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Dinámica local de una conflictividad a escala nacional

El accionar contencioso del movimiento estudiantil santafesino durante el agitado 69

Natalia Vega

La intervención dispuesta por la autoproclamada “Revolución argentina” a las universidades nacionales, con la consecuente supresión de la autonomía y el cogobierno, fue el disparador de un ciclo de protesta estudiantil a escala nacional que se prolongó en el tiempo y que fue creciendo en extensión y radicalidad. En el escenario santafesino ese ciclo puede ser dividido en dos períodos: uno inicial y fluctuante, entre agosto de 1966 y diciembre de 1967, en el cual el estudiantado universitario local era el único actor involucrado; y un segundo, que se inició en 1968, alcanzó su clímax en 1969 y se prolongó hasta los primeros años de la década siguiente, y cuyos rasgos más destacados son la extensión de la protesta a otros actores colectivos –en particular, a los sectores del movimiento obrero enrolados en la regional Santa Fe de la Confederación General de los Trabajadores de los Argentinos (CGTA) y los grupos más radicalizados del cristianismo postconciliar local– y un sostenido incremento del desafío que habilitó la emergencia y el rápido pasaje a la acción de células y grupos revolucionarios que se configuraron tempranamente en la ciudad[1].

Atendiendo a ese marco más amplio, el presente trabajo da cuenta de la dinámica local de la conflictividad durante 1969, año que marcó el clímax de la movilización estudiantil santafesina en todo el ciclo de protesta, y que, a partir de las grandes rebeliones populares, se configuró a escala nacional en el momento del inicio de la descomposición del régimen, así como también de la emergencia de nuevas formas de confrontación política, entre ellas, la lucha armada revolucionaria. Específicamente, aborda el accionar contencioso del movimiento estudiantil de la ciudad de Santa Fe en ese contexto de intensa movilización; y lo hace atendiendo a las preocupaciones y reclamos, al repertorio de acción, así como también a los vínculos y alianzas que ese movimiento construyó con otros actores colectivos y que le permitieron sostener e incrementar su radicalizada resistencia a la dictadura. El trabajo finaliza con un breve abordaje comparativo que permite la ponderación de la importancia de ese año dentro del conjunto del ciclo de protesta estudiantil durante el Onganiato.

Entre el reclamo gremial y la confrontación política abierta. El accionar estudiantil en los primeros meses del año

La actividad del movimiento estudiantil santafesino comenzó tempranamente en 1969 y lo hizo en función de cuestiones extrauniversitarias; en los últimos días de enero, dos agrupaciones –el Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas y el Movimiento de Orientación Reformista (MOR)– emitieron comunicados de repudio frente a la detención de obreros y estudiantes que se dirigían en caravana hacia Villa Ocampo, en el norte provincial, para participar de una jornada de solidaridad con los trabajadores y habitantes de esa localidad[2].

A fines de febrero, los estudiantes de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) se comenzaban a reunir para discutir propuestas en el marco del proceso de reformas que habían logrado instalar, tras su movilización del año anterior, en esa casa de altos estudios. Por su parte, y desde el primer día de marzo, en las dos universidades públicas santafesinas –la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y la Facultad Regional Santa Fe de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN)– se desarrollaron diversas intervenciones por parte del estudiantado en reclamo de cuestiones estrictamente gremiales vinculadas a problemas relativos al ingreso universitario[3]. Se sucedieron comunicados de distintas agrupaciones y entidades estudiantiles, asambleas, petitorios y reuniones con las autoridades. En la Facultad de Ingeniería Química (FIQ), fue ese tema el que disparó los primeros conflictos: cuando los alumnos del curso preuniversitario[4] se concentraron frente al decanato para exigir una respuesta al petitorio entregado días antes, se produjeron incidentes en los que tomó intervención la policía federal. En repudio a ello, una asamblea decidió la realización de un paro estudiantil de 24 horas; sería el primero del año. Cabe mencionar que el saldo de esta primera situación conflictiva fue de dos alumnos de la facultad sancionados. Los problemas del ingreso y las tempranas sanciones que los primeros reclamos al respecto suscitaron fueron el tema prioritario de una asamblea del Intercentros de Santa Fe-Paraná –entidad que agrupaba a todos los centros de estudiantes de la UNL de las sedes santafesinas y paranaenses y al de la Facultad Regional Santa Fe de la UTN–; en esta se decidió encarar una semana de lucha por diversas reivindicaciones, que incluían varias cuestiones relativas al ingreso, pero también otras que trascendían lo estrictamente universitario.

En abril, cuando los problemas del ingreso todavía lo seguían ocupando, y preocupando, el estudiantado santafesino se volvía a embarcar, ahora más activamente, en nuevas acciones de solidaridad con los trabajadores y pobladores del norte provincial que estaban organizando una gran “marcha del hambre” hacia la ciudad capital. Emitió comunicados convocando a ella y, además, participó de las acciones de apoyo que se desarrollaron en Santa Fe. El día 11 de abril por la tarde, cuando ya la marcha había sido dispersada y reprimida en Villa Ocampo, en la zona céntrica santafesina se realizó un acto en apoyo a los trabajadores del norte provincial, el único orador fue el sacerdote tercermundista José Serra. Durante su desarrollo se repartieron volantes del Partido Comunista, de la Federación Juvenil Comunista y de la Unión Cívica Radical del Pueblo, y, si bien se realizó en medio de una nutrida presencia policial, no se produjeron incidentes, ni hubo detenciones. En cambio, otra manifestación fue dispersada en la zona norte de la ciudad y un joven participante de ella fue apresado y brutalmente golpeado.

El estudiantado reiteraba así, en estos primeros meses de 1969, la opción encarada el año anterior de mantener dos frentes de confrontación con el gobierno dictatorial: uno en el interior de la propia institución universitaria, resistiendo la institucionalización de la refundación autoritaria y las medidas “limitacionistas” que emanaban de ella, y otro que lo lanzaba fuera de las casas de estudio y lo involucraba en una lucha abierta, en las calles, contra la dictadura y la política por ella impuesta y en el cual articulaba su accionar con otros actores sociales y políticos.

Indignación, solidaridad y movilización: el mayo santafesino

Mayo fue el mes de mayor movilización estudiantil del año y en el que la confrontación con las fuerzas del orden alcanzó su nivel más elevado. El mismo 1.º del mes se intentaron desarrollar dos “actos relámpagos” por el Día del Trabajador. Uno en la Plaza de las Banderas, que contó con la participación de referentes gremiales de la CGTA y de un sacerdote –al que intentaron detener fuerzas policiales, aunque luego desistieron– y que fue prontamente dispersado sin mayores incidentes, y otro a unas doce cuadras de allí, una hora después, que fue también rápidamente disuelto sin que tampoco se produjeran detenciones. El diario local mencionaba la posibilidad de que estos últimos manifestantes hubieran sido estudiantes[5]. Luego de estos actos, el resto de las acciones encaradas por el estudiantado santafesino durante este agitado mes fueron en solidaridad con sus compañeros de Corrientes, Rosario y Córdoba y en repudio a las brutales represiones de que fueron objeto las insurrecciones populares que se sucedieron en esas ciudades. Las primeras acciones se dieron en relación con los conflictos que en torno a la privatización del comedor se sucedían en Corrientes.

El día 13 el Centro de Estudiantes de Ingeniería Química (CEIQ) publicaba un comunicado en el que denunciaba el uso de armas de fuego por parte de las fuerzas de seguridad y la existencia de un estudiante herido de gravedad en aquella ciudad del nordeste. El 16, conocida la muerte de Juan José Cabral a manos de la policía, se sucedieron las protestas entre el estudiantado santafesino: por la mañana tanto en la FIQ como en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (FCJS) se improvisaron actos, y en la última además se solicitó la suspensión de actividades por 48 horas en señal de duelo, incluidos los exámenes que se estaban tomando. En la Escuela Industrial Superior se llevó adelante una asamblea de alumnos. Al mediodía los estudiantes se concentraron en el comedor universitario, donde realizaron el acto central en homenaje al compañero asesinado. Por la noche se desarrolló un “acto relámpago”, y, aunque se generaron corridas ante la llegada de la policía, no se produjeron incidentes. Ese día tanto el MOR como el Integralismo publicaron comunicados de repudio.

El 18 de mayo se conocía la muerte, en Rosario, del estudiante Adolfo Bello cuando participaba de las manifestaciones de protesta por la represión a los compañeros correntinos. Ese mismo día tanto la Federación Universitaria Argentina (FUA) como la Federación Universitaria del Litoral (FUL) publicaban comunicados en los que cuestionaron lo sucedido, y una Coordinadora Estudiantil de Derecho convocaba a los cuerpos de profesores, los colegios profesionales y las organizaciones obreras y políticas a pronunciarse frente a los crímenes cometidos contra el estudiantado y a enfrentarse con la dictadura. Por la noche estallaron bombas panfletarias en la terminal de colectivos y en un cine durante una proyección; una tercera, colocada bajo un camión, no estalló. Por otra parte, las clases fueron suspendidas por 3 días en todas las universidades santafesinas, tanto las públicas como la privada. Se sucedieron comunicados y asambleas. El 19 se realizó una misa en homenaje a los estudiantes asesinados, luego de la cual una nutrida columna compuesta de alrededor de 2 500 personas marchó en manifestación por la zona céntrica hasta la Plaza de Mayo, portando antorchas y entonando cánticos. La marcha se detuvo unos minutos para escuchar al secretario general local de la CGTA, Francisco Yacunissi, y después continuó sin que se produjeran incidentes; una vez en la plaza, se realizó un breve acto y luego los jóvenes se desconcentraron, siguiendo algunos pequeños grupos en movilización, por la zona céntrica.

Manifestación en repudio a los asesinatos sucedidos en el marco del “Primer Rosariazo”, Santa Fe, 19 de mayo de 1969. El Litoral (20 de mayo de 1969).

El 20, mientras las universidades estaban cerradas por decisión de las autoridades, los alumnos de varios establecimientos de enseñanza media tomaron la iniciativa y realizaron paros estudiantiles[6]; en varios casos, el ausentismo fue tal que obligó a levantar las clases. Por la tarde en la FCJS se llevó a cabo una asamblea general de estudiantes convocada por la Interagrupaciones Universitarias de Santa Fe y a la que asistieron diversas organizaciones y estudiantes tanto de la UNL como de la UCSF. Ese mismo día la CGTA realizó un acto en protesta por la represión del estudiantado y en él hicieron uso de la palabra oradores obreros y estudiantiles; finalizado este, una columna de estudiantes partió en movilización hasta el comedor universitario, localizado a pocas cuadras de la sede sindical donde se desarrolló el mitin.

El 21 de mayo, los estudiantes de las escuelas secundarias nuevamente se ausentaron de los establecimientos y, además, marcharon durante gran parte de la mañana transitando por distintos puntos de la ciudad, siendo sucesivamente desconcentrados por las fuerzas policiales[7]. Al mediodía la policía dispersó una manifestación de unos 40 estudiantes que marchaba por la Ruta Nacional n.º 11, encabezada por los curas párrocos de las localidades vecinas de Recreo y Llambi Campbell. Por la tarde, convocado por estudiantes universitarios, se realizó un acto en el cementerio municipal, cuyos oradores fueron el secretario general de la CGTA local y un estudiante de Derecho; los 1 500 asistentes luego iniciaron una movilización que fue disuelta por las fuerzas de seguridad sin que se produjeran incidentes; se reagruparon más tarde frente al edificio de la FCJS. Allí se dirigieron, a su vez, otros estudiantes que se habían concentrado para realizar “actos relámpagos” en distintos puntos de la ciudad[8]. Cuando los asistentes al acto de la FCJS se estaban desconcentrando, dos columnas de manifestantes ingresaron a la zona, lo que inició una nueva movilización que culminó en fuertes enfrentamientos con la policía: los estudiantes arrojaron proyectiles y bombas de estruendo y cruzaron autos en la calle a modo de barricada; fueron reprimidos con gases lacrimógenos y agua coloreada. Pequeños grupos continuaron la marcha y se reagruparon en distintos puntos de la zona céntrica durante la noche, y varios estudiantes fueron detenidos, los cuales recobrarían la libertad poco después. La jornada culminó con el allanamiento de una de las residencias del Colegio Mayor Universitario y la detención de todos los estudiantes allí alojados.

El 22 por la mañana nuevamente se sucedieron intentos de movilizaciones en las cercanías del rectorado de la UNL, la FIQ, y la zona céntrica, y unos 800 estudiantes secundarios pretendieron desarrollar un “acto relámpago”; todos los intentos fueron abortados por la policía. Cabe destacar que la inactividad en las escuelas medias públicas fue total y ahora la situación incluyó a los establecimientos de enseñanza técnica, Nicolás Avellaneda, Manuel Pizarro y Manuel Belgrano. En las primeras horas de la tarde, se intentó tomar el rectorado de la UNL, pero no se logró por la fuerte vigilancia policial en la zona. Luego, en diversos puntos de la ciudad, estudiantes se concentraron e iniciaron marchas que fueron interrumpidas sistemáticamente por las fuerzas de seguridad. En la zona céntrica, varios grupos procedentes de distintas direcciones lograron concentrarse y se enfrentaron abiertamente con la policía, la cual realizó numerosas detenciones[9]. En los días siguientes, hubo nuevos intentos de movilización que fueron dispersados sin mayores incidentes, a la vez que agrupaciones y entidades estudiantiles publicaron varios comunicados[10].

El 26 de mayo, los establecimientos educativos secundarios ya comenzaban a recobrar su ritmo normal, salvo dos escuelas técnicas en las que persistía el ausentismo; lo mismo sucedía en los ámbitos universitarios donde se dictaron clases normalmente. Aunque hay que aclarar que la tranquilidad no fue total: a la madrugada habían estallado bombas en los domicilios de los rectores de la UNL y de la UCSF. Dos días después, nuevamente la conflictividad agitaba las casas de estudio locales. Pero ahora en función de demandas propias del estudiantado. Un grupo de 500 estudiantes se dirigió al Rectorado de la Universidad Nacional del Litoral en busca de respuestas a un memorial presentado días antes[11], fueron atendidos por el rector, pero la respuesta no los satisfizo y decidieron tomar el edificio por un par de horas, manteniendo a las autoridades como rehenes para garantizar su seguridad. Llevaron a cabo una asamblea general en la que se dispuso la realización, para el día siguiente, de un paro de una hora en todas las unidades académicas, durante el cual se desarrollarían sentadas en la calle. Ese mismo día, en la Facultad de Ciencias de la Administración, los estudiantes realizaron un paro a partir de la tarde sin que se tuvieran noticias respecto a sus motivos.

El paro general dispuesto para el día 30 –que tuvo un muy alto acatamiento en la ciudad– y los sucesos de Córdoba volvieron a sacar a las calles al estudiantado santafesino, pero este ya no logró el nivel de masividad en las movilizaciones que había alcanzado en los días previos. A la tarde, en las cercanías de la Plaza Constituyente, donde estaba previsto el acto de la CGTA, se produjeron varios intentos de movilización. El primero fue en las cercanías de la UNL, donde 150 personas se congregaron y fueron dispersadas por la policía en medio de incidentes de escasas proporciones. Un segundo intento culminó con una nueva dispersión de los manifestantes y un móvil policial incendiado. Un tercer, y también fallido, intento de movilización culminó con otro patrullero incendiado, luego de lo cual ya no se produjeron más concentraciones y el acto organizado por la central obrera no pudo realizarse. Es importante señalar que el día antes, en numerosos procedimientos policiales, habían sido detenidos activistas sindicados como posibles organizadores de la jornada nacional de protesta en la ciudad[12]; a esas detenciones se les sumaron las de muchos de los participantes en las movilizaciones dispersadas. Gran parte de los arrestados fueron sometidos a la justicia militar, para lo cual el día 31 de mayo se constituyó en la ciudad un Consejo de Guerra[13].

Teniendo en cuenta estos acontecimientos, se puede sostener que también existió un “mayo santafesino”, en la medida en que, durante la segunda mitad del mes, se verificó, en un grado y con una resolución nunca antes vistos, la propensión a ocupar masiva y sistemáticamente las calles por parte no solo del estudiantado universitario, sino también del secundario y de un sector de los trabajadores de la ciudad, quienes en esas jornadas desafiaron abiertamente a las autoridades dictatoriales, se enfrentaron con las fuerzas de seguridad y fueron duramente reprimidos, con un saldo de lesionados, propiedades dañadas, arrestados y procesados muy significativo. Es aún materia de investigación el motivo por el cual en Santa Fe, a diferencia de otras ciudades –inclusive de la misma provincia, como es el caso de Rosario–, esa inédita escalada de la movilización y la protesta no desembocó en asesinatos de manifestantes a manos de las fuerzas de seguridad, o en una rebelión generalizada que desbordara todo control y vigilancia por parte de las autoridades.

Nuevos motivos y repertorios para el accionar estudiantil

Sin que se alcanzaran los niveles de movilización y confrontación, ni la masividad del desafío de las jornadas de mayo, junio fue también un mes muy convulsionado en el escenario santafesino. Tres cuestiones se presentaron como las más explosivas: la situación de los detenidos que eran sometidos a la competencia de la justicia militar, el arresto de varios integrantes de una organización político-militar revolucionaria que operaba en la ciudad, y la llegada al país de Nelson Rockefeller[14] –las repercusiones de las dos últimas continuaron hasta el mes de agosto–. Pero hay que destacar que, en los ámbitos universitarios, estas cuestiones se conjugaron con demandas estrictamente gremiales del estudiantado. Así, el mismo día que reabrían sus puertas las universidades, tras los cierres decretados por las autoridades por el clima reinante en el país y la ciudad, se sucedían asambleas y actos estudiantiles en los que se conjugaban reclamos de muy diferente naturaleza. En la FCJS, el estudiantado realizó una asamblea y decidió solicitar se reprogramaran las mesas examinadoras del mes de mayo para julio, lo cual hizo verbalmente al secretario de asuntos estudiantiles ese mismo día; y más tarde realizó un homenaje a los caídos y se colocaron los nombres de los estudiantes asesinados Cabral y Bello a dos aulas de la casa. Por la noche, la sede de la UCSF fue tomada por los alumnos, que denunciaron públicamente los consejos de guerra y decidieron realizar un paro de 24 horas en repudio de la situación.

En el Palacio de Tribunales, el día 3, se llevó a cabo un acto en el que se exigió que se disolviese el Consejo de Guerra; este contó con la presencia de gran cantidad de estudiantes. Y cabe destacar que durante él se advirtió una mayor visibilidad del estudiantado de la universidad privada: además de dos abogados del foro local, hizo uso de la palabra un representante de la Junta Coordinadora de Estudiantes de la Universidad Católica. Al día siguiente, en la UCSF se realizó una asamblea general que emitió una declaración de solidaridad con los compañeros estudiantes santafesinos y los dirigentes de la CGTA que sufrieron detenciones, así como también con el obispado de Recife por el asesinato de uno de sus miembros. Paralelamente a estos sucesos, continuaron las asambleas y acciones estudiantiles motivadas por cuestiones estrictamente gremiales[15].

El 11 de junio a la madrugada, se producía la detención de integrantes de una organización político-militar –entre ellos, dos estudiantes y un empleado no docente de la Facultad de Ingeniería Química– que operaba en la ciudad[16]. Tanto la Agrupación Integralista de la FCJS, como un grupo numeroso de estudiantes de la FIQ sacaron comunicados en los que exigían la pronta resolución de la situación de los dos compañeros detenidos y daban testimonio de la calidad humana de ellos. Pero fue la llegada de Rockefeller el acontecimiento que volvió a llenar las calles santafesinas de manifestantes e intensificó la confrontación con las fuerzas policiales. Aunque el polémico viajero solo estuvo en suelo argentino apenas unas 30 horas, su visita agitó el ambiente estudiantil durante 15 días[17]. Entre los días 17 y 27 de junio, los estudiantes se reunieron en asambleas en las distintas facultades para repudiar la visita del gobernador neoyorkino y organizar el plan de lucha; asambleas que culminaron en una ocasión en la toma de la FCJS, y en otras tres ocasiones, en manifestaciones por las calles adyacentes; también se concentraron frente a las sedes universitarias o en puntos prefijados de la ciudad en tres oportunidades, para hacer oír su protesta, desarrollando “actos relámpagos” que culminaron dispersados por la policía y, una de las veces, con la detención de manifestantes[18].

El día de la llegada de Rockefeller, 29 de junio, hubo tres manifestaciones en puntos cercanos de la ciudad; todas en las cercanías del Club Unión, y cuando los asistentes a un partido de fútbol abandonaban la cancha. En ellas, grupos de estudiantes y de militantes de distintos partidos colgaron de los cables del alumbrado público carteles de enormes proporciones en los que repudiaban al enviado estadounidense y al gobierno de Onganía, cantaron consignas alusivas y arrojaron bombas de estruendo y volantes firmados por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), el Movimiento de Liberación Nacional (MNL, popularmente conocido como “Malena”), el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y la Democracia Cristiana, para luego dispersarse rápidamente. El acto que estaba previsto para ese mismo día en Plaza España no pudo desarrollarse por la vigilancia policial. Al día siguiente se produjo el acontecimiento local más significativo de estas jornadas de protesta: la toma del edificio de la FIQ, en repudio por la llegada de Rockefeller, pero también en adhesión al paro de la CGTA.

La toma fue realizada luego de una asamblea por un grupo de alrededor de 200 estudiantes, que clausuraron puertas y ventanas, formaron barricadas, se pertrecharon con piedras, palos, proyectiles de metal y grandes cantidades de bombas molotov; también fabricaron máscaras para protegerse, eventualmente, de los gases lacrimógenos y, para garantizar su seguridad y una posible salida, tomaron como rehenes al decano y otras autoridades de la casa[19]. Desde los techos del edificio, colgaron carteles gigantes[20] y pasadas unas cuantas horas de iniciada la toma, sacaron altoparlantes por las ventanas y comenzaron a transmitir comunicados y a hacer públicas las razones de la medida –esos comunicados, así como los volantes arrojados, fueron firmados como “Movimiento Estudiantil en lucha”–. Por la noche se decidió en una nueva asamblea mantener la ocupación hasta la mañana siguiente[21]. Ese mismo día otro grupo de estudiantes se concentró frente al edificio de la Sociedad Rural y colgó de las rejas de esa institución un muñeco y un cartel que decía: “El pueblo santafesino en repudio al tercer aniversario de la dictadura. Contra Rockefeller”. Mientras se hacían estallar bombas de estruendo y se arrojaba una bomba molotov, se incendió el muñeco y se arrojaron panfletos firmados por el “Movimiento Estudiantil en lucha de Derecho”. Los jóvenes se retiraron antes que llegase la policía. Dado el clima de agitación estudiantil reinante en la ciudad, el rector de la UNL decidió suspender las actividades docentes de ese día y también del siguiente.

En medio de las jornadas de protesta, la policía allanó el domicilio de un alumno universitario que había sido arrestado durante una de las movilizaciones –en la cual se rompieron las vidrieras de una concesionaria de autos de marca estadounidense– y se llevó detenidos a los demás ocupantes de la casa. 15 días más tarde, también fueron arrestados otros tres estudiantes involucrados en la toma de la FIQ y procesados por varios delitos, entre ellos, daños, usurpación de la autoridad y privación de la libertad; pocos días después de los arrestos, estallaron bombas en la casa del decano, de un profesor y de la bibliotecaria de la FIQ. Ante las incesantes detenciones y procesamientos, en agosto se conformó la Comisión de Solidaridad con los Presos Políticos, Gremiales y Estudiantiles, la cual se encargaría de proveer asistencia legal y apoyo político a la creciente cantidad de detenidos que, en cuanto quedaban bajo jurisdicción federal, solían ser trasladados a penales de otros puntos del país, con las dificultades que ello suponía para organizar su defensa y velar por su integridad física.

Incremento del accionar contencioso violento y nuevas modalidades de represión

Tras casi 2 meses de reflujo del movimiento estudiantil local, a fines de agosto el estudiantado de la FCJS realizó una asamblea en la que decidió adherir al paro de la CGTA del día 27; al parecer, también se sumaron otras entidades estudiantiles. Pero la presencia en las calles de ese movimiento recién se verificaría nuevamente en septiembre en torno a otro aniversario del asesinato de Santiago Pampillón[22]. Desde el primer día del mes se publicaron comunicados de distintas federaciones anunciando el plan de lucha, y el 9 se iniciaron las acciones en la vía pública con el arrojo de bombas de estruendo y panfletos en varios puntos de la ciudad; al día siguiente, se produjeron las primeras manifestaciones[23]. El 12 de septiembre se cumplió, con gran acatamiento, el paro dispuesto a nivel nacional por la FUA, e incluso el ausentismo fue muy importante en varios establecimientos públicos de enseñanza media –en la Escuela Industrial fue masivo, también fue importante en el Colegio Nacional y en la Escuela de Comercio–; por la noche un grupo logró concentrarse sobre el Boulevard, quemó cubiertas, desplegó un gran cartel y arrojó petardos y volantes, tras lo cual se dispersó al llegar la policía; también se arrojaron desde un auto bombas de estruendo en varios puntos de la ciudad.

Días después, el estudiantado santafesino se solidarizó con la huelga general decretada por las centrales obreras y con sus compañeros rosarinos que estaban siendo reprimidos, en el marco del “Segundo Rosariazo”, pero en esta ocasión la ciudad no fue escenario de movilizaciones importantes; solo se produjo un intento de realizar un “acto relámpago” el día 17 con un saldo de más de una docena de estudiantes detenidos, a los cuales, además, se les allanaron los domicilios. Lo distintivo de la protesta obrero-estudiantil santafesina en esta ocasión fue la propensión a desarrollar acciones violentas, particularmente, atentados contra edificios y contra bienes e infraestructura ferroviarios: fueron detonadas bombas explosivas y de alquitrán contra casas particulares de un abogado y un empleado ferroviario y contra la sede de la Unión Industrial, y también se colocó una bomba de tiempo de alto poder en el local en que se festejaba otro aniversario de la “Revolución Libertadora”; asimismo, se volaron tramos de vías y un grupo de 100 personas, que El Litoral suponía eran obreros y estudiantes, intentó quemar siete vagones cargados de azúcar, arrojándole bombas incendiarias[24]. Cuando todavía resonaban los ecos de las bombas, un nuevo acontecimiento tomó estado público: un grupo de encapuchados robó armas de la comisaría y del Tiro Federal de la cercana localidad de San Carlos Sud, y al retirarse arrojó volantes firmados “Comando Eva Perón”. Esta era la primera acción pública de envergadura de uno de los grupos proto-Montoneros de Santa Fe, grupo compuesto mayoritariamente por miembros de la agrupación Ateneo Universitario de Ingeniería Química[25].

Durante octubre tres cuestiones ocuparon la atención del estudiantado. Por un lado, las detenciones de varios estudiantes y las torturas sufridas por una alumna del Instituto del Profesorado Básico (IPB); por otro –aunque solo afectaba a una parte del movimiento estudiantil–, los actos en conmemoración del “17 de octubre”; y por último, el apoyo a las medidas de fuerza encaradas por el movimiento obrero combativo. El 1.º de octubre, y en el marco del paro de 48 horas organizado por la CGTA, la policía allanó varios domicilios y arrestó a un obrero ferroviario y dos estudiantes, uno de ellos presidente del Centro de Estudiantes de Derecho (CED). Días después una alumna del IPB radicaba una denuncia contra personal de las fuerzas de seguridad –concretamente contra integrantes de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE)– y declaraba que, tras haber sido arrestada en la madrugada del 30 de septiembre en su domicilio, fue trasladada a Rosario, donde fue torturada y luego devuelta a la ciudad y liberada bajo amenaza para que no relatara lo sucedido. El 7 de octubre, en una concentración en homenaje al Che Guevara frente a la Escuela Pizarro, dos estudiantes de la Escuela Normal fueron arrestados y posteriormente sus domicilios allanados. Los tres sucesos fueron repudiados por entidades estudiantiles, docentes y sindicales en diversos comunicados y, además, reactivaron el accionar estudiantil: el 1.º de octubre, el CED de la FCJS decidió la realización de un paro de 24 horas en repudio por el arresto de su secretario general y al día siguiente solicitó una audiencia con el rector para que mediara en la situación; los estudiantes del IPB se reunieron en asamblea y repudiaron públicamente el secuestro sufrido días antes por su compañera; el 17 de octubre, integrantes del Movimiento Estudiantil Secundario en Lucha se movilizaron por las calles de la ciudad exigiendo la liberación de los dos alumnos de la Escuela Normal y que se reviese su expulsión de la institución escolar; y, el 21 de ese mismo mes, unas 150 personas se concentraron en las cercanías de la casa de gobierno reclamando la libertad de todos los presos políticos. Esas detenciones también motivaron la publicación de un comunicado por parte de la Comisión de Solidaridad con los Presos Políticos, Gremiales y Estudiantiles, y denuncias contra el personal policial.

Respecto a la segunda cuestión, en la víspera del 17 de octubre un nuevo allanamiento a una residencia estudiantil culminó con un saldo de 15 estudiantes detenidos, lista que se engrosaría al día siguiente cuando la policía dispersara una marcha de unos 200 manifestantes en Barrio Candioti y arrestara a 23 personas más –entre las cuales figuraban varios estudiantes universitarios de la FIQ y del IPB vinculados a uno de los grupos proto-Montoneros–. Con motivo de esta fecha, también se realizó un “acto relámpago” en el comedor universitario y se detonaron bombas en distintos puntos de la ciudad. Por último, en el marco del paro de 48 horas dispuesto por el plenario nacional de gremios pertenecientes a la CGTA –que en esta oportunidad se realizó en Santa Fe– y de la adhesión a él del movimiento estudiantil local, las detenciones de estudiantes se reiteraron: cuatro jóvenes fueron arrestados en distintos puntos de la ciudad pegando carteles que convocaban al paro, e inmediatamente sus domicilios fueron allanados, de los cuales se secuestró material de propaganda política –según el diario, “de tendencia comunista”–[26]. Por su parte, alumnos de la FIQ como la FCJS realizaron asambleas y concentraciones y adhirieron masivamente al paro, por lo cual la inactividad fue total en esas casas de estudio. Cabe mencionar que durante todo el mes también se registraron atentados con bombas en varios lugares públicos –en 2 cines y en el Teatro Municipal– y en un local comercial de capitales extranjeros.

El final de un año agitado

En noviembre el estudiantado santafesino se abocó a demandar la liberación de los compañeros detenidos meses antes. El día 13 un nutrido grupo se congregó en el Palacio de Tribunales para hacer entrega de un memorial al Colegio de Abogados local en el que le exigían se pronunciase ante los arrestos, las violaciones a los derechos humanos y las libertades democráticas, ocasión en la cual se desarrolló un “acto relámpago” con la participación de varios oradores. Un estudiante de la FCJS, miembro del CED, inició una huelga de hambre en reclamo de la liberación del estudiante y el obrero apresados juntos el 1.º de octubre, y el mismo día del inicio de la huelga el secretario de ese centro estudiantil envió un telegrama al propio Onganía. El 25 de noviembre se realizó un acto frente al aula de la FCJS donde el alumno llevaba adelante su sexto día de huelga de hambre. Al día siguiente un sacerdote tercermundista se sumó a la huelga. El 27, frente a un posible desalojo, la facultad fue tomada. La gran cantidad de fuerzas policiales que fueron rodeando el edificio y la inminencia de su ingreso llevaron a los estudiantes a solicitar la intervención de las autoridades universitarias, quienes intercedieron para que no hubiera detenciones; cuando la policía se retiró, los alumnos abandonaron la facultad y trasladaron al compañero que continuó la huelga de hambre junto al sacerdote en un local sindical. Dos días después los detenidos fueron liberados, se hicieron presentes en el sindicato y la huelga de hambre fue levantada.

Por su parte, el estudiantado de las otras universidades santafesinas también desarrolló un par de acciones más en los últimos meses del año. Las últimas participaciones de los estudiantes de la Universidad Católica de las que hay registros remiten a una asamblea desarrollada a mediados de noviembre para evaluar el traslado de la sede de la universidad al edificio del seminario local, y a tres comunicados –uno, a fines de octubre, de los alumnos de la Facultad de Ciencias de la Educación en el que repudiaban la detención de los dos estudiantes de la Escuela Normal y las sanciones que se les aplicó; otro firmado por 40 personas en el que se cuestionaba la actitud de las autoridades del Colegio de las Hermanas Adoratrices frente a un grupo de alumnas y a un sacerdote tercermundista; y un tercero donde se reivindicaba como conquista estudiantil el traslado de la universidad al edificio del seminario–. Por su parte, integrantes del centro de estudiantes Santiago Pampillón de la Facultad Regional Santa Fe de la UTN, a fines de noviembre, emitieron un comunicado en el que adherían a la huelga de hambre del compañero de la FCJS en reclamo de la libertad de los presos estudiantiles y obreros.

Culminaba así un muy agitado año.

A modo de cierre: algunas consideraciones sobre el año 1969 en el contexto del ciclo de protesta estudiantil

En este trabajo se afirma que, en el marco del ciclo de protesta iniciado tras la intervención a las universidades nacionales, y en donde el desafío del movimiento estudiantil santafesino fue creciendo en extensión e intensidad hacia finales de la década, 1969 fue el momento en que la movilización y la confrontación abierta con el gobierno dictatorial por parte de ese estudiantado movilizado alcanzaron su clímax. Y ello porque se considera que durante este año la cantidad, frecuencia e intensidad de sus acciones contenciosas alcanzaron el punto más álgido de todo el período. A continuación, y recuperando los acontecimientos ya descriptos a lo largo del trabajo, se presentan algunas cifras y ponderaciones que permiten apoyar dicha afirmación.

Por un lado, hay que destacar el peso absolutamente descollante del año 1969 en relación con la cantidad de las movilizaciones estudiantiles –incluidos actos y concentraciones– realizadas durante el periodo del ciclo de protesta correspondiente al Onganiato: en 1966, al inicio del ciclo, el promedio mensual de estas fue de 3,8; en 1967 cayó abruptamente, y no superaron el 0,2, para recuperarse en 1968, cuando se produjeron, en promedio, 2,5 movilizaciones por mes. Esa cifra casi se duplicó en 1969, al alcanzarse un promedio mensual de 4,9, cifra que volvería a retroceder en el primer semestre de 1970, durante la última etapa del Onganiato, a 3,5 movilizaciones por mes.

Respecto a la intensidad y las características que estas movilizaciones y actos tenían, cabe señalar un rasgo distintivo que, si bien es evidente durante todo el ciclo de protesta, se acentuó particularmente en 1969: el recurso, durante estos, a utilizar bombas de estruendo, de alquitrán e incendiarias –molotov–, petardos y piedras –arrojadas como proyectiles– y a la construcción de barricadas para impedir el desplazamiento de las fuerzas de seguridad –recuérdense los incidentes en las jornadas de mayo en los cuales se levantaron barricadas e incluso se incendiaron dos patrulleros, y los acontecimientos de septiembre, en el marco de las jornadas de solidaridad con los compañeros rosarinos, en los que se intentó incendiar una formación de trenes cargada de azúcar–. También este año se destacó por ser aquel en el que las movilizaciones alcanzaron el mayor nivel de convocatoria de todo el ciclo; en mayo, fundamentalmente durante las jornadas de repudio a los acontecimientos de Corrientes y Rosario, como ya se ha visto, las manifestaciones reunieron a miles de participantes. Aunque cabe recordar que, en gran parte de estas movilizaciones y actos, los asistentes ya no eran exclusivamente los integrantes del movimiento estudiantil universitario, sino que se contaban entre ellos un número muy importante de miembros de los sindicatos afiliados a la CGTA, diversos actores del cristianismo posconciliar y, como absoluta novedad a partir de este año, un activo estudiantado de nivel secundario.

También se puede apreciar el crecimiento en el grado de confrontación y en la proclividad al enfrentamiento por parte de ese estudiantado durante el año 1969, comparando la cantidad de arrestos que se produjeron durante todo el ciclo de protesta; se tiene registro de 375 detenciones durante los 47 meses aquí contemplados. En el semestre correspondiente a la segunda mitad de 1966, se produjeron alrededor de 54 detenciones, mientras que en 1967, fruto de la desmovilización generalizada, solo se registraron 2; en el año 1968 volvieron a subir, en cuanto se produjeron 56 arrestos, cifra que casi se vio quintuplicada en 1969, con al menos 238 detenciones, mientras que en el segundo semestre del año siguiente volvieron a descender hasta 25, retornando, en promedio, a los niveles de 1968. Respecto a las detenciones, es importante señalar que desde fines de 1968 se volvieron más frecuentes las derivadas de allanamientos de domicilios y residencias estudiantiles, e incluso se produjeron detenciones “preventivas” de posibles organizadores de protestas, dando cuenta de la creciente importancia de las tareas de inteligencia por parte de las fuerzas de seguridad. Esta situación, nuevamente, vio un crecimiento superlativo durante el año 1969, en el que ocurrieron 15 detenciones preventivas, más de 40 allanamientos de domicilios e incluso un secuestro seguido de aplicación de tormentos, cuando en 1968 se habían producido solo 3 detenciones en allanamientos y 4 preventivas y en el primer semestre de 1970 habría únicamente 2 detenciones, que podrían considerarse preventivas, pero durante las cuales se produciría la negación del arresto a los familiares de los estudiantes por más de 24 horas, por lo cual estas tendrían un nuevo y terrible cariz.

Por otra parte, en lo relativo al procesamiento tras las detenciones, 1969 implicó también un salto cualitativo en la modalidad de represión, en cuanto 12 estudiantes fueron sometidos, al menos en un primer momento, a un Consejo de Guerra tras su arresto durante las jornadas de mayo. Aunque finalmente pasaron a la justicia federal ordinaria, como el resto de los detenidos y encausados durante todo el ciclo de protesta, no puede dejar de señalarse esta situación como evidencia de una respuesta estatal tan superlativa como la propia movilización de aquel año.

Represión a manifestación estudiantil en la zona céntrica, Santa Fe, 1969. Fotógrafo: Luis Príamo. Fototeca del Archivo y Museo Histórico de la UNL.

Por último, también 1969 se destacó de los demás años del ciclo de protesta por evidenciarse en él una mayor propensión por parte del movimiento estudiantil santafesino a recurrir a formas de acción que eran, desde su propia concepción, violentas[27]. Es decir, dejando fuera de consideración las instancias en que, en la interacción directa con los oponentes, y especialmente con las fuerzas policiales, las acciones disruptivas se deslizaban hacia la violencia, las cuales también se incrementaron sensiblemente en este año, como se puede advertir en este trabajo. Dos fueron las modalidades de ejercicio de la violencia por parte del estudiantado santafesino: las tomas de edificios universitarios con retención de personas –profesores, autoridades y personal administrativo– durante el tiempo que estas duraban y los atentados a domicilios particulares y a diversos edificios públicos y privados[28]. Las primeras fueron una novedad que llegó en 1969 y a la que solo los estudiantes de la UNL recurrieron en 3 ocasiones durante ese año: en aquella en que tomaron el rectorado de la universidad, reteniendo al rector; en la que se tomó la Facultad de Ciencias de la Administración y en la que por dos 2 horas fue demorado en su despacho el decano; y, por último, en los sucesos que se dieron en la FIQ con motivo del repudio a la llegada de Rockefeller al país; en 1970, las tomas con retención de personas se reiteraron en dos ocasiones más durante el primer semestre. Por su parte, los atentados con explosivos, aunque no eran una novedad, cobraron un protagonismo y una frecuencia inusitada a partir del segundo período del ciclo de protesta y particularmente en 1969: de los alrededor de 50 atentados que en ese segundo período se produjeron, al menos 30 corresponden a este año.

Así, tras haber realizado una pormenorizada presentación de la dinámica de la conflictividad estudiantil santafesina durante 1969, y una breve pero suficiente ponderación de la importancia y significación de ese agitado año en el conjunto del ciclo de protesta, se puede reafirmar que 1969 fue el año en que el protagonismo y la confrontación estudiantil en Santa Fe alcanzaron su cenit. Después de este año, y hasta el inicio de la transición fallida a la democracia en 1973, el movimiento estudiantil santafesino continuaría manteniendo el desafío y el enfrentamiento con la dictadura, pero sus niveles de movilización descenderían y comenzaría a compartir el protagonismo con otros actores que, cada vez más, marcarían la tónica de la conflictividad, tanto en el escenario local como en el nacional.

Bibliografía

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  1. Un análisis de ese ciclo de protesta puede ser consultado en Vega (2015).
  2. Los pobladores del norte provincial habían sido duramente golpeados por la política económica del Onganiato y particularmente por su proyecto de “racionalización” de los ferrocarriles y la industria azucarera. Y, ante la crítica situación, comenzaron a movilizarse. Las acciones de reclamo y las protestas de los habitantes de esas localidades fueron acompañadas por distintos actores, entre ellos, el movimiento estudiantil de la ciudad de Santa Fe. Al respecto, consúltese Paolucci (2011).
  3. Es para destacar que, en estos primeros meses del año, la cuestión del ingreso también movilizó al estudiantado de otras ciudades. Así sucedió, por ejemplo, en La Plata (Cfr. Bonavena, 2006), en Tucumán (Cfr. Millán, 2012) y en Rosario (Cfr. Bonavena y Millán, 2007).
  4. Esta facultad fue la primera en implementar, en el año 1968, el examen de ingreso dispuesto por la nueva “ley” universitaria sancionada por la dictadura. Los cursos preuniversitarios que se dictaron ya en esa ocasión eran optativos, se podían cursar y aprobar, o el ingresante podía directamente asistir a rendir el examen final de cada materia.
  5. E1 Litoral (2 de mayo de 1969). “En la plaza de la Bandera se intentó un acto”, p. 2.
  6. La medida se registró fundamentalmente en establecimientos públicos: en la Escuela Industrial Superior, la de Comercio “Domingo Silva” y la Normal; también en el Colegio Nacional.
  7. Partieron desde las Escuelas de Comercio e Industrial, en la zona céntrica, y en movilización fueron pasando por otros establecimientos de enseñanza media, donde convocaban a sus compañeros a sumarse a la protesta. En la intersección de San Martín y Boulevard, cortaron el tránsito e improvisaron un acto. Después, por esta última calle tomaron en dirección este hacia otros establecimientos educativos privados de la ciudad, donde fueron interceptados por la policía, que los dispersó utilizando una autobomba desde la que se les arrojaba chorros de agua. Un grupo logró reagruparse y organizó un “acto relámpago” en una plaza de las cercanías, para luego volver a marchar, nuevamente, sobre el Boulevard en dirección a la FCJS, donde fueron desconcentrados por el accionar policial. Fuentes policiales estimaron en 2 000 alumnos la cantidad de participantes de estas movilizaciones.
  8. En el Parque Juan de Garay, se reunieron unas 700 personas y se produjeron incidentes a la llegada de la policía; aunque de menores dimensiones, hubo otra concentración en Boulevard Pellegrini y López y Planes, la cual también fue interrumpida por la policía.
  9. Entre las detenidas en el allanamiento del Colegio Mayor Universitario y las que fueron aprendidas en las movilizaciones, la cifra de personas arrestadas durante estas jornadas ronda la media centena. La gran mayoría eran estudiantes varones, pero también hubo algunas mujeres.
  10. Entre ellas la Unión Nacional de Estudiantes, que realizó en Santa Fe, por considerar que allí era menos violento el accionar policial que en otras ciudades, una reunión de carácter nacional de la que participaron representantes de distintas agrupaciones de todo el país –el Movimiento Integralista de la FCJS fue parte de ella–. Desde esta ciudad invitó al estudiantado a continuar e intensificar la lucha emprendida y decretó un paro para el 29 de mayo.
  11. Los 6 puntos de este remitían a demandas estrictamente vinculadas a cuestiones propias del quehacer universitario: el levantamiento de las sanciones a los estudiantes de la FIQ, la disolución de la comisión que analizaba el cobro de aranceles, el retiro de la policía del interior de los edificios universitarios, la disminución de la cantidad de aplazos en los exámenes de la Facultad de Ciencias de la Educación, el reconocimiento y legalización de las agrupaciones estudiantiles y el requerimiento de que las autoridades se pronunciaran sobre lo sucedido en Rosario –recuérdese que las facultades rosarinas estaban aún bajo la órbita de la UNL–.
  12. La nómina publicada en uno de los diarios locales era de 15 personas, 14 varones y una mujer. El Litoral (31 de mayo de 1969). “Otras detenciones”, p. 6.
  13. Se tiene registro de 66 personas detenidas durante esas movilizaciones, de las cuales 12 fueron sometidas a la justicia militar, acusadas, entre otros delitos, de atentado contra vehículos policiales y contra medios de transporte.
  14. Cuando aún no habían terminado las repercusiones del “Rosariazo” y el “Cordobazo”, y en las vísperas del tercer aniversario del golpe de Estado, llegó a Buenos Aires el enviado especial del presidente Richard Nixon, Nelson Rockefeller. Este, que era por entonces gobernador del estado de Nueva York, se encontraba realizando una gira por los países miembros de la Organización de Estados Americanos. Su llegada fue el disparador de una nueva oleada de movilizaciones y acciones colectivas a escala nacional que el gobierno dictatorial intentó desactivar recurriendo a la represión brutal, a los allanamientos y detenciones masivas, a las intervenciones a los gremios más combativos, todo ello bajo el paraguas “legal” del estado de sitio (Cfr. Vega, 2011).
  15. En la FCJS, el mismo 3 de junio los estudiantes discutieron las fechas de las mesas de exámenes postergadas, pero también emitieron un comunicado de repudio ante la situación de los compañeros detenidos y juzgados en el ámbito castrense. Días más tarde, fueron los estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Administración los que cobraron visibilidad al tomar el edificio de la institución por dos horas y retener al decano como rehén durante ella. El conflicto se originó en la respuesta desfavorable de las autoridades a lo solicitado en un petitorio estudiantil entregado días antes.
  16. El responsable de la célula detectada por la policía, y que fue detenido en esa ocasión, era Carlos Banegas, un militante que participó de la “Resistencia Peronista”, estuvo en Cuba y formó parte del peronismo revolucionario (Baschetti, s/f). Estuvo vinculado con la célula liderada por Ángel “Vasco” Bengochea, que se desarticuló cuando este y otros de sus miembros murieron en una explosión accidental producida mientras manipulaban explosivos. Lucas Lanusse identifica a Banegas como miembro de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), y sostiene que, mientras estuvo clandestino en la ciudad de Santa Fe, ofició de instructor militar de la célula proto-Montonera conformada por los miembros del Ateneo Universitario. A la vez que afirma que estos tenían la intención de integrarse en esa organización, antes de definir su confluencia en lo que luego fue Montoneros (Lanusse, 2010). No se tienen más referencias que estas afirmaciones de la vinculación existente entre esa célula de la FAP que operó en Santa Fe y los miembros del Ateneo que formaron parte de los grupos originarios de Montoneros. Así como tampoco se conocen los vínculos de esta célula liderada por Banegas y el movimiento estudiantil santafesino radicalizado, más allá de la constatación que dos de sus integrantes, arrestados en el procedimiento que da origen a esta nota al pie, eran alumnos de la FIQ al momento de su detención.
  17. Las protestas contra la llegada de Rockefeller se reiteraron en al menos 10 ciudades, y en ellas estuvieron involucrados el movimiento estudiantil, los sectores más combativos del movimiento obrero, diversos partidos políticos, organizaciones revolucionarias, artistas plásticos e intelectuales. Los costos del contundente repudio fueron también sumamente altos: un muerto, decenas de heridos, centenares de detenidos y procesados, y varios gremios intervenidos (Cfr. Vega, 2011). Existen abordajes del accionar de los estudiantes de otras universidades en estas protestas; por ejemplo, para los casos de la Universidad del Nordeste y de la de Córdoba (Cfr. Millán, 2010 y 2013, respectivamente).
  18. El 17 en la FCJS, se realizaba una asamblea que derivó en la breve toma de la facultad, donde se repudiaron los sucesos de Córdoba, la ley universitaria, particularmente las disposiciones vinculadas a los aranceles y la pronta llegada de Rockefeller al país. El día 18 una concentración en la zona céntrica culminó con un saldo de 3 detenidos. El día 25, el estudiantado de la FIQ salía en manifestación por las calles céntricas. El 26, en la FCJS, más de 700 estudiantes de Derecho y de Ingeniería Química se reunieron para organizar el plan de lucha a adoptar con motivo de cumplirse el tercer aniversario del golpe y la llegada del neoyorquino; terminada la asamblea, un grupo se desplazó hasta Boulevard, donde quemó una bandera norteamericana y un cartel con la figura de Rockefeller. Ese mismo día, también frente a la FIQ, se realizaba otra manifestación. El 27 hubo una concentración frente a la Facultad de Ciencias de la Administración y una movilización que partió de la FCJS, luego de la realización de un acto.
  19. El cronista de Nuevo Diario, luego de recorrer el edificio una vez desalojado, daba cuenta de que, al lado de las ventanas obstruidas por bancos y sillas, había “fragmentos de hierro que sirven para ser arrojados con gomeras”, al igual que en los descansos de las escaleras. En el último piso, un tambor de nafta que decía “Para Rockefeller con amor” abasteció gran cantidad de botellas preparadas para funcionar como bombas molotov. Y en el techo, donde los estudiantes hicieron guardia toda la noche, había gran cantidad de materiales y objetos contundentes (piedras, palos y hierros). Nuevo Diario (2 de julio de 1969). “Recién ayer abandonaron la facultad ocupada: los daños”, p. 2.
  20. El más importante tenía una imagen del Che Guevara y decía “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución – Movimiento Estudiantil en Lucha”. El Litoral (1 de julio de 1969). “Los estudiantes seguirán ocupando hasta hoy la Facultad de Ingeniería Química”, p. 6.
  21. Y así lo hicieron: el 1.º de julio a las 7 de la mañana, y sin que mediara intervención policial, desalojaron el edificio.
  22. En tanto “la semana de lucha” se había dispuesto a escala nacional, la movilización estudiantil se reiteraba en distintos puntos del país, por ejemplo, en Rosario, Corrientes, Córdoba (Cfr. Millán, 2008, 2010 y 2013, respectivamente) y en La Plata (Cfr. Bonavena, 2006).
  23. Tras la realización de una asamblea en la FCJS, los estudiantes se dirigieron en movilización hacia el comedor universitario y luego hacia la FIQ para continuar marchando en dirección sur, pero se desconcentraron ante la fuerte presencia policial; más tarde se reagruparon en la zona céntrica y arrojaron bombas explosivas y de alquitrán contra las sedes del Club del Orden y del Jockey Club, por lo cual se produjeron nuevas detenciones.
  24. El Litoral (18 de septiembre de 1969). “Intentaron quemar en ésta 7 vagones cargados con azúcar”, p. 7.
  25. La atribución del hecho a militantes del Ateneo ya organizados en células clandestinas la realiza Lucas Lanusse (2010), a partir de los testimonios de dos integrantes de esos primeros grupos proto-Montoneros de la localidad de Santa Fe.
  26. El Litoral (28 de octubre de 1969). “En esta ciudad hubo detenciones de estudiantes”, p. 6. Al respecto cabe recordar que el gobierno dictatorial, en agosto de 1967, había promulgado una “ley” anticomunista que reprimía, con penas de prisión, las “actividades proselitistas, subversivas, intimidatorias o de alteración del orden público” sustentadas en esa ideología.
  27. Se entiende por “acción colectiva violenta” aquella que implica ocasionar “daños físicos inmediatos a personas y/u objetos (‘daño’ incluye la retención por la fuerza de personas u objetos pasando por encima de cualquier restricción o resistencia)” (Tilly, 2007, p. 3). El destacado es propio, y tiene el objetivo de señalar que Tilly considera que se provoca un daño cuando la retención supone enfrentar la resistencia del rehén a ella, lo cual no es necesariamente algo que se produjo en las tomas de edificios universitarios mencionadas en este trabajo.
  28. Debe destacarse respecto al accionar violento que en ninguno de los casos en que se implementó deliberadamente por parte del estudiantado santafesino estuvo dirigido a producir daño físico a persona alguna. Los atentados fueron siempre sobre edificios y en formas y momentos en que no significaron lesiones para los oponentes u ocasionales transeúntes. Tampoco en las instancias de retención durante las tomas de locales universitarios hubo daño físico, ni se infligieron lesiones a los retenidos.


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