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Introducción

Crónicas del regreso

La novedad no era conseguir un pasaje de avión para Resistencia (Chaco) cuando el destino era Corrientes[1] y se armaba un viaje de último momento. Los horarios para esos destinos eran limitados y los pasajes se agotaban rápido. Esta vez, me había vuelto a suceder. Lo inédito resultaba llegar a los mismos lugares con objetivos diferentes de los que motivaban mis viajes laborales. La distancia entre ambas capitales de provincia es de 30 km, un trayecto conocido y recorrido varias veces entre 2008 y 2011 mientras se implementó el Programa Jóvenes Padre Mugica[2]. Ya en Resistencia cambié de opinión y en lugar de tomar un colectivo local para llegar a Corrientes acepté hacerlo en un remís que me ofrecieron y que compartí con otras tres personas por un costo de $ 35 cada una. Es habitual que se elija esta opción por ser más rápida y casi al mismo valor que un pasaje de ómnibus. A pesar de la similitud en ciertas rutinas, fue diferente ese modo de llegar a Corrientes. Estaba de regreso a un lugar familiar y donde podía sentir las vivencias en común que me remitían a recuerdos gratos. Durante el Mugica, viajaba con el fin de establecer nuevos vínculos. Este viaje, volví a buscar esos vínculos, para pensarlos y reflexionar acerca de ellos. Resistencia y Corrientes están unidas por el puente General Manuel Belgrano. Mientras lo cruzaba miraba los pilares que lo sostiene buscando encontrar todavía los murales pintados en “las patas” un 24 de marzo, por un grupo de promotoras/es[3] Mugica. Buscaba huellas, marcas, registros del paso de un programa como si eso solo sirviera para decir algo. Aquel 20 de septiembre de 2017, el calor era tan intenso como aquellos que nos sofocaban en las largas recorridas provincianas en las comisiones de servicio[4]. Mis acompañantes circunstanciales en el remís hablaban con una “s” aspirada y una “r” suave propia la región. Mientras se filtraba un “bien de má”[5] y el “chamigo” correntino en ese tono que solo es percibido por forasteras/os o turistas. No puedo siquiera recordar de qué hablaban, pero se interponía la voz del chofer que acotaba algún comentario. Lo que sí recuerdo es que mis acompañantes me habían dicho que pasaban gran parte de su vida uniendo estas dos orillas. En un instante, como un flash les vi a Ele, Nahu y Lau conmigo en el Renault 12 rojo con que Olga nos llevaba a visitar las/os pibas correntinas/os.

Yo me senté del lado de la ventana detrás del conductor. Desde ahí fui experimentando un sinfín de sensaciones y recuperé recuerdos que me mantuvieron concentrada durante todo el trayecto. Ya en Corrientes, caminé unas cuadras hasta el hostel, (estos viajes no son hasta la puerta de destino) dejé mis cosas en la habitación y comí algo liviano que compré en un local de comidas por peso. Luego partí, en plena siesta y con 36° a la sombra, a hacer la primera entrevista que había sido acordada desde Buenos Aires. Pasé por una agencia de turismo y conseguí un mapa de la capital donde fui trazando los puntos de mi recorrido (Imagen A). Añadí un cuaderno anillado para registrar detalles útiles. El primer entrevistado, me recibió en su oficina con una actitud madura, serena y formal. Noté diferencias respecto de aquel joven promotor de San Lorenzo que solía verse con jean y zapatillas. Ahora en cambio, llevaba una camisa clara, pantalón de vestir y esa imagen que encontré no coincidía con el recuerdo de aquel pibe militante de base. Lo que conservaba eran algunos rulos despeinados sobre la frente que daba un aire despreocupado. Sin embargo, rápidamente brotó su sonrisa y actitud tranquila que nos conectó y la conversación comenzó a fluir. A pesar del tiempo transcurrido sin vernos, el joven conservaba su buen trato, respetuoso y amable. Costó un poco desarmar cierta formalidad que remitía a los roles en el programa. Al final, se manifestó agradecido por la entrevista, el interés en recordar al Mugica y la labor de ellas/os como promotoras/es. Salí de la oficina que ocupaba el joven ex -promotor en la filial local de un gremio estatal nacional y en medio de la emoción del reencuentro, intuí que no me había equivocado en proponerme recuperar algo de aquel programa y de esas/os pibes. Pude apreciar que parte de lo construido hacía casi 10 años también había quedado en ellas/os, así como había quedado en mí. Entonces, renové la convicción y compromiso que hacer esta investigación valía la pena (Crónica de mi primer día de trabajo de campo en la provincia de Corrientes).

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Imagen A. Mapa – plano de la capital de Corrientes.

1. Volver sobre mis pasos

Así fue mi primer día de regreso al territorio[6]. A Corrientes viajé con cierta continuidad durante la implementación del PJPM entre 2008 y 2011[7]. Una de las primeras tareas allí fue chequear la agenda, organizar horarios y coordinar recorridos para entrevistar a todas las personas que había contactado y dejar un hueco para aquellos testimonios que surgieran durante el campo. De alguna manera, esa rutina no era tan diferente de la que hacía cuando llegaba en comisión para reunirme con organizaciones sociales o bien, con autoridades de algún municipio correntino para articular acciones entre la nación y las áreas locales. Inclusive, repetí mi paso por el Centro de Referencia (CDR)[8], unos días después de mi llegada, donde conversé con trabajadoras/es que habían conocido el programa. Lo distinto, sin duda, fue volver sobre mis pasos y no con el propósito de establecer nuevos vínculos. Regresé a un lugar donde tenía un pasado, una historia en común construida con esas personas con quienes me iba a reencontrar después de varios años. Esos momentos vividos los recordaba con entusiasmo, aunque hasta pocos meses antes de ese trabajo de campo, no me imaginaba que algo de aquello se podía resignificar como tesis de maestría. La emoción la sentía –hoy lo puedo identificar con claridad-; porque además de reencontrar personas conocidas ese retorno era re-encontrarme y explorar mi propia biografía laboral y la de mis compañeras/os de trabajo de la Dirección Nacional de Juventud (DNJ). El placer crecía porque iba a recuperar lo conocido, pero desde otra tarea y perspectiva. Todo el tiempo era un déyà vu

En el trayecto en auto desde Resistencia a Corrientes, evoqué las rutinas de los viajes de trabajo por esa provincia para promover el programa, armar talleres o algún encuentro regional. Eso que era recurrente, en cualquier época y en cualquier clima, cuando se llegaba a territorio como trabajadora del estado. Se amontonaron imágenes sueltas que yo intentaba conectar con recuerdos situados. Eso me producía cierta incertidumbre, porque con todo el trabajo por hacer para la tesis, sentía el temor de quedar envuelta en la nostalgia. Más tarde, durante esa siesta correntina que no dormí, con su atmósfera pesada y brisa calurosa me convencí que iba a acortar, por primera vez, la brecha entre las tareas que marcaron mi trayectoria laboral: la gestión y la investigación. En definitiva, indagar, observar, entrevistar y registrar son tareas que emparentan a ambas, aunque me fuera difícil de congeniar. A pesar de la similitud en las tareas, siempre experimenté incomodidad porque me sentí observada con recelo en ambos ámbitos, en los que abundan los reclamos y pases de facturas y, rara vez la construcción de alianzas productivas. Tironeada entre las dos orillas, como las de Resistencia y Corrientes, mi inserción académica trascurrió como un lugar de aprendizaje y de ejercicio profesional y esta investigación es también volver sobre esos pasos. La Sociología y luego, la Maestría en Investigación en Ciencias Sociales, pero también otras instancias que son consideradas académicas me mantuvieron activa durante todos estos años. Si bien ejercí la docencia universitaria por más de veinte años, en el CBC[9]-UBA y en una Teoría Sociológica en la Facultad de Ciencias Sociales donde obtuve un cargo por concurso, el proyecto de saltar a una carrera académica convencional en la que pudiera dedicarme tiempo completo y despedirme del trabajo en el estado, quedó interrumpido por diversos motivos.

La dualidad como lugar de la incomodidad, al parecer, se repite en mi biografía, en mi investigación y, es algo que traté de plasmar en este texto. Aquí se pretende conciliar esa particular intersección porque esta investigación se ocupó de un trabajo de gestión que fui parte. A la vez que superar la dicotomía entre ambas, en esta tesis procuro subrayar lo que hay en común más que antagónico entre las dos tareas y acerca de los puntos de convergencias entre los intereses de quienes estudian prácticas y programa estatales y quienes los gestionan desde su trabajo en el estado. Lo productivo de mi perspectiva radica, por una parte, que mi situación de trabajadora y mi cotidianeidad con la gestión me orientó en la búsqueda de las perspectivas teóricas que mejor interpretaran las vivencias laborales. Por otra, mi condición de socióloga y mi trayectoria en las políticas públicas de juventudes[10], me habilitó para formular interrogantes sobre dichas acciones de políticas y sobre las prácticas laborales que las producen y reflexionar al respecto en esta tesis.

2. Un diálogo entre saberes y prácticas. Los objetivos generales de la investigación

La propuesta de esta investigación se enuncia en los dos objetivos generales del proyecto: a) analizar por medio del PJPM cómo se construye y define un modelo normativo de participación por medio del diseño de las llamadas políticas públicas participativas para jóvenes. A la vez que, b) aportar a la reflexión sobre las políticas públicas de juventudes articulando los recursos de la investigación académica con la tarea de gestión en el organismo de juventud estatal integrando ambas perspectivas para sintetizar las contradicciones y superar perspectivas fragmentadas sobre la gestión en el estatal. Ejercicio que me permite además, apartarme de miradas o esquemas de investigación que no aportan suficientes recursos para las preguntas como las que formulo. Y mucho menos, para mostrar las narrativas y prácticas estatales cotidianas y los efectos que pasan inadvertidos para los modos cuantitativos de medir las políticas públicas. Para alcanzar los objetivos, en este estudio se utiliza una perspectiva socio-histórica (Offerlé, 2011) que propone reponer los rasgos más significativos del programa como acción situada y, además, recuperar acciones, lecturas e interpretaciones de las/os múltiples actores involucradas/os en el proceso político institucional del proyecto del gobierno en la gestión estatal. No solo las acontecidas durante el PJPM sino también aquellas surgidas con posterioridad a su ejecución. El interés en explorar las maneras de apropiación y resignificación material y simbólica de las herramientas ofrecidas por el Mugica radica en su utilidad para analizar los diversos posibles modos de agenciamiento que puede originar la implementación de una política pública con estas características.

Más allá de los propósitos que se pueda otorgar al ejercicio del quehacer profesional en cada ámbito, es cierto que con este trabajo desafié las fronteras que se trazan para legitimar la producción de conocimiento académico. Mi posición durante este proceso reedita una discusión que no pretendo saldar, pero debo reconocer, en la medida que yo misma experimenté tal disyuntiva durante esta investigación. Por una parte, los límites que tiene la producción de conocimientos por parte de quienes se encuentran como externas/os al universo al que deben acceder para conocer y sistematizar lo que se conoce. Por otro, estuve frente al reto de poner en cuestión ese conocimiento nativo que poseo y estuvo latente durante todo este estudio. De tal modo, tuve que tomar distancia de mi propia inserción para poder reflexionar acerca de esas prácticas y acciones realizadas como parte del universo de actores del programa y sobre esos sentidos construidos en torno a una política pública. A la vez, que tuve que permanecer atenta a esa cotidianeidad laboral para poder rescatar y poner en valor la experiencia de mis pares y por qué no, la mía propia. Sin embargo, con todo ello, solo transitando este desafío es posible considerar la productividad de estudios con estas características. El que ya queda puesto a consideración de las/os lectoras/es.

En las oficinas públicas no es costumbre volver sobre el trabajo de la gestión y mucho menos para realizar una investigación con los parámetros que la academia exige y legitima. En lo personal no conozco experiencia similar a esta que transité de volver sobre mis pasos que es regresar sobre la gestión de la manera hecha para esta tesis. Por ello, una de las motivaciones que me llevó a interesarme en este programa nacional radica, por un lado, por la escasa posibilidad que las/os trabajadoras/es tenemos de hacer un ejercicio reflexivo sobre las acciones desplegadas en los procesos de gestión de políticas públicas, entendidos como proceso complejo y socio-cultural (Ramírez, 2010, Shore, 2010) en un organismo público, en este caso nacional. Ni siquiera en los términos de una evaluación convencional. Y por otro, mucho menos regresar al sitio donde se desarrollaron esas acciones desde una posición distinta a la gestión, es decir, como investigadora y utilizando la metodología y técnicas propias de dicha tarea. Por lo expresado, una de las intenciones que guiaron esta investigación fue tener la posibilidad de integrar ambos recursos, conocimientos y saberes de dos perfiles profesionales que han resultado difíciles de congeniar en mi trayectoria laboral. Respecto de la elección del PJPM se debe a que entiendo al mismo como una acción bisagra en las políticas de juventudes que tienen como premisa la participación porque se hizo de la promoción de la participación un fin central del Mugica. A partir de ello, se considera además, disparador de lo que años después se denominarán políticas públicas participativas en la DNJ (Vázquez, 2015; Liguori, 2017; Arpini, 2017).

Si bien esos pueden ser los primeros argumentos para comprender la elección del tema y su problematización, hay que explicar también las condiciones en que esos ejes de interés y el proyecto de investigación mismo fueron producidos. Ello permite comprender ciertas características que se encontrarán en esta tesis además de la perspectiva teórica y metodológica que son desarrolladas en el capítulo 1. Lo cierto que volver sobre mis pasos no ha sido una decisión azarosa como se verá en el apartado siguiente. Lo cierto, que la realización de esta tesis requirió trámites administrativos, como fue la aprobación de la readmisión a la maestría y la elaboración de un nuevo proyecto[11].

3. Los contextos de la producción del conocimiento. La vuelta a la tesis

El disparador para retomar esta asignatura pendiente fue un acontecimiento laboral sucedido en 2016, que me impactó y me impulsó. Habían transcurrido unos seis meses de la asunción de Mauricio Macri como presidente de la nación, cambio de autoridades en la DNJ y para entonces se había producido el despido de 35 compañeras/os de trabajo. Ello fue acompañado de una estigmatización que recayó sobre las/os trabajadoras/es del área en particular y del trabajo público en general, que fue tornando el ámbito laboral en un contexto duro y hostil para quienes lo habitábamos. A la par de la desvalorización de la tarea y la descalificación de los saberes, el maltrato cotidiano fue impactando sobre quienes permanecíamos allí, que a la vez, iniciamos diversas estrategias a modo de resistencia. Ante la dificultad de tener una tarea, una función o bien, una responsabilidad acorde a mi expertise, se impuso la necesidad de recuperar algo de lo producido durante décadas de trabajo en el área de juventud. No solo como rechazo a la falacia de las/os ñoquis[12], sino porque producir conocimiento también es una herramienta de lucha. Recuperar algo de lo hecho se imponía como reivindicación para nosotras/os en ese contexto. El PJPM fue tal vez, la excusa, de la que me valí para poner en valor el trabajo y el compromiso de tantas personas que forman parte de los procesos de las políticas públicas en las diferentes escalas. Hay que explicitar al respecto, que el desconocimiento y abandono de lineamientos instituciones existente es un rasgo que se reitera en todos los cambios de gestión. Es un modo de hacer o un procedimiento que excede la identidad partidaria de quienes gobiernen. Lo que distinguió la gestión macrista fue la intención manifiesta de desprestigiar a los planteles de trabajadoras/es que habitábamos la agencia estatal antes de su llegada. Otro rasgo diferente respecto de otros períodos, fue el cambio de paradigma instalado respecto de las políticas de promoción de la participación juvenil y del reconocimiento de los derechos políticos de las juventudes como ejes en las acciones del área estatal. Algo que redundó para elegir este programa y período de análisis[13].

Por ese motivo, aspiro a que esta tesis sea leída como un producto académico, por su condición de tal y por ser el cierre de estudios de posgrado. Pero por sobre todas las cosas, que se reconozca -y en eso me empeñé-; su valor político en la medida que supone recuperar los saberes y prácticas de esas personas que trabajaron en el área del estado, darles a conocer y ponerles en valor frente a la negación del entonces proyecto de gobierno. Si bien la situación de despidos o desvinculaciones tal lo denominó la gestión entrante, fue un hecho impactante en la DNJ, no se puede soslayar que las desconfianzas y miradas acusatorias sobre trabajadoras/es no fue exclusiva del macrismo y ha sido recurrente en otras gestiones, aún también desde miradas externas. Entonces, la intención de mostrar saberes y prácticas de actores que impulsan las acciones cotidianas estatales, representa, por un lado, uno de los objetivos, resultados y apuesta política de esta tesis. Y por otro, subyace la crítica a aquellas lecturas que describen el compromiso por lo público solo en clave político-partidaria. En los primeros meses de 2016, quienes trabajábamos en el área de juventud y ante el embate de las/os nuevas/os funcionarias/os, asumimos el compromiso de defender los puestos de trabajo, que no se despidieran trabajadoras/es. A la vez, sostener aquellas políticas públicas existentes que garantizaban derechos a sus usuarias/os o bien, proponer la impronta de paradigmas inclusivos, podríamos decir ahora, a pesar de la estrechez que pueda presentar esa noción. Lamentablemente, en el curso de los cuatros años, ambas apuestas fracasaron.

En ese sentido, esta tesis representa, ante todo, a la par de lo que fueron nuestros reclamos en las calles, otra estrategia de sostener una producción de conocimiento sobre las políticas públicas en un momento donde eran desactivadas. Frente a la sensación de destrucción de nuestros espacios de trabajos y el quiebre en los lazos laborales y afectivos por las modalidades de organización del trabajo y de desarticulación de las relaciones interpersonales impuestas por gestión entrante, surgió la resistencia. En primer término, en contrapartida y como algo posible, me propuse lograr un producto que construyera conocimiento sobre lo que había existido y se estaba desarmando. Segundo, la mejor manera de hacerlo era dar cuenta de acciones de política pública que independientemente de su valoración cuantitativa, se sustentaba sobre lineamientos de ampliación de derechos ciudadanos algo que estaba siendo cercenado. Tercero, poner de manifiesto que esas acciones habían sido diseñadas y ejecutadas por personas de carne y hueso y con saberes que estaban siendo desconocidos y ellas mismas descalificadas. En definitiva, esta tesis materializa la obstinación de creer que hay otras experiencias y formas posibles de hacer las políticas públicas diferentes a las de los últimos cuatro años.

4. Metodología de la investigación. Los supuestos e hipótesis de una socióloga trabajadora del estado

En el momento que elegí este programa, supe que nunca iba a poder producir un conocimiento como una investigadora externa al universo de interés. Por el contrario, estoy involucrada como parte de ese universo. Sin embargo, también tuve que armar estrategias y tender puentes para conocer y sistematizar ese conocimiento como sucede en cualquier proceso de investigación. Ejemplo de ello, fue el caso del trabajo de campo en Santiago del Estero, provincia elegida para el estudio comparativo. Allí no había ido como parte del equipo del Mugica a ninguna de sus actividades. De todos modos, no se puede soslayar, que haber sido parte del programa favoreció el trabajo de campo. Mi inserción contó con ciertas condiciones diferenciadas a las de otras/os colegas y me permitió ver, literal, el “estado desde adentro” (Soprano, 2007:19). En mi doble condición de socióloga y trabajadora del área gubernamental es que propongo elaborar una mirada compleja que ponga al mismo tiempo en cuestión los “márgenes del estado” (Das y Poole, 2008) desde la práctica como componente fundamental. De tal modo, en muchos aspectos esta tesis supone invertir la posición que el/ la investigador/a adquiere en otros estudios del campo de la antropología de la política y respecto del rol del/a antropólogo/a. Esa inversión puede manifestarse en la metáfora del viaje, es decir, un recorrido por el territorio en la búsqueda de información y lograr objetivos diferentes a los que me convocaron años atrás. Por eso, más que un ir, en este caso, es regresar. Ese volver sobre mis pasos expresa lo singular de esta investigación. Es decir, la tarea es realizada por alguien nativa del estado que plantea un análisis que la sitúa como externa al universo. A esta posición se le puede endilgar ambivalencia y con ello, la dificultad de cierta objetividad en mi tarea e incomodidad de mis entrevistadas/os. A esto último respondo que toda presencia de quien investiga supone intranquilidad en sus interlocutoras/es. Abélès y Badaró (2015) lo denominan “subjetividad de intersección” y a pesar de mi posición dual explicitada, ello no debería adquirir más relevancia que la que expresan los autores. Agregan que la presencia del antropólogo/a produce inquietud y,

su posición es la intersección. Se ubica en el cruce de las trayectorias de sus interlocutores, en una pura contingencia, a tal punto que sus interlocutores se preguntan y le preguntan, todo el tiempo, por qué él o ella están allí, cuáles son sus proyectos, sus objetivos y sus intereses (op. cit., 20).

Con respecto a la objetividad, creo que explicitadas las motivaciones planteadas más arriba, hay material suficiente que expresa que esta investigación está más cercana de mis propios intereses que de tomar distancia objetiva de los acontecimientos investigados. En todo caso ¿Qué sino los intereses de quien investiga disparan una investigación? ¿Hay algo que marque los límites de cercanía que deben conservarse para producir conocimiento sobre nuestros intereses? Sí es necesario, plantear la incomodidad latente y presente durante todo este trabajo. Del mismo modo que mi posición facilitó el contacto con algunas/os entrevistadas/os y el acceso a materiales, tal proximidad con el programa pudo haber sido uno de los motivos que dificultó acceder al testimonio de la Directora de Juventud en funciones cuando se decidió la finalización del programa en 2011. Algo de mi cercanía y conocimiento acerca de ese proceso de cierre del PJPM pudo haber obturado el diálogo con la ex funcionaria, aunque en un primer momento había aceptado concederme una entrevista. O bien, la incidencia que pudo haber tenido esa participación en el Mugica en el resto de las entrevistas. Por ejemplo, en algunos casos, tuve que insistir y demarcar los límites de mi injerencia antes (trabajadora) de un ministerio y ahora (investigadora) de la universidad para que algunas personas entrevistadas confiaran que no estaba tratando de auditar el destino del dinero recibido. Sin embargo, no considero estas explicaciones tan diferentes a aquellas que cualquier investigador/a externo/a explicita a sus interlocutoras/es durante el trabajo de campo junto con las reglas de cuidado de información y resguardo de la identidad.

Hay un aspecto que no se puede soslayar que es la elección de la voz de la narración de este texto. Esa decisión fue sometida a revisión durante los meses que duró la “escena de escritura” (Geertz, 2015) y fue útil el nexo que traza Geertz, en El antropólogo como autor, entre el “estar allí” y el “estar aquí” y el modo de congeniarlos en el texto antropológico y/o etnográfico. En general, las producciones académicas se escriben en tercera persona del plural. No obstante, no sin contradicciones y dudas, me incliné a utilizar la primera persona del singular porque explicita así y en todo momento, mi presencia y posición material y subjetiva y mi lazo con el registro de experiencias que sistematizo y reflexiono en términos investigativos usando los recursos propios de mi formación sociológica. Sumado al soporte teórico conceptual en que se encuadra esta tesis, la voz propia aporta transparencia a ciertas proposiciones, categorías y/o conclusiones que se leerán en los capítulos que la componen. Pero sobre todas las cosas, la voz que condensa la dualidad, a la vez, da cuenta de los saberes que se movilizan en cada caso -y se ponen en diálogo-; y las características que tiene el compromiso que asumí durante la producción de esta tesis.

Habiendo explicitado las motivaciones de este trabajo y las condiciones en que fue producido, hay que agregar que esta tesis se sustenta sobre los siguientes supuestos. Primero, que los temas de agenda de las agencias del estado expresan un proceso tanto de legitimación y de producción de categorías por medio tanto de su definición como de la elaboración de un modo de trabajar y atender un conjunto de problemáticas o cuestiones en el sentido de Bourdieu (1993). Por ello, la producción de las juventudes no es un mero registro, sino que deviene de una intervención estatal con jóvenes y se vale de acciones elaboradas para tal fin. Segundo, esas políticas públicas como procesos complejos materiales y simbólicos favorecen la imposición-construcción de una manera particular de ver el mundo social, es decir, expresan voluntad de poder, aun cuando pase desapercibido como es el caso de la participación que sugiere lo contrario. Esa producción simbólica legitima las estructuras, la autoridad de quienes toman las decisiones y las relaciones de poder en que se inscriben. Y tercero, que las/os jóvenes en tanto agentes humanos, como la sociedad y las instituciones sociales, son constituidos en y a través de acciones sociales y prácticas recurrentes (Giddens, 1999).

Sobre dichos supuestos se fundan las siguientes hipótesis. La primera, sostiene que las políticas públicas, en este caso de juventud, son comprendidas como procesos complejos materiales y simbólicos que favorecen la imposición-construcción una manera particular de ver el mundo social, es decir, son herramientas para la construcción de hegemonía (Mallon, 2003). Mientras tanto que producen nuevas categorías de individuos, grupos y de subjetividades (Wacquant, 2005), como recurso de objetivación para su implementación y sobre las que a su vez, se asientan esas acciones (Ferguson y Gupta, 2002). Segundo, que esos modos de participar que definen las políticas públicas como la estudiada ponen en juego un modelo normativo y hegemónico de juventud comprometida en el que se reproducen relaciones de poder adultocéntricas (Duarte Quapper, 2012). Así es como se visualizan las tensiones o ambivalencias entre la legitimidad de los derechos y la posibilidad de ejercerlos. En este sentido, una tercera hipótesis de trabajo sostiene que las/os participantes del Mugica en tanto agentes también producen el programa cuando se reconoce su capacidad para alcanzar ciertos resultados, para la movilización, apropiación o resignificación de ciertos recursos, negarse a hacerlo, actuar de otro modo diferente del que sugiere las líneas del programa. Tales acciones y el ejercicio del poder son emplazadas en condiciones históricas.

Para llevar a cabo esta investigación se consideraron los siguientes aspectos: primero, contemplar el programa nacional no solamente desde la agencia estatal y planteles que lo diseñan y lo promueven sino también desde los contextos de implementación donde se reconocieron las condiciones de posibilidad locales que dieron a su vez, una impronta particular y diferenciada en los territorios y de los marcos normativos del programa. La perspectiva subnacional fue abordada en dos provincias del país donde se ejecutó el Mugica, Corrientes y Santiago del Estero, elección coincidente con los diversos desplazamientos aquí propuestos. Segundo, la elección de ambas provincias para el estudio comparativo radica en, por una parte, que ambas tienen aspectos políticos similares que serán explicitados oportunamente. Pero a su vez, en Corrientes tuve una inserción laboral continua y sostenida durante los tres años del programa mientras que, en Santiago del Estero, no participé de ninguna actividad del mismo. Esta diferenciación de relaciones establecidas en cada caso durante el programa, permite ubicarme en un caso más cercano a nativa y en el otro, externa del universo estudiado. Pero, además, porque para estudiar un programa considerado de alcance nacional, de ningún modo puede hacerse exclusivamente desde una perspectiva estatocéntrica (Franzé Mudanó, 2013) que privilegie el nivel central o estado nacional porque sería una contradicción en sí misma. Y, por último, en ambas se presentaron las mejores posibilidades de recuperar testimonios y de realizar el trabajo de campo adecuado para esta investigación.

Para la perspectiva socio histórica de esta investigación se desarrolló una estrategia metodológica de construcción y análisis de los datos de tipo cualitativo (Vasilachis de Gialdino, 2006; Sautu, et. al., 2005). Para ello, se utilizaron dos técnicas de recolección de datos: la entrevista y el análisis de fuentes documentales de producción institucional tanto de DNJ como de otras instituciones vinculadas. El trabajo de campo se realizó por una parte, a escala nacional, se tomaron entrevistas en profundidad a trabajadoras/es y funcionarias/os del plantel de la agencia nacional de juventud y parte del PJPM. También se registraron testimonios informales orales a trabajadoras/es que aportaron información para el análisis de las entrevistas. Por otra parte, entrevistas a promotoras/es, funcionarias/os y actores locales involucradas/os en la ejecución del programa y demás acciones posteriores en la escala subnacional. La recolección de testimonios se hizo durante septiembre de 2017 en Corrientes y entre marzo y abril de 2018, en Santiago del Estero. En ambos casos, se recogieron otros testimonios informales de trabajadoras/es de los CDRs que trabajaban durante la implementación del PJMP aunque no como integrantes de los equipos locales. En la mayoría de los casos provinciales se estableció un contacto previo al viaje y se coordinó lugar, hora y condiciones de la entrevista explicando brevemente por teléfono y, luego, por correo electrónico, las características de la investigación, se anticipó el interés, propósitos del estudio y el destino de los datos. Es decir, se encuadró el anclaje institucional para saldar dudas respecto a las implicancias que pudieran suscitarse a quienes fueron parte de un programa estatal. Todo este aspecto, se reforzó cuando se efectuaron las entrevistas en persona. Una vez desgrabadas de manera textual, fueron enviadas por correo para ser revisadas y poder manifestar alguna salvedad y enmendar cualquier error involuntario. Se realizaron un total de 26 entrevistas entre 2016 y 2019, las cuales se repartieron de acuerdo al tipo de inscripción en el programa, según las escalas de inserción y género.

Para lograr recoger las perspectiva de las/os múltiples actores involucrados en el PJPM y en su proceso de diseño y ejecución, la cantidad de entrevistas fue definida por criterio de saturación teórica (Kornblit, 2007). Los ejes de las mismas se orientaron por un lado, aspectos vinculados al programa en particular y, por otro, en los diferentes contextos en que se diseñó y se implementó y sus singularidades, tanto a escala nacional como subnacional. Además de aspectos relevantes posteriores a la finalización del programa. Para el análisis y procesamiento del contenido de las entrevistas se utilizó el modelo de la teoría fundamentada (Glaser y Strauss, 1967) y el análisis de este material fue realizado a partir del “método comparativo constante” (Hammersley, 1989), para lograr la lectura interpretativa del material recolectado. A este análisis, se agregan los documentos que sirvieron de referencia normativa del programa y en los que se indagó acerca de la implementación y las perspectiva de las/os involucradas/os en la gestión del mismo para potenciar su productividad por sobre su carácter de depósitos institucionales (Aguilar et. al 2014). También se usaron discursos de autoridades y producciones audiovisuales institucionales y de las/os jóvenes del programa, en especial para profundizar sobre las dimensiones simbólicas de la producción de las políticas públicas. Por las características de esta investigación, hay que agregar que se utilizó la perspectiva etnográfica. En tanto método, la etnografía se usa para recoger la diversidad implícita en los acontecimientos, la perspectiva de quienes los transitan y se espera que quien investiga realice un estudio de tipo sincrónico. Sin embargo, este trabajo es un estudio etnográfico de hechos del pasado tal como lo propone y desarrolla Balbi (2007).

5. Las partes y la tesis

Explicitados los propósitos de esta investigación y de las condiciones en que fue concebida, hay que subrayar que no esperen encontrar aquí resultados cuantitativos, ninguna evaluación de metas o indicadores de impacto, inversión de presupuesto o magnitud de usuarias/os alcanzadas/os. El empeño se orientó a valorar otro modo de comprender los alcances de una política pública. Esto de ninguna manera se contradice con otras formas institucionales utilizadas en la gestión pública, pero sí es algo que pretende poner en cuestión esta tesis. No se hacen juicios de valor respecto al éxito o fracaso de este tipo de intervención o recomendaciones al respecto. La gestión en políticas públicas participativas para jóvenes durante la gestión de Cristina Fernández excede ampliamente el PJPM y el recorte realizado. Esa selección de ejes y temas deja fuera otras acciones del organismo nacional –en especial las realizadas desde el Consejo Federal de Juventud en los mismos años-; y se han tomado solo aquellos antecedentes que permiten comprender la emergencia y lineamientos del Mugica. Lo mismo sucede con otras acciones contemporáneas de política públicas participativas que no se pusieron en dialogo con este programa y son sin duda acciones útiles para complejizar otros análisis acerca de un modo de trabajar y atender un conjunto de problemáticas o cuestiones juveniles desde las agencias estatales. Las líneas de acción del programa tuvieron diferentes proyecciones en territorio, no obstante, no se analizaron cada una, ni se hizo una crítica de su pertinencia y repercusión. Tampoco se profundizó acerca de la validez de ciertos principios o paradigmas sobre las políticas públicas participativas o el funcionamiento del estado. Por último, decir que queda pendiente una perspectiva de géneros, tanto en el diseño como en la implementación, la que adquiere aun mayor singularidad cuando se realiza un análisis de la escala subnacional como este y es una dimensión que no debe despreciarse en las investigaciones de los fenómenos sociales.

Esta tesis se presenta organizada en cuatro capítulos. En el capítulo 1, se desarrolla el marco teórico conceptual construido para esta investigación. La concepción sobre el estado, las políticas públicas y la política que son ejes centrales que estructuraron los capítulos. A partir de esas categorías fue posible desarrollar un análisis de la tarea en la gestión del programa nacional, el rol de las/os trabajadoras/es, los contextos socio-políticos en que se implementa y que ofrecen las condiciones de posibilidad para adquiera la singularidad que lo distingue de otras experiencias similares. Para lograr ese propósito se utilizó la perspectiva etnográfica mediante la que se recoge la mirada de las /os actores involucrados.

En el capítulo 2, el interés está puesto en la cocina del programa, entendido como el contexto laboral y pormenores de la etapa del diseño y ejecución de esta política pública participativa concebida como proceso complejo, con múltiples aristas y actores. A partir de la experiencia del Mugica y la atención puesta en la agencia estatal se recupera ese “rostro humano” del estado recomponiendo la escena de la labor de sus trabajadoras/es, relaciones cotidianas con acuerdo y tensiones y con las prácticas y saberes propias del entramado estatal. El proceso de políticas públicas estudiado se ubica en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (MDSN) y en un contexto socio-histórico que otorga ciertas condiciones que se conjugan y hacen posible este programa. En este capítulo se concibe a la DNJ como parte del ministerio “plebeyo” como lo caracterizó Luciana Perelmiter (2016), para comprender así el contexto particular para la emergencia de este programa como lo fueron también los contextos subnacionales.

En el capítulo 3, se abordan las dimensiones simbólicas de esta política pública participativa. A través del video institucional usado para presentar el PJPM se analizaron los atributos reunidos en la producción socio-estatal de las juventudes contenida en esta política pública como productora de nuevas categorías de individuos, grupos y de subjetividades. Los guardianes de Mugica, es la canción de León Gieco que lo musicaliza y recupera la figura del sacerdote Carlos Mugica, militante social y político asesinado por la Triple A en 1974. Narrativas, imagen y sonido consagran un modo de ser joven comprometido y militante promovido desde estas instituciones en diálogo con los contextos sociales en que intervienen.

El capítulo 4, presenta un estudio comparativo acerca de las características y particularidades que tuvo la implementación del PJPM en Corrientes y Santiago del Estero. Ese análisis subnacional ofrece materiales para ver las diferentes formas que adquiere una misma política de acuerdo a condiciones locales y se recupera los sentidos y significado de las/os actores al respecto. Por lo general, desde la nación no suele ponerse en relieve tales cuestiones porque se les considera como meros receptores/es mientras que se borran sus propias dinámicas político-institucionales. Por el contrario, esta propuesta sostiene la importancia que tienen los aspectos de la política subnacional para la comprensión de estos procesos y otorga relevancia a actores e instituciones locales en los procesos de políticas públicas nacionales como el estudiado. Asimismo, en este capítulo se pone en valor la capacidad de agencia de estas/os jóvenes, su protagonismo en trascender la letra escrita de la política púbica y el modo que este programa les aportó recursos y herramientas.

Por último, en las conclusiones se rescatan los principales aspectos que dan cuenta de las condiciones de posibilidad existentes para la emergencia de un programa como el Mugica, de acuerdo a los distintos contextos de su anclaje y las singularidades que adquiere la implementación de una acción nacional en la escala subnacional. Según las peculiaridades de los entramados locales y el diálogo entre escalas, se visualiza la estrecha vinculación entre la gestión y la política. Junto con la sistematización de los principales hallazgos y aportes de esta investigación se agregan lo que se enuncia como las paradojas que presentan acciones como estas, centradas en la promoción de la participación, promovidas para trabajar con las juventudes y se caracterizan por la construcción de un modelo normativo y hegemónico de juventud comprometida. Se dejan abiertos algunos desafíos para ser retomados como nuevos problemas de investigación o bien, acorde a la propuesta de esta tesis, como posibles sugerencias para incorporar a la dinámica de la gestión estatal. En esta edición se agregan dos Anexos: uno con documentación producida para el funcionamiento del programa y que contiene la totalidad de los cuadros citados en esta tesis y otros que fueron usados como fuentes. Todos ellos confeccionados con datos que responden a la categoría de información pública del estado nacional. A la vez, que significan materiales que aportan para conocer más acerca de la tarea de gestión realizada por las/os trabajadoras/es del área estatal. Y otro fotográfico, que recupera variadas imágenes de la implementación de PJPM en otras provincias del país que no fueron analizadas en esta tesis pero que resultan ilustrativas de la dinámica que el programa adquirió en territorio, tal como fue estudiado para este trabajo, y ponen rostro y cuerpo a quienes fueron parte del Mugica


  1. Corrientes y Chaco son dos provincias del noreste de Argentina separadas por el Río Paraná. Resistencia, es la capital de Chaco. Ambas tienen aeropuerto.
  2. En adelante se utilizará el programa, el Mugica o PJPM para referir al Programa Jóvenes Padre Mugica.
  3. En esta tesis se utilizará esta modalidad, entre otras posibles, para expresar el lenguaje inclusivo.
  4. Se denomina así a los viajes de trabajo para desplazarse al territorio que hacen las/os trabajadoras/es del estado. Se realiza un trámite de pedido de viáticos que cubren hospedaje y comida que no debe ser rendido. Si debe rendirse el adicional que se usa en caso de traslados internos y, si no se utiliza debe devolverse.
  5. Expresión que indica que está muy bien. Excelente.
  6. En el siguiente trabajo se utiliza la letra cursiva para indicar términos y categorías nativas tomadas de testimonios o documentos y que refieren al modo que las/os propias/os actores, instituciones y/o documentos elaboran para referenciarse.
  7. Desde 1987 hasta la actualidad me desempeño como trabajadora del plantel permanente del organismo nacional sectorial de juventud. El área fue creada en 1987 por decreto 280 como Subsecretaría de la Juventud de la Nación, en la órbita de la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia del entonces Ministerio de Salud y Acción Social. Desde los años noventa hasta la actualidad dicho organismo ha cambiado de denominación, jerarquización y jurisdicción. Fue denominado Instituto Nacional de la Juventud, por decreto 1348/1990, luego Subsecretaría en el Ministerio del Interior. En 2000 el organismo es transferido al Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambiente, y mediante decreto 677 adquiere la denominación de Dirección Nacional. En 2014 por decreto 190 se jerarquiza a Subsecretaría. A partir del Decreto 174/2018 se denomina Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE) como organismo desconcentrado del Ministerio de Desarrollo Social. En julio de 2021, INJUVE es transferido a Jefatura de Gabinete de Ministros por Decreto 606/20.
  8. Los CDR tenían la función de asesorar y facilitar acceso a programas y/o beneficios con que contaba el ministerio y se instalaron más de 1000 en todo el país. El esquema de trabajo suponía acercar las prestaciones a los centros, agilizar las tramitaciones y territorializar la política pública.
  9. El Ciclo Básico Común es un ciclo inicial y obligatorio para ingresar a todas las carreras de la Universidad de Buenos Aires que está en vigencia desde 1985.
  10. En este texto se usará la expresión juventudes en plural por la heterogeneidad del universo. No obstante, se utilizará juventud en singular cuando así se manifieste en testimonios, documentos, agencias estatales, etc.
  11. La maestría de Investigación en Ciencias Sociales fue cursada en la cohorte 2002-2003. Luego, a pesar de tener proyecto de tesis aprobado y algunos avances, no fue posible concretar entrega de la tesis.
  12. Palabra usada para desacreditar a las/os trabajadoras/es argumentando que no trabajan y sólo van a las oficinas el día 29 a cobrar el salario. Refiere a una tradición popular italiana de comer ñoquis los días 29 de cada mes.
  13. El periodo de análisis del programa coincide con el tiempo de su desarrollo entre 2008 y 2011. No obstante, en esta investigación se toma la periodización que hace Mariana Chaves (2006) en lo que respecta a las políticas de juventudes. Por ello, el análisis se amplían a los años de la gestión kirchnerista no por cortes electorales sino acorde a las características y rasgos transversales de la gestión. La autora reconoce hasta 2015 tres momentos respecto de los cuales pueden leerse y comprenderse las Políticas Públicas de juventudes: 1983-1989 durante la presidencia de Alfonsín que se quiebra bruscamente; 1989-2001 donde se incluyen las presidencias de Menem y de Fernando de la Rúa y por último, el período de gobierno de Néstor y Cristina Kirchner.


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