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Introducción

Ya decía el sabio Sócrates que una vida que no ha sido examinada no merece ser vivida (Platón, Apología de Sócrates, 38a); en efecto, de qué importaría vivir algo que no sabemos ni para qué lo hacemos. En análoga dirección, podríamos interrogarnos de qué nos valdría educar, o bien, dedicarnos a la educación, si no reflexionamos acerca de su sentido más profundo.

Hay preguntas que, tanto ayer como hoy, poseen la frescura de interpelarnos acerca de temas tan viejos y tan nuevos, que no podrían, por tanto, ser obsoletos si son cruciales para llenar de sentido la vida del hombre. Reflexionar, nada más y nada menos, acerca de un concepto válido de educación constituye uno de esos problemas irrenunciables que a lo largo de la historia se ha intentado dilucidar. En efecto, ¿qué es el hombre? y ¿qué se entiende por su educación? son los grandes interrogantes en los que se manifiestan los esfuerzos de numerosos filósofos y pedagogos por comprender y dar razón sobre la legitimidad de la tarea educadora.

Estas preguntas genuinas no fueron ajenas a la obra del profesor Francisco Ruiz Sánchez (1929-1982), quien se dedicó a recuperar aquellos temas que calan hasta las profundidades de las razones que justifican la labor educativa, desde un análisis causal. Los escritos del pedagogo mendocino, aún poco conocidos en nuestros días, aportan elementos claves para entender y dar razón del ser de la educación.

Si bien la obra de Francisco Ruiz Sánchez se despliega a partir de los años cincuenta y sesenta —hace ya poco más de medio siglo—, encontramos un solo estudio que hasta el momento ha reunido las características de investigación sobre el pensamiento educativo del autor, se trata de la tesis de Fernando de Bona (2005, 2011) titulada La educabilidad y la plenitud dinámica en la pedagogía de Francisco Ruiz Sánchez y se remonta al año 2005. Más tarde, en el 2011, esta investigación fue publicada como libro por una edición de autor.

Para educar. Aportes desde la pedagogía de Francisco Ruiz Sánchez, es un libro que nuclea gran parte de una investigación doctoral acerca del autor. En efecto, pueden encontrarse en su obra elementos que sostienen la fundamentación última del hecho educativo, o bien, de toda educación, en su carácter más universal y radical. Este examen, que parte de lo que aparece según los datos de la misma realidad, se dirige mediante la inducción a la consideración de los principios universales del quehacer educativo, sin distinción de espacios ni tiempos. El camino es, como se dijo, el del filósofo que se pregunta por el ser de algo, llegando así, a su definición específica y, por tanto, constituyente, en este caso la educativa.

Ciertamente, la trascendencia de este estudio que publicamos reside en indagar el problema educativo desde sus elementos más recónditos ¡hasta las raíces mismas, podríamos atrevernos a decir!, tratando de arribar a una concepción educativa lo más acertada posible que cuestiona los supuestos mismos de las razones que esgrimimos al preguntarnos para qué educamos y aporta elementos indispensables para educar

Una de las claves para una interpretación del pensamiento de Ruiz Sánchez estriba en comprender que la preocupación que guió toda su obra radica en explicar qué es lo que fundamenta en sí el hecho educativo, buscando reconocer sus causas primeras y principios que lo sustentan. A partir de esto, se derivan otras temáticas, como, por ejemplo, la educabilidad, la finalidad de la educación, entre otras.

En tal sentido, la noción de ciencia que aparece implícita en sus obras —fiel a su tradición— es la del pensamiento aristotélico que sostiene que ciencia es el conocimiento cierto de las cosas por sus causas (Aristóteles, Analíticos Segundos, Libro I, 2). En efecto, a través de esta manera de teorizar el autor busca o trata de encontrar una definición ciertamente científica de la educación[1].

Podemos afirmar que Ruiz Sánchez indaga mediante la luz natural de la razón la posibilidad de un concepto de educación válido para todos los hombres. Para ello, recurre a la metafísica realista como ciencia que estudia todo lo que es y que, por tanto, constituye el fundamento de sus ideas educativas. Esta aclaración, que podría ser evidente para quienes provienen de la disciplina filosófica, no lo es en el campo de las Ciencias de la Educación, dado que es común que las perspectivas actuales se inclinen sobremanera a interpretar la educación de modo parcializado como un fenómeno social o histórico y se desprestigie su consideración filosófica-causal y de sentido, que trasciende la mera indagación empírica del hecho educativo.

Pueden ser justas para Ruiz Sánchez las palabras pronunciadas por el mismo maestro del liceo al decir que el filósofo, que posee perfectamente la ciencia de lo general, tiene por necesidad la ciencia de todas las cosas, porque un hombre de tales circunstancias sabe en cierta manera todo lo que se encuentra comprendido bajo lo general. Pero, también, es muy difícil al hombre llegar a los conocimientos más generales en cuanto las cosas que son objeto de ellos están mucho más lejos del alcance de los sentidos (Aristóteles, Metafísica, Libro I, II).

En efecto, Ruiz Sánchez se distingue por su capacidad de ver la realidad educativa en su amplitud y generalidad, considerando diversos aspectos: antropológicos, sociales, culturales, éticos, ambientales, etc. Por su parte, la investigación educativa actual tiende a estudiar mayoritariamente el carácter empírico, singular y contextual. Ante esto el autor se propone recordar la totalidad y la unidad de sentido que encierra el ser humano y su desarrollo educativo.

Por consiguiente, su reflexión sobre la educación corresponde principalmente a la mirada del filósofo que fundamenta su estudio desde los principios y causas de la realidad educativa. De allí, una segunda distinción importante es que no se encuentra en sus obras una propuesta práctica, delineada específicamente, sino más bien teórica —en gran parte filosófica— susceptible de ofrecer algunas recomendaciones generales válidas para toda la práctica educativa.

El eje del escrito radica en dilucidar, por un lado, si el pensamiento educativo de Ruiz Sánchez es original con respecto a su tradición epistémica[2] y, por otro, si dicho pensamiento puede realizar un aporte sustantivo a la propia reflexión educativa y a su situación actual. Para ello, fue preciso identificar su propuesta, revisar su tradición de pensamiento y reconocer los conceptos que elabora, categorías de análisis y argumentaciones propias del autor que pudieran realizar este aporte.

Estos planteos requieren no solo de un análisis descriptivo-exploratorio de la obra del profesor Ruíz Sánchez, sino también de una sólida argumentación en la cual se pueda demostrar por qué el pensamiento educativo del autor es relevante tanto para el saber pedagógico como para la educación en nuestros días. Es así como, en este estudio de índole hermenéutico e histórico, se trata de analizar desde sus escritos —artículos periodísticos, libros, revistas académicas y científicas, apuntes de clases, manuscritos, etc.— cómo se presenta el hecho educativo en el hombre, en todo hombre, y desde allí, mediante una reflexión fenoménica remitirnos a sus principios fundamentales, enfatizando los aspectos antropológicos, sociales y éticos que son de sumo interés en su propuesta.

Desde la analogía, en nuestra interpretación observamos los conceptos centrales que aparecen en la obra del autor, los categorizamos y delimitamos y, luego, nos introducimos en los mismos a modo de un arquitecto que separa y analiza las partes de un plano para examinarlas, efectuando así nuestra labor hermenéutica. En tal sentido, en tanto se examina el modo en el que se presenta su pensamiento según las distinciones referidas, apreciamos qué aportes sustantivos —conceptos, categorías y argumentos— podrían enriquecer la reflexión educativa actual.

Los desarrollos contemporáneos de muchas de las investigaciones en materia educativa hacen contribuciones en donde no pocas veces se fragmenta el objeto de estudio, prescindiendo de una ubicación y conceptualización más amplia en un todo. Nuestra época posmoderna precisa de una visión más profunda de la educación que pueda dar razón de sentido de la misma en su carácter unitario; de allí la importancia de revalorizar esta propuesta.

El recorrido que emprenderemos recorre 9 capítulos.

En el primer capítulo, una vida dedicada a la educación, se expone la vida y las obras de Francisco Ruiz Sánchez. En él se han intentado retratar su personalidad, intereses, amistades, su entorno intelectual, sus escritos y demás aspectos que nos aportan una pincelada de su vida. Este apartado se nutre de muchos datos recabados mediante entrevistas a familiares, amigos y de una densa búsqueda en los registros de las universidades y el archivo digital del diario Los Andes. Este capítulo no es un apartado menor, ya que reporta la novedad de 30 fuentes primarias del autor que fueron recabadas mediante la investigación realizada acercándonos, de esta manera, a la conformación total de su corpus educativo desconocido —en gran parte— hasta nuestros días. Vale aclarar que recientemente apareció una nueva edición de Fundamentos y fines de la educación publicada por EDIVE que no ha sido cotejada en esta investigación, ya que esta fue concluida con anterioridad, no obstante, festejamos esta noticia.

En el segundo capítulo, el hecho educativo, punto de partida de la reflexión pedagógica en el autor, se marca el comienzo de la reflexión de Ruiz Sánchez como puntapié inicial para tematizar sus fundamentos y su posterior concepto de educación. Aquí se desarrolla el hecho educativo en sus obras y se observa cómo describe el autor su apreciación fenomenológica. Luego, se avanza hacia la definición del mismo y de sus elementos, y la importancia que le da el autor en sus escritos. Asimismo, se aborda la educación como arte y su relación con el hecho educativo, y la tipología del arte educativo en el autor. Es a partir de esta idea que exponemos un ulterior diálogo interdisciplinar.

El tercer capítulo se dirige hacia una fundamentación disciplinar del hecho educativo. En él se presenta el concepto de subalternación de las ciencias. Si bien este apartado podría ubicarse antes, su abordaje exige el previo tratamiento del concepto de hecho educativo que posibilita definir, de algún modo, el problema que se demuestra en cuanto a la ubicación disciplinar del profesor mendocino y su posible contribución al respecto.

En el cuarto capítulo se exponen e interpretan los conceptos centrales de la fundamentación antropológica, considerando la Antropología como ciencia subalternante a la Pedagogía, el recorrido de su pensamiento antropológico a lo largo de todas su obras, los conceptos claves del pensamiento antropológico-pedagógico del autor, tales como: el hombre como un todo, el concepto de persona como punto de partida de su fundamentación antropológica y la dinamicidad en el hombre. Finalmente, se hace una valoración crítica del planteo antropológico abordado en este capítulo.

El quinto capítulo se refiere a la falibilidad y la perfectibilidad humana como conceptos explicativos de la necesidad y posibilidad educativa. Este capítulo viene a completar, de algún modo, la hermenéutica acerca de los fundamentos antropológicos-pedagógicos que se presentan en el anterior. En esta dirección, se analiza la falibilidad vinculada con la necesidad de la educación y la perfectibilidad con la posibilidad de la educación; además, se exponen otras notas antropológicas, se arriba a algunas conclusiones sobre la propuesta antropológica de Francisco Ruiz Sánchez y su tradición, como así también se explicitan sus derivaciones contemporáneas. A partir de aquí, se establecerán los conceptos antropológicos originales de Ruiz Sánchez y la importancia de su consideración en las propuestas pedagógicas contemporáneas.

En el sexto capítulo se emprenden los aspectos claves de la fundamentación social de la educación, presentando la Sociología como ciencia subalternante a la Pedagogía, las etapas del pensamiento de Ruiz Sánchez sobre su planteo sociológico-educativo que interpretamos a partir de sus obras: primera etapa de descripción fenoménica, segunda etapa de sistematización y elaboración de su planteo sociológico-educativo, tercera etapa referida a su interés por el aspecto ambiental de la educación. Por último, se abordan los aspectos críticos de su pensamiento sociológico-educativo, tales como el vínculo pedagógico y su contendiente, el marxismo de Paulo Freire.

En el séptimo capítulo se expone la fundamentación ética de la educación y el fin de la misma. Se parte del concepto de subalternación teniendo en cuenta ahora la relación entre la Ética y la Pedagogía. Se refiere, además, al problema moral de los actos humanos en Ruiz Sánchez, los hábitos perfectivos: las virtudes y la relación de los fines del hombre con los fines de la educación en el autor. De allí se interpreta el esquema de los fines de la educación, la distinción entre fines universales y diferenciados de la educación, y se abordan los primeros.

El octavo capítulo trata de la concepción de educación en Francisco Ruiz Sánchez. En este sentido, se hace una breve reflexión acerca de lo que comprende una definición educativa y el problema que supone en nuestros días. Por su parte, se interpreta la determinación de la educación en Ruiz Sánchez desde tres puntos de vista, esto es, como acción del agente, como proceso y como resultado. Se analiza la plenitud dinámica en tanto fin de la educación y algunas categorías importantes dentro de esta: el orden como constitutivo del fin total de la educación, los hábitos operativos perfectivos como fines parciales de la educación y posibilitadores del orden interior, y los actos correctos como fin inmediato de la educación. Para terminar, se interpreta la relación de la plenitud dinámica con el status virtutis de Tomás de Aquino.

Finalmente, en el noveno capítulo se plantea, a modo de corolario, las derivaciones del pensamiento educativo del autor. De esta manera, se expone el posible problema que presenta su corpus, la crisis de la educación actual según refiere el autor, las reflexiones contemporáneas hacia lo que hemos denominado la pedagogía del sentido y, en el marco de esta última, la motivación perfectiva como apuesta práctica a partir de la propuesta de Francisco Ruiz Sánchez. El análisis realizado aquí, posibilita dar un paso adelante proponiendo nuestros propios marcos conceptuales a partir de las nociones que nos aporta el pensamiento educativo de nuestro autor.

Para terminar, resaltamos el carácter educativo de este estudio que presentamos como contribución a las Ciencias de la Educación, aunque como se observará, desarrolla un conjunto considerable de conceptos provenientes del campo de la Filosofía de la Educación. Cabe destacar su originalidad, ya que a partir de lo analizado se puede descubrir y valorar lo que implica la pedagogía del sentido, que aquí colocamos como respuesta concreta para una parte sustantiva de los problemas actuales que presenta la educación contemporánea.


  1. La noción de ciencia que sostiene Francisco Ruiz Sánchez no es equivalente a la noción de ciencia postulada por el cientificismo moderno. En efecto, en nuestro autor se observa, como heredero de la tradición aristotélica-tomista, un concepto de ciencia que responde a la búsqueda de los fundamentos, principios o causas del objeto de estudio en cuestión (en este caso de la educación), contrariamente a la noción de ciencia en la modernidad que se ha validado desde la comprensión del método con el auge del positivismo. En consecuencia, adhiere a la definición clásica de ciencia, que en la formulación de Santiago Gelonch (2010) es: “el conocimiento de lo que las cosas son, de su naturaleza, esencia o sustancia (…) de todos sus principios, causas y elementos” (pp. 165-166). De este modo, “el proceso por el que se llega a conocer algo, no es importante ni definitorio. Habrá ciencia en tanto se sepa cómo es algo, se conozca su definición (…). Lo otro, el método, es el modo por como un hombre llegó a conocer eso; pero no la causa de su verdad” (Gelonch, 2010, p. 166).
    En cambio, en la modernidad “el objeto de ciencia ya no se explica por cómo es la cosa sino por cómo se la conoce (…). La ciencia ya no es conocimiento de lo universal y necesario sino un conocimiento universal y necesario garantizado por ser obtenido por determinado método (…) basta seguir la enumeración de métodos y fundamentos propuestos para ver que ninguno resultó absolutamente convincente. Por eso, es característico de la modernidad que cada nuevo filósofo o científico refute el método anterior y proponga otro (…)” (Gelonch, 2010, pp. 166-167). No deja de ser interesante advertir: “En la confusión actual entre personas que tienen una concepción moderna —más bien positivista— y otros postmodernos, el sentido clásico no es un hecho histórico que ya pasó. Es, en realidad, la raíz que posibilitó a los otros dos y, por tanto, el único que, plenamente verdadero, resulta una alternativa a la confusión actual” (Gelonch, 2010, p. 168).
  2. A los efectos de ceñir y dar claridad al estudio que presentamos, se han realizado algunas distinciones acerca de cómo se abordó la referencia a la tradición de pensamiento realista vigente en las obras de Francisco Ruiz Sánchez, a saber: tradición inmediata (que sustenta sólidamente el pensamiento del autor), tradición mediata (que se vincula de modo poco relevante con su pensamiento). Asimismo, sobre estas especificamos: tradición mediata/inmediata explícita (evidentemente en sus obras) e implícita (no evidente).


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