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3 Nir Barkat y la emergencia de una «Jerusalén abierta»

3.1. El empresario, filántropo y político

Cuando en 1988, tres científicos informáticos israelíes fundaron una compañía especializada en el desarrollo de softwares de anti-virus, no sospecharon que pronto estarían entre los empresarios más ricos del país. Probablemente, esa meta haya estado en el horizonte de sus expectativas desde el comienzo pero eso, además de ser indemostrable, no es relevante aquí. La firma se llamó BRM Technologies y no tardó en captar la atención del mercado. Cinco años después, la enorme corporación norteamericana Symantec, líder internacional en el sector, adquirió la empresa, que pasó a llamarse BRM Group.

En poco tiempo, lo que comenzó como una start-up se transformó en un notable grupo de inversión que, apalancado por su nuevo volumen de capital, decidió diversificarlo. BRM continuó desarrollando tecnología informática por su cuenta y, por otro lado, adquiriendo acciones de otras compañías, como CheckPoint Technologies. Las vidas de estos tres socios fundadores cambiaron rotundamente al integrar el círculo de los empresarios más acaudalados de Israel. Dos de estos socios fundadores continuaron liderando BRM, y lo hacen hasta la fecha; el tercero, optó por otro camino.

Nir Barkat dejó su puesto en el directorio de la empresa que fundó con su hermano Eli y con Yuval Rakavy en 2003 cuando se presentó como candidato a alcalde de la ciudad de Jerusalén por primera vez. Bautizó a su partido «Jerusalén vencerá» (ירושלים תצליח, Yerushalayim Tatzli’ah) prescindiendo del marco que ofrecía cualquier fuerza nacional o municipal. Desde 1999, Barkat se interesó gradualmente en la situación del sistema escolar jerosolimitano. Habiendo hallado en la educación online un nicho para invertir apostó a financiar una ONG como filántropo: The Snunit Center for the Advancement of Web Based Learning.

Podría decirse que Barkat notó ser capaz de aplicar sus mismas habilidades como emprendedor y accionista en el maridaje de start-ups sobre tecnologías digitales e internet y las expectativas del capital financiero, con la aplicación de esas mismas tecnologías a la resolución, si se quiere, de una necesidad «pública»: la educación. Más tarde, Barkat reconocería que su vocación política podía rastrearse a esta experiencia[1]: hábil para potenciar negocios de empresas adquiridas o como consultor de emprendedores más chicos, e igualmente eficaz para «satisfacer» otras demandas como gobernante.

Volvamos a las elecciones municipales de 2003. Barkat era entonces un advenedizo a la política. Compitió como independiente, desde una posición moderada, de centro, y sin el apoyo de ningún referente nacional, contra Uri Lupolianski, candidato de la alianza de Degel HaTorá y Agudat Israel, el Judaísmo de la Torá Unido, partido religioso del sector ortodoxo ashkenazí, con presencia en el Parlamento. En unas elecciones con un bajo nivel de sufragio[2], los resultados no fueron desestimables para un primer intento, pues Barkat logró el 43% de los votos, erigiéndose en líder del bloque de oposición como flamante concejal.

A partir de entonces, elaboró una plataforma ideológica en base al diálogo surgido con referentes de la política nacional, eludiendo, estableciendo y rompiendo alianzas con ellos en torno a temas centrales en la agenda israelí: la soberanía, el conflicto con los palestinos, el status de Jerusalén. Sobre estos puntos, Barkat estableció una articulación discursiva que he analizado. Este preludio biográfico es una primera invitación al examen de los aspectos constitutivos de la visión que Barkat tuvo para Jerusalén, basados en en sus enunciados públicos como soporte observable, como clave de acceso a la construcción de una serie de representaciones inéditas sobre ellos: una racionalidad política.

3.2. Contexto histórico de asunción y vínculos entre Barkat y los partidos tradicionales

Las elecciones municipales de 2008 fueron el escenario de la victoria de Barkat[3], pero antes de emprender esta analítica sobre la concepción y ulterior ejercicio efectivo del poder político desde una esfera de gobierno oficial-estatal, es preciso dar cuenta de lo siguiente. Tanto en 2003 como en 2008, Barkat se presentó como candidato independiente, líder de un partido municipal creado por iniciativa propia, aunque esto no supone una trayectoria unilineal. Nos ubicamos en este período de concejal multimillonario encumbrado líder de una oposición heterogénea a un gobierno que concentró el voto ortodoxo, especialmente, el del sector ashkenazí. Barkat no pertenecía a las filas partidarias del sionismo religioso, ni a las de los sectores ortodoxos; tampoco a las del laborismo o de la izquierda. No es extraño que este nuevo dirigente, liberal, de centro, secular, incluso con cierto atractivo entre comunidades religiosas, despertase especulaciones sobre su posible incorporación a partidos con peso nacional.

La amistad entre Nir Barkat y Ariel Sharon mantuvo a los periodistas ocupados, preguntándose por qué Barkat no «oficializaba» una afiliación formal a Likud, pero eso no le preocupaba. Como hoy sabemos, Barkat terminó aliándose con Likud y su política se alineó a la de Benjamin Netanyahu desde que éste asumió como primer ministro por segunda vez en 2009, mismo año que Barkat asumió su cargo de alcalde. En efecto, hoy podría parecer «lógico» suponer que ciertas especulaciones tenían algo de asidero, sin embargo, eso sería una lectura errónea o anacrónica[4]. Asimismo, es relevante destacar que Barkat solamente se unió al Likud durante su segundo mandato y si al momento de escritura de estas páginas, forma parte del bloque del Likud en el cuarto gobierno consecutivo de Netanyahu como legislador nacional, entre 2003 y 2008, su posición se acercaba mucho más a la de quien sería su eventual predecesor en el cargo de alcalde: Ehud Olmert, líder del partido Kadima, «Adelante», en hebreo.

La relación entre Barkat con primeros ministros en funciones, tomada como dimensión analítica, adquiere una relevancia sustantiva si consideramos otra dimensión que, como también se dijo antes, es determinante en la plataforma ideológica de los partidos israelíes. Me refiero concisamente al posicionamiento frente al status político de Jerusalén, aspecto central en el conflicto con los palestinos, íntimamente ligado a la predilección por una opción de uno o dos Estados y a discusiones sobre criterios de reconocimiento de derechos políticos y civiles a palestinos e intercambio de territorios.

Le tomó años a Nir Barkat formalizar una afiliación con el partido del primer ministro en funciones, desde el momento «cero» en que asumió su cargo como concejal, como luego, ejerciendo el de alcalde. Centrémonos primero en estos años inmediatamente anteriores a su arribo al ejecutivo de la Municipalidad de Jerusalén: 2003 es el año en que Ehud Olmert terminó su mandato como alcalde de la ciudad y también, el que Barkat comenzó su carrera política. Tres años más tarde, en 2006, Olmert fue nombrado primer ministro.

El nuevo milenio había iniciado con violencia. Las expectativas de paz y reconciliación surgidas durante los Acuerdos de Oslo, que apuntaron a la coexistencia de dos Estados vecinos, no parecían hallar un escenario propicio para concretarse. Al contrario, algunos de los ejes centrales que provocaron desacuerdos entre las partes fueron las rivalidades internas en el campo palestino entre Fatah y Hamas, la demora en la transferencia de territorios (Cisjordania y hasta 2005, Gaza) por parte del Estado de Israel, y en relación a eso, la opacidad respecto a los procedimientos para llevar esto último a cabo y la pregunta de «a quién» entregar el mando.

Así como no existió ni existe unanimidad de posiciones respecto a la resolución del conflicto, israelo-palestino, el diálogo que pareció ser fructífero en 1993 se estancó a fines de la década de 1990. Una de las mayores piedras con las que se tropezaron las negociaciones fue la cuestión jerosolimitana, prospectiva capital para ambos Estados. Jerusalén es la capital israelí de hecho, incluyendo Jerusalén Este. La ciudad es igual de indeclinable para ambas partes. Así, la mutua sospecha entre la dirigencia palestina respecto a qué estaba realmente sobre la mesa cuando durante Oslo y Camp David se discutió sobre la suerte de la ciudad, terminó demostrando que un acuerdo de paz definitivo no sería viable a raíz de esta cuestión.

La intransigencia israelí sobre ceder Jerusalén Este creció a medida que las negociaciones se estancaron y surgió, en un plano de discusión cada vez más informal, la prospectiva solución de los «Parámetros Clinton» de diciembre de 2000. En pocas palabras, las pretensiones territoriales de cada parte serían satisfechas en términos de reconocimiento soberano siguiendo un criterio demográfico: aquellas zonas con mayoría de una u otra población pertenecerían ya al Estado de Israel, ya al futuro Estado palestino.

Los Parámetros nunca fueron refrendados oficialmente. En su momento, fueron presentados para reencauzar las conversaciones iniciadas en Oslo: los israelíes los aceptaron con reservas y los palestinos los rechazaron. A pesar de esto, en virtud de sus disposiciones, de ambiguo status legal (pues no integran ningún acuerdo formal), se intensificaron las actividades del movimiento colono en Jerusalén Este y en Cisjordania. Es notable que ciertos sectores de la derecha liberal nacionalista y la religiosa de Israel comprendieron, una vez más, que además del patrullaje policial y militar, la habitación efectiva de estos territorios era un factor clave para garantizar el dominio israelí sobre ellos. Aunque el fracaso de negociar en base a los Parámetros Clinton derivó en el estallido de la Segunda Intifada, la perspectiva del reconocimiento soberano en base a una mayoría demográfica sigue operando en las representaciones de las autoridades israelíes desde entonces: veinte años transcurrieron y, cada vez más expandidos, los asentamientos en Jerusalén Este y Cisjordania son más «difíciles» de desmontar.

En base a todo esto, es preciso recordar que Netanyahu, primer ministro durante la segunda mitad de los años noventa, no era afecto a los Acuerdos de Oslo. Se han publicado cientos de artículos periodísticos sobre la cuestión; incluso se viralizó un video en el que Netanyahu admitía haberlos «liquidado». Ahora bien, mientras parte del espectro político israelí rechazaba los Acuerdos en las elecciones de 1996, Netanyahu no hizo campaña en su contra y alineó a Likud en conformidad con la prospectiva partición territorial entre un Estado israelí y uno palestino que emergería de la creación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Sin embargo, en esos años, Netanyahu no hizo más que «estirar» las conversaciones buscando desgastarlas: por ejemplo, permitió la construcción de asentamientos en Cisjordania y el barrio Har Homa en Jerusalén Este, políticas contradictorias con las promovidas en el plan de progresiva retirada israelí sobre esos territorios en el plazo de cinco años, pero en línea con los Parámetros Clinton. Como podrá notarse, la ambigüedad respecto a la cuestión es estratégica: los medios para socavar el cauce de ciertos compromisos políticos, formales, se hallan a veces, en forma más clara, en «facts on the ground«, cuya informalidad es congruente con condiciones de negociación que no son del todo transparentes.

Netanyahu compitió por su reelección en 1999, pero fue vencido por amplio margen por Ehud Barak, quien representando a Avodá, el Partido Laborista, asumió formando una coalición de gobierno en la que sumó al partido religioso sefaradí, Shas, que se encumbró en sus primeras elecciones como tercera fuerza detrás del Likud, y que le restó eventualmente el apoyo del partido de izquierda, Meretz, entonces la cuarta fuerza. Barak participó de la Cumbre de Camp David en 2000 aclarando que su postura era consistente con la política de Oslo: la solución de dos Estados. Para entonces, la dirigencia palestina estaba desgastada: el plazo para formar un Estado soberano había vencido hacía dos años y las rivalidades propiciaron luchas de poder, acusaciones mutuas y deserciones de Fatah hacia Hamas y Jihad Islámica. Asimismo, la relación con la contraparte israelí también se tiñó de desconfianza: si en Shimon Peres como presidente se veía a un aliado, en Netanyahu como primer ministro se contradecía ejecutivamente la concreción de las condiciones de los Acuerdos. En este escenario, Barak logró evacuar la ocupación israelí del sur del Líbano (no exento de episodios de violencia) pero fracasó en encauzar las conversaciones de paz y llamó a elecciones nuevamente.

Heredó ese contexto Ariel Sharon, el prestigioso político y ex comandante que expresaba una posición contraria a la de Netanyahu dentro del partido. Sharon asumió en 2001 y durante su mandato abogó por una solución de dos Estados. Célebre por autorizar la retirada unilateral de fuerzas militares y asentamientos israelíes de Gaza en 2005 y por mantener conversaciones con Mahmoud Abbas, presidente de la ANP, durante el gobierno norteamericano de George W. Bush, Sharon fue simbólicamente responsable de otro gran episodio del conflicto.

Mientras los hermanos Barkat y Yuval Rakavy fundaban su empresa, la Primera Intifada expresaba el malestar de la población palestina en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este. Durante los años de exilio de los dirigentes de la OLP, surgieron nuevos movimientos sociales de base que suplieron la inexistencia de una entidad eficaz en atender sus necesidades materiales. De la asistencia social a la instrucción religiosa, de las actividades recreativas a la formación militar, las prácticas de militancia inspiradas en los Hermanos Musulmanes de Egipto ya presentes en Gaza desde 1973, llevaron a la fundación de Hamas en 1987. El movimiento rápidamente se popularizó, antagonizando con Fatah, encarnación partidaria de la OLP, y con Israel.

La Primera Intifada estalló en 1987 y se prolongó hasta 1993, con los Acuerdos de Oslo; el mismo año que Symantec adquirió BRM. Desde entonces, las Fuerzas de Defensa de Israel, FDI, desarrollarían una nueva semántica y una nueva mirada al conflicto, en virtud de las exigencias que representaba combatir con población civil en condiciones de guerra de guerrilla, y no de guerra total o enfrentamiento abierto. Esta perspectiva se consolidó progresivamente a partir de la articulación de un ensamblaje de tecnologías de seguridad tendientes a ejercer un control sobre las conductas de los palestinos.

El 28 de septiembre de 2000, Sharon visitó la Explanada de las Mezquitas/Monte del Templo, el sitio más sagrado para el judaísmo y el tercero para el Islam. Acompañado de una comitiva de referentes de Likud y por alrededor de mil efectivos policiales, aseguró que Israel no se desprendería de Jerusalén ni de aquel sacro recinto, despertando el repudio de miles de palestinos que tomaron el gesto como una provocación directa a la expectativa de realizar un Estado autónomo, con Jerusalén Este como capital. Este hecho es considerado el comienzo de la Segunda Intifada, que propició el ejercicio de tácticas de seguridad cristalizadas en la estrategia de «barrido del pasto» y en la edificación del muro de separación entre Israel y los Territorios Ocupados (Shlay & Rosen, 2015; Inbar & Shamir, 2014, Alatout, 2009).

El muro vadeó el trazo de la Línea Verde de forma tal que al no respetarla, incorporó de facto áreas en las que se emplazaban asentamientos israelíes a los que se les dio contigüidad territorial con Israel, a la vez que se «encapsularon» aldeas y pueblos palestinos que quedaron desconectados del resto de Cisjordania: esto tendría su eco en la propia ciudad de Jerusalén, dando lugar a lo que se conoce como «zona de costura». La producción de estos nuevos espacios urbanos y desplazamientos demográficos se explica a la luz de aquella perspectiva mencionada de reconocimiento soberano a partir de mayoría demográfica.

Los años de Sharon como primer ministro instauraron una cultura de seguridad que propendió a separar geográficamente a israelíes y palestinos en virtud de la construcción de un sujeto eminentemente peligroso inmanente al otro etno-nacional. El muro supondría una tecnología imbricada en una serie, en un dispositivo, como aquí lo entenderemos, que apuntaló a disminuir los atentados terroristas limitando el desplazamiento de potenciales militantes del Islam político hacia las ciudades israelíes (Shlay & Rosen, 2015, Alatout, 2009). Dicha acepción de tecnología de gobierno correspondiente a una sociedad de seguridad apunta a vislumbrar cómo el conocimiento de los acontecimientos y de las prácticas vinculadas al otro-peligroso puede llevar a intentar reducirlas a una mínima expresión posible.

Durante el gobierno de Yitzhak Rabin, a comienzos de los noventas, el laborismo había planteado construir un muro que materializara las fronteras formales de dos Estados separados, sin embargo, su ulterior edificación por parte de Likud se dio en el marco de otro contexto y en razón de otros criterios. Sharon, partidario de una solución de dos Estados, autorizó la retirada de Gaza a la vez que, poco a poco, se integraron trazos de muro, complejo de vallas, cámaras de seguridad y pasos fronterizos/checkpoints que hacen al «muro» propiamente dicho. Como dije, Sharon no dejó de fomentar las conversaciones con los palestinos, ni tampoco lo haría Ehud Olmert, quien recién terminaba su mandato como alcalde de Jerusalén y ejercía entonces como vice primer ministro. Sharon fundó Kadima, un nuevo partido que presentó una agenda menos conservadora que la de Likud, abogando por la retirada total de Israel de los Territorios Ocupados; Olmert lo acompañó hasta el final.

La salud de Sharon quedó gravemente comprometida a fines de 2005 y, desde comienzos de 2006 hasta su muerte en enero de 2014, permaneció en coma. Olmert lo reemplazó y llamó a elecciones. Venciendo a su viejo partido, Olmert fue nombrado primer ministro y continuó la política de Sharon. Años más tarde se lo recordaría, anecdóticamente, por un mapa dibujado a mano que Abbas presentó a sus asesores a partir de la última propuesta que hizo Olmert antes de dimitir por cargos de corrupción. El mapa que Mahmoud Abbas dibujó en una hoja de cuaderno anotador de la ANP sugería que Olmert planteaba un retorno a las fronteras previas a 1967. Habría ciertas concesiones territoriales: Israel cedería territorios en pos de recibir los asentamientos de Gush Etzion y Ma’ale Adumim, en torno a Jerusalén. La cuestión capital, por su parte, no puede desestimarse en ningún plan de partición: Olmert estaba dispuesto a dividir Jerusalén según la concentración de población en cada barrio y a compartir la soberanía con el Reino de Jordania y el waqf (autoridad religiosa), sobre la Explanada de las Mezquitas, que pasaría a ser administrada por un organismo compuesto por Israel, la ANP, Jordania, Estados Unidos y Arabia Saudita.

Como dictaron los acontecimientos sucesivos, nada de esto se llevó a cabo: Olmert fue condenado y encarcelado por causas de corrupción y cohecho. Este es, pues, el contexto en que Nir Barkat se hallaba cuando lideraba la oposición en la Municipalidad. Si durante algún tiempo había eludido la formalización de su adscripción a Likud, en 2006, decidió aliarse con Olmert e ingresó a Kadima, formalizando su representando en la esfera local. Barkat no tardaría, sin embargo, en denunciar la propuesta de división de la ciudad y alimentar los rumores sobre su partida, abandonando el partido en 2008. Ese año lanzó su candidatura, nuevamente como independiente. En esa ocasión, fue elegido alcalde. A lo largo de los años que siguieron, Barkat no dejó de criticar duramente a su predecesor, antiguo aliado y jefe político, en virtud de su indeclinable posición sobre Jerusalén: ciudad que concibió inexorablemente unificada bajo soberanía israelí.

3.3. Atribuciones exclusivas de un alcalde jerosolimitano profesional

Nir Barkat concibió una racionalidad política particular respecto a la centralidad que ocupa Jerusalén, simbólica y materialmente, en la identidad nacional israelí. En razón de esa centralidad erigió, discursivamente, una serie de dimensiones que he intentado descifrar y que aquí expondré. Todas ellas están vinculadas con su manera de entender la tarea de gobernar la ciudad, que se desprende a su vez, del modo en que comprendió a Jerusalén en tanto ciudad, y que enmarcó sus actos como gobernante. Es decir, estas dimensiones componen una racionalidad sobre los problemas de la ciudad y las prácticas pertinentes a su resolución. Por otro lado, apreciar estas dimensiones es relevante en el esfuerzo de dotar de inteligibilidad, aquella economía política que Barkat promulgó.

He identificado un conjunto de dimensiones a partir del proceso de codificación que aquí presentaré en algunas agrupaciones sintéticas. Exploraré, entonces, una inicial entre ellas. El gentilicio jerosolimitano resuena en la semántica de Barkat. Precisamente, el sentido de pertenencia a la ciudad, reforzado en la cualidad de ser autóctono, se alza en sus discursos como sinónimo de idoneidad para gobernarla. Esto se manifestó especialmente en la desestimación de las habilidades de los candidatos con los que compitió en 2013, año de su reelección. Veamos cómo presentó la cuestión en el Jerusalem Center for Public Affairs, años antes de eso, en 2010:

«Soy un jerosolomitano que pasó quince años en el sector de alta tecnología, llevando a las empresas e ideas israelíes al mercado global. Me retiré hace siete años, y desde entonces he estado trabajando por un shekel por año promoviendo y desarrollando la ciudad de Jerusalén.»[5]

Barkat destacó su vocación por los negocios del mismo modo que su sentido de deber por el servicio público. Existe una esfera de éxito personal susceptible de trasladarse a otra: un plano general en el cual el jerosolimitano puede ofrecer un desempeño correlativo a ambas esferas. El éxito profesional deviene una garantía de idoneidad que se complementa con el sello autóctono. Recurrentemente, Barkat destacó que trabajaba por un shekel al año: señal de un alto nivel de preparación para oficiar las tareas del alcalde, pero además, de dispensar a la ciudad de los recursos necesarios para compensarle. Para una ciudad pobre, se trata de un gobierno sin precedentes: más que eficiente, autosuficiente. Barkat promovió un gobierno de expertos-tecnócratas, comenzando por él mismo: alguien capaz de percibir y generar oportunidades de negocio y crecimiento económico para uno mismo, puede hacerlo para otros; para su ciudad.

Aparece en este intersticio una relación privilegiada entre el ciudadano realizado que puede arrojarse a la vita activa a la manera arendtiana, conectando el plano íntimo de la economía personal-hogareña con la economía de la ciudad; una relación entre las esferas privada y pública que merece detenimiento. En 2013, Barkat comenzó respondiendo una entrevista para el diario The Times of Israel, de esta manera:

«Nir Barkat: Tienes que entender mi motivación para entender por qué estoy aquí en primer lugar. Soy un jerosolimitano de toda la vida. Y mientras estaba [trabajando] en alta tecnología, felizmente por siempre [jamás], haciendo mi negocio y trabajando para mi hogar, me involucré en la filantropía. Mi esposa y yo pusimos unos cuantos millones de dólares en el sistema educativo y me expuse a los desafíos de mi ciudad: la migración negativa, la pobreza, el hecho de que Jerusalén se haya convertido en una de las ciudades más pobres de nuestro país.

Desafortunadamente, la pobreza y la educación, todos los parámetros iban en la dirección equivocada. Cuando realmente entiendes las tendencias que se estaban desarrollando aquí antes de que decidiera convertirme en alcalde, eso plantea una gran preocupación. Fue una gran preocupación para mí, así que decidí retirarme de todas mis carreras comerciales, eso fue hace casi 12 años, y desde entonces he trabajado para un shekel por año para el futuro de la ciudad.»[6]

La relación entre «felicidad», «realización», «consagración» personal, individual, y las condiciones estructurales objetivas para lograrlo se vinculan en enunciados como el anterior. Es inviable, de acuerdo a Barkat, la felicidad personal si ésta no es compartida: después de todo, el bienestar material que propicia la acumulación de capital sólo puede asegurarse a partir de su reproducción; desde que Marx y Engels lo expusieron, sólo la generación de valor puede generar más valor. Ahora bien, el reaseguro del sustento material aparece como condición de posibilidad y de inspiración personal, de la búsqueda de la buena vida, posible, ya en términos aristotélicos, o conforme a la noción de vita activa arendtiana (Arendt, 2010), a partir de una cuantiosa acumulación de capital resultante de una crematística eficaz. La actitud de Barkat pareciera corresponder en citas como esta, a un antiquísimo ideal de la democracia: quien prescinde de trabajar puede dedicarse a la administración de los recursos públicos y al gobierno de los asuntos públicos; en otras palabras, a inmiscuirse en la vida en la polis.

Sin embargo, noto aquí una particularidad surgida de la orientación filantrópica de la que se jactó Barkat sobre la educación. Leído en clave del modelo de desarrollo económico que propulsó como alcalde, la educación fue pensada como un factor en la cadena de generación de valor para la ciudad. Como se verá, estuvo ligada a fomentar la producción de una mano de obra especializada consistente con la noción de capital humano propia del neoliberalismo: la clase creativa de Richard Florida, economista, profesor, y asesor de Barkat.

Puede adelantarse que se trata de un apoyo a la educación concebido para apalancar las condiciones de expansión de un sector en particular, el de la industria de tecnología de alta complejidad, que abreviaré como hi-tech. La formación y capacitación de personal idóneo entraña el potencial de brindar a otros la misma posibilidad de dedicarse a la política, como eligió Barkat. Dicha exaltación de habilidades y conocimientos que cruzan trayectorias personales con el crecimiento de un sector económico descansa sobre la perfectibilidad del ciudadano como capital humano. Las capacidades de Barkat para producir y reproducir valor dentro de un ecosistema de start-ups que requieren su capital cultural y know-how, constituyen elementos de una noción que desplaza la capacitación del hombre y de la mujer como ciudadanos formados, que en tanto mejor instruidos, mejor podrán participar de la cosa pública. En otras palabras, el impulso a la educación percibido en la inspiración de Barkat propende a la generación de ciudadanía únicamente a través de la exacerbación de actores económicos formados conforme a las necesidades de las industrias claves de Jerusalén.

En la Clase del 12 de enero de 1983, Foucault indaga en la noción de un decir veraz acerca de sí mismo, un hablar «con licencia» en el que toda la verdad sobre uno mismo es ofrecida al otro: la parrehsía. Podría considerarse que la racionalidad política del «alcalde de 1 shekel al año», que dispensa a la ciudad de gastos por prescindir de un sueldo, es el más eficiente emprendedor de sí para «facilitar» los medios desde el gobierno concibiendo a la población como emprendedores de sí mismos. Considero que es posible problematizar el modo en que Barkat se presentó ante el público, sus representados, a partir de esta noción de parrehsía:

«Tenemos por tanto, si se quiere, toda una estructura, todo un paquete de conceptos y temas importantes: cuidado de sí, conocimiento de sí, arte y ejercicio de sí mismo, relación con el otro, gobierno por el otro y decir veraz, obligación de decir la verdad de parte de ese otro. Como ven, en el caso de la parrhesía estamos sin duda ante una noción situada en la encrucijada de la obligación de decir la verdad, los procedimientos y técnicas de la gubernamentalidad y la constitución de la relación consigo. El decir veraz del otro, como elemento esencial del gobierno que él ejerce sobre nosotros, es una de las condiciones fundamentales para que podamos entablar la relación adecuada con nosotros mismos que nos dará la virtud y la felicidad» (Foucault, 2014b; 61).

Este decir veraz no es gratuito: el parresiasta es aquel cuya voluntad de pronunciar la verdad lo expone a pagar un alto precio. Los ejemplos que ofrece Foucault manifiestan el carácter del parresiasta: Platón y Dión, respectivamente, enfrentan «situaciones límites», en efecto, una posible muerte por haber explícitamente «dicho la verdad». No está lo mismo en juego, quizás, en el acto voluntario de decir la verdad en el contexto contemporáneo, pero sugiero que es posible ver una especie de recreación de este aspecto parresiástico en la racionalidad política de Barkat, y con esto pretendo diferenciar una voluntad de establecer una verdad del análisis de un enunciado y sus prerrogativas retóricas. En concreto, veremos que Barkat dice la verdad de sí y de la administración municipal bajo su autoridad al ejercer la alcaldía porque se diferencia de sus antecesores. Por un lado, Olmert y Lupolianski fueron deshonrados por probadas condenas judiciales y, por otro, porque demostraron no haber concebido los medios más «adecuados» para mantener la soberanía sobre Jerusalén, en discusión a comienzos de la década dadas las proyecciones de Oslo y Camp David, ni por haber sabido encarnar los atributos necesarios para conducir las conductas de la población a tal puerto.

La noción de capital humano asume un significado notable y sumamente original. Barkat pronuncia una verdad sobre sí mismo cuando dice traer su expertise como emprendedor y accionista a la función pública: se trata de un desplazamiento de habilidades y capacidades, de generación de valor y oportunidades de inversión, al ámbito de gobierno. Dichos conocimientos y experiencias pesan en su racionalidad política como factores indispensables para la prosperidad económica de Jerusalén, en oposición a formas de hacer política que él mismo categorizó como corruptas; ahora, esa verdad pronunciada inscribe dichas formas como inadecuadas. Puede distinguirse aquí un despliegue de «mejores prácticas», en el sentido que las habilidades empresariales del sector privado vuelcan su presunta eficacia al gobierno de los asuntos públicos. Pasamos de una supuesta traslación de capacidades y habilidades de un plano a otro, a la mutación normativa que esto conlleva respecto a cómo ejercer dicho gobierno.

Barkat, como personificación del capital humano consagrado en su máxima expresión, un sujeto de alto rendimiento, una vez ungido alcalde, apuntó a la eficacia de la administración de recursos públicos promoviendo un arte de gobierno tendiente a la responsabilización que describe Brown. El éxito personal en los negocios se traslada a una pretensión semejante para con sus gobernados: Barkat será quien, desde la órbita estatal, propugnará la provisión de determinadas políticas públicas, en tanto tecnologías de gobierno, que modificarán las conductas de la población, adecuándolas a la noción de capital humano, es decir, acercando o facilitando oportunidades de consagración personal como emprendedores de sí mismo. Barkat, emprendedor de emprendedores, abordará la cuestión pública a partir de expectativas económicas de crecimiento; su racionalidad deviene una posible grilla de inteligibilidad de la exaltación del homo economicus neoliberal.

Esto me lleva a notar cómo alguien que se asume como pastor de una población de prospectivos emprendedores, de actores que habrían de comportarse como el tipo de homo economicus descripto, puede ser responsable por los demás para que éstos sean responsables por sí mismos. En su racionalidad, el mejor de los jerosolimitanos es el mejor por haberse destacado en su trayectoria profesional como empresario (de sí): en tanto aristoi, es quien puede gobernar ofreciendo las mejores condiciones para que los demás se destaquen, en la medida personal que cada cual pueda. Me centraré con mayor detenimiento en las condiciones estructurales, diferenciales, que una población etno-nacionalmente diversa presenta respecto a una desigual posesión de capitales económicos, sociales y culturales que le permitan a sus miembros «potenciarse» como ciudadanos, pensados por el alcalde, desde la figura de capital humano del neoliberalismo. Por ahora, quisiera asentar otra observación en forma de interrogante.

Quien demuestra ser un sujeto de rendimiento máximo, puede pasar del cuidado de sí, al cuidado de los otros: se manifiesta en su racionalidad la estructuración de un campo de incentivos que se aleja del modo de codificar el «quehacer político» de sus sucesores. El modo equívoco que Barkat denunció tiene que ver, por un lado, con la inadecuación de Olmert y Lupolianski a la figura del capital humano, por otro, con que no ninguno de éstos «trató» a la población conforme a dicha figura. La especie de democracia de los mejores que se esboza en la racionalidad de Barkat, responsabilizando a cada quien por su propio bienestar, necesariamente apunta a una restricción de oportunidades de ascenso: el criterio de selección, o mejor dicho, de elección de representantes, deberá darse en función de cualidades reconocibles por sus virtudes económicas.

Entonces, el conflicto palestino-israelí, la cuestión soberana jerosolimitana, deberá resolverse a partir de una operación singular: la homologación de expectativas sin importar la condición ciudadana ni la pertenencia etno-nacional. El tratamiento de la diversidad a partir de su inscripción en el mercado supondrá que la población refrendará a quien disponga de los mejores medios para el auto-gobierno. Por ende, las prácticas auto-instituyentes de sujetos que actúen de acuerdo a semejante cuidado del sí, y respondan a las de «sujeción» gubernamental, harán más eficaces las tecnologías que los moldeen, revelando las «mejores» prácticas para hacerlo.

En términos leforteanos, el acceso al ejercicio del poder político se vería limitado por la agudización de desigualdades estructurales que pasarán a ser responsabilidad de cada quien, cercando un grupo de excelsos entre los cuales la población debería hallar sus representantes. Podría decirse que se desdibujarían, a la vista de la población, las fuentes de la división social que constituye el orden social, la forma de la sociedad de la que participa. Por un lado, la calidad institucional de la democracia se vería disminuida por un desplazamiento de la deliberación sobre los conflictos que la atraviesan, como rasgo central, para alzar marcadores valorativos que ofrezcan la certeza de estar eligiendo «representantes correctos» por su mérito económico. No sería la discusión de ideas el rasgo definitorio de la democracia: no sería su forma de institucionalización del conflicto, sino la trascendencia del capital lo que asegure la demanda de un gobierno eficiente.

En lugar de contestar las condiciones que hacen a la desigualdad de la que parte dicha distinción de delegados selectos del pueblo, la silueta que Barkat propugnó recortar es una en la que el demos elige a quien puede ayudar a cada cual a crecer o «rendir» profesionalmente, lo que implica que el gobernante ha de corresponder, necesariamente, con un rol del Estado bastante particular: uno que expandirá los ámbitos a partir de los cuales se consagra como facilitador de la iniciativa privada, y no como espacio institucional de aparición de las diferencias ideológico-partidarias. En cierto sentido, pareciera que el encumbramiento de una sociedad de emprendedores que desplace aquella entre grupos etno-nacionales poseedores de status ciudadanos distintos, se ampara en desigualdades que reproduce de forma velada, como condición indispensable de dicho encumbramiento.

Nuevamente, esto pareciera ser congruente con la forma en que Brown (2015), Brockling (2011), Lemke (2002) y Dilts (2011) conciben al capital humano en plena vigencia del neoliberalismo contemporáneo: la afectación de la vida democrática en este contexto histórico es posterior a la obra de Lefort, lo que me lleva a tratar de entender cómo su noción sobre la democracia puede entenderse en la actualidad, ofreciendo el presente entrecruzamiento conceptual con el de las democracias neoliberales en la clave foucaulteana y la de algunos de sus más elocuentes continuadores. Consiguientemente, en la racionalidad de Barkat se observa una dimensión notable: la preocupación por la pobreza y la tendencia migratoria negativa en Jerusalén. Dentro de la población judía secular de Jerusalén, altamente especializada en los sectores que Barkat promocionaría luego como «clusters«, se comprobaba un saldo migratorio negativo dado el escaso atractivo que presentaba la ciudad para inversores, así como en virtud de la apreciación negativa de la violencia con los palestinos, los conflictos con los sectores ortodoxos, y los altos precios en el costo de vida reflejados en los alquileres.

No es extraño que Barkat haya colocado, tempranamente, la mira en la educación. El interés en el tipo de «inversión» que implica dedicarse a los asuntos públicos no se resume, exclusivamente, en la expectativa de mayor enriquecimiento personal; me interesa subrayar aspectos a partir de los cuales se definió, a sí mismo, el propio Barkat: el alcalde de un shekel al año, el alcalde generador de mercados. La identidad entre sujeto y territorio planteada en esta asociación dota de una especie de legitimidad la vocación política de mantener la soberanía sobre la ciudad y no renunciar a ella. Se plantea lo siguiente: todo actor foráneo, israelí o palestino, se halla inferiormente calificado para conducir las riendas.

Esta imposibilidad de confiar en el «correcto» ejercicio del poder político en virtud de, sí, posicionamientos ideológicos, pero fundamental y centralmente, el lugar de origen, descartan las intenciones, aspiraciones y habilidad de gobernar. En suma, la tarea no es delegable sino atribución preferentemente exclusiva para los nativos jerosolimitanos, rasgo primordial si consideramos que, para Barkat, la solución de dos Estados, de prevalecer en el contexto de eventuales negociaciones de paz, debe prescindir de la partición de la ciudad. En sus discursos, el futuro de la ciudad no es confiable más que a jerosolimitanos que comprendan «esto», atribución que Barkat compartiría con el electorado. Ahora sí, veamos cómo estableció la cuestión en el siguiente fragmento, que corresponde a la entrevista citada anteriormente:

«Esto no es un juego. No tengo ninguna duda en mi mente de que los residentes de Jerusalén entienden por qué se dio la vuelta a la ciudad y cómo tenemos un futuro mucho mejor juntos cuando soy el alcalde de Jerusalén.

¿Qué tan importante es para los votantes que su alcalde provenga de Jerusalén? Quizás no les importe, siempre que él o ella sepan lo que están haciendo. León tiene un currículum impresionante después de todo.

La gran mayoría de los residentes de Jerusalén entienden por qué necesitan una persona de Jerusalén cuyo corazón y alma se dediquen a administrar y dirigir a Jerusalén. Los habitantes de Jerusalén no quieren apostar a alguien que no conoce la ciudad, que no la vive y respira. Hay un gran interrogante sobre por qué está realmente aquí. ¿Quién está empujándote a venir aquí? ¿En qué estás interesado? Los de Jerusalén confían en mi juicio y liderazgo. Lo ves en cada ocasión. Los residentes de Jerusalén son un poco insultados por todo tipo de kombinot [tratos sucios]. Todos tuvimos suficiente y queremos un enfoque directo en el futuro de la ciudad. Y no apostar. Esto es Jerusalén, la Ciudad Santa, la Ciudad de la Justicia. Queremos centrarnos en eso y en nada más.»[7]

Barkat se asumió a sí mismo como ciudadano exitoso y realizado que dispone de su tiempo y de recursos económicos, con probada suficiencia para administrar y gobernar eficazmente, y trasladar su experiencia a la cosa pública. Personificando un pasaje del cuidado de sí al de otros, podría decirse que Barkat también realizó un tipo de tecnología del yo: gobernar estableciendo un campo de acciones posibles y «adecuadas» para defender y expandir sus inversiones logradas al más alto nivel. En otras palabras, al hacer rendir más el capital humano de otros, aumentarán las posibles ventajas de las que Barkat mismo podría beneficiarse como empresario. Si él es quien puede lograr revertir la estancada economía jerosolimitana, en parte es debido a una trayectoria personal, en parte, por ser él mismo, jerosolimitano.

Emergido del propio público al que apeló, Barkat se presentó como irremediablemente reconocible por él: subyace aquí la presunción de ser uno entre iguales, y entre todos ellos, el ungido; el mejor. Vale aclarar que en modo alguno entiendo que semejante condición de igualdad exista.

A su vez, esto se desprende de la operación política de fabricación de una marca a partir de la ciudad como lugar, como espacio de vida y de trabajo, reforzando aspectos que apelarán emotivamente a distintas audiencias. Al realzar la cualidad intrínseca de la pertenencia a, en este caso, Jerusalén, como rasgo distintivo que asegura un correcto y eficaz gobierno de los asuntos públicos, veremos en las secciones subsiguientes de este capítulo, que la institución de Jerusalén como una marca fue tanto parte de una política económica concreta, como de una economía política original en la ciudad.

Cabe destacar que para un alcalde que se apoyó en la medición periódica de la aprobación de la población sobre su gestión, como forma de cuantificación inteligible del éxito de sus políticas, una comparación entre los resultados electorales de noviembre de 2008 y octubre de 2013 revela las siguientes observaciones. La participación en las elecciones municipales de octubre de 2013[8] fue del 39% del total de empadronados: votaron 225.254 de 576.406 personas. El 95% de los votos emitidos entonces (214.049) fueron válidos: el 5% de votos inválidos (11.205 votos) fue superior al de las elecciones de noviembre de 2008 (7.730). Conforme a lo establecido previamente a partir de Korach (2008), pareciera que la participación en esta segunda instancia electoral ganadora para Barkat (la tercera en su carrera) fue menor que en elecciones anteriores[9].

Si las urnas refrendaron la expectativa de reelección de Barkat con mayor o menor éxito, es irrelevante ahora: tampoco invalida el contenido de los fragmentos reproducidos anteriormente. ¿Podría aventurarse que un alcalde cuya racionalidad política es congruente con aquellas valoraciones económicas que sustituyen y desplazan a las políticas, «arrastre» menos caudal electoral debido al propio estilo de política que promueve? ¿El tipo de democracia propugnada se «limita» a una constatación colectiva de las atribuciones de funcionarios como proveedores eficientes? ¿Cabe concebir esa tendencia de decreciente «desencanto» a nivel municipal a la luz de la tendencia nacional? Estas preguntas escapan a la cuestión, pero veamos brevemente qué ocurre en esta última dimensión.

Gráfico N°1: Porcentaje de votos válidos sobre total del padrón en elecciones legislativas nacionales, 2003-2019[10]

Graf Capítulo 3

El gráfico anterior ilustra una tendencia al alza en el volumen de participación del electorado empadronado durante las dos últimas décadas. Es evidente que desde 2006 en adelante, cuando tuvo lugar la escisión dentro de Likud que formó Kadima, comenzaron a recuperarse valores parecidos a los de principios del nuevo milenio. La fractura de la coalición de gobierno de diciembre de 2014, que propició el quiebre entre Likud, Hatnuá y Yesh Atid, propició un inédito escenario de altísima participación, obteniéndose la moda de la serie, con el 71,6% de participación sobre el total, para volver a valores más estables luego, comprobando que la tendencia en el ámbito nacional mostraba un incremento sostenido[11].

En suma, Korach (2008) observa una tendencia a una menor participación en las elecciones municipales, pero a nivel nacional, el incremento total señalado no resulta significativo si consideramos que la tendencia ha mostrado un moderado aumento después de compensar los valores de 2003. Por tanto, volviendo a nuestro caso, lo interesante no es necesariamente la concurrencia efectiva a las urnas, o aislar la particularidad jerosolimitana, sino que es relevante reparar en el estatuto de verdad que Barkat estableció respecto a la conducta esperable de la población en tanto electorado respecto a quién debe gobernar y cómo.

La comprensión de los aspectos inmanentes a la ciudad, sus desafíos y el diseño de programas «correctos», «eficaces» para gobernar la ciudad conforme a estos términos (el gobierno de sí y de los otros) están muy por fuera, decía el entonces alcalde, de un forastero. Dicha comprensión habría escapado también a sus predecesores: él se vio como el primer «mejor» entre los mejores de la ciudad, acorde a una racionalidad política que entiendo como eminentemente neoliberal.

3.4. Los alcaldes de Jerusalén: estilos de gobierno y el status de la ciudad

Al asumir la conducción de la Municipalidad, Nir Barkat no tardó en diferenciarse de sus predecesores. Los ejes de este distanciamiento que supone, a su vez, la construcción de una identidad propia, fueron los siguientes. Por un lado, la sustitución de los modos. Con esto me refiero a la suplantación de supuestos estilos de «hacer política» que Barkat adjudicó a los mandatos de Olmert y Lupolianski. A saber, como surge del análisis de documentos relevados para la producción de este texto, Barkat atribuyó la «ineficiencia» de sus predecesores a la emulación municipal de las jerarquías y competencias nacionales. Veamos, como entrada a este primer punto, cómo caracterizó Barkat a su antiguo jefe político. Así lo manifestó, por ejemplo, en una entrevista para el diario Haaretz, en 2013; en ella pueden localizarse elementos que serán retomados recurrentemente:

-«¿Crees que Olmert era un mal alcalde?

-‘Sí’.

-¿Por qué?

-‘Para empezar, creo que no entendió el ADN de esta ciudad’.

-¿Olmert? Él ha sido un jerosolimitano [un residente de la ciudad] durante décadas y es una persona muy inteligente.

-‘La ciudad que recibió de Teddy [Kollek; el histórico alcalde previo] y la ciudad que falleció no son la misma ciudad. Fue en su época, es cierto que también existió la [segunda] intifada, que comenzaron las tendencias negativas, y continuaron bajo Lupolianski. El método de gestión era político y de calidad inferior. Esa es la razón por la que tienes Holyland. Debajo de mí no hubo Holyland y no lo habrá’.

-¿Realmente crees que hubo muchos casos de tipo Holyland que no conocemos, bajo esos alcaldes?

-‘Me temo que sí. Mire, una vez más me temo que sí, porque entiendo cómo se tomaron las decisiones aquí sobre quién ganó qué licitaciones, entiendo cómo se tomaron las decisiones de planificación y construcción. Me temo que sí. Designé a Kobi Kahlon como vicealcalde a cargo de la planificación y la construcción. Debes saber que me están aplicando tremendas presiones para removerlo. Y todos saben por qué: es un hombre honesto'».[12]

Olmert gobernó Jerusalén entre 1993 y 2003, y Lupolianski lo sucedió hasta 2008. Ambos habrían «copiado» el esquema de organigrama del parlamento y otorgado relevancia ministerial a las oficinas municipales. Esto había implicado la asignación por decisión ejecutiva de personal no necesariamente calificado para sus cargos, potencialmente vinculado a causas de corrupción y, por defecto, cargando de inoperancia a la burocracia municipal. Barkat comentó públicamente que su estilo de conducción política, presentado siempre como «el correcto», era uno «de los profesionales». La cita es contundente: Barkat se distingue notablemente de ellos que, fieles a un «estilo» de política, fueron procesados en el célebre caso Holyland, que involucró aceptación de sobornos y lavado dinero en la habilitación del complejo inmobiliario de lujo que da nombre a la investigación judicial. Olmert fue condenado por ello, por abuso de confianza y evasión de impuestos[13].

Si por un lado es entendible que Barkat, quien se desafilió de Kadima antes que Olmert y Lupolianski fueran procesados[14], haya querido despegarse de una conducción política desprestigiada por causas de corrupción demostradas, surgen en dicha crítica dos dimensiones relevantes a este análisis. A destacar, el gobierno tecnócrata de Barkat supuso, en su racionalidad, una base de eficiencia superlativa respecto a la política clientelar previa, «carente de sus vicios». La práctica parrestiástica se manifiesta en este sentido: si para Barkat asumir responsabilidades públicas es una apuesta, los costos para él son económicos, pero el aspecto simbólico del prestigio como empresario deviene una dimensión que lo corre de ese «obrar mal» de los políticos «tradicionales». Barkat se ve como emprendedor en cada ámbito donde opera: su desplazamiento de una esfera a otra solicita el sostén de ese capital social; presumiblemente, esperaba mantenerlo inmaculado cuando culminara su gestión, sea que regresara al ámbito empresarial o continuase en la política como hasta ahora.

Es cierto que Barkat concedió a la Segunda Intifada una incidencia no menor en las tendencias demográficas que le interesó modificar como alcalde, pero identificó también una ineptitud inmanente a la falta de comprensión de las complejidades de la ciudad por parte de sus antecesores y rivales; para dar cuenta de ellas, no basta con residir en la ciudad mucho tiempo. En suma, la corrupción no es lo único que «descalifica» a un alcalde, sino las implicancias que derivan de su gestión en términos socioeconómicos y políticos: gobernar «mal», es decir, de acuerdo a una ineficaz economía del ejercicio del poder político, incapaz de estimular las conductas adecuadas a un horizonte político determinado, puede implicar poner en peligro la consumación, la cristalización de ese horizonte. Es decir, Barkat distinguió el desequilibrio en la correlación de factores desencadenantes de una crisis sistémica: una desproporcionada presencia demográfica, un mercado de trabajo descompensado, un régimen político inestable. En la entrevista anterior surgen fragmentos reveladores:

«‘El público no conoce los detalles, y creo que lo que está a punto de escuchar también los asustará. Antes de sumergirnos en los procesos que la ciudad ha experimentado en los últimos cinco años y, lo que es igualmente importante, en lo que está en trámite, permítame darle una perspectiva. Porque esto es en parte lo que motiva a quienes me desafían. Cambié el enfoque que existió aquí en el período de Olmert y […] Lupolianski. Le dieron influencia a los políticos y poder equivalente al de los ministros del gabinete. Conmigo, el poder reside principalmente en los expertos profesionales. Además, todos los recursos municipales ahora se administran con total transparencia, todas las audiencias están abiertas al público de una manera que nunca antes, todo se hace con planes de trabajo.

‘¿Qué pasó durante este proceso? Aquellos que estaban acostumbrados a trabajar con métodos diferentes de los que ahora son empleados no saben cómo comunicarse conmigo. Ellos usan el lenguaje de los manipuladores. Hay un grupo de funcionarios que intentaron interceder e intentaron insinuar. No entiendo ese idioma.'»[15]

Quien presumió de ser impermeable al lenguaje de la manipulación e impasible a las tentaciones de la corrupción, distinguió un viraje clave respecto a la segunda dimensión a destacar: la variable eficacia/ineficacia. Barkat no modificó sustancialmente la articulación de la misma batería de políticas públicas presentes en los gobiernos anteriores; por ejemplo, siguió rigiéndose por el PMJ 2000 en lo concerniente a las políticas de planeamiento urbano. Es más, tampoco hizo nada para oponerse a políticas nacionales que propugnaban, por ejemplo, la expansión del muro de separación o el Traslado Silencioso.

En todo caso, Barkat apostó a trazar una direccionalidad cualitativamente distinta al despliegue del compendio de tecnologías ya presentes, dotándolas de una nueva economía política. La conducción de las Municipalidad se tomó como válvula o instrumentación de técnicas cuyo despliegue apuntalaron a la conducción de la conducta de los sujetos que, a su vez, se propició forjar como tales. Barkat explicitó en qué tradiciones políticas se reconocía y de cuáles, en cambio, se despegaba. Véase este fragmento de una entrevista de 2012:

«Y el desafío de tratar todos estos problemas es a través de una filosofía de gestión diferente. No sé cómo fue cuando Teddy (Kollek) era el alcalde, pero en los dos términos anteriores al mío, la ciudad fue administrada de manera similar al gobierno israelí: es decir, un alcalde, los funcionarios electos, los diputados y los titulares de la cartera y la organización. Es el camino equivocado. La forma correcta de hacerlo es el alcalde, el director administrativo de la Municipalidad y el equipo profesional, donde los titulares de la cartera no se involucran en el día a día. No espero que los funcionarios electos sean gerentes.

Este cambio creó cierta fricción inicialmente porque los antiguos funcionarios electos querían gestionar. Y dije: no, lo haremos a través del equipo profesional. Me reúno con todos los jefes de departamento cada trimestre. Durante el tercer trimestre desarrollamos los planes para el próximo año. Durante el cuarto trimestre finalizamos el plan y el presupuesto. El primer trimestre revisamos el último año y el segundo trimestre pensamos fuera de la caja. Y este ritual, donde nos sentamos cada cuarto y verificamos dónde estamos para alcanzar los objetivos y los planes que tenemos, esto funciona muy bien. El equipo profesional es cada vez más profesional.

En el pasado, cuando solía quejarse con la Municipalidad, solo recibía una llamada del 10 al 15 por ciento del tiempo. Hoy hay una devolución del 95 por ciento a cualquiera de las quejas. Me siento profundamente en la base de datos de las quejas, realmente trato de entender mejor cómo se clasifican y cómo reaccionan los departamentos.

Naturalmente, si es una gran solución, entonces entra en los planes a largo plazo. Si se trata de una pequeña solución, hay un presupuesto para pequeñas soluciones. No podemos arreglar todo en un año, pero estoy muy contento con el sistema que tenemos ahora.»[16]

Esta cita ejemplifica el tipo de dinámica de trabajo establecida por Barkat al interior de la Municipalidad, que destacó en términos de cumplimiento de plazos y objetivos: de optimización de tiempos y recursos para atender a los «problemas de la ciudad». Con esto último aludo a que Barkat vinculó la inoperancia de sus predecesores a la tendencia creciente dentro de la población judía secular a migrar a otras ciudades en búsqueda de un contexto más favorable en términos de mercado de trabajo. Por otro lado, en relación a la tensión surgida entre este sector por la radicación de población ortodoxa en sus barrios, que implica la regulación sobre prácticas cotidianas tales como la admisión de actividad económica en días sagrados y en shabat, y la «colonización» ortodoxa de las escuelas del barrio. Por último, y como él mismo estableció, no pudiendo culparse a Olmert por ello, a los estallidos de violencia y enfrentamientos de los años de la Segunda Intifada.

Si Olmert y Lupolianski fueron presentados como responsables de estas tendencias demográficas, al menos de las variables que atañen a la competencia de las autoridades locales, Barkat se pensó a sí mismo como su rectificador. En cierto modo, sería la política de los tecnócratas, de los especialistas-idóneos, la que ejecutaría medidas diseñadas para alentar ciertas prácticas. El conocimiento experto del cómo, el know how sobre el tipo de intervención política a realizar para generar una cierta coexistencia, consistente con la noción de que la soberanía israelí sobre Jerusalén debe preservarse a partir de una mayoría etnonacional judía en el territorio, es clave en esta racionalidad política.

Por tanto, se trata de una diferenciación de formas de «hacer» política al interior de los órganos municipales, es decir, del Estado, y de modos distintos de concebir la política y sus preocupaciones. Nuevamente, quienes mejor capacitados están, conforme al ex-alcalde, para gobernar, son aquellos destacados a partir de sus reconocidas trayectorias en el mercado. Estos corrimientos dan lugar a una continuidad de las tecnologías de gobierno preexistentes en el marco de una nueva economía política. Una cita de 2013 puede ilustrarlo:

«Ahora nos estamos concentrando en la implementación del plan maestro para Jerusalén que se ha desarrollado durante la última década bajo las administraciones de los antiguos alcaldes Olmert, Lupolianski y yo. El plan maestro ha sido discutido públicamente durante cinco años en los comités de planificación local y distrital, y ahora prácticamente todos están trabajando de acuerdo con este plan, aunque aún no es oficial. El plan incluye la expansión de áreas residenciales en Jerusalén, incluida la expansión natural de los vecindarios existentes. Pretendemos expandir Gilo y Ramat Shlomo y otros barrios judíos, así como barrios árabes como Issawiya y A-Tur, para atender las necesidades de todos los diferentes sectores en Jerusalén.»[17]

En los capítulos subsiguientes me enfocaré con mayor profundidad en la concepción y ejecución de las políticas de planeamiento urbano durante la era Barkat, sin embargo, esta cita encierra un rasgo sustantivo en el que vale la pena detenerse. En este fragmento se propone continuar con un instrumento de gobierno ideado previamente: el PMJ 2000. El alcalde empresario-emprendedor, como rectificador del estilo político previo, propenderá a dotar de eficacia la existencia del PMJ 2000, aplicándolo para dirigirse a las necesidades materiales de los habitantes de Jerusalén, sean sus ciudadanos, sean sus residentes permanentes.

Al menos esto puede subrayarse en un plano discursivo. Empero, quiero detenerme en que Barkat advirtió las necesidades «de todos los diferentes sectores» por igual y con esto no implico «en pie de igualdad», sino la equiparación de que ambas poblaciones constituyen elementos imbricados en un mismo sistema que, para propender a un punto de equilibrio, deben ser abordados desde una manera eficaz. La economía política de la Jerusalén abierta representa justamente eso: para mantener unificada a la ciudad, con el menor costo y exposición posibles, es preciso gobernarla eficientemente.

Esto no significó que se reconocería equitativamente a todos sus «residentes» o a los miembros de cada «tribus», como veremos que Barkat solía expresar, refiriéndose indistintamente a los grupos etno-nacionales que habitan la ciudad con diferente status cívico-político (israelíes ciudadanos-palestinos residentes permanentes). Con esta alusión pretendo dar cuenta del reconocimiento que ambas poblaciones ameritan un abordaje igual de eficaz y de planificado para asegurar un cierto horizonte político, sin dar a entender que Barkat lo lograra, sino que tal determinación imbuyó su perspectiva de cómo debía gobernarse la ciudad.

El porqué de esto último se basa en otro rasgo central de dicha racionalidad: la afirmación de la prevalencia demográfica judía en Jerusalén, clave aspiracional de hecho y potencialmente de iure, indispensable para asegurar la «cuestión capital», requieren de un abordaje que estimule conductas y plasme, territorialmente, la inscripción de cada grupo de forma ordenada. De nuevo, el ordenamiento territorial, como tecnología privilegiada de gobierno, devino en un tipo de política pública que caracterizó este período, haciendo de las conductas de la población un campo de acción e intervención política. Aquí veremos una referencia que cruza dos tecnologías de gobierno específicas: las políticas de planeamiento urbano y las de educación, y su relación con la inscripción territorial de la población. Al respecto, consideremos la siguiente cita:

«Como dije anteriormente, hemos hecho inversiones significativas en la construcción de aulas: 400 en los barrios árabes y 400 en los barrios ultraortodoxos. Antes de asumir el cargo, la idea era que los ultraortodoxos se apoderaban de todas las escuelas religiosas seculares o nacionales que no tenían estudiantes. Los ultraortodoxos se estaban expandiendo y la Municipalidad les daba aulas en los diferentes barrios de Jerusalén. Paré eso. Ahora estamos construyendo un número significativo de aulas dentro de los vecindarios ultraortodoxos. Excepto en situaciones realmente únicas, no estamos cambiando las escuelas del sector sionista [judío secular] al sector ultraortodoxo, y eso ha permitido que el sector sionista se recupere. Cuando estuve en oposición, durante el mandato de […] Lupolianski, el sector secular se redujo en números absolutos en un 12 por ciento.»[18]

El ordenamiento territorial estuvo íntimamente vinculado a un modo de organización de los espacios coherente con una planificación realizada a conciencia: el despliegue de un modo de acumulación neoliberal tomado del modelo de planeamiento estratégico. En razón de las características de este modelo económico, se plantearía un abordaje discursivo de la cuestión etnonacional y su diversidad, y sobre el tipo de coexistencia deseable para tornar sustentable la prevalencia soberana israelí en la ciudad. La constitución de subjetividades interpeladas desde los códigos de este modelo, se resumen en las de la Jerusalén abierta como economía política del ejercicio del poder político: interpelar a los ciudadanos y residentes jerosolimitanos en tanto sujetos racionales que priorizarían sus intereses materiales y afán de lucro por sobre otros de tipo simbólico o cultural, promulgaría o reforzaría tendencias demográficas compatibles con la prolongación temporal de una Jerusalén unificada.

Al respecto, Barkat subrayó sus principios ideológicos de forma más marcada en 2013, estrategia que debe ubicarse en el contexto de su campaña de reelección. Entonces, no perdió oportunidad para criticar a Olmert; no dudó en recordar sus causas de corrupción, como Holyland, ni tampoco en enfatizar aquel punto de discordancia suficientemente notable como para exacerbar la incompatibilidad de cohabitar una misma bandera partidaria en Kadima. A propósito, observemos la siguiente cita para ilustrar el punto:

«-¿Crees que el conflicto israelí-palestino se puede resolver con Jerusalén en su actual tamaño municipal, bajo la soberanía israelí?

-Voy a plantear la pregunta de manera diferente. El desafío es qué podemos hacer con nuestros vecinos cuando se dan cuenta de que Jerusalén debe permanecer unida.

-¿Piensa en un modelo en el que tendría un alcalde o socio de alcalde palestino?

-La respuesta es no separación de la ciudad. Una ciudad, punto.

-¿Bajo una única soberanía israelí?

-Sí.

-¿Y crees que esta no es una receta para un conflicto interminable con los palestinos?

-Tal vez Olmert era como los demás. Él puede haber renunciado a la ciudad. Estaba en una espiral negativa. Pero hoy, gracias a Dios, la ciudad está en una espiral positiva.»[19]

Debo enfatizar que Barkat comprendió que no habiendo cabida para una integración plena e inmediata de la población palestina jerosolimitana a la comunidad política israelí, tampoco era posible desasirse de la responsabilidad de gobernar la ciudad desatendiéndola. Es decir, el gobierno de las necesidades de parte de esta población que no compone el cuerpo político, debe concebirse dentro de un arte de gobierno municipal que admita alguna modalidad para dirigirse a ella. En última instancia, resultaría de esta situación una coexistencia compatible con la sostenimiento de la soberanía israelí sobre Jerusalén Este: tal vez un orden sociopolítico menos propenso a la disconformidad y malestar que el que motivó y avivó ambas intifadas. Una vez más, surge el presupuesto de una política y una racionalidad sobre la cuestión soberana diferentes a las de Olmert y Lupolianski. Subyace aquí la asunción que dividir aquella «unidad» compuesta por archipiélagos de barrios, aldeas, asentamientos, campos de refugiados y parques nacionales, problemáticamente llamada ciudad, no es una opción:

«-Cualquier otra idea es un trato teórico, malo. Es un concepto teórico que escucho. En el mundo práctico, lo sé, Dios no lo quiera, si el mundo nos empuja allí, es solo una cuestión de tiempo antes de que las cosas se derrumbará. No acercará una resolución o una mejor relación con nuestros vecinos. No hay duda en mi mente. Se pondrá mucho, mucho peor.

-¿Y la idea de Olmert de que el control no soberano de la Ciudad Vieja y la división de la ciudad en barrios controlados por los palestinos e israelíes es un error terrible?

-Error terrible.

-¿Gracias a Dios que Abbas lo rechazó?

-Gracias a Dios que él no está allí.

-¿Quién es «él»?

-Olmert.

-¿Que no está dónde? ¿En la oficina del primer ministro?

-Sí. Creo que hubiera sido un mal negocio. Y me sentí profundamente decepcionado al escucharlo incluso pensar de esta manera, porque no escuché esto de él en el pasado, cuando estuvo aquí [ejerciendo el cargo de alcalde de Jerusalén].»[20]

Comprendo dicho arte de gobierno y su economía política en rigor de este rasgo sustentable, semántica que incorporo dada su filiación conceptual con el planeamiento estratégico: ambas constituyen nociones eminentemente neoliberales. La perdurable compatibilidad sistémica de las esferas económica, ecológica, política y social que supone la sustentabilidad lo habilita, pues apunta a la previsión y contención de crisis a partir de la recomposición eficaz de los factores constitutivos de un sistema en torno a su reproducción. Un vistazo al volumen de gastos en la administración pública y su evolución bianual comprueba algunos puntos. Primero, [21] que se evidencia un aumento notable y sostenido del gasto estatal desde el inicio de las administraciones de Barkat y Netanyahu en 2009, para el Estado nacional y el municipal. Según Choshen (2018), la trayectoria del gasto municipal refleja que sanidad y propiedad pública sufrieron aumentos notables en nuestro período, mientras planeamiento y construcción se mantuvo estable, con inclinación a la baja, y vigilancia y seguridad repuntó en 2015 tras una marcada baja en 2011.

Por un lado, el aumento del gasto en propiedad pública puede explicarse a partir de un incremento de obras de puesta en valor de la infraestructura. En capítulos venideros veremos algunos grandes proyectos urbanos vinculados a la necesidad de expansión de espacios disponibles para industrias como el turismo, espectáculos deportivos y culturales, entre otros. Además, quisiera referirme al aumento en vigilancia y seguridad comprobado a partir de 2014, superando los 100 mil shekels en 2015: desde 2011 el presupuesto había decrecido por debajo de esa cifra. Adelantaré que ese repunte tiene que ver con el Operativo Margen Protector y su incidencia en el contexto local. Desde mediados de 2014, la tensión en Jerusalén fue tal que las políticas punitivas aumentaron respecto al primer mandato del ex-alcalde.

Comparto la apreciación de Margalit (2018): existe una bisagra en la experiencia del gobierno de Barkat durante el escenario producido por Margen Protector[22]. Esto no se trata de una salvedad: es la clave según la cual entendemos la cuestión; aquí he considerado cómo una sociedad de seguridad es dotada de sentido y desplegada a partir de rasgos eminentemente neoliberales. El aumento del presupuesto en este ámbito demuestra que las prácticas de gobiernos previos o nacionales no habían sido suprimidas o reemplazadas, sino que constituyeron, y en la expresión de estos términos me distingo de Margalit, parte de una economía del ejercicio del poder político.

La distancia con este historiador radica en el marco conceptual que cada uno adoptó. En mi caso, la noción de dispositivo de israelización permite subsumir prácticas discursivas y extra-discursivas en un dinámico ensamblaje que estratégicamente concibe circunstancialmente, los «mejores» medios para operar. Que Barkat dotara esta expresión del dispositivo de una racionalidad gubernamental neoliberal es un aporte distintivo al campo que no he hallado en otros autores. No va de suyo que esto sea así: el marco teórico que tomo es acotado y consistente con una tradición particular de teoría política y social[23]. Por último, es notable el aumento de la asignación de partidas presupuestarias para promocionar las industrias locales: rasgo que adquirirá mayor especificidad al analizar la cooperación entre Estado nacional y municipal.

Al aprehender la racionalidad de Barkat, no tarda uno en toparse con que el equilibrio orgánico entre componentes sistémicos fue planteado a partir de la armonización de las diferencias que se desprenden de proyectos de auto-determinación nacional diferentes y yuxtapuestos, a través de incentivos económicos entendidos como instancias superadoras de dichas diferencias y, por ende, en tanto denominador común de apelación. Es más, la disolución de estas diferencias en el ámbito del mercado permite entender que las políticas comprendidas en este programa de gobierno, articuladas según la economía política de la Jerusalén abierta, conforman uno eminentemente neoliberal.

3.5. La relación entre Barkat y Likud y la cooperación entre nación y municipio

La variable contexto es fundamental para entender la emergencia de enunciados como los siguientes, en los que no sólo se exacerba la diferencia entre la plataforma ideológica partidaria de Barkat con las de sus predecesores, sino que se agrega otra dimensión: su relación con la agenda política nacional. La incorporación de Barkat a Likud no sorprendería a la lectora o al lector si consideramos algunas coincidencias. En primer y más destacado lugar, la posición respecto al status de Jerusalén como pretendida capital unificada del Estado de Israel. Netanyahu y Barkat comparten y compartieron la postura de excluir, denodadamente, la cuestión soberana sobre la ciudad y Jerusalén Este en la mesa de negociaciones.

En segundo término, ambos mantienen políticas económicas que apuntan a abrir el mercado israelí atrayendo inversiones, capitalizando industrias locales, adquiriendo nuevos socios comerciales, rasgo vinculado al potencial reconocimiento diplomático de la soberanía del Estado (especialmente, de Estados del Mundo Árabe e Islámico). Existe un eco, una correlación a escalas territoriales más generales y específicas según el nivel nacional y el municipal, entre la consolidación de una marca, la start-up nation (Senor & Singer, 2009), como rúbrica que identifique el sector de tecnología informática y de alta complejidad israelí, con el programa de gobierno que aquí se identifica con la economía política de la Jerusalén abierta y el proyecto concreto de Jerusalén 2020 que Barkat presentó durante su segundo mandato.

Antes de pasar a analizar específicamente los aspectos del programa económico que Barkat ejecutó, repasaré el tercer elemento de interés. Desprendimiento de ambas afinidades previas, existió un flujo virtuoso de inversiones entre los niveles nacional y municipal. Si Nir Barkat se auto-percibió como el alcalde emprendedor-empresario, en 2016 presentó a Netanyahu como un socio que, en tanto autoridad estatal «ofició» como agente inversor, facilitador de las condiciones propicias para el despegue económico de Jerusalén: «A través de mi experiencia de emprendedor y de capital de riesgo, entiendo lo que se debe hacer y, gracias a Dios, el gobierno nacional nos está brindando mucho apoyo, mucho capital»[24].

Aquí es central destacar que las afinidades entre Barkat y la coalición nacional de gobierno fueron tales que posibilitaron su afiliación a Likud en diciembre de 2015, cuando se presagió en vísperas de las elecciones a presidencia del partido, que el recién llegado podía ser ungido como líder[25]. Esto representa, a su vez, una condición crucial para que Barkat integrase la boleta electoral de Likud en las elecciones de 2019 ubicado en el noveno puesto de la lista. Asimismo, es notable reparar en ello para apreciar que, en 2014, cuando Barkat fue reelecto alcalde de Jerusalén, Likud había apoyado a Moshé Lion, adversario político. En la sesión de gabinete conjunta del 20 de mayo de 2012, celebrada entre el gobierno nacional y el municipal, en ocasión del Día de Jerusalén, Barkat expresó:

«Primero, me gustaría agradecerle por su apoyo directo a Jerusalén. Gracias también a los ministros y viceministros por su completo compromiso con la ciudad. Desde que se estableció el Gobierno, su Gobierno, año tras año, ha apoyado continuamente a Jerusalén y le ha proporcionado recursos y herramientas importantes, sin precedentes en relación con lo que ha sido en el pasado, lo que nos ha permitido acelerar el impulso en la ciudad. El alcance de las inversiones, los proyectos y la cooperación interministerial en la ciudad están aumentando y esto contribuye en gran medida a los cambios y procesos que se mueven a través de la ciudad de Jerusalén.»[26]

El agradecimiento formal a las autoridades nacionales por aquella relación de colaboración no fue durante el primer mandato una señal suficiente para que Barkat se uniera al partido oficialista. Tampoco fue una garantía de que el partido no apoyaría a otro candidato, uno propio, a pesar de tener a un aliado en la Municipalidad. De hecho, eso fue exactamente lo que pasó cuando Likud patrocinó la candidatura de Moshé Lion[27] (junto a Yisrael Beiteinu y los partidoso ortodoxos, como refiere la cita explícitamente), quien ejerce actualmente el cargo de alcalde, sucediendo a Barkat. En 2013, así Barkat se refirió a la competencia:

«Tengo respaldo público. El público me apoya, que en mi opinión es la única parte y la más importante. Con respecto al respaldo, creo que los residentes de Jerusalén entienden que la tendencia actual, la tendencia nacional, es que las personas apuestan por el liderazgo. Se preocupan menos por las marcas nacionales. La realidad es que mi partido independiente, Jerusalén Vencerá, tiene seis mandatos en el ayuntamiento actual, mientras que el Likud tiene uno. Ysrael Beiteinu tiene dos. La realidad es que no hay ninguna duda en mi mente de que en este término verás un crecimiento en mi partido. Porque la gente quiere permitirme gestionar mejor el ayuntamiento. No hay correlación entre las marcas nacionales y los partidos locales. De hecho, el talento y el liderazgo son altamente reconocidos por el público, más que las marcas nacionales tradicionales.»[28]

Como señalé, la distancia que el alcalde marcó entonces frente al gobierno nacional, supuso que una alianza o entendimiento no implicaba supeditación o sumisión. Al contrario, Barkat se jactó de su superioridad numérica en el plano local. En ese nivel, al menos, la hegemonía que construyó Jerusalén Vencerá fue estratégica en tanto posibilitó la colaboración necesaria del Estado para fortalecer un liderazgo municipal propio, que se integraría al proyecto nacional en condiciones de aspirar a un crecimiento exponencial en la estructura partidaria más grande: apuntando directamente a su presidencia. La puerta grande que vaticinaba Barkat era la de la conducción de Likud o, en todo caso, la sucesión de Netanyahu. Para ello, consagraría su vocación política en Jerusalén, donde de acuerdo a su racionalidad, sólo un jerosolimitano demostraría ser probo y merecedor de ostentar las riendas del gobierno:

«-Hablemos de tu competencia. ¿Está Moshe Lion poniendo en peligro su reelección?

– Es incómodo que alguien que no es de la ciudad quiera venir a elevar el nivel de la ciudad. Pregúntate por qué vienes aquí. Dime quiénes son tus amigos, te diré quién eres […] Las personas que lo apoyan oficialmente: [Aryeh] Deri y [Avigdor] Lieberman.

-Dos buenos miembros de la Knesset.

-Usted es ingenuo La motivación es el problema aquí.

-¿Cuál es su motivación?

-Pregúntese: ¿Por qué un chico de Givatayim, que no quiere correr y está empujado y convencido por Deri y Lieberman, por qué vinieron aquí? Ningún otro jerosolimitano me ha desafiado [por la alcaldía]. La razón es que el público está muy contento con el cambio de dirección en la ciudad. La gente entiende que puedo tomar la ciudad y que la llevaré a la siguiente fase. Y no todos quieren seguir adelante. Hay personas que quieren volver a donde estaban antes…Los residentes me preguntan: ¿qué es lo que él [León] está buscando aquí? Él no conoce los procesos. Soy un jerosolimitano de toda mi vida. Para mí esta es la misión de mi vida. Los residentes decidirán lo que es bueno para ellos. No Deri y no Yvet [Lieberman] y no un chico de Givatayim.»[29]

El respaldo que obtuvo Moshé Lion en las urnas no fue nada desdeñable: el 45% del electorado que votó, unas 95.411 personas, lo apoyaron. Esta cifra fue superada, sin embargo, por el 51%, las 111.108 personas que refrendaron el segundo término de Barkat[30]. Como flamante miembro del consejo municipal, Moshé Lion se mantuvo en la oposición hasta que en agosto de 2015 se unió a la coalición de Barkat y a su partido, obteniendo la dirección del portfolio de la administración de comunidades[31]. No obstante, Lion competiría años más tarde, en las elecciones municipales de 2018, desde otro partido, Yerushalaim Shelanu, mientras que Zeev Elkin, otro rival de Barkat, competiría desde Jerusalén Vencerá.

Al reseñar este complejo juego de enroques partidarios me interesa subrayar lo siguiente: durante sus años como alcalde, Barkat logró conciliar sus intereses con los de actores con peso nacional y con contrapartes locales ante las que pudo haber cedido y por las cuales haber sido absorbido. Sin embargo, esto no fue así, y si insistió en la exclusiva capacidad de un jerosolimitano para gobernar la ciudad, intrínsecamente, respondiendo a los intereses de sus habitantes, por no decir ciudadanos o residentes, categorías cargadas de complejidad que serán exploradas aquí, supo también poner fin a la especulación sobre sus ambiciones a nivel nacional cuando transmitió que la experiencia jerosolimitano llevaría a otro plano, la calidad de la conducción política nacional. En 2016, Barkat aventuró sobre su futuro:

«‘Decidí que después de terminar un segundo o tercer mandato [como alcalde], no volveré al mundo de los negocios’, dijo. ‘Me mantendré en el servicio público y me complacería servir en el lado nacional; Lo que sea que el público me elija hacer. ‘Quiero llevar mis experiencias positivas en Jerusalén al nivel nacional'».[32]

Aunque sea interesante, y preciso, notar que Barkat terminó correspondiendo a estas premisas, no indagaré en el recorrido que siguió su campaña dentro de Likud para posicionarse como eventual sucesor de Netanyahu como primer ministro, ni las relaciones con distintos referente del partido para ocupar el noveno puesto dentro de la boleta en las elecciones de 2019. A continuación, me ocuparé de centrarme en sus dos mandatos como gobernador. En efecto, me enfocaré en su política para Jerusalén. En primer lugar, en su programa económico y en qué actores jugaron un papel protagónico en su concepción y posterior desarrollo. En tal sentido, esta será la clave de acceso a la configuración histórica de los contenidos conceptuales y la semántica de una racionalidad política en particular.

Para cerrar, incluyo la siguiente cita dada su potencia para ilustrar cómo pueden registrarse desplazamientos de la semántica y jerga del mundo emprendedor y de los negocios al plano de toma de decisiones políticas. Según Brown (2015), esto propicia un vaciamiento de los contenidos eminentemente políticos de la esfera pública, sustrayendo al lenguaje específico de la política sus sentidos más tradicionales; es decir, haciendo pasar el consenso o el acuerdo como resultados naturales del diálogo entre partes que actúan como empresarios en un ámbito que no es el de los negocios. Barkat se jactó de establecer esta comprensión de la política como señal de transparencia y, rasgo primordial a este análisis, de eficiencia[33].

«Déjenme compartir parte de la metodología de cómo trabajo en la ciudad de Jerusalén. Tenemos un consejo de 31 miembros y en el primer mes formé una coalición que incluía a 30 miembros, lo que no tuvo precedentes. En cierto modo, Jerusalén es un microcosmos de lo que ocurre en el país, y creo que formar relaciones entre el liderazgo de la comunidad ultra-ortodoxa y secular, y sentarse juntos sobre prácticamente cada problema que surge, trae soluciones a los problemas. No todos están contentos con las decisiones que tomamos, pero la metodología de sentarse juntos y enfocarse en los denominadores comunes funciona. El modo en que manejo la Municipalidad no es político, sino a través del gerenciamiento profesional, donde compartimos pensamientos y traemos soluciones profesionales como cuando me conducía en el mundo empresario. Tras un año de ser alcalde, puedo decirles que esto funciona».


  1. «The Politic: Entonces, como alguien con experiencia en tecnología, ¿qué te animó a convertirte en el alcalde de Jerusalén?
    Nir Barkat: Definitivamente la filantropía. Mi esposa y yo queríamos tener una formación de alta tecnología para las escuelas públicas y al sistema educativo. Y por esa exposición, sentí que mis habilidades fueron relevantes para ser un emprendedor público y cambiar las cosas en mi ciudad y explorar su potencial, así que fui absorbido por hacer más y más cosas públicas, no es lo que pretendía en el principio, pero luego cuando me di cuenta de que el compromiso real era a través de la filantropía y que el la ciudad no estaba explotando su potencial, decidí retirarme hace 16 años y centrarme en ser alcalde de Jerusalén, y me absorbió.» Ver: Chen, Allison, «An Interview with Nir Barkat, Mayor of Jerusalem» The Politic, 20/02/2018.
  2. Michal Korach destacó una tendencia a la baja en la participación electoral de los jerosolimitanos, coincidente con la conducta del electorado en su dimensión nacional (superior a la escala municipal). Para Jerusalén, Korach escribió en 2008 en relación a las elecciones de 2003, que son a las que hice referencia, que la tasa de participación (el porcentaje de residentes con derecho a voto que realmente votó) se mantuvo en 38%. Además, que las elecciones para alcalde y consejo de la ciudad son simultáneas pero con boletas separadas y que el descenso en la tasa de participación en las elecciones municipales en Jerusalén se extiende a otras localidades israelíes, incluso en forma más aguda. Para más ver, Korach, M., 2008, Free Elections, Jerusalem Institute for Policy Research.
  3. Los votos válidos de las elecciones municipales de noviembre de 2008 fueron del 96,6% (220.510 votos) frente al restante 3,4% de no válidos (7.730). Nir Barkat obtuvo el favor del 53% de los votantes (116.947) mientras que su principal rival, Meir Porush, obtuvo 42,8% (94.456). Mucho más atrás se encontraron Arcadi Gaydamak (3,6%; 7.988 votos) y Dan Biron (0,5%; 1.119 votos). Ver: https://cutt.ly/gQBewwA.
  4. Recordemos que Barkat tuvo enfrentamientos con dirigentes de Likud que integraron el gabinete de Netanyahu, como Zeev Elkin, quien tuvo a cargo la cartera nacional de Asuntos de Jerusalén, organismo ministerial que, como es de suponer, posee un grado de injerencia que se superpone con ciertas atribuciones municipales.
    Por ejemplo, ver: Eisenbud, Daniel K., «Jerusalem emergency fund’s oversight underscores Barkat’s feud with Foreign Ministry, Elkin», The Jerusalem Post, 30/11/2015.
  5. Barkat, Nir, «The Mayor’s Vision for Jerusalem», Jerusalem Center for Public Affairs, Vol. 10, No. 5, 01/08/2010.
  6. Ahren, Raphael, «Nir Barkat: Don’t gamble on someone who doesn’t live and breathe the city», The Times of Israel, 10/10/2013.
  7. Idem anterior.
  8. Ver: https://cutt.ly/mQBelqx.
  9. Barkat obtuvo una ventaja de 22.491 votos sobre la segunda fuerza en 2008, pero solamente de 15.697 en 2013: votó menos gente y fueron menos quienes lo apoyaron. De todos modos, consiguió suficientes votos para ser reelecto con el 51% del total (111.108, es decir, 5.839 votos menos), seguido por Moshé Leon, que obtuvo un 45% (95.411; en este caso, 955 votos más que los de Porush en 2008), y luego Haim Epstein con 4% (7.530).
  10. Elaboración propia según datos de la Knesset. Ver: https://cutt.ly/4QBehgi.
  11. Tomó diez años pasar el pico que auguró la década con 66,7%. En perspectiva, la participación para las elecciones de abril de 2019 muestra un crecimiento total de 1,3% y, las de septiembre, llevaron la participación a un 2,7% por encima de los valores para 2003. En común, las elecciones de 2015 y 2019 pusieron en juego la continuidad de Netanyahu como primer ministro y determinaron el sentido hacia el cual se compondría la Knesset. Efectivamente, la erosión de Avodá, de Hatnuá y la desaparición de Kadima reflejan cómo la erosión de la centro-izquierda como principal oposición para ceder ese rol a la centro-derecha, con el bloque Kajol Laván, unión entre los partidos de Resiliencia y Yesh Atid. Asimismo, la coalición de gobierno se compuso desde 2015 de partidos desde la centro derecha como Kulanu y Likud, cubriendo a los partidos ortoxodos, a los nacionalistas liberales y a los nacionalistas religiosos, excluyendo al centro y a la izquierda. Los partidos árabes obtuvieron en 2015 y en septiembre de 2019, el tercer lugar en la Knesset, pero sin ejercer capacidad de incidir en las decisiones de gobierno ni en la estructuración de los problemas de agenda: ambas elecciones mostraron un alto porcentaje de participación de la población árabe, dado el recrudecimiento de políticas restrictivas y discriminatorias por parte del gobierno.
  12. Hasson, Nir, «If Jerusalem Forgets Thee, O Nir Barkat: Can the Mayor Hang On?», Haaretz, 05/10/2013.
  13. Aclaración: algunos cargos que enfrenta Olmert corresponden a su etapa como ministro de comercio.
  14. El caso circulaba en los medios desde fines de los noventas, pero en 2010 se abrió la investigación policial.
  15. Idem 12.
  16. Horovitz, David, «Nir Barkat: How I’m ensuring Israeli sovereignty in Jerusalem», The Times of Israel, 29/02/2012.
  17. Idem 6.
  18. Horovitz, D., «Jerusalem mayor says the city’s in the fast lane», The Times of Israel, 11/02/2013.
  19. Levine, C. J. (2010) «Interview: Nir Barkat», Hadassah Magazine.
  20. Horovitz, David, «One Jerusalem. Undivided. Open to all. Controlled by Israel», The Times of Israel, 5/8/2013.
  21. Ver: https://cutt.ly/rQHj9oh.
  22. Pues provocó una serie de atentados cotidianos en las calles por adolescentes y adultos jóvenes, correspondida por redadas policiales y demoliciones punitivas de viviendas a familias de implicados en atentados o acusados de terrorismo. El recrudecimiento de las políticas de seguridad puede entenderse, como también dice Margalit (2018), acorde a la perspectiva foucaulteana de que en un diagrama de poder conviven, de forma acumulatoria, superpuesta, complementaria, mecanismos y técnicas de esquemas previos, como expandiré en el Capítulo VII.
  23. En términos epistemológicos y metodológicos, me ciño a ella; Margalit, por su parte, recoge la «salvedad» foucaulteana sin acoger su hermenéutica: su analítica del ejercicio del poder.
  24. Eisenbud, Daniel K. (2016) Barkat to JPost: I’m not ever going to stop building in Jerusalem. The Jerusalem Post, 13/12/2016.
  25. No me centraré en las desavenencias entre Barkat y Zeev Elkin, legislador de Likud y ministro de la cartera de Jerusalén desde 2015, ni entre Barkat y otros miembros de la coalición de gobierno. En cambio, indagaré en cuestiones vinculadas a la superposición de competencias de autoridades estatales en distintos capítulos.
  26. Oficina del Primer Ministro, «At the weekly Cabinet Meeting, 20.05.2012». Ver: https://cutt.ly/KQXiKQs.
  27. Ahren, Raphael (2013) Moshe Lion: I won’t say anything bad about Barkat, but I’ll be a better mayor, The Times of Israel, 10/10/2013.
  28. Idem 6.
  29. Idem 12.
  30. Acerca de las elecciones municipales de 2014: Sobre un total de 576.406 votantes, el 39%, 225.254 concurrieron a las urnas. El 95% de estos votos fueron válidos (214.049, y 11.205 no lo fueron). Nir Barkat obtuvo el 51% (111.108), Moshe Leon, el 45% (95.411), y luego los partidos ultra-ortodoxos: Judaísmo Unido de la Torá, 8%, Shas, 5%, Yerushalayim Tazliaj, 4%, Despertar de Jerusalén, 4%, Yerushalmim, 2%, Meretz-Laborismo, 2%. Ver: shorturl.at/yzJW0.
  31. Eisenbud, Daniel K., «Jerusalem mayor announces coalition with former rival Moshe Lion», The Jerusalem Post, 23/08/2015.
  32. Eisenbud, Daniel K., «Barkat to JPost: I’m not ever going to stop building in Jerusalem», The Jerusalem Post, 13/12/2016.
  33. Idem 5.


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