Otras publicaciones:

9789877230024-frontcover

9789877230581-tapa

Otras publicaciones:

frontcover1

tapa5

Las memorias sobre la experiencia de las Ligas Agrarias de Chaco en tiempos de lucha armada

Propuestas para una discusión desde la perspectiva testimonial

Claudia Calvo

Introducción

Durante los años setenta del siglo pasado los sectores rurales subalternos del nordeste argentino asistieron a un proceso de organización y de lucha por la defensa de sus derechos, en un contexto signado por la movilización social, la radicalización de las organizaciones populares y la generalización de la violencia política. Gran parte de ese proceso confluyó en las Ligas Agrarias, herramienta de representación de las familias vinculadas a los complejos agroindustriales. Creadas inicialmente en Chaco, se expandieron luego al resto de las provincias de la región. Partícipes del proceso de radicalización política, sufrieron la represión estatal incluso antes del golpe.

En la provincia del Chaco las Ligas Agrarias (en adelante, LACH) constituyeron la expresión resultante de dos experiencias de organización que venían desarrollándose desde hace varios años: el Movimiento Rural de Acción Católica (MR) y el cooperativismo algodonero. A pesar del apartidismo explícito que las caracterizó desde su nacimiento, una vez consolidadas como herramienta de lucha, no fueron ajenas al proceso de radicalización política que diversos sectores de la sociedad vivieron desde fines de los años sesenta, cuando progresivamente fue conformándose una particular línea de la Juventud Peronista, en la que muchos de los cuadros de la Acción Católica desarrollaron acciones armadas. Al interior de las LACH esto se tradujo en una mayor radicalización de sus dirigentes y de los cuadros medios del campesinado. No obstante, las LACH continuaron con la prescindencia partidaria, mantuvieron sus definiciones políticas y sectoriales y sus relaciones con otros organismos de los que indirectamente eran tributarias como la Unión de Cooperativas Algodoneras (UCAL). Además, pese al proceso de radicalización que transitaron, la magnitud y la multiplicidad de sus bases continuó en el desarrollo de sus acciones de protesta.

Desde 1973 con el retorno constitucional y la vuelta del peronismo al gobierno nacional, las LACH asistieron a una progresiva politización cuando comenzaron a estrechar sus vínculos con los diputados provinciales de la Juventud Peronista, con organizaciones locales del peronismo revolucionario en la región y con funcionarios de alto rango del poder ejecutivo nacional (en particular, con el ministro de Economía José Gelbard y con el secretario de Agricultura Horacio Giberti). En efecto, a principios de 1974 varios miembros de las LACH integraban la Juventud Peronista, o estaban relacionados con Montoneros.

Si bien este periodo de la historia rural de la región ha sido extensamente estudiado, el relato testimonial sobre dicha experiencia permanece escasamente examinado. Así, este trabajo propone abordar los sentidos que circulan sobre el vínculo que existió entre las Ligas Agrarias Chaqueñas y la lucha armada; para ello propone examinar los testimonios de ex militantes que participaron de ese pasado y/o de las nuevas generaciones que lo interrogan. Con el fin de contribuir a la construcción de conocimiento sobre la historia política del campesinado en la región, nos interesa indagar en los contextos de enunciación, las claves narrativas y en las formas de encuadramiento de la memoria de esa experiencia.

La bibliografía académica sobre el tema ha desarrollado hipótesis y proposiciones explicativas del fenómeno liguista, atendiendo a las consecuencias del proceso de radicalización política en la orientación que fue asumiendo avanzada la década de los setenta, y en el desmantelamiento del movimiento[1]. Así, se enfocó en la emergencia o la profundización de clivajes que hasta entonces habían permanecido latentes al interior del liguismo. Según el planteo trazado, la aceleración de los tiempos políticos, el retorno del peronismo y la progresiva asunción de la lucha armada como estrategia de cambio social en amplios sectores del activismo promovió la visibilización y/o el desencadenamiento de procesos de fragmentación al interior de las Ligas[2]. Ahora bien, estos trabajos han soslayado el análisis de las memorias y representaciones que sus propios protagonistas evocan sobre ese periodo.

Precisamente, el presente trabajo apunta a construir conocimiento sobre la singularidad de la memoria de los ex miembros de las Ligas sobre el periodo de radicalización y politización de las LACH (tanto de dirigentes y cuadros medios como militantes de base y familias vinculadas al movimiento), y el lugar que en dichas evocaciones ocupa la experiencia de la lucha armada y/o la violencia. En particular, nos enfocamos en la caracterización de quiénes son los testimonios (exdirigentes liguistas, miembros del Movimiento Rural de Acción Católica, miembros de base que participaron de las Ligas o sus hijos pero que nunca evocaron públicamente su experiencia); qué recuerdos hacen públicos (reflexión crítica, reproducción de idearios antisubversivos, entre otros); y cuáles son sus contextos y las temporalidades de enunciación (literatura biográfica, investigación académica, archivos orales, testimonio judicial, organizaciones rurales). Los relatos son triangulados con otros documentos escritos que retrataron el proceso de radicalización y violencia política en el sector rural, en la provincia y en la región, como los diarios locales y nacionales, el mensuario El Campesino, las revistas de organizaciones políticas de la época y otros documentos como intercambios epistolares presentes en los archivos especializados[3].

Explosión del testimonio liguista en la literatura (auto)biográfica

Durante las primeras décadas de la democracia los relatos sobre la experiencia liguista y su represión permanecieron silenciados, en parte, producto de la persistencia del miedo sembrado en el campo durante el terrorismo de Estado y del estigma construido en torno al activismo campesino, alrededor de la difusión de un ideario antisubversivo (Calvo, 2015). A modo de excepción, el más temprano testimonio público sobre la relación entre la violencia política, la radicalización del campo popular y las Ligas Agrarias fue narrado por Norma Morello[4] en su libro testimonial publicado en 1993[5]. El libro repone una reflexión sobre el proceso de radicalización ligado a la lucha armada, donde la autora no cuestiona los métodos en sí mismo (la violencia) sino el modo como intentó ser implementada una política “desde arriba” (en referencia a las organizaciones armadas urbanas). Así sostiene que esa orientación desestimó la historia local y las características de la organización del campesinado, signadas por la formación en la educación popular, la organización asamblearia de la que participaban familias enteras y la construcción de la democracia de base, elementos que abonaron al surgimiento de una organización con la masividad como la que tuvieron las Ligas Agrarias. Su relato está marcado por la distancia entre “ellos” (organizaciones armadas, juventud, sectores urbanos) y “nosotros” (el movimiento de masas campesino). Su autocrítica apunta a la implementación de la violencia como una opción de cambio social omitiendo la construcción de formas de comunicación popular, de la reflexión-acción con el pueblo campesino, de modo tal que ayudasen a la toma de conciencia de sí, de sus derechos y necesidades (1993, p. 114).

Casi dos décadas después comenzaron a emerger relatos biográficos y autobiográficos sobre la experiencia liguista que incluyeron interpretaciones sobre la radicalización política y la represión. El más temprano de ellos fue Montemadre. Heroica historia de compromiso y dignidad, la novela histórica de Jorge Miceli publicada en 2006, que relata una historia que “se va entrelazando con descripciones sobre la situación en el campo, la explotación de los hacheros, el Movimiento Rural y las Ligas Agrarias y otros sucesos político sociales entre la década de 1960 y 1980” (2006, p. 13). Narra la historia de vida de la Remo Venica e Irmina Kleiner, pareja de liguistas que en 1975 debió insiliarse en el monte, donde vivió durante cuatro años.

A partir de entonces otros libros sobre la historia de las Ligas y sus memorias fueron publicados entre 2013 y 2019. En general, recuperan testimonios sobre la experiencia liguista y la temprana represión en ámbitos rurales, o reconstruye historias de vida de desaparecidos y asesinados de las Ligas a partir del relato de familiares y amigos[6]. Lo cierto es que la mayor parte de estas publicaciones recuperan relatos de sus dirigentes sin lograr reponer las representaciones y sentidos sobre este pasado evocados por las bases campesinas partícipes de las Ligas.

Cabe mencionar el lugar destacado que tuvo este libro entre la población rural protagonista del pasado reciente. La mayor parte de los relatos de exmiembros de las Ligas que escuché durante mi trabajo de campo se refirió a él y a la estremecedora experiencia de Remo e Irmina; su lectura generalizada al interior del campesinado parece ser un indicio sobre el impacto que tuvo su circulación entre los protagonistas de aquella experiencia. Así, la lectura de MonteMadre… es un ejercicio de memoria que aparece repetidamente en los diálogos de los campesinos que fueron miembros de base y sus hijos (que también forman parte de organizaciones campesinas en la actualidad). El libro habilitó la proliferación de otras memorias sobre las Ligas. La forma en que fue escrito, su lenguaje llano y su carácter literario, la historia verídica que narra manteniendo a los personajes con nombres reales (personajes que, además, siguen vivos y en contacto con el sector y las colonias rurales) facilitó su acceso y su difusión entre la población campesina. Lo que hace singular su mención es que las escenas en las que se relata y nombra a los agricultores pobres que ayudaban a los dirigentes escondidos en el monte, narran su propia historia. Por eso MonteMadre…, logra un proceso de identificación en los lectores de extracción rural quienes, quizás por primera vez, asistieron al proceso de reivindicación de las Ligas desde un soporte (literario), es decir, legítimo y “autorizado”. El libro se constituyó, además, en una referencia para la transmisión intergeneracional de la experiencia liguista. El contacto y la lectura de MonteMadre… también fue el modo en que los hijos de desaparecidos de las Ligas conocieron su propia historia y la de sus padres. Es decir que en el momento en que se publicó, posiblemente muchas familias de los protagonistas de MonteMadre… aún no conocían su historia. Así, favoreció el inicio de una búsqueda de información y de contacto con ex liguistas por parte de quienes comenzaban a indagar su historia y a reivindicar a sus familiares.

Durante los primeros años de mi trabajo de campo en las zonas rurales donde existieron Ligas Agrarias, esa experiencia representaba algo de lo que no era fácil hablar, principalmente por miedo. Pese a que muchos campesinos relacionan la dificultad de fortalecer las organizaciones con el miedo sembrado durante el terrorismo de Estado en el campo, en sus relatos, muchas veces también refieren que ese temor era hacia los propios liguistas, impregnados de representaciones sobre “lo peligroso”. A modo de ejemplo, los relatos sobre el pasado, rememoran que en los años ochenta una persona “empezó a agitar para armar nuevamente una organización de los campesinos, generando desconfianza porque eran gente de las Ligas”[7]. Ese pasado muy tardíamente comenzó a formar parte de lo decible públicamente integrándose en la historia local “oficial” a través de su enseñanza en la escuela y su difusión por los medios de comunicación y organismos estatales[8].

En efecto, la publicación de MonteMadre… y la difusión de la historia de las luchas campesinas en las escuelas de la provincia[9], las universidades y círculos militantes de las metrópolis[10], contribuyeron a la visibilización de la historia de las Ligas Agrarias. Ello repercutió en las familias campesinas partícipes de ese pasado. Entre 2008 y 2013, al interior de organizaciones del sector comenzó a desarrollarse un trabajo de memoria sobre la historia reciente en las zonas rurales, especialmente la Unión de Pequeños Productores de Chaco (en adelante, UNPEPROCH) una de las organizaciones campesinas más grandes de Chaco y la Asociación de Pequeños Productores Orgánicos (APPO), cuyos miembros en muchos casos fueron liguistas o son hijos/sobrinos de ex liguistas, o bien, conocen gente en el lote o paraje que participó de aquella experiencia.[11] Desde entonces fue generándose progresivamente la oportunidad (y construyéndose la necesidad) de hablar y escuchar sobre el pasado, tanto entre quienes habían sido sus protagonistas como por parte de quienes, habiendo estado o no involucrados en esas relaciones sociales, repetían discursos peyorativos y estigmatizaciones sobre la experiencia liguista (Calvo, 2015, p. 132).

Los testimonios y las organizaciones campesinas: ¿cómo se recuerda?, ¿dónde emerge la memoria y de qué hablan esos relatos sobre el proceso de radicalización y violencia política?

Tal como Catela da Silva (2012) señaló tras su análisis del caso de Tumbaya (pequeño poblado de la provincia de Jujuy), en las comunidades rurales de Chaco todos tienen una versión de lo que pasó durante los años setenta. Durante buena parte del periodo democrático, desde 1984, esas narrativas circularon sólo al interior de las familias campesinas o entre grupos de pares. Recién hacia fines de la década del 2000 los sentidos hasta entonces imperceptibles o inéditos sobre el periodo de radicalización política en el campo comenzaron a emerger de manera intempestiva al interior de la comunidad rural, contribuyendo a la posibilidad de tejer un relato compartido sobre el pasado acorde a las necesidades del presente.

Mario Cáceres y Panchi Zaluzalsky, son históricos referentes de la UNPEPROCH de la zona de Maipú en el centro norte de Chaco, epicentro de la organización y acción colectiva de las LACH. Sus padres y abuelos fueron liguistas, alguno de ellos incluso llegó a ser delegado zonal. Al historizar el resurgimiento de la organización campesina tras el retorno democrático, señalan la invisibilización de las Ligas Agrarias, de sus reivindicaciones y acciones colectivas. Vinculan ese silencio a una reticencia social que hubo durante los años ochenta y noventa, entre la población campesina, incluso entre activistas, para hablar del pasado; limitación ligada a la persistencia del miedo y el tabú, producto de la ferocidad de la represión en el campo, pero también, de la vigencia de un imaginario que las asoció a las LACH a una otredad peligrosa[12]. Así, en las memorias comunitarias de las zonas donde existieron las Ligas quedó registrada la imagen de algunos parajes como un lugar peligroso y algunos pobladores juzgados por sus compromisos militantes pasados, un retrato negativo del territorio rural y de la organización[13]. Sostenemos que este ideario “antisubversivo” tuvo efectos de largo plazo en el tejido social rural, y que su efectividad puede ser vinculada, en parte, a los sentidos construidos en torno a la asociación de la organización campesina con la experiencia de la lucha armada durante ese periodo.

Una mirada genealógica permite indagar en los procesos de emergencia y procedencia de esa imagen cristalizada en la figura de la “subversión” (Foucault, 1992), historizando los procesos mediante los cuales las familias nucleadas en las Ligas y los territorios donde éstas tuvieron inscripción comenzaron a ser “peligrosos”[14]. A modo de estigma, esta imagen fue inscripta especialmente en la figura de los dirigentes provinciales (sobrevivientes, exiliados, desaparecidos y/o asesinados) quienes fueron difamados durante el terrorismo de Estado mediante la constante distribución de carteles de “buscado” y “prófugo” en los espacios públicos de todos los pueblos y arrojados desde los helicópteros del ejército. Con ello no solo se instó a la delación sino también a la demonización comunitaria del activismo.

En su reflexión sobre el pasado reciente y la actualidad del sector, Mario y Panchi señalan que recién en los años 2000 las LACH volvieron a ser nombradas en el espacio público. Según sus propias evocaciones, hasta entonces las Ligas habían sido el “cuco, algo malo que no se quería… al hablar de eso la gente no se quería juntar”[15]. Otros miembros de UNPEPROCH recuerdan, sobre la misma época, la llegada de una persona que “empezó a agitar en esa época para armar nuevamente una organización de los campesinos, generando desconfianza porque eran gente de las Ligas”[16]. O bien cuando Damián Herrera, otro miembro de UNPEPROCH que participó activamente de las LACH recuerda que “después de que hubo el desarme de todas las organizaciones, una de las que primero apareció habrá sido IMPROCH. Ramón (Chávez, emblema de las Ligas Agrarias en Tres Isletas) me invitó. La gente al principio no quería saber nada (…) Hay algunos que con el pasado no… quedó muy asustado”[17].

El siguiente diálogo muestra cómo el miedo y del tabú operaron en proporción directa a la falta de conciencia de clase y politización:

Investigadora: ¿Y entre padres e hijos se hablaba?

Mario: Y la gente que nacieron después del golpe ¡también tiene miedo! Los padres lo cuentan como algo feo
Panchi: Mi padre me decía que eso era feo cuando arrancamos (en UNPEPROCH, en los años ochenta), no le gustaba ‘vas a terminar como terminaron los de las Ligas’ (…) siempre están los que no quieren que se junten, le dice a los otros que ahí va a renacer las Ligas Agrarias… (quedó) un ‘cuiqui’ para tomar liderazgos como antes[18].

La emergencia de evocaciones sobre el pasado comenzó entre familias que, en muchos casos integraron la base social de la organización durante los años setenta, pero, sobre todo, que actualmente integran organizaciones que realizan peticiones colectivas y manifestaciones en reclamo de acceso a derechos. Esta pertenencia habilita la verbalización de una interpretación del pasado, no solo como testigos o audiencias, sino principalmente como miembros de una organización del sector. A modo de ejemplificación, entre 2008 y 2013 participé de la coordinación de talleres de formación de base de organizaciones campesinas como UNPEPROCH y APPO, el primero de los cuales versó en torno a la memoria histórica y la memoria de las luchas del sector en la región[19]. Es significativo que, en esos ámbitos, pese a que muchos campesinos relacionaban la dificultad de fortalecer las organizaciones con el miedo sembrado por el terrorismo de Estado, sus relatos también manifestaban la presencia de un temor hacia los propios liguistas, asociados a las representaciones sobre “lo peligroso”. Algunas de estas evocaciones muestran cómo las representaciones sobre el carácter “subversivo” o “extremista” del campesinado organizado impregnaron en todo el tejido social, incluso en las bases sociales de las Ligas. Por ejemplo, al apropiarse de categorías que reproducen la existencia negativa de una otredad peligrosa como variable explicativa del pasado. Tal como se ve en el siguiente diálogo

Investigadora: ¿Qué es ser subversivo?

Miembro de las organizaciones campesinas: Montonero

Miembro de las organizaciones campesinas: Ser extremista
Miembro de las organizaciones campesinas: tener una idea contraria a la ley. El nombre auténtico hoy es terrorista[20]

O cuando reponen sentidos peyorativos sobre la dimensión insumisa o el proyecto político de la mítica organización,

Campesino 1: me dijo ´será que estos son como las Ligas antes´, me habló muy bajito y me preguntó eso. Será peligroso ese el barbudo

Campesino 1: yo escucho a algunas personas, que a veces nos hacen tener miedo, que lo nuestro es algo parecido a las Ligas Agrarias, que un día van a venir y nos van a meter azote porque andamos haciendo mal las cosas.

Campesino 5: Era algo parecido a esto, pero después agarraban para otro lado porque había gente revoltosa parece, y los líderes tenían otros planes digamos. Que los planes de ellos eran copar el poder parece, aparentemente. Creo que era así, no sé[21].

El tópico de la lucha armada se hizo presente en varios de los encuentros y talleres de reflexión. En particular la relación con Montoneros casi siempre apareció en forma de interrogante, como parte de lo “no dicho” que permanecían pendientes en la comunidad. En muchos casos fueron los hijos de los ex miembros, sobrinos o vecinos, quienes repusieron ese pasado, es decir, la generación que no vivió directamente las Ligas. Así, el interrogante también asume una presencia y un papel importante en la transmisión intergeneracional de la identidad liguista. En otras oportunidades las evocaciones expresaban dudas sobre lo ocurrido y sobre la historia vivida de la que habían sido testigos, sobre las responsabilidades y la participación de las LACH durante el proceso de radicalización y violencia política. En la mayor parte de los casos, las respuestas fueron construidas paciente y colectivamente, posibilitadas por el contexto de intimidad y de diálogo en las rondas entre vecinos y compañeros. En otros casos, las preguntas sobre ese aspecto del pasado eran dirigidas explícitamente a quienes constituyen las voces locales “autorizadas” y legitimadas por la comunidad para contar la historia de lo que pasó en el departamento” (Calvo, 2015, p. 120), quienes asumieron compromisos y responsabilidades específicas en la organización, por ejemplo ex delegados zonales o departamentales. Así fueron hilándose las memorias campesinas que habían permanecido latentes o circulado de forma “subterránea” en el plano doméstico, signadas por los rumores y la pregunta por la presencia de armas y por la existencia de “subversivos” en las Ligas, tal como lo expresa las siguientes citas:

Sabíamos que se estaban organizando, que eran Montoneros, ‘extremistas’. Que había un conflicto con el gobierno de esa época, pero de ahí a saber por qué y todo eso no… nadie, no se hablaba anteriormente. Estaba ese tema, pero no se quería escarbar en el tiempo. Nadie se quiere acordar de eso (…) A las Ligas Agrarias, no sé, el comentario que les quedó es que supuestamente, dos o tres que eran ‘subversivos’, vinieron a arraigarse por parte de las Ligas Agrarias, se hablaba de Piccoli[22] y de Orianski[23] que eran “subversivos”. Y quedó así. Hasta ahora quedó así, como que ellos eran subversivos[24].

Algunos relatos buscaban marcar la “inocencia” del campesinado, por ejemplo, cuando argumentaban que “en esa época se decían en los medios mentiras, que quemaban camiones o ponían miguelitos, eso era para que los jóvenes no participen”; o aclarando que en las Ligas la “única arma era la voz”[25]. Otros planteaban que era innegable la presencia de armas en una organización como las Ligas, afirmación signada por la propia participación en las luchas del sector en el presente, al asumir que incluso hoy en un desalojo o ante el amedrentamiento por parte de las fuerzas de seguridad privadas, es necesario que haya armas en las chacras del campesinado. Por ejemplo, “hay cosas que no se dicen, el tema de las armas… No se puede tener un movimiento grande sin armas, algún revolver tenés que tener. Hoy si tenés que resistir un desalojo, tenés que tener armas. Si se dice que no hubo armas, no se está diciendo toda la verdad, acá hay que ser claros”[26].

Quienes habían participado directamente de las Ligas marcaron una clara diferenciación entre lo que era una organización armada, la cual contaba con la preparación militar de sus integrantes, y tener armas para defenderse. De modo que la posibilidad de hablar entre los miembros de la organización acerca de esto permitió cuestionar, en algún sentido, tanto las imágenes propuestas por la última dictadura militar, como las representaciones que, tras el retorno constitucional, tendieron a primar en el espacio público, por ejemplo, con la “teoría de los dos demonios”. El diálogo y encuentro posibilitaron la desmitificación de las Ligas en tanto “demonio”, por su carácter “subversivo”, y también como “inocentes” en el sentido de que ellos “no hacían nada”, lo que supondría una despolitización de las identidades que estaban en lucha y planteaban un conflicto (GEPCyD, 2008). Pero también abonaron a una comprensión más complejizada del fenómeno de la represión en el campo por parte de los propios pobladores campesinos. Por ejemplo, Carmen, una pobladora campesina miembro de UNPRPROCH rememora las prevenciones que recibía de su familia cuando explica que “me decían ‘no te vayas a meter en las Ligas Agrarias’. Me hacían tener miedo, que las Ligas Agrarias te van a llevar lejos (…) A los 61 años vine a descubrir qué es la Liga Agraria. Y tanto me asustaron cuando empecé a participar de organizaciones, que me iba pasar lo mismo que a las Ligas”[27].

Hacia el final del primer Encuentro realizado en 2008 otro poblador reflexionaba que

No eran una organización armada. Para mí es muy importante hablar. Y todavía más importante lo que yo pregunté ayer y me llegaron a aclarar algo, el tema de las armas, no es para tenerle una bronca a nadie y no alejarnos de eso, sino ese descubrimiento, de saber el porqué de esas armas. Estuve 35 años con la duda, siempre quise saber y que alguien diga que no era una organización armada… Pero había armas, que es algo positivo, es muy importante. Porque el día que haya algo –ojalá que no haya nada como lo que hubo- y si yo tuviera que usar, no tendría el peso porque sé que otros usaron también[28].

La pertenencia a una organización campesina permitió, además, enunciar interrogantes pendientes, surgidos por la necesidad de tramitar experiencias comunes. Especialmente, preguntas que se refieren a la participación de las Ligas en la lucha armada y su asociación de las Ligas y Montoneros, que reaparece continuamente en los relatos, en los silencios y en los rumores, adquiriendo una presencia singular en la transmisión intergeneracional y en la re-actualización tanto de la identidad liguista como del proceso de identificación de las nuevas organizaciones con ese pasado[29]. Emerge particularmente en los espacios grupales, en la intimidad del diálogo vertido durante talleres de reflexión y formación de base en el que interactúan antiguos y actuales compañeros, los hijos, los sobrinos y vecinos vinculados al pasado liguista. Es en ese marco donde emergieron interrogantes, cosas no dichas o pendientes de tramitar. Así, lo rememorado se va delineando en función de la presencia de contrapuntos e inflexiones.[30] Si por un lado estas narrativas recuperan sentidos peyorativos (hablan de “terroristas”, “extremistas”, etc.), ello no invalida el reconocimiento en el pasado liguista de un legado (un “ejemplo”) a continuar y recuperar para la defensa de las propias reivindicaciones y a la conquista de derechos (es decir, un pasado que entre los miembros de las organizaciones campesinas resuena como pauta para las tareas del presente y las expectativas de futuro). Retomando a Pollak, es posible que por medio de la socialización política e histórica ocurra un “fenómeno de proyección o de identificación con determinado pasado, tan fuerte que podemos hablar de una memoria casi heredada” (2006, p. 34). Catela da Silva (2003) examinó cómo un mismo episodio de violencia puede ser usado como emblema de la memoria de las luchas, o como estigma para una comunidad (que recuerda cómo fue tachada de subversiva y comunista). Y es que la evocación colectiva del pasado y las formas que asume su recepción son procesos creativos que suponen una elaboración reflexiva y emotiva. Es en el marco de las organizaciones campesinas que dichos sentidos pueden ser verbalizados e interrogados, dando cuenta de una verdadera disposición a la escucha, en un contexto particular signado por la pertenencia a un espacio colectivo y reivindicativo. Fue el proceso colectivo de interacción social lo que permitió evocar la experiencia traumática y el tabú. Siguiendo a Jelin (2002) el diálogo con otros, dado por códigos culturales compartidos, permite tomar las memorias colectivas no solo como datos “dados”, sino como procesos de construcción en función de las condiciones que las posibilitan, en este caso, el formar parte de una organización de base, de la misma clase, colonia y geografía, y con un pasado compartido.

En síntesis, en las evocaciones sobre el pasado que circulan en el ámbito privado y comunitario, la estigmatización aparece como una adjetivación escasamente cuestionada. Incluso, algunos dan cuenta de un distanciamiento con el estigma al expresar “no somos subversivos”. Diferente es el caso de las memorias de las Ligas que han podido emerger en el espacio público, o al menos tener cierta visibilidad, tras el acto homenaje de mayo de 2006 en Sáenz Peña, cuando se realizó por primera vez en el interior provincial un encuentro que homenajeó a la militancia liguista, evento organizado por un grupo de exliguistas[31]. En efecto, el análisis sobre la relación entre el estigma y las memorias de la represión puede examinarse desde el punto de vista del papel de los “emprendedores de la memoria” (Jelin, 2002), lugar que en mi investigación asumieron tanto familiares como amigos de los liguistas desaparecidos; como también algunos ex dirigentes o delegados zonales con una significativa formación política y responsabilidades dentro y fuera de la organización. A través suyo, intentan transformar los procesos de estigmatización en virtud y facilitan la convivencia entre los sentidos contrapuestos sobre el pasado (héroes y demonios), y la tramitación de cuentas pendientes, dudas y silencios sobre aspectos difíciles de narrar

Los testimonios de los exdirigentes liguistas: ¿qué recuerdan y cómo enuncian la experiencia de las LACH en tiempos de lucha armada?

A diferencia de los relatos del campesinado de base, evocados en el marco de actividades realizadas por las organizaciones sectoriales que se reconocen herederas de ese pasado, existen otros testimonios vertidos en el ámbito académico, judicial, en sitios de memoria y/o archivos públicos. Se trata del testimonio de los ex dirigentes, algunos de los cuales examiné en mi tesis doctoral. Ya sean entrevistas en profundidad vertidas especialmente para mi investigación, testimonios vertidos en archivos orales y públicos (por ejemplo, Memoria Abierta) o testimonios judiciales vertidos en el marco de los juicios por crímenes de lesa humanidad[32], se trata de evocaciones que, en general ya han elaborado ese pasado y/o lo han enunciado públicamente (a diferencia de lo que ocurre en los relatos de las familias campesinas más “anónimas” entre quienes primó el tabú en torno a este tópico). Las evocaciones de exdirigentes liguistas sobre la experiencia de la lucha armada no niegan ni valoran negativamente la presencia de opciones político-militares en la región y los incipientes intentos de inserción de éstas en las zonas rurales del Chaco. Pero circunscriben su vínculo con las ligas a opciones estrictamente individuales[33]. En primer lugar, porque sostienen la inviabilidad de una integración orgánica entre una organización como Montoneros (jerárquica y centralizada) y las Ligas Agrarias, de perfil movimientista y descentralizada. En los relatos vertidos para esta investigación, esa incompatibilidad obedece cuestiones tanto políticas (ligadas a la prescindencia partidaria de las Ligas) como ideológicas (dada la heterogeneidad irreductible del liguismo que integró a agricultores de las más variadas identidades políticas, como comunistas, radicales y peronistas) y metodológicas, debido a que la porosidad que caracterizaba a un movimiento social como las Ligas, cuya filiación era principalmente familiar y su inscripción en el ámbito comunitario y territorial de la colonia volvía inviable su integración en una estructura de cuadros jerárquicamente centralizada como Montoneros[34]. Pero también, por otro lado, los testimonios señalan que los vínculos que establecieron las Ligas con el peronismo de izquierda no se circunscribieron a las organizaciones armadas sino también con otras iniciativas no armadas como las incipientes del Partido Auténtico o la Juventud Campesina Peronista, experiencias que por motivos temporales (aceleración de la violencia política) en Chaco no llegaron a instituirse[35]. En segundo lugar, los testimonios hacen referencia a los límites que tuvo la inserción del peronismo revolucionario en el campo chaqueño: por un lado, dado que las Ligas constituían un movimiento que había logrado formar sus propios cuadros políticos de extracción netamente campesina, es decir, que sus referentes sociales eran al mismo tiempo sus dirigentes políticos. Por tal motivo toda articulación con Montoneros consistió en instancias de discusión política que en ningún sentido implicaban la integración del campesinado en la organización política militar[36]. Mas aún, esos intercambios muchas veces visibilizaban las diferencias en la orientación estratégica entre ambas organizaciones, por ejemplo, en relación con la política agraria (en particular, si Montoneros debía tener una política agraria propia)[37]. Por otro lado, algunos testimonios arguyen que, en los primeros años setenta, toda asociación y/o identificación de las Ligas Agrarias con Montoneros se explicaba por la existencia de un horizonte de expectativas compartido: el de la emancipación social y la liberación nacional; es decir que Montoneros aparecía en el imaginario colectivo de la militancia como una identidad política “total”, como un mito, del cual nadie se excluía al menos declarativamente[38].

Conclusiones

El presente trabajo propuso abonar a la reflexión en torno a la historia política del campesinado chaqueño, en particular, alrededor de la experiencia de las Ligas Agrarias durante el periodo de radicalización y violencia política que caracterizó los años sesenta y setenta del siglo pasado. Este tópico fue abordado por algunas investigaciones que examinaron la acción política y gremial de la organización, asociando la opción por la lucha armada, por parte de ciertos sectores del liguisimo como variable explicativa de su desmantelamiento y definitiva desaparición. Postulé, sin embargo, que estas perspectivas no lograron dar cuenta de la complejidad del fenómeno, tal como lo expresan los testimonios de exmiembros de las ligas, tanto dirigentes como bases sociales. Y que, precisamente, la perspectiva testimonial permanecía ausente en el examen sobre ese periodo de la historia local y rural. Así el trabajo examinó las memorias y representaciones construidas en torno a la relación de las LACH con la violencia política presentes tanto de la literatura autobiográfica como en las evocaciones orales disponibles tanto en archivos públicos como durante mi trabajo de campo con organizaciones campesinas.

En primer lugar, entre los relatos biográficos y autobiográficos destaqué, por un lado, la temprana reflexión de la maestra rural Norma Morello, anterior a la emergencia pública de las memorias liguistas (1993) e incluso previa a la explosión del “boom testimonial” (Sarlo, 2005) en la literatura argentina. El texto plantea críticamente el devenir de la orientación política de las Ligas del nordeste durante el proceso de radicalización política. Sostiene que sus límites y pronta fagocitación se puede explicar por la implementación “desde arriba” de un erróneo trabajo pedagógico desarrollado con el campesinado, al omitir sus tradicionales formas de organización y lucha (basada en la democracia de base, el asambleísmo y la formación política signada por pautas de la educación popular). Este texto, sin embargo, no logró oficiar de disparador al interior del campesinado partícipe de ese pasado ni suscitó posteriores evocaciones sobre la experiencia liguista en tiempos de lucha armada. Por otro lado, recuperé la edición del libro MonteMadre…, más de diez años después (en 2006), documento cuya circulación tuvo un alcance incalculable entre las poblaciones campesinas del Chaco, abonando a la emergencia de narrativas sobre la experiencia vivida. Además, al coincidir su edición, temporalmente, con la realización de eventos públicos de rememoración y homenaje a la militancia liguista, abrió un nuevo ciclo de memorias campesinas en el cual las LACH comenzaron, lentamente, a formar parte de lo decible y escuchable.

De ese modo, en segundo lugar, el trabajo examinó las memorias y representaciones sobre las LACH y su vínculo con el proceso de radicalización y violencia política en testimonios orales evocados entre las bases campesinas y la dirigencia liguista. Al iniciar mi trabajo de campo en las colonias rurales del norte chaqueño, en 2008, las LACH aparecían asociadas a una otredad negativa, por la presencia fantasmática de su relación con las “armas”. Entre los sectores rurales subalternos partícipes de ese pasado, el interrogante en torno a la lucha armada y a los vínculos con Montoneros expresaba la presencia persistente de los efectos de largo plazo del ideario “antisubversivo” (sembrado incluso antes del golpe del 76) basado en la construcción de desconfianza, el estigma y en la promoción de la delación. Este fenómeno fue internalizándose como sentido común de la sociedad chaqueña y, con sorprendente fuerza, entre la población rural. Ahora bien, entre los miembros de las organizaciones que existen actualmente en Chaco, el proceso de interacción social permitió evocar colectivamente esa experiencia traumática y ponerle palabras (y preguntas) al tabú, transcurridos más de treinta años de aquellos acontecimientos. Cabe aquí recuperar la proposición de Elizabeth Jelin (2002) según la cual el diálogo con otros, dado por códigos culturales compartidos, permite tomar las memorias colectivas no solo como datos “dados”, sino como procesos de construcción en función de las condiciones que las posibilitan, en este caso, el formar parte de una organización de base, de la misma clase, colonia y geografía. En estos relatos, la estigmatización continuó apareciendo como una adjetivación escasamente cuestionada (incluso, algunos dan cuenta de un distanciamiento con el estigma al expresar “no somos subversivos”). Una hipótesis posible ante dicha forma de tramitar la experiencia propia y comunitaria consiste en suponer que tras la estigmatización se evidencia un modo de elaboración que aún se encuentra “en tránsito”; que la reflexión sobre la experiencia de las LACH durante el periodo de radicalización y violencia política es un proceso en curso y contradictorio, que hacia fin de la primera década del siglo aún no se podía vivir plenamente con orgullo, y que las familias campesinas asistían a un procesamiento conflictivo de esa experiencia (Calvo, 2015, p. 167), que se puso en juego en esos encuentros llevados a cabo por las organizaciones del sector.

Estos sentidos desaparecen en los relatos de quienes formaron parte de la dirigencia liguista. En ellos, los recuerdos y representaciones sobre la relación entre las LACH y la lucha armada como estrategia de cambio social son escasos y aún muy recientes. En términos generales, en sus narrativas tienden a jerarquizar la discusión política que planteó la organización agraria con las organizaciones de cuadros político- militares como Montoneros. Pero también insisten en contextualizar los años setenta para el “campo popular”, y ubicar así esos cruces en el plano del imaginario cultural de la época signada por el horizonte de la emancipación social y la liberación nacional, donde organizaciones como Montoneros aparecían como mito movilizador hacia dicho horizonte, más allá de las articulaciones concretas. Con todo, las representaciones sobre la relación entre las LACH y la lucha armada en el campo constituyen un tópico aun escasamente abordado, abierto recientemente por la coyuntura de estatalización de la memoria en Chaco (2007-2015) (Calvo, 2021), fenómeno del cual las LACH no han permanecido ajenas. Por tal motivo, sostengo que el relato testimonial, centrado en las memorias y representaciones sobre la experiencia vivida, se presenta como una vía privilegiada para la construcción de conocimiento sobre el periodo en las zonas rurales de la región, como también sobre la historia del campesinado en Argentina en cuanto sujeto político.

Referencias bibliográficas

Archetti, E. (1988). Ideología y organización de las ligas agrarias del norte de Santa Fe 1971-1976. Buenos Aires: Cedes, N 14, en http://www.cedes.org/informacion/ci/publicaciones/doc_c.html

Bartolomé, L. (1977) “Populismo y diferenciación social agraria: las ligas agrarias en Misiones, Argentina”. Cahiers du monde hispanique et luso-bresilien, n. 28, pp. 141-165.

Bidaseca, K. (2006). Colonos Insurgentes. Discursos heréticos y acción colectiva por el derecho a la tierra. Argentina 1900- 2000. Tesis Doctoral. Universidad de Buenos Aires.

Buzzella, N., Percíncula, A., Somma, L. (2008). “Ligas Agrarias Correntinas: una aproximación a la mirada desde el actor”. Ponencia en el Congreso Pre ALAS, Corrientes.

Calvo, C, y Percíncula, A. (2012). “Ligas Agrarias en Chaco y Corrientes. Experiencias de organización campesina en contextos de transformación territorial”. De Prácticas y Discursos. Cuadernos de Ciencias Sociales, Año 1, Nº 1. Recuperado de: http://depracticasydiscursos.unne.edu.ar/revista1/pdf/ArtCalvoPercincula.pdf

Calvo, C. (2015). La configuración de las memorias y representaciones sociales sobre las Ligas Agrarias Chaqueñas desde la apertura democrática a la actualidad (1984-2011), [Tesis de Maestría]. Maestría en Investigación en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires.

Da Silva Catela, L. (2003). “Apagón en el Ingenio, escrache en el museo. Tensiones y disputas entre memorias locales y memorias oficiales en torno a un episodio de represión de 1976″, en P. Del Pino y E. Jelin (comp.), Luchas locales, comunidades e identidades. Madrid: Siglo XXI.

Ferrara, F. (1973). ¿Qué son las Ligas Agrarias? Historia y Documentos de las organizaciones Campesinas del Nordeste Argentino. Buenos Aires, Siglo XXI.

Galafassi, G. (2005) “Rebelión en el Campo. Las Ligas Agrarias de la Región Chaqueña y la Discusión del modelo dominante de Desarrollo Rural (1970-1976)”. En G. Galafassi y S. Lazzaro (comp.). Sujetos, Políticas y Representaciones del mundo rural. Argentina 1930-1976. Buenos Aires: Siglo XXI.

Galafassi, G. (2007). “Economía regional y emergencia de movimientos agrarios. La región Chaqueña de los años setenta”. NERA, Año 10, N 10, pp. 11-36.

Grupo de Estudios de Ecología Política Comunidades y Derechos-GEPCyD (2008). “El Hormiguero Chaqueño. De la existencia de las Ligas Agrarias en Chaco a las organizaciones políticas en la actualidad”, ponencia presentada en XI Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Estudios Sobre América Latina y el Caribe (SOLAR), Departamento de Humanidades, Universidad Nacional del Sur (UNS), Bahía Blanca.

Lovey, O. (2018). Las Ligas Agrarias. Una construcción Colectiva, Resistencia: Ed. Contexto.

Masin, D. (2009). “Ligas Agrarias en la provincia de Santa Fe: una aproximación a la construcción y modos de acción de los actores sociales del norte y el sur de la provincia”, ponencia presentada en las V Jornadas de Jóvenes Investigadores, Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.

MEDEHS (2016). Historias Chiquitas que cuentan la Historia Grande, Tomo 1. Santa Fe: Lux.

MEDEHS (2018) Historias Chiquitas que cuentan la Historia Grande, Tomo 2. Santa Fe: Lux.

Morello, N. (1993). Con el canto del último gallo. Proceso a la represión. Un testimonio de militancia en los años 60-70. Buenos Aires: Camino Real.

Moyano, M, (2020). El mundo rural en emergencia. Las Ligas Agrarias y las cooperativas y sindicatos rurales en el noreste argentino de los setenta. Buenos Aires: Ed. Teseo.

Olivo, A, (2013). Anita desde las Ligas Agrarias, Buenos Aires: Ed. CICCUS

Percíncula, A., Somma, L. (2010) Haciendo memoria: aportes para la Reconstrucción colectiva del proceso de reorganización nacional en Goya, Corrientes. Buenos Aires, s/r.

Roze, J. (1992). Conflictos Agrarios en la Argentina 1 y 2. El Proceso Liguista. Buenos Aires: CEAL.

Roze, J. (2007). Lucha de Clases en el Chaco Contemporáneo. Resistencia: Fundación Instituto de Estudios Sociales y Ambientales (Ideas)

Roze, J. (2008). “Ligas Agrarias y Procesos de conocimiento. Avances, Limitaciones y resultados en una investigación de Largo Plazo”. Revista de la Sociedad Científica del Paraguay, Asunción.

Roze, J. (2010). La larga marcha de un proceso social de conocimiento. Aprehendiendo el movimiento de las ligas agrarias del nordeste argentino. Resistencia: el autor (versión PDF).

Vázquez, C. (2015) “Organización campesina. La Unión de Ligas Campesinas Formoseñas y la migración paraguaya (1960-1970)”. Revista Novapolis, Nº 8, Abril, pp. 13-29.

Vázquez, C. (2018). La emergencia de la organización campesina en Formosa durante la década del sesenta, [Tesis de Maestría]. Maestría en Ciencias Sociales, Universidad Nacional General Sarmiento, Buenos Aires.

Villalba, G. (2004). Las cooperativas como resistencia a la crisis del modelo sustitutivo entre los 60 y la actualidad. Tesis de grado, Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste. Resistencia, Chaco.


  1. Véase, Roze (1992 y 2007), Moyano (2020).
  2. Por ejemplo, algunos trabajos destacaron divisiones entre los viejos cooperativistas algodoneros y la juventud rural “radicalizada”, formada al calor de la pastoral popular liberadora; otros señalaron las fragmentaciones resultantes de la diversidad étnica y su asociación a determinadas identidades políticas, en particular la oposición entre gringos (vinculados a una adscripción al radicalismo) y los criollos (ligados a la identidad peronista); divisiones de clase entre agricultores y peones rurales; escisiones ligadas al tipo de vinculación orgánica, formación y responsabilidades al interior de las Ligas (bases y dirigencia); diferencias entre los liguistas locales y el activismo extra provincial; fragmentación resultante de la oposición entre la adscripción a Montoneros, es decir, la opción por el militarismo y la lucha política; por último, en general, estas investigaciones enfatizan que el clivaje tuvo también que ver con el cambio de régimen político (las variaciones en la orientación política de las Ligas en dictadura y democracia).
  3. En particular, el archivo Plancot disponible en la Universidad Nacional General Sarmiento.
  4. Norma Coca Morello es una maestra rural correntina que participó del Movimiento Rural de Acción Católica y de la organización de las Ligas Agrarias. Se dedicó a la alfabetización de campesinos y hacheros rurales del noreste. En 2010 vertió su testimonio en el Archivo Oral Memoria Abierta. Actualmente vive en Buenos Aires, donde se desempeñó durante varios años como alfabetizadora en el asentamiento conocido como Padre Mujica en el barrio de Retiro.
  5. El libro se tituló Con el canto del último gallo, en alusión a que, durante el periodo de su detención en un campo de Rosario, con el canto del último gallo se acababan las “visitas” nocturnas, como señala la autora, haciendo referencia a las torturas y vejaciones que sufrió.
  6. Entre otros, destaco la publicación en 2013 de Anita desde las Ligas Agrarias. Tierra, Trabajo y Dignidad, de la militante liguista correntina Anita Olivo; los dos tomos de Historias chiquitas que cuentan la historia grande publicado por la Asociación Memoria, Derechos Humanos y Solidaridad (MEDHES) en 2016 y 2018; el libro Ligas Agrarias, una construcción colectiva de Osvaldo Lovey, uno de los máximos dirigentes de la Ligas Agrarias, publicado en 2018; Alza la voz, entrevista a Beatriz Tudy Noceti y Alberto Sily realizada por Pablo Otal y publicada en 2019.
  7. Véase, testimonio de Amadeo, Tres Isletas (Chaco), marzo de 2011.
  8. Véase mi tesis doctoral Memorias y representaciones de las Ligas Agrarias de Chaco en tiempos de estatalización de las memorias (2003-2015), defendida el 16 de diciembre de 2021, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.
  9. Fundamentalmente a través del Programa Jóvenes y Memoria de la Comisión Provincial de la Memoria.
  10. Producto, por ejemplo, de la reedición de los dos libros canónicos sobre las Ligas Agrarias: ¿Qué son las Ligas Agrarias? de Pancho Ferrara, publicado en 1973 y reeditado por primera vez en 2007 y Conflictos Agrarios en la Argentina 1 y 2. El Proceso Liguista, de Jorge Roze (tesis de maestría defendida en 1976 pero publicada recién en 1992, fue reeditado en 2011).
  11. Este trabajo fue articulado con (y facilitado por) un espacio de investigación de la Universidad de Buenos Aires, el Grupo de Estudios de Ecología Política, Comunidades y Derechos del que participé entre 2007 y 2013.
  12. En efecto, durante los años ochenta la detención de Lovey, máximo dirigente liguista, por su presunta integración en una asociación ilícita (Montoneros), acusación fundada en la presencia de su nombre en una revista de la organización armada editada en el exilio, profundizó esos sentidos y representaciones. Véase mi tesis doctoral (Calvo, 2021).
  13. Véase mi tesis doctoral (Calvo, 2021).
  14. El trabajo genealógico se opone a la búsqueda del “origen”. Consiste en la tarea de percibir la singularidad de los sucesos, fuera de toda finalidad monótona. La procedencia se enraíza en el cuerpo, la superficie de inscripción de los sucesos. La genealogía, en tanto análisis de la procedencia, se encuentra en la articulación de los cuerpos y la historia.
  15. Entrevista a Mario Cáseres y Panchi Salusalzky, 16 de marzo de 2011, Tres Isletas. Chaco.
  16. Ídem.
  17. Taller sobre Ligas Agrarias, realizado en la sede de UNPEPROCH, marzo de 2011, Tres Isletas.
  18. Ídem.
  19. Véase, talleres sobre las Ligas Agrarias realizados en agosto de 2008 y marzo de 2011, entre el Grupo de Estudios de Ecología Política, Comunidades y Derechos (FSOC-UBA), la Unión de Pequeños Productores de Chaco, la Asociación de Pequeños Productores Orgánicos; Taller de cartografía social realizado entre el Grupo de Estudios de Ecología Política, Comunidades y Derechos (FSOC-UBA), la Unión de Pequeños Productores de Chaco con miembros de base del Lote 20, ex zona liguista, Tres Isletas, departamento de Maipú, Julio de 2013. Precisamente, estos primeros talleres fueron realizados por la preocupación de ciertos campesinos por el temor y la desconfianza que aún persiste en el campo, sembrados por el terrorismo de Estado.
  20. Ídem
  21. Ídem. La decisión de no identificar la identidad del narrador en estos casos se debe a que estos relatos fueron diálogos mantenidos en encuentros de entre 20 y 30 personas, y no producto de entrevistas individuales. En mis notas de campo y desgravaciones no logré identificar quién hablaba en cada caso.
  22. Carlos Piccoli nació en 1951, en el seno de una familia de pequeños productores algodoneros de identidad política radical. Hacia fines de 1969 se unió a la rama juvenil de la Unión de Centros Cooperativistas de UCAL mientras participaba también de un grupo que se reunía en la Parroquia de Sáenz Peña. Formó parte del lanzamiento de las Ligas chaqueñas y rápidamente se transformó en uno de los máximos dirigentes de la organización. Fue asesinado por miembros de la policía provincial el 21 de abril de 1979 a los 28 años en la zona de Colonia La Matanza. Al respecto véase Registro Único de la Verdad de la Comisión Provincial de la Memoria de Chaco, disponible en http://comisionporlamemoria.chaco.gov.ar/ruv_mapas/web/. El 25 de junio de 2019 el Tribunal Oral Federal de Resistencia dictó la sentencia condenatoria para cuatro de los cinco imputados en la causa denominada “Ligas Agrarias 1”, por la represión a dirigentes campesinos durante el terrorismo de Estado, entre otros, por el fusilamiento de Carlos Piccoli.
  23. Carlos Orianski nació en abril de 1947 en Córdoba, pero desde pequeño vivió con su familia en la zona rural de Sáenz Peña, Chaco. En su juventud ingresó como empleado administrativo en la Unión de Cooperativas Algodoneras (UCAL) donde rápidamente fue elegido asesor de la Unión de Centros Cooperativistas que aglutinaba a muchos centros juveniles que tenían las cooperativas afiliadas a UCAL. Tras el surgimiento de las Ligas en noviembre de 1970 renunció a UCAL y se dedicó a la militancia en la organización campesina. En 1972 fue nombrado vocal del Instituto de Colonización y al año siguiente participó de la Comisión Nacional de Políticas Concertadas para el Agro, y mantuvo un vínculo estrecho con el entonces ministro de Economía, José Gelbard hasta la llegada de Perón al gobierno hacia fines del 73. A mediados de 1974 fue expulsado del Instituto de Colonización. Tras los operativos represivos implementados en el interior chaqueño, en abril de 1975, Carlos decidió volcarse a la clandestinidad. Se encuentra desaparecido desde el 3 de octubre de 1976.
  24. Véase, talleres sobre las Ligas Agrarias realizados en agosto de 2008 y marzo de 2011, entre el Grupo de Estudios de Ecología Política, Comunidades y Derechos (FSOC-UBA), la Unión de Pequeños Productores de Chaco, la Asociación de Pequeños Productores Orgánicos; Taller de cartografía social realizado entre el Grupo de Estudios de Ecología Política, Comunidades y Derechos (FSOC-UBA), la Unión de Pequeños Productores de Chaco con miembros de base del Lote 20, ex zona liguista, Tres Isletas, departamento de Maipú, Julio de 2013.
  25. Ídem.
  26. Testimonio de un miembro de la organización campesina UNPEPROCH, agosto de 2008, Tres Isletas, Chaco.
  27. Ídem.
  28. ídem.
  29. Michel Pollak (2006) reflexionó al respecto, sobre la función de algunos acontecimientos ligados a experiencias vividas o transmitidas que permiten un mínimo de coherencia y continuidad para el mantenimiento del sentimiento de identidad.
  30. Véase, mi tesis doctoral (Calvo, 2021).
  31. De ese encuentro participaron la mayor parte de los y las exliguistas que entrevisté (campesinos que fueron militantes de base, delegados de las colonias, dirigentes regionales y exliguistas que viven en otras provincias) y es recordado sucesivamente como la primera vez que se reconocieron pública y colectivamente las luchas y reivindicaciones de las Ligas Agrarias en Chaco.
  32. En particular, examino los testimonios de exmiembros de las Ligas Agrarias vertidos en el Juicio Ligas Agrarias 1, sobre los crímenes de liguistas de Chaco (realizado entre abril y junio de 2009 en el Tribunal Oral de Resistencia, Chaco) y los testimonios de exmiembros de las Ligas vertidos en el Juicio Contraofensiva Montonera (realizado entre 2018 y 2021 en el Tribunal Federal de San Martín, provincia de Buenos Aires).
  33. Véase entrevista a Luís Rodríguez, 21 de febrero de 2018, Santa Fe; Entrevista a Adelina de León, 5 de octubre de 2018, Buenos Aires; Entrevista a Jorge Sartor 13 de diciembre de 2019, Corrientes.
  34. En efecto, por ejemplo, según Luís Rodríguez, caracterizadas por la lucha de masas, al interior de las Ligas prácticamente no existió la discusión interna sobre la lucha armada. Ello se debió, también, a que el campo no asistió a una situación insurreccional sino a la imagen mitrista de la “guerra de policía”. Véase entrevista a Luís Rodríguez 21 de febrero de 2018, Santa Fe.
  35. En efecto, la reorientación de la Regional IV de la Juventud Peronista en el campo chaqueño comenzó a principios de 1975 y no llegó a desarrollarse por la temprana represión en la zona (la dirigencia liguista y varios cuadros políticos de Montoneros fueron secuestrados en diversas zonas rurales de la provincia en abril de 1975). Véase entrevista a Jorge Giles, 18 de septiembre de 2018, Buenos Aires.
  36. Entrevista Adelina de León, 5 de octubre de 2018, Buenos Aires; Entrevista a Jorge Giles, 18 de septiembre de 2018, Buenos Aires.
  37. Ídem.
  38. A modo de ejemplo, durante su testimonio en el Juicio Contraofensiva, el ex dirigente liguista del norte de Santa Fe, Carlos Cremona, reflexiona que “en los años 70 no se podían separar las cosas, Ligas por acá, Montoneros por allá, ¿quién en los años 70 no decía “yo soy montonero”? ¡Hasta Julio Romero, gobernador de Corrientes decía “yo soy Montonero” y tenía miles de hectáreas!” (risas) “y por eso se comió un año y medio en cana y su cuñado está desaparecido”. O Jorge Sartor, exmiembro del Movimiento Rural y de las Ligas Agrarias, quien, cuando le pregunté en qué medida se había concretado el vínculo entre las Ligas y Montoneros señala que en esa época, sobre todo en Chaco “quien estaba militando en política no podía estar afuera de Montoneros” porque era “mucho más reconocido ser parte de ese proyecto… no de la lucha armada sino del proyecto político. Pero bueno, quien vivió ese proceso democrático no podía estar ajeno a esto, a ese proyecto”. Véase, Entrevista a Jorge Sartor, 13 de diciembre de 2019, Corrientes; Testimonio vertido por Carlos Cremona Juicio Contraofensiva, 11 de junio de 2019, San Martín, provincia de Buenos Aires.


Deja un comentario