

TRIBALDOS DE TOLEDO, Luis, Vista general de las continuadas guerras: difícil conquista del gran Reino, provincias de Chile; desde su primer descubrimiento por la nación española en el orbe antártico hasta la era presente, edición de Diego Barros Arana, Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional, Tomo IV, Imprenta del Ferrocarril, Santiago, 1864 [Cf. entrada en esta bibliografía: Colección… El volumen integra también la obra de Miguel de Olivares, Historia Militar, civil y Sagrada de Chile].

TRIBALDOS DE TOLEDO, Luis, Historia General de las Continuadas Guerras i difícil Conquista del Gran Reino, i Provincias de Chile, desde su Primer Descubrimiento por la Nación Española en el orbe antártico hasta la era presente, Edición, introducción, apéndice documental, notas e índices de Ma Isabel Viforcos Marinas, Universidad de León, León, 2009 [Se corrige el título que equivocadamente le había dado Barros Arana en la 1a edición].

ULLOA, Antonio de, Noticias americanas: entretenimientos phisicos-historicos, sobre la América Meridional, y la Septentrional Oriental. Comparacion general De los Territorios, Climas, y Produciones en las tres especies, Vegetales, Animales, y Minerales: con relacion particular de las Petrificaciones de Cuerpos Marinos de los Indios naturales de aquellos Paises, sus costumbres, y usos: de las antigüedades: Discurso sobre la Lengua, y sobre el modo en que pasaron los primeros Pobladores, En la Imprenta de Don Francisco Manuel de Mena, Madrid, 1772.*

ULLOA, Antonio de, Noticias americanas: entretenimientos físico-históricos sobre la América meridional, y la septentrional oriental: comparación general de los territorios, climas y producciones de las tres especies vegetal, animal y mineral; con una relación particular de los indios de aquellos países, sus costumbres y usos: de las petrificaciones de cuerpos marinos, y de las antigüedades. Con un discurso sobre el idioma, y conjeturas sobre el modo con que pasaron los primeros pobladores, Imprenta Real, Madrid, 1792.*

VALLEJO, Antonio R., Compendio de la historia social i política de Honduras, aumentada con los principales acontecimientos de la Centro América, Tegucigalpa, 1882. ♦ [Para uso de los colegios de 2da. enseñanza de la República de Honduras, Tipografía Nacional] *

VARNHAGEN, Francisco Adolfo, Historia geral do Brasil, Rio de Janeiro, s.f. ♦ [Historia geral do Brazil isto é do descobrimento, colonisaçao, legislaçao e desevolvimento deste Estado, hoje imperio independente, escripta en presença de muitos documentos autenticos recolhidos nos archivos do Brazil, de Portugal, da Hespanha e da Hollanda, em caza da D. e H. Laemmert, 1854, 1857, 2 vols.] *

VELASCO, Juan, Geografía y descripción universal de las Indias, recopilada por el cosmógrafo-cronista, Juan López de Velasco, desde el año de 1571 al de 1574, Publicada por primera vez en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, con adiciones e ilustraciones, por Don Justo Zaragoza, Establecimiento Tipográfico de Fortanet, Impresor de la Real Academia de la Historia, Madrid, 1894. *

VICUÑA MACKENNA, Benjamín, El ostracismo de los Carreras. ♦ [El ostracismo de los Carreras. Los jenerales José Miguel i Juan José i el coronel Luis Carrera. Episodio d ela independencia de Su-América, Imprenta del Ferrocarril, Santiago, 1857]

VICUÑA MACKENNA, Benjamín, El ostracismo de O’Higgins. ♦ [El ostracismo del jeneral D. Bernardo O’Higgins escrito sobre documentos inéditos i noticias auténticas, Imprenta i Librería del Mercurio, Valparaíso, 1860] *

VICUÑA MACKENNA, Benjamín, La guerra a muerte. ♦ [La guerra amuerte. Memoria sobre las últimas campañas de la independencia de Chile, 1819-1824. Escrita sobre documentos enteramente inéditos, Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1868] *

VICUÑA MACKENNA, Benjamín, Don Diego Portales ♦ [D. Diego Portales. Con más de 500 documentos inéditos, Imprenta i Librería del Mercurio, Valparaíso, 1863, 2 vols.] *

VIDAURRE, Felipe Gómez de, Historia jeográfica, natural i civil del reino de Chile, Santiago, 1889, 2 vols. ♦ [Colección de historiadores de Chile i documentos relativos a la historia nacional, 14, Ercilla] *

VILLA-SEÑOR Y SÁNCHEZ, José Antonio, Theatro Americano. Descripcion general de los reynos, y provincias de la Nueva-España, y sus jurisdicciones, En la Imprenta de la Viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal México, 1746-1748, 2 vols.*

WARD, Henry George, Mexico in 1827, Henry Colburn, London, 1828, 2 vols.*

ZÁRATE, Agustín de, Historia del descvbrimiento i conquista de las provincias del Peru, i de las guerras i cosas señaladas en ella, Amberes, 1555 ♦ [Historia del descvbrimiento y conquista de las provincias del Peru, y de los successos que en ella ha auido, desde que se conquistò, hasta que el Licenciado de la Gasca Obispo de Siguença boluio a estos reynos: y de las cosas naturales que en la dicha prouincia se hallan dignas de memoria, En casa de Alonso Escriuano, Sevilla, 1577].*

Bibliografía

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  1. Las referencias bibliográficas completas constan al final del trabajo. En las citas de Diego Barros Arana, así como en los títulos de sus obras y las de otros autores chilenos de la época, se ha conservado la ortografía utilizada por ellos y reproducida por sus respectivos editores. Esa ortografía, basada en la pronunciación, se originó en las indicaciones de Andrés Bello en colaboración con Juan García del Río en 1823 y en la campaña efectuada por Bello junto con Sarmiento en Chile para facilitar la lectura y la adquisición del lenguaje escrito, rompiendo con la sancionada con criterio etimológico por la Real Academia Española. Para su descripción y un análisis de sus contenidos ideológicos cf. Serrano, Sol e Iván Jacsik, “El poder de las palabras: la Iglesia y el estado liberal ante la difusión de la escritura en el Chile del siglo XIX”, en Historia, 33, 2000, pp. 437-439.
  2. Para la biografía de Diego Barros Arana, cf. Ramírez Salinas, Carlos, Don Diego Barros Arana, 1942; Orrego Barrios, Carlos, Diego Barros Arana, 1952; la referencia más importante: Donoso, Ricardo, Diego Barros Arana, 1967.
  3. Diego Barros Arana escribió en forma anónima un esbozo biográfico de su padre publicado como noticia necrológica en El Museo, agosto de 1853, luego impreso como folleto, cf. Barros Arana, Diego, “Don Diego Antonio Barros (1789-1853)”, en Obras Completas, Tomo XII, pp. 231-251. En adelante se citará: OC, seguidas del tomo en números romanos. Cf. la referencia bibliográfica detallada de todos los volúmenes de las OC y de otras ediciones de libros del autor en los Apéndices 1 y 2.
  4. Barros Arana, Diego, Historia Jeneral de la Independencia de Chile, Tomo I, 1854, pp. II-III.
  5. Manuel Montt (Petorca, 1809-Santiago, 1880). Esta personalidad, que se desempeñó a la cabeza del Instituto entre 1835 y 1840, cumplió un papel importante en el protagonismo político posterior del joven alumno, quien sería un definido opositor a su gobierno. De la dirección del Instituto, Montt pasaría a ser ministro del Interior y de Justicia en los sucesivos gobiernos del general Manuel Bulnes (1841-1851) y con su apoyo fue elegido presidente de la República en la década posterior, 1851-1861. Desde este último año presidió la Corte Suprema de Justicia. En los comienzos de su carrera fue representante de lo más intransigente del peluconismo, expresión política de la oligarquía conservadora, pero se apartó de ella al establecer el Patronato del Estado sobre la Iglesia chilena y al abolir las restricciones a la venta de los mayorazgos. Esto determinó en 1855 la ruptura del peluconismo y la formación de una coalición contra su gobierno de liberales que se habían opuesto a su elección y conservadores católicos. El partido que lo continuó apoyando se denominó nacional. Codificó las leyes y promovió la educación y la inmigración. Montt fue autoritario e inflexible, pero actuando como una suerte de déspota ilustrado trabajó por la modernización social y económica del país. Patrocinó a Sarmiento, quien le dedicó numerosas páginas.
  6. Miguel Luis Amunátegui (Santiago, 1828-1888). A los dieciocho años de edad obtuvo la cátedra de latín en el Instituto Nacional. Destacado discípulo y amigo de Andrés Bello, y también del profesor latinista y socialista utópico Luis Antonio Vendel-Heyl. Fue ministro del Interior y de Relaciones Exteriores en 1868-1870, y durante su gestión se hicieron los estudios del ferrocarril trasandino que uniría Santiago con Buenos Aires. Junto con Barros Arana y Benjamín Vicuña Mackenna constituyó el grupo de historiadores más importantes de su generación. Fue candidato a la presidencia de la república en 1875. Sus obras más destacadas: Títulos de la República de Chile a la soberanía y dominio de la extremidad austral del continente americano, 1853; La dictadura de O’Higgins, 1853; Biografías de americanos (en colaboración con su hermano Gregorio Víctor, incluye Vida de Andrés Bello), 1854; Compendio de la historia política y eclesiástica de Chile, 1856; Descubrimiento y conquista de Chile, 1861; La cuestión de límites entre Chile y Bolivia, 1863; Los precursores de la independencia de Chile, 3 vols., 1870-1872Cf. Barros Arana, Diego, “Don Miguel Luis Amunátegui 1828-1888”, en OC, XIII, pp. 259-446. Este trabajo de don Diego sobre su más grande amigo tiene por base una biografía compuesta a favor de la candidatura presidencial de Amunátegui en 1875, y se completó para la honra fúnebre al ser publicada con otros materiales en París en 1889.
  7. Gregorio Víctor Amunátegui (Santiago, 1830-1899), filólogo, jurista, historiador y político, protegido y educado al igual que su hermano por Andrés Bello. Diputado, presidente de la Cámara en 1865-1866 y miembro de la Corte Suprema de Justicia, que también llegó a presidir en 1892-1893. Defensor de la enseñanza laica junto con su hermano, y prominente intelectual liberal. Entre sus obras se cuentan La reconquista española. Apuntes para la historia de Chile, 1814-1817 (en colaboración con su hermano Miguel Luis), 1851; Los tres primeros años de la revolución de Chile (también en colaboración con su hermano), 1851; La isla de Juan Fernández, 1852; De la instrucción primaria en Chile; lo que es, lo que debería ser (en colaboración con su hermano Miguel Luis), 1856. Poesía y poetas sudamericanos, 1861; Pedro de Oña, 1862; El Arauco domado, 1862; Biografía de don Manuel Antonio Tocornal, 1869; La vida del capitán Fernando Álvarez de Toledo, 1866.
  8. Francisco Bilbao (Santiago, 1823-Buenos Aires, 1865). Discípulo de Andrés Bello e iniciador de la escuela racionalista en Chile. Entusiasta de la estética, admirador de la antigüedad clásica. Perseguido por sus ideas liberales radicales y su anticlericalismo emigró a Europa en 1843. Estudió en París con Quinet, Michelet y Lamartine, y tomó parte en la revolución de 1848 al lado del primero, que era coronel de un regimiento de la Guardia Nacional. En 1848 regresó a Santiago y en 1850 fundó la Sociedad de la Igualdad con Santiago Arcos, Benjamín Vicuña Mackenna, Eusebio Lillo, Manuel Recabarren, José Zapiola y otros jóvenes de ideas radicales, desde donde propagaron las ideas del socialismo utópico. La asociación fue disuelta por el gobierno ese mismo año. Opositor a Montt, estuvo entre los vencidos en la revolución de abril de 1851; pudo refugiarse en Lima, luego fue expulsado de Perú y viajó a Europa, donde fue el primero en utilizar el término América Latina en 1856. Desde 1857 radicó en Buenos Aires. Autor de: Sociabilidad chilena (1844); Iniciativa de la América (1856); La América en peligro (1862); El evangelio americano (1864).
  9. Barros Arana, Diego, Historia Jeneral de Chile, Tomo XVI i último, 1902, pp. 350-353.
  10. José Miguel de la Barra (Santiago, 1799-1851). Diplomático, político y educador. Participó en la batalla de Maipú, que resolvió la lucha por la Independencia. Secretario de la misión enviada a Europa para establecer relaciones diplomáticas entre Chile y las potencias, desempeñó funciones oficiales en Inglaterra y Francia. Durante la guerra con la Confederación Perú-Boliviana fue secretario del general Bulnes. Posteriormente intendente de Santiago, diputado y jefe de la Oficina General de Estadística. En 1848 publicó Población de la República de Chile. Censo de 1843 y en 1850, Repertorio Nacional, formado por la Oficina General de Estadística. Autor de Historia de América Historia de Chile, manuales ambos destinados a la enseñanza en las escuelas secundarias. Decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile en 1843. Uno de los fundadores de la poderosa Sociedad de Agricultores que nucleaba a los principales terratenientes.
  11. Mariano Egaña (Santiago, 1793-1846). Participó en la primera etapa de la lucha por la independencia. Fue deportado a la isla de Juan Fernández luego del desastre de Rancagua (1814) y liberado después de la victoria de Chacabuco (1817). Entre 1824 y 1829 fue ministro plenipotenciario ante varias cortes europeas. En Londres convenció a Bello de trasladarse a Chile. Conservador, fue el principal redactor de la Constitución de 1833. Ocupó diversos cargos, entre ellos el ministerio del Interior y Relaciones Exteriores (1823-24), el de Hacienda (1830) y el de Justicia, Culto e Instrucción Pública (1837-41). Primer decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile en 1843.
  12. La Biblioteca de Egaña fue adquirida por decisión del Congreso Nacional el 16 de octubre de 1846, cf. Boletín de las Leyes, Órdenes i Decretos del Gobierno Nacional, Lib. xiv, Núm. 1º, Octubre de 1846, pp. 243-244, que especifica las condiciones en que debería ordenarse el acervo en la Biblioteca Nacional. Constaba de 8,876 volúmenes de 3,040 obras, se pagaron $20,000 por tasación de Andrés Bello, y se abrió al público el 16 de octubre de 1856, albergada en una valiosa estantería de cedro diseñada por el arquitecto Brunet de Baine. Otro acervo importantes de la Biblioteca Nacional chilena fue la biblioteca de Benjamín Vicuña Mackena, comprada en 1861, que contenía 1,606 valiosos volúmenes de tema americano, tasada también por Bello en $5.021.50, cf. Catalán B., Gonzalo y Bernardo Jorquera, Boletín de la anabad, 1992, pp. 138-139.
  13. Mellafe, Rolando, Barros Arana, americanista, 1958, pp. 11-15. Mellafe trabajó el catálogo de esa biblioteca depositada en la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile: Catálogo alfabético i por materias de las obras que contiene la Biblioteca Nacional Egaña de Santiago de Chile, 1860.
  14. En el apéndice 3 damos referencias bibliográficas acerca de estas obras. No nos fue posible consultar el catálogo de la biblioteca de Egaña mencionado en la nota anterior, por lo que no podemos precisar que la lectura de esas obras por Barros Arana se haya efectuado en ella –ya mencionamos la biblioteca de Vicuña Mackenna como otra posible fuente de información– y en las ediciones que registramos en el apéndice indicado. También anotamos la mayor parte de las ediciones antiguas de esas obras que en la actualidad están en la Biblioteca Nacional de Chile y que provienen en parte de Egaña y Vicuña Mackenna, aunque otras seguramente de José Toribio Medina y otros bibliófilos americanistas cuyos libros fueron a esa biblioteca. De todos modos la lista de Mellafe induce a algunas confusiones: un ejemplo evidente es el de Cervantes de Salazar. La edición de los Diálogos de García Icazbalceta es de 1875, y la rareza del ejemplar de la primera edición del siglo XVI es tal que resulta inverosímil que Barros Arana lo conociese antes de esa fecha o que estuviese en la biblioteca de Egaña. La siguiente edición fue de 1944. En cuanto a la Crónica de Nueva España de Cervantes de Salazar fue publicada por primera vez en México por Del Paso y Troncoso recién en 1914, y en el mismo año por Zelia Nutall en Madrid, proveniente del manuscrito 2011 de la Biblioteca Nacional de Madrid. Don Diego había fallecido años antes.
  15. Mellafe, Barros, pp. 14-15.
  16. Ramón Freire Serrano (Santiago, 1787-1851). Destacado militar en las guerras de la Independencia. Director Supremo de Chile entre 1823 y 1826 y presidente de la República en 1827. Abolió en forma definitiva la esclavitud en Chile, favoreció la libertad de prensa y la instrucción pública. En la guerra civil de 1830, derrotado en la batalla de Lircay por las fuerzas conservadoras del general Prieto fue desterrado a Perú; en 1836 encabezó un intento de invasión con barcos peruanos a Chiloé; fracasó y fue enviado confinado a la isla de Juan Fernández hasta 1837, marchó luego a Tahití y a Australia hasta 1841. Representó una orientación democrática y liberal en la construcción inicial del estado chileno, y a los intereses de las elites provinciales confrontadas con el patriciado mercantil de Santiago.
  17. Manuel Bulnes (Concepción, 1799-Santiago, 1866). Militar que ganó la guerra de Chile contra la Confederación Perú-Boliviana en 1839, y así allanó su camino a la presidencia, que desempeñó entre 1841 y 1851. El éxito de su administración terminó con los restos del liberalismo pipiolo de la década de los veinte. Partícipe de la oligarquía conservadora, tuvo sin embargo varios ministros de ideas liberales, pese a lo cual la intelectualidad joven se mantuvo en la oposición. Fue uno de los constructores de la estabilidad estatal chilena.
  18. Discurso pronunciado por D. Diego Barros Arana en su incorporación en la Facultad de Filosofía i Humanidades de la Universidad de Chile, en elojio de su predecesor D. Luis Antonio Vendel-Heyl, 1855.
  19. Barros Arana, Diego, “Don Luis Antonio Vendel-Heyl”, en OC, XI, pp. 185-230. El artículo originalmente se publicó en la revista Sud-América, II, pp. 466-475, 505-574 y 667-686, Santiago de Chile, 1873. Además este trabajo, nota curiosa, trae referencias acerca de la introducción del daguerrotipo a América del Sur, vinculada a la accidentada llegada del sabio clasicista francés a Chile.
  20. Antonio Varas de la Barra (Cauquenes, 1817-Santiago, 1886). Político chileno muy influyente a lo largo de su extensa carrera. Profesionalmente se desempeñó como agrimensor y abogado. Fue profesor en el Instituto Nacional, que llegó a dirigir. En 1845 fue elegido diputado. Hasta 1856 ocupó varios ministerios en la administración del presidente Montt, con quien estuvo estrechamente asociado. En 1861 volvió al ministerio, siendo el candidato de Montt para sucederlo. Frente a la oposición que se levantó contra él renunció a la postulación presidencial, evitando así una guerra civil. Desde 1862 se mantuvo en el Congreso chileno. En 1879 fue ministro del Interior del presidente Aníbal Pinto.
  21. Ramón Sotomayor Valdés (Santiago, 1830-1904). Fue el primer redactor del periódico El Ferrocarril. Ingresó a la diplomacia en 1863, llegando a ser ministro plenipotenciario en México. Su actividad más destacada fue el periodismo. Derivó a ideas conservadoras y a una decidida defensa de la herencia hispánica y el catolicismo, siendo además uno de los grandes intérpretes y defensores del “estado portaliano”. Entre sus obras: Estudios histórico de BoliviaHistoria de Chile bajo el gobierno del general Joaquín PrietoHistoria de Chile durante los cuarenta años transcurridos entre 1831 hasta 1871.
  22. La investigación documental de Barros Arana en Europa está descripta e inventariada en Soto Cárdenas, Alejandro, Misiones Chilenas en los Archivos Europeos, 1953, pp. 26-40. La serie en su conjunto resulta un valioso relevamiento de la actividad de investigación documental y copia de material desde diversos países que fue básica en la construcción y evolución de la historiografía americanista.
  23. Claudio Gay (Draguignan, 1800-Deffens, 1873). Investigador francés que llegó en 1828 a Valparaíso para hacer estudios de historia natural. Sus colecciones dieron origen al Museo de Historia Natural de Chile, creado en 1839 y del que fue director. Dedicó cuarenta años de su vida a la geografía, la historia natural y la historia política de Chile, en esta última impulsado por Mariano Egaña, volcados en su monumental Historia física y política de Chile, en 28 volúmenes. Desde 1842 se instaló en Francia para preparar la edición de su obra, y allí recibió la valiosa ayuda de los materiales americanistas reunidos por Henri Ternaux-Compans. En 1849 viajó a España, siendo el primer investigador vinculado a Chile que consultó los fondos documentales depositados en el Archivo de Indias en Sevilla y en la sección manuscritos de la Biblioteca Real de Madrid. Sobre su trabajo en los fondos de Ternaux-Compans y los archivos españoles y su inventario, cf. Soto Cárdenas, Misiones, pp. 13-20. El escrito de Barros Arana: “Don Claudio Gay. Su vida y sus obras”, en OC, XI, pp. 239-457.
  24. José Joaquín Pérez Mascayano (Santiago, 1800-1889). En 1829 fue encargado de negocios en Francia; en 1836 en Argentina. Secretario de la legación chilena en Estados Unidos, negoció allí un empréstito. Ministro de Hacienda en 1845, pasó a Relaciones Exteriores en 1848. Durante la presidencia de Montt, senador y consejero de Estado. Retirada la candidatura de Antonio Varas fue elegido presidente, dos períodos, 1861-1871. Construyó consenso político y no recurrió a las facultades extraordinarias como su antecesor. Intentó la unión de los nacionales partidarios de Montt con la coalición liberal-conservadora, pero fracasó, por lo que se apoyó en estos últimos, con la oposición de los nacionales monttistas y los radicales, nuevo partido integrado con los influidos por la revolución europea de 1848. En su administración Pérez construyó el ferrocarril Santiago-Valparaíso, telégrafos, mejoró la hacienda pública. Sostuvo a Perú en la guerra con España de 1865-66. También se reformó la constitución de 1833, prohibiéndose la reelección inmediata del presidente. En 1872 fue senador y presidió el Senado en 1875.
  25. Federico Errázuriz Zañartu (Santiago de Chile, 1825-1877). Alumno del seminario y luego del Instituto Nacional, estudió derecho en la Universidad de Chile. Elegido diputado, por sus tendencias liberales y progresistas desplegó una acción opositora al presidente Montt, lo que motivó su exilio. Con la amplia amnistía decretada por el presidente José Joaquín Pérez pudo regresar a su país, y fue nuevamente electo diputado. Fue intendente de Santiago y ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública. Comenzó la codificación de la jurisprudencia y dio un amplio impulso económico a las escuelas. Se desempeñó como ministro de Guerra y Marina durante la guerra con España en 1865. Fue elegido presidente, 1871-1876, apoyado por una coalición de conservadores, liberales y radicales, que se rompió con los primeros en 1875. Impulsó la secularización de la Instrucción Pública, la creación de los cementerios laicos, la codificación de las leyes y el progreso material a través de ferrocarriles, telégrafos e industria.
  26. Archivo del General Mitre, Tomo XX, Correspondencia literaria Años 1859-1881, Carta de D. Barros Arana a B. Mitre, 28 de Agosto de 1875, 1912, pp. 45-46.
  27. Donoso, Diego, pp. 137-138. Para este episodio diplomático cf. Barros Borgoño, Luis, Archivo Barros Arana. A través de una correspondencia. Misión en el Plata 1876-1878. La cuestión de límites. Barros Arana diplomático y perito, 1936.
  28. Aníbal Pinto Garmendia (Santiago, 1825-Valparaíso, 1884). Tuvo una esmerada educación. Participó en la legación a Roma enviada por Bulnes. A su regresó se dedicó a la literatura. Miembro de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Chile. Durante la administración de Pérez fue intendente de Concepción. Varias veces diputado. En 1869 no aceptó la cartera de Hacienda. En 1870, senador. Errázuriz le encargó la formación del gabinete pero no aceptó; ocupó por tres años el ministerio de Guerra y Marina, modernizando el ejército. En 1876-1881 presidente de la República. Fue el vencedor de la Guerra del Pacífico con Perú y Bolivia.
  29. Referencia bibliográfica detallada, cf. Apéndice 2. Cf. Vicuña Mackenna, Carlos, Índice de la Historia General de Chile de don Diego Barros Arana, 1936.
  30. Donoso, Diego, p. 191.
  31. Barros Arana, Diego, “Don José Francisco Vergara (1833-1889)”, OC, XII, pp. 333-365; “Don Miguel Luis Amunátegui 1828-1888”, OC, XIII, pp. 259-446.
  32. José Manuel Balmaceda (Santiago, 1840-1891). En 1870 diputado. Ministro en el gabinete del presidente Domingo Santa María (1881-1886). Presidente en 1886. Anticlerical y reformista liberal, impulsó la educación pública, la construcción ferroviaria y el ordenamiento de la Hacienda, apoyándose en distintas facciones. Heredó la creciente descomposición del sistema político, integrado con partidos vaciados de contenidos ideológicos y convertidos en redes de intereses clientelares, y una fuerte resistencia parlamentaria a la fuerza del ejecutivo. Al intentar fortalecer el poder presidencial el Congreso se opuso y creció el conflicto institucional. Balmaceda cerró el Congreso en enero de 1891, se proclamó dictador y llamó a la lucha contra la oligarquía, sin demasiada respuesta popular. El Congreso lo destituyó, la marina se sublevó y después de una guerra civil de ocho meses Balmaceda tuvo que entregar el poder. Refugiado en la legación argentina se suicidó. Del presidencialismo se pasó a un sistema parlamentario, que facilitaba el control oligárquico, hasta la década de 1920.
  33. Federico Errázuriz Echaurren (Santiago, 1850-Valparaíso, 1901) Hijo del presidente homónimo. Fue diputado en 1885, ministro de Guerra y Marina en 1890. Tomó parte activa en la caída del presidente Balmaceda en 1891. Senador, ministro de Justicia, fue elegido presidente en 1896. Durante su gobierno comenzaron a resolverse importantes litigios fronterizos con Bolivia y Argentina. En 1900 abandonó el gobierno por problemas de salud.
  34. Jorge Montt Álvarez (Casablanca, 1845-Santiago, 1922). Marino, encabezó la sublevación contra Balmaceda. Presidió la Junta revolucionaria, y luego del triunfo fue elegido presidente, entre 1891-1896. Tuvo ministerios inestables, de liberales y liberales-radicales. En este periodo se instituyó el gobierno parlamentario. Arregló el conflicto con Estados Unidos de 1894, por reclamaciones de la guerra civil y el incidente con el crucero Baltimore en Valparaíso.
  35. Gazmuri R., Cristián, “Algunas influencias europeas en el método historiográfico de Bello”, en Bello y Chile. Tercer Congreso del Bicentenario, 1981, Tomo II, p. 338. El análisis del pensamiento de Bello acerca de lo histórico está tomado de este trabajo y de Correa Sutil, Sofía, “La concepción historiográfica de Andrés Bello como una forma de acercamiento a la realidad americana”, en ibídempp. 339-351.
  36. Bello, Andrés, “Resumen de la historia de Venezuela”, en Calendario manual y guía universal de forasteros en Venezuela para el año de 1810, 1810, pp. 13-63.
  37. Picón Salas, Mariano, “Bello y la historia”, cit. por Gazmuri, “Algunas”, p. 327.
  38. Bello, Andrés, “Modo de estudiar la historia”, en Obras Completas, xix, p. 246, cit. por Gazmuri, “Algunas”, p. 333.
  39. Barros Arana, “Don Miguel”, p. 288. El autor no se refirió a las opiniones historiográficas de Bello en los dos trabajos específicos que le dedicó: “Elojio del señor don Andrés Bello” [panegírico fúnebre, 1866] y “La erudición de don Andrés Bello” [1873], en OC, XIII, pp. 233-249 y 251-257.
  40. Barros Arana, Diego, Elementos de Retórica y Poética, OC, III, pp. 201-222. Un análisis de la concepción de Barros Arana en Feliú Cruz, Guillermo, Barros Arana y el método analítico en la historia. Un ensayo de interpretación, 1934.
  41. Barros Arana, Elementos, p. 205.
  42. Barros Arana, Elementos, p. 208. Para la concepción de la narración cf. Barros Arana, Diego, Manual de composición literaria, OC, V, pp. 108-111. En esencia: “La narracion es la esposicion de un hecho real o imajinario, desde su oríjen hasta su fin. Para contar bien un hecho es preciso comenzar por formarse una idea clara i precisa, estudiarlo con cuidado, representarse todos los personajes históricos o fabulosos, todas las circunstancias verdaderas o ficticias. Si el hecho es tomado de la historia es menester respetarla; si está basado en las tradiciones establecidas, es menester seguirlas; si es inventado, conviene darles un aire de verdad”. La narración debe tener unidad de acción, debe ser clara, verosímil, interesante y tan corta como sea posible, p. 108.
  43. Barros Arana, Elementos, pp. 210-211.
  44. Daunou, P. C. F., Cours d’études historiques, 1842-1849, 20 vols. El tomo VII, Art d’écrire l’historie, utilizado por Barros Arana, fue publicado en 1844. La obra completa fue publicada después de la muerte de su autor por Alphonse-Honoré Taillandier et Gorré, y allí se reunieron las lecciones de Daunou en el Colegio de Francia.
  45. Barros Arana, Elementos, p. 218.
  46. Barros Arana, Historia Jeneral de Chile, Tomo XVI i último, 1902, p. 354.
  47. Barros Arana, Historia Jeneral de la Independencia, I, p. II.
  48. Barros Arana, Diego, Las campañas de Chiloé. (1820-1826), 1856. Subrayado mío, HC.
  49. Barros Arana, Historia Jeneral de Chile, Tomo XVI i último, 1902, p. 354-355.
  50. Barros Arana, Diego, “Cronistas de Indias, o los Historiadores oficiales del descubrimiento de América. 1º Gonzalo Fernández de Oviedo i Valdés; 2º Juan Cristóbal Calvete de Estrella; 3º Juan López de Velasco; 4º Antonio de Herrera; 5º Luis Tribáldos de Toledo; 6º Don Tomas Tamayo de Vargas; 7º Jil González Dávila, 8º Don Antonio de León Pinelo; 9º Don Antonio de Solís, 10º Don Pedro Fernández del Pulgar; 11º Don Luis de Salazar i Castro; 12º Don Miguel Herrero de Espeleta; 13º El padre frai Martin Sarmiento; 14º Don Juan Bautista Muñoz”, en OC, VIII, pp. 5-46. Publicado originalmente en Anales de la Universidad de Chile, Tomo XVIII, 1861, en la Revista del Pacífico, Tomo VI, 1861 y en la Revista de Buenos Aires, Tomo IV, 1864. Se reprodujo en el número extraordinario de los Anales de la Universidad de Chile del 12 de octubre de 1892, pp. 179-206, con el título de “Los historiadores oficiales del descubrimiento i conquista de América”, con correcciones de estilo, supresión de párrafos y agregado de varias noticias bio-bibliográficas y críticas, que es la versión definitiva recogida en la Obras Completas.
  51. Mellafe, Barros, p. 23. Cf. las referencias bibliográficas de las obras de los cronistas en Apéndice.
  52. Barros Arana, “Cronistas”, pp. 11.
  53. Ibídem, pp. 20, 22-23.
  54. La referencia de las ponencias de todos los Congresos de Americanistas en Comas, Juan, Cien años de Congresos Internacionales de Americanistas. Ensayo histórico-crítico y bibliográfico, 1974.
  55. Barros Arana, Diego, “Luis Tribáldos de Toledo”, en OC, VIII, pp. 263-265. Este estudio fue publicado en la Colección de Historiadores de ChileIV, Santiago de Chile, 1864, como introducción a la obra de Tribaldos de Toledo, Vista general de las continuadas guerras, difícil conquista del gran Reino, provincias de Chile. Juan Bautista Muñoz utilizó los manuscritos de su antecesor que tienen “una alta importancia porque encierra hechos desconocidos i documentos cuyos orijinales no existen quizas. Tal vez los manuscritos de Tribáldos de Toledo han desaparecido ya; pero la parte conservada por Muñoz, que sin duda alguna era la mas interesante de su obra, tiene un verdadero interes para los que se propongan hacer un estudio serio i razonado de la historia patria”, p. 265.
  56. Hay una sola obra de estos dos cronistas dedicada a las Indias: González Dávila, Gil, Teatro eclesiastico de la primitiva iglesia de las Indias Occidentales, vidas de svs arzobispos, obispos, y cosas memorables de sus sedes, Tomo Primero, En Madrid, por Diego Diaz de la Carrera, MDCLIX.
  57. Barros Arana, “Cronistas”, pp. 28-29.
  58. Ibídem, p. 34.
  59. Barros Arana, Diego, “Necrolojía americana. 1. Bridges (Tomás), 2. Le Fébure de Fourcy (Luis), 3. Poeppig (Dr. Eduardo Federico), 4. Roquette Juan Bernardo María (Dezos de la)”, en OC, XI, pp. 149-163. El artículo original fue publicado en Anales de la Universidad, 1869, pp. 130-142.
  60. Barros Arana, Diego, “Bibliografía de las obras de don Juan Ignacio Molina”, en OC, XI, pp. 27-40. El artículo original fue publicado en Revista Chilena, Tomo I, 1881, pp. 289-300.
  61. Barros Arana, Diego, “Algunos libros recientes sobre la historia americana. 1. Ollantay, 2. Estudios sobre el antiguo Perú de los Incas, 3. Sobre antigüedades mejicanas, 4. Historia de la esclavitud antigua i moderna”, en OC, XI, pp. 165-176. El artículo original en Revista Chilena, Santiago, Tomo I, 1881, pp. 99-107.
  62. Squier, E[phraim] George, Peru. Incidents of Travel and Exploration in the Land of the Incas, Harper and Brothers, New York, 1877; Wiener, Charles, Pérou et Bolivie. Récit de voyage, suivi d’études archéologiques et des notes sur l’écriture et les langues des populations indiens, Librairie Hachette et Cie, Paris, 1880.
  63. Barros Arana, “Algunos”pp. 171-172.
  64. Ibídemp. 172.
  65. Histoire genérale des choses de la Nouvelle Espagne par le R.P. Fray Bernardino Sahagún, traducción y anotaciones de Denis Jourdanet y Rémi Simeon, G. Masson, Paris, 1886.
  66. Ibídem, p. 175. Las autores referidos por Barros Arana son dos grandes luchadores contra la esclavitud: Wallon, H., Historire de l’esclavage dans lántiquité, Imprimerie Royale, Paris, 1847, 3 vols., considerada aún hoy la obra más importante sobre el tema; y el abolicionista francés más destacado en 1848, Schoelcher, Víctor, De l’esclavage des noirs, et de la législation colonial, Paulin. Libraire, Paris, 1833; Des colonies françaises. Abolition inmédiate de l´esclavage, Pagnerre, Éditeur, Paris, 1842; Histoire de l’esclavage pendant les deux dernières années, Pagnerre. Éditeur, Paris, 1847.
  67. Barros Arana, Diego, “La Plataétude historique por Santiago Arcos. 1 vol. in 8º, Paris, 1865”, en OC, XI, pp. 177-183. Publicado originalmente en Anales de la Universidad, Tomo XXVIII, 1866, Santiago de Chile, pp. 261-266.
  68. Ibídempp. 182-183.
  69. Ibídem, pp. 177-179; 183. El subrayado es mío, HC.
  70. Ibídem, p. 182.
  71. Barros Arana, Diego, “Necrología americana de 1874. 1. Don Santiago Arcos”, en OC, IX, pp. 455-459. El artículo original fue publicado en la Revista Chilena, Tomo I, 1875, Santiago de Chile.
  72. Ibídem, p. 458. Los subrayados son míos [HC].
  73. Barros Arana, Diego, “La lingüística americana. Su historia i su estado actual”, en OC, XI, pp. 5-26, reproduce el artículo original publicado en Anales de la Universidad, Tomo LXXXIV, 1893, Santiago de Chile, pp. 985-1029. Este trabajo también publicado en folleto aparte, se acompañaba de una contribución del Dr. Rodolfo Lenz que analizaba la lingüística americana posterior a la obra del abate Hervás. Esto explica el título dado por Barros Arana a su ensayo, que promete mucho más que lo que efectivamente trata en el mismo.
  74. Ibídem, p. 23.
  75. Ibídem, pp. 23-26.
  76. Mitre, Bartolomé, Catálogo razonado de la sección Lenguas Americanas, en Obras Completas, Tomo XIV y XV, 1968 y 1970.
  77. Barros Arana, “La lingüística”, pp. 15-16.
  78. Barros Arana, Diego, Compendio de Historia de América. Obra aprobada por la Universidad de Chile para la enseñanza de este ramo en los colejios, 1865, 2 vols., Partes I i II, América indígena.-Descubrimiento i Conquista, 410 pp.; Partes III i IV, La Colonia.- La Revolución, 564 pp.
  79. Mellafe, Barros, pp. 30-31.
  80. Donoso, Diego, pp. IX-X.
  81. Barros Arana, Historia, Tomo XVI, p. 350.
  82. López, Vicente Fidel, Manual de Historia de Chile, 1846. Fue su tesis doctoral y el comienzo de su obra historiográfica.
  83. Transcribimos las citas y los juicios del autor acerca de estos trabajos publicados en la bibliografía agregada a la Historia de América en la edición de 1894, luego incorporada a las Obras Completas, Barros Arana, Historia de América, I: “molina, Juan Ignacio, Compendio de la historia jeográfica, natural y civil del reino de Chile, 2 vols., Madrid, 1788 a 1795, que comprende dos partes, la primera dedicada a la historia natural y la segunda de historia civil”. El autor, jesuita expulsado en 1767, la publicó primeramente en Italia, luego fue traducida al castellano y a otros idiomas. Dice Barros de ella: “fue mui notable en su tiempo; y aunque los nuevos estudios sobre todas esas cuestiones la hayan hecho mucho ménos útil, se lee siempre con interés i con agrado”, p. 18; “Miller, John, Memorias del jeneral Miller, 2 v., Londres, 1829. Traduccion castellana hecha por el célebre general español Torrijos de esta obra escrita i publicada en ingles, en cuyo idioma hai dos ediciones. Bajo la forma de vida del general don Guillermo Miller, se han reunido allí interesantísimas noticias sobre la revolucion hispano-americana, i especialmente sobre la del Perú; i esas noticias dispuestas con órden i referidas con una notable sencillez, forman un libro de agradable lectura, i siempre instructivo”; “Torrente, Mariano, Historia de la revolucion hispano-americana, 3 v., Madrid, 1829-1830. Aunque concebida con el mas apasionado espíritu español, preparada con los informes i escritos de los jefes realistas, i mui incompleta en ciertos puntos, esta obra es un trabajo considerable de perseverancia; contiene noticias acerca de la revolucion de todos los pueblos hispano-americanos, es de suma utilidad en alguna de sus partes en que al autor ha podido recojer datos abundantes, está trazada en rigoroso órden cronolójico y escrita con perfecta claridad i en ocasiones con verdadero interes. Fue mui leida en años atrás; i aunque las nuevas investigaciones la hayan hecho caer en cierto olvido, vale mucho mas de lo que podria creerse por la escasa estimacion que de ella se hace al presente”, p. 24; “Gay, Claudio, Historia física i política de Chile, etc. La parte relativa a la historia política de esta estensa i conocida obra, forma ocho volúmenes, i se estiende desde el descubrimiento hasta 1831. Los acompañan dos tomos de documentos, muchos de ellos del mas alto interes”, p. 13.
  84. Transcribimos la opinión del autor, Barros Arana, Historia de América, I, “Humboldt (Alexandre de). Examen critique de l´histoire de la géographie du nouveau continent et des progrès de l’astronomie nautique, 5 v., Paris, 1836-1839. Obra de grande erudicion i de un notable poder crítico; utilísima para estudiar la historia del descubrimiento de América, pero poco ordenada en su plan, falta de índices, i por tanto de difícil consulta”, p. 15; “Robertson, (William). The history of America, 2 v., London, 1777. Obra completada en las ediciones subsiguientes, traducida a muchos idiomas, i acreditada por el aplauso de la crítica por centenares de reimpresiones. Aunque circunscrita a dar a conocer el estado social de los antiguos pueblos americanos, el descubrimiento i conquista sólo de algunos de estos paises, i el sistema colonial de los europeos, i aunque sobre muchos de estos puntos la investigacion moderna haya modificado mucho lo que se sabia en tiempo de Robertson, la obra de éste conserva junto con su valor literario, el que le ha impreso un alto i razonado espíritu de crítica i el estudio concienzudo de todas las fuentes de informaciones que era posible conocer entónces. La lectura de esta obra, útil por su fondo histórico, lo es igualmente como un modelo del arte de la narración”, p. 22; “Prescott (William H.) History of the reign of Ferdinand and Isabella the catholic, 3 v., Boston, 1838; History of the conquest of Mexico, 3 v., New York, 1843; History of the conquest of Peru, 2 v., New York, 1847. Estas tres obras, reimpresas muchas veces, traducidas a numerosos idiomas (en Chile se han hecho dos ediciones de la Conquista del Perú i una de la Conquista de Méjico) i mui aplaudidas por la crítica ilustrada, son el fruto de un gran trabajo de investigacion; i por el arte de la composicion i de las formas literarias, constituyen verdaderos modelos del buen jénero histórico. La primera de ellas, si bien no está precisamente contraida a la historia de América, refiere con estudio i con criterio el descubrimiento del nuevo mundo i los primeros progresos de la colonizacion”, pp. 20-21.
  85. Barros Arana, Historia de América, en OC, I, p. 5.
  86. Barros Arana, Diego, “Notas para una bibliografía de obras anónimas i seudónimas sobre la historia, la jeografía i la literatura de América”, en OC, VI, pp. 369-559.
  87. Archivo del General Mitre, Tomo XX, Carta de D. Barros Arana a B. Mitre, 7 de Junio de 1860, p. 11.
  88. “Don Mariano Torrente”, en Barros Arana, OC, X, pp. 397-423; “Bartolomé Mitre.- Reseña Biográfica”, en OC, IX, pp. 488-504.
  89. Barros Arana, Historia, Tomo XVI i último, p. 360.
  90. Archivo del General Mitre, Tomo XX, Carta de D. Barros Arana a B. Mitre, 12 de Julio de 1864, pp. 26-27.
  91. Archivo del General Mitre, Tomo XX, Carta de D. Barros Arana a B. Mitre, 30 de Abril de 1865, p. 42.
  92. Barros Arana, Historia de América, OC, I, Prescott, cf. supra, nota 83; “irving (Washington). The history of the life and voyages of Christophe Columbus, 4 v., London, 1828 Hasta ahora la mejor, la mas completa i la mas interesante historia de Colon, por mas que en muchos puntos haya adelantado estraordinariamente la investigacion. Existen de ella numerosísimas ediciones i traducciones a casi todos los idiomas de Europa. En Chile se han hecho dos ediciones de la traduccion castellana. El mismo autor preparó un compendio de esta obra para el uso de la juventud, del cual se hizo en Chile una traduccion castellana, publicada en 1893; Voyages and discoveries of the companions of Columbus, 1 v., London, 1833. Complemento de la obra anterior, igualmente reimpresa muchas veces i traducida al castellano i a otros idiomas; Life of George Washington, 5 v., New York, 1855 a 1859. Libro de mui interesante lectura, pero sin novedad particular en la investigacion, que ha sido muchas veces reimpreso, i traducido a varios idiomas, pero no al castellano ni al francés”, p. 15; “Bancroft (George). History of the United States, from the discovery of the american continent to the present time, 12 v., Boston, 1834-1874. Obra capital, por la prolijidad de la investigacion i por el arte de la composicion, muchas veces reimpresa i traducida al frances. No alcanza mas que hasta el fin de la guerra de la independencia”, p. 8; “Aleman [sic] (Lúcas). Historia de Méjico desde los primeros movimientos que prepararon su independencia en 1808 hasta la época presente, 5 v., Méjico, 1849-1853. Obra de grande investigacion, metódica y ordenada, i capital para el estudio de la revolucion de la independencia de Méjico”, p. 6; “Restrepo (José Manuel). Historia de la revolucion de la república de Colombia, 4 v., Besanzon, 1858. Segunda edicion de una obra publicada en 1827, pero tan desarrollada i completada que se puede considerar una obra absolutamente nueva. Comprende la historia de la revolucion de la independencia en nueva Granada, Venezuela i Quito, i la historia de la república de Colombia hasta su disolucion en 1831. Si se le puede reprochar que su plan no es suficientemente apropiado para formarse de una sola lectura una idea clara de aquellos acontecimientos, no se le puede desconocer su valor como fuentes de noticias abundantes, jeneralmente exactas, i espuestas con bastante imparcialidad”; “Baralt (Rafael María). Resúmen de la historia de Venezuela, 3 v., Paris, 1841. El mejor libro que existe sobre historia jeneral de ese pais. Hai ademas una segunda edicion hecha en Curazao”, p. 8; “Amunátegui (Miguel Luis). La dictadura de O’Higgins, 1 v., Santiago, 1853. Libro reimpreso en dos ocasiones; La Reconquista española (1814-1817), 1 v., Santiago, 1852. […]; Descubrimiento i conquista de Chile, 1 v., Santiago, 1862. Existe ademas una reimpresion de este libro notable, hecha en Leipzig”, p. 6; “Mitre (Bartolomé) [Se refiere a la Historia de Belgrano y a la Historia de San Martín, de las cuales sólo la primera pudo ser utilizada en la composición de la Historia de América]. Estas dos obras, de título i de carácter biográfico, constituyen, sin embargo, el mejor arsenal de noticias acerca de la historia de la revolucion de la independencia de la República Arjentina […]”, p. 17; “Varnhagen (Francisco Adolfo). Historia geral do Brasil, 2 v., Rio de Janeiro, sin año de impresion. El autor de este libro, que al frente de él ha puesto, no su nombre, sino su título de Vizconde de Porto Seguro, habia hecho la primera edicion en Madrid en 1854. La segunda, llamada de Rio de Janeiro, fue impresa en Viena en 1875, i contiene notables modificaciones sobre la primera. Esta historia, la mejor que existe sobre el periodo colonial del Brasil, i fruto de un largo estudio en bibliotecas i en archivos, se detiene al iniciarse la revolucion de la independencia. La primera edicion contaba los primeros pasos de ésta, hasta setiembre de 1822. El autor dejó escrita una continuacion o historia de la revolucion e independencia del Brasil que no se ha publicado”, p. 25.
  93. Opinión sintética de Barros Arana sobre Navarrete: “Navarrete (Martín Fernández de). Colección de los viajes i descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV, 5 v., Madrid, 1825-1837. Valiosa compilacion de documentos para la historia del descubrimiento de América i de los grandes viajes marítimos que se le siguieron. Grandes porciones de esta colección han sido traducidas a otros idomas, i los dos primeros volúmenes han sido reimpresos”, p. 19.
  94. Barros Arana, Diego, Historia de América, “Introducción a la edición de 1865”, OC, I, pp. 2-3.
  95. Barros Arana, Diego, Historia Jeneral, I, p. I.
  96. Archivo del General Mitre, Tomo XX, Carta de D. Barros Arana a B. Mitre, 5 de Diciembre de 1875, p. 80. Sobre el significado de la polémica Bello-Lastarria acerca de la historiografía cf. el ensayo “En torno a la fundamentación de la historiografía latinoamericana”, en este libro.
  97. Barros Arana, Historia de América, OC, I, p. 88.
  98. A ambos dedicó importantes estudios individuales; cf. OC, VI.
  99. Mellafe, Barros, pp. 33-37.
  100. William Robertson (Borthwick, 1721-Edinburgo, 1793). Hizo estudios en la Universidad de Edinburgo, y en 1741 fue autorizado para ejercer el ministerio presbiteriano. En 1743 consiguió un beneficio eclesiástico, y en 1745 se unió a las fuerzas que luchaban contra el pretendiente Charles Stuart. Ese mismo año murió su padre, lo que lo dejó a cargo de la familia, pudiendo casarse recién en 1753. Por esos años ya participaba en la Select Society, junto con Smith y Hume. En 1751 publicó la History of Scotland, que mereció la aprobación de Burke, Gibbon y d’Holbach. En 1758 se le otorgó el doctorado de la Universidad de Edinburgo; en 1762 rector de la Universidad de Edinburgo, al año siguiente fue nombrado cronista de la Corona para el reino de Escocia. Tiene también importantes ocupaciones eclesiásticas. En 1769 publica su historia del emperador Carlos V, y en 1777 la historia de América. En 1791 apareció en Londres Historical Disquisition concerning the Knowledge which the Ancient had of India; and the Progress of Trade with that Country prior the Discovery of the Passage to it by the Cape of Good Hope. En 1777 se lo nombró miembro de la Real Academia de la Historia de Madrid, en 1781 de la Academia de Padua y en 1783 de la Academia Imperial de San Petersburgo.
  101. Hemos utilizado: Robertson, William, Historia de la América, traducción de Bernardino de Amati, precedida de una breve noticia de la vida del autor, en la Imprenta de Dn. Pedro Beaume, Burdeos, Tomo I, XLII + 340 pp.; Tomo II, 278 pp.; Tomo III, 360 pp.; Tomo IV, 442 pp. Una edición moderna en inglés: Robertson, William, The History of the Discovery and Settlement of America, Harper & Brothers, New York, 1943, 570 pp.
  102. Robertson, Historia, pp. XIX-XX.


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