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Conclusiones

1. Fin de ciclo

Mientras escribo estas conclusiones, como cierre de un trabajo de investigación, transcurren los primeros días de diciembre y faltan pocos para que se concrete la asunción de un nuevo presidente en nuestro país, un hecho que no pasa inadvertido en este fin de ciclo. Esta tesis tuvo una intencionalidad política a la par que académica y se desarrolló durante la gestión institucional saliente de la DNJ, hoy Instituto Nacional. Un trabajo etnográfico sobre el estado que se hizo en los tiempos que quedan vacantes en las lógicas de organización del trabajo que le dan sentido a la gestión estatal. Significó una respuesta a modo de resistencia frente a una etapa compleja en la gestión de las políticas públicas de juventudes en la agencia nacional, que caracterizó a los últimos cuatro años. Por ello, esta conclusión, como en todo este trabajo, está cargada de emociones que también quiero compartir. Conclusiones a modo de concluir un trabajo de investigación donde predominan el alivio luego del esfuerzo y la satisfacción por el trabajo realizado. El alivio también deviene del cierre de la gestión de Cambiemos que estuvo cruzada por la descalificación de las/os trabajadoras/es del estado inclusive el despido de 35 en 2016. Y culmina dejando una carencia importante en lo que respecta a las políticas públicas de juventudes en la agencia nacional. Y a la satisfacción se le añaden las expectativas tanto que esta investigación sea un aporte para mis colegas, pero también que resulte un recurso útil para diseñar y ejecutar acciones para las juventudes en la etapa institucional que se inaugura y con ello, que las/es trabajadoras/es podamos trabajar dignamente.

2. Investigar la gestión. Una propuesta teórico-metodológica y política

Una de las primeras conclusiones de este trabajo refiere a un rasgo que caracteriza esta investigación respecto mi posición de devenir trabajadora-investigadora. Ello fue un hallazgo porque permitió poner en valor ciertos recursos no disponibles a la vista de las estrategias de investigación convencional y/o externa. La resistencia frente a la hostilidad sentida en aquellos primeros meses de 2016, se trasmutó en la reivindicación de un conocimiento existente en el ámbito público-estatal para ponerlo en valor. Ese compromiso y lugar se explicita a través de la voz propia de la narración. La estrategia, fue volver sobre mis pasos, como manifesté en la introducción y sobre la dimensión de los saberes y los modos de construcción de compromisos entre los elencos estatales para constituirse no solo como objetivos y resultado, sino además como la apuesta política de una tesis como esta. Como sostiene Balbi (2007) respecto de la etnografía de los hechos del pasado, esa perspectiva me permitió a través de rememorar la experiencia y sistematización de esos saberes y prácticas de estado (Ben Plotkin y Zimmermann, 2012) hacerlos visibles contra toda lógica de olvido que se suscitan en los cambios de gestión y las decisiones políticas que ordenan los cambios de paradigmas en las políticas públicas. Por esa razón, rescatar al Mugica y sus particularidades es también valorizar esas acciones que pasan desapercibidas según las evaluaciones estatales cuantitativas acerca de las políticas públicas. Por ello, esos modos de medición fueron puestos en cuestión en esta tesis mediante la producción de un conocimiento en profundidad y cualitativo como el realizado. Espero que esta propuesta estimule a recrear este tipo de estudios.

Lo que resultó investigar la gestión constituye uno de los aportes que tiene este trabajo, conclusión derivada de notar su productividad luego de transitar esta peculiar experiencia de investigación. Desde ese lugar pude activar una mirada micro sociológica para detenerme en la enunciación hecha por la trabajadora acerca de la trastienda de las políticas públicas, para ser analizada y sistematizada por la investigadora. Así, esas dos tareas la de la gestión y la de producción de conocimiento sobre las prácticas y acciones acontecidas en el estado, se concretó porque ambas tienen más de común, que de antagónico. No se puede soslayar, que este volver sobre un programa o sobre los propios pasos, no es un habitual en el estado, por eso también presentó un desafío novedoso. Es posible, que ese regreso y las preguntas de investigación que lo guiaron se expliquen por provenir de la mirada de una socióloga que trabaja la temática de las políticas públicas y las juventudes desde hace muchos años y juzga importante volver sobre el desarrollo de una práctica laboral. O tal vez, esta inquietud provenga porque tanto mi inserción laboral como mi formación académica comenzaron en aquellos primeros años del organismo nacional y surgimiento de un campo de interés académico sobre las políticas públicas y en las juventudes. Y que viví un momento inédito respecto de concebir la producción de conocimiento acerca de la propia tarea no escindido de la práctica de la gestión. Poner en valor y en diálogo los saberes y prácticas propias de mi formación académica, junto con los adquiridos durante mi trayectoria laboral y las vivencias cotidianas en la agencia de juventud, fueron por añadidura, un recurso pedagógico para mi formación como investigadora porque me impulsó a ejercitar con mayor atención mi reflexividad y pensamiento crítico.

Esta experiencia fue fructífera porque se logró conjugar las experiencias laborales con la recolección bibliográfica, búsqueda de marcos teóricos para el análisis y demás procedimientos más ligados a la labor de investigar. Este tipo de indagación que significó la recuperación de esas vivencias, las prácticas y las narrativas nativas en la escena misma del trabajo cotidiano mostró de modo cabal no solo lo que es des-trazar los “márgenes del estado” (Mitchell, 1991; Das y Poole, 2008; Asad, 2008) sino que resultó un buen aprendizaje del uso de la metodología en el proceso de investigación. Las metáforas espaciales de la política pública presentadas en esta tesis (adentro-afuera o arriba-abajo) se recrearon sorteando esos límites y analizadas desde fuera como investigadora. Investigar la gestión que fui parte, influyó sin duda, en el curso que tomó la revisión bibliográfica y con ello, a abandonar ciertos materiales que eran considerados de consulta obligada en la labor cotidiana de la gestión tal como se enumeraron en los párrafos iniciales del capítulo 1. La cercanía con el proceso estudiado, la manera de aproximación y vínculo que establecí con este proceso de producción e implementación de políticas públicas fue un elemento que potenció los movimientos que considero fértiles además de originales.

Esos desplazamientos ejercitados, también propiciaron el distanciamiento y diferenciación de este análisis respecto de las concepciones normativas que definen a las políticas públicas de modo cristalizado y estanco. Dichas perspectivas que las consideran como etapas que se suceden con cierto orden lógico y momentos de implementación preestablecidos. A la par que acotan los análisis dentro de las fronteras trazadas por los organismos burocráticos y poco ven a quienes se ocupan de ellas y las condiciones de posibilidad que las generan y despliegan. Quiero remarcar que el lugar como trabajadora-investigadora fue de utilidad para constatar “sobre la marcha” (Bourdieu, 2002) y de primera mano, los límites de los modelos burocrático y estatocéntricos (Franzé Mudanó, 2013) para pensar los procesos complejos, que participan diversos actores e instituciones, se operan en oficinas estatales y en contextos políticos determinados. Por el contrario, mi cercanía con las lógicas del trabajo estatal y mi experiencia de tanto tiempo, junto con la coyuntura que significó el macrismo como un modo posible de cambio de gestión, pero no el único, fueron los materiales más vívidos para lograr esta doble etnografía que presento y que supera la de las políticas públicas o la de un programa nacional para ser también una etnografía del trabajo en el estado. Esto último, fue resultado y hallazgo de esta investigación y demuestra la importancia que tienen los contextos y condiciones en que se producen los conocimientos, como los que se resumen en esta tesis.

3. Las/os hacedoras/es de la política y de las políticas públicas participativas

Las dos perspectivas activadas durante esta investigación, en permanente diálogo, tensión, acuerdos y desacuerdos, me guiaron y permitieron buscar los elementos más significativos del Mugica para analizar y contextualizar las condiciones de posibilidad de dicha política pública en una agencia estatal. Pero además, hizo posible analizar aspectos que exceden la dinámica de la gestión dentro del estado para indagar cómo se construye y define un modelo normativo de participación por medio del diseño de las llamadas políticas públicas participativas ((Vázquez, 2015; Liguori, 2017; Arpini, 2017) para jóvenes. El imperativo de la participación fue un rasgo constante en el organismo de juventud desde su creación y signado por el lema “Participación, desarrollo y paz” que instaló el AIJ en 1985. Sin embargo, indagar sobre el PJPM revela la particularidad del mismo respecto de otras acciones anteriores, por un lado, porque concentran la promoción de la organización y la participación juvenil como fin de esta iniciativa y, por otro, porque abre el ciclo las políticas participativas dentro del organismo nacional. En los años ochenta, la participación se concentró en la articulación con organizaciones sociales y políticas, con presencia de las pastorales, que trabajaron con jóvenes durante la dictadura y acompañaron el fortalecimiento de la democracia. En los noventa, sin embargo, la participación fue el medio que se utilizó para la prevención de los consumos problemáticos o los embarazos no deseados por ejemplo, a través de la implementación del Programa de Movilización y participación juvenil. Esa iniciativa fue diseñada sobre una concepción acerca de las/os jóvenes-problemas (Gentile, 2015) que dista bastante de la juventud-movilizada del periodo estudiado. Lo mismo el INCLUIR, utiliza la retórica de la participación pero en ese caso, para lograr formación e inserción laboral como respuesta a la crisis socio-económica post 2001. La emergencia del Mugica le confiere otros propósitos y otro lugar a la premisa de la participación. Registros como estos recuperados de mi posición cercana a la nativa contó con el soporte conceptual de la antropología de la política y la etnografía, perspectivas teórico-metodológicas que contribuyeron, por una parte, a reconocer el análisis de las políticas públicas como procesos socioculturales (Ramírez, 2010; Shore, 2010) y con ello la complejidad y múltiples aspectos analizados y que componen los capítulos de esta tesis.

La comprensión de las políticas públicas con dimensiones socio culturales requiere incorporar también los contextos de surgimientos y finalización. Desde esas perspectivas, en el PJPM, se revela la estrecha relación entre la política y las políticas o entre la gestión y la política y la característica política de los procesos como el estudiado (Shore, 2010; Gené, 2019). En este sentido, la recuperación de las prácticas en el armado de estrategias y acciones propias de la gestión de las políticas en la tarea cotidiana y en el entramado institucional donde surgió el programa (Capitulo 2) junto con aquellas que se suscitaron para promover y sostener el PJPM en las instancias provinciales comparadas, revelaron el rol central de la política y su estrecha relación con la gestión, como relación excluyente de estos procesos y en todas sus escalas de análisis (Capítulo 4). Por lo general, los análisis concentran atención a la normativa, las/os usuarias/os o sobre quienes toman decisiones pero no las/os hacedoras/es. Esta recuperación aporta para concluir que el imperativo de la participación interpela a un conjunto de personas y actores de diferentes maneras y sentidos. Esta diferenciación se indagó según las escalas, las relaciones entre jóvenes y colectivos militantes, entre trabajadoras/es militantes y trabajadoras/es que no lo eran. A partir del Mugica se visualizaron las condiciones socio-estatales de la elaboración de un programa participativo que tiene complejas determinaciones y relaciones. También las maneras en que se moviliza la idea de participación en torno al programa, que incluye las diferencias en ambas provincias pero también las posiciones del amplio espectro de grupos que participan del programa, incluidos las/os trabajadoras/es, funcionarias/os, etc.

4. La política de las políticas

Más allá de las voluntades y buenas intenciones personales, lo político es un componente asociado a la existencia de intereses en la distribución, mantenimiento o transferencia del poder necesario para resolver el problema o cuestiones de agenda pública (Oszlak y O’Donnell, 1984) y tomar decisiones o de disponer el ámbito y momentos de implementación de las acciones públicas. Descripta por Mariana Gené como la “política con minúscula” (2019) reúne las múltiples acciones necesarias y articuladas que acontecen en la trastienda de estos procesos, se dan en un amplio espacio de lo enunciado como lo estatal, pero lo trascienden y no siempre se observan con atención. Esas relaciones dentro y fuera del espacio estatal o extra estatal (Ben Plotkin y Zimmermann, 2012) dejan ver la existencia de fronteras porosas o borrosas (Gupta 2015) que envuelven a estos procesos estudiados. Por ello, esta investigación aporta elementos para entender que gestionar no es exactamente eficiencia y neutralidad y que el estado no es una categoría homogénea donde se dan las regulaciones formales y se opera el control político. Frente a ello, se descartó la noción del estado en singular (Soprano, 2007) para poder adentrarse en las pluralidades de experiencias que acontecen en las agencias estatales donde se da la cocina de las políticas públicas. Esa noción de estado, entonces conduce a recuperar a quienes lo habitan-mos y las múltiples interacciones, personas que movilizan-mos diversos recursos, luchan-mos por el control y distribución de los mismos con diferente compromiso y responsabilidad y toman-mos decisiones políticas según la posición ocupada en dichas instituciones y en los procesos de diseño y ejecución de las políticas. En ese sentido, existen acuerdos y tensiones para que las políticas públicas tomen determinadas formas y contenidos, se distribuyan las posiciones a ocupar para motorizarlas, en todo momento y de manera dinámica y donde el poder se presenta de forma relacional.

La aproximación a este fenómeno junto con aspectos vertidos en párrafos anteriores, permite afirmar que el estado no es una institución monolítica (Foucault, 2007) donde se concentra el poder y la política quedaría restringida a dispositivos de restricción y coacción de la racionalidad gubernamental. Estas afirmaciones que alimentan las conclusiones son corroboradas a partir de la asistencia del marco teórico en diálogo con los registros como trabajadora de la DNJ y del PJPM (2008-2011). Esto último, fue el insumo para esta tesis que me facilitó realizar una recuperación “desde adentro” (Soprano, 2007) de las relaciones interpersonales con sus expresiones discursivas y prácticas nativas que acontecieron en las escenas del trabajo cotidiano en la DNJ donde se desarrolló el proceso estudiado. Ello optimizó la visualización del “rostro humano del estado” (Bohoslavsky y Soprano, 2010) y para dar a conocerles a partir de la producción de un conocimiento situado de la agencia estatal. Allí confluyeron diferentes identidades y procedencias durante el diseño e implementación del programa que dieron una particular composición del plantel de la DNJ (Capítulo 2) y que fueron quienes hicieron del Mugica, el proyecto institucional de la agencia (Soprano, 2007) durante aquellos años. Mi lugar en el área, me facilitó realizar una mirada micro sociológica acerca de las personas que sostuvieron al PJPM lo que contó además con una perspectiva socio histórica (Offerlé, 2011) que corrió para este análisis la restricción temporal de los años de su implementación. Ello llevó a ver los diversos actores que forman parte de un proceso de diseño y ejecución de un programa estatal nacional, su punto de vista y el modo que comprende el proceso que fueron parte. Pero, además, siguiendo la periodización de Mariana Chaves (2006), tomar una perspectiva más amplia para contextualizar al organismo de juventud, algunos antecedentes del programa y características de las políticas de juventudes en nuestro país, sirvieron para comprender de manera integral lo que la autora reconoce como un tercer momento que va desde 2003 al 2015 correspondiente a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Asimismo, correr las fronteras de ese estado a la vez que ubicarme como parte de la agencia estatal y desde adentro, significó también poner en consideración un tercer elemento. Me refiero a recuperar los contextos en que el programa encontró anclaje y condiciones de posibilidad, tanto a nivel nacional como a escala subnacional también abordado en este caso. Eso lleva a concluir, que la conjunción de atributos que habitaban la agencia estatal de juventud y el MDSN, durante los años considerados mostraron un escenario político nutrido de las experiencias militantes provenientes de los movimientos sociales que también acompañaron tal reordenamiento, que venía dándose desde años anteriores al surgimiento del Mugica por haber ingresado al espacio partidario y a la gestión gubernamental a raíz de la constitución del Frente de Transversalidad Nacional.

5. Emoción colaborativa y mística militante

El impacto en el diálogo e intercambio institucional se dio hacia el interior de las agencias estatales entre trabajadoras/es del estado –con diversas modalidades de estabilidad y contratación-; y militantes que se incorporaron y ello significó una peculiaridad en la gestión estatal de un ministerio nacional. En el MDSN se configuró lo que Perelmiter denomina “burocracia plebeya” (2016) y generó condiciones de posibilidad que fueron singulares de la etapa kirchnerista que reforzó la premisa de juventud militante y movilizada. La ampliación de la base social que habitó esos organismos, asumió responsabilidades y funciones para administrar y re distribuir los recursos públicos y lo hizo movilizando los conocimientos que habían acumulado en el trabajo político territorial (Boyanovsky Bazán, 2010). Esta recuperación contextual permite concluir que el Mugica encontró, condiciones concretas para su emergencia dada la conformación del entramado institucional de la DNJ-MDSN. La atención puesta en las escenas cotidianas reveló también los múltiples perfiles y experiencias que convivían en la gestión del PJPM. A partir de agrupar las líneas de trabajo en una misma acción, el Mugica fue la amalgama que congregó las distintas trayectorias y variadas experiencias en la gestión de recursos públicos. El plantel se conformó con distintos clivajes de trabajadoras/es, algunas/os eran de planta permanente o nuevas/os ingresantes, que contaban con profesiones u oficios y/o niveles educativos o provenientes de fuera del estado, profesión u oficio y/o nivel educativo y resultado de una socialización difusa (Offerlé, 2011b: 95). Este encuentro entre conocimientos acumulados y otros renovados -aportados también por la porción militante-, confluyeron para dar un marco particular para el surgimiento del programa. Para las/os militantes sociales y políticos, esos variados saberes se constituyeron en un saber práctico (Bourdieu, 2007) no solo procedimental y que le permitió la incorporación a la gestión pública y a asumir diversas funciones y responsabilidades.

Con el ingreso de la militancia a la gestión del programa, si bien no fue un hecho inédito, si se operó un reconocimiento de los saberes y experiencias militantes y se priorizaron sobre los saberes de “expertas/os” y consultoras/es en general, y de organismos internacionales en particular, al momento de distribución de roles y responsabilidades. Durante esta indagación reflexioné respecto de la valoración que adquirió el saber militante y la interrelación con otros saberes y prácticas que sumo para repensar posiciones. El malestar cotidiano que se generó por las tensiones entre diversos tipos de saberes se analizó en esta investigación como singularidad de un período socio político algo que no fue percibido así durante aquellos años. Estos estudios, entonces también contribuyen a la comprensión de la organización y desarrollo del trabajo en las agencias estatales en general y la singularidad propia del periodo estudiado. Por ello, a modo de conclusión también, surge que los modos que los saberes se interrelacionan y los singulares diálogos y tensiones que se dan, tiene implicancias en el diseño y ejecución de las políticas públicas en particular y, en la gestión estatal en general. En el PJPM, los saberes y prácticas barriales se pusieron en diálogo con los saberes y prácticas de estado (Ben Plotkin y Zimmermann, 2012) hallaron en el programa un punto de intersección y encuentro. La mística militante (Boyanovsky Bazán, 2010) que manifestaban quienes eran militantes sociales y políticos en la gestión y la emoción colaborativa, que fue la manera de expresar el compromiso por lo público en que se puede resumir el punto de cohesión (Jenson, 1998), rasgo éste que no siempre caracteriza los procesos de gestión de políticas públicas. Esta dinámica fue similar en las provincias estudiadas, -con las particularidades mostradas en cada caso y según las condiciones locales que encontró el programa para instalarse-; pero que supuso un lugar común que reunió diversidad de perfiles en la constitución del entramado de relaciones que gestionaron el Mugica a nivel provincial

No se puede soslayar, el lugar que tienen las premisas conceptuales de los organismos internacionales en los procesos de producción de las políticas públicas. Un distanciamiento de los lineamientos e incumbencia de esos organismos en la gestión de la DNJ parece consolidarse en 2006 cuando la ministra renueva las autoridades de la agencia argumentando un cambio de rumbo respecto al vínculo con dichos organismos, sus condicionamientos y discursos. La opinión generalizada entonces, era que la injerencia había sido persistente durante los 90, inclusive en los primeros años del kirchnerismo con el INCLUIR financiado por el BID. Dicha decisión estaba en sintonía con un posicionamiento general del gobierno nacional luego de cancelar la deuda con el FMI al comienzo de ese año. Sin embargo, revisando la narrativa expresada en documentos institucionales y expresiones incorporadas al léxico en talleres y gestiones del plantel de la DNJ, si bien se pregonó un distanciamiento relacional, discursivo y financiero con los organismo internacionales, las recomendaciones planteadas acerca de paradigmas participativos y el lugar de las juventudes en las agendas de gobierno, se fue colando y permaneció durante esos años en la retórica de las instituciones locales como la agencia estatal de juventud (Plesnicar, 2010). La centralidad de la participación presente en el Mugica conserva la impronta de las recomendaciones de dichos organismos.

6. El Mugica. Un proyecto institucional frente a los intentos destituyentes

El PJPM se lanzó en agosto de 2008 y se diseñó casi en paralelo con un acontecimiento nacional conocido como la crisis del campo a raíz del intento de implementación de la Ley 125. Ese acontecimiento creó condiciones de politización (Kriger, 2016) y polarización (Vázquez y Vommaro, 2013) que redefinieron la impronta de la promoción y participación juvenil que impactó en las organizaciones militantes y reconfigura la composición de elencos estatales con la renovada incorporación de militantes en el estado. Apenas pocos meses de la asunción de la presidenta Fernández, el Mugica se ancla en un escenario político nacional que presenta un espacio extra estatal articulador de voluntades políticas y consolida un llamado a la participación para enfrentar el intento destituyente de los sectores concentrados del campo y sus aliadas/os. Esta acción gubernamental, también puede comprenderse como una instancia propicia para congregar voluntades comprometidas y politizadas o promover la incorporación para ese propósito. Entonces, el PJPM se comprende surgido en dicho contexto y en las implicancias que reforzó ciertas condiciones institucionales. La configuración ministerial llegó a la agencia de juventud, por una parte, reforzó el acceso a militantes sociales y políticos en los puestos de decisión ampliando así las bases sociales de la gestión a través de articular el trabajo político con el trabajo del estado (Gaztañaga, 2008; Vommaro y Quirós, 2011). Por otro, se sostiene desde un marco conceptual-institucional promovido por una ministra que permaneció en el cargo casi en la totalidad de la gestión del partido de gobierno, algo inédito en el estado. La continuidad de Alicia Kirchner permitió impulsar su línea de políticas en acción y su impronta personal a la gestión con la jerarquización del trabajo social, en tanto profesión como matriz de inserción en el territorio que se consolida en la DNJ como parte de su estrategia de gestión política.

En la agencia nacional, ese proceso territorialización de las políticas públicas se materializa a partir de la emergencia de un programa que no se agota en el ordenamiento de acciones del área que se hallaban dispersas. Sino que expresa una conceptualización sobre la idea de los territorios –a dónde llegar, prioridades y recursos-; más luego esos territorios se afincan en la institucionalidad ministerial local pero también, la territorialidad es re definida a partir de la producción local de experiencias y como son vividas por ser promotoras/es Mugica. Estos procesos revelan la dialéctica operada en la producción de la política pública como hecho sociocultural ya que a partir de esa interrelación territorial por un lado, se marcó las maneras que tomó la promoción de la participación y los modos hegemónicos de llevarla a cabo tal el PJPM. Y por otro, esa producción de la política fue retroalimentado a partir de los compromisos adquiridos en los territorios tanto de militantes como de trabajadoras/es que esa construcción colectiva potenció un compromiso por lo público que excedió los márgenes partidarios. Eso fue un rasgo propio del período estudiado.

Una vez profundizado el análisis situado y la perspectiva socio histórica se puede afirmar que el Mugica fue un proyecto institucional de la DNJ en sintonía con los lineamientos del MDSN, en especial, el PTCS. No obstante, a través de correr los límites espaciales y fronteras prefijadas, de acuerdo a las características y narrativas del programa, además hay que comprenderlo como un eslabón constitutivo y debe analizarse vinculado con otras políticas del proyecto del partido en el gobierno. Junto con la valorización de las responsabilidades que debía tener el estado, marcado en la narrativa y documentos institucionales que insisten en la instalación de un estado promotor y presente que reconoce un espacio estatal y lugar material, que lo constituyen las agencias estatales que se ocupan del diseño y ejecución de políticas. Pero también, como una herramienta donde se puede promover la construcción colectiva y desde abajo, elementos que lo convierten en articulador de estrategias –y de políticas del estado nacional-; para la construcción de hegemonía (Laclau y Mouffe, 1987; Mallon, 2003).

7. Ser joven y compromiso militantes. Las estrategias transversales de las políticas de la memoria y los DD HH

Las narrativas e imágenes presentes en las distintas fuentes analizadas producidas y referidas al PJPM habilitan para considerarlo, además, como otro instrumento para el desarrollo de las políticas de la memoria y de DD HH emprendidas por el kirchnerismo y, de ese modo, como parte de las estrategias articuladas de un modo de gestión estatal. La comprensión del programa en diálogo y relación con aspectos relevantes de la gestión kirchnerista permite ver el carácter instrumental (Shore, 2010) de las políticas públicas que enlazan la dimensión de la participación en el proceso de construcción de la memoria colectiva. En esa línea, se puede concluir que este programa actúo como un dispositivo para la construcción de un relato legítimo y reforzó un punto de vista que oficializó un modo de construir la memoria (Vecchioli, 2001; Hilb, 2018). El trabajo de universalización (Perelmiter, 2016) de valores en el proceso social de construcción de la memoria colectiva implicó también la consagración de la figura de las/os jóvenes comprometidas/os como mandato institucional que se expresó desde la narrativa del PJPM y consagrada por los adultos (Kriger, 2016) que más que un estado de cosas fue un acto performativo (Vázquez, 2015: 52). De ese modo, a la vez que herramienta para la recuperación de la historia reciente, las acciones del programa reforzaron los diversos “trabajos de la memoria” (Jelin, 2002) usados para producir el reconocimiento de una época de nuestra historia. La recuperación del sacerdote Carlos Mugica y la juventud de los años setenta, guió la producción de interpretaciones del pasado delineando qué y cómo se deber recordar y a quiénes. Los valores del sacerdote, como abstracción de su vida y obra, hicieron de esta figura un puente entre el pasado y el futuro (Gayol y Kessler, 2017) y para propiciar un diálogo entre generaciones (Mannheim, 1993). Junto con otras tantas normativas y políticas promovidas por el estado, el programa fue una herramienta institucional para la reparación de la violencia política y del terrorismo de estado de los años setenta (Guglielmucci, 2011). De ese modo, la elección del nombre de esta política pública se constituye como alegoría, junto con narrativas, imágenes y otras producciones simbólicas recuperadas especialmente de la producción audiovisual -nacional y locales- (Capítulo 3), asemejan al PJPM con la función de mito (Shore, 2010) en la medida que, a partir de narrativas y retóricas de esta política pública se contribuye a legitimar el presente y a la posición de las autoridades establecidas.

El modo que se presentó el discurso nacional de los DD HH y las juventudes setentistas fue determinante para la construcción de un modo de ser joven que se promovió desde el programa que enlaza ser joven con militante. Como sucede en otras acciones referidas a la construcción de la memoria, también con la figura del cura se generaron efectos diferentes en los distintos grupos. En algunos casos, asocian a Mugica con un programa antes que con un cura villero de los 70. Por ello, se puede afirmar que no resultó ser una figura en sí misma para ser venerada, sino que fue el eje en torno a los que se enlazaron valores, modos de vida e ideal de ser joven, de tener compromiso y de participación que lo transcendieron. La canonización política que se hizo del sacerdote, exaltando ciertos valores como virtudes heroicas y, luego su asesinato como martirio, es parte de las diferentes formas de producción de sentidos promovidas en las estrategias estatales contenidas en la empresa de patrimonialización del pasado. Pero, además, la articulación de las diversas acciones estatales que el estado promotor coordinó, supuso la asignación de significados y sentidos que fortalecieron una visión legítima del mundo social (Wacquant, 2005). La producción de nuevas subjetividades y de las categorías por medio de las que las/os actores comprenden y construyen el mundo social mientras que legitiman la autoridad, son elementos constitutivos del proceso hegemónico. Por ello, esta acción pública dada en una singular trama burocrática no puede analizarse despojada de la producción simbólica y cultural que le otorgó su particularidad (Ferguson y Gupta, 2002).

8. El estudio subnacional. Algo más que una estrategia metodológica

Esta investigación confirma que no es posible estudiar una política nacional solo desde la administración central y sin indagar acerca de los efectos o modos que tomó la ejecución local. Este aspecto, se evidenció con nitidez durante el trabajo de campo en las provincias y se impuso la necesidad de la relación entre escalas y se constituyó como un hallazgo de esta investigación que se presenta como conclusión. Por ello, se extendieron las fronteras del análisis del Mugica a las condiciones de posibilidad que encontró la promoción e implementación del programa en dos provincias del país analizadas de manera comparativa. Este enfoque subnacional (Mauro, et al., 2016) consistió en recobrar las peculiaridades locales de Santiago del Estero y Corrientes que resultaron las condiciones subnacionales que halló el PJPM para afincarse en cada provincia, las características y particularidades del modo de ejecución, los actores e interrelaciones que fueron necesarias y propias de la realidad provincial. Con ello, se reforzó la presencia de dimensión política en las tramas locales y, en aquellas tejidas entre ellas y el gobierno nacional promotor del programa que dieron entramados de estrategias singulares para la llegada del Mugica. Estos rasgos que fueron desarrollados en esta tesis (Capítulo 4) llevan a concluir que a pesar de ciertas similitudes socio-políticas y culturales a priori consideradas para ambas provincias, el devenir político del contexto local y diálogo político-institucional establecido con la nación fueron configurando dos modos de implementación de una misma política nacional. A partir del relevamiento y posterior comparación, se puede concluir que en cada una de las provincias se produjeron diferentes efectos, implicancias y relaciones entre la DNJ, actores locales y jóvenes tal se puedo recabar en este estudio.

En Santiago del Estero, se propició un modelo que denomino institucionalizado de implementación del programa y el CDR se reconoció como la autoridad ministerial local reafirmando el propósito nacional que subyace en su inserción y alcance en la escala subnacional. Desde allí se coordinó de manera local el trabajo junto con la asistencia del equipo nacional. Estas características que adquirió la modalidad territorial se presenta como el recurso local favorable según la nueva cultura de gobierno (Picco, 2016) que se instaló luego de la hegemonía juarista y con vistas, sin duda, de consolidar otra. Es posible que la necesidad de recomponer la normalidad institucional provincial haya demandado la utilización de procedimientos burocráticos conocidos y formales frente a una gestión participativa por parte de las/os jóvenes locales. De ese modo, se reprodujeron lógicas verticales y de formularios pre establecidos, que fueron validados por las/os técnicas/os nacionales como si ello resultara un recurso legitimador por provenir de un organismo estatal. Sin embargo, esas modalidades distaron de propiciar dinámicas que se asemejaran a la letra del programa y del afán de estas políticas públicas participativas entendidas como “regulaciones socio estatales que buscan impulsar y promover la organización juvenil” (Vázquez, 2015). Si bien se incorporaron recursos humanos con experiencia en la gestión socio comunitaria, la autoridad ministerial en el territorio se impuso sobre las premisas de la organización y participación de las/os jóvenes, que, de acuerdo a testimonios, se desprende que tuvieron un rol más cercano a destinatarias/os que promotoras/es en el sentido de la enunciación del programa y del alcance que se pretendió dar a esa nominación.

En Corrientes, sin embargo, el modo de implementación contó con impulso de las/os promotoras/es que puede presentarse como cierta cuota de autonomía del grupo Mugica local y, lo siguieron promoviendo aun cuando el programa fue interrumpido desde nación. Si bien la organización liderada por Fabián Ríos fue la interlocutora de la DNJ, el equipo de jóvenes promotoras/es forjó un compromiso grupal, muy arraigado en el afecto como ellas/os mismas/os manifestaron, que se expresó la responsabilidad que asumieron para gestionar y sostener el programa, con referentes locales, aun sin la supervisión directa y sistemática de técnicas/os y/o autoridades políticas. Esta dinámica operativa local, le valió a la experiencia correntina, el reconocimiento por parte de referentes nacionales, de ser la expresión más cercana a la letra y propósitos del programa. En este caso, además, la modalidad que se consolidó y con marcado empeño y protagonismo de las/os promotoras/es, puede caracterizarse como una intersección entre voluntariado y militancia. Dicho cruce, surge, por un lado, de un análisis de la narrativa y discursos institucionales instalados, que asocian tareas comunitarias con el voluntariado juvenil como un elemento central para el desarrollo social (Rodríguez, 2003). Y por otro, mientras que, de acuerdo a la narrativa del propio programa y su fomento de formación política, aporta la dimensión del compromiso militante a esa transformación social como propósito último.

Esa intersección descripta valoriza el trabajo territorial que desplegaron esas/os promotoras/es Mugica que actúa como legitimador del trabajo militante –al igual que lo era en la gestión institucional-; que va anticipando la posterior incorporación de estas/os jóvenes a la militancia partidaria. Algo más que permite constatar las fronteras difusas entre la gestión y la política y entre el trabajo político y trabajo militante y/o trabajo profesional y trabajo militante cuando se trata de la gestión de una política pública. Con el formato institucional de Santiago del Estero o a partir de los grupos juveniles en Corrientes, en ambas experiencias esas/os actores locales resultaron ser las/os “armadoras/es políticos” (Gené, 2019) del Mugica en su territorio. Las mediaciones que ejercitaron, las apropiaciones que hicieron del programa y la particular conjunción de condiciones contextuales, que conducen a diferentes expresiones del programa, no deben ser entendidas como dificultades de la implementación de la política nacional. Por el contrario, nos revelan de manera realista las formas en que una política pública se concreta y que sin política no hay políticas. De ello, este análisis conduce a concluir también, el modo en que este tipo de programas de políticas públicas participativas se constituye en un primer eslabón de la movilización y militancia político y social para muchas /os jóvenes que lo transitan y disparador para incorporarse a un proyecto colectivo. Ese proceso de formación política en el PJPM puede ser leído también como parte de las “configuraciones generaciones de la política” (Vommaro, 2015).

Lo cierto que más allá de los enunciados del PJPM, la horizontalidad y cercanía entre personas e instituciones involucradas dependieron y fueron diferentes de acuerdo a la realidad local y se explican de acuerdo a una análisis situado y socio histórico también a escala subnacional. En Santiago del Estero se fortaleció la manera institucionalizada y vertical de gestión y la responsabilidad de la gestión territorial recayó en el CDR como autoridad del ministerio en la provincia. En Corrientes, el CDR era un sitio de visita obligada cada vez que las/os trabajadoras/es de la nación llegaban a esa provincia. Se observa que ambos CDRs, además de facilitar los trámites ministeriales a estala provincial, fueron estrategias para ganar proximidad con los sectores más desprotegidos y olvidados a la vez que una forma material del emplazar la autoridad estatal nacional a la forma territorializada, aun sin ser un área decisional en la ejecución del programa como sucedió en Corrientes. El tren de desarrollo es una excelente metáfora para comprender el viaje de las políticas para llegar a destino junto con las personas para hacerla efectivas. Estos aspectos caracterizaron esos desplazamientos de las políticas públicas en el marco de las articulaciones locales y no solo vincula la gestión con la política como se dijo, sino que ubica a las políticas públicas como recursos para la comprensión de los procesos hegemónicos del modo planteado en esta investigación. A través del PJPM, como otras políticas públicas, se estableció un “juego en el terreno de la política” (Laclau y Mouffe, 1987) entre diversos actores y escalas de la implementación. Ello configuró procesos sociales y políticos entrelazados que contribuyeron a la disputa de redefinición del poder en el procesos hegemónico (Mallon, 2003) del período estudiado y también son aspectos que le dieron al programa su dinámica y efecto en los distintos territorios. Se expresan en la elección de referencias locales, en ambos casos y a pesar de ser condicionadas por la realidad subnacional, debe ser leída como una extensión y garantía de presencia de los organismos nacionales en la dimensión subnacional como parte de actores insertos en la trama en la que se despliegan las estrategias políticas de la gestión pública entre las escalas. Por lo tanto, el análisis subnacional, es un aporte de esta tesis y no solamente una propuesta metodológica de escalas para estudiar y comprender estos fenómenos. Por el contrario, hay elementos suficientes para afirmar que, para analizar y comprender las políticas públicas de alcance nacional, deben incorporar como se hizo aquí, las experiencias subnacionales. Ello es útil para entender y bien, problematizar el diseño de programa nacionales, su implementación y efectos como así también su finalización.

Más allá de las intenciones del programa, esta investigación aporta para entender que el sentido y significado de la participación y la organización juvenil en el Mugica encontró en su emergencia e implementación territorial es necesario recomponer las condiciones de su finalización, más aún ante el argumento de “fracaso” por parte de las autoridades de la DNJ que asumieron en 2010, y por ello, decidieron interrumpir su ejecución a principios de 2011. A esas contingencias o limitaciones las resumo más abajo a modo de paradojas tal como las entiendo. Más allá de la decisión basada en mediciones cuantitativas que alguna evaluación pueda considerar, aquí adquiere nuevamente presencia la dimensión de la política. Ante el inicio de un año electoral y, reforzando la necesidad de afianzar el proceso hegemónico con vista a un tercer mandato presidencial del kirchnerismo y segundo de Cristina Fernández, las nuevas autoridades inician otras acciones que entendieron más legítimas y productivas para garantizar la incorporación de las juventudes a las filas de un proyecto político expresado por el kirchnerismo y que pretendía perdurar en la gestión del gobierno. No obstante, ante esa decisión gubernamental hubo distintas respuestas por parte de las/os promotoras/es en las provincias. El caso paradigmático fue Corrientes donde el grupo de jóvenes continuó gestionando acciones identificándose con el programa nacional y aún sin recibir respuestas de las autoridades nacionales. A raíz de los vínculos y redes que ellas/os mismas/os habían tejido durante la implementación del Mugica junto con la DNJ, estas/os jóvenes se fortalecieron y ejercitaron durante algunos meses cierta autonomía respecto del nivel central, realizando trabajo en el barrio Esperanza y gestionando apoyo local para sus tareas. Sin embargo, en este punto se refuerza la profunda frustración y sensación de orfandad que sintieron cuando describen, lo que fue comprendido por ellas/os como abandono de la nación y desconocimiento de su trabajo realizado, algo en que hay coincidencia en los testimonios de ambas provincias. Con esta experiencia fue posible recuperar aspectos que pueden considerarse como herramientas de esta política pública y la posibilidad de agenciamiento y resignificación que pueden darse en los diferentes territorios y experiencias. Pero además, es importante reconocer el modo que el trabajo político (Gaztañaga, 2008, 2018; Gené, 2019) realizado por estas/os promotoras/es del Mugica es valorizado y aprovechado para una construcción a nivel local además de los beneficios que puedan alcanzar luego en los procesos electorales. En el caso de Santiago del Estero, el modelo implementado, llevó a que una vez finalizado el tiempo de ejecución de los proyectos financiados, en su gran mayoría, las/os jóvenes abandonaran su vinculación con el programa y de reconocerse como promotoras/es. Sobre este particular no se puede soslayar que esta forma de denominar estas personas que realizaban acciones territoriales no fue exclusiva del Mugica, sino que es transversal a otras acciones, inclusive, que no respondieron al signo político kirchnerista (Arpini, 2019).



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