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5 Escenario de enunciación, destinación y contradestinación

El análisis del dispositivo enunciativo nos permite visualizar la puesta en escena de distintos personajes que intervienen en el discurso, las diferentes voces que pueden manifestarse a través de él, y las distintas posiciones del sujeto de enunciación. Según Ana Soledad Montero, en el caso del discurso político, “esta escena enunciativa constituye una dimensión fundamental para comprender los sentidos que allí se despliegan y, más importante aún, para estudiar el modo en que en ese discurso se configuran las identidades políticas” (Montero, 2009: 1). De allí la relevancia de este tipo de estudio para la tarea que hemos planteado en esta investigación. De manera que lo que pretendemos realizar en este capítulo es el análisis de la escena discursiva que el FEN puso de manifiesto, es decir, la configuración de los distintos destinatarios que allí aparecen, la imagen de sí mismo y del adversario que se construye, la articulación del colectivo de identificación y los mecanismos argumentativos puestos en juego para realizar estas definiciones.

Comenzando por el plano de la enunciación, que es“la instancia de instauración del sujeto de la enunciación (sujeto productor del discurso) que abarca la posición del enunicador y el enunciatario” (Greimas y Courtes, 1990: 79), podemos decir que aquél “es el ser empírico, el sujeto hablante” (Ducrot, 1986: 204), una construcción abstracta que remite a la “imagen del que habla” (Verón, 1987: 16), y que, en tal sentido, éste se ancla en el Frente Estudiantil Nacional.

Todo discurso comporta la constitución de la imagen de su propio sujeto de enunciación. Aquí aparece ineludiblemente la referencia al ethos. En términos aristotélicos, éste tiene que ver con el carácter del orador, con la imagen que éste tiene ante el auditorio. Según Ruth Amossy (2005), ello implica elementos discursivos pero también extradiscursivos que se combinan: el plano de la enunciación, o sea, cómo se muestra, qué dice, qué escena presenta; el plano de lo social, es decir, qué posición tiene el enunciador en la estructura, y el plano de la retórica, en otras palabras, la construcción discursiva, la disposición de los elementos del discurso. Según Oswald Ducrot (1986), el ethos está vinculado no a lo que se dice sino a cómo se dice, al modo de hablar, a la apariencia que le confiere a lo que se dice, a la imagen que se presenta. Y por otro lado, Dominique Maingueneau (1996) sostiene que el ethos tiene que ver con determinadas elecciones discursivas y modos de decir.

En general, el enunciador aparece mediante la primera persona del plural. Sobre todo aparece ligado a determinar cuál es el lugar del estudiantado dentro de la política nacional, es decir, bajo la figura “nosotros, los estudiantes”, “nosotros el movimiento estudiantil”, “nosotros desde la universidad debemos ligarnos a los sectores obreros que llevan adelante esta línea”[1], “los estudiantes que hemos comprendido”, “que nos sentimos parte de las fuerzas antiimperialistas”[2], “aspiramos” a rescatar y tomar los principios y prácticas del Che, y la ubicación de sí mismos como parte del “estudiantado revolucionario”[3], “debemos ofrecer nuestra propia acción”[4]

En algunos pasajes el enunciador aparece asociado específicamente a su inscripción político-ideológica: por ejemplo, cuando ubica al estudiantado como “parte de las luchas del campo popular”, y posiciona al FEN como “tendencia estudiantil que se plantea la confluencia del estudiantado con esas luchas”[5]; situando “nuestras luchas junto a la clase obrera”[6]; integrarnos “como un frente más” a un proceso “que nos abarca y nos incluye”[7]. Es decir, reafirma que “los estudiantes comenzamos una trayectoria de unidad con los trabajadores”[8], que “el eje pasa para nosotros por una superación político-orgánica” que “nos permita contribuir a generar una conciencia nacional”, y que “los estudiantes debemos manifestar nuestro repudio a la dictadura”.[9]

En uno de los documentos de 1969 aparecen dos aclaraciones claves para comprender la posición del sujeto que enuncia el discurso: por un lado, afirman que la cuestión no reside “en asumirnos peronistas para quienes no lo somos”. Esto muestra claramente esta idea de no volcarse “de cabeza” al peronismo sin asumirse peronistas primero, es decir, no tomar una actitud vanguardista, sino incorporarse al movimiento popular gradualmente, dejándose transformar por el peronismo. La clave reside entonces en “comprender el carácter nacional que asume la lucha de clases en Argentina”, es decir, que en nuestro país esa lucha de clases es llevada adelante por el peronismo, y entender lo que ese peronismo “significa para la clase obrera”. Y la segunda aclaración se vincula con la definición de revolución como algo que “no es patrimonio exclusivo de los peronistas revolucionarios”, es decir que, a pesar de reconocer la experiencia de lucha de la clase obrera y de situarla como “motor de la revolución”, esa revolución es de “todos los que sepan colocarse a la cabeza de las luchas de nuestro pueblo”[10].

En muchos casos, en cambio, quien enuncia el discurso utiliza la tercera persona (“ellos”, “los estudiantes”), o bien una forma impersonal, distanciándose de sus evaluaciones, muchas veces presentándolas como una verdad indiscutible acerca de la historia política argentina de los últimos años, sobre todo en las zonas descriptivas del discurso y en aquellos pasajes en que hay un fuerte componente didáctico, por el cual se formulan principios generales de lectura de esa realidad como algo externo a la subjetividad del enunciador.

Pero la constitución de la imagen de sí mismo es siempre relacional, y la posición del enunciador se define en su vínculo con los destinatarios del mensaje, relaciones que van configurando la identidad del discurso.

Tomamos la idea de que “lo que caracteriza la especificidad del discurso político es cierta configuración de operaciones discursivas” (Verón, 1987: 24), sobre todo vinculadas al “enfrentamiento, relación con un enemigo, lucha entre enunciadores” (Verón, 1987: 16). Por lo que desde este punto de vista, la enunciación política sería inseparable de la construcción de un adversario. En este sentido, según María Marta García Negroni (1992: 35), el enunciador del discurso crea dos espacios diferenciados de destinatarios: aquellos que incluye en su colectivo de identificación y aquellos que quedan fuera de él. La destinación negativa, mediante la amenaza, descalificación, refutación, etc., en última instancia contribuye a reforzar el colectivo de identificación, es decir, a dar forma al “destinatario del mensaje”, que es aquel que al tomar el total del discurso queda constituido en el mismo universo que el enunciador, a través del “nosotros inclusivo” (García Negroni, 1992: 39).

Según Eliseo Verón, el discurso político es un tipo de discurso con múltiples destinatarios y funciones. En este sentido, podemos distinguir un destinatario negativo o “contradestinatario” que corresponde a la figura del adversario político o el enemigo, con el cual se polemiza y a quien se intenta destruir discursivamente en términos de desarmar sus argumentos. Pero también se construye un destinatario positivo o “prodestinatario” que es aquel que adhiere a las ideas y creencias del enunciador, y con quien se construye un “colectivo de identificación”. Y por otro lado, aparece un paradestinatario o indeciso, al cual se intenta persuadir, que parecen “flotar” en el espectro político. A cada uno de ellos corresponden las funciones de polémica, refuerzo y persuasión que aparecen simultáneamente en el discurso, aunque con diferentes niveles de incidencia (Verón, 1987: 16-18).

En el discurso del FEN hay claramente un destinatario negativo, que si bien no es interpelado directamente en el discurso, sí es señalado constantemente, bajo diferentes nombres, formas metafóricas, fórmulas predeterminadas y otras nominalizaciones. A lo largo del discurso se va conformando la imagen del enemigo, que puede resumirse en tres grandes categorías: el imperialismo, las clases dominantes (a su servicio) y la dictadura (junto a los sucesivos gobiernos que desde 1955 avalaron la proscripción del peronismo).

El campo del imperialismo incluye a todas sus manifestaciones y representantes dentro del territorio nacional: “el Tío Sam”[11] en referencia a Estados Unidos, “la opresión imperialista”, “el colonialismo”[12] o “el imperialismo y sus lacayos”[13], “el capital financiero nacional e internacional”[14] o “los capitales extranjeros” identificados en Deltec, Coca Cola y la General Motors[15], “los trusts monopolistas”[16] o “los monopolios extranjeros y sus socios nativos”[17], “los executives, banqueros y demás aliados (concientes e inconcientes)”[18], pero también “las Foundations”, los “centros de subsidios del imperialismo” y las sedes de “espionaje sociológico financiado por la Ford”[19].

El segundo espacio de antagonismo, correspondiente las clases dominantes locales, se configura en torno a “las fuerzas reaccionarias del país, o sea, las clases dominantes nativas”[20], “la burguesía industrial monopolista”, “la alta burguesía industrial, agraria y comercial”, “la oligarquía terrateniente tradicional”[21], “las clases dominantes con sus ropajes modernistas”[22].

En cuanto a la dictadura, ésta es definida como un “gobierno elegido por los monopolios extranjeros”, e incluye a sus instituciones y fuerzas represivas: el “aparato represivo”, “los policías y los tanques que apuntan a la clase obrera”, “las policías bravas” y “los ejércitos mercenarios”[23], “el brazo armado del sistema de opresión” que “proscribe, asesina, reprime, tortura”[24], el “ejército de ocupación” al que considera “verdugo del pueblo”[25], “las fuerzas armadas controladas por el Pentágono”[26], “los tanques del ejército” y “la pandilla de tránsfugas” de “la dictadura gorila de Onganía”[27], la “administración neocolonial”[28], “los gabinetes de la burguesía”[29]; “los planificadores de la eficiencia”[30], “los jerarcas políticos o sindicales que negocian con la dictadura gorila”[31]. Las instituciones del régimen son definidas como “las formas concretas en que se plasma la política y la ideología de las clases dominantes”; ellas “sistematizan el saber, manejan la información, organizan la moral, reglan las relaciones económicas y juzgan lo legal y lo ilegal en función de intereses de clase”. Entre esos organismos y establecimientos, la universidad aparece como “institución donde se elaboran en su forma más acabada las ideologías que justifican el sistema de explotación y donde se forman los cuadros intelectuales al servicio de las clases dominantes”[32], y como tal no escapa a ser considerada como parte del polo negativo de la confrontación. Dentro de ella las agrupaciones reformistas aparecen como parte de la “alianza con las clases dominantes” en la medida en que “no apuntan a destruir el sistema y por ende sus instituciones”,[33] por “su complicidad tácita con los enemigos del pueblo”.[34]

El enemigo utiliza la violencia para lograr “el control del movimiento popular”: en lo político se expresa en la “persecución y avasallamiento”, “proscripción”, “los estudiantes son apaleados, encarcelados y aun asesinados”; en lo social se asienta en “el control directo de la sociedad civil por parte de las fuerzas armadas”, es decir, “la militarización de la sociedad”, y la “represión a través del eje CONASE-CONADE”.[35] Aparece la violencia del sistema, “violencia represiva de la dictadura”, implementada a través de “allanamientos”, “detenciones masivas”, “torturas crueles”, “asesinatos impunes”, todo lo cual “apunta a la persecución del peronismo revolucionario” y a la “liquidación de la organización del movimiento popular”.[36]

Pero no sólo el gobierno dictatorial constituye ese polo negativo, sino los “sucesivos gobiernos” que desde 1955 intentaron “domesticar al movimiento sindical”[37], es decir: “el desarrollismo”, “todos los partidos tradicionales y gorilas acaudillados por Aramburu”[38], el “gorilismo arambuista de la Libertadora”, así como al “desarrollismo de Frondizi” y al “fraudulento Illia”, culpables de perseguir y asesinar al “movimiento peronista”[39].

También se configura la imagen del adversario que de alguna manera está limitado a la contienda electoral o a cuestiones coyunturales, aunque en determinados momentos aparece como parte del enemigo irreconciliable del pueblo. Se trata de las fuerzas políticas que actúan dentro de la universidad, y en general su recurrencia en el discurso se da en términos de descalificación, ligada a la idea de desacreditarlo como opción política para el estudiantado y de dejar al enunciador como única vía legítima de representación: el reformismo “pequeñoburgués” y el “ultraizquierdismo”, el “academicismo oligárquico”, “la pequeña burguesía profesoral y estudiantil” y el “cientificismo”, “el iluminismo político”[40], el campo “pseudo revolucionario” dentro del que ubican al “PC argentino” y a “los grupitos trotskistas”[41], el “ariete reaccionario antipopular” y “el ala izquierda del cientificismo”[42], así como “el oportunismo de derecha”[43], “el academicismo”, “el racionalismo”, “las Foundations”, “el marxismo sociologizante”[44], “el paternalismo” y “el vanguardismo estudiantil” y todos aquellos que tienen “una concepción elitista” de la educación superior basada en la “eficiencia” para formar “técnicos, ideólogos y administradores del régimen”[45].

Entre estos adversarios, se encuentra “la oposición de izquierda”, que dice ser “representantes estudiantiles del proletariado” pero que enmarca su lucha en “la inmediatez de la institución universitaria” encarnada en la FUA[46]. Vemos, por otro lado, que el “cientificismo” es definido como “el enemigo fundamental de la clase obrera dentro de la universidad”, porque es la “expresión del pro-imperialismo de nuestra burguesía”[47], es decir, por su carácter pro-imperialista. Y más adelante aclara que “los verdaderos términos del enfrentamiento” no pasan por la confrontación entre reformismo y antirreformismo sino entre “proimperialismo y antiimperialismo”. Aparece el intento de enmarcar las luchas estudiantiles dentro de las luchas populares, en esta idea de que “los problemas de la universidad encuentran correlato en el campo del pueblo”: el limitacionismo, el cientificismo, la represión, la discriminación ideológica en el ámbito académico, a la par del aumento del costo de vida y la desocupación, en el campo popular. Todos estos “problemas” tienen como fuente “al enemigo común”: la dictadura militar, los monopolistas yanquis, el imperialismo.[48] De manera que ese adversario u opositor circunstancial o coyuntural es elevado al rango de enemigo irreconciliable como parte del polo imperialista.

En definitiva podemos decir que los tres niveles de enfrentamiento mencionados (imperialismo, clases dominantes y dictadura) en torno a los cuales se va configurando la imagen del enemigo del discurso, se reducen a uno solo, a saber, el imperialismo y todo lo que termina siendo pro-imperialista: “el imperialismo y sus aliados”[49] que “manejan como títeres al gobierno nacional”[50], “la dominación yanqui”[51], “la oligarquía” vinculada a “las metrópolis imperialistas”[52] o “los oligarcas pro-imperialistas”[53], “la dirección burocrática del peronismo” que terminó colocando “al movimiento obrero al servicio del imperialismo”[54], el gobierno de la Unión Cívica Radical del Pueblo “sumiso” a los intereses imperialistas[55], la universidad como “engranaje de la maquinaria de dominación”[56], el “cientificismo” que es la “expresión del pro-imperialismo de nuestra burguesía”[57], “la dictadura, fiel ejecutora de los planes del neocolonialismo”[58] y todo aquel que “avasalla nuestra economía, nuestra soberanía política y nuestra cultura”[59].

Las referencias al enemigo están repletas de descalificaciones, ya que el descrédito es utilizado para degradarlo, quitarle poder y status, presentarlo como una entidad inferior a la posición del enunciador que lo dejan fuera de la posibilidad de responder: el enemigo no está a la altura de la contienda, es un “tramposo”, “farsante”, “pequeñoburgués”, “sumiso”, “fascista”, “gorila”, “pseudo-revolucionario”; también se los califica de “claudicantes y traidores”, “serviles”, “infames”, “entregadores”, etc.

Con respecto a la perspectiva temporal, la figura del enemigo se mantiene a lo largo de todo el cuerpo discursivo, llega a complejizarse o diversificarse en algunos momentos, pero no varía. Sin embargo, no aparece en ningún momento como un contradestinatario directo, es decir, no es directamente interpelado en el discurso, no es convocado a polemizar con el enunciador, no se le da la voz y la palabra, sino que podemos identificarlo bajo la forma de un “contradestinatario encubierto” o “indirecto” (García Negroni, 1992: 36-39). El destinatario encubierto que prevalece en el discurso del FEN aparece como un Tercero Discursivo a lo largo de la enunciación, a través de la tercera persona (“aquellos que”, “los que”, “ese/esos”, “algunos”, “ellos”, etc.), y constituye una zona ambigua, generalmente acompañada por marcas de descalificación o desautorización de la persona y su decir, que dan cuenta del carácter controversial del discurso: “los planificadores y asesores”, “los ideólogos del sistema”, “los iluminados”, “esos consejeros”, “la oligarquía y quienes posibilitan la entrega de la Patria”, “los que se definen como revolucionarios”, etc.[60]

El destinatario indirecto es menos explícito, no designa claramente a un referente (por ejemplo, no aparecen las marcas en tercera persona) y se lo puede percibir a través de ciertos indicios que son marcas polifónicas, como la negación, a partir de la evocación de voces que trae a la escena discursiva y a las cuales desacredita sin siquiera mencionarlos. El enunciador puede no dirigirse explícitamente a ellos pero sí tenerlos en cuenta, puede incluir o convocar a estas figuras sin hacerse necesariamente responsable de las palabras que les destina.

Veamos algunos ejemplos de la negación del enemigo:

La unidad no se gestó contraponiendo el programa del movimiento estudiantil al del movimiento obrero sino apoyando desde éste las luchas de los trabajadores[61],

en contraposición a los adversarios políticos cuya estrategia consistiría en imponer sus concepciones a los trabajadores e intentar “vanguardarizar” la lucha.

Los dichos del adversario, en este caso el reformismo, al que se cita aunque sin nombrarlo directamente: “la declaración de estar ‘junto a la clase obrera y el pueblo’ no puede ser más que abstracta”[62], aquí se descalifican. En este caso, la frase en boca del reformismo sería una abstracción.

Entendemos que tampoco la cuestión reside en asumirnos peronistas para quienes no los somos, sino en comprender lo que el peronismo significa para la clase obrera argentina[63],

como sí lo harían los sectores que se proponían ingresar de lleno y de un día para otro al movimiento obrero, sin atravesar la experiencia de “conversión” al peronismo.

¡Esto no es una Nación! Es una enorme colonia disfrazada.[64] 

La aspiración es la universalización de la educación, que en caso de la universidad no significa ‘abrir la universidad al pueblo’ sino diluirla en el pueblo[65].

Lo que implica diferenciarse de las propuestas de otras agrupaciones. O bien la resemantización de lo que significa transformar la universidad:

La transformación de la universidad no es, entonces, la reforma de la institución, sino por el contrario, la incorporación de sus componentes a la revolución.[66]

Despolitización es entendido por ellos como un ‘no proselitismo’ y ‘no militancia’, es decir, no encarar la transformación de la universidad mediante la participación en la lucha popular.[67]

El “ellos” a los que alude el texto se refiere al enemigo, es decir, a quienes intentan implementar los planes dictatoriales dentro de la universidad.

Y como se afirma en el mismo documento: “El desarrollo esencial de la lucha de dieciocho años no se agota en estas reivindicaciones mínimas”, o sea, el significado de la lucha va más allá de logros coyunturales, como pretenden conformarse algunos sectores dirigenciales del peronismo.

Nuestra unidad no puede ser formal […] nuestra participación no pasa hoy por elecciones de centro sino por la unidad concreta[68].

Se utiliza aquí la negación para resignifcar lo que implica la unidad de los estudiantes: no un hecho circunstancial, como pretenden los adversarios políticos, sino real y duradera.

Otras operaciones de resemantización aparecen en torno al tercer mundo y a las definiciones del imperialismo: “Zonas calientes, se las llama. Nosotros le decimos: Tercer Mundo.[69]

El “se las llama”, si bien aparece en sentido impersonal, en realidad se refiere a cómo se las designa desde los centros de poder, y el “nosotros le decimos” aparece en un sentido de cómo deben ser llamadas en realidad: esas zonas calientes o zonas rojas, porque son lugares de conflicto para el imperialismo, forman parte del mundo explotado y dominado por él.

Bajo estas diferentes modalidades, los destinatarios negativos “no entran en el circuito comunicativo, no se les da voz ni derecho a réplica pues, en la superficie del enunciado, no se les está hablando” (García Negroni, 1992: 36).

En cuanto a las entidades del imaginario discursivo, aquellos a quienes la agrupación intenta “ganarse”, sumar a su colectivo de identificación, son los estudiantes. Nos ocupamos aquí de cómo esa función de persuasión opera dentro del discurso, más allá de que extra-discursivamente se pudiera recurrir a otras modalidades, así como seguramente hubo otras estrategias de relación con el enemigo, más allá de dejarlo “sin posibilidad de respuesta”.

Tomando el corpus total de discursos del FEN, la figura del destinatario que queda constituida al final es la del estudiantado. Entran en esta categoría de paradestinatario aquellos que no participan de la militancia estudiantil, a quienes se compele a no permanecer inermes ante la realidad y sumarse al movimiento estudiantil, específicamente a la línea propugnada por el FEN, y también a quienes se convoca en tanto se les pide ayuda y colaboración en la lucha.

Como veremos en otro apartado, el estudiantado es una categoría compleja, y en ciertas partes el enunciador establece algunas distinciones dentro del campo estudiantil: por un lado, quienes participan en otras agrupaciones políticas, y por el otro, los estudiantes que no forman parte del movimiento estudiantil. Estos últimos son potencialmente cooptables por la dictadura, y de esta manera se convierten para el discurso del FEN en paradestinatarios del mismo, es decir, ese destinatario al que hay que persuadir de unirse al movimiento estudiantil combativo, y disuadir o alejar de los planes de la dictadura que intenta formar “una cohesión pasiva de la masa estudiantil”. Es decir, aparece el “movimiento estudiantil” como eje politizado, comprometido y combativo, a diferencia del “conjunto de los estudiantes”, sin participación política o con una participación marginal en cuestiones meramente reivindicativas. Para ambos “está presente en última instancia como última medida la represión abierta” y en este sentido, para ambos la dictadura es el enemigo[70]. “Los estudiantes” a secas, aquellos no pertenecientes al movimiento estudiantil, son mal mirados por “la indiferencia” y “la pasividad”.[71] Dentro de esta distinción, el enunciador contrapone dos imágenes: la de la “juventud alegre y despreocupada” y la del “estudiante comprometido con las luchas populares”.

Por otra parte, algunos discursos se dirigen a ellos directamente, interpelándolos, ya sea positiva o negativamente, es decir, criticando ciertas posturas político-ideológicas históricas o actuales de los estudiantes, para producir un efecto de “sacudimiento”, o elogiando ciertos cambios que el enunciador considera cercanos a su propuesta. En este sentido, se reconoce “el surgimiento de una serie de agresiones antiimperialistas que tratan de superar el marco de la reforma, oponiéndose al control cientificista de la universidad y planteándose el acercamiento a la clase obrera” y plantea la necesidad de “una política que nuclee a todos los agrupamientos antiimperialistas” en pos de “una política revolucionaria a nivel estudiantil”.[72]

Algunos llamados directos aparecen bajo el colectivo “compañeros”: “Compañeros: el FEN llama a los estudiantes a incorporarse”[73]; “compañeros estudiantes”[74]. En esta interpelación al estudiantado se percibe la presencia de la contradicción amigo-enemigo, y de allí el efecto de persuasión que el FEN-Línea Nacional (LN) intenta ejercer sobre el estudiantado: o se está con la clase obrera, o se está contra ella y consecuentemente, con el enemigo: “quienes se marginan de la comprensión real de la historia del país juegan a favor de la oligarquía”[75]. El papel del estudiantado pasa por “interpretar correctamente la lucha”, y “apuntalar lo más progresivo”.[76]

Aún cuando el paradestinatario muchas veces no aparecen de manera explícita, aún cuando parece ausente, borrado o diluido, puede decirse que las operaciones de polémica y refuerzo se dirigen también a él, aunque sea de manera indirecta o poniendo en escena una batalla entre amigos y enemigos.

Como afirma García Negroni (1992), tanto la función polémica como la de refuerzo están en última instancia al servicio de la persuasión. En definitiva, se trata de un discurso panfletario, no sólo dirigido a polemizar con el adversario sino también a convencer al estudiantado de sumarse a las luchas nacionales y populares, y a construir un colectivo de identificación con los sectores peronistas.

Aparece aquí una figura positiva, a la que constantemente se elogia y a la que se le reconoce un carácter revolucionario, que es la clase obrera peronista. El FEN intenta incluirla en un colectivo de identificación, aunque es difícil hablar de un prodestinatario directo –ya que el discurso no se dirige específicamente al peronismo o a la clase obrera, ni los interpela–. No obstante, sí podemos considerar la presencia de una entidad positiva aunque aparezca de manera difusa o indirecta.

En tal sentido, si tenemos en cuenta el ámbito de producción y circulación del corpus que se analiza, podemos decir que el discurso del FEN, bajo la forma de panfletos, folletos o informes de situación, no estaba pensado para ser distribuido entre los obreros ni dentro del movimiento peronista, sino entre los estudiantes, dentro de la universidad, como una manera de generar una conciencia nacional y sumar voluntades políticas.

Dentro del campo del Otro positivo del discurso, toma cuerpo entonces esta figura que pertenece al mismo universo de creencias que el enunciador. Las operaciones de refuerzo y constitución del Nosotros inclusivo se puede realizar tanto a partir del elogio de las propias hazañas, para mostrar la propia fuerza, las propias ideas, los propios puntos de vista, como también a través de la crítica y la descalificación del adversario.

Desde el principio, incluso en los documentos de TAU, ya aparece “el proletariado” como “la única clase consecuentemente revolucionaria” y, por lo tanto, “la única capaz de iniciar, desarrollar y dirigir la lucha contra el imperialismo y sus aliados”.[77] Sin embargo, en esta etapa, el peronismo aún es visto negativamente: aparece como “expresión política del frente de clases burguesía-proletariado” y como responsable de “la enajenación de su conciencia de clase [del proletariado] en la ideología burguesa del peronismo”.[78] Es decir, TAU ve al peronismo como un obstáculo para el desarrollo de ese espíritu revolucionario de la clase obrera y para la evolución de su conciencia de clase. Sin embargo se valora los sectores radicalizados y combativos” dentro del movimiento, frente a “la dirección burocrática” del mismo[79].

En los documentos posteriores a la formación del FEN, por ejemplo en uno de 1967, se vuelve a destacar a “los peronistas combatientes encarcelados y torturados” como los elementos que permiten identificar a esa clase obrera combativa. Esta idea se encadena con la de “sumarnos” a la lucha de “la clase trabajadora argentina y su pueblo.” Así, el enunciador establece un colectivo de identificación con la clase obrera, conformando un Nosotros más amplio que incluye a todos los que forman parte de ese combate: “nos sentimos parte de las fuerzas antiimperialistas”.[80] Y más adelante nuevamente se recuerda a “todos los caídos” en la lucha como parte de esa clase trabajadora: “los compañeros caídos son trabajadores”, los “trabajadores y estudiantes argentinos” a quienes se equipara con el Che. La clase obrera aparece como “motor de la revolución” y quien “garantiza el triunfo del pueblo”. Pero es además centro y núcleo que convoca a los demás sectores: “intelectuales y sectores medios urbanos y rurales”, de manera que la clase obrera actuaría como colectivo de identificación de todos estos sectores.[81]

El “peronismo” no aparece interpelado directamente, pero sí se alude a él en forma explícita, y más particularmente a la “clase obrera peronista”, a la que se nombra y reconoce constantemente, y se intenta construir con ella un espacio discursivo propio, un Nosotros inclusivo. De alguna manera, se podría decir que se trata de un “prodestinatario encubierto”, al que se alude de manera indirecta pero que está presente todo el tiempo en el discurso, sobre todo mediante operaciones de elogio, reconocimiento, valorización.

Se menciona al otro positivo con nominalizaciones como: “los trabajadores peronistas”, “los sectores populares”, “los trabajadores”, “las mayorías populares”, “nuestro pueblo”, “la clase obrera” y “el pueblo-nación”, siempre refiriendo a aquel hacia el cual se va, hacia el cual se intenta sumarse, “peronizarse”, estar “junto a los que edifican realmente a la Nación”. Se equipara a ese “pueblo trabajador” con “la problemática nacional”[82] y se ve a “la clase trabajadora” como “columna vertebral del movimiento nacional”.[83]

De manera que el enunciador discursivo FEN se dirige a sus destinatarios positivos de manera indirecta (mediante la tercera persona) a través de algunos sintagmas nominales recurrentes, como por ejemplo la categoría de pueblo, que es una de las formas típicas de construcción de una entidad colectiva.

Enunciador y prodestinatario se irían conformando así como parte de una misma entidad, una especie de fusión con las demandas, deseos, dificultades, expectativas y tragedias del pueblo.

El pueblo aparece nombrado de manera recurrente: en el clásico slogan de la agrupación “Nada ni nadie podrá separar al movimiento estudiantil de la clase obrera y el pueblo”[84], o en formulaciones como “hoy es imposible desligar a los estudiantes del pueblo”, marchar “integrados en el proceso total del pueblo”[85], luchar por “el triunfo del pueblo”[86], acompañar las luchas de “las masas populares” y lograr “la estrecha unidad con el movimiento popular”[87], “rescatar el poder para el pueblo”[88], para que “el pueblo obtenga el goce pleno de sus derechos”[89], “la potencialidad de lucha de nuestro pueblo” y “las luchas populares desarrolladas por nuestro pueblo”[90], “con el pueblo en las calles” y “con el pueblo en los balcones”, y “los estudiantes como parte del pueblo”[91].

En otros fragmentos del discurso el enunciador inserta un colectivo de identificación mucho más amplio que hasta ahora, cuando habla de “nuestra Argentina”, de la cual forman parte “todos”, porque todos pueden aportar al “combate nacional”. Sin embargo, parece restringirse, porque en definitiva ese “todos” incluye aquí a “obreros, estudiantes y combatientes”, pero mas que nada al “estudiante”, porque lo que interesa resaltar es justamente que ese estudiante, como parte del colectivo, es el que debe sumarse a la lucha y, como dirá mas adelante, los estudiantes deben convertirse en “sujeto activo de la Liberación”[92].

Por otra parte, el “nosotros” se amplia para incluir también no solo la lucha estudiantil, no solo las luchas obreras, sino además las luchas del “Tercer Mundo” por “la liberación total del hombre”. Y se incluye hablando de “nuestra lucha”, “nuestras metas” junto a la del tercer mundo. La idea es ampliar el colectivo de identificación, de manera que la lucha del movimiento estudiantil se equipare y/o se integre a las luchas nacionales, latinoamericanas o del “cono sur” y del tercer mundo.[93]

La importancia de las operaciones propias del discurso epidíctico, en términos de Aristóteles, es decir, de aquel discurso que se dedica al enaltecimiento y la glorificación de las grandes hazañas (Aristóteles, 2005), tiene que ver con una revalorización de la clase obrera peronista que es parte esencial de la estrategia discursiva del FEN, en tránsito a insertarse en el movimiento de masas.

Otro de los mecanismos a partir de los cuales se intenta reforzar la adhesión es la recurrencia a las presuposiciones y la movilización de elementos preconstituidos, que tienen un efecto de evidencia incontestable, y que se relacionan a su vez, con el plano de lo no dicho o de lo implícito.

Según Ducrot (1986), los presupuestos no pueden ser negados ni cuestionados, porque se presenta como lo ya conocido, lo exterior y evidente, no plausible de ser refutado, e imponen un marco al discurso, que delimita el espacio de lo decible. En tal sentido, la presuposición se vincula con la noción de preconstituido de Michel Pêcheux (1975), en referencia a discursos ya dichos que dentro del cuerpo del enunciado generan un efecto de evidencia y confirmación que no deja lugar a dudas: lo ya sabido.

Algunos ejemplos del plano de la presuposición y evidencia son: “como lo han demostrado estos últimos años y especialmente a partir del año 66”[94], “no podría ser de otra forma”[95], “evidentemente no fue una revolución”[96], “hoy está claro que no hay normalización”[97], “es indudable”, “creemos que es evidente que los estudiantes no nos vamos a organizar sólo para lograr reivindicaciones propias”[98], etc.

Sobre todo el sentido de estos enunciados reside en la forma en que los objetos del discurso son mostrados: se muestran como conocidos, evidentes e indiscutibles, exponen los propios logros, quién es el adversario, cuáles son los peligros, cómo es la realidad. Principalmente las presuposiciones de existencia evocan y construyen discursivamente situaciones que se presentan como conocidas porque se trata de experiencias y sufrimientos compartidos tanto por el enunciador como por el destinatario, como por ejemplo alusiones a la persecución y la violencia del régimen, y a las formas de la lucha contra la dictadura: “nos golpea una evidencia: la patria y la cultura están en las calles”, “así lo vimos declamar a Onganía”, “ya vimos que las grandes luchas obreras y populares pueden desbordar los mecanismos de control que supone el sindicalismo participacionista”.[99].

La relevancia de la inclusión de estos presupuestos en el discurso radica en otorgar el marco dentro del cual el discurso elabora sus propios saberes y creencias compartidos, instalando ciertos objetos del discurso, dándoles existencia y presentándolos como algo ya sabido. Su función reside en construir y reforzar a un tiempo los valores y convicciones de ese Nosotros inclusivo: “conocido es que hasta el gobierno peronista la universidad correspondía a la imagen de una universidad oligárquica, elitista y cerrada”, “a partir de esta comprensión producto de la práctica el movimiento obrero deja de ser una abstracción”.[100]

La importancia del prodestinatario en el discurso del FEN se basa precisamente en la operación de intentar conformar un Nosotros en el que estén incluidos los obreros peronistas y los estudiantes, en el intento de insertarse en el dispositivo peronista. El prodestinatario remite, en última instancia, a Perón. Es a partir de la búsqueda de su aprobación que la estrategia del FEN será exitosa.

Por ejemplo, en alguno de los textos tardíos del FEN, ya entrados los años setenta, podemos visualizar una conceptualización de Perón como quien “resume e interpreta la conciencia de millones de argentinos”, “la conciencia histórica y colectiva de la Nación en su camino hacia la construcción del Socialismo Nacional”, y más adelante como “Conductor del Pueblo Argentino”[101]. Aparece también una cita textual de las palabras de Perón: “la necesidad de ir derrotando mediante batallas sucesivas a los enemigos de la Nación, en la forma indicada por el General Perón: ‘Lo primero que hay que hacer es liberar al país, pero primero de este flagelo que es el partido militar; después hay que librarlo del imperialismo, y recién después se podrá pensar en reconstruir lo que han destruido, y desarrollar al país mediante un plan bien articulado’”[102].

Si bien el discurso político es esencialmente polémico y toda configuración de una identidad colectiva se establece en relación a otro diferente e incluso antagónico, en particular el discurso populista se caracteriza por la oposición entre dos campos irreconciliables entre sí, una dicotomización radical de la comunidad política, entre el pueblo y los enemigos del pueblo. De manera que, en su intento de insertarse en la matriz discursiva peronista, el discurso del FEN no escapa a esa característica polarizante, la dicotomización de las fuerzas sociales. Según Pierre Zima (2005: 28), citado por Elvira Narvaja de Arnoux (2008: 34), es propio de la ideología este dualismo o dicotomía, “el antagonismo narrativo entre un sujeto y un anti-sujeto”, donde el sujeto tiende a considerar su discurso como el único posible, como verdadero, natural, etc., lo cual tiene que ver con cuestiones fundamentales referidas a la transformación de la sociedad, el carácter universal de ciertos valores y conceptos, la actitud de un sujeto que se convierte en agente de la liberación (Arnoux, 2008: 35). Pero como señala Pierre Ansart (1980: 67), la ideología “no sólo suministra polos de amor y de hostilidad sino que construye la coherencia de un sentido”. El autor resalta la importancia de la coherencia ideológica en la constitución de identidades, en tanto al adherir a una ideología se encuentran modelos identificatorios, se puede definir una posición y sus fundamentos, se toman ciertos valores como indiscutibles, etc.

El discurso del FEN configura su identidad construyendo la imagen de amigos y enemigos. En otras palabras, busca legitimar su palabra denunciando al enemigo, siempre presente, claramente identificado, constantemente descalificado y nunca interpelado directamente, con lo cual se le quita la posibilidad de respuesta, se lo expulsa del circuito discursivo. Hay por otra parte una figura positiva, indirecta, difusa, pero muy presente a través de operaciones de elogio y reconocimiento, con quien se intenta construir un nexo de identificación. Las operaciones de valoración y reafirmación de sus proezas y su experiencia de lucha sirven al enunciador para legitimar el proceso de ingreso al peronismo y ubicarse a su lado en el campo de disputa. Y por último, la figura de quienes permanecen flotantes, a quienes se intenta persuadir de sumarse a la propuesta del enunciador. Esta figura incluye tanto a quienes no tienen ningún tipo de participación dentro del movimiento estudiantil como a aquellos que por “error” o “inconciencia” están ubicados en las filas incorrectas, como también a las incipientes formas de lucha antiimperialista que están emergiendo en el espacio universitario. Las operaciones de persuasión consisten tanto en el elogio de estas últimas como en el exhorto a participar, y en la reprimenda a quienes aún permanecen “pasivos” e “inermes” ante la realidad. La puesta en escena de estas figuras da cuenta de la necesaria legitimación discursiva y simbólica del vínculo con el pueblo.


  1. “Sobre algunos problemas que se planean en la construcción de una Tendencia Estudiantil que lleve al seno del mismo la ideología del proletariado”, Documento de la Comisión Directiva saliente, TAU, Buenos Aires, 1965.
  2. “8 de octubre de 1967-17 de octubre de 1945”, FEN, Buenos Aires, 1967.
  3. “Che”, FEN, Córdoba, 1968.
  4. “El significado del 1º de mayo”, FEN-MIM, Córdoba, 1968.
  5. “A los compañeros estudiantes y al pueblo de Córdoba”, FEN, Córdoba, 1968
  6. “Por un 17 combativo…”, FEN, Buenos Aires, 1969.
  7. “En lucha…”, FEN-MEM (Mendoza)-Línea Nacional (San Juan)-Línea Antiimperialista Nacional (Mar del Plata)- Acción Socialista Nacional (Tucumán), 1970.
  8. “Ante el paro del 23. ¿Quiénes son? ¿Por qué? ¿Qué buscan? ¿Qué hacer? El legado peronista”. FEN, Buenos Aires, 1970.
  9. “La clase obrera argentina y el 1º de mayo”, FEN-MIM, Buenos Aires, sin fecha.
  10. “Por un 17 combativo…”, FEN, Buenos Aires, 1969.
  11. “¿Qué pasa? ¿Qué pasó? ¿Qué debemos hacer que pase?” FEN, Rosario, 1970.
  12. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  13. “Otro golpe presente y de nuevo el pueblo ausente”, FEN, Córdoba, 1970.
  14. “Programa de principios”, TAU, Buenos Aires, 1965.
  15. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  16. “Por un 17 combativo…”, FEN, Buenos Aires, 1969.
  17. “En lucha…”, FEN-MEM (Mendoza)-Línea Nacional (San Juan)-Línea Antiimperialista Nacional (Mar del Plata)-Acción Socialista Nacional (Tucumán), 1970.
  18. “En el cielo las estrellas”, FEN de Medicina, Córdoba, sin fecha.
  19. “Boletín de Sociología Nº 1. La carrera es nuestra, los concursos son ajenos”, FEN, sin fecha.
  20. “Otro golpe presente y de nuevo el pueblo ausente”, FEN, Córdoba, 1970.
  21. “Programa de principios”, TAU, Buenos Aires, 1965.
  22. “En lucha…”, FEN-MEM (Mendoza)-Línea Nacional (San Juan)-Línea Antiimperialista Nacional (Mar del Plata)-Acción Socialista Nacional (Tucumán), 1970.
  23. “Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”, FEN, Buenos Aires, 1972.
  24. “Los estudiantes y el 17 de octubre”, FEN, Córdoba, sin fecha.
  25. “En lucha…”, FEN-MEM (Mendoza)-Línea Nacional (San Juan)-Línea Antiimperialista Nacional (Mar del Plata)-Acción Socialista Nacional (Tucumán), 1970.
  26. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  27. “Ante el paro del 23…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  28. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  29. “Otro golpe presente y de nuevo el pueblo ausente”, FEN, Córdoba, 1970.
  30. “¿Qué pasa? ¿Qué pasó? ¿Qué debemos hacer que pase?, FEN, Rosario, 1970.
  31. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  32. “Programa de principios”, TAU, 1965.
  33. “Cuando la limosna es grande…”, FEN, Buenos Aires, 1972.
  34. “En el cielo las estrellas”, FEN de Medicina, Córdoba, sin fecha.
  35. “Otro golpe presente…”, FEN, Córdoba, 1970.
  36. “La clase obrera argentina y el 1º de mayo”, FEN-MIM, Buenos Aires, sin fecha.
  37. “Ante el paro del 23…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  38. “Otro golpe presente…”, FEN, Córdoba, 1970.
  39. “Homenaje a Felipe Vallese”, FEN, Buenos Aires, sin fecha.
  40. “La reforma, los estudiantes y las luchas populares”, FEN, Buenos Aires, 1968.
  41. “Habla Fidel acerca de la situación en Checoslovaquia”, FEN, 1968.
  42. “Programa de principios”, TAU, Buenos Aires, 1965.
  43. “Sobre algunos problemas…”, TAU, Buenos Aires, 1965.
  44. “Cambalache”, FEN, Buenos Aires, sin fecha.
  45. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  46. “La reforma, los estudiantes y las luchas populares”, FEN, Buenos Aires, 1968.
  47. “Programa de principios”, TAU, 1965.
  48. “La clase obrera argentina y el 1º de mayo”, FEN-MIM, Buenos Aires, sin fecha.
  49. “Sobre algunos problemas…”, TAU, Buenos Aires, 1965.
  50. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  51. “Che”, FEN, Córdoba, 1968.
  52. “Por un 17 combativo…”, FEN, Buenos Aires, 1969.
  53. “Por la prosecución de nuestras luchas junto a la clase obrera”, FEN-UNE-FURN, Buenos Aires, 1969.
  54. “Programa de Principios”, TAU, Buenos Aires, 1965.
  55. “Sobre algunos problemas…”, TAU, Buenos Aires, 1965.
  56. “8 de Octubre de 1967-17 de Octubre de 1945”, FEN, Buenos Aires, 1967.
  57. “Sobre algunos problemas…”, TAU, Buenos Aires, 1965.
  58. “Periódico del FEN. El movimiento estudiantil junto a los trabajadores por la liberación nacional” Nº 1, FEN, Buenos Aires, 1970.
  59. “A los compañeros estudiantes y al pueblo de Córdoba”, FEN, Córdoba, 1968.
  60. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  61. “El FEN junto al movimiento obrero en el paro del día 27”, FEN-MIM, Córdoba, 1969.
  62. “La reforma, los estudiantes y las luchas populares”, FEN, Buenos Aires, 1968
  63. “Por un 17 combativo…”, FEN, Buenos Aires, 1969.
  64. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  65. Desde 1955 el movimiento peronista viene desarrollando una guerra integral, FEN-JP, Buenos Aires, 1973.
  66. “Retorno incondicional de Perón a la patria y al poder”, FEN-OUP, 1973.
  67. Ibidem.
  68. “En el cielo las estrellas”, FEN de Medicina, Córdoba, sin fecha.
  69. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  70. “En lucha…”, FEN-MEM (Mendoza)-Línea Nacional (San Juan)-Línea Antiimperialista Nacional (Mar del Plata)-Acción Socialista Nacional (Tucumán), 1970.
  71. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  72. “Programa de principios”, TAU, 1965.
  73. “Los estudiantes y la ley de hidrocarburos”, FEN-Regional Córdoba, sin fecha.
  74. “A los compañeros estudiantes y al pueblo de Córdoba”, FEN, Córdoba, 1968.
  75. “En lucha…”, FEN-MEM (Mendoza)-Línea Nacional (San Juan)-Línea Antiimperialista Nacional (Mar del Plata)-Acción Socialista Nacional (Tucumán), 1970.
  76. Ibidem.
  77. “Programa de principios”, TAU, Buenos Aires, 1965.
  78. Ibidem.
  79. Ibidem.
  80. “8 de octubre de 1967-17 de octubre de 1945”, FEN, Buenos Aires, 1967.
  81. “Che”, FEN, Córdoba, 1968.
  82. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  83. “Retorno incondicional de Perón a la Patria y al Poder”, FEN-OUP, Buenos Aires, 1973.
  84. “8 de octubre de 1967-17 de octubre de 1945”, FEN, Buenos Aires, 1967.
  85. “En lucha…”, FEN-MEM (Mendoza)-Línea Nacional (San Juan)-Línea Antiimperialista Nacional (Mar del Plata)-Acción Socialista Nacional (Tucumán), 1970.
  86. “Che”, FEN, Córdoba, 1968.
  87. “La reforma, los estudiantes y las luchas populares”, FEN, Buenos Aires, 1968.
  88. “Por la prosecución de nuestras luchas…”, FEN-UNE-FURN, Buenos Aires, 1969.
  89. “Ante el paro del 23…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  90. “Otro golpe presente…”, FEN, Córdoba, 1970.
  91. ¿Qué pasa? ¿Qué pasó? ¿Qué debemos hacer que pase?”, FEN, Rosario, 1970.
  92. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  93. Ibidem.
  94. “El significado del 1º de mayo”, MIM-FEN, Córdoba, 1968.
  95. “La reforma, los estudiantes y las luchas populares”, FEN, Buenos Aires, 1968.
  96. “Por un 17 combativo…”, FEN, Buenos Aires, 1969.
  97. “En lucha…”, FEN-MEM (Mendoza)-Línea Nacional (San Juan)-Línea Antiimperialista Nacional (Mar del Plata)-Acción Socialista Nacional (Tucumán), 1970.
  98. “En el cielo las estrellas”, FEN de Medicina, Córdoba, sin fecha.
  99. “Periódico del FEN…”, FEN, Buenos Aires, 1970.
  100. Ibidem.
  101. “Retorno incondicional de Perón a la Patria y al Poder”, FEN-OUP, Buenos Aires, 1973.
  102. Ibidem.


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