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Agradecimientos

Numerosas personas e instituciones han hecho posible este trabajo. A ellas van dedicados los siguientes párrafos. En primer lugar, quiero agradecer a Sofía Tiscornia su dedicación, paciencia y lectura atenta, la solidez de sus argumentos, la libertad con que comparte sus reflexiones y la creatividad de sus sugerencias. A María José Sarrabayrouse Oliveira, sus valiosos consejos y comentarios, el constante estímulo y su habilidad para decir y hacer todo más fácil. Qué más decir que me siento profundamente agradecida de haber podido transitar este camino con la guía de dos personas a quienes aprecio y admiro.

Este trabajo tampoco hubiera sido posible sin el apoyo de los miembros de las redes de usuarios, las agrupaciones cannábicas, el equipo de trabajo de la revista THC, dueños de growshops, foreros y asiduos participantes de las copas cannábicas. En especial, Ale, Vero, Juampi, Mati, Sebas, Egon, Nermi, Orge, Mike, Gaby, Jole, Pablo, Facu, Marta, Ezequiel, Nicolás y Martín que me recibieron en sus hogares, oficinas, lugares de trabajo o en un bar durante una breve visita a Buenos Aires pero que, siempre, me hicieron sentir “como en casa”, me escucharon pacientemente, me dieron a leer sus folletos, revistas y materiales, me invitaron a sus reuniones, a participar de charlas debate, a disertar en el Congreso o a conversar en un programa de radio. Por las marchas, por avisarme de las concentraciones, pero, sobre todo, por su tiempo, reflexiones e historias. A todos ellos, y a muchos tantos otros activistas que forman parte del movimiento cannábico, infinitas gracias.

También quiero agradecer a la Comisión de Prevención de las Adicciones y Control del Narcotráfico de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación. A su secretaria, jefe de piso y demás empleados por ayudarme a buscar documentos y reconstruir hechos de los que fueron protagonistas, por enviarme las citaciones a las reuniones de asesores y de diputados y por facilitarme el ingreso a la Cámara. A los asesores y ex asesores de esta y otras comisiones, que han compartido su experiencia, me han explicado cómo funciona el Congreso y abierto, por algo más de dos años, las puertas de su espacio de trabajo. Del mismo modo, quiero agradecer a las organizaciones no gubernamentales por los espacios de debate que han ido generando con los años y que se han constituido en un punto de encuentro para activistas, profesionales y especialistas de los más diversos ámbitos. A los miembros de estas organizaciones por compartir la historia institucional, sus objetivos, propuestas y actividades. A los empleados de juzgado, defensores públicos y policías entrevistados por su predisposición para explicarme cómo trabajan los agentes policiales y operadores judiciales en las causas por infracción a la ley de drogas. A los abogados, psicólogos, trabajadores sociales y periodistas que me he cruzado o entrevistado a lo largo del trabajo de campo por compartir sus saberes y experiencias profesionales.

Agradezco también a mis compañeros del Equipo de Antropología Política y Jurídica del Instituto de Ciencias Antropológicas, Sección Antropología Social de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, María Victoria Pita, Carla Villalta, Josefina Martínez, Santiago Garaño, Joaquín Gómez, Guadalupe Basualdo y Valeria Barbuto quienes, en numerosas oportunidades, han hecho una lectura atenta de mis ponencias y artículos, ayudándome a pensar y animándome a seguir escribiendo. A Marta Fernández Patallo y Eugenia Cozzi, con quienes me encontré en la etapa de escritura de nuestras tesis de doctorado, por ayudar a disipar dudas, angustias y miedos compartidos, por las charlas monotemáticas en subtes y colectivos. También a Marcos Veríssimo por el permanente intercambio de ideas, porque su mirada disímil de los mismos procesos muchas veces me ha ayudado a reforzar mis hipótesis y, en otros casos, a reverlas. Asimismo, quiero expresar mi reconocimiento a los profesores de los seminarios de doctorado por sus reflexiones, comentarios y aporte bibliográfico así como al trabajo de todos aquellos comentaristas y evaluadores anónimos que, en diferentes etapas de esta investigación, han leído mi producción académica enriqueciéndola con sus sugerencias.

En lo personal, a mis amigas y compañeras Vicky, Carmen, Cutu, Charo y Vero por su humor, por su aliento y por volar juntas todas las semanas no solo con la mente sino también con el cuerpo. A Ani, Sil y Emi por los hermosos momentos compartidos y por estar siempre ahí dispuestas a darme una mano. Y a mi amiga Gi porque a pesar de la distancia, cuando la necesité supo estar cerca. A mi familia. A mi mamá y a mi papá por su amor incondicional y por haberme alentado desde chica a hacer “lo que me gusta”. A mis hermanos, Agustina y Santiago, a sus compañeros, Sara y Ariel, y a las pequeñas Luna y Almendra. A Viole, mi amiga y cuñada, a Francisco y Helena. A todos ellos, por su afecto y su presencia. Pero, sobre todo, a Emi por acompañarme todos estos años, por su cariño, su apoyo incondicional y su paciencia, por saber respetar mi espacio de trabajo y entender —sin preámbulos, permisos ni perdones— que ocupar la mitad de la casa con pilas de papeles, revistas, libros y cajas al igual que los desvelos, los fastidios y las alegrías son nuestros.

Por último, quiero agradecer al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) el apoyo institucional y económico. Sin las becas de inicialización y finalización de doctorado que me fueron otorgadas difícilmente hubiese podido realizar este trabajo. Así como al Instituto de Ciencias Antropológicas Sección Antropología Social de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, sede de este proyecto; y a la Carrera de Ciencias Antropológicas y al Doctorado en Antropología de esta misma casa de estudios por el espacio para continuar mi formación en investigación y docencia.



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