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3 Los guardianes de Mugica: la producción simbólica
de una política pública

En este capítulo se exploran los aspectos simbólicos en torno al surgimiento e implementación del PJPM. Dada la periodización tomada respecto a las políticas públicas de juventud, hay una particularidad que amerita considerarse para analizar la producción simbólica del Mugica. Me refiero a las políticas de los DD HH desarrolladas durante el gobierno kirchnerista. El disparador es la narrativa e imágenes del video institucional oficial del Mugica más otros documentos realizados por la agencia estatal de juventud. Se añade al análisis, los discursos de referentes políticos y aspectos simbólicos en torno a la figura del cura Carlos Mugica activados con la recuperación de figuras/apelación a valores/personajes que están muertos. Se indaga acerca del diálogo que existió entre las políticas de DD HH, memoria y las políticas participativas de juventudes en el marco del PJPM que lo hacen un dispositivo más para resignificar los compromisos del pasado y que las nuevas generaciones crearan nuevos compromisos colectivos a través de la participación. Con ello, también, acerca de por qué y sobre qué premisas se instala este nombre, el significado y sentidos dado por quienes forman parte del programa y qué elementos y valoraciones contribuyen para la producción del ser joven. Guiarán la reflexión otros interrogantes tales como: ¿Por qué se recupera esa generación y no otra? ¿Qué sentido tiene reponerla en el video de un programa para jóvenes que implementa el estado junto a la juventud a quien está destinado? ¿Por qué utilizar esta canción de una artista como León Gieco?

1. La recomposición de formas y figuras de la militancia social y política: el legado de Carlos Mugica

El cantautor argentino, León Gieco, presentó su disco Por favor, perdón y gracias en el año 2005. El material de Gieco recupera en las letras de sus canciones acontecimientos de nuestra historia que quedaron grabados en la memoria colectiva como tragedias o acontecimientos emblemáticos para nuestra sociedad[1]. Uno de esos temas, Los guardianes de Mugica[2], (Imagen D) no solo recobra la figura del sacerdote tercermundista Carlos Mugica sino que además narra qué hacen, desde su mirada, las/os jóvenes que recogen el legado del cura, lo recuperan y resignifican en un tiempo nuevo de compromiso y militancia social y política. Al ritmo del tango rioplatense, Gieco rinde homenaje al sacerdote asesinado por la Triple A[3] y a quienes, como en los años setenta, siguen luchando para sortear todas las sombras de esta Argentina del dolor. En la letra de esta canción, surge la oposición entre lo viejo, que se representa con la sombra, la mentira y la derrota contrapuesto con lo nuevo. De ese modo, los guardianes encarnan a los hijos nuevos que dan la espalda al viento sucio, miran de frente, descartan las migajas de las políticas viejas y son leales a la lucha. En el tema de Gieco, estas/os jóvenes guardianes de Mugica son vistos como artífices de una nueva política en una sociedad que, si bien es dura, los encuentra de pueblo en pueblo, levantando al caído, estudiantes y murgueros dejando atrás las casas de tormento, los atropellos y el infierno. Sin duda, la referencia a los campos clandestinos de detención y la tortura están contenida en la metáfora y forman parte de la tragedia del pasado que contrasta a la vez, con el ritmo murguero que añade un clima de felicidad que anima y es animado por los guardianes. Las escenas de la canción de Gieco presentan un momento de reconstrucción social en el cual, los guardianes de Mugica son llamadas/os, y se presentan como protagonistas legítimas/os de las transformaciones.

El video oficial fue realizado por un grupo de realizadores externos a la agencia estatal como un recurso para difundir el PJPM y para que sea material para debate e intercambio en los talleres y actividades del programa en el territorio. Cuando el programa recibe ese nombre, la canción de Gieco se presentó como un medio útil, junto con las imágenes del video, como motivador para instalar el intercambio sobre el sacerdote pero también, sobre una época de nuestra historia –la militancia de los setenta y la lucha generacional-; que a partir de la figura de Mugica se pretendió recuperar y resignificar en clave juvenil (Vázquez, 2014). El video fue una de las herramientas usadas en el lanzamiento de Chapadmalal para instalar una narrativa institucional a través de un programa del organismo nacional de juventud que junto a otras narrativas políticas del kirchnerismo se insistió en la promoción de la participación juvenil y de la exaltación de atributos de compromiso reconocidos en la militancia de los años setenta. Ello se plasma en la letra que refiere, por un lado, a la historia de los setenta y a una generación de jóvenes que la habitaron junto con el sacerdote Mugica, asesinado en esos años, pero les guía con su ejemplo que lo trasciende. Y por otro, a una nueva generación que se enfrente a la vieja política, que no quieren guerra, que desoyen la mentira y no mendigan. Sin embargo, dice el cantautor, llevan el peso de los que robaron, mataron o mintieron que pretenden revertir y para ello, se nutren del legado del sacerdote. De ese modo, se convierten en diamantes en la basura y poemas en la quema. Esta frase, carga con una fuerte impronta épica con respecto a las nuevas generaciones. Pero, ¿por qué Mugica y por qué guardianes? El autor del tema expresó que el nombre de la canción lo tomó luego de haberlo leído en el bombo de una murga. No obstante, es necesario revisar qué aspectos simbólicos se juegan en ese enunciado dado que tres años después dicha canción fue elegida como cortina musical del video institucional del PJPM y es señalada como el himno del programa en documentos institucionales (Cuadro 4) de la Dirección Nacional de Juventud[4].

Los guardianes de Mugica – León Gieco

Los Guardianes de Mugica bajan de lo alto
con sus voces y tambores, Domingo Santo.

Son los hijos nuevos que vienen sin tristezas,
descartan las migajas de políticas viejas.

 

Los Guardianes de Mugica desdiosan dioses,
son leales a la lucha, un millón de corazones.

Más le matas, más te matan y no quieren guerra
agradecen este día sobre la tierra.

 

Los Guardianes de Mugica cantan y sangran
se meten sin que los veas
por las buenas o por las malas.

Ya no van por pan, ya no van por comida
la mentira es desoída, ya no mendigan.

 

Es más fácil ponerle un velo al sol
que sortear todas las sombras
de esta Argentina del dolor.

Por favor, perdón y gracias,
tres palabras mágicas
para la vida, el amor y el corazón.

 

Los Guardianes de Mugica enfrentan a la muerte

dan la espalda al viento sucio, miran de frente.
Diamante en la basura, poemas en la quema
de vientre, de puño, de naturaleza.

Los Guardianes de Mugica llevan todo el peso
de los que robaron, mataron o mintieron.
Basta de morir en casas de tormentos,
nunca más el atropello, nunca más aquel infierno.

 

Los Guardianes de Mugica llevan a Pugliese
en tatuajes, credenciales, por los días que se vienen.
Amanecen con un reto, van de pueblo en pueblo,

levantan al caído, estudiantes y murgueros.

 

Es más fácil ponerle un velo al sol
que sortear todas las sombras

de esta Argentina del dolor.

Por favor, perdón y gracias,

tres palabras mágicas

para la vida, el amor y el cora
zón.

 

Los Guardianes de Mugica, telepáticamente,
saben quién es quién y quién ha sido Never.
Dan un revés a la derrota, antiglobalizadores,
salud y educación gratuita, para todos vacaciones.

 

Es más fácil ponerle un velo al sol
que sortear todas las sombras

de esta Argentina del dolor.

Por favor, perdón y gracias,

tres palabras mágicas

para la vida, el amor y el corazón.

Imagen D. Letra de la canción de León Gieco.

1.1. Las escenas de la trama histórica: el pasado en el presente

El video oficial del organismo nacional de juventud producido para presentar y difundir el programa tiene una duración aproximada de cuatro minutos. Crea una especie de microclima sonoro y visual (Bonvillani, 2015) configurado a partir de un collage que reúne el ritmo del 2 x 4 y la ritualidad multicolor de la murga con sus instrumentos y gestualidad. Mientras suena la canción de León Gieco, se ven transcurrir imágenes de los años setenta, del sacerdote Carlos Mugica y se escucha su palabra, alguna toma de la represión en aquellos años, las fotos de las/os jóvenes de la Noche de los Lápices[5], multitudes con los dedos en “V”[6] protagonizando manifestaciones, algunas tomas recuperadas en blanco y negro de noticieros de la época o de documentales históricos. A esos íconos que remiten y evocan a los años setenta, se les intercala videos o fotos del presente donde se observan jóvenes murgueras/os con ropas coloridas en el espacio público, lugar donde esos cuerpos activos (Feixa, 2014: 99) y politizados se reúnen para expresar sus objetivos colectivos. A otras/os se les ve entusiastas trabajando en talleres. Se añaden escenas de jóvenes pintando una plaza de barrio o en marchas agitando banderas que llevan estampadas las caras de Mugica, de Perón y Evita. Las secuencias incorporan escenas de murga, género musical de origen callejero, en que confluyen el teatro, la danza e instrumentos de percusión. Este ritmo, con influencia afro es usual en fiestas populares, carnavales y corsos en América Latina y resulta un recurso lúdico para escenificar temas cotidianos, que a través de ese recurso, logran ser conocidos y politizados.

Esta música otorga al video un clima festivo -que contrasta con las imágenes de la violencia de los años 70- junto con las imágenes color de un tiempo presente donde sus protagonistas se encuentran en acción, en actividades solidarias o trabajo productivo. La murga no parece ser un elemento aleatorio en el video, por un lado, porque que fue el mismo Gieco quien contó que el título de su tema fue leído en el bombo de una murga. Y por otro, porque la murga es un lugar donde se tejen complicidades, se activa la apropiación del espacio público urbano para uso colectivo y es reconocida como un anclaje para la constitución de pertenencia y un grupo (Chaves, 2005). Tanto el pasado, recuperado en imágenes documentales, como el presente, albergan manifestaciones callejeras numerosas y entusiastas que contrastan con las escenas de violencia y represión de los años previos y los de la última dictadura cívico-militar argentina. Esas escenas “condensan una trama histórica, se ofrecen como un núcleo duro y persistente sobre el que vuelve el trabajo de la rememoración” (Vezzetti, 2003: 16) a la vez que se estimula una lectura del pasado pero también de la actualidad, impulsando a estas/os jóvenes a tener nuevos compromisos por el presente y por el futuro. Esa recuperación hecha canción en los guardianes de Mugica, la hace además un músico y cantante considerado popular que, a lo largo de su trayectoria, -su álbum debut fue en 1973-; su repertorio se caracteriza por la mezcla del género folklórico con el rock nacional. Y en sus letras ha insistido en reclamos sociales y políticos que han incluido a pueblos originarios, campesinos y los DD HH, entre otros temas, que le ha valido la denominación de cantor de protesta.

Lo cierto, es que en todas esas tomas está la presencia y participación juvenil y con ello, un modo y lugar donde son ubicadas/os, en el pasado y en el presente. A la vez que plantea una idea de continuidad entre aquellas/os jóvenes setentistas y las/os jóvenes guardianes; ambas generaciones reconocidas/os con un rol protagónico en la construcción de nuestra historia. Esa puesta en escena expresa el lugar que se otorga al PJPM en tal continuidad y nexo entre generaciones y prefigura la participación en el programa como un lugar propicio para alcanzar una construcción colectiva. “Hoy estamos acá para escribir la historia” tal lo expresa una de las jóvenes, cuando la cámara se fija en su rostro mientras se atenúa el volumen de la canción. Este recurso se repite a lo largo del video y jóvenes trabajadoras/es y/o militantes de la DNJ, incluida su directora Mariana Gras[7], son tomadas/os en primer plano y enuncian qué propósitos tiene el PJPM. Estas escenas recomponen y fijan en imágenes lo desarrollado en el capítulo 2 respecto de los roles como trabajadoras/es y/o militantes durante la gestión en la agencia de juventud, y más precisamente en el Mugica. Estas expresiones y voces juveniles sintetizan un compromiso militante que desde el rol de trabajadoras/es de la agencia estatal lanzan una convocatoria a otras/os jóvenes para sumarse al programa[8]. El día que se activaron los preparativos para filmar los testimonios en la Plaza de Mayo, ubicada a pocas cuadras de la agencia estatal, pasaron por las oficinas buscando voluntarias/os para cubrir los roles pero sólo para quienes se ajustaran al fisic to roll[9], ser joven o parecerlo. Sin embargo, una joven trabajadora como ella se nombra en la entrevista, que había ingresado a la DNJ por su condición de militante, refiere que quienes participaron del video eran de círculo cercano la directora y que, por ello, no la participaron siendo que ella tenía poco más de veinte años. “Recuerdo que se hizo un video institucional en el que ninguno de los trabajadores participó. Participaron los Festilindos[10] como le decíamos nosotros” (Trabajadora/militante). Así denominaban algunas/os de forma irónica entonces a

… todo ese grupo que en ese momento era el riñón de Mariana…que hacían todo lo que le decían, a cualquier hora o en cualquier momento sin identificar que nosotros más allá que uno está comprometido, somos trabajadores del estado, trabajamos de tal hora a tal hora, hacemos esto, hacemos aquello… (Trabajadora/militante).

Esto marca también, que dentro de los espacios militantes había diferenciaciones y tensiones. Lo cierto, que quienes se animaron o sentían propio ese legado -o como dijo la joven militante citada-; o quienes fueron designadas/os por su lealtad a las autoridades, convocan desde la pantalla a otras/os jóvenes para que se comprometan y participen dado que el momento histórico requiere del compromiso colectivo para reconstruir una sociedad devastada que había estallado en diciembre de 2001. Así lo expresaba frente a cámara otro joven, “Nosotros creemos fundamental, pensar, creer y construir la recomposición del tejido social”. A continuación se muestran algunas capturas del video que ilustran alguna de las escenas descriptas.

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Capturas de pantalla del video institucional / Imágenes del documental.

De ese modo, el mensaje condensa la configuración de un determinado sentido de las experiencias del pasado en un presente que, además, encierra las expectativas de un futuro deseado (Jelin, 2002). Esa construcción del futuro se afirma sobre los valores que le reconocen al sacerdote y militante social y político como figura de aquellos años y que abrazó una causa justa por la que fue asesinado, como muchas/os jóvenes militantes revolucionarias/os. Esos valores enunciados por este programa y atribuidos al cura son exaltados y configurados como atributos propios de la generación de los años setenta y expresa un modo de vinculación entre el pasado y el presente que se configura de manera particular y que caracterizará los años de la gestión kirchnerista. Esa recuperación de una militancia, la evocación de sus discursos y prácticas setentistas se constituye como el eje en torno al que se realiza la construcción de un determinado ethos militante (Montero, 2007: 93). Los valores del programa asociados a Carlos Mugica, su figura y su trayectoria, EQUIDAD, IGUALDAD, INTEGRACIÓN, COMPROMISO, ORGANIZACIÓN, JUSTICIA SOCIAL, PARTICIPACIÓN, SOLIDARIDAD, IDENTIDAD, y LIBERTAD, se exhiben en el video escritos en letras de imprenta mayúscula y en azul–como luego será el color de la remera con la cara de Carlos Mugica estampada en blanco (Foto 6) -que lucirán las/os participantes del programa-; y se desplazan por la pantalla mientras las/os jóvenes trabajadoras/os y la directora le hablan a otras/os jóvenes. Dichos valores quedarán listados y fijos, al finalizar el proyección como una declaración de principios que guían y dan sentido a los enunciados de las/os jóvenes reunidos en el video. Ese punteo de valores seleccionados y ordenados de modo visible al final del documento audiovisual, se fueron incorporando al discurso institucional tanto en la formulación de programa como durante la ejecución.

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Foto 6. Promotoras con la remera del programa. Corrientes.

1.2. El valor simbólico del nombre de una política pública

El criterio para la selección de los valores citados en el video y pilares del programa, no se manifiesta con claridad en los testimonios recogidos. Algunas/os arriesgaron que formaron parte de la consigna enviada por la ministra. Lo que sí es posible encontrar que algunos de ellos están presentes en el discurso kirchnerista (Montero, 2007: 92) desde algunos años antes de la emergencia del programa. Por tanto, del mismo modo que se agruparon las acciones existentes en el PJPM, éste a su vez, operó como aglutinador de imperativos convocantes presentes en las narrativas instaladas. En el discurso que dio el presidente Kirchner, en el estadio de River Plate con motivo del Día Internacional de la Juventud[11] en 2005, se encuentran explicitados, no sólo la recuperación de la lucha de la generación de los setenta, “esa es nuestra lucha y fue la lucha también de la generación que fue vapuleada por el proceso hace 30 años”; sino que además en varios tramos de su elocución pronunció los valores mencionados como parte de ese repertorio de significados que van a quedar plasmados en la letra e intención del Mugica. Y serán su motor simbólico que trascenderán a la figura a quien son atribuidos.

Muchos hablan de que hay que abrir las compuertas de la participación a la juventud. Nos hemos cansado de escuchar a dirigentes, durante distinto tiempo, de hablar de la juventud, y la juventud debe participar. Lo que tenemos que hacer es abrir los canales, para que la juventud argentina pase a ser parte activa del poder de la construcción de la nueva Argentina, para encontrar una Argentina con equidad y con justicia (Néstor Kirchner, 10/08/2005, énfasis de la autora).

 

Muchas gracias compañeros por compartir este momento, por este consenso, por esta fuerza, por esta potencia, por esta irreverencia, por esta capacidad transgresora, por levantar la Bandera con coraje, por pelear por la justicia, por volver a creer en la política, por volver a luchar por la Argentina, por volver a creer en la solidaridad. ¡Viva la Patria, viva Argentina, vivan ustedes! (Néstor Kirchner, 10/08/2005, énfasis de la autora).

Un año después de ese discurso, se establece el 16 de septiembre como día nacional de la juventud en nuestro país. La fecha recuerda la desaparición de jóvenes militantes secundarios de la ciudad de La Plata conocida como La Noche de los lápices. El presidente por decreto instituye ese día con el objetivo de “reivindicar la militancia y el compromiso de aquellos jóvenes que fueron desaparecidos en la última dictadura militar argentina” (resaltado mío). El proyecto fue inicialmente propuesto por la dirección de juventud y, la ley 27.002 finalmente se sanciona el 11 de noviembre de 2014[12]. Más allá de encontrar los valores entre el repertorio del discurso kirchnerista, dicha elección de atributos no deja lugar para incorporar otros posibles o bien, no se puede afirmar ni constatar hoy que Carlos Mugica los hubiera tenido. Este último interrogante no pretende desestimar al sacerdote, por cierto. La recuperación de la lucha militante de la generación de los 70 y la asignación de valores a la figura del sacerdote no es concebido aquí como un recorte intencional o sesgado, o bien, un recurso para la manipulación. Básicamente, porque como se explicitó, no se concibe de modo lineal a las políticas públicas ni a los procesos sociales de construcción de la memoria colectiva. El Mugica puede ser pensado como un dispositivo para la construcción de la memoria porque abona a la producción de interpretaciones del pasado, del presente y qué se debe y cómo se debe recordar. Desde esa perspectiva puede ser considerado como un recurso institucional para el trabajo de universalización (Perelmiter, 2016: 150) de valores en el proceso social de construcción de la memoria colectiva. No obstante, no hay que olvidar que en el diseño y ejecución del programa participan diversos actores. Y con ello, múltiples interpretaciones sobre el pasado, que pudieron estar en conflicto o para algunas/os con aspectos desconocidos. Esto último, se evidencia porque quienes fueron parte, como trabajadoras/es y muchas/os de sus destinatarios, manifestaron en las entrevistas que no conocían al cura tercermundista hasta que fue nombre de un programa para jóvenes y que el acercamiento se profundizó cuando comenzaron a implementar acciones para que se conociera su vida en jornadas solidarias o reuniones. De ese modo, en la medida que se desarrolló el Mugica, quienes eran parte, se fueron constituyendo como representantes y portavoces capaces de hablar en nombre de dicha práctica política situada (Vázquez y Liguori, 2018).

A partir de las diversas acciones territoriales se da una trasmutación y los atributos asignados a una persona pasan a comprenderse como valores deseables para jóvenes destinatarias/os del programa. Este desplazamiento no se detiene ahí, sino que se desplazan luego a jóvenes militantes en la medida que algunas/os jóvenes relataron que el programa fue un puente para asumir la militancia partidaria. Mientras el programa se fue implementando en el territorio, se multiplicaron procesos de intercambio y socialización en el que esos valores fueron abstraídos de su portador y ocuparon un lugar de ciertas coordenadas no solo para comprender un periodo de nuestra historia y proyectarse en el presente sino, además, como un repertorio necesario para la construcción de un futuro como sociedad. En dicha articulación de discursos, narrativas, símbolos y significados que otorgaron y garantizaron poder de nominación a unos sectores con relación a otros y producir así una visión legítima del pasado de modo tal que sean materiales para la comprensión y producción del presente (Wacquant, 2005: 16). Ese conjunto de valores, presentados como autoevidentes y legítimos se establecen en tanto atributos sobre los que se opera una construcción oficial de la memoria y se imponen como un legado que debe ser asumido como compromiso. Sobre esta última proposición se funda el convite a la acción y a la participación.

1.3. Los jóvenes seguimos siendo el presente de las políticas de la memoria

El programa aparece en el video como la herramienta y espacio propiciado por el organismo estatal para lograr la participación juvenil y la transformación social. Así lo explica otro joven trabajador parafraseando a Gieco “queremos con este programa ser los Guardianes de Mugica. Respetando y recordando todo el tiempo los valores que transmitía el padre”. Aquellas/os y estas/os jóvenes, al decir del músico, son los leales a la lucha que refiere en su canción y el desafío del programa será “mostrar que los jóvenes seguimos siendo el presente involucrándonos en todas las instancias de participación social”. El mensaje del joven expresa la conexión, mediante la figura del cura, de los valores de la militancia de los setenta con la participación juvenil presente y, con ello, la acción de resignificar la lucha del pasado para construir nuevos compromisos para la lucha del presente y del futuro que en el PJPM se propone en clave generacional. Estos enunciados comparten la línea de la letra de Gieco que deviene en un himno y en calidad de tal, le otorga sentimientos positivos, de alegría y celebración a la narrativa oficial. En la canción, la línea argumental recupera una causa militante a través de la figura del cura, la hace extensiva a una generación de jóvenes de entonces y se estimula a continuar con renovadas luchas en el presente. Entre aquella y esta generación, salvando las distancias, se reconocen varios tópicos comunes los que se condensan en los atributos seleccionados. Se reafirma lo valioso de esa lucha consagrando no sólo el compromiso y un modo de luchar -el colectivo-, sino que además consagra a la participación como un valor en sí mismo. Lo que diferencia ambos llamados es que en el video lo hacen jóvenes desde esa identificación y, en la canción ese deber ser lo estimula un cantante popular, adulto, pero que es reconocido como cantante de protesta, es decir, algo que también lo coloca en el lugar de combatiente de las causas justas.

León Gieco no escribió esta canción para la DNJ ni para el programa, sin embargo, el organismo se apropia y utiliza este tema para comunicar la acción de política pública y la gestión del estado. De hecho, la letra de Guardianes de Mugica está impresa en el documento institucional Programa Nacional “Jóvenes Padre Mugica: Informe 2008/Propuestas 2009” (p.50) y fue material de debate en los talleres. El video institucional ilustra un modo de recuperar nuestra historia a través de una lectura que valoriza algunos aspectos y algunas formas de participación que caracterizaron los años setenta, recompone figuras o formas de militancia social y política, fundamentalmente aquellas que interpelan e involucran a las/os jóvenes. La construcción oficial de la memoria – activada en imagen y en palabra en el documento audiovisual-; se presenta como el eje articulador del mensaje. Más aún, la política de la memoria, se convirtió en una cuestión de agenda de gobierno y en la construcción del proyecto político del kirchnerismo, expresado a través de la política de DD HH implementada durante los 12 años de gestión. Se realizaron acciones tales como la constitución de archivos, recuperación de sitios, la producción de documentales y calendarios y en la concreción de monumentos y museos[13] como la creación organismos especializados o jerarquización de los existentes.

Si bien la lucha de los organismos de Derechos Humanos nunca cesó desde el regreso a la democracia, a partir de 2003, fue “Néstor Kirchner quien retomó las consignas del movimiento de DD HH, colocando el tema de la ‘memoria sobre el terrorismo de Estado’ en la escena pública como responsabilidad del Estado” (Guglielmucci, 2011: 10). Pero en el marco del proceso que se nombra políticas de la memoria, no se trató sólo no olvidar o traer el pasado al presente para recordarlo y no repetir errores. Más bien, las estrategias para la producción de una memoria colectiva se dieron de modo transversal en las distintas áreas del estado como puede verse en este caso de políticas participativas de juventud. De ese modo el PJMP, por medio de la participación juvenil en el presente, consagró las participaciones del pasado para proyectarlas en el presente y la construcción del futuro. El Mugica, fue un programa que evidencia el diálogo entre el conjunto de las políticas estatales –de la memoria y las participativas de juventud en este caso-; y comparte la impronta de las políticas de la memoria y la construcción de marcos normativos usados que suponen “cierta homogeneización y hegemonización sobre cómo dar cuenta de determinados hechos pasados (a través de la apropiación de ciertas representaciones sociales, imponiéndolas e instituyéndolas)” (Guglielmucci, 2011: 14). En este sentido, el PJPM recupera las narrativas políticas del kirchnerismo que cruzaron la gestión estatal durante el período estudiado respecto de los derechos humanos, la lucha generacional setentista y la memoria colectiva.

2. Memoria colectiva, verdad y justicia: el compromiso del estado

El vínculo entre los organismos de DD HH y el estado fue adquiriendo diversas manifestaciones[14] y los reclamos por memoria, verdad y justicia nunca abandonado[15]. Sin embargo, a partir de la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, se movilizan recursos materiales y simbólicos que se constituyen en “actos que evidencian la manera en que el Estado asume la tarea de preservar la memoria del terrorismo de Estado haciendo propias las reivindicaciones de muchos de los organismos de DD HH” (Vecchioli, 2001: 6). Los fallos judiciales de 2003 derogaron las leyes del perdón[16], hicieron posible reabrir las causas por los crímenes de lesa humanidad ocurridos en la última dictadura cívico-militar. Este proceso de apertura y la posibilidad de los juicios marcaron una brecha entre los resabios del pasado y entre victimarios y víctimas. El estado debía juzgar a los primeros y reparar a las/os segundo, lo que traza una línea divisoria entre buenos y malos. Se consolidó un relato que fortaleció una separación y ubicó a quiénes estaban en cada polo de la dicotomía (Hilb, 2018:151) similar a la que presenta León Gieco en su canción entre lo viejo-nuevo y las/os buenas/os-malas/os. Las diversas acciones estatales y en especial, los juicios, reforzaron la ponderación positiva de las víctimas del terrorismo de estado favoreciendo la elaboración de un punto de vista sustantivo y oficial, es decir, un punto de vista que oficializa un modo de construir esa memoria que, por otro lado, no toca solamente aspectos del pasado, sino especialmente del presente (Vecchioli, 2001). A partir de la movilización de las distintas políticas de la memoria provistas de discursos, narrativas, símbolos y significados se otorga y garantiza poder de nominación a unos sectores con relación a otros y se producen las categorías por medio de las que los actores comprenden y construyen el mundo (Wacquant, 2005: 16). Un momento de inicio de la construcción de ese punto de vista oficial es tal vez, las palabras pronunciadas por Néstor Kirchner en el discurso pronunciado el 25 de mayo con motivo de su asunción “llegamos sin rencores, pero con memoria”[17]. Esta afirmación anticipa lo que se hará efectivo con la implementación de diversas acciones de política pública que se completaron con otros gestos. Entre ellos, la designación de Eduardo Duhalde, abogado defensor de víctimas de la represión, militante y ex preso político al frente de la Secretaría de DD HH como así también la creación, 2004, de la Unidad Fiscal para Coordinación y Seguimiento de Causas por violaciones a los derechos humanos.

2.1. Recuperación material y simbólica de la lucha de los setenta. La configuración de un relato histórico

La recuperación de los espacios de tortura y detención clandestina como sitios de la memoria fueron acciones de las políticas de la memoria emprendidas por el gobierno. Tal vez, el acontecimiento donde se realiza uno de los más paradigmáticos y recordados gestos con valor simbólico fue el ocurrido durante un acto en el Colegio Militar de El Palomar donde el presidente Kirchner ordena al Jefe del Ejército Roberto Bendini retirar el cuadro de los dictadores Jorge Videla y Reynaldo Bignone de la galería de los jefes del Ejército. Ese gesto ha quedado impreso en la memoria colectiva del kirchnerismo como hito histórico de dicho espacio político. El compromiso del presidente también se escuchó el 24 de marzo de 2004 con motivo de un nuevo aniversario del golpe militar, cuando entregó el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ex-ESMA), como sitio de la memoria

Las cosas hay que llamarlas por su nombre y acá si ustedes me permiten, ya no como compañero y hermano de tantos compañeros y hermanos que compartirnos aquel tiempo, sino como Presidente de la Nación Argentina vengo a pedir perdón de parte del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia por tantas atrocidades[18].

El discurso del presidente expresa una omisión u olvido respecto de los Juicios a las Juntas realizado por la justicia civil e impulsado por el gobierno de Raúl Alfonsín. Al referirse al silencio durante los 20 años desde la recuperación de la democracia marca un posicionamiento con respecto a qué acontecimientos recuperar y cuales olvidar. Algo similar sucede con los modos de construcción y oficialización de la memoria, también presentes en el video institucional del Mugica -más aún las dimensiones de la militancia social y política juvenil que se recupera y el impacto de la represión-; como expresión de la narrativa del kirchnerismo. También, puede leerse como un elemento necesario para la construcción de un presente y un futuro a partir de vínculos sociales que se estrechan y se concretan a partir de la participación y que posibilitan la transmisión de experiencias colectivas. El cura Carlos Mugica se muestra como un referente autorizado para ser portavoz y guía para las nuevas generaciones, tanto en la canción como en el mensaje institucional, en que se lo ve estimulando a la participación desde un reportaje en un programa de TV de aquellos años cuando sentencia que “los que han cambiado el mundo son los idealista”[19]. Lo cierto, es que se trata de una memoria social que, como toda forma de memoria, implica una manera de leer y representar el pasado que es selectiva y se ancla en marcos y soportes que dan lugar a distintas narraciones y orígenes del momento que evoca tal memoria (Vezzetti, 2003: 16). Este recorte servirá para realizar la reconfiguración de un nuevo relato histórico sobre la nación y en la gestación de nuevas formas de sensibilidad nacional. A través de Carlos Mugica y la generación de jóvenes militantes se da existencia objetiva al pasado y contribuyen a instituir un relato legítimo sobre el cual se pretende construir una nueva comunidad nacional (Vecchioli, 2012: 11 Mimeo).

El PJPM como dispositivo de memoria abonó a la producción de interpretaciones del pasado y su recuerdo en el presente y fue parte del “tejido institucional y normativo que delinea los ‘marcos estatales de la memoria’ sobre la ‘violencia política de los setenta’” (Guglielmucci, 2011: 22, resaltado del original). Desde los talleres que se desarrollaron en el programa primero, y luego con los foros que se fueron replicados en los encuentros provinciales y/o regionales, una de las temáticas abordadas fue los DD HH, las violaciones y crímenes perpetrados en la última dictadura cívico-militar a partir del establecimiento del terrorismo de estado. Las/os trabajadoras/es del programa -como lo habían hecho los movimientos de DD HH- fueron activas/os para sostener la memoria sobre el terrorismo de estado como problema social y objeto de políticas estatales en el marco del desarrollo del Mugica. Ellas/os tuvieron la responsabilidad o “el deber de memoria” (Jelin, 2002: 59) desde el entramado institucional y a modo de compromiso con lo público, de llevar adelante acciones para perpetuar el recuerdo contra toda forma de olvido, lo que era a su vez considerado como un nuevo crimen. En este caso, desde la construcción de sentidos de pertenencia y compromiso con el programa y sus lineamientos, se constituyeron como “activistas de la memoria” (Guglielmucci, 2011) o, en sintonía con la canción de León Gieco “guardianes de la memoria” (Sosenski, 2005).

2.2. La patrimonialización del pasado y la canonización política de Carlos Mugica

Las acciones de las políticas de la memoria, junto con la reapertura de los juicios impulsan otras acciones que, como se dijo, se concretan con la incorporación de por ejemplo, fechas de feriados en calendarios, sitios de memoria y monumentos y actividades para mantener activa la memoria sobre el pasado reciente en nuestro país. Esta empresa de patrimonialización del pasado (Vecchioli, 2012: 7 Mimeo) activa una agenda de consagración de espacios, personas y símbolos[20], que llena de contenido a la memoria oficial. Del mismo modo que se promueven y concretan espacios físicos, también se rescatan y se consagran ciertas figuras en la escena pública. De ese modo, el sacerdote tercermundista Carlos Mugica -asesinado por la Triple A como represalia por su profundo compromiso social y político y su opción por los pobres-; se coloca como emblema o símbolo de la solidaridad, la participación, el compromiso y otros valores más que se le adjudican, se enumeran en el video y transmite el programa. En la misma línea, años después, el EterNéstor[21], la historieta de Néstor Kirchner, rescata al dirigente y lo perpetúa en el imaginario militante asociado a tal caracterización y sus atributos heroicos y pasa a dar nombre también a una política pública participativa impulsada en 2010. En el Héroe Colectivo se observa

Cómo los saberes militantes son reconocidos, legitimados y reconvertidos en el desarrollo de tareas laborales en la gestión pública, lo cual pone en juego el impulso de un trabajo (militante) con otros jóvenes (los destinatarios del programa), entre los cuales se busca transmitir y promover la participación, la discusión y el compromiso público (Vázquez, 2013: 12).

Del mismo modo, Mugica emerge como una figura que condensa todo lo bueno opuesto a todo lo malo que remite a los genocidas y al terrorismo de estado y se sitúa como otro referente de la militancia kirchnerista capaz de sintetizar lo bueno y lo nuevo, ya que sus valores quedaron intactos al detenerse su existencia al estilo de una sacralización. Esos universos contrapuestos están presentes en las imágenes y narrativas del video y los discursos analizados. A la par del fomento de sitios de la memoria (Vecchioli, 2012) se incorporaron fechas conmemorativas tales como el 24 de marzo, día del golpe cívico -militar de 1976 como Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia; 16 de septiembre fecha que se recuerda la Noche de los Lápices como Día Nacional de la Juventud, entre otras. Este proceso de recuperación de la trayectoria de Carlos Mugica y su trágico asesinato, lo convierten en héroe colectivo y mártir que entregó su vida por una causa social por los pobres desde la religión y desde el compromiso político y sin usar las armas. Si bien no es la iglesia quién lo recupera, la exaltación de sus virtudes heroicas, los valores como rasgos de su excepcionalidad para ser imitados en el presente y la entrega de su propia vida, este proceso puede leerse como un acto de canonización política por parte de quienes lo redimen, procedimiento semejante a la beatificación o canonización que lleva a adelante la iglesia católica.

En ese ejercicio de recuperación y enunciación de la historia de los setenta, se reconocen figuras, acontecimientos y se establecen máximas y valores que además de trazar modelos militantes coloca a ciertos referentes como “héroes” y/o “mártires”. El sacerdote Carlos Mugica fue ambas cosas. Por una parte, su condición de cura villero y opción por los pobres enfrentando a la iglesia conservadora primero, y al poder reaccionario cuando abrazó la causa popular, hace de este hombre ser reconocido como una figura “mítica del héroe” en tanto militante embarcado en una tarea épica (Montero, 2007). Pero, además, esta figura se complementa en el caso del sacerdote, con la de “mártir” ya que murió asesinado luchando por una causa justa y popular (Svampa, 2003; Longoni, 2007). Sin embargo, de acuerdo a los testimonios recogidos, estas perspectivas no se encuentran manifiestas en los relatos de quienes fueron parte del diseño del programa. Más bien, esa canonización política por vía de virtudes heroicas y vía martirio que condensa la figura del sacerdote puede ser comprendida entre las diferentes formas de producción de sentidos promovidas en las estrategias estatales contenidas en la empresa de patrimonialización del pasado.

3. Narrativas sobre la memoria colectiva y producción de la identidad juvenil

Los valores del cura Mugica exaltados en el video institucional, como pilares del programa estatal, conforman un universo simbólico convocante que congrega diversidad de procedencias, tanto desde quienes trabajan como quienes son convocadas/os. De ese modo, es expresión de poder simbólico (Bourdieu, 2000: 4) materializado en una acción política pública y puede ser comprendida desde dos aspectos complementarios: por un lado, como acción instrumental (Shore, 2010:32) que además de tener un carácter racional, es un proceso simbólico y pleno de sentido para los distintos actores involucrados en el proceso de formulación y ejecución de las políticas públicas. Y por otro, productor de una identidad juvenil en la medida que en su devenir fue construyendo nuevas categorías de individuos, grupos y de subjetividades. En la década del setenta fueron mayoritariamente las/os jóvenes quienes protagonizaron la movilización social, política y cultural. Es la juventud nuevamente la convidada para recuperar aquellos valores e ideales resumidos en la figura del cura, que quedan contenidos y adheridos a la identidad juvenil colectiva que adquiere un carácter universal. Ello hace que esa producción de la identidad juvenil, se presente como legítima, uniforme y unificada en torno a “la participación y la organización para lograr derrotar a las políticas neoliberales que llevan 30 años en el país” entre otras narrativas como eje central.

El proceso de homogeneización y unificación de una identidad única (Offerlé, 2011: 119), “las y los jóvenes beneficiarios del programa” del mismo modo que otros programas denominados de políticas participativas expresan, antes que nada, un modo de trabajar con los/as jóvenes desde el estado. No obstante, como se verá con atención en el capítulo 4, más allá del proceso de homogeneización contenido en la noción de jóvenes promotoras/es como constitutivo y aspecto valioso de una identidad juvenil, cada una de las experiencias territoriales analizadas en ambas provincias, revelan las múltiples maneras de agenciamiento (Giddens, 1999) realizadas por las/os promotoras/es que amplían las premisas institucionales y sobre las que es posible anticipar “configuraciones generaciones de la política” (Vommaro, 2015) gestadas a partir de un programa promovido por el estado. Si bien surge de la lectura del Mugica el énfasis en un deber ser joven asociado con el protagonismo para la transformación, el cambio social, el compromiso, etc.; también es cierto y que las/los jóvenes promotoras/es propiciaron modos de relación, lecturas o interpretaciones, prácticas y marcos simbólicos que permiten entender cómo estas formas de intervención favorecen interpretaciones situadas y disputas. Al mismo tiempo que subyacen resistencias o cuestionamientos a la par que se arman recursos para llevar adelante acciones y prácticas de agenciamiento que no se desprenden ni están asociadas directamente a los objetivos definidos desde esta política pública como se analizará en el capítulo siguiente. Algo de ello se expresa en las propias producciones culturales y maneras de relacionarse que son algunos eslabones para analizar esa construcción de una visión del mundo, un deber ser joven y el sentido acerca la participación y la legitimidad de proyectos colectivos, caracterizando ciertas configuraciones generacionales de la política presentes en el proceso de construcción de hegemonía que subyace en la gestión del estado.

La fuerza simbólica que adquirió la figura del sacerdote Carlos Mugica durante las gestiones de Cristina Fernández trasciende al programa de la DNJ. En 2008, se formaliza la Comisión Nacional de tierras para el hábitat social Padre Carlos Mugica. Asimismo, en mayo de 2014 al cumplirse 40 años de su asesinato, la presidenta inauguró una escultura del sacerdote en la intersección de la Avda. 9 de Julio y Juncal realizada por el artista plástico Fernando Marmo. Ese acto fue transmitido en directo y visto en la Villa 31[22]. Asimismo, en 2014 también y por iniciativa de legisladores del FPV, se sanciona la Ley 27.095[23] que instituye el 7 de octubre de cada año como el Día Nacional de Identidad Villera, fecha que corresponde al día de nacimiento del cura. Varios de esos actos conmemorativos tuvieron centro en la Villa 31 de Retiro, porque Carlos Mugica, primero como capellán en la escuela Paulina de Mallinckrodt, en el barrio YPF de dicha villa de emergencia y, luego, como referente barrial desarrollará toda su actividad religiosa y política hasta su asesinato en 1974. En el barrio, además de oficiar misas, solía recorrer las calles, conocer los problemas de sus habitantes tales como mediar en conflictos, buscar a alguien a una comisaría o gestionar un sepelio. En el barrio se involucró en comisiones vecinales y colaboró en la gestión de recursos carentes e impulsó el desarrollo de obras para mejorar la infraestructura disponible en ese espacio urbano. A partir de 1970[24], concentró su tarea en la Capilla Cristo Obrero emplazada en la villa 31. Carlos Mugica fue parte de los fundadores del Movimiento de Curas del Tercer Mundo en 1967 en Argentina y que logró referentes en otros países de América Latina.

3.1. Las vivencias de la juventud militante. El diálogo institucional con las nuevas generaciones

Tanto Néstor Kirchner como Cristina Fernández expresaron haber participado de la militancia social y política en los años setenta cuando eran jóvenes estudiantes de Derecho en la Universidad Nacional de La Plata[25]. Esta “inscripción identitaria como militante setentista” (Montero, 2012) presente en sus relatos los sitúa en una posición común con otras/os militantes en la sociedad de los años 70, no por motivos cronológicos, sino por compartir una situación espacial y social. Ello supone además haber compartido sucesos comunes, en los mismos contenidos vitales. Es decir, compartir la misma modalidad de estratificación de la conciencia o vivencias (Mannheim, 1993: 216). Tal recuperación de vivencias comunes con aquella militancia revolucionaria a la que ambos apelan, fueron parte del andamiaje que sirve de estructura para la percepción acerca de esos años, instituyen una historia y un relato de ese pasado y ponen en movimiento su consagración para construir legitimidades en el presente y futuro. La idea de estratificación de la experiencia implica, además, que para la formación de la conciencia es, en gran medida decisivo cuáles sean las vivencias que se depositan como primeras impresiones, como vivencias de juventud. Al decir de Chaves, es lo que hace comprender a la juventud

Como un modo que tiene la cultura de hacer vivir una parte de la vida: es el modo –forma cultural, esquema conceptual, sistema de símbolos, orden de significados- que articula la cultura (moderna y occidental) de explicar, de dar sentido, de practicar, de habitar, ese espacio social de la experiencia, desde diferentes situaciones y distintas posiciones sociales (2005: 38).

Desde una autoridad legítima que primero Néstor Kirchner y luego, Cristina Fernández poseen en tanto referentes del espacio político en el gobierno en sus narrativas hablan por, acerca y en nombre de esa generación (Vázquez, 2012, cursiva del original) con que manifiestan haber compartido las luchas. Sin embargo, aun sin haber sido combatientes de la lucha armada esa inscripción identitaria como jóvenes militantes setentista los ubica como portavoces de aquella “juventud maravillosa” (Montero, 2007) y con ello, la evocación y un modo específico de ejercer la política que reenvía a la militancia de los 70 y consagra modelos legítimos de compromiso.

Las experiencias y vivencias de juventud a las que apelan estas/os referentes políticos, que afirman haber compartido con el sacerdote Carlos Mugica y con la generación de los 70, son la organización y la participación social y política en el peronismo como herramienta para la transformación social, la justicia social y el reconocimiento de la militancia como atributo legitimador del ser joven. Mugica no solo había abrazado la opción por los pobres desde su labor pastoral en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y su trabajo como cura villero, sino además como fugaz funcionario del Ministerio de Bienestar Social en el año 1973, cuando ya había asumido su compromiso con el peronismo y se manifestaba convencido que “…en Argentina tenemos que hacer nuestra revolución, nuestro socialismo, que no necesariamente debe adaptarse a modelos preestablecidos. Además, estoy seguro que ese proceso pasa, aquí, por el peronismo” (Mugica, revista 7 días/enero-70).

Su adhesión manifiesta al peronismo a instancias de la lucha armada abrió el interrogante respecto de su participación en la organización Montoneros[26]. Esa y otras organizaciones armadas[27] albergaron mayoritariamente a jóvenes, quienes fueron además blanco principal de la represión, la desaparición y la muerte cometidas por la dictadura cívico-militar a partir de 1976[28]. Sin embargo, hay controversias respecto de cuál fue su adhesión a la lucha armada. Ante una pregunta realizada en la revista de referencia manifestó:

Lo que sí está claro es que [cristiano] tiene la obligación de morir por sus hermanos. Pienso que tenemos mucho miedo a la violencia por una actitud individualista. De repente nos escandalizamos porque alguien puso una bomba en la casa de un oligarca, pero no nos escandalizamos de que todos los días en las villas miserias o en el interior del país mueran niños famélicos porque sus padres ganan sueldos de archimiseria (Revista 7 días).

Este encuentro de temporalidades se puso de manifestó durante el kirchnerismo a través no sólo en los discursos de sus dos exponentes máximos, sino que estuvo potenciado a través de acciones de fuerte simbolismo, como hacer retirar el cuadro de los militares genocidas en el acto del colegio militar, ya mencionado, entre otras. En dicho contexto y sumando otros aspecto ya señalados, se sitúa la emergencia de un programa definido como una herramientas política para la movilización juvenil y que les ubica como hacedoras/es de la política pública, “no sólo ejecutando programas y proyectos sino involucrados en los procesos de reflexión y toma de decisiones[29] guiados por los valores de Carlos Mugica. Se completa, de modo excluyente, con un estado presente que a través del organismo de juventud asume la responsabilidad de ponerlo en marcha. Llegar sin rencores, pero con memoria, expresado por Néstor Kirchner, sin duda, configura un determinado sentido de las experiencias del pasado en un presente que, además, encierra las expectativas de un futuro deseado (Jelin, 2002).

De este modo, el presente que se explicita en la narrativa del kirchnerismo, aprecia y contiene ciertas experiencias pasadas así se observa en otra afirmación del presidente Kirchner en su discurso de asunción dijo “formo parte de una generación diezmada” en momento que recuerda a aquella generación del setenta como suya. Esa pertenencia, comprendida no por la edad sino por las experiencias como lo plantea Mannheim, le otorgaría un estatus de heredero legítimo y portador de atributos que son comunes a los que poseían quienes protagonizaron tales luchas consagradas.

Formo parte de una generación diezmada. Castigada por dolorosas ausencias. Me sumé a la lucha política en valores y convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada… Llegamos sin rencores, pero con memoria. Memoria no solo de los errores y horrores del otro. Sino que también es memoria sobre nuestras equivocaciones… Memoria sin rencor que es también aprendizaje político, balance histórico y desafío actual de gestión[30].

A partir de ese ser y sentirse parte, recupera y resignifica ciertos atributos como materia prima de producción subjetiva de un presente y un futuro anhelados. La amplitud de esa generación combativa queda incorporada en la figura de Carlos Mugica, aglutinador de lo bueno de esas luchas que se resumen en los valores que se manifiestan en el programa. La referencia a la generación aniquilada, la necesidad de la memoria para hacer justicia por ella, el juicio a los responsables y propiciar un aprendizaje de los errores propios y ajenos se asienta sobre la recuperación de algunas luchas legítimas por sobre otras, algunos/as referentes y experiencias militantes. Ello constituye una operación de lectura y de revisión del pasado a la vez que supone trazar límites a la memoria. Queda así perfilada la triada estado-memoria-juventudes que se constituye como uno de los elementos distintivos de la gestión de gobierno y del kirchnerismo como espacio político. Esta afirmación puede notarse en el relato del presidente que se presenta de forma alternativa en primera y tercera persona, lo que imprime también ese valor testimonial usado para motivar expectativas colectivas desde un lugar institucional donde se ancla la responsabilidad de llevarlo a cabo. Un testimonio que refiere a un proyecto de transformación social que fuera interrumpido abrupta y sangrientamente por la dictadura, se revive y resignifica en el proyecto de gobierno, el que luego seguirá Cristina Fernández “…continuando el camino transitado desde el 25 de mayo de 2003, en el marco de un proyecto nacional y popular, para revertir los embates de las políticas neoliberales sufridos durante más de treinta años en el país”[31].

3.2. Los nuevos límites de la agenda democrática

En ese proceso de recuperación-resignificación que se da con el kirchnerismo, se renueva un debate que había sido dado por la militancia en los primeros años de la transición democrática. En los años ochenta, en especial la nueva generación de militantes políticos, habían sido muy críticos con la opción armada abrazada por sus antecesores y bregaron por reforzar las instituciones de la reciente democracia aun atacada por las fuerzas militares -que se insistirá en detener, en especial, con los juicios por violación a los derechos humamos[32]-; y su objetivo principal era sostenerla (Larrondo y Cozachcow, 2017). Tanto Néstor Kirchner como Cristina Fernández, reeditan y trazan nuevos límites en el reconocimiento y reivindicación de las luchas de los setenta y les otorgan una ponderación en la agenda democrática a instancias de sus respectivos mandatos. De este modo, el debate sobre el pasado represivo se instaló además como necesario para la consolidación de la democracia porque en el plano colectivo “el desafío es superar las repeticiones, superar los olvidos y los abusos políticos, tomar distancia y al mismo tiempo promover el debate y la reflexión activa sobre ese pasado y su sentido para el presente/futuro” (Jelin, 2002: 16). Néstor Kirchner va más allá, pide perdón “por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades”[33]. Este ejercicio de memoria del pasado, actúa como una operación en que “la democracia reabre lo que la dictadura cerró” (Gayol y Kessler, 2017: 29), sea la presencia de Mugica y de otras/os militantes, la sanción por la represión o asesinatos perpetrados e inaugura un proceso de transformación social que supera el olvido de algunos aspectos, pero se activa sobre otros.

De este modo, el programa supone, primero la recuperación de las experiencias militantes juveniles del pasado asociadas con la generación del setenta; segundo, la reactivación positiva de la figura del sacerdote Carlos Mugica y tercero, la valoración de un saber militante que incorporan las/os trabajadores/as que llegaron al estado luego de experiencia en gestión territorial y, en el caso de la DNJ, también como parte de agrupaciones que se identificaban con el kirchnerismo o eran parte del mismo. Estos elementos ponderados y reunidos en una acción de política pública hacen que ésta le confiera legitimidad política (Offerlé, 2011) al proyecto de gobierno. Este propósito apela como cimientos para su construcción, a los valores reconocidos en el cura, que además darán sentido al compromiso militante al que son convocadas/os las/os jóvenes, que como se expresa en el video “hoy [están] acá para escribir la historia y transformando realidades”. Tales atributos se resumen en un modo de militancia social y política genuina, es decir, se interpretan como “un conjunto de características en torno a las cuales suele ser descripto el compromiso militante –como entrega a una causa justa- son oficializadas y consagradas como valores en el marco de la implementación de una política pública” (Vázquez, 2015:188).

La narrativa del programa promueve la participación y propicia el compromiso de una juventud dispuesta a la entrega por el prójimo del modo que expresó Mugica, es decir, “morir, pero no a matar”, en sentido metafórico, proclive a la transformación estructural a través de las políticas públicas y no ejercitando la lucha armada. A través del programa, el estado promotor y presente les convoca para organizarse e involucrase en la transformación colectiva de la realidad a partir de una participación promovida, regulada por las instituciones públicas y movilizadas a través de la implementación del PJPM. Es decir, una participación que ya no requiera empuñar las armas para lograr la justicia social, sino que, a partir de 2003, el arma de transformación social es la política para movilizar los recursos que el estado pone al servicio de la gestión de las/los jóvenes, sean usuarios del programa o funcionarias/os o trabajadores de la gestión de gobierno. A partir del Mugica, y con especificidad según la región o provincia del país, como se verá en el capítulo 4, se producen relaciones concretas entre colectivos movilizados y el estado que delinean una reconfiguración de modos de trabajar en la gestión, de asumir compromisos y, en función de ello, redefinir y valorizar las tareas militantes como rasgos legítimos del trabajo. Es posible visualizar que “se elabora una (nueva) mirada sobre el Estado como ámbito en el cual se pueden desarrollar prácticas militantes, al mismo tiempo que se produce una reivindicación militante del trabajo en el Estado” (Vázquez, 2017).

Esas/os compañeras/os de juventud del presidente evocados por él porque habían asumido un compromiso militante en los 70, se encarnan en los guardianes de Mugica que refiere Gieco en su canción y en las/os jóvenes del país que alberga el programa ministerial. “Cuando veía las manos al entonar el himno, veían los brazos de mis compañeros de la generación que creyó y sigue creyendo que este país se puede cambiar”, decía Kirchner en el acto de la Ex ESMA (La Nación. 24/03/2004). Esas/os militantes resurgen como jóvenes promotoras/es, funcionarias/os y trabajadoras/es de la DNJ, que aparecen en el video institucional y otras/os que son llamadas/os a formar parte de un proyecto colectivo de transformación: “Jóvenes diciendo, participando, construyendo, transformando sus realidades”. “Porque los jóvenes no somos el futuro, sino el presente. Porque los jóvenes somos transformación social. Porque los jóvenes somos transformación de la realidad. Los jóvenes somos guardianes de Mugica.” Esta última aseveración se escucha de la voz de la directora Mariana Gras, a modo de síntesis al final video institucional.

4. En el nombre del cura

En su libro Entre dos fuegos. Vida y asesinato del padre Mugica, Martín De Biase afirma que “luego de su muerte su figura se agigantó, incluso entre muchos de quienes lo habían denostado en vida” (1998:15). Luego de su asesinato en 1974, “su fidelidad a Jesucristo y a su pueblo, que lo llevó hasta el holocausto, lo transformó en un mito popular, no sólo en la Argentina sino en casi toda América Latina” (De Biase, 1998: 15), motivo entre otros, que sirven para suponer por qué se eligió al sacerdote para nombrar al programa. En algunos testimonios se entrevé que fue parte de la consigna enviada por la ministra y que muchas/os jóvenes como reconocieron tiempo después, no conocían demasiado de la trayectoria del religioso-militante social y político, Carlos Mugica cuando surge el programa. Excepto la directora nacional, Mariana Gras, quien se atribuyó la elección del nombre tal lo expresó en la entrevista. Ella había conocido la trayectoria del cura en su militancia social y política, antes de ser funcionaria y cuando tuvo que elegir un nombre lo hizo con la intención de “rescatar muchos compañeros y compañeras olvidados por la historia. Olvidados…ex profeso, digo, enterrados”. En el libro Políticas Sociales del Bicentenario. Un modelo nacional y popular[34] (2010), con respecto a la elección del nombre del programa se lee:

El Programa Nacional “Jóvenes Padre Mugica” lleva su nombre porque representa la participación, el compromiso, la justicia social y la transformación de la realidad. Representa la lucha que no queremos abandonar; la lucha por los derechos y valores fundamentales por la que el Padre Mugica dio su vida (p. 226, resaltado del original).

Tanto la madre como el padre de Mariana Gras fueron militantes de la organización Montoneros[35], por lo que la joven directora creció en el seno de una familia cruzada por la militancia y los impactos producidos por las violaciones a los derechos humanos. Martín Gras, estuvo detenido-desaparecido en la ESMA durante la dictadura y, se desempeñó como Secretario Ejecutivo en Plan Nacional de Derechos Humanos junto a Eduardo Duhalde. Estos acontecimientos en la vida personal moldearon la subjetividad de hijas/os de esa generación y estuvo presente como memoria histórica en el momento de nombrar programa. Y como dice Mariana Gras, así “rescatar a compañeras/os olvidadas/os”, compañeras/os de sus propios padres. Este argumento puede servir para comprender la militancia que emprendieron muchas/os jóvenes hijas/os de esa generación quienes accedieron también a cargos en el gobierno o electivos durante el kirchnerismo[36]. Esta referencia a la biográfica de la joven funcionaria no explica por si sola la recuperación de la figura del cura villero como emblema de la joven militancia setentista. Más bien, es otra expresión del lugar que el compromiso militante ocupó en la narrativa kirchnerista y en la gestión estatal.

En un documento institucional lo que afirma la ministra Alicia Kirchner, es que no ha sido un hecho fortuito el modo de nombrar la acción de gobierno.

Padre Mugica. No es al azar la elección de ese nombre, este padre con su prédica y su acción estuvo siempre junto al pueblo, trabajó por la comunidad, trabajó por la justicia social, por la equidad y realmente cada paso que daba era para darle una mejor calidad de vida a su gente…Y esto me recuerda a toda una generación que trabajó como el Padre Mugica en las villas, en los barrios más olvidados, para cambiar la realidad… (Informe 2008. Propuestas, 2009: 10).

La recuperación tanto de Gras como de la ministra se asemeja, como indica Elizabeth Jelin (2002:14), a los trabajos de la memoria. Para la autora, el trabajo de recordar se piensa como una memoria producto de “seres activos en los procesos de transformación simbólica y de elaboración de sentido del pasado. Seres humanos que ‘trabajan’ sobre y con las memorias del pasado” (Jelin, 2002: 14. Comillas del original). En este sentido, la memoria adquiere un rol significativo como mecanismo cultural que refuerza el sentido de pertenencia a grupos o comunidades y que se ve con claridad en el proceso que supone el diseño e implementación del programa. El nombre como alegoría del pasado para afianzar un compromiso en el presente, potencia la idea que las políticas públicas funcionan de modo similar al mito –“popular” decía De Biase-dado que “ofrecen narrativas retóricas que sirven para justificar –condenar- el presente, y algo más usual, para legitimar a quienes están en posición de autoridad establecidas” (Shore, 2010: 32). Vale añadir otros datos que no surgen de los relatos, tanto en documentos, entrevistas o discursos, referido al rol asumido por el sacerdote como funcionario ministerial en el año 1973 como así también su trabajo junto a jóvenes villeras/os y a Lucía Cullen, joven estudiante de Servicio Social[37] desaparecida en 1976. Datos desconocidos o no tomados como relevantes al momento de referirse a él y a su obra, puede explicarse por diversos motivos, pero considerarlos, aporta para pensar el retorno simbólico de Carlos Mugica, 35 años después y como nombre de un programa juvenil. Por lo tanto, es interesante revisar qué sentido adquiere la figura del sacerdote para las/os actores involucrados entre los que están las/os promotores/as del Mugica. Las maneras de comprender la figura del cura y de qué modos se identifican y le resignifican a partir de acciones promovidas por el programa o bien, autónoma de la mera transmisión del pasado configurada conforme a los valores destacados por el programa. Este aspecto es a la luz del recuerdo de la ministra acerca de una generación que trabajó junto a Mugica y al reconocer en ciertos atributos un compromiso militante supone cierta posición que no está desprovista de tensiones, recortes u omisiones.

De acuerdo a las entrevistas realizadas tanto en Corrientes como en Santiago del Estero, si bien la mayor parte de las/os jóvenes promotoras/es del Mugica no conocía al sacerdote tercermundista, sus testimonios muestran que empatizan de inmediato, con su figura, historia e hicieron propios los valores que se le imputan como rasgos de su compromiso social y político y en tanto propiedades asociadas con ser jóvenes promotores/as, primero y, en algunos casos luego militantes en agrupaciones del kirchnerismo. Algunas/os eran parte de organizaciones sociales y políticas. Otras/os se iban incorporando por primera vez a la participación en actividades como estas. Más allá de esas experiencias previas, la figura de Carlos Mugica condensó un potente simbolismo (Castoriadis, 2003: 209), que a pesar de haber convivido con otros actores y en otros escenarios, revive como bandera aglutinadora y condición de posibilidad para dar nuevos sentidos al pasado y construir un compromiso del presente y futuro. Ese potente simbolismo se concreta porque la figura del sacerdote sorteaba el desprestigio o la desconfianza que genera formas o figuras tradicionales de la política, más aun, cuando se asocia con lo político partidario y borraba las fronteras culturales ya que como expresa un joven santiagueño

Los chicos del campo, de la ciudad o de cualquier lado, no están muy referenciados con las figuras políticas, o cuando les dices ‘política’, lo relacionan con otro mundo de valores que no tiene nada que ver con lo cual para nosotros nos suena la militancia política que, mal que mal, es la cuestión (Joven promotor, Santiago del Estero).

Asimismo, en diversos testimonios, se manifiesta no sólo los ejes comunes que hicieron posible unificar a jóvenes de diversas procedencias en el arco del programa, sino una expresión acerca de cómo comprendían ellas/os su activismo territorial a partir de ser promotores/as territoriales del programa y que remiten a la identificación con el sacerdote a partir de sus vidas cotidianas y en los barrios que habitan. Estas manifestaciones permiten resignificar la figura del sacerdote en el presente –al modo de Gieco en su canción-, contribuye a comprender la implicancia que su trayectoria adquiere a partir del programa y el sentido para las/os promotoras/es y más allá de los rasgos que la propia figura del sacerdote pudo haber tenido en los años en que vivió. Para algunas/os jóvenes, el cura,

… amaba más al otro que a su propia vida, porque terminó muriendo en una de las villas, por amar al otro, hoy en día no es tan difícil en cuanto a la política y todo el resto, hoy tenemos libertad, por ejemplo, de ir al barrio, de poder estar con el otro, el que sufre (Joven promotora, Corrientes).

 

… ha tenido un significado por las acciones que el Padre ha tenido ¿no? Más en el barrio, lo solidario que era, las acciones que él ha tenido, son… un poco reflejaba lo que día a día se ve en mi barrio ¿no? La solidaridad, bueno… (Joven promotora, Santiago del Estero).

Asociar al sacerdote como “sinónimo de lucha, sí es sinónimo de trabajo social…una constante lucha por el trabajo, siempre uno se choca con intereses, siempre uno tiene que superar obstáculos en el camino” expresa a su vez, un tipo de militancia que se torna voluntarista cargada de sacrificios, al igual que lo fuera para Carlos Mugica y que requiere de entrega, compromiso, sensibilidad que expresaban atributos de una moral individual y que hallaron condiciones de posibilidad en las formas de trabajo entre pares que promueve este programa (Perelmiter, 2016: 137). Así pues, quienes conocían al sacerdote se ocuparon de armar diversas actividades que fueron informativas para que el resto de promotoras/es sepa de su lucha y que la tomaran como referencia para el trabajo de organización y participación que propiciaba el programa en sus propios territorios. Entre las acciones en el marco del programa, las/os promotores pintaron murales (Fotos 7 y 8) en cada una de las ciudades y armaron con entusiasmo cine-debate con material documental, en algunos casos promovido por trabajadoras/es del programa o, en otros por propia iniciativa que expresaba:

¡El fanatismo que teníamos!… Había salido en la revista de Caras y Caretas, habían sacado un DVD del Padre Mugica, sacaron entrevista, contaban y así…y bueno…nos comprábamos la revista. Después nos juntábamos todos los chicos para hablar de video (Joven promotora, Corrientes).

Estas acciones sirvieron para transmitir, a su vez, el relato institucional acerca de ese pasado y del cura, agenciándose y generando actividades autónomas con o sin apoyo material de la DNJ. En otros casos, las gestionaron con colaboración local de manera independiente del organismo nacional. También se convocaba “de boca en boca que era la mejor propaganda, los amigos de los amigos, y así iban sumándose” y “nos íbamos encontrando con jóvenes que respondían desinteresadamente al llamado de la palabra solidaridad. Y eso es digno de ser destacado” (Coordinadora del Programa Corrientes). Estas manifestaciones de agenciamiento, no solo pueden hallarse en las/os promotoras/es o usuarios del programa, sino también en las variadas narrativas y estrategias de trabajadoras/es de la dirección, las que aún sin estar contenidas en la letra de las políticas públicas, se desplegaron en el trabajo entre diferentes participantes de estas experiencias. A partir del ejercicio de un rol, sea tallerista, técnico evaluador/a de proyectos o interlocutor/a con autoridades políticas locales, esas estrategias muchas veces se redefinen de acuerdo a las condiciones de trabajo territorial e implican apropiaciones y producciones de sentido específicas. Es interesante recuperar argumentos de las voces de las/os jóvenes que en todos los casos refieren su adhesión por rescatar los valores del sacerdote y el mismo como emblema y no, en un principio, un proyecto partidario o de gobierno. Es decir, se ponían la camiseta del Mugica o entraban al barrio con banderas del programa y no de un partido en el gobierno. Sin embargo, en el capítulo siguiente, hay otras lecturas.

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Foto 7. Mural pintado por promotoras/es Mugica en la costanera de la ciudad de Corrientes (tomada en septiembre de 2017).

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Foto 8. Mural pintado en galpón vieja estación por promotoras/es Mugica en la ciudad de Santiago del Estero (tomada en abril de 2018).

5. Los leales a la lucha. Condición juvenil y juventud militante

No se puede soslayar, que, en el marco del programa, la condición juvenil parece producirse (Criado, 1998; Chaves, 2005; Vázquez, 2015) según los valores del cura, en torno a un proyecto político, el kirchnerismo, dando lugar a un ideal de compromiso militante que se asienta sobre una dimensión normativa. Se trazan las coordenadas acerca de certezas: hay que participar, hay que hacerlo de acuerdo con ciertos parámetros, valores y figuras que los encarnan. La recuperación de la figura del sacerdote militante va de suyo con el recuerdo de una generación que trabajó junto a Mugica en las villas para cambiar la realidad y lograr una sociedad con justicia social. A partir de tales referencias se demarcan un modo de ser joven y las maneras legítimas de la participación social y política. Estas narrativas, discursos y símbolos son parte, no sólo de un proceso de producción de la condición juvenil sino también de la juventud militante en tanto atributos entrelazados. Es posible afirmar entonces, que “el sujeto joven está constituido en y por una trama material y simbólica en el marco de correlaciones de fuerzas –también materiales y simbólicas- en el seno de formaciones sociales concretas” (Vommaro, 2015: 18). Está presente en el programa una noción de militancia que no actúa como condición de ingreso o permanencia sino como un modo legítimo de habitar sus territorios que otorga ser guardianes del legado de Mugica tal como se expresa también en el video institucional musicalizado por Gieco. Desde el programa se hace una recuperación-negación de valores del cura y sus conductas ejemplares porque “no fue solamente un sacerdote, fue un hombre profundamente comprometido con su país, con su tiempo, con su época, con su pueblo” dijo Cristina Fernández el día del lanzamiento del programa en Chapadmalal. Y como lo hiciera aquella generación de jóvenes militantes “de otros tiempos, de otros momentos también de mucha pasión, de mucho coraje, de mucho compromiso con los demás”, agregó la presidenta. La recuperación de tales biografías da lugar a la producción de una nueva biografía colectiva que facilita un nuevo vínculo entre el presente y el futuro (Gayol y Kessler, 2017).

La producción de esa nueva biografía colectiva no deviene solo de transmisión. Como tampoco la producción de condición juvenil y juventud militantes. Ese diálogo entre generaciones adultas y jóvenes hace que las/os segundos reciban el legado y le den propio sentido, lo reinterpreten y resignifiquen y se acerquen “a sujetos y experiencias del pasado como ‘otros’, diferentes, dispuestos a dialogar más que a re-presentar a través de la identificación” (Jelin, 2002) creando contextos diferentes. En este sentido, el programa incorpora un relato desconocido para muchas/os jóvenes, activando una memoria latente e histórica de la sociedad que son parte, es decir, colectiva. Ese conocimiento que activa el programa y se presenta en el video, las/os acerca y emparenta con una generación desconocida para muchas/os como el sacerdote mismo. La lucha de esa militancia setentista está recuperada y legitimada porque también posee los valores consagrados, los del Carlos Mugica. Las /os jóvenes del presente, como promotoras/es tienen la tarea, no solo de resignificar esos valores sino de colocarlos como pilares del compromiso que deben asumir para construir una sociedad justa como la deseada por aquella generación diezmada, como dijo Néstor Kirchner. En la producción de estas juventudes también tuvieron fuerte impronta las/os jóvenes militantes sociales y políticas/os de los años noventa que, como sucedió en Santiago del Estero, fueron parte de la gestión de estas políticas, como se verá en el capítulo siguiente. Las/os jóvenes del programa hicieron su re-lectura de esta historia recuperada que se incorporó a su subjetividad, lo que fue posible teniendo a Carlos Mugica como articulador, porque había sido…

… una persona solidaria con los más humildes, con los sectores menos favorecidos. Era la solidaridad, el compañerismo, todos esos valores, pero más que nada creo que le pusieron porque el padre Mugica era un referente político de protagonismo en sí, o sea, que tenía programa de también, preparar para algo (Trabajadora CDR, Santiago del Estero).

Este programa, se presentó como una herramienta para fortalecer el compromiso militante en las/os jóvenes logrando superar la decepción gestada en décadas anteriores e interpretado como logro político del kirchnerismo. Más aún, a partir de acciones como estas y de la narrativa que caracterizó al proyecto popular se potenció una verdadera consagración de la juventud, en tanto juventud movilizada que “se positiviza, visibiliza y cobra centralidad en tanto actor colectivo legítimo” (Kriger, 2016: 70) que más que un estado de cosas debe comprenderse como un acto performativo (Vázquez, 2015: 52). Primero, convocadas/os para el rol de promotores/as Mugica, fueron interpelados/as para transformar la realidad y entregarse a una causa justa. De ese modo, el programa deviene instancia de socialización de quienes no poseían experiencias de activismo y de fortalecimiento en los casos en que sí. Luego del paso por el programa, algunas/os jóvenes realizan un desplazamiento de promotor territorial a militantes respondiendo al llamado institucional que los reconoce como cuestión social y causa pública (Vázquez, 2013). A su vez, otras/os se fueron incorporando en la gestión de organismos públicos y se comprometieron con la construcción de un proyecto hegemónico asumiendo responsabilidades institucionales. En este sentido es posible comprender al programa como una bisagra en lo que respecta al modo de concebir la participación dentro del organismo nacional sectorial de juventud. Ello se debe, por una parte, porque cambia la concepción de la participación que se considera como un fin en sí del programa y no solo como un medio para el logro de otros objetivos. Y por otra, porque esa participación se constituye en una instancia que puede describirse como formación política que provee a las/os usuarios de recursos simbólicos que luego serán movilizados para ejercitar la militancia partidaria o bien, el desempeño de cargos en gestión pública, es decir, un modo en que se trasladó y expresó también la participación política durante el período estudiado. O como han manifestado algunas/os, simplemente como un modo de comprender el mundo. Ese modo de habitar la juventud, -producción cultural propia de cada contexto socio histórico-; y la producción del ser joven que se vislumbra en el programa, parece ser una amalgama de pasado-presente. O bien, como dice Reguillo, es “un modo de entender el mundo y un mundo para cada necesidad en la tensión identificación-diferenciación. Efecto simbólico –no por ello menos real- de identificarse con los iguales y diferenciarse de los otros, especialmente del mundo adulto” (2003: 106).

Por último, no hay que soslayar que la recuperación de Carlos Mugica también se hizo a partir de su muerte. Un asesinato que puso fin a un compromiso militante y constituyó por su carácter violento, como otro eslabón en la trama de la memoria que se suma para fortalecer simbólicamente un modelo de construcción político y social. Esa muerte, trágica y materializada por medio de un asesinato perpetrado por fuerzas de extrema derecha y como sanción por su compromiso social y político, se presenta “como un proceso de comunicación e interacción social y política, dado que la muerte es también legado, herencia y memoria en distintas formas” (Gayol y Kessler, 2015: 10) y lo convierte en un héroe y mártir y refuerza su sacralización, o como se ha dicho, su canonización política. La experiencia de la muerte que significa pérdida, ausencia y ruptura de lazos, adquiere en este caso un reconocimiento social resignificado. En lugar de un quiebre entre el pasado y el presente, se traza un puente entre la generación militante de aquellos años y la pujante militancia juvenil durante el kirchnerismo como en un intento de continuidad de un proyecto político de transformación social que había sido interrumpido en los setenta. El estado es además, de promotor y presente, articulador de la recuperación, resignificación o enlace entre valores militantes y condición juvenil. Un puente además, que se proyecta hacia el futuro.

6. Recapitulando. La triada estado-memoria-juventudes

En este capítulo se analizó la oficialización que hizo el PJPM de ciertos valores que sirvieron para promover la movilización y participación en torno a un proyecto colectivo apelando a la memoria, rescatando la lucha de la generación del 70 y a la figura de Carlos Mugica como eje aglutinador de los atributos consagrados. Asimismo, se mostró el diálogo entre el conjunto de políticas desarrolladas en las agencias estales que dan cuenta de las flexibles fronteras, concretamente entre las políticas de la memoria y las políticas participativas para jóvenes. A partir de la narrativa e imágenes de distintas fuentes se indagó sobre la dimensión simbólica del PJPM que reforzó la triada estado-memoria-juventudes y, con ello, la producción socio estatal de la juventudes a través de tomar la condición juvenil y juventud militante como atributos enlazados y que coloca a las juventudes como cuestión de estado durante el período estudiado. Con los aspectos simbólicos analizados y los relacionados a las condiciones de posibilidad y emergencia del PJPM a escala nacional en el capítulo 2, no resulta suficiente para el análisis emprendido, si no se hace un desplazamiento a la escala subnacional donde llegó el PJPM. Por ello, en el próximo capítulo se analizará la ejecución de la política nacional de modo comparativo, en las provincias seleccionadas, Santiago del Estero y Corrientes. A partir de las singularidades locales que halló el Mugica para establecerse se muestran los efectos alcanzados junto con la apropiación, resignificación y/o agenciamiento que se dieron las/os promotoras/es. Con ello, será posible constatar la estrecha relación entre la gestión y la política, desde lo local y en diálogo con la escala nacional, vínculos necesarios en los procesos de políticas públicas como la que interesa a la vez que dimensiones que permiten la comprensión de los alcances y manifestaciones del estado en plural, como se concibe en esta investigación.


  1. Entre ellos “Un minuto”, sobre la tragedia de Cromañón; “El ángel de la bicicleta” que recuerda a Pocho Leprati dirigente político y social asesinado en 2001 por la policía de Santa Fe y “Yo soy Juan” sobre la historia de Juan Cabandié, joven nacido en la ESMA en 1977 mientras su madre estaba secuestrada y que recuperó su identidad en enero de 2004.
  2. En un reportaje de Página 12 León Gieco cuenta que el nombre lo tomó de haberlo leído en el bombo de una murga. https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-2334-2005-06-29.html.
  3. La Alianza Anticomunista Argentina (AAA) fue una organización parapolicial que persiguió, torturó y asesinó a militantes sociales y políticos en la década del setenta (1973-1976). Estuvo liderada por José López Rega.
  4. Puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=vkdYD-BBf8o.
  5. Se conoce como la Noche de los Lápices​ a los secuestros y asesinatos de estudiantes de secundaria, ocurridos durante la noche del 16 de septiembre de 1976 y días posteriores, en la ciudad de La Plata. En el año 2014 se instituye dicha fecha como Día Nacional de la Juventud en nuestro país. http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/verNorma.do?id=238074.
  6. La “V” de la victoria es un gesto que identifica al peronismo y se realiza para expresar tal posicionamiento.
  7. Mariana Gras se desempeñó como directora del organismo nacional de juventud desde 2006 hasta 2010 que fue designada en el Consejo Nacional de las mujeres hoy Ministerio. La joven había participado de Militancia Social Kirchnerista y como referente de ese espacio viajó al XVI Congreso Mundial de la Juventud y los Estudiantes Por la solidaridad y la Paz, luchamos contra el imperialismo y la guerra, realizado en Venezuela en 2005 junto a otros/as jóvenes de diversa procedencia militante. A partir de allí, forja su vínculo con la Ministra que poco después la convoca para hacerse cargo de la dirección junto a Juan Cabandié y Andrés La Blunda, ambos dirigentes juveniles son hijos de desaparecidos y recuperaron su identidad durante el kirchnerismo. Mariana Gras, luego, se incorpora a la militancia de Kolina.
  8. Además de la directora, están presentes la coordinadora del programa y cuatro jóvenes más que antes de ingresar a la dirección o bien, durante su trabajo se reconocieron kirchneristas y militantes en algún espacio afín.
  9. Expresión utilizada para seleccionar personajes de cine y su traducción es físico para rodar, es decir, que su aspecto y actitud sea adecuada al personaje según guion.
  10. Programa musical infantil de los años ochenta.
  11. El Día Internacional de la Juventud se conmemora el 12 de agosto desde 1999 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó ese día con el fin de promover el papel protagónico de las/os jóvenes en los procesos y generar conciencia sobre los problemas y urgencias que dicha población requiere. https://www.un.org/es/events/youthday/.
  12. http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/verNorma.do?id=238074.
  13. Para profundizar estos temas se puede consultar a Vecchioli, V. (2001) Políticas de la Memoria y Formas de Clasificación Social. ¿Quiénes son las “Victimas del Terrorismo de Estado” en la Argentina? En Groppo, B. y P. Flier (Comp). La imposibilidad del Olvido. Recorridos de la Memoria en Argentina, Chile y Uruguay. La Plata. Editorial Al Margen. Pp. 83 a 102. Cueto Rúa, S. (2016) “Ampliar el círculo de los que recuerdan”. La inscripción de la Comisión Provincial por la Memoria en el campo de los derechos humanos y la memoria (1999-2009), tesis doctoral. Guglielmucci, A. (2011) El proceso social de consagración de la memoria sobre el terrorismo de Estado como política pública estatal de derechos humanos en Argentina, tesis doctoral. http://repositorio.filo.uba.ar/handle/filodigital/1705.
  14. La mayoría de los organismos de derechos humanos de argentina surgieron durante la última dictadura militar frente a la embestida del terrorismo de estado ejercitado. También contaron con asesoramiento y asistencia de organismos internacionales más consolidados. Acompañaron con entusiasmo el Juicio a las Juntas durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Durante la misma gestión cuestionaron la ley de Obediencia debida y la Ley de Punto Final. Durante la presidencia de Carlos Menem rechazaron enérgicamente los Indultos dictados por el gobierno entre 1989 y 1990 a quienes ya habían sido juzgados. A partir de la reapertura de los juicios por el fallo de la corte en 2004 algunos organismos se acercan y gestionan con el gobierno mientras otros sostienen su rol de control y reclamo. Un mapeo de organismos en nuestro país puede verse en http://www.derechos.org/nizkor/arg/ong.html.
  15. Hay que señalar que no todos los organismos participaron del mismo modo en este proceso de políticas de la memoria iniciadas por el gobierno. En el caso de Madres de Plaza de Mayo que preside Hebe de Bonafini, la adhesión no sólo a dicha política de DD. HH., sino a la gestión de gobierno, fue explícita. En otra posición, estaba el Servicio de Paz y Justicia liderado por el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, quien envió una carta a la presidenta en la que cuestionaba aspectos de la política que implementaba el ejecutivo con respecto a los organismos de DD HH. En la carta decía: “Ciudadana presidenta, hablas de los derechos humanos y privilegias a unos organismos y discriminas a otros. No hay claridad conceptual ni objetividad en las políticas del gobierno. Los gobiernos pasan y los organismos de derechos humanos y sociales trascienden las coyunturas políticas y su credibilidad social es la coherencia entre el decir y el hacer; en el compromiso día a día con el pueblo y en su independencia de los poderes de turno” (09-10-2008). Para leer sobre este tema puede verse
    http://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/8597/07-barros-esc14-2016.pdf.
  16. Se conocen con ese nombre las Leyes 23.521 de Obediencia debida y Ley 23.492 de Punto Final. Fueron decretadas por Alfonsín en 1986 y sancionadas en 1987. En 1998 el congreso nacional derogó ambas leyes y anuladas en 2003. Esta anulación fue convalidada por la Corte Suprema de Justicia que las declaró inconstitucional el 14 de junio de 2005, lo que permitió la reapertura de los juicios por violación a los DD HH en la última dictadura cívico-militar.
  17. https://www.lanacion.com.ar/politica/el-texto-completo-del-discurso-presidencial-nid498849/.
  18. https://www.casarosada.gob.ar/informacion/archivo/24549-blank-79665064.
  19. Este tramo del documento da cuenta de la frase y su posición con respecto a la militancia de las/os jóvenes y puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=xHErgibjTWI.
  20. El trabajo de Virginia Vecchioli se centra en dos espacios emblemáticos: el Parque de la Memoria (2007) y el Ente Público “Espacio Memoria y Derechos Humanos Ex ESMA.
  21. Este personaje refiere al Eternauta fue una historieta argentina que salió inicialmente en Hora Cero Semanal entre 1957 y 1959, escrita por Héctor Germán Oesterheld e ilustrada por Francisco Solano López. El protagonista de la historieta, Juan Salvo, el Eternauta, resiste junto con la población una invasión alienígena a la tierra. En 1969 inicia una reescritura junto a Alberto Breccia que se publica en la Revista Gente. Oesterheld, secuestrado en 1977, se encontraba escribiendo el Eternauta II. Sus cuatro hijas fueron asesinadas, también víctimas de la dictadura. Este personaje es tomado como referente para los afiches que convocaron al acto de Néstor Kirchner en el Luna Park para el 14 de septiembre de 2010. Se agregaba a la convocatoria, junto a la imagen de Kirchner vestido como el personaje de la historieta, la inscripción “Néstor le habla a la juventud, la juventud le habla a Néstor”. Ese acto sería una manifestación de apoyo a la candidatura a la presidencia de Cristina Fernández para el año 2011. Poco más de un mes después, Néstor Kirchner muere repentinamente.
  22. https://www.youtube.com/watch?v=Rl5py7PD4yY.
  23. http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/240000-244999/241142/norma.htm.
  24. La inauguración de la Capilla Cristo Obrero fue el 27 de diciembre de 1970 luego de dos años de construcción comunitaria. Allí se desarrollaron actividades tan diversas como la instalación de una proveeduría, el funcionamiento de grupos de apoyo escolar y un consultorio jurídico gratuito. Además, la capilla fue visitada durante los años siguientes por reconocidas/os artistas y políticas/os. Las numerosas actividades desarrolladas en la capilla Cristo Obrero, fueron registradas por distintos medios de la prensa local y llegaron a tener inclusive alcance internacional.
  25. Néstor Kirchner formó parte del Frente Universitario por la Revolución Nacional y compartió amistad con varios militantes que luego se sumaron a las filas de Montoneros y de la Juventud Universitaria Peronista. Tanto él como su compañera Cristina Fernández fueron detenidos en algunas oportunidades y frente a esta situación que se desencadena con el golpe militar, deciden radicarse en Santa Cruz en 1976, una vez que ya habían culminado sus estudios. Kirchner era oriundo de Río Gallegos, Santa Cruz.
  26. El origen de la organización armada Montoneros se ubica a fines de los años sesenta durante la dictadura cívico-militar Revolución Argentina (1966-1970). Sus fundadores fueron Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus, ambos habían formado parte de la Acción Católica y habían participado en la adolescencia del movimiento nacionalista derechista Tacuara. Ambos, junto con Eduardo Firmenich estuvieron cercanos a Carlos Mugica cuando le fuera asignada tarea de asesor por la Acción Católica, en la universidad y en el Nacional Buenos Aires. A partir de la incorporación de otros grupos de izquierda, la organización va mutando hasta su radicalización en los años setenta. Para profundizar al respecto se sugiere Soldados de Perón. Los Montoneros de Richard Gillespie. Grijalbo. Buenos Aires. 1987.
  27. Además de Montoneros, podemos nombrar a Fuerzas Armadas Revolucionarias, Ejército Revolucionario del Pueblo, Fuerzas Armadas Peronistas.
  28. Según los datos que constan en el Nunca Más publicado en 1984 por la CONADEP- Comisión Nacional sobre la desaparición de personal- constan cifras de desaparecidos por edad: entre 16 y 25 años corresponde a un 43,23 % y entre 26 y 35 años, un 38,16%. Lo que da cuenta que un porcentaje mayoritario de personas desaparecidas eran jóvenes. (Nunca más).
  29. Documento del Programa Jóvenes Padre Mugica. (Mimeo, p.3).
  30. https://www.lanacion.com.ar/politica/el-texto-completo-del-discurso-presidencial-nid498849.
  31. Documento del Programa Jóvenes Padre Mugica. (Mimeo. P.2).
  32. El 15 de diciembre de 1983, el recién asumido presidente Raúl Alfonsín, sancionó el Decreto N° 158 que ordenaba someter a juicio a los nueve militares de las tres fuerzas que integraron las Juntas militares desde el Golpe de 1976 hasta la Guerra de Malvinas en 1982. Con la Ley de Obediencia debida y Punto Final se logra detener ese proceso hasta su reinicio a partir del fallo de la Corte Suprema en 2005.
  33. En ese acto de conmemoración de un nuevo aniversario del golpe militar de 1976 y de entrega de la ESMA como predio para la memoria, también estuvo presente Juan Cabandié, integrante de la agrupación HIJOS (Hijos e hijas por la identidad y la justicia contra el olvido y el silencio) quien nació en ese centro clandestino y aún tiene a su madre y a su padre desaparecidos. Y, además, uno de los protagonistas de las letras del disco de Gieco de referencia en esta tesis. El joven dijo: “En este lugar le robaron la vida a mi mamá. Ella aún está desaparecida. En este lugar, idearon un acto macabro de robo de bebés, acá hubo personas que se creyeron impunes jugando conmigo y sacándome la identidad durante 25 años”. La Nación. 24/03/2004.
  34. El libro recopila las políticas sociales realizadas a partir de 2003 y sus fundamentos conceptuales. Fue realizado en conmemoración del Bicentenario.
    https://www.desarrollosocial.gob.ar/wp-content/uploads/2015/05/1.Pol–ticas-Sociales-del-Bicentenario-I.pdf.
  35. Ver cita 99 de esta tesis.
  36. Es posible nombrar algunos casos: Manuel Abal Medina que entre otros cargos fue Jefe de Gabinete de Ministros entre 2011 y 2013, hijo de Juan Manuel Abal Medina y sobrino de Fernando, fundador de Montoneros, asesinado en 1970. Juan Cabandié, nieto recuperado en 2004, fue parte del Consejo Federal de Juventud y Diputado Nacional. Eduardo Enrique “Wado” de Pedro, hijo de militantes montonero asesinados en 1977 y que fue vicepresidente de Aerolíneas Argentinas. Andrés La Blunda, hijo de militantes de la columna norte de la agrupación montoneros, asesinados en 1977, fue responsable del Consejo Federal de Juventud en la gestión de Gras. Wado de Pedro es el actual Ministro del Interior y Cabandié, Ministro de Ambiente de la Nación.
  37. La carrera de Servicio Social se cursaba entonces en la Facultad de Derecho. Actualmente, se denomina Trabajo Social y es la carrera jerarquizada en el MDSN durante la gestión de Alicia Kirchner como se dijo.


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