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De “la oposición constructiva” a la “alternativa popular”

Las prácticas políticas del radicalismo y el rol de la juventud. Misiones (1966-1983)

Nicolás Antonio Godoy

Introducción

La historiografía sobre los partidos políticos en la provincia de Misiones resulta escasa. En particular sobre la Unión Cívica Radical, las investigaciones son aún menores (tanto producciones académicas como literatura en general sobre el tema) en comparación con las experiencias vinculadas al peronismo y sus expresiones. Nos introduciremos en un terreno poco explorado, que es el de los discursos, los debates, las ideas, las tensiones, los objetivos, las visiones del mundo y las estrategias de los agentes, como componentes dentro del entramado de relaciones que se desarrollan en el campo de lo político.

Entonces, con base en el predominio del peronismo y la izquierda en los 70, tanto en producciones historiográficas como en el imaginario social, no se presentan en un primer momento, estudios al respecto de la trayectoria de la UCR en la vida política regional, que den cuenta de su participación en esa coyuntura, ni interpretaciones de su preponderancia en la década siguiente, siendo una de las tradiciones políticas más antiguas y con mayor relevancia en la historia del país. Por lo tanto, estableciendo un diálogo entre lo regional y nacional, se busca reconstruir el proceso en general, y las incidencias del radicalismo en particular, en los procesos de la violencia política de los 70’, la transición democrática. Incluso en el periodo posdictatorial, tanto en la provincia como en el país, “es necesario revisar los contenidos y cortes de la historia nacional con visiones generales que no contemplan la mayoría de los espacios (…). El avance de los “estudios regionales”, demuestra que el marco nacional oculta las diferencias espaciales. (…) Subyace una fuerte división espacial, donde la región política y económicamente predominante, es el espejo en el que se pretende reflejar toda la realidad socio histórica de la Argentina” (Scuri y Favaro, 2005, p. 6).

En el Noreste argentino, los resultados para la UCR en las elecciones de 1983 no fueron homogéneos, produciéndose victorias tanto radicales como peronistas en las provincias de la región. Estos hechos cuestionan a los argumentos que adjudican lo acontecido en los diferentes distritos a argumentos tales como “una mala performance del peronismo” o “el arrastre del voto que generó Alfonsín a nivel nacional”. Los planteamientos representan elementos que efectivamente tienen algún tipo de incidencia situacional, pero que no son determinantes, ni constituyen explicaciones por sí mismas de un proceso histórico. No cuestionar estas afirmaciones sería conformarse con explicaciones simplistas, superficiales y con influencias de intencionalidades de corte ideológico. Además, “Al deponer falsos nacionalismos metodológicos construidos a partir del estudio de partidos en Buenos Aires (u otra gran urbe), emergen realidades disímiles (…) y hasta ritmos particulares del inicio, la expansión y el ocaso de determinados partidos políticos” (Ferrari y Martocci, 2019 p. 290).

El objetivo general de esta investigación es reconstruir la historia política provincial del período 1966-1983 focalizándose en la trama de relaciones y prácticas políticas que desplegó el radicalismo misionero en general y los agentes de NIR en particular. Como objetivos específicos se pretende describir las trayectorias del grupo de jóvenes “Nueva Idea Radical” en las prácticas políticas de la UCR Misiones entre 1966-1983 e identificar el lugar que ocupó la provincia en la construcción de la vida política nacional en una etapa clave de la historia argentina.

Desde la Historia Regional y con una perspectiva de Historia Reciente, la metodología propuesta consiste en un abordaje cualitativo con un enfoque comprensivista, con la intención de brindar categorías interpretativas para dar cuenta del proceso, luego del análisis de las diversas fuentes consultadas. El corpus documental está compuesto de entrevistas y testimonios de los protagonistas, diarios de sesiones de la legislatura provincial, documentación del Archivo General de Gobernación y de la prensa de la época, principalmente del diario El Territorio.

Al no existir un archivo partidario local, se presentó una gran dificultad para el acceso a las fuentes sobre el periodo, por lo cual se recurrió a una variedad de técnicas y tipos de fuentes, para la construcción de las mismas. Se utilizan principalmente fuentes periodísticas (particularmente del diario El Territorio, aunque no se descartan medios nacionales, como, por ejemplo: La Nación para acontecimientos puntuales, como las elecciones de 1975 en la provincia), entrevistas y testimonios de los protagonistas, a lo que se suma la documentación de los debates de la legislatura provincial. A través del análisis de la prensa de la época se logró conseguir información sobre los distintos acontecimientos que se sucedieron: plataformas, listas y resultados electorales, tanto de los comicios internos como generales, y discursos de los agentes, lo que a su vez permite observar las representaciones de los mismos al respecto de la coyuntura que habían atravesado. A esto se suma la documentación obtenida por el Archivo de la UCR a nivel nacional, que proporciona diversas fuentes respecto a los comicios internos y composición de los órganos partidarios del comité nacional, lo que permite analizar el accionar y las relaciones de los representantes misioneros con las corrientes nacionales.

En el caso de los debates parlamentarios, proporciona el acceso a las discusiones políticas del momento, para de este modo analizar la construcción de identidades, los temas en disputa y las coincidencias y contradicciones entre el discurso y la práctica. Además, la composición de los diferentes cargos, tanto de la cámara como de los bloques, posibilita una aproximación al capital político de los agentes dentro del ámbito legislativo y partidario. Este abordaje se repite en lo que respecta a la documentación del Archivo General de Gobernación, para el análisis de la distribución de cargos en el gabinete provincial. Por otra parte, los testimonios, y las entrevistas que se realizaron a los agentes, posibilita la reconstrucción de las trayectorias de los mismos, y las diferentes tramas que se sucedieron los años que transcurrieron los golpes de Estado, como las diferentes alianzas que se van formando y diluyendo, y el grado de participación, teniendo en cuenta los recaudos metodológicos que conlleva la Historia Oral.

Una dificultad que se presenta respecto a la construcción de fuentes orales a partir de entrevistas a los sujetos, es la avanzada edad con la que cuentan y debido al contexto de pandemia, muchos de ellos fallecieron. Se espera, de todos modos, poder acceder a archivos privados de los sujetos sea a través de ellos o familiares.

La constitución de una alternativa. Los jóvenes de Nueva Idea Radical

La problematización de esta investigación corresponde a un proceso que ocurre en el radicalismo a nivel nacional, donde podemos observar una ruptura a partir del golpe de Estado autodenominado “Revolución Argentina” que derroca al presidente de la Nación por la UCRP Arturo Illia en el año 1966. Es a partir de este acontecimiento que surge un cuestionamiento al accionar, del Partido en general y el liderazgo de la Línea Nacional en particular, espacio interno hegemónico dentro de la UCRP desde su conformación en 1957, representado por Ricardo Balbín, presidente del Comité Nacional. Entonces se genera una disputa por el poder y a la conducción partidaria. Los contendientes parten de diferentes sectores, tanto juveniles como de las propias líneas del balbinismo, que se organizaron formalmente en el año 1972 en el Movimiento de Renovación y Cambio, compitiendo en elecciones partidarias en reiteradas ocasiones.

A nivel nacional, los referentes de este espacio asociados a la juventud y el movimiento estudiantil, se desplegaron en las grandes urbes del país (Capital Federal, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba) donde se encontraban las principales Universidades Nacionales, adoptando una posición claramente de izquierda, precisamente dentro de la izquierda Nacional y popular propuesto por Carlos Altamirano (1987), a tono con el contexto internacional. En cambio, los procesos, donde los miembros de la Junta Coordinadora Nacional de la Juventud Radical no fueron los que encabezaron la creación del MRyC, son diversos. Vale aclarar que la JCN era una organización autónoma frente al espacio que lideraba Raúl Alfonsín, pero que formalmente en el partido pertenecían al MRyC como agrupación interna. Entonces el MRyC estaba compuesto por la JCN-JR y por los “renovación y cambio puros” como los denominaban los primeros “alfonsinistas” en términos de Velázquez Ramírez (2019). Estos últimos pertenecían a la denominada “generación intermedia”, entre los jóvenes coordinadores y entre los antiguos dirigentes como Balbín, Illia y otras figuras.

En el caso de Misiones, es una provincia nueva para este entonces. En comparación con otras provincias, como por ejemplo como Buenos Aires o Corrientes, que poseen tradiciones electorales bien marcadas., la provincialización recién se logra en 1953. Este es un elemento particular del campo político de la provincia, debido a que no existía una tradición electoral arraigada en la ciudadanía, para el periodo estudiado. Y a esto se le suman las reiteradas intervenciones militares. De ahí que son escasas las oportunidades donde en Misiones se pudieron elegir representantes.

El radicalismo misionero no estuvo exento de este proceso, sin embargo, aquí los grupos internos no se constituyeron como en la mayoría de provincias en el país, generándose un proceso diferente. En el año 1972 en la provincia se habían conformado espacios de carácter heterogéneo con respecto a los agrupamientos nacionales, principalmente identificados con colores, estos son la “Lista Verde”, compuesta por el exgobernador Mario Losada adherido a la LN y el grupo de Nueva Idea Radical (NIR) liderado por Ricardo Barrios Arrechea, adheridos al MRyC; y la “Lista Azul” compuestas por un sector encabezado por Liberato Damiani (LN) y el Movimiento de Resistencia Radical (MRR) de Víctor Marchesini (MRyC), esta última línea interna se dividiría posteriormente, donde la “Lista Azul” sería liderada únicamente por el sector de la LN y el sector de Marchesini cambiaría su denominación como “Lista Morada”. Estos serán los espacios principales dentro de la vida partidaria en Misiones. A simple vista, no se comprenden cuáles fueron las causas que motivaron estas alianzas y rupturas entre los espacios existentes, tampoco las semejanzas y diferencias entre grupos que formaban parte de una misma corriente a nivel nacional.

La periodización concluye en el año 1983, cuando el radicalismo misionero accede al gobierno provincial, venciendo en elecciones libres y sin condicionamientos al peronismo, liderados por el NIR, concluyendo así, un proceso de ascenso tanto en la esfera partidaria como electoral de este grupo. Aquí, es necesario señalar una peculiaridad del proceso que se sucedió en la región, parte de una coyuntura nivel nacional, y es que Misiones es una de las pocas provincias donde el MRyC triunfó ante la LN desde su creación, y mantuvo su preponderancia en el radicalismo misionero. Por ende, el estudio de esta problemática nos permitirá analizar qué lugar ocupó la provincia en la construcción de la vida política nacional en una etapa clave de la historia argentina, con las particularidades de las tradiciones políticas de la provincia. Entonces, dialogando entre lo regional y nacional, se busca analizar las consecuencias de la constitución de este nuevo grupo, el NIR, con el objetivo de establecer rupturas y continuidades en las prácticas políticas producidas y reproducidas por los agentes que hasta en ese entonces detentaban el dominio del capital político. “Analizadas en un juego de escalas nacionales y subnacionales, estas organizaciones son un objeto ideal para deconstruir versiones “olímpicas”, que generalizan lo acontecido en espacios centrales al conjunto del país. Desde una perspectiva subnacional, es posible recuperar las transformaciones que adoptaron los partidos en espacios situados, con ritmos y modalidades propias, en relación con las experiencias y las tradiciones políticas preexistentes, que hasta llegaron a anticipar y sustentar la de los órganos nacionales partidarios” (Ferrari y Martocci, 2019, p. 290).

Esta investigación se encuadra en la propuesta historiográfica de Pierre Rosanvallón (2003), que explora los problemas que atravesó la sociedad, y cómo se intentaron resolver los mismos. Se entiende a estos problemas como conceptos que poseen una temporalidad, que son paradójicos y contradictorios, o en palabras del autor, que corresponden a aporías. Con respecto a la cuestión de la temporalidad de los conceptos, los mismos no son inmutables en el tiempo, van sufriendo transformaciones de acuerdo con el devenir histórico, convirtiéndose así mismo en los desafíos que los agentes se proponen resolver, los cuales siempre poseen un carácter conflictivo debido a las paradojas inherentes a estos problemas. Estos conceptos poseen una doble función: “En la medida en que las variaciones en torno a las definiciones, sentidos y usos argumentales están referidas a procesos sociales y políticos concretos, todo concepto funciona como un índice de estas transformaciones. Sin embargo, dentro de estos procesos los conceptos políticos se encuentran ya jugando un papel performativo. Por lo tanto, los conceptos políticos son también un factor que condiciona la acción (Velázquez, 2019, p. XLI).

En otras palabras, esto no refiere respecto de las diferentes opiniones existentes sobre un concepto, ya que los mismos no son un conjunto de principios delimitables arbitrariamente, “Desde la perspectiva de la historia conceptual, los conceptos políticos carecen de una definición única e inequívoca. Por el contrario, en tanto magnitudes históricas, todo concepto aparece siempre vinculado a un espacio de experiencia” (Velázquez, 2019, p. XLI). Se estudian problemas concretos que los sujetos debieron afrontar. Esto tiene que ver con que no se busca generar un ideal que se constate con alguna experiencia histórica en particular, lo que se busca es construir como los sujetos enfrentaron las contradicciones de los mismos, es la historia la que puede conducir al concepto, y es en la investigación misma donde se lo puede comprender. Entonces esta propuesta se aleja del deber ser, para poder conocer la complejidad del proceso. “Se trata de reconstruir la manera como los individuos y los grupos han elaborado su comprensión de las situaciones, de enfrentar los rechazos y las adhesiones a partir de los cuales han formulado sus objetivos, de volver a trazar de algún modo la manera como su visión del mundo ha acotado y organizado el campo de sus acciones” (Rosanvallón, 2003, p. 26)

De este modo, en el trabajo se investigan las prácticas políticas de los agentes agrupados en el espacio Nueva Idea Radical. Para comprender cómo se estructuran las mismas, se abordarán desde la teoría de los campos de Bourdieu (2002). Por lo tanto, siguiendo los términos de este autor, se entiende a las prácticas “en términos de estrategias implementadas por el agente social -sin ser necesariamente consciente de ello- en defensa de sus intereses (de conservar o mejorar su posición -dominante o dominada-, conservando o aumentando el capital que está en juego) ligados a la posición que ocupa, en relación con otras posiciones, en un campo determinado” (Gutiérrez, 2005, p. 52). Esto alude, a que se elaboran en tanto a su relación con el resto de los actores políticos y de sus habitus incorporados, en la consecución de los intereses perseguidos. Es desde esta perspectiva que es posible explicar las diversas estrategias implementadas frente al contexto, y también sus limitaciones. Entonces, las prácticas se encuentran determinadas por la constitución histórica del campo, el campo de lo político en este caso, donde los jugadores poseen diferentes intereses, habitus y volúmenes de capital según su posición dentro del campo en particular, y el espacio social en general. Los mismos se enfrentan a otros jugadores, donde se disputan el capital específico, dándose en paralelo una disputa por el significado de tal capital, modificando así los límites del campo. Bourdieu (2002, p. 125). “Los agentes comprometidos en un juego pueden luchar para aumentar o conservar su capital, sus cartas, de alguna manera conforme a las reglas tácitas del juego. Pero también pueden trabajar para modificar total o parcialmente esas reglas de juego. Por ejemplo, pueden luchar para cambiar el valor relativo de sus cartas, por medio de estrategias que apunten a desacreditar la sub-especie de capital sobre la que descansa la fuerza de sus adversarios y valorizar la especie de capital que ellos poseen especialmente” (Gutiérrez, 2005, p. 43)

El marco donde se desempeñan estas prácticas, como se menciona anteriormente, es el campo de lo político, que se inscribe en lo propuesto por Rosanvallón (2003) donde lo político “corresponde a la vez a un campo y a un trabajo”, como campo un espacio históricamente constituido que “Remite al hecho de la existencia de una ‘sociedad’ provista de sentido” donde existen normas e instituciones propias. Y como trabajo, a la trama de relaciones conflictivas que una población enfrenta en tanto se transforma en una comunidad con “reglas explícitas o implícitas de lo participable y lo compartible” que le da forma (Rosanvallón, 2003, p. 16). Aquí es necesario realizar una precisión, si bien el estudio de lo político incluye a la política, existe una diferencia entre ambos conceptos: “Al hablar sustantivamente de lo político, calificó también de esta manera a una modalidad de existencia de la vida comunitaria y a una forma de acción colectiva que se diferencia implícitamente del ejercicio de la política. Referirse a lo político y no a la política es hablar del poder y de la ley, del Estado y de la nación, de la igualdad y de la justicia, de la identidad y de la diferencia, de la ciudadanía y la civilidad, en suma, de todo aquello que constituye a la polis más allá del campo inmediato de la competencia partidaria por el ejercicio del poder, de la acción gubernamental del día a día y de la vida ordinaria de las instituciones” (Rosanvallón, 2003, p. 20).

Por consiguiente, se analizará el capital político de los agentes en cuestión, al cual se lo define partiendo de lo que propone Michel Offerlé (2011) como “lo que da la eficiencia de un agente o de un grupo de agentes en una coyuntura y una configuración determinadas”, donde entran en juego distintos elementos como: “la precocidad de la entrada en política, la duración de la adhesión militante, en los partidos, las juventudes del partido, en las organizaciones sindicales, profesionales, estudiantiles, (…). Podemos relevar los éxitos o los fracasos acumulados, la naturaleza y el volumen de los mandatos y de los puestos acumulados en el curso de una carrera política, el grado en el cual es dominada una clientela o una base de apoyo personal por fuera del control del partido (…), la duración de la profesionalización, el tipo de trayectoria seguida desde la entrada a la política, la posición ocupada en las redes sociales pertinentes – políticas, mediáticas, económicas, culturales, mundanas-, es decir, el capital social” (Offerlé, 2011, p. 94).

Entonces, para entender los cambios y las continuidades de las prácticas de los agentes, es necesario reconstruir las trayectorias de los mismos y dar cuenta de los habitus incorporados, entendidos “por un lado, objetivación o resultado de condiciones objetivas y, por otro, es capital, principio a partir del cual el agente define su acción en las nuevas situaciones que se le presentan” (Gutiérrez, 2005, p. 69). Esto permite comprender el desempeño en sus esferas de acción, las cuales son dos: la partidaria y la electoral.

En concreto, ¿qué elementos puntuales componen a las prácticas políticas que desempeñan los agentes (sujetos al volumen del capital disponible) como estrategia para el logro de los intereses que requiere su posición? En este trabajo se investigarán las alianzas, el clientelismo, el trabajo comunitario y el discurso representativo, entendidos como la expresión de los sentidos que los actores imprimen en su visión de cómo enfrentar las diferentes situaciones, es decir, de cómo debe organizarse políticamente la sociedad; y al mismo tiempo una herramienta que tiene como objetivo lograr adhesiones y legitimidad. El análisis sobre estos elementos concretos permitirá reconocer la construcción de identidades y las formas de construcción de poder de los agentes, entendidas como estrategias enmarcadas en una tradición de larga duración dentro de las prácticas políticas del radicalismo. Se espera en el avance de la investigación elaborar estas categorías conceptuales que den cuenta de estas tradiciones. Este aspecto tiene relación directa con la posición ocupada en el campo, la cual es la posición de productores, tanto en la esfera partidaria como electoral, y se ve enfrentado a otros agentes productores como los otros espacios internos y otros partidos políticos, donde los consumidores son los afiliados al partido y el electorado en general, respectivamente y como intermediarios aparecen la prensa, los punteros y los militantes de base: “un campo específico (…) se va conformando en torno a un capital específico (…), y en la medida que alrededor de ese capital que está en juego se va constituyendo un mercado específico. Ello supone la existencia y diferenciación primera entre productores del bien (…) y consumidores del bien en cuestión (…) y la aparición progresiva de los que pueden llamarse intermediarios” (Gutiérrez, 2005, p. 54).

Estos dos últimos cumplen la función de ser articuladores del vínculo entre los dirigentes y los afiliados/ciudadanos, en tanto son los encargados de tareas cruciales tales como la organización de la fiscalización y la movilización de votantes en los comicios, el trabajo territorial desempeñado en el proselitismo, el respaldo en manifestaciones y el traslado de los pedidos de los ciudadanos/afiliados a los dirigentes. La división existente entre los punteros y los militantes de base recae en la jerarquía lograda por el cumplimiento efectivo de estas tareas.

En cuanto a los agentes, los jóvenes radicales autodenominados Nueva Idea Radical (NIR), y a su vez integrantes de la Lista Verde, se encuentran cohesionados como grupo de agentes en tanto forman parte de una misma generación. Este concepto no se reduce a una cohorte de años o una contemporaneidad de un tiempo vivido, el mismo se complejiza ya que: remite a la historia, al momento histórico en el que se ha sido socializado’ (…) deben ponerse en juego de una u otra forma, elementos de identificación común entre sujetos que comparten un problema. Entonces, el vínculo generacional aparece y se constituye como efecto de un proceso de subjetivación, ligado con una vivencia común en torno a una experiencia de ruptura, a partir de la cual se crean mecanismos de identificación y reconocimiento en tanto parte constitutiva de un nosotros.”, esto significa, además, que no existe una juventud única y homogénea, dicho de otro modo, se puede hablar de juventudes (Vommaro, 2015, p. 19).

En consecuencia, se postula que el acontecimiento que produce esta ruptura refiere al golpe de Estado realizado al gobierno de Arturo Illia y la actuación ineficaz de la conducción partidaria, liderada por la LN, al respecto. Lo cual generó un efecto de frustración en estos jóvenes radicales, y produjo la necesidad de cambiar la situación. Su visión del gobierno de la UCRP como ético y popular, el respectivo golpe y la indiferencia ciudadana sobre el derrocamiento, fueron los principales elementos que motivaron el accionar de este grupo, confluyendo con radicales de todo el país, de este modo se concretó la conformación del MRyC hacia 1972. Sin embargo, este no es el único acontecimiento que provocó la conformación particular de NIR. Para comprender este proceso hay que analizar que sucedía a escala regional.

Si bien, esta generación no se percibe y denomina como joven durante todo el periodo abordado (a diferencia de los miembros de la JCN, para trazar un paralelismo), se puede observar esta representación en una primera etapa del período, que va de 1966 a 1973. La noción de generación es clave para entender la constitución de este agrupamiento de agentes, aporta herramientas para poder comprender la cohesión y consolidación de aquellos jóvenes que desplegaran sus prácticas en busca de aumentar su capital político y ocupar una posición dominante dentro del campo. En un principio, el enfrentamiento a los denominados “generación intermedia” identificados como el Movimiento de Resistencia Radical (MRR), integrados en la lista Azul en un primer momento, significó la principal disputa en la esfera partidaria para el NIR. Si bien, en estas elecciones partidarias de 1972, en la lista Azul se encontraban el MRR y los balbinistas liderados por Damiani, para los jóvenes era la generación intermedia el rival a vencer tal como lo refiere uno de los protagonistas:

En Misiones, el radicalismo había gobernado en el 63 de la mano de don Mario Losada padre. Sus ministros y principales colaboradores eran la Generación Intermedia. Nosotros, los recién llegados, éramos como los nietos. Veníamos los jóvenes, Nueva Idea Radical (y viejas mañas, decía don Mario) de ganarle una furiosa interna a la Generación Intermedia, lo que de hecho bloqueó las naturales candidaturas de los aspirantes que venían del 63[1].

Entonces, esta representación permite deducir el estado de fuerzas en la esfera (o subcampo) partidaria, y un elemento fundamental para comprender el porqué del enfrentamiento con un grupo que a nivel nacional también adhería a los postulados del MRyC. Es decir, este estado particular, es la estructura del campo1 específico y “en cualquier campo encontraremos una lucha, cuyas formas específicas habrá que buscar cada vez, entre el recién llegado que trata de romper los cerrojos del derecho de entrada, y el dominante que trata de defender su monopolio y de excluir a la competencia”, (Bourdieu, 2002, p. 120)

A pesar de la disolución y formación de nuevas alianzas con respecto a la generación más adulta que se desarrollaran en el periodo comprendido, serán las agrupaciones del NIR dentro de la Lista Verde y el MRR posteriormente Lista Morada, los actores en lucha que aportaran la dinámica en el campo. Este proceso se puede comprender en tanto a los actores del NIR como jóvenes, porque se plantea que “en las relaciones entre las juventudes y las formas de la política, consideramos a la juventud como experiencia vital y noción socio-histórica definida en clave relacional, más que etaria o biológica. (…) esta noción se ha ido configurando en el proceso de interrelación entre dos fuerzas: las del mundo adulto y sus instituciones de control, y la resistencia de los ‘recién llegados’ a tomar el lugar que la situación dominante les tenía asignado” (Vommaro, 2015, p. 18)

El derrocamiento del gobierno radical de 1966 y la prohibición imperante de la actividad política impuesto por el gobierno militar, condujo a una reestructuración del campo político en general, y la esfera partidaria en particular. Para entender cómo se produjeron los diferentes agrupamientos de agentes que se concreta en la reorganización partidaria en 1971, y que perdurará durante el periodo estudiado, es necesario volver a la cuestión de las trayectorias, ya que aporta elementos para comprender el devenir de los agentes. Para un análisis más profundo, es necesario, además, contemplar las esferas sociales de donde provienen, “estos factores son significativos al momento de comprender tanto las ideas como la praxis (…) La familia, en tanto ámbito inicial de socialización política, tuvo una incidencia decisiva sobre la configuración de estos agentes (…) Los espacios de sociabilidad en los que crecieron y con los que se identificaban (…) son significativos ya que, tal como ha señalado Christophe Charle, ‘los condicionamientos que traducen las trayectorias, los lugares de formación, los lazos intelectuales o sociales indican cuáles son los márgenes de juego del sistema’” (Fernández, 2017, p. 23).

La hipótesis de esta investigación plantea que la participación del sector juvenil, denominado “Nueva Idea Radical” dentro de la UCR Misiones transformó las prácticas políticas del partido, dotándolo de una impronta diferente a la tradición que imprimió el balbinismo en la identidad y formas de construcción de poder del radicalismo, imponiendo así la tradición en la cual se inserta. En particular, este grupo realizó una lectura del contexto político y social eficaz, modernizando las estrategias de militancia, adecuándose a la impronta popular y mayoritaria dentro del escenario provincial y nacional. En definitiva, construyó una lógica que produjo una ruptura con la tradición dominante, para dar paso a un nuevo proceso en el cual el radicalismo en general, y algunos de sus agentes en particular, fueron protagonistas de la dinámica en la vida política provincial y nacional.

Nueva Idea Radical y la Junta Coordinadora Nacional de la Juventud Radical

A instancias de que esta ponencia es escrita -en un proceso inicial de elaboración de una tesis de licenciatura-, aún hay mucho por investigar, pero a partir de toda la información recolectada hasta el momento, y en diálogo con la construcción conceptual realizada, surgen algunas cuestiones que me gustaría plantear.

Si bien el radicalismo en general, tanto a nivel nacional como regional, durante el periodo en estudio, se encuentra en un proceso de transformación en tanto se enfrentan dos tradiciones políticas que representan identidades y formas de construcción de poder diferentes (representados por los espacios MRyC y LN en este contexto), planteó que el grupo NIR al poseer vínculos estrechos con la JCN adquiere influencias particulares que el otro grupo perteneciente al MRyC, el MRR, no.

El NIR poseía una relación directa con la JCN, esto se expresa puntualmente siendo Enrique Nosiglia delegado del grupo en Buenos Aires en la declaración de constitución de este espacio[2]. Nosiglia fue uno de los referentes principales de la JCN y Franja Morada tanto nacional como de la Capital Federal, y hombre de confianza de Raúl Alfonsín. En el radicalismo misionero, donde ya hacia el año 1972 conducía las estructuras partidarias la Lista Verde, la Convención provincial declaraba “luchar incansablemente para alcanzar elecciones LIBRES SIN PROSCRIPCIONES NI CONDICIONAMIENTOS”, la cual era la consigna principal de los jóvenes coordinadores a nivel nacional, además en el mismo acto, Barrios Arrechea pronunciaba que “como en Misiones, el radicalismo todo ha retomado su línea revolucionaria y popular. Sus hombres (…) son los más aptos para generar la revolución inconclusa que iniciaron Alem e Yrigoyen”, contenido semejante a lo expresado en los documentos de la Coordinadora[3]. Otro hito de esta relación entre el NIR y la JCN en el marco más general del MRyC es el congreso nacional de la Juventud Radical del año 1975 en el cual Ricardo Barrios Arrechea fue uno de sus oradores, donde dijo:

debemos ser oposición constructiva para pasar a ser alternativa popular. No queremos ser la reserva moral… sino protagonistas (…) eso de reserva moral me suena como el vino de reserva, que es de unos pocos. Debemos ser el vino común que está en el pico de la mayoría; este partido no puede acogotarse en la preservación de la libertad y la democracia[4].

En 1975 se realiza la elección a gobernador y vicegobernador en la provincia de Misiones debido al fallecimiento de las autoridades ejecutivas en ejercicio. Estas elecciones tomaron relevancia nacional, y el radicalismo realizaría una gran performance electoral. En estas elecciones dirigentes radicales de todo el país se instalaron en la provincia para acompañar en la campaña, principalmente los jóvenes coordinadores. Si bien no se obtuvo la victoria, Barrios Arrechea adquiere un amplio reconocimiento por parte del arco político.

Finalmente, para el año 1982, Barrios Arrechea sería designado por el MRyC como vicepresidente del Comité Nacional de la UCR. Todos estos acontecimientos expuestos demuestran la preponderancia de este grupo en la estructura partidaria tanto nacional como provincial y el vínculo con la JCN. Resalto esta relación porque la JCN representó innovaciones en las prácticas políticas del radicalismo en los espacios donde se desenvolvieron, como lo sostiene Juan Cruz Fernández (2017) en su investigación.

En conclusión, lo desarrollado anteriormente permite vislumbrar, por lo menos de manera provisoria, un camino que permita comprender y responder la siguiente pregunta: ¿qué permitió imponerse al NIR dentro del campo político?

Bibliografía

Altamirano, C. (1987): “La Coordinadora: Elementos para una interpretación”, en Nun, José y Juan Carlos Portantiero (comp.), Ensayos sobre la transición democrática en Argentina (pp. 295-332). Buenos Aires, Puntosur.

Bourdieu, P. (2002). “Algunas propiedades de los campos”. En Campo de poder, Campo intelectual. Itinerario de un concepto. Editorial Montressor, Buenos Aires.

Fernández, J. C. (2017). Jóvenes en un partido tradicional: la trayectoria de la Junta Coordinadora Nacional en la Unión Cívica Radical (1968/1981). [Tesis de doctorado]. Universidad Nacional del Sur.

Ferrari, M. y Martocci, F. (2019) Partidos políticos y fuentes para su estudio. En Salomón Tarquini, C. y otros (2019) El hilo de Ariadna: propuestas metodológicas para la investigación histórica (pp. 285-292). Buenos Aires: Prometeo.

Gutierrez, A. (2005) “Las prácticas sociales: Una introducción a Pierre Bourdieu”. Buenos Aires. Ferreyra Editor.

Offerlé, M. (2011) “Los oficios, la profesión y la vocación de la política”. PolHis, 7, 84-99. ISSN: 1853-7723.

Rosanvallón, P. (2003) “Por una historia conceptual de lo político”. Fondo de Cultura Económica.

Velázquez Ramírez, A. (2019) “La democracia como mandato. Radicalismo y peronismo en la transición argentina (1980-1987)”. Ediciones Imago Mundi. Buenos Aires.

Scuri, G. y Favaro, O. (2005). “La trastienda de la Historia Regional”. En O. Favaro (comp), Sujetos sociales y políticas. Historia reciente de la Norpatagonia Argentina (pp. 2-10). Buenos Aires, La Colmena, CEHEPYC, Centro de Estudios Históricos de Estado, Política y Cultura.

Vommaro, P. (2015). “Juventudes y políticas en la Argentina y en América Latina: tendencias, conflictos y desafíos.” – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Grupo Editor Universitario.

Fuentes

Archivo Diario El Territorio, Misiones.


  1. Ricardo Barrios Arrechea en el Diario El Territorio, Misiones 6/9/2020. https://www.elterritorio.com.ar/noticias/2020/09/06/674561-el-73.
  2. El Territorio, Posadas, 23/8/1971.
  3. El Territorio, Posadas 11/9/1972.
  4. El Territorio, Posadas, 23/5/1975.


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