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2. Un enfoque discursivo para el abordaje de la experiencia de clase

Métodos y técnicas de la investigación

Introducción

El estudio de ese antiguo tratado del lenguaje me ha enseñado a querer a las palabras. Las escribo viéndolas florecer, tocadas por la intensidad o desnudez de la altura; las oigo sonar en el silencio virgen de la expansión. Y son música, como afirma el gramático. Cada vez que escribo una, siento el latido del objeto encerrado por los signos. Las oigo vivir. Las palabras sacan a las cosas del olvido y las ponen en el tiempo; sin ellas, desaparecerían. Los cóndores, por ejemplo, caerían en mitad de su vuelo. Por eso cada vez que escucho el aleteo con que estas grandes aves se lanzan al espacio, digo cuidadosamente «cóndor», de modo que suenen bien todas sus letras, para que la palabra, además de las alas, ayude a sostenerlo.

Daniel Moyano, “Tres Golpes de Timbal”, 1989

En el plano de la metodología, la prueba “marxista” no se establece solamente en la declaración de adhesión a ciertos principios teóricos-metodológicos, sino en el de la especificidad histórica de lo real:

“Nadie resuelve sus problemas teóricos y metodológicos ante la realidad histórica de su tiempo (ni su filiación ‘marxista’) sino en la activa creación de una teoría y metodología específica. Y la creación supone una ruptura con el hábito intelectual y con el conocimiento convencional.” (Franco, 2009, p.59)

Con este desafío en mente, nuestro planteamiento parte de considerar al lenguaje como superficie de indagación privilegiada de sentidos, ideas y representaciones del mundo, esto es, el punto de partida para el estudio de la experiencia de clase. Los momentos o cambios en la experiencia de clase son apreciables desde su naturaleza discursiva y, cada una de sus dimensiones, identificables a partir de ciertas técnicas del análisis discursivo. Justificamos a continuación esta tesis en el primer subapartado, y luego, en el segundo, detallamos el conjunto de métodos de producción/recolección de los materiales que componen nuestro corpus y las técnicas utilizadas para su análisis.

1. Lenguaje, polifonía y constitución de clase

Para Gramsci el lenguaje no es un conjunto de palabras gramaticales vacías de contenido, sino que, por el contrario, todo lenguaje contiene elementos de una concepción del mundo y de una cultura. Según el autor, es la más inmediata manifestación de actividad intelectual –es ya una “filosofía” dirá (2010, p.365)– a partir de la cual los sujetos participan del conocimiento que se instala colectivamente como sentido común, y se forma el terreno en el que los hombres y mujeres se mueven, adquieren conciencia de su posición, entran en lucha, crean y coordinan nuevo orden intelectual y moral:

“Si es verdad que todo lenguaje contiene los elementos de una concepción del mundo y de una cultura, será también verdad que por el lenguaje de cada cual se puede juzgar la mayor o la menor complejidad de su concepción del mundo.” (Gramsci, 2010, p.366)

De esta manera, Gramsci relaciona el lenguaje con las expresiones de la vida cultural y con las relaciones que los sujetos establecen entre sí, haciendo del mismo un dominio privilegiado para observar las formas de conciencia social que se expresan en la experiencia de clase y que se corresponden con las formas de organización social y su conflictividad constitutiva. En estos términos anunciará la posterior e intensa discusión teórica en las ciencias sociales del siglo XX respecto de la vinculación mediatizada de los hombres y mujeres con el mundo a partir del complejísimo aparato de competencia lingüística, en particular, y simbólica, en general.

Ahora bien, hacer lugar a la perspectiva gramsciana en esta aproximación sobre el lenguaje y la producción social de sentido exige anclar la explicación sobre por qué los sujetos se expresan de una manera, y no de otra, en la cuestión de la hegemonía. Los efectos de sentido que tiene el lenguaje son resultado de la condensación y estabilización histórica de los usos que de él hacen sujetos inscriptos en –o en contra de– relaciones capitalistas: estos usos evocan o producen sentidos diferentes o contradictorios que, de manera integral, generan significado y contribuyen a orientar el hacer y decir social. Por ende, la problemática de la producción del sentido se comprende como efecto del uso del lenguaje, uso que no puede ser interpretado más que en el marco de relaciones sociales de conflicto y contradicción.

Consecuentemente, en el espesor del lenguaje se vuelve posible descubrir la posición que cada sujeto asume en relación con otros y con el mundo, revelando no tan sólo los efectos o valoraciones de sentido que se producen en esa relación, sino también los antagonismos sociales asociados a tales sentidos. Siguiendo a Voloshinov (1976), el lenguaje es arena de la lucha de clases si los múltiples y variados usos que los sujetos hacen del mismo se anclan –de manera opaca y no directamente aprehensible– en tales relaciones antagónicas. Reformulando lo anterior, las palabras pueden cambiar de sentido en función de las posiciones y relaciones de quienes las emplean y actualizan desde una situación histórica concreta.

El lenguaje, entonces, es siempre lenguaje-en-uso, y como tal participa de la configuración de esas relaciones de conflicto: con distintos grados de fuerza las sobredeterminan, sosteniéndolas, ejecutándolas o resistiéndolas. Así puesto, el lenguaje opera una compleja mediación crítica en la génesis, reproducción y transformación de las condiciones y relaciones sociales. Lo anterior implica asumir que el lenguaje no es ni un reflejo transparente de esas relaciones, ni tampoco esas relaciones sociales existen de manera externa y a priori como “conjunto de objetos” sobre la cual el lenguaje es sólo un medio o instrumento de expresión. Como bien sugiere Foucault, el lenguaje puede ser considerado como una “práctica” (1999, p.81) que constituye y transforma estos “objetos” sobre los cuales habla y dice, pero siempre a partir de maneras determinadas e históricas en la que los sujetos usan y aplican la lengua. En esta relación recursiva y atravesada por la lucha hegemónica se enmarca la complejidad propia de las fuertes “correas de trasmisión” que ya Bajtin (2008, p.251) identificara entre la historia de la sociedad y la historia del uso de la lengua[1].

Válido ello, el interés de un análisis discursivo, en tanto lenguaje siempre-en-uso, no está puesto en el lenguaje per se, sino en la manera en que el carácter conflictivo de lo social opera en el lenguaje y la forma en que ese discurso opera de retorno en lo social (Gutiérrez Vidrio, 2010; Aguilar et.al., 2014; González Núñez, 2016). En otras palabras, no se puede estudiar el fenómeno del lenguaje sin tomar en cuenta la totalidad social a la cual pertenece –totalidad histórica, atravesada y constituida por conflictos sociales–, dentro de la cual adquiere sentido y al cual confiere sentido: no se puede analizar en lenguaje sino en tanto discurso.

El análisis discursivo no se vincula tanto con la tarea de develar o mostrar lo oculto. Si tal fuera el caso, deberíamos asumir que lo simbólico es una especie de “velo” que oculta u obstaculiza la visión prístina de una realidad esencial o inamovible; con lo cual, la tarea de análisis o de interpretación sólo se encargaría de “develar” un objeto o realidad originaria, esencialista e inamovible (Gruner, 2006). Al contrario, la dimensión crítico-política del análisis discursivo viene dada por la “sospecha” de eso que se presenta como dado, asumiendo que el lenguaje y sus efectos de sentido son resultado de una praxis concreta e histórica y no de esencias eternas. La pregunta analítica pertinente está orientada a mirar los sentidos que se presentan en las superficies discursivas más bien como “síntomas” y no como “espejos” de la realidad social[2]. Así, lo que ocurre en el nivel de los discursos no es necesariamente un reflejo de lo ocurrido en el nivel de su producción, y, por tanto, lo que quedan son huellas, pistas, hebras, síntomas que el análisis debe poder describir e interpretar: la opacidad del lenguaje no es un impedimento para el análisis, sino su justificación (Aguilar, Glozman, Grondona, y Haidar, 2014; García Negroni et al., 2015; Montero, 2014).

Ahora bien, en nuestro planteamiento, y como resultado de la combinación variable y móvil de experiencias, la constitución de clase se abre paso en la superficie discursiva como una estructura polifónica, usando el concepto bajtiniano. En lo que llama un “enfoque sociológico de la producción de sentido” (2008, p.294), Bajtin parte de afirmar el carácter dialógico constitutivo de toda práctica discursiva: ningún hablante habla sólo, sino en una forzosa y constitutiva relación con otros participantes de la cadena de comunicación discursiva, cuyos enunciados refuta, confronta, confirma, completa, actualiza, retoma o supone.

Todos los discursos se orientan a otros discursos, están llenos de palabras ajenas de diferentes grados o planos de alteridad o de asimilación, de diferente grado de concientización o manifestación; y es esta una condición indisociable al uso mismo del lenguaje, del sujeto y su decir. De ahí que, en cada discurso es posible encontrar distintas “voces” con entonaciones diversas, volúmenes, relaciones y composiciones heterogéneas que hacen a su sentido global.

Aquí es necesario resaltar que los estudios del discurso –especialmente en su vertiente francesa– han dedicado importantes esfuerzos a describir y dar cuenta de la presencia de la “voz ajena” en el hilo del discurso; presencia que se materializa en huellas, marcas y rastros de discursos-otros, discursos no-dichos o ya dichos, constitutivos de todo enunciado (García Negroni et al., 2015; Maldidier, 1992; Montero, 2014). Todo discurso tiene como condición y contrapartida necesaria la sujeción a un orden del decir, que no sólo remite a ese hecho social que es el sistema de la lengua –como primero lo advirtió la mirada saussureana– sino a ciertos regímenes de lo que puede y debe decirse[3].

Por su parte, desde los supuestos gramscianos, las elaboraciones discursivas de los sujetos tienen como condición de posibilidad el emerger desde lo que, para cierto momento, se presenta como el “sentido común” hegemónico; pero también advertíamos que ello no significa la obturación de la posibilidad de configurar discursos de ruptura. Ello es así porque, desde nuestro planteamiento, es posible que los sujetos recuperen y resignifiquen el mismo lenguaje del “sentido común”, aprovechen esa polifonía y su polisemia, y redefinan así sus sentidos en un proceso antagonista y crítico respecto del mismo.

En ese espacio abierto en y por el lenguaje-en-uso, Bajtin ubica la constitución subjetiva y variante del hablante (Bajtín, 2008). Lejos de un ser prefabricado y de aparecer concluido como una conformación unitaria, la subjetividad emerge en la frontera con que traza ese “diálogo” con enunciados ajenos. Por ello, el sujeto de la epistemología bajtiniana no es una constante sino una variable: la producción de subjetividad está vinculada a contextos materiales e históricos de relaciones hegemónicas, pero entraña un potencial creador en cuyo devenir existe la posibilidad de diferenciarse activamente de los vectores de predeterminación que venían estructurándolo discursivamente (Martínez, 2015; García Rodríguez, 2016)[4].

Aquí radica, entonces, la dimensión política de la constitución discursiva de la subjetividad, y el horizonte privilegiado de nuestro análisis[5]. Se trata de poder observar las diversas composiciones de esa heterogeneidad constitutiva de voces en los discursos, reconocer sus inflexiones y desplazamientos ya en un mismo texto o a través del análisis comparativo de más de un texto. Esas inflexiones de sentido, entonces, constituyen en el discurso las manifestaciones diversas de la experiencia de clase.

2. Sobre los métodos y técnicas de producción/recolección de datos y de análisis

El planteamiento anterior exige una serie de decisiones metodológicas respecto de la combinación de datos, de las formas de su producción y de las técnicas para su análisis. En base a ello, en general, decimos que nuestra investigación:

  1. Está basada en un estudio de caso que resulta de una valía instrumental en tanto que la lucha de las asambleas riojanas es expresión paradigmática de un desarrollo variable de la experiencia de clase. Es también la elección de este caso de estudio una posibilidad de profundización que, para la interpretación de sentidos y significados, puede ofrecer la continuidad del análisis focalizado que se inició en la investigación de maestría de la autora[6].
  2. Es de corte diacrónico porque integra un corpus de datos producidos a lo largo de un periodo de 10 años. En orden cronológico de acuerdo a su fecha de producción, el primer texto del corpus es un comunicado de noviembre de 2006, y el último, una entrevista realizada en febrero de 2016. Por ello, el análisis pretende elaborar ciertas hipótesis teóricas sobre la base de la comparación en el tiempo de los desplazamientos o cambios de la experiencia de clase.
  3. Privilegia, sobre las técnicas de análisis, un enfoque discursivo especialmente basado en una combinación de técnicas desarrolladas por la Teoría de la Enunciación, en sus derivas más contemporáneas, en pos de descubrir huellas o marcas muy sutiles sobre los desplazamientos y cambios en las dimensiones de la experiencia de clase.

Sobre estas consideraciones generales, detallamos a continuación las técnicas de producción y recolección de datos y las técnicas de análisis.

2.1. Estrategias y condiciones de producción/recolección de materiales y datos

La constitución de un cuerpo documental de análisis representa una operación de una unidad en la dispersión posible de discursos efectivamente dichos/pronunciados que persisten en el tiempo. Esta unidad es resultado de un proceso de trabajo analítico orientado por los objetivos de investigación, que supone operaciones de selección y recorte de los documentos considerados pertinentes. En cuanto tal, representan un momento de estabilización provisoria, cuya unidad conceptual no viene dada por los efectos de la enunciación de un mismo sujeto o tipo de sujeto, ni por su ocurrencia en un periodo temporal prefijado de antemano (Aguilar et. al., 2014). Por el contrario, su unidad es producto de una operación analítica y teórica que, por tal, no deja de ser siempre provisoria (Ciuffolini, 2010a; Valentino y Fino, 2000).

Esta investigación trabaja con dos tipos de discursos textuales o textualizados para su posterior análisis: comunicados públicos escritos y publicados por las asambleas riojanas y entrevistas realizadas en el marco de esta investigación a miembros de estas asambleas. Ya a primera vista, las condiciones de producción de estos discursos son distintas si atendemos a: 1) su producción oral en el caso de las entrevistas, y su producción escrita en el caso de los comunicados; 2) su producción orientada a los objetivos de esta investigación o no; y 3) el grado de formalidad/informalidad en las prácticas discursivas. Por ello, a continuación, precisamos por separado algunas consideraciones especiales.

2.1.1. Comunicados públicos

Desde su nacimiento, las asambleas riojanas emitieron comunicados ante diversas situaciones del contexto de lucha. Estos comunicados fueron publicados en medios públicos de comunicación, ya sea en formato digital o en papel (diarios digitales, redes sociales, páginas web, folletos o panfletos en papel), o en canales de comunicación propios (blogs o webs propias como noalamina.com). Muchos de ellos son nombrados por las asambleas como “cartas”, “comunicados de prensa”, “posición de la asamblea”, entre otras. Son todas formas de un discurso público que, en cuanto dispositivo de comunicación específicos, establecen y presentan posiciones colectivas de las asambleas, ya sea para expresar abiertamente un compromiso o para asumir una posición frente a situaciones inmediatas del contexto[7].

Como los panfletos, los comunicados son tipos de discursos que buscan “hacer reaccionar” y “crear el acontecimiento” (Montero, 2016, p.16). Los comunicados con los que trabajamos en este estudio no tienen una periodicidad; son producidos como respuesta ante una determinada coyuntura histórica. Se constituyen como una toma de palabra urgente y necesaria “ante algo” o “ante alguien” y, por ello, evidencian un modo de inscripción particularmente inmediato respecto del tiempo en el que se producen.

En virtud de nuestros intereses de investigación, este tipo de discursos representan soportes privilegiados de estudio, por tres motivos:

  1. Su condición de acontecimiento público: los comunicados son un acto manifiesto de toma de la palabra que, más allá de sus posibilidades concretas de circulación, son producidos para ser vistos en el espacio público. Su dimensión pública no solo refiere a los asuntos o contenidos que trata y presenta, sino también a esa irrupción explícita e intencional en el espacio público general. En todos los comunicados, el sujeto enunciador es siempre conocido, aparece “firmando” el texto, y nunca es anónimo.
  2. Su condición manifiestamente polémica: se dirigen explícitamente a otros que ya hablaron y a quienes hablarán, anticipan o reclaman respuestas (Authier-Revuz, 1984; Bajtin, 2008). Muestra y exhibe en un grado notorio y evidente de “voces” y “puntos de vista” atribuidos a su(s) contradestinatario(s), con quien(es) se posicionan más o menos expresamente. Los comunicados públicos, en general, poseen una estructura de “polémica mostrada” (Montero, 2012)[8] y es constante la presencia de la destinación múltiple y simultánea –ya sea triple (Verón, 1987) o doble (García Negroni, 1988).
  3. Su condición político-performativa: se trata de discursos que se presentan como un tejido de tesis, argumentos y pruebas destinados a esquematizar y presentar de un modo determinado el ser y el deber ser del orden político ante un público determinado y en vista de una intervención sobre este escenario.

El corpus de 117 comunicados públicos se detalla organizado según el año de publicación, tal como lo muestra el gráfico de abajo:

Gráfico 1. Cantidad de comunicados por año 

grafico 1

Los comunicados que integran el corpus fueron firmados, en conjunto o por separado, por las siguientes asambleas (entre paréntesis, la sigla que usamos en este trabajo para identificarlas):

Tabla 3. Asambleas riojanas autoras de los comunicados públicos del corpus de análisis
ORGANIZACIONES Y ASAMBLEAS QUE PUBLICARON COMUNICADOS INCLUIDOS EN ESTE ESTUDIO
  • Vecinos de Famatina Autoconvocados en Defensa de la Vida (VAF)
  • Vecinos Autoconvocados de Pituil (VAPo)Vecinos Autoconvocados de Chañarmuyo (VACha)
  • Asambleas Ciudadanas por la VIDA de Chilecito (CxLV)
  • Asamblea El Retamo (AER)
  • Asamblea Riojana Capital (ARC)
  • ONG Oeste de Chilecito (Ochi)
  • Coordinadora de Asambleas Ciudadanas por la Vida (CACV)
  • Asambleas Ciudadanas Riojanas (ACR)
  • Posta Comunitaria Inti LLancaj Tambu (PCILT)
  • Asamblea de los Llanos (ALL)
  • Vecinos autoconvocados de Puerto Alegre al Cantadero (VACantadero)

Una descripción más amplia de estos documentos se encuentra sistematizada en el Anexo 1 de este libro. Esta sistematización fue realizada colaborativamente tomando como base el corpus que trabajó Cerutti (2017) en su estudio doctoral, que incluye a las asambleas riojanas. La integración de estos textos al corpus fue realizada con las formas sintácticas y marcas gráficas (mayúsculas o negritas, por caso) tal cual fueron publicados en los medios digitales; los fragmentos que transcribimos en el resto de los capítulos no fueron editados ni modificados respecto de estas marcas.

En los capítulos que siguen, los fragmentos de los comunicados que incorporamos para las y los lectores son consignados según un código de identificación (CI, en adelante) que, ubicado al final, contiene la referencia a:

  • el año en el que fue emitido el comunicado;
  • el número que las identifica en nuestra base de datos;
  • el nombre abreviado de la/s asamblea/s que firman el comunicado.

2.1.2.  Entrevistas en profundidad (no directivas y semidirectivas)

Un total de 34 entrevistas en profundidad, con pautas temáticas mínimas, fueron realizadas personalmente a miembros de las asambleas que firmaron los comunicados descriptos anteriormente. En general, la pauta seguida por la entrevistadora ha sido tratar de lograr el mayor grado de continuidad en el discurso de los entrevistados y entrevistadas en cada sesión, cuidando especialmente las condiciones simbólicas, contextuales y convencionales, los tiempos y los lugares en los que se produce el discurso en cada entrevista.

Registradas completamente en soporte de audio, la entrevista fue una de las técnicas privilegiadas para obtener un conjunto específico de datos textuales que privilegian las distintas interpretaciones que producen los y las protagonistas sobre su lucha, sus variaciones, sus objetivos, y las condiciones que la hacen emerger y desarrollar. En general, por su riqueza informativa; por la posibilidad de indagación de rumbos no previstos gracias a la flexibilidad de la guía temática; por la oportunidad de acceder a información difícil de observar; y, por las condiciones de comodidad e intimidad; la entrevista es la técnica de producción de datos más extendida para los estudios corte cualitativo de organizaciones de asambleas ambientales en Argentina.

Un posterior análisis discursivo de estas entrevistas supone inevitablemente una especial atención en el procedimiento de transcripción que, como dice Oxman, consiste en la “entextualización, concreción o construcción de textos” (1998, p.24) a partir de discursos. Este procedimiento de entextualización siguió pautas convencionales con el objetivo de traducir en el texto la voz de los entrevistados y entrevistadas con la menor distancia posible respecto de la situación de habla o producción de la entrevista[9]. Además, fueron registradas en las transcripciones algunas características de esas condiciones de producción de la conversación (por ejemplo, lo que ocurre en el momento y el lugar del evento de habla) que hacen al marco interpretativo general. No obstante, es imposible borrar, como sugiere Oxman, “las elecciones y expurgaciones varias que implica la transcripción del evento oral, el distanciamiento temporal entre tal evento y su transcripción, así como la forma que va adquiriendo en el curso de su constitución en artefacto” (1998, p.65-66), y, por ende, introducen en la entrevista rasgos de un género discursivo secundario si se atiende a tales condiciones de su producción y uso en la investigación social.

Estas entrevistas fueron realizadas durante dos momentos:

  1. Entre enero de 2010 y diciembre de 2012: estas entrevistas corresponden a parte del corpus total en el que se basa la investigación de maestría de la autora (de la Vega, 2014). Recordamos que éstas fueron encaradas de manera flexible, pero con una guía mínima de pautas de preguntas referidas a la emergencia de la resistencia, la forma de organización, los momentos y métodos de lucha, la trayectoria de militancia, entre otras[10]. La selección de las y los entrevistados se inició siguiendo la estrategia de “bola de nieve” que permitió la localización secuencial de informantes claves, y satisfaciendo criterios de heterogeneidad/diversidad y accesibilidad (Vasilachis, 2006).
  2. Entre enero y febrero de 2016: estas entrevistas fueron realizadas especialmente para los objetivos de investigación doctoral y fueron también encaradas de manera flexible, con una guía mínima de pautas de preguntas relacionadas con las dimensiones delimitados. El criterio de selección de entrevistadas y entrevistados fue intencional –los sujetos entrevistados se seleccionan por la riqueza y precisión informativa que tienen en relación al objeto de investigación–: se buscó volver a entrevistar a quienes ya había sido entrevistados en el periodo anterior, pero también se incorporaron entrevistas a miembros de las nuevas asambleas que nacieron entre 2012 y 2016 (por ejemplo, la Asamblea El Retamo o la Asamblea de Los Llanos).

En un paneo general, según el año en el que fueron realizadas, se distribuyen de la siguiente manera:  

Gráfico 2. Cantidad de entrevistas realizadas por año

grafico 2

Con la finalidad de preservar la identidad de las personas, los fragmentos de entrevistas que incorporamos en los capítulos subsiguientes se identifican a partir de un código (CI) que contiene la referencia a:

  • el año en el que fue realizada la entrevista;
  • el número de entrevista que la identifica en nuestra base de datos;
  • el nombre de la asamblea a la que pertenece el o la entrevistada.

El proceso de producción de datos a partir de entrevistas se vio afectado por las propias restricciones de la dinámica del conflicto social en el cual nos involucrábamos. Nos referimos a los límites o negaciones que algunos miembros nos presentaron para ser entrevistados. La intensidad de los enfrentamientos, la fragilidad de las situaciones de confianza y la incertidumbre general durante los momentos en los que se realizaron las entrevistas explica también que muchos miembros de las asambleas sólo accedieran a ser entrevistados en instancias colectivas o, al menos, en duplas. Con ello, la existencia de entrevistas grupales tiene menos que ver con un criterio de desviación u homogeneidad entre quienes participan y más con una exigencia de los sujetos protagonistas que, no obstante, al momento del análisis no ha pasado desapercibido.

Gráfico 3. Distribución de entrevistas según cantidad de participantes

grafico 3

Por todo ello, y con la intención de que él o la lectora puedan disponer de un código de lectura que le permita aprehender mejor el discurso de los actores, en el Anexo 2 se aportan más detalles y datos generales de las y los entrevistados, y se señala la cantidad de personas que participaron de cada entrevista.

2.1.3. Recolección de otros datos secundarios y sistematización cronológica

Este estudio recurrió a la búsqueda, análisis de contenido y sistematización de notas periodísticas digitales sobre hechos históricos referidos al conflicto ambiental en la provincia de La Rioja y en el país, entre 2006 y 2016. Se consultaron medios de amplia difusión nacional, provincial y local, pero también medios alternativos o independientes que, en general, tienen fuerte vinculación con las asambleas y registran eventos que los medios de más amplia cobertura no hacen. El resultado de esta sistematización fue una tabla o eje cronológico que ordena y representa distintos eventos en la sucesión regular de días, meses y años.

La ordenación de eventos históricos de acuerdo a un criterio cronológico no implica una periodización histórica; es decir, no habilita a derivar de la sucesión de los hechos en el tiempo, de la relación antecedente-consecuente, una explicación histórica. Por el contrario, la utilización de este eje o tabla cronológica está en función de la ordenación de información que facilite una mejor comprensión de las relaciones de sentido y, en general, de la inscripción y re-organización discursiva que esos eventos tienen como orden y densidad temporal de su experiencia de clase (por ejemplo, la correspondencia, paralelismo o anacronía entre el orden cronológico de los eventos y el orden del relato de los testimonios recogidos en entrevistas y comunicados).

En toda su extensión, con el detalle de las fuentes consultadas, esta tabla se encuentra en el Anexo 3.

2.2. Estrategias de análisis

Las técnicas de análisis que se utilizaron en este estudio pueden discriminarse según dos grandes estrategias principales: una primera, orientada teóricamente, que agrupa operaciones de descomposición, fragmentación y descubrimiento de categorías y códigos relevantes de los textos analizados; la otra, centrada en identificación de sentidos y de sus variaciones, para las redes de categorías relacionadas con cada dimensión analítica de la experiencia de clase. Detallamos a continuación ambas estrategias.

2.1. Estrategia analítica I: descomposición, fragmentación y descubrimiento de categorías y conceptos relevantes

El tratamiento de los comunicados y entrevistas se abordó a partir de uno de los supuestos fundamentales de la Teoría Fundamentada o Grounded Theory (Glaser y Strauss, 1967; Strauss y Corbin, 2002)[11]: el producto de la investigación final constituye una formulación teórica, o un conjunto integrado de hipótesis conceptuales, sobre el área sustantiva que es objeto de estudio.

El objetivo de la selección de esta estrategia fue la reducción y codificación de un gran volumen de datos: ello implicó operaciones de selección, simplificación, abstracción, focalización y transformación de los datos que aparecen en las transcripciones y comunicados; de manera de hacerlos inteligibles en los términos en los que los objetivos de la investigación apuntan. Como dicen Penalva Verdu et al. (2015), los datos comienzan a “reducirse” porque se comienza a separar lo relevante de lo trivial. A partir de revelar los grandes segmentos textuales que los constituyen, se puede iniciar un proceso de re-construcción o re-ordenamiento de tales segmentos bajo las orientaciones de las dimensiones analíticas de la experiencia de clase.

La operación de reducción es posible gracias a un proceso general de codificación/categorización de datos a partir del método de comparaciones constantes entre citas y códigos[12]. Este momento buscó develar las similitudes y los contrastes entre los segmentos textuales, con el objetivo de identificar a grandes rasgos sus características, sus relaciones y sus variaciones más evidentes. Para ello, nuestra tarea se vio acelerada y mejorada por el uso de medios informáticos[13].

El procedimiento secuencial que seguimos se expone a continuación; advertimos que tal secuencia es sólo expositiva, pues el análisis cualitativo supone, en general, cierta flexibilidad para desplazarse y volver entre una etapa y otra:

  1. Exploración, descomposición, fragmentación y clasificación de datos en códigos iniciales o códigos emergentes, en especial, expresados en el lenguaje de los sujetos[14]. Este proceso de agrupamiento de fragmentos textuales con similares características es conocido como “codificación abierta” (Penalva Verdu et. al., 2015; Valles, 2002)
  2. Discriminación entre los criterios de colocación de los fragmentos en cada código y definición de las fronteras entre ellos.
  3. Producción de nuevas categorías (subcódigos o nuevas categorías de nivel más alto) a partir de la búsqueda de propiedades, dimensiones, referencias cruzadas o relaciones entre los códigos iniciales. Valles llama a esta fase “codificación axial” (Valles, 2002), que integra a las categorías y sus propiedades, buscando su densificación creciente y su coherencia teórica.
  4. Selección y reducción de categorías y propiedades (por fusión, descarte o transformación a un nivel mayor de abstracción) para delinear un conjunto de categorías centrales que en su asociación pueden explicar la experiencia de clase. Aquí, la operación de selección y reducción fue guiada por la relación de las categorías y códigos ya creados con las dimensiones analíticas que nos interesan: situación de clase, antagonismos de intereses, estrategias de acción política y solidaridad. Así, las orientaciones teóricas se precisan y la codificación se vuelve cada vez más selectiva y coherente, teóricamente integrada.

Como se vuelve evidente, todas estas operaciones no se reducen a un empirismo absoluto ni a un razonamiento inductivista puro. Debido a que esta perspectiva tiene como objetivo la construcción teórica, no se pretende caracterizar el dato sino establecer sus límites estructurales, descubrir de qué concepto constituye una instancia adecuada (Ciufffolini, 2010). De ahí que involucra permanentemente la ampliación y redefinición tanto de las categorías teóricas iniciales como de la selección y codificación de los datos empíricos que integran nuestro corpus. El análisis obedece, mejor así, a una lógica que supone un continuo y reiterativo ir de los datos a la teoría y de la teoría a los datos:

ideas→datos; datos→ideas; ideas→datos

En cada paso del proceso, se avanza en la contrastación, abstracción y generalidad en los esquemas categoriales descubiertos para la comprensión de la realidad observada (Ciuffolini, 2016; Penalva Verdu et al., 2015).

Algunas tablas que sistematizan las categorías elaboradas bajo esta estrategia, su distribución en cada tipo de documento del corpus, o su densidad en citas o fragmentos, pueden encontrarse en el Anexo 5.

2.2.2 Estrategia analítica 2: identificación de sentidos no referenciales y de sus variaciones

Una segunda estrategia se abocó al análisis intensivo de las categorías centrales que, según la estrategia anterior, se mostraban relacionadas con las grandes dimensiones analíticas de la experiencia de clase. Aquí el proceso analítico estuvo orientado hacia la codificación selectiva y teórica que permita reconocer y establecer con claridad las variaciones, matices y desplazamientos hacia el interior de las categorías que, en nuestro planteamiento, interesaba nominar como inflexiones o momentos de la experiencia de clase.

Para ello, los fragmentos ya agrupados en los grandes grupos de categorías centrales fueron analizados a partir de técnicas específicas del análisis de discurso que detallamos más abajo. El potencial de incluir el análisis discursivo radica en trascender la función referencial y denotativa del lenguaje: aquella que asienta una cuestionada correspondencia entre los signos y cierto estado de cosas en el mundo, una transparencia del lenguaje respecto tanto de aquello que se nombra como del hablante con su decir. En general, esta lectura tiende a privilegiar la primera de las estrategias analíticas que detallamos arriba, con fuerte foco en el nivel léxico y proposicional (Oxman, 1998). Por el contrario, con la incorporación del análisis discursivo buscamos dar paso a una estrategia analítica basada en la interpretación del sentido asentada en la relación entre enunciados, hablantes y tiempo, destacando el carácter indexical de los signos y el lenguaje (Montero, 2014; Oxman, 1998).

Como resultado de la aplicación sistemática de herramientas del análisis discursivo a los fragmentos ya agrupados en códigos, el sistema general de categorías y relaciones transita hacia una rearticulación y una reintegración conceptual. El producto final de este reacomodamiento se muestra en las tres redes de categorías que componen las tres formas de inflexión de la experiencia de clase, y que constituyen el resumen gráfico de la base empírica de los capítulos 3, 4 y 5, compilados en el Anexo 4.

Como decíamos arriba, los deslizamientos y modulaciones dentro de cada grupo de categorías relacionadas con las dimensiones de la experiencia de clase fue posible gracias a la aplicación de técnicas específicas del análisis de discurso. Como propuesta teórico-metodológica, el análisis del discurso recurre a una amplia gama de técnicas, relativamente sofisticadas, para el análisis del lenguaje. Disciplinas como la semiótica, la lingüística, la filosofía del lenguaje, la lingüística del texto y la retórica han aportado técnicas para analizar diferentes aspectos del significado que hacen posible sustentar una interpretación con datos empíricos (Valentino y Fino, 2000).

En el marco del objetivo de esta estrategia analítica, avanzamos en la utilización de manera combinada de técnicas basadas específicamente en las perspectivas de la Enunciación. El valiosísimo aporte que la Teoría de la Enunciación hizo al desarrollo de herramientas concretas de análisis radica en su preocupación alrededor de la emergencia de la subjetividad en el discurso. A pesar de las diferencias con la versión pionera de Benveniste sobre la enunciación (Benveniste, 1999), aquí nos basamos en las herramientas enunciativas y argumentativas que, años después, se desarrollaron conservando algunos supuestos originales y recuperando otros, por ejemplo, los de Bajtín (2008). Éstas herramientas reelaboran las consideraciones más simplistas e individualistas sobre el sujeto hablante que se mostraban en la propuesta original de Benveniste[15], así como también su concepción reduccionista de la indexicalidad basada solamente en la deixis gramatical; sin que ello involucre capitular ante la noción del sujeto como origen del sentido, punto inicial fijo que orientaría las significaciones y portador de intenciones o de elecciones explícitas (Aguilar et. al., 2014; Montero, 2014).

Por caso, Montero (2014) sostiene que pueden identificarse tres grandes momentos teóricos en el devenir del análisis del discurso de corte francés que pueden correlacionarse con la primacía de diferentes conceptos: un primer momento “ideológico”, que tiene auge en los años ‘70, en el que predomina la noción de interdiscurso; un segundo momento, que puede llamarse “enunciativo”, con desarrollos significativos durante los años ‘80, en el que las nociones de polifonía y de heterogeneidad adquieren centralidad; y, un tercer momento “argumentativo”, más reciente, en el que la voz ajena es conceptualizada mediante una reelaboración de la categoría clásica de topos. Perspectivas sobre la “polifonía”, de Ducrot (1988); la “heterogeneidad”, de Authier-Revuz (1984); la “situación de enunciación” de Maingueneau (2003); las estrategias de “descortesía o ataque cortés” de Kerbrat-Orecchioni (2016); o las estructuras discursiva de los “intercambios polémicos” de Dascal (1998), entre otras, integran estas reelaboraciones y son las que aquí utilizamos.

Nuestro trabajo de análisis relaciona sistemáticamente herramientas enunciativas y argumentativas específicas con las cuatro dimensiones analíticas de la experiencia de clase que definimos en el apartado anterior de este capítulo. Estas relaciones entre dimensiones e instrumental analítico se realizó siguiendo las pautas mínimas que sugiere Verón (2004), a saber: 1) la identificación y descripción de manera precisa de cada operación enunciativa/argumentativa no puede hacerse sino en un plano de análisis de los enunciados que es siempre comparativo; 2) las operaciones enunciativas/argumentativas consideradas se presentan con cierta regularidad e invariabilidad y, en consecuencia, dan cierta estabilidad a las posiciones del enunciador y, en consecuencia, del destinatario; 3) se procura identificar y mostrar, además, las relaciones que se dan entre las operaciones enunciativas/argumentativas, es decir, la lógica de conjunto de cada discurso y, en su reverso, sus eventuales incoherencias y contradicciones.

En definitiva, y como expresión de esa flexibilidad –que no significa nunca falta de rigurosidad o sistematicidad– de los abordajes de corte cualitativo, el instrumento específico para el análisis enunciativo/argumentativo de los discursos se construyó a la par, y es resultado final y simultáneo del análisis y de los resultados a los que arribamos. Por ende, tal instrumento no excluye que otras técnicas o herramientas específicas pueden usarse complementariamente; las que aquí incluimos son las que se han mostrado con mayor frecuencia según el particular conjunto de discursos que forman nuestro corpus y que creemos pertinentes para las cuatro dimensiones de la experiencia de clase.

Entonces, nuestro instrumento de análisis discursivo se compone de las herramientas que se detallan en cada una de las tablas que se muestran a continuación. 

Para la dimensión situación de clase:

SUBDIMENSIÓN
TÉCNICA ENUNCIATIVA O ARGUMENTATIVA APLICADA

Nosotros

Identificación de “prodestinatarios” (Verón, 1987): es el destinatario positivo que participa con el enunciador de un mismo “colectivo de identificación” que se expresa en un “nosotros inclusivo”. Cuando el enunciador usa un “nosotros inclusivo”, une su yo a otro(s) no-yo(s) con quien(es) afirma creencias y sentidos compartidos (Amossy, 2001). A su vez, la forma en la que adopta o se aleja de ese “nosotros inclusivo” permite reconocer qué relación establece con esos prodestinatarios.

Identificación de apelativos: todo apelativo implica una dimensión deíctica, en tanto da cuenta de un referente empírico. Además, implica predicaciones explícitas sobre el referente e implícitas sobre la relación social que une al enunciador con el sujeto u objeto referido (Perret, 1970; Tufró, 2013). En el mismo plano, recurrimos a la identificación de las “entidades” del discurso (Verón, 1987), que también apunta a detectar la manera en que se nombra a los destinatarios del discurso.

Ethos discursivo (Amossy, 2001; Maingueneau, 1996): desde la retórica, el ethos es un dispositivo enunciativo que indica la manera en que se presenta un orador ante su auditorio. Toda toma de palabra implica la construcción de una imagen de sí mismo, pero también una imagen que se crea de un otro, y la que se imaginan que un otro tiene de ellos mismos. El ethos es una connotación, un efecto producido por el orador que enuncia cierta información: el ethos se muestra, no se dice. A tal efecto, no es necesario que el locutor trace su retrato, detalle sus cualidades ni aún que hable explícitamente de sí mismo; su estilo, sus competencias lingüísticas y enciclopédicas, sus creencias implícitas alcanzan para dar una representación de su persona (Valentino & Fino, 2000).

Daño

Identificación del componente “descriptivo” del discurso (Verón, 1987): se trata de los enunciados a través de los cuales el mismo enunciador se presenta como fuente privilegiada de la inteligibilidad de la descripción y de las numerosas modalidades apreciativas que la articulan.

Identificación de marcas de modalidad valorativa o deóntica: observando la modulación de los enunciados, Mainguenau (1980) afirma que es posible reconocer lo que, para el hablante, es cierto, real, posible, bueno, correcto, justo, hermoso, atractivo, agradable (y todos sus contrarios). Particularmente identificamos las marcas apreciativos o valorativos que en los enunciados nos muestran qué es objeto de impugnación, qué es aquello que es o debe ser considerado malo/erróneo/deplorable/injusto/injustificable. Uno de los principales efectos de sentido de este tipo de modalización es la desnaturalización del status quo sobre una situación (Balsa, 2015).

Identificación de marcas de evidencialidad: la evidencialidad se define como el dominio semántico relacionado con la indicación de la fuente u origen de la información que el hablante comunica en su enunciado. Tiene una vinculación muy estrecha con la modalidad epistémica. En español, algunos empleos específicos del modo, del tiempo y del aspecto verbal, determinadas estructuras sintácticas, ciertas construcciones adverbiales, algunos marcadores del discurso, etc.; manifiestan este tipo de significados (García Negroni, 2016). Aquí identificamos estas marcas para reconocer el modo en que los comunicados y entrevistas realizan aquella constatación de un daño, esto es, la manera en que el sujeto enunciador se relaciona con los indicios o puntos de vista que autentifican, justifican o desencadenan la constatación de tal daño.

Ellos 

Identificación de formas de contradestinación (Verón, 1987): seguimos aquí la clasificación de García Negroni (1988) sobre los distintos tratamientos enunciativos que puede adquirir los adversarios, en el marco del fenómeno de multidestinación, propio de los discursos políticos: contradestinatario directo, exclusivo o encubierto. 

Identificación de formas de descalificación y descortesía (Kerbrat-Orecchioni, 2016): marcan la distancia con el contradestinatario.

Para la dimensión analítica antagonismo de intereses:

SUBDIMENSIÓN
TÉCNICA ENUNCIATIVA O ARGUMENTATIVA APLICADA

Interés/es de lucha

Identificación de topoi: dice Rennes (2016) que la identificación de los topoi que usan los sujetos involucrados en situación de conflictividad para argumentar la legitimidad de sus intereses, permite reconocer “repertorios de argumentos” disponibles -haciendo un paralelismo con el concepto de “repertorios de acción” de Tilly (1990)-, principios comunes y compartidos necesarios para la empresa persuasiva[16].

Amossy (2000) distingue entre:

  1. El topos pragmático: o topos lógicos- discursivos, que son encadenamientos argumentativos, es decir, proponen premisas que relacionan propiedades o escalas argumentativas de manera tal que esa relación se presenta como autoevidente y, por lo cual, la conclusión que de ellas se deriva es asumida como dada, incuestionable, y suficiente (Ducrot, 1988). Según Montero (2016), son principios argumentativos que funcionan como fuentes de autoridad al contener encadenamientos de sentido que completan la significación, sin necesidad de explicitar argumentos[17].
  2. El topos en su forma dóxica: aquí, remite a un “lugar común” en el discurso, todo lo que es percibido como ya conocido, ya dicho, familiar, y compartido; por ello, adquieren un valor de exhortación, señalan lo que hay que hacer o pensar. En este plano, el topos se acerca a lo que Angenot llamó ideologema. Éste es un dispositivo semántico polisémico y polémico. Lejos de ser monosémico o monovalente, es ‘maleable, dialógico y polifónico. Su sentido y su aceptabilidad resultan de sus migraciones a través de las formaciones discursivas e ideológicas que se diferencian y se enfrentan. Se realiza en “las innumerables descontextualizaciones y recontextualizaciones a las que se lo somete” (Angenot, en Montero, 2014, p.266). En efecto, explica Montero (2014), el ideologema no es necesariamente una locución única sino un complejo de variaciones fraseológicas, una pequeña nebulosa de sintagmas más o menos intercambiables, con capacidad de migrar a través de diferentes campos discursivos y diferentes posiciones ideológicas.

Autodefinición de sí

Identificación de formas del ethos/contra-ethos (Amossy, 2001; Maingueneau, 1996): en el campo enunciativo controversial la expresión de ideas o la defensa de una doctrina es una actividad por la cual se amplía y se reinventa incesantemente la propia identidad discursiva. De ahí que, con esta operación, interesa reconocer las definiciones que los sujetos hacen sobre sí, como se nombran a sí mismos en tanto sujetos en lucha.

Nivel de contraposición de intereses

Identificación de estructuras discursiva de los intercambios polémicos: a un nivel macro discursivo, Dascal (1998) elabora una tipología de las estrategias discursivas de acuerdo al alcance de un desacuerdo, el tipo de contenido involucrado en él, los presuntos medios para resolverlo y los fines perseguidos por los contendientes. Así, diferencia entre discusiones, disputas y controversias. En ellas, la naturaleza de las oposiciones puede extenderse desde formas más fuertes o débiles de contradicción lógica, pasando por diferencias respecto de presuposiciones semánticas y pragmáticas, hasta los contrastes pragmáticamente construidos. Los “contenidos” opuestos, a su vez, se refieren no sólo a contenidos proposicionales específicos sobre una variedad de materias, sino también a la fuerza ilocutiva, actitudes, preferencias, énfasis, juicios sobre qué es lo apropiado y relevante, etc.

Para la dimensión analítica estrategias de acción política: 

SUBDIMENSIÓN
TÉCNICA ENUNCIATIVA O ARGUMENTATIVA APLICADA

Estrategias y contraestrategias

Identificación de marcas de modalidad deóntica, apelativas o ilocutorias: particularmente identificamos las marcas deónticas de los verbos o construcciones adverbiales que en los enunciados nos muestran qué es lo que “se debe” o “es necesario” hacer, o no. En las modalidades apelativasse muestra una solicitud o exigencia realizada hacia el destinatario para realizar alguna acción, y contiene la pretensión de que el discurso consiga modificar la realidad indirectamente, a través de la acción de un tercero. En la modalidad ilocutoria, el sujeto de la enunciación pretende imponer su discurso sobre la realidad de forma directa, a través de la mera enunciación.

d. Para la dimensión analítica solidaridad:

SUBDIMENSIÓN
TÉCNICA ENUNCIATIVA O ARGUMENTATIVA APLICADA

Solidaridad

Heterogeneidad mostrada: siguiendo a Authier (1984), la heterogeneidad remite a las formas lingüísticas que inscriben “al otro” en el hilo del discurso, alterando su unicidad aparente: se trata de mecanismos mediante los cuales el sujeto indica y señala la presencia de voces ajenas, al mostrar, simultáneamente, que controla y domina sus palabras[18]. Esas formas pueden ser marcadas o no marcadas (Montero, 2014). En nuestro caso, interesa reconocer cómo aparecen las “voces” de otras luchas en el discurso de las asambleas riojanas.

Grado de cohesión o equivalencia entre esas heterogeneidades: una experiencia de solidaridad debe poder mostrar a nivel discursivo su heterogeneidad con otras luchas: elaborar y mostrar en el discurso un conocimiento de demandas de otras luchas, de sus modos de enunciación, e integrar formas y contenidos en una propuesta de carácter pretendidamente universalizante. Esta heterogeneidad puede presentarse, según Balsa (2011), con más o menos nivel de cohesión, y para ello las operaciones retoricas son centrales. Balsa propone identificar cinco tipos: 1) el establecimiento explícito y directo de equivalencias (algo es equivalente a otra cosa); 2) el uso de figuras retóricas como la sinécdoque, la metonimia y la catacresis; 3) la introducción de relaciones equivalenciales por enumeración (con comas se pueden establecer equivalencias a través de la “contaminación” recíproca entre términos, ya sea que se produzca cierta ambigüedad entre la aposición y la enumeración, o por mera co-presencia textual) o por implicaduras argumentales 4) el establecimiento de relaciones por mera contigüidad sintagmática, lo que es muy útil para decir algo sin tener que afirmar cosas imposibles de argumentar; 5) la vinculación en forma sintagmática de dos significantes a través de la actualización de determinados “lugares comunes” (los topoi)

Por último, mención especial merece una herramienta del análisis argumentativo, la negación metalingüística. La identificación de esta operación en el discurso nos permitió reconocer los cambios y desplazamientos en los enunciados, de las dimensiones analíticas de la experiencia de clase.

En base a la clasificación de Ducrot (1988), García Negroni distingue tres tipos de negación: la descriptiva, la polémica y la metalingüística. La primera consiste en la descripción de un estado de cosas, y se puede parafrasear por un enunciado positivo. La negación polémica, por su parte, permite oponer los puntos de vista de dos enunciadores puestos en escena por el locutor, quien se identifica con uno de ellos (el punto de vista negativo), sin por ello descalificar o refutar al positivo. Esta negación tiene una lectura o una interpretación descendente (“menos que”). La negación metalingüística, por último, tiene la propiedad de anular y refutar la palabra efectivamente pronunciada por otro locutor (o por el mismo locutor en un momento previo):

“Lo que caracteriza esta negación es su capacidad para cuestionar y rechazar el marco discursivo impuesto por un discurso anterior para así situarse en un marco diferente del rechazado. Y ello ya sea que se trate de su empleo metalingüístico propiamente dicho (es decir, de aquellos casos en los que la negación cuestiona el empleo de un término o de un grupo de palabras del interlocutor en virtud de una regla sintáctica, morfológica, social, etc. que es puesta en evidencia por el enunciado posterior que introduce la rectificación), ya sea que se trate de su empleo metadiscursivo, en el que la negación descalifica la representación surgida de un discurso efectivo del interlocutor en una intervención previa, o de un discurso evocado dialógicamente en la propia enunciación negativa descalificadora.” (García Negroni, 2009, p.11)

Esta negación es la que más interesa a nuestro análisis ya sea que adquiera una interpretación o lectura contrastiva (“contrario a”)[19], distintiva (“diferente de”)[20] o ascendente (“más qué”)[21] respecto del punto de vista negado. La presencia de este dispositivo enunciativo es lo que permite reconocer en la superficie discursiva, entonces, los desplazamientos en las cuatro dimensiones de la experiencia de clase.

Hasta aquí, resumiendo, hemos descripto en la primera parte del capítulo, las claves teóricas que estructuran nuestro concepto de clase; en la segunda parte, las dimensiones analíticas que se desprenden de esa definición, anclada en el concepto de experiencia de clase; y en la última parte del capítulo, los fundamentos epistemológicos de un abordaje discursivo de la experiencia de clase y las específicas técnicas de producción/recolección y análisis de datos que utilizamos en esta investigación. Los siguientes 3 tres capítulos presentan, cada uno, una específica modulación de las dimensiones de la experiencia de clase de las asambleas riojanas.


  1.  En las fronteras críticas del marxismo, Bajtin elaboró una de las propuestas más sistemáticas sobre el estudio del lenguaje y su centralidad en el mundo social. En su aporte para pensar el lenguaje desde una perspectiva “viva”, explica que “no hay posibilidad de llegar al hombre y a su vida (su trabajo, su lucha, etc.) sino a través de los textos sígnicos creados o por crear” (Bajtin 2008, p.302). Lejos de ser un sistema autónomo y a-histórico de signos (tal cual había sido pensado por el estructuralismo), el lenguaje no puede ser despojado de sus transformaciones históricas, de sus relaciones con las instituciones, de sus sonidos concretos y de su ejecución situada. Todos los discursos son producidos, transmitidos y recibidos en contextos y relaciones específicas, y no son plenamente interpretables sin la incorporación integral del análisis de tales contextos y relaciones. En esta línea, lo que interesa es reconocer la manera en que el lenguaje es usado en la vida social cotidiana, a “las condiciones concretas de la vida de los textos, sus interrelaciones e interacciones” (Bajtin, 2008, p.302) y a los efectos que ello produce sobre la significación social.
  2. Su proceso de configuración y condiciones de posibilidad: así-y-no-de-otro-modo, dirá Foucault.
  3.  Apuntando la intensa discusión sobre la unicidad y soberanía del sujeto hablante sobre su propio discurso, Aguilar et.al. (2014) advierten que este tipo de perspectivas se ubican a contrapelo de una concepción liberal de la “creación verbal” presente no sólo en los primeros enfoques enunciativos –en donde el sujeto hablante se ubica como “dueño” de su decir, demiurgo de “su” discurso–, sino también en la fórmula del principio cartesiano de las perspectivas pragmáticas anglosajonas: “pienso, luego hablo”. En Bajtin, por su parte, es el concepto de “géneros discursivos” (2008) el que explica que todo lo que un sujeto dice se adscribe de alguna manera a una instancia genérica del decir.
  4.  Explica García Rodríguez que el sujeto no cambia desde ninguna potestad subjetivista centrada a-históricamente en sí misma, sino que, por el contrario, la forma subjetiva que se manifiesta en la superficie discursiva cambia junto con el mundo social. Pero lo hace no a la manera del reflejo isomórfico en el espejo (ni siquiera a la manera de la sombra de un cuerpo que se proyecta a contraluz sobre la pared), sino a la manera del desfasaje creativo; de la articulación imprevisible; del entrelazamiento vocal y polifónico (que de algún modo encuentra en sus fugas y diferencias, precisamente, cierta conjunción o sentido unitario) (García Rodríguez, 2016, p.160).
  5.  En contraste, la particularidad del lente político no viene dado –a priori– por el foco en discursos emitidos dentro de algún tipo de campo o zona de producción discursiva reconocida como “política” (por ejemplo, discursos de líderes políticos o del campo de la política institucional). Tal posición implica la activación de un fuerte supuesto que delimite una zona social de invariancia y un nivel de análisis propiamente “político”: una determinada definición del área “política” de la vida social, y de los sujetos que por ella circulan; y, por ende, otra(s) que no lo sería(n).
  6.  Como dice Vasilachis, esta elección apunta a garantizar “la mayor rigurosidad y sistematicidad en la producción de conocimiento social, ubicando el acento en la profundización y el conocimiento global del caso y no en la generalización de los resultados por encima de este”. (Vasilachis de Gialdino, 2006, p.213).
  7. El trabajo sistemático de análisis sobre comunicados es relativamente escaso en los antecedentes de estudio de las asambleas. El estudio de Cerutti (2017) sobre las asambleas de San Juan, Catamarca y La Rioja es el antecedente más directo. Luego, existen otros trabajos que reivindican la pertinencia del trabajo con comunicados públicos de organizaciones. Por ejemplo, el trabajo de Carrasco (Carrasco Muñoz, 2000, 2002) los utiliza y los define como el conjunto de textos verbales escritos que las organizaciones envían en forma irregular y constante a la sociedad mayoritaria y a sus autoridades con el fin de plantear y replantear sus problemas, exponer y exigir sus derechos y poner en juego las diversas manifestaciones de su identidad mediante formas discursivas variadas.
  8.  La polémica se muestra, especialmente, en una variedad de formas de estrategias de descortesía que pueden ser más o menos atenuadas, pero que aun cuando el locutor se muestre cortés, ello pone en evidencia una forma irónica y atenuada de ataque a la imagen de su contradestinatario.
  9. Entre esas convenciones, utilizamos: 
    Las intervenciones de la entrevistadora se señalan al inicio con la sigla “ER”; las de los y las entrevistadas se señalan con la sigla “EO”. Las pausas del discurso oral fueron marcadas con comas (,) o punto y coma (;). Utilizamos signos de interrogación y de admiración en las expresiones correspondientes. Las comillas simples (‘ ‘) indican las citas en discurso referido directo que la/el enunciador reproduce en la enunciación en la entrevista. Cuando la/el enunciador prolonga un sonido mientras planea su discurso subsiguiente, marcamos ese sonido continuado con tres puntos suspensivos. El uso de MAYÚSCULAS advierte que el tono de voz del entrevistado/a se eleva por sobre el que estaba usando. Los puntos suspensivos encerrados en paréntesis (…) indican una interrupción en el discurso Las interrupciones del relato por el propio entrevistado o por parte de otras personas se indica con un guion medio entre paréntesis: (-). No se corrigió en la transcripción ningún ajuste sintáctico o gramático. Cuando los fragmentos de entrevistas fueron recortados para ser presentados como parte de los capítulos analíticos de este trabajo, tal recorte se indica con “[…]”. Los fragmentos de entrevistas que aquí se publican han reemplazado por XXX los nombres propios de integrantes de estas asambleas, cuando aparecen nombrados, en pos de proteger su real identidad.
  10.  Siguiendo a Penalva Verdu et al. (2015), podemos afirmar que se trata de una forma de entrevista que transita entre una forma “estandarizada abierta no programada” y una forma “no estandarizada”. Por un lado, se busca observar la uniformidad/variaciones en los significados. Pero ello no implica una secuencia única de preguntas para todos los entrevistados: éstos reciben interrogantes semejantes en base a una guía temática, pero se privilegia que las preguntas o intervenciones sean formuladas en términos familiares al entrevistado o entrevistada, a su situación contextual, convencional y personal.
  11.  La Teoría fundamentada tiene como rasgos distintivos: 1) se genera y emerge del campo; 2) se desarrolla inductivamente; 3) se lleva a cabo sobre un área sustantiva (marginación, delincuencia, consumo, salud pública). De esta manera las proposiciones teóricas no se postulan completamente al principio; las generalizaciones surgen de los datos y las teorías se construyen a partir de las informaciones sobre interacciones y procesos sociales que se dan entre personas (Marques Carriço Ferreira y Pereira Mattos Felizola, 2012; Penalva Verdu et al., 2015; Valles, 2001). Dice Valles (2001) que la teoría fundamentada puede considerarse una especie de “relevo generacional” que no rompió completamente, mas si incorporó ciertos procedimientos y supuestos de la tradición sociológica de la denominada Escuela de Chicago, representada por la descripción e interpretación etnográfica y la inducción analítica.
  12. El Método de Comparación Constante (MCC), sistematizado por Glaser y Strauss, alude al ejercicio de cotejo, confrontación entre casos, discursos, incidentes, objetos, etc. con la finalidad de conceptualizar. Al descubrir una “categoría” se ha de observar en qué circunstancias varía y en cuáles no. Dice Valles (2001) que el MCC se caracteriza por encauzar el análisis a la saturación de la información (condiciones, consecuencias, procesos…) y no a la consecución de certezas universales, ni a la prueba de causas.
  13.  Este estudio utilizó el programa Atlas.ti. Este programa no fue planteado para automatizar el proceso de análisis o suplir la presencia del analista, sino más bien para agilizar y aumentar la exhaustividad de muchas de las actividades implicadas en tal proceso, especialmente cuando el volumen de información con el que se trabaja es extenso (como es nuestro caso). Aun así, resulta también evidente que el modo en que el programa permite la identificación de categorías y de sus relaciones deja lugar a la actuación de los objetivos de la investigación y de los supuestos ontológicos, epistemológicos, teóricos y metodológicos del analista. Como explica Ciuffolini (2010), el meta-texto analítico generado no es resultado sólo de la voz de los datos. Esta flexibilidad propia del análisis cualitativo, se refleja en el programa en dos aspectos importantes. En primer lugar, si bien la creación de categorías exige pertinencia, exhaustividad y homogeneidad, no necesariamente deben ser totalmente excluyentes: un fenómeno puede ser analizado haciendo hincapié en aspectos diferentes, que aun así tienen puntos en común. El cruce de categorías o su solapamiento no es un impedimento para el análisis cualitativo, aun cuando sirva para relacionar los conceptos o incluso redefinirlos. En esta última cuestión se basa el segundo aspecto de la flexibilidad del análisis, esto es, la posibilidad y la necesidad del analista de un continuo ir y venir entre la fase textual y la fase conceptual del análisis, que importa una redefinición dinámica del contenido de los códigos y de sus relaciones, en tanto que la actividad de interpretación se va enriqueciendo y complejizando.
  14. Muchos de las palabras claves que representan un código inicial fueron tomadas del lenguaje mismo de los actores, en tanto esas expresiones resultan “palabras operativas” (Ciuffolini, 2011), es decir, vocablos que constituyen un modo del decir de los y las entrevistadas que está cargado de sentido, que expresa una visión particular de sentir la realidad; son categorías de pensamiento cotidiano, a menudo algo imprecisas y poco formalizadas, que cumplen acabadamente la función de hacer inteligible para los sujetos la realidad y su situación en ella.
  15.  Amplían este aspecto Oxman (1998).
  16.  Rennes (2016) analiza la potencia del análisis de topoi para el caso de las “demandas” u “objetivos” de actores en conflicto. En estudios propios hemos trabajado el uso de algunos de “argumentos comunes” de las luchas ambientales, aunque no en clave de topoi (Ciuffolini y de la Vega, 2008; de la Vega, 2010).
  17.  Entender sus efectos de sentido requiere reconocerles tres principios de funcionamiento: 1) un principio de universalidad, pues integran un sentido que se supone compartido y aceptado por una comunidad lingüística más o menos vasta y constituida mínimamente por locutor y alocutario; 2) un principio de generalidad, pues sus sentidos se presentan como principios válidos no únicamente en la situación particular en la que se lo aplica, sino en un sinfín de situaciones análogas a ella; por último, 3) un principio de gradualidad, la relación que proponen puede aplicarse con mayor o menor fuerza (García Negroni, 2016b).
  18. Authier delimita este concepto luego de establecer la heterogeneidad constitutiva, que alude a la necesaria vinculación del discurso con su afuera, con una dimensión de otredad que le es inherente. A su vez, sostiene que las formas lingüísticas de heterogeneidad mostradas representan modos diversos de negociación del sujeto hablante con la heterogeneidad constitutiva de su discurso. (Montero, 2014).
  19.  En este caso, el espacio que será declarado por el hablante como el adecuado para la aprehensión argumentativa de la situación será el definido por el marco antonímico.
  20.  En este caso, el espacio que será declarado como el adecuado para la aprehensión argumentativa de la situación será simplemente otro, distinto.
  21.  En este caso, la negación declarará situarse en el marco extremo o extraordinario, distinto, por lo tanto, del ordinario o banal que ha sido descalificado.


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