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Introducción

§ 1

En 1994, dos artistas soviéticos emigrados a los Estados Unidos se embarcaron en una monumental investigación, con el objetivo de descubrir cuál sería la “Most Wanted Painting” (la “Pintura Más Buscada”) de diversas culturas, a lo largo y ancho del mundo. Presentando un mismo cuestionario puerta a puerta a miles de personas encuestadas[1] en catorce países (tan disímiles como Kenya, Islandia, Ucrania y los Estados Unidos), Komar y Melamid obtendrían un detalle de las principales características de lo que la población promedio entiende por pintura, tales como color, tamaño, tema, personajes, estilo, objetivo, entre muchos otros. A partir de estos lineamientos, la dupla creativa llevó a cabo, una por una, todas las “pinturas favoritas” nacionales, haciendo lo posible –no sin aplicar algo de ironía– por incluir tantos elementos “preferidos” como fuera posible. Paralelamente, realizaron –a partir de las opciones menos elegidas de cada ítem en la encuesta– la “Least Wanted Painting” (la “Pintura Menos Buscada”) para cada uno de los países.

Los resultados de este proyecto son quizás cómicos, quizás trágicos, pero ciertamente no sorprendentes. La “Most Wanted Painting” de la gran mayoría de los países estudiados es prácticamente idéntica, y en todos los casos remite sospechosamente al arte romántico del siglo diecinueve: un paisaje que invariablemente incluye lagos, montañas y algún animal salvaje; en algunos casos acompañado de personas anónimas o de algún tipo de referencia histórica[2]. La “Least Wanted Painting”, por el contrario, es abstracta, de formato pequeño y está poblada de formas geométricas, ángulos pronunciados y colores inquietantes.

Tampoco sería sorprendente descubrir, si saliéramos a la búsqueda del motivo por el cual personas provenientes de culturas tan diferentes tienen una misma idea abstracta del arte, que la pesquisa probablemente nos llevaría a alguna reproducción de calendario colgada en la cocina de cada una de esas casas: es a través de ella que las personas “que no saben mucho de arte pero saben lo que quieren”[3] han elaborado su concepto de pintura –y ello, desde Kenya hasta Alaska–.

Las derivaciones del trabajo de estos dos artistas, que Danto no duda en llamar “maestros posthistóricos”, son innumerables y sumamente ricas, dando lugar a numerosas respuestas, e infinitas preguntas más. ¿Por qué la pintura resultante de la encuesta no tiene ninguna relación con el estilo artístico que en ella se afirmó preferir? ¿Por qué, frente a un arte que se irradia cada vez en más direcciones, la brecha que lo separa de este concepto popular de arte es cada vez mayor? ¿Qué es lo que piensan estas personas cuando se detienen ante una instalación contemporánea? ¿Qué creen que debe pensar? ¿Colgarían ellos la “Pintura Más Buscada” en el living de su casa? ¿Por qué aquella reproducción de calendario siempre tendrá un paisaje con lagos y montañas (y un 44% de azul)?

Fueron este tipo de ejercicios intelectuales –tan frecuentes en la obra de Danto– y los toques por momentos extravagantes de sus textos (casi tan extravagantes como una pintura con Washington, dos ciervos y una familia tipo), los que me sedujeron inicialmente de este autor. Fueron también, y sobre todo, aquellos personajes que salen y entran de sus escritos: como Jones, que se detiene a fumar un cigarrillo mientras siembra rosas[4], o aquel curioso que tras arrojar unas cuantas pinturas en una centrifugadora “para ver qué sucedía” obtuvo como resultado una reproducción exacta de “El Jinete Polaco” de Rembrandt[5], o ese padre esperanzado que pondría ante su hijo una corbata y una caja de acuarelas, con la ilusión de hacerse millonario como Picasso[6]. Todo ello me impulsó a estudiar más sistemáticamente a Arthur Danto, aun si su obra parecía, a primera vista, haberse alejado de la rama filosófica a la que me dedico –la filosofía de la historia– para volcarse a la teoría y la crítica de arte. Claro que el camino recorrido nunca es en vano y –así como sus escritos siguieron despertando mi inquietud aún en los momentos en que sus personajes daban lugar a las más complejas y escabrosas disquisiciones– Danto también siguió cultivando la disciplina a la que había dedicado sus años más tempranos, aun si desde otra rama filosófica. Esos personajes, esas disquisiciones, y ese modo de combinar filosofía de la historia con filosofía del arte (con resultados fructíferos para ambas), fue lo que me impulsó finalmente a dedicar a él el presente trabajo.

A la vez, soy consciente de que he elegido trabajar un autor complejo, no sólo por su estilo de escritura por momentos oscuro, ni por la amplísima gama de temas que ha abordado, sino sobre todo porque su teoría no es monolítica, ni ha visto transcurrir los años sin modificaciones. Estas transformaciones que Danto ha vivido a lo largo de su obra –transformaciones que, por otra parte, él nunca ha intentado ocultar[7]– le confieren, desde mi punto de vista, un interés aún mayor, y ciertamente no restan relevancia a sus trabajos más tempranos, que aún hoy siguen despertando críticas y alabanzas. Danto ha encarado la desafiante tarea de combinar –con mayor o menor éxito, según sus críticos– posiciones que suelen ser vistas como inconciliables: paradigmáticamente, la unión de esencialismo e historicismo, a la que me referiré (aún si brevemente) más adelante en este trabajo. Es este enfoque atípico de la filosofía, así como el abordaje de varias de sus ramas, y su combinación de trabajos estrictamente teóricos, con otros en los que aplica su teoría a la crítica artística, lo que hace finalmente de este autor una fuente casi inagotable de recursos para quien ha elegido trabajar en nuestra disciplina. Considero que las herramientas que ha elaborado Danto a lo largo de su obra son numerosísimas y extremadamente ricas, y tienen un alcance que probablemente no estemos aún en condiciones de comprender del todo.

§ 2

Es por este motivo que he optado por ir más allá del análisis puntual de un determinado concepto o argumento en el interior de la obra de Danto. Esa tarea ya ha sido hecha gran cantidad de veces, por parte de diversos autores, y ha dado sus buenos frutos[8]. Creo que, en paralelo a aquel ejercicio, lo que resta por hacer es indagar en las derivaciones menos explícitas de las categorías que nos propone este filósofo, y sus posibles aplicaciones en ámbitos de la filosofía diferentes de los que originalmente trabaja el autor. Él mismo ha hecho este ejercicio con algunas de sus nociones fundamentales: es el caso, por ejemplo, de su concepto de “indiscernibles”, que ha tenido fundamental incidencia tanto en su filosofía de la historia, como en su teoría de las acciones básicas, y por supuesto en la teoría del arte a la que dedicó las últimas décadas de su carrera.

En particular, el análisis que Danto ofrece del arte actual y lo que denomina “posthistoria”, puede proveer a quien quiera utilizarlas de numerosas categorías para el estudio de la realidad contemporánea, más allá de lo que respecta específicamente a la esfera del arte. Una de ellas, la de pluralismo, me ha resultado particularmente interesante, y relevante para el terreno en el que se han movido mis investigaciones en filosofía de la historia: el surgimiento de nuevas minorías, y su inserción en las narrativas historiográficas como constitutivas de la identidad.

A medida que emergen nuevas comunidades, y comienzan a requerir un mayor grado de participación, se hace más evidente la necesidad de desarrollar modos alternativos de pensar no sólo la historia, sino también la tarea historiográfica. Quienes se dedican a la filosofía de la historia y a la historiografía, han volcado sus esfuerzos a la elaboración de nuevas narrativas, que se aparten del “gran relato legitimador” que hasta el momento había mantenido a un amplio espectro de personas en el anonimato. Del mismo modo, se presenta a quienes trabajan en filosofía política, la inquietud de pensar en los mejores modos de organizar una sociedad de estas características: esto es, una sociedad pluralista. Se torna cada vez más necesario pensar nuevas políticas administrativas y culturales que organicen la convivencia social de una variedad siempre mayor de minorías, y reserven un lugar para quienes en el pasado habían permanecido en los márgenes. Historia y política se encuentran, así, ante un mismo problema, que cada rama ha intentado encarar desde las herramientas con las que cuenta.

El arte no ha sido ajeno a estos cambios: nuevas direcciones, nuevas expresiones, nuevos centros de producción han exigido la elaboración de políticas culturales y enfoques teóricos que acompañen este proceso. En sintonía con esto, y demostrando una vez más el carácter multifacético de su trabajo, Danto ha aceptado el desafío de entrecruzar filosofía del arte y filosofía de la historia, trayendo a la luz los presupuestos y la trayectoria que, a su criterio, subyacen al panorama actual del arte. De esta manera, nos ofrece un relato histórico, un desarrollo y un pronóstico de lo que será el arte a partir de ahora, una vez que –de acuerdo con aquel relato– su historia ha concluido.

Mi propuesta será aquí la de agregar a este entrecruzamiento algunos elementos de filosofía política, para comprender más cabalmente las características del pluralismo del que habla Arthur Danto. Teniendo estas dos vertientes desplegadas frente a nosotros –arte y política– intentaré exponer algunos presupuestos inspirados en la filosofía de la historia que manejan –explícitamente o no– tanto la teoría del arte dantiana, como la teoría política de los tres autores que he elegido trabajar: Chantal Mouffe, John Rawls, y William Connolly.

§ 3

Con estas consideraciones introductorias, espero haber dejado en claro el origen y el marco que han dado lugar a la particular conjugación de corrientes y filosofías que he elegido para el presente trabajo. Con todo, soy consciente de que podría surgir, en una primera lectura, la inquietud de por qué he optado por recurrir a Arthur Danto para trabajar un tema como el pluralismo, que otros autores han tratado amplia y detalladamente –en particular, en el ámbito de la filosofía política–. Desde otra posición, a su vez, podría cuestionarse mi decisión de analizar la obra de este autor, a través de la lente de teorías pertenecientes a una teoría política que, al menos en un sentido algo superficial, le es ajena. Quisiera dedicar algunas líneas a adelantarme a estas posibles observaciones, antes de cerrar esta introducción con un resumen del recorrido que nos espera en los capítulos que siguen.

No es mi intención en este trabajo, como espero que quede claro a lo largo de su lectura, presentar un análisis desde la filosofía política, ni desde la filosofía del arte. El uso que hago de ambas disciplinas nace de su estrecho vínculo con las problemáticas a las que me he dedicado dentro de la filosofía de la historia. Considero fundamental para quien elige trabajar en este terreno (y en especial, analizar el estatus y alcance de las narrativas históricas), estar informado acerca de los debates en filosofía política, debido al vínculo fundamental entre aquellas narrativas y las políticas que promueven o en las que derivan. No siempre quienes se dedican específicamente a la filosofía política analizan –ni tendrían por qué hacerlo– las narrativas que subyacen a sus propuestas teóricas.

En este sentido, el recurso a Arthur Danto toma sentido si tenemos en cuenta que estamos ante un autor que sí explicita este vínculo. Danto dedica un lugar preponderante de su teoría tanto a la elaboración de una narrativa (el recorrido histórico del arte, el fin de la historia, la posthistoria en la que nos encontramos) como a la caracterización de un presente, y a algunas pautas de política cultural para su organización (en particular, en relación con los museos, la crítica y la curaduría de arte, como veremos más adelante). En su teoría, todas las características del arte del presente –que es también el arte del futuro– encuentran su explicación en algún punto del relato histórico que las avala.

A esto podemos sumar el hecho de que la teoría dantiana se ocupa de un ámbito en particular, el del arte, cuyo desarrollo, aún con sus conflictos y sus polémicas, no ha sido ciertamente sangriento, como sí lo ha sido el de la política. Esta característica facilita, a mi criterio, la tarea de abocarnos a su estudio de manera despojada, abordando el análisis de las conexiones entre historia (narrativa) y política (cultural, en este caso) sin los condicionamientos que difícilmente podríamos evitar en el caso de un objeto de estudio más sensible. Me dedicaré entonces, en primer lugar, a analizar las conexiones que Danto establece entre una realidad contemporánea (el pluralismo), la narrativa que le da lugar (la historia del arte), y una propuesta para su organización (las instituciones posthistóricas). Posteriormente, podremos encarar estos mismos factores en autores que no las han explicitado de una manera tan abierta, y que a la vez han trabajado temas mucho más controvertidos. El pluralismo en su vertiente política se nos presenta día a día en situaciones, por momentos extremas, ante las que debemos tomar partido, ya que exigen por parte de toda la ciudadanía un pronunciamiento político y ético. A esta realidad política, y a las propuestas de organización que ofrecen teorías tales como las de Mouffe, Connolly o Rawls, subyace a su vez una narrativa que, al ser explicitada, puede arrojar luz sobre el alcance y las consecuencias del trabajo de estos autores, y de las políticas que avalan.

Habiendo dicho esto, es cierto también que he optado por analizar un concepto, el de pluralismo, que ha sido ampliamente tematizado en el ámbito de la filosofía política, quizás más aún que en otras ramas filosóficas. En este sentido, considero que habría sido mucho más limitante abordarlo exclusivamente desde la teoría de Danto, o la filosofía del arte en general, así como también desde la filosofía de la historia exclusivamente. A esto se suma el hecho de que, como veremos en breve, Danto mismo da lugar a considerar futuras aplicaciones de este mismo concepto a ámbitos sociales y políticos que excedan lo estrictamente artístico. Es por estos motivos que, a la hora de planificar mi trabajo, consideré que el estudio de este autor y esta temática se enriquecerían enormemente con los aportes de una disciplina que ha abordado el concepto desde un sinfín de ángulos. Con estas herramientas en nuestro haber, podremos volver al análisis de la noción de pluralismo tal como la entiende Arthur Danto, para finalmente indagar en los presupuestos narrativos subyacentes a ambas vertientes.

Lo que propongo aquí es, entonces, una colaboración entre Danto, los tres exponentes de teoría política que he elegido, y la filosofía de la historia. Danto colaborará en la explicitación de la narrativa oculta detrás de las diversas propuestas políticas, mientras que aquellos tres exponentes nos ayudarán a comprender mejor el concepto de pluralismo tal como lo entiende nuestro autor.

§ 4

Es con este objetivo en mente, que he decidido dividir mi trabajo en tres capítulos. En el primero, expondré algunos aspectos de la obra de Arthur Danto, haciendo particular énfasis en su teoría del arte, el modo en el que entiende la historia del arte, y la relación entre ambas. La caracterización del arte posthistórico ocupará aquí un lugar prioritario, ya que me detendré en la explicación que el autor provee de su surgimiento, así como las características principales que le atribuye, y sus limitaciones. Hacia el final del capítulo, centraré mi análisis en uno de los rasgos fundamentales de esta era, que –como vimos– será el que nos acompañará a lo largo de este trabajo: el pluralismo. Cerraré finalmente el apartado con algunas consideraciones acerca de las posibilidades que Danto mismo ofrece de trasladar este pluralismo a otros ámbitos de la convivencia humana.

El concepto dantiano de pluralismo es amplio, y por momentos difuso. Es por esto que he decidido dedicar la segunda Parte al análisis de tres teorías que se ocupan más directamente de este tópico, con la esperanza de encontrar herramientas en ellas que nos puedan servir para encarar el pluralismo dantiano en sus diferentes ramificaciones. Me ocuparé en primer lugar del trabajo de Chantal Mouffe, y en particular su libro On the political (2005)[9], en el que la autora analiza una serie de teorías que denomina “pospolíticas”, y explica por qué considera que son insuficientes para enfrentar una realidad política pluralista como la actual. Posteriormente, pasaré revista de algunos de los puntos que John Rawls aborda en Political Liberalism (1993)[10], deteniéndome en particular en sus conceptos de “pluralismo razonable” y “consenso superpuesto”. A la luz de lo visto previamente con Mouffe, podré encarar algunas posibles críticas a estas nociones, con el objetivo de lograr una comprensión más profunda de su alcance real. En el Capítulo 5, finalmente, abordaré la propuesta de William Connolly, quien en su libro Pluralism (2005)[11] ofrece un análisis amplio y detallado de este concepto en sus diversas vertientes, y su relación con el relativismo, el mal, la fe y la soberanía, entre otros. En el caso de este último autor, además de exponer las principales características de su perspectiva y una serie de críticas que presenta a sus opositores, me detendré también en algunas posibles objeciones al pluralismo a las que responde en diversos puntos de su trabajo.

Estas tres teorías, provenientes de posiciones filosóficas diversas y por momentos opuestas, serán de utilidad para indagar en el concepto dantiano de pluralismo, al que habíamos dedicado parte del segundo capítulo. Veremos que tanto las teorías a las que se oponen Mouffe y Connolly, como aquella que propone Rawls, tienen una serie de puntos de encuentro, en los que también se refleja la propuesta dantiana. Estos puntos remiten, en cada uno de los autores, a una cierta narrativa y a un determinado tratamiento de la historia y el presente en el que ha desembocado. En el último tercio de este trabajo, entonces, expondré algunas de estas nociones, volviendo para ello tanto sobre la teoría dantiana como sobre los enfoques abordados en el segundo capítulo. Respecto de cada una de estas características, repasaré brevemente su aparición en las vertientes filosóficas tratadas, y tomaré un enfoque crítico: será el momento de explicitar la narrativa subyacente a estos conceptos de pluralismo, denunciar sus puntos débiles e indicar el camino hacia maneras alternativas de encarar la diversidad en la que vivimos.

§ 5

Hacia el final del trabajo, esperaré haber dejado en claro que el objetivo del mismo no ha sido ciertamente descalificar la teoría dantiana, ya sea en su análisis del arte, como en sus aspectos más relacionados con la historia, la política, y la relación entre ambas. Muy por el contrario, a lo largo de mi exposición procuraré poner de relieve los aspectos que considero más interesantes del trabajo de Danto, y en particular su diagnóstico del mundo contemporáneo y sus esfuerzos por contribuir a que sea cada vez más –y realmente– pluralista.

Cualquier persona que haya abordado el tema del pluralismo, aún si tangencialmente, sabe que es mucho el trabajo que resta por hacer. La investigación en la que se embarcaron hace más de veinte años Komar y Melamid, y que conserva aún total vigencia, es un claro ejemplo de esta necesidad. La diversidad social y cultural que de hecho existe y se expande en el mundo contemporáneo, necesita de políticas que la acompañen, y de teorías que sirvan de sustento a éstas. Hasta entonces, la pintura europea del siglo XIX seguirá siendo el modelo de arte al que se referirán hombres y mujeres provenientes de las más diversas culturas, aún si aquella obra clásica con montañas y un 44% de azul no representa en lo más mínimo la realidad de la mayoría de ellos.

Si he elegido a Arthur Danto para este trabajo, es porque considero que su análisis del mundo contemporáneo es sólido y puede contribuir a esta tarea, aún sin adherir a algunos aspectos de su propuesta. Justamente a raíz de la riqueza de su trabajo, podemos decir que no estamos ante una teoría cerrada, una que haya agotado su potencial y deba ser aceptada íntegramente o desechada por completo. De hecho, Danto mismo se ocupa de dar nuevos matices y presentar nuevos enfoques de su aparato teórico, tanto en sus críticas de arte como en sus obras más analíticas. Es entonces a raíz del potencial que encierra el trabajo de este autor, que me he propuesto, al abordar mi escritura, contribuir a una mejor comprensión de algunos de sus conceptos, y a una expansión del alcance de éstos hacia territorios prácticamente inexplorados. No se trata, por supuesto, más que de un comienzo.


  1. A lo largo de este trabajo procuraré utilizar un vocabulario neutro en términos de género; cuando no sea posible, adoptaré alternativamente el género masculino, el femenino, o ambos, siguiendo las prácticas vigentes en la filosofía analítica contemporánea de alternar géneros al desarrollar ejemplos o situaciones hipotéticas. De esta manera, espero no plegarme a la universalización del masculino habitual en nuestro lenguaje, sin por ello sacrificar la claridad del escrito.
  2. La ironía de Komar y Melamid se despliega en particular en referencia a este punto: firmes en su decisión de respetar la mayor cantidad de ítems posibles, los artistas incluyeron en las “Pinturas más buscadas” cualquier tipo de personaje que hubiera resultado elegido por los encuestados. De este modo, “America’s Most Wanted Painting”, por ejemplo, incluye a George Washington, junto con una familia tipo norteamericana vestida en ropa deportiva, y dos ciervos, todos ellos a la orilla de un lago incrustado entre enormes montañas.
  3. Danto 2006, p. 239.
  4. Danto 2007, p. 163. Esta traducción es propia, así como todas sucesivas que correspondan a citas en inglés.
  5. Danto 1981, p. 31.
  6. Ibid., p. 40.
  7. Como explica en el prólogo a La Inhabilitación Filosófica del Arte: “[Mi intención es ahora la de] articular una filosofía de la historia del arte exactamente de la misma manera imponente que yo había aprendido de Hegel, y que me sorprendía a mí mismo de haber aceptado, dado que podría decirse que mi primer libro, la Filosofía Analítica de la Historia de 1965, se había opuesto a su posibilidad en principio” (Danto 2004, p. xxviii).
  8. En particular, puede citarse el Volumen especial que la revista History and Theory dedicara a Danto, con contribuciones de diversos exponentes de la filosofía y la crítica de arte (Danto 1998), y el libro Action, Art, History: Engagements with Arthur C. Danto (Herwitz y Kelly, eds., Columbia, New York, 2007), en el que debate con autores tales como Davidson, Ankersmit, y Belting, entre otros.
  9. Mouffe 2007.
  10. Rawls 1996.
  11. Connolly 2005.


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