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4 Del mito a la marca: Jerusalem for sale

4.1. El planeamiento estratégico y su aplicación al contexto jerosolimitano

La constitución de subjetividades conforme a la organización y medida del homo economicus del neoliberalismo es posible gracias a técnicas que apuntan a mejorar la eficiencia en la administración de los recursos públicos. Las «mejores prácticas» y el benchmarking, constituyen un ejemplo de cómo la traslación de prácticas del ámbito privado al público, habilita la incorporación en la esfera gubernamental, de modelos considerados exitosos –por agentes públicos y privados, como consultores y expertos– según múltiples propósitos y necesidades (Brown, 2015). Esto se da bajo la presunción de que se maximizará la eficacia del ejercicio del poder político: se aumentará en términos de competitividad estratégica.

La selección de mejores prácticas extraíbles del ámbito del mercado, transporta sus principios, finalidades y valores al ámbito político. Si el mercado se erige como lugar de veridicción –es allí donde cobra realidad, como sujeto, el homo economicus– esta operación de traslación representa asimismo la absorción de las preocupaciones políticas por las económicas. Aquí explicaré cómo la adopción de los principios del planeamiento estratégico por parte de Barkat, en el ámbito de gobierno de la Municipalidad, reflejan un caso de «mejores prácticas» que, por cuya eficiencia para mejorar la situación económica de la ciudad y, gobernar una población etno-nacionalmente diversa, de status cívico diferencial puede pensarse como una expresión histórica de neoliberalismo realmente existente.

Porter, padre del planeamiento estratégico, sostiene que mientras las empresas y sectores industriales compiten entre sí, las ciudades, regiones o países facilitan, por su parte, condiciones de competitividad más y menos favorables (Vainer, 2000). A su vez, la noción de clusters reúne a un grupo «de empresas interconectadas, proveedores, industrias relacionadas e instituciones especializadas en campos particulares que están presentes en ubicaciones particulares.» (Porter, 1990; 13). Los clusters se insertan en el marco de una competencia internacional atravesada por la globalización, en la que los insumos son ampliamente accesibles desde múltiples geografías: la tecnología y las reducciones en los costos de transporte habilitan la terciarización.

De acuerdo a Porter (1990), los clusters impulsan la eficiencia creando incentivos y activos colectivos en forma de información, instituciones especializadas y reputación. Un modo en que esto sucede es mediante la eliminación de barreras artificiales al comercio y a los flujos de capitales: la eliminación del requisito de visas para turistas rusos adquirió este sentido en Jerusalén. Por ello, la asunción de una estrategia competitiva a nivel gubernamental –municipal o nacional– puede tornar atractivas ciertas locaciones para la productividad y el dinamismo.

Deviene responsabilidad de los Estados locales hacer que sus activos sean leídos a la distancia por inversores y agencias que atraigan el capital financiero (Weber, 2010), sin embargo, el diseño de políticas urbanas que reflejen la interiorización de programas neoliberales requiere el desmantelamiento de institucionalidades que le son «extrañas». Theodore, Peck y Brenner dan cuenta de un contexto en que las ciudades se volvieron

«blancos geográficos […] y también en laboratorios institucionales para diversos experimentos de políticas neoliberales, como el marketing territorial, la creación de zonas empresariales, la reducción de impuestos locales, el impulso a las asociaciones público-privadas y nuevas formas de promoción local.» (2009; 8).

Los autores reconocen la naturaleza eminentemente política del neoliberalismo y explicitan su carácter multiescalar dadas las transformaciones que las ciudades atravesaron en su integración nacional, regional e internacional.

Porter (1990) señaló la necesidad del esfuerzo gubernamental por mejorar el entorno empresarial: no limitando la competencia, sino aumentando la competitividad. Por consiguiente, el Estado intentará garantizar la agilidad en los procesos de modernización de industrias «estratégicas»: éstas deben representar un atractivo para el capital financiero internacional pero también, para inversores y emprendedores locales. El reconocimiento de una «inevitable dependencia mutua» entre el gobierno y las empresas en la productividad nacional descansará en un diálogo continuo para dispensar la iniciativa privada de obstáculos y costos. Según Porter, los lineamientos del planeamiento estratégico lograrían insertar una ciudad, región o país al mercado global en forma competitiva.

La circulación de éste y otros modelos y políticas de planeamiento estratégico constituye una problemática harto estudiada (Peck, 2011; Jajamovich, 2016). Numerosos conceptos fueron generados para caracterizar los procesos y dinámicas de circulación de ideas de planeamiento urbano en la actualidad[1]. Aquí, destacaré el rol particular de individuos en el proceso de elaboración y transmisión de conceptos y criterios cuya adopción se tradujo en la ejecución de políticas públicas tendientes a la producción de nuevos usos del espacio urbano, coincidentes con un esquema de desarrollo económico neoliberal. Para identificar los rasgos de la trayectoria del neoliberalismo realmente existente que atañe a Jerusalén, indagaré en los vínculos entre Barkat y estos consultores que desempeñan el rol de expertos.

En cuanto al tratamiento de la noción de capital humano reseñada, se destaca aquella de «clase creativa», acuñada por Richard Florida, uno de los más íntimos asesores de Barkat. Florida (2012), caracterizó este sector como portador de una especie de «consciencia de clase»: podríamos decir, un auto-reconocimiento de una posición particularmente encumbrada en el mercado de trabajo, pues ésta abarca a un compendio global de emprendedores y trabajadores altamente calificados, insertos en rubros específicos vinculados al sector hi-tech, las comunicaciones, el diseño, la ingeniería. El esquema del planeamiento estratégico apeló a la clase creativa de Jerusalén, el sector judío israelí laico que, al momento de asunción de Barkat, progresivamente abandonaba la ciudad debido a los altos costos de vivienda, a la explosión demográfica de la ortodoxia y los roces con esta comunidad respecto a estilos de vida y, eminentemente, oportunidades laborales atractivas. Barkat reunió las perspectivas de Porter y Florida para revertir el proceso de expulsión de este grupo con dos objetivos centrales: asegurar su permanencia para reactivar la economía de la ciudad y para consolidar una presencia socio-demográfica consistente con proyectar la soberanía israelí hacia el futuro.

Ahora bien, las nociones de clase creativa y capital humano fueron operativas en otro sentido, permitiendo apelar a judíos y palestinos independientemente de sus identidades etno-nacionales: como capitales humanos; sujetos inscriptos en un régimen de verdad económico, mercantil. Tanto quienes gozan de mayores privilegios y alcanzaron más altos niveles de estudios, como quienes no, reconocerían por igual una serie de atractivos coherentes con una noción clave: Jerusalén debe permanecer unificada para proporcionar oportunidades laborales y mejores condiciones materiales de vida. La racionalidad estudiada comprende que parte de la población (palestina jerosolimitana) estaría dispuesta, gracias a las virtudes del modelo de planeamiento estratégico, a aceptar una soberanía que, en otras circunstancias, repudiarían. Propongo aprehender que la enunciación de esta perspectiva es posible gracias a la traslación al ámbito gubernamental de una estimación específica: una que sostiene que la conducta de la población es gobernable en virtud de expectativas económicas; es decir, capaz de comportarse eminentemente como actor económico en vez de político.

4.2. El rol de individuos en la circulación de políticas

Desde su asunción, Barkat solía destacar la participación de un puñado de expertos en el diseño de un programa de desarrollo económico para la ciudad. Lo hizo especialmente a comienzos de su primer mandato (2009-2013) y en 2015, cuando presentó el plan Jerusalén 2020, apreciándose la configuración de una serie de objetivos abocados a la transformación de ciertos rubros y, conforme a ello, a la adecuación de infraestructura pública existente.

Tres nombres fueron recurrente y elogiosamente mencionados como colaboradores de sus propuestas: los profesores Porter y Florida, y el ex-alcalde de Nueva York y financista Michael Bloomberg. Según Barkat, el asesoramiento de estos expertos fue clave en el desentrañamiento de los problemas que la ciudad atravesaba al momento de su asunción, para transformar radicalmente la economía. La evaluación que ofreció Porter señalaba que Jerusalén requería una serie de reformas urbanas relativas al uso de espacios existentes para alcanzar su potencial: aprovechamiento de infraestructura pública, redes de transporte y grandes equipamientos como centros de convenciones, estadios, hospitales.

Las nociones de patriotismo de ciudad, ciudad-marca y ciudad mercancía (Vainer, 2000) presentan cierta ventaja para examinar cómo se tematizó la proyección de internacionalización pensada por Barkat junto a sus asesores. Vale considerar que dicha,

«[…] internacionalización formulada como necesidad ineluctable se apoya en buena parte en representaciones de internacionalidad más que propiamente en hechos. Frecuentemente se confunde la aspiración o el objetivo con la propia realidad. Para efectos de análisis, esa ambigüedad muestra la relevancia de la imagen para que, efectivamente, ella termine por transformarse en realidad (esto es ejemplo de cuánto las representaciones del espacio tienen una capacidad efectiva para influir en las prácticas espaciales).» (Sánchez y Moura, 2005;23).

La imagen prospectiva para Jerusalén surgiría de la maximización del potencial de sus atributos preexistentes: las industrias del turismo, de la salud y medicina de alta tecnología, la cinematográfica y, en rigor de sus atractivos culturales, como sede de grandes eventos deportivos, convenciones y eventos. Consiguientemente, las reformas planteadas apuntalaron al desarrollo de medios de transporte público más modernos basados en el tranvía ligero (cuyas obras concluyeron en 2008, cuando Barkat fue electo) e integrados, la transformación y modernización del centro de la ciudad (cercano a la Ciudad Vieja), la expansión de la capacidad hotelera y de servicios prestados al turismo y a grandes eventos (la ampliación del estadio Teddy Kolleck), entre otras medidas.

La elucidación de este diagnóstico se basó en cinco años de cooperación previos a la asunción del ex-alcalde, cuando oficiaba como concejal y líder de la oposición. Efectivamente, Barkat, conocido por su trayectoria como emprendedor en el rubro de la tecnología informática, entabló una estrecha relación con el profesor Porter y su equipo de la Harvard Business School (HBS), tras ser derrotado la primera vez que se presentó a elecciones municipales. Junto a Porter, trabajaron en proyectar una candidatura más consolidada para las elecciones de 2008, basando su plataforma en los preceptos del planeamiento estratégico. El siguiente fragmento de una entrevista ilustra cómo Barkat solía referenciar su vínculo con Porter en torno a la incorporación del desarrollo basado en clusters, apreciándose el turismo como actividad privilegiada:

«Mi visión es explotar el potencial de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Tenemos un enorme, enorme potencial. Trabajé con el profesor Michael Porter, de Harvard Business School, en el desarrollo de un modelo económico. Jerusalén tiene que desempeñar el papel que desempeñó hace dos o tres mil años, como un destino para peregrinos, turistas y personas que desean probar los valores y la experiencia, la cultura y las ventajas competitivas religiosas e históricas que tenemos. Tenemos la mejor ubicación del mundo. La mejor marca del mundo. Sorprendentemente, si comparas dónde estamos hoy con el potencial de otras ciudades: Roma tiene 40 millones de turistas al año, Nueva York tiene 47 millones de turistas al año, París y Londres tienen más de 40. Jerusalén tiene 2 millones de turistas. Establecí una meta de 10 millones de turistas [por] la próxima década … Esa es nuestra meta.»[2]

Emergen distintas dimensiones de análisis anticipadas que seguiré desarrollando. Cabe destacarse, asimismo, una conferencia de prensa celebrada en Ludcke House (HBS) el 26 de marzo de 2009. En ella, el flamante alcalde de Jerusalén, junto a Porter y Yagil Weinberg, fundadores del Centro de Estrategia Competitiva para el Medio Oriente (think tank de consultoría económica para ciudades y países meso-orientales), transmitieron a un grupo de periodistas la racionalización de un plan de desarrollo económico para la ciudad basado en los ejes pautados por Porter; eminentemente, aumentar el potencial de las ventajas competitivas existentes. Porter, quien ese día recibió de Barkat la llave de la ciudad, hizo gala de su rol de consultor experto en el diseño de la estrategia del gobernador de Jerusalén, al comentar que:

«‘Jerusalén nunca tuvo una estrategia económica’ […] ‘Nunca ha tenido una campaña sistemática de desarrollo económico que sea estratégica.'»[3]

Esa misma jornada, Porter explicó que el foco estaría en el desarrollo de nichos particulares, como la atracción de grandes flujos de inversiones en industrias como la biotecnología. Dentro del ámbito de la medicina, el profesor resaltó áreas en las que los especialistas de los hospitales jerosolimitanos (entre ellos, el Hadassá) se destacan, como la cardiología, el tratamiento del cáncer y la investigación sobre células madre. Conforme a ello, Barkat anunció que el desarrollo de las ventajas competitivas de la ciudad implicaba el reconocimiento de una curva de aprendizaje a transitar. Dicha experiencia permitiría, seis años más tarde, en 2015, presentar un plan quinquenal integral de desarrollo, pensado junto a su más cercano asesor, rotulado bajo el nombre de «Jerusalén 2020».

La experiencia profesional de Barkat como empresario ocupa un lugar nada desestimable dentro de su racionalidad política como gobernador de Jerusalén: su manera de evocar dicha trayectoria en el sector privado, anterior a su vocación política, lo vincula al modelo de desarrollo ideado por expertos como Porter y lo hace permeable a él. El desplazamiento del conocimiento experto del campo académico al gubernamental se da, según lo que puede apreciarse del análisis, en la consiguiente traslación de conceptos, representaciones y procedimientos que presentan suficiente maleabilidad para aplicarse a empresas o ciudades según sus rasgos contextuales. Asimismo, esto ocurre conforme se opera la transformación de un «empresario generador de empleo» en un «alcalde generador de riqueza para la ciudad». A continuación, un fragmento de una entrevista de 2013:

«Una de las mejores maneras de llevar a la gente a Jerusalén es crear grandes oportunidades. Yo vengo del sector privado, como ustedes saben. Mi profesión es el desarrollo de negocios y es extremadamente importante para nosotros en Jerusalén desarrollar nuevos empleos. He estado trabajando con el profesor Michael Porter, de la Escuela de Negocios de Harvard, que es una de las personas líderes en el mundo en estrategias competitivas. Lleva ocho años trabajando pro bono conmigo. De hecho le di la llave de la ciudad. Él me ayudó a descubrir el modelo de desarrollo de negocios para Jerusalén»[4].

Aquí me concentro especialmente en la dimensión discursiva sobre la ciudad y su gobierno, más que en el despliegue concreto de los proyectos que se desprenden de esta racionalidad política. Sin embargo, como se verá, el tipo de gobernanza urbana que supone el arte de gobierno en cuestión, puede no corresponder plenamente con el tipo ideal del nuevo emprendedorismo urbano descripto por Harvey (1989), pues el problema fundamental que se plantea es la supervivencia del orden social y del régimen político que ejerce el gobierno (aquí, a escala municipal) en plena latencia del conflicto palestino-israelí.

La relación entre viabilidad de un modo de acumulación y contexto político-etno-nacional devino en eje de un arte de gobierno específico. Comprendiéndose la incidencia del segundo factor sobre el primero, aquello que semánticamente «ha de venderse diferente», la ciudad, «requiere» una transformación en su gobierno. Si el conflicto «es malo para los negocios», la economización de lo político supone un abordaje gubernamental que reconozca a la población en su respectiva diversidad: tal multiplicidad habrá de guiarse, normativamente y por igual, por nociones eminentemente económicas en distintos ámbitos de vida (Brown, 2015).

El modelo de planeamiento estratégico implicó el desembarco de un vocabulario particular en la órbita de diseño de políticas públicas, y esto se reflejó en el tratamiento discursivo de los grupos etno-nacionales como actores eminentemente económicos, antes que sujetos y actores políticos. El empleo de la categoría de «emprendedor» que surge en los enunciados analizados, da cuenta de uno de los rasgos notables del neoliberalismo para Brown (2015), quien sostiene que la ciudadanía pierde su valencia (la percepción del bien común en el sentido político) y lugar (la inscripción de la deliberación pública en el Estado y la actividad política) ante la economización de «todo y cada esfera».

La forma de la sociedad jerosolimitana, compuesta por judíos (seculares y ortodoxos) israelíes ciudadanos y palestinos residentes permanentes, puede reproducir su correlato de etno-clase (Yiftachel, 2000, 1998) de forma duradera, en virtud de su codificación dentro de los términos del neoliberalismo. Es decir, se espera orientar las conductas de cada grupo promoviendo la permanencia de la población judía secular y la neutralización de la «amenaza» demográfica palestina. Para ello, ambas poblaciones fueron abordadas como sujetos eminentemente económicos antes que políticos: guiados por valores económicos, sopesarán las ventajas que presenta la ciudad, surgiendo así dos círculos virtuosos. Por un lado, la mano de obra altamente calificada, correspondiente al sector judío secular, que contribuiría a la mayor competitividad de Jerusalén, se vería atraída por nuevas oportunidades laborales. Por otro, la expectativa de movilidad social ascendente a partir de una creciente integración de los palestinos al mercado de trabajo supone un refrendo de la dominación israelí.

Al fungir en el proceso de afirmación de una serie de representaciones sobre la ciudad, en el contexto de emergencia de Barkat como político y luego, como alcalde, la noción de Jerusalén como marca o mercancía, como «ciudad abierta», resumió un modo en que la lógica «realmente existente» del neoliberalismo pudo encarnar. La racionalidad política de Barkat buscó ser superadora de aquellas discusiones que apuntalaban a conseguir un acuerdo de paz a través del establecimiento de dos Estados soberanos y de la partición de Jerusalén .

El 17 de mayo de 2015, Barkat publicó una editorial abierta en la columna de «blogs» del diario The Times of Israel y en la de «opinión» de YNet. Titulada, «Jerusalén 2020», acompañada por un video, publicitando los puntos del plan. En ella, Barkat destacó

«Para realizar esta visión, hemos reunido a algunos de los principales expertos mundiales en los campos de planificación y desarrollo urbano: el profesor Michael Porter de la Escuela de Negocios de Harvard y el profesor Richard Florida de la Universidad de Toronto. Juntos, formulamos un plan estratégico para la ciudad titulado Jerusalén 2020. En este plan, definimos la dirección en la que Jerusalén evolucionará en los próximos cinco años.

En cinco años, Jerusalén será un imán para las mentes más importantes del mundo, los intelectuales más productivos y un lugar de peregrinación para millones de personas en Israel y en todo el mundo. Las instituciones académicas de Jerusalén, que ya son líderes en Israel y en todo el mundo, producirán la próxima generación de ingenieros, investigadores, desarrolladores y empresarios, que liderarán el mundo tecnológico en los próximos años. Esta combinación ganadora de la industria y la academia transformará a Jerusalén en un centro académico, científico y tecnológico en los próximos cinco años.»[5]

El fragmento anterior distingue la participación de los expertos en cuestión y permite apreciar la circulación de ideas sobre planificación a partir de los servicios de consultoría que ofrece este tipo de actores: un rol crucial en la emergencia de una gubernamentalidad neoliberal para Jerusalén. En la cita anterior puede identificarse, con claridad, cuáles son las profesiones que en términos «generacionales», se equiparan con la noción de Florida de clase creativa. Esto mismo se corrobora en otros enunciados incluso posteriores, como el siguiente, proveniente de una entrevista a Barkat de 2017:

«El alcalde actual, Nir Barkat, continúa esta misión con el Plan Jerusalén 2020, que apunta a ‘permitir que la innovación brote en todas partes’. Como explicó […] ‘nuestro plan quinquenal de competitividad y crecimiento económico, se desarrolló junto al profesor Michael Porter y el profesor Richard Florida, se identificaron las áreas de Jerusalén para el crecimiento competitivo y las estrategias para seguir haciendo crecer la clase creativa de Jerusalén. Como con cualquier transformación importante, el futuro de Jerusalén depende de su juventud. La ciudad ya cuenta con uno de los mejores y más diversos sistemas educativos del país, con nuevas aulas que abren cada año e instituciones académicas de renombre mundial que crean la próxima generación de ingenieros, investigadores y desarrolladores. Una mayor inversión en la combinación de una industria próspera y una educación de calidad transformará a Jerusalén en un centro empresarial, científico y tecnológico global.»[6]

La visión de la Jerusalén a edificar dista de la ciudad empobrecida, poco atractiva al capital internacional, siquiera a la mano de obra calificada local para permanecer en la ciudad. En cambio, ésta podría erigirse gracias a la agencia transformadora de los actores cuyo retorno y sujeción, se esperaba, modificaría las condiciones estructurales para invertir en la ciudad. El Estado allanaría el camino, congregando las fuerzas para la transformación, auxiliando a los actores a encarrilar sus esfuerzos eficazmente: su potestad se extendería para incitar el factor emprendedor de la clase creativa, gobernando desde el diseño, bajo la presunción de que el conflicto etno-nacional iría desdibujándose.

La promoción de conductas virtuosas y su encarrilado acorde a criterios deseables, representó la matriz del despliegue gubernamental en cuestión. Nuevamente en mayo de 2015, el alcalde empresario-emprendedor explicitó en una entrevista cómo el Plan Jerusalén 2020 concentraría los puntos centrales de sus dos mandatos, reflejando lo antedicho:

«El alcalde ha reclutado expertos internacionales para el ambicioso proyecto, incluido el ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg y el profesor Michael Porter […]. Los planes subrayan la ventaja de Jerusalén en las esferas de la cultura, las ciencias biomédicas y la tecnología. ‘Jerusalén es una ciudad magnífica en muchos aspectos’, afirmó Porter. Una ciudad debe desarrollar sus activos existentes, y las industrias culturales y turísticas de Jerusalén son los ‘activos clave de la ciudad’, dijo. ‘Tienen éxito y deben actualizarse para desarrollar a Jerusalén como una verdadera marca internacional hasta el punto de que las personas de todo el mundo no puedan resistirse’.»[7]

Se destaca el empleo de una semántica económica, que aprehende a los sujetos como actores racionales que orientarían sus prácticas en virtud de intereses económicos o, que los expresarán como si lo fueran. El prospectivo aumento del nivel de empleo para cada segmento de etno-clase «compensaría» la intensificación de desigualdades cívico-políticas preexistentes. Este ejercicio de modulación de las conductas de los sujetos apuntó a la sustitución de contenidos democrático-liberales en las representaciones de la población local por valoraciones y métricas económicas. La mutación derivada de la adopción de esta racionalidad «haría» de Jerusalén una ciudad libre de conflicto político e ideal para ser ofertada al mercado internacional.

4.3. La recreación contemporánea de una Jerusalén legendaria

Conforme a las expectativas de desarrollo pautadas por Barkat y sus asesores, los clusters mencionados podían ser debidamente explotados requiriéndose ciertas transformaciones que remiten a los rasgos del neoliberalismo realmente existente[8].

La conceptualización de esta «necesidad» de efectuar transformaciones se condensó en la racionalidad de una Jerusalén «abierta», cimentada en la identificación de industrias como activos a potenciar. La Jerusalén «abierta» se distingue en tres sentidos interrelacionados: a) como modalidad de ejercicio del poder gubernamental; b) una nomenclatura (una marca); c) como horizonte de concreción de un orden socio-político.

Una primera dimensión a destacar es la asociación simbólica de los clusters con un pasado mítico, aspecto que cumplió, discusivamente, una función legitimadora de la pretensión de ejercicio político sobre la ciudad. En virtud de dicho pasado mítico se concibieron como atractivos económicos las ruinas arqueológicas, el patrimonio arquitectónico, los sitios sacros y de peregrinaje de acólitos de las tres grandes confesiones abrahámicas y de visitantes en general. Además, estos atractivos fueron entendidos como insumo para otra industria, pues constituyen un paisaje a disposición como locación cinematográfica: no tan casualmente, para recrear visual y estéticamente, la historia de la propia ciudad o de cualquier otra urbe meso-oriental. En esta racionalidad se formula una consistencia auto-referencial que simbólica y materialmente ata a Jerusalén consigo misma atemporalmente.

Gobernar la ciudad y a su población, contemplando un esquema de desarrollo económico semejante, para Barkat, no sólo «reproduce» o «reedita» los atributos de una Jerusalén legendaria sino que sería la clave para el apaciguamiento del conflicto sobre su soberanía. Es destacable que la resolución de una problemática que rebasa este escenario microscópico, aunque de gran magnitud, representaría la clave de su desenlace. De acuerdo a Barkat,

«De hecho, está volviendo al papel que Jerusalén jugó hace 2 o 3 mil años al frente de la mesa. Jerusalén era un destino para peregrinos de todas las religiones. El centro del mundo, donde prácticamente comenzó la civilización moderna, Jerusalén tiene ese potencial. Y si comparamos la cantidad de personas que visitan la ciudad…Yo, como empresario, veo la brecha y pienso ‘vaya, hay una gran oportunidad para escalar y construir la ciudad’. Si Nueva York tenía 48 millones de turistas, y creo que Londres tiene más de 20 y Roma 40, no hay razón para que Jerusalén tenga más de 2 millones de turistas al año. Uno de los desafíos que tenemos es abrir a Jerusalén en beneficio del mundo. Para abrir su economía; para ampliar la libertad de religión. En este momento, en los 42 años de la Jerusalén unida, nunca ha habido una mejor libertad de religión para todas las religiones en Jerusalén. De hecho, la única religión que es limitada es a los judíos a los que no se les permite orar en el Monte del Templo.»[9]

En esta cita, correspondiente a 2010, se plantea un escenario prospectivo a partir de la idea de retorno. Semejante idea constituye un pilar fundamental dentro de la narrativa del movimiento sionista (Ram, 2011, 1995), sin embargo, aquí puede aprehenderse algo bastante inédito respecto a Jerusalén: el punto de vista de quien propone el retorno y el paso hacia adelante es manifiestamente económico, pronunciado por quien se reconoce como emprendedor.

4.4. La exaltación de expectativas individuales y la cuestión de la legitimidad

La producción de una Jerusalén como ciudad moderna propende a la expansión de su industria hotelera, a la maximización de su capacidad para recibir turistas y percibir mayores flujos de capital que en 2009. Dicha Jerusalén es la que «debe ser» abierta: al comercio, a los peregrinos, a la libertad de culto. Lograr esa apertura es el desafío gubernamental asumido:

«Debemos, con mucho esfuerzo, proteger la capacidad de las personas para practicar su religión en la ciudad de Jerusalén. Pero eso no es suficiente, quiero permitir que muchos más turistas y peregrinos vengan a la ciudad de Jerusalén. Puse un objetivo: 10 millones de turistas en una década a partir de ahora. 10 millones de turistas es el equivalente a 140,000 nuevos empleos. Significa enviar 10 millones de embajadores de la ciudad de Jerusalén al mundo. Es compartir Jerusalén con la gente, no solo con los 800,000 residentes. Por cierto, cuando las personas entienden la estrategia, es una estrategia en la que todos ganan. Cuando llueve, llueve sobre todos. Para la fuerza laboral, en la cultura, en el turismo, son árabes y judíos. Cuando la gente entiende que está mejorando su economía, juegan a la pelota. Una zanahoria, una economía, es la mejor manera de promover la ciudad de Jerusalén y el Medio Oriente en general. Creo firmemente y sé que en todas partes hay crecimiento económico, las personas tienen más que perder, se vuelven más tranquilas. Cuando la economía es pobre, la gente se vuelve más radical. Entonces, parte de la solución y parte de la visión que comparto es hacer de Jerusalén un lugar mejor para vivir, visitar, abrir un negocio. Esa es la gente de Jerusalén que quieren escuchar. Esa es la Jerusalén que tenemos que desarrollar. Me estoy centrando en el tema común, el denominador común de las personas. La gente me preguntó qué es más difícil desarrollar una relación entre judíos y árabes, o entre judíos y ellos mismos. Bueno, creo que es más difícil alinear los intereses entre los judíos y ellos mismos y los árabes y ellos mismos y los cristianos y ellos mismos, que a veces ver un win-win entre los diferentes grupos.»[10]

En el informe de 2009-2010 del Jerusalem Institute for Policy Research (JIPR) se dieron a conocer datos sobre el año en que Barkat triunfó en las urnas y fue ungido alcalde, es decir, que caracterizan el contexto al que se remitieron el flamante mandatario y Michael Porter, su máximo asesor, en enunciados como los previamente reproducidos. Los datos recabados para ese año (Choshen & Korach, 2010) indicaban que el 60,1% de las familias no judías se hallaban debajo del límite de la pobreza (unas 65.100) mientras que el 23% de las familias judías se encontraba en la misma situación (30.800). También para 2008, el JIPR publicó que la población árabe de Jerusalén alcanzaba aproximadamente las 268.600 personas, mientras que dentro de la categoría «judíos y otros», se contaron 495.000; en total, la ciudad era habitada por 763.600 personas (Choshen & Korach, 2010).

La evidente diferencia de categorización entre «judíos y otros», para cuantificar los grupos poblacionales con respecto a la de población «no judía», empleada para relevar la cantidad de familias en situación de pobreza (debajo del límite), representa un aspecto problemático: de esta se desprende la incompatibilidad entre ambas agrupaciones para establecer una comparación analítica. Los clivajes etno-nacionales son tenidos en cuenta, selectivamente, para «robustecer» el volumen en favor de uno u otro grupo: estos criterios dan cuenta de la vocación de ejercicio de poder en torno a la erección de un régimen político etnocrático que contempla atentamente cadenas equivalenciales entre sus grupos de acuerdo a grados de compatibilidad que son representados, alternativamente, compatibles como inconcurrentes.

A pesar de esta incongruencia metodológica, que no tiene nada de casual ni de inocua, ofreceré, a modo de resumen del índice de pobreza en Jerusalén durante el gobierno de Barkat, la siguiente información. El informe que el JIPR publicó en 2018 reiteró los datos relevados hasta 2016 confirmando que Jerusalén permanecía siendo notablemente «pobre»:

«La tasa de pobreza en Jerusalén (46%) es más alta que la de Israel en general (22%) y de sus otras ciudades importantes. En 2016, la tasa de pobreza entre la población árabe de la ciudad (75%) fue significativamente más alta que la de la población judía (29%). En 2016, el 38% de las familias de Jerusalén (84,500), el 46% de su población (393,100) y el 55% de sus niños (ciento 86,500) vivían por debajo del umbral de la pobreza. El alcance de la pobreza, o tasa de pobreza, en Jerusalén fue significativamente más alta que la cifra de Israel, donde el 19% de las familias, el 22% de la población y el 31% de los niños vivían por debajo del umbral de la pobreza. La tasa de pobreza entre la población árabe de Jerusalén fue significativamente más alta que la tasa de la población judía. Entre los primeros, el 75% vivía por debajo del umbral de pobreza, en comparación con el 29% entre los últimos.» (Korach & Choshen, 2018; 58)

Es más, el JIPR señaló que en Jerusalén, la pobreza era mayor en comparación a todos los distritos del país: el 44% de la población vivía bajo el límite de la pobreza frente al 28% del Distrito Norte, el 25% de Haifa y del Distrito Sur, del 10%-12% de Tel Aviv y el Distrito Central. Jerusalén era y permaneció siendo durante el período completo de 2009-2018, una ciudad pobre. Punto de partida y escenario de acción del gobierno de Barkat, este diagrama de poder se montó sobre una racionalidad que concibió un abordaje de la cuestión en el modo de una sociedad de seguridad, y mediante un programa neoliberal.

En la racionalidad de Barkat, la «zanahoria» de los incentivos económicos da cuenta de una forma de subjetivación en la cual se armonizarían intereses aparentemente antagónicos según clivajes etnonacionales y proyectos de soberanía y emancipación nacional distintos. A través del mercado se obtendría una forma de vida colectiva en la que no necesariamente se abrirían espacios de aparición para el público, sino una integración mercantil entre las partes que componen la comunidad política y aquellas que no, limitadas así a una convivencia más eficiente, pero no a una forma de vida colectiva más igualitaria. Puede sugerirse hasta aquí que la clave de la estrategia de la política económica de Barkat fue más una práctica de securitización (neutralización de las exterioridades negativas de la alteridad) que una de democratización (incorporación de la alteridad a la institucionalización del litigio).

Así, las preocupaciones y necesidades de la vida cotidiana, el oikos, se tornaron objeto de gobierno. El denominador común, para Barkat, pareció resumirse en la condición de trabajadores asalariados de judíos y árabes, desestimando la relación entre el mercado de trabajo y la pertenencia a la ciudadanía como base de acceso al demos. Algunos de estos trabajadores tendrían mayor capacidad de explotarse a sí mismos acorde a los términos de clase creativa de Richard Florida que Barkat mismo adoptó, dando lugar a un programa de gobierno original que tematizó el conflicto jerosolimitano a partir de la estratificación de las etno-clases según una lógica neoliberal. Esto por cuanto la posibilidad de auto-asunción como emprendedores por parte de grupos poblacionales se daría de modo diferencial, más ventajosamente dentro de aquel sector capaz de inscribirse en el ámbito de actividades incluidas en los clusters distinguidos a partir del planeamiento estratégico.

He expresado, por un lado, una cierta distinción que actualiza el sentido en que Hannah Arendt (2010) contempló la cuestión ciudadana en la Grecia antigua y planteó la distinción entre aquellos que en tanto libres se constituyen y reconocen como iguales en el tratamiento de los asuntos públicos, es decir, concernientes a ellos que componen el pueblo. La prescindencia de la dedicación del esfuerzo y trabajo manual y la disponibilidad del tiempo físico a actividades tales como la discusión, contemplación y persuasión en el ágora caracteriza al ciudadano pleno (el varón adulto libre, propietario de medios de producción) de un mero hombre libre (atado por necesidad al trabajo manual) de la mujer, los hijos, los esclavos y los pueblos bárbaros.

Sugiero contextualizar esta consideración según la noción de etnocracia de Yiftachel, con la que pretende caracterizar al régimen político israelí, y la de etno-clases. Según Yiftachel, una etnocracia es «un régimen…que privilegia el etnos sobre el demos en un territorio apoderado por un grupo dominante.» (1998; 18), marcado por una amplia estratificación de etno-clases[11] generada a partir de una dinámica no unidimensional de expansión demográfica de asentamientos. Esto ocurre, a su vez, según una lógica, también de expansión, de la soberanía y de anclaje de marcadores simbólicos y culturales a partir de la segregación de grupos etno-nacionales, intra e inter grupalmente estratificados en «etno-clases».

Debemos recordar que para autores como Brown (2015), Han (2015), Dilts (2011), la noción de capital humano característica del neoliberalismo implica una mutación con respecto a la concepción de las relaciones de fuerzas entre actores. En una dimensión económica, categorías tales como trabajadores y productores, desposeídos y poseedores de medios de producción, dejan de representar contenidos clásicos que durante el Siglo XX permitieron dotar de sentido a la lucha de clases, en la medida que una nueva modalidad de generación de valor a partir de iniciativas personales desdibuja aquellas percepciones tradicionales acerca de las relaciones de explotación. Podría decirse que la profundización de la división inmanente a la sociedad capitalista propende a la atomización de individuos que pasan a reconocerse más emancipados aún de dichas relaciones de explotación, pues este homo economicus propugna su propia autoexplotación entendiendo que en ella radica la posibilidad de su autorrealización.

En el próximo capítulo exploraré más cómo esta noción de capital humano adquiere una mayor complejidad al imbricarse en una realidad social que, a un nivel categorial, puede ser descripta desde nociones tales como las de etno-clase. Quisiera anticipar que el régimen de verdad que alzó Barkat halla su sitio en el mercado: una trayectoria de exitosa autoexplotación económica fue la condición necesaria para que, en los términos de la clase creativa de Florida, Barkat cobrara conciencia de su «autorrealización».

A partir de dicha condición se abre otra: la preocupación por el gobierno de los asuntos públicos. Pareciera que en una carrera que admite incontables experiencias personales de posible crecimiento económico, el punto máximo del capital humano se halla en el ámbito de lo político: la calificación comercial, el carácter emprendedor, apreciados en su «máximo» esplendor, deberían significar, en este régimen de verdad, las señales que ratifiquen y comprueben competencias para el acceso a la esfera política.

Téngase a bien reparar que esta relación entre éxito económico y reconocimiento de capacidades demostradas en el mercado como base de acceso a la política no es lineal. El gobierno de los «mejores», de los más «idóneos», está etno-nacionalmente segmentado desde una perspectiva estructural, por tanto, el régimen de verdad acerca de quién debe gobernar entrecruza una dimensión eminentemente neoliberal con otra cultural-nacionalista: las desigualdades de clase que constituyen un punto de partida inexpugnable en toda trayectoria profesional son jalonadas por desigualdades de etno-clase, restringiendo así la base a partir de la cual aquellos «más capacitados» para la función de gobierno pueden revelarse al público gracias a su realización económica. Las nociones de capital humano y de clase creativa ofrecen inteligibilidad al desplazamiento de valores y contenidos democráticos por lógicas y métricas mercantiles: tanto para elegir representantes como para emerger como tales.

Esto sugiere un escenario novedoso. En él, la democracia, entendida en términos leforteanos, cede ante una profundización de desigualdades estructurales incongruente con aquel horizonte de mayor equidad que debería corresponderle como forma de sociedad. A menos que desde la esfera gubernamental se plantearan explícitamente medidas tendientes a una equitativa integración de estas poblaciones al demos, disminuyendo significativamente las brechas entre segmentos socioeconómicos según la distinción de etno-clases, podría pensarse la factibilidad del potencial de la economía como elemento de homologación de las condiciones materiales de vida entre colectivos etno-nacionales. No obstante, aquí, esas diferencias no se diluyen: se sostienen incorporando un mayor volumen de población al mercado de trabajo para disipar diferencias políticas de magnitud. En suma, este proyecto requiere del apaciguamiento del conflicto como condición de posibilidad para realizarse.

La ciudad devendría en receptora de mayores flujos de turistas y capitales, reproduciendo la disparidad inmanente a este «denominador» planteado como «común» entre grupos etno-nacionales. Esto se debe a la exaltación del capital humano que, tomado desde una perspectiva eminentemente neoliberal, desplaza y erosiona reclamos colectivos (la demanda de auto-determinación nacional palestina y la soberanía partida o compartida sobre Jerusalén) y consagra la individualización del sujeto político como homo economicus. Dicha vocación política supone una aspiración a la conducción de la conducta de los otros que permite aprehender la cuestión del ejercicio del poder político según la noción de gubernamentalidad (Brown, 2015; Foucault, 2014; Gordon, 1991). En tal sentido, se enuncia una neutralización del conflicto a partir de una suerte de integración controlada del residente palestino a la vida cívica, no necesariamente en términos plenos, pero «aceptables» para hacer sostenible la soberanía estatal israelí en la ciudad: una eminentemente despolitizada, por ende, vendible.

En el siguiente fragmento de una entrevista a Barkat se explicita más aún la tematización del conflicto político sobre la ciudad en modo coincidente con la caracterización de Vainer sobre la noción de patriotismo de ciudad: «La paradoja realizada: el planeamiento estratégico habla en nombre de una ciudad unificada cuya construcción pretende engendrar a través de la promoción del patriotismo.» (2000; 94). La Jerusalén como ciudad mercancía y la marca de una Jerusalén abierta, descansan sobre una gestión gubernamental que presupone no sólo una superación de las diferencias político-partidarias a partir de la despolitización de la discusión sobre los asuntos públicos, sino de otras mucho más fundamentales: las etno-nacionales.

El patriotismo de ciudad «ejercido» por la población local se conseguiría gracias a la exaltación del interés individual expresado según valoraciones económicas. En la mirada del ex-alcalde, si este factor resultase en una mayor aceptación de las condiciones de dominación, la legitimidad institucional del Estado se vería fortalecida «desde abajo». La imbricación entre emprendedorismo y ejercicio del poder político sintetiza la concepción de una Jerusalén «apaciguada» y atractiva al capital privado global:

«Empecemos con la visión y el objetivo de 10 millones de turistas. Me puse esa meta cuando recibíamos alrededor de 2 millones de turistas al año. Este año estamos corriendo a casi 4 millones; a pesar de Pilar de Defensa [operativo militar], batimos récords en 2012. Si observamos los números de 2013, esperamos que sean mejores que el año pasado. Hemos estado trabajando muy duro en la comercialización y ventas de la ciudad de Jerusalén. Hemos convencido al gobierno nacional de que la marca ‘Jerusalén’ es más fuerte que la marca ‘Israel’. Y si desea que los turistas lleguen a Israel, es mejor que se centre en la marca Jerusalén. Mucha gente ni siquiera sabe que Jerusalén está en Israel. Me preguntan, cuando viajo, ¿está Jerusalén al lado de Israel de alguna manera? Le daré un buen ejemplo de cómo hacemos marketing y ventas, que es para los países de habla rusa. En 2006 hubo alrededor de 20,000 turistas de países de habla rusa. En el 2009-2010, si no me equivoco, se levantaron las visas y este año tuvimos medio millón de turistas de habla rusa que llegaron a Jerusalén. Pasamos de un avión a la semana a seis aviones al día. Cuando caminas por las calles de la Ciudad Vieja, escuchas a muchas personas que hablan ruso.»[12].

La cita revela un auto-reconocimiento de una administración eficiente para explotar los atractivos económicos de la ciudad al punto de volver la enunciada prosperidad de Jerusalén cual factor que opera como mecanismo de seguridad (Foucault, 2014, 2012). El abordaje de la tarea de ejercer el poder de gobierno, disolviendo el conflicto político, que se aprecia en la transformación de Jerusalén en una mercancía, requiere su subsunción en lo económico, alzando la marca de esta ciudad-patria que es «más fuerte» que la de la nación. En párrafos como los reproducidos es posible distinguir que la Jerusalén «abierta» es una cuyas fronteras se abren al comercio, a las inversiones, al turismo.

Las medidas en razón de las cuales esto se consigue revierten, de acuerdo a Barkat, el impacto de episodios circunstancialmente relevantes respecto a los enfrentamientos que se dan entre las Fuerzas de Defensa de Israel y los grupos del Islam político como Hamas. Si la ciudad ha resistido, como indicó Barkat, a los efectos nocivos para la industria del turismo durante el Operativo Pilar de Defensa (2012) o no, no es lo que interesa aquí sino, aprehender la irrupción de una racionalidad que establece que esto sucede: que la ciudad y, más importante, los distintos actores que integran su etno-nacionalmente diversa población, es resiliente a debacles económicas aún más contundentes a las correspondientes a momentos de menor tensión, debido a un supuesto consenso local en que la ciudad se mantenga unificada. Barkat no sólo plantea la noción de Jerusalén como marca o ciudad mercancía en los términos del patriotismo de ciudad, sino que además, le atribuye esa perspectiva, o al menos una análoga, a la población.

El ejercicio de gobierno estudiado tematiza su eficiencia en rigor de habilitar, disponer, ofrecer, «abrir» la ciudad a nuevas circulaciones de individuos (ciudadanos, residentes permanentes, turistas), de capitales (locales y extranjeros), evocando reminiscencias del análisis que Foucault hizo de la transformación en el planeamiento urbano a partir de la progresiva institución de mecanismos que propendieron a consolidar lo que denominó como «sociedad de seguridad». Barkat se presenta como aquel «buen soberano» que Le Maitre identificó por mantener bajo su obediencia un territorio con una buena disposición espacial, con la que es posible aprehender la idea de la eficacia política de la soberanía ligada a la de la intensidad de las circulaciones.

Ante semejante cuestión, la superposición del Estado soberano, el territorial y el comercial se resumen en la consolidación de una capital, sede de la soberanía, como punto central de circulación política y comercial, gobernada bajo un diagrama de ejercicio del poder que propugnara la maximización de los elementos positivos. La asociación entre la noción de patriotismo de ciudad y la identificación de los mecanismos de seguridad de la analítica del poder foucaulteana es posible debido que se presume la supresión o neutralización del conflicto político en los términos de una sociedad de seguridad: los elementos positivos de la ciudad, el valor de sus clusters económicos basados en su riqueza patrimonial, serían en la racionalidad política de Barkat, capaces de anticipar estallidos de violencia, de malestar, de crisis y contenerlos, aún cuando no puedan ser eliminados.

4.5. Jerusalén abierta: la economía política de un programa de gobierno neoliberal

Esta noción puede considerarse consistente con el marco general tomado de Wendy Brown (2015), por el cual entendemos que las políticas neoliberales propenden a la conversión de múltiples ámbitos en pos de su economización. El análisis de contenido de los enunciados políticos pronunciados por Barkat ilumina la forma en que el conflicto político y etnonacional es neutralizado, disciplinado, desde un punto de vista semejante. Esto se manifestó en la producción del nombre de la ciudad en una marca, elaboración posible a partir de la identificación de industrias competitivas ya presentes en ella y de la capitalización de su mano de obra especializada y su conversión en «clase creativa». Fue a partir de este último concepto que se pensó la docilización de la diversidad etnonacional en tanto etnoclase.

La despolitización de los sujetos en nombre de un conflicto menguado por el atractivo del mercado para judíos israelíes (seculares y ortodoxos) y palestinos, por «igual», apuntó a la transformación de expectativas de consagración de identidad etnonacional y su dimensión de arraigo a un «lugar». En la semántica que se expresa la racionalidad política de Barkat, adoptada del planeamiento estratégico de Porter, la pertenencia a la ciudad de Jerusalén dejaría de percibirse preeminentemente en virtud de la identidad cultural sino en razón de la conveniencia estratégica de una lógica de mercado. Allí donde haya oportunidades económicas, anunciaban Barkat y Porter en entrevistas, ruedas de prensa y documentos oficiales, los jerosolimitanos (ciudadanos y residentes) las preferirán sobre causas nacionales.

Dicho en otras palabras, se esperaba que israelíes y palestinos comulgaran con la continuidad de la soberanía israelí gracias a la identificación de situaciones «win-win«: quien reconoce las ventajas de vivir bajo una ciudad unificada, en un mercado dinámico como el que el gobierno israelí puede facilitar, abonará a la consolidación de la legitimidad del régimen político vigente en lugar de una forma de dominación alternativa. La economización de expectativas, dicha conversión de la política como ámbito de institución del conflicto, supuso la docilización de sujetos forjados por lógicas superadoras a ella. Por consiguiente, programas como el Plan Marom o el Plan Jerusalén 2020, pueden leerse como tecnologías de gobierno: instrumentos tácticos para gobernar las conductas de la población.

Por un lado, esto se aprecia en un aspecto particular: la profesa voluntad de atraer a judíos seculares con alto nivel formativo, es decir, mano de obra altamente calificada en los rubros identificados como estratégicos y enmarcados como clusters, nuevamente, la biotecnología y la medicina, la industria cinematográfica, el teatro y la cultura, el turismo. El «retorno» de población judía con dichos rasgos no sólo «aprecia», «valoriza» la ciudad, complementando proyección económica con los «insumos humanos» que precisa para robustecer el atractivo a inversores extranjeros: implica una tecnología de gobierno en tanto representa una «corrección» de tendencias demográficas previas y sobre las que se trabaja. Precisamente, si se habló de «retorno», es porque la ciudad dejaba de ser una opción para la consagración de las expectativas de un sector de la clase media citadina del oeste jerosolimitano. Por otro lado, el desplazamiento geográfico de este sector se debió y, a la vez, promovió, el de grupos ortodoxos que se radicaron en aquellos espacios recientemente vacantes por sus correligionarios-connacionales seculares, rasgo valorado negativamente por la población laica[13].

Un rasgo notablemente neoliberal de este programa de gobierno anida en el diseño de políticas públicas según al esquema del planeamiento estratégico, que apuntó a la conversión de actividades económicas preexistentes en clusters. Esto propugnó, en la clave de estudios de gubernamentalidad a la que abono, la elaboración de mecanismos y técnicas para el gobierno de las poblaciones y la producción de subjetividades específicas: ¿acaso la estratificación de las etno-clases según el lenguaje y modos del neoliberalismo como expresa Brown (2015)?

Elaborando sobre este punto, la economización de la ciudad propugnó «despegar» una noción sobre Jerusalén como ciudad atrasada/emprobrecida aprovechando sus ventajas comparativas estratégicamente. La presentación de una ciudad en tanto marca es fruto de una operación de «modernización»: más que distanciarla de sus rasgos más sobresalientes, los exacerbó en tanto atractivos mercantiles. Ejemplo de ello es la capitalización del valor estético y patrimonial que presentan los célebres e innumerables sitios de oración, santuarios, puntos de peregrinación, ruinas arqueológicas, entre otras, como componentes en la cadena de valor de la industria del turismo cultural. Semejante industria depende del sector hotelero y de servicios: la prospectiva creación de puestos de trabajo siempre fue tematizada por Barkat como una consecuencias del reconocimiento del atractivo de la ciudad por inversores extranjeros, sino del valor igualmente apreciable por parte de la población palestina.

En efecto, la Jerusalén abierta es una Jerusalén neoliberal, en la que israelíes y palestinos «comulgan» en desmedro de su intrínseca diversidad etnonacional, en una forma de coexistencia política sostenida por incentivos económicos. El axioma que lo resume identifica como igualmente ventajoso para ambos el beneficio de la inserción de la ciudad al mercado internacional y la subordinación del conflicto político al privilegio de la satisfacción de necesidades materiales. El Estado sería el actor responsable de la operación de mutación de representaciones sobre la ciudad en tanto sitio de realización de la vida: la domesticación del conflicto etnonacional se lograría sobre la base de un consenso cristalizado por la erección de lógicas mercantiles por sobre otras simbólicas, culturales.

La ciudad de las múltiples tribus apaciguadas, «abierta» a las inversiones, integrada al mercado, es una ciudad que supone un régimen de igual reconocimiento de la relación de dominación política israelí sobre la diversidad etnonacional, en razón de la profundización de la estructuración de diferencias de etno-clase. Entre israelíes judíos seculares y ortodoxos, y palestinos jerosolimitanos, no existe paridad respecto a la posesión de capitales culturales que permitan una incorporación «semejante» al mercado. En este escenario, la clusterización de industrias identificadas como ventajosas, estratégicas, para la recepción de flujos de capital financiero, requiere la necesaria distinción, en virtud de la lógica de oferta y demanda, de tipos cualitativamente distintos de mano de obra.

El grado de especialización técnico, idóneo, experto, se halla directamente relacionado con el nivel de estudios y el acceso a educación superior, truncado en el caso de la población palestina debido a la tradicional incompatibilidad entre los sistemas oficiales de estudios secundarios israelí (Bagrut) y palestino-jordano (Tawjihi) que adoptan las escuelas en las distinas regiones de Jerusalén. Consiguientemente, y debido a las diferencias materiales y a condiciones estructurales que marcan la dificultad generalizada de acceso a niveles de estudios superiores[14], la ejecución de un programa de gobierno basado en los lineamientos del planeamiento estratégico profundizaría o consolidaría el emplazamiento de grupos en términos de clase en virtud de variables etnonacionales, geográficas y educativas.

Sin embargo, el arte de gobierno neoliberal de la Jerusalén abierta supone una intervención más compleja que lo aparente. Implica una mutación en el orden de concepción y ejecución de políticas públicas: en el plano educativo, la promoción municipal de la adopción del Bagrut en desmedro del Tawjihi representa una tecnología[15] que, en su aspecto táctico, tiende a la integración de parte de la población palestina que, «efectivamente», reconocería las ventajas materiales del estilo de vida israelí en un modo coincidente con el tipo de conversión de expectativas nacionales, culturales, políticas, en económicas (Brown, 2015).

En otras palabras, la población palestina podría insertarse en la Jerusalén abierta como mano de obra de un bajo nivel de calificación en el sector de servicios: encontraría un estímulo igualmente funcional a la prospectiva despolitización del conflicto y a la reconversión del conflicto en una relación de dominación legítima (convalidada por súbditos cualitativamente diferenciados en status), pero no un estímulo equivalente de acceso al mercado de trabajo de como consecuencia de los múltiples desprendimientos de la variable etnonacional. Es decir, la distribución de puestos de empleo potencialmente creados a partir del programa de gobierno de la Jerusalén abierta implicaría su concentración de enclaves de etnoclase, marcando desigualdades preexistentes: después de todo, la desarticulación del conflicto entre proyectos yuxtapuestos de identidad nacional podría diluirse en diferentes adscripciones de clase acorde a la necesidad teórica de la existencia de un mercado para la emergencia de aquella otra abstracción moderna, la nación.

Esta idea cobra fuerza en la capitalización que Barkat haría de la tendencia creciente (en su identificación, su lectura) entre la población palestina de Jerusalén en aplicar a la ciudadanía israelí o «pasarse» al Bagrut, para acceder a estudios universitarios y aspirar a una movilidad social ascendente; por lo menos, asegurar su permanencia en la ciudad y una mejora en sus condiciones materiales de vida, aunque sea en el plano intergeneracional. Recaudos hasta aquí: nada de esto sugiere que la noción de nación israelí se impusiera sobre la palestina, sino que el gobierno de la población a partir de incentivos mercantiles fue concebido «leyendo», «interpretando» que era posible alentar determinadas prácticas que consolidaran o legitimaran dicho gobierno. En pocas palabras, los tornó un activo: capitalizó aquello «con lo que contaba».

De cierta forma, como se explicitará a partir del análisis de enunciados correspondientes a Barkat como autoridad política, la eliminación o subordinación de elementos de la realidad que representan o evocan el conflicto en el sentido político deviene central en la adopción de un plan concreto de planeamiento estratégico inscripto en el neoliberalismo. Precisamente, la presencia «problemática» de grupos etno-nacionales con pretensiones de auto-determinación nacional en pugna respecto a la soberanía sobre la ciudad, y sus comportamientos demográficos, son codificados en el programa de gobierno de Barkat de modo tal que ésta es resuelto a partir de una domesticación particular: la noción de una Jerusalén «abierta» a los negocios, apaciguada y atractiva al turismo, es un componente esencial de una ciudad mercancía (Vainer, 2000), como una marca vendible al mercado internacional.

Volviendo al concepto de neoliberalismo realmente existente, sus autores sugieren aprehender múltiples posibilidades de formas híbridas que se desprenden de las peculiaridades que presenta cada caso: sus formaciones coyunturales «inconfundibles, aunque interconectadas». La noción habilita a identificar las trayectorias en que los gobiernos municipales, desde 1990 en adelante, articularon formas explícitas de destrucción creativa de los entornos urbanos (Theodore, Peck, Brenner, 2009). Así como estos tres autores observan en su análisis el modo en que los programas neoliberales implican, para los gobiernos locales, el requisito de desasirse de estructuras institucionales previas en pos de desatar toda su potencia, Porter señala, coincidente con esta observación (aunque en calidad de diagnóstico propositivo) que,

«El gobierno debe esforzarse por mejorar el entorno empresarial de muchas maneras. Sin embargo, no debe limitar la competencia ni facilitar los estándares de seguridad e impacto ambiental. Dicha «ayuda» en realidad retarda la competitividad al atrofiar la innovación y ralentizar la mejora de la productividad…En términos más generales, existe una inevitable dependencia mutua entre el gobierno y las empresas en la productividad nacional. Se necesita un diálogo continuo para eliminar obstáculos, reducir los costos comerciales innecesarios y crear entradas, información e infraestructura adecuadas. La tensión, la desconfianza y el paternalismo que caracterizan la relación en muchos países es contraproducente y un costo oculto de hacer negocios.» (1990; 14).

La circulación de éste y otros modelos y políticas de planeamiento estratégico constituye una problemática (Peck, 2011; Jajamovich, 2016) harto estudiada por distintas corrientes de las ciencias sociales. A través de numerosos conceptos se ha caracterizado los procesos, tendencias y dinámicas de circulación de ideas de planeamiento urbano en la actualidad[16]. En este caso habrá de destacarse el rol particular de individuos en el proceso de elaboración y transmisión de conceptos y criterios cuya adopción se tradujo en la ejecución de políticas públicas tendientes a la producción de nuevos usos del espacio urbano, coincidentes con un esquema de desarrollo económico neoliberal. Consiguientemente, para identificar los rasgos de la trayectoria del «neoliberalismo realmente existente» que atañe a Jerusalén, es preciso indagar en los vínculos entre Barkat y estos consultores que desempeñan el rol de expertos.

4.6. Palabras finales

He intentado revelar la confección de una economía política (una evaluación de costos, una proyección de posibilidades) promovida a partir de la mercantilización de la ciudad y sus industrias. Dicha economía identificó una serie de acontecimientos probables, capaces de entorpecer el objeto de consagrar Jerusalén como capital israelí: indisputada, unificada, y a su vez, competitiva. Incluso la inversión de términos vale: por ser competitiva, será resistente al conflicto político.

El patriotismo de ciudad desplegado en esta experiencia de neoliberalismo realmente existente se apoya en técnicas ajustadas al problema de la seguridad: el de las series de elementos que se desplazan en el espacio. Dicho problema será el acondicionamiento, la gestión de una serie indefinida de unidades acumulativas, eventos y sucesos posibles, a partir del cálculo de probabilidades. Se trata de un intento de domesticación de lo temporal, lo aleatorio, noción que Foucault (2007, 2006) sintetizó como «medio»: el sitio de inscripción del despliegue de dichas series. El esquema técnico de este ámbito de circulación, como suma de efectos que afectan a quienes residen en él, se halla en el modo en que los urbanistas modifican el espacio[17].

Este intento de domesticación tematizó una Jerusalén como mercancía. Su apaciguamiento fue comprendido indispensable para tornarla en aquella marca que correspondería, o encarnaría, un ideal histórico formulado en clave de predestinación. La ciudad «abierta» presupone la resolución del conflicto etno-nacional a partir del incentivo que supone su inserción en el mercado global: sólo así puede ser una «luz para las naciones» y constituir un modelo o referente de desarrollo económico para el resto de las ciudades. Esta conciliación de elementos teológico-políticos y económicos se sintetizó en una racionalidad política sobre cómo ejercer el gobierno a partir del conflicto político instituyente del régimen vigente. Como lo expresó el alcalde empresario-redentor:

«A veces cito el verso: כי מציון תצא תורה,…»de Sión –Jerusalén– viene nueva Torá». Mi interpretación ampliada de este verso es que el liderazgo de pensamiento emerge de Jerusalén. En el pasado, cuando se creaba e implementaba una idea en Jerusalén, se convertía en un estándar en todo el mundo. Este legado continúa hoy. Jerusalén ha sido nombrada por la revista TIME como el centro de tecnología emergente número uno del mundo y ha sido identificada como una de las 50 ciudades de nueva creación más importantes del mundo. El número de nuevas empresas que abren sus puertas en la capital se ha duplicado en los últimos dos años de 250 a 500 empresas. Estas empresas están aprovechando los 3.000 años de inversión en la marca Jerusalem. Estamos invirtiendo fuertemente en la infraestructura de la ciudad para apoyar este increíble crecimiento. Estamos desarrollando un distrito de negocios en la entrada a la ciudad, que incluirá 13 torres con 35 pisos cada una. El tren rápido a Tel Aviv y las nuevas líneas de tren ligero que se abren en nuestra ciudad harán que Jerusalén sea más accesible para los residentes, visitantes e inversionistas de todo el país y el mundo, además de establecer el lugar de Jerusalén como la capital de la nación de nueva creación…Jerusalén es una capital abierta, unida, vibrante y próspera. Los hechos en el terreno son una prueba de que debemos estar haciendo algo bien. Los residentes de Jerusalén están cada vez más satisfechos con sus vidas en la ciudad: el noventa y uno por ciento de los residentes de Jerusalén reportan satisfacción con el nivel de vida en nuestra ciudad, en comparación con el promedio nacional del 85 por ciento. Jerusalén es una de las ciudades más seguras del mundo y un oasis de cordura y paz en una región con conflictos. Al alinear el desarrollo estratégico con nuestra visión de Jerusalén, basada en el ADN único de la ciudad como centro para todos, estamos trabajando para hacer crecer a Jerusalén a su potencial.»[18]

Recurrentemente, Barkat se basaba en resultados de encuestas[19] para confirmar al público destinatario de su discurso, sean empresarios o periodistas, una relación de dominación legítima. El carácter auto-congratulatorio de la propia gestión refuerza la tematización de su racionalidad política: existe un arte de gobierno eficaz, de estilo empresarial, que él despliega como autoridad política oficial, y que es reconocido desde abajo, por tanto, conferido con la autoridad suficiente y necesaria para, mantener la ciudad políticamente unificada y atractiva al capital y al mercado.

De tal forma, la inversión en infraestructura y equipamientos urbanos realizada en el período 2009-2018 puede comprenderse según la perspectiva de análisis sobre grandes proyectos urbanos. El plan quinquenal de Jerusalén 2020, ideado por Barkat y sus asesores, se basa en la premisa de que el primer mandato (2009-2013) fue exitoso en mejorar la situación económica y que un segundo pliego de obras reforzaría estos logros. En el próximo capítulo expandiré acerca de cómo la eficiencia en los transportes (expansión del tranvía ligero y creación de un teleférico), la ampliación de la capacidad hotelera (a través de créditos) y de auspiciar eventos culturales y deportivos trascendentes (la renovación del Teddy Stadium y la construcción del Pais Arena) reactualizan la problemática del «medio» y de la circulación de series según los diagramas de seguridad, dentro de un programa de gobierno neoliberal.

En tal sentido, se intentó presentar a Jerusalén como un objeto de lujo, atractivo para el capital internacional y usuarios solventes. Para sus habitantes menos favorecidos, el acceso marginal a sus beneficios materiales es mejor percibido que el que ofrece una potencial soberanía palestina. Tal es la base de interpelación de la racionalidad política de Barkat sobre la cuestión etno-nacional. La anulación (virtual) del conflicto y la reconciliación entre las partes es dable en los términos de la aceptación del statu quo capaz de potenciar condiciones materiales de vida que hagan del gobierno municipal algo más aceptable para la parte no plenamente integrada cívicamente al orden social del que forma parte.

La Jerusalén abierta como programa de gobierno neoliberal mantiene a Jerusalén políticamente unificada bajo soberanía israelí, y como esquema gubernamental para tornarla duraderamente sostenible. Esto recuerda la connotación que Vainer (2000) destaca sobre el tipo de liderazgo en la gestión urbana según la noción de patriotismo de ciudad: un gobierno que se erige por encima de los partidos, de las pasiones, y encarna tanto la tregua como la unidad. Barkat subraya su experiencia como empresario-emprendedor y destaca como fuente de legitimidad, la expertise provista por sus asesores. No es tanto la individualización de sus cualidades como líder particularmente carismático, en el sentido sociológico más tradicional, lo que edifica en su discurso, sino la portación de un saber hacer. En este caso, el ex-alcalde se presentó a sí mismo como realizador de una Jerusalén que utópicamente recreaba un pasado mítico, es decir, un restaurador-emprendedor «calificado».

La prerrogativa central de esta racionalidad, la expectativa soberana sustentable, supone el reconocimiento de las comunidades locales del liderazgo de Barkat como alcalde redentor, restaurador y emprendedor. Más que la aceptación de un proyecto empresarial, por tanto, este resultado significaría un triunfo tanto para el poder central como para el de autogobierno municipal. Intentaré demostrar en los capítulos siguientes que la agencia que se desprende del despliegue de tecnologías de gobierno ensambladas en la escala municipal, implica más que un hacer «empresarialmente» con la mira puesta en el mercado. Aún cuando una dimensión notablemente relevante del discurso de Barkat se ancle sobre tal registro, la unidad de la ciudad «no debe quebrarse» al ser fundamental para hacer negocios: lo fructuoso de dichos negocios abona a la consolidación del proyecto político de autodeterminación nacional al que Barkat suscribe y representó institucionalmente entre 2009 y 2018.


  1. Algunas de éstas son: «‘transferencia de políticas’ (Dolowitz et al. 2000), ‘movilidad de políticas’ (McCann y Ward 2011), ‘conjunto de aprendizaje urbano’ (McFarlane 2011), ‘políticas en movimiento’, ‘transferencia rápida de políticas’ (Peck y Theodore 2010), ‘espacios de conocimiento circulante’ (Robinson 2011), ‘circuitos del conocimiento’ (Roy 2010), ‘turismo de política urbana’ (González 2011), ‘ensamblajes’ viajeros de ideas, ‘transportistas’ y ‘adaptadores’ de ideas’, ‘redes y comunidades de práctica’, ‘tecnócratas viajeros’ y ‘agentes de transferencia’, entre otros.» (Jajamovich, 2016b; 170).
  2. Lowrey, Annie, «An Interview with Nir Barkat», Foreign Policy, 14/08/2009.
  3. Silverthorne, Sean, «Jerusalem, the Brand», CBS News-Moneywatch, 27/03/2009.
  4. Horovitz, D., «Jerusalem mayor says the city’s in the fast lane», The Times of Israel, 11/02/2013.
  5. Barkat, Nir, «Jerusalem 2020: A vision for the future», The Times of Israel, 17/05/2015. La editorial fue publicada el mismo día y con, prácticamente, el mismo título, por YNet. Ver: Barkat, Nir, «Jerusalem 2020: A visión for the future», YNet, 17/05/2015.
  6. Rosenzweig, Debbie (2017) «Jerusalem: the evolution of the eternal city – An interview with mayor Nir Barkat», Israel & Global Travel, 05/04/2017.
  7. Gelber, Max, «Jerusalem Mayor Unveils Ambitious Plan for Israeli Capital», United with Israel, 12/05/2015.
  8. Como uno «…específico, fungible e inestable de transformación socioespacial impulsado por el mercado, más que como un régimen de políticas vigente en su totalidad, un aparato ideológico o un marco regulatorio. En este sentido, la neoliberalización se refiere a un patrón prevaleciente de reestructuración regulatoria, que está tomando cuerpo a lo largo de un escenario institucional irregular y en el contexto de procesos político-económicos que co-evolucionan.» (Theodore, Peck & Brenner, 2009; 3).
  9. Barkat, N. (2010) «Transcript. Jerusalem: A Modern Vision», Chatam House, 2010 p. 3-4. Ver: https://cutt.ly/hQHjbZy.
  10. Idem anterior.
  11. Yiftachel (2000, 1998) destaca como «consecuencias étnicas y sociales» del capitalismo, la combinatoria de una sociedad colonialista y del etnonacionalismo en una lógica específica de circulación del capital, desarrollo y formación de clases en dos niveles principales: un mercado laboral étnicamente segmentado (estructura de etno-clases) y adopción de políticas neoliberales (desregulación de actividades económicas y privatización de múltiples funciones estatales). Es notable la globalización de los segmentos privilegiados pertenecientes a la etno-nación dominante que, crecientemente, busca oportunidades en una economía regional y global más abierta y accesible.
  12. Idem 4.
  13. Esto se refleja en el rechazo a la imposición de restricciones religiosas proclives a afectar el estilo de vida de quien no observa la religión de tal forma o no lo hace en absoluto.
  14. Patente en la escasez de aulas en escuelas de Jerusalén Este, en la falta de suficientes centros de estudios superiores reconocidos por el Estado y compatibles con el Tawjihi, y para quienes desearían estudiar y para quienes sí han accedido a educación superior, a la presencia de barreras urbanas que dificultan el desplazamiento al centro y al Oeste de la ciudad, donde se concentran las actividades económicas más importantes.
  15. Esto será desarrollado en el Capítulo VIII, pero anticipo su relevancia: la inclusión controlada de parte de la población palestina como señal de su domesticación o disciplinamiento a partir de lógicas económicas se vería manifiesta en su inserción al programa de estudios israelíes, prospectivo acceso a educación universitaria y mayor capacitación para el mercado de trabajo en cuestión. En términos macro, esta situación no modifica la estratificación generalizada que divide el trabajo entre especializado para el sector de los clusters entre ciudadanos plenos y trabajadores no calificados entre residentes permanentes, según el criterio etnonacional, no obstante, habilita u obliga a destacar esto como una novedad sustancial: en esta tesis, la presento como consecuencia de este escenario de territorialización de un cierto esquema económico y de ejercicio gubernamental del poder político.
  16. Por ejemplo: «‘transferencia de políticas’ (Dolowitz et al. 2000), ‘movilidad de políticas’ (McCann y Ward 2011), ‘conjunto de aprendizaje urbano’ (McFarlane 2011), ‘políticas en movimiento’, ‘transferencia rápida de políticas’ (Peck y Theodore 2010), ‘espacios de conocimiento circulante’ (Robinson 2011), ‘circuitos del conocimiento’ (Roy 2010), ‘turismo de política urbana’ (González 2011), ‘ensamblajes’ viajeros de ideas, ‘transportistas’ y ‘adaptadores’ de ideas’, ‘redes y comunidades de práctica’,’tecnócratas viajeros’ y ‘agentes de transferencia’, entre otros.» (Jajamovich, 2016b; 170).
  17. Allí se hacen presentes los dispositivos de seguridad. Se trata de la identificación de una cierta distribución de elementos y mecanismos: una relación económica entre la tolerancia y la represión de conductas.
  18. «Jerusalem Day Interview Series: Jerusalem Mayor Nir Barkat», Our Crowd, 05/06/2016.
  19. Reproduzco como ejemplo, la siguiente cita: «Los residentes árabes están mirando […] a los países que nos rodean en el Medio Oriente. […] Egipto no es un modelo para ellos, ni Siria, ni Irak, ni Irán, ni Líbano, ni Gaza. Miran a los árabes israelíes y a pesar de todos los desafíos que tenemos en Israel, por lejos prefieren ser parte de Jerusalén que no. La gran mayoría de los residentes árabes en Jerusalén no quieren dividir la ciudad. […] La calidad de vida en Jerusalén está aumentando a un ritmo dramático. Empleos, la calidad de la medicina, el sistema escolar – tenemos grandes mejoras en el sistema escolar. Voy a darle un ejemplo: […] Están optando por la forma de aprender israelí.» Véase: Horovitz, D. «Nir Barkat: How I’m ensuring Israeli sovereignty in Jerusalem», The Times of Israel, 29/02/2012.


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