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Memorias de los años setenta en el Nordeste Argentino

Militancia e imaginario político en torno al caso de la masacre de Margarita Belén

Carolina Fule y Elias Zeitler

Introducción

Nos proponemos en este trabajo analizar las experiencias desde la militancia y el imaginario político de la década de los setenta en el espacio regional nordeste, a partir de los discursos y representaciones que esgrimen ex detenidos políticos, militantes e hijos de desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar argentina. Nuestro estudio se basa principalmente en entrevistas abiertas sobre las cuales se aplican técnicas del análisis de contenido y del discurso.[1] Tomamos referencias teóricas tanto de la historia reciente como del psicoanálisis para abordar cuestiones referidas al trauma, el duelo, la pérdida, la memoria colectiva y los usos del pasado.

Del análisis se desprende claramente la posición de los sujetos de construir y sostener la memoria, individual y colectiva, no desde la experiencia de la cárcel, la tortura o la pérdida, sino primeramente desde las vivencias que los marcaron más fuerte que las rejas, que les permitieron precisamente sobrevivir a ellas: el compañerismo, la solidaridad, la defensa de ideales políticos, la búsqueda de la verdad. Si bien nos enfocamos de manera más restringida a sujetos vinculados al acontecimiento de la Masacre de Margarita Belén, esperamos poder contribuir con esto al estudio más general de los procesos relacionados con el ejercicio de la violencia política desde la dimensión simbólica de los actores sociales involucrados.

En trabajos anteriores hemos abordado el panorama general del acontecimiento de la Masacre de Margarita Belén y el devenir histórico de las luchas por la memoria y la justicia (Zeitler, 2017; Fule y Zeitler, 2018). Lo que nos interesaba entonces era identificar la transición de una teoría del “enfrentamiento” (versión oficial militar)[2] hasta la afirmación de una interpretación histórica desde el concepto de “masacre”, destacando la importancia que tuvo en este proceso la investigación e Informe Final de la Comisión de DD. HH. de la Cámara de Diputados de la Provincia del Chaco (1985) al sostener la imposibilidad de un “supuesto enfrentamiento” y corroborar que el asesinato colectivo fue llevado a cabo por los perpetradores bajo un pacto de silencio. También hemos indagado aspectos relacionados con sitios de memoria, especialmente sobre el mural “Argentina: dolor y esperanza” (1985, Aula Magna, UNNE, Resistencia) y también sobre documentales referidos a esta Masacre a partir del análisis de la escritura fílmica de la historia (Jara y Zeitler, 2019 y 2020; Zeitler, 2020 y 2022a).

En este capítulo nos proponemos examinar las llamadas memorias discursivas que interrogan sobre el retorno de un acontecimiento discursivo, pero también sobre los regímenes de enunciabilidad que posibilitan la elaboración de identidades políticas y culturales así como también configuran las matrices de inclusión-exclusión de enunciados.[3] En esta cuestión tomamos al acontecimiento como referente principal, como clave para el análisis del tiempo presente a partir de su reformulación conceptual y metodológica desde los años setenta con el llamado “retorno del acontecimiento”.[4]

Esto conduce a reflexionar sobre los efectos psicológicos que produjo, en muchos casos, la impunidad de la represión política en el contexto social chaqueño. Comprender cómo son afectadas la memoria común, la interiorización de un saber colectivo, qué tipo de conductas y efectos puede generar la impunidad (alienación-marginación, anomia, olvido-memoria) y cómo se transmite “transgeneracionalmente” alterando las posibilidades de historizar el contexto social, con lo cual se quiebra el sentimiento de continuidad y se descatectizan los proyectos, constituyéndose así en una “herencia negativa de la sociedad” (Aguiar, S/A).

Este tipo de variable se vincula directamente con el análisis del trauma político, estudios referidos a la tortura, los efectos de la guerra y el trauma psicosocial, que atiende al impacto sobre los distintos grupos sociales y sobre los individuos de acuerdo a su extracción social, su grado de participación en el conflicto así como otras características de su personalidad y experiencia (Castillo y Lira, 1993).

“Una transmisión lograda ofrece a quien la recibe un espacio de libertad y una base que le permite abandonar (el pasado) para (mejor) reencontrarlo”:[5] Voces y escrituras sobre la masacre de Margarita Belén (1976)

Primeramente nos interesa comprender cómo los relatos de memoria se configuran en una forma particular de escritura de la historia que, a la vez que rememora la experiencia y el trauma, también traslada el acontecimiento al texto abriendo el arco hermenéutico a los lectores. Consideramos para ello una variedad de textos referidos a la Masacre de Margarita Belén, tanto testimoniales como de análisis histórico e incluso poemas y cuentos, algunos de autoría individual y otros de producción colectiva.[6]

Tempranamente, Edwin Peco Tissembaum,[7] reconocido abogado defensor de los derechos humanos en la Provincia del Chaco, esgrimió su versión de los hechos respecto a la última dictadura cívico-militar y los sucesos de Margarita Belén en Desde más adentro (1996, reeditada en 2009 y 2017) y también contamos con el libro Allí va la Vida. La Masacre de Margarita Belén (2003) del periodista y ex detenido político Jorge Giles.[8]Ambos ofrecen una escritura testimonial que no pretende erigirse en portavoz de la memoria global ni contar una historia completa o total.

El arquitecto y ex detenido político Carlos Aranda también escribió en ese mismo tono vivencial sus Memorias de ratón (2013).[9] En su relato se observa una visión más amplia sobre la dictadura “cívico-eclesiástico-militar” como proceso socio histórico, pero también esa mirada al interior de las vivencias en la cárcel, de las torturas físicas/psicológicas y de las consecuencias a largo plazo de la violencia.

En la intersección de literatura e historia, tenemos los escritos de Amanda Mayor de Piérola, madre del desaparecido Fernando Piérola en la Masacre de Margarita Belén, junto a las obras de su hijo Gustavo Piérola.[10] En su libro Amanda, Dolor y Esperanza. Masacre de Margarita Belén: la búsqueda irrenunciable de Fernando. Cartas, textos y poemas (2010), publica una serie de notas, discursos de aniversarios de la Masacre, prólogos y comentarios de libros que realizó, así como documentos legales sobre consideraciones generales de la causa “Margarita Belén” y un conjunto de poemas escritos entre 1976 y 2004.

Su hijo Gustavo Piérola, en 2012, escribió Amanecer sin pájaros; algo más que cuentos, una serie de relatos “escritos desde la bronca, el dolor y la esperanza” pero con la intención de recuperar la tradición literaria militante, según la apreciación de Miguel Molfino en el Prólogo de la obra. Su escritura puede ser considerada heredera de La risa no se rinde. Humor como resistencia (2010), obra colectiva que reúne más de treinta cuentos de ex presos políticos y familiares de desaparecidos/asesinados. Norma Barbagelata, se pregunta en el Prólogo por los efectos del acto de la lectura y la escritura, de la memoria, el duelo y el tiempo, “la historia y sus múltiples modos de construirla”, el relato y la transmisión. En estas páginas lo testimonial se entrecruza con una escritura que recupera el humor y la risa como forma de resistencia y preservación. Porque “escribir estos cuentos, estos relatos, permite recuperar otra mirada de ese tiempo vivido” (Ayala, E. et al, 2010, p. 11).

Como entre los desaparecidos/fusilados de Margarita Belén hubo militantes de varias provincias, entre ellas Chaco, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Entre Ríos, recuperamos algunas obras impulsadas desde espacios institucionales provinciales. Es por eso que podemos encontrar historias de vida, desde la reconstrucción testimonial, en publicaciones colectivas emprendidas principalmente desde asociaciones vinculadas a la memoria y la justicia y en cuyas producciones encontramos referencias a varios de los caídos en la Masacre.

Desde Corrientes, tenemos los dos tomos de Historia Chiquitas que cuentan la Historia grande, los que reúnen una serie de trabajos compilados por Mabel Irene Fernández y editados por la Asociación Civil Memoria, Derechos Humanos y Solidaridad (Goya, Corrientes). En el primero se hace referencia en poco más de diez páginas a la vida de Lucía Delicia González, en tono testimonial señalan que “poco se sabe de ella dentro de la cárcel porque no era conocida” pero “dicen que todos los que sacaron esa noche de la cárcel fueron a parar a Margarita Belén” (Fernández, 2016, p. 119).

La publicación contó con el auspicio del entonces intendente de Goya, Gerardo Horacio Bassi, quien en un epígrafe inicial manifiesta su convicción de que “lo que no se escribe, con el paso del tiempo se pierde” y que, por lo tanto, “con los temas de Memoria en particular, no podemos andar con tibiezas”. Además de la Presentación de Daniel Lesteime como director de Arandu ediciones, quien resalta la obra colectiva por recuperar las historias de vida de un grupo de militantes de las luchas campesinas, y las Palabras Preliminares de la Alicia Helena Casabonne (directora de Derechos Humanos de la Municipalidad de Goya), quien destaca la labor realizada desde el aparato estatal local y nacional en relación con los archivos y sitios de memoria. Cabe mencionar la intención, expresada por la Comisión Directiva de la Asociación MEDEHS en el Prólogo, de querer recuperar las voces de aquellos compañeros que no están, mostrándolos en su dimensión humana y militante por medio de los testimonios de familiares, amigos y militantes y así recuperar la memoria a través de sus historias de vida (Fernández, 2016, p. 20).

En el segundo tomo (2018) encontramos referencias a las vidas de otras personas detenidas/ desaparecidas en el marco de la Masacre de Margarita Belén: Raúl Antonio Méndez, Eduardo Fernández y Juan Ramón Vargas, precedido por un estudio introductorio titulado “Los 70: una década inconclusa”, en el que el Dr. Jorge Luis Migueles y el Prof. Arturo Alemis esbozan un panorama histórico focalizado en la política internacional y el fenómeno de la radicalización de los sectores sindicales y juveniles a nivel nacional.

Desde Santa Fe, la obra Historias de Vida. Homenaje a militantes santafesinos. Aportes para la construcción de la memoria colectiva (tomo 2, 2010) impulsada por la Secretaría de Derechos Humanos de Santa Fe y el apoyo de la Dirección Provincial de Investigación y Reconstrucción de la Memoria Histórica, junto a un equipo ad honorem que colaboró en la investigación, entrevistas y redacción. En ella hay referencias biográficas a “el Bocha” Alcides Bosch, militante y delegado en las Ligas Agrarias Santafesinas fusilado en la Masacre.

En su Prólogo, el Dr. Héctor Carlos Superti, ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia de Santa Fe, destaca el aporte que significaron estos relatos para la reconstrucción de la memoria colectiva, no sólo por los datos históricos sino también por los ideales y las emociones de las víctimas que transmiten los testimonios de sus compañeros y familiares. Una Introducción General contextualiza el estado del país desde la década de los sesenta, mencionando aspectos políticos, económicos y culturales.

También el testimonio junto a los resultados de la investigación llevada a cabo por Raúl Borsatti expuestos en su obra Solo digo compañeros: vida y compromiso militante desde el Norte de Santa Fe (publicada en 2005, con una segunda edición de 2006). El autor, vinculado a la actividad periodística, la militancia política en el norte santafesino y los organismos de derechos humanos también ha publicado La rebelión: historia y protagonistas de la marcha que conmovió a la dictadura de Onganía (1999) y, más recientemente, El control: espionaje político y resistencia popular (2019).

La obra que aquí señalamos refiere a vidas e historias de militantes desaparecidos/asesinados durante la dictadura militar, a lo que suma un anexo documental sobre el tema. Entre la veintena de casos que aborda se encuentran los breves relatos biográficos de Reinaldo Zapata, Emma Cabral, Mario Cuevas y Alcides Bosch, quienes fueron desaparecidos/fusilados en la Masacre de Margarita Belén.

Por parte de la Subsecretaría de Derechos Humanos de Misiones, tenemos los tres tomos de Misiones. Historias con Nombres Propios (2011 y 2012) compilados por Amelia Rosa Báez, militante y entonces presidenta de la Comisión de Familiares de Presos y Desaparecidos Políticos de Misiones 1976-1983 que actuó como querellante en los Juicios para condenar delitos de lesa humanidad en la Provincia de Misiones.

En el Tomo I, el entonces gobernador, Maurice Fabián Closs, sostiene en la Presentación que “cada uno, a su manera, testimonia los tiempos que le tocan vivir” y que “siempre la memoria es el instrumento fundamental para evitar la reiteración de épocas nefastas de la Historia”, por lo los relatos contenidos en el libro “deberán actuar, a modo de antídoto, contra cualquier olvido” (Báez, 2011, p. 13). Alejandro Rodríguez hace referencia en el Prólogo a la “dictadura oligárquico-militar” remarcando que “Margarita Belén (Chaco) sigue siendo una herida abierta en la ya larga, convulsionada y siempre dinámica historia nacional” ya que dicha acción “se enlaza históricamente con otros fusilamientos de luchadores populares en otros ámbitos y tiempos de nuestro país”. Por lo cual, la presente obra debe servir “como ejercicio de rescate de la memoria colectiva, como testimonio de las utopías” por medio de diferentes formas como “la poesía, el cuento, el reportaje o el testimonio directo” porque “todas son válidas; son pedazos de historias de un pueblo arrancadas al olvido” y también porque el poder siempre utiliza la palabra para querer “imponer su verdad, su historia oficial” (Báez, 2011, pp. 15-17).

Por su parte, la compiladora repasa en la Introducción el proceso de creación en Misiones de la Subsecretaría de Derechos Humanos y el impulso de las investigaciones y acciones judiciales contra los represores de la dictadura y concluye destacando la apuesta de esta obra que sirvan de contribución “para que la VERDADERA HISTORIA asentada en la categórica verdad de los hechos acontecidos, trascienda y se imponga a aquella historia manipulada que apuesta al olvido, que la resiste y que trata de ocultarla” (Báez, 2011, p. 23).

El capítulo de Graciela Franzen titulado “La iglesia y la Opción preferencial por los pobres” (pp. 251-263) hace mención a Manuel Parodi Ocampo y Luis Arturo Franzen, ex seminaristas asesinados el 13 de diciembre de 1976. Se incluye al final del libro una foto del Monumento a los caídos en Margarita Belén, emplazado en el acceso de Garupá – Misiones y realizado por el mismo escultor autor del monumento homónimo en el Chaco (Díaz Córdoba).

El Tomo II (que cuenta con un Prólogo de Estela de Carlotto) insiste en la necesidad y el deber ineludible del Estado de preservar del olvido “a la memoria colectiva que contempla la versión de los sobrevivientes” y dedica unas páginas especiales al tema bajo el título de “Socializar hasta la Vida” (pp. 197-228), con algunos recuerdos de vida y militancia de Franzen y Carlos Alberto Duarte (incluyendo la letra del chamamé “22 Margaritas”, sobre estos fusilados también hacen referencia los escritos de sus familiares Felisa Bogado Franzen (pp. 99-106) y Ramón Duarte (pp. 187-190) en el Tomo III de la colección.[11]

En Chaco, contamos con el Informe Final de la Comisión de DD. HH. de la Cámara de Diputados (aprobado en octubre de 1985),[12] también conocido como el “Nunca Más chaqueño”, que sirvió de base para el inicio de los juicios contra represores en la provincia del Chaco. Posteriormente, este informe fue reeditado como El Golpe (2013), incluyendo una serie de contenidos realizados por la Comisión Provincial por la Memoria.

En esta publicación, antes de la transcripción del Informe, se presenta una aproximación al contexto histórico 1976-1983 -redactada por Gabriela Barrios- en la que se abordan aspectos del contexto internacional, la situación político social nacional, los problemas sociales emergentes, las intervenciones estatales, las políticas públicas y la acción social, las principales medidas económicas, sociales y educativas durante la dictadura. Después del Informe, se ofrece una reseña del surgimiento y descripción de la conformación de la Comisión Provincial por la Memoria-Chaco y de la Casa por la Memoria, así como información de la base de datos del Registro Único de la Verdad, del Programa de Asistencia Integral a las Víctimas del Terrorismo de Estado, el Área de Educación y Memoria, referencias a las causas judiciales de la Masacre de Margarita Belén (I y II) y la Causa Caballero, incluyendo fotografías y planos de las instalaciones del ex Brigada de Investigaciones en Resistencia.

También el RUV Chaco publicó en 2019 el texto Margarita Belén a partir de los resultados de las investigaciones realizadas, incluyendo una línea temporal de los hechos significativos que permitieron llegar al juicio de la Masacre, referencias a los militares condenados, los alegatos, la sentencia, las inspecciones oculares, los esfuerzos de búsqueda y restituciones y las historias de vida de los desaparecidos/fusilados. La Colección RUV, coordinada por Juan Carlos Fernández, también ha publicado una Historia de las organizaciones políticas en el Chaco y sus militantes. Ligas Agrarias, UES y PRT/ERP y, recientemente, la obra Pulsión de Vida. Mujeres desaparecidas y asesinadas en la última dictadura cívico-militar vinculadas con el Chaco (2021).[13] Asimismo, es de destacar la obra colectiva Nosotras, presas políticas (2006) que recupera los testimonios de más de 100 prisioneras entre 1974 y 1983, obra que se continuó con una publicación reciente Nosotras en Libertad (2021), enfocada en la militancia de los 70 y luego de la recuperación de la democracia, los ideales como norte identitario y de sobrevivencia, desde un tejido político que anuda la lucha feminista.

“Lo que no se puede decir no se puede callar”:[14] experiencias e imaginarios en actores sociales entrevistados

Partiendo de esa base documental revisada, nos proponemos avanzar desde el análisis de una serie de entrevistas abiertas realizadas entre 2016 y 2019 a un grupo de militantes, ex detenidos políticos y familiares de desaparecidos. Tuvimos como variables aspectos relacionados con la construcción de una memoria colectiva sobre el acontecimiento, a las tensiones generadas entre esa memoria y el relato histórico así como cuestiones individuales y grupales que desde el psicoanálisis son posibles de abordar para comprender de manera más compleja las condiciones de producción de la memoria y la historia sobre los años setenta, las experiencias de militancia política y social y los procesos de violencia que caracterizaron esa década.[15]

Entendemos que la entrevista como estrategia de construcción de una fuente oral no se reduce a la necesidad de obtener información, nueva o complementaria, sino a la captación y comprensión del punto de vista de las personas. Como señala Laura Pasquali (2019) el testimonio es un elemento histórico de primer orden porque permite acceder a la versión de la historia y la vida de los sujetos, lo que implica un equipaje cargado de “una sensibilidad del mundo, ideología, vivencias de género, sentimientos de clase y experiencias” que promueven “una percepción más amplia de las culturas contemporáneas” (p. 108). Aunque el testimonio proporcione información sobre los hechos, su valor reside en tanto “expresión y representación de experiencias cuando incorpora las dimensiones de la memoria y la ideología” (p. 109).

Precisamente, en los relatos que aquí analizamos se evidencia la importancia de hablar, de poner en palabras, de escribir la historia en primera persona. Con un motivo individual, subjetivo, en el sentido de la necesidad de contar la crueldad del horror vivido, lo sentido, intentando significar lo imposible de transmitir sobre el dolor psíquico provocado por el terrorismo de Estado.

Dar testimonio, ese me parece que es de alguna manera la meta que uno tiene. Quizás uno se hubiese sentido mal si no dejaba testimonio de lo que vio, de lo que conoció, de lo que escuchó.

Cabe destacar la importancia del testimonio como un aspecto central en la conformación de la prueba judicial en un proceso penal, especialmente en causas de delitos de lesa humanidad, en las que muchas veces es la única prueba que se dispone. En ese sentido: “El testigo es el que puede proveer los elementos para probar el hecho” (CELS, 2011, p. 49).

Pero, además, el desafío de exponer los motivos de la militancia, el origen de la lucha, los sueños políticos compartidos de un país libre, soberano y democrático, como así también, un motivo social, colectivo de dar testimonio de un hecho social para las nuevas generaciones. Pulsa en los sobrevivientes la necesidad restitutiva de mostrar sus luchas, incluso sus fuerzas, transmitiendo los modos de producción de ideas de aquella época y conciencia colectiva y transgeneracional (como transmisión de una verdad, pero también con el objeto de que futuras generaciones puedan superar los errores y construir un país mejor):

los compañeros que nos comprometíamos sin limites dentro de nuestra organización, verdaderamente cuando decíamos sin limite era sin limite, el limite era la propia vida. Amábamos profundamente la vida… Y en ese contexto de amar la vida sabíamos que podíamos perder la vida.
Yo creo que hay que transmitirle todo esto, hay que decirle que esto pasó acá donde ellos viven, donde ellos piensan tener sus hijos, donde van a tener sus nietos, donde nosotros vamos a hacer descansar nuestros huesos o nuestras cenizas.

Sin embargo, en los discursos también aparecen el amor, la fraternidad, la solidaridad que da la militancia y que se sostuvo en el encierro. La construcción colectiva superando las individualidades.

Y yo creo que a mí la cárcel me dejó un signo positivo, eso es lo que sostengo. ¿Por qué? Porque estar en la cárcel, si le contaron alguna vez que la cárcel es dura les puedo asegurar que es muy dura, pero de las situaciones malas también el hombre sabe sacar provecho a la situación. Por eso digo que me dejó un signo positivo grandote.

Esto queda claro con las declaraciones que dan a la Cruz Roja (1977) y a la Comisión Interamericana (1979). Cuando por unanimidad la decisión de los que aún permanecían detenidos en la U7 de Resistencia era contar lo que había pasado con los compañeros trasladados y luego masacrados en Margarita Belén.

A mí me parece que soy de los tipos que piensa que es importante dotar a todo lo que hace a la memoria de este pueblo, dotarlo permanentemente de un rasgo de humanidad. Y ellas quizás por ser protagonistas, junto con nosotros, de aquellos hechos que culminaron finalmente en juicios, detención, en la cadena perpetua de algunos, en la prisión por años de otros. Son sujetos importantes que hay que valorar, que hay que rescatar, que no hay que olvidar. Que deben ser parte de este patrimonio de nuestro pueblo.

Un somero recorrido histórico-político de las luchas por la justicia del proceso argentino nos permite recordar que nuestro país es un caso pionero a nivel mundial por el hecho de que los tribunales nacionales llevaron adelante el juzgamiento penal de los crímenes del terrorismo estatal. Pero a una primera etapa de impulso por la verdad y la justicia iniciada con la reapertura democrática en 1983 y que llevó a la creación de la CONADEP, la publicación del informe Nunca más y el juicio a las juntas en la causa 13, le siguió una segunda etapa de impunidad marcada por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y posteriores indultos de los años noventa, aunque pese a los frenos penales persistió la búsqueda de los detenidos-desaparecidos en los denominados juicios por la verdad hasta la reapertura desde principios del siglo XXI de causas judiciales que se encontraban suspendidas. (CELS, 2010)

En estos relatos queda clara la importancia de los juicios llevados a cabo en la causa Margarita Belén. Destaca la importancia del Estado para la institucionalidad de las políticas de memoria, verdad y justicia, fundamentalmente durante los doce años de gobierno kirchnerista, y el terreno ganado en la conciencia social sobre los derechos humanos. Algo que, comparativamente, se puede ver en la lucha actual de las mujeres.

Me parece que el gran hallazgo de los 12 años de gobierno de Néstor Kirchner primero y de Cristina Fernández de Kirchner después, fue justamente el rescate de la memoria como política de Estado, como política institucional, no como una algarabía de juvenilia militante.

Pero estas luchas no son sólo por la memoria y la justicia, sino también por la historia. Por el relato histórico que se construye sobre la última dictadura militar y sobre el conjunto de la historia argentina.

Entonces, lo que el poder se da cuenta es que la única manera de imponer un cambio de modelo económico, social, cultural en la Argentina era a sangre y fuego y destruyendo al peronismo. Así de claro. Por supuesto, no te lo dice la historia oficial. Pero, según mi óptica, era así de claro.
Cuando aparece incluso una suerte de escuela que revisa eso y que pone en duda eso y que da otra mirada la llamaron la escuela revisionista. Eran los revisionistas de la historia. Pero era como una cosa marginal, o sea, la historia oficial trataba, trató siempre de empujar hacia un costado, hacia la banquina del relato histórico a aquellos historiadores… Los empujaban, decía, a la banquina del pensamiento como algo marginal.
Lo que hizo esta memoria en carácter de política de estado, de política institucional es tratar al menos de aguantar la pulseada con la mal llamada historia oficial. Que no es más ni es menos que la historia de las clases dominantes en Argentina. Entonces esto es lo que se nos relató siempre.
Yo creo que los 12 años de los gobiernos anteriores al actual se forjó una conciencia social, llamémosle sí, un piso de conciencia digamos, sobre el cual batallan justamente los que quieren batallar sobre ese piso de conciencia, sobre ese piso de memoria.

De esta manera se destaca la importancia de reconocerlos como víctimas en el sentido de las crueldades sufridas, pero también como seres humanos con errores que lucharon por sus ideales políticos de un país mejor. Queda expresada la búsqueda del recuerdo colectivo no desde la victimización sino desde la lucha política, humanizada.

En ese caso fueron víctimas. Ahora, yo no quiero que los recuerden solamente como eso, lo que quiero decir, lo que estoy tratando de decir es que ellos fueron militantes de la vida, ellos fueron militantes políticos. Tenían una razón política para vivir, para arriesgar su vida, eran luchadores.
Un día me descubro peronista, estudiando y con una identificación total con los valores cristianos que eran total y absolutamente coincidentes con los del peronismo y con lo que en aquel momento se vivía, el ‘hombre nuevo’ del Che, que en aquel momento ya se hablaba. Lo que decía la Iglesia, que es posible construir el hombre nuevo, y yo me iba a la iglesia, tenía un amigo que era cura tercermundista y él me decía ‘es posible el hombre nuevo, vení a trabajar conmigo en los barrios’. Y fui a trabajar con él en los barrios.

También se pueden identificar las consecuencias psicosociales del terrorismo de Estado. el impacto de la libertad, el rechazo de la sociedad, la dificultad para encontrar trabajo, los efectos psicológicos.

Es decir, la problemática de la integración hacia la sociedad, fue uno de los factores que siempre predominó y después, la parte física, que es reacomodarte físicamente a un sistema en el que el objetivo de ellos era simplemente destruirte tanto físicamente como psicológicamente.
La problemática del encierro afectó a todos de la misma manera, nada más que la capacidad de superación de esos problemas fue, no fácil, pero sí un poco más liviana para las personas de mejor cultura, de mejor nivel político ideológico.

Y los efectos en los hijos y familiares, las culpas, los rencores, las preguntas, el dolor de los hijos, y allí la importancia de la reconstrucción histórica y colectiva para elaborar ese sufrimiento, para responder y significar dolores.

Bueno, eso también te hace a vos pensar de que a pesar que estabas en libertad, no tenías libertad, o sea seguís siendo un prisionero dentro de una sociedad que de alguna manera te iba marginado, estabas marginado. Todo estas cuestiones te hacen no se, pensar, ver, recapacitar, bueno qué hicimos bien y qué hicimos mal.

Por ejemplo, se revaloriza la importancia de la organización de H.I.J.O.S., familiares, ex detenidos para pelar por los sitios de memoria, por impulsar los juicios. Así también reflexiona sobre una problemática intergeneracional que se evidenció en el marco de las luchas por la memoria y la justicia: la problemática de H.I.J.O.S. con ex detenidos y militantes.

Es que hubo un rechazo de parte de ellos, hacia nosotros y a sus propios padres entendés. ¿Por qué? Porque la situación que están viviendo los hijos, que estaban en una situación vulnerable a todos los males que puedan existir… Entonces yo calculo que una de las cuestiones es que ellos tratan de justificar su estado porque nosotros habíamos actuando mal y los dejamos sin padres. Eso es una cuestión que hasta hoy día sigue vigente, es decir, de alguna manera, mucho más liviana, pero está presente siempre. El rechazo que tienen hijos hacia ex presos políticos y hacia inclusive a sus propios padres desaparecidos.

Un entrevistado comienza destacando lo que considera son dos hitos que impactaron en el Chaco y la región con relación a las políticas de memorias y los juicios: la investigación que se formaliza en la Cámara de Diputados de la provincia y la Ley de la creación de la Comisión Provincial de la Memoria. Respecto a las políticas de la memoria rescata una pedagogía de la memoria, en el sentido de transmitir sobre las historias de vida de las víctimas del terrorismo de Estado, su militancia, sus familias, sus estudios, su legado, etc.

En esa simbología, por ejemplo, siempre queda un dilema: de si recordar la masacre como si la entidad de los detenidos y los militantes fuera su muerte cuando en realidad –nosotros, el paradigma que yo además postulo es un paradigma de pedagogía de la memoria y no de la política- es reivindicar su vida, que es lo más importante.

Plantea tres patas de la memoria: los recuerdos, los olvidos y los silencios. Por lo cual el terreno de la memoria es un campo de disputa. Los silencios de los responsables sobre los desaparecidos, por ejemplo, y también los silencios de personas que estuvieron detenidas, sobre todo gente del campo, que nunca pudo contar todo lo sucedido. Pero estas son cuestiones que el mismo entrevistado se plantea como problemáticas, como interrogantes a responder.

¿Cuántas de nuestras evocaciones? ¿Cuántos de nuestros olvidos y cuántos de nuestros silencios son voluntarios? ¿Y cuántos son impuestos? Y lo que es impuesto ¿es impuesto por razones políticas o por hegemonías culturales?

Pero en sus representaciones la memoria no es ajena de la historia, y tampoco es exclusiva de un grupo a nivel provincial o regional. Considera necesario repensar la memoria y la historia de las luchas por los derechos humanos desde mucho antes que la última dictadura militar.

Es un error conceptual importante asociar políticas de la memoria o de derechos humanos solo a la última dictadura. Como si la historia hubiera empezado en el 76. Peor aún en el Chaco, que tenemos un pueblo originario numerosísimo en relación a nosotros. Ellos hablan de memoria de otra manera, de sus sitios de memoria.

Esa lucha no sólo es por la memoria y la justicia sino también por la recuperación de la vida y la libertad. El objetivo es evitar “retrocesos” en la historia de la vida democrática del país. Por eso, la dictadura no se trata de la violencia ejercida contra un grupo de militantes, es concebida desde una mirada más amplia de la sociedad, que involucró de diversas maneras a todo el conjunto social. “Toda la República Argentina era una cárcel, solo que algunos estábamos más encerrados que otros, pero todo era una cárcel”.

Ante esto, se resalta la importancia de los organismos de DD. HH., como las madres y abuelas, en tanto fundadoras de “una simbología de la recuperación de un piso de derechos que no puede retroceder”. Ese “piso de la democracia” adquiere importancia como política de memoria para poder pensar la integralidad de los derechos humanos: derechos sociales, de género, ambiente, pueblos indígenas. Se destaca también al Chaco sobre otras provincias vecinas respecto a la organización de los familiares y organización política, principalmente por la temprana organización de grupos como la Asociación de Gremios Políticos, la Asociación por la Identidad, la Comisión de Familiares de detenidos políticos y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos.

Con esos antecedentes y a pesar de los esfuerzos que le siguieron, señalan que persiste esa falta de integración entre pasado y presente, entre situaciones previas y posteriores a la última dictadura, siendo este problema parte de las limitaciones de las políticas de memoria, fundamentalmente por los silencios.

creo que estamos cometiendo algunos errores en las llamadas políticas de la memoria y a la vez estamos siendo insuficientes porque el grueso de las cosas, que son los silencios, los dejamos fuera de la agenda y en tercer lugar, somos insuficientes porque no integralizamos la visión de los derechos humanos.

En este sentido llama la atención que algunos no hablen con sus hijos/as sobre su propia detención o la violencia estatal durante la dictadura. Es notoria la dificultad de hablar dentro de las familias, con las personas más cercanas afectivamente. No es la reticencia para querer contar, menos la búsqueda del olvido, sino el dilema que se presenta sobre el qué contar.

Pero es muy difícil contar porque encima te genera un dilema: nosotros no queremos ser voceros de la crueldad para que el otro deje de pelear sus derechos. Si el enemigo te dejó vivo para eso, para contar la posta. Te dejó para que vayas a contar que al otro le empalaron. Te crea un dilema eso. Es por eso que prefiero el tema de la pedagogía de la memoria.

En otros relatos se observa una visión más amplia sobre la dictadura (a la que denomina “cívico-eclesiástico-militar”) como proceso socio histórico: refiere a un plan sistemático en la intervención conjunta de la policía y el ejército y la organización de los centros clandestinos de detención. Pero también esa mirada al interior de las vivencias en la cárcel, de las torturas físicas y psicológicas, y de las consecuencias a largo plazo de la violencia.

Vos pensá que todo eso de aquella época de la dictadura que yo la llamo cívico-eclesiástico-militar porque es civil, la Iglesia, un sector importantísimo de la Iglesia católica tiene participación directa y el militar. Los militares lo único que hicieron es (ser) el brazo armado, el ejecutor de la tortura, de la desaparición o de tirar del avión.

Lo que recalcan desde su militancia, y como causa de sobrevivencia en la detención, es la solidaridad. Solidaridad que se gestaba entre los estudiantes (por ejemplo, el movimiento Azul y Blanco de la Facultad de Arquitectura de la UNNE), los grupos organizados desde la Iglesia (actividad de curas tercermundistas en barrios pobres de la ciudad) o la militancia más dura como Montoneros (a la que algunos se integraron).

La solidaridad la volví a vivir en la cárcel. Y gracias a la solidaridad salimos vivos un montón. Porque más de un compañero murió en la cárcel porque no aguantó la represión, porque se deprimió. Hay compañeros que han salido totalmente trastornados, desquiciados psíquicamente y hay otros que esto que yo estoy haciendo no lo pueden hacer. Hay muchos. Muchos compañeros con los que si pueden hablar, pregúntenle y más de uno le va a decir: No, de eso no hablo.

A lo largo de estos discursos desde lo que fue la militancia, la detención y luego las acciones por la memoria, la verdad y la justicia, se puede ver la importancia de lo colectivo sobre lo individual. Como verdad de todos, historia de todos, memoria de todos. Y es notorio como lo colectivo atraviesa límites provinciales e incluso nacionales.

Cuando inicia la dictadura, algunos vivían en Corrientes Capital, pero, como cursaban sus carreras universitarias en la ciudad de Resistencia, diariamente debían cruzar con otros compañeros por el puente que une las dos ciudades y pasar una serie de controles bastante estrictos. En esas vivencias, también se experimentó de diversas maneras y con diferente intensidad el ejercicio de la violencia política por parte de las fuerzas estatales mientras que, paralelamente, también se fortalecía la solidaridad entre los compañeros.

El asunto es que, suponte vos, veníamos tranquilamente en el colectivo y de golpe podía haber sido en el control, podía haber sido antes de subir al puente, podía haber sido antes de la rotonda, en cualquier lado podía tranquilamente un patrullero o un grupo de patrulleros, con un grupo de canas, con el ejército, hacían una pesquisa. Todo el mundo abajo, nos revisaban de punta a punta, revisaban el colectivo de punta a punta, nos cachaban de armas, nos palpaban todo completo, y el que tenía cara de sospechoso perdía, o el que tuviese algo encima que pudiese ser comprometido perdía obviamente.

Estas vivencias buscaron ser expresadas desde el relato oral y el escrito, tanto para familiares como para la sociedad en general.

Nunca me guardé nada. Mis hijos, por supuesto, obviamente todo esto lo conocen, con lujo de detalles. Después me doy el lujo de haber escrito un libro donde cuento justamente cada cosa que viví, lo bueno y lo malo, y entonces, eso para mí es fundamental.

Claramente se resalta la importancia de la palabra y la escritura como vías de memoria. El objetivo era hacer un relato en primera persona, hacer historia desde el testimonio de alguien que lo vivió, que lo sintió. Pero no desde el horror de la violencia o los siete años de cárcel, sino desde los motivos de su accionar.

… para mí lo más importante de todo lo que es la cárcel, es el hecho concreto de que había un motivo por el cual nosotros hicimos las cosas que hicimos, queríamos un país mejor, queríamos un país más igualitario, queríamos un lugar donde tener a nuestros hijos y que nuestros hijos puedan criarse y desarrollarse y ser felices.

Sin embargo, esa lucha no queda en el pasado, por el contrario, se proyecta al presente. En la incasable búsqueda de justicia por todas las víctimas y la necesidad de hacer juicios a todos y cada uno de los responsables (incluida la participación de la Iglesia y la sociedad civil), en la defensa de las políticas de DDHH del presente en relación la lucha de las mujeres o por la igualdad de género, porque en la conciencia de la sociedad ya “no hay retroceso”, no hay vuelta atrás en el terreno ganado respecto a la conciencia de derechos. Es la continuidad que encuentra la memoria en la historia, son los fragmentos individuales que se unen en un relato mayor.

No es que empieza cada vez que hay un cambio de gobierno, que empieza la historia de nuevo, no, no empieza nada de nuevo, es una simple continuidad. Se pelean por las mismas cosas (…) la distribución de la riqueza no es una entelequia, no es una utopía, no es algo que se le ocurrió a alguien, sino que es algo que tiene que ser realidad, y por eso seguiremos peleando.

Otros destacan la importancia de la transmisión intrafamiliar sobre la historia y la verdad, como instancia formadora de la constitución subjetiva de cada persona, y sobre todo en lo particular de la vida de las víctimas y familiares de las víctimas. Y qué aspectos impactan de manera particular y/o diferente en cada uno.

Es notorio cómo se entrecruzan los hijos en el relato y el registro familiar y social para tejer el entramado subjetivo en cada uno. Porque también es claro el hecho de que la memoria es un proceso que se va construyendo transgeneracionalmente (intrafamiliarmente, subjetivamente, pero también socialmente). La memoria dependerá de los recursos de cada generación para transmitir y significar los acontecimientos y la impresión subjetiva de los mismos (va cambiando, se va construyendo en etapas, y se va imprimiendo en cada uno de manera distinta):

… a mí de chiquito nunca me ocultaron, yo siempre supe que mi papá estaba desaparecido, el tema es cómo uno va construyendo eso, no? O descubriendo, el hecho de que tu papá esté desaparecido: ¿por qué está desaparecido? Son una serie de preguntas que se van dando a lo largo de tu vida, todo un proceso, y que algunas tienen respuestas, otras no, otras van cambiando, van surgiendo preguntas nuevas…

También se hace referencia a la importancia de los organismos de derechos humanos. No sólo en la creación de políticas de memoria como valor social y para la sociedad, sino también como lugar de pertenencia y referencia para las víctimas directas y sus familiares. Esto se corrobora en cómo algunos de ellos son convocados por HIJOS, el tiempo que les llevó acercarse y los modos en que pudieron hacerlo. Y cómo este acercamiento tuvo impacto en su construcción subjetiva de la historia de sus compañeros o familiares detenidos/desaparecidos/asesinados. Construcción que fue tomando forma con el trabajo que se realizaba desde distintos espacios.

Había ex presos, familiares, HIJOS, por supuesto, estaba formándose la red de identidad también, y ese grupo que puntualmente se lo llamó Coordinadora Regional de Derechos Humanos no tuvo continuidad en el tiempo, pero lo que yo particularmente comencé a hacer ahí fue la base de datos, sobre las personas o los casos de personas desaparecidas que eran de la región…

Y aparece aquí la decisión política organizativa de la Comisión de arrancar su conformación con militantes. Sus tareas comenzaron siendo realizadas por militantes, hijos, ex detenidos y familiares. Más tarde, se sumarían a la labor personas con formación profesional para colaborar en las distintas áreas específicas que se conformaban desde la comisión.

Se señala que, de las acciones llevadas a cabo por HIJOS en el Chaco, aquellas que resultaron más significativas fueron los escraches, realizados bajo el lema “si no hay justicia, hay escrache”. Tanto por la participación amplia que tuvieron como por el impacto que generaron a nivel social. Estos encuentros permitieron un acercamiento a otros hijos con experiencias de vida similares o atravesadas por cuestiones como la detención o asesinato de sus padres, los cuerpos todavía desaparecidos, la restitución de la identidad de algunos hijos o nietos.

Resulta muy interesante también la percepción que tienen respecto a lo que queda pendiente sobre la masacre de Margarita Belén posterior al juicio de 2011. Al respecto, reflexionan sobre la importancia de continuar las investigaciones respecto a los cuerpos todavía desaparecidos de algunos de los masacrados, incluso sobre la posibilidad de que otros detenidos en distintas dependencias también pudieron haber sido trasladados y asesinados en el marco de esta masacre.

Plantean que el objetivo que hoy se proponen es la reconstrucción de la historia de vida de los militantes: “estamos hablando de tratar de devolver la identidad o la actividad de esa persona… desaparecer a una persona era desaparecer sus ideas, por qué luchaba, quién era, desaparecer su historia”.

En otras entrevistas también se da cuenta de la importancia de la transmisión de la historia y de la verdad en la construcción subjetiva y de la identidad de un familiar.

El impacto de la desaparición, no saber sobre el destino final, el silencio de los responsables, la dificultad de duelar sin poder tener un rito fúnebre. Lo que lleva a uno de ellos a fantasear acerca de su familiar, de su personalidad, pero también sobre su detención y su destino final.

… justamente eso de tomarlo como un fantasma a una persona ausente, y bueno, y todos estos materiales que me fueron llegando de la fiscalía tanto como de los pescadores, como que me fui sintiendo cada vez más cerca, de mi familiar y de la verdad de todos los otros compañeros, porque yo hablo por mi familiar y como decía mi familiar, si encontramos un hueso ajeno es como encontrar a mi familiar también, porque realmente lo que se está buscando es que se escriba lo que pasó, porque es todo un abismo negro eso, que nadie puso luz en eso…[16]

Aflora así el sentido colectivo de la construcción de la memoria, la verdad y la justicia, en el sentido de que no se busca solo a un familiar sino a un colectivo. Que un hijo desaparecido es hijo de todos, como valor transmitido principalmente por su abuela.

También es importante la referencia al impacto social y subjetivo en la población de la impunidad. Cómo la impunidad perpetúa en el tiempo la lógica del miedo para paralizar la sociedad. Esto, algunos lo ven en los pescadores que, durante años, y en la actualidad, temen decir lo que vieron, temen contar sobre los cuerpos hallados en el río.

También es interesante observar que ante la ausencia de respuestas acerca de la verdad de los hechos cometidos en la dictadura, algunos han construido mitos e incluso fantasmas. Esto lo demuestran las connotaciones de milagros que algunos pescadores simbolizaron en los cuerpos encontrados y a quienes le rinden culto luego de enterrarlos.

… muchas personas que los enterraron hicieron altares, santificaron a muchos que decían que le conseguían milagros y también las visiones de esos rostros que encontraron, dicen ellos que se les aparecía, en los ranchos, el miedo venia por muchos lados, no solo por los militares y por la justicia sino también por una cuestión de fe.

También es interesante la diferencia que se hace entre la tramitación del dolor de los familiares de las víctimas que cuentan con los organismos de DD. HH., como abuelas, en donde pueden sostenerse como una gran familia unida por la historia. A diferencia del resto de la gente, por ejemplo, los testigos silenciosos a orillas del río viendo flotar cadáveres de jóvenes sin terminar de comprender de qué se trataba, sin contención: “parecían que estaban más dolidos que yo”.

En algún punto de los relatos, siempre aparece el tiempo. En la búsqueda de los desaparecidos es fundamental el tiempo, el paso del tiempo destruye las pruebas, se destruyen los huesos y hace cada vez más dificultosa la identificación. Es decir que el tiempo cronológico atraviesa la lógica de la reconstrucción de la verdad, y la Justicia allí tiene un papel fundamental. Se dejó pasar mucho tiempo, hubo mucho tiempo de impunidad y eso erosiona las pruebas y, junto con ellas, erosiona la posibilidad de la verdad.

Pero el tiempo también ofrece la posibilidad de la continuidad. De retomar y continuar la labor desde lo social o lo político que aquellos familiares militantes hacían.

… yo creo que también esa visión que yo tengo de él, alimentó muchísimo este entusiasmo que tengo y, sí, también de fantasear un poco, de que si él estuviera vivo qué estaría haciendo en este momento, y yo lo hago, junto abrigos y los llevo a la isla, ayudar, quizás ya lo haya hecho a esta altura de su vida, quizás no, pero es que hubo una interrupción en la vida de él y yo mentalmente la continúe pero en este sector, en la isla…

Consideraciones finales

En este trabajo buscamos reflexionar sobre la violencia política y las formas de represión a partir del abordaje de un caso particular, significativo a nivel provincial para el Chaco pero también con relevancia regional y nacional: la Masacre de Margarita Belén. Este tema, que en otros trabajos buscamos abordar desde el contexto sociohistórico de las luchas por la memoria y los procesos judiciales, nos parece sumamente relevante para comprender de manera más compleja también la dimensión simbólica presente en los actores sociales involucrados.

Por esto decidimos focalizar en una serie de entrevistas realizadas a ex detenidos políticos, militantes y familiares de desaparecidos en el marco del caso de la Masacre de Margarita Belén a fin de analizar desde algunas variables teóricas provenientes de los estudios de memoria, la historia reciente y el psicoanálisis, aquellos discursos y representaciones que se esgrimen desde los actores sociales vinculados al caso de estudio.

Pudimos identificar en los relatos un punto en común: la elaboración del recuerdo colectivo sobre los masacrados y desaparecidos desde la revalorización de la historia de vida de los militantes, como luchadores sociales y políticos y no sólo como víctimas del terrorismo de Estado. Lo que constituye el centro de la experiencia militante y el imaginario político en estas memorias de los años setenta.

También quedó expuesta la importancia de la transmisión intrafamiliar y transgeneracional para la reconstrucción de la memoria y la historia. La génesis de un sujeto de la palabra, incluso de manera creativa, es verdaderamente una cuestión de vida o muerte cuando ocurre en circunstancias implementadas para su destrucción. En la encrucijada entre el acontecimiento sufrido y la sensibilidad que produce, los sobrevivientes se posicionaron en la ética de la transmisión no sólo para la restitución de la verdad sino con el cuidado de producir un mejor recordar para sus hijos y nuevas generaciones. Los ex detenidos políticos se propusieron militar colectiva e individualmente la política del recordar para no repetir, con el objetivo de un mejor reconstruir ideales y luchas.

La conformación de organismos de derechos humanos fue un modo de militancia en la búsqueda de la verdad, la memoria y la justicia, que impactó en el país y la región nordeste, haciendo lugar a la simbolización en el espacio público de un hecho social y político.

La construcción de las historias de vida y militancia de los detenidos/desaparecidos/asesinados por la última dictadura cívico militar, a través de las distintas modalidades en que se fueron produciendo en estos años, fue un trabajo político de escritura de una herida social traumática. La recuperación y puesta en valor de las luchas e ideales de los militantes setentistas fue fundamental para ordenar y comprender el caos destructivo y perverso de un sistema dictadura y posdictadura que pretendía cercenar libertades, silenciar dolores, formatear subjetividades, imponer modelos, universalizar diferencias y centralizar poderes.

Entrevistados

Las entrevistas abiertas y en profundidad fueron realizadas por Carolina Fule y Elias Zeitler, en Resistencia-Chaco y en algunos casos de forma virtual, durante los años 2018-2019.

                 

CARLOS ARANDA (“Ratón”). Detenido político en noviembre de 1976 en su casa, junto con su hermano, en la ciudad de Corrientes, luego trasladado a la sede de la Brigada de Investigaciones de la Policía del Chaco en Resistencia. Arquitecto. Declaró como testigo víctima en el juicio por la Masacre de Margarita Belén en Resistencia Chaco y en la Causa Caballero por apremios y torturas. Autor del libro Memorias de ratón (2013).

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ. Fue miembro de H.I.J.O.S. Chaco y presidente de la Comisión Provincial de la Memoria de Chaco. Estudio ingeniería en sistema de la información. Trabaja en el Registro Único de la Verdad (RUV), organismo dependiente de dicha comisión. Hijo de Eduardo “Lalo” Fernández (detenido político, oriundo de Goya, militante de la Juventud Peronista y luego en Montoneros, es posible que haya sido asesinado en la Masacre de Margarita Belén a los 21 años).  

JORGE GUILLERMO GILES. Integró la Acción Revolucionaria Peronista. Fue detenido en abril de 1975 en la ciudad de Villa Ángela y luego trasladado a la U7 en Resistencia (hasta junio de 1982), donde estuvo con compañeros que luego fueron masacrados en Margarita Belén. Declaró como testigo víctima, siendo entonces presidente de la Comisión Provincial de la Memoria de Chaco. Periodista. Autor del libro Allí va la Vida. La Masacre de Margarita Belén (2003).

JORGE LUIS MIGUELES. Detenido político en mayo de 1976 en la vía pública de Resistencia, junto con uno de los masacrados (Luis Arturo Franzen). Compartió celda con otro de los masacrados (Mario Cuevas). Declaró como testigo víctima en el juicio por la Masacre de Margarita Belén en Resistencia -Chaco. Médico. Integrante de la Fundación Ramón Carrillo. Integrante de la Cátedra Libre de Derechos Humanos “Carlos Zamudio” de la UNNE.

 ALVARINHO PIÉROLA. Sobrino de Fernando Piérola (desaparecido, asesinado en la Masacre de Margarita Belén). Nieto de Amanda Mayor de Piérola, quien fuera la autora del mural “Argentina: dolor y esperanza” del salón de actos de la sede de la UNNE en Resistencia, y fuerte impulsora en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. La familia Piérola ha fundado junto con otros familiares la “Fundación Margarita Belén” en el Chaco, abocada a la investigación y búsqueda de los desaparecidos por la dictadura cívico militar. Alvarinho trabaja en la búsqueda de desaparecidos hace varios años.

LUIS ALBANO ROSI (“Tano”). Detenido político en septiembre de 1975 en su domicilio en Resistencia. Declaró como testigo víctima en el juicio por la Masacre de Margarita Belén en Resistencia Chaco, y en Santa Fe en el marco de la desaparición de Lucía Gladis Gómez. Hace 10 años trabaja en la Secretaría de Derechos Humanos en el Área de pensiones y trámites indemnizatorios para víctimas de la dictadura cívico militar.

Referencias bibliográficas

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____ (2022b). Del testimonio a la escritura. Voces y textos sobre la masacre de Margarita Belén. Coordenadas. Revista de Historia Local y Regional, 9 (1): 187-206.


  1. En el texto se resguarda a los entrevistados no especificando su identidad en las citas. Pero al final del capítulo referenciamos brevemente a cada uno.
  2. Dicha versión se enmarcó en la “teoría de los dos demonios” persistente hasta la primera etapa de la posdictadura. Para una mirada metodológica crítica del concepto puede verse Feld y Franco (2015), especialmente pp. 23-29.
  3. Partimos de la propuesta de María Alejandra Vitale (2007) en torno a lo que ha denominado memoria retórico argumental, concepto útil para analizar las estrategias que desplegaron las memorias discursivas en sus argumentos sobre el último proceso dictatorial en el Chaco.
  4. Con aportes de intelectuales como Reinhart Kosselleck, Paul Ricoeur, François Furet, Maurice Agulhon, François Hartog, Pierre Nora (Trebitsch, 1998). Además de las crecientes indagaciones sobre los “usos públicos de la historia” que complejizan los estudios sociales de la memoria (Vilanova Vila-Abadal, 2000).
  5. (Hassoun, 1996).
  6. Agradecemos especialmente a la colega Ángeles Méndez, integrante del RUV Chaco, que ayudó en la búsqueda de material indispensable para este estudio. Una versión más extensa sobre lo tratado en este punto fue publicada como artículo en la revista Coordenadas (Zeitler, 2022b).
  7. En su trayectoria destaca su participación en la Liga Argentina por los Derechos Humanos, su accionar como abogado defensor de presos políticos y especialmente a partir de su investigación personal pionera sobre la Masacre de Margarita Belén.
  8. Integrante de la Acción Revolucionaria Peronista, detenido en abril de 1975 en la ciudad de Villa Ángela y luego trasladado a la U7 en Resistencia (hasta junio de 1982), donde estuvo con compañeros que luego fueron masacrados en Margarita Belén.
  9. Aranda fue detenido en noviembre de 1976 en su casa, junto con su hermano, en la ciudad de Corrientes y luego trasladado a la sede de la Brigada de Investigaciones de la Policía del Chaco en Resistencia. Declaró como testigo víctima en el juicio por la Masacre de Margarita Belén y también en la Causa Caballero por apremios y torturas.
  10. Amanda fue una artista plástica reconocida en el ámbito regional por su mural “Argentina, dolor y esperanza” realizado en el Aula Magna de la UNNE, Resistencia en 1986.
  11. 22 Margaritas fue escrita por Santiago Berutti, la música de Julio Lacarra. La canción está registradaen la Dirección Nacional del Derecho de Autor (2011- Epsa Publishing S.A. y Byte and Music SRL). Según informantes, cuando se estaba desarrollando el juicio por la masacre, algunos integrantes del Colectivo Cultural Familiares de las víctimas de la Masacre de Margarita Belén visitaron la sede de Radio Nacional en Resistencia y allí Graciela Franzen (ex presa política y familiar de una de las víctimas de la masacre) presentó por primera vez este chamamé.
  12. El 17 de mayo de 1984, la Legislatura provincial aprobó la ley Nº 2971 que creó la Comisión de Derechos Humanos con el fin de investigar las violaciones a los derechos humanos cometidas en la provincia durante la última dictadura cívico-militar.
  13. Un caso excepcional desde la visión de los militares involucrados es la obra Margarita Belén, 1976, Víctimas del Terrorismo Judicial del Estado (2010) de Jorge Daniel Rafael Carnero Sabol, militar retirado con grado de coronel y condenado en 2011 a cadena perpetua por ser considerado coautor penalmente responsable del delito de homicidio agravado por alevosía y de privación ilegítima de la libertad agravada, en el marco de la causa judicial de la “Masacre de Margarita Belén I”. Al momento de los hechos ocurridos en diciembre de 1976 se desempeñaba como teniente Primero y actualmente cumple condena en la U-34 (Campo de Mayo).
  14. Davoine y Gaudilliere (2011).
  15. Como lo plantea Pablo A. Anzaldi (2017) en las palabras preliminares de su obra Los años 70 a fondo, interesa particularmente considerar la palabra de los protagonistas para que puedan aflorar “las mentalidades, sus razones y pasiones, con las que afrontaron los acontecimientos”, como así también importa “indagar acerca de las percepciones, juicios y análisis que determinaron las decisiones en cada caso” (p. 7).
  16. Se utiliza la palabra familiar para resguardar toda conexión con la identidad del entrevistado.


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