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Consideraciones sobre el estilo de escritura

A continuación, ofrezco a las y los lectores algunas pautas de estilo propias de la escritura de esta texto; éstas, respetando algunas pautas generales de estilo y formato de la editorial, dan color personal a la escritura, pero también traducen ciertos posicionamientos ético-políticos.

En general, privilegio el uso de la primera persona del plural, el nosotros, que bien podría ser también un nosotras, reconociendo un registro colectivo de la producción de los datos, de los análisis e, inclusive, de la escritura. Pero por sobre todo, del pensamiento y del pensamiento político y crítico. Y no nos referimos solamente a colegas investigadores e investigadoras, sino también a los intercambios mantenidos de manera directa con compañeros y compañeras de lucha y militancia; o bien a los intercambios que se producen en el estudio, el debate y la conversación imaginaria con las autoras y autores de la bibliografía citada.

Cada capítulo está dividido en apartados, en subapartados y, en su interior, en secciones y en subsecciones; ello sigue un criterio de mayor a menor generalidad y orienta al lector o lectora a situarse en los grandes ejes del análisis o en sus específicas consideraciones. 

Privilegiamos el uso de cursivas para resaltar conceptos teóricos que, en menor o mayor nivel de abstracción, son estructurantes del análisis o son categorías conceptuales construidas a partir de los resultados empíricos.

Preferimos las comillas (“ ) para resaltar, en el cuerpo del texto, los términos o expresiones del discurso de las asambleas, ya en comunicados, ya en las entrevistas realizadas. En general, son expresiones de las y los hablantes de las cuales nos apropiamos porque creemos que brindan una referencia central y, al mismo tiempo, aglutinadora de diversas explicaciones o interpretaciones.

En los fragmentos de comunicados o entrevistas que transcribimos e incorporamos en los capítulos, resaltamos en negrita aquellas palabras, construcciones sintácticas o semánticas que dan cuenta del aspecto analizado en cada subapartado, sección o subsección. Además, utilizamos tres puntos encerrados en corchetes […] cuando el fragmento ha sido recortado. Por último, utilizamos tres X mayúsculas seguidas (XXX) para reemplazar los nombres propios que aparecen en los extractos seleccionados. Hacemos ello en virtud de los contratos de confidencialidad realizados con las personas entrevistadas, pero también, tal como lo orienta nuestro posicionamiento epistémico y teórico sobre el discurso, porque, no importa tanto el hablante empírico, sino el enunciador que se presenta y se define en su propia enunciación. No aplicamos esta notación para el caso de nombres de funcionarios públicos, electos o designados.

El uso de femenino y masculino, o las derivaciones de género, son alternadas en el texto construido; y, a veces, se incluyen ambas derivaciones. Cuando las conjugaciones feminizadas o masculinizadas aparecen bajo solo una de estas modulaciones, ello responde a la opción por privilegiar la agilidad de la lectura de un texto que, en su género, ya tiene una altísima complejidad por sí mismo. En cualquiera de los casos, ninguna palabra o conjunto de palabras pasibles de ser moduladas en términos de género/sexo se ha escrito sin pensar que se escriben como marcas (in)delebles de una conflictividad inherente, compleja y urgentemente visibilizada en nuestros tiempos. Bajo ninguna circunstancia negamos o invisibilizamos ni la importante composición de mujeres que protagonizan las luchas de las que hablamos y hacia las que hablamos; ni aquellas mujeres que escriben gran parte de la literatura especializada que es base de nuestro trabajo; y mucho menos, el hecho de que, quien escribe y posiciona en esta tesis, es mujer. Por último, con esta forma de redacción, de ninguna manera pretendemos abonar el binarismo de género, pues sabemos que los géneros son “muchos más que dos”, como nos han enseñado las diversidades y/o disidencias sexogenéricas.

Presentar resultados de investigación, procurando que ello conserve la sistematicidad y rigurosidad con el que fueron construidos, exige una escritura académica que, en general, tiende a prescindir de recursos retóricos, literarios y, a veces, hasta de “apreciaciones personales” de su autora o autor. No obstante, me atrevo a tomarme la licencia de incluir, al inicio de muchas secciones y subsecciones, voces otras que, en la sencillez, contundencia y beldad de la expresión poética, pretenden remitir y abrir a la lectora o el lector, una idea o sentido-fuerte del análisis; pero más aún, un sentido-fuerte de la lucha misma y del contacto que cualquiera que lea o hable de ella no puede dejar de provocar y provocar-se.



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