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Introducción

Andrea Andújar (CONICET/IIEGE‑UBA)
y Leandro Lichtmajer (ISES‑UNT/CONICET)

Este libro es resultado de una jornada de intercambios entre historiadoras e historiadores procedentes de diversas regiones de la Argentina, llevada a cabo en el marco del Primer Taller de Investigación “Los estudios locales en perspectiva. Aproximaciones desde la historia social y política, y los estudios de género (Argentina, primera mitad del siglo xx)”. Organizado en noviembre de 2018, el encuentro buscó recuperar y poner en diálogo las líneas de investigación actuales sobre lo local en la Argentina durante el referido período.[1] A tal fin, la convocatoria contuvo una serie de interrogantes que buscaban actuar a modo de disparadores para el debate entre las y los participantes. Estos giraban en torno a la especificidad de lo local, los cruces factibles entre la historia social, la historia política y los estudios de género para su abordaje, sus vínculos con indagaciones de mayor alcance –provincial, regional, nacional y transnacional–, así como su gravitación en la formulación de las periodizaciones históricas. Inscriptos en una temporalidad que comprendió desde la década inicial del siglo xx hasta los años posteriores al golpe de Estado de 1955, en el evento se dieron cita estudios situados en espacios y sujetos diversos. Localizados tanto en ámbitos urbanos como rurales, algunos se concentraron en comunidades laborales azucareras y petroleras, en el mundo del trabajo portuario de la Capital Federal y en ciertos conflictos protagonizados por trabajadores y trabajadoras de Mar del Plata. Otros se abocaron a los partidos y las dirigencias políticas y sindicales, las elecciones y los entramados asociativos en diferentes localidades de las provincias de Jujuy, Tucumán, Buenos Aires, Córdoba o el Territorio Nacional de Río Negro. También se presentaron trabajos interesados en las formas de la desigualdad social en distritos rurales de Mendoza, abocados al derrotero de la resistencia peronista en la provincia de Buenos Aires y en las formas de acción colectiva tendientes a definir agendas públicas en el ámbito rural. Finalmente se presentaron escritos que reflexionaron sobre la incidencia de la localía de los propios investigadores en el decurso de sus pesquisas y en la circulación de sus resultados.

La premisa que guio la organización del Taller y que persevera en la presente compilación remite a la necesidad de conformar instancias colectivas de reflexión sobre el estudio de lo local en la Argentina de la primera mitad del siglo xx, sus contornos teórico‑conceptuales, sus filiaciones historiográficas y sus contrastes y cercanías con estrategias metodológicas que podían resultar afines –como las orientadas por la microhistoria, la historia desde abajo o la historia a ras del suelo–.[2] Esta percepción no desconoce la existencia de estudios que propusieron interpretaciones asentadas en lo local, aun cuando en su formulación no desarrollaran reflexiones teórico‑conceptuales específicas sobre tal abordaje.[3] Distinto es el balance que puede hacerse, por ejemplo, sobre la perspectiva de la historia regional. Inserta en una tendencia común a la historiografía latinoamericana, que reaccionó contra los relatos articulados desde el Estado nación, la historia regional ostenta una larga tradición en nuestro país, que reconoce un primer impulso en la década de 1960 y una expansión sostenida desde finales de los años ochenta hasta nuestros días (Bandieri, 2017, Fernández, 2018). Este crecimiento cobró forma a través de líneas de trabajo, grupos de investigación, instancias de intercambio y debate e, incluso, trayectorias curriculares específicas. No se busca aquí moderar tales asimetrías, tarea que requeriría una reflexión sostenida en el tiempo, una participación más amplia de la comunidad de historiadoras e historiadores preocupados por lo local y un diálogo más fluido con otras disciplinas, en particular, la antropología, la geografía y la demografía. La pretensión de Lo local en debate se cifra, en todo caso, en visibilizar algunas de las investigaciones en curso para animar mayores intercambios y diálogos sobre la singularidad de esta perspectiva, así como las posibilidades y los límites que supone su puesta en marcha.

Aunque parten de variados abordajes y formas de definir lo local, fruto de las diversas trayectorias de sus autores y autoras, los trabajos reunidos en este libro están atravesados por algunos supuestos comunes. En primera instancia, se postula un carácter flexible de las categorías de análisis, donde lo local no es tomado como algo dado, sino como un proceso de creación social en el que intervienen múltiples sujetos, constituyendo arenas de conflicto en las que interactúan las nociones de clase, género, etnia, así como las de corte político‑ideológicas. De ese modo, lo local, además de complejo, se vuelve dinámico y requiere para su indagación un intento por recuperar la manera en que esos sujetos le dieron sentido. Esta mirada se filia en lo que Ángelo Torre definió como la dimensión “émica” del espacio, que se construye “con prácticas y categorías que pertenecen a quien las usa” (Torre, 2018: 55). En esa línea, la territorialidad adquiere relevancia para los análisis propuestos, abandonando todo sentido unívoco y preexistente a los sujetos. Los aportes postulan la necesidad de recuperar la historicidad en la construcción de dichos espacios y definir lo local en un sentido amplio y diverso que engloba pueblos, municipios, campamentos petroleros y barrios; y que también desafía una separación tajante entre las trayectorias comunitarias, los sentidos atribuidos por los sujetos a dichos espacios y las marcas de una estatalidad desplegada, a su vez, bajo criterios múltiples. El esfuerzo por construir una mirada procesual, que ponga en juego estas variables, sobrevuela a los capítulos que componen esta compilación, ofreciendo un mosaico de trayectorias locales en la Argentina de la primera mitad del siglo xx.

En segunda instancia, las miradas combinan una reflexión sobre la propia práctica con ejercicios de reconstrucción concretos, ingredientes que podrán encontrarse, en dosis variables, a lo largo de la obra. Algunas reflexiones privilegiaron un registro conceptual‑metodológico alrededor de tópicos centrales, aunque muchas veces desatendidos, a la hora de emprender análisis localizados. Las posibilidades y límites en el uso de las nociones de “escala”, “dimensión” y los estudios “a ras del suelo”, o la relación entre lo macro y lo micro, así como entre lo global y lo local, se perfilan en diferentes pasajes del libro. En tal sentido, la tensión entre el análisis de la localidad, o la posibilidad de abordar y explicar determinados problemas, acciones, conflictos o experiencias en la localidad, de acuerdo a la célebre distinción de Pons y Serna (2007: 23), emerge como una preocupación común.

De esa manera, lo local adquiere en la compilación diferentes formulaciones como estrategia metodológica y como praxis historiográfica. En algunas ocasiones funciona como un dispositivo para develar –o reponer– fenómenos imperceptibles para miradas ancladas en espacios más amplios, constituyendo a la vez una herramienta para cuestionar hipótesis generalizadoras. En otras, se pone en juego como una clave conceptual‑metodológica, a partir de registros que recuperan la “cocina” de la investigación, y que reflexiona sobre las condiciones de posibilidad de los análisis localizados. Los obstáculos que depara el acopio del material heurístico, los anhelos, dificultades y estrategias que modelan el trabajo cotidiano y las peripecias que acompañan el diseño de las investigaciones, donde la planificación convive con la casualidad y la improvisación, son formulados en los sucesivos capítulos. Consciente de los desafíos que encierra dicha tarea, la obra procura componer una instancia de visibilización de prácticas no siempre transparentadas o socializadas, con el fin de interpelar el quehacer historiográfico sobre lo local y proponer recorridos posibles a la hora de emprender nuevos análisis amparados en dicha propuesta metodológica.

Lo local en debate se compone de dos partes. La primera, titulada “Comunidades obreras, territorios y género”, se pregunta por las marcas de espacialidad, de género y la experiencia obrera en la construcción de comunidades laborales en distintas regiones de la Argentina. Se inicia con el estudio de Laura Caruso, quien analiza la experiencia obrera en el Puerto de Buenos Aires a comienzos del siglo xx. Su propuesta asume la dimensión espacial‑territorial como una arista clave en la conformación de dicha experiencia, a la luz de la intervención creativa de los propios trabajadores y sus familias. Tal intervención comprendió, a su vez, diversas territorialidades laborales, de protesta, de sociabilidad, diversión y reproducción de la vida cotidiana. El examen del espacio portuario permite a la autora explorar un territorio obrero que, lejos de las delimitaciones por circunscripción estipuladas formalmente por la traza político‑institucional municipal, las desafiaba a partir de una comunidad cuyas tramas enlazaban ambas orillas del Riachuelo. La geografía social del mundo portuario atravesaba las costas a través de puentes y botes pero, sobre todo, a partir de una experiencia obrera común. El interés de Caruso en indagar la capacidad de acción de los trabajadores, sus múltiples relaciones y formas de configurar esas territorialidades diversas invita a repensar el proceso de formación de la clase trabajadora portuaria del sur de la ciudad de Buenos Aires durante las primeras décadas del siglo, ponderando la centralidad de la dimensión territorial en su decurso.

En el capítulo siguiente, Florencia Gutiérrez y Lucía Santos Lepera exploran el espacio azucarero tucumano, enfocándose en las experiencias subjetivas de los actores comunitarios de la localidad de Bella Vista durante el período comprendido entre la instalación del ingenio azucarero en 1882 y la década de 1920. Preocupadas por reponer la espacialidad de las experiencias sociales, así como la acción de los sujetos involucrados en su desarrollo, las autoras recuperan y problematizan la noción de pueblo azucarero en función de tres ejes problemáticos: la configuración espacial, las marcas estatales y la experiencia social del pueblo de Bella Vista. Debaten con aquellas construcciones historiográficas que lo han supuesto como un espacio privado, surgido de las iniciativas unívocas del sector patronal del ingenio, contraponiendo aristas relativas a la construcción de la escolaridad y el cuidado de la salud. De tal modo, logran poner de relieve la complejidad de las relaciones entre los múltiples actores del pueblo, así como las tensiones, disputas y consensos que atravesaron la configuración social del espacio bellavisteño.

Completan la primera parte dos artículos situados en Comodoro Rivadavia, epicentro del mundo del trabajo petrolero patagónico. El análisis se inicia con el aporte de Andrea Andújar, quien examina el despliegue de la militancia comunista a comienzos de la década de 1930 a partir de las prácticas políticas desarrolladas por las mujeres y los varones comprometidos con tal corriente política. Así, revisa sus iniciativas en diversas instancias organizativas partidos, sindicatos, asociaciones femeninas, de jóvenes y de defensa de presos y presas políticas–. En función de dicho entramado activista, el capítulo analiza el clima marcado por la profundización de la persecución estatal de las organizaciones obreras y las corrientes políticas de izquierda. La autora argumenta, a su vez, la incidencia de ciertas nociones de género en el desarrollo de la política comunista en la región y en la experiencia de la clase trabajadora, en la delimitación de sus contornos, en la demarcación de sus adversarios y en el terreno de la conflictividad de clases. En el capítulo siguiente, Gabriel Carrizo examina el derrotero del sindicalismo petrolero durante el primer peronismo (1944‑1955). Tras caracterizar detenidamente el mundo del trabajo en el tránsito hacia la década de 1940, su aporte pondera las implicancias del surgimiento del peronismo en el devenir de los trabajadores petroleros. Desde una perspectiva localizada, busca revisar dos postulados centrales de la historiografía sobre el vínculo entre Perón y el movimiento obrero: la noción de “peronización” y la conformación de los denominados “sindicatos paralelos”. La trayectoria de los trabajadores petroleros permite repensar críticamente tales postulados, sometiendo a discusión un conjunto de presupuestos explicativos que, basados en procesos nacionales, fueron utilizados para dar cuenta de la historia del primer peronismo en esta zona petrolera.

En la segunda parte, denominada “Partidos, prácticas e identidades políticas en clave urbana y rural”, cobran centralidad las múltiples dimensiones de la acción política, sus vínculos con lo social y sus implicancias en la construcción de sentidos, la formulación de demandas y las formas de intervención en los entramados asociativos locales. Abre esta sección un estudio de Leandro Lichtmajer orientado a reflexionar, a la luz de la perspectiva local, sobre los supuestos hermenéuticos en los que se asentaron sus propias investigaciones en torno a las dinámicas asociativas, las trayectorias partidarias y las formas de hacer política en el pueblo del ingenio Bella Vista entre las décadas de 1930 y 1950. Esta revisión de corte teórico‑metodológico se despliega articulándose en función de dos interrogantes centrales. El primero explora la validez de las conclusiones extraídas de niveles micro a la hora de repensar interpretaciones filiadas en niveles macro. El segundo reflexiona sobre las fronteras entre los abordajes micro y los locales, tomando en cuenta los cruces y solapamientos entre ambas categorías a la hora de analizar un espacio determinado. De esa manera, el trabajo busca reponer la porosidad de las fronteras de los partidos políticos y su entorno social.

Seguidamente, Adriana Kindgard se aboca a un tópico profusamente abordado por la historiografía sobre la Argentina del siglo xx: el proceso de conformación del peronismo. Su apuesta analítica por lo local le permite revisar las interpretaciones dominantes sobre este proceso, al examinar las formas en que los arrenderos de la gran hacienda de Yavi, en la Puna de Jujuy, experimentaron las transformaciones que acarreó la irrupción del peronismo. En un lapso que comprende desde su ascenso hasta el año 1949, cuando el gobierno nacional determinó la expropiación del latifundio habitado por estos arrenderos, la autora devela la imbricación entre adscripciones partidarias y cuestión agraria, postulando, a partir de la adopción de una perspectiva localizada, sugerentes aproximaciones al estudio y la comprensión de las identidades políticas colectivas. En el capítulo siguiente, Rebeca Camaño Semprini invita a pensar sobre las maneras y derroteros por los cuales los acontecimientos ocurridos en una localidad pueden transformarse en problemas de investigación articulados con procesos de mayor alcance. Para responder este interrogante, la autora repasa las renovaciones interpretativas sobre la historia política del peronismo, del Estado y de las relaciones con la Iglesia provistas por una historia situada en Río Cuarto (Córdoba). En ese marco, reflexiona sobre los aportes del uso de diversas escalas de análisis para una comprensión más profunda y densa de ese pasado, así como las posibilidades y obstáculos que, en esa dirección, presentan los repositorios documentales existentes.

En el cuarto capítulo de esta sección, Silvana Ferreyra y Agustín Nieto recuperan las potencialidades de una serie de “historias mínimas” para urdir la trama de las culturas obreras y las tensiones peronismo/antiperonismo durante la autodenominada Revolución Libertadora. Desde un registro que recupera la “cocina de la investigación” y propone indagar teóricamente sobre la aproximación microanalítica, el capítulo repone diversas experiencias populares internándose, a partir de la consulta de expedientes judiciales originados en investigaciones policiales, en el análisis de una serie de acontecimientos conflictivos que tuvieron lugar en la ciudad de Mar del Plata entre 1955 y 1958. Protagonizados por trabajadores y empleadores, por parroquianos, vecinos y propietarios de bares, así como por obreras de fábricas de conservas de pescado, delegadas y rompehuelgas, tales conflictos permiten a Ferreyra y Nieto tejer un análisis que recoge en su cotidianeidad, una experiencia popular conflictiva que asume diversas formas y definiciones, a veces bajo un clivaje político‑partidario, en otras de clase y ocasionalmente, bajo la intersección de lo personal y lo público.

Los capítulos siguientes se concentran en el espacio rural bonaerense durante las décadas de 1950 y 1960. Alejandra Salomón explora las posibilidades teórico‑metodológicas que ofrece el microanálisis para analizar la relación entre políticas públicas, infraestructura y bienestar rural. Asimismo, indaga el impacto de las políticas públicas y las alternativas del cambio social en función de sujetos cuya presencia colectiva y organización adquieren contornos definidos en dicha escala de observación. Para ilustrar ambas cuestiones la autora hace foco en la problemática de los caminos rurales del interior bonaerense a mediados del siglo xx, cuya trascendencia, tanto en términos económicos como sociales, suele ser subestimada por las miradas urbano‑céntricas. Analiza, específicamente, el significado y las consecuencias sociales del Plan de Caminos de Fomento Agrícola (1956), en tanto primera política pública explícita destinada al desarrollo de caminos rurales. Cierra el libro el estudio de José Marcilese sobre las modalidades de movilización, articulación y organización política ensayadas por los peronistas en un conjunto de municipios del sudoeste de la provincia de Buenos Aires durante la década de 1960. Se trata de Puan, Tornquist, Pigüé, Coronel Suárez y Coronel Pringles, localidades caracterizadas por su inscripción y pertenencia a contextos agrarios, con una población rural considerable y una escasa cantidad de obreros urbanos. Esta fisonomía permeó en las trayectorias locales del movimiento derrocado en 1955, al desdibujar el rol de las organizaciones gremiales y a los trabajadores sindicalizados, protagonistas tradicionales de las interpretaciones sobre el derrotero del peronismo bonaerense durante esta etapa. En ese marco, Marcilese reconstruye los espacios y formas de sociabilidad, el desempeño electoral y los sucesivos intentos de reorganización partidaria emprendidos por el peronismo entre 1955 y 1965.

Esta obra es el resultado de un conjunto de esfuerzos individuales y colectivos que deseamos reconocer. Agradecemos, en primer lugar, a las y los colegas que participaron del Primer Taller de Investigación “Los estudios locales en perspectiva. Aproximaciones desde la historia social y política, y los estudios de género (Argentina, primera mitad del siglo xx)” en calidad de panelistas, comentaristas y expositores. La Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica colaboró a través de un subsidio para Reuniones Científicas (RC 2018‑0010) y del Proyecto de Investigación Científica y Tecnológica “Las formas locales de la política. Actores, redes partidarias y dinámicas asociativas en el pueblo azucarero de Bella Vista (Tucumán, 1934‑1966)” (PICT 2015‑1027), dirigido por Leandro Lichtmajer. También participó el UBACYT 20020170100759BA (2018‑2021) “Género, trabajo, derechos y ciudadanía en la Argentina (desde mediados del siglo xix a la actualidad)”, dirigido por Dora Barrancos. Las autoridades de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, en especial Cecilia Cross, nos ofrecieron la sede anfitriona del evento y colaboraron en todo lo relativo al Taller. No tenemos más que palabras de agradecimiento ante su desinteresada y generosa participación.

Para concluir, queremos resaltar un aspecto referido al contexto de elaboración y publicación de este libro. Su aparición debe mucho a la perseverancia colectiva –que nos trasciende y nos estimula– para mantener espacios académicos de creación compartida del conocimiento a pesar de la coyuntura crítica que nos toca vivir, de la hostilidad por parte de ciertos discursos oficiales hacia el cultivo de la disciplina histórica y de la crisis presupuestaria que atraviesa a las instituciones públicas de investigación y docencia. Es en esta perseverancia que se revela una apuesta por preservar y recuperar espacios y conquistas que permitan transformar esta coyuntura adversa.


  1. El Taller fue fruto de una iniciativa conjunta de investigadoras e investigadores del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (UBA) y del Instituto Superior de Estudios Sociales (UNT/CONICET). Se llevó a cabo los días 1 y 2 de noviembre en la sede de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Contó con la participación, en carácter de expositoras y expositores, de Andrea Andújar, Guadalupe Ballester, Ernesto Bohoslavsky, Rebeca Camaño Semprini, Laura Caruso, Gabriel Carrizo, Juan Manuel Cerdá, Silvana Ferreyra, Florencia Gutiérrez, Adriana Kindgard, Leandro Lichtmajer, José Marcilese, Agustín Nieto, Ignacio Sánchez, Alejandra Salomón, Lucía Santos Lepera y Cielo Zaidenwerg. Sandra Fernández y Anaclet Pons cumplieron el rol de comentaristas. A modo de cierre, Pons dictó la conferencia “De la historia local a la historia pública: algún defecto y ciertas virtudes”, de carácter historiográfico, la cual fue abierta a la comunidad en general.
  2. Algunas reflexiones de la historiografía argentina en clave teórico‑metodológicas pueden encontrarse en Fernández (2007), Man (2013), Bandieri (2018).
  3. Dichas producciones serán recuperadas a lo largo de la obra. Algunos ejemplos ilustrativos en Gayol, Melón y Roig (1988); Da Orden (1994); Castro (1996); Lobato (2001); James (2004); Quiroga (2004); Teruel (2010), Solís Carnicer y Meza (2013).


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