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4 La juventud de la CTA

Vamos por más libertad y democracia sindical, por la organización de los jóvenes, por la pelea contra la baja de edad de imputabilidad a los pibes y la criminalización de la protesta. Vamos por una CTA de millones donde la juventud tenga un papel preponderante en la dinámica de movilización para garantizar nuestra presencia en la calle. (Ana Cúneo, Secretaria de la Juventud de la CTA, 29 de marzo de 2011 en http://agenciacta.org/spip.php?article596)

En este capítulo explicaremos las características y las modalidades de participación que se advierten en la Juventud de la Central de los Trabajadores Argentinos. En una primera parte, analizaremos a la CTA como referencia principal de esta Juventud. Partiremos del relato histórico de los orígenes que hacen sus militantes y hablaremos del rol de oposición frente a los gobiernos argentinos desde la década de 1990. Luego veremos qué características de movimiento y acción colectiva posee, reconociendo sus vínculos internacionales y las formas que adoptó para la protesta social. Analizaremos los proyectos y las divergencias que expresa. En una segunda parte, estudiamos cómo se expresa lo juvenil en la Central. Para ello, analizaremos cómo se organizan y actúan los jóvenes, dando cuenta, a continuación, de las principales actividades y espacios. En el punto siguiente, identificaremos los principios y las referencias históricas y contemporáneas que aparecen en el discurso de la JCTA y analizaremos cómo son las trayectorias de sus jóvenes militantes. A continuación, caracterizaremos las alusiones a un conjunto de pertenencia, un “nosotros” y las diferencias que esta identidad establece con otros grupos. Por último, consideraremos las formas que adopta la participación en la JCTA.

1. La central de los trabajadores argentinos

Un resultado de la investigación realizada es que la pertenencia a la organización CTA es un elemento central en la constitución de la militancia juvenil. La Central ofrece un marco de referencia donde apoyarse como tradición política, brinda una posibilidad identitaria, un marco ideológico y modalidades de acción constituidas históricamente. Hay un relato de los orígenes y de la historia de la organización, vinculada con la historia nacional, que adquiere significado y permite comprender las prácticas. En el caso de la juventud de la CTA, la referencia del pasado y del presente emergió en el diálogo con jóvenes militantes y, su reconstrucción para esta sección fue enriquecida con el análisis de materiales impresos y referencias de otros militantes, así como con los intercambios realizados en contexto de devolución que se propuso como parte de la construcción colaborativa de conocimiento con la organización y sus jóvenes.

Las raíces históricas y el origen de la CTA

Si bien el origen formal de la CTA se puede fijar a principios de los años 90 (el estatuto vigente ubica la fecha del 14 de junio de 1992), hay antecedentes y experiencias de militancia anteriores a esa fecha. En el discurso de sus miembros, se proponen las raíces de este proyecto en posiciones ideológicas, compromiso y acciones efectivas con mayor anterioridad. Entre dichas raíces, que abrevan en la tradición del peronismo histórico, se pueden identificar varios antecedentes. En la “Historia del Movimiento Obrero Argentino” que elaboró la Asociación de Trabajadores del Estado (2009) el relato se divide en seis etapas y tiene como figura central a Víctor De Gennaro, referente histórico de dicho sindicato pero también líder indiscutido de la CTA en la mayor parte de su historia. En la primera, que identifican hasta 1922, mencionan “la construcción de la conciencia de clase trabajadora” y el primer intento de organización signado por “la derrota”. La segunda etapa se prolonga hasta 1955 y está identificada como “la primera experiencia de gobierno que tuvimos como clase”. La tercera (1955-76) sería “la resistencia, la recuperación del gobierno y la revolución trunca”, la cuarta (76-83) identificada con “el genocidio”, la siguiente con la recuperación de las instituciones democráticas y la crisis nacional e internacional de los trabajadores” (1983-89) y la última, que extienden hasta el momento de publicación, caracterizada como “la definición de un nuevo proyecto de sociedad en lo político, económico, social y cultural” (Asociación de Trabajadores del Estado, 2009: 7).

Esta presentación sintetiza con claridad un marco ideológico e histórico que se refleja, a su vez, en distintos espacios de formación, en publicaciones y en material de difusión de la CTA. La lectura se hace desde la condición de clase trabajadora y se identifican procesos revolucionarios y democráticos[1], que se traducirían en la construcción de un proyecto en la actualidad. La mirada evolutiva también puede considerarse propia de un estilo de relato épico que resulta frecuente en las lecturas de las organizaciones de trabajadores. A partir de los diversos materiales, se pueden identificar algunas “gestas” fundadoras y algunos procesos históricos definitorios aunque de menor visibilidad pública. Entre las primeras, identificamos:

  • La experiencia del peronismo entre 1946-55, no sólo en cuanto a las conquistas sociales sino en la formación de la clase obrera como sujeto político, las relaciones complejas con el gobierno de Perón y la tensión con la burguesía local, que se enuncia como “también está la clase trabajadora disputando la conducción de un proceso” (Asociación de Trabajadores del Estado, 2009: 33).
  • La “resistencia peronista”, que no hace alusión simplemente a la defensa de condiciones de trabajo en las fábricas durante la proscripción del peronismo, sino a un fenómeno más amplio, que abarcaba una cultura política difusa compartida, articulaba un imaginario popular, formas cotidianas de contacto entre los “compañeros” y la posibilidad de realizar acciones de sabotaje tanto como considerar insurrecciones armadas, se caracterizó por la participación de trabajadores jóvenes: “Las luchas defensivas de 1956 y 1957”, señala James, “pusieron en primer plano una nueva camada de dirigentes gremiales más jóvenes que llenaron el vacío generado por la proscripción de la generación anterior a 1955” (James, 2003).

Las revueltas populares de los años 60, en particular la actuación de los comités de fábrica y las revueltas populares como el Cordobazo. En ellas se enfrentaron sectores críticos del modelo económico (de raíz clasista pero también peronistas) con la Dictadura dirigida por el General Onganía, así como también nuevos actores dentro del movimiento obrero que cuestionaron a la “burocracia sindical” de carácter centralizado y negociador[2].

  • El protagonismo de la “CGT de los Argentinos” en 1968, que se escindió de la línea oficial y negociadora para constituir un espacio propio de carácter combativo. Entre quienes participaron estuvieron los sindicalistas luego involucrados en el Cordobazo y también el escritor Rodolfo Walsh, a cargo del periódico. En la compilación que se hizo del mismo, se puede leer:

La CGTA asumió una posición –contenida en el Programa del 1ro de Mayo- de enfrentamiento frontal a la dictadura de aquellos años. Y no limitó su accionar al plano gremial. Al contrario, postuló que bajo las condiciones que vivía el país la acción sindical y la acción política debían estar entrelazadas, otorgándole a esta última una destacada consideración. Así, entabló enconados combates por reivindicaciones parciales o sectoriales, apoyó decididamente los conflictos gremiales más importantes de la época, fomentó el desarrollo de organizaciones sindicales de base y planteó una guerra sin concesiones contra las conducciones burocráticas y claudicantes. Pero también repetidamente convocó a la movilización contra la dictadura militar [….] denunció la desnacionalización económica y la penetración de los monopolios extranjeros, se involucró solidariamente en los conflictos de regiones especialmente perjudicadas (por ejemplo, Tucumán) y –ya al límite de sus fuerzas- apoyó con entusiasmo las gestas populares de 1969 (López, Ernesto 1997: 6)

  • la lucha contra la dictadura de 1976, en particular, dentro de la “Comisión de los 25”, que se opuso orgánicamente a la misma. La Comisión se formó en 1977 con el liderazgo de los gremios de taxistas, alimentación, cerveceros, camioneros, mecánicos, tabaco y ferroviarios, sus dirigentes plantearon la primera huelga a la dictadura en 1979 y varios de ellos fueron a prisión por este reclamo.

Cabe señalar que estas luchas sindicales no estuvieron exentas de tensiones que a veces se tradujeron en conflictos internos y divisiones. La lectura que hacen los miembros de la CTA los posiciona del lado de los procesos de cambio social y en contra de las prácticas verticales y clientelares, asociadas a lo que se conoce como la “burocracia sindical”. Señala De Gennaro, refiriéndose al retorno de Perón en 1972, que “comenzaba a ser más nítida la confrontación entre la burocracia sindical y los sectores que planteaban el cambio (en este grupo ya había militantes que hoy comparten la construcción de la CTA)” (Asociación de Trabajadores del Estado, 2009: 53).

Los años 60 y 70 (que en términos más precisos incluiría el período que abarca desde la caída de Perón en 1955 hasta la dictadura de 1976) adquieren un estilo épico, en tanto la resistencia a las dictaduras, la proscripción del peronismo y los gobiernos democráticos débiles de la época llevó a procesos heroicos de resistencia. En los mismos aparecen organizaciones caracterizadas como “juventud”: la Juventud Peronista, creada en 1957, tuvo un rol activo en la resistencia y sufrió persecuciones y represión. En el primer Congreso Nacional de la Juventud Peronista (1963), los representantes se dirigieron “a todos los jóvenes, sin distinción de clase social, nacionalidad, instrucción o raza, que amen a su patria y estén dispuestos a luchar hasta el fin por su liberación” (en http://www.jp.org.ar/la-gloriosa-jp/nuestra-historia). En los meses posteriores se multiplican las agrupaciones de diversa orientación y se advierten dos líneas: una se tradujo en la formación de la Juventud Trabajadora Peronista vinculada a Montoneros y a la “Tendencia Revolucionaria”, y otra fue la Juventud Sindical Peronista, vinculada a las 62 Organizaciones y formada dentro de la CGT. Frente a esta confrontación también surgieron voces que planteaban que “la contradicción no era entre jóvenes y viejos, sino entre explotados y explotadores” (ATE, 2009: 53). Estos debates son leídos desde la formación actual de la CTA en la línea de resistencia y no en términos de recuperación de las agrupaciones identificadas como “jóvenes”. Por otro lado, los miembros de la Juventud de la CTA que fueron entrevistados mantienen la misma lectura y prefieren hablar de la tradición combativa de los trabajadores de la época en general.

La Juventud Peronista llegó al poder legislativo con ocho diputados en las elecciones de 1973, cuando Héctor Cámpora fue electo presidente. Este nivel de participación política estuvo enmarcado en una época de violencia armada, y las líneas mencionadas experimentaron divisiones y debates que se hicieron más profundos en el tercer gobierno de Juan Domingo Perón (1973-1974) y el de su esposa María Estela Martínez de Perón (1974-1976). José Pablo Feinmann refiere el momento, que incluía discusiones, gritos y muertes, haciendo alusión a que “la historia estaba llena de ruido” y propone una cita de Horacio González para comprender el momento en que muchos jóvenes peronistas se hallaban inmersos:

No éramos combatientes en el sentido más profundo y drástico. Éramos la voz de las calles, un coro que iba de aquí para allá con cánticos y rememoraciones. Cuando aparecieron las fuerzas salvajes, tuvimos la intuición de que las formas armadas de la lucha no podían prosperar, por más que voceamos épicas y martirologios. Comprobamos el peso de lo que se llamaba la correlación de fuerzas. Pero lo que más duele pensar, como herida profunda de nuestras biografías, es que el paso que dábamos dividía repentinamente las vidas políticas, entre los que se exponían a la muerte y los que veíamos que las chances de evitarlo se hacían más amplias con sólo asumir otro trazado en nuestro pensamiento político. (González en Feinmann, 2010: 2)

Durante la dictadura de 1976, la represión militar persiguió a un amplio espectro de militantes sociales y políticos. El Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) reunió a miembros de la corriente gremial de ATE liderada por Germán Abdala y Víctor de Gennaro con militantes de la juventud peronista (como Claudio Lozano) y líderes barriales (como Luis D’Elía). En ese contexto, los agrupamientos sindicales vivieron procesos que no tuvieron tanta visibilidad para la sociedad en su conjunto pero resultaron construcciones políticas de importancia y sentaron las bases de las líneas sindicales que formaron la CTA. Se deben mencionar la fundación del Consejo Coordinador Argentina Sindical (CCAS) en 1977, que agrupó a sindicatos vinculados a la Central Latinoamericana de Trabajadoras (CLAT) y apoyó los esfuerzos de sectores combativos del movimiento obrero, como los representados por los mismos De Gennaro y Abdala, quienes lideraron la recuperación de Asociación de Trabajadores Estatales en 1984.

Como señala la página oficial[3], durante la dictadura el CCAS institucionalizó las reuniones que venían teniendo varios dirigentes gremiales en INCASUR, donde confluían organizaciones y movimientos, en un “proceso embrionario en el cual los dirigentes y organizaciones con relaciones político-sindical, participaban de esos cursos y a su vez tenían relación con las Federaciones Sectoriales afiliadas a la Central Latino Americana de Trabajadores“ con el objetivo de “recuperación de los gremios dentro del marco de la renovación sindical y la coordinación de las relaciones y compromisos recíprocos entre las organizaciones y la CLAT”.

Durante el gobierno de Raúl Alfonsín se constituyó el Encuentro Nacional de Trabajadores Argentinos (ENTRA) frente a la denominada “Ley Mucci”[4]. Esto ayudó a consolidar un proceso de fortalecimiento de gremios de base como Sanidad, UOM de Quilmes y Matanza, UOCRA de La Plata y adquirir protagonismo público a través de la demanda en defensa de la educación pública sostenida por la CTERA. La Confederación de Trabajadores de la Educación protagonizó, en 1988, una histórica huelga de 42 días coronada por una multitudinaria “Marcha Blanca”. Estos hechos, recuperados por la CTA y parte de la historia del sindicalismo argentino (que se identifica de forma indirecta como historia de la propia CTA) constituyen hitos relevantes para la formación de dirigentes actuales, a través de talleres y charlas.

Desde el debate ideológico, entre los hitos principales se pueden mencionar el denominado “Programa de La Falda” (Córdoba, 1957), el “Programa de Huerta Grande” (1962) y el Programa de la CGT de los Argentinos, formulado el 1ro de Mayo de 1968)[5]. Estos documentos surgieron en un marco histórico en el que se combinaban la proscripción del peronismo, la reorganización de los sindicatos, la aparición de las 62 Organizaciones Peronistas y las divisiones de la CGT de los años 60. Expresaban las ideas de un peronismo combativo y las propuestas efectivas de política económica que incluía la “nacionalización de la banca” y las expropiaciones, en un contexto político adverso, y frente a posturas divergentes de los trabajadores organizados[6].

El programa del 1ro de Mayo de 1968 de la CGT de los Argentinos retoma las líneas de cuestionamiento al modelo económico dependiente y a favor de la transformación social, y lanza una convocatoria abierta, ya que “la CGT de los argentinos no se considera única actora en el proceso que vive el país”[7], apelando a empresarios nacionales, pequeños comerciantes e industriales, universitarios, militares (“preferiríamos tenerlos de nuestro lado y del lado de la justicia”), estudiantes y religiosos[8].

La definición de un ideario político y una articulación de las fuerzas populares están presentes en la tradición del peronismo combativo, en la que se identifica la CTA. Como mencionamos al principio de esta sección, la Central de los Trabajadores Argentinos se crea en 1992 pero aparece directamente vinculada con la evolución y los debates del movimiento obrero en el contexto de los años 90 y el auge de las políticas neoliberales: exclusión social, desocupación, cierre de fábricas, privatizaciones, precarización laboral, reducción de presupuestos en seguridad social, salud y educación y ajuste del aparato estatal, entre otras. Surgió de la oposición clara al gobierno de Carlos Menem, quien era un eficaz ejecutor de las políticas neoliberales impulsadas por el llamado “Consenso de Washington”.

Pero hay que destacar una faceta en especial para entender el contexto de origen de la CTA: la relación del menemismo con la tradición peronista y el movimiento obrero. Esto generó una crisis de la representación política y sindical de los sectores populares en su conjunto. Gurrera (2002) realiza una entrevista a Claudio Lozano[9], en la que éste plantea:

Menem es la clausura definitiva de cualquier perspectiva o intento de transformar el Peronismo en lo que alguna vez para algunos fue, si alguna vez se entendió que el Peronismo fue un movimiento que brindaba un cauce de transformación para el pueblo argentino. Lo que Menem termina de definir es que luego de la dictadura y de las transformaciones vividas, la historia era otra. Y a partir de allí comienza una nueva etapa que es empezar a explicitar otra estrategia de construcción política que implica la conformación de una nueva experiencia política […] Lo cual implicaba recrear formas organizativas que tuvieran que ver con la nueva realidad que presentaba la Argentina y sus sectores populares (Gurrera, 2002: 12)

La emergencia de Carlos Menem se inscribe en su papel como gobernador de La Rioja y en la negociación con el gobierno de Raúl Alfonsín, dentro del proceso de renovación del peronismo, en la década del 80. Contaba con el apoyo de varios sectores tradicionales del movimiento obrero organizado, agrupados en el “Movimiento Sindical Menem Presidente” (MSMP) que lo apoyó para llegar a la presidencia en 1989. El Congreso de la CGT del 10 de octubre de 1989 reflejó estas tensiones a través de dos posiciones divergentes: una a favor de la continuidad de Saúl Ubaldini como Secretario General (principalmente gremios como ATE, CTERA y delegaciones menores) y otra buscando su desplazamiento, alrededor de la recientemente conformada Mesa de Enlace Sindical. La ruptura del Congreso generó, a su vez, dos conducciones: CGT-Azopardo (Ubaldini) y CGT-San Martín (liderada por Guerino Andreoni con el reconocimiento del ministro de trabajo menemista, Jorge Triaca).

Las medidas que adoptó el presidente Menem generaron oposición en algunos sectores del peronismo y en el sector ubaldinista de la CGT, cuya estrategia recuperó la tradición de la “resistencia”. En tanto, dentro del arco político peronista se conformó un grupo de dirigentes opositores conocido como “grupo de los ocho”, que editó la revista “Unidos” y estaba liderado por los diputados Carlos “Chacho” Álvarez, Germán Abdala, Juan Pablo Cafiero y Darío Alessandro, entre otros. En este contexto se realizó un encuentro de militantes peronistas en la localidad de Villa María en junio de 1990. Fue el espacio donde se planteó la crítica al pragmatismo neoliberal, la fidelidad a la tradición peronista “verdadera” y la traición del nuevo gobierno a la voluntad popular expresada en las urnas. Cuando Carlos Menem triunfó en las elecciones septiembre de 1991 este sector se vio debilitado y cambió la relación de fuerzas en el interior de la CGT. La unidad de la CGT, acordada en el congreso de Parque Norte, del 26 de marzo de 1992, significó el predominio de las posiciones afines al gobierno de Menem.

Paralelamente, los sectores críticos habían iniciado un camino que llevó a formar otro espacio. El 17 de diciembre de 1991 se realizó un encuentro de organizaciones sindicales en la localidad de Burzaco. Es el momento fundante, que reconoce la CTA como el momento clave para su origen: “un puñado de dirigentes se comprometen a construir un sindicalismo autónomo de los partidos políticos, los gobiernos y los empresarios.”[10]. Merece destacarse este aspecto fundacional, que consideramos dotado de un significado importante y parece repetirse en las expresiones de dirigentes sindicales y de jóvenes militantes: la fundación de la Central está asociada a un acto de rebeldía respecto de la burocracia, el verticalismo, los “viejos métodos” y la traición a las luchas históricas del peronismo.

El documento que da pie a las deliberaciones de este encuentro, denominado “Debate para la organización de los trabajadores”, plantea la construcción de un nuevo movimiento que contemple la autonomía sindical (respecto “del Estado, los patrones y los partidos políticos”), la democracia sindical, la apertura a otras organizaciones sociales “que expresan las múltiples demandas de los sectores populares y que reflejan la realidad de los cinco millones de argentinos con problemas de empleo” y la ética gremial. Propone:

Las nuevas formas de organización empresarial plantean nuevos desafíos a la organización sindical y reflejan los límites de la estructura actual. Se hace necesario entonces abordar formas organizativas que tengan en cuenta que un mismo grupo empresario controla diferentes ramas productivas y que han transnacionalizado su funcionamiento controlando inclusive al Estado (CTA.  Declaración de Burzaco, 1991)

La construcción de este espacio dio sus primeros pasos en abril de 1992 en la ciudad de Rosario, cuando se designó una Mesa Nacional Provisoria para la organización de un Congreso de los Trabajadores Argentinos que, luego de algunos actos públicos en diversas provincias, llevó a la formación de la CTA con el nombre provisorio de Congreso de los Trabajadores Argentinos el 14 de noviembre de 1992. En esa ocasión, informa la página de la CTA que “se vota el estatuto que habilita la afiliación y el voto directo”. Aquí también cabe detenerse en señalar la importancia del voto directo y la fuerte impronta de ética y “democracia sindical” sobre la cual se proponen organizase.

El proceso que siguió este nucleamiento fue fortalecer el espacio con una amplia presencia sindical, la realización de actos de impacto público (el primero de los cuales fue la Marcha Federal del 6 de julio de 1994), la elección de autoridades por voto directo de 150.000 afiliados en 1995 y la decisión del congreso nacional de delegados en el Luna Park en 1996, que cambió la denominación a “Central de los Trabajadores Argentinos”. Esta denominación será reconocida por el gobierno en 1997 con la resolución 325/97 sin que implicara un reconocimiento legal como representación de los trabajadores análogo al de la CGT.

Mientras se daba el proceso institucional, la CTA adquiría presencia en luchas locales en el territorio argentino, entre ellas los cortes de ruta desarrollados en la provincia de Neuquén en 1994 y el posterior congreso de desocupados. La misma CTA, en la cartilla de formación publicada en julio de 2006, propone una mirada a su propia historia en tres etapas: el momento fundacional, entre 1991 y el congreso del Luna Park, un segundo momento hasta la constitución del Frente Nacional contra la Pobreza (FRENAPO) y un tercer momento desde 2002 en adelante.

La CTA contra Menem, la Alianza y la crisis

La Central adoptó un perfil combativo, y esto se reflejó en los acontecimientos que siguieron a su constitución y en las diversas estrategias de lucha y presencia pública, ya que muchas de ellas fueron protestas sociales dotadas de fuerte carga simbólica. En una mirada general a la etapa se pueden identificar algunos componentes en la estrategia desarrollada por la CTA que le dio identidad en su conflicto con el gobierno de Carlos Menem: la convocatoria a campañas públicas, el diálogo con representantes partidarios en el Congreso y los eventos masivos. Entre las campañas públicas, se puede mencionar la “Campaña por el millón de firmas” llevada adelante en marzo de 1993, para lograr la participación ciudadana en las políticas sociales, así como la participación en marchas en recuerdo de las víctimas de la Dictadura y manifestaciones para reclamar por la desocupación. En el ámbito del Congreso, se advirtió una articulación entre la CTA y distintos partidos políticos, principalmente el “grupo de los ocho” mencionado antes. Entre los eventos masivos y los gestos públicos que concitaron la atención pública se encuentran:

  • la Marcha Federal de 1994,
  • la Marcha por el Trabajo y la Justicia de agosto de 1996,
  • la Carpa Blanca (instalada frente al Congreso en abril de 1997 por la CTERA, miembro clave de la CTA, para reclamar por salarios y oponerse a la reforma educativa del gobierno menemista)

La Carpa Blanca se originó en la situación docente y las leyes menemistas: la Ley Federal de 1993, que descentralizaba y quebraba la unidad formal del sistema de educación básica, y Ley de Educación Superior de 1995. El reclamo salarial de base se unió así a la discusión política (respecto de la aplicación de recetas privatizadoras asociadas a las estrategias del Banco Mundial y el FMI), con eco en los legisladores, pero también concitó el apoyo de representantes de partidos políticos, líderes sociales y referentes culturales. La realización de “ayuno” por parte de docentes que buscaban recuperar la dignidad de su trabajo y se mostraban con guardapolvo blanco y carteles que identificaban el “ser docente” produjo un amplio impacto en la opinión pública. Al mismo tiempo, fue el escenario donde muchos de los debates políticos y reclamos éticos de la CTA se reflejaron. El resultado más visible fue la sanción de un impuesto en 1998 (la ley del incentivo docente) y el apoyo a una alternativa política que se expresó en diversos exponentes de los partidos tradicionales y en el recientemente creado Frente Grande, que derivó en la formación de la Alianza que enfrentaría y derrotaría al proyecto Menemista en 1999.

El saldo de la década en términos económicos y sociales ha sido mencionado en el capítulo 1, sin embargo, mirando en perspectiva, corresponde subrayar dos cuestiones centrales respecto de la situación de los trabajadores ocupados y desocupados, que permite percibir el lugar que ocupó la CTA. La primera alude a las estrategias seguidas, entre las que Victoria Murillo (1997) distingue tres tipos: la subordinación de líderes sindicales afines al Gobierno, la supervivencia negociada de otros (que les permitió conseguir el manejo de obras sociales y volverse “empresarios”) y la resistencia. Esta estuvo encarnada básicamente por la CTA y, desde una postura menos confrontativa y dentro de la CGT, por el MTA, Movimiento de los Trabajadores Argentinos, sin la obtención de logros significativos en el campo del conflicto. La emergencia de una Central Sindical en resistencia contra el gobierno, con un repertorio ampliado de métodos de lucha y alianzas con otros actores sociales constituyó un dato significativo.

La otra cuestión se vincula con la territorialización, la adopción de la consigna “la fábrica es el barrio”, sostenida por la CTA en los años 90. Esto se relaciona con la incorporación de organizaciones comunitarias, barriales y “de base” a la estructura sindical y con un proceso de reformulación identitaria que, según Gurrera (2002) resignificó el concepto de clase trabajadora. Recoge, por otro lado, las tradiciones barriales peronistas (el movimiento villero peronista[11], por ejemplo) y los procesos de ocupación de tierras que tuvieron lugar en los años 80 que tuvieron en Luis D’Elía, antiguo militante de SUTEBA de Isidro Casanova, a uno de los líderes principales (como se amplía más adelante).

Posicionada históricamente (y leída en la actualidad) como la “central combativa”, la CTA se volvió un actor relevante y participó de manera indirecta en la transición que llevó adelante la Alianza que sucedió a Carlos Menem en 1999. La llegada al poder de Fernando De la Rúa fue recibida favorablemente por la CTA, que mantenía lazos con el mencionado FREPASO, entonces integrante de la Alianza. Sin embargo, mantuvo una distancia expectante. Esta distancia se modificó al comprobarse la continuidad de medidas económicas y sociales afines al menemismo en el nuevo gobierno. La CTA adoptó una crítica más frecuente, con cuestionamientos a algunos ministros y funcionarios. Por ejemplo, ante las medidas apoyadas por el vicepresidente Carlos Chacho Álvarez y el ministro del Interior, Federico Storani, la Central escribía:

Quienes luego serían los principales dirigentes de la Alianza decían oponerse a las políticas pro empresarias del menemismo. Y lo sorprendente es que proponían lo contrario a lo que están haciendo hoy en los principales Ministerios, la Casa Rosada y el Congreso Nacional… Ellos, los opositores de entonces, hacen exactamente lo mismo que criticaban. (CTA, 2000: 3).

La CTA rechazó la Ley de Reforma Laboral que impulsaba el gobierno (la misma fue sancionada en el año 2000 y llevó a denuncias por pago de sobornos en el Senado) y la designación del economista liberal Juan José Llach como ministro de Educación. Al mismo tiempo, la iniciativa de Estados Unidos de promover el tratado de libre comercio (ALCA) y extender su influencia en América Latina recibía el rechazo público de los sindicatos y acercaba posiciones con otras centrales del continente, como la CUT de Brasil. Para algunos analistas, en estas instancias se verificaba un proceso de consolidación de la CTA como fuerza autónoma y de acuerdo a los principios históricos e ideológicos que la habían fundado.

Sin espacio sindical, ante la evidencia de los resultados adversos de haberse adosado a la Alianza y frente al agravamiento imparable de la crisis, la CTA buscó protagonismo por un camino intermedio. El 26-7-00 inició en Rosario junto a los piqueteros la Marcha por el Trabajo, que llegaría al Congreso Nacional el 9 de agosto siguiente. El objetivo era obtener un millón de firmas para promover un seguro de empleo y formación de $380 para cada jefe y jefa de hogar y un subsidio de $ 60 por hijo en edad escolar…. A partir de entonces la CTA encauzó toda su política hacia la constitución del Movimiento por la Consulta Popular por un Seguro de Empleo y Formación, junto al Frenapo (Frente Nacional contra la Pobreza) integrado por esa Central, la banca cooperativa, organizaciones de pequeños y medianos empresarios urbanos y rurales, organizaciones sindicales, barriales, sociales, estudiantiles, religiosas y de derechos humanos de todo el país, junto a legisladores nacionales (ARI-Polo Social) y de distintos municipios. (Camusso, 2002: 14)

El FRENAPO constituyó una instancia de peso, que propuso medidas que hoy son parte de las referencias históricas de la CTA, como el seguro de desempleo, la asignación universal para los hijos de los trabajadores y distintas acciones “para que no exista ningún hogar pobre en la Argentina”. Esta participación fortaleció la estrategia confrontativa de la misma CTA y es señalada, en la actualidad, como parte del proceso de luchas de la misma.

La estrategia seguida durante el gobierno de Fernando de la Rúa también fortaleció el criterio de ocupar “la calle”. La CTA se pronunció en convocatorias públicas contra la Reforma Laboral (Marchas en febrero y abril, Paro Nacional el 5 de mayo) y contra las políticas del FMI, Campaña Nacional por el Empleo pidiendo Seguro nacional de Empleo y una “Marcha Grande” en el año 2000. La Marcha Grande fueron dos semanas durante las cuales un grupo de aproximadamente 300 militantes de la Central realizaron actos y “caminatas” uniendo ciudades del interior argentino con la ciudad de Buenos Aires, reclamando planes para familias, desocupados y ancianos y una “asignación universal” por hijo, que culminó en un acto público multitudinario en Plaza de Mayo. Señala uno de sus cronistas, Carlos Del Frade;

La Marcha Grande, el río místico de la historia social argentina, no solamente fue uno de los hitos más notables de la crónica política de los últimos veinte años, sino también una clara señal de los puentes que existen entre las viejas peleas y las nuevas necesidades. Un ejemplo palpitante de que la memoria y la resistencia siempre están cargadas de futuro. (Del Frade, 2010)

En noviembre de 2000 tuvo lugar un corte de ruta desarrollado por los trabajadores de La Matanza en Isidro Casanova, originado a partir de una asamblea de 5000 participantes y que se extendió por varios días en tensión con la policía y con los representantes políticos. Fue el llamado “matanzazo” que finalizó con en acuerdo con los gobiernos nacional y provincial y “se constituyó en un ejemplo de organización, lucha unitaria e integración entre las organizaciones territoriales y los gremios” según señala la CTA[12].

En forma paralela, se desarrollaron estrategias de formación al interior de la CTA (que había organizado un Primer Encuentro Nacional por un Nuevo Pensamiento en la Argentina en 1998), con dos encuentros nacionales más (el último, bajo el tema “Movimiento Social y Representación Política”). Se consolidó el Instituto de Estudios y Formación y la CTA tuvo una presencia destacada y activa en los Foros Sociales Mundiales a partir de 2001. De Gennaro lo explica:

Lo que hay es una nueva etapa, en donde hay pensamientos que vienen de orígenes lejanos y se recuperan […] si no aprendiéramos de lo que nos pasó sería muy difícil cambiar. […] Se discutió mucho porque las raíces son fundamentales, la memoria y nuestra historia, nuestra cultura es fundamental para resistir y para proyectarnos, pero eso del nuevo pensamiento era una provocación porque era una manera de abrir espacios a no tener prejuicios, a tratar de vencer las verdades absolutas que limitan la capacidad de aprender. Fue también una manera de no aceptar esa dicotomía de pensamiento y acción, eso de que la acción, los prácticos, los realistas van por un lado y los pensantes, los utópicos, los técnicos van por el otro. (Citado en Ceceña, 2001)

La CTA, movimiento y acción colectiva

Desde su fundación y en sucesivas declaraciones e intervenciones, la CTA se reivindica como un movimiento político, social y cultural. Esto se expresa en las estrategias que adopta en términos de construcción política y de protesta social, en el discurso movimientista que reivindica y en las articulaciones con otros actores sociales, incluso referencias internacionales. En el congreso de 2002 explicitó su vocación de construir un nuevo movimiento político, social y cultural y, en las cartillas de difusión, recalcan lo “cultural” planteando que en la coyuntura de principios del siglo XXI los aspectos culturales son importantes y abordarlos resulta imprescindible. Cabe destacar que tanto la historia de luchas como los componentes de “movimiento social” expresados por la CTA están en el discurso actual de los jóvenes militantes, como se profundiza más adelante. A su vez, lo movimientista aparece también en la vinculación con las protestas y los reclamos populares que se extendieron luego de la crisis de 2001-2002. En ese momento, las prácticas sindicales tradicionales de huelga y el protagonismo de la CGT se hicieron menos visibles, en tanto aumentaban los trabajadores desocupados y fuera de las representaciones gremiales. La Central participó en las luchas del campo popular, en el que estaban incluidos otros movimientos y organizaciones, por ejemplo, se solidarizó con la muerte de Aníbal Verón (2000), con las de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán (2002) y en el año 2010, con la de Mariano Ferreyra, del Partido Obrero.

Las medidas de fuerza que propone la Central son planteadas como emergentes de la clase trabajadora y abarcadoras de un conjunto más amplio que la misma central y las movilizaciones son planteadas, desde los documentos y los materiales de difusión, como procesos populares que van esa dirección. Asimismo, los vínculos internacionales, formales e informales, consolidan la idea movimientista. Entre ellos, se pueden mencionar las ya citadas participaciones en el Foro Social Mundial de Porto Alegre (y sus repeticiones), la Marcha Mundial contra la Guerra de Irak de 2003 y la III Cumbre de los Pueblos de América en Mar del Plata en 2005, junto al acto contra el presidente norteamericano George Bush y el ALCA[13]. En palabras de Víctor De Gennaro:

Tuvimos experiencias maravillosas como la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat que nos acercaba pobladores, trabajadores rurales, sectores que tienen que ver con la tierra, o los aborígenes, o las trabajadoras sexuales, organizaciones que jamás hubieran estado como trabajadores en una central. Para construir un movimiento político nacional lo primero que había que reconstituir era el orgullo de pertenencia a una clase, a la clase trabajadora, que en nuestro país fue la clase organizada más importante, la que más cuestionó el poder de los grandes grupos económicos. Desde esa perspectiva la sociedad se constituyó en una central de nuevo tipo, abriéndose a experiencias no pocas veces contradictorias, difíciles, pero sí como un polo de poder no sólo de la clase trabajadora sino del campo popular, y por eso llegamos a tener gran incidencia en los movimientos por derechos humanos, contra el genocidio, por las experiencias de tomas de tierra, por experiencias mancomunadas de trabajadores. (Citado en Ceceña, 2001: 2)

Como se observa en estas estrategias que emplea y en el discurso que expresa la CTA, se puede considerar que la Central es un movimiento social. Además, si se observa analíticamente la conformación, las actividades y las características de la CTA, mantiene una estructura organizativa de Central Sindical. Se asemeja así al concepto de “movimiento social sindical” que se mencionó en el capítulo 1[14] que se define por los reclamos salariales y de condiciones de trabajo de tipo gremial junto a una articulación efectiva con otras organizaciones y movimientos sociales, la crítica a modelos verticalistas de organización, la lucha por la transformación de las relaciones capitalistas de dominación (económica, política, social, doméstica, sexual, principalmente) y la utilización de nuevas herramientas de lucha en articulación con nuevas fuerzas sociales, entre otros[15].

Otros investigadores coinciden en la misma caracterización. Héctor Palomino señala:

la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) que, a diferencia de la CGT tradicional, creció considerablemente desde su formación en los noventa, casi a contramano del ciclo de debilitamiento gremial, incorporando no sólo a sindicatos de servicios e industriales sino también a los sectores sociales que el modelo excluía: trabajadores informales, desocupados, movimientos sociales diversos que van desde grupos feministas hasta movimientos de lucha por la tierra y el hábitat devenidos piqueteros, etc. En cierta manera, la CTA actúa como un paraguas que alberga el desarrollo de diversas organizaciones, y como un ómnibus que recoge demandas y reivindicaciones de diverso tipo, orientadas por una estrategia claramente movimientista y extendida por todo el territorio nacional. (Palomino, 2005: 5)

Desde su creación, la CTA se propuso como un espacio que trascendía los límites de las organizaciones gremiales para incluir a otros sectores y a afiliados individuales, lo que se tradujo en la participación de organizaciones comunitarias y barriales, en una estructura menos vertical, en modalidades nuevas de acción colectiva (como las diversas “marchas” zonales o nacionales), y en la articulación entre el trabajo sindical y el trabajo territorial. Claudio Lozano es citado por Gurrera: “el diagnostico que la CTA hizo de la protesta social no sólo fue de la mano de una resignificación del término clase trabajadora sino también de la idea de territorio” (Gurrera, 2002: 6). En uno de los primeros documentos de difusión del entonces “Congreso de los Trabajadores Argentinos”, al proponer “una organización nueva para una realidad nueva” planteaba un concepto amplio de trabajadores que incluía:

Trabajadores en relación de dependencia (del comercio, estatales, industriales, agropecuarios, etc.), trabajadores de cooperativas, cuentapropistas, autónomos, jubilados y también a los desocupados, trabajadores contratados, temporarios, en negro, etc. En suma: precarizados y sin estabilidad nacional. (ATE 1993).

 A su vez, como coordinador del equipo de comunicación, Claudio Lozano plantea la diferencia frente al modelo sindical tradicional:

La propuesta de construcción de una nueva central fundada en la autonomía frente al Estado y los partidos políticos, la apertura al resto de las organizaciones sociales y la decisión de estructurar a los trabajadores tomando en cuenta el predominio de los grupos empresarios locales y extranjeros, en el terreno económico, así como la importancia de afrontar los conflictos de manera comunitaria y no sectorial, son claves de nuevas perspectivas para la organización sindical. (ATE 1993: 3)

Estas líneas iniciales, indicadas por el Estatuto constitutivo (aprobado en 1992) se fortalecieron en la organización como Central y el voto directo de los afiliados. A su vez, la amplitud de la base de participación se hizo efectiva con la integración de organizaciones diversas y agrupaciones de base (sindicales, indígenas, de jubilados, de desocupados)[16]. Entre ellas se destacó la ya mencionada Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat (FTV), entre otras agrupaciones sociales que no respondían al modelo sindical tradicional.

La convocatoria movimientista se incrementó a través del tiempo. En las crónicas analizadas y en las entrevistas, se puede advertir que un evento importante en este sentido fue el Congreso de Mar del Plata de 2002, ya que entonces se fortaleció la idea de movimiento. El evento contó con adhesiones internacionales, entre ellas la del presidente Lula da Silva, de Brasil. Esto reforzó las comparaciones, expresadas anteriormente, con al proceso seguido por el Partido de los Trabajadores (PT) brasileño, que contaba con una base social amplia y la participación de agrupamientos sociales y políticos tan divergentes como las comunidades eclesiales de base o los grupos trotskistas. En un clima de fiesta, la crónica señala:

 Al promediar el sexto congreso de delegados de todo el país, que finalizó ayer, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) aprobó oficialmente la iniciativa para convocar a todas las organizaciones populares del país a crear un movimiento político y social de liberación, como lo definió De Gennaro[17].

El investigador Raúl Zibechi (2003) brinda su mirada sobre la Central:

El programa que defiende es bastante avanzado: rechaza enérgicamente el modelo neoliberal, busca alianzas con sectores de base, con pequeños y medianos empresarios y con un amplísimo espectro del movimiento social, para modificar la relación de fuerzas en base a la lucha social y de clases. En esas alianzas ha mostrado una actitud abierta, alejada de la búsqueda de la hegemonía y procura incluso integrar en su seno, y erigirse como representante, a las más variadas y heterogéneas manifestaciones sociales. Además ha jugado un papel muy importante en la reconstrucción del movimiento popular, con grandes iniciativas como la Marcha Federal (1994), paros, apagones y movilizaciones que han operado como un inmenso paraguas bajo el cual otros sectores sociales y políticos pudieron desplegar iniciativas propias (Zibechi, 2003: 75).

La articulación internacional es otro aspecto relevante. Los jóvenes militantes hablan del compromiso solidario con los pueblos latinoamericanos y sus luchas. Este es un elemento que también se origina en la constitución de la CTA y en el discurso de integración latinoamericana que repite. Como se ha mencionado, en el origen de la CTA hay una vinculación específica con las centrales sindicales internacionales, en particular, con la CLAT (Central Latinoamericana de Trabajadores). En los tiempos de la dictadura encontraron muchos de sus dirigentes el apoyo internacional que les permitió seguir adelante con la resistencia. Por otro lado, y a partir de su constitución, la presencia de líderes latinoamericanos como Luiz Inacio “Lula” da Silva y la vinculación con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de México y el Movimiento de trabajadores Sin Terra (MST) de Brasil fue explícita. La participación en el Foro Social Mundial confirmó esta línea de articulación y los materiales de la Constituyente lo confirman: en los trabajos de difusión, se publica completa la Carta de los Movimientos Sociales de las Américas, que concluye con la consigna “La unidad e integración de Nuestra América, está en nuestro horizonte y es nuestro camino.” y se compromete con la construcción del ALBA[18] a través de programas concretos. La Carta fue un documento firmado por los asistentes al Foro Social Mundial de Belem, el 30 de enero de 2009, y se puede consultar en http://www.attacmadrid.org/d/10/090207122022.php.

Paralelamente, la CTA desarrolló una política de integración como Central Sindical, y de acuerdo al proceso vivido a nivel internacional entre la CIOSL (Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, vinculada a los sindicatos de países de Europa Occidental y Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial) y la CMT (Confederación Mundial de Trabajadores, vinculada a sindicatos cristianos y representada regionalmente por la mencionada CLAT), también desarrolló vínculos con la CGT argentina. El proceso internacional que unificó a las dos confederaciones mundiales culminó en 2006 con la formación de la Central Sindical Internacional (http://www.ituc-csi.org). A su vez, el 27 de marzo de 2008 se fundó la Confederación Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de las Américas (CSA) en la ciudad de Panamá, de la que participan la CGT y la CTA por Argentina. La CSI posee desde su constitución un Comité de Juventud, que desarrolló actividades en el II Congreso de la CSI (Vancouver, 2010)[19]. Estas vinculaciones son otra faceta de la internacionalización de la CTA, si bien no aparecen en las prácticas políticas locales ni en las actividades de los sectores juveniles entrevistados.

Por último, cabe referirnos a las modalidades de protesta social que predominan en la acción de la CTA y que son adoptadas también por los sectores juveniles. A partir de las entrevistas, se advierte que diversas formas de lucha y reclamo forman parte del marco de acción que se propone la Central. Como se ha mencionado, la CTA incorporó nuevas modalidades de protesta social al repertorio tradicional del movimiento obrero argentino, incluyó huelgas, movilizaciones, ocupaciones de espacios públicos o privados, marchas enlazando distintos lugares del país, cortes de rutas y calles y gestos simbólicos de resistencia, como la instalación de la Carpa Blanca. En la mirada histórica, se puede considerar que fue un proceso lento de adopción de otras herramientas de lucha: en las mismas confluyeron las tradiciones sindicales de huelga y confrontación con acciones públicas propias de grupos de desocupados (cortes de ruta y piquetes iniciados en los 90), y marchas con fuerte carga simbólica como las protagonizadas por el Movimiento Chicos del Pueblo. Por ejemplo en las protestas de la red de organizaciones surgidas en Isidro Casanova, que se convirtieron luego en la Federación de Tierra y Vivienda, la ocupación fue una estrategia de visibilización, seguida por distintas medidas de enfrentamiento y la adopción del “corte de ruta”. Señala un investigador:

Deciden “ocupar” la iglesia Sagrado Corazón de Jesús ubicada en la localidad de San Justo en el partido de La Matanza, la cual representaba un espacio conocido para muchos de ellos/as dado que, como ya lo hemos señalado, en numerosos casos habían sido parte de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), promovidas desde ese templo.

En junio del año 2000, más exactamente el día 29, en el que adopta en su repertorio de confrontación el corte o interrupción de rutas o calles, al cortar la ruta nacional n° 3 en el Partido de La Matanza a la altura de la localidad de Isidro Casanova (Barrera, 2010: 57-58)

En el caso de las marchas promovidas por el Movimiento Chicos del Pueblo[20], la acción consistía en un viaje que unía distintas ciudades del país, incorporando una caminata a la entrada de las ciudades, la celebración de un acto en un lugar central con la población del lugar y la incorporación de elementos simbólicos (un tren, muñecos). Al sumar la presencia de niños de los hogares que integraban el Movimiento, con canciones y bailes, incorporaron un carácter más festivo a la protesta, en tanto realizaban gestos públicos que aportaron misticismo a la acción colectiva: en muchas de ellas se repartían panes entre los presentes, cocinados en las panaderías de algunas de las organizaciones participantes y se cerraba el acto compartiéndolo con los asistentes, como una forma de sellar un compromiso colectivo, y al mismo tiempo, con claras reminiscencias religiosas.

En las entrevistas mantenidas con miembros de la Juventud de la CTA, estos aspectos se tornaron relevantes, no sólo porque participaron en las acciones que propusieron distintos sectores de la Central, como los que se mencionaron recién, sino porque su relato alude a las formas de lucha, de resistencia y de expresión alegre de protesta que está en línea con lo que acabamos de señalar. Incluso, como se desarrolla más adelante, los jóvenes militantes de la CTA hablan de una mística que se expresa en estas acciones y con este estilo.

Líneas internas, divergencias y proyectos

Esta investigación doctoral tuvo un periodo de trabajo de campo entre los años 2009 y 2010 cuando se desarrollaba proceso de conflicto interno que desembocó en una crisis institucional en la CTA, con acusaciones de fraude entre las dos listas principales y con acciones legales ante los Tribunales y el Ministerio de Trabajo. Si bien este hecho fue posterior a las entrevistas desarrolladas (y no ha sido abordado explícitamente en la investigación), las divergencias políticas y las posiciones de las dos líneas principales que conformaban la CTA estuvieron presentes como un telón de fondo de las actividades y de las entrevistas mantenidas, de forma tal que resulta pertinente hacer una observación al respecto para identificarlas.

Los datos formales, en página de la Central, indican que 240 organizaciones participaron del proceso eleccionario de la CTA en septiembre de 2010. Entre ellas se destacan, tanto por su volumen y peso político, como por las referencias encontradas en las entrevistas que se realizaron para este trabajo: ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), CTERA (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina), FJA (Federación Judicial Argentina), FTV (Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat), APA (Asociación de Personal Aeronáutico), UTPBA (Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires), FeTERA (Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina), Unión Obrera Metalúrgica de Villa Constitución, Movimiento Nacional Chicos del Pueblo.

El análisis pormenorizado de las divergencias no es objeto de este trabajo, pero sí corresponde identificar las características sobresalientes que aparecen en el discurso de los entrevistados. Tanto en el diálogo con militantes de la CTA y en las entrevistas específicas con jóvenes de la JCTA desarrolladas desde el año 2009, se advirtieron dos modalidades de construcción política. Como un primer indicador, una de ellas se manifestaba proclive al diálogo con el gobierno Nacional y Provincial y la participación en instancias abiertas por estos. La otra, en cambio, cuestionaba el acercamiento, denunciaba los graves problemas sociales sin resolver por el aparato estatal y se presentaba como más combativa y fiel a principios de luchas populares. Por detrás aparecían también dos posiciones ideológicas y definiciones distintas sobre la realidad social y política sobre la que habría que actuar, una más afín a las medidas focales y las acciones puntuales, y otra que planteaba un diagnóstico estructural y la necesidad de una transformación social y política más completa y global.

La primera estuvo identificada, en los años 2009 y 2010, por la conducción de Hugo Yasky y su pertenencia a CTERA, y estableció vínculos con algunas agrupaciones territoriales y otros sectores de la CTA. La segunda tuvo la cara visible de Hugo Micheli (liderando ATE), pero con un respaldo evidente del histórico líder Víctor De Gennaro, y estableció vínculos con agrupaciones piqueteras como el mismo FPDS, partidos políticos como Proyecto Sur, etc.

La línea de Yasky propone a la CTA como instrumento social, por eso propone la paritaria social y está acompañada con otros sectores afines al gobierno, movimientos sociales como el Frente Transversal, y parte de la Juventud… pero nosotros estamos por una CTA que se presente como instrumento político, que sume con partidos políticos y movimientos sociales, como el FPDS, Quebracho, el Movimiento Chicos del Pueblo o Proyecto Sur… los jóvenes que están en esta línea son los de ATE y la construcción que se está intentando es la Constituyente Social (entrevista a Teresa, militante de la CTA y educadora popular, 11/07/09)

La Juventud de la CTA estuvo atravesada por estas tensiones que aparecieron en los diálogos con los entrevistados y fueron más explícitas en la crisis interna de fines de 2010. Si bien todos los grupos son la JCTA, la línea que predominaba en provincia de Buenos Aires tiene una fuerte presencia de la postura que se mencionó anteriormente como más crítica hacia el gobierno provincial y nacional. A su vez, en los entrevistados se advertía un cuestionamiento al secretario de Juventud de la CTA, Pablo Macia, por considerarlo demasiado moderado. Entre las acciones que proponía se encontraban la Paritaria Social Juvenil sobre Programa de Primer Empleo y Formación, que hacía foco en lo “juvenil”[21]. El planteo que hacía la conducción identificaba lo juvenil como un tema central y una manera de realizar demandas públicamente desde esa condición. Pero se advierte que el hecho de plantear una agenda para la juventud, en cierto modo, excluía a la misma del protagonismo de otros debates dentro de la central y en la discusión de un modelo de país. La fundamentación que hace este sector se basa en razones históricas de exclusión social pero hace foco en “el sector de mayor riesgo de la sociedad, que es la juventud” y denuncia la falta de políticas estatales para los jóvenes. A su vez, entre las propuestas, menciona el “programa de primer empleo” como respuesta inclusiva.

En cambio, los sectores entrevistados de la JCTA, que desarrollaban su acción en el Conurbano Bonaerense sur y en el gran La Plata, tenían una posición crítica respecto de esta conducción, reivindicaban el trabajo de base y planteaban una mirada de la política en conjunto que excedía lo puntual de “la juventud” para reclamar la transformación social como objetivo. Al respecto, señala Diego, uno de los entrevistados:

en lo que respecta a los lugares jerárquicos, la secretaría de juventud a nivel provincial la ocupa un compañero que se llama Pablo Macia, de SUTEBA … no se ha encargado de llevar un desarrollo a nivel juventud dentro de la provincia de Buenos Aires, así que no tiene demasiada fuerza, mucha juventud no lo sigue a él … le correspondió el espacio más allá de que muchos compañeros, en ese momento lo aceptamos… pero acá en La Plata, la juventud nace sin que ni siquiera baje él (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 6/7/10)

En el mismo camino, explica Cecilia:

y ahí en ese mismo proceso empezamos a chocar con Pablo, no por personalidades, sino por otra concepción del rol de la juventud y las características que tiene que tener la juventud a la hora de conformar un movimiento de liberación nacional, digo eso porque es el objetivo a largo plazo que tenemos, nosotros hoy estamos militando acá porque creemos que hay que organizar a la clase trabajadora para conformar ese movimiento, porque sin la clase trabajadora ese movimiento no se puede conformar… y la CTA con todo lo que implica es el espacio que hoy reúne a la clase trabajadora por fuera de las lógicas cegetistas que nosotros sabemos cómo se manejó…(Entrevista a Cecilia, militante de la JCTA, 5/7/10)

Entre los entrevistados se discutía la necesidad de fortalecer un proyecto de cambio global donde no sólo se apuntara a las cuestiones juveniles sino a la política en su conjunto e, incluso, a la transformación de las condiciones económicas y sociales que generan injusticias en la sociedad. El proyecto que apoyaban y en el que se hallaban fuertemente comprometidos fue la convocatoria a una Constituyente Social como construcción política y social que, según ellos, permitía una transformación más radicalizada. Esta posición se encuentra fundamentada en el planteo de que las políticas focalizadas no atacan lo central del problema, que es estructural. Y el proyecto de la Constituyente Social se observa en el análisis como un divisor entre las dos líneas mencionadas.

Diversos documentos de la citada Constituyente Social denuncian a las políticas focales como inadecuadas, luego de trazar un diagnóstico crítico de la situación social de Argentina:

Se promueve así una “focalización” de la asistencia dejando, en el mejor de los casos, al estado como efector para los sectores más pobres y económicamente excluidos de la población o para hacerse cargo de aquellos problemas que no resultan rentables para el sector privado. Para financiar estos programas foca­lizados se acude a la toma de préstamos ofrecidos por los organismos internacionales para ejecutar “programas para pobres”. (Documento “Campañas públicas. Hacia una Constituyente Social” Abril 2010[22])

Dado el carácter referencial de la Constituyente en las entrevistas y en las actividades de jóvenes de la CTA, explicaremos mejor el proceso de trabajo implicó. En el proyecto de la Constituyente Social se relacionaron las actividades sectoriales, los planes educativos expresados por la Central y la posibilidad de articular un espacio con otras organizaciones que construyera poder político. La propuesta surgió en 2007 a partir de una conferencia de prensa que lanzó la convocatoria y en la que el dirigente Víctor De Gennaro planteó un “espacio de debate” para discutir un modelo de país y de militancia: “Los ejes de la unidad del campo popular son la pelea por la distribución del ingreso, la pelea por la soberanía, la pelea por la democratización y que nosotros tenemos que ser capaces de reconstruir”[23]. Luego de reuniones regionales, se realizó un encuentro multitudinario en San Salvador de Jujuy (en 2008), donde plantearon las prioridades (distribución justa de la riqueza, soberanía nacional, democracia, garantismo sindical y seguridad social como derecho humano fundamental) y se consensuó una estrategia apuntando a la organización de un amplio movimiento político y social. La Constituyente se presentó como un espacio crítico hacia el gobierno nacional y convocó a otras organizaciones y movimientos. Con abundantes materiales de comunicación, reivindicaba las alternativas regionales “populares, antiimperialistas y autónomas”, abordaba la situación social de la Argentina y cuestionaba la desigualdad social, la ausencia de una efectiva democracia participativa, las dificultades para disponer de los recursos naturales y ejercer una soberanía plena. El encuentro de Jujuy constituyó un impulso para los sectores involucrados y, en especial, para los jóvenes militantes[24].

Resulta adecuado enmarcar el proyecto de la Constituyente, que fue una referencia clave dentro de las acciones desarrolladas por la Central en 2009-2010, en el conjunto de actividades que desarrolla la CTA. Es decir, la Central está organizada en diversas áreas de trabajo llamadas secretarías, como Cultura, Derechos Humanos, Discapacidad, Género, Juventud y Salud Laboral. En sus publicaciones en formato papel y en los medios electrónicos también aparecen secciones correspondientes a las organizaciones que componen la CTA y a temáticas especiales (Observatorio Jurídico, Biblioteca), links a organizaciones internacionales de las que la CTA forma parte (como la Confederación Sindical Americana – CSA) y actividades de propuesta y denuncia, como la campaña Nacional “El hambre es un crimen”, organizada por el Movimiento Nacional Chicos del Pueblo o la desaparición de Julio López. Las diversas regionales se organizan de forma análoga. Se puede considerar que la estructura y las acciones coyunturales apuntan a instalar en la sociedad el proyecto que sostiene, al tiempo que apoya a sus miembros a través de la información y de los reclamos puntuales

2. ¿Cómo se expresa lo juvenil en la CTA?

Jóvenes que se organizan y actúan

¿Cómo se organiza la Juventud de la Central de los Trabajadores Argentinos? Lo hacen a partir de un espacio específicamente identificado con lo juvenil que adopta ese nombre. Es la “Juventud de la CTA”. En el Estatuto del año 2006 está expresado del siguiente modo: “tendrá como función potenciar la participación de los jóvenes en todas las instancias de la vida institucional de la CTA” (Central de los Trabajadores Argentinos, 2006: 4). Desde este espacio, los sectores identificados como juveniles participan de la vida de la Central, desarrollan actividades y expresan un discurso desde su condición juvenil. Al mismo tiempo, en las entrevistas aparecen otros elementos que hablan de diversos “clivajes”: militancia, condición de trabajador, género, territorialidad, por ejemplo.

La JCTA de La Plata, que es el referente empírico seleccionado, se presenta de la siguiente manera:

Somos un grupo de jóvenes de distintos sectores de la sociedad. Nos unen las ganas de transformar la realidad que vivimos todos los días, la impotencia de saber que se nos mueren nuestros pibes de hambre. Pero por sobre todo, nos une la convicción de que el pueblo debe construir una herramienta política propia. Por eso apostamos a la Constituyente Social en la Argentina para construir entre todos un Movimiento Político, Social y Cultural de liberación nacional. (En http://nacienburzaco.blogspot.com/, consultado en diciembre 2009)

En el cuadro 6 se puede ver una interpretación del lugar que ocupa la juventud en el organigrama de la Central, elaborado a lo largo de la investigación y a partir del análisis de los estatutos de la CTA.

Cuadro 6 (elaboración propia)

Cuadro 6

La Juventud de la CTA participa de las instancias organizativas a nivel nacional, posee su representación propia a través de una Secretaría y desarrolla actividades específicas. Celebra reuniones regulares de una Mesa Federal de representantes de distintos lugares del país. A su vez, la actividad en la que se referencian los jóvenes militantes es la de los grupos de base que integran. Estos se nuclean a partir de la actividad barrial (el grupo de la batucada, el proyecto productivo, el grupo de jóvenes del barrio) o de la militancia universitaria y secundaria (los entrevistados hablan de la articulación de ellas en un frente barrial y un frente universitario). Cada grupo de base tiene su propia reunión semanal y sus actividades regulares, participa de actividades con otros grupos (que pueden ser tanto acciones de protesta como encuentros y actividades de formación) y de las reuniones locales de la JCTA. Los espacios que tiene la JCTA para formarse, más allá del carácter formativo que adjudican a las mismas asambleas, son instancias específicas a nivel local (cursos o jornadas que organizan ocasionalmente), encuentros regionales o nacionales y participación en espacios de formación de otras organizaciones, como el que compartieron algunos de los entrevistados en la Escuela de Educadores Populares” organizada por el Movimiento Nacional Chicos del Pueblo.

Atrás de estos aspectos institucionales, se advierte una tendencia que traducen los entrevistados: el paso de un sector que está organizado a partir de la condición juvenil. Este sector ocupa un espacio para desarrollar tareas específicas de juventud, una posición de interacción con otros sectores y de discusión de acciones de toda la Central. Es decir, lo que en un primer momento fue apelación a la condición juvenil para ser reconocidos pasa progresivamente a ser la condición social desde la que se disputa el carácter de miembro pleno y las políticas. Desde el protagonismo que se advirtió en los jóvenes entrevistados, se observa que la discusión de un proyecto de transformación social y política más amplia (que en el tiempo de la investigación estaba muy identificado con el fortalecimiento de la Constituyente Social) evidencia también el crecimiento del actor “juventud” dentro de la CTA. Y el debate con quienes plantean estrategias focales orientadas a lo juvenil e identificados en la coyuntura política con el gobierno nacional incluye, de forma más profunda, la discusión acerca del rol de la JCTA como reservado a cuestiones “juveniles” (y por lo tanto acotadas) frente a su crecimiento en función de discutir estrategias generales de la CTA en su conjunto.

Para hablar del crecimiento de la JCTA a nivel nacional, debemos señalar que su nacimiento está ligado a la salida de la crisis de 2001/2002:

En el congreso provincial de 2002, el apoyo a la construcción de la Juventud de la CTA salió como propuesta en dos comisiones de las nueve que se organizaron. A partir de ese momento, se desarrolló un trabajo de hormiga, intentando establecer espacios de organización en los que los jóvenes vuelvan a tomar confianza en un proyecto colectivo que supere la cultura individualista y competitiva que impone el neoliberalismo. (http://www.ctabsas.org.ar/article209.html consultado 04/02/2010)

La JCTA desarrolla actividades de formación (jornadas, encuentros), actividades propias a nivel nacional (como la “campaña nacional por la democratización del mundo laboral juvenil” del año 2006), y participa de actividades de carácter nacional propuestas por otros miembros de la CTA, como el Movimiento de Jubilados y Pensionados o el Movimiento Chicos del Pueblo. En este último caso, la campaña “el hambre es un crimen”, que se desarrolló varios años y fue asumida en conjunto por la CTA, se reflejó con links y notas específicas en las páginas web de las regionales de la Juventud de la CTA.

Para 2006, el responsable de Juventud de la CTA, Pablo Reyner[25], hablaba de 16 provincias donde estaba organizada la JCTA. A su vez, un sector identificado como “juventud” está presente en todos los estamentos de la Central. En el caso del Gran Buenos Aires y el Gran La Plata, algunos núcleos de jóvenes están más activos, lo que se traduce en actividades específicas, publicaciones online y blogs. El cuadro 7 permite advertir la ubicación geográfica de las seccionales mencionadas por los entrevistados y de mayor actividad en internet.

Cuadro 7 (Elaboración propia sobre plano provincial)

Cuadro 7

El trabajo de la JCTA refleja distintas actividades locales y algunos proyectos impulsados a nivel nacional. En el diálogo sostenido con distintos miembros se advierte cierta heterogeneidad en las situaciones locales. Por ejemplo un miembro de JCTA de La Plata describe:

Dentro de la CTA, es distinta la realidad de cada una de las juventudes, de cada lugar… no es lo mismo la de Patagones que la de Capital, o la de Capital con la de La Plata… unos tienen unos manejos y otros, otros… nosotros, por ejemplo, somos bastante independientes de los lineamientos por ahí del llamado o bajada de línea” (Entrevista a Diego, militante JCTA Buenos Aires, 13/10/09)

La diversidad se halla, por ejemplo en la participación en los proyectos nacionales que se impulsan desde la conducción. Como se mencionó antes, uno de los proyectos que abordó la JCTA fue la Paritaria Social Juvenil, que contó con el compromiso de los dirigentes nacionales y concitó apoyo de distintas organizaciones[26]. Tuvo una definición explícita que aludía a su pertenencia desde la condición juvenil. Planteaba: “hoy los jóvenes y las jóvenes de Argentina debemos participar y organizarnos, encontrando en esto una herramienta para la transformación de aquello que merece ser transformado”[27]. Esto significó una articulación con otras organizaciones. Lo hacía explícito en ese momento el dirigente Pablo Macia:

Nosotros instalamos muy fuerte lo que venimos haciendo desde juventud, es decir a las luchas que venimos dando con H.I.J.O.S. en los escraches, con FUA (Federación Universitaria Argentina) y con centros de estudiantes contra la Ley Federal de Educación y de Educación Superior, planteamos que cualitativamente en esta etapa pudimos avanzar con estas organizaciones o como la FAA (Federación Agraria Argentina) y muchas otras, pero ya no en una lucha defensiva sino en plantear las propuestas que elaboramos los jóvenes para avanzar y nosotros caracterizábamos que hay muchos jóvenes que están levantando la cabeza y la Paritaria Social Juvenil lo que hace es integrar todas esas luchas (Entrevista a Pablo Macia, 12 de diciembre de 2007 en http://www.cta.org.ar/base/article8409.html)

Pero para el período de desarrollo del trabajo de campo el proyecto más importante de la CTA, asumido por varias regionales, era la Constituyente Social. Con este objetivo se desarrollaron jornadas y se publicaron materiales. Merece especial atención la realización de Encuentros de Jóvenes, ya que estos encuentros aparecen como un eje clave de la construcción de la JCTA. Esto se evidencia tanto en los materiales de prensa y comunicación como en las entrevistas realizadas. Los textos de convocatoria, informes y documentos finales constituyen un material oficial que permite leer cómo se considera a sí misma la JCTA. La alusión al protagonismo que se advierte confirma el crecimiento de la Juventud como actor dentro de la propia Central. El Encuentro de Jóvenes de Embalse Río III (5 al 17 de agosto de 2009) fue un hito para los participantes y para la institución, estuvieron presentes alrededor de 2500 jóvenes de 400 organizaciones de todo el país. En los antecedentes que mencionaban los organizadores para hablar del camino recorrido, figuraban: el encuentro “pre-constituyente” en Córdoba 2008, el encuentro para la Constituyente Social de Jujuy (Octubre 2008) y la Marcha contra el Hambre de diciembre 2008.

La convocatoria al Encuentro presenta el peso de la Constituyente social y la representación y el lugar que lo joven tiene en la construcción de este espacio:

La Constituyente social es el camino político en el que la rebeldía no es un defecto, y la insolencia ante la injusticia no es políticamente “incorrecta”. Por eso nuestra Constituyente social viene con fibra de juventud, garra y deseos de cientos de pequeñas historias y proyectos. Pero, ¿dónde se juntan esas miradas? cómo empiezan a articularse las miles y miles de experiencias juveniles que están creando “sin permiso” la cultura, la justicia y la libertad del presente y del futuro? (Folleto “Encuentro Nacional de Jóvenes – Hacia una constituyente social en la Argentina”)

A su vez, el planteo de los líderes de la Central interpelaban directamente el lugar de la juventud y le daba un papel central en el proyecto de la Constituyente, como se lee en las declaraciones periodísticas que formuló uno de los referentes:

Son los jóvenes el motor de las marchas colectivas, el 70 por ciento de las marchas de derechos humanos están integradas por jóvenes. La vitalidad es impresionante y a eso había que abrirle un cauce para que ese río de experiencias pueda transformarse en la construcción orgánica y voluntaria de la Constituyente Social. (De Gennaro en Dandan, 2009)

Esto nos permite volver a los acentos diferentes en los discursos de los dirigentes relacionados con las dos líneas internas y en la participación de los sectores juveniles: uno proponía proyectos orientados a la juventud en función de asegurar empleo, salud, vivienda, educación y otros derechos, con un compromiso activo de la misma (representado por autoridades provinciales); el otro, en el que se enrolaban los grupos juveniles más activos y que fueron entrevistados para esta investigación, proponía la participación de la juventud desde su condición específica en los proyectos nacionales de la CTA en su conjunto. En ambos casos se reconocía un espacio propio como juventud. Pero el segundo, en el que están comprometidos los jóvenes entrevistados, plantea un proyecto nacional que se diferencia en la interpretación que hemos hecho.

Los jóvenes de la Central se reconocen también en la condición de trabajadores, como se hace evidente en las entrevistas y en los materiales analizados. En la convocatoria al encuentro de Chapadmalal (abril 2005) la coordinación manifestaba que “es necesario que los trabajadores jóvenes nos organicemos para potenciar las iniciativas de nuestra central” y, además de las cuestiones propias de la CTA en tanto institución y como movimiento social, planteaban la necesidad de encontrar su identidad como trabajadores jóvenes. Al hablar del desafío de su plan de trabajo, la identidad que se menciona es la de “trabajadores”:

Tenemos que ser capaces de llevar adelante un plan de trabajo nacional, coordinando esfuerzos y tratando de avanzar colectivamente como trabajadores. Para hacer realidad el país que venimos soñando desde hace mucho tiempo, un país donde no haya un solo trabajador sin trabajo, donde no haya un solo pibe sin comer y un país donde nosotros, los trabajadores, podamos ser felices. (Noticias de la Juventud de la CTA, 22 de Enero de 2005 en www.cta.org.ar)

Estas dos condiciones (“jóvenes” y “trabajadores”) aparecen en los materiales periodísticos y en el discurso de los representantes de juventud de CTA a nivel nacional. Se advierte que la condición juvenil es resaltada en los documentos consultados a partir de los materiales del año 2007 y 2008 que hemos citado, en particular alrededor de la convocatoria a la Paritaria Social Juvenil, el desarrollo de los Encuentros Nacionales de Jóvenes y la Constituyente Social.

En el análisis de los materiales y las entrevistas nos preguntamos: ¿se puede hablar de un deslizamiento del anclaje “trabajador joven” a “joven” (a secas) en la convocatoria e interpelación a los sectores juveniles desde la CTA? El análisis de los materiales de difusión y las presentaciones públicas de los dirigentes de la CTA que se han mencionado parecían sugerirlo, en términos de temporalidad, pero dos elementos sugieren que se trata de perspectivas diferentes dentro de la Central. En primer lugar, como se mencionó, en tanto la Paritaria Social Juvenil hacía foco en medidas específicas orientadas al sector juvenil, la convocatoria a la Constituyente Social animaba la participación juvenil en un proyecto global de cambio económico y social. En segundo lugar, los entrevistados manifestaron su perspectiva crítica respecto de medidas parciales y su convicción de participar en procesos estructurales, como la discusión del presupuesto participativo[28] y la Constituyente Social. A su vez, también se observó un crecimiento del papel de los jóvenes dentro de la Central, ya que los entrevistados fueron adoptando una mirada más global y compenetrada con la discusión del proyecto nacional a medida que fueron militando. Esto plantea que la pérdida de la especificidad juvenil se produce al incorporarse estructuralmente a la Central en su conjunto. En las entrevistas a miembros de la JCTA está implícita la unidad entre su vida, en tanto trabajadores y trabajadoras jóvenes[29], y su militancia. La trayectoria de una de las entrevistadas, Cecilia, da cuenta de este involucramiento: la infancia en una familia de militantes, la organización de una agrupación en la secundaria, el trabajo y la militancia posterior, hasta que se involucró completamente: “este estilo de vida de dedicar tu tiempo y tu cabeza y todo tu ser a transformar el mundo donde vivís…” (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 5/7/2010).

Otro componente de la militancia juvenil en la JCTA es el trabajo territorial. Las actividades cotidianas que desarrollan los jóvenes de la CTA abarcan diversas tareas, como se explica a continuación, pero dan cuenta de la importancia del trabajo cotidiano en un ámbito local y la referencia con el trabajo barrial. Aún quienes desarrollan tareas institucionales en la sede de la CTA participan en actividades barriales. Y, si bien algunos entrevistados hicieron entre el trabajo barrial como el “frente territorial” y la actividad en la universidad como el “frente universitario”[30], se menciona el trabajo concreto en el barrio como si anclara la teoría en una práctica que los constituye como jóvenes militantes. Por ejemplo, más allá de la actividad específica en el Barrio Los Hornos, que fue objeto de una visita en el marco de la investigación, en la casa de Diego estaba la máquina para fabricar “pines” que iban a llevar luego a uno de los emprendimientos organizados con los jóvenes del barrio.

En el análisis de los militantes universitarios que hace Gabriel está implícita la preocupación por la inserción barrial y el compromiso social:

La idea es acercar el laburo que hacemos al barrio, y cuando hay una marcha, que estemos todos juntos, cortando la calle, con los pibes del frente territorial…

A nivel universitario es un ambiente muy politizado pero muy poco abierto al compromiso social en general. El estudiante de la universidad es muy isla, se aboca a las cuestiones de la universidad, a luchar para que no haya dos parciales el mismo día, a cuestiones del bufet… nuestra visión es que son jóvenes que están estudiando y perfeccionándose para dar un aporte mayor a la sociedad, y tienen que empezar desde abajo a comprometerse con el cambio social, se puede dar una lucha mayor que por el espacio de los apuntes… y ¿qué pasa cuando terminan? La militancia fue como una aventura para ellos, una aventura de la facultad, y cuando terminan ya son profesionales y no se dedican más… pasa a ser una anécdota y se olvidan un poco… y después están los intelectualoides, que son unos bolches bárbaros pero no saben nada de la gente, saben de Mao, de Ho Chih Min, pero el compromiso de la calle… no…. (Entrevista a Gabriel, militante de JCTA, 5/7/2010)

La inserción territorial es planteada como una referencia por los militantes de la JCTA y las alusiones al trabajo en el barrio son reiteradas en las entrevistas. Todos los entrevistados manifestaron la importancia del componente barrial desde el inicio de su militancia, algo que llevaron luego a las asambleas locales y regionales. Esto aparece también en los documentos y la difusión de las reuniones y encuentros en todo el país. Al hacer un repaso de sus actividades más destacadas, mencionan el trabajo en el barrio en un lugar prioritario, con espacios de diálogo y asamblea, al que luego asocian programas, actividades concretas, encuentros nacionales y jornadas de formación.

Así como las actividades compartidas construyen la vida de los jóvenes de la CTA, también lo hacen las actividades formativas, que exceden la simple capacitación de militantes. Para Nadia es algo central:

la formación  no tiene que ver solo con cuánto leés o te informás, sino en los laburos concretos, los espacios de los que participás… vas aprendiendo de eso, te hace sentir parte de las decisiones y ser parte te hace llevar adelante proyectos (Entrevista a Nadia, militante de la JCTA, 4/7/2010)

Lo formativo parece una constante de la JCTA, no entendido como una tarea que se suma sino como una herramienta que los potencia y que es dinámica, ya que varios de los entrevistados se consideran a sí mismos formadores[31]. Metodológicamente, predomina el criterio de desarrollar estrategias de taller y de diálogo en los encuentros y en las instancias barriales, tomando el modelo asambleario como espacio educativo. La idea que sostienen es aprender en las prácticas y en las instancias específicas de formación, pero rompiendo la división entre teoría y práctica. Esto está relacionado a experiencias históricas anteriores, como las experiencias de formación sindical, pero orientadas a la modalidad de talleres y educación popular, como la “Escuela de Formación de ATE” (en los años 90) o la participación en la Escuela de Educadores Populares del Movimiento Nacional Chicos del Pueblo. Entre los materiales que la CTA elaboró a nivel nacional también se destacan temas que coinciden con los que hemos destacado y apuntan a trabajar la identidad como clase trabajadora, la formación a partir de marcos históricos específicos, principios de la organización, referencias a la historia de luchas de los trabajadores y los pueblos en general, un discurso de derechos y la discusión acerca de las formas de construcción de poder[32].

Las actividades y los espacios

La JCTA tiene un sinnúmero de actividades locales, que cuentan sus miembros y que se reflejan en páginas web y publicaciones de formato electrónico. Esto plantea una riqueza para la observación que realizamos pero también un desafío de dispersión. A continuación analizaremos cómo se refleja la organización en las actividades que desarrolla, partiendo de una reflexión que una de las entrevistadas realizaba: “también pasan cosas por separado, cada uno en su espacio, y eso termina llevando a contradicciones, cosas que no tienen nada que ver entre sí, que hablan de la falta de un espacio común”. (Entrevista a Cecilia, militante de la JCTA 6/9/2010).

Por ejemplo con una mezcla de declaración de principios, voluntad y evaluación, la JCTA de Florencio Varela terminaba el 2009 haciendo un balance y convocando a sumarse:

Todas estas actividades nos llenaron de experiencias positivas y como balance se notó que esta juventud quiere un cambio real en la argentina y Latinoamérica. Por eso nos comprometemos para el 2010 a seguir esta lucha fortaleciendo el grupo humano, poniendo énfasis en la organización interna para formar las comisiones de cultura barrial, derechos humanos, finanzas, etc. También tomamos la elección del próximo año de comenzar la formación política y militar con alegría, muchas ganas y la ilusión de modificar la realidad social por la que lucha la CTA cada día. Por eso y mucho más “si querés acompañarme no lo dudes, vamos que se enciende… (En http://www.buenosaires.cta.org.ar/article2958.html consultado Abril 2010)

La diversidad en las actividades puede debilitar la unidad del trabajo que sostienen los entrevistados:

Los laburos sectoriales son re importantes y los están haciendo… la Conti, por ejemplo, está organizando el Encuentro en La Plata… la juventud de ATE se empezó a formar el año pasado y este año ya está organizada y laburando… el “Yo sí puedo” el año pasado se empezó a laburar y este año se estancó un poco, pero ahora está creciendo como ni imaginábamos… tenemos gente que se sumó como facilitadores… se organiza el encuentro de jóvenes de la Germán… la batucada se está ensayando de nuevo… sectorialmente se están haciendo laburos, pero se nos vuelve difícil unificar, y eso te va desgastando como grupo… (Entrevista a Nadia, militante de la JCTA, 4/7/2010)

En línea con lo mencionado anteriormente, la militancia se traduce en una serie de actividades que los entrevistados identifican como “frente universitario” y “frente territorial”, en tanto aparecen proyectos más abarcadores pero que no cuentan con la participación de todos los integrantes, como sucede en los proyectos y las asambleas barriales. La articulación entre el trabajo universitario y el trabajo barrial está presente en el diálogo: “sabemos cuáles son los compañeros encargados de la batucada en el barrio para ir a buscarlos cuando hay una marcha… y cuando hay que poner una mesa en la universidad, también vamos de los barrios” (Entrevista a Gabriel, militante de la JCTA, 5/7/2010).

La JCTA desarrolla actividades propias en la universidad como un “frente universitario” (según la denominación de los entrevistados) y organiza las actividades de los barrios como “frente barrial”. Las actividades que desarrolla el frente universitario incluyen formación, trabajo de militancia y concientización en secundarios, actividades festivas, recaudación de fondos, promoción de salud en jóvenes (HIV), derechos humanos, historia y política. Paralelamente, también la JCTA manifiesta tener presencia en los Centros de Estudiantes Secundarios, donde comenzaron a militar algunos de los entrevistados[33].

La presencia en el territorio es considerada central por quienes fueron entrevistados. Las acciones son diversas, desde proyectos que proponen un acercamiento a través de la música y la diversión hasta proyectos productivos. Menciona Diego: “la batucada, el batuque, es la forma que tenemos de nuclearnos y empezar a discutir con ellos y generar algunas cosas, es un grupo bastante numeroso que tenemos dentro del barrio” (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 13/10/2009). Esta experiencia de música y diversión que luego se llamó “bumbatuke” es mencionada en otra entrevista como “la batucada territorial”. Y se asoció a prácticas de asamblea y al desarrollo de proyectos que permitan una salida económica para los jóvenes del barrio. Entre ellos, se mencionaron proyectos de cooperativas de desmalezamiento y mantenimiento de Espacios Públicos, en una primera instancia, para generar recursos y responder a las necesidades más urgentes[34]. En tanto, según enunciaban los entrevistados, se planteaban un proyecto más integral, que aludía a crear espacios de diálogo, debate y trabajo con los “pibes del barrio”, para que se apropiaran del espacio, despertando, al mismo tiempo, una “conciencia real”, que descartara e el clientelismo.

Tuve ocasión de ver el producto de un pequeño emprendimiento a través de una máquina de “pines” que consiguieron: los botones publicitarios que, comercializados, permiten sacar algunos fondos para “los que necesitan”, dentro del grupo, y para la juventud en su conjunto. Como en los espacios de la JCTA, en los diseños de los “pines” aparecían imágenes que hablan de elementos simbólicos compartidos, a través de grupos musicales como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota o con héroes históricos como el Che Guevara.

Al respecto cabe destacar que se repetían referencias artísticas y simbólicas, tanto en las expresiones de los entrevistados como en la referencia a los trabajos, en las imágenes que mostraban las paredes de las casas y los sitios de reuniones de los militantes juveniles. Estas referencias fueron mayormente indirectas, una broma o un comentario frente a una imagen. Aludían a valores compartidos como “códigos” y estaban asociados al hecho de seguir a algunos grupos musicales como los Redondos o la Renga, escuchar música reggae y cumbia, llevar imágenes de referentes históricos como el Che Guevara, Eva Perón o Germán Abdala. Los temas que aparecían de este modo eran la resistencia a los proyectos políticos burgueses, la integridad de los luchadores, los códigos compartidos en función de llegar a una transformación social que no se expresaba en un proyecto determinado sino en consignas: el derecho al trabajo y la vida digna, la solución de los problemas sociales y la exclusión, el respeto por cuestiones de género, la participación de todos en el diseño de políticas, el cuidado de la naturaleza. Estos elementos simbólicos, los códigos comunes y las actividades compartidas, tanto las consideradas “laborales” como la diversión, reflejaban lo que Cecilia y Nadia, en las entrevistas, consideraban la mística de la juventud de la CTA, algo que impulsa: “dar mística, ir para adelante… los pibes le ponen el pecho a full” (Entrevista a Nadia, militante de la JCTA, 4/7/2010). La importancia de la imagen y la comunicación, asociada a las actividades de la JCTA, resultó evidente en el análisis de materiales periodísticos y volantes. De eso también dan cuenta las páginas de Internet, los blogs y el uso de Facebook, con links a otros sitios de la CTA (Agencia de Noticias, agrupación Túpac Amaru, Radio Estación Sur, otras agrupaciones juveniles). Las diversas regionales de la JCTA también tienen un sistema que funciona de esta forma.

Dentro de las actividades que desarrolla la JCTA, adquieren relevancia los proyectos planteados a nivel nacional. En un primer lugar, las acciones colectivas de protesta. Allí también se juega la articulación con gente y organizaciones de los barrios. Otras actividades que consolidaron a la juventud de la CTA, previos debates y asambleas, fueron campañas públicas, entre ellas, la denuncia contra el hambre, mencionada anteriormente y coordinada por el Movimiento Nacional Chicos del Pueblo).

En el año 2010, como se mencionó arriba, la negociación con el gobierno provincial pasó por un momento de dificultad para conseguir planes y subsidios de cooperativas. Esto llevó a que Diego reflexione, en una de las entrevistas:

las veces que le pedimos, nos negó todo; pero hay otra forma, ir a la calle, piquete, medida de acción… y se lo sacamos” para agregar “la gente misma va a ir y se lo va a sacar… en este aspecto, no estamos solos: hay otras organizaciones de territorio que son más duras, de fuerza, de choque, de métodos diferentes… en los mismos barrios que se están cagando de hambre nos juntamos, vamos y lo conseguimos (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 6/7/2010)

Frente a los proyectos de la CTA a nivel nacional, los entrevistados suelen privilegiar el debate y la construcción local: “tuvimos un debate, hicimos una autocrítica y decidimos que no teníamos que apostar tanto a lo electoral como a la organización del campo popular” (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 13/10/2010). La Juventud también desarrolló proyectos de mayor envergadura, como la campaña de alfabetización “Yo sí puedo”[35].

Repasar las actividades y considerar en qué manera resultan constituyentes de la JCTA nos lleva a pensar en cuáles son los espacios donde la militancia se consolida. Nuevamente, se destacan los espacios de las actividades concretas, las reuniones y el “espacio simbólico” que constituye la JCTA en su conjunto. En primer lugar, está el lugar de referencia de la militancia concreta local. Ahí aparecen los nombres propios de las localidades (Burzaco, Varela) o los barrios (Los Hornos, Santa Ana, San Carlos). Y, en algunos casos, la militancia institucional (las sedes donde se hacen reuniones regionales) y el nexo entre el frente barrial y el frente universitario, aunque Gabriel señala que “la idea era llevar lo universitario al barrio”. La asistencia a las reuniones, la discusión, las asambleas, son el espacio de participación de base. Y luego, las otras instancias de la CTA local y el diálogo con la juventud de la CTA de las distintas regiones, donde aparecen las diversas realidades regionales, como por ejemplo, el trabajo territorial que tiene la agrupación Túpac Amaru en Jujuy.

También son espacios de participación: las asambleas locales o regionales, la acción colectiva (marchas protestas, espacios públicos ocupados), los proyectos productivos y actividades barriales, los encuentros y jornadas. A partir de su compromiso, los espacios públicos se hacen propios, entonces la calle, la universidad, los barrios, las plazas en las que se reclama y se expresan las ideas son a la vez públicos y propios.

Finalmente, la pertenencia a la JCTA, en general constituye un espacio simbólico en el que se expresa la distinción entre un “afuera” y un “adentro”, que lo constituye como campo popular. Como se mencionó al hablar del “nosotros” para la Constituyente Social, la CTA abre el espacio de pertenencia a otras organizaciones que pueden compartir un proyecto político y un compromiso con el cambio social desde lo popular y se enfrenta por el mismo espacio con “los otros”. Al mismo tiempo, el compromiso que reflejan las actividades y las consignas permite concluir que la militancia se vive en la vida cotidiana como un compromiso personal, intransferible e irrenunciable. El espacio personal es, de alguna forma, un espacio de militancia.

Ideas, principios, referentes

En el diálogo con jóvenes de la JCTA pude identificar distintas “ideas-fuerza”, conceptos que guían la acción y ejes vertebradores de las prácticas, que unifican el discurso y se enuncian, a veces, como motivos para “luchar”. Una enunciación general de las ideas y principios que aparecen en las entrevistas desarrolladas permite identificar: la búsqueda del cambio de la sociedad (en términos de transformación revolucionaria pacífica); la unidad del campo popular y la construcción colectiva de un amplio movimiento social (“superar el sectarismo”) sin descartar la pluralidad de expresiones; la superación del individualismo y el compromiso militante que abarca la vida personal; la horizontalidad y la participación plena; la distribución justa de la riqueza; la defensa de la soberanía nacional, de la democracia y de los derechos sociales de la clase trabajadora; la valorización de lo barrial como espacio de construcción; la interpretación crítica de la realidad a partir de una ética de derechos humanos, valorización de la cuestión de género, atención de las necesidades básicas, preservación de recursos naturales y distribución de la riqueza. Las referencias éticas están unidas a referencias históricas nacionales (peronismo, resistencia a las dictaduras y defensa de los derechos humanos) y a la tradición de lucha de la propia CTA.

La explicitación de actividades, en el diálogo, está asociada a un principio que la fundamenta. Cuando Karina menciona la máquina de fabricar “pines” que consiguieron, explica que “lo que se saca es para los que necesitan y para la juventud” o cuando un compañero consiguió trabajo, lo relata como “laburando con los compañeros, contra el individualismo” (Entrevista a Karina, militante de la JCTA, 10/7/10)

Gabriel, por otro lado, se entusiasma al explicar las actividades y desliza referencias que legitiman su trabajo:

Cuando planteamos la consigna de estar “en la calle contra el hambre y el saqueo” buscamos una frase que tenga que ver con la organización popular”…. “lo del saqueo lo introdujo la Aníbal Verón, que está fuera de la Central, pero nosotros la tomamos porque vimos que era lo mismo por lo que luchamos nosotros” […] “necesitamos organizarnos, como grupo tenemos más fuerza y podemos dar distintas formas de participación y compromiso para un cambio social” “queremos que nos tomen como sujetos políticos… (Entrevista a Gabriel, militante de JCTA, 5/7/2009)

Aparece el horizonte del compromiso para el cambio de la sociedad, mirada desde los trabajadores y utilizando a veces el concepto “clase” en un sentido amplio y, repetidamente, el concepto “compañeros del campo popular”. En diálogo con Karina, la idea de unidad de los distintos grupos que tienen ideas similares de construcción política es central: hay que “superar el sectarismo”, sin descartar lo plural, habla de la integración con distintos actores, los espacios de diálogo y debate y la formación de redes con otras organizaciones. El compromiso barrial también se enuncia en distintas expresiones y se traduce con la idea de “llevar lo universitario al barrio” por ejemplo, y de articular el frente universitario con el frente territorial[36].

“Me interesó la Central porque es un proyecto que supera el individualismo”, menciona Diego, y permite “construir colectivamente”. A su vez, asocia las prácticas asamblearias con una concepción de horizontalidad y participación: “La idea es romper con que dos o tres deciden y el resto ejecuta, no repetir el esquema… por eso tomamos las decisiones en reuniones y asambleas” (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 13/10/2009). En otro nivel de análisis, Cecilia planteó la necesidad de considerar el nivel de comunicación, de formación y la responsabilidad personal con la construcción de nuevas formas de hacer política, para “revisarse a uno mismo y ver cuáles son las prácticas que dañan este avance” (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10). A su vez, reconoce que “se nos vuelve difícil unificar… eso te va desgastando el grupo, porque por ahí uno construye mística por separado” (De la misma entrevista). La convicción que expresan los militantes de la JCTA es que las ideas y los principios que se han mencionado se hacen efectivos a través de una organización de carácter movimientista. Todos reivindicaron la centralidad de la organización y el carácter de construcción con otras organizaciones.

La lectura de los materiales en preparación de la Constituyente Social brinda un abanico de consignas que enmarcan posiciones que sostienen estos miembros de la JCTA. Las conclusiones del encuentro para la Constituyente Social desarrollado en San Salvador de Jujuy el 24 y 25 de octubre de 2008 plantearon prioridades en cuanto a distribución justa de la riqueza, soberanía nacional, democracia, seguridad social y la estrategia institucional para organizar un “amplio movimiento político y social”. Por otro lado, el Encuentro de Jóvenes de 2009 se inscribió en la misma línea:

Entre mate y mate, los jóvenes, algunos sentados en el piso, otros en sillas o sobre las mesas, fueron planteando su preocupación por la entrega de los recursos naturales, abolición de la propiedad privada de la oligarquía, la desocupación, la distribución de la riqueza, el acceso a la salud y la educación, la falta de libertad y democracia sindical que les impide organizarse, entre otros. (Crónica del Encuentro Nacional de Jóvenes en Embalse Río Tercero, “Hacia una constituyente social en la Argentina”, 16 de agosto de 2009, www.constituyentesocial.org.ar).

La interpretación de la realidad que proponen estos militantes incorpora estos temas en el discurso: los derechos humanos, la denuncia del hambre, el saqueo de recursos naturales, la atención de las necesidades básicas, la necesidad de la unidad y la organización popular, la distribución de la riqueza. A partir de allí se discuten propuestas propias (“la política la proponemos nosotros”, asegura Gabriel) y propuestas de la organización, tanto en las asambleas como en las reuniones de coordinación, y surgen a su vez estrategias y consignas prácticas: “techo para todos”, “soberanía”, “libertad sindical” o “en la calle contra el hambre y el saqueo”. Los espacios de formación, como se mencionó antes, permiten consolidar estas ideas y volver más sólidos a los militantes: “Tratamos de formarnos, porque el hecho de estudiar es importante para el militante de una organización, le da capacidad de discusión, le abre el juego” (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 8/5/2010).

El posicionamiento como clase trabajadora y en defensa de los sectores excluidos aparece como referencia de las entrevistas, si bien dentro de la JCTA las diferencias de procedencia social se ven reflejadas en las reuniones. En las entrevistas se mencionan esas diferencias entre compañeros de distintos sectores sociales y la distancia que se da entre quien tiene facilidad de palabra o pertenece al ámbito universitario y quien tiene dificultad para expresarse y vive en el barrio, expresada a través del capital simbólico de los jóvenes. La cuestión de la clase la abordaremos en el capítulo 7, pero cabe señalarla aquí porque surgió en las entrevistas con militantes de JCTA. En el caso de la entrevista con Nadia, ella lo tradujo explícitamente al manifestar que el trabajo compartido permite acercar las posiciones y superar las barreras que la posición social de clase implica, aún dentro del mismo grupo de JCTA[37].

La cuestión de género fue mencionada en las entrevistas y también fue abordada formalmente por la JCTA al organizar actividades específicas y una comisión de trabajo en la JCTA de La Plata. Al ejemplificar la distancia entre los planteos y los objetivos compartidos y las prácticas cotidianas, menciona Nadia:

Hay unos que te dicen “yo no soy machista” y usa “los” y “las” en el discurso, pero en las prácticas es re-machista… nosotros tenemos vicios, como todos, porqu4 somos parte de este sistema y estamos viciados… también en el accionar está en esas cosas, el tema es construir algo diferente y poder llevarlo a la práctica. (Entrevista con Nadia, militante de JCTA, 4/7/2010)

La idea de “poner el cuerpo” en las actividades está relacionada con la forma festiva de la lucha y con la diversión integrada a la misma. También aparece en las entrevistas la cuestión de cuánto abarca el compromiso militante dentro de la vida personal, en el que “se va la vida” (mencionado en las entrevistas a Diego del 13/10/2009 y a Cecilia del 5/7/2010). Esto se completa con la participación en actividades de diversión: fiestas, reuniones donde se comparte alcohol o un cigarrillo, murgas y “batucadas”. Asimismo, se algunos de los entrevistados hablan de lo festivo como elemento constitutivo del movimiento:

Yo quiero construir un movimiento social que exprese el cambio político y social, pero más desde lo cultural, porque lo cultural es muy importante… está todo entrelazado, no podés separar una cosa de la otra. (Entrevista a Nadia, 4/7/2010).

Las ideas y los principios que expresan los jóvenes militantes están en relación con el peso de las referencias históricas. Esto aparece como relevante de varias formas: por mención explícita de los entrevistados, por mención indirecta (al mencionar un debate o un conflicto) y a través de las imágenes y las consignas que acompañan las actividades, los lugares de militancia y las viviendas de estos militantes. En primer lugar, hay líderes del movimiento que funcionan como referentes y que son mencionados por los entrevistados: a nivel Nacional, Víctor de Gennaro (que en algunas entrevistas es mencionado como “el Tano”) y a nivel provincial, Hugo “Cachorro” Godoy[38], también se puede incluir al fallecido dirigente Germán Abdala[39], cuyo nombre fue tomado por una de las corrientes internas de la CTA y multiplicado en publicaciones y sitios de internet. Estas referencias refuerzan lo señalado al principio del capítulo en relación a que los miembros de la JCTA se consideran herederos de una tradición de lucha que les brinda un marco teórico y una pauta de acción.

En las entrevistas aparecieron referencias históricas a las conquistas sociales del peronismo, la tradición de luchas del movimiento obrero argentino en los años de la resistencia peronista, la defensa de los derechos humanos y la recuperación democrática (en coincidencia con lo plantado al principio del capítulo). Esto se cotejó con los materiales de difusión y las publicaciones electrónicas y se repite en los materiales de formación. El video institucional de la JCTA recuerda que los jóvenes siempre fueron protagonistas de las luchas en la historia argentina y enuncia: “los orígenes del sindicalismo, la movilización por la apertura política, la formación de una patria justa, la resistencia a las dictaduras y al saqueo económico y al genocidio, la construcción de la utopía…” [40].

Estas referencias históricas orientan el compromiso con procesos contemporáneos en Argentina y América Latina, lo que llevó a que la JCTA participe en marchas y proponga manifestaciones públicas. Entre ellos, el rechazo al pago de la deuda externa, el juicio a los responsables de delitos contra los derechos humanos en la última dictadura, el reclamo por la aparición del testigo Jorge Julio López, para el caso Argentino. Y la participación en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, la defensa de los proyectos de Evo Morales en Bolivia y de Rafael Correa en Ecuador. En ocasión del golpe de estado contra Manuel Zelaya (Honduras, 2009), los militantes de la JCTA participaron activamente en la organización de marchas y actividades de información.

Se observan también prácticas culturales de tipo contestatario, vinculadas con movimientos musicales y grupos de resistencia (reggae, ritmos latinos, rock). Es algo que se expresa ocasionalmente en las entrevistas pero se advierte en los carteles, en la música que se escucha y en las consignas. Las paredes y las imágenes son, en este sentido, un mosaico de expresiones que dan una idea del compromiso histórico de los jóvenes militantes de la JCTA. La música remite a raíces y pertenencias: por un lado la cumbia y el regaetton, por otro lado el rock barrial y algunos clásicos como La Renga, Los Redondos y Los Piojos, así como grupos de presencia internacional como Manu Chao y Calle 13. Los blogs institucionales, las páginas de facebook (tanto institucionales como personales), también hacen referencia a las luchas históricas y contemporáneas, así como a una serie de figuras históricas: Eva Perón, Agustín Tosco, el mencionado Germán Abdala, el Che Guevara.

Trayectorias

A lo largo de la investigación, se volvió relevante la cuestión del procesos personales y sociales que siguieron estos jóvenes y cómo se acercaron a la militancia en la JCTA, por ello nos detendremos a describir e interpretar algunas trayectorias. Tomamos aquí el concepto de trayectoria en un sentido amplio, que excede la transición entre etapas de vida y considera la dinámica de incorporación de experiencias y los cambios que se producen en la subjetividad de los jóvenes entrevistados. Las trayectorias aluden a los cambios en los procesos de entrada a la vida adulta, pero no se consideran actualmente un proceso lineal[41]. Varían de acuerdo con las estructuras sociales en las cuales se despliegan estas transiciones, que implican el proceso de reproducción social y que excede la historia vital, ya que incluye la configuración de la subjetividad de cada joven en relación a las experiencias que vive. Esta configuración depende de las estructuras sociales en las cuales se encuentran y en las que interviene la participación política junto con la situación económico-social y el capital cultural y simbólico.

En este marco, interpretaremos las trayectorias de vida en la dimensión de prácticas políticas organizadas de los actores. La trayectoria política, en particular, considera los espacios de socialización (familia, amistades y ámbitos informales, escuela) y el proceso de construcción sobre distintas dimensiones de la política, que llevan a poner en práctica el interés por lo político y se traduce luego en acciones específicas de participación. Identificamos dos tipos de inicios de trayectoria política: la que se inicia en el trabajo barrial y la que lo hace por la militancia en espacios de la CTA. En el primer caso, el “barrio” constituye un espacio de referencia general, mencionado de esa forma o identificado con el nombre específico (“Santa Ana”) o el nombre de la localidad (“Varela”). La identificación propone una forma de asociación al mismo, que supera la actividad individual, meramente gregaria, identificada con “la escuela”, “el ciber” o “el kiosco”. El proceso de acercamiento se da por medio de una actividad que la CTA propone en el lugar: un taller, un proyecto productivo, un espacio de estudio (apoyo escolar) o de diversión (murga o fútbol). En un primer momento, se trata de asistir a una actividad, ya que la proximidad no implica “formar parte” para los entrevistados. La continuidad de las actividades implica un conocimiento creciente, una participación progresiva que lleva al diálogo y luego a la asunción de responsabilidades. Se advierte a través de este proceso que se logra un compromiso regular que hace efectiva la participación, como se explica en el capítulo 6.

El segundo caso, no es el barrio el espacio de acercamiento sino una actividad o la referencia de la propia CTA. Esta se puede dar a través de la militancia en la escuela secundaria o la universidad, o por medio de una tradición familiar. El ámbito social de la escuela secundaria provee una legitimidad y una identidad a la militancia, a veces a partir del prestigio que posee y a veces de la estigmatización (tanto por parte de otros estudiantes como por docentes y autoridades). La relación que establecen las autoridades educativas con el Centro puede consistir en el apoyo o en el enfrentamiento, pero aún en este caso resulta identificado como un espacio que “hace frente” a una situación de poder. La inserción en el Centro hace que rápidamente se pueda “ser parte” y asumir responsabilidades y visibilidad, lo que acelera el proceso de identificación y la afiliación indirecta, en este caso, a la JCTA. Cuenta Nadia:

El Normal 1 es un colegio bastante grande acá… y ahí, con dos compañeros, empezamos el centro de estudiantes… y fue mi primera experiencia de militancia, había mucha conexión entre los centros de estudiantes de la ciudad, estábamos en la coordinadora de estudiantes secundarios (la CES, de acá, de La Plata), me encontré con muchos compañeros con los que estoy militando hoy, acá, en la juventud. (Entrevista a Nadia, militante de JCTA, 4/7/2010).

La familia como influencia para adoptar una práctica política es algo que varios de los entrevistados reconocen. No siempre comienza con una militancia de tipo político o sindical tradicional, muchas veces aparecen referencias al compromiso social o a la defensa de los Derechos Humanos en sus familiares directos. Esta referencia se vuelve central a la hora de plantearse “militar”, en los casos analizados, tanto en la escuela secundaria y en la universidad, y buscar otro espacio de militancia y trabajo a continuación, es decir, en un espacio de la JCTA.

En todos los casos consultados, a medida que se comienza a participar activamente, se da una progresión en el compromiso. Una serie de componentes se van sumando: el trabajo específico (reuniones y actividades que desarrolla la agrupación en la institución educativa o la colaboración en una actividad específica el barrio, generalmente los sábados), las responsabilidades al interior de la agrupación, la participación en actividades públicas (generalmente, actos, marchas, protestas, conmemoraciones) y, en algunos casos, la posibilidad de “representar”, es decir, hablar por el conjunto de los jóvenes o en nombre de la CTA. En uno de los casos que se profundizó en la investigación, la represión provincial de una protesta terminó con el encarcelamiento del entrevistado y la publicación de su nombre en los diarios. Este hecho consagró, en términos del discurso al menos, su participación plena en la JCTA.

A continuación se incluyen dos testimonios parciales a modo de ejemplo y para completar la reflexión acerca de las trayectorias.

La Historia personal 1 es recuperada de las entrevistas desarrolladas con Diego, trabajador gráfico y militante de la JCTA entre Agosto de 2009 y Julio de 2010.

Diego cuenta que sintió siempre el compromiso como parte de su vida. Tal vez por la influencia de su padre, que fue militante político, o por su madre, que tuvo un fuerte compromiso con los derechos humanos.

Desde chico sintió que tenía que salir a la calle y hacer algo, veía la situación social y sentía que “estaba cargado de ira”. Empezó a militar a los 13 años. Las primeras prácticas fueron en la secundaria, en tiempos más difíciles, con compañeros que se fueron luego a la Agrupación Octubre. Más tarde comenzó a trabajar en los barrios Santa Ana y San Carlos. Entre los primeros reclamos que protagonizaron y tras los primeros pasos con la CTA, organizaron un frente territorial y un frente universitario.

Tuvo muchas tareas, desde cobrador de una revista barrial hasta el trabajo formal como gráfico. Hoy son un grupo de 35 compañeros, pero con numerosas actividades y compromisos, que hacen que el día “se quede corto” para todo lo que hay que hacer.

Diego trabaja como gráfico, pero el trabajo y la militancia van juntos, milita en todos los ambientes, “laburando con los compañeros, contra el individualismo”.

La historia personal 2 proviene de las entrevistas con Gabriel, estudiante universitario y militante de la JCTA, desarrolladas entre Diciembre de 2009 y Julio de 2010).

Gabriel estudia historia, y en su presentación aparece el compromiso universitario, pero no es el único ámbito. Aunque empezó a comprometerse fuertemente desde hace cerca de cuatro años, también entiende que “la participación tiene que ver con un proyecto de vida, porque uno apuesta a un cambio social, entonces todo espacio que puede aportar para modificar algo que está mal es importante…”

Su camino personal fue a través de marchas y “otras movidas”, cuenta que se sumó por la posibilidad de hacer algo concreto. “Cuando empezamos con la juventud, no teníamos mucha idea de un montón de cosas de política… pero con el tiempo uno se va formando”.

Empezó a militar en la secundaria, con un compañero que es el Cabezón, y tuvieron épocas de reuniones reducidas a ellos dos, pero de a poco fue creciendo, se vinculó con ATE y la CTA. Trabaja en el registro provincial de las personas y también entiende que ese es un espacio de militancia. “Yo creo personalmente que todos los lugares donde uno va tiene que tratar de llevar sus ideas y no achicarse ante nadie” Concluye: “la vida se te va en esas cosas y está bueno”.

En los casos de los jóvenes militantes, la consolidación de su trayectoria se da a partir de procesos educativos formales o informales. Esta faceta se advierte enraizada en la práctica concreta de su militancia y fortalecida a través de actividades de capacitación específicas. En algunos casos, además, se hace explícito que el trabajo de militancia implica el compromiso con la formación de otros miembros de la CTA. Gabriel, por ejemplo, estuvo participando durante el año 2009 en la Escuela de Educadores que se ofrecía en la Fundación Marco Avellaneda. Allí, más allá de discusiones y posturas divergentes, se reconoció explícitamente como educador: “Cuando yo empecé a ir a la escuela me di cuenta que era un educador, de alguna manera u otra, y que enseñando valores y todo lo demás, era un educador popular” (Entrevista a Gabriel, militante de JCTA, 5/7/10). A partir de la entrevista se constató que expresaba un nivel de pertenencia y participación política plenas, como el cierre de una etapa en su trayectoria personal.

En otro plano de análisis, además de los procesos específicos que siguieron las trayectorias recién mencionadas, se puede considerar que hay trayectorias que convergen con las propuestas de actividades, con las estrategias y los objetivos de la organización. A su vez, también asocian el énfasis por el logro personal con el logro del movimiento[42]. Y se advierte que otros jóvenes, mencionados al pasar en las entrevistas y registrados también por dirigentes consultados, “quedan en el camino” o simplemente se van. En un punto de su proceso personal y de su inserción divergen respecto del proceso y la estructura de la organización.

Desde este criterio, se pueden identificar dos modelos de trayectoria en los jóvenes militantes de la JCTA. Las trayectorias que resultan convergentes y las divergentes[43]. En primer lugar, podemos hablar de trayectorias “convergentes”: los jóvenes entrevistados para esta investigación son miembros activos de la organización y sus testimonios permiten advertir un proceso por el cual se vuelven militantes. Esto incluye un ámbito familiar que puede resultar favorable (no en todos los casos) y un proceso de socialización que tiene lugar en el período de escuela secundaria, en el que se vive el proceso de construcción identitaria con cuestionamientos frente a la situación social, prácticas culturales juveniles y la participación en espacios militantes. Cabe aclarar que en los casos analizados, la inserción laboral no resultó la vía significativa de involucramiento con la organización, y la misma fue posterior o paralela al ingreso en la JCTA (es decir, la militancia proveyó de contactos y relaciones sociales que sirvieron para que algunos jóvenes accedieran al empleo). A partir del mencionado proceso de socialización entre pares y el involucramiento creciente en la organización, estos jóvenes viven un proceso por el cual integran una tradición, un conjunto de principios, modos de acción y expresión. Esta integración se vuelve favorable (aunque no esté exenta de cuestionamientos y sentidos de “lucha”, esta adquiere un sentido y una lógica). Se puede decir que se encuentran efectivamente conectados con el mundo de la vida (en los términos habermasianos que planteamos en el capítulo 1), en condiciones de actuar sobre él, ya que la organización es también una comunidad de sentidos compartidos y contención. La posibilidad de tomar la palabra, representar a otros y asumir roles de liderazgo confirma su integración. Se trata también de una trayectoria convergente en cuanto asocian el énfasis por el logro personal con el logro y la acción de la organización.

En segundo lugar, la investigación brinda indicadores sobre trayectorias “divergentes”. Se puede hablar coloquialmente de los que “quedan en el camino” o los que “se van”. Dejamos de lado la situación de quienes se alejan de la organización porque encontraron otros espacios de militancia o porque su situación vital (casamiento, traslado) los distancia de la organización. En el caso de muchos jóvenes de los barrios en los que trabaja la JCTA, hay niños y jóvenes que se acercan a las actividades que propone la JCTA en el trabajo territorial, participan de talleres, espacios recreativos, cooperativas y proyectos productivos. Pero pocos de ellos se integran plenamente a la JCTA, aunque participan de asambleas locales, y no llegan a desarrollar funciones de representación y coordinación, ni se consideran parte de la organización. Más allá de que esta situación dinámica puede modificarse progresivamente, a los efectos de este análisis corresponde considerar qué elementos provocan la divergencia. En este sentido, se pueden mencionar las expectativas personales de los jóvenes, las dificultades para integrarse en un espacio estructurado y los vínculos locales con prácticas y estilos diferentes del compromiso social y político. Aparte de los vínculos lógicos que se establecen en los barrios a partir de alimentación (comedores populares), deportes (escuelas de fútbol) y expresión (talleres de arte, murga y circo, entre otros), los jóvenes priorizan la salida laboral al momento de plantearse una inclusión regular en un proyecto. Las expectativas se orientan al sustento y a la posibilidad de tener cierta independencia con respecto de su familia. En otros jóvenes, distanciados del sistema escolar y sin trabajo estable, la continuidad en un espacio laboral (y más aún si no tiene un esquema de trabajo tradicional, como una cooperativa), hacen difícil la permanencia. Por estas razones, las asambleas y los espacios de formación, unidas al trabajo productivo y la diversión, resultan alternativas que acercan a algunos jóvenes pero no impiden que su trayectoria vital sea divergente de la de la organización orientada al cambio social. La inclusión en un empleo formal y la participación en el sindicato permitirían sortear la divergencia y sumarse a la CTA por la vía sindical. Al mismo tiempo, la dinámica propia de la organización deja fuera a muchos de estos jóvenes, que quedan en una “zona intermedia” de pertenencia, dado que no se suman formalmente a la JCTA pero mantienen lazos de cercanía y familiaridad con los jóvenes militantes que “van” al barrio y desarrollan las actividades.

 Identificaciones: un “nosotros”

Los procesos que hemos explicado permiten advertir un proceso de inserción en un marco institucional que lleva a estos jóvenes a formar parte de la organización. A partir del mismo, los entrevistados no sólo asumieron responsabilidades y organizaron actividades, también asumieron las tradiciones históricas de la Central y se comenzaron a identificar con un proyecto socio-político que los incluía. Esto se ve expresado por medio de la utilización de un “nosotros” abarcador y también por medio de discusiones desde el interior de dicho proyecto que lo hacen propio.

Los entrevistados de la JCTA se referencian en la Central como un conjunto, aunque reconocen que fueron creciendo en los espacios que los sindicatos y las otras agrupaciones les fueron brindando. Plantean que asumieron este proyecto político porque les “permitía superar el sectarismo”, convocaba a distintos sectores y tenía “más amplitud” que otros. Insistía Diego: “Si estamos divididos, no vamos a lograr nada” (Entrevista con Diego, militante de JCTA, 12/8/2009). A su vez, se manifestaban conscientes de que en la Central convivían distintas posiciones y estrategias, incluso entre los sectores juveniles, y que ellos podían influir desde su militancia para mejorarlas, en su perspectiva. Si bien la diversidad era considerada una riqueza, el límite estaba dado por la forma de construir y de participar que se enunciaban en los diálogos mantenidos.

Por ejemplo, relata Cecilia en una entrevista:

Había en un momento, dentro de la juventud, un choque muy grande con gente que venía de otros espacios y tenía la idea de otra forma de construcción, gente que por distintas cosas de la vida y cómo se fueron dando, estaba en la central que es un espacio totalmente heterogéneo nos tocaba sentarnos a discutir con personas que tenían prácticas que no nos gustaban, por ejemplo gente de ATE de Ensenada, que vienen de una práctica más pejotista… después dejaron de participar y nosotros seguimos con los criterios y las prácticas que a nosotros nos parecía importante sostener… (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 5/7/2010)

Durante el año 2010, a partir de las tensiones al interior de la CTA, los jóvenes lamentaban que las discusiones de líneas internas limitaran la consolidación de un proyecto juvenil unificado y debilitaran la eficacia de su participación. Al mismo tiempo, aceptaban la diversidad de posiciones que se daba en las discusiones de la Constituyente Social porque, allí sí, se aceptaban los marcos de participación y esta diversidad fortalecía la construcción colectiva. Manifestaban la conciencia de que “muchas de las bases de la constituyente somos los jóvenes”, como señalaba uno de ellos (Entrevista a Gabriel, militante de JCTA, 5/7/2010). Luego del mencionado Encuentro de jóvenes de 2009 Diego señalaba: “estamos orgullosos porque pudimos lograr esa diversidad de organizaciones que es lo que se busca primordialmente, poder unificar criterios con otras organizaciones… obtener un marco de unidad en la acción” (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 13/10/2009).

¿Cuál sería entonces el límite para la construcción? El acuerdo previo en un mismo proyecto (referido en este caso al fortalecimiento de la Constituyente Social a nivel nacional) y en una modalidad asamblearia de construcción, que priorice las decisiones colectivas por sobre los acuerdos de dirigentes a espaldas del colectivo de jóvenes. En este sentido, insiste Diego: “La idea es romper con que dos o tres deciden, y el resto ejecuta. No repetir el esquema” (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 13/10/2009)

La pertenencia a la Juventud de la CTA es un “nosotros” que se construye desde los grupos y las asambleas. Son reconocidos desde la conducción de CTA (a nivel local, provincial y nacional) y son identificados como tales por otras agrupaciones en las actividades barriales, los encuentros y las movilizaciones. Los carteles de las marchas, en un nivel general, pero también las pecheras, las fotos y los afiches en la casa de los entrevistados, dan cuenta de esta identificación. Lo expresan con un criterio de autonomía: “somos bastante independientes de los lineamientos o de bajadas de línea… tratamos de ser actores, sujetos políticos, y definir políticas nosotros… no somos como soldaditos que bajamos una política” (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 6/7/2010). Pese a esta autonomía asamblearia y desafiante que manifiestan estos dirigentes juveniles, la pertenencia a una jerarquía organizativa más grande está presente:”ATE y CTA”, aclara Gabriel, “son nuestra casa… desde que nacimos” (Cabe aclarar que Gabriel no proviene de una familia de militantes).

El “nosotros” constituye esta identidad grupal en contraste con “otros”. Incluye no sólo al grupo de pertenencia, sino a los compañeros y compañeras del campo popular. Hay en algunos momentos una reivindicación de la imagen de lo “popular” frente a lo elitista, con un sesgo de clase o de autenticidad. En el diálogo, aparecen menciones a “los conchetos” o los “caretas”, a veces desde un planteo que establece diferencia entre quienes militan, siendo trabajadores, y quienes lo hacen pero con un compromiso menor y no necesitan trabajar. Pero otras veces la alusión se refiere, en el contexto del diálogo entablado, a la diferencia con quienes no se comprometen con el campo popular o lo traicionan. La experiencia personal se asocia aquí a la tradición histórica en la que la CTA se enmarca.

Desde lo político, en las palabras de los entrevistados se establece una diferencia con otros sectores: el gobierno (nacional, provincial, local), los partidos políticos en general y los sindicatos tradicionales y verticales. En otros niveles, también se marcan diferencias con los que “transan” con el sistema en alguna de sus formas: los representantes de la “vieja política” (genéricamente considerados clientelistas y corruptos), la burguesía y los representantes del poder económico en general.

Se advierte, por otro lado, una distancia con respecto a otras organizaciones del campo popular que emplean estrategias diferentes. En el caso de la JCTA, como se mencionó, las divisiones internas se hicieron más fuertes a lo largo de 2010. Se advertía una sutil barrera con los sectores que se manifestaban afines al gobierno nacional, que dejan de estar incluidos en el “nosotros”, aunque el discurso no los descalifique directamente. Hacia fines de 2010, esta división sería explícita: “Viene áspero el asunto”, sintetiza Cecilia, en una entrevista, en tanto, casi simultáneamente, Diego contesta a la pregunta “cómo viene la mano?”… “Y, complicada… la militancia… la central… “. A la vez considera que la posición independiente respecto del gobierno que ellos sostenían era mayoritaria dentro de la juventud de la región La Plata, al responder:

“a nosotros no nos quiebra, porque la juventud siempre estuvo integrada por una línea, pero no debilita en el sentido de la Central en general y nos debilita en el hecho de que como nosotros sostenemos una línea dentro de la Central tenemos que aportar ahí… nos vemos sobrepasados por la estructura” (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 6/7/2010)

Participación

Los jóvenes que participan en la JCTA poseen solidez y de organización[44]. Los miembros de la juventud que fueron entrevistados dan cuenta de un protagonismo creciente en las discusiones de la Central, en parte está expresado en su discurso, y en parte se refleja en algunos espacios que obtuvieron en la organización electoral previa a las elecciones 2010. A partir del desarrollo de actividades, del compromiso con las acciones generales, de un grado de información significativo, de formas de organización y de decisión internas y, finalmente, de una formas de disputa de espacios en los niveles de decisión de la Central, tradicionalmente liderados por otros sectores y de características “adultocéntricas” (en términos de Krauskopf, 1998 b).

El involucramiento de la juventud implica, como se ha mencionado, que todos los ámbitos de la vida se vean permeados por la militancia y que cada uno de los jóvenes se sienta comprometido en un proyecto que excede el marco individual. Dice Diego:

La participación tiene que ver un poco con un proyecto de vida, porque uno apuesta a un cambio social, entonces todo espacio que a uno le parece que puede aportar para modificar algo que está mal, es importante… lógicamente, apostamos a una organización para poder dar esa participación. (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 6/7/10).

Los espacios en que participan los jóvenes militantes tienen base local (el proyecto barrial, la cooperativa, la batucada, la acción de protesta, la universidad), en cada uno de ellos desarrollan asambleas. En un segundo plano, participan de las instancias formales de la JCTA y la Central. Esto es, en las asambleas locales, en las asambleas y plenarios regionales y en las mesas federales de la JCTA (por regiones), así como en la elección de autoridades y aún en los instrumentos electorales.

La JCTA participa de marchas, movidas específicas, encuentros locales y nacionales, espacios amplios de articulación, como la Constituyente Social. Pero a la hora de tomar decisiones, vuelven a “la base”. El espacio privilegiado es la estructura asamblearia, donde se alcanzan decisiones por consenso y no por votación. Como se señaló anteriormente, las decisiones pueden cuestionar líneas sugeridas desde la conducción nacional o directivas formales. Si llega una propuesta, la asamblea la analiza y realiza un debate. “no tenemos un sistema asambleario de votos, sino un sistema de discusión donde tratamos de llegar a consenso”, mencionan Diego y Gabriel en un diálogo. Después llevan estos debates a la mesa regional.

Tratamos de discutir las veces que sea necesario, entre nosotros, como juventud de la CTA de La Plata, qué es lo que consideramos necesario para nuestra organización, cuáles son las estrategias, cuáles son las prioridades… hasta llegar a un punto en común… y ser orgánicos al mismo tiempo. (Entrevista a Gabriel, militante de la JCTA, 5/7/2010)

A su vez, en las entrevistas se advierte que la forma de hacer política, la horizontalidad y la posibilidad de plantear debates desde su lugar de jóvenes no está exenta de dificultades en ámbitos de decisión:

Nosotros muchas veces planteamos la necesidad de espacios de discusión política… y eso es fundamental, y así lo hacemos en la provincia de Buenos Aires, si se lo tenemos que decir al mismo Víctor De Gennaro, se lo decimos… y a veces nos comemos críticas “pendejos de mierda, que vienen a decir. (Entrevista a Nadia, militante de JCTA, 4/7/2010)

Por otro lado, expresan también una crítica a la horizontalidad “pura”. Relata Cecilia:

Nosotros depositamos confianza en compañeros, pero si es solo confianza, no sirve… es un equilibrio… porque los compañeros que están como secretarios no pueden tomar todas las decisiones horizontalmente, eso no existe, hay que generar un equilibrio, al mismo tiempo, tiene que haber espacios de discusión en todos los ámbitos, regional, provincial. (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 5/7/10)

Hay un posicionamiento como “juventud” pero, al mismo tiempo, una disputa de espacios, desde ese lugar, en el interior de la Central. Por ejemplo, señala Diego: “Nosotros definimos políticas como juventud del grupo, por más que nos digan otras cosas… nosotros decidimos”. (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 6/7/10). Pero a la vez, se trata de participar en el armado de la CTA en su conjunto y no asumir un lugar inferior. En ese sentido, plantea Cecilia:

La juventud es la que más capacidad tiene para plantear que esto no tiene que ser así naturalmente… hay compañeros que tienen 50 o 60 años, que tienen cosas naturalizadas, pero hay jóvenes que no… y pueden plantearlo, decirles “ya fue así y mira como terminaron”…. planteando la necesidad de discusiones comunes a todos los ámbitos, en todas las edades y lugares… decir “la regional de CTA tiene que funcionar con un compañero de ATE, con un compañero de juventud, un compañero de YPF, con todos los que participamos…” y en ese espacio discutir la política de la CTA regional… no uno por un lado y otro por el otro… si queremos que funcione la CTA La Plata (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10)

Para los jóvenes militantes, el trabajo en las actividades de la JCTA les abre la posibilidad de participar en actividades de la Central en su conjunto. Es así que también actúan en asambleas, medidas de fuerza, marchas, espacios de formación y otras actividades cotidianas de la CTA, incluso en las Juntas Electorales que condujeron las elecciones internas llevadas adelante en 2010. Desde ese lugar, podemos afirmar que participan de la disputa de espacios políticos a partir de su condición juvenil. La condición de miembro de la “juventud” provee un lugar y una identidad para la participación efectiva, con una voz y un reconocimiento explícito.

Palabras finales

En este capítulo hemos trazado un panorama que permitió aproximarnos a las características y el funcionamiento de la Juventud de la Central de los Trabajadores Argentinos. Para ello, consideramos en primer lugar el relato histórico que hace la CTA, enlazado en las tradiciones históricas de las luchas obreras y la resistencia peronista. Consideramos el lugar combativo que asumió en el discurso y en la práctica durante los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, así como la actitud frente a la crisis de 2001-2002. A partir de estos elementos, identificamos la faceta de “movimiento social” que posee la CTA y las prácticas de acción colectiva, vinculada con organizaciones y redes internacionales. Identificamos cómo el papel de la juventud está unido a estos elementos constitutivos, así como a los proyectos también las discusiones internas que muestra la Central. En una segunda parte del capítulo, describimos cómo se manifiesta lo juvenil en la Central y cómo a partir de dicha condición juvenil se disputan internamente espacios de poder. En primer lugar, planteamos las formas de organización y las principales actividades, espacios y acciones concretas que nuclean a la juventud de la Central. Consideramos luego las ideas, los principios y los referentes políticos que surgen en el discurso de la JCTA y fortalecen su inserción. Luego analizamos las trayectorias que siguen sus jóvenes militantes, que resultan convergentes y divergentes respecto de la organización. Identificamos un “nosotros” que es expresado por los jóvenes militantes y que establece diferencias con otros sectores y grupos. Por último analizamos cómo se desarrolla la participación, en qué forma se produce y cómo involucra todos los ámbitos de sus vidas. De esta forma aparece un proceso de constitución de subjetividades militantes que abordaremos en el capítulo 7.


  1. Lo “revolucionario”, en los textos y discursos analizados, pasa por el protagonismo de los trabajadores organizados y la conquista de sus derechos, no por una revolución en términos de transformación radical de las instituciones en la tradición marxista clásica.
  2. Señala James: “Si bien la política laboral de las empresas del sector dinámico había garantizado el aislamiento casi completo de su personal con respecto a los sindicatos nacionales tradicionales, también significó, con el derrumbe del período de aquiescencia en mayo de 1969, que esas empresas se vieran frente a sindicatos que tenían muchas dificultades para controlar la rebeldía de las bases” (James, 1990: 161).
  3. Se lee en la página de CCAS http://www.ccas.org.ar/institucional/historia/historia.htm consultada en Abril 2010.
  4. La Ley Mucci fue un frustrado intento del gobierno de Raúl Alfonsín de controlar los fondos sindicales, garantizar la participación de minorías y recortar el poder de acción de los grandes sindicatos. Tuvo obstáculos en su trámite legislativo y finalmente terminó con la renuncia del Ministro de Trabajo, Antonio Mucci, que provenía del gremio de los gráficos.
  5. Los programas de La Falda y Huerta Grande se pueden consular en http://revista-zoom.com.ar/articulo2172.html
  6. Relata Roberto Baschetti: “En un Plenario Nacional de las “62 Organizaciones’ realizado en Huerta Grande, Provincia de Córdoba, se aprueban como objetivos programáticos a imponer al gobierno los puntos que constituirán una profundización de los contenidos antioligárquicos del Peronismo, de acuerdo con el “giro a la izquierda” alentado por el General Perón desde Madrid, y que fuera expresado en un largo discurso por Andrés Framini.” (Baschetti, 1997).
  7. El texto en Universidad Nacional de Quilmes y Página 12. El diario de la CGT de los Argentinos.
  8. Como opina Roberto Koira, “El programa del 1 de mayo de la CGT de los Argentinos, realizado por Rodolfo Walsh, siguió la tradición de los de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962) de las 62 Organizaciones pre-vandoristas. Con fragmentos que parecen escritos para combatir a la maldita década del 90, la conciencia de clase de los trabajadores peronistas expuso en la proclama caminos de unidad de acción para los empresarios nacionales, los pequeños y medianos empresarios, los profesionales, los estudiantes, los intelectuales, los artistas y los religiosos” (Koira, 2008).
  9. Economista y militante político y sindical, uno de los fundadores de la CTA.
  10. En la página de la CTA www.cta.org.ar consultada en Marzo 2010.
  11. Se puede profundizar el tema en Oszlak (1982, 1991) y se puede encontrar una selección de textos del Segundo Congreso Villero de 1974 en http://www.ultimorecurso.org.ar/drupi/node/685, publicado en 2007 consultado diciembre de 2010 y referencias en la página de la Juventud Peronista http://www.jp.org.ar/.
  12. Significó también el fortalecimiento de líderes barriales desde una lógica de construcción política de territorio, entre ellos Víctor Alderete y Luis D’Elía.
  13. En 2005 se realizó la Tercer Cumbre de los Pueblos, en paralelo con la reunión del tratado de libre comercio de las Américas (ALCA), que contaba con la asistencia de George W. Bush. El evento concluyó con un freno a las expectativas de Estados Unidos en la región y una declaración contraria de varios países en la “contracumbre” celebrada en el Estadio Mundialista, de la que participaron Hugo Chávez, Evo Morales y otros líderes latinoamericanos.
  14. A partir de los trabajos de Waterman (1991) y Moody (1997), que han sido retomados por Etchemendy y Berins Collier (2007), estos autores consideran que la CTA es uno de los pocos casos a nivel mundial que desarrolla este tipo de articulación de “movimiento social sindical”.
  15. Cfr Waterman, P (1991) p 17 y Kim Moody (1997).
  16. Las principales organizaciones que conformaron la CTA son: ATE (estatales), CTERA (docentes), FJA (judiciales), FTV (Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat), APA (aeronáuticos), UTPBA (periodistas), FeTERA (Federación Trabajadores de la Energía de la República Argentina), STTCALM (Sindicato de Trabajadores de Transporte Comunitario y Afines de La Matanza), UTD (Unión de Trabajadores Desocupados), Mesa Coordinadora de Jubilados y Pensionados, Plenario Permanente de Organizaciones de Jubilados, UOM Villa Constitución (metalúrgicos), SICA (industria cinematográfica), CONADU (docentes universitarios), MICH (Movimiento Indigenista del Chaco), SOERM (Obreros y Empleados de Refinerías de Maíz de Baradero), Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo, FNS (Federación Nacional de Salud), MOI (Movimiento de Ocupantes e Inquilinos), SOEVA (Obreros y Empleados Vitivinícolas), Asociación en Defensa de la Vivienda Familiar de la República Argentina, SOD (Sociedad Obrera de Desocupados), AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices), SUTNA (industria neumático), APDEFA (ferrocarriles), Luz y Fuerza (Mar del Plata), CISPREN (Círculo Sindical de Prensa de Córdoba), Trabajadores Transitorios Ingenio Las Palmas, Asociación de Comunidades y Pueblos Guaraníes, Unión de Trabajadores Rurales de Río Negro, NOS (Nueva Organización Sindical Gastronómica), Hogar Pelota de Trapo, Hogar Madre Tres Veces Admirable, Hogar Cambio de Vía, Comunidad Toba Saenz Peña (Chaco), Sindicato de Obreros y Empleados de la Industria de Celulosa Papel y Cartón del Alto Paraná, AAA (Asociación Argentina de Actores), APJIDyA (Jerárquicos de la Industria del Gas, Derivados y Afines), Sindicato de Trabajadores Municipales de Plottier, APYPF (petroleros), Unión de Campesinos Poriahjú, Comunidad Eclesial de Base Solano-Quilmes, SIATRASAG (Energéticos Salto Grande), APPAMIA (Profesionales del Programa de Atención Médica Integral y Afines), Asociación de Ladrilleros del Formosa, Asociación de Profesionales de la Salud de Salta, SITABA (Trabajadores Artesanos de Buenos Aires), Sindicato Oleros de Misiones, SOYEM, (Municipales de Bariloche), Mesa de Desempleados Zona Oeste (Córdoba), Grupo Obispo Angelelli Rosario, AGA (Guardavidas), Asociación Gremial Empleados de Administración y Servicios de Casinos Nacionales, Asentamiento El Tala, Solano-Quilmes, SOEM (Obreros Municipales de Centenario-Neuquén), Cooperativa USO La Matanza, Sociedad de Fomento 2 de abril, Alte. Brown.
  17. Cfr Diario Página 12. 16 de diciembre de 2002. pag 3.
  18. El ALBA, o Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América, nació como oposición al tratado de libre comercio propiciado por Estados Unidos (ALCA) (más información en http://www.alternativabolivariana.org).
  19. La Declaración del Comité de Juventud del II Congreso de CSI se puede consultar en http://www.ituc-csi.org/declaracion-del-comite-de-juventud.html .
  20. El Movimiento Nacional Chicos del Pueblo reúne unas 400 organizaciones y hogares que trabajan con niñez, se organizó en 1987 en Florencio Varela, a partir de la iniciativa del sociólogo Alberto Morlachetti, director del hogar Pelota de Trapo, y el sacerdote Carlos Cajade, que dirigía el hogar de la Madre Tres Veces Admirable. Más información en http://www.pelotadetrapo.org.ar
  21. En la agenda social, Macia también mencionaba el Programa de Primer Empleo, un Programa de recuperación deportiva y cultural, la Asignación universal por Hijo/a (luego adoptado por el gobierno nacional), la Primera Vivienda Joven, el Boleto Obrero-Estudiantil, la Ley nacional de organización estudiantil (Centros de Estudiantes Secundarios) y la Ley de Educación Superior.
  22. Se puede consultar en http://www.constituyentesocial.org.ar/rubrique15.html
  23. Citado por la Agencia CTA http://www.agenciacta.org.ar/article6698.html
  24. En la página web de la Constituyente se publicó incluso un mapa de las organizaciones participantes (mapa.constituyentesocial.org.ar). A su vez, en el año 2009 se desarrolló otro encuentro nacional en Neuquén que profundizó las críticas a los programas del gobierno nacional y los reclamos por transformaciones estructurales que resuelvan problemas sociales como el hambre y el desempleo.
  25. La CTA contó con una Dirección Nacional de Juventud desde el año 2002, que fue ocupada por Pablo Reyner, en tanto en 2006 se transformó en Secretaría Nacional de Juventud.
  26. La Paritaria Social Juvenil, que se presentó formalmente el 28 de septiembre 2007, surgió de una “Mesa Social Joven” compuesta por la juventud de la CTA, la FUA, la Federación Agraria e HIJOS. Como objetivo, planteó discutir políticas públicas para la juventud entre las que propuso un Programa de Primer Empleo, Asistencia Primaria de Salud, Plan de Primera Vivienda y el Boleto Obrero-Estudiantil.
  27. Cfr http://test.cta.org.ar/Mesa-Paritaria-Social-Juvenil.html
  28. El “Presupuesto Participativo” es un mecanismo por el cual los habitantes de una ciudad (u otra unidad territorial) toman parte en la discusión de ingresos, gastos y las prioridades con que se asignan. Uno de los ejemplos habitualmente considerados es el de la Ciudad de Porto Alegre (Brasil), que ha servido de modelo y es reconocido como referente por la CTA. Está desarrollado en www.cta.org.ar/instituto/prespart.html (consultado en Octubre 2009).
  29. La mayoría de los militantes de la JCTA son trabajadores, formales e informales, y se reconocen de ese modo. Al dedicar tiempo a la organización, van concentrando tareas en la militancia.
  30. Por ejemplo, Diego menciona “El trabajo en Los Hornos forma parte del frente territorial… la Conti, del frente universitario” (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 13/10/09).
  31. Esto es expresado en las entrevistas y también aparece en las páginas de internet consultadas, así como algunos de los programas que tienen un componente específico, entre ellos, el programa de alfabetización “Yo sí puedo”.
  32. “Propuesta formación Juventud CTA” documento elaborado por IDEF – CTA en Julio 2006.
  33. Entre los secundarios aparecen reivindicaciones históricas (como la noche de los lápices, el boleto estudiantil) junto con instrumentos de organización de centros y militancia. Se puede consultar en http://secundariosbsas.com.ar/2008/09/homenaje-de-la-juventud-de-la-cta-la.html
  34. Estos proyectos cuentan con subsidios estatales para cooperativas, que provienen del Gobierno Provincial y que estaban en riesgo durante las entrevistas del año 2010, lo que llevó a que la JCTA discutiera medidas de protesta para reclamar por la continuidad de los subsidios.
  35. La campaña de alfabetización (el programa “Yo sí puedo”) plantea la formación de facilitadores apoyados por cartillas y material en video, que a través de 65 clases brindan alfabetización, con resultados excelentes mencionados en sus publicaciones (en Venezuela, Bolivia, el norte Argentino). LA JCTA lo asumió como propio y lo apoyó sistemáticamente (cfr http://www.yosipuedo.com.ar/).
  36. Entrevista con Karina, militante de JCTA, 10/7/10.
  37. Entrevista a Nadia, militante de JCTA, 4/7/2010.
  38. Víctor de Gennaro fue un histórico dirigente de ATE y Secretario General de la CTA Nacional; Hugo “Cachorro” Godoy también proviene de ATE y fue Secretario General de CTA Provincia de Buenos Aires.
  39. Germán Abdala (1955-1993) fue un dirigente justicialista y diputado nacional que se opuso a las políticas neoliberales de los años 90 y formó un grupo de parlamentarios opositores conocido como “grupo de los ocho”, participó de la fundación de la CTA.
  40. Del video institucional de la JCTA, en www.cta.org.ar Consultado en Septiembre de 2010.
  41. El concepto de trayectoria en los estudios de juventudes ha aportado riqueza al análisis y superado la concepción lineal de las mismas para introducir otras posibilidades, como la dispersión y la reversibilidad. Se puede profundizar en Dávila León (2002, 2005) y Machado País (2007).
  42. En la posibilidad que plantea Dávila, 2002, respecto de las trayectorias juveniles.
  43. En otro plano podríamos hablar de trayectorias marginadas, en la que los jóvenes no logran salir del circuito de exclusión social.
  44. Se trata de un nivel de protagonismo que ejemplifica muchas de las cuestiones de alta participación y nuevas formas de organización y participación juvenil, según los aportes de Hart (1993), Serna (1998) y Krauskopf (1998 b), entre otros.


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