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Elizabeth Fox

Elizabeth Fox[1] (Estados Unidos, 1947), nació en Nueva York, vivió en Bogotá entre 1968 y 1980, en Buenos Aires desde 1980 a 1984, en París entre 1984 y 1990 y en Washington DC desde 1990 a la actualidad. Estudió periodismo en la Universidad Javeriana de Bogotá, realizó una maestría en Comunicaciones en la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) y el doctorado en la American University (Estados Unidos), además ha sido nombrada Doctora Honoris Causa por la Pontificia Universidad Católica del Perú, institución académica a la que donó, hace más de 20 años, toda su biblioteca de autores/as latinoamericanos/as.

Sus inicios académicos se desarrollan en Colombia, donde trabajó junto con Luis Ramiro Beltrán como representante para América Latina de la División de Ciencias de la Información del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo, corporación pública creada por el Parlamento de Canadá que invertía en el conocimiento académico y científico a través del apoyo a investigadores/as para así mejorar la calidad de vida en sus diferentes aspectos. Durante este período, los principales temas de preocupación y producción académica de Fox giraron en torno a la influencia y la dominación cultural que ejercía su país de origen en América Latina, así como el análisis de la estructura de los medios y las Políticas Nacionales de Comunicación (PNC). Además, fue presidenta entre 1978 y 1980 de la Asociación Colombiana de Investigadores en Comunicación.

En 1980 deja Bogotá y se muda a Buenos Aires, donde continúa trabajando para el Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo hasta 1984. En esta década, en especial durante los primeros años, podemos ubicar un segundo momento en su trayectoria que se caracteriza por las desilusiones en torno a las PNC, la reflexión y elaboración de balances comunicacionales y el trabajo de inventario de producciones académicas mientras ejercería la vicepresidencia entre 1980 y 1984 de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC). Algunos de los escritos más representativos de este período son Comunicación y democracia en América Latina (1982), Medios de comunicación y política en América Latina (1989), y los artículos “Comunicación y sociedad civil. Una temática incipiente” (1982) y “La herencia del fracaso” (1989), entre otros.

En París trabajó como consultora para diferentes organizaciones. Podemos ubicar aquí una tercera etapa de su trayectoria, cuando se aleja paulatinamente del campo de la comunicación y medios –su último libro es de 2002 junto con Silvio Waisbord Latin politics, global media (Eds.).

Entre 1986 y 1987 trabajó para la Fundación Volkswagen bajo el programa Política de Comunicaciones en América Latina; entre 1987 y 1988 para la UNESCO y en 1988 para el Banco Mundial. Además, entre 1990 y 1991 se desempeñó en la cátedra UNESCO de Comunicación en la Universidad de Barcelona. Ya a partir de 1988 se vincula con el campo de la comunicación y la salud donde se ha desempeñado en los últimos 35 años. Trabajó, entre 1988 y 1995, en la Organización Panamericana de la Salud y posteriormente para la agencia estadounidense United States Agency for International Development (USAID)[2], en diferentes cargos y funciones. Entre 1996 y 2004 como Asesora Técnica Senior en Comunicaciones de Salud y Cambio de Comportamiento. De 2004 a 2011 como Subdirectora y entre 2011 y 2016 como Directora de la Oficina de Salud, Enfermedades Infecciosas y Nutrición. Y desde 2017 a 2019 como Coordinadora Adjunta de Supervivencia Materno Infantil. También fue vicepresidente entre 1996 y 2000 de la International Association por Media and Communication Research (IAMCR). Por último, entre 2007 y 2015 trabajó como profesora Adjunta de la materia “Comunicación, salud y desarrollo” en la American University en Washington DC.

Período colombiano

Durante el período colombiano Elizabeth Fox trabajó como especialista en comunicación junto con Luis Ramiro Beltrán para la División en Ciencias de la Información del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo. Los artículos producidos durante su paso por Bogotá se organizan en base al diagnóstico, preponderancia de datos y denuncia sobre la penetración de la información proveniente de Estados Unidos. También participó en la redacción de informes y documentos utilizados para las reuniones preparatorias y debates en torno a las Políticas Nacionales de Comunicación y el Nuevo Orden Mundial sobre la Información y las Comunicaciones (NOMIC). Además, colaboró como asesora externa en el proyecto RATELVE[3].

Algunas de las producciones más representativas en Colombia son “La televisión norteamericana en América Latina” (1974) –publicado en la revista Chasqui– donde desarrolla el estado de situación de la televisión en la región: las ganancias que se obtienen por la venta de programación enlatada, el rol desempeñado por las cadenas ABC, CBS, NBC y Time Inc. aportando capital y asistencia técnica, el negocio de la publicidad y la venta directa de programación, así como el desarrollo y los cambios suscitados en las operaciones comerciales. En “Políticas Nacionales de Comunicación en América Latina” se sintetizan los aspectos centrales de la reunión de expertos sobre las Políticas y la Planificación de la comunicación en América Latina, desarrollado en Bogotá en julio de 1974. Cabe aclarar que esta reunión –junto con otra desarrollada en Quito en 1975 sobre el intercambio de noticias– sirvió para la discusión del Seminario sobre Políticas Nacionales de Comunicación en América Latina realizado por Centro Internacional de Enseñanza Superior de Comunicación en América Latina (CIESPAL), el Centro de Estudios Democráticos para América Latina (CEDAL) y Fundación Friedrich Ebert en abril de 1975 en San José de Costa Rica, de cara a la Conferencia de San José de Costa Rica en 1976.

Junto con Luis Ramiro Beltrán publicaron el documento “La influencia de los Estados Unidos en la comunicación masiva en América Latina: desequilibrio en el flujo de información” (1976) para la reunión sobre Política Justa en el Intercambio Internacional de Información en Hawaii, informe a su vez solicitado por CIESPAL para ser utilizado en el seminario “La radio y la televisión” realizado en San José, Costa Rica, en abril de 1976, bajo el auspicio del CEDAL y CIESPAL. También publican en 1980 una versión abreviada del documento presentado en 1979 en el Simposio sobre la Función de la Radiodifusión Internacional, “Medios de comunicación de masas y dominación cultural”.

El común denominador de todos estos artículos –entre tantos otros publicados durante este período– es la búsqueda y explicitación de las dificultades para obtener datos, ya que son precisamente éstos los que acompañan y dan sustento a las denuncias en torno a la desigualdad en los flujos de información y la estructura de los medios. El valor pionero de estas investigaciones producidas desde América Latina es que permiten poner al descubierto la dominación económica y cultural de los Estados Unidos en la región:

Es difícil obtener datos no sesgados sobre el crecimiento de la industria de televisión norteamericana en el extranjero (Fox, 1974, p 56).
El documento básico para esta conferencia se preguntaba si existía alguna evidencia clara de penetración extranjera dentro del sistema de comunicación de un país. Parecía poner en tela de juicio el que necesariamente existiera un desequilibrio de comunicación entre los países desarrollados y los subdesarrollados (Fox de Cardona y Beltrán, 1976, p. 53).
En las páginas siguientes se examinarán algunos de estos indicadores con objeto de ilustrar brevemente la situación, haciendo hincapié en América Latina y en la radiodifusión (radio y televisión), en los casos en que los datos disponibles así lo permitan (Beltrán y Fox, 1980, p. 88).
Las comprobaciones empíricas justifican la insatisfacción de los países del tercer mundo con respecto a la situación internacional de la comunicación (Beltrán y Fox, 1980, p. 91).

Desde diferentes regiones –Colombia, Argentina, Brasil y México– las investigaciones pioneras de Elizabeth Fox, Margarita Graziano y Fátima Fernández buscaban y producían datos sobre la estructura de los medios para así sustentar sus denuncias e intervenciones. Las preocupaciones compartidas dan cuenta no sólo de una misma biblioteca teórica, sino también de las mismas ilusiones y posteriormente desilusiones en torno las PNC y NOMIC. Tanto Graziano como Fox publican artículos muy similares en 1974, la primera lo hace en la revista Comunicación y Cultura, la segunda en Chasqui, ambas buscan datos, denuncian y promueven discusiones. Por ejemplo:

Para ningún estudioso de la materia constituye una novedad la existencia de lazos económicos entre cada uno de los tres canales privados que operan en la Capital Federal y los grandes consorcios o cadenas norteamericanas de televisión, lazos que signaron desde su origen y por largo tiempo el desarrollo del medio en nuestro país. Con el objeto de vislumbrar las verdaderas implicancias de dicha relación trataremos de señalar algunos datos que contribuyan a la descripción de las cadenas ABC, CBS y NBA (Graziano, 1974, pp. 185-186).
Los principales intereses estadounidenses en la etapa de promoción de la TV en América Latina, estaban representados por las grandes cadenas de ese país: ABC, CBS, NBC y Time Inc. En este período se tomaron las decisiones cruciales sobre especificaciones técnicas, y estas decisiones determinaron posteriormente el origen de los equipos y de la programación de televisión (Fox, 1974, p. 56).

Las citas ineludibles a los trabajos de Armand Mattelart, Pasquali, Beltrán, Schenkel, Muraro, Kaplún, pero también el reconocimiento de Graziano (1997) a los trabajos pioneros de Fox dan cuenta de un período en el que las expectativas de cambios giraban alrededor de las iniciativas de la UNESCO en cuanto a las PNC.

El libro Comunicación dominada: Estados Unidos en los medios de América Latina publicado en 1980 junto a Beltrán viene a cerrar esta primera etapa. Fox deja Colombia rumbo a Buenos Aires y concluye uno de sus últimos escritos en el que aún predomina el análisis desde la dominación, al que definen como “un proceso verificable de influencia social por el cual una nación impone sobre otros países su conjunto de creencias, valores, conocimientos y normas de comportamiento, así como su estilo general de vida” (p. 20). El libro, precisamente, recoge “una gran parte de la información resultante de la verificación sistemática del fenómeno de las comunicaciones en América Latina y su relación con Estados Unidos” (p. 21). Fox y Berltrán pasan revista a una masa de investigaciones realizadas hasta entonces en la región, que prueban el grado de concentración de la industria (radiofónica, televisiva, publicitaria, de la prensa), la penetración del capital estadounidense en las corporaciones locales y la falsedad de la tesis sobre el free flow (libre flujo) informativo que apenas disimula la difusión unilateral por parte del imperialismo. Asimismo, en el último capítulo, consignan la necesidad de pensar alternativas de políticas comunicacionales.

Desencantos y balances

El desencanto posterior por los proyectos truncos de las PNC se explica por el papel que jugaron los gobiernos de la región ante las recomendaciones expresadas por ellos mismos en la reunión de San José de Costa Rica, que sólo quedaron plasmadas como una buena intención declaratoria sin anclaje ni transformación real en un continente que, en gran parte, estaba siendo gobernado por dictaduras militares. Así lo sintetiza Luis Gonzaga Motta seis años después de la declaración:

La propuesta de políticas nacionales de comunicación, que en su inicio pareció a los sectores progresistas un camino conveniente para recorrer, debe ahora rediscutirse a la luz de las experiencias recientes y revisada como alternativa para la democratización de la comunicación. Los profesionales teóricos y prácticos de la comunicación del continente (profesores, investigadores, periodistas, educadores, etc.) deben reformular sus propias posiciones de la década pasada y reorientar sus actitudes y luchas partiendo de las experiencias concretas (1982, pp. 14-15).

En sintonía con esos y otros desencantos, la introducción del libro Comunicación y democracia en América Latina (1982), escrita junto con Héctor Schmucler –producto de la reunión del grupo sobre comunicación de CLACSO– presenta un balance crítico hacia los estudios en comunicación la década pasada: “la teoría de la dependencia –que aportó datos hasta entonces poco considerados– se volvió un esquema rígido y definitorio […] la responsabilidad absoluta adjudicada al enemigo exterior, eclipsó reiteradamente el análisis de las fuerzas” (p. 18). Y proponen otras preguntas y nuevos paradigmas, “la historia exige el afinamiento, y muchas veces el reemplazo, de los conceptos desde donde se piensa la manera de rediseñar la sociedad […] resulta poco provechoso pensar en teorías de la comunicación sin aludir a las prácticas sociales que condicionan las formas comunicativas” (p. 15). En relación con ello plantean el interés por los estudios en recepción:

No siempre se destacó con suficiente fuerza el carácter contradictorio de los fenómenos de comunicación. Se repitieron muchas veces las historias de los medios de comunicación, y se los interpretó teniendo en cuenta el manejo que de los mismo realizan los sectores dominantes de las sociedades locales o los países centrales en el espacio internacional. Pocos entusiasmos se volcaron al análisis del otro polo: el de los dominados. En la consagrada dicotomía emisor-receptor, la preocupación de los estudiosos se dirigió generalmente hacia el primer término (Fox y Schmucler, 1982, p.12).

En la misma dirección es que cuestionan el lugar del poder con mayúsculas y proponen reflexionar en términos del poder multisituado: “el poder como núcleo monolítico y único que establece su dominio sobre el conjunto de la sociedad, hoy tiende a ser reemplazado […] surgen interrogantes no frecuentes sobre el concepto de hegemonía” (p. 15).

En el mismo sentido, el artículo “Comunicación y sociedad civil. Una temática incipiente” (1982) oficia de balance y proyección. Fox se pregunta por qué estudiar las comunicaciones desde la perspectiva de la sociedad civil, y la respuesta la sitúa en el contexto de la región sometida a regímenes autoritarios, “la supresión o eliminación de muchas de las formas más tradicionales de comunicación es la norma dentro de los países de la región, con pocas excepciones. Vale entonces la pregunta: ¿qué procesos de comunicación continúan entre los miembros de la sociedad?, ¿cómo éstos reciben, envían y procesan información, y con cuáles consecuencias para el tejido social?” (p. 1).

También durante los primeros años de la década de los 80 Fox ejerció la vicepresidencia de ALAIC –la presidencia estuvo a cargo de Patricia Anzola–, en un momento complejo para la asociación ya que ésta había surgido en 1978 con el objetivo de dar “una mayor representatividad institucional de la región frente a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y a la Asociación Internacional de Estudios en Comunicación Social (Aiecs)” (Krohling, 2004, p. 1), pero el nuevo contexto político latinoamericano, el debilitamiento de la UNESCO y elel retiro de fondos llevó a un aislamiento de ALAIC, aunque se mantuvo viva, de modo más informal” (Martin y Vicentini, 2004, p. 265).

Entre las diferentes iniciativas desarrolladas en la asociación, Fox junto con Luis Ramiro Beltrán, Luis Peirano y Patricia Anzola trabajaron en un proyecto de inventario de las producciones académicas de comunicación en Argentina, Brasil, Colombia, Chile y Perú, recibiendo el apoyo económico del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo de Canadá.

En los balances y memorias de los inicios del campo comunicacional Fox es recordada por su labor en la difusión y publicación académica. Heriberto Muraro destaca “la gran tarea de difusión de nuestros trabajos que realizara nuestra querida “gringa”, Elizabeth Fox” (2018, p. 152), Luis Peirano menciona el apoyo de Fox a “la publicación de los primeros balances de la investigación en América Latina” (2018, p. 179), y Beltrán resalta la tarea sobresaliente de Fox “mi compañera de trabajo e ideales” (2014. p. 94) en la construcción teórica de las PNC.

La televisión norteamericana en América Latina (1974)

Reproducimos un fragmento del informe.

Las ganancias netas provenientes de la venta de programación enlatada y otros servicios de televisión de los Estados Unidos, han aumentado de 15 millones de dólares a cien millones de 1970. Diversas fuentes norteamericanas estiman que las ventas de programas para Latinoamérica en 1970 fueron de 22 millones de dólares; mientras que otros aseguran que, como región, América Latina gasta más de 80 millones en la importación de programas.
Los más importantes intereses norteamericanos en la etapa de promoción de la televisión en Latinoamérica fueron las cadenas ABC, CBS y NBC y posteriormente inició su penetración Time Inc. El papel inicial de estas cadenas fue la asistencia técnica; luego venía la inversión de capital, pues era importante poner el canal a funcionar antes que invertir fuertemente en sus negocios.
La influencia mayor de los Estados Unidos se encuentra en la publicidad y la venta directa de su programación. La “Motion Picture Export Association of America” (MPEAA), es el mayor exportador de la programación norteamericana. Los miembros de esta asociación son: Allied Artist Television Corporation, Avco Embassy, MCA Television, Metro Goldwyn Mayer TV, Paramount TV Entreprises, Inc., Screen Gems International, Twentieth Century Fox, United Artists Television y Warner Brothers Television. Esta asociación cuenta con el 80-89% de la exportación de programas. El otro 10-20%, a nivel mundial, corresponde a las siguientes empresas: Viacom, National Telefilm Associates Inc., y la Independent Television (ITC), que es una corporación inglesa.
El proceso para la venta de programación en los mercados internacionales es el siguiente: por ejemplo, la MCA Televisión, uno de los productores más grandes en la televisión norteamericana, produce un programa. La idea para este programa puede venir de un miembro de la MCA o de un agente independiente. Antes de producir, la MCA discute el programa con uno, dos o todos los miembros de las grandes cadenas. Es necesario discutirlo con estas cadenas antes de invertir en su producción, debido al hecho que ya no es factible producir para especular en el mercado, dado el monopolio que actualmente existe. Después de estas discusiones, hay un arreglo tentativo y se produce un programa piloto. Esto se llama un contrato de desarrollo.
El costo promedio de un programa de esta naturaleza es de un millón de dólares y sobre la producción de éste, la cadena llega a una decisión y firma un contrato por 13, 23 o 32 episodios del programa, ya que un mayor número de episodios hace que los costos de producción bajen.
Aunque el mercado principal para la programación es dentro de los Estados Unidos, representantes de las estaciones latinoamericanas vienen a la presentación de los programas pilotos y se promueve la venta del programa a través de los agentes de la casa productora en los países de América Latina. MCA tiene el liderazgo en este tipo de ventas y debe señalarse que del 50 al 60% del mercado latinoamericano está controlado por esta asociación.
Los países compradores de programación extranjera han discutido la alternativa de formar un bloque que negociara para ellos, directamente, con los vendedores de los programas. Este procedimiento lograría bajar los costos de la programación; pero la MPEAA recientemente se ha pronunciado en contra de este sistema, negando vender a un monopolio de países o estaciones de televisión. No obstante, ante las presiones de la MPEAA, algunos Estados han formado monopolios de compradores a nivel nacional. Este es el caso de México, donde debido a la influencia de los sindicatos de escritores, actores, técnicos y productores, las demandas para un mayor contenido nacional en las programaciones se han tomado en cuenta. TELESISTEMAS mexicanos constituye actualmente un monopolio de compras que está bajando los precios de la programación extranjera que entra al país.
Aunque la MPEAA se ha pronunciado en contra de cualquier formación monopolística a nivel internacional o nacional, ella misma constituye un monopolio de vendedores norteamericanos.
A pesar de las diferencias culturales, la mayor parte del doblaje de la televisión norteamericana se hace en México. Originalmente los programas se doblaron en Puerto Rico, pero su acento no era adecuado para el mercado latinoamericano. El costo promedio de media hora de doblaje es de ochocientos cincuenta dólares (Pp. 53-55).
La reglamentación sobre salida de divisas en cada país representa un gran obstáculo para los vendedores de programación en América Latina. Los productores norteamericanos se han visto en la necesidad de utilizar variados métodos para sacar divisas provenientes de sus ventas. Estos métodos incluyen el uso de bancos suizos, y la transferencia de fondos a través de crédito para el doblaje. En los casos en que las cadenas tienen una inversión directa en el canal, la transferencia de fondos se simplifica a través del manejo interno de las finanzas.
La venta de la programación norteamericana sigue cierto ritual. Cada año, generalmente en marzo, los principales estudios de Hollywood hacen presentaciones. Los representantes extranjeros de las distintas estaciones verán los pilotos de las nuevas series en proyecto. Harán sugerencias, discutirán los pilotos, dirán cuáles son sus preferencias e intereses, y mencionarán la clase de problemas que podrían presentarse en sus países con respecto a los mismos […].
A pesar de que el mercado latinoamericano es competitivo, surgen constantes problemas causados por sus economías inflacionarias. Por esta razón, la mayoría de los contratos con la programación de la televisión norteamericana tiene cláusulas para ajustes debido a la inflación y la devaluación de la moneda. Los mercados en la Argentina y en Chile han estado especialmente afectados por la inflación.
Por ésta, además de otras razones políticas, muchos países de Latinoamérica no se consideran lugar para inversiones seguras. Sólo tres: México, Brasil y Venezuela, se consideran adecuados para inversiones en los medios, debido a sus condiciones político-económicas estables y a la existencia de recursos artísticos y técnicos. Colombia no se considera lugar para una buena inversión porque no tiene ni el talento artístico requerido, ni los conocimientos técnicos suficientes (Pp. 65-66).

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  1. Agradecemos a Elizabeth Fox por responder nuestros correos electrónicos brindando información y aportando datos que han sido de suma utilidad para reconstruir brevemente su biografía. También agradecemos a Guillermo Mastrini y Silvio Waisbord por hacer de puentes con la autora.
  2. En una entrevista a Beltrán sobre la historia de la comunicación para el desarrollo, explica: “en años ochenta y noventa, algunos organismos internacionales se esmeraron en apoyar especialmente al Programa Nacional de Comunicación para la Salud y la Nutrición del Pueblo, las bases del desarrollo. El Unicef y la USAID hicieron considerables aportes en este sentido y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se esforzó en ayudar a los ministerios de salud para que, dándole prioridad a la atención primaria de la salud y a la educación del pueblo sobre los principales problemas sanitarios, se empeñaran en afianzar la meta de ´Salud para Todos en el Año 2000´” (2011, p. 172).
  3. “El Comité de Radio y Televisión se encargó de elaborar un informe sobre la producción cultural masiva. Desde su posición como director del Comité, Pasquali estableció diálogos con una diversidad de referentes del campo cultural, político e intelectual que, entre noviembre de 1974 y mayo de 1975, se reunieron en 28 sesiones de trabajo para formular la política de radiodifusión del Estado venezolano. El Informe Ratelve fue finalizado en mayo de 1975, y posteriormente la librería y editorial SUMA lo publicó en formato libro en 1977 con el título Proyecto RATELVE” (Sánchez Narvarte, 2020, p. 5).


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