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El retorno del peronismo al poder en el Chaco

Tensiones y conflictos internos durante el primer año del gobierno de Deolindo F. Bittel en 1973

Diego Julián Zacarías

El abordaje de la década de los 70 ha generado una gran producción historiográfica en los últimos años, los conflictos y enfrentamientos políticos tuvieron como lógica el escenario nacional y por lo tanto excluyeron a las dinámicas provinciales. Alicia Servetto (2002, p. 163) lo señala en relación con la historia de Formosa, pero que bien vale para la nuestra, que “la marginalidad en el mapa económico y social de la Argentina también quedó reflejada en la literatura política de los setenta”. Por esta razón, es necesarioanalizar la dinámica interna de la provincia del Chaco en estos conflictivos años.

Por consiguiente, este trabajo pretende estudiar el proceso de transición política entre la apertura electoral de 1972 y el triunfo del peronismo en las elecciones de marzo de 1973, la formación del gobierno de Deolindo Felipe Bittel así como la experiencia de la “Primavera Camporista” en el Chaco y sus consecuencias durante el primer año de gobierno provincial. Por ello, uno de los ejes de la investigación fue el análisis de la apertura electoral y las estrategias que adoptaron. Asimismo, se dio una especial atención a los eventos tras las elecciones del 11 de marzo de 1973, cómo se organizó el gobierno del FREJULI, los espacios de poder que se disputaron las distintas vertientes dentro del movimiento peronista, abordando las dimensiones de la conflictividad política en aumento y las vías de solución por parte del Ejecutivo provincial.

En este sentido, podemos entender la dinámica política chaqueña de 1973 en dos partes o planos: la primera, basada en una disputa dialéctica con amenazas, comunicados y movilizaciones; una segunda, donde la violencia comienza a ser un factor a tener en cuenta en la interna peronista que poco a poco irá dejando las pacificaciones institucionales en el seno del Poder Ejecutivo. En este punto es importante entender la violencia a través de organizaciones parapoliciales y la participación del Poder Judicial en la política.

El camino hacia las elecciones

El 21 de octubre de 1972 se dictó la ley por la cual se convocó a elecciones de autoridades provinciales[1]. Para fines de 1972 ya se habían definido la mayoría de las candidaturas que iban a disputar en la contienda electoral del 11 de marzo del próximo año. Solo la Unión Cívica Radical dirimió sus candidatos a través de internas, con la victoria de la línea balbinista representada por los radicales del interior con Héctor Salom como candidato a gobernador, y Gladys Janik como candidata a vicegobernadora. Por su parte, el peronismo había proclamado a Deolindo Felipe Bittel, hombre muy cercano a Perón, y a Alberto Torresagasti como su vice. No obstante, había profundas diferencias entre el sector político de la ortodoxia y los sectores juveniles.

En las elecciones de marzo de 1973 fue categórico el triunfo de Deolindo Felipe Bittel del FREJULI que consiguió 134.251 votos, con una abrumadora diferencia de su inmediato perseguidor, Héctor Salom de la UCR, que obtuvo 64.839 de los sufragios (Beck, 1991, p. 18). Estas cifras arrojaron una clara mayoría para el peronismo y sus aliados, que no perdieron su popularidad a pesar de la proscripción que pesaba sobre el Partido Justicialista desde hacía 17 años.

El peronismo y sus líneas internas: entre la ortodoxia y la tendencia

Para comprender las tensiones y disputas que se suscitaron durante el primer año del gobierno peronista en el Chaco, es necesario conocer sus líneas internas en su composición, líneas de acción y estrategias.

El Partido Justicialista chaqueño tenía en Deolindo Felipe Bittel a una figura de proyección nacional, muy cercana a Perón. Como gobernador era quien detentaba el poder y la legitimidad heredada del voto popular, además de tener un amplio consenso dentro del peronismo, en sus tres ramas, no así en el sector juvenil. Este último tuvo una marcada presencia durante la campaña electoral, donde los comicios estaban atravesados por una fuerte nacionalización, es decir, que el hecho del retorno del peronismo a la vida política legal hacía que todo gire en torno a Perón y a su elegido para ocupar el sillón de Rivadavia, Héctor Cámpora.

De esta manera la Juventud Peronista (JP) y algunas organizaciones de la llamada Tendencia Revolucionaria (Juventud Peronista, Juventud Trabajadora Peronista y Juventud Universitaria Peronista) estaban amparadas bajo el ala protectora de Cámpora, por esa razón ocupaban lugares importantes en los palcos y tarimas de los actos proselitistas. No obstante, los viejos peronistas chaqueños tenían otros planes con el sector juvenil, ya que aspiraban a construir otro modelo de organización juvenil.

Fue por ello que el peronismo ortodoxo buscó la unificación de la rama juvenil, pero paulatinamente desistió de esa idea y se respaldó en organizaciones leales dispuestas a ganar la calle para imponerse a la díscola JP. Fue así que desde Villa Ángela se constituyó la Juventud Peronista del Chaco, fuerte e identificada con Deolindo Felipe Bittel; a su vez, sustentada en el área metropolitana con organizaciones como la Juventud Peronista del Encuadramiento, la Juventud Sindical Peronista, la Juventud Peronista sin Aditamentos, entre otras.

Marcelo Cavarozzi (2002, p. 23) interpreta a la sociedad de fines de los 60 y principios de los 70 como una comunidad movilizada que no podía canalizar sus reclamos y aspiraciones en las estructuras tradicionales de la política argentina como los partidos políticos o los sindicatos. Si bien a comienzos de los 70, el accionar de las organizaciones armadas en nuestra provincia era inorgánico, debido a que sus miembros eran escasos y carecían de infraestructura, la irrupción de Montoneros, básicamente puso sobre la mesa el debate en torno a los métodos de lucha hacia el interior de las organizaciones juveniles, lo que devino en la toma de posiciones y realineamientos. En consecuencia, ante las diferentes opciones encaradas, la Juventud Peronista se fracturó. Por un lado, militantes juveniles como Guillermo Oria, Héctor Bachmann, Atilio Velásquez, entre otros, se acercaron a las figuras tradicionales del peronismo chaqueño, entre ellos Deolindo Felipe Bittel. De todos ellos, fue Víctor Sánchez, referente político juvenil, quien tuvo una participación activa en la campaña y fue designado como secretario privado de Antonio Morante, ministro de Bienestar Social, recibiendo el amparo político de los peronistas del interior como Florencio Tenev y Alberto Torresagastti. Sánchez pertenecía al Comando de Organización (CdO), una organización surgida en 1961 luego de romper con la Juventud Peronista. Su fundador fue Alberto Brito Lima, que se opuso a la cubanización (Denaday, 2016, p. 4) de la JP en detrimento de la doctrina peronista, promoviendo un nacionalismo de tipo católico.

Por otro lado, otros militantes de la JP y el Integralismo (Román, 2009, p. 6) en su totalidad fueron por la posición más radicalizada, como ser Jaime Dri, José Estigarribia, Héctor Navarro, Guillermo Amarilla, Aníbal Pontiy Raúl Pujol. En sus primeros años, los miembros de Montoneros no dejaron su militancia en los barrios y en la Universidad, es decir, que combinaban las tácticas de la lucha de masas o populares con la lucha armada (Salas, 2014, p. 53). Una cuestión para entender esta doble acción era que no podían estar disociadas ambas luchas, ya que ni una ni la otra llegarían por sí mismas a la toma del poder, es decir, dentro de la llamada “guerra del pueblo” proclamada en el “Programa de Huerta Grande” (Córdoba) de 1969, esta debía llevarse a cabo en ambos frentes: en el político-sindical-estudiantil y en el militar.

Sin adentrarnos en un análisis exhaustivo de las organizaciones políticas armadas como Montoneros, podemos acercarnos a la hipótesis de César Tcach de la “lógica del partisano” (2002, p. 315) para explicar sobre la violencia en los 70, yaque sostiene que la misma es inevitable ante gobiernos autoritarios, a su vez se vuelve incontenible frente a la apertura democrática de 1973.

A lo largo y ancho de todo el país, la JP estaba subdividida en siete regionales. Cada Regional tenía un delegado, formando estos siete dirigentes el Consejo Superior de la Rama, máxima conducción nacional responsable ante Juan Domingo Perón. Dentro de las siete regionales, la que nucleaba a Chaco junto con Formosa, Corrientes y Misiones era la Regional IV, con Guillermo Amarilla a la cabeza[2]. Esta gozaba de cierta autonomía con respecto al liderazgo de Bittel, ya que sus agrupaciones realizaban distintas actividades culturales y sociales sin el auspicio del gobierno provincial, pero sí con el acompañamiento y el respaldo de la “orga” a nivel nacional, que a su vez contaba con el apoyo de Cámpora[3].

Por su parte, las 62 organizaciones del Chaco y la CGT local apoyaron el liderazgo de Bittel, apegándose al verticalismo que demandaba la disciplina partidaria peronista. Para los sectores del sindicalismo alineados a la Tendencia Revolucionaria, estas organizaciones forman parte de la “burocracia sindical” que negoció con la dictadura. Sin embargo, el historiador Daniel James (1990, p. 219), afirma que este tipo de sindicalismo llevó adelante una serie de estrategias por la cual los dirigentes buscaron presionar, conceder y defender a los trabajadores frente a la dictadura, a pesar de que recurrieron a la violencia para dirimir sus problemas internos.

La rama sindical cerró sus filas con el gobierno provincial, cuando en las elecciones de octubre de 1973, para secretario general de UPCP –el gremio más importante de la provincia– se impuso la lista “Celeste y Blanca” presidida por Atilio Velázquez, un sector moderado cercano al gobierno de Bittel. Por ello, durante todo su mandato manifestaron su adhesión y defensa cuando entendieron que el proceso iniciado en 1973 estaba siendo amenazado.

Por último, el campesinado estaba organizado desde 1970 en las Ligas Agrarias, que se consolidaron tras la constitución del “Primer Cabildo Abierto del Agro Chaqueño”, celebrado en la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, en tiempos de la intervención del coronel Oscar Mazza. Los pequeños productores de algodón luchaban contra las grandes empresas que imponían el precio del algodón en bruto (Roze, 2007, p. 281).

Los conflictos en tiempos democráticos persistieron, debido a que la situación económica no cambiaba, así se lo hicieron saber al gobernador electo en la “Concentración Agraria” del 27 de abril de 1973 realizado en Sáenz Peña[4]. Sin embargo, el gobierno de Bittel tardaba en dar respuestas a las exigencias del grupo liguista como el reparto de tierras a campesinos que estaban en manos de la Gendarmería en la zona de Pampa Gamba y Colonias Unidas y cargos en el Instituto de Colonización[5].

La “Primavera Camporista” en el Chaco: de la guerra de comunicados a la toma de edificios

En el periodo de la transición de la dictadura al retorno a la democracia, la lucha por los cargos fue significativa, aunque el gobernador Bittel contaba con gran capital político producto del caudal de votos y su cercanía con Perón para decidir la distribución de los mismos. A pesar de su alineamiento con el sector ortodoxo del partido, el mandatario trató de responder a la lógica del armado camporista en el sentido de la inclusión de miembros de la JP en los ministerios. Sin embargo, esto no se cumplió a nivel ministerial, ya que se inclinó por un gabinete con figuras del peronismo clásico provenientes del interior como Florencio Tenev en Educación y Ezequiel Morante en Bienestar Social.

De esta manera el sector de la JP obtuvo cargos de poca relevancia en su gobierno, solo en la subsecretaría de Promoción y Asistencia a la Comunidad fue designado Eduardo Gómez Lestani, un hombre cercano a la Tendencia pero que no era miembro del mismo. Es decir, ni siquiera una secretaria con rango ministerial pudieron conseguir en el desigual reparto,mientras que los beneficiados fueron los sectores juveniles más cercanos a la ortodoxia peronista, encabezado por Víctor Sánchez y el Comando de Organización (CdO), quien fue designado como secretario privado del flamante ministro Morante (Ponti, 2010). A su vez, Sánchez, ya ostentaba el cargo máximo en la juventud, era el secretario general de la Juventud Peronista del Chaco.

A partir del 25 de mayo de 1973 se abrió para el peronismo no sólo su vuelta al poder después de tantos años de proscripción sino la disyuntiva de cómo llevar las transformaciones adelante. Pues, ¿el flamante gobierno tenía que ir hacia las transformaciones sociales y económicas de manera pacífica en el marco del Estado de derecho y los designios de la voluntad popular mediante las urnas o solo con los cambios institucionales no bastaban? Una tapa del diario Clarín de la época decía lo siguiente: “Se generalizaron las ocupaciones en todo el país como forma de peticionar al gobierno”[6].

El día de la toma de posesión del mandato provincial por parte de Deolindo Felipe Bittel, se realizó un acto en la plaza 25 de Mayo de Resistencia y “la toma virtual de la casa de gobierno, pacífica, los militantes la recorrieron de arriba abajo, para muchos era su primera visita al lugar sin militares a la vista”[7]. El gobernador-interventor saliente, Mazza, se fue de la Casa de Gobierno en medio de silbidos e insultos por parte de la militancia que estaba en las calles, recuerda Adam Pedrini (2004, p. 309). Justamente fue este diputado provincial el que llevó adelante las negociaciones en Buenos Aires ante el ministro de Justicia para la liberación de los presos políticos locales alojados en la Unidad 7. Este hecho tuvo un gesto político del gobernador, al presentarse a las 21:30 horas del lunes 28 de mayo en la penitenciaría federal para constatar la liberación de 10 de los 12 detenidos durante la dictadura y garantizar su seguridad y posterior traslado a la Capital federal[8]. De esta manera, la sintonía entre el gobierno nacional y el provincial daba sus primeros pasos, a pesar de las tensiones internas que subyacían entre la JP y la ortodoxia política chaqueña.

A los pocos días de asumir Bittel, se empezaron a perfilar los conflictos que se habían “congelado” durante la campaña proselitista. En los primeros meses del gobierno de Bittel desde la sede del Partido Justicialista, de la CGT local y de la JP las consignas de lucha se suscitaban en términos dialécticos a través de comunicados – algunos en tonos de advertencia – con el objetivo de buscar la unidad del movimiento en torno a la figura de Perón, al cual lo citaban permanentemente. Esta va a ser una de las principales características, es decir, la excesiva dependencia a los dictámenes del general, quedando poco margen para la autonomía y a su vez, generando disputas hacia dentro del movimiento por la apropiación de los discursos del propio Perón, que también estaban llenos de ambigüedades (Romero, 2005, p. 189). Esta afirmación es parcialmente correcta, ya que todos obedecían los mandatos de Perón, pero el acatamiento era dispar debido a las luchas internas que el caudillo no podía controlar a la distancia.

Esta situación de enfrentamiento entre distintos sectores peronistas, para Alicia Servetto (2010, p. 244), “dirimió su contienda en las instituciones estatales mismas, agudizando, aún más, su propia crisis”. De esta coyuntura se desprende que las organizaciones juveniles nucleadas en torno a la Tendencia se lanzaran a la ocupación directa de organismos e instituciones como las Facultades de la Universidad Nacional del Nordeste, el diario El Territorio y LT 5 Radio Chaco.

Tras la intervención de la UNNE, el ingeniero Palacios Rivas fue designado como interventor, cuya asunción fue el 4 de junio y contó con la presencia del vicegobernador. Ante una multitud de estudiantes que se acercaron a la sede del rectorado, el flamante interventor profundizó en la idea de poner a la Universidad al servicio del pueblo y de los intereses nacionales, ya que esta “misión” tenía como objetivo la liberación nacional. Al término de su discurso rindió un homenaje con unas palabras al estudiante Juan José Cabral, quien fuera asesinado en una protesta estudiantil durante el denominado Correntinazo en 1969. Por su parte los estudiantes compartieron sus palabras, pero advirtieron que se mantendrían vigilantes en el cumplimiento de las promesas de las nuevas autoridades [9].

Al mismo tiempo la Juventud Universitaria Peronista (JUP) tomó todos los decanatos de las facultades de la UNNE – tanto de Resistencia como los de Corrientes, Misiones y Formosa – con el objetivo de terminar con el “continuismo” y evitar el “reacomodo de las viejas trenzas” que sirvieron a los distintos gobiernos militares [10]. Si bien apoyaban la medida del gobierno nacional de Cámpora, la organización estudiantil buscaba a través del control directo de la casa de altos estudios, que se cumplan las promesas de volcar la universidad hacia los intereses populares. El comunicado de la JUP abarcaba también su apoyo a la lucha de las Ligas Agrarias y del campesinado contra los monopolios. Esta medida daba cuenta que el estado de movilización de las organizaciones juveniles no cesaba a pesar de que las medidas del gobierno nacional iban en sintonía con sus peticiones.

Por su parte, el bloque de diputados provinciales del FREJULI, expresó, en un comunicado[11] una cierta dualidad frente a la toma; si bien apoyó incondicionalmente la medida del gobierno nacional, condicionó la actitud tomada por la JUP a que respeten a su flamante interventor. La respuesta no se hizo esperar y en conjunto, los referentes de la JP (Juan Carlos Benítez) y la JUP (Roque Giglio), aclararon que las tomas fueron en apoyo a la intervención nacional [12]. Una vez más las rispideces se pudieron evidenciar, aunque ambos sectores estuvieron de acuerdo con la medida y sus declaraciones sean casi idénticas. Sin embargo, el Comando de Organización, en un comunicado calificó de “hechos vandálicos” los perpetrados en las distintas sedes de los decanatos de la UNNE. Dicho comunicado sostenía que la agrupación denominada JUP no tenía autorización para actuar en nombre del Movimiento Nacional Justicialista y que se trataba de “infiltrados trotskistas” que no comprendían la realidad por la que atraviesa el país ni la voluntad popular emanada del 11 de marzo[13]. Dos días más tarde, en Presidencia de la Plaza, el CdO Chaco ratificó su lucha contra “los elementos extraños infiltrados en el movimiento”, buscando la unidad de la juventud. Sin embargo, las tensiones estaban latentes entre los sectores juveniles que querían los cambios profundos y quinees se querían ajustar a los mandatos del gobernador.

En estos primeros meses el claustro universitario fue el terreno donde las organizaciones juveniles de la Tendencia encontraron más lugar a sus reclamos, debido a que eran dependencias nacionales, cuya conducción estaba en manos de dirigentes que respondían a la JP. Sin embargo, en el terreno político la situación se ponía cada vez más conflictiva y sin retorno.

Mientras que el gobierno nacional no cesaba en el llamado a terminar con las ocupaciones de edificios públicos, estas al contrario de frenarse, iban en aumento. En el Chaco, el desfasaje entre las medidas gubernamentales y la acción directa de las organizaciones de base puede evidenciarse en dos hechos concretos: la ocupación del diario El Territorio y la toma de LT 5 Radio Chaco. La primera se produjo el 12 de junio y duró unas 25 horas, a cargo de los trabajadores gráficos, periodistas y militantes de la JP[14]en el que despojaron del cargo al interventor Julio Cochia y exigieron al gobierno que el matutino se reintegre al servicio popular. La ocupación de Radio Chaco tuvo lugar el 14 de junio, donde los propios empleados de la emisora se hicieron cargo tras la renuncia del interventor militar, mayor Julio Cesar Binotti, esperando la designación de un nuevo director que “esté dispuesto a incorporar la emisora al servicio del pueblo con una programación popular” [15]. Si bien sendas medidas fueron realizadas por los trabajadores – sindicalizados, por cierto – de estos medios, a las pocas horas fueron acompañadas por la Juventud Peronista. Finalmente, el gobierno resolvió ambos conflictos designando como nuevo director del diario a Raúl Delfino Berneri y con el nombramiento de Gregorio Romero[16]para Radio Chaco.

De las protestas en las calles a los inicios de la judicialización

Las diferencias entre la ortodoxia peronista y la JP, tuvo un punto de inflexión cuando estalló el conflicto por la conducción de la Dirección del Aborigen. El primero de junio una delegación indígena se reunió con el ministro de Bienestar Social para plantearle la necesidad de que la conducción de la Dirección del Aborigen esté a cargo un indígena[17].

En palabras del militante juvenil Aníbal Ponti: “El primer conflicto con Bittel lo tuvimos en torno de la Dirección Aborigen, a los 40 días de asumido el poder”[18]. Los integrantes de la Tendencia consideraban que el cargo lo debía ocupar un integrante de los pueblos indígenas y no un blanco como lo proponía el gobernador con el nombramiento de René James Sotelo.

La oposición de Bittel trajo como consecuencia una movilización de la Federación que nucleaba a las organizaciones comunitarias, en la que aproximadamente unos tres mil indígenas partieron de Misión Nueva Pompeya –luego se sumaron otras comunidades– para instalarse frente a la Casa de Gobierno en apoyo a la designación de un representante de la Federación en la Dirección del Aborigen. El gobierno ordenó el desalojo de las calles y la plaza, lo que devino en una represión a las comunidades originarias. A pesar de la lucha y de la movilización, la Tendencia perdió esa batalla con Bittel que impuso a René James Sotelo al frente de la Dirección del Aborigen.

En el plano nacional, el retorno definitivo del General Perón a la Argentina suscitó la movilización popular más grande de la que se tenga memoria[19]. El acto, a realizarse en los bosques de Ezeiza, donde Perón iba a pronunciar su discurso estuvo cargo de la ortodoxia peronista, mientras que “la JP y las organizaciones armadas peronistas fueron marginadas de la organización del acto de recibimiento” (Svampa, 2007, p. 402). Lo que en principio iba a ser una fiesta popular se trasformó en una tragedia ese 20 de junio. Para el historiador Norberto Galasso (2011, p. 467), la prohibición de la candidatura de Perón en 1973 le fue beneficiosa, “permitiéndole que Cámpora jugase a modo de fusible, ante los reclamos de todo tipo que se producen al reabrirse las compuertas a la participación popular”. Más allá de lo discutible de esta posición, lo concreto fue que Cámpora se encontró con grandes dificultades para sobrellevar las presiones de todos los sectores en pugna. Como consecuencia de este acontecimiento fue la aceleración de su salida del gobierno nacional y el llamado a elecciones presidenciales para septiembre.

Con Juan Domingo Perón como presidente, la relación con algunos gobernadores se volvió tensa. Dos claros ejemplos de ello fueron la provincia de Córdoba que recibía presiones constantes del Consejo Superior del Partido Justicialista por la relación estrecha de Obregón Cano con la Juventud Peronista. Otro caso fue la vecina Formosa, que se venía desmembrando el gobierno de Antenor Gauna por una fuerte crisis interna partidaria que repercutía en su gestión, con la expulsión del partido de legisladores provinciales cercanos a la JP y el enfrentamiento con el vicegobernador y el presidente de la Cámara de Diputados[20].

En este contexto el gobierno de Bittel transitaba por aguas más tranquilas, ya que en líneas generales gozaba de un mayor consenso político, económico y social, además de ser un político muy cercano a Perón. A pesar de sus roces con un sector de la JP al que le restó peso político al otorgarle cargos de poca relevancia en su gobierno, privilegiando a los sectores juveniles más cercanos a la ortodoxia peronista.

La violencia temprana

En este período la violencia política se hizo presente de manera temprana con el asesinato del sindicalista textil, Mario Villalba. Como una cuestión casi premonitoria, el 22 de julio de 1973 el gobernador Bittel había expresado lo siguiente: “Hay sectores que están empujando a la guerra civil, y nos llevarán al caos”[21], todo un signo de los tiempos violentos que se sucederán en los años 70 en el Chaco. Al día siguiente un grupo armado irrumpió en la seccional Resistencia de la Asociación Obrera Textil y acribillaron a balazos al secretario general, Mario Villalba. Lo que podría entenderse como un hecho producto de una interna sindical, el manto de sospecha que se generaba en el ámbito político ponía en evidencia las tensiones en aumento.

El ataque al comedor universitario también fue otro símbolo de este periodo, en la que miembros del Comando de Organización ingresaron al comedor universitario a los tiros y detonando dos explosivos, generando pánico en el estudiantado. A todo esto, el gobernador condenó el hecho, mientras que las organizaciones estudiantiles, como la JUP, también salieron a repudiar el accionar del Comando de Organización, declarando que “están haciendo totalmente lo contrario de lo que plantea el general Perón, líder de la Revolución Nacional”[22]además de condenar a quienes apoyaban a esta organización. La policía detuvo a Víctor Sánchez, jefe del CdO, al que, según lo expresado por el gobernador al rector de la UNNE, “le caería todo el peso de la ley”[23]. Sin embargo, Sánchez recuperó su libertad a los pocos días, al igual que otros integrantes, cuya causa fue archivada.

El enfrentamiento con el gobierno de Bittel no tardó en estallar, ya que el 6 de octubre de 1973, un grupo armado asaltó la redacción de la revista El Campesino, de las Ligas Agrarias, donde sólo robaron documentación. Los miembros de las Ligas acusaron a Víctor Sánchez y al CdO, aunque la policía no tenía indicios al respecto [24]. Era evidente que se trataba una cuestión política, que a partir de ese hecho la tensión fue en aumento, ya que la situación económica no ayudaba y las diferencias políticas con el gobierno cada vez eran más profundas.

Señal de esta conflictiva relación fue lo sucedido en el Impenetrable. La labor de la hermana Guillermina Hagen y la cooperativa organizada en la localidad de Nueva Pompeya venía incomodando a los sectores de poder. El 30 de septiembre de 1973 fueron detenidos la hermana Guillermina e indígenas wichí acusados de robo, daños calificados y privación ilegítima de la libertad en la causa conocida como “El Sauzalito”. La situación fue destrabada el 25 de octubre cuando la Cámara de Sáenz Peña le revocó la prisión, aunque no así el procesamiento[25].

Con estos hechos, se empezó a perfilar en el Chaco el accionar de fuerzas parapoliciales en las que involucraban al CdO y su líder, Víctor Sánchez, que intervino en la represión a protestas como el de la Federación de Aborígenes del Chaco, o bien en el hostigamiento a militantes de organizaciones peronistas no alineadas con el gobierno como hemos visto con los ataques al comedor universitario y a las oficinas de El Campesino. Sumado a esto, en el interior la persecución a dirigentes campesinos e indígenas fue orquestada desde la justicia que les adjudicaba hechos delictivos a estos miembros.

Conclusiones

La Primavera Camporista en el Chaco significó una liberación de energías contenidas, cuya intensidad consumió la capacidad de muchos de sus actores, sobre todo del ala revolucionaria del movimiento peronista, quizás por no haber interpretado que se trataban de tiempos en donde los cambios económicos y sociales tendrían que ser canalizados a través de vías institucionales. En definitiva, el gobierno de Bittel dio un relativo espacio a la JP más combativa mientras que el Comando de Organización fue su brazo juvenil. En este primer año, el disciplinamiento interno se mantuvo por las vías legales y la disputa en el campo político.

Esta situación reflejaba la tensión existente desde los tiempos preelectorales en el Chaco y que no fueron resueltos durante la transición política del fin de la dictadura y el inicio del gobierno peronista, ya sea porque la dirigencia justicialista sólo se recostó en el grueso de organizaciones juveniles que eran leales y que además tenían a su cargo reparticiones del Estado de relevancia política. Por su parte, el sector de la JP vinculado a la tendencia, experimentó su auge durante la Primavera Camporista, aunque sus actividades persistieron, su influencia política iba decreciendo con la pérdida de espacios de poder dentro del gobierno. Como estrategia, la regional IV buscaba nacionalizar la política doméstica, debido a que en el ámbito local la supremacía del peronismo “bittelista” era evidente.

Cerrándose el año 1973, la política chaqueña sufría sus turbulencias, pero el liderazgo político no estaba en discusión en tanto que, en el juego de la correlación de fuerzas, la JP había perdido unas de sus batallas simbólicas más importantes como fue la de la Dirección del Aborigen, lo que hizo mermar su influencia real en el gobierno de Bittel.

No obstante, la violencia política se hizo presente, en mayor medida en el plano discursivo con la publicación de declaraciones y proclamas por parte de las distintas organizaciones ante la sucesión de hechos de trascendencia como lo fueron el regreso de Perón a Ezeiza, las tomas de UNNE, Radio Chaco y el diario El Territorio. Las visiones sobre el campo de acción de la política eran marcadamente distintas, mientras que el gobierno buscaba impulsar cambios paulatinos por vías institucionales, la JP pretendía cambios drásticos y rupturistas por lo que la idea de realizar tomas de edificios fue la acción más concreta y efectiva que pergeñaron.

Por su parte, las luchas políticas experimentaron episodios de judicialización o persecución a opositores internos, tal como vimos en el caso de la hermana Guillermina Hagen y la comunidad wichí de Nueva Pompeya. Pero solo es el primer capítulo de lo que se avizorará para 1974. Los atentados o asesinatos que se produjeron durante este año son contados, pero con un cierto de significatividad por tratarse de la muerte de un sindicalista de peso en la provincia de uno de los rubros de la actividad económica más importante del Chaco. Los atentados en su mayoría fueron perpetrados por el CdO en contra de edificios y sedes pertenecientes a organizaciones relacionadas con el sector de la Tendencia Revolucionaria como ha sido el asalto a tiros al comedor universitario o al diario El Campesino. Por su parte, estos grupos se abstuvieron de realizaron acciones armadas debido al cumplimiento de la tregua que habían declarado ante la asunción de un gobierno popular.

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Revista El Descamisado, Año I.

Suplemento Siglo Joven, febrero a marzo de 1972. Museo Histórico regional Ichoalay.


  1. El Territorio, 22/10/1972, p. 1.
  2. Las demás regionales se estructuraban de la siguiente manera: Regional I: Juan Carlos Añon (Capital Federal, Buenos Aires, La Pampa); Regional II: Jorge Obeid (Santa Fe, Entre Ríos); Regional III: Miguel Ángel Mossé (Córdoba, Santiago del Estero, Catamarca); Regional V: Ismael Salame (Salta, Jujuy, La Rioja, Tucumán); Regional VI: Luis Orellana (San Juan, Mendoza, San Luis); Regional VII: Hernán Osorio (Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego). En: Revista El Descamisado, Año I, N° 0, 08/05/1973, p. 12.
  3. Uno de los casos más emblemáticos fue la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) que se encargó de arreglar las escuelas y de brindar orientación vocacional a los estudiantes. En: El Territorio, 20/07/1973, p. 4.
  4. El Campesino, Año I, N° 8, mayo de 1973, p. 1.
  5. El Territorio, 21/07/1973, p. 3.
  6. Clarín, 07/06/1973, p. 1.
  7. Entrevista a Aníbal Ponti. Recuperado de: http://yofuimontonero.blogspot.com.ar/.
  8. El Territorio, 29/03/1973, pp. 1-2.
  9. El Territorio, 05/06/1973, p. 2.
  10. El Territorio, 05/06/1973, p. 3.
  11. El Territorio, 07/06/1973, p. 1.
  12. Norte, 07/06/1973, p. 1.
  13. Norte, 07/06/1973, p. 2.
  14. El Territorio, 14/06/1973, p. 1.
  15. El Territorio, 15/06/1973, p. 3.
  16. El Territorio, 17/06/1973, p. 17.
  17. El Territorio, 02/06/1973, p. 3.
  18. Entrevista a Aníbal Ponti. Recuperado de: http://yofuimontonero.blogspot.com.ar/.
  19. Las estimaciones oscilan entre 2.500.000 y 3.000.000 de personas.
  20. Véase en Servetto, (2010).
  21. El Territorio, 23/07/1973, p. 5.
  22. El Territorio, 19/07/1973, p1.
  23. Norte, 19/07/1973, p. 2.
  24. El Campesino, Año II, N° 13, octubre de 1973, p. 1.
  25. El Territorio, 26/10/1973, p. 3.


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