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Transición cafetalera
en América Central

De haciendas a una mayor presencia productiva de pequeños y medianos productores

Eduardo Baumeister

Resumen

El café ocupa el primer lugar entre las exportaciones agropecuarias agregadas de América Central. El principal insumo del cultivo primario (antes del beneficiado agroindustrial) es la mano de obra, tanto en el cuidado del plantío, principalmente en el momento de la cosecha, y en las labores culturales del ciclo agrícola (limpiar, fertilizar, controlar sombra).

El propósito principal de este trabajo es mostrar los procesos de fortalecimiento de pequeños y medianos productores de café en las últimas décadas, dentro de explotaciones donde predomina el trabajo y la organización del proceso productivo por parte de los productores o sus familiares, que en momentos de fuerte demanda contratan temporalmente mano de obra. Se analizan las inserciones espaciales del cultivo de café, los desplazamientos campesinos, el trabajo temporal en el café, las migraciones internacionales y los cambios en la producción.

Luego, se analizan los casos de la producción de café en Honduras y Guatemala, a partir de los cuales se concluye que el dinamismo productivo de algunas regiones, y particularmente de estratos de pequeños y medianos productores de café, se vincula a las variables demográficas (expresadas a través de migraciones internas y externas), espaciales (existencia de fronteras internas a las pequeñas fincas y posibilidades de frontera agrícola, particularmente en tierras altas), los antecedentes laborales en la propia actividad cafetalera, y cambios en la demanda con mayores preferencias por cafés producidos a más altura.

1. Contexto general

El café ha sido el clásico producto de exportación de Centroamérica desde mediados del siglo XIX, y sigue ocupando el primer lugar entre las exportaciones agropecuarias agregadas de la región, a pesar de los efectos negativos de la roya y las fuertes oscilaciones de los precios. También es un importante generador de empleos temporales, lo cual supone intensas migraciones dentro de los países y hacia los países vecinos (fundamentalmente de nicaragüenses hacia Costa Rica, de indígenas panameños hacia Costa Rica y de guatemaltecos hacia México). Además, es considerado uno de los pilares centrales en la adaptación al cambio climático por su capacidad de mejorar agua y de constituirse en una de las fuentes principales de áreas de bosque, entre otros factores benéficos.[1]

El propósito principal de este trabajo es mostrar procesos de fortalecimiento de pequeños y medianos productores de café en las últimas décadas, englobables dentro explotaciones donde predomina el trabajo y la organización del proceso productivo por parte de los productores o sus familiares, que en momentos de fuerte demanda contratan temporalmente mano de obra.

El énfasis se establece sobre los casos de Guatemala y Honduras, los dos principales productores de la región, abarcando tanto situaciones donde siguen actuando grandes productores pero con menor peso productivo que en el pasado, como es el caso de Guatemala, cuanto situaciones donde los pequeños productores han aumentado su peso pero sin presencia de grandes productores, como es el caso de Honduras.

Los tipos de productores participantes en esta expansión de agricultores familiares reconocen dos grupos principales; en primer lugar, un estrato importante de productores de granos básicos con áreas adicionales que se fueron convirtiendo paulatinamente en cafetaleros, aunque los otros rubros siguen siendo fundamentales; y en segundo lugar, cuando el acceso a la tierra fue más amplio, por ser zonas “nuevas”, anteriormente marginales para otros cultivos comerciales, las áreas de café pueden ser de mayor escala, siempre partiendo de productores de granos básicos y de ganado en pequeña escala, diversificados hacia café.

El punto de partida clásico supone que en Guatemala y El Salvador se observaba un predominio marcado de la gran producción, con un perfil más intensivo en El Salvador y más extensivo en Guatemala. Desde los años de la Segunda Guerra Mundial hasta los años setenta del siglo pasado, El Salvador logró los rendimientos de café por unidad de superficie más alta del mundo.

Honduras era un productor marginal de café y no era considerado, prácticamente, como un país cafetalero; se lo caracterizaba por el peso de la gran plantación de enclave bananera.

Nicaragua tuvo una importancia menor en la actividad cafetalera, en comparación con Guatemala, El Salvador o Costa Rica; históricamente el café se organizó fundamentalmente en grandes haciendas, más en la región del Pacífico que en las montañas del centro y el norte, con bajos rendimientos por unidad de superficie. Luego de 1960 hasta la actualidad, el peso productivo se traslada hacia la región central del país, donde se observa un peso importante de pequeños y medianos productores, enfatizado como consecuencia de las reformas agrarias de los años ochenta y noventa del siglo pasado.

Costa Rica era la “excepción”, con una producción primaria sustentada en pequeños y medianos productores, muy especializados en el cultivo del café, en el ámbito del Valle Central, que luego de la Segunda Guerra Mundial, con una importante participación del Estado, lograron altos crecimientos en productividad.

En todos los casos, los procesos de beneficiado y comercialización externa han estado en manos de sectores más concentrados, muchas veces con presencia de empresas compradoras internacionales, con capacidad también de ofrecer créditos durante el ciclo anual al resto de la cadena del café (compradores intermediarios y productores).

En ese marco, a lo largo de las últimas décadas, tomando como punto de partida los años sesenta del siglo pasado se observan cambios que apuntan a una mayor presencia de pequeños y medianos productores.[2] Se pueden resumir como grandes factores asociados: i) acceso evolutivo hacia tierras nuevas, de frontera, que incluyen tierras altas no incorporadas anteriormente; ii) diversificación al interior de fincas anteriormente dedicadas exclusivamente a granos básicos ; iii) fomento estatal en la ampliación de la infraestructura de caminos que posibilitó luego la ampliación de las redes de comercialización y transporte a los lugares de procesamientos (beneficios) y a los puertos de exportación; iv) el conocimiento adquirido y la obtención de semillas por parte de trabajadores temporales del café que en sus lugares de origen desarrollaron el café; v) el apoyo de ingresos familiares obtenidos dentro de los países o como remesas internacionales.

1.1. Peculiaridades del café

El café, para tener resultados relativamente aceptables, requiere en América Central de condiciones muy específicas: una altura mínima con respecto el nivel del mar, lluvias abundantes durante el período entre mayo y fines de octubre, y luego requiere muy pocas lluvias para evitar que el grano se caiga y se pierda, y otras condiciones (calidad de suelos, niveles del viento, temperatura prevaleciente).

Es un cultivo permanente que requiere entre 3 y 4 años mínimo desde que se forman los almácigos hasta que se puede obtener la primera cosecha, que se eleva en los años posteriores. El insumo principal del cultivo primario (antes del beneficiado agroindustrial) es la mano de obra, tanto en el cuidado del plantío como principalmente en el momento de la cosecha, y en las labores culturales del ciclo agrícola (limpiar, fertilizar, controlar sombra).

Se estima en la actualidad que alrededor del 70% de los costos de producción están formados por los requerimientos de mano de obra (Icafe, s.f). Y los plantíos nuevos se pueden formar con los frutos recogidos en una cosecha anterior, lo cual hace que muchos pequeños productores se formaran a partir de trabajadores que cosechan el café y se quedan con algunas cantidades de los frutos recogidos, con los cuales posteriormente crearon su propia plantación de pequeñas parcelas.

Cabe la pregunta: ¿si la implantación del café tiene como principal insumo la fuerza de trabajo, por qué la expansión importante de los productores de tipo familiar, con la excepción de Costa Rica, se generalizó en los otros países recién en las últimas décadas?

En primer lugar, en las situaciones con predominio de haciendas se utilizaron distintas estrategias para controlar la fuerza de trabajo, muchas veces sustentadas en distintas formas de peonaje por deudas. Cesión de tierras dentro de las grandes fincas, bajo la forma de colonato, que garantizaba mano de obra permanente para las tareas regulares del cultivo; formas de peonaje por deudas, que a cambio de préstamos en dinero o adelanto de mercancías de consumo básico, obligaban a los trabajadores a realizar tareas en distintos momentos del ciclo productivo; o mecanismos de separación del control de las tierras (para sembrar café u otros rubros comerciales) que forzaban de hecho al trabajo asalariado como mecanismo de sobrevivencia.

En segundo lugar, la producción de café supone necesariamente la existencia de una red de comercialización relativamente cercana a los productores ubicados en zonas relativamente aisladas.

Hasta la Segunda Guerra Mundial todo esto suponía en muchas zonas contar con animales de carga capaces de trasladar hasta donde llegaba el ferrocarril, o posteriormente a redes de caminos donde circulaban camiones de carga. Cabe tener en cuenta que todo el paisaje de las zonas cafetaleras está formado por espacios de laderas, con pocas tierras planas cercanas, lo cual dificulta y encarece la movilización de la producción.

En América Central, vista en su conjunto, luego de 1960 se comienzan a generalizar caminos de todo tiempo que permiten “acercar” la comercialización a esas zonas cafetaleras más aisladas.

En tercer lugar, y es probablemente uno de los factores fundamentales, pasa por el hecho de que la producción de café presupone que durante 4 o 5 años, el productor nuevo tiene que esperar que “vegetativamente” la producción se desarrolle por ese tiempo. De este modo, tiene que ser un productor con tierra suficiente para generar su producción de granos y vender parte de su producción y/o trabajador asalariado, y contar también con algún área adicional para sembrar café.

Hay otros factores que han actuado en las modificaciones de las formas de producción del café, donde cabe mencionar las reformas agrarias de Nicaragua (1979-1990) y El Salvador (1980-1996), además de las acciones desarrollistas de agencias estatales con asistencia técnica, créditos y fundamentalmente ampliaciones y mantenimiento de las redes de caminos secundarios y terciarios.

2. Inserciones espaciales, desplazamientos campesinos y emergencia del café en pequeños productores

Los patrones históricos agrarios prevalecientes desplazaron de manera permanente a sectores campesinos-mestizos e indígenas de tierras planas de los valles más ubicados sobre la vertiente del Pacífico, o de las partes bajas e intermedias de las sierras de la región central, para empujarlos hacia dos direcciones: las tierras serranas más altas (zonas del occidente de Honduras o de departamentos como Huehuetenango en Guatemala), o hacia tierras más bajas: Izabal y Petén en el caso de Guatemala; zonas del norte y el oriente de Honduras; amplias zonas del antiguo departamento de Zelaya de Nicaragua, hoy llamadas Regiones Autónomas del Caribe Norte y Sur, y también en el departamento de Río San Juan, y hacia la Costa Atlántica en el caso de Costa Rica.

Las tierras planas o de pendientes poco pronunciadas de los valles se convirtieron primero a la actividad ganadera y posteriormente a rubros como la caña de azúcar y el algodón; las partes un poco más altas de esta vertiente Pacífica se convirtieron al café; mientras que en las tierras más altas se fueron ubicando paulatinamente granos básicos trabajados por sectores campesinos, en buena medida semiasalariados, vinculados a los cultivos de exportación (café, algodón, caña de azúcar).

El café se desarrolló en parte de la sierra, primero en áreas más ubicadas en la vertiente del Pacífico, como la Boca Costa de Guatemala, las cordilleras que atraviesan la parte de El Salvador (del occidente hasta el oriente del país), las sierras de Carazo, Granada y Managua en Nicaragua y el Valle Central de Costa Rica, muchas veces en áreas inferiores a los 1.200 metros. En algunos países, particularmente en El Salvador, incluyeron tierras más bajas, lo que dio lugar al llamado café de bajío, en la actualidad fuertemente golpeado por el cambio climático.

En ese contexto, el campesinado, como productor de granos básicos, fue paulatinamente desplazado hacia tierras más altas o a las tierras bajas que miran hacia el Caribe, mientras que un segmento se asentaba como “colonos” al interior de las haciendas cafetaleras o ganaderas. La formación de las haciendas dificultó mucho más la posibilidad de que el campesinado pudiera manejar recursos en varios pisos ecológicos distintos, limitando las actividades de recolección de frutos forestales diversos, miel, madera y la caza de animales o la pesca.[3]

2.1. La fuerza de trabajo temporal

En muchos de los casos, la mano de obra del período de las cosechas tenía que migrar desde lugares más lejanos hasta las haciendas. En el caso de Guatemala, desde tierras más altas del Altiplano a la zona serrana llamada Boca Costa. Se llegó a calificar a Guatemala como uno de los países con mayor proporción de movilidad temporal de mano de obra agrícola en el mundo (Paige, 1978).

El trabajo temporal en el café también ha tenido un componente de migraciones internacionales. La más antigua es la migración de trabajadores guatemaltecos al sur de México, fundamentalmente al estado de Chiapas (Castillo, 1992), más recientemente, desde los años noventa del siglo pasado, las importantes migraciones de nicaragüenses a los cortes de café en Costa Rica (Baumeister, Fernández & Acuña, 2008), y a zonas cafetaleras del Sur de Honduras (Mendoza, 2013). Estas experiencias laborales cafetaleras les permitieron, en algunos casos, convertirse posteriormente en pequeños productores.

2.2. Evolución de la producción del café en América Central

En la tabla 1 pueden observarse los cambios en la producción en los cinco países de Centroamérica. Lo más importante fue que Honduras pasó de la última posición en 1978 a la primera en la actualidad. En segundo lugar, se observa el declive salvadoreño que pasa de la segunda posición en 1978 a la última en el presente.[4]

Costa Rica, Guatemala y Nicaragua[5] han sufrido cambios menores en las posiciones en el ranking regional. Sin embargo, el volumen de café costarricense tiende a crecer a ritmos menores que en los otros países, producto de la fuerte reducción de áreas de café en zonas semiurbanas del Valle Central; esas tierras se han urbanizado y existe una mayor concentración de la producción en cafés de calidad.

Tabla 1. Producción de café (toneladas métricas) 1978-2012

1978 1990 2000 2012
Tone­ladas Ranking Tone­ladas Ranking Tone­ladas Ranking Tone­ladas Ranking
Costa Rica 98,549 3 151,100 2 161,395 3 125,086 3
El Salva­dor 158,490 2 147,200 3 114,087 4 89,489 5
Guate­mala 169,636 1 202,400 1 312,060 1 248,000 2
Hondu­ras 59,796 5 119,784 4 193,309 2 300,000 1
Nica­ragua 65,092 4 27,996 5 82,206 5 107,000 4

Fuente: FAOSTAT y cálculos propios del autor.

3. El caso del café en Honduras

Honduras es demostrativo de un proceso de expansión del café centrado fundamentalmente en pequeños productores tradicionales, provenientes de la siembra de granos básicos y de la ganadería en pequeña escala, que se fueron incorporando a la producción del café. Desde fines del siglo XIX la producción de café existió en zonas del occidente del país, pero era una producción bastante limitada. A lo largo de las últimas décadas, la proporción de cafetaleros fue creciendo, registrándose alrededor de 30% del total de productores del país con alguna actividad cafetalera (ver tabla 2). Se trata de la proporción más elevada de la región, superior a la de Guatemala, Nicaragua o El Salvador.

No existen datos posteriores a 1993 del número total de productores, ya que no hay ningún censo agropecuario reciente. Una visión aproximada, que combina datos de productores a partir del Censo de Población de 2014, con un total aproximado de 396.000 agricultores (sumando trabajadores por cuenta propia y empleadores agropecuarios) y cafetaleros registrados, nos arroja una proporción de 28% de cafetaleros dentro del total de agricultores, cercana a la estimación de los años noventa.[6]

En la tabla 2 puede verse el fuerte crecimiento del número de productores entre los años setenta y la actualidad, también que el área cultivada se multiplica prácticamente por tres, entre 1974 y 2011.

Tabla 2. Evolución del número de productores de café en Honduras (1965-2011)
Años Número de cafetaleros Porcentaje del total de productores Área de café (ha en miles) Área por productor
1965 49.806 27,9 81 1,6
1974 48.715 24,9 108 2,2
1993 95.238 30,0 151 1,6
2011-14 112.055 28,3 328 2,9

Fuente: censos agropecuarios 1965 a 1993, tomado de INE (Honduras); 2011, tomado de IHCAFE, áreas en producción tomadas de FAOSTAT.

3.1. Movilidad geográfica de productores cafetaleros

Una de las interrogantes centrales es tratar de entender las causas del fuerte dinamismo de productores y áreas en café en un país con un fuerte peso del minifundio y el latifundio. En 1993, cuando se levantó el último censo agropecuario, las explotaciones de menos de 10 hectáreas de extensión total representaban el 71% de todas las explotaciones y sumaban solo el 15% de la superficie en fincas.[7] Y precisamente las fincas con café que tenían en 1993 una extensión total inferior a 7 hectáreas sumaban el 44% de la superficie de café de ese año. Si a este segmento se le suman las fincas con una extensión total de hasta 35 hectáreas, se totalizaban alrededor del 80% de toda la superficie de café reportada por el Censo de 1993 (Baumeister et al., 1996).

En ese estrecho marco de acceso a la tierra, una de las estrategias de los agricultores que se transformaron en parte en cafetaleros fue buscar tierras aptas para el café en lugares distintos de los que residían habitualmente, ya sea realizando cambios de departamentos, de municipios dentro de un mismo departamento o cambios de comunidad aun dentro de los mismos municipios de residencia habitual.[8]

Para esto se cuenta con datos de una encuesta levantada en 1985, en el período de auge de la producción cafetalera en zonas de dos departamentos muy representativos de la producción de café como son Santa Bárbara y Comayagua, que juntos representan en la actualidad cerca del 30% del área total de café del país.

Tabla 3. Movilidad geográfica de productores de los departamentos de Santa Bárbara y Comayagua, hacia 1985
Área fincas (mzs) (1) Productores Comayagua y Santa Bárbara (2) Edad actual
promedio productores (3)
Tiempo vivir comunidad actual (años) (4) Porcentaje de migrantes (5)
0 a 2 293 36 18 50,0
2 a 5 250 47 26 44,7
5 a 10 210 48 26 45,8
10 a 20 163 49 35 28,6
20 a 50 139 49 35 28,6
50 y más 66 53 31 41,5
Total 1.121 45 27 41,0

Fuente: Seligson, M. y Nesman, E. (1989) y cálculos propios del autor.

(1) Tamaño de las fincas de productores agropecuarios expresadas en manzanas.
(2) Productores de la muestra en 1985 de los departamentos de Santa Bárbara y Comayagua.
(3) Edad promedio de los productores por estrato.
(4) Años de vivir en la comunidad actual de los productores por estrato.
(5) Proporción de productores que cambió de comunidad .

Los datos desagregados por tamaño de las fincas permiten afirmar que la proporción de productores que vive en una comunidad distinta a la de anterior residencia es mayor entre los pequeños productores menores de diez manzanas de extensión total, indicio de su búsqueda de áreas de tierra para cultivar café (ver tabla 3).

3.2. El caso de la zona de Marcala, en el departamento de La Paz

En la parte occidental de Honduras se ha desarrollado en varios municipios, encabezados por el municipio de Marcala, pero comprendiendo varios vecinos, una experiencia de certificar una denominación de origen de café. Es la primera que se realiza en Honduras y que ha contado con la cooperación de España. En el marco de estos municipios de muy elevada densidad poblacional, existe un amplio sector de pequeños productores, en la tabla 4 se presentan algunos datos que conectan con migraciones internas y con remesas del exterior.

En el municipio de Marcala, el 19% de los productores cafetaleros registrados por el Instituto Hondureño del Café (IHCAFE) nacieron en otro municipio del mismo departamento o en otro departamento del país.

A su vez, el 24% de los hogares del municipio reciben remesas del exterior, muy por encima de la media nacional; para el conjunto de los municipios se establece que el 26% de los productores cafetaleros actuales viven en un municipio o en un departamento diferente del que nacieron, y que el 20% de los hogares recibe remesas del exterior. Ambas variables estarían indicando estos vínculos con movilidades geográficas internas o externas de familias vinculadas a la actividad cafetalera en Honduras.[9]

Tabla 4. Honduras, zona de influencia de la denominación de origen del café Marcala, 2008-2012
Municipios Departa­mento Productores cafetaleros (1) Migrantes internos (2) Porcentaje migrantes internos (3) Porcentaje de hogares con remesas del exterior (4)
Marcala La Paz 1.235 235 19,0 24
Chinacla La Paz 405 150 37,0 30
San José La Paz 685 243 35,5 3
Santiago Puringla La Paz 1.207 174 14,4 13
Cabañas La Paz 130 52 40,0 12
Siguate­peque Comayagua 1.210 456 37,7 40
Jesús de Otoro Intibucá 1.166 276 23,7 10
TOTAL 6.038 1.586 26,3 20

Fuente: (1) IHCAFE, 2012; (2) productores donde el departamento o el municipio de nacimiento no coincide donde producen en la actualidad; (3) porcentaje de productores cafetaleros que son migrantes internos; (4) diagnóstico de línea de base de la denominación de Origen Marcala (2008) y FPCAL 2 para 2012.

4. Guatemala: cambios en el café y vínculos con migraciones internas y externas

Es importante analizar los cambios cafetaleros de Guatemala porque muestran cómo pueden darse modificaciones estructurales que, aunque parciales,[10] pueden variar los niveles de ingreso de pequeños productores y crear ciertas condiciones de capitalización de sus fincas, a partir de la convergencia de varias dimensiones sociales y económicas que actúan sin coordinación y particularmente sin mediar políticas públicas explícitas significativas favorables a esos cambios.[11]

Guatemala ha sido el lugar más típicamente ubicable dentro del molde del dualismo estructural llamado también dualismo institucional en la agricultura, en el sentido de que los grandes terratenientes se apropiaron de la tierra para los productos de agro-exportación, y el grueso de la población campesina e indígena ha tenido un acceso muy limitado a la tierra y necesitó trabajar en las fincas de los grandes productores.

Históricamente esto pasó por varias modalidades: desde el trabajo forzado en el período colonial, el colonato, basado en la sesión de una pequeña parcela de tierra dentro de la gran propiedad a cambio de trabajar en el área patronal, hasta las modalidades constituidas más recientes, mayoritariamente por trabajadores asalariados temporales totalmente ajenos a la finca patronal que realizan las tareas permanentes de los cultivos o se incorporan en los momentos de mayor demanda durante las cosechas.

En el caso particular de Guatemala y alrededor del cultivo del café, se desarrollaron dos modalidades de colonato: uno dentro de la propia finca, y otro en las llamadas “fincas de mozos”, que se ubicaban en zonas no cafetaleras donde se cedían tierras a colonos y se hacían adelantos en dinero, con el objetivo de que estos trabajadores se incorporaran durante la cosecha a las labores de la finca propiamente cafetalera.

La actividad cafetalera reflejaba esa estructura en el sentido de que pocas, pero muy grandes fincas ubicadas en la llamada Boca Costa (la franja de Sierra que se extiende de forma paralela a la Costa Pacífica de Guatemala entre la frontera con México y la frontera con El Salvador) controlaban el grueso de la producción del café desde fines del siglo XIX (Mcreery, 1983). Para 1979 se puede estimar que el 75% del área de café estaba en fincas de más de 64 manzanas de extensión.[12]

La relevancia del caso de Guatemala es aún más significativa que el de Honduras, porque en Guatemala se parte de una estructura cafetalera fuertemente concentrada en la producción del café, su procesamiento agroindustrial y su comercialización; mientras que en el caso hondureño, donde también se observa un avance importante de los pequeños y medianos productores, esto se da en el marco de una actividad cafetalera que nunca estuvo dominada por grandes fincas. Se trata de la convergencia de dos procesos básicos: i) cambios en los pesos regionales dentro de Guatemala, con más presencia de zonas anteriormente más marginales; ii) y cambios en la importancia de los distintos estratos de productores, con más presencia de pequeños productores.

Estos procesos tienen, a su vez, vínculos con cambios en el uso del suelo por parte de distintos estratos de agricultores, y la existencia de otras fuentes de ingresos para los pequeños agricultores, en parte motivadas por su reducción en el acceso a la tierra, donde se incluye también el rol de remesas familiares producto de migraciones internas e internacionales. Y todo esto no puede desvincularse de ciertas peculiaridades del café, que han agilizado estos cambios.

En su intervención en el Congreso Nacional del Café 2012, organizado por ANACFÉ, John Mellor (2012) resume la magnitud e implicaciones de estos recientes cambios guatemaltecos, señalando que

en el pasado las plantaciones de café estaban en partes más bajas, en grandes extensiones, y eran grandes productores los que gastaban sus ingresos incrementales en viajes o vehículos. Los pequeños productores sí gastan sus ingresos en las comunidades porque viven allí y requieren servicios de plomeros, conductores de buses, mecánicos y otros con los que se dinamiza la economía local y generan empleo para personas que no tienen tierra.

En términos de actores involucrados y procesos de cambio desarrollados, podemos distinguir (sin establecer una causalidad jerárquica) en primer lugar, los cambios en el mercado del café con la aparición de nuevas demandas hacia cafés con sabores que se logran en producciones de mayor altura que en el pasado.

En segundo lugar, pequeños y medianos productores anteriormente marginales, que pasan a dedicarse al café y disminuyen en parte la producción de los rubros de subsistencia (maíz y frijol).[13] Sin embargo, la apropiación de ingresos adicionales por las calidades de los cafés más demandados por el mercado internacional no necesariamente llegará a los pequeños productores que siguen vendiendo su café en cereza o en pergamino. Un grupo de cooperativas y asociaciones logra captar parte de esos mejores precios, derivados de la calidad del café; sin embargo, se estima que el 85% del café es exportado por los grandes exportadores y dentro del 15% restante se ubican algunas cooperativas o formas similares de asociación (Muñoz, 2010).

4.1 Ampliación del número de pequeños productores

La condición básica de estos productores es tener control seguro sobre la tierra donde cultivan estas pequeñas parcelas de café, porque este rubro es un cultivo permanente que requiere de más de 3 años de maduración desde que se preparan los almácigos de la planta hasta que se espera que la mata pueda dar frutos que se puedan vender. Estas tierras controladas por los pequeños productores tienen que estar a alturas cercanas a los 1.400 metros, además de la necesidad de otras condiciones de clima (lluvias y temperaturas) y calidad de los suelos.

Son pequeños productores, incluyendo tanto indígenas como ladinos mayoritariamente varones, ubicados en tierras altas, que en sus historias personales y de sus familias se han desempeñado como trabajadores, sobre todo temporales, en el café, lo que garantizó cierto conocimiento mínimo para emprender el cultivo de manera independiente.

Este avance numérico se está realizando desde hace décadas, por lo menos desde los años sesenta del siglo pasado, pero su peso productivo se ha observado más recientemente debido a la reducción paralela de un estrato importante de grandes productores en zonas más bajas de la Boca Costa. Reducción que se explica por sucesivas crisis del café ante la caída de precios o ataques de roya, así como por dificultades para administrar las fincas en un contexto de guerra interna, particularmente en los años setenta y ochenta del siglo pasado, cuando algunas fracciones de la guerrilla tuvieron alguna incidencia sobre fincas cafetaleras, principalmente en la zona conocida como la Costa Cuca, en zonas cafetaleras del departamento de Quetzaltenango.[14]

Tabla 5. Indicadores seleccionados sobre la producción del café en Guatemala (1950-2015)


Año
Productores 
cafetaleros
Áreade café (mzs) Rendimiento 
por manzana 
quintales/mz
% Pequeños 
productores
Porcentaje cafetaleros
Total de productores
1950 31.111 211.028 5,2 5,5 9
1964 65.491 292.404 6,2 Nd 16
1979 97.679 355.634 7,7 16,5 18
2003 171.334 362.194 9,9 37,7 21
2012-15

Nd

361.712

Nd

+50%

Nd

Fuente: censos agropecuarios y FAOSTAT. La estimación del peso de pequeños productores se basa en el peso en producción de las fincas cuya extensión total es inferior a 64 manzanas (45 hectáreas) que pueden encuadrarse como agricultores familiares; el estrato superior de los agricultores con menos de 64 manzanas; por ejemplo, el segmento que se extiende entre 32 y 64 manzanas de extensión total tiene una media de 9,8 manzanas de café, y esta media es inferior en el estrato inferior a las 32 manzanas de extensión total. La proporción de pequeños productores en 2015 es un cálculo basado en entrevistas realizadas entre julio y agosto de 2016 con informantes calificados muy vinculados a la actividad cafetalera que prefirieron el anonimato.

4.2. Cambios en la demanda internacional del café y de los tipos de café producidos por Guatemala

Los cambios en la demanda internacional han hecho valorar más los cafés de altura, que en parte se producen en zonas de pequeños productores que se benefician parcialmente de los mayores precios de estos cafés, aunque esto es relativo porque buena parte de la producción sigue vendiéndose en café cereza. En 1978-1979 el 30% del café exportado por Guatemala correspondía al tipo estrictamente duro, propio de las zonas más altas; y para 2014-2015, se estima que representa el 81% del café exportado;[15] descendiendo de manera marcada las categorías prima y extra prima, que provienen de alturas más bajas.[16]

4.3. Cambios en el peso de las regiones cafetaleras

En el momento final del período clásicamente exportador (1978), las regiones que abarcan geográficamente el área montañosa que se extiende como parte de la cadena de volcanes que recorren Guatemala de forma paralela al Océano Pacífico, entre los límites con El Salvador hasta la frontera con México, principalmente los departamentos de San Marcos, Quetzaltenango, Suchitepéquez, Guatemala y Santa Rosa, sumaban cerca del 87% de la producción del país. Para años más recientes su peso ha disminuido al 68% de la producción del país, pero con marcadas reducciones de zonas clásicas como San Marcos, Quetzaltenango, Suchitepequez y Escuintla, compensadas por el crecimiento de Santa Rosa, Jalapa y Jutiapa; estos dos últimos departamentos, más típicamente de pequeños productores, pasaron de representar en 1979 el 1,8% de la superficie nacional de café, al 5% del total nacional en 2003, según datos de los censos agropecuarios de ambos años.

A partir de los años ochenta se observan algunos cambios importantes. En primer lugar, y de mayor envergadura, fuertes oscilaciones de los precios del café en todas las décadas posteriores a 1980 hasta el presente; en segundo lugar, también los constantes ataques de roya que han disminuido marcadamente la producción, obligando en algunos casos al abandono de la actividad, o en otros a renovar cafetales e invertir en grandes cantidades de fungicidas para combatir la enfermedad.

Un tercer factor, sumamente relevante, pasa por el cambio del tipo de calidades de café producidas, lo cual está directamente relacionado con la altura de siembra. La demanda por las calidades de café estrictamente duras, que se cultivan por encima de los 1.300 metros sobre el nivel del mar, se ha incrementado en las últimas décadas por cambios en las preferencias de consumidores en los países del norte.

Estos problemas, sumados a los problemas de seguridad, han hecho que un segmento de las medianas y grandes explotaciones de las regiones más tradicionales se diversifiquen hacia otros rubros, con la consiguiente disminución de su producción de café, hacia rubros como hule, palma africana, cítricos.[17]

Tabla 6. Distribución de la producción de café por regiones (1978-2010) en porcentajes
Regiones 1978 2010
I. Quetzaltenango, San Marcos 34,5 8,5
II. Suchitepéquez, Retalhuleu, Sololá 17,4 9,7
III. Guatemala, Sacatepéquez, Chimaltenango, Escuintla, Progreso 19,5 18,9
IV. Santa Rosa, Jalapa, Jutiapa 15,5 30,9
V. Huehuetenango, Quiché 5,7 15,6
VI. Alta y Baja Verapaz 6,3 4,1
VII. Zacapa, Chiquimula 1,1 12,2
TOTAL 100,0 100,0

Fuentes: 1978, tomado de Guerra Borges, p. 270; 2010, en Gobierno de Guatemala, Análisis de la situación de la caficultura, impactos de la roya y variaciones de precios de mercado (2013). Ambas fuentes basadas en ANACAFE.

Disminuye, en consecuencia, el peso de algunas zonas tradicionales del occidente, y se observa un incremento de zonas de mayor altura, principalmente de Huehuetenango, y un fuerte crecimiento de zonas del oriente, particularmente de Zacapa y Chiquimula.

En síntesis, se dan cambios importantes en las bases geográficas del café con menor peso de zonas tradicionales y la emergencia de nuevas zonas de cultivo.

4.4. Procesos regionales dentro de Guatemala

En la actualidad, la producción de café de Huehuetenango representa cerca del 13% de la producción del país, de modo que ocupa el segundo lugar en términos del número de productores. En décadas pasadas su peso fue menor, para 1986-1987 se estimaba que generaba el 7% de la producción del país (USAID, 1988).

Entre los municipios importantes en la actividad cafetalera de pequeños productores se encuentran San Pedro Necta, La Libertad y La Democracia, todos del departamento de Huehuetenango, con una alta proporción de pequeños cafetaleros que coexisten con un sector de medianos y grandes productores. En estos tres municipios hay fincas comerciales conectadas a actividades turísticas que han ganado muchas veces los mejores premios en la Taza de Excelencia organizadas anualmente ANACAFE, y que generan posteriormente la subasta de cantidades reducidas de esos cafés ganadores, que son compradas por empresas internacionales para nichos de mercados exclusivos.[18]

En la tabla 7 puede apreciarse que las actividades cafetaleras están muy extendidas en los departamentos que presentan más dinamismo. Huehuetenango tiene un 33,6% de sus fincas con alguna dedicación al café, algo similar ocurre en Santa Rosa, Zacapa y Chiquimula; mientras que en los clásicos departamentos de San Marcos, Quetzaltenango, Suchitepéquez y el departamento de Guatemala, las proporciones son mucho más bajas.

Es decir, en los departamentos con más dinamismo en el incremento de la producción (Huehuetenango, Santa Rosa, Zacapa y Chiquimula) se observa una mayor generalización de la actividad cafetalera entre las fincas allí existentes. Para 1986-1987, los departamentos de Zacapa y Chiquimula generaban alrededor del 2% del café de Guatemala (USAID, 1988); a comienzos de los años 2000, según el Censo de 2003, representaban el 5,8% de la producción nacional; mientras que para períodos aún más recientes, suman cerca del 15% de la producción del país, indicios de su fuerte crecimiento relativo.[19] Lo contrario ocurre en los departamentos que presentan una retracción en su peso productivo cafetalero (típicamente, San Marcos, Quetzaltenango, Suchitepéquez y Guatemala).

Tabla 7. Guatemala, distribución de fincas y volumen de producción (1979-2003)
  Departa­mento % Fincas con café (2003) % Volumen producción dif. % 2003-1979
(1979) (2003)
San Marcos 18,5 24,0 15,7 -8,3
Quetzal­tenango 6,2 10,0 6,6 -3,4
Suchite­péquez 16,6 10,5 9,4 -1,0
Guatemala 14,7 5,9 5,6 -0,3
Santa Rosa 46,5 13,8 14,8 1,0
Chiquimula 26,7 0,2 3,1 2,9
Zacapa 31,9 1,1 2,7 1,6
Huehue­tenango 33,6 2,5 8,4 6,0
País 20,6 100 100 0,0

Fuente: Censos Agropecuarios 1979 y 2003.

4.5. Migración y remesas

Los datos disponibles muestran la confluencia de dinamismo en la producción de café en los municipios de Huehuetenango, Zacapa y Chiquimula con lugares donde también se observa una alta proporción de fincas con actividad cafetalera y presencia significativa de hogares con remesas. Esto sugiere que las remesas ─incluyendo los ingresos por el trabajo temporal en México─, como parte de los ingresos de las familias productoras, han contribuido al fortalecimiento de la actividad cafetalera en pequeña escala en estos municipios.

Tabla 8. Municipios de Huehuetenango, Zacapa y Chiquimula
Municipios Departamentos Porcentaje hogares remesas

Porcentaje productores con café (2003)

La Libertad Huehuetenango 33*

69,2

La Democracia Huehuetenango 60*

77,2

San Pedro Necta Huehuetenango ND

87,1

La Unión Zacapa Alto*

76,8

Esquipulas Chiquimula Alto*

56,1

Fuente: hogares con remesas, tomado de los PDM de SEGEPLAN, son datos de 2008. La imagen de remesas en La Unión y Zacapa, tomada también de los PDM de SEGEPLAN. Porcentaje productores con café, basado en el Censo 2003.

5. Consideraciones finales

La evidencia presentada para los casos de Honduras y Guatemala sugiere que el dinamismo productivo de algunas regiones, y particularmente de estratos de pequeños y medianos productores de café, se vincula con procesos de migraciones internas o externas que han posibilitado la obtención de tierras o la generación de recursos adicionales para fortalecer las capacidades productivas por parte de productores tradicionalmente sembradores de granos básicos, que mejoran algo sus ingresos y crean algún grado de capitalización en pequeña escala con la expansión de parcelas de café.[20]

Estas dinámicas hay que verlas como logros parciales en los procesos de fortalecimiento de pequeños productores, en este caso, mediante diferentes tipos de migraciones en búsqueda de tierras y recursos monetarios adicionales. Son parciales porque en la mayoría de los casos los productores no tienen control de la cadena de valor, ni dentro del país productor y mucho menos en el mercado internacional.

Observar estas dinámicas permite también tener una mirada diferente sobre las consecuencias de las migraciones de poblaciones rurales, muchas veces vistas como un fenómeno negativo que se vincularía a las situaciones de extrema vulnerabilidad que atraviesan muchos segmentos rurales. Sin embargo, esa otra cara de las migraciones puede considerarse como “positiva” en la medida en que logra mejorar, aunque sea parcialmente, las condiciones de los hogares y de las comunidades de origen.

Las migraciones también hay que verlas como instrumentos de acceso a otros mercados que los vínculos de los migrantes pueden alcanzar, tanto en los mercados internos como regionales o en países más lejanos. En definitiva, generalmente la forma de obtener mejores resultados económicos es acercarse lo más que se pueda al consumidor final del producto generado localmente.

Pensar que las rutas migratorias de personas hacia países del norte pueda ser una ruta de salida de mercancías que conecten comunidades de origen con residentes de esas comunidades en otros países puede ser uno de los grandes desafíos para potenciar productos como el café; solo pensar el diferencial de precios entre el productor de base y los precios del café en los supermercados o cafeterías de países del norte da lugar a ese amplio espacio de intermediación.

En este trabajo se ha insistido en el peso de algunas variables estructurales en la emergencia de pequeños cafetaleros en Guatemala y Honduras. Se sostiene el rol que pueden haber jugado los procesos migratorios rurales dentro de los países, las posibilidades de ocupar tierras que anteriormente no habían atraído la atención de medianos y grandes productores, o los cambios en las preferencias de los consumidores de los países del norte.

La emergencia de estos estratos de cafetaleros tiene que ver, en buena medida, con dos factores, por un lado, con el desplazamiento de productores de tierras intermedias o más bajas, por el avance de rubros como la ganadería, algodón o caña de azúcar, lo que los forzó a ubicarse en tierras más altas que no eran buscadas por otros rubros. A eso se une la ampliación de las redes de comercialización, en buena medida por la ampliación de las redes de caminos, para que estos pequeños y medianos productores puedan conectarse con intermediarios-compradores.

A lo anterior se suman, más recientemente, los cambios de preferencia de los consumidores más atraídos por café de calidad, generalmente provenientes de zonas muy altas, más altas que la expansión anterior del café.

Hay dos elementos adicionales que han jugado también un papel en estos procesos. En primer lugar, en el caso de Guatemala proyectos como PROZACHI, en el oriente, y CUCHUMATANES, en el departamento de Huehuetenango, apoyados por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), implementados con el Ministerio de Agricultura (MAGA) e iniciados a comienzos de los años noventa del siglo pasado, contribuyeron a la organización de productores que ya tenían alguna actividad cafetalera, lo que dio lugar a la formación de cooperativas; a la mejora de la información de los precios del café, lo cual permitió una mejor negociación entre los compradores tradicionales y los pequeños productores; y a apoyos a algunos procesos de renovación de cafetales. Todo esto limitado a los grupos específicos atendidos en las áreas de intervención de los proyectos.

En el caso de Honduras el rol del IHCAFE, como institución público-privada encargada de la ampliación de los caminos, ayudó a resolver el aislamiento de muchas zonas productoras y mejorar la organización local de los productores.

Sin embargo, parecería que las variables demográficas (expresadas a través de migraciones internas y externas), espaciales (existencia de fronteras internas a las pequeñas fincas y posibilidades de frontera agrícola, particularmente en tierras altas), y los antecedentes laborales de los protagonistas, en la propia actividad cafetalera, han jugado un rol central en estas expansiones de pequeños y medianos cafetaleros en Guatemala y Honduras, que se combinan con cambios en la demanda con mayores preferencias por cafés producidos a más altura.

Bibliografía

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Villalobos, R. (1 de septiembre de 2013), “Arturo Aguirre: Nuestro café es adictivo”, Prensa Libre. Disponible en línea: https://bit.ly/2AOjFMw.


  1. En El Salvador el café es prácticamente la única área de bosques existente.
  2. “Pequeños” comprende a productores donde la actividad permanente es desarrollada por el productor y su familia, que contrata mano de obra estacional fundamentalmente durante la cosecha, puede trabajar en América Central parcelas de café inferiores a un poco más de 3 hectáreas (5 manzanas según la unidad de medida en la región), suelen vivir en la misma parcela o en comunidades cercanas. Y “medianos” pueden trabajar cafetales hasta un máximo superior de 20 hectáreas de extensión, con mayor utilización de mano de obra contratada, pero con presencia cercana de la mano de obra familiar en la organización del trabajo, transporte de insumos y de la producción diaria del café en uva o pergamino o los centros de beneficiado.
  3. Cabe recordar que la milpa indígena tradicional, organizada alrededor del maíz y de otros cultivos ancestrales, como las calabazas, se complementaba con las posibilidades de recoger productos de áreas de bosques o de los ríos, que con la conformación de las grandes haciendas tuvieron un acceso mucho más reducido y penalizado.
  4. Con el actual proceso de roya del café iniciado en 2013 se ha profundizado la reducción de la producción de café de El Salvador (véase https://bit.ly/26DlhBL). De manera comparativa cabe tener en cuenta que la caficultura de El Salvador, por las propias limitaciones geográficas del país, tiene en la actualidad un número de productores de café inferior a la que alcanzaba a comienzos de los años sesenta del siglo pasado, pasando de 36.035 productores en 1958/61 a 17.281 en 2010, y sin crecimiento del área de café; algo muy distinto a lo ocurrido en Honduras, Guatemala o Nicaragua.
  5. Nicaragua muestra un fuerte crecimiento luego de 1990, debido a que en los ochenta del siglo pasado en el marco de la guerra interna se redujo fuertemente la producción de café.
  6. Datos del INE, Censo de Población de 2001 y de IHCAFE para 2011.
  7. Disponible en https://bit.ly/2ClU1i7.
  8. Cabe recordar que el área de café se triplicó entre 1974 y 2011, pasando de 108.000 hectáreas a 328.000, sin que existiera entre esos años ningún proceso de reforma agraria a favor de pequeños productores (véase cuadro 2). En otras palabras, es producto de un cambio en el uso del suelo, tanto de antiguas áreas de granos básicos como de áreas de monte y bosques que fueron transformadas en cafetales.
  9. Un caso muy interesante en el departamento de Comayagua, Honduras, se encuentra en la familia Velásquez (véase https://bit.ly/2FupToX). El señor Manuel Velásquez, actualmente con más de 70 años, un mediano productor dedicado anteriormente a la ganadería, se trasladó desde tierras más bajas del valle de Comayagua a una zona más elevada, donde comenzó la actividad cafetalera. Uno de sus hijos, Guillermo, fue becado para estudios de maestría en los Estados Unidos y posteriormente se quedó allí. En 2001, cuando bajaron los precios del café, se inició, al comienzo de manera casual, el transporte de café de la finca de Comayagua a los Estados Unidos, como café oro, y se procedió a tostarlo y empacarlo en Estados Unidos, así se creó una marca con el nombre de la familia. Eso permitió, paulatinamente, pagar precios al café de la finca muy superiores a los percibidos en Honduras, dado que el precio mayorista en Estados Unidos es muy superior al percibido en Honduras. De manera paralela, los miembros de la familia en Comayagua han desarrollado un proyecto de turismo rural que busca atraer también a personas de Estados Unidos; la familia cuenta con una página web donde promociona el café para su consumo en Estados Unidos y las posibilidades de que en la finca se desarrolle el turismo rural.
  10. Con parciales se quiere indicar que si bien los pequeños productores se incorporan a la producción del café, sin embargo, tienen un control limitado de la cadena nacional del producto, ya que venden una parte importante del café en “cereza” o en “pergamino”, sin completar el ciclo que termina con café “oro” o “verde”, preparado para la exportación. Los pequeños productores organizados y las cooperativas controlan solo el 15% de las exportaciones del café, que sigue concentrada en grandes empresas, en buena medida empresas trasnacionales (Muñoz, 2010).
  11. ANACAFE, la gremial cafetalera, ha promovido los cafés de altura porque tienen mejores precios que los convencionales, pero sin promover de manera explícita a los pequeños productores (Fischer y Victor, 2014), Aunque los vínculos con cooperativas y bancos, como el BANRURAL, institución anteriormente exclusivamente estatal, han fortalecido a algunos sectores de pequeños y medianos cafetaleros.
  12. Cálculos propios del autor, basados en el Censo Agropecuario de 1979.
  13. Entre 1950 y 1979, siguiendo a los censos agropecuarios, la parcela promedio de maíz osciló entre 1,9 y 2,1 manzanas por finca de maíz; en 2003 había descendido a 1,3 manzanas por finca; y obviamente este es el promedio de todo el país y de todas las fincas. Entre los campesinos del Altiplano, estas cifras han sido siempre inferiores.
  14. “En la década de 1970 y principios de los ochenta, hubo […] lucha sindical en algunas fincas al igual que procesos de lucha armada insurgente y de contrainsurgencia aguda” (Ordoñez, Loras, Ochoa, Loarca & Reyes, 2007, p. 155).
  15. Para 1986-1987, tomado de USAID, Evaluación del Café de Guatemala 1988, y para 2014-2015, estimado con datos de ANACAFE.
  16. Basado en https://bit.ly/2VSsBcF.
  17. Para los cambios en las preferencias de los consumidores de ingresos medios y altos de países del norte puede verse Roseberry (1996).
  18. La finca El Injerto, del municipio de La Libertad, ha ganado muchas veces el primer lugar en la Taza de Excelencia de ANACAFE; es una finca con alrededor de 300 manzanas de café (Villalobos, 2013).
  19. Son estimaciones que surgen de estadísticas de ANACAFE y del MAGA; en 2003 el Censo Agropecuario sumó 18.400 manzanas, y para la actualidad ANACAFE estima cerca de 25.000 manzanas; pero ANACAFE calcula para el café de estos dos departamentos un rendimiento más elevado que la media nacional, bajo el argumento de que son cafetales más recientes, según puede verse en https://bit.ly/2FzoUmu, consultado el 25 de julio de 2014.
  20. Es significativo que una muestra de productores en pequeña escala de café realizada recientemente en Guatemala indica que se autodefinen como cafetaleros solo el 24,4% de los cafetaleros entrevistados; el 51,2% se autodefinió como agricultor, y como empresario solo el 6,1% (Fischer & Victor, 2014).


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