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6 La condición juvenil como estrategia de participación política

Nosotros tratamos de priorizar el espacio de construcción como jóvenes del Frente. (Entrevista a Carolina, militante del FPDS, 02/03/2010)

 Los jóvenes somos parte de esa historia y de las luchas de esas organizaciones y nos entendemos como un sujeto social que necesariamente tiene que participar de la toma de decisiones en todos los ámbitos. (En Blog de la Juventud CTA)[1].

En este capítulo desarrollaremos un análisis comparativo de la participación juvenil a partir de los movimientos sociales seleccionados. En la primera sección, estudiamos cómo la condición juvenil es empleada para crear organizaciones. En la segunda sección, damos algunas características centrales que adopta la participación: en primer lugar, la vinculación del cambio político con un cambio cultural de matices propios; en segundo lugar, el predominio de criterios de horizontalidad a través de asambleas y principios de autonomía; en tercer lugar, la construcción de redes con base territorial y, por último, las trayectorias que siguen en términos de participación. La tercera sección abordará las tensiones que se observan entre estas formas de participación y las previas (que fueran tratadas en los primeros capítulos) a través de los procesos que siguen los jóvenes militantes y las dificultades que expresan. El último punto, sección cuarta, permitirá poner en uso algunos conceptos teóricos relevantes para el análisis de la participación política juvenil en los movimientos sociales.

1. La condición juvenil en los movimientos sociales

Podemos afirmar que el término “jóvenes” o “juvenil” se emplea en estas organizaciones de tres formas distintas. En primer lugar, un uso coloquial y extendido que alude genéricamente a una franja etaria y a características asociadas a la misma, relacionadas con dinamismo, renovación, fuerza y pureza, de acuerdo con representaciones predominantes que referimos en el capítulo 2. En segundo lugar, define estrategias orientadas a generar actividades de integración en la población de los barrios, ubicada en una franja etaria que no está definida con precisión pero puede incluir desde 14-15 años hasta los primeros veinte (en afinidad con criterios internacionales también explicados en el capítulo 2). La situación social y las condiciones de vida diaria hacen que acercándose a los 30 años muchos de estos jóvenes estén en otra situación de vida y no se acercan como “jóvenes” a colaborar en las actividades sino desde otra condición: padres y madres, trabajadores desocupados, etc. En tercer lugar, “juventud” es un sector del movimiento, un grupo que se expresa desde la condición juvenil para construir un espacio de acción dentro del mismo movimiento.

Ampliando este último punto, podemos decir que en los movimientos analizados, la condición juvenil aparece asociada a espacios específicos. La Juventud de la CTA es una organización en sí misma dentro de la CTA. En el FPDS, los jóvenes son los que participan de actividades caracterizadas “de jóvenes” (campamento de jóvenes, espacio de jóvenes, proyecto envión) o “de adolescentes” (proyecto adolescentes). Al respecto, en la primera entrevista con Inés, una militante del MTD Lanús, y consultándole respecto de las actividades que desarrollaban los jóvenes, me preguntaba: “¿te referís al proyecto adolescentes?” sin advertir que yo le preguntaba por su propia experiencia, ya que me habían comentado que era una referente joven de la organización, de 25 años.

La distinción entre “los jóvenes” y los demás, en el caso del Frente, me resultó significativa desde ese momento y me permitió suponer una forma de organizarse que luego comprobaría a lo largo de las entrevistas: muchos jóvenes miembros del Frente asumían responsabilidades diferentes de las de un grupo específico de jóvenes y dejaban esa condición atrás. Una vez que dejaban de participar del espacio considerado “de jóvenes”, estos militantes pasaban a actuar desde otro lugar conceptual y discursivo: la tarea concreta, la representación general, la militancia.

En las asambleas barriales los jóvenes actúan representando a un sector que se reconoce a partir de la condición juvenil: son los miembros del “espacio de jóvenes” del Frente, por ejemplo. Otra entrevistada, Carolina, hacía mención a sus tareas de coordinación en distintas actividades y, en la entrevista mantenida en octubre de 2009, explicaba su trabajo con “los jóvenes”, haciendo en cuatro oportunidades alusión a los talleres de jóvenes y el espacio de jóvenes, sin incluirse en ningún momento dentro de ellos. Tenía 21 años entonces. Estos datos, recogidos a lo largo de entrevistas, confirman lo que mencionamos anteriormente.

Aparece como característica, empleada para calificar a un movimiento que tiene estilo “juvenil” o a una persona que es reconocida como “joven”. Esto se relaciona más con el discurso de juventud que emplean ambas organizaciones, en términos de oposición viejo-joven. En el FPDS, la presentación institucional alude a que “es una de las principales referencias de la generación de organizaciones jóvenes de la Argentina” (¿Qué es el Frente Popular Darío Santillán? En www.frentedariosantillan.org).

La referencia a Darío Santillán se vincula con la forma tradicional de lo juvenil asociada al sacrificio y el martirio. Caracteriza al militante asesinado en términos de referente de las “jóvenes generaciones”:

Darío Santillán, asesinado a los 21 años, fue y es un referente muy importante, y en el acto en que da su vida por un compañero sintetiza los valores humanos y la conciencia política de las jóvenes generaciones que, desde un compromiso concreto con las reivindicaciones más urgentes de nuestro pueblo, luchan con vocación de impulsar cambios revolucionarios (www.frentedariosantillan.org ),

 A su vez, la revista del FPDS titulaba una nota sobre Darío Santillán: “Tu símbolo como bandera. Darío Santillán, juventud y nuevos valores”[2]. En el discurso general hay una alusión a la condición juvenil, que está asociada a características convencionales de lo juvenil (dinamismo, renovación) y a la idea de alentar la participación de jóvenes. En el caso de la CTA, también se emplea lo “joven” como vanguardia y heroísmo. Dos dirigentes de la CTA lo expresaban en un encuentro de jóvenes en el año 2009, en primer lugar, Belén Rodríguez (Secretaria de Juventud) decía:

Hemos demostrado que los jóvenes de la CTA podemos organizarnos, que somos el principal motor de una de las herramientas más maravillosas de la CTA, y que nos diferencian de otras centrales en el mundo, que es la afiliación directa, la mayoría de los que son afiliados directos son jóvenes y militan Juventud. (En http://www.ctasantafe.org.ar/spip.php?article241)

Por otro lado, el dirigente Hugo Yasky (Secretario General de CTA en el período analizado) explicaba:

Ustedes le dan perspectiva generacional a la lucha de la CTA, porque tiene conciencia de clase y su sangre joven que atropella y no se queda. (En www.ctasantafe.org.ar/spip.php?article241)

En este último caso, el carácter de externalidad (se toma un punto de vista externo para caracterizar a los jóvenes) reproduce lugares comunes en la mirada hacia la juventud asociada a lo heroico y vital, puede provenir de referentes mayores de la organización como de los mismos jóvenes en tanto de imitar el heroísmo juvenil que se enuncia en la organización, cuando elaboran un alegato o una consigna.

Los entrevistados se visualizan a sí mismos asociados al cambio en las prácticas políticas que podemos considerar tradicionales y a la construcción de organizaciones unificadas y fuertes. Las expresiones que utilizan son de tipo absoluto, es decir, no presentan maticas, y las imágenes asociadas con la militancia (de la cual son protagonistas) son positivas, se adjudican características de acción política autónoma y nueva, asamblearia, horizontal, antiburocrática, que se opone a la acción política tradicional, a la que caracterizan como verticalista, clientelar y, eventualmente, corrupta. Este proceso de construcción de nuevas formas políticas en los que inscriben sus trayectorias militantes se diferencia de las prácticas de antaño, aludidas como “la vieja política”. Las expresiones llevan a plantearnos las características enunciadas en términos de representaciones[3], como un conjunto de imágenes, valores, nociones y prácticas que se constituyen en una forma de conocimiento social, en este caso, aplicadas a la política y la militancia juvenil. Las representaciones que se contraponen en las entrevistas confrontan lo nuevo con lo viejo asociando a la primera el valor de pureza y a lo antiguo, de corrupción. Se construye una moral política en la cual se ubican de uno de los lados, la pureza y otros atributos positivos. Y a esto se suma el valor que conlleva lo juvenil de representación renovadora, y también percibida generalmente como más pura que lo viejo. La asociación se potencia, y ellos se visualizan a sí mismos tal como le corresponde a la juventud “más tradicional”, es decir, la renovación y la pureza.

Finalmente, hay una mirada que incluye otras representaciones y matices respecto de los jóvenes. Se advierte cuando las entrevistas avanzan y se comienza a profundizar la mirada y se reconoce que los sectores identificados como jóvenes son también portadores de conflicto: “cuesta sumarlos, no se sienten parte”, menciona Mariana (entrevista a Mariana, militante del FPDS, 9/6/2010) y se lamenta Inés: “no hay cuidado con las cosas, no hay códigos… a veces no sabemos bien qué hacer” (Entrevista a Inés, militante del MTD Lanús, 20/11/2010). En ambos casos se refieren a actividades de jóvenes en las que participan y marcan las dificultades que tienen los proyectos.

En el caso de la JCTA, las diferencias entre jóvenes son expresadas en términos de modelos de construcción en las asambleas, como debates entre los sectores de la JCTA y la conducción de la CTA, y como dificultades en la integración de chicos y chicas de los barrios. Por eso se elaboran proyectos y actividades específicas a quienes se quiere sumar como adolescentes y jóvenes. La intención de Diego, al mencionar “si se copan los pibes del barrio, el espacio es de ellos”, encierra la esperanza – más que la certeza – de una situación ya resuelta (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 13/10/09). Es decir, en el análisis específico de las prácticas de las mismas organizaciones se advierten los matices, los avances y retrocesos en el proceso de formación de los grupos y de su consolidación como actores al interior de cada organización.

La incorporación de sectores jóvenes se puede leer como una forma de hacer efectivas las consignas y también de aumentar el peso del sector juvenil y consolidar su papel. En este punto del análisis, resulta pertinente preguntarse si “ser joven” en términos de la clasificación interna del movimiento, recorta o limita las posibilidades de estos militantes para desempeñar un rol protagónico, si les da capacidad de agencia o se las quita, al encasillarlos en un lugar donde siempre tienen alguien (no joven) a cargo de ellos. En ciertas ocasiones, la institucionalización de un rol puede significar el control sobre el mismo. Los entrevistados se reconocen sujetos políticos y reclaman poder expresarse a través de su militancia desde un anclaje identitario en lo etario, como jóvenes. Esto es manifestado de diversas formas, como cuando una entrevistada propone una conducta para los jóvenes (en quienes no se incluye) y dice: “La idea es que los jóvenes empiecen a tener una voz” (Entrevista a Carolina, militante del FPDS, 15/10/09). No es así en el caso de otra entrevistada: “tratamos de priorizar el espacio de construcción como jóvenes del frente, y después vemos “(Entrevista a Mariana, militante del FPDS, 9/06/10)

En otro caso, es desde la propia condición juvenil que lo hace un joven de la CTA: “tratamos de ser actores, sujeto político y definir políticas nosotros” (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 13/10/09). Otro expresa: “no somos como soldaditos que bajamos una política, nosotros definimos políticas como juventud del grupo” (Entrevista a Gabriel, militante de JCTA, 5/7/10).

La JCTA posee una historia y una estructura más grande que el espacio jóvenes del FPDS, lo que implica eventuales conflictos internos que deben ser para ellos resueltos de forma distinta al modelo verticalista. Pero a la vez se plantea el dilema de la estructura donde lo vertical predomina. Diego nos cuenta,

Nosotros tenemos la idea menos burócrata, que si hay un pibe que se adapta al perfil se sienta en la mesa y va a las reuniones donde van grandes dirigentes y está bien… nosotros no compartimos lo que se hizo otras veces, de hecho, hasta repudiamos a dirigentes nuestros… nuestra idea es generar nuevos sujetos que vayan eliminando vicios que ya traen otras generaciones” (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 6/7/10).

Como se advirtió en los capítulos 4 y 5, en cada uno de los movimientos hay una identidad desde la que se participa y que los entrevistados asumen desde un “nosotros”. Esto incluye, en términos políticos, la afirmación de lo propio y el cuestionamiento a lo ajeno. Significa tanto colaborar para construir una organización de pertenencia más unida y pura (con las imágenes que acabamos de mencionar) como desarrollar estrategias para reclamar a los poderes políticos, enfrentar a los grupos económicos y ganar la calle para fortalecer el proyecto de cambio social.

Al mismo tiempo que se reivindica el lugar de jóvenes como sinceros y desprovistos de las prácticas de la “vieja política”, se advierte que el corte entre el “nosotros” y los “otros” no apela a la cuestión etaria. Cuando se identifica a los enemigos o, como se señaló en los capítulos anteriores, a los que optan por vías de construcción diferentes, del mismo lado están los militantes de distintas edades. La construcción de su militancia responde a una serie de componentes, que identificaremos en el próximo capítulo como “subjetividades militantes”, en tanto la condición etaria juvenil pasa a ser una herramienta para la construcción de espacios dentro de las organizaciones, es un anclaje identitario estratégico para la pertenencia y para la disputa de poder, que a su vez tiene aval por la representación tradicional del accionar juvenil en el campo político de la historia argentina. De esta forma, exponer sus posiciones, plantear cambios dentro de lo orgánico y reclamar participación posterior se potencia, se justifica y –a veces- se permite, desde la condición juvenil.

Los jóvenes de la JCTA valoran la posibilidad de disentir con otros sectores en tanto jóvenes, como por ejemplo cuestionar a los referentes históricos de la CTA, y con un dejo de orgullo dan cuenta de las críticas y la oposición que su postura les genera: “si se lo tenemos que decir al mismo Víctor De Gennaro, se lo decimos… y a veces nos comemos críticas: pendejos de mierda, que vienen a decir” (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10). Este tipo de expresiones, al desautorizarlos, parecen consolidarlos en su lugar de jóvenes y en su compromiso con el cambio y los valores que representan. Aquí el “otro” queda expuesto en su condición de adulto que no acepta su participación, en tanto jóvenes y en tanto cuestionadores de su palabra, porque sería diferente la situación si coincidieran. De esa forma los nombra peyorativamente. Ese descrédito o desaprobación de la enunciación del otro produce, al interior del sector juvenil, un vanagloriarse de sus posibilidades de acción en tanto rebeldes y portadores de un discurso crítico que los construye.

El concepto de participación predominante en las palabras de todos los entrevistados fue integral: participan en todos los ámbitos posibles y lo hacen con plenos derechos en cada instancia. Esto implica, incluso, que se descarte de manera explícita un lugar secundario, por ejemplo la concepción de que los jóvenes deben apoyar la estrategia de la organización y sumarse progresivamente a ella, encargándose de tareas menores en una primera instancia, como si fueran la “mano de obra” de la estrategia política que otros diseñan líderes. Aquí se observan algunas diferencias entre la tradición de JCTA y del FPDS.

¿Cómo actúan estos sectores juveniles en su compromiso dentro de la organización? En sus argumentaciones, organizan el discurso explicando cómo desde su participación se relacionan con construir poder para modificar las condiciones de la sociedad, identificados como “Juventud” en la JCTA y sumados al proyecto colectivo, en el FPDS. El cambio social que proponen no está expresado en términos de revolución armada tradicional[4], como los que formulaban los movimientos políticos de los años 60 y 70 que proponían empuñar las armas para tomar el poder. No hablan de proyectos de cambio repentino, como lo hicieran las juventudes de los partidos políticos en los años 60[5], más bien apuestan a alianzas estratégicas, generar espacios de poder y presionar a otros actores dentro del sistema para, finalmente, lograr las modificaciones necesarias para construir una sociedad y un modelo de Estado con características “nuevas” (inclusivo, justo, con participación popular). En el caso del FPDS se enuncia explícitamente construir poder popular y cambiar el sistema y las condiciones sociales, económicas y políticas. En el caso de la JCTA el eje está colocado en la centralidad de los trabajadores (en un sentido amplio que excede el empleo formal y habla de una condición de trabajador), y así lograr una transformación social que signifique el cambio de las estructuras económicas, sociales y políticas. Nos explica una militante de JCTA

Trabajamos por otra concepción del rol de la juventud y las características que tiene que tener la juventud a la hora de conformar un movimiento de liberación nacional, digo eso porque es el objetivo a largo plazo que tenemos, nosotros hoy estamos militando acá porque creemos que hay que organizar a la clase trabajadora para conformar ese movimiento, (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10)

Lo hacen a través de distintas formas de acción política: militancia en la organización, articulación con otros compañeros del campo popular y construcción de formas de poder alternativo (en las manifestaciones de los jóvenes la JCTA) y en la posibilidad de generar una transformación social a través de la generación de nuevos vínculos sociales y de la construcción de un actor político diferente (en las expresiones del FPDS)[6]. Expresan frases como:

Hay errores que se cometieron a lo largo de la historia que nosotros, como jóvenes, no podemos volver a tener… si creemos que el autoritarismo de ciertos dirigentes, las discusiones de cinco personas adentro de un placard, las discusiones que se cortan en un punto para que uno no pregunte de más y no haya demasiado kilombo, y un montón de prácticas que viciaron la política durante muchos años. (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10)

La JCTA, sector que es parte de una organización que cuenta con una tradición sindical en la que conviven nuevas formas de participación con elementos de una estructura vertical y prácticas de sindicatos más tradicionales, cuentan

Te decían “vamos a hacer una pintada, vamos a pegar afiches”, está todo bien, nosotros lo hacemos, porque creemos y lo disfrutamos, es parte de la estrategia… ahora, la discusión política va de la mano, porque no se trata de que nosotros ponemos el cuerpo y otros hacen la política; vamos a pensar la política entre todos, nosotros ponemos el cuerpo pero la política también, y eso lo hacemos todos, si no, no tiene sentido. (Entrevista a Nadia, JCTA, 4/7/10)

También estos jóvenes cuestionan el modelo de hablar en nombre de la juventud sin reconocerles la palabra y la posibilidad del disenso y, además, sin brindarles la posibilidad de elaborar estrategias más amplias:

No estábamos de acuerdo con la lógica con la que se proponía armar la juventud en la provincia de Buenos Aires. Era precisamente esa, que un determinado personaje te dice “la juventud tiene que hacer esto, piensa esto”. Y después nosotros vemos que la persona que nos representa vacía de contenido los debates, que simplemente discute cosas puntuales, como “hay que armar un centro de estudiantes, que pensamos de la educación en general, etc.”, con debates que están buenos, pero que subestiman la capacidad de pensar de los jóvenes. Tenemos que pensar como aportamos desde la salud, el trabajo, pensando en una estrategia nacional…. (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10)

Podemos concluir que la condición juvenil se expresa de diversas formas en las organizaciones analizadas, dado que en el Frente se da la integración de jóvenes más allá de las actividades específicas y que la JCTA actúa desde su condición juvenil dentro de la Central, pero a la vez hay coincidencias. Estas se expresan al empleo de la característica de lo juvenil asociada a representaciones de dinamismo, renovación y pureza y a las estrategias propuestas para sumar jóvenes a las organizaciones. Además, la participación está orientada a la transformación e incluye un concepto de integralidad, horizontalidad y reclamo de hacer uso pleno de la palabra y los derechos.

2. Las características de la participación juvenil

Cambio político y cambio cultural

La idea de que el cambio político requiere de un cambio cultural es un elemento que surge en la investigación. Tanto en las entrevistas como en los documentos analizados se halla una alusión específica a la importancia del conocimiento, de la formación y de la cultura, considerando que el proceso revolucionario es también un proceso cultural. Una de las jóvenes militantes, Nadia, repite la idea como para fortalecer su afirmación: “lo cultural es muy importante, no se puede construir un movimiento que exprese un cambio político y social sin lo cultural, no se puede separar una cosa de la otra” (Entrevista a Nadia, militante de JCTA, 4/7/2010). Otra joven militante lo refiere asociado a las formas de hacer política y a la organización, y aclara: “no es la tarea para el hogar, como ir al colegio, hay cosas que tienen que ver con la organización, con el grupo humano, de personas… con el tema de la comunicación… “(Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/2010). Desde una convocatoria más amplia, el sector estudiantil del Frente convocaba en 2009 a crear una pedagogía emancipadora y valoraba:

Espacios propicios para la producción de conocimientos contrahegemónicos y críticos de los principios de esta sociedad injusta… distintas experiencias se erigen como trincheras, espacios de resistencia y construcción, de acumulación de fuerzas y aprendizaje, de prefiguración de aquellas relaciones sociales que anhelamos. (www.educacionparaelcambiosocial.blogspot.com en mayo 2009).

Los galpones del Frente, así como el Centro Olga Vázquez y el predio Roca Negra constituyen espacios en los que se repiten fiestas y “movidas” artísticas que ocupan días enteros. Estos eventos son considerados elementos inherentes a la militancia social. Es interesante advertir cómo están incorporados en el ritmo de vida del Centro y, esto mismo como impacta negativamente en los vecinos[7]:

Acá hay actividad todo el día, ha pasado que hicimos una fiesta, terminamos a las siete de la mañana, y a las ocho llegó la gente del Frente para un encuentro, con los bombos y toda la mística… los vecinos se querían matar (Entrevista a Nora, militante en el Centro Olga Vázquez, 5/3/2010).

Las expresiones artísticas acompañan estos procesos y tienen reconocimiento dentro de las organizaciones, que hacen hincapié en el carácter alegre que deben adoptar las luchas y en adjudicar a lo corporal cierta relevancia política. “Taller de murga, de malabares, telas, swing, combinado con la venta de remeras hechas por los pibes”, relataba una crónica del Encuentro de Jóvenes de 2009 y “Trabajo, pan y un pueblo feliz”, dicen que rezaba una bandera en el mismo Encuentro (en www.constituyentesocial.org.ar, consultado en octubre 2009). Esto posee una similitud con otras experiencias de militancia juvenil, en las que se vivía la necesidad de sumergirse en el proyecto político y en las que incluso se “ponía el cuerpo”[8]. Las marchas están asociadas con un carácter festivo, con la batucada, las manifestaciones con las murgas y la militancia con la alegría. Este punto será profundizado en el próximo capítulo cuando abordemos la construcción de subjetividades, pero cabe destacar que la participación política está asociada con la expresión artística y algunos estilos musicales (la cumbia, el reggaetón), lo que constituye una diferencia con respecto a otras etapas históricas en las que se asociaba la militancia con el sacrificio. No es simplemente el empleo de un bombo o un redoblante en las marchas (que están presentes desde hace tiempo), sino la incorporación de alegría que debe ser parte de las protestas y permite una estética diferente.

La participación política de estos jóvenes está asociada a una faceta gozosa de la vida, se “sienten bien”, expresan “satisfacción” y, además encuentran la expresión alegre de la lucha. Esto ha sido recuperado por algunos autores al analizar el fenómeno de los MTD y proponer una política de los cuerpos (Vázquez-Vommaro 2009). Como menciona un blog: “Antes del acto central apareció La Memoriosa, la murga del Espacio Juicio y Castigo, que denuncia la impunidad y recuerda a los compañeros y compañeras, pero con baile y alegría. (http://fpdsrosario.blogspot.com, consultado en julio de 2010). La concepción festiva de la lucha también es referida por las publicaciones de la Constituyente Social de la CTA:

Pero este camino también es una fiesta, porque es cierto que no hay nada más alegre e impredecible que un pueblo construyendo su poder y sus capacidades. Un trabajo feliz, que nos está integrando, que nos está mezclando, que nos constituye. Una Constituyente Social” (de http://www.constituyentesocial.org.ar/article5.html)

Y en la cita que la Juventud hace en su cuadernillo formativo:

El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza (Arturo Jauretche citado en CTA – IDEP, 2006)

Estos jóvenes también hablan, casi como al pasar, de “poner el cuerpo” (como repite también textualmente Diego, de JCTA) o de que “nunca alcanza para todo lo que hay que hacer, no te dan los brazos” (Según Inés de FPDS). Como ya se hizo referencia, la cuestión del cuerpo estuvo históricamente asociada a la participación política, en los conflictos de distinto tipo y en las manifestaciones, así como se volvió el ámbito en el que se reproduce el poder. Al mismo tiempo, y dado que el poder se ejerce en los cuerpos y en el disciplinamiento desde los dispositivos del sistema, la participación juvenil implica la denuncia de eso mismo y puede ser interpretado como un intento de desarticulación de los mecanismos del mismo sistema. Cuenta Diego: “nosotros nos juntamos con la batucada, el batuque… es la forma de empezar a encontrarnos y discutir las cosas” (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 12/08/09) y ante una indagación posterior, aclara: “qué se yo, te anima, te da fuerzas, es la forma de llegar a los barrios y de apoyar la lucha” (Entrevista a Diego, militante de la JCTA, 13/10/09). Y explica Juliana, en tono de consigna: “es que si no disfrutás del cuerpo, cómo vas a pelear una política de género?” (Entrevista a Juliana, militante del MTD Almirante Brown, 21/10/09).

En esta línea de análisis, los cuerpos ejercen política en la lucha. En la acción colectiva se pone el cuerpo: en el piquete, en la marcha, en la calle. Se pone el cuerpo en la tarea cotidiana y en la asamblea. Pero hay una diferencia también respecto de otras épocas del cuerpo “sufrido” de la militancia, como se menciona en el capítulo siguiente, y es el carácter del cuerpo como derecho, del cuerpo dotado de identidad y deseo, del cuerpo como expresión y comunicación. Al respecto, una de las sistematizaciones más completas se puede leer en la Cartilla de Género que elaboró el FPDS, en la que se denuncian los lugares comunes que restringen libertad a las mujeres respecto de su sexualidad. Bajo el título “lo privado es político” cuestiona frases repetidas en el sentido común machista, como “Si demuestra deseo sexual, es calentona” o “Si tiene muchas parejas es promiscua o puta” (Espacio de Mujeres del Frente, 2009: 10).

Un proceso vinculado con las prácticas culturales, la expresión artística y la vivencia gozosa de las luchas se traduce también en la palabra escrita y en las estrategias de comunicación. En este punto se entrelazan las tecnologías de la sociedad de información con las viejas prácticas de “tomar la palabra”, dar visibilidad a las luchas y a los principios, registrar y comunicar lo que se hace en las organizaciones y los movimientos. Hay muchas experiencias sociales que buscan dar espacio y captar la voz de los sectores populares[9], pero en este caso la investigación en los movimientos seleccionados permiten concluir que son los propios jóvenes que toman la palabra. Y lo hacen con claridad, con entusiasmo y con convicción. En algunos casos, como se ha advertido ya, abundan las consignas o las miradas totalizadoras, que no dan cuenta de matices de la situación social. Pero ante la pregunta o el análisis compartido, todos los entrevistados adoptaron una actitud reflexiva para considerar las nuevas preguntas y las interpelaciones del entrevistador.

Por otro lado, la disputa histórica por tomar la palabra en los sectores subalternos recibe una ayuda importante en las publicaciones electrónicas y las formas de difusión que provee internet. Las cartillas del FPDS tienen redacción fluida, un diseño de imagen cuidado y muestran una buena preparación en los temas que abordan, como también revista Cambio Social[10]. Los materiales de la JCTA también son cuidados en redacción y diseño (aquí hay mayor dispersión, una buena referencia está en http://nacienburzaco.blogspot.com y luego hay materiales específicos… algunos responden a programas como el de alfabetización, en http://www.yosipuedo.com.ar/cta/cta-laplata.htm). Al mismo tiempo, la multiplicación de blogs y los perfiles de Facebook entablan un diálogo entre jóvenes y grupos en tiempo real y brindan un dinamismo a la información que, incluso, da oportunidad para la discusión política. En la Bibliografía hay un apartado específico identificando las páginas consultadas, así como los perfiles de Facebook. En este último caso, la difusión reciente y la facilidad para establecer contactos y compartir fotos, actividades y opiniones hace que se hayan multiplicado los perfiles personales, los formales del Frente y la CTA, y los de organizaciones y agrupaciones ligadas a ellos. Las observaciones, las visitas y las entrevistas desarrolladas no están centralizadas en estos recursos y se puede afirmar que los mismos son herramientas de comunicación y difusión, pero no reemplazan el trabajo “cara a cara”, las reuniones y la presencia física en el territorio.

Asambleas y autonomía

¿Cómo se organiza la participación en los movimientos? Además de las actividades concretas en las que se inserta cada joven, el mecanismo central de participación, en el que la política de la organización se construye, son las asambleas. En los dos movimientos analizados se realizan asambleas en cada espacio de trabajo y en cada actividad (proyectos productivos, cooperativas, bachilleratos populares), en tanto se toman decisiones por asamblea en los niveles regionales y nacionales. Para todos los entrevistados, el mecanismo de asamblea es la garantía para superar los acuerdos de cúpulas, las decisiones verticales y las limitaciones para que sus opiniones sean escuchadas. En el caso del FPDS, la modalidad de organización que se propone apunta a no tener representantes permanentes ni cargos, lo que busca favorecer la articulación horizontal y la participación de todos los que asisten en un plano de mayor igualdad, más allá de situaciones personales que puedan destacarse. Esto lleva a colocar en un plano central a la lógica asamblearia.

 Se puede hablar de un estilo asambleario de organizarse y actuar en el FPDS y en la JCTA. Sin embargo, debe aclararse que la práctica asamblearia está extendida en todo el movimiento (el Frente) y no adquiere el mismo peso en la CTA, donde se articula con otras formas de estructura y de decisiones, sólo es predominante en la Juventud de la CTA. El uso del concepto de asamblea, sin embargo, puede incluir realidades distintas, ya que se ha cargado de significados y se ha vuelto demasiado amplio para dar cuenta del tipo de asamblea que refieren los jóvenes de estos movimientos. Haciendo una síntesis de los conceptos repetidos en las entrevistas, podemos explicar que este modelo de asamblea que proponen estos grupos implica el diálogo entre compañeros con iguales derechos, donde la palabra del que tiene experiencia y la palabra del recién llegado tienen valor equivalente, donde se discuten todos los temas y se acuerda por consenso (y no por votación), donde se hacen explícitas todas las cuestiones sin acuerdos previos o a espaldas de los participantes, donde se comparten opiniones, proyectos y compromisos y se asumen los logros y los errores. En la práctica, es una asamblea que no está exenta de dificultades y que a veces puede volverse una construcción dificultosa. En algunos casos, los entrevistados sentaban una diferencia con respecto a compañeros que venían con otras prácticas. Lo resume una joven militante de JCTA:

Hubo un momento, dentro de la juventud, un choque muy grande con gente que venía de otros espacios y tenía la idea de otra forma de construcción… nos tocaba sentarnos a discutir con personas que tenían prácticas que no nos gustaban, por ejemplo gente de ATE de Ensenada, que vienen de una práctica más pejotista… después dejaron de participar y nosotros seguimos con los criterios y las prácticas que a nosotros nos parecía importante sostener… (Entrevista a Cecilia, militante de la JCTA, 5/7/2010)

La asamblea que se desarrolla regularmente en todos los ámbitos de trabajo y de militancia de la JCTA y del FPDS es una asamblea pequeña en cuestión de número. Es característica de los grupos de base, del trabajo en el barrio y de las instancias regionales de ambos movimientos. El modelo de asambleas grandes y multitudinarias que desarrollan los movimientos en encuentros y en instancias nacionales y regionales es importante en términos políticos pero no es mencionado como el más frecuente, y en las instancias nacionales no participan todos los miembros. El que predomina es un tipo de asamblea pequeña y focal (en el grupo pequeño, en la cooperativa, en el taller, en el proyecto barrial, entre los jóvenes que participan de una actividad, etc.). En el proyecto con los adolescentes pueden ser diez o quince jóvenes. En la Juventud de la CTA puede ser un grupo de diez o de treinta, incluso en los momentos embrionarios los jóvenes recuerdan juntar apenas un puñado de miembros. En el centro Olga Vázquez la asamblea está abierta a todos los que quieran participar, aún a los vecinos que protestan contra las fiestas que desarrolla cada tanto el espacio, pero generalmente asiste un grupo pequeño, que se advierte como un núcleo comprometido que toma decisiones.

Como se ha mencionado en capítulos anteriores, el sistema que utilizan para tomar decisiones es el consenso. Menciona un militante de la JCTA:

No tenemos un sistema asambleario de votos, sino un sistema de discusión donde tratamos de llegar a consenso, a acuerdos y a puntos en común, más allá de las diferencias que haya, más que decir “votamos por esto, votamos por lo otro” tratamos de llegar a discutir, rediscutir las veces que sea necesario, entre nosotros, como juventud de la CTA de la plata, que es lo que consideramos necesario para nuestra organización, cuales son las estrategias, cuales son las prioridades (Entrevista a Gabriel, militante de JCTA, 5/7/10)

Como también señala una joven del FPDS: “Yo soy parte de la asamblea… no tengo rol directivo por definición… pero las decisiones se toman por asamblea, todas…“ (Entrevista a Sofía, militante de FPDS, 11/9/09)

Asimismo, dado que es el espacio donde se toman las decisiones del grupo, la discusión incluye las estrategias políticas y posiciones públicas así como las cuestiones de dinero (la obtención, la distribución y las prioridades en los recursos materiales, habitualmente escasos). En esto se deben referenciar, también, con el resto cada organización (el Frente y la JCTA), donde en consonancia predomina un estilo que se puede considerar horizontal y democrático, aunque señalan los entrevistados que también los criterios se discuten y revisan. Esta ecuación la explica uno de los jóvenes: “tratamos de discutir las veces que sea necesario para llegar a un punto en común y ser orgánicos al mismo tiempo” (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 5/7/10)

El mecanismo asambleario se confirma en sí mismo, cada vez que se trata un tema y se dialoga hasta llegar a un acuerdo. De todas maneras, y de forma un poco más sesgada en las entrevistas, en las asambleas regionales de ambos colectivos se advierte mayor peso de quienes tienen más tradición o experiencia (como fue explicado en el apartado anterior), así como de quienes pueden ser considerados referentes. Indirectamente, el peso de los referentes y dirigentes históricos queda subrayado en la necesidad que tienen los entrevistados de aclarar que los mismos no influyen. Se advierte que en las asambleas ejercen mayor peso las opiniones de los que forman parte más consolidada del movimiento respecto de los que se integran recientemente. Está instalado el derecho a la palabra que tienen todos, pero convive con el “respeto” ganado por los que tienen experiencia, lo cual se advierte en el discurso. Esto es explicado por una de las entrevistadas cuando comenta que, frente a alguien de peso, los presentes hablan dirigiéndose a él solamente, aunque haya una asamblea de treinta más alrededor. También aparece como autocrítica en otro testimonio:

También nos ha pasado que lo que dice el compañero, porque es tal compañero, se toma de tal manera… y si lo dice otro, no se escuchaba… entonces decíamos “loco, qué onda”… todo el tiempo estamos revisando nuestra práctica para no caer en eso y a veces entramos en contradicción con nuestros propios referentes (Entrevista a Nadia, militante de la JCTA, 4/07/10)

Por otro lado, en las asambleas que reúnen a jóvenes, vecinos de los barrios y a miembros más experimentados, o a universitarios con facilidad de palabra, se advierten diferencias y tensiones que son reconocidas por los mismos entrevistados: “por ahí un pibe del barrio está escuchando a otro pibe que está en la universidad y no le entiende la mitad de lo que dice… y el pibe del barrio habla de la manera que habla su círculo más cercano… eso te pone una barrera”, explica Cecilia (Entrevista a Cecilia, militante de la JCTA, 5/7/2010)

Esto parece resolverse, según lo manifestado por algunos jóvenes de la JCTA, cuando trabajan juntos, lo que disuelve distancias y prejuicios. O por la “gimnasia de asamblea” que demuestran algunos militantes con experiencia, como los entrevistados del Olga Vázquez, pueden llevarlos a sortear las distancias y emplearlas de forma enriquecedora para el diálogo desde la diversidad. En una visita al predio Roca Negra se pudieron observar varios elementos en este sentido. En primer lugar, el silencio y las risas nerviosas de un grupo de jóvenes entre quienes no había experiencia asamblearia; en segundo lugar, y en contraste con lo mencionado, una reunión posterior de un grupo de mujeres, donde la coordinadora, con visible experiencia barrial, integraba y hacía bromas con el resto de los participantes. En este segundo caso, por otro lado, el uso del silencio y el uso de la palabra marcaban la distancia entre quienes se sentían familiarizados con el mecanismo de quienes no lo estaban, y distinguía su aporte a la asamblea en general (Notas recogidas en Diciembre de 2010).

Además de constituir un mecanismo de participación, las asambleas son un espacio de pertenencia, ya que en ellas se consolida la integración con lo institucional y resultan el lugar de la reflexión y la discusión, el que permite la elaboración autónoma de los procesos que las otras actividades acumulan. Sin el significado que otorga el espacio de reconocimiento de la asamblea, sin la interacción entre pares y la construcción de la mística, a la que también se hizo referencia, las actividades se vaciarían de un elemento central. Como menciona una entrevistada respecto de la asamblea, “se trata de que los compas entiendan que este es su espacio” (Entrevista a Nora, militante en el Centro Cultural Olga Vázquez, 12/09/09)

De cierta forma, es el mismo proceso que los chicos y chicas “de los barrios” van viviendo, cuando empiezan a participar de la asamblea barrial luego de consolidarse en la asistencia y el compromiso en la asamblea del taller o el proyecto adolescente que los convocó primero, algo que analizamos más adelante, al hablar de las trayectorias personales de participación. Varían y son progresivos. Por ejemplo, los adolescentes de los “proyectos” van constituyéndose en referentes del espacio, que posteriormente van a llevar la palabra del grupo a la asamblea del barrio. Como concede Juliana, del Frente: “el taller siempre arranca con una asamblea al principio… y dentro de la asamblea, hay un grupo de seis o siete chicos que son como los referentes más claros… “(entrevista a Juliana, militante del FPDS, 21/10/09).

Esto también fortalece el lugar que tienen, al punto que los entrevistados las mencionan reiteradamente como legitimándose a partir de su participación en ellas. Al mismo tiempo, las asambleas visibilizan el espacio y el movimiento, porque son el lugar donde se juntan los que trabajan en el territorio, los que hacen la cooperativa, los miembros del proyecto juvenil. Y resultan los espacios de la articulación regional y nacional.

Haciendo un recuento de los niveles de asamblea identificados como espacios, en el sentido que se aclaró recién, podemos mencionar:

  • En el caso del Frente, en primer lugar, la asamblea de “pares”, espacio básico de integración, por ejemplo, en el grupo de adolescentes que participan de un proyecto o de un “espacio de jóvenes” del frente. Luego la asamblea del barrio, en la que participan compañeros de distintos proyectos y distinta trayectoria, o la asamblea del centro (como Roca Negra, o el Centro Olga Vázquez). A estas se suman las asambleas regionales, las mesas de delegados, los espacios multisectoriales a nivel nacional y la participación en eventos y espacios con otras organizaciones (como la mencionada Coordinadora). Esto fue expresado ya en el capítulo 5.
  • En la JCTA hay espacios asamblearios en cada trabajo sectorial, sea barrial, universitario, productivo, etc. A su vez, están las asambleas regionales, las mesas nacionales y los plenarios, además de los espacios de construcción con otras organizaciones, como la Constituyente Social. La estructura de la Central (comentada en el capítulo 4) reserva espacios concretos a las asambleas, pero la dinámica de los jóvenes los multiplica en sus prácticas de base y los vuelve centrales.

En general, las asambleas son espacios apropiados por los jóvenes como propios y defendidos con las imágenes que se han mencionado de renovación y pureza. En las palabras de los entrevistados cuesta encontrar señales de rupturas entre compañeros, pero se recogen situaciones de disrupción en la continuidad de la participación de compañeros que decidieron otras estrategias o se desgastaron. El distanciamiento del espacio de asamblea es enunciado como una ruptura de la participación y un corte con la pertenencia al grupo de referencia.

Las asambleas se relacionan con el criterio de horizontalidad que sostienen los entrevistados. Si bien los jóvenes se consideran flexibles y abiertos al diálogo en sus decisiones asamblearias, algunos referentes de las propias organizaciones ponen distancia con la reivindicación de una horizontalidad absoluta en posturas y decisiones. En algunas consultas realizadas, se encontró que dirigentes con experiencia cuestionaban que las decisiones asamblearias podían detener estrategias nacionales o regionales dispuestas por otros órganos, a veces consideraban que les faltaba organicidad. Roberto señalaba: “es que los pibes a veces están cebados, se les pone algo en la cabeza y no entienden que hay una estrategia nacional que tienen que respetar, entonces empiezan las discusiones y se atrasa todo” (Entrevista con Roberto, militante de CTA, 10/07/2010). Atrás de estos cuestionamientos se puede percibir la disputa política de distintas líneas, dentro de la organización. En otra entrevista, una educadora, refiriéndose a experiencias con educadores populares provenientes de distintas organizaciones, manifestaba su preocupación respecto de los jóvenes de la CTA: “No los entiendo, a veces no se bancan los cuestionamientos y no aceptan que pueden equivocarse, aunque tomen la decisión entre todos… entonces tienden a romper o se van directamente” (entrevista a Teresa, militante de la CTA y educadora popular, 11/07/09).

En este sentido, más allá de lo expresado anteriormente, se suele manifestar el contraste entre las formas de participar y hacer política de esta época con respecto a épocas anteriores, como mencionábamos anteriormente. Es el predominio de ciertas lógicas de acuerdo y decisión, pero también reflejan discusiones de espacios distintos dentro de las organizaciones. Para muchas agrupaciones (inclusive organizaciones juveniles), hay formas de diálogos extra-asamblearios que se entienden como facilitadoras de acuerdos y negociación al exterior, y que pueden considerarse tradicionales. Para Nadia, una de las entrevistadas, esto se trataba de acuerdos con sectores de influencia política y “por detrás” de la asamblea, lo que los volvía ilegítimos. También cuenta Cecilia:

hablaba con una compañera de ATE por la actitud de un compañero, que se hizo el que no sabía y qué se yo… hizo una operación medio rara, medio turbia… le dije, está bien, no tiene por qué hacerse, pero fue como que entre compañeros se operaban entre ellos… si creció viendo cómo actúan los compañeros y arman su quintita, es lógico que a la hora de tomar una decisión le busque la vuelta más oscura, si querés… y eso pasa todo el tiempo (Entrevista a Cecilia. Militante de JCTA, 5/7/2010)

La discusión acerca del criterio de horizontalidad está presente en ambas organizaciones, aunque es expresado en forma más absoluta en el FPDS, que incluso propone la rotación de representantes y no menciona referentes de autoridad. Se trata de una circunstancia que llevó a un análisis más detenido, ya que al mismo tiempo se advierten miembros del Frente que se vuelven “nombres propios” para otras organizaciones del campo popular y poseen una trayectoria que es reconocida por los demás miembros. Consideramos que se trata de uno de los procesos en constante cambio, y que la dinámica asamblearia del Frente va conjugando la tradición horizontal con la consolidación de referentes sólidos en su interior.

En la JCTA reivindican el criterio asambleario pero se distancian de una horizontalidad “pura”. Como se indicó antes, la presencia de algunos líderes históricos, que es común en jornadas y encuentros, pone a prueba el efectivo predominio de este criterio. Son los jóvenes, en general, los que sienten que pueden cuestionar las opiniones y los criterios que proponen los dirigentes más característicos (y mencionados en las entrevistas) como quien fuera secretario de CTA de La Plata, Hugo “Cachorro” Godoy, y el anterior secretario general de la CTA, Víctor De Gennaro, (apodado “el tano” por los jóvenes). Menciona una de ellas:

Yo discutía con los compañeros que el Tano decide, hace… pero hay una reunión y la gente le habla solo a él, como si los otros no estuvieran… una cosa tan simple como mirar a una sola persona cuando hay 30, vos mismo estás generando eso de “ah, el tano”… eso no nos tiene que calentar, el Tano es un tipo increíble, pero tenemos que poder decirle abiertamente “no estamos de acuerdo con esto”… y esa es una capacidad que, por lo menos, yo veo en los jóvenes. (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 5/7/10)

En otro diálogo, una de las entrevistadas cuestionaba el discurso de la horizontalidad absoluta:

Sin caer en el discurso falso de la horizontalidad pura, que no existe, nosotros depositamos confianza en compañeros, pero si es solo confianza no sirve… es un equilibrio entre las dos cosas, porque los compañeros que están como secretarios no pueden tomar todas las decisiones horizontalmente, eso no existe. (Entrevista a Nadia, militante de JCTA, 4/7/10)

En el FPDS también se advierten revisiones sobre el criterio de horizontalidad. La Revista Cambio Social, en el mes de Junio de 2009 proponía el equilibrio entre horizontalidad y organización:

Hay una maduración política que permite vincular autonomía con organización. Las apuestas del llamado “horizontalismo radical” no se han desarrollado y en cambio se consolidaron experiencias que combinaron la democracia asamblearia con la construcción de carácter multisectorial o federativas, superando la mera construcción local y la falsa contradicción horizontalidad-organización, bajo el concepto de democracia de base. (Revista Cambio Social Nro. 4, junio 2009)

Por otro lado, en el criterio de horizontalidad está presente la discusión acerca de qué significa ser autónomos e independientes para tomar decisiones. El principio de autonomía guía a los movimientos, y se traduce en el discurso de estos jóvenes, que hablan de una construcción política nueva. Como señala un entrevistado: “autonomía no es sólo la independencia del Estado y los partidos, autonomía es algo que se construye a nivel personal, grupal y político” (Entrevista con Diego, militante de JCTA, 6/7/2010).

En Frente hace hincapié en la autonomía y en la experiencia desarrollada para su objetivo de consolidar un poder alternativo. Señalan que se genera política desde las asambleas de base y proponen construir la unidad entre las organizaciones del campo popular con autonomía respecto “del Estado, los partidos políticos, las iglesias, las ONG y las centrales sindicales”. Apuntan a lograrla a través de la Coordinadora de Movimientos Populares a nivel local y de la integración a nivel latinoamericano, del “Alba de los movimientos sociales”, junto con otros como el MST de Brasil.

En el caso de la JCTA, el camino que propone pasa por su inserción en la CTA, las articulaciones con otras organizaciones del campo popular identificadas en sus materiales impresos y electrónicos, los encuentros en que participa y, especialmente, a través de la Constituyente Social, que la proponen como un espacio de articulación y construcción social superador de las divisiones del campo popular. Se trata también de una construcción en red, con formas de elección y articulación democráticas (como se analiza en el punto siguiente), donde hay institucionalidades más verticales pero donde también predomina la idea de escuchar a todos y tener una base de opiniones y decisiones autónomas y horizontales. La participación en la CTA le provee un marco de “central de trabajadores”, formas de afiliación y democracia directa y autonomía.

¿Cuáles son los límites de las decisiones de los espacios de participación, principalmente, las asambleas? Si bien esto se relaciona con el tema anterior, el mecanismo asambleario en sí es reivindicado como autónomo aún dentro de las organizaciones. Sin embargo, en el caso de la JCTA la estructura del movimiento posee un peso específico en las decisiones y las estrategias a nivel nacional, que pueden cuestionar o entrar en discusión con medidas y acciones locales. En muchos casos, las líneas internas en las que estaban encolumnadas las diferentes regionales marcaban estas diferencias, y se trataba más bien de una cuestión de política que de autonomía asamblearia. En el caso del Frente, en varias instancias se mencionó que las asambleas de base brindan un “mandato” a los compañeros que las representan en asambleas regionales o en ámbitos nacionales, sin identificar un predominio de decisiones de un sector o de una regional sobre otros.

Por otro lado, al plantearnos cómo se participa, se debe analizar quiénes son los que quedan afuera, es decir, quiénes son los que “no participan”. En las entrevistas se descartan criterios de discriminación, es decir, hay una inclusión completa por cuestión del origen étnico, la clase social o el género en todos los discursos. En esto coinciden ambos colectivos. Pero lo que sí aparece, en los dos casos, son las diferencias con “compañeros que tienen otra forma de construcción”, a veces identificados directamente con el nombre de una agrupación (por ejemplo, se mencionó a la gente de Quebracho, en charlas con el FPDS, o a otra seccional de ATE y SUTEBA, en el caso de la JCTA). Los límites a la participación provienen, habitualmente, del compromiso o el deseo de los propios vecinos y militantes, pero hay cuestiones encubiertas que aparecen, como la procedencia barrial o el capital cultural que portan los militantes que llegan “desde afuera” al territorio. Esta cuestión nos lleva a analizar cómo son las formas de construcción con otros actores sociales, considerando que se hace en base a dos premisas repetidas también por los jóvenes militantes: la articulación y el compromiso popular.

 Redes desde el compromiso territorial y popular

Un elemento que atraviesa a los dos movimientos analizados es la identificación con los sectores populares. El Frente lo propone desde su nombre y desde la explicación, que en la línea de lo que se presentó en el Capítulo 5 propone que “el sujeto es plural o multisectorial, y lo denominamos como pueblo trabajador, oprimidos, o los de abajo” (En la página www.frentedariosantillan.org, consultada en junio 2009). Los jóvenes militantes entrevistados se consideran representantes genuinos de “las bases”, aseguran tener una raíz popular y consideran que tienen perspectivas ciertas de construir una fuerza social (y luego política) que al mismo tiempo sea heterogénea en su composición y unida en su acción.

En la JCTA, por otro lado, cuando discutían en 2009 la utilización de la consigna “en la calle contra el hambre y el saqueo”, Gabriel hablaba de convocar a organizaciones y lograr unidad en la acción, “una especie de herramienta que trata de unificar a las organizaciones del campo popular” (Entrevista con Gabriel, militante de la JCTA, 6/10/09). En la discusión de acciones que nuclean a organizaciones de base, el planteo de la JCTA y del FPDS se acerca notablemente, y más allá de la confluencia efectiva en eventos masivos (reclamos al gobierno, conmemoración del 24 de marzo), al analizar las entrevistas se advierte cierta afinidad en temas y prácticas.

Otro elemento central en la construcción es el territorial. El territorio constituye el espacio físico de acción concreta, donde se desarrollan los proyectos, la acción de base que sella el compromiso efectivo de participación. Se trata de un espacio múltiple, ya que tanto los militantes como los mismos vecinos pueden sumarse a varias actividades, y participan de redes formales e informales. En los barrios se cruzan los proyectos productivos, las estrategias de supervivencia (changas, trabajos temporarios), la discusión de la asamblea, los talleres y, en algunos casos, comedores y espacios comunitarios.

En cierto sentido, el territorio es la primera construcción política y la base sobre la cual se estructuran las organizaciones. En el caso del Frente, la impronta barrial es a la vez una elaboración de tipo político y la raíz del movimiento como actor social. Roca Negra es un centro que da muestras del crecimiento territorial (“esto era desolado y éramos diez gatos locos”, menciona una vecina que me recibió en una visita en diciembre de 2010). En la actualidad “es un espacio que ofrece todas las características para poder albergar a más de mil personas, se hacen muchos encuentros, campamentos, ferias, recitales… los proyectos permanentes que son en gran parte del MTD Lanús y un mercado frutihortícola” (Entrevista con Inés, militante del MTD Lanús, 20/10/200). En otro comentario, Carolina menciona:

El galpón ahí, en Glew, tiene como ocho años… tiene un laburo muy fuerte y está muy consolidado en el barrio, muchos de los padres de los pibes han participado de lo que fue el MTD en el 2000-2001…. La mayoría de las familias conocen el galpón desde hace mucho tiempo, no es algo descolgado. (Entrevista con Carolina, militante del FPDS, 02/03/2010).

En el caso de la JCTA se advierte una construcción en dos direcciones, en primer lugar, la pertenencia a la Central que, aunque suena redundante, “centraliza” la construcción política, las estrategias y las definiciones ideológicas. En segundo lugar, el barrio que nutre, se constituye a partir de la acción institucional y brinda dinamismo a la JCTA y es una raíz territorial indispensable que le da sentido a las prácticas y al discurso. “La mayoría, el grupo más numeroso, es el de Los hornos, que es el frente territorial” señala un militante (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 6/10/1009). Se puede afirmar que en ambos casos y con matices, el trabajo territorial mantiene una relación dialéctica con la organización, en la que se construyen mutuamente y se cargan de sentido.

Por otro lado, la forma de construcción que predomina adquiere la forma de redes. El modelo propuesto en ambas organizaciones es el predominio de las relaciones de tipo horizontal, tanto para las articulaciones institucionales, los vínculos personales, las instancias de conexión entre experiencias territoriales y, obviamente, las redes de contactos militantes a partir de la utilización de la tecnología (celulares, Internet). Facebook es un ejemplo de conexiones y lealtades La construcción política de los jóvenes entrevistados no se comprende si no es en articulación con otros movimientos y organizaciones análogas. El Frente constituye, en sí, una modalidad de construcción política, que se relaciona a su vez con otras organizaciones y movimientos, formando redes más amplias, como la mencionada Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares (Revista Cambio Social- Mayo 2010). Se trata de una construcción en red donde se plantea replicar las condiciones de construcción interna, es decir, generando poder horizontal y autónomo.

Los jóvenes militantes, con el rol activo que poseen en sus respectivas organizaciones, naturalizan las relaciones con otros grupos, organizaciones y movimientos como parte de la militancia. Esto tiene relevancia en términos de construcción política y también en la percepción del poder, que asume una imagen de un tejido de conexiones entre asambleas de grupos, proyectos, cooperativas, espacios locales, que a su vez adquiere más concentración en cuanto a decisiones y definiciones estratégicas en los espacios regionales. Hay una diferencia entre el poder que se construye en la proximidad y el poder al que se oponen, y se pueden caracterizar estas representaciones como con carácter totalizador.

Cabe destacar la complejidad de la relación con el Estado, que afecta tanto a la concepción de poder como a la construcción de la identidad de ambas organizaciones. La CTA está compuesta por sindicatos relacionados con el Estado (estatales, docentes, judiciales, por ejemplo) y desarrolló un discurso que defiende lo estatal como espacio colectivo y reclamando políticas activas en lo económico y lo social. Al mismo tiempo, la JCTA reclama subsidios para poner en marcha proyectos productivos. En el FPDS, en cambio, no hay pertenencias directas, pero los proyectos que desarrolla tienden a emplear subsidios estatales y depende de su relación con el Estado para gran parte de su funcionamiento. La expropiación de espacios (como el predio de Roca Negra), la presentación de proyectos para acceder a subsidios (como el “proyecto adolescentes”) y el reclamo de planes sociales para cooperativas constituyen una relación efectiva y visible. En el caso de los Bachilleratos Populares, tanto el reclamo de apoyo económico como el pedido de reconocimiento y apoyo institucional muestran una relación similar (a través de negociaciones y reclamos al Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, Mario Oporto, durante 2010).

Paralelamente, en las expresiones de los jóvenes militantes hay una referencia sistemática y negativa al poder del Estado (principalmente, a través de la policía y los organismos oficiales de carácter nacional o provincial), como también al poder económico y a las instituciones tradicionales como los partidos, los sindicatos o la Iglesia Católica. Cuando los militantes de la JCTA indicaban que el apoyo gubernamental se podía obtener a través de las presiones, y cuando los militantes del FPDS enumeran la victoria de distintas instancias de lucha (por ejemplo, la obtención de subsidios) se traduce una visión compacta del poder en el Estado que no percibe la complejidad del aparato estatal y enuncian una visión romántica de la lucha que desconoce los matices de la mediación y la negociación por intereses comunes. Construyen, asimismo, una imagen de pureza y logros de la militancia que es afín al modelo señalado al principio del capítulo. Estas imágenes no siempre abarcan las instancias locales, a veces municipales y generalmente barriales. La municipalidad puede volverse un interlocutor válido y cercano con quien negociar, y en términos de Iglesia Católica, el cura de la parroquia cercana puede apoyar a la organización. En esos casos, la posición puede ser más neutra o, decididamente, se lo considera un aliado.

La posibilidad de plantear alternativas de poder según modelos de redes descansa en la concientización, la organización, la comunicación y la creación de una cultura de resistencia y rebeldía, en las expresiones de los entrevistados. Cuando una entrevistada menciona que: “Lo que fortalece al territorio es el poder popular… no hay punteros, no hay nadie que baje línea, es como una construcción popular” (entrevista a Carolina, militante del FPDS, 15/10/09), advertimos la convicción acerca de las posibilidades del poder popular pero al mismo tiempo da a entender una idealización y un deseo, más que la constatación de un hecho efectivo[11].

La militancia juvenil dentro de las organizaciones asume una visión del poder como totalidad a la que oponerse (en el caso del Estado) y como construcción en forma de red, horizontal y de base territorial, en el caso del poder popular. Para estos jóvenes, la construcción de una sociedad alternativa es una meta que enuncian como accesible, que se ve crecer lentamente y que no se consigue a través de una revolución sino de un proceso participativo, de construcción del poder popular, la lucha económica, social y también cultural (con un fuerte acento en esto último). En ello la juventud juega un papel importante. Los entrevistados argumentan, a veces de forma explícita y a veces de forma tácita, que todas las instancias de su vida suman para el proyecto político, y que aún los momentos de ocio se comparten desde ese lugar. Esto les permite considerarse militantes “a tiempo completo” y abona la representación de pureza y compromiso pleno señalados antes. Las actividades diarias son pasos que se enmarcan en una construcción mayor y en el horizonte de construcción política del movimiento. Adoptan una mirada idealizada del espacio de militancia, se involucran en el carácter alegre y festivo de la misma, se insertan en una trama de sentido y asumen la identidad del movimiento, de esta forma forjan su propia subjetividad, como se aborda en el capítulo siguiente.

La estructura de redes provee conexiones de diferentes ámbitos de participación que resultan como vasos comunicantes entre las organizaciones: pasan de una a otra organización o militan simultáneamente en dos. Los jóvenes de estos movimientos establecen relaciones frecuentes y se encuentran en espacios tales como encuentros, talleres, jornadas o marchas. En muchos casos hay contactos que llevan a participar en más de uno de ellos, o pasar a militar en una organización análoga. Los vínculos pueden darse con otras organizaciones y movimientos sociales, así como con organizaciones sindicales, estudiantiles o artísticas. Entre los entrevistados, se reconocieron nexos entre grupos artísticos y grupos barriales orientados a la educación que pasaron luego a participar en un MTD. También se puede mencionar la doble pertenencia del sindicato y la CTA, a veces iniciada por la militancia de base a partir de un trabajo concreto y otras veces al revés: la militancia en la JCTA abrió vínculos para conseguir un puesto de trabajo. En uno de los casos analizados, la trayectoria de uno de los jóvenes se inició en la militancia secundaria, se profundizó en la militancia universitaria y, a partir del contacto brindado por la CTA y las acciones de protesta compartida, pudo acceder a un trabajo estable (esto se retomará al hablar de las motivaciones y las trayectorias de participación). Otro vínculo entre militancia y trabajo se pudo registrar en el caso de los proyectos productivos del Frente. La apertura de una cooperativa, a partir de conseguir un subsidio del Ministerio de Desarrollo Social de Nación, permitió generar puestos de trabajo dentro de la lógica participativa del MTD (es decir, uniendo trabajo, formación y asamblea). Esto llevó a uno de los jóvenes a participar activamente en la organización. En este caso, la condición juvenil no aparece en primer plano para la participación, sino la condición de trabajadores.

La relación con las agrupaciones estudiantiles es parte de la militancia juvenil y está presente en los dos movimientos. En el caso del Frente, la realidad es heterogénea, ya que en la ciudad de La Plata hay agrupaciones estudiantiles que forman parte del Frente[12], pero en la regional que incluye a Roca Negra no es así. Aclara Inés que los estudiantes que participan allí “no lo hacen como organización estudiantil sino como estudiantes sueltos que se suman a una organización, al bachi o a un proyecto… es más bien de base de barrio” (Entrevista con Inés, militante del MTD Lanús, 15/11/2010). A su vez, muchos militantes pasan de su experiencia universitaria a la inserción territorial en una organización.

En el caso de la JCTA, la pertenencia a la CTA permite que se sumen organizaciones estudiantiles, pero en el caso específico de nuestros entrevistados de La Plata, mencionan un “frente universitario” que actúa junto con el frente barrial, e incluye agrupaciones como “La Conti” y “La Tosco”, por ejemplo. La Conti explica en su blog:

Haroldo Conti fue un escritor y periodista, secuestrado y desaparecido durante la dictadura, y su última huella fue dejar escrito en latín sobre su escritorio “Este es mi lugar de combate y de acá no me muevo”. Nosotros mantenemos con vida esa frase, desde el año 1996, cuando la agrupación tomó forma, hasta hoy. Integramos la Juventud de CTA La Plata, en donde militamos en los barrios, en las calles y en todos los lugares que creemos necesarios (En. http://www.la-conti.blogspot.com/)

La idea de “llevar la universidad al barrio”, expresada en el capítulo 4, encierra la reciprocidad de que las batucadas y los grupos barriales apoyen la militancia universitaria. En este sentido, hay un vínculo de lo universitario con lo territorial en ambas organizaciones y se trata de una vía de participación directa en asambleas, actos y medidas de fuerza que fortalece la inserción estudiantil en el trabajo barrial y permite que el diálogo y las actividades compartidas estrechen lazos entre los grupos de universitarios y los militantes barriales.

Finalmente, un elemento que es a la vez constitutivo y generador de actividades es el de articulación con otras organizaciones del campo popular a nivel nacional e internacional. Podemos verlo reflejado en las palabras de Gabriel sobre la organización de la Constituyente en 2009:

El 23 tenemos una gran jornada a nivel nacional de la Constituyente, vamos a hacer movidas regionales fortaleciendo lo que fue Jujuy y lo que fue Embalse, que lo que discutimos podamos hacer una acción concreta todos juntos, la lucha en la calle contra el hambre y el saqueo. (Entrevista a Gabriel, militante de la JCTA, 05/07/10)

Una militante del Frente cuenta otra experiencia:

Yo fui la otra semana al campamento latinoamericano, que organizaba el Movimiento Nacional Campesino Indígena e invita a distintas organizaciones que están vinculadas… hay una relación política con ella… es a través de la vía campesina, la idea es fortalecer el espacio del lugar, se hizo en Cafayate… fuimos a Salta capital, así se llama la atención sobre la problemática campesina en esa zona. (Entrevista a Carolina, militante del FPDS, 15/10/09)

Cada movimiento tiene su propio esquema de relaciones y construcción. El FPDS manifiesta replicar la dinámica territorial (autónoma, horizontal) a nivel de construcción y alianzas nacionales, según lo expresa en sus documentos y en la palabra de sus militantes. Parece un proceso claramente abierto. En primer lugar, la constitución, las dimensiones y las características del Frente facilitan la dinámica de participación horizontal, con prácticas asamblearias, ausencia de liderazgos instalados (del estilo del verticalismo tradicional de organizaciones políticas y sindicales centralizadas) y autonomía de prácticas de construcción y lucha. Por otro lado, la enunciación de principios del Frente, traducida por sus representantes y expresada en su estrategia comunicacional es uniforme al respecto. La organización de la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares constituye una apuesta importante. Durante el año 2010 se mencionó reiteradamente su adscripción al ALBA, así como sus vínculos con el MST de Brasil y el EZLN de México. En estos casos, también hay coincidencias con la CTA, particularmente en cuanto a los vínculos formales con el ALBA y con el Foro Social Mundial.

La JCTA, que participa con otras organizaciones sociales en diversos espacios de construcción, incorpora un sistema de conducción regional y nacional, y su inserción en la Central de los Trabajadores Argentinos le da un marco de alianzas políticas más definido y de carácter jerarquizado que predomina sobre la diversidad y la participación propuestas por la Juventud de la CTA. La Constituyente Social constituyó una apuesta significativa, que movilizó recursos, comprometió a los militantes y generó un espacio de diálogo que parecía abonar una construcción fuerte. Pero las circunstancias internas de la CTA, sumada a la relación divergente de las distintas líneas con otros actores políticos (el gobierno, los sindicatos, otras agrupaciones miembros) mostraron un estancamiento en el año 2010 que generó un pronóstico incierto y frustración en numerosos militantes juveniles.

Por último quisiéramos referirnos a otra forma de vínculo que implica una relación por diferencia o confrontación con actores sociales o políticos claramente diferentes de los movimientos, hacia quienes se expresa también una posición de autonomía pero que aparecen como interlocutores posibles o frecuentes. La autonomía respecto de los partidos políticos ha sido expresada por las dos organizaciones. En el caso del FPDS la postura se sostuvo desde su fundación y fue expresada por todos los entrevistados, que suelen tener una postura crítica hacia los partidos en general, más allá de la relación directa que algunas organizaciones piqueteras mantuvieron con partidos políticos. La CTA, en cambio, se vio atravesada por varias discusiones y la posibilidad de formar un partido político estuvo presente en varios momentos. Los militantes que fueron entrevistados mantenían el discurso de prescindencia y una postura crítica hacia los partidos políticos en general[13]. La confluencia se da, en cambio, en actividades de circunstancias coyunturales: en las estrategias de confrontación con el Estado, el reclamo por los planes sociales, la solidaridad con las luchas de los pueblos latinoamericanos (como el Golpe Militar de Honduras que ya fue citado) o los eventos públicos históricos (como el aniversario del Golpe de 1976).

En cuanto a la relación con organismos del Estado, siguiendo lo mencionado anteriormente, cabe aclarar que se trata de un vínculo constante a partir de la entrega de subsidios a través de planes específicos, pero esta articulación permite distinguir distintas situaciones de acuerdo con variables políticas, formas de negociación y situaciones locales. A nivel nacional y provincial la situación reflejada en las entrevistas es relativamente tensa, con manifestaciones frecuentes de los movimientos piqueteros (entre ellos, el FPDS) frente al Ministerio de Desarrollo Social y con reclamos y mecanismos de presión de la CTA en el gobierno provincial. Parte de la CTA (y sectores de la Juventud que no fueron parte de este trabajo) poseía vínculos más sólidos de apoyo y negociación, era el caso de organizaciones de base territorial mencionadas antes, como la Federación de Tierra y Vivienda y la Organización Túpac Amaru.

 A nivel local parecen resultar más efectivas las mismas redes barriales y los contactos, que llevan a que varios municipios acuerden la distribución de planes específicos, como es el caso mencionado en el partido de Lanús y el centro Roca Negra. La relación con el Estado pone en juego la horizontalidad que priorizan las organizaciones, ya que los subsidios requieren de personería jurídica y representaciones estables. Sin embargo, en la mirada que las entrevistas y las observaciones permiten, parece que los movimientos se han adaptado y han tomado el requisito como un desafío para la organización interna. Esa es la situación en Roca Negra, con la respuesta asamblearia y la distribución de responsabilidades para hacer frente a la negociación en forma exitosa, donde las reformas edilicias del centro y los proyectos productivos permiten comprobarlo.

Trayectorias de participación

Analizamos a continuación algunos componentes que nos permiten identificar las trayectorias que siguen estos jóvenes para constituirse en militantes plenos de las organizaciones en las que comienzan a participar. Buscamos recuperar qué procesos llevan a que sus trayectorias vitales se vuelvan convergentes (como mencionamos en los dos capítulos anteriores) con la identidad de un movimiento que propone una construcción política transformadora.

¿Qué objetivos llevan a los jóvenes a una organización como las que estudiamos? En primer lugar, a través del análisis de las entrevistas y documentos se advierte que algunos se acercaron porque se sensibilizaron por la situación social y buscaron un espacio, otros porque se comenzaron a organizar en la escuela secundaria o porque el ambiente familiar les brindó espacio para pensar en un compromiso social o político. Aunque no fue la mayor parte de los testimonios de estos militantes, muchos chicos de los barrios se acercaron a una organización que les resultaba conocida o que desarrollaba un trabajo barrial en el que se vieron convocados. Al mismo tiempo, junto con cuestiones de tipo ético y valorativo, entre los jóvenes de los barrios también se deben considerar objetivos de carácter material (la participación en un proyecto productivo, el aprendizaje de un oficio que les permita “salir adelante”), la búsqueda de un espacio de contención o la posibilidad de participar políticamente.

Aunque no aparezca en los jóvenes militantes entrevistados explicitado como un aspecto relevante para sus propias vidas, la posibilidad de obtener un puesto laboral o de integrar un proyecto que le permita resolver el sostenimiento material está en muchos jóvenes que se acercan a ambas agrupaciones, especialmente en los barrios. Y sí es mencionado indirectamente, cuando se alude a la continuidad en la presencia o a la pertenencia que genera un vínculo laboral que no refleje las condiciones de explotación del sistema capitalista sino genere formas propias, como son las cooperativas. Los proyectos productivos que desarrollan la JCTA y el FPDS, con diferentes nombres, buscan atender esa problemática. Y más allá del marco alternativo o “no capitalista” que pueden tener, constituyen una alternativa de producción, ingreso personal y distribución de recursos materiales. Y es significativo para los jóvenes de los barrios donde desarrollan sus actividades, por una cuestión de subsistencia y también por una cuestión más ligada a la satisfacción de necesidades y la realización personal. La obtención de subsidios, ya sea planes, proyectos o cooperativas, se vuelve vital para mantener estos proyectos y alentar la participación económica que, posteriormente, puede volverse participación política en los movimientos analizados. Por otro lado, en las entrevistas con jóvenes de la CTA se advierte que la militancia puede traducirse también en conseguir un empleo, como se mencionó en el capítulo 4, ya que se despliegan contactos a partir de la militancia y la proximidad con los sindicatos. En este caso, se comprobaron empleos en el sector público (organismos nacionales, provinciales o municipales) y también en empresas pequeñas, a partir del vínculo sindical. Esto favorece el acceso a puestos de trabajo (lo que fue mencionado en tres ocasiones por distintos entrevistados) y funciona en algunos casos como incentivo para la participación.

Por otro lado, en cuanto a las motivaciones para participar, cabe preguntarse si se puede hacer “carrera política” en sentido tradicional, es decir, inscribirse en un ámbito político y subir posiciones hasta tener un cargo en la organización o en el gobierno. Más allá de las condiciones novedosas de la participación y el discurso en los jóvenes entrevistados, los miembros de la JCTA consideraban la posibilidad de participar en espacios formales de la CTA, como la junta electoral o los cargos electivos, reivindicando su derecho y asumiendo que era positivo ocupar el espacio. El criterio, en estos casos, es la fidelidad a las bases (algo que daban por descontado en los diálogos mantenidos). Al mismo tiempo, en el relato de su incorporación a la JCTA no aparecía este objetivo y se desprendía como propio del crecimiento en la participación y la militancia. En el FPDS está planteada una rotación de representaciones para evitar que alguien se consolide en un puesto, pero se advertían dos niveles entre los entrevistados. En el caso de la militancia más local de Carolina, (más asociada a las tareas cotidianas de un MTD), aparecía una mirada más unida a las tareas concretas: organizar el encuentro de mujeres, organizar el campamento, coordinar el taller de adolescentes. En el caso de Inés, que participaba en más espacios de coordinación y compartía responsabilidades más generales, aún de representación, en el Frente, se reconocía la necesidad de mantener ciertos interlocutores frente a otras organizaciones o al Estado para asegurar la continuidad de los acuerdos y consolidarlos. En este caso, la mirada era más propia de la conducción. Pero en las formas de acercarse a cada movimiento había primado la voluntad de sumarse a un proyecto de transformación social y no el objetivo de hacer carrera política.

Volviendo al binomio “nuevo-viejo” que se comentó al principio de este capítulo, se advierte en los testimonios recogidos que las formas propias de la “vieja política” para acceder a cargos se emplearon en otros momentos de la CTA, pero es criticada por los entrevistados. Las posibilidades de crecimiento están dadas por el respaldo de las bases y las elecciones (de hecho, en las elecciones celebradas en 2010 algunos jóvenes de La Plata participaron como candidatos con buenos resultados). Esto demostraría que se puede crecer “tradicionalmente”, si bien evitando algunos vicios de la “vieja política”. No se traduce en las entrevistas qué proceso seguirían los jóvenes para llegar a otros puestos (más allá de lo que se ha mencionado) o dejar de ser referentes juveniles, aunque se infiere que la forma es asumir otras responsabilidades y respetar condiciones estatutarias de edad que les impedirían pertenecer a la JCTA pasado cierto tiempo[14]. Sin embargo, este proceso no toma en cuenta la actividad en los barrios, la faceta territorial. Hay un fuerte compromiso que permite suponer un crecimiento territorial por fuera de las estructuras tradicionales del sindicalismo. Es posible que la actividad, traducida en distintos tipos de institucionalizaciones, permita allí un crecimiento y una consolidación que exceda los límites de la Juventud de la CTA para afirmarse en una forma de militancia sin esa condición.

En el FPDS, los vasos comunicantes son más fluidos y las identidades internas parecen más intercambiables. Como se hizo referencia anteriormente, un joven militante puede dejar de estar considerado a partir de su condición juvenil (deja de ser del “espacio de jóvenes”, por ejemplo) para asumir otra responsabilidad o, cuando hay varias responsabilidades, a una categoría de militante múltiple, con características de dirigente, asumiendo diversas responsabilidades. Al hablar del futuro, las perspectivas que tienen los entrevistados son la consolidación de la organización, más allá de la militancia juvenil, y allí estribaría el beneficio personal, más en términos simbólicos, de construcción política amplia y de abonar a un proyecto transformador. Esto puede considerarse como un objetivo análogo, que es explícito en los jóvenes militantes consultados de ambas organizaciones y aparece de forma tácita en muchos de los que se aproximan al FPDS y la JCTA a través de una actividad específica de un barrio. Se trata en líneas generales de un proyecto de transformación social con estrategias diversas.

Lo explica Cecilia, cuando se entusiasma en una entrevista y señala:

No es exclusivo, como una “marca registrada CTA”, pero si querés participar en un movimiento de liberación nacional, si creés que hay que organizar a los jóvenes para ese movimiento, si querés pensar una política estructural para cambiar las cosas de fondo y no poner parches a la realidad… sumate (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10)

Y ese “para qué” está contemplado al mencionar que la transformación de la realidad requiere criterios de construcción política diferente, como explica otra joven entrevistada:

Criterios que tiene el frente, criterios de participación, de asamblea, de horizontalidad, de trabajo de todos, igual hay criterios que se discuten y rediscuten constantemente, como es el tema de la formación (entrevista a Carolina, militante del FPDS, 15/10/09)

Otro punto que conviene desarrollar es el de los procesos que siguen los jóvenes. Como se explicó anteriormente, al aproximarnos a los movimientos analizados y ante la pregunta acerca de “los jóvenes”, hubo dos identificaciones diferentes. Los entrevistados del FPDS se posicionaron como parte de la organización de base (por ejemplo, el MTD) y como parte del Frente, aludieron a grupos específicos de jóvenes dentro de las actividades que desarrollan, más allá de su propia ubicación etaria. Los entrevistados de la JCTA aludieron a sí mismos en tanto representantes de un agrupamiento interno que se identifica como “juventud”. Al mismo tiempo, cuando se entrevistó a otros miembros de la CTA, identificaba genéricamente a la Juventud como a los miembros de ese sector, sin considerar la edad de los aludidos sino la pertenencia a un sector de la Central. Más allá de las cuestiones metodológicas planteadas en el capítulo correspondiente, se puede formular una pregunta acerca de la “visibilidad” de los jóvenes. ¿Quiénes son visibilizados como “jóvenes” en estas organizaciones? Se trata de los que ocupan un lugar de representación, provisoria o permanente, entre un grupo más amplio. Y generalmente son chicos y chicas que tienen un tiempo como militantes y que han salido del trabajo barrial o universitario, inicial, para desarrollar varias tareas más.

En el caso del Frente, los jóvenes militantes que se contactaron respondían al tipo de trayectoria que mencionamos anteriormente como externa al trabajo territorial. Muchos de los jóvenes tuvieron alguna militancia universitaria o terciaria y no provienen de los barrios donde el Frente desarrolla sus tareas. Esto refleja la integración que se mencionó al constituirse los MTD (en el capítulo 5), cuando se dio un proceso de inserción de sectores provenientes del ámbito universitario en la vida de las organizaciones barriales. Habla de un aspecto vital y también del rol más visible que adoptaron algunos, como voceros de las asambleas y coordinadores de espacios vinculados a los jóvenes. La identificación de un grupo determinado como jóvenes les adjudicaba un lugar desde el cual se vinculaban dentro del Frente y una condición desde la cual ejercerían su participación, tanto como miembros de un proyecto adolescente como de un bachillerato popular. A partir de la inserción que podríamos denominar “plena” en el Frente, se multiplican las responsabilidades, se asumen tareas diversas y se participa de varios espacios dentro del movimiento, dejando de actuar desde su condición de jóvenes. Sólo ante la pregunta o la interpelación reconocían la variable de lo juvenil como uno de los componentes de su subjetividad (tema que retomaremos en el capítulo siguiente). Como se dijo, a partir de una inserción más plena dejan de formar parte del grupo identificado como jóvenes y asumen una tarea más amplia o varias simultáneamente. En el caso de la JCTA es diferente, ya que el lugar institucionalizado de la JCTA tiene un peso propio y está reconocido en la estructura como vía de participación. Aquí, de forma más clara, la condición juvenil es la variable que lleva a la participación a partir de un espacio. Y se da la situación inversa respecto del Frente, ya que algunos dirigentes de la JCTA a nivel nacional permanecen dentro del espacio aunque no tengan un rango etario usualmente vinculado a lo juvenil (como se ha mencionado, se trata de militantes que superan los 35 o, según mencionan los entrevistados, pueden tener 40 años).

En ambas organizaciones se puede considerar que ser jóvenes resulta una forma de organizarse como actor dentro de la organización, funciona como una categoría estratégica, un lugar desde el cual negociar, ocupar un espacio que la organización les reconoce al interior y frente a los demás. También en ambos casos, de todos modos, se observa un progresivo compromiso y una asunción de responsabilidades de los sectores juveniles. Se trata de un proceso mediante el cual se asume un lugar en las decisiones de la organización. En el caso de la JCTA, asumiendo plenamente su condición de “jóvenes de la CTA”, participando de las estructuras de la Central y, podríamos decir, haciendo política desde la misma. En el caso del Frente, formar parte en su carácter de miembros de un espacio (espacio de jóvenes, por ejemplo, pero también bachillerato, proyecto productivo o aún proyecto adolescente) para luego participar de las decisiones plenamente, como uno de los responsables de la construcción local o regional del Frente, es decir, “haciendo” la política del Frente.

 ¿Cómo llegan estos jóvenes a ocupar un lugar significativo en estos movimientos? ¿Cómo es el camino que lleva a que su trayectoria personal esté en convergencia con la organización? Identificamos algunos pasos que, a la luz de las entrevistas desarrolladas, resultan sustanciales. La motivación y la introducción a la actividad constituyen el primer paso, la participación regular en las actividades (en término de asistencia y progresiva integración) es el paso siguiente, para dar lugar a un tercer momento, el proceso de integración que tiene una faceta menos visible pero es expresado por los entrevistados en términos de reflexión, cuestionamiento de los propios valores y acciones, identificación con el grupo. Es decir, en este punto hay un compromiso interior que se traduce en compartir valores y una mirada similar sobre las problemáticas colectivas que plantea la organización. El último paso es tomar un compromiso de representación, dado que a partir de ese momento se puede considerar que hay una inserción completa, la que puede crecer si se otorgan responsabilidades y se le abren actividades para que se desarrolle el joven militante en la práctica.

Las motivaciones se explicaron al principio de esta sección, explicaremos a continuación las formas de acercamiento a la organización, retomando lo que se planteó en las situaciones personales que consideramos en los capítulos 4 y 5. Una vía de aproximación que tienen los jóvenes es la procedencia de un ambiente familiar propicio al compromiso social, generalmente exterior al barrio en el que desarrollan sus tareas. En la entrevista utilizan un lenguaje claro, muestran rasgos de pertenencia social de clase media: con estudios secundarios y, en algunos casos, con estudios y militancia universitaria. Algunos son trabajadores asalariados, particularmente en la JCTA. Aunque la pertenencia de clase resulta insuficiente para caracterizarlos, brinda un marco de pertenencia en términos de vivienda y necesidades básicas satisfechas, que los diferencia de la mayoría de los habitantes de los barrios en los que militan, con escasas y deficientes posibilidades laborales fuera de los proyectos que plantean las organizaciones analizadas y otras análogas. En estos casos, la vivencia familiar y los grupos de pares son fundamentales. En el espacio del hogar se encuentran con experiencias de militancia previa en familiares cercanos o un ambiente de diálogo y discusión de la realidad que les brinda un horizonte en el que la participación es una vía para responder y resolver problemas sociales y proyectos políticos.

En el caso del grupo de pares, la escuela secundaria se vuelve propicia para el encuentro con otros, los intentos se traducen en la participación en algún grupo, en el centro de estudiantes o en una agrupación política. La universidad, en otros casos, es el espacio de encuentro. En el caso del Frente, como se mencionó al explicar su proceso histórico, muchos jóvenes se involucraron desde la militancia universitaria o el compromiso que ya expresaban a partir de un estudio (en general ciencias sociales) en un trabajo barrial que transformaría su inserción y sus perspectivas de trabajo social y político. En el caso de jóvenes de la CTA el mundo del trabajo es un ámbito que no parece definir la militancia pero en el que se vinculan y donde tienen una experiencia social de trabajadores, más cercana a las tradiciones sindicales.

El segundo grupo y la segunda vía de acceso a la militancia tienen que ver con el barrio. Una chica o chico de un barrio se acerca muchas veces por una experiencia asociativa previa de su familia, pero dentro de la situación social que emergió desde los años 90, muchas experiencias organizativas se vieron reducidas. La presencia de numerosas organizaciones en los barrios se volvió natural para muchos niños, niñas y adolescentes, y el camino para integrarse en una organización como las que estudiamos suele darse a partir de una actividad concreta. Se comienza asistiendo a las actividades, ya sean de carácter esporádico (festejos del día del niño, un evento en el lugar social del barrio) o de carácter regular (talleres de oficios, espacios deportivos, proyecto adolescentes, por ejemplo). También se mencionaron casos de hijos de militantes piqueteros, que estuvieron en los cortes de ruta y las protestas de los MTD en los años 2000 y 2001 y sus niños comenzaron a participar naturalmente de las actividades del Frente. Un militante del FPDS comenta que los chicos que no asisten habitualmente tienen dificultades aún para socializar con otros compañeros: “tenían que hacer un grupo y no podían ni siquiera acomodar las sillas para mirarse las caras, era gente que no venía del movimiento” (Entrevista a Esteban, militante de MTD Lanús, 18/09/10). A partir de la asistencia regular se establece el conocimiento y se comienza a “ser parte” de las actividades, se dialoga en grupo y esto se traduce a veces en “asamblea”. Por ejemplo, en uno de los proyectos adolescentes del FPDS, el subsidio oficial que llegaba se vio reducido y en la asamblea los chicos y chicas decidieron aceptar cobrar menos para que todos pudieran participar. Esta implicancia indica pertenencia.

En el caso de la JCTA, una de las entrevistadas explica que muchos jóvenes se acercan para una actividad concreta pero no se suman a las reuniones de la organización. Sólo quienes se sienten impulsados a comprometerse en un proyecto social y político comienzan a integrarse más plenamente. Cecilia, otra de las jóvenes militantes, lo enuncia de forma sencilla:

Algunos dicen “hay un montón de cosas que están para la mierda y nosotros queremos hacer algo”, entonces pueden venir y hacer esto o lo otro, pero no es exclusivo de la JCTA, si tenés ganas, y si estás de acuerdo… sumate… pero si solo querés aportar en un programa, vení y listo, sin sumarte a la Juventud… (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10)

Consideramos que es muy relevante el momento de la representación del grupo frente a otros, el “cuarto paso” que mencionamos anteriormente, ya sea en un evento local o en un espacio nacional (un campamento, etc.). Este nivel de identificación con el grupo implica un compromiso de “ser parte” y no sólo de “tomar parte”. En el Frente, cuenta Carolina que “hay tres jóvenes que están participando en el taller de jóvenes, que están un poco más maduros, y ahora están participando en la asamblea del barrio, la de los miércoles…” (Entrevista a Carolina, militante del FPDS, 15/10/09) y menciona el caso de Leandro, “un pibe que participaba en el taller de jóvenes pero estaba re escondido y no se sentía muy afín con el resto, en la asamblea barrial está llevando la huerta con otros compañeros y tiene un rol más protagónico ahí” (Entrevista a Carolina, militante del FPDS, 15/10/09). Finalmente, cuando se asumen responsabilidades (coordinar un taller, organizar una actividad) la participación aparece como consolidada, y se integra con diversos espacios de participación en carácter pleno.

¿Qué grado de participación adquieren? Tomando nuevamente algunos referentes de participación (como Hart 1993), podríamos concluir en que los procesos investigados en los espacios territoriales superan el carácter meramente simbólico en la participación y el carácter de información, pasan a una participación creciente en la consulta y el intercambio de opiniones, para llegar finalmente a un nivel superior de estrategias y acciones planteadas por los propios protagonistas. Esto será retomado en el último apartado de este capítulo. En ambos movimientos, con modalidades diferentes, se llega a una participación protagónica en decisiones de gestión y representación.

Es posible pensar en las distintas aproximaciones a la vida de “participación plena” de cada organización como si fueran círculos concéntricos que se van transitando. De esta forma, muchos jóvenes están algo alejados del centro de participación y decisiones que implica el protagonismo pleno, el de la militancia social juvenil, en el que están insertos mayormente nuestros entrevistados. Se puede considerar que participan de procesos de tomas de decisiones e intervienen en comisiones e instancias de organización y dirección en ambos movimientos. Ser jóvenes les provee de un vehículo para participar, en el caso de la JCTA, que los expone, los identifica y a la vez les brinda reconocimiento. En el caso del Frente, los espacios y actividades específicas para jóvenes son una vía de ingreso y, a partir de esa pertenencia, se pueden integrar en otras responsabilidades y dejar el lugar que la condición juvenil les provee. Pero en todos los casos funcionan instancias de participación y resultan protagonistas de espacios propios, espacios colectivos, actividades y proyectos. Se puede advertir un proceso por el cual los jóvenes adquieren capacidad para expresarse, se vuelven conscientes de sus derechos y también asumen responsabilidades, adquiriendo un peso propio en las respectivas organizaciones y viviendo un crecimiento personal que los proyecta a una participación política mayor, trascendiendo el espacio del movimiento. Sin embargo, no se trata de un proceso lineal ni de una situación instalada, sino de una construcción continua y un camino que tiene altibajos y contradicciones. Más adelante analizaremos las dificultades y las tensiones que se perciben en estos procesos y estas características de participación.

El proceso de integración incluye inserción en el grupo u organización de base del movimiento o bien la constitución de una. En los casos analizados, se trató de organizaciones con existencia previa. Sin embargo, Los miembros de la JCTA comentaron que el espacio de la juventud estaba casi vacío, a pesar de que había representantes de Juventud en ámbitos de coordinación nacional. Y señalan que se volvió significativo a partir de su participación, dado que inicialmente eran muy pocos. Lo expresa una de ellos:

Cuando entramos, era un espacio que ya existía pero nosotros le dimos contenido… porque no había más juventud acá… después se volvió a armar en el 2004… es una espacio que está pero depende de los grupos que fueron ocupando ese espacio (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 5/7/10)

Este relato permite advertir que, más allá de que la situación de inactividad existiera como punto de partida en el espacio en La Plata, genera una pertenencia y permite que los jóvenes militantes le imprimieran sus características, se apropiaran de él y lo consideraran un lugar fundante de su militancia.

En el Frente, los proyectos y los espacios nacieron a partir del trabajo previo de la organización y, en muchos casos, de conseguir el subsidio respectivo. Carolina se integraría al Galpón de Glew a partir de colaborar con una iniciativa que estaba empezando a funcionar; Inés aludía a que el lugar era desolado y eran un grupo pequeño que comenzaba a militar. En estos casos, el compromiso y la energía que pusieron ambas se tradujo, en cada caso, en el crecimiento y el fortalecimiento de un espacio vigente pero con poca actividad. Frente a las dificultades, aparecen dos cuestiones que tienen relación con la constitución de los espacios y su vitalidad. Una es la integración entre todos los miembros y la otra es la organización.

El tema de la integración es indirecto en el caso del Frente y no se menciona como un problema, aunque sí lo es la dificultad en lograr que los jóvenes de los barrios participen de espacios asamblearios. La diferencia entre distintos sectores dentro de la Juventud aparece como más destacado entre los jóvenes de la CTA. Responde a la estructura de la organización y la diversidad de proyectos que abordan, pero también a la heterogeneidad en la composición, donde muchos chicos de los barrios comparten reuniones con universitarios que, al decir de las entrevistadas, “hablan rebuscado”. La estrategia que proponen para afianzar los grupos y lograr una mayor integración es desarrollar actividades en común, como menciona una de las jóvenes:

Cuando empezamos hacíamos actividades todos juntos, en una plaza o donde sea, el espacio físico es muy importante, ahí compartís en una espacio común y generas conexión… las actividades que generes en común para personas que vienen de distintas experiencias es fundamental, porque a vos te unifica la práctica… (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 5/7/10)

A su vez, la organización es importante para garantizar la participación. Los chicos y chicas que asistían al proyecto adolescente se organizaban para las tareas domésticas y, cuando planeaban la participación en campamentos de jóvenes, también organizaban las actividades y la forma en que los aprovechaban. “El criterio”, menciona otra de las jóvenes de CTA, “tiene que ser claro, estar explícito, y que cada uno esté conforme con lo que hace…” (Entrevista a Nadia, militante de JCTA, 4/7/10).

Entre los criterios que se repiten para la organización de los grupos y de los espacios de participación: se menciona la distribución de tareas, la comunicación interna y la formación. En línea con lo mencionado anteriormente respecto de la necesidad de revisarse constantemente, es lo que Cecilia considera “responsabilidad” en la forma de hacer política:

La responsabilidad, pero tanto a nosotros en la juventud sino todos los militantes del campo popular que queremos construir otra manera de hacer política es revisarse a uno mismo y ver cuáles son las prácticas que dañan ese avance, esa forma de hacer política que queremos construir… porque si no me miro a mi misma, digo “todo bien, todo revolucionario, pero dije que iba a hacer esto y no lo hice, me sobrepuse sobre la decisión del conjunto e hice lo que quise”… (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10)

Otro elemento que sugiere la consolidación del vínculo de los jóvenes en los movimientos sociales tiene que ver con las movilizaciones y las acciones de protesta. En el transcurso de las entrevistas, se advirtió que durante el año 2010 disminuyeron en intensidad y en cantidad las acciones de protesta social de ambos movimientos. Pero el recuerdo de los momentos más conflictivos: el enfrentamiento con la policía, la resistencia en el reclamo de subsidios, es mencionado como parte de una historia reciente que resulta constitutiva para la organización, una suerte de momento épico que, más allá del resultado que tuvo, consolidó la militancia, confirmó la convicción en la participación y selló la pertenencia. De esta forma, también fue una experiencia constitutiva para cada uno de los entrevistados. Las razones del menor nivel de conflictividad son esencialmente económicas: el Frente obtuvo becas y cooperativas como fruto de marchas y acampes, además entabló negociaciones locales y redujo la exposición en la calle. La JCTA también redujo el ritmo de conflictividad y, si bien sostuvo algunas acciones puntuales y mantuvo el compromiso con la campaña “el hambre es un crimen”, protagonizó pocos episodios públicos de enfrentamiento con los gobiernos nacional y provincial. Aunque no corresponde aquí el análisis de las políticas públicas, se puede considerar que la menor conflictividad y la obtención de subsidios responden a una estrategia política elaborada desde el Estado

La situación interna, que se tensó por las elecciones de 2010, concentró energías en otra dirección. Sin embargo, se puede decir que la militancia juvenil asociada a la presencia en la calle está latente: es mencionada también como una alternativa si no se obtienen respuestas adecuadas a los reclamos. Diego explica: “nosotros los pedimos pero, si no, hay otra forma: ir a la calle, piquete, medida de acción, y le sacamos los planes…” (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 8/5/10)

En todos estos casos se menciona una participación juvenil asociada a la formación como estrategia para generar conciencia crítica y compromiso solidario. Las principales actividades y procesos formativos de cada organización fueron mencionados en los capítulos respectivos. Asimismo, dado que la formación se considera integrada a las otras actividades, y los entrevistados sostienen la vinculación entre la práctica y la teoría están íntimamente conectados, se puede considerar todas las actividades aportan a la formación, incluyendo a las actividades de protesta (piquetes, marchas, acampadas), las asambleas en los lugares donde se desarrollan los proyectos productivos y las que específicamente se plantean enmarcadas en la corriente de Educación Popular. Para expresarlo de una forma clara, se aprende en el piquete, se aprende en la marcha, se aprende trabajando en la cooperativa, se aprende en el taller y se aprende en la asamblea.

Esto no evita cierta tendencia a la dispersión que también fue mencionada. La diversidad de actividades hace difícil la articulación entre ellas y aquí aparece el componente de la unidad de espacios que resulta estratégico para algunos de los entrevistados. Finalmente, la consigna repetida por entrevistados y expresada en los medios electrónicos de los movimientos reza que toda formación es política. Esto resuena como un objetivo a lograr más que como una constatación empírica. Sin embargo, se puede considerar que los jóvenes que actúan como representantes en la JCTA y el FPDS han vivido un proceso de militancia que es en sí mismo un proceso formación, y está unido a su compromiso político.

3. Tensiones

A continuación analizaremos algunos elementos discordantes en los procesos analizados, los mismos surgen a partir de las dificultades que enuncian los militantes entrevistados, así como del análisis de los procesos y de la reflexión que permite confrontar los resultados con documentos, materiales y entrevistas a otros referentes sociales. Lo consideraremos como “tensiones”, porque nos provee un carácter dinámico para la comprensión de situaciones cambiantes. En líneas generales, podríamos decir que hay una tensión general entre nuevas prácticas y la pervivencia de tradiciones históricas de construcción política y luchas. Sin embargo, aparecen discusiones que se han dado en otros momentos históricos, como el equilibrio entre horizontalidad y verticalidad, o entre sujeto y estructura. Entre otras cuestiones que identificamos, están los esfuerzos para consolidar los grupos, la tensión entre la diversidad de actividades y la organización, las cuestiones sociales que generan diferencias en el interior de las organizaciones, la discusión entre lo territorial y lo central, lo “viejo” versus lo “nuevo”, la relación con el Estado y la tensión entre el sujeto y el proyecto colectivo.

Entre las dificultades que mencionan los entrevistados hay una preocupación por la integración de jóvenes en los respectivos movimientos, así como por fortalecer los espacios internos de los mismos. Los entrevistados no manifestaron dificultades personales y se consideraron siempre parte de las organizaciones que representan. Pero en su discurso hay una percepción de lo que llamamos en los capítulos anteriores como “trayectorias divergentes” y la necesidad de garantizar el acercamiento y, más aún, la permanencia de los jóvenes en las organizaciones.

La preocupación que manifiestan se enfoca en la integración de chicos y chicas de los barrios a la organización. Señalan que es difícil lograr la permanencia de otros jóvenes si no pueden ofrecer, a cambio, una respuesta laboral o una actividad que los atraiga. Esta es una barrera que debilita la construcción política interna en tanto impide que se nutra de otros jóvenes. El proceso de consolidación del trabajo territorial se vuelve lento en esos casos, generando desmotivación y falta de compromiso. A su vez, esta situación se encuentra asociada, en los casos de los espacios locales, con las características de chicos y chicas sin asistencia regular a instituciones educativas y sin acceso al mercado laboral, cuyas perspectivas personales incluyen una dificultad inicial para proyectarse hacia un futuro más o menos claro. En esta situación y por una cuestión de vida, la búsqueda de respuestas rápidas se vuelve imprescindible y se trata de vivir “aquí y ahora” lo que se pueda.

Otra de las dificultades identificables es que la consolidación del grupo y de la participación, que además de resultar complejo, no permanece en el tiempo. Esto sucede en ambas organizaciones. El espacio que constituye la juventud dentro de la CTA está en todas las sedes de la Central, pero no siempre funciona. Algunos de los entrevistados mencionan que lo pudieron reactivar en los últimos años, a partir de constituirse en un grupo con un proyecto. Los blogs y las páginas de Internet muestran la diferencia entre los centros más activos (como La Plata o Berisso) y los que hace más de un año no registran actividad a nivel juvenil. En los barrios, los jóvenes del Frente encuentran difícil integrar a los adolescentes en espacios de asamblea fuera del taller que los contiene, y manifiestan dificultades para desarrollar las reuniones de formación y “teoría”, aunque encontraron que la combinación de la faceta práctica del taller ayuda a integrar momentos de abordaje teórico y de asamblea. Explica Esteban con respecto a los chicos y chicas de los barrios, que “los jóvenes no participan de las instancias de organización política, como las mesas barriales y asambleas, salvo casos particulares” (Entrevista a Esteban, militante del FPDS, 18/9/10).

El involucramiento de los jóvenes es lento, y a veces la falta de preocupación por espacios comunes, (los galpones, el propio centro Olga Vázquez, por ejemplo) se refleja en descuidar el lugar, hacer una inscripción en la pared o generar un deterioro, evidenciando que el ámbito de actividades no se percibe como propio. En Roca Negra, una entrevistada expresa su desilusión porque no logran integrar a los jóvenes y muchas veces rompen las cosas. En el Centro Olga Vázquez se acordó que un grupo corrigiera lo que había dañado y realizara un mural para compensarlo y para integrarse. En ese caso, el saldo fue positivo.

El dinamismo de las asambleas aparece también como un desafío. “A veces es engorroso”, menciona Carolina, del Frente, “porque se discuten los planes y lleva horas de asamblea, pero son importantes y necesarias” (Entrevista a Carolina, militante del FPDS, 15/10/09). A su vez, ocupados en tareas puntuales, muchos jóvenes dejan de asistir a las instancias de asamblea, pierden contacto, y la comunicación interna de las organizaciones no fluye naturalmente. La contracara de la militancia que muestran los entrevistados es la falta de compromiso y el desgaste que reconocen en algunos compañeros que dejan de participar. Los entrevistados de ambos movimientos perciben la necesidad de replantearse constantemente el estilo de asamblea y revisar las prácticas para ser fieles a los principios que los guían, dado que es fácil caer en tomar decisiones entre pocos o volver las asambleas poco efectivas. Menciona Nora: “Y, a veces parecemos un buró… no está bien… a mí dos por tres me hace ruido, tomar decisiones de guita entre pocos” (entrevista a Nora, militante en el Centro Olga Vázquez, 12/09/09).

Y desde la JCTA, Cecilia aclara:

Lo que se lleva adelante tiene que estar en correlación con lo que la base piensa, si no, estamos llevando adelante prácticas contradictorias… es difícil construirlo… por más que sea el referente, que bancamos todos… … hay veces que tenemos que decir, “·todo bien, pero reveamos esto”. (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10)

Finalmente, con una mirada más amplia, otra de las jóvenes de la JCTA afirma:

Estamos viviendo una contradicción, porque vivir en el sistema capitalista es ya una contradicción… a veces tenemos momentos que decimos qué nos pasa, porque nos pasa eso, hay compañeros que no vienen a la reunión, ¿por qué? A veces el grupo mismo es el que no funciona, esto es muy dinámico y el mismo dinamismo te lleva a tener esas prácticas que nosotros mismos en nuestro discurso decimos que no queremos… (Entrevista a Nadia, militante de JCTA, 4/7/10)

Por otro lado, aparece una tensión entre un discurso sólido y unas prácticas que a veces lo ponen en duda, entre el deseo de construcción del proyecto y las condiciones para llevarlo a cabo con éxito. Uno de los elementos que se observa es el riesgo de dispersión de actividades que debilitan el marco de la participación. Esto se expresa tanto en la preocupación de dos militantes de JCTA entrevistadas, al hablar de la necesidad de la unidad y de esforzarse por trabajar articuladamente, como en el desgaste y el cansancio expresado por otras militantes del FPDS. La primera cuestión alude a la tensión unidad-dispersión en la participación. La segunda a la dispersión personal que puede llevar a desgastarse y limitar la actividad dentro de la organización. La expresión de uno de los jóvenes, “se te va la vida en esto, y eso es bueno”, (Entrevista a Gabriel, militante de la JCTA, 6/10/09) puede fácilmente volverse en cuestionamiento a un tipo de militancia a tiempo completo y sin reservas, que tensiona el propio cuerpo.

Hay otra tensión que se advierte en la dificultad reconocida respecto del origen social de los jóvenes que participan y que a veces poseen pertenencias discordantes. En algunas primeras entrevistas surgió veladamente en la forma de expresarse de una de las entrevistadas, con un estilo de lenguaje barrial y llano, frente al lenguaje más elaborado de otras. También en algunas observaciones se hizo visible la diferencia. Nora lo tradujo en palabras:

Los talleres son alucinantes, pero son de clase media… me gustaría que esto tenga más cumpas de los barros, más gente de otra edad… más negritos… ahora hay muchos blanquitos… (Entrevista a Nora, militante en el Centro Cultural Olga Vázquez, 12/09/09)

En el caso de la JCTA, una de las entrevistadas se extendió en un tema afín:

Se da en el grupo esa contradicción, para un pibe que laburó en el barrio toda la vida y viene de esa forma de militancia… en el barrio la gente que va a la universidad , en general te ven como “guau, vos vas a la universidad” y entonces ya hay una barrera… pero eso se da en la sociedad en general… … hasta la forma de hablar ya es una barrera enorme… por ahí un pibe del barrio está escuchando a otro pibe que está en la universidad, no le entiende la mitad de lo que dice, porque habla de manera academicista, porque está acostumbrado a hablar de esa manera, y el pibe del barrio habla de la manera que habla su círculo más cercano… eso te pone una barrera y el pibe del barrio se caga de risa del pibe de la universidad… y por ahí el de la universidad hace lo mismo… digo en general, pero es lo que veo… la forma de hablar es una barrera. (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 6/9/10)

Aquí la tensión[15] remite a distintos marcos sociales y se puede resolver con buenas dinámicas de asamblea pero, fundamentalmente, con trabajos compartidos, como lo plantea la misma entrevistada:

El espacio físico es muy importante, ahí compartís en un espacio común y generas conexión… las actividades que generes en común para personas que vienen de distintas experiencias es fundamental, porque a vos te unifica la práctica… porque ves al que habla “raro”, entre comillas, labura a la par tuya y se pone a hacer los chori como hacés vos, o hace un pozo como hacés vos… (Entrevista a Cecilia, militante de JCTA, 5/7/10)

A su vez, se pueden enunciar otras tensiones que sugiere el análisis. Una es la tensión entre lo territorial y lo central, que en general actúan armónicamente pero en algunas instancias puede provocar conflicto o resolverse desde uno de los dos polos. En el caso de las elecciones de la CTA, los jóvenes comentaban que el proceso eleccionario les había absorbido tiempo y energía, limitando su presencia territorial. La falta de compromiso de los jóvenes de los barrios con la estructura orgánica iría en el mismo sentido. La situación del Frente indica que su fuerte base territorial es una fortaleza que resuelve esta tensión en función de respetar el criterio de base, pero plantea desafíos para la consolidación de un movimiento nacional con peso político propio para consolidarse como alternativa social o política (algo que expresan algunos de sus miembros en forma indirecta). Es posible que esto se haga más evidente si experimenta un crecimiento significativo en el futuro y deba plantearse cómo resolver la tensión. En el caso de la JCTA, el peso de la faceta sindical de la Central le da una organicidad y un centralismo, y la tensión con las prácticas asamblearias juveniles y el trabajo territorial no parece saldada.

La militancia juvenil es enunciada en términos renovadores, asamblearios y horizontales. Pero aparece una tensión entre lo tradicional y lo nuevo. Por ejemplo, esto sucede cuando algunos sectores o algunos miembros “operan” con formas tradicionales, verticales, alianzas “por detrás”, como manifestaba una entrevistada. Además, como fue reconocido también en los diálogos entablados, la tendencia a tomar decisión entre pocos, a buscar la practicidad de las decisiones verticales, el desgaste de las asambleas largas y tediosas o la falta de compromiso hacen que la inercia, que juega a favor del sistema, se instale y quiebre la lógica horizontal. Además, la horizontalidad está en tensión natural con la verticalidad y la pureza completa parece, en los testimonios recogidos, que no se puede sostener. En general, estas formas de participar apelan a la nueva militancia y poseen un discurso en el que son portadoras de valores positivos. Sin embargo, en algunos silencios repetidos, en el conflicto con algunos compañeros que “se fueron” o que “tienen otra forma de construir” se encuentra la tensión entre los modelos, además de la necesidad (unida a la responsabilidad, en términos de una de las entrevistadas) de revisarse continuamente porque cada uno puede caer fácilmente en el modelo que rechaza. Por otro lado, la integración de jóvenes a las organizaciones no está libre de problemas y ambos movimientos tienen dificultades de integrar jóvenes de los barrios en sus prácticas militantes. La tensión en promover la forma modélica de militancia sobre la realidad que repite vicios y criterios cuestionados está presente allí.

La relación con el Estado encierra en sí misma una tensión, que se expresó en el punto anterior pero cabe volver a mencionar aquí. No tanto en los vínculos que establecen las organizaciones y tampoco en términos de diálogo, disputa, negociación o ruptura, sino en términos de la participación juvenil, de los proyectos que se desarrollan y de la autonomía-dependencia que generan a nivel económico. La práctica de los bachilleratos populares, las cooperativas y proyectos productivos, por citar ejemplos de militancia, requieren de una relación con el Estado que está en tensión también con el discurso “anti-estatal” que manifiestan algunos miembros del FPDS.

Una última mención requiere la ocupación del espacio público. En general, aparece resuelta una tensión que permite superar la idea de la calle como un espacio ajeno, inseguro (muchas veces en términos de la represión policial y el gatillo fácil), para pensarla en el espacio de construcción colectiva, en el barrio como “casa grande” y en la ruta y las avenidas como espacios ocupados para el reclamo por los proyectos que dan dignidad. Sin embargo, también la acción en la calle disputa el espacio con otros y puede volverse conflictiva. Por otro lado, las características de la participación juvenil, que integra distintos ámbitos de la vida, también le da continuidad espacial, y desde el vecindario y el barrio hasta los ámbitos tradicionales de la política se vuelven integrados y ocupados por “la política”.

Finalmente, volvemos a la cuestión del sujeto, la organización y el cambio social. De algunas entrevistas, escuchamos:

Queremos que nos tomen como sujetos políticos, más allá de las definiciones de la Central, si participamos de otro espacio no vamos con el lineamiento de la Central, por ahí tenemos definiciones propias como grupo (Entrevista a Diego, militante de JCTA, 13/10/09)

Una organización que es en este caso la juventud de la CTA, que nos unifica como organización, como grupo, y da distintas formas de participación y compromiso para un cambio social (Entrevista a Gabriel, militante de la JCTA, 5/7/10)

Nosotros somos la base, sin la base no existe el movimiento, sin la base del barrio… (Entrevista a Mariana, militante del FPDS, 9/06/10)

Estas reflexiones llevan a un punto clave que es la tensión entre el sujeto y el proyecto. En cierta medida estas personas viven la tensión entre el modelo y la institucionalización, entre su capacidad de agencia y la estructura de la organización en que están inmersos. Y, mediados por ella, con el sistema en general, con los proyectos de construcción de poder popular y de transformación social. Los discursos que se recogieron (en un sentido completo) mostraron una uniformidad en la primera etapa de entrevistas que con la profundización de confianza con el investigador, se vio modificada, al aparecer indicadores de dificultades, conflictos o divisiones. Esto permitió advertir este tipo de tensión, que influye en los procesos de participación política de estos jóvenes y que lleva nuestra atención al proceso de constitución de subjetividades juveniles en estos contextos.

4. Novedad y continuidad en la participación juvenil

¿Se puede hablar de participación protagónica de jóvenes en los movimientos sociales analizados? Consideramos que la respuesta es afirmativa, en líneas generales. Se puede hacer el análisis en tres planos: 1) el debate en el interior de las organizaciones, 2) la efectiva concreción de las decisiones adoptadas, y 3) el impacto en otras organizaciones. En primer lugar, en los debates que desarrollaron las organizaciones respectivas se comprobó que los militantes juveniles resultan escuchados en los diálogos y las asambleas, reciben información y presentan sus propuestas, incluso asumen funciones de representación. La limitación estaría dada por la membresía plena que, como consideramos en los capítulos respectivos y revisaremos más adelante, se adquiere a partir de un cierto nivel de asistencia y compromiso.

En el segundo plano, las decisiones de ambas organizaciones se toman en asambleas y se hacen efectivas. Como se expuso en los capítulos anteriores, esto se da en decisiones operativas, tanto en el FPDS (con los reparto de subsidios, organización de trabajos, participación en movilizaciones) como en el caso de JCTA (acciones de protesta, desarrollo de proyectos e inversiones). Aquí el análisis ha considerado que la JCTA es parte de la Central, y que en muchas actividades se referencia con la CTA. En este sentido, la misma actuaría como un ámbito en el que la JCTA negocia. Sin embargo, la representación que tiene la Juventud en la misma CTA es importante, a través de representantes en todos los niveles de conducción y de la actividad en las asambleas referidas, en las que participan con voz y poder de decisión. Esto permite advertir un reconocimiento y un espacio de participación activa.

El tercer plano estaría expresado por el impacto que las medidas adoptadas por los jóvenes en sus asambleas tienen en otras organizaciones. La modalidad de construcción del Frente, mencionada por los entrevistados y repetida en los documentos, indica que se reconocen y se llevan adelante las medidas y posiciones de las asambleas. Cuando se establece una construcción con otros sectores, con una organización (por ejemplo el Movimiento Campesino Indígena), o en construcciones colectivas (Encuentros y Campamentos), se establecen acuerdos en el que todos los actores son reconocidos como iguales a la hora de tomar decisiones. Los miembros de la JCTA, a su vez, trasladan sus propuestas a asambleas donde tienen voz y poder de decisión, ya sea con la CTA o en encuentros y construcciones más amplias (de carácter regional o nacional). La Constituyente Social fue un proceso de construcción colectiva donde el peso de la JCTA fue comprobable. La limitación de sus decisiones está dada por la organicidad de la Central, en la que prima una estructura de poder más vertical, pero los representantes de la Juventud intervienen en el proceso eleccionario, proponiendo candidatos y aun sumándose a la junta electoral, como fue el caso de una de las entrevistadas.

A partir de lo expresado, se puede considerar que estos sectores cuentan con en un alto nivel de participación, trascendiendo la mera función de asistencia y recibir información, llegando a un nivel de compartir decisiones, en términos de Hart (1993). Por otro lado, podemos considerar también el criterio de participación que proponen Verba, Nie y Kim (1978), con variables tales como el grado de influencia que se ejerce, la amplitud del resultado, el grado de conflicto, el nivel de iniciativa personal y el grado de cooperación que se requiere. En este caso, hay una influencia comprobable en ambas organizaciones, se traduce en resultados, requiere de negociación para superar los conflictos internos y llegar al consenso (que es la forma predominante de ambos grupos), alcanzando un nivel que articula iniciativa personal y cooperación para el logro de los objetivos generales.

Respecto de las características que adopta esta participación, hay similitudes en el relato que proponen los chicos y chicas de ambas organizaciones: una ética solidaria intransigente con los sectores perjudicados en la sociedad, la autonomía en las decisiones que se toman, las prácticas asamblearias para discutir todos los temas (desde las acciones inmediatas hasta las estrategias nacionales), la crítica a la burocracia y a los acuerdos por fuera del espacio, la reivindicación de la participación plena.. En este sentido, resulta afín a lo que Krauskopf (1998 b) plantea como rasgos definitorios de la participación juvenil contemporánea: parámetros ético-existenciales, el cambio social a través de las condiciones de vida colectiva, “epicentro global, trincheras locales”, efectividad a corto plazo y metas palpables, estructura horizontal con redes flexibles y conducciones transitorias. El “epicentro global” aparece en el discurso de referencia de ambas organizaciones y se expresa en construcciones más amplias de nivel latinoamericano. Algunas veces se traduce en acciones directas, como la marcha que protagonizó la JCTA contra el golpe de Estado en Honduras (en 2009)

Serna (1998) también incluye en las características de un “nuevo paradigma” de participación juvenil la descentralización en el gobierno, la oposición a la burocratización y la regulación y la búsqueda del cambio “aquí y ahora”. Ese “aquí y ahora” en los casos que analizamos responde a la forma de responder a los problemas sociales: el comedor, el proyecto productivo, la obtención del subsidio, requieren respuestas inmediatas y son planteados de esa forma. Pero en el discurso general que se registró en las entrevistas, la idea de la construcción política de estos jóvenes tiene un mediano plazo, como si la integración en la organización les permitiera una planificación diferente y una construcción de poder con plazos más lentos.

Al abordar el tema de la participación, Cleary (2001) identifica un “nuevo tipo” en los sectores juveniles, que es libre, diferenciada, tolerante, flexible y reflexiva. Sin embargo, al considerar las tradiciones que sostienen en el discurso estos sectores parece pertinente preguntar: ¿cuáles son los elementos de novedad y cuáles las continuidades? Cabe destacar que hay una enunciación muy similar en las tradiciones históricas de las que se consideran herederas ambas organizaciones (desarrollado en cap. 1, 2, 4 y 5). . Se trata de referencias históricas que permiten a los movimientos sociales ubicarse en una tradición de lucha y fortalecer su identidad, una identidad que, como decíamos al inicio, se construye en el conflicto y la resistencia (Scribano, 2002). Señalaremos también como continuidad los elementos de análisis crítico que proveen estas tradiciones y que permiten apostar a revertir la lógica colonial y construir conocimiento autónomo, ambas cuestiones centrales para los movimientos y organizaciones sociales. Las experiencias de estos jóvenes se referencian con ellos y también adoptan el marco de la corriente de Educación Popular en publicaciones y actividades, como fue mencionado antes. Asimismo, se advierte continuidad con las estrategias de luchas políticas de los trabajadores, de las prácticas de organización popular, la resistencia pacífica y la denuncia de las organizaciones de Derechos Humanos y la confluencia de luchas estudiantiles y obreras.

Entre lo “nuevo” hay elementos que también instalan los movimientos sociales y otros propios de las expresiones juveniles. Como plantea Eckstein (1989) se advierten nuevas demandas que trascienden la satisfacción de las demandas urgentes e incorpora variables étnicas, de género, religiosos y culturales. La defensa de los pueblos originarios y la inclusión de cuestiones de género, por parte de ambos movimientos, hacen de este tema una cuestión prioritaria en la agenda, que se traduce en materiales escritos (Cartilla de Género), acuerdo con organizaciones específicas (Movimiento Campesino Indígena) y participación en encuentros (por ejemplo, el Encuentro de Mujeres). La crisis de representación que se considera un factor para la aparición de los movimientos sociales (como se mencionó en el capítulo 1) también es expresada por el FPDS y la JCTA, inclusive se puede suscribir el planteo de Calderón, Piscitelli y Reyna (1992) sobre la disputa por un nuevo sistema de instituciones políticas. Esto es visible en el caso del FPDS y los esfuerzos de coordinación con otras organizaciones que dieron lugar a la COMPA y a otras iniciativas análogas, a nivel nacional, y la participación en el ALBA, a nivel internacional. En la JCTA, se pueden discutir los alcances reales de la Constituyente Social y la participación en eventos internacionales como el Foro Social Mundial, pero ambos resultan esfuerzos de institucionalización y generación de espacios de poder como parte de una estrategia de representación y de cambio social.

En cuanto a los aspectos novedosos de las formas de participación juvenil, no podríamos repetir aquí que se trata de formas menos orgánicas (como menciona Balardini, 2005) sino dotadas de otra organicidad, una forma diferente de estructurar organizaciones basada en el intercambio horizontal y los vínculos de redes. Sí, en cambio, podemos asumir que la búsqueda de un saldo concreto, evaluable y cercano, guía a quienes se acercan a estos movimientos, así como la desconfianza respecto de las organizaciones tradicionales y al Estado. El uso de tecnologías de información y comunicación es frecuente, pero no aparece en un primer lugar ni en las expresiones ni en las situaciones observadas en la investigación. Como conclusión, y a pesar de las múltiples novedades en las formas y en el estilo de comunicación de la militancia juvenil, no podríamos suscribir la afirmación de que nos hallamos frente a un nuevo paradigma en la participación juvenil como enuncian autores como Serna (1998).

Por último, consideramos relevante analizar cuál es la concepción de política que expresan estos jóvenes y en qué términos se puede hablar de ciudadanía en relación con estas experiencias. Se puede afirmar que una noción de política subyace a todas estas experiencias: las personales, las de las organizaciones y las expresiones más amplias de protesta y acción que desarrollan. En las observaciones realizadas se comprueba la consolidación de espacios de acción económica y social que proponen una alternativa frente a la política social del gobierno o a los emprendimientos de producción privados. La referencia que hacen los entrevistados le reconoce intencionalidad y la naturaleza del movimiento expresa en sí mismo la forma de entender la acción política El cambio que se pretende es un cambio político, que modifique el sistema mismo.

La participación juvenil en estas organizaciones es también participación política, que a veces adopta la forma de política no institucionalizada según los términos formulados por Offe (1992) respecto de los movimientos sociales, y a veces se referencia con el sistema político más formal (los partidos, los procesos eleccionarios, los organismos oficiales). Como las instituciones de la tercera fase de la modernidad, mencionadas en el capítulo 1, los movimientos que analizamos incorporan las lógicas colaborativas de las redes y las formas verticales de la política. Y los sectores juveniles, como hemos mostrado, se vinculan más a la lógica de las redes y se los escucha consustanciados con las formas de convergencia de los grupos críticos del capitalismo (como menciona Houtart, 2009).

 En los diálogos hay abundantes referencias indirectas a la política, se podría decir que “sobrevuela” la entrevista. Pero a veces se explicita: “vamos a pensar la política entre todos, nosotros ponemos el cuerpo pero la política también” (Entrevista a Nadia, militante de JCTA, 4/7/2010). “La organización popular, dentro de la Constituyente Social, es la herramienta que creemos necesaria y que es nuestra visión política… “(Entrevista a Diego, militante de JCTA, 13/10/09). O como señala Carolina:

Todo tiene que ver con la política, la formación tiene que ver con formación política, que es parte de la educación, porque el proyecto educativo es político… para que podamos construir herramientas para poder transformar la realidad de todos los días… eso es política (Entrevista a Carolina, militante del FPDS, 15/10/09)

Tanto en la JCTA como en el FPDS los jóvenes forman parte del movimiento y han tenido roles de responsabilidad. Y casi todos han ejercido funciones de representación de la organización respectiva, y esa situación tuvo un componente político. La participación en actos, acciones de protesta, asambleas, encuentros con otras organizaciones y debates se considera acción política en sí misma.

Merece un párrafo también la consideración del compromiso político que abarca todos los ámbitos de la vida, ya que es algo que comparten todos los entrevistados y permite reflexionar sobre los sentidos que dan a su vida y las formas de constituirse en ciudadanos políticos. Como se mostró en los capítulos precedentes, hay una integración entre el compromiso en la organización con la vida cotidiana, los momentos de ocio y diversión y los grupos de amigos. En las historias personales referidas en los capítulos 4 y 5 aparece la convicción de que su militancia es un “proyecto de vida”. De esta forma resuelven la desconexión con el “mundo de la vida” (en términos de Habermas, 1987), desarrollan una acción política y social que es acción comunicativa, mediante la cual dan vida a lazos y estructuras de sentido para sí mismos y para las comunidades en las que actúan. Esta amplitud de la política los constituye como sujetos y nutre su acción en el interior de cada una de las organizaciones. En ellas disputan un espacio también político, haciéndose un lugar desde su condición de “jóvenes”, tomando un reconocimiento que está instalado en el discurso general de la sociedad y en el de las propias organizaciones.

¿En qué medida esta acción política se constituye hoy en fortalecimiento de ciudadanía? Se puede afirmar que se trata de una forma extendida de la misma que amplía los derechos políticos y sociales, inscribiéndose en formas de desarrollo de proyectos propios y reconocimiento de la dignidad integral de la persona, relacionado también con lo que menciona Schuster (2005) respecto de hacer reclamos al Estado sobre libertad, derechos e igualdad ante la ley . La capacidad de acción que despliegan estos jóvenes militantes en relación con el mundo social remite al concepto de agencia social mencionada en el capítulo 2 en relación con las prácticas juveniles (siguiendo a Giddens 1987, 1995 y Boudieu, 1991), lo que permite considerar una “agencia de ciudadanía” que articule demandas de distribución, reconocimiento y participación de los jóvenes (PNUD, 2009).

Finalmente, dado que la bibliografía sobre juventud alude a los rasgos generacionales de la participación juvenil, corresponde hacer una reflexión al respecto en línea con algunos autores que consideran esta variable (Deutsch Bank, 1993; Balardini, 2005; Feixa, 2006; Palermo, Vázquez, Vommaro 2008; Vommaro y Vázquez, 2008). Sin profundizar esta perspectiva, algunos elementos llevan a preguntarnos qué eficacia posee el concepto de generación para el análisis[15]. En los autores mencionados se alude como signo de época el predominio de la imagen, la utilización de la tecnología y las vías de comunicación propias de la sociedad de información y entretenimiento, la “celebración de lo instantáneo”, una cultura de corte narcisista que busca la satisfacción inmediata y un repliegue sobre el individuo y los afectos (Balardini, 2005). Estos componentes están presentes en los jóvenes militantes, pero se articulan con formas de considerar lo público y abordar la política que, aún con elementos novedosos, se entroncan claramente en tradiciones anteriores. Es también visible que hay una búsqueda de respuestas rápidas para los problemas, un reclamo de acciones concretas y una prioridad del individuo en la organización. Se reclaman resultados palpables y respuestas prácticas[16]. Esto puede dar la impresión de identidades y pertenencias más frágiles o, como se considera en esta tesis, identidades y pertenencias más dinámicas a la hora de construir y proponer estrategias.

Estos elementos, que aluden a un clima de época, una serie de características culturales propias de esta etapa histórica, no permiten concluir en que haya un desplazamiento determinante de formas tradicionales de organización y participación política a otras. Resulta útil apartarnos de las características homogéneas que las representaciones generacionales mencionadas refieren, en las que los jóvenes militantes se presentan sin fisuras, para advertir la diversidad y la riqueza de los caminos que siguieron. Muchos jóvenes de estos movimientos oscilaron entre distintos ámbitos y actividades, y los entrevistados mismos tienen una experiencia de construcción en los espacios de los movimientos que es relativamente reciente: entre 3 y 7 años, en la mayoría de los casos. En los diálogos se refieren a otros jóvenes con los que se diferencian, porque hicieron opciones y adoptaron compromisos que los definieron y han seguido caminos divergentes. Al mismo tiempo, las expresiones organizativas, las prácticas territoriales y las estrategias políticas que plantean los jóvenes militantes pueden considerarse afines a la lógica de acción y a la identidad de los movimientos, en el que conviven con otros referentes generacionales. A la hora de definirse, las chicas y chicos entrevistados se consideran a sí mismos como militantes, construyen una subjetividad con matices variados y se enfrentan, a veces en forma genérica y totalizadora, con “otros” identificados por su pertenencia de clase, de poder y de valores, pero no de generación.

Palabras finales

En este capítulo hemos explicado cómo actúa lo juvenil en los movimientos sociales investigados. En la primera sección, consideramos los espacios específicos y los procesos de participación en los que la condición juvenil se utiliza. En la segunda sección consideramos cuatro elementos característicos de la participación juvenil: 1) identificamos el cambio cultural que se traduce en expresiones artísticas, carácter festivo de las luchas y reconocimiento del cuerpo como expresión política. 2) profundizamos la cuestión de las asambleas, la horizontalidad y destacamos el peso que poseen en la participación juvenil; 3) explicamos la importancia que posee la construcción de redes con base territorial y la relación con el Estado y otros actores políticos; 4) retomamos las trayectorias analizadas en capítulos anteriores para establecer elementos comunes y analizar qué pasos llevan a la convergencia en los movimientos sociales estudiados.

En la tercera sección se consideró las dificultades que se advierten en estos procesos de participación política juvenil y se las incluyó en un análisis general de tensiones. Por último, en la cuarta sección, se revisaron conceptos relativos a la novedad y la continuidad de la participación juvenil, según conceptos planteados en los capítulos 1 y 2, para profundizar en el análisis y la interpretación de la participación política juvenil en base a las subjetividades militantes que se analizan en el capítulo 7.


  1. Blog de la juventud de la CTA http://jcta3defebrero.blogspot.com. Consultado 19 de agosto de 2010.
  2. Cambio Social, Revista del Frente Popular Darío Santillán. Nro 4, junio de 2009.
  3. El concepto de representaciones sociales es empleado para analizar cómo se produce el conocimiento social (Jodelet, 2002) y cómo da sentido a las prácticas y las estructuras (Chartier, 1995). Alude al sistema de valores, nociones y prácticas relativas a objetos, aspectos o dimensiones del medio social que constituye “un instrumento de orientación en la percepción de situaciones y de la elaboración de respuestas” (Moscovici, 1979).
  4. Los proyectos revolucionarios crecieron a partir de los años 60, al calor de los procesos de descolonización y del impulso de la Revolución Cubana. Fueron expresados por partidos políticos y por organizaciones armadas que proclamaban la inminencia de la caída del capitalismo y la posibilidad de instalar una revolución socialista que cambiara radicalmente los fundamentos del sistema vigente.
  5. Los cantos y las consignas de Montoneros, por ejemplo, aludían a que había “llegado la hora” de la guerra para la liberación, como refieren varios investigadores (Anguita y Caparrós, 1998 y Gillespie 2008) y testimonia la revista “Militancia” en su número 4 (5 de julio de 1973).
  6. Sin entrar en la polémica específica, esto permitió el análisis de Holloway (2002) sobre los zapatistas y otros movimientos contemporáneos.
  7. Dado lo que se mencionó anteriormente respecto de la ubicación del Centro Olga Vázquez en el centro de la ciudad de La Plata.
  8. En esta misma perspectiva, se puede profundizar en Kropff (2007) y Vommaro (2007).
  9. En este trabajo se han mencionado algunas, como las trabajadas por Croce (2001), Piñero (2007), Rosenfeld (2007) o IBASE-POLIS (2008 a).
  10. Ambos materiales pueden descargarse de http://formaciondelfrente.blogspot.com y de www.frentedariosantillan.org.
  11. No entraremos en el análisis de las estructuras clientelares ni en los vínculos sociales de los barrios, ya que poseen una complejidad que merece una investigación diferente. Las menciones a los “punteros” suelen ser negativas y aluden a la figura de un dirigente barrial que consigue beneficios para los habitantes de un barrio a través de sus vínculos con sectores políticos, generalmente a cambio de obtener el apoyo de los vecinos.
  12. En la organización del Encuentro de Organizaciones de Base, en 2009, se presentaron como el “sector estudiantil del Frente”. En la página del Frente se nuclean como “Estudiantes en el FPDS en la UNLP “. Se puede ampliar en http://www.estudiantesenelfpds.blogspot.com/.
  13. Cabe aclarar que durante el período que duró el trabajo de campo, entre fines de 2008 y fines de 2010, a pesar de la participación de CTA nacional en distintos proyectos partidarios específicos, no había una definición formal. Y las entrevistas realizadas fueron previas a la ruptura que siguió a las elecciones de 2010 y a los posteriores pasos hacia la conformación de un partido político por parte de un sector.
  14. La representación de la Juventud como Secretario General está limitada por la llegada a los 30 años en los estatutos, sin embargo, en algunos casos los entrevistados mencionan que no se ha respetado.
  15. En la línea planteada por los autores mencionados y considerando que el planteo de generaciones no considera solamente la contemporaneidad cronológica, sino el momento histórico de socialización y, al hablar de generación política, “los sentimientos percepciones y prácticas comunes” que “ponen en juego una creencia compartida” (Palermo, Vázquez y Vommaro, 2008: 49).
  16. Aquí las referencias a las formas actuales que propone Serna (1998) son pertinentes, tanto en causas de movilización novedosas que se suman a las demandas anteriores, como la prioridad de la acción inmediata, el lugar del individuo y el énfasis en la horizontalidad.


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