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Enfrentar las elecciones

La reorganización de la UCR y el PJ en la reconstrucción democrática en la provincia del Chaco (1982-1983)

Marina Noemí Campusano

Introducción

La apertura política tras la derrota de Malvinas no fue abrupta para los partidos políticos, sino que retomó, de cierta manera, el ritmo que había recuperado en el período previo a la guerra. En julio de 1982 asumió como presidente de facto Reynaldo Bignone y se levantó la veda política (Ley Nº 24.965), escenario en el que los partidos se movilizaron en la provincia hacia las elecciones todavía con “necesaria prudencia”[1]. Si bien no había dudas en cuanto al agotamiento del régimen militar, el proceso de organización de los comicios demandó más de un año. Etapa que no se vivió sin tensiones y conflictos, sino que fue un arduo camino para los distintos actores. A diferencia de las prácticas de agrupamiento y demanda unificada del restablecimiento institucional que los partidos políticos venían llevando adelante desde inicios de la década en el marco de la Multipartidaria, este momento los encontraba atentos ante las definiciones de las reglas por parte de la dictadura, de posicionamiento ante las otras fuerzas políticas en la contienda electoral y a nivel interno los enfrentaba a un escenario fragmentado.

La provincia, a su vez, se encontraba en una situación crítica, presentaba una de las deudas económicas más importante del país, que comprometía a los principales sectores productivos -agro y forestal. A su vez, había atravesado la rotura del dique del río Negro que sumado a las numerosas lluvias durante los años 1982 y 1983 generaron inundaciones en distintos distritos de la provincia. Esta situación dejó a miles de familias sin hogar, afectó al sector agropecuario y más tarde generó problemas sanitarios como un brote de poliomielitis y tuberculosis. Para esa fecha el diario Norte sintetizaba el escenario caracterizando a la provincia: “con el agua al cuello por el azote del Paraná y con la soga puesta por su endeudamiento”[2].

En este contexto, la figura de la Multipartidaria del Chaco fue tomando mayor protagonismo, tras el fin de la guerra se posicionó fuertemente como interlocutor indiscutido ante el gobierno de facto a quien le disputó la representación política acompañando de manera más definida las demandas de distintos sectores sociales. En estas acciones evidenciaba las limitaciones del gobierno de la dictadura en cuanto a la gestión del Estado provincial, al tiempo que fue demandando la delegación de responsabilidades públicas, aspecto que se pudo observar de manera más clara durante el período de las inundaciones, en el pedido de “coordinar todo lo referente a la construcción de las obras de defensas nuevas, tareas de evacuación y auxilio médico y alimenticio de las víctimas” [3].

La reorganización partidaria significó la afirmación y constitución de las agrupaciones internas de cada fuerza política con mayor definición, lo cual implicaba un proceso de discusión y elección de las figuras principales, las disputas en el orden interno con las demás líneas, la formación doctrinaria de las bases y la alineación con las agrupaciones del partido en el orden nacional. De esta manera iba quedando más en claro lo que demandaba el partido como, por ejemplo, las afiliaciones que eran necesarias para ser reconocidos como tal y poder participar en las elecciones y aquellas acciones en función específicas de la línea interna.

Este trabajo recupera el último año de la dictadura militar, nos detenemos en el período en el que se desarrolla la reorganización de los partidos políticos en vista a las elecciones de 1983. Es de destacar que en los últimos años emergieron estudios desde distintas disciplinas que abordan las experiencias subnacionales del proceso de democratización, los cuales significaron la inclusión de nuevos abordajes sobre las distintas periodizaciones y momentos de la transición no solo en Argentina sino también en América Latina (Mazzei, 2011; Águila y Alonso, 2013; Feld y Franco, 2015; Bohoslavsky, 2016; Canelo, Franco y Manzano, 2016; Franco, 2017, 2018). Estos aportes contribuyeron a un renovado análisis del pasado autoritario y sus continuidades en los gobiernos democráticos posteriores reponiendo la complejidad de los procesos políticos de la época y lugares dado que también identificamos una serie de trabajos que versan sobre contextos provinciales (Ferrari y Gordillo, 2015; Ferrari y Mellado, 2016; Camino Vela, Carrizo y Moroni, 2019; Moroni, 2019; Rafart, 2021; Campusano y de los Reyes, 2022).

En línea con estos marcos este capítulo recorre la dinámica política y partidaria atendiendo a las características del proceso de reorganización de las agrupaciones y a la intervención de distintos actores políticos en el futuro diseño institucional provincial. El objetivo es repensar el proceso político argentino desde una perspectiva de historia subnacional que aborde las estrategias desarrolladas por las fuerzas provinciales que competían y se reorganizaban para el desarrollo de las elecciones y la posterior etapa democrática. Nos preguntamos ¿cuáles son los elementos que intervienen en las relaciones políticas que establecen los actores en esta etapa?

El trabajo se llevó adelante a través de la revisión de los diarios Norte y El Territorio desde el fin de la guerra el 14 de junio de 1982 hasta las elecciones del 30 de octubre de 1983, recuperamos no solo sus notas periodísticas que cubrían el desarrollo cotidiano de los eventos partidarios sino también las columnas de análisis político de periodistas locales y aquellas secciones destinadas a noticias políticas como “Semana Chaqueña”. Además, realizamos entrevistas a militantes de la época que nos permitieron posicionar a los actores el contexto social y político y matizar las crónicas periodísticas.

El capítulo se organiza siguiendo cronológicamente el proceso de apertura, en el primer apartado reconstruimos las condiciones en que se emplaza la competencia electoral en la provincia. En el segundo desarrollamos con mayor detenimiento las internas del PJ y la UCR -las agrupaciones más representativas- identificando las líneas internas en disputa y las estrategias que desarrollaron los actores para tramitar sus intereses y expectativas. Finalmente presentamos las características de la campaña electoral de ambos partidos y cómo se llevaron a cabo las elecciones que coronaron a Florencio Tenev como nuevo gobernador del período democrático en el Chaco.

Las bases y condiciones de la apertura

Los momentos posteriores a la rendición de Argentina ante Gran Bretaña y la declaración del cese de hostilidades de ambos países se presentaron con mucha incertidumbre, la dictadura se encontraba definiendo los sectores y figuras que encabezarían la siguiente etapa y sus formas de continuidad. La Multipartidaria del Chaco prontamente apareció en las páginas de los diarios reclamando la formación de un “gobierno de salvación” que incluyera la participación de sectores sociales y políticos. Estos anuncios a nivel local que se alineaban con el orden nacional, marcaban de cierta forma la presión que iría aumentando por parte de los actores políticos para que el régimen definiera el inicio del proceso de reinstitucionalización.

En adelante, semanas previas al levantamiento oficial de la veda política, los partidos ya se encontraban realizando actividades que iniciaban su reorganización, se sumaron a los comunicados de los dirigentes las noticias de las inauguraciones de las sedes partidarias, las reuniones proselitistas y plenarios de distintos partidos. No obstante, si bien el 26 de agosto de 1982 se promulga la ley orgánica de los partidos políticos, el clima para las agrupaciones estaba enrarecido. En una editorial del diario Norte se caracteriza el complejo escenario en el que los partidos debían emplazarse “(los partidos políticos) deben desenvolver su acción, no bajo el signo de la libertad de expresión y del libre intercambio de ideas, sino bajo la paternal y arbitraria benevolencia militar y de los temores subyacentes del estado de sitio”[4]. Estaba claro que aún todas las condiciones no estaban aseguradas para una plena participación política.

Las inundaciones[5] en diciembre de 1982 representaron un momento de quiebre en la relación entre el gobierno de facto y los partidos políticos quienes, a través de la figura que la Multipartidaria proporcionaba, reclamaron la consulta y coordinación en conjunto de las medidas de gestión de la emergencia. Fue así que el gobernador de facto el coronel Ruíz Palacios convocó a la organización a una serie de reuniones en las que no solo se informaba el estado de situación de los sectores y personas inundadas, sino también de los planes y proyectos de planeamiento de la situación.

Con esta entrevista se ha prolongado un nuevo espíritu que marca sin duda el principio real de la transición del gobierno hacia la institucionalización de la provincia. Resultaba muy peligroso un clima de tensión que exacerbaba las diferencias.[6]

A su vez el malestar social iba creciendo ante distintas problemáticas, desde las inundaciones hasta el aumento de las tarifas de servicios como la luz, las personas afectadas se nucleaban a través de grupos autoconvocados y comisiones barriales que organizaban movilizaciones y protestas públicas. Los partidos fueron recuperando esos reclamos, articulando con los referentes, posicionándose como los interlocutores válidos y ocupando los espacios visibles de reclamo ante la dictadura.

En otro orden, estas elecciones eran las primeras para varias generaciones de jóvenes, ya sea como militantes y votantes, de esta forma una de las actividades que realizaban los partidos era la de formación doctrinaria y cívica, como señalaba una de las invitaciones desde el PJ:

a partir del primero de agosto se dictarán en todas las unidades básicas clases de adoctrinamiento, para enseñar que organizarse no es juntarse, organizarse es como decía Perón adoctrinarse para formar dirigentes que unan la teoría y la práctica con la lucha permanente y el contacto con las bases [7].

Tarea que también fue retomada por los medios de comunicación como fue el caso del diario Norte que publicaba semanalmente una “Cartilla de la Constitución Chaqueña”. Para octubre de 1982 los partidos abiertamente comienzan a fijar sus actividades, fueron tan notorias y copiosas las noticias relacionadas que se instaura una sección fija en el diario El Territorio denominada “Actividad en los partidos políticos” y en el caso de Norte la denominada “Síntesis política”.

De acuerdo con el cronograma electoral el 30 de marzo de 1983 cerraba el período de afiliaciones a los partidos, los cuales tenían que lograr un mínimo de 1.818 fichas para poder participar en la contienda. De esta primera fase sin dudas salieron fortalecidos los dos principales partidos, la UCR que afilió a 37.325 personas y el PJ a 81.124, mientras que las fuerzas más chicas como el Movimiento de Integración y Desarrollo lograron 4.527 o el PC 2.699 fichas de afiliación. De cierta forma estos primeros datos servían para ofrecer algunos parámetros que permitían comparar a las distintas agrupaciones políticas, de más está decir que a esa altura no reflejaban posibles adelantos de resultados de las elecciones ya que el total de la cantidad de personas afiliadas sólo representaba el 37,85% del padrón electoral [8]. No obstante, en comparación con las elecciones de 1973 se podían hacer una serie de relaciones, por ejemplo, la UCR había obtenido el 27% de los votos que están cercanos al 30% del total de fichas presentadas, mientras que el PJ si bien no había participado como tal en las elecciones sino integrando el FREJULI en alianza con el partido Demócrata Cristiano, Conservador y al MID, registró cerca del 50% porcentaje similar al de la cantidad de afiliados en 1983. Estas cifras de cierta manera pueden reflejar una constante por parte de los partidos mayoritarios con relación a la cantidad de afiliaciones.

El nuevo año inició con una mayor la actividad política enfocada en la conformación de las líneas internas ante la necesaria definición de las autoridades partidarias que demandaba el cumplimiento del cronograma electoral y la ley de estatutos de partidos políticos. Lejos quedarían las expresiones de unidad que en momentos anteriores expresaban desde distintas fuerzas, e incluso anunciaban la intención de integrar un solo movimiento, para dar paso a las disputas más abiertas por un mayor posicionamiento y poder político.

La carrera electoral: las internas en el PJ y la UCR

Durante el momento en que aun el PRN no había dictado las leyes que organizarían las elecciones había toda una serie de especulaciones: en torno a las fechas posibles, sobre las formas en que se llevarían adelante y uno de central preocupación sobre las internas partidarias. Si bien las leyes se fijaron a nivel nacional y luego fueron avaladas provincialmente (leyes Nº22.627, 22.838, 22.847, provincial Nº2.788), existió un nivel de participación por parte de los partidos, en la provincia se hicieron una serie de reuniones entre el ministro de gobierno y justicia de facto, Fernando Medina Alliana, y los partidos para discutir el proyecto de ley sobre el estatuto de partidos. De esta forma los referentes partidarios pudieron presentar sus objeciones con relación a algunos apartados.

En principio la reorganización generó la revisión de las conducciones partidarias en todos los niveles, no sólo de los apoderados legales de cada fuerza política -que se mantenían dado que estaban en funciones con anterioridad o al momento de la veda-, sino también de las líneas internas de cada distrito desde los municipios más importantes a las localidades más pequeñas. Se trató de un proceso de revisión intensa que hizo que los actores se concentraran en los escenarios locales, reconstruir la red de liderazgos y el entramado de redes personales e intercambios de recursos materiales y simbólicos sin perder de vista las adhesiones y vínculos con las figuras provinciales y nacionales (Tomassini, 2018). Es decir, se trataba del rearmado de la estructura partidaria.

La definición de las elecciones trajo a su paso la organización de las distintas fuerzas políticas en función de las leyes electorales. De esta manera debieron seguir un cronograma electoral que les fue marcando las actividades: afiliaciones, armado de los padrones, elección y formalización de las autoridades partidarias y la oficialización de las listas de candidatos y candidatas. Si bien la intensidad del proceso fue transversal a todas las fuerzas, en el caso de los partidos más chicos algunas decisiones estaban más resueltas. Ejemplo de ello fue la proclamación de los candidatos a gobernador y vice de algunos partidos de manera más anticipada, como fue el caso del Partido Comunista que para el 6 de febrero de 1983 ya comunicaba la fórmula integrada por Rubén Yunes y Aurelio Díaz, cuando los partidos mayoritarios aún no habían iniciado el proceso de definición de sus autoridades partidarias.

Las internas se abrían también hacia el interior de la provincia, los dirigentes de las distintas localidades encontraron la oportunidad de posicionarse con más fuerza, aprovecharon el momento para instalar las problemáticas propias marcando las diferencias con las de la capital. Se constituyeron agrupaciones como el Movimiento Justicialista del Interior del Chaco quienes se proponían “defender y reafirmar el federalismo” reclamando que:

así como en Buenos Aires parece que todo termina en la General Paz, así también parece que en el Chaco todo termina en la rotonda de Resistencia. Es verdad que la gran ciudad está absorbiendo al interior … mientras el interior reclama por mano de obra para levantar la cosecha de algodón, donde además el esforzado agricultor aquejado por su endeudamiento, ve perderse el fruto de su sacrificio. Tampoco tenemos industrias, nadie mira al interior… El sudoeste chaqueño no tiene los mismos problemas que el noroeste y solamente los representantes lugareños conocen los problemas de su sector [9].

Sin duda las disputas que más interesantes se presentaban eran en los dos partidos más competitivos y con más chances de lograr los cargos electivos en la provincia: la UCR y el PJ. En principio, ambos enfrentarían las elecciones sin sus líderes más importantes, quienes en distinta medida unificaban las líneas al interior de las fuerzas. En 1974 el peronismo se había quedado sin Perón y en el caso del radicalismo sin la presencia del histórico dirigente Ricardo Balbín, quien falleció en 1981.

Es de destacar que los dirigentes, más allá de las disputas internas en las que se encontraban envueltos resaltaban que el conflicto era parte de la forma de hacer política y a su vez iba marcando los límites de las prácticas que eran aceptadas. En los discursos y comunicados el sentido de mesura es latente, esta generación estaba convencida de que el único juego político admitido era el democrático.

El peronismo entre la redefinición identitaria y unificación de liderazgos

Las especulaciones sobre las internas en el peronismo en principio iban sobre la posición que el exgobernador y vicepresidente primero del PJ, Deolindo Bittel, pudiera obtener a nivel nacional, luego si habría una apertura del arco partidario hacia los sectores gremiales. La reorganización del partido supuso una nueva delimitación de las agrupaciones internas congregadas en torno a la emergencia de liderazgos de distintos niveles, se identificaban: el “Movimiento de Bases Peronistas” encabezada por Rafael Sotelo,[10] la agrupación Eva Perón que más adelante confluiría en la lista Unidad y Lealtad apoyando a Bittel, la Lista Azul liderada por Adolfo Torresagasti[11] y finalmente Intransigencia y Movilización Peronista encabezada por José María Moreno.

Hasta el mes de mayo de 1983 Bittel insistía con ir a las elecciones internas con una lista única, y de esta manera saldar las discusiones y diferencias domésticas. Al no conseguir que los dirigentes acompañaran la iniciativa se formó la línea “Unidad y Lealtad” que lo tenía a la cabeza y a través de ella convocó a las demás corrientes partidarias para conformar la lista común. Los dirigentes del otro lado, si bien no querían polemizar con el histórico líder, manifestaban sus resistencias, como expresó el Movimiento de Bases Peronistas que “respetaba la trayectoria de Bittel, que no se discute, pero no estaba de acuerdo con los acuerdos entre las cúpulas, sino en la determinación de las bases” [12]. Asimismo, sostenían que las elecciones internas lejos de dividir al movimiento lo fortalecerían por ser “la única forma en que las conducciones partidarias adquieren verdadera legitimidad”.

Imágenes 1 y 2. Propagandas de la Azul y la Lista Unidad y Lealtad. Fuente: Diario Norte. Archivo Monseñor Alumni.

Las elecciones internas se presentaban como la oportunidad para dirigentes y agrupaciones políticas más pequeñas a disputar espacios de poder, de capitalizar sus posiciones al interior del partido, como así también visibilizarse desde el interior de la provincia. La dictadura había puesto en suspenso la actividad política en el marco del régimen democrático y con ella la vida interna de los partidos, se evidenciaba entonces la puesta en marcha del entramado de relaciones en la que los distintos actores competían por el poder político.

Sergio Oscar Sotelo, periodista del diario Norte, brindaba a través de sus columnas análisis políticos sobre el escenario que se estaba delimitando en la provincia, y en cuanto al peronismo y sus internas consideraba que:

subyacen con nitidez en la primera fuerza política de la provincia las aspiraciones de muchos dirigentes a los principales lugares de las listas de candidatos para el comicio del 30 de octubre. El peso de Deolindo Bittel será puesto a prueba cuando llegue el momento de las determinaciones fundamentales, pero el ex gobernador sabe que si no armonizan las líneas y si no se ejerce cabalmente el pronunciamiento interno, se correrá el riesgo de que la unidad preservada en gran parte de los cuadros chaqueños en todos estos años entre en un peligroso tirabuzón disgregador [13].

Las internas habilitaban un sentido de oportunidad que se vivía al interior de todas las ramas, como fue el caso del sector femenino que tras el acercamiento a las elecciones se fueron polarizando las agrupaciones de acuerdo a la cercanía con una u otra línea. Por ejemplo, el sector vinculado a Sotelo expresaba que “queremos democratizar nuestro movimiento de abajo para arriba. Desaparecido físicamente el jefe, dijimos desde ese mismo instante, no admitimos la dedocracia ni delegadas cuyos mandatos ya no existen”[14], rivalizando de esta manera con las dirigentes que habían quedado como referentes de la rama desde el período anterior. Por su parte la Juventud reclamaba un mayor reconocimiento e inclusión de sus referentes en las listas.

El peronismo se encontraba en un momento de redefinición identitaria, le tocaba enfrentar una coyuntura difícil con muchos frentes abiertos en la disputa interna. Había sido la fuerza política más golpeada por el aparato represivo de la dictadura y a su vez transitaba la difícil tarea de cómo incluir a quienes eran asociados con la violencia del período anterior que se quería dejar atrás. Así, los enfrentamientos con la militancia setentista y el sector sindical y su fuerte ascenso a nivel nacional delimitaban los rasgos de las disputas en pugna. Adolfo Torresagasti en el acto de la proclamación de la Lista Azul expresó que “en la interna nos proponemos ocupar un andarivel que no está en la burocracia ni en la insurrección; estamos en la línea auténtica del peronismo”[15], se desprenden de sus palabras la búsqueda de una identidad propia cruzado por el momento que estaba atravesado el peronismo.

El tres de julio se llevaron adelante las elecciones y quedó confirmado el liderazgo de Deolindo Bittel, cuya lista, Celeste y Blanca, obtuvo la mayor cantidad de votos. Un total de 25.936 sufragios que marcaron la gran distancia con las demás corrientes partidarias consiguiendo 109 convencionales para el Congreso Provincial del PJ, dado que la segunda fuerza fue la de Bases Peronistas, Lista Blanca, de Sotelo que obtuvo 7.701 votos y como primera minoría logró 20 convencionales, muy cerca quedó la Lista Azul de Adolfo Torresagasti con 6.051 votos y bastante atrás la Lista Marrón de Intransigencia y Movilización con l.282 votos. Estas últimas al ser las agrupaciones con menor cantidad de sufragios obtuvieron cuatro convencionales cada una.

Este resultado de cierta forma era previsible dado que lista la Celeste y Blanca fue la única que presentó candidatos en los 24 departamentos de la provincia e incluso fue la única lista en 12 departamentos (en ocho como lista y en cuatro en alianza con las agrupaciones locales), mientras que las Lista Azul y Blanca estaban presentes en siete distritos y la Lista Marrón solo en tres. De esta forma el liderazgo de Bittel se demostraba respaldado en todo el territorio y a través de la estructura del partido y lo dejaban mejor posicionado ante la Convención Nacional del PJ.

Cabe destacar que independientemente de la diferencia de votos que sacó la Lista Celeste y Blanca, todas las agrupaciones que se formaron eran nuevas, apelaron a la trayectoria y capital político de las cabezas de las listas y en función de esos liderazgos fueron articulando las adhesiones y la expansión en el territorio. Las elecciones les permitieron a las figuras de cada agrupación poner las bases en movimiento, identificar a las personalidades sobresalientes de cada distrito, dar cuenta y dimensionar las relaciones de fuerzas entre los distintos actores en vista a la conformación de la posterior lista de candidatos. En el caso de la lista Azul, por ejemplo, se incluyó a Adolfo Torresagasti como candidato a diputado provincial, mientras que las figuras de las otras dos líneas quedaron excluidas.

Tras lo que Bittel consideró como una “ratificación de las bases” la elección de las y los candidatos se vio muy influenciada por los resultados de las internas. El nombre que más resonaba era el de Florencio Tenev, quien por un lado había logrado una victoria contundente en Sáenz Peña y por otro representaba señales de consenso con los dirigentes del interior, seguido a las elecciones comenzó a realizar actos partidarios y a recolectar apoyos de distintos sectores. A su vez, el otro nombre que se sumaba a la especulación sobre los candidatos a gobernador era el de Danilo Baroni, sin embargo, éste desmintió tanto su postulación como renuncia a la misma. La fórmula se completó con Alberto Torresagasti como candidato a vicegobernador, quien ya había cumplido con ese rol en dos oportunidades acompañando a Bittel, y fue proclamada por unanimidad.

La interna radical: desafíos y tensiones partidarias

A diferencia del PJ, en la UCR las líneas internas estaban definidas nacionalmente de manera más clara, aspecto que podría pensarse contribuyendo a la unificación de liderazgos, sin embargo, éstos se diversificaban. A nivel provincial estaban presentes las dos líneas del partido con mayor anclaje nacional y la distinción se daba por la presencia del Movimiento de Afirmación Yrigoyenista (MAY) una línea local con intenciones de proyección nacional. La Línea Nacional (LN) vertiente asociada al histórico referente Ricardo Balbín y que tenía entre sus principales figuras a Fernando de la Rúa estaba liderada por José Wajsfeld; el Movimiento de Renovación y Cambio (MRC) encabezada por Ricardo Alfonsín por su parte aparecía dividido. Por un lado, estaba el grupo de la Lista Morada que tenía la conducción de la línea, encabezado por los dirigentes saenzpeñenses Carim Peche y Miguel Ángel Galissier y por otro la Lista Celeste con sede en Resistencia y con figuras como Juan Moro y Carlos Guido Leúnda figuras cercanas a Alfonsín.

Finalmente, el MAY era la línea con mayor gravitación, estaba integrado por dirigentes con amplia trayectoria e influencia en la maquinaria electoral en el interior de la provincia. Tenía como referente al dirigente local Luis León que contaba con una larga trayectoria en el radicalismo, bioquímico de formación fue diputado nacional en varios períodos (1958-1962/ 1963-1966) y secretario general del partido. Muy cercano a Balbín, integró LN hasta la muerte del dirigente, cuando decide formar su propia línea con intenciones de proyectarla a todo el país. Esta decisión a nivel local generó una ruptura dado que quienes permanecieron en LN Chaco lo hacen enmarcados en la agrupación nacional alegando que no era momento de crear nuevas divisiones sino de unir las dos ya existentes. León inició su carrera nacional intentando primero una postulación como candidato a presidente del Comité Nacional de la UCR con vistas a una posterior candidatura presidencial. A nivel discursivo se posicionaba como el candidato del interior, en una de las convocatorias a un acto proclamaba

llenar el Luna Park como demostración de fuerza del radicalismo de todo el interior, de los ‘cabecitas negras’ radicales que van en busca de la Capital Federal para disputarle espacio, en su propio terreno, a los adversarios internos del cinturón bonaerense catalogados como conservadores[16].

Con el pasar de los meses observamos que sus aspiraciones fueron modificándose, pasó de candidato a la presidencia del Comité Nacional, a intentar integrar una candidatura presidencial en conjunto a Raúl Alfonsín, sin embargo, no prosperó dado que éste ya tenía formalizada la fórmula con Martínez. Avanzadas las internas en distintas provincias el liderazgo del MRC se fue consolidando, las elecciones en provincia de Buenos Aires fueron tan contundentes[17] que por un lado De la Rúa desistió de su precandidatura presidencial y las proyecciones nacionales del candidato chaqueño se diluyeron ante el desempeño reducido de su fuerza en otras provincias. León reconoció las limitaciones de su fuerza para lograr la influencia en todo el país y finalmente se abocó a las elecciones en la provincia.

Sin duda en el escenario local la preponderancia del MAY era visible dado el peso de la figura de Luis León, pero el crecimiento y popularidad de Alfonsín generaba expectativas en los referentes del MRC local. Desde la Lista Morada Carim Peche y Miguel Ángel Galissier proponían en línea con el discurso alfonsinista:

darle al partido una imagen nueva, más joven, más pujante, donde tengan cabida las nuevas generaciones radicales que han visto frustradas sus expectativas de participación ante la permanencia de una cúpula directiva que no fue renovada adecuadamente y que en Chaco personalizó la dirección (…) Renovación de fuerzas y cambio de estructuras[18].

Las pujas entre las dos líneas de Renovación y Cambio daban cuenta de las disputas entre los líderes ante la alianza que estableció la Lista Morada con Línea Nacional Chaco, conformando la lista Unidad Radical Chaco en vistas a enfrentar al MAY con mayor fuerza. La Lista Celeste, que presentaba sus bases principalmente en Resistencia, General San Martín y Villa Ángela, como respuesta se arrogaba como el único Movimiento de Renovación y Cambio en la provincia que había apoyado desde un principio la fórmula Alfonsín-Martínez y que por ello iría a las elecciones internas sin establecer alianzas que pongan condiciones a los delegados tanto del comité como de la convención nacional de apoyar a dicha fórmula. Por su parte LN Chaco explicaba en un comunicado la alianza en función del descontento con la conducción que dirigía el partido desde hacía 25 años, expresaban que “la consideramos obsoleta por no decir caduca, ya que solamente por imperio de las circunstancias subsiste (…) dentro de poco tiempo dejará de gobernar nuestro partido y podremos ponernos en marcha tras objetivos básicos claros y concretos” [19].

Las elecciones internas se presentaban como la opción que igualaba44.600 personas en cierto punto a las agrupaciones, representaban la oportunidad para dirigentes y fuerzas políticas más pequeñas a disputar espacios de poder. Habilitaban procesos de democracia interna, en contra de la “dedocracia”, expresión que era común durante el momento previo a las internas.

Las elecciones de la UCR se llevaron adelante el 24 de julio, y para esa fecha el liderazgo de Ricardo Alfonsín era indiscutido, era el presidente de la UCR y candidato a la presidencia de la nación. Empadronadas estaban alrededor de 44.600 personas de las que participaron más del 60% -27.698-, los resultados favorecieron a la Lista Rosa que encabezaba Luis León con 13.813 votos, frente a los 8.791 de la Lista Morada (LN Chaco y MRC) y en tercer lugar quedó la Lista Celeste con 2.289 votos. La diferencia entre las líneas no fue tan notable como en el caso de la lista de Bittel en el peronismo, en este sentido cabe destacar que la lista de León se impuso de manera ajustada en algunos distritos como en Resistencia, y en otros perdió como fue el caso de la victoria de la Lista Morada en Sáenz Peña, evidenciando la preponderancia del liderazgo de Carim Peche en esa localidad y a su vez la lista Rosa había sufrido la pérdida del dirigente histórico de ese distrito Carlos Janik.

El liderazgo de León a su vez recibiría otro golpe en la convención nacional que consagró a Alfonsín como presidente del partido el 30 de julio de 1983, al quedar al margen de la conducción nacional en la que se desempeñaba en años anteriores como secretario del mismo acompañando a Balbín. Desde el MRC le recriminaban la “falta de solidaridad” con la denuncia del candidato presidencial sobre el pacto sindical-militar. En efecto, al ser consultado por el pacto León manifestaba que desconocía el mismo limitándose a hablar de otros temas para no rivalizar con Alfonsín.

La definición de la candidatura a la gobernación atravesó por momentos de tensión e incertidumbre, a pesar de la mayoría que le otorgaron las internas al MAY y con la proyección nacional del movimiento limitada, la postulación de Luis León como candidato natural a la gobernación se dilató. En principio, el propio candidato no renunciaba a sus aspiraciones a nivel nacional y, a su vez la conciliación con las otras líneas se presentaba un tanto enmarañada dada la ajustada victoria en las internas. Incluso la visita de Alfonsín a la provincia, ya en calidad de candidato presidencial, no bastó para unificar las disidencias, como podemos observar de la columna de Sergio Sotelo

Como si les sobraran figuras para integrar una fórmula con verdaderas posibilidades de quebrar la tradicional hegemonía peronista, especialmente ahora a caballo del ‘fenómeno’ Alfonsín, los radicales no se han puesto de acuerdo ni siquiera después de los gestos públicos de entendimiento entre Raúl Alfonsín y Luis León. Es obvio que el presidente de la UCR no vino al Chaco solamente por el drama de las inundaciones, también tuvo que lograr que se limen asperezas entre las líneas en pugna [20].

Una vez decidido a competir por la gobernación de la provincia, la estrategia de León ante la falta de diálogo y la dificultad de acordar la candidatura con el MRC y LN Chaco, fue proclamarla primero en un plenario de la Lista Rosa. De esta forma la fórmula radical que comenzó a circular fue la de Luis León-Aníbal Salom, este último era un médico y político de la ciudad de Villa Ángela de amplia trayectoria en el radicalismo local. De hecho, esta fórmula fue la única que ganó protagonismo en vistas a la convención radical dispuesta para el 4 de septiembre.

Imagen 3. Tapa Diario Norte, 15 de agosto de 1983, con la proclamación de las fórmulas del PJ y UCR.

Fue así que la convención provincial oficializó sus candidatos y lanzó la campaña electoral promulgando una concepción “movimientista” del partido, con intenciones de integrar a distintos sectores sociales y políticos en línea con el discurso alfonsinista.

La campaña y el nuevo gobernador peronista

Durante la campaña ambos partidos se distinguieron, por un lado, la UCR posicionó su discurso desde la apelación a grandes valores como “devolver la dignidad al pueblo chaqueño”, desafiando a “atacar la especulación financiera” y fortalecer los sectores agrarios con quienes tejió alianzas dado que estaban en pie de guerra con el gobierno de facto. La propuesta de León estaba fuertemente centrada en mejorar la calidad de vida de quienes habitaban la provincia en línea con la propuesta de Alfonsín (Velázquez Ramírez, 2019): “ya no puede hacerse política si no pensamos en el pan de la gente, en el techo, en la libertad … cuando hablo de la dignidad no me refiero al derecho a protestar sino también de realimentar el espíritu y el confort”[21].

A su vez era distinguible la asociación a la democracia a valores como la “vida” o la “revolución de la decencia” intentando marcar un contrapunto con la violencia del período anterior. De esta manera, Luis León fue de los dos candidatos el que más se distanció del régimen, con expresiones como “estamos buscando una democracia por eso no hay pacto con la dictadura” [22]. Es de destacar que a medida que avanzaba la campaña su figura fue creciendo, se evidenciaba un mayor entusiasmo.

En tanto, Tenev como candidato del interior concentró gran parte de la campaña en el recorrido por las distintas localidades y en reunirse con los referentes locales recuperando esas instancias como “saber en qué estado se encuentra la ciudadanía del Chaco, para que lo contemplemos en una futura gestión de gobierno”[23]. En cuanto a su discurso evidenciaba una mayor moderación que León, principalmente al momento de marcar las distancias con el régimen militar, se centraba en críticas sobre el endeudamiento externo y recuperaba la experiencia y logros de las políticas implementadas en las tres gobernaciones interrumpidas de Bittel. La apuesta era retomar las obras peronistas como ejemplos de gestión y marcar la continuidad.

Distinto de León, Tenev trataba de no enfrentar al gobierno de facto de manera directa. Uno de los pocos pronunciamientos públicos sobre la violencia política fue por la desaparición en la provincia de un militante del Partido Intransigente, Rubén Alberto Álvarez, hecho ante el cual expresó su rechazo: “las desapariciones como método político para acallar la oposición ha sido uno de los oprobiosos dolores que tiene el país” [24]. Su tono de campaña estaba enmarcado en consignas equilibradas como “El país quiere paz, paz para trabajar, paz para construir. Pero paz con dignidad, paz con comida, paz con medios para educar a los hijos, paz con trabajo permanente, paz con respeto” [25].

Es importante señalar que los candidatos se manejaron con mucha mesura y prudencia, no incluyeron en sus discursos ataques que pudieran generar actos de violencia entre militantes, incluso hicieron llamamientos públicos que evitaran la confrontación y peleas entre distintos sectores. Asimismo, en los medios también se destacaba la importancia de esas características en pos de una convivencia democrática en la que todos los partidos estaban comprometidos.

Imagen 4. Tapa Diario Norte, 1 de noviembre de 1983. Fuente: Diario Norte. Archivo Monseñor Alumni.

Las elecciones del 30 de octubre de 1983 definieron tanto los cargos de presidente y vice, gobernador y vice y 30 legisladores provinciales. La provincia contaba con 701.392 habitantes de acuerdo al censo de 1980, de los cuales 449.824 figuraban en el padrón electoral y finalmente la asistencia fue alta dado que más del 75% -341.436 personas- emitieron su voto. Las crónicas periodísticas al igual que las entrevistas refieren a un clima de alegría y entusiasmo, como se describe en el diario Norte “en la calle ya se vivía un verdadero clima festivo, con jóvenes bailando en la acera y cantando a todo pulmón, acompañados también por numerosas personas mayores”[26].

Más allá de la trayectoria peronista en la provincia, de la seguridad manifestaban durante toda la campaña en cuanto a la influencia de la figura de Bittel en el orden nacional, la victoria de Florencio Tenev fue muy ajustada, nada más que 3.723 votos[27] fueron la diferencia que le sacó a Luis León. En las entrevistas las y los militantes recordaban el nerviosismo con el que vivieron la jornada del escrutinio que por momentos tenía otro resultado.

Palabras finales

En principio los actores políticos eran conscientes del momento de fragilidad institucional que atravesaba el país. Es por ello que actuaron mesuradamente, ya sea desde los espacios colectivos como la Multipartidaria hasta las fuerzas propias, esta prudencia modelizó las formas de relacionarse entre rivales ya sean internos como externos, al encarar la campaña y las actividades políticas. De este modo fueron marcando ciertos límites en la práctica política. En ese sentido la apuesta al orden democrático como única opción viable fue el eje que unió a todos los partidos más allá de las diferencias.

Enfrentar las elecciones para ambos partidos mayoritarios significó rearmar el orden interno reconociendo las diferencias entre las distintas agrupaciones, las conducciones tanto del PJ como de la UCR fueron desafiadas, evidenciando estrategias como el cierre de alianzas entre líneas que los fortaleciera y los haga más competitivos, como fue el caso de Línea Nacional Chaco con MRC Lista Celeste. Mientras que en el peronismo, las agrupaciones optaron por ir de manera unilateral intentando fortalecer sus estructuras y alianzas con las bases en el territorio.

Este proceso encontró a las agrupaciones con los aparatos partidarios anticuados, las últimas elecciones habían sido en 1973, por lo tanto, las enfrentaron con lo que tenían. Es así que los liderazgos históricos fueron los que se vieron fortalecidos, las figuras con más trayectorias dentro de cada espacio supieron traccionar sus capitales para el armado hacia el interior y extensión de la provincia. No obstante, más allá de los resultados, la competencia en las internas evidenció las aspiraciones de nuevos líderes, la emergencia de nuevas figuras y actores mostrando la competitividad del partido.

Para el caso del Chaco, la influencia de la política nacional tuvo sus matices, principalmente por las dos figuras que tenían proyección nacional en la provincia: León y Bittel. La presencia de este último como candidato a vicepresidente y el líder radical y sus frustradas aspiraciones políticas por fuera de la provincia influyeron en la dinámica política local. Ello implicó una tensión entre lo nacional y lo local, de forma evidente que los actores lo supieron capitalizar de distintas maneras.

En este trabajo recorrimos el proceso de las dos principales fuerzas políticas al momento de enfrentar las elecciones que inaugurarían el retorno a la democracia. Desde una mirada local se constituye en un aporte en línea con los estudios que versan sobre reconstrucción democrática en contextos provinciales.

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  1. El Territorio, 16/10/1982.
  2. Norte, 07/03/1983, p. 7.
  3. Norte, 1/12/1982, p. 7.
  4. Norte, 24/10/1982, p. 6.
  5. Las lluvias generaron daños no solamente al campo, en cuanto al crecimiento de los ríos e inundaciones que afectaron las cosechas, sino también lo que respecta al daño urbano en el área metropolitana de la provincia.
  6. Norte, 13/12/1982, p. 32).
  7. Norte, 27/07/1982, p. 2.
  8. Norte, 05/04/1983.
  9. Norte, 05/03/1983, p. 8.
  10. Político chaqueño expresidente de la cámara de diputados de la provincia durante la gobernación de Bittel en 1873.
  11. Médico de formación y político chaqueño que había sido con anterioridad subsecretario y ministro de Salud (1963/1964-1966) de la provincia durante la gestión de Deolindo Bittel como gobernador. Era hermano de Alberto Torresagasti quien había sido dos veces vicegobernador, pero del cual quería distinguirse formando una agrupación nueva.
  12. Norte, 07/05/1983, p. 2.
  13. Norte, 21/03/1983, p. 7.
  14. Norte, 21/03/1983, p. 9.
  15. Norte, 02/06/1983, p. 21.
  16. Norte 28/10/1982, p. 7.
  17. Los resultados del 17 de julio de 1983 mostraron que de un total de 327.988 votos la lista del MRC obtuvo 282,762, mientras que LN 44.210 votos y el MAY 849 votos. De esta manera LN no alcanzó el mínimo del 25% para obtener la representación por la minoría.
  18. Norte 31/12/1982, p. 8.
  19. El Territorio, 05/07/1983, p. 4.
  20. La semana chaqueña, Norte, 08/08/1983, p. 23.
  21. El Territorio, 07/09/1983, p. 2.
  22. El Territorio, 12/9/1983, p. 4.
  23. El Territorio, 09/09/1983, p. 3.
  24. El Territorio, 30/9/1983.
  25. Norte, 22/10/1983.
  26. Norte, 31/10/1983, p. 26.
  27. El PJ obtuvo 156.368 votos mientras la UCR consiguió 152.645 votos. En cuanto a las elecciones legislativas hubo un empate dada la diferencia tan estrecha, siendo 15 escaños para cada fuerza.


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