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Agradecimientos

Este libro presenta los resultados de la tesis elaborada para obtener el título de Doctora en Ciencias Sociales, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. La tesis fue defendida en 2018, año del centenario de la Reforma universitaria del 1918. Por ello, resulta paradójico y no menos grave el contexto de ajuste, desfinanciación y desestima a la educación pública, en general, y a la investigación en ciencias sociales, en particular, en esa particular coyuntura. Aun ahora, en el año 2020, la situación está lejos de ser revertida en un contexto por demás crítico a causa de la crisis sanitaria, económica y social que vino a hacernos más visible la pandemia del COVID 19. 

Justamente por eso, no puedo dejar de dar testimonio, en primer lugar, que este trabajo de investigación no hubiese sido posible sin el aporte de fondos públicos durante 8 años consecutivos orientados a mi formación de posgrado: como estudiante de posgrado de la Universidad de Buenos Aires (UBA); como becaria doctoral y, luego, posdoctoral, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET); y, previamente, como becaria de maestría de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y como estudiante de posgrado de esta última universidad. En un momento clave y urgente para reivindicar la educación como un derecho y como bien común, esta tesis estuvo y sigue estando dedicada a quienes creen, defienden y trabajan –ayer, hoy y mañana– para librar un conocimiento público, crítico y dispuesto siempre a medirse sin orgullo –incluso hasta destruirse– ante las realidades más graves e injustas del pueblo argentino y latinoamericano. 

Por si fuera poco, esta tesis se construyó en el diálogo directo con dos experiencias de intercambio en las hermanas tierras mexicanas, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en 2014, y en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), en 2017. En ambas oportunidades, y con la solidaridad y la convicción de que el conocimiento no resiste la imposición de ningún tipo de frontera, fueron fondos públicos mexicanos los que posibilitaron mi traslado y manutención durante los meses de mi estadía. Ana Paulina Gutiérrez, colega y amiga, gracias por recibirme con brazos y corazón abiertos en mi último paso. A las ciudadanas y ciudadanos mexicanos, a quienes crucé en charlas, manifestaciones, asambleas o comunidades tierra adentro; a sus luchadoras y luchadores que tanto tienen para enseñarnos sobre victorias arrancadas con bravura; gracias en mil y una vez.

A las asambleas de La Rioja, a quienes las integran actualmente y a quienes ya no están, o siguieron otros caminos del hacer político. Mi más sincero respeto y admiración por su lucha; mi agradecimiento humilde por recibirme y confiar en este empecinado atrevimiento de hablar sobre una lucha de la que no participo, sobre la cual intento ser lo más cautelosa; y, sobre todo, a la cual admiro por reabrir y mostrarme las venas abiertas por donde sangró y aun sangra nuestra tierra riojana. A ustedes, amigas y amigos, compañeras y compañeros, todo este esfuerzo de escritura y texto, que seguro es poco o demasiado largo para servir a las urgencias de la acción; espero sea al menos alentador para el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón.

A mis compañeras y compañeros del Colectivo de Investigación “El llano en llamas”, con quienes comparto el pensar, el re-pensar de todos los días, y la incómoda pero necesaria búsqueda de cauces al hacer político de la investigación. Especialmente, a Alejandra Ciuffolini, profesora, directora de tesis, de beca, compañera-faro-y-brújula de viajes extravagantes por el calloso sendero del pensamiento y la teoría. Gracias muchas, muchas gracias. A Nicolás Godoy y a Laura Alazraki, por la paciente corrección del estilo y redacción del texto original y de esta versión publicada; a Paula Reinoso y a Gerardo Avalle, por su tiempo entregado generosamente a las lecturas y comentarios de los capítulos. A Fidel, Mercedes y Facundo por las horas cambiadas, por aceptar la posta y regalarme tiempo, gracias. También, a las colegas docentes e investigadores de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, con quienes compartimos espacios de debate sobre resultados parciales; y por supuesto, a aquellas y aquellos estudiantes cuyas indagaciones permanentes, insolentes y lúdicas, no han hecho otra cosa que estimular siempre la necesidad de precisar ideas, conceptos o análisis. 

A mi familia que acompaña cada una de mis decisiones sobre esta carrera y esta vocación, aun sin saber bien en qué y para qué. A mi má, Liliana, cuya mano y cuya voz calmaron muchas de las ansiedades e inseguridades de la escritura de este trabajo; a mi hermano Francisco y mi hermana María, siempre dispuestos a reírse de esta monstruosidad intelectualoide de más de 300 páginas; a mis abuelas que me recuerdan la entrega profunda de la docencia formal e informal; a mi tía Susana y mis tíos Juan Carlos y Andrés, que son la mesa puesta que espera cualquier regreso al mundo. A mis amores del más aquí: mi pá, que no sé cuánto habrá imaginado estos rumbos por los que navego; a mi tía Mariela, que aplaudió cada página adicional del capítulo 2, y con quien transité mis últimas páginas de un no menos difícil e interminable capítulo 3; y a mi Nono que, junto a ellos, seguro celebraría esta osadía.

A mis compañeras y compañeros de militancia, que, desde el compromiso por parir otros mundos, me enseñan que la dignidad no se negocia y, sobre todo, que la paciencia tiene que ser grande y viscosa, para no perder nunca la ternura mientras nos esperamos (porque estos últimos meses de escritura, fueron ellas y ellos los que me esperaron sin egoísmos ni reclamos). Que lo aquí escrito sirva para hacer estallar la bomba de tiempo y cepillar la historia a contrapelo.

A mis amigas y amigos que saben y me confirmaron todos los días que el abrazo, la presencia, el beso, las empanadas y el vino, son los condimentos indispensables de cualquier vida, antes o después de cualquier tesis: a mis “comandantes de la música”, y mis “lazares de la danza”, gracias por recargarme de luz; a mis “pequeños hombrecillos”, por el hogar cálido y seguro en la ciudad de pobres corazones; a Ramiro por la versatilidad del idioma de la locura, y a Luis por no juzgarla jamás.

Por último, en esta versión publicada, los comentarios y devoluciones de los miembros del tribunal evaluador fueron gratamente iluminadores para continuar con la línea de estudio, para unir reflexiones comunes y para seguir creando una investigación políticamente dispuesta y disponible.

Gracias…

Y la historia de la alegría no será privativa, sino de toda la pendencia de la tierra y su aire, su espalda y su perfil, su tos y su risa. Ya no soy de aquí; apenas me siento una memoria de paso.

Paco Urondo, Poema Póstumo.



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