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7 Deshumanización, terrorismo y tácticas punitivas en la Jerusalén abierta

«I have to die a little,

between each murderous thought

And when I’m finished thinking,

I have to die a lot

There’s torture and there’s killing,

and there’s all my bad reviews

The war, the children missing,

Lord, it’s almost like the blues»

Leonard Cohen, 2014

«Now you can tear a building down,

but you can’t erase a memory

These houses may look all run down,

but they have a value you can’t see»

Tracie D Morris & Vernon Reid, 1988

7.1. Introducción: ¿Muß es sein? ¡Es muß sein!

En 1826, Beethoven tituló su Cuarteto de cuerda N°16 en Fa mayor Opus 135, «La decisión difícil». En él hay una conversación entre dos voces: la primera pregunta, «¿Muß es sein?» (¿Debe ser?), a lo que la segunda responde afirmativamente, «¡Es muß sein!» (¡Debe ser!). Evocando este diálogo melódico, podemos considerar la consolidación de diferentes economías de poder que articulan racionalidades y tecnologías de gobierno. Este ensamblaje será susceptible a sucesivas reelaboraciones según los efectos introducidos por las contingencias. La armonía de voces recuperará el sonido distintivo de los modos, el vértigo de las notas de paso, el suspenso de los silencios y la prolongación de las ligaduras. Algunas jugarán un papel protagónico sobre otras, pero en determinados momentos, el compositor podrá reclamar el peso de aquellos motivos que, al igual que la segunda voz de la difícil decisión, imponen su ¡Debe ser!

La literatura foucaulteana sobre gubernamentalidad postula que el neoliberalismo, como orden normativo histórico de la razón, ha supuesto la ya mentada mutación sustancial con respecto al pensamiento liberal clásico. Esta se percibe en la constitución de la subjetividad del emprendedor u homo economicus del neoliberalismo, cuyo sitio de inscripción es el mercado, del que emerge un régimen específico de verdad. En definitiva, las actitudes y aspiraciones emprendedoras que configuran los rasgos emblemáticos de este sujeto desplazan a los márgenes los aspectos más polémicos de la vida política. En consecuencia, esto erosiona la apertura a la posibilidad de discutir los términos constitutivos de una comunidad política por parte de sus ciudadanos.

Aquí nos acercamos a pensar en el proceso de transformación de las democracias contemporáneas considerando los aportes de Hannah Arendt (2007) respecto a la forma de vida democrática. La autora señaló que ésta implica una coexistencia compartida pero no electiva de diversos grupos en términos de cultura, etnia, nacionalidad, religión, lengua y clase. Hace casi dos décadas, Judith Butler (2004) tomó esta noción para problematizar los modos en que ciertos discursos y prácticas gubernamentales actuales reducen la calidad de vida democrática expandiendo la contribución de la literatura sobre gubernamentalidad. En el contexto del atentado a las Torres Gemelas y la invasión estadounidense a Irak, Butler examinó la irrupción de los discursos sobre la seguridad global identificando ciertas racionalidades que establecían el carácter irreconciliable de la convivencia de la vida humana, ya sea a nivel local, nacional o escala global. En consecuencia, la autora observó cómo se produjo la reanimación táctica del esquema de soberanía en la detención indefinida de terroristas en las cárceles de Guantánamo por parte del gobierno estadounidense.

Como señaló Foucault, cada diagrama de poder, como el de la gubernamentalidad, concentra y expande las tecnologías y tácticas de sus predecesores, es decir, la soberanía y los esquemas disciplinarios. Así, esta reanimación estratégica puede pensarse, siguiendo a Butler, a la luz del peso de la enunciación de un motivo particular que debe sonar en la melodía: ¡Debe ser! Este artículo tiene como objetivo mostrar cómo esta fórmula se puede ver en un caso específico de gobierno, donde la diversidad humana convive en un contexto de conflicto étnico.

Dirigiéndose tanto a los judíos israelíes como a los palestinos de Jerusalén apelando a la subjetividad del homo economicus del neoliberalismo, Barkat tendió, en detrimento de las diferencias que surgen de las identidades etnonacionales de estos grupos, a adaptar sus expectativas de acuerdo con las actitudes empresariales. Esto significó el registro de cada población en el mercado como un sitio para la normalización de la convivencia en un espacio marcado por el conflicto político. Sin embargo, en el clima de violencia generalizada por la Operación Margen Protector de 2014 y la llamada «Intifada del Cuchillo» (2015-2016), Barkat pronunció con fuerza: ¡Debe ser!

En estas páginas, exploraré cómo ciertos discursos sobre la deshumanización de los jerosolimitanos palestinos se entrelazaron con el despliegue de tácticas disuasorias de conductas terroristas como las demoliciones punitivas de viviendas. Me interesa comprender cómo se puede erosionar o afectar la democracia: por un lado, como resultado de la configuración de un tipo de subjetividad como la del homo economicus del neoliberalismo; también, cuando esta mutación va acompañada de la emergencia contingente y estratégica de discursos que exacerban el carácter supuestamente irreconciliable entre diversos grupos y demandas; por último, explorar un rol específico del Estado como actor que participa en la configuración de una cultura de seguridad, mediador entre la población y una multiplicidad de posibles amenazas.

7.2. Las demoliciones de viviendas como medida punitiva

Las demoliciones punitivas son una tecnología a la que el Estado recurre en circunstancias excepcionales, haciendo de la destrucción del hogar de sujetos etiquetados como terroristas un espectáculo de disuasión para otros. A saber, su genealogía se remonta a las instrucciones pertinentes a las leyes del régimen previo, el Mandato Británico de Palestina: el artículo 11 de la Ordenanza Legal y Administrativa de 1948 (de hecho, las autoridades jordanas tomaron la misma medida en lo que atañe a Cisjordania; lo mismo vale para Gaza) habilitó la ejecución de demoliciones y clausuras de viviendas como medidas punitivas en los Territorios Ocupados[1]. La medida fue catalogada como administrativa e históricamente cumplida por las FDI[2].

Talmor (1989) señaló que la Corte Suprema se expidió positivamente sobre la legalidad de las órdenes de demolición de viviendas por iniciativa de un comandante militar en la víspera de la Guerra de los Seis Días en 1967, sentando un precedente para su posterior aplicación. Asimismo, la Corte Suprema declaró que su supervisión sobre el juicio de un comandante militar es meramente judicial y que no debía intervenir en otros aspectos de la ejecución de la orden. Pese a que la Cuarta Convención de Ginebra, en 1949, prohibiera el castigo colectivo en su artículo 33, su legalidad se mantiene en Israel[3].

En los años de la Segunda Intifada, entre 2001 y 2004, el Estado de Israel hizo uso de esta tecnología hasta que el Ministerio de Defensa la abandonó temporalmente, el 17 de febrero de 2005. Entonces, 664 unidades habitacionales fueron destruidas en Cisjordania y en Jerusalén Este dejando a 4.182 personas en situación de calle. Es decir que, irrespectivamente de aquellos individuos implicados en actos concretos, y al margen de los efectos disuasivos generados, el castigo fue extensivo a miles de personas cuya humanidad es empujada un escalón más abajo en términos de reconocimiento y goce de derechos y libertades, por tanto, ¿cuán eficaz es realmente una tecnología que despoja de su humanidad a un número de individuos mayor que al que mereció la condena? ¿No crea esta tecnología las condiciones de producción de un potencialmente creciente número de sujetos terroristas? Sea como sea, la modalidad de despliegue de esta tecnología da cuenta de una economía política: no se la emplea circunstancial ni caprichosamente.

Cuadro N°1. Cantidad de demoliciones de viviendas, 2001-2004[4].

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      La tecnología de las demoliciones punitivas es una de tantas expresiones de una cultura de seguridad que produce un Otro cultural eminentemente peligroso. Durante los gobiernos de Netanyahu y de Barkat, la novedad histórica fue la introducción de un registro discursivo que, en el nivel municipal, propendió a una modulación del empleo de esta tecnología según un tratamiento conforme al modelo del homo economicus. El comportamiento generalizado de la población fue evaluado según las ponderaciones individuales de alicientes y desincentivos, ¿qué ventaja habría en apartarse de la humanidad? ¿Quiénes estarían dispuestos a actos que justificaran la adopción por parte del gobierno de semejante tecnología? La modulación estratégica de la legalidad, el Estado argumentó, fue decidida dada la excepcionalidad de la peligrosidad de las prácticas terroristas: existen tecnologías que se aplican para neutralizar conductas y afianzar prácticas asociadas a un ideal moral –buenas prácticas– y otras cuya reanimación responde a un presunto carácter indómito, apartado de toda racionalidad y por ende, de toda bondad; prácticas aberrantes.

Cuadro N°2. Cantidad de demoliciones de viviendas en Jerusalén Este, 2014-2019[5].

Captura de Pantalla 2021-08-30 a la(s) 16.46.14

El cuadro anterior ilustra el despliegue de la tecnología de demoliciones punitivas una vez ésta fue reanimada a partir de la segunda mitad de 2014. El malestar producido tanto por el Operativo Margen Protector como sus disparadores y secuelas inmediatas se proyectó a los años subsiguientes, que vieron un recrudecimiento en la aplicación efectiva de la medida. El año 2016 comprende la moda, el pico máximo de demoliciones y de personas que quedaron, en consecuencia, en situación de calle. Los valores para 2017 y 2018 muestran un retorno a valores similares a los de comienzos del período, aunque superiores y tendientes a una nueva alza.

En suma, hay que considerar que las emisiones de órdenes de demolición corren por cuenta de la Municipalidad cuando se trata de irregularidades que competen al planeamiento urbano, mas las órdenes de demoliciones punitivas son emitidas por el Primer Ministro, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas[6]. Sí se aprecia un aspecto surgido de la ambigüedad estratégica sobre la cual se monta la legalidad de las tecnologías empleadas. La producción de la cultura de seguridad vigente halla sus raíces genealógicas en legislación del Mandato Británico: las tecnologías actuales adquieren una nueva funcionalidad operativa en el contexto de la Primera y Segunda Intifadas. Su reactivación contingente en condiciones de excepción, como sucedió con la «Intifada de los Cuchillos», o incluso «Tercera» Intifada, como se le llamó en medios de comunicación, puede interpretarse como una reanimación del esquema de poder de la soberanía dentro de una articulación gubernamental del ejercicio del poder político.

7.3. Cuentas de un collar de violencia

De los muchos eslabones de la cadena de violencia israelí-palestina, una espiral se desató dramáticamente en 2014 durante la Operación Margen Protector, que duró del 8 de julio al 26 de agosto. Anteriormente, el 12 de junio de 2014, Eyal Yifrach, 19, y Gilad Shaar y Naftali Fraenkel, de 16 años, fue secuestrado en Alon Shvut, un asentamiento dentro del complejo Gush Etzion, y asesinado por Marwan Qawasmeh[7] y Amar Abu-Isa, presuntos miembros de Hamas, ambos muertos en un tiroteo casi un mes después de Margen Protector, el enfrentamiento más sangriento entre las fuerzas del islam político en Gaza y las FDI en la década de 2010. Este hecho se relaciona con el asesinato del joven jerosolimitano Mohamed Abu Jdeir[8], de 16 años, oriundo de Shuafat: Yosef Ben David, líder del grupo que orquestó la muerte, fue condenado a cadena perpetua[9].

Esta espiral desembocó en la Intifada del Cuchillo, con Jerusalén como epicentro: su nombre corresponde al arma predominante de una modalidad callejera para atentar contra la vida de los transeúntes. En respuesta a la creciente actividad del movimiento colono alrededor del Monte del Templo, los enfurecidos palestinos de Jerusalén participaron en enfrentamientos con las FDI y la policía israelí, protestando contra el aumento de arrestos, demoliciones de familiares de viviendas de terroristas sospechosos y condenados, y contra la prohibición de acceder a la Explanada de las Mezquitas.

Tras el incidente del 22 de octubre de 2014, en el que Abdelrahman al-Shaludi, exdetenido de Silwan (Jerusalén Este) y asociado con Hamas, fue asesinado a tiros por la policía tras cometer un ataque, una ola de enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas policiales estalló en Jerusalén Este. La tensión se trasladó al Monte del Templo/Explanada de las Mezquitas. A fines de mes, la disputa se intensificó cuando el gobierno israelí restringió el acceso de los musulmanes a rezar en la mezquita de Al-Aqsa, hasta que la presión interna e internacional revocó la medida.

De hecho, uno de los líderes del Movimiento del Monte del Templo, el rabino y activista de derecha Yehuda Glick, líder de la organización «HaLiba«, fue blanco de un ataque terrorista mientras participaba en una conferencia. Tras el atentado contra Glick, el gobierno mantuvo la prohibición de acceso a la Explanada para musulmanes menores de 50 años, provocando intentos por parte de la población palestina de eludir la restricción, generándose así varios enfrentamientos.

En medio de la violencia, Jerusalén vio cómo los manifestantes lanzaban piedras, petardos y otros objetos, y las tropas de las FDI los reprimían con balas de goma y gases lacrimógenos. En respuesta, el gobierno israelí ordenó un aumento de la presencia policial en la Ciudad Vieja, las cercanías del Monte/Explanada, en Jerusalén Este y en las áreas de puestos de control y prisiones. Una serie de ataques continuó hasta que el 18 de noviembre de 2014 vio la muerte de otro policía druso, Zidan Sayif, que había intentado derribar a los terroristas que habían atacado una sinagoga en Jerusalén, causando 5 muertos y heridos. Tras su muerte, el Estado comenzó a implementar la demolición de viviendas terroristas como medida punitiva, amenazando incluso con revocar la ciudadanía o los documentos de residencia (para los palestinos de Jerusalén) según el caso.

En este contexto, caminando cerca de las oficinas del Ayuntamiento, Abraham Goldstein, de 27 años, probablemente no sospechó, en la tarde del 22 de febrero de 2015, que sería víctima de un apuñalamiento a manos de un menor. Tampoco que lo ayudaría un hombre de 55 años que, desarmado, reduciría al atacante aplicando técnicas aprendidas cuando era paracaidista durante la Primera Guerra del Líbano. Ese hombre era Nir Barkat, un empresario veterano y retirado, alcalde de Jerusalén en su segundo mandato[10]. Los guardaespaldas del funcionario hicieron el resto. Todo fue grabado por cámaras de seguridad[11]. Goldstein fue tratado con éxito y se inició un proceso contra el atacante. Poco después, Barkat hizo un llamamiento general a la población para que se armara.

7.4. La deshumanización del otro: gobernabilidad y soberanía neoliberal

En la racionalidad política de Barkat, parte de las conductas delictivas de la población palestina de Jerusalén no puede moderarse por completo debido al efecto de la agencia estatal que promulga la responsabilidad de esta competencia a nivel individual, es decir, sobre el ciudadano como empresario de su propia seguridad. Siguiendo a Butler, se podría plantear la pregunta de qué tipo de reconocimiento de la humanidad del otro existe realmente si la producción de conocimiento sobre esos sujetos, convertidos en objetos de intervención política, no resulta en su incorporación al demos.

En definitiva, habría vidas que deben ser protegidas, pudiendo implicar el despliegue de medidas para acabar con la peligrosa existencia de otras: la de sujetos que se convertirán en terroristas. En segundo lugar, estos terroristas se hallan sometidos a una «segunda» muerte encarnada en la demolición de sus viviendas y la de sus familiares. La irascibilidad del Estado queda limitada a áreas precisas de competencia. Podríamos decir que el «Es muss sein!» es el momento que caracteriza la manifestación ocasional más virulenta del poder. En ella se expresa una economía política específica de la gubernamentalidad que ocurriría cuando las autoridades lo ven indispensable. Considero que prácticas como las demoliciones punitivas y ejemplares de viviendas pueden aprehenderse como la reactivación estratégica de la soberanía: una tecnología del poder dentro de un ejercicio gubernamental del poder.

La alegoría del estado de naturaleza me lleva a recurrir al ensayo crítico de Butler (2004) sobre la detención indefinida en Guantánamo. Las condiciones de detención y la actuación de los tribunales militares estadounidenses hacia los acusados ​​de terrorismo revelan una licencia del Estado para etiquetar a las personas capaces de actos tan terribles que amenazan la vida de otros y la propia supervivencia del Estado. Es la incorregibilidad de estos comportamientos lo que conduce a las condiciones para la usurpación de la ley por parte del propio Estado. En efecto, esta lógica presupone la reducción de la humanidad de estos pueblos «excepcionales» a una animalidad incontrolable: seres en guerra perpetua y cuya constricción el Estado entiende, es la clave para evitar una emergencia nacional.

Tal autojustificación estatal constituye el mecanismo táctico de producción de un ejercicio de soberanía como variable instrumental, defensiva, arbitraria del uso del derecho. Se identifica un tipo específico de violencia: aquella cometida por actores cuya legitimidad no se admite (pues es un tipo de violencia no reconocida como siquiera «humana»), entrará en la categoría de terrorismo y, para combatirlos, el Estado podrá suspender la legalidad que rige normalmente para afrontarla y defender a la sociedad. La deshumanización de los terroristas y de los sospechosos de cometer actos terroristas representa un desafío a los valores y un límite a la expansión de los derechos de la sociedad reconocida como vulnerable. Por lo tanto, el terreno está despejado para la producción de nociones como lo «civilizado» y lo «humano».

La Intifada de los Cuchillos y hechos de impacto global —como el ataque a Charlie Hebdo y al supermercado kosher en París de 2015— pueden ser interrogados desde esta perspectiva, ya que la mirada de la comunidad internacional se volvió para observar cómo en Siria e Irak la abrumadora expansión de Daesh, o Estado Islámico, constituía una gran amenaza global creciente[12]. En ese momento no era raro encontrar invitaciones de las autoridades israelíes a judíos europeos, especialmente franceses, para establecerse en Israel: esto implicó una validación sobre la eficiencia de la cultura de seguridad para combatir los elementos que exponen a las poblaciones vulnerables a amenazas[13]. El estado de guerra perpetuo de Israel permitiría presentarlo como un refugio, ya que esta situación permite el despliegue de los mecanismos más «adecuados» y de vanguardia para combatir el terrorismo.

Con más frecuencia aún, Barkat afirmó que Jerusalén era una ciudad más segura que cualquier otra en los Estados Unidos. Michael Bloomberg, uno de sus principales asesores, apoyó esta afirmación. ¿Será que esta alusión era posible ya que el Estado autorizaba a los ciudadanos a hacer valer su derecho a protegerse por sí mismos si las circunstancias lo justificaban? Esta relación variable entre la legalidad y la legitimidad de quienes ejercen la violencia representa una activación similar a la descrita por Butler sobre el esquema de soberanía como insumo táctico para la gubernamentalidad. Consideremos las palabras de Barkat en un acto organizado por el Ayuntamiento, al que asistieron cerca de mil personas en solidaridad con el pueblo francés tras el ataque a la sede del diario Charlie Hebdo:

«El mundo entero comprende hoy lo que nosotros en Jerusalén e Israel hemos estado experimentando durante décadas: terrorismo asesino motivado por un odio penetrante por nuestros valores […] este es un ataque contra todos nosotros: toda la población judía, la libertad de prensa y expresión y sobre los valores de libertad que la democracia francesa y todo el mundo libre tienen tanto cariño: libertad, igualdad y hermandad que son la base de nuestros valores. Este odio, este llamado a la muerte, no detendrá al pueblo judío […] Hermanos y hermanas: las puertas de Jerusalén están abiertas para ustedes. Sión y todo el mundo judío están a su lado. Nous sommes tous Juifs de France, todos somos Charlie, todos somos judíos de Francia». […] La municipalidad de Jerusalén, bajo la directiva del alcalde Barkat, abrirá una sala de situación especial para los nuevos inmigrantes de Francia con el fin de ayudarlos en su traslado a Jerusalén. En la entrada al Ayuntamiento, hay un stand especial para la absorción de inmigrantes atendido por voluntarios de habla francesa que ayudarán a los inmigrantes con todas sus necesidades de absorción.»[14]

El impacto derivado de Margen Protector y el surgimiento de Daesh permitió exacerbar un discurso que asume que hay experiencias trágicas compartidas de pérdida y duelo entre parte de la comunidad internacional, que valora la libertad y la democracia. Tales condiciones históricas de posibilidad permiten el pronunciamiento de límites para percibir amenazas globales y comunes encarnadas por una peligrosa alteridad contra la cual, en defensa, se produce una correspondiente deshumanización del Otro.

Los atentados de París de 2015 representarían la clave para comprender una humanidad global común, reconocida por la externalidad negativa de las personas que deben caer en una categoría alejada de la humanidad. Esta pronunciación puede ser entonada tanto por las administraciones nacionales como municipales, que están relacionadas en su vulnerabilidad a los ataques. Algunos de estos gobiernos promoverán una cultura de seguridad presuntamente más eficaz y contundente. Puede decirse que Daesh pretendía infundir miedo en sus enemigos por los excesos del despliegue de violencia en su teatro de muerte punitiva. Para contrarrestar las conductas terroristas, las simbólicas «mil muertes» a las que estarían condenados los terroristas detenidos o asesinados en Jerusalén —a partir de la demolición de sus viviendas— siguieron una lógica diferente bajo la administración Barkat. Surgieron de una economía política distinta, no solo como forma de castigo, sino como articulación de un ejercicio de soberanía.

Si el diagrama de las disciplinas promovió el máximo grado de eficiencia económica posible al esforzarse por normalizar, rehabilitar y resocializar al delincuente en lugar de recurrir a la tortura y la muerte, los «excesos» de violencia vistos en Jerusalén entre finales de 2014 y comienzos de 2015 corresponden a la transferencia de puntos de tolerancia de la curva en la que operaba la economía política de la Jerusalén abierta. La ciudad se ofreció a la comunidad internacional como un sitio seguro para las familias judías que viven en Occidente, amenazadas por nuevos brotes de antisemitismo por parte de miembros de comunidades musulmanas, entre otras: una promoción dirigida a un público construido en torno a una idea de humanidad común cuya muerte puede llorarse como propia.

Una nueva movilización en la plaza Safra, frente al Ayuntamiento, se llevó a cabo en virtud del ataque al supermercado kosher de Porte de Vincennes en París, con la presencia de los grandes rabinos Shlomo Amar y Arye Stern, y autoridades francesas e israelíes. En este contexto, Barkat dijo:

«A medida que las olas de terror cruzan océanos y continentes, el mundo ahora comprende lo que experimentamos aquí en Israel […] Necesitamos estar como un frente unido y sólido contra los grupos terroristas. La sangre extraída aquí por el terror y la sangre extraída en París, en las colinas de Hevron, son iguales. El mundo debe unirse y luchar contra los terroristas, por el bien de nuestros valores. Hoy, desde Jerusalén, enviamos nuestras condolencias y mostramos nuestro apoyo al pueblo de Francia, y hemos iluminado los muros de la Ciudad Vieja con la tricolor, los colores de la bandera de Francia, como símbolo de nuestra solidaridad […] Unidos, enviamos nuestras condolencias a las familias de los muertos y heridos, así como a las familias de los muertos y heridos en los ataques terroristas en Israel en las últimas semanas», agregó. Hablando en el evento, el cónsul francés Hervé Magro dijo que «Francia agradece a Israel por su solidaridad a raíz de este ataque malvado y bárbaro. Francia continuará luchando por sus valores, los valores del humanismo internacional, tal como son aceptados por las naciones del mundo».[15]

La supervivencia del sesgo orientalista que tiñe visceralmente la praxis ajena, de un animal, se exhibe en citas como esta, en las que autoridades oficiales expresan la distinción entre humanidad, democracia y civilización frente a actores que se apartan categóricamente de estas nociones. Hay una distinción entre humanidades que hay que lamentar con respecto a otras cuya existencia supone una amenaza y, por tanto, cuya muerte no despierta un duelo similar.

Declaraciones como esta última pueden revelar que el terrorismo y los discursos que surgen al detectarlo son parte de una racionalidad política que entiende que la modulación del comportamiento de la población es posible dentro de la democracia y que otras series de conductas no lo son. Entre ellas, habrá una oferta de actividades delictivas que serán maleables y domesticables en cierta medida, pero otras, las menos susceptibles de normalización y las más «terribles», evocarán la privación de derechos y garantías, y algunos grados de aniquilación física, ya sea explícita, directa o simbólica. En Jerusalén, los ataques terroristas serían castigados con la demolición punitiva de viviendas, sublimación de la muerte, no del delincuente per se, sino de alguien separado de la humanidad del criminal.

La asunción de un arte de gobierno neoliberal permite observar cómo el Estado reelabora su papel de mediador y garante de los miedos existenciales de la población. Precisamente, la administración de Jerusalén mostró su voluntad de distribuir su monopolio de tal atribución. La operación de responsabilización visible durante este período de gobierno de Nir Barkat es la de un Estado que construye sujetos lo suficientemente peligrosos para que la población asuma, directamente, la tarea de garantizar su propia seguridad. En suma, la reanimación táctica del diagrama de soberanía permite que los objetos referentes se responsabilicen de su propio cuidado debido al carácter indomable de los terroristas, requiriendo una consideración especial del rol del Estado en un marco de ejercicio de gobernabilidad.

7.5. Responsabilidad y portación de armas

Tal «Jerusalén abierta» reflejaba una aspiración a normalizar los comportamientos contenciosos de la población a partir de la lógica mercantil. Sin embargo, cabe preguntarse qué mecanismos, tácticas y tecnologías apuntaron a consolidar el rumbo trazado por tal vocación de ejercicio del poder en instancias donde el Estado tuvo que lidiar no tanto con los comportamientos de sujetos que cumplían con el molde del emprendedor, sino más bien con aquellos que exigieron un tratamiento específico por un carácter indómito.

La Operación Margen Protector y los hechos que rodean a la Intifada del Cuchillo marcan un hito que implicó una mutación en el campo de la configuración discursiva de las autoridades israelíes en materia de democracia, diversidad y seguridad, suponiendo una articulación original de las tecnologías de poder existentes. En ese contexto, el ex alcalde Barkat respondió a la serie de ataques terroristas cometidos casi a diario, asumiendo la contundencia que evoca la respuesta de «La decisión difícil»: Debe Ser. Con esto quiero decir que si Barkat moduló o introdujo una forma original de representar la cuestión jerosolimitana y los medios para su posible resolución, no descartó las medidas de anteriores alcaldes: en cambio, hizo uso de una inmensa ligadura que mantuvo la armonía entre notas que suenan de fondo, esperando el momento de una nueva y contundente ejecución. Ese momento del «debe ser» permitiría a las autoridades revocar los permisos de residencia, intensificar los operativos de vigilancia y las detenciones e imponer castigos ejemplares sobre actividades terroristas tales como demoliciones punitivas de viviendas. La economía detrás de tal demostración de la irascibilidad del Estado tendría como objetivo guiar la conducta de los palestinos de acuerdo con una alternancia equilibrada en la prominencia de diferentes melodías[16].

En octubre de 2015[17], los medios israelíes informaron que funcionarios de la Municipalidad y personal de la policía instruyeron informalmente a la población civil a que portara armas[18]. En medio de la intensificación de los hechos cotidianos violentos en los que las autoridades estatales participaron de diferentes formas, el propio Barkat animó a quienes poseían una licencia para portar armas de fuego a hacerlo para aumentar su seguridad personal:

«El alcalde alienta a los propietarios de armas con licencia a llevar sus armas para aumentar la seguridad. Él mismo sirve como un ejemplo personal de esto», dijo la Municipalidad de Jerusalén. Según el municipio, Barkat llevaba su pistola Glock con licencia en una gira reciente en Beit Hanina con la policía para mejorar la seguridad del tren ligero de Jerusalén, así como en febrero pasado cuando frustró un ataque terrorista contra un hombre haredi. «Dada la actual escalada [de violencia] en la situación de seguridad, aquellos con un arma de fuego con licencia que saben qué hacer con ella deben salir con [su arma], es un imperativo», dijo Barkat a la Radio del Ejército el jueves. «En cierto modo, es como un deber de reserva militar».[19]

La irrupción al espacio público de sujetos peligrosos, armados con elementos no convencionales para atentar contra la vida ajena, requirió al Estado la difícil tarea de ejercer una vigilancia generalizada que pudiera anticipar estos comportamientos, los cuales cayeron dentro de la categoría oficial de terrorismo. Declaraciones como estas ilustran una operación de responsabilización en la que el Estado pronuncia «debe ser», delegando y/o licenciando el monopolio de la coerción física entre civiles, permitiéndoles hacer uso de mecanismos asequibles en un contexto de creciente violencia generalizada.

Dada la imposibilidad física de inocular cada amenaza potencial cometida por personas sin afiliación o formación partidaria, incluso de menores de edad, Barkat reconoció que se requería una respuesta conforme al «debe ser«. Así, los funcionarios estatales convirtieron a la población civil, el objeto referente de tales amenazas, en el agente de su propia seguridad. Esto sucedió cuando se autorizó a los civiles a recurrir a elementos que, en otras manos, convertían a otros actores en sujetos peligrosos. Se activa, por consiguiente, el círculo vicioso del dilema de seguridad.

El aliento de Barkat a armar a los civiles habla de los lentes a través de los cuales ese ejercicio de gubernamentalidad enmarca la representación de la capacidad de la humanidad para infligir daño y para proteger. Aun cuando se difunda la presencia de agentes de seguridad oficiales y la instalación de cámaras, el Estado se reserva un momento de «debe ser» para circunstancias excepcionales, recurriendo así a una rendición de cuentas de otro tipo: aquella en la que el homo economicus debe convertirse en un agente de su propio bienestar económico y de su seguridad. En consecuencia, el Estado envía al individuo a una especie de estado de naturaleza incompleto donde prevalece el estado de derecho como comunidad política que reconoce la legitimidad de las autoridades oficiales para ejercer el poder. Este ejercicio se manifiesta, sin embargo, devolviendo al ciudadano una parte de una libertad concedida en el pasado. Esta es una faceta diferente que surge para el homo economicus que, como homo politicus, debe actuar como emprendedor en un nuevo sentido. Otra cita de la entrevista en Army Radio ilustra el punto:

«Barkat respondió a imágenes de sí mismo caminando por la ciudad por la noche con lo que a primera vista parecía ser un rifle, afirmando que los informes «simplemente entendieron mal los hechos». El arma en cuestión, dijo, era una pistola Glock 23, combinada con un kit de conversión de pistola a carabina que «hace que la pistola sea más precisa y, por lo tanto, más segura». «Tengo un arma con licencia», dijo Barkat. «Cada vez que hay tensión, instruyo a las personas que pueden portar armas y tienen experiencia en usarlas para llevar sus armas con ellos. Si revisa, verá que en muchos casos, quienes neutralizaron a los terroristas eran ciudadanos que no necesariamente son policías, como los ex soldados».[20]

Hay tanto un conocimiento como una experiencia que emana de una forma de subjetivación, de una forma de ejercicio de la ciudadanía en el Estado de Israel, que se caracteriza, eminentemente para la población sionista, por el servicio militar. Esta pericia surgió de un Estado cuyas fronteras geográficas y contenidos constitucionales son excepcionalmente ambiguos en cuanto al proceso de consolidación de un Estado Nación, implicando momentos donde la intensificación del conflicto con los palestinos implicó la toma de armas para defender a la sociedad por un período determinado.

Este pasaje constitutivo en la experiencia de ser ciudadano del Estado expone al individuo a un potencial sacrificio en nombre del país: una forma de acción política, un último bautismo en la adultez. La operación de rendición de cuentas que incide en la preocupación individual por la protección de la propia vida se basa en esta experiencia generalizada de construcción de ciudadanía. Sin embargo, cuando las posibilidades de anticipar un ataque son inestimables por su extrema probabilidad, los experimentados en protegerse, «deben» actuar: es más, están autorizados a recurrir a las técnicas e instrumentos que alguna vez fueron incorporados y utilizados para proteger en nombre del Estado, solo que esta vez, para cuidar de sí mismos. Se trata, en adelante, de un nuevo cuidado de uno mismo y de los demás, ejercido por el ciudadano de a pie, temporalmente responsable de una atribución estatal eminente, si no exclusiva.

El propio Barkat no dudó en declarar que portaba (o portaría) diariamente su pistola Glock y en alentar a la población a armarse contra quienes potencialmente los amenazan. De ahí que existan usos «adecuados» de tecnologías «elementales»: armas de defensa personal, en manos de una población que, en su mayor parte, cuenta con formación militar y/o policial. Esta exhortación es una delegación: otro desprendimiento de la atribución del Estado y su retorno al individuo, definiendo un régimen de veridicción sobre el uso de armas y tecnologías, acorde a la moral de quien las maneja:

«El alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, dijo el martes que su ciudad emplea una variedad de técnicas para tratar de detener los ataques terroristas antes de que sucedan, incluido el uso de perfiles «inteligentes» y ciudadanos armados. […] «Cuando tenemos una amenaza terrorista, pedimos a las personas que lleven sus armas», dijo Barkat a «Squawk Box» de CNBC durante un viaje a la ciudad de Nueva York. «Por lo general, estamos hablando de oficiales, capitanes y más, del ejército israelí, que están bien entrenados [y] son ​​muy responsables. Saben cómo ir a combatir». «A veces están mejor entrenados que la policía», dijo. «No hay mal uso de rifles y armas en Israel. Por el contrario, dan medidas adicionales [y] seguridad adicional. Es exactamente lo contrario, creo, de lo que está sucediendo en los Estados Unidos». Alrededor del 3 por ciento de los civiles israelíes tienen licencia para portar armas, dijo Barkat. En comparación, alrededor del 5 por ciento de los adultos en los EE. UU. han ocultado sus permisos para portar, según el Centro de Investigación de Prevención del Delito. Los recientes ataques terroristas en París y San Bernardino, California, han provocado un debate sobre el control de armas en los Estados Unidos y en todo el mundo, con opiniones contradictorias sobre si más armas o menos armas ayudarían a prevenir la violencia mortal.»[21]

Huelga decir que, independientemente de cualquier entrenamiento militar previo[22], no hay forma de verificar probabilísticamente que cada persona que decide salir armada tenga experiencia en el uso de armas ni que haga un uso responsable de ellas, si es que tal cosa existe. Declaraciones como la última y la siguiente ilustran cómo las autoridades pueden respaldar una racionalidad donde se aprecia la microexpresión urbana de un problema global: ciertas formas de abordarlo son efectivas y otras no. Las tecnologías de identificación juegan un papel importante en este ejercicio del poder gubernamental, como la vigilancia de las redes sociales en Internet[23], articulada con el monitoreo de cámaras de seguridad en el espacio público, que permiten distinguir a los jerosolimitanos según la cuadrícula del homo economicus:

«Barkat también dijo […] que el perfil ‘inteligente’ ayuda a mantener a los ciudadanos de Jerusalén más seguros al tratar a los radicales y presuntos terroristas de todas las religiones de la misma manera. ‘Hay que diferenciar entre los «buenos» y los «malos»‘. Dijo que los juicios sobre salvar vidas y la calidad de vida deben sopesarse. ‘Siempre preferiremos salvar vidas’, agregó Barkat, incluso si hay algunas medidas a corto plazo que restringen la libertad. ‘Debe diferenciar entre esas personas [entre los palestinos, los ‘buenos’] y un pequeño porcentaje de personas islámicas radicales que incitan a los adolescentes’, dijo. ‘También hay algunos perfiles de la población judía radical. Un tercio de los residentes en Jerusalén son musulmanes, dijo Barkat. ‘La mayoría de la población musulmana está tan preocupada por estos ataques terroristas como cualquier otra persona. Son los primeros en sufrir. Y nadie va y compra en los barrios. Tienen desafíos para ir a trabajar. Así que toda la población de Jerusalén sufre en [el] caso de un ataque terrorista’. Si se produce un ataque, después de neutralizar cualquier amenaza inmediata, Barkat dijo que una de las posiciones más importantes contra los perpetradores es la resistencia. ‘Vuelve a la vida lo más rápido posible. No canceles eventos. No pares el transporte público. Nada de eso. Sigues con la vida lo más rápido posible para que los terroristas obtengan cero ganancias […] La gente quiere vivir juntos en nuestra ciudad. No dejaremos que el islam radical u otros radicales desalienten nuestra forma de vida'»[24]

¿Qué dice esto sobre un orden social que busca la integración parcial de algunas de estas comunidades de residentes permanentes en los términos del homo economicus? Es decir, ¿qué dice esto de un Estado que llama a un grupo capacitado de su población a armarse contra otro grupo del que, algunos miembros, se reconocen en una situación de tal vulnerabilidad que recurren al terror? Estas preguntas pueden mostrar que la configuración de una determinada red de relaciones de fuerzas está sujeta a la reversibilidad de prácticas que se vinculan entre sí, lo que representa el reflejo de unos sobre la amenaza de otros.

7.6. De prácticas globales a locales, gubernamentales y actuariales

Las políticas punitivas analizadas se pueden considerar a la luz de los siguientes aportes. Complementando la perspectiva foucaultiana sobre la cuadrícula de inteligibilidad neoliberal, las políticas correctivas transitan hacia estrategias de tipo actuarial (De Giorgi, 2006): cálculos matemáticos y procedimientos utilizados para cuantificar y ponderar el costo-beneficio de procurar una gestión de riesgos racional y eficiente. Esta operación implica la posibilidad de que cada individuo cometa un delito: el ejercicio de la gubernamentalidad actuarial aspirará a establecer la tolerancia, es decir, el equilibrio entre su oferta y demanda. Las prácticas actuariales se basan en cuantificaciones probabilísticas semejantes y operan como una forma biopolítica de gobernanza de los comportamientos de la población. Foucault caracterizó las operaciones de las normas como aquellas que buscan imprimir gestos o actos ajustados a un molde, como el del emprendedor.

La gubernamentalidad neoliberal supuso la generalización de la forma económica del mercado como principio de inteligibilidad de las relaciones sociales y comportamientos individuales, trasladando ese esquema de desciframiento a esferas no económicas. Esta cuadrícula económica permitiría examinar la acción gubernamental (su vigencia y la prodigalidad de sus gastos) filtrando la intervención pública en el juego oferta-demanda, costo-beneficio, como también ocurriría con la seguridad. No es que el Estado neoliberal «deje de hacer»: devuelve atribuciones a sus ciudadanos. Foucault trazó genealógicamente el argumento de los reformadores del derecho penal del siglo XVIII, Jeremy Bentham y Cesare Beccaria: se trata de economía política, de un análisis económico de la política o del ejercicio del poder, de una fuga en términos de utilidad económica para el sistema penal para lograr el menor costo posible. La búsqueda de una solución legalista se basó en la eficacia prospectiva de las penas, asignando legalmente la figura de delito a una determinada acción encriptada en gradientes por una ley específica. Por tanto, el crimen es entendido como una construcción política o una operación de inspiración económica.

Etiquetar comportamientos considerados nocivos como delitos equipara homo penalis a economicus: una persona expuesta a la ley y las consecuencias de las decisiones tomadas después de un cálculo entre costos y beneficios. El carácter ejemplar del castigo persigue un objetivo económico: es un gesto disuasorio para los futuros infractores. La clave de la racionalidad neoliberal, señaló Foucault, está en el acto mismo y en su caracterización jurídica operativa: corresponde a la justicia señalar el crimen desde la perspectiva de quien lo comete. La cuadrícula utilitaria admite que el criminal ha sopesado racionalmente los costos y beneficios derivados de su acción: el gobierno del sujeto peligroso apunta a limitar las externalidades negativas de ciertos actos que serán etiquetados en consecuencia.

El caso «extremo» de atentados terroristas exige la reducción de estas prácticas de acuerdo con la curvatura normal. La lógica de la distribución del riesgo admite que es de esperar que alguien se comporte de esta manera, revelando su inhumanidad. Los eventos en Israel-Palestina muestran que después del otoño de 2014, cierta economía política aplicó las tecnologías de poder existentes de una manera que Barkat, en condiciones normales, habría evitado, dado el costo que representaban. Si, al principio de su primer mandato, Barkat comprendió que las demoliciones de viviendas no congraciaban a los palestinos de Jerusalén con las autoridades israelíes, su racionalidad de «palo y zanahoria» también demostró precozmente que estaría dispuesto a recurrir a estas últimas si fuera necesario. ¿Qué dice esto sobre el papel del Estado en brindar seguridad para defender unas vidas de otras que se presentarían como prescindibles?

Ikechi Mgbeoji (2006) destacó el movimiento desde el final de la Guerra Fría hacia una concepción militarizada de la seguridad en un mundo donde los problemas de seguridad no implican explícitamente a los Estados «preparándose para la guerra», como afirmaron investigadores de la Escuela de Copenhague en los años noventa (Buzan, Weaver & de Wilde, 1997). Si bien esa noción resultó ineficaz frente a las complejidades que ofrecen los nuevos problemas contemporáneos de un orden global, un nuevo núcleo centrado en el individuo apuntala el surgimiento de la seguridad humana, evocando la Carta de la ONU, la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención de Genocidio, y la Convención de Ginebra de 1949 y sus Protocolos Adicionales. Este giro antropocéntrico, trazable genealógicamente en los documentos mencionados, implica un equilibrio entre las necesidades humanas de seguridad y libertad.

Asimismo, este cambio se acompaña de una matriz constructivista, que se sustenta en la articulación de mecanismos normativos punitivos (sanciones, humillaciones, cooptación) para corregir y disuadir actos que comprometan la seguridad de los Estados: esto se aplica en el ámbito de la gobernanza internacional y transnacional y a microescala. Esto último es posible, epistémicamente, si entendemos que el castigo o recompensa por una conducta afectará el acceso a bienes, servicios y capital financiero.

Mgbeoji señaló que el desarrollo sostenible de la persona constituye otro eje al que se dirige esta justificación de la seguridad humana como respuesta a factores no militares que comprometen la seguridad y la supervivencia. La evidencia aquí examinada nos permite teorizar sobre cómo las autoridades políticas ejercen la gubernamentalidad al considerar ciertas conductas como amenazantes, traduciendo así sus representaciones en la producción y articulación de técnicas que les permitan conducir efectivamente esas conductas inoculándolas.

Retomando el argumento de Butler (2004), la autora nos recuerda que Foucault enfatizó cómo la gubernamentalidad emplea la ley como táctica: incluso sin apartarse de la legalidad, la reanimación de la soberanía como estrategia efectiva puede implicar una dimensión extralegal. Siguiendo a Foucault, la soberanía se convierte en un instrumento de poder cuyo uso suspende la ley o conduce a un empleo táctico suyo, revelando el poder como irreductible a la ley.

Autores como Ayoob (1995) y Duffield (2007) también han señalado la supervivencia de un sesgo orientalista en la producción de un Otro cultural peligroso que revivió en la década de 1990 y se intensificó especialmente desde la Guerra de Afganistán y la Segunda Guerra del Golfo. Si junto a estos eventos ubicamos el surgimiento del homo economicus del neoliberalismo, ¿cómo se relaciona un cambio antropocéntrico con las culturas de seguridad establecidas como resultado de estos eventos?

Consideremos la profusión de tecnologías de seguridad destinadas a identificar, monitorear, calcular y evaluar el riesgo desde el 11 de septiembre que constituyen al individuo, desde áreas precisas hasta un ámbito poblacional extendido (Ceyhan, 2008; Beck, 2006). La industria de la tecnología civil en expansión desde el nuevo milenio se enfoca en responder a las nociones de riesgo que involucran temas como la migración y los refugiados, los impactos sociales, económicos y políticos del cambio climático, el empobrecimiento, el desempleo y la deuda externa y el terrorismo (Duffield, & Waddell, 2006). En este contexto, el Estado-Nación enfrenta nuevos desafíos que traspasan las fronteras nacionales y estatales, priorizando las nociones de riesgo e incertidumbre, delegando muchas veces la vigilancia al sector privado (Ocqueteau, 2004).

Los actores encargados de realizar estas tareas cuentan con sofisticadas tecnologías de seguridad: biometría, sistemas de cámaras, cédulas de identidad, bases de datos, escáneres, dispositivos de vigilancia y registro de movimientos geográficos, detección de movimientos, identificación de rasgos faciales (Koskela, 2003). La generación de sistemas interrelacionados para la documentación y difusión de pruebas de identidad similares permite a las autoridades estatales poseer conocimientos (ya que estas tecnologías se mueven entre diferentes tipos de actores) que les pueden ayudar en la toma de decisiones sobre dichos conocimientos. Una actualización del binomio conocimiento-poder emana de estas tecnologías de identificación: tienden a resolver el problema de la incertidumbre haciendo calculables los riesgos presentes.

La relación entre seguridad y riesgo traspasa las fronteras nacionales. En el mundo contemporáneo, los judíos de Jerusalén y París son vulnerables e igualmente frágiles. Barkat estableció un parentesco entre Francia e Israel dada la exposición común a expresiones deshumanizadas de alteridad cultural. Un conjunto de seguridad asentado sobre estas premisas puede recurrir a esta particular relación entre gubernamentalidad y soberanía para responder a un contexto de máxima incertidumbre, siguiendo una lógica actuarial y desplegando fuerza física de manera extraordinaria (Haggerty & Ericson, 2000). Echemos un vistazo a la siguiente declaración emitida el 19 de noviembre de 2014 por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, titulada «La demolición de la residencia de un terrorista: antecedentes legales». En estas líneas, el gobierno nacional respondió a las críticas de la oposición, la sociedad civil, los palestinos y la comunidad internacional:

«Desde 2013, ha habido un fuerte aumento en los ataques terroristas, con más de 1.400 incidentes de ataques a ciudadanos israelíes [que] pusieron en peligro sus vidas. Los ataques contra civiles incluyen tiroteos (como el ataque del 18 de noviembre contra una sinagoga de Jerusalén); puñaladas, secuestros e intentos de secuestro (incluido el secuestro y asesinato de tres adolescentes en junio); ataques a peatones con automóviles, camionetas y equipo pesado; ataques de cóctel molotov; y […] en los que se arrojaron objetos letales contra vehículos en movimiento.

Ante la creciente ola de terrorismo, Israel se ha visto obligado a tomar ciertas medidas para proteger la vida de civiles inocentes. Una de esas medidas, utilizada solo en casos excepcionales, es la demolición de estructuras conectadas a terroristas particularmente peligrosos.

Las órdenes de demolición se emiten solo contra las residencias de terroristas que cometen los delitos más graves. Por ejemplo, Ziad Awad, quien el 14 de abril disparó docenas de disparos desde un rifle de asalto automático a vehículos israelíes que pasaban. Un oficial de policía fuera de servicio fue asesinado en el ataque y su esposa embarazada y su hijo de nueve años resultaron heridos. Se puede encontrar un segundo ejemplo en el caso de Abdelrahman al-Shaludi, quien asesinó […], cuando deliberadamente embistió su automóvil contra una multitud cerca de una estación de tren ligero en Jerusalén en octubre.

La demolición de residencias no se utiliza como acción punitiva. Más bien, la demolición es un acto de disuasión, diseñado para desalentar a otros terroristas y minimizar así el número de futuros ataques terroristas. Esta medida también se lleva a cabo de acuerdo con la regla de necesidad militar, para evitar que los terroristas regresen a sus propiedades y la utilicen para otras actividades terroristas.»[25]

Observemos la correspondencia entre la racionalidad exteriorizada en este enunciado y las referencias teóricas antes mencionadas. Reaparece la trama de inteligibilidad del neoliberalismo y las prácticas actuariales en materia penal: es la probabilidad de ocurrencia del terrorismo, perpetrado por un gesto deliberado y meditado, lo que habrá que evitar. La resolución de la incertidumbre se promueve mediante una técnica que merece una confesión por parte de las autoridades políticas oficiales. La cita anterior actúa como tal confesión, racionalizando públicamente una discreción según el estado de derecho sobre el que se monta la gubernamentalidad: (es) la admisión de la recurrencia institucional a un medio extralegal de ejercicio del poder.

La disuasión desplaza el castigo que se extiende virtualmente por toda la población, imprimiendo en cada individuo la huella de una destrucción material y simbólica: el centro de la vida, el hogar, el edificio que sublima el cuerpo del terrorista. Es una advertencia definitiva, una violencia que se derrama sobre la población apelando a la espectacular magnitud de esta tortura desplegada. La condición jurídica de este acto es tan precaria que debe declararse: la indomable animalidad del terrorista que expone a la humanidad a un riesgo insoportable justificaría la respuesta.

Los civiles ahora están protegidos sobre la base de una noción de seguridad humana y una lógica actuarial. Si el principio de demolición de viviendas de terroristas es la disuasión, el ámbito de gobierno que contempla esta tecnología es la subjetividad de todos aquellos que aún no han cometido un acto similar. Si es posible, esta tecnología tendrá como objetivo impulsar el comportamiento de la población de tal manera que el terrorismo se mantenga por debajo de la demanda. El principio de esta tecnología es el de la gubernamentalidad neoliberal que concibe al homo economicus como capaz de tomar decisiones racionales de acuerdo con alternativas de costo-beneficio. Parece que, en esta racionalidad, la humanidad y la comprensión moral del bien y del mal corresponde a la subjetividad de un individuo que, en virtud del uso de la razón, comprende la gravedad de un acto de terrorismo para evitar cometerlo. La pregunta clave para cualquier cultura de seguridad podría resumirse de la siguiente manera: ¿qué/quién debería ser protegido por quién y de quién? Los ensamblajes de seguridad observados en Jerusalén sugieren que la cultura de seguridad establecida depende de tecnologías de identificación dedicadas al servicio de distinguir entre judíos y palestinos israelíes buenos y malos.

Palabras finales

En suma, existen externalidades negativas en los mecanismos para establecer qué es un delito o acto de terrorismo y su consiguiente sanción. Las políticas punitivas neoliberales tienden a optimizar los sistemas de diferencia: no se trata de extinguir completamente el crimen sino de establecer tolerancias. La conducta de estos comportamientos adopta la mecánica del ajuste en torno a los valores de equilibrio entre las curvas de oferta y demanda. La política criminal se convierte en un mecanismo regulador del mercado delictivo de acuerdo con su oferta, la cual estará limitada por una demanda negativa cuyo costo no superará al del delito que se está reduciendo.

Parece que los «buenos» palestinos o israelíes, según Barkat, son los que operan según un cálculo correspondiente a la demanda negativa del costo de sus acciones: como agentes económicos en esferas de acción no económicas. Estos discursos sobre el racismo, la otredad cultural y el terror, caen en el sentido utilitarista y actuarial de la gubernamentalidad neoliberal, disuadiendo comportamientos terroristas esperables, curvándose la expresión de su máxima externalidad negativa: su radicalismo confesional o étnico. En consecuencia, el mantenimiento y desplazamiento del terrorismo dentro de «valores» negativos con respecto a tales curvaturas, es una operación que responde a un modo de ejercicio del poder político que se puede identificar como neoliberal, ya que filtra las prácticas de los actores que gobiernan según a la cuadrícula de inteligibilidad del homo economicus de manera generalizada.

Este ejercicio de gubernamentalidad neoliberal permite comprender cómo en virtud del carácter indomable de aquellos sujetos identificados como extremadamente peligrosos por el Estado, se produce un traspaso de poderes. Aquí, la población civil, construida como objeto referente, es encomendada como responsable, por parte del Estado, de enfrentar las amenazas que puedan presentar los sujetos señalados sin mayor mediación institucional. La inevitable centralidad que asume el Estado en este proceso original de rendición de cuentas redefine la cultura de seguridad actual ya que la legitimidad del Estado no se basa en la mera provisión de seguridad a través de sus agencias y organizaciones, sino en la distribución y licenciamiento de la población para convertirse en garantes de su propia subsistencia.

Esta redistribución de las tareas de control actuarial permite brindar una recuperación crítica de los estudios postestructuralistas y constructivistas sobre seguridad en el nuevo milenio: las amenazas van más allá de los conflictos armados entre Estados dada la proliferación de flujos transnacionales cada vez más densos. Empero, la conquista del Estado y la cuestión de la legitimidad sobre la violencia refuerza la noción de que el Estado debe estar en el centro del análisis debido a los múltiples gestos con los que reacciona ante estas nuevas amenazas.

Con todo, es posible aprehender los hechos de Jerusalén como la reactivación táctica del esquema de soberanía contenido en esta modalidad de comprensión del crimen, el terrorismo, la seguridad y la praxis del Estado. La radicalidad de determinados aspectos individuales puede constituir un factor que impulse la decisión de cometer un acto de terrorismo. La racionalidad subyacente al cálculo de las consecuencias virtualmente derivadas de esa acción tendrá que retractar tal radicalidad «civilizando» una animalidad cuya destrucción (es muß sein), de otro modo no sería posible contener.


  1. La Regulación 119 de las Regulaciones de Defensa (Emergencia) del Mandato Británico establecía que : «119 – (1) Un Comandante militar puede, por orden, dirigir la confiscación al Gobierno de Palestina de cualquier casa, estructura o terreno del cual tenga motivos para sospechar que se ha descargado ilegalmente cualquier arma de fuego, o cualquier bomba, granada o artículo explosivo o incendiario lanzado ilegalmente, o de cualquier casa, estructura o terreno situado en cualquier área, pueblo, aldea, barrio o calle cuyos habitantes o algunos de los cuales tenga conocimiento hayan cometido, o hayan intentado cometer, o hayan incitado a la comisión o hayan sido accesorios después del hecho a la comisión de cualquier delito contra este Reglamento que implique violencia o intimidación o cualquier delito del Tribunal Militar; y cuando cualquier casa, estructura o tierra se pierde como se mencionó anteriormente, el Comandante Militar puede destruir la casa o la estructura o cualquier cosa que crezca en la tierra. (2) Los miembros de las fuerzas de Su Majestad o la Fuerza de Policía, actuando bajo la autoridad del comandante militar, pueden incautar y ocupar, sin compensación, cualquier propiedad en cualquier área, pueblo, aldea, barrio o calle como se menciona en la subregulación (1), después del desalojo sin compensación de los ocupantes anteriores, si los hubiera.» (Talmor, 1989; 8).
  2. Aunque carece de proceso legal, la Cuarta Convención de Ginebra (1949) autorizó a las fuerzas armadas de un Estado, en su artículo 53, a implementar este castigo, colectivo e irreversible. La condición es que exista una necesidad absolutamente militar. El Comité Internacional de la Cruz Roja interpretó esto en noviembre de 1981 para: «movimientos, maniobras y otras acciones realizadas por las fuerzas armadas con una perspectiva de luchar».
  3. Sin embargo, la Corte Suprema limitó el 30 de julio de 1989, en el contexto de la Primera Intifada, el alcance de su tolerancia a la medida, restringiendo las demoliciones como una «forma de castigo»: de no haber necesidades militares operativas, el ejército debía proveer a los afectados la oportunidad de contestar la orden de demolición a partir de un proceso legal con plazos establecidos para apelar ante la Corte Suprema (Talmor, 1989).
  4. Realización propia con datos provistos por Btselem. Ver: https://cutt.ly/lQXyBO1.
  5. Ídem anterior. Btselem también indicó que para 2015 y 2016, 14 y 2 unidades habitacionales adyacentes o cercanas quedaron inhabitables debido a las demoliciones realizadas. La punición se disemina a quien es directamente castigado/a y hacia inocentes: la táctica es propiciar la disuasión a lo largo de la población.
  6. Barkat se congració con el uso de esta tecnología por parte de Netanyahu, pero no es una medida municipal.
  7. El 6 enero de 2015, Hussam Qawasmeh, primo de Marwan, fue sentenciado a prisión por tres condenas perpetuas y a una compensación de 63.000 shekels a las familias de las víctimas por ayudado a planear el crimen.
  8. Inicialmente, la policía había comunicado que Abu Jdeir, quien fue asesinado por incendio, fue víctima de una restitución del honor, dada la supuesta homosexualidad del adolescente. Descartada esa versión, considerada maliciosa e injuriosa por la familia y simpatizantes, Netanyahu y su gabinete entero, incluido el entonces presidente Shimon Peres, enfatizaron que los crímenes de estos cuatro adolescentes despertaban el mismo repudio y dolor.
  9. Tocó la misma condena a los otros dos sospechosos hallados culpables, menores de edad al momento del hecho.
  10. Yanovski, Roy, «Jerusalem mayor, bodyguards subdue Jerusalem terrorist», Y Net, 02/22/15.
  11. Véase: Arutz Sheva Staff, «Watch: How Nir Barkat subdued a terrorist», Arutz Sheva, 27/01/19.
  12. Con sus discursos propagandísticos y la viralización de videos con espectaculares ejecuciones sumarias de cautivos, fuesen ya norteamericanos, japoneses, o árabes musulmanes, los imaginarios acerca del islam político y el terrorismo presentes en la Guerra contra el Terror de la era de George Bush se reactivaron. Tanto es así que las propias autoridades de Hamas, en Gaza, temieron que este grupo insurgente disputara su legitimidad para gobernar, de facto, la Franja, aunque eso no ocurrió, quizás dada la «precaución» que tomaron en prevenir a toda costa que floreciera. Para más sobre el tema, ver: Oster, Marcy, «Hamas and ISIS hate Israel — and each other», The Times of Israel, 31/08/019; Hadid, Diaa & Al Waheidi, Majd, «ISIS Allies Target Hamas and Energize Gaza Extremists», The New York Times, 30/06/2015; «ISIS and Hamas – a complex relationship: briefing with Dr Benedetta Berti», Bicom, 08/01/2016; Abuheweila, Iyad & Kershner, Isabel, «ISIS Declares War on Hamas, and Gaza Families Disown Sons in Sinai», The New York Times, 10/01/2018.
  13. Ver: Beaumont, Peter «Netanyahu: Israel will welcome European Jews with open arms», The Guardian, 11/01/2015; Daily Sabah, «Netanyahu invites French Jews to migrate to Israel, crowd starts to sing national anthem», Daily Sabah, 14/01/2015; Toppa, Sabrina, «Europe’s Jews Should Move to Israel, Says Israel’s Prime Minister», Time, 16/02/2015
  14. «Jerusalem est Charlie», Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, 11/01/2015. Recuperado de: https://cutt.ly/AQXy7RN.
  15. Ben Porat, Ido «Barkat: Jerusalem feels the pain of Paris», Israel National News, 16/11/15.
  16. Esta fue la segunda vez que Barkat participó, directamente, en el rescate de una víctima de un ataque: la primera vez había sido hacía exactamente once años de este incidente, cuando el mismo día, en 2004, salvó a una chica de dieciséis años, Liz Montilio, de la explosión de un autobús. Véase: Press, Viva Sarah, «Jerusalem mayor tackles terrorist superhero style», Israel 21C, 23/02/2015.
  17. El responsable del ataque contra Goldstein, cuya identidad se preservó por tener 17 años, fue sentenciado en junio de 2016 a 18 años de prisión en el Tribunal de Distrito de Jerusalén, que también ordenó la compensación pecuniaria a la víctima en 100.000 shekels. La convicción fue por intento de asesinato y otros delitos juzgados de forma separada. El menor no era residente de la ciudad: había cruzado un punto en el muro de seguridad de Cisjordania en algún momento anterior, en febrero. Se estima que robó un cuchillo de una tienda cerca de la Puerta de Damasco en Jerusalén antes de apuñalar en el pecho a Goldstein. Yonah, Jeremy Bob, «State sentences Palestinian terrorist tackled by ‘super’ Mayor Barkat to 18 years», The Jerusalem Post, 05/06/2016.
  18. El comandante de la policía de Ashdod, Noam Shekel, se expresó en el mismo sentido que Barkat, alentando el uso de armas entre población civil de cara al problema de la seguridad en el país. 
  19. Blank, Cynthia «Barkat Urges Residents to Carry Personal Firearms», Israel National News, 08/10/15.
  20. The Times of Israel Staff, «Jerusalem mayor calls on residents to carry guns», The Times of Israel, 08/10/2015.
  21. Belvedere, Matthew J. «Jerusalem mayor: Armed citizens help deter terror», CNBC, 08/12/2015.
  22. Numerosos rangos y puestos prescinden de ello dadas las competencias logísticas, burocráticas, administrativas, incluso contables, que se realizan.
  23. «…la policía de Jerusalén dijo que instalaría detectores de metales en las puertas de la Ciudad Vieja. La medida es parte de los esfuerzos para asegurar el área y evitar que las personas ingresen a la Ciudad Vieja con pistolas o cuchillos. Los detectores son similares a los desplegados en las entradas de los centros comerciales y las estaciones centrales de autobuses en Israel, y están destinados a tener un efecto disuasorio sobre posibles asaltantes. La Policía de Jerusalén también tiene la intención de establecer una ‘Sección árabe’ en su departamento cibernético y encargarla de escanear las redes sociales y advertir cuando las publicaciones indiquen que sus usuarios planean realizar un ataque terrorista, dijo el informe de la Radio del Ejército. En dos casos recientes, los terroristas escribieron publicaciones en Facebook indicando sus intenciones antes de realizar ataques. El miércoles, una mujer palestina apuñaló a un hombre israelí en la Ciudad Vieja después de declarar en Facebook que iba a ‘convertirse en mártir’. La víctima de la puñalada le disparó con su arma de fuego y la hirió gravemente. El sábado, un hombre palestino apuñaló a Aharon Banita y Nehemia Lavi en la Ciudad Vieja después de publicar en Facebook sobre una inminente «tercera intifada». La policía le disparó y lo mató.» Ver: The Times of Israel Staff, «Jerusalem mayor calls on residents to carry guns», The Times of Israel, 08/10/2015.
  24. Idem 21.
  25. «La demolición de la residencia de un terrorista: antecedentes legales», Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, 19/11/2014. Ver: https://cutt.ly/GQXuyk9.


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