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Prólogo

Felicitas Acosta

Este libro, producto de la tesis de doctorado de Camila Carlachiani, constituye un aporte significativo y oportuno al campo de los estudios sobre la educación secundaria en la Argentina. Es significativo por la temática que aborda –la circulación de conceptos entre las políticas curriculares y la producción académica destinadas a la educación secundaria obligatoria– y por la manera en que lo hace, articulando rigor empírico, densidad conceptual y preocupación por las políticas públicas. Es oportuno porque toma como objeto un período de mediana duración que incluye, como momento de excepción, la pandemia de COVID-19, un tiempo en el que la escolarización fue interrumpida a una escala inédita y, con ella, se vieron alteradas las coordenadas espaciotemporales que organizan el trabajo cotidiano en las escuelas secundarias. Mirar ese momento sin perder de vista las temporalidades más amplias en las que se inscribe es una de las apuestas de este libro y, a mi juicio, uno de sus principales logros.

El recorrido que dio lugar a esta investigación comenzó en 2021, en el marco del Doctorado en Educación de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, en un contexto aún marcado por el confinamiento y por las preguntas que la pandemia había instalado en quienes trabajamos en y sobre la educación. Camila llegaba al doctorado con una formación sólida en los estudios curriculares, una tesis de maestría sobre dispositivos curriculares en la educación secundaria y un interés sostenido por las problemáticas de este nivel educativo. Como directora de tesis, mi trayectoria de investigación se inscribe en el análisis de la escolarización como fenómeno histórico y transnacional, con un foco particular en la educación secundaria. María Elisa Welti, codirectora de esta tesis, aportó al proceso una mirada forjada en la historia de la educación argentina y en la sensibilidad estética como dimensión del análisis curricular. El interés por la educación secundaria operó desde el inicio como punto de encuentro entre estos recorridos y, a partir de allí, se construyó, ante todo, una sintonía: un modo compartido de formular preguntas e identificar problemas relevantes que permitió que las herramientas conceptuales de unas y otras tradiciones se pusieran en circulación entre nosotras. En este sentido, el espacio de dirección dejó de ser un acompañamiento al trabajo individual de la tesista para convertirse en una conversación colectiva con efectos sobre la producción misma del conocimiento. La tesis se benefició de ese intercambio, pero también lo hicieron, a su manera, los recorridos de quienes participamos en él.

A lo largo del proceso, esta conversación tomó forma en torno a dos núcleos conceptuales que, articulados, constituyen el aporte teórico más original de este libro. El primero es la noción de lenguajes de la educación, recuperada principalmente de los trabajos de Daniel Tröhler y de John Pocock, y entendida no como un sistema de signos que refleja la realidad escolar, sino como un sistema que produce significados, configura percepciones y modela las decisiones que se toman sobre las escuelas. El segundo es la idea de la circulación de conceptos entre dos campos diferenciados pero permeables: el campo académico, dedicado a la producción del discurso especializado, y el campo de las políticas, dedicado a la recontextualización de ese discurso en regulaciones, programas y orientaciones para la enseñanza. La articulación entre ambas nociones permitió construir un objeto teórico de investigación –el carácter de la circulación de conceptos entre la academia y las políticas curriculares para la educación secundaria– y, al mismo tiempo, una estrategia metodológica apoyada en aportes de diversos autores de la sociología francesa y de los estudios culturales, que permitieron pensar los conceptos como entidades que viajan, se traducen, se apropian y se transforman al hacerlo. Sobre este andamiaje conceptual, Camila construyó su categoría propia, que da título al libro y articula sus conclusiones: la de lenguajes curriculares, entendida como aquella trama de conceptos y nociones que circulan, no de manera lineal, sino con intensidades, continuidades y rupturas, entre las políticas curriculares y la producción académica orientada a la educación secundaria. Estos lenguajes no reflejan la escuela secundaria existente, sino que producen significados, instalan sentidos y modelan decisiones; en el caso argentino, acompañan la concreción de una escuela secundaria masiva y obligatoria.

Uno de los logros más importantes de esta investigación radica precisamente en la apropiación rigurosa de un marco que, para Camila, era una novedad. Asumir las categorías de lenguajes y de circulación supuso un trabajo conceptual exigente que requirió tanto la incorporación de autores y debates relativamente alejados de los estudios curriculares tradicionales como el diálogo productivo con su formación previa. Asimismo, este encuadre conceptual encontró un punto de anclaje específico en el diálogo con los atributos del modelo institucional de la educación secundaria –su matriz fundacional selectiva, su tensión histórica entre expansión y diversificación, los alcances y los límites de los procesos de masificación e inclusión–, atributos que ofrecieron un terreno particularmente fértil para observar cómo ciertos conceptos entran y salen de circulación, se intensifican o se desplazan según las coyunturas políticas y los momentos históricos.

A este logro conceptual se suma un trabajo metodológico igualmente cuidadoso. La sistematización y el análisis de las políticas curriculares emanadas del entonces Ministerio de Educación de la Nación y del Consejo Federal de Educación, así como de un corpus extenso de producciones académicas, en una temporalidad de mediana duración (2006-2023), organizada en tres subperíodos –prepandemia, pandemia y pospandemia–, permiten reconocer las dimensiones que estructuran los lenguajes curriculares de la educación secundaria argentina del período: sostenimiento de vínculos, continuidad de los aprendizajes, contenidos, enseñanza, evaluación y trayectorias. A este trabajo documental se le sumó un recurso que fue surgiendo en las conversaciones de dirección y que se transformó en una herramienta decisiva para la reconstrucción de las trayectorias de los conceptos: la realización de doce entrevistas semiestructuradas a especialistas, investigadores, funcionarios y miembros de equipos técnicos ministeriales con afiliaciones en universidades nacionales, privadas, la FLACSO, el CONICET y en distintas instancias del Consejo Federal de Educación y del Ministerio de Educación de la Nación. Estas entrevistas no operan como ilustración, sino como vía para acceder a una dimensión del problema que la documentación, por sí sola, no permite reconstruir: los modos en que los conceptos circulan efectivamente entre los campos, las personas que los hacen circular, los espacios donde esa circulación ocurre y los efectos –de apropiación, traducción, hibridación, resistencia– que produce.

Quiero detenerme, para finalizar, en lo que considero una de las cualidades más valiosas de este trabajo en el contexto de la producción de tesis sobre educación en nuestro país. A veces ocurre que los trabajos de investigación en el campo educativo se ubican en uno de dos polos: o bien en un discurso académico que se desentiende de las decisiones de política y de las condiciones concretas de la enseñanza, o bien en una orientación hacia la política pública que sacrifica la densidad conceptual y el cuidado en el tratamiento de la información. Este libro logra una articulación poco frecuente entre ambos registros. Sostiene una vigilancia epistemológica permanente, no confunde las teorías con las políticas curriculares ni adopta acríticamente las categorías que las políticas ponen en circulación, pero, al mismo tiempo, no pierde de vista que comprender cómo se producen y circulan esas categorías es un insumo fundamental para quienes diseñan, implementan y evalúan las políticas educativas. La aspiración de informar sobre el desarrollo de las políticas públicas no se traduce aquí en prescripciones o diagnósticos, sino en algo más potente: en herramientas conceptuales para mirar con mayor precisión las decisiones que se toman, las que no se toman y las que se toman sin advertir del todo los términos de los lenguajes en los que se anclan.

Por todo ello, la lectura de este libro será de interés para investigadoras e investigadores de las políticas educativas, los estudios curriculares y la educación secundaria, pero también para funcionarios, miembros de equipos técnicos, docentes y estudiantes interesados en comprender con mayor profundidad las lógicas que configuran la educación secundaria argentina en el presente. Camila ha escrito un libro riguroso y necesario; haber acompañado su proceso de elaboración fue para mí un privilegio.



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