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Agradecimientos

Comencé a trabajar en esta tesis en Buenos Aires, continué escribiéndola en Nueva York y terminé de hacerlo en Buenos Aires. Entre mis 26 y mis 30 años, recorrí las bibliotecas de The New School, la oficina de becarios del IDAES, en el campus de la Universidad Nacional de San Martín, y en las mesas de bares pegadas a una ventana en Almagro y Palermo.

Mis esfuerzos por pensar la vida en una tercera ciudad, Jerusalén, se nutrieron de mi sensibilidad y pasión por involucrarme en la vida social y política de las tres. A pesar de la fortaleza de las impresiones, ninguna de ellas debe juzgarse eterna como el agua y el aire. Intuyo, empero, que algo distingue a una. A aquella representada a partir de remotas imágenes. A aquella dibujada por artistas sin nombre en los muros de la sinagoga de mis bisabuelos, en Basavilbaso, que evocaron su cúpula dorada: la corona de la ciudad más pretendida de todas.

Agradezco Al Dr. Emmanuel Taub, quien desde que aceptó dirigir este proyecto tuvo conmigo gestos de honda generosidad. Su acompañamiento fue indispensable para enriquecer mi perspectiva. Gracias al entusiasmo que despertó en mí, logré desarrollar un modo propio de acercarme a mis fuentes y pude concebir las nociones que aquí presento, refinando también mi escritura. El Dr. Taub supo transmitirme su confianza en mi crecimiento como investigador, y su reconocimiento de mis logros fue siempre acompañado de la mirada alegre de un verdadero maestro, cuyo apoyo y dedicación conmigo, agradezco profundamente.

Al Dr. Martín Plot, mi director como becario doctoral y postdoctoral del CONICET, por su excelente predisposición a trabajar conmigo. Su lectura paciente, sus aportes minuciosos y sus comentarios sinceros guiaron con criterio mis habilidades para desarrollar aspectos teóricos que se presentan en esta tesis. Agradezco su extraordinaria apertura y confianza conmigo, su inmensa generosidad por compartir su agudeza crítica y su distintiva calidez para aconsejarme.

Al Dr. Meir Margalit, por introducirme al análisis del mundo jerosolimitano, por darme la bienvenida en Jerusalén, mostrándome sus calles, edificios públicos y cafés, y por apoyarme en mi investigación como un mentor y un amigo. A Miguel Ángel Forte por darme la bienvenida al mundo de la sociología y a Ivana Socoloff por hacer lo propio con el del oficio de la investigación.

A mis compañerxs del Núcleo Regímenes de la Política del Centro de Estudios Sociopolíticos, de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín.

A mis compañerxs del Departamento de Medio Oriente del Instituto de Relaciones Internacional de la Universidad Nacional de la Plata.

A profesores de Escuela IDAES como Gerardo Aboy Carlés y Julián Melo y a los profesores de The Milano School of International Affairs, Management and Urban Policy de The New School, Stephen Collier, Antina Von Schnitzler, Peter Hoffman, Peter Lucas, Margarita Gutman, Michael Cohen y Erin McCandless, y de The New School for Social Research, Benoit Challand, Andrew Arato, Levent Koker y Emmanuel Guerisoli.

A Mercedes Moya y a Talia Huss, mis profesoras de inglés y de hebreo, quienes siempre apoyaron mi trabajo. Por su generosidad y alegría en enseñarme.

Al CONICET por apoyar mi investigación y mi formación doctoral en la universidad pública, la Universidad de Buenos Aires, a cuyas autoridades también agradezco, hondamente. 

A la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y al Instituto de Investigaciones Gino Germani, donde encontré profesores generosos. Estoy agradecido por la formación que recibí en esta casa de estudios, donde di mis primeros pasos como becario de grado y, luego, de posgrado. Mi gratitud con las aulas y pasillos donde compartí con docentes y compañerxs el privilegio de estudiar e investigar. Gracias al CDI y a la biblioteca de la Facultad. A Teseo Press por la confianza y la oportunidad de publicar los hallazgos resultantes de un esfuerzo de más de cinco años.

A mis amigos y colegas Federico Luis Abiuso, Isabel Rollandi, Marina Suárez, Walter Koppmann y Anna Paola Quaglia, por haber compartido el recorrido intelectual y la intimidad de la escritura de nuestras tesis. A mis amigos Tomás, Santiago, Daniela, Sebastián, Hernán, Alejo, Nahuel, Guillermo, Victoria, Juan Martín, Santiago, Jonathan, Lauren, Miriam, Monise, Simone y Gabriel. A Mario Arcusin, Laura Kitzis, Guillermo Jajamovich y Santiago Slabodsky, por su generosidad y calidez conmigo.

A María Bargo, Andrea Sosa, Débora Gerbaudo Suárez, Maximiliano Marentes, Camila Pérez, Carla Golé, Pedro Munaretto, Federico del Castillo y a mis companerxs de la oficina de becarixs, «la oficina del amor», de Escuela IDAES, por colmar de alegría largas jornadas de trabajo compartidas.

Al legado de mis bisabuelos y bisabuelas, que llegaron sin nada a este país, y al esfuerzo de mis abuelos y abuelas, que estudiaron en la Universidad de Buenos Aires, donde me formé como sociólogo, profesor, y completé mi doctorado presentando esta tesis. 

A mis padres, Gustavo y Teresa, y a mi hermano, Diego, por todo aquello que no pudiendo verbalizar en una vida puede ser comprendido en una dedicatoria.

A Caro, por acompañarme tan generosa, alegre y pacientemente, desde la hoja en blanco hasta la edición de esta libro. Por todo su apoyo y cariño.



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