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2 Políticas de ciencia y tecnología y prospectiva en el mundo
y en América Latina

Desde la ciencia ficción a los estudios de futuro

2.1. Nota preliminar: prospectiva y prospectiva tecnológica, sus diferencias y su relación

El presente trabajo, como se dijo en la introducción general, versa, por un lado, sobre los orígenes y la historia de las políticas de ciencia y tecnología y por otro sobre los orígenes e historia de la prospectiva, en el mundo y en América Latina, así como sobre las relaciones entre ambos desarrollos. En el presente capítulo pondremos el acento en la prospectiva tecnológica, por ser cómo nació la prospectiva moderna, y también por la relación que se dio desde su nacimiento con las políticas de ciencia y tecnología.

Conviene señalar que es difícil distinguir entre prospectiva tecnológica y otros tipos de prospectiva: global, sectorial, regional, territorial, ambiental, económica, financiera, etc. En primer lugar, en cualquier tipo de prospectiva, y también por supuesto en la prospectiva tecnológica, se suele empezar considerando las dimensiones que se deben tener en cuenta en su desarrollo; por ejemplo, en el caso de la prospectiva tecnológica, no se puede hacer un análisis de los desarrollos tecnológicos o científicos ni de las innovaciones que se pueden esperar en el futuro sin considerar toda una serie de posibles eventos en el contexto. Desde la literatura inglesa se ha impuesto el acrónimo STEEP, o sea, las dimensiones Social, Tecnológica, Económica, Ambiental –por la palabra en inglés, Environment– y Política, a tener en cuenta para cualquier estudio del futuro.

Por otro lado, la prospectiva moderna nació, según acabamos de decir y analizaremos al comienzo de este capítulo, como prospectiva tecnológica, pero pronto se ramificó en otros tipos de prospectiva, en los que se mezclaban previsiones sobre desarrollos tecnológicos e innovativos con el análisis de sus contextos políticos, económicos, etc. Más aún, el primer ejercicio importante en Latinoamérica que se suele mencionar, y que solemos caracterizar como de prospectiva tecnológica, el Modelo Mundial Latinoamericano, o Modelo Bariloche, fue en realidad un ejercicio de prospectiva global. Pero se suele considerar como prospectiva tecnológica porque fue iniciado por los creadores de lo que en el capítulo anterior llamamos el Pensamiento Latinoamericano o la Escuela Latinoamericana de Pensamiento (ELAPCyTED), preocupados por las relaciones entre ciencia y tecnología con el desarrollo. El estudio que le siguió en el tiempo y en importancia regional, el proyecto Prospectiva Tecnológica en América Latina (PTAL), dirigido por Amílcar Herrera en la Universidad de Campinas (Brasil), fue también un ejercicio de prospectiva global, si bien en este último caso se consideraron con mayor atención que en el primero las variables tecnológicas: en efecto, durante su desarrollo, en los años 80, había irrumpido con fuerza la problemática de las nuevas tecnologías (informática y comunicaciones, biotecnología y nuevos materiales), y preocupaban sus posibles impactos, tanto positivos (oportunidades) como negativos (amenazas para la región).

Ya por esos años se puede apreciar, en América Latina como en el resto del mundo, una bifurcación de los campos. Por un lado, la prospectiva tecnológica tuvo importantes representantes, como los mencionados y otros que los siguieron, tanto a nivel regional como nacional. Pero también, como en todo el mundo, se empezaron a desarrollar en varios países importantes estudios globales o territoriales; también las empresas comenzaron a hacer ejercicios prospectivos. La crisis de la prospectiva iniciada desde mitad de los años 80 que comentaremos en este capítulo y que desarrollaremos en un capítulo ulterior se refirió principalmente a la prospectiva tecnológica, por razones que, como veremos, tienen que ver sobre todo con la crisis de las políticas de ciencia y tecnología y con la que rodeó al pensamiento crítico latinoamericano, a partir de las crisis económicas y de todo tipo que afectaron a la región. Pero en varios países de América Latina siguió desarrollándose con fuerza la prospectiva de carácter global, territorial, etc., intentos que consignaremos de alguna forma en este trabajo.

El foco, pues, del capítulo será eI de la prospectiva de la ciencia y la tecnología, y particularmente el de los estudios hechos en cooperación regional. Sin embargo, se tendrá en cuenta la relación entre este tipo de prospectiva y la relativa a otros tipos y dimensiones de la prospectiva. Por ejemplo, en la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIAP), una de las primeras redes que se crearon en la región en el presente siglo, se discutió en sus comienzos si debía continuarse con la denominación para la red de prospectiva tecnológica; a pesar de que muchos de sus representantes eran de organismos de ciencia y tecnología y se dedicaban a hacer prospectiva tecnológica, finalmente se optó por suprimir de su título la palabra tecnológica. De hecho, además, algunos de sus miembros no hacen, más que esporádicamente, actividades de prospectiva tecnológica. Conviene añadir, sin embargo y para complicar las cosas, que las actividades de la red en su conjunto, en sus últimos años, estuvieron centradas en el futuro de la llamada Convergencia NBIC (Convergencia entre las Tecnologías Nano, Bio, Info y Cogno, esta última por referencia a las ciencias Neurológicas y Cognitivas). Lo mismo ocurre en la Red RIBER (Red IBERoamericana de Prospectiva), nacida años después en el seno del Proyecto Millennium, pero que viene a ser una continuación y ampliación de la anterior, con las mismas características y la misma orientación hacia el análisis de la convergencia tecnológica.

2.2. Antecedentes de la prospectiva moderna

Se ha escrito bastante sobre la historia de la prospectiva[1]. Nos interesa aquí antes que nada, dado el propósito del presente trabajo, resaltar la proximidad del nacimiento de la prospectiva y las políticas de ciencia y tecnología.

En las introducciones a manuales y libros de prospectiva, así como en cursos y en presentaciones sobre sus conceptos básicos, se encuentran consideraciones sobre sus fundamentos psicológicos e históricos. Se ha señalado su origen remoto en la curiosidad humana, que desde la Antigüedad ha buscado conocer el futuro. No en vano una de las técnicas más conocidas de la prospectiva moderna toma su nombre de los antiguos oráculos de Delphos.

Javier Medina, en su Manual de Prospectiva, dice sobre el surgimiento, desde la Antigüedad, de la necesidad de escrutar el futuro:

En diferentes épocas y culturas han surgido diversas representaciones acerca del futuro y del papel que cumple el ser humano en la historia. Existe, pues, una inclinación humana a explorar el futuro en un horizonte de largo plazo, y en cada época se desarrolla una práctica preponderante. Cada una tiene su propia visión del mundo y sus propios criterios para concebir el futuro. Decoufle[2] propone tres alternativas básicas de representación del futuro en la historia: el futuro como destino, como porvenir y como devenir.

Así, en la Antigüedad, en el contexto mágico-religioso, surgieron las prácticas de la adivinación y la profecía, ligadas a la imagen del futuro como destino, según la cual las fuerzas sobrenaturales regían inexorablemente la vida social. Luego, en el contexto literario, ligado al advenimiento de la sociedad industrial y el auge de la idea de progreso, la utopía y la ciencia ficción plantearon la posibilidad de usar la imaginación para crear futuros distintos al momento presente. En ellas predominaba la imagen del futuro como porvenir. Finalmente, a partir del siglo XX, pensando el futuro como devenir, son los filósofos, los científicos y los tecnócratas quienes crean los estudios del futuro, buscando incorporar el largo plazo en el análisis de las transformaciones históricas, con miras a estructurar la acción presente en el sentido deseado.

Es relevante discriminar las distintas representaciones del futuro que se han hecho en la historia y dentro de los mismos estudios del futuro. Pues, de este modo, puede verse la gran distancia que separa a la “bola de cristal” y los intentos por “predecir” el futuro, de los más modestos –pero quizás significativos– planteamientos que convocan a construir socialmente el futuro. Así, también se pueden brindar elementos para entender el significado de la representación del futuro como construcción social y sus implicaciones para la decisión pública.[3]

Como dice Javier Medina en el texto anterior, es con la llegada de la sociedad industrial donde empiezan a aparecer tratamientos que quieren ser científicos, de lo que puede ser el futuro: así surge, en primer lugar, la ciencia ficción. “A la ciencia ficción la acompaña desde siempre la inquietud por lo desconocido y la esperanza en la capacidad científica y el ingenio humano”[4]. Con mucha frecuencia, los escritores de ciencia ficción han sido científicos o han tenido conocimientos científicos bastante completos, y muchas de sus predicciones han resultado si no exactas, sí ilustrativas de lo que fueron después los desarrollos tecnológicos.

Aquí encontramos una doble relación entre ciencia y previsión del futuro: todo el mundo está de acuerdo en que la prospectiva, o los estudios de futuro, no tienen carácter de ciencia: pero sí pretenden tener bases científicas, lo mismo que la ciencia quiere ser predictiva, de hecho es predictiva. Al fin y al cabo, teorías y leyes científicas, sean ellas deterministas o probabilísticas, buscan, antes que llegar a la verdad o a la realidad, predecir de alguna forma el comportamiento futuro de las cosas, de la “naturaleza” (por ejemplo, saber si es seguro enviar gente a la Luna y qué hay que hacer para llegar allí). También la estadística nos ayuda a predecir el posible futuro (uno de los posibles futuros) a través de la extrapolación de las tendencias identificadas a través de series de datos históricos; también nos calcula los márgenes de error. Los modelos matemáticos, como los de simulación, los modelos macroeconómicos keynesianos y otros más complejos, ayudan también a definir el futuro de variables económicas, siempre dejando en claro los supuestos restrictivos sobre los que se basa la predicción[5].

El siglo XIX, con su idea de progreso, contribuyó también a fomentar el pensamiento sobre el futuro. Dejando aparte las utopías de Saint-Simon y otros socialistas utópicos, Carlos Marx había iniciado la exploración de leyes económicas (más ambiguas que lo que interpretaron sus continuadores) en sus predicciones sobre el futuro del capitalismo, sus tendencias y sus crisis. A comienzos del siglo XX, Kondratieff, como también Leontiev y Kuznev, contribuyeron a esta pretensión predictiva de la “ciencia económica” con sus teorías de los ciclos largos.

Se suele mencionar también como precursores de la prospectiva, durante la crisis de los años 1930, a William Ogburn y colegas, en Estados Unidos, quienes desde el National Resources Committee (Comité de Recursos Nacionales) habían analizado tendencias sociales, a través de indicadores, pronósticos sociales, técnicas extrapolativas e implicaciones de la tecnología agrícola.

Pero no fue sino hasta mediado el siglo XX en que se fundó, por así decirlo, la disciplina de la prospectiva, los estudios del futuro o como se los quiera llamar.

En 1932, H. G. Wells, el famoso autor de ciencia ficción, decía:

Me parece extraño que mientras tenemos cientos de miles de estudiosos de la historia que trabajan sobre archivos del pasado, no hay una sola persona que se dedique exclusivamente al trabajo de estimar las consecuencias futuras de nuevos inventos y artefactos. No hay un solo Professor of Foresight en el mundo.[6]

No tardó mucho en aparecer quien se dedicara a este trabajo: se suele mencionar a Ossip Flechtheim, un profesor judío alemán, quien escapado en 1933 del régimen nazi, se dedicó en Suiza a sentar las bases de lo que él llamó “futurología”. En 1939 emigró a los Estados Unidos y trabajó con Horkheimer en su famoso Instituto para la Investigación Social en la Universidad de Columbia.

Tal vez la expresión “futurología”, acuñada por él en 1943 y criticada ya por Gaston Berger, condenó sus esfuerzos. Flechtheim criticó a su vez acerbamente las predicciones que empezaban a hacerse en el socialismo de la URSS y los intentos tecnócratas de estudios de futuro del Oeste, pero finalmente fueron estos los que se llevaron el crédito de haber sido los iniciadores de la prospectiva moderna, si no científica (nadie pretende que la prospectiva sea una disciplina científica) al menos con base científica, rigurosa y sistemática.

2.3. Inicios de la prospectiva moderna: el pronóstico tecnológico

Efectivamente, se suele situar el nacimiento de la prospectiva moderna en los esfuerzos de los Estados Unidos por encontrar tecnologías para su preparación para la guerra, especialmente al comienzo de la Guerra Fría.

Encontramos aquí un paralelismo sugestivo entre el surgimiento de la prospectiva moderna y el de las políticas de ciencia y tecnología, que analizamos en el capítulo anterior. En ambos casos encontramos a la base el esfuerzo bélico de los Estados Unidos: fue este el que promovió las primeras políticas de ciencia y tecnología, acercando los “puros ámbitos de la ciencia” a la producción bélica, y fue también la necesidad de armamento cada vez más sofisticado lo que motivó la búsqueda de alternativas tecnológicas a través de técnicas de “pronóstico tecnológico”.

Hay que tener en cuenta que la prospectiva tecnológica ocurre en un momento determinado de la historia. No pudo ocurrir en la preparación bélica de la Primera Guerra: el cañón gran Berta, que revolucionó la artillería, fue diseñado por las industrias de Krupp, los aviones del 14 por los fabricantes de aviones. Los científicos fueron enviados a la guerra (mejor suerte tuvieron los científicos argentinos en tiempos del ministro Cavallo, que fueron enviados a fregar los platos). Ludwig Wittgenstein escribió su famoso Tractatus Logico-Philosophicus en las trincheras. En cambio, en 1940 fueron llamados a colaborar en el esfuerzo de guerra, como protagonistas. El cambio que había ocurrido entre las dos guerras fue que la ciencia básica se había ido acercando en forma acelerada a sus aplicaciones: se dice que la máquina de vapor estuvo basada en conocimientos de la física descubiertos 50 años antes; después, sobre todo con los avances de Pasteur en Francia y de la química en Alemania a mitad y fines del siglo XIX, el acercamiento entre la ciencia básica y la producción es cada vez mayor, y este se acelera ya en el siglo XX con los avances continuos en todos los frentes de las ciencias naturales y biológicas, iniciados con la física moderna. Es sólo ahí cuando se puede asumir la ciencia como una política de Estado (para la guerra, es cierto, pero al fin y al cabo, como se dice, la guerra es la política por otros medios); y también, cuando se pueden empezar a hacer intentos para predecir el futuro (cercano) de las tecnologías (también para la guerra): hay que incluir en aquellos avances de la ciencia los de la estadística, la investigación operativa y después el análisis de sistemas, que desde el lado de las ciencias sociales, administrativas y económicas posibilitaron muchas de las técnicas de pronóstico.

Concretamente, la aparición de la prospectiva moderna ocurrió, como es sabido, con el proyecto RAND[7], iniciado en 1945 por un acuerdo entre el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos y la Douglas Aircraft Co., a partir de actividades previas de esta corporación. En 1948 el proyecto se convirtió en la RAND Corporation, una institución privada sin fines de lucro, que continúa sus actividades hasta hoy en día con oficinas en más de 50 países y más de 1.600 investigadores. Sus investigaciones actuales incluyen estudios sobre el futuro de las tecnologías emergentes y muchas de ellas, elaboradas por su National Security Research Division, responden a pedidos de y son financiadas por el Comité de Inteligencia y por el gobierno de los Estados Unidos.

La RAND tuvo como misión en sus comienzos realizar estudios encargados por la Defensa de Estados Unidos para definir tecnología militar. Allí trabajaron investigadores que luego han sido pioneros de la prospectiva y crearon sus métodos y técnicas principales: el Delphi, la metodología de escenarios, los impactos cruzados, etc. Entre estos expertos encontramos a Herman Kahn, futuro creador del Método de Escenarios, creador y director del Hudson Institute, uno de los primeros think tanks en la materia, y autor del famoso estudio El año 2000; a Theodor Gordon, iniciador y director del Proyecto Millennium, y Harold Linstone, fundador de la prestigiosa revista Technology forecasting and Social Change y uno de los inspiradores de un movimiento moderno para sistematizar metodologías prospectivas, el famoso Future-Oriented Technology Analysis (FTA), ya en el presente siglo.

Las investigaciones de la RAND estuvieron orientadas al pronóstico tecnológico, es decir, a la búsqueda de alternativas y combinaciones de tecnologías militares más viables en el futuro próximo para aviones, mísiles, explosivos, etc. Esto emparenta tales inicios con el tipo de prospectiva que privilegiamos en este estudio, la prospectiva tecnológica. La OCDE definía por eso la prospectiva como:

Un conjunto de intentos sistemáticos para mirar a largo plazo el futuro de la ciencia, la tecnología, la economía y la sociedad, con el fin de identificar aquellas tecnologías genéricas emergentes que probablemente generarán los mayores beneficios económicos y/o sociales[8].

Junto con la prospectiva empezó a popularizarse también la evaluación tecnológica (Technology Assessment), una actividad emparentada con la prospectiva, pero en dirección opuesta. Fue definida como la “evaluación de los impactos futuros sobre la economía y la sociedad, de tecnologías nuevas conocidas”[9]. Como se dijo en el capítulo anterior, el Congreso de los Estados Unidos creó en 1972 la Oficina de Evaluación Tecnológica (OTA, por su sigla en inglés), donde se analizaron entre otros casos el del efecto del avión supersónico, cuya fabricación fue suspendida a raíz del análisis efectuado por dicho organismo, por razones fundamentalmente ambientales.

Definiciones de tres campos de estudio emparentados

Un documento del Instituto de Prospectiva Tecnológica de la Unión Europea (IPTS) distingue entre pronóstico tecnológico, evaluación tecnológica y prospectiva o previsión tecnológica[10]:

Pronóstico tecnológico: previsiones probabilísticas de desarrollos tecnológicos futuros.

Evaluación tecnológica (Technology Assessment): evaluación de los impactos futuros sobre la economía y la sociedad, de tecnologías nuevas conocidas.

Prospectiva tecnológica: identificación de prioridades científicas y tecnológicas presentes a la luz de proyecciones hipotéticas hacia el futuro de desarrollos económicos, sociales y tecnológicos.

2.4. Se abre el campo de la prospectiva

La orientación al pronóstico en sus inicios marcó a la prospectiva tecnológica, y esta hizo furor[11]. Eran momentos en que la revolución científica y sus aplicaciones a la guerra y a la producción de la postguerra habían insuflado en Occidente una nueva ilusión por el futuro de la humanidad. Una ilusión llena todavía de los temores que provocaba la Guerra Fría: la guerra de Corea en 1950, y aún después de la muerte de Stalin, el Muro de Berlin en 1959, la crisis de los misiles rusos en Cuba en 1962, la guerra de Vietnam al final de los 60 y hasta la distensión de los 70.

Pero poco a poco, la prospectiva fue abriendo sus horizontes hacia distintos campos de aplicación, desde temas más globales a más específicos. En Estados Unidos se crearon numerosas comisiones de prospectiva y la academia la acogió en su seno. La Asociación Americana para el Progreso de la Ciencia hace en 1955 un llamado para que se creen cátedras de futuro; la Sociedad Americana de Sociología creó en 1965 una Comisión de Prospectiva.

Empiezan a aparecer instituciones (mayormente Think Tanks) especializados en prospectiva.

El florecer de centros de prospectiva[12]

En las dos décadas del 50 y 60 se da una explosión de la prospectiva en el mundo, creándose instituciones y centros en todas partes:

– En 1952 se funda en Ginebra, Suiza, el Centro de Investigaciones Battelle, que entre sus objetivos incluye los estudios de previsión tecnológica y el desarrollo de modelos de simulación económica.

– En 1955 se funda, en el Centro para Estudios Avanzados de la Universidad de Stanford, California, Estados Unidos, la Sociedad para la Investigación de Sistemas Generales (Society for General Systems Research), disciplina que tendrá gran influencia en la prospectiva. Entre sus fundadores está Ludwig von Bertalanffy.

– En 1955, el gobierno de la República Popular China, encabezado por el primer ministro Zhou Enlai [Chou En-lai], prepara un plan de doce años denominado Programa Nacional de Previsión Científica y Tecnológica de Largo Aliento 1956-1967.

– En 1957 se forma en París, Francia, el grupo Centre International de Prospective, creado y dirigido por Gaston Berger, que inicia la tradición de la prospectiva francesa. Gaston Berger publica, en la Revista de los Dos Mundos (Revue des Deux Mondes), su artículo “Ciencias humanas y previsión” (“Sciences humaines et prévision”), uno de los artículos fundacionales de la prospectiva.

– En 1960 Gaston Berger muere trágicamente en un accidente automovilístico. Sin embargo su pensamiento y su pasión habían calado ya en un grupo influyente de funcionarios públicos, hombres de negocios y académicos, que continuaron reuniéndose y consolidaron el movimiento, cambiando el nombre de su centro por el de “Centro de Estudios de Prospectiva (Asociación Gaston Berger)”.

– En el mismo año Bertrand de Jouvenel (1903-1987; París, Francia), crea en París, Francia, el grupo Futuribles (una fusión entre “futuros” y “posibles”), con objetivos similares a los del grupo de Berger, que empieza a realizar estudios de prospectiva social y política.

– En 1961, Herman Kahn, uno de los iniciadores de la RAND, crea el Hudson Institute, uno de los Think Tanks más representativos de los estudios de futuro.

– En el mismo año, Jay Wright Forrester empieza a desarrollar en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Estados Unidos, las técnicas de modelado o dinámica de sistemas, para tratar problemas de administración industrial y de empresas. Este año publica su obra Dinámica industrial (Industrial Dynamics), pionera en la aplicación del análisis de sistemas al ámbito industrial y al modelo que dio origen al del primer informe del Club de Roma, que será uno de los hitos de esta historia.

– En 1961 también se crea en Francia la Delegación para el Ordenamiento del Territorio y la Acción Regional (Délégation à l’Aménagement du Territoire et à l’Action Régionale; Datar), cuyo papel sería crucial para el desarrollo de la prospectiva de los territorios.

– En 1965, Daniel Bell crea, dentro de la Academia de las Artes y las Ciencias de Estados Unidos, una “Comisión sobre el año 2000” (Comisión on the Year 2000), con el propósito de construir imágenes sobre los futuros de Estados Unidos hasta el año 2000.

– En 1966 Christopher Freeman crea y es nombrado director de la Unidad de Investigación de Políticas Científicas (Science Policy Research Unit, SPRU) de la Universidad de Sussex, Inglaterra. Ocuparía el cargo hasta 1984. En esta Unidad se crea un área de prospectiva, la que está a cargo de Ian Miles, uno de los próceres de la prospectiva desde entonces.

– En el mismo año, el gobierno soviético legaliza los estudios de previsión y se funda en la Unión Soviética una Asociación Soviética de Pronósticos Científicos. Desaparecería en 1970-71.

– En 1967 se constituye, en París, Francia, la Asociación Internacional Futuribles, bajo el impulso de Bertrand de Jouvenel (1903-1987; París, Francia) y se funda la Asociación de Futurología de Japón (Futurology Association), una especie de club de voluntarios interesados en prospectiva.

– También se constituyen en este año, en Italia el grupo Futuribili y en Alemania una Sociedad para el Futuro. La Fundación Cultural Europea pone en marcha el proyecto Plan Europa 2000, en el que participarían más de doscientos expertos de diez países.

– Se celebra en Japón la Conferencia Internacional El Mundo en el Año 2000 (The World in the Year 2000), y la World Future Society lanza su revista The futurist.

– Ante tal explosión de centros y actividades prospectivas, en 1967 aparecen artículos en The New York Times, The Wall Street Journal y Times haciéndose eco de la importancia que la prospectiva empieza a tener en el mundo entero.

– Finalmente, en 1968, un centenar de personalidades de diversos países, encabezadas e inspiradas por el empresario Aurelio Peccei (1908-1984; Turín, Italia) funda el Club de Roma, organización que durante los años 70 y 80 ejercería una importante influencia sobre los estudios de futuro, comisionando diversos estudios globales (mundiales) de modelado matemático, sistemas y simulación.

2.5. Preocupación por el futuro de la humanidad: hacia el año 2000

Una de las nuevas áreas que concitó más la atención fue la del futuro de la sociedad y de la humanidad en su conjunto. Habían aparecido en Estados Unidos y Europa diversos marcos teóricos del cambio técnico, entre ellos los análisis de Peter Drucker y Daniel Bell de la sociedad postindustrial: el primero había publicado en 1950 La nueva sociedad, y en 1957 Los siguientes 20 años de América; en 1965 Daniel Bell publica La sociedad postindustrial.

A un nivel filosófico, Hanna Arendt había publicado en 1961 su obra Entre el pasado y el futuro, obra de gran influencia por sus impactantes análisis sobre las rupturas de la sociedad moderna. Herman Kahn, que había creado en el mismo año el Hudson Institute, escribió en 1965 su obra Sobre futuros mundiales alternativos: Asuntos y teorías (On Alternative World Futures: Issues and Theories) y en 1967 su famoso Año 2000, aunque siguió todavía cultivando el pronóstico tecnológico (en 1972 publica Things to come, todavía en el marco del tecno-optimismo, aunque con énfasis en el futuro de las tecnologías militares).

Esto dio inicio a lo que se llamó la futurología, una orientación ya desgastada desde los intentos de su iniciador Flechtheim, pero que empezó a concitar el interés de muchos cuando en los mismos años 60 apareció la preocupación por los problemas globales, en particular la preocupación ambiental y por el agotamiento de los recursos.

Hacia 1963 esta preocupación se empezó a hacer dominante: el Quinto Plan Nacional Francés decidió, cuando estaba por concluir, ampliar sus objetivos para incluir algunos temas emergentes, en particular los relativos a la urbanización y el ambiente, y el Centro de Estudios Prospectivos de Gaston Berger, que había participado en dicho plan, empieza a aplicar el método prospectivo a estos problemas.

En 1964 un instituto de Estados Unidos (en el Estado de Rhode Island), especializado en el tema de los recursos (el Instituto Resources for the Future) publica el informe titulado Prospectos mundiales para los recursos naturales: Algunas proyecciones de demanda e indicadores de suministro al año 2000 (World Prospects for Natural Resources: Some Projections of Demand and Indicators of Supply to the Year 2000). El año 2000 es una fecha que empieza a concentrar la atención. Faltaban más de 30 años, pero ya empiezan a aparecer análisis prospectivos sobre lo que sería el mundo en ese año. En 1968 Daniel Bell publicó su libro Hacia el año 2000. Work in progress. Siguieron muchos otros.

El Club de Roma fue tal vez el que mejor canalizó, al menos por su repercusión mediática, las preocupaciones de la época en torno al futuro de la humanidad. Creado en 1968 por un grupo liderado por el empresario, pensador y filántropo italiano Aurelio Peccei (ver recuadro anterior), encargó en 1970 a un grupo del MIT dirigido por Donella Meadows, biofísica y científica ambiental, y por Denis Meadows, su esposo, un estudio sobre los problemas más urgentes de la humanidad. Este grupo se planteó como objetivo realizar una simulación sobre el futuro de la existencia y utilización de los recursos naturales en el mundo y sobre su previsible agotamiento. Para ello, desarrolló el modelo informático World3, basado en las técnicas de modelado o dinámica de sistemas iniciadas por Jay W. Forrester en 1961 en el mismo MIT. El resultado del estudio fue publicado en 1972 con el título de Limits to Growth (Límites al crecimiento). Tuvo una repercusión inmediata, sirviendo de base a muchas de las discusiones de la Reunión que Naciones Unidas organizó en ese mismo año en Estocolmo sobre “el Medio Humano” (el Medio Ambiente), y desencadenando o acelerando el movimiento ecologista que desde entonces no dejó de crecer en el mundo. Este fue el origen de las Cumbres de la Tierra que se han ido sucediendo después cada 10 años.

2.6. El surgimiento de la prospectiva
en América Latina y el Pensamiento Latinoamericano sobre Ciencia, Tecnología, Dependencia y Desarrollo

2.6.1. Orígenes del Modelo Bariloche

En 1970 el Club de Roma invitó a un grupo de científicos y pensadores latinoamericanos a una Reunión para presentarles su trabajo en marcha sobre los límites al crecimiento. La reunión se celebró en julio de ese año en Río de Janeiro y fue auspiciada también por el Instituto Universitario de Pesquisa de esa ciudad. Entre los participantes se encontraban Carlos Mallman, Jorge Sabato, Enrique Oteiza, Amílcar Herrera, Helio Jaguaribe y Osvaldo Sunkel. Durante la reunión se desataron muchas críticas al informe del Club de Roma, tanto desde el punto de vista metodológico como por las soluciones que proponía. Los participantes latinoamericanos mencionados conformaron entonces un Comité y, con el apoyo inicial incluso del Club de Roma, encargaron a la Fundación Bariloche que elaborara un proyecto, con una respuesta al informe desde una óptica latinoamericana. El proyecto, que analizaremos después, se suele llamar el Modelo Mundial Latinoamericano (MML) o Modelo Bariloche, y constituye el primer gran proyecto prospectivo en América Latina.

Es importante destacar que los impulsores de esta iniciativa, los arriba mencionados, participantes en la Reunión de Río, fueron los mismos autores que desencadenaron el movimiento o Escuela de Pensamiento Latinoamericano, que analizamos en el capítulo anterior. Ellos fueron los impulsores de las ideas sobre ciencia, tecnología y desarrollo con las que en América Latina, como también lo señalamos, ya desde finales de los años 50 y en los 60, se pudo superar el después llamado modelo lineal de innovación. No es de extrañar que sea el mismo grupo de pensamiento el que promoviera los primeros esfuerzos por imaginar el futuro: al plantear la complejidad de los procesos que unen la investigación a la innovación, como hizo Jorge Sabato con su figura del triángulo y al proponer la necesidad de la planificación para hacer funcionar el sistema, era lógico que se preocuparan por el futuro, mientras que la corriente contraria, el ofertismo, con su fe ciega en el poder de la ciencia, tenía una visión más mecanicista de las relaciones entre presente y futuro. Además, por su vinculación con el pensamiento de la CEPAL, Jorge Sabato y su grupo estaban imbuidos de la idea de la planificación de largo plazo[13].

Justamente el artículo, mencionado ya en el capítulo 1, donde Jorge Sabato introduce la figura del triángulo[14] en 1968, casi dos años antes de la Reunión de Río, muestra desde la Introducción que está bien al tanto de los estudios prospectivos que en aquellos años se estaban difundiendo en todo el mundo desarrollado. Lo hace al plantearse el problema de si le es posible a América Latina participar como protagonista en el desarrollo científico y tecnológico futuro, cambiando su papel pasivo de espectador. Y encuentra una respuesta en “los diversos estudios prospectivos sobre el desarrollo de la ciencia y la tecnología hasta el año 2000” [15]. Como dice a continuación:

En nuestros países es común pensar por el hecho de ser espectadores y no protagonistas, que estamos viviendo el momento culminante de la revolución científico-tecnológica. Ello no es cierto, como lo prueban los estudios prospectivos que demuestran que son previsibles transformaciones científicas mucho más profundas que las experimentadas hasta el presente.

En este sentido, Sabato es también un visionario, previendo los avances que desde los años 80 tendrán las llamadas entonces nuevas tecnologías (biotecnología, informática, nuevos materiales).

En el recuadro de páginas anteriores se hace mención a la cantidad de centros que en todo el mundo desarrollado habían iniciado hasta 1968 estudios de prospectiva, tanto global como tecnológica. Como se señala ahí, pululaban en esos años muchos estudios sobre el mundo del futuro, y especialmente sobre el año 2000, como la Comisión sobre el Año 2000 (Commission on the Year 2000), antes mencionada, creada en 1965 por Daniel Bell dentro de la Academia de las Artes y las Ciencias de los Estados Unidos, y que resultó en el informe El límite del crecimiento. En 1967 Herman Kahn y Anthony Wiener habían publicado su obra polémica El año 2000: Un marco para la especulación sobre los próximos 33 años (The Year 2000: A Framework for Speculation on the Next 33 Years). En ese mismo año se celebró en Japón, país que desde ese momento toma un gran protagonismo en estudios de futuro, la Conferencia Internacional El Mundo en el año 2000. En Argentina, Miguel Grinberg, periodista, escritor y ecologista, había lanzado en ese mismo año la revista 2001, con orientación a temas del futuro. En 1968 Stanley Kubrick estrenó su famosa película 2001, Odisea del espacio.

Nada extraño, por consiguiente, que ya en 1970 el grupo de pensadores latinoamericanos del que hacemos mención se entusiasmara ante la idea de responder a las ideas catastrofistas del informe Límites al crecimiento con un proyecto que fue toda una propuesta por una Nueva Sociedad.

A continuación analizaremos los principales estudios y corrientes prospectivas que han ido surgiendo en América Latina a raíz de esta iniciativa de los pensadores de la corriente de Pensamiento Latinoamericano. Se hará foco en aquellos estudios y corrientes que han tenido participación de estudiosos de diversos países, aunque también se mencionarán las actividades dentro de algunos países, sobre todo en momentos en que las iniciativas de cooperación latinoamericana disminuyeron notablemente, en lo que llamamos los momentos de crisis. Nuestra tesis es que aquellas iniciativas decayeron notoriamente en los momentos en que se desencadenó en Latinoamérica la crisis de la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y la de la CEPAL y, junto con ella, la del Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Desarrollo.

2.6.2. El Modelo Mundial Latinoamericano (MML) vs. el Club de Roma: Limits to Growth vs. Catástrofe o Nueva Sociedad

Tal fue (Catástrofe o Nueva Sociedad) el título de la publicación de 1976 que resumió los resultados del proyecto de la Fundación Bariloche.

A raíz de la reunión de Río de Janeiro, Carlos Mallman, Jorge Sabato, Enrique Oteiza y Amílcar Herrera elaboraron un primer documento con las hipótesis y variables que se utilizarían en el proyecto: se pretendía elaborar un modelo de simulación, como lo había hecho el informe del Club de Roma, aunque sobre bases y supuestos diferentes. El documento fue aprobado por el Comité y se encargó el desarrollo del modelo a la Fundación Bariloche[16]. La elaboración del modelo y el informe final, titulado Catástrofe o Nueva Sociedad, Modelo Mundial Latinoamericano[17], fue dirigida por Amílcar Herrera y codirigida por Hugo Scolnik, quien desarrolló el modelo computacional[18]. Fue auspiciada por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá (IDRC, por la sigla en inglés), y el equipo de trabajo lo constituyeron, además de Amílcar Herrera y Hugo Scolnik, Graciela Chichilnisky, Gilberto C. Gallopin, Jorge E. Hardoy, Diana Mosovich, Enrique Oteiza, Gilda L. de Romero Brest, Carlos E. Suárez y Luis Talavera. El proyecto se desarrolló entre 1971 y 1975 y su informe fue publicado en 1977 por el IDRC.

Las críticas al informe del Club de Roma, tanto en sus supuestos como en su metodología, han sido expuestas en detalle en las notas que Enrique Oteiza, Gilberto Gallopin y Hugo Scolnik escribieron para la segunda edición de Catástrofe o Nueva Sociedad, de 2004, hecha por el IDRC, publicada también en la web[19]. Por tanto, baste aquí una breve referencia.

La tesis del informe al Club de Roma, que era un análisis de tendencias y mostraba los límites al crecimiento impuestos por el ambiente físico, se puede resumir en esta frase de sus autores:

Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, la industrialización, la contaminación ambiental, la producción de alimentos y el agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso, tanto de la población como de la capacidad industrial[20].

Como solución, el informe recomendó el control del uso de los recursos y de la contaminación a través de la tesis de “Crecimiento Cero” para los países desarrollados, y el control de la natalidad en los subdesarrollados.

El Modelo Bariloche partió de un supuesto antagónico al del “Limits to Growth”; como paso previo, se discutieron los supuestos de dicho modelo acerca de la existencia y uso de los recursos naturales y de las tendencias de la contaminación. Se discutió el concepto de “reservas”, que no reflejan la riqueza del mundo, sino sólo los recursos conocidos hasta el momento. Los autores del modelo también arguyeron que los avances tecnológicos estaban superando ya en aquel momento las tendencias del consumo. De este análisis concluyeron:

  • Las reservas minerales explotables son muy probablemente suficientes para varios miles de años.
  • Los hidrocarburos podrán durar alrededor de 100 años.
  • Otras fuentes de energía (nuclear, especialmente a partir de la fusión, factible en los próximos 20 a 50 años, según este análisis), aseguran que no habrá colapso por ese lado.

Por el contrario, el supuesto del Modelo Bariloche fue que los problemas más importantes que afronta el mundo moderno no son físicos sino sociopolíticos, y están basados en la desigual distribución del poder tanto internacional como dentro de los países. En consecuencia, no pretendió, como el Limits to Growth, predecir tendencias a partir de la realidad actual, sino proponer una meta final, un escenario deseado o imagen de sociedad ideal: una sociedad igualitaria, no consumista, socialista, en tanto basada en el uso y gestión de los bienes de producción decidida comunitariamente. Fue por tanto, en términos de metodologías prospectivas, un escenario normativo.

Como dice Ian Miles:

A diferencia de otros modelos globales computarizados, el de Bariloche no se orientó a la predicción de las consecuencias de las tendencias actuales, sino a demostrar la viabilidad material de un futuro deseable […] La demostración de la posibilidad de satisfacer necesidades básicas en un marco de restricciones en lo que concierne al medio ambiente constituyó una importante crítica a la predicción tipo fin del mundo del modelo “Los límites del crecimiento”. También mostró la utilidad de la noción de “necesidades básicas” como una manera de evaluar estrategias de desarrollo de largo plazo[21].

La metodología del Modelo Mundial

A partir del escenario o imagen de sociedad ideal, se diseñó un modelo matemático de simulación: con él, a través de diversas corridas, se mostró que, a partir de los recursos actuales, el mundo, especialmente los países más pobres, podrían alcanzar la meta propuesta de niveles aceptables de bienestar en un plazo razonable con prácticamente ninguna limitación física. Por otro lado, el crecimiento de la población se controlaría al elevarse las condiciones generales de vida, especialmente las relacionadas con las necesidades básicas, y al reducirse la actividad económica, se reduciría al mínimo la repercusión del crecimiento sobre los recursos y el medio ambiente.

El modelo fue un modelo económico, con cinco sectores: alimentación, servicios habitacionales, educación, otros servicios y bienes de capital. Se utilizó una función de producción de tipo Cobb-Douglas para cada uno de los sectores.

En términos de escenarios, el modelo del Limits del Club de Roma se desarrolló con base en hipótesis que básicamente constituían un escenario tendencial: es decir, se planteaba que el mundo iba a seguir con el mismo modelo de desarrollo exponencial en una serie de variables clave (crecimiento de la población, de la economía, del uso de los recursos naturales, de la contaminación), lo que se veía como contrapuesto al modelo de crecimiento aritmético que se observa en la naturaleza.

En cambio, la respuesta del Modelo Bariloche consistió también en un modelo de simulación, pero en lugar de predecir tendencias, propuso una meta final, un escenario deseado o imagen de sociedad ideal: el modelo demostró que en una sociedad basada en estas premisas no se presenta el agotamiento de los recursos.

Nos encontramos aquí, por tanto, con el enfrentamiento entre un escenario tendencial (el del Club de Roma) y uno deseado (el del Modelo Bariloche).

Con todo, el Modelo Bariloche no pretendió minimizar el problema del agotamiento de los recursos. Simplemente, quiso cambiar este eje, poniéndolo en las estructuras sociopolíticas. Con el correr de los años, Amílcar Herrera se hizo mucho más sensible a los límites físicos al crecimiento, sin dejar de acentuar, por supuesto, los límites del modelo socio-económico. Por ejemplo, en su presentación en un seminario en Buenos Aires en 1993 en memoria a Jorge Sabato a los diez años de su muerte, Herrera arguyó fuertemente que el planeta no podría contener un crecimiento del mundo subdesarrollado que lo acercara a los niveles de vida de los países desarrollados de hoy. Obviamente, en pleno auge del neoliberalismo, el ideal de una sociedad como la que su modelo tomó como escenario único se había convertido en una utopía. Lamentablemente, Herrera moriría dos años después.

Por lo demás, los autores del informe Límites al crecimiento, Donella y Dennis Meadows, han ido reelaborando sus simulaciones, actualizando sus datos con publicaciones en 1995 y 2005: sus conclusiones, con las correcciones necesarias, siguen demostrando que tanto el agotamiento de muchos recursos naturales como la contaminación pondrán un techo a las posibilidades de un desarrollo sustentable en nuestro planeta, lo que se hará especialmente grave hacia mitad de este siglo XXI, a no ser que haya un cambio de modelo y de políticas. Con esto, se confirmaban las tesis del Modelo Bariloche.

El Modelo Bariloche, además de su valor intrínseco, inspiró la creación de otros modelos económicos de simulación de largo plazo en América Latina. Hugo Scolnik, el creador del modelo computacional, lo utilizó en un proyecto de UNESCO dirigido a la capacitación de planificadores[22].

También Oscar Varsavsky, quien contribuyó con sus discusiones a la elaboración del modelo, aunque finalmente no participó en él por diferencias de enfoque metodológico, había elaborado el suyo propio, que fue utilizado en Venezuela por el Centro para el Desarrollo (CENDES, creado en la Universidad Central de Venezuela en Caracas en 1961). Este modelo fue adoptado por Naciones Unidas y fue utilizado también en el Programa de Capacitación del Instituto Nacional de Planificación del Perú en 1977-80, bajo la conducción de Benjamín Zacarías, colaborador de Oscar Varsavsky en Argentina y en Venezuela.

2.7. La prospectiva despierta en América Latina,
pero estamos en vísperas de la crisis

El Modelo Mundial Latinoamericano fue desarrollado entre 1971 y 1976. Fue publicado en inglés por el organismo de cooperación internacional canadiense que lo había auspiciado, el IDRC, en 1977 y hubo traducciones al alemán, al francés, al japonés y al sueco. Si bien había sido editado en español, no llegó a publicarse, porque la dictadura militar argentina de 1976 había desarticulado para entonces gran parte de la Fundación Bariloche. Recién en 2004 lo publicó el IDRC, en edición que se encuentra en la web[23].

Amílcar Herrera tuvo que emigrar. Lo acogió como visiting professor la Science Policy Research Unit (SPRU), la famosa Unidad de Investigaciones en Política Científica creada por Christopher Freeman, Ian Miles y Charles Cooper en 1966 en la Universidad de Sussex, donde Amílcar había tenido ya una estadía unos años antes. Había sido su segundo exilio: en 1966, después de ser expulsado de la Universidad de Buenos Aires por otra dictadura, la del general Onganía, había tenido que refugiarse en Chile.

Pero su emigración tuvo como resultado auspicioso la difusión de la prospectiva por el resto de América Latina, donde ya habían empezado a aparecer algunas iniciativas de importancia. Antonio Alonso Concheiro[24] menciona algunos hechos de relevancia que muestran el despertar de la prospectiva en esta región después de 1970, cuando el proyecto del Modelo Bariloche estaba en marcha pero no había sido aún publicado:

  • En Argentina, un grupo de la Universidad de Tucumán encabezado por Héctor Ciapuscio elaboró en 1971 el estudio Lineamientos para un nuevo proyecto nacional, Ángel Monti publicó el libro Argentina Proyecto Nacional: Razón y diseño, en 1972, y en 1973 apareció el libro Prospectiva: Teoría y práctica, de Agustín Merello;
  • en México, en 1975,
    un grupo de visionarios encabezados por Emilio Rosenblueth y Víctor Urquidi fundó la Fundación Javier Barros Sierra, la primera institución académica en dicho país y probablemente en Iberoamérica dedicada en forma exclusiva y sistemática a la prospectiva.
  • Poco después, en 1976, Horacio Godoy fundó en Argentina la revista América Latina 2001. Revista Latinoamericana de Ciencia, Tecnología y Futurología. Horacio Godoy fue creador, dos décadas después, del Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva (CELGyP), primer nodo latinoamericano del Proyecto Millennium. Horacio Godoy falleció prematuramente en 1998 y es considerado uno de los más importantes precursores de la prospectiva en América Latina.
  • En 1976 se celebró en Costa Rica un simposio titulado “Costa Rica al Año 2000”, y el chileno Gustavo Lagos publicó la obra Revolución de ser: Una visión latinoamericana del futuro.
  • En Colombia se habían iniciado actividades de prospectiva en los años 70, a partir de los proyectos promovidos desde 1969 por COLCIENCIAS[25] “Operación Desarrollo” y el “Grupo Colombia 2000”, “cuyo propósito era fortalecer los estudios de largo plazo en el país”[26]. Esta tradición continuó años después, aun cuando las actividades de prospectiva tecnológica en la mayoría de los países latinoamericanos habían caído en la inexistencia.

Volviendo a Amílcar Herrera, en 1977 fue invitado, cuando se encontraba en la Universidad de Sussex, a dar un seminario sobre ciencia, tecnología e independencia en la Universidad de Campinas, UNICAMP, en el Estado de Sao Paulo, como nos recuerda Renato Dagnino en su nota de homenaje a Amílcar Herrera[27] tras su fallecimiento en 1995. Esto dio motivo a que fuera invitado dos años después, en 1979, por la misma universidad para crear el Departamento de Geociencias. Entre las áreas más importantes de este Departamento, además de las de Geomateriales y Metalogénesis, estuvo la de Política Científica y Tecnológica, el primero de una serie de núcleos de Política Científica y Tecnológica creados en Brasil a partir de entonces.

Fue justamente en este núcleo donde organizó el segundo gran proyecto latinoamericano de prospectiva, el proyecto Prospectiva Tecnológica en América Latina, PTAL, que involucró a cinco instituciones, de Brasil y de otros tres países de la región: Argentina, México y Venezuela. El proyecto se desarrolló entre 1981y 1986, justo en vísperas de lo que llamamos “la crisis de la prospectiva”.

Pero antes de describir el contenido de este proyecto pasemos a comentar otro proyecto de cooperación latinoamericana que se había desarrollado paralelamente y en los mismos años que el Modelo Bariloche.

2.7.1. El Proyecto Piloto de Transferencia de Tecnología de la OEA y la inteligencia tecnológica (1971-1975)

El objetivo de este proyecto, que ya fue mencionado en el capítulo 1 como uno de los primeros logros en la OEA de la Escuela de Pensamiento ELAPCyTED[28], era la búsqueda de información sobre tecnologías en algunos sectores específicos (siderurgia, petroquímica, industria química, etc.) y su posterior utilización para la selección, adaptación y cuando fuera necesario generación de tecnologías en la industria latinoamericana. Convocó a gran parte de tecnólogos de toda la región y participaron en él muchas empresas industriales. Se menciona aquí este proyecto porque, aunque su finalidad primera era la de información y transferencia de tecnología, se trató siempre de seleccionar tecnologías con la vista puesta en las tecnologías del futuro: para ello se utilizaron técnicas de evaluación y predicción tecnológica (Technology Forecasting), y se contó con el asesoramiento de importantes expertos europeos como E. Jantsch, P. F. Tenière-Buchot y Pierre Gonod, entre otros. Por otro lado el proyecto desarrolló el concepto de “inteligencia tecnológica”[29], hoy día de vital importancia para la prospectiva y para la vigilancia tecnológica.

La importancia de mencionar aquí este proyecto radica en que a través de él se pretendió replicar la experiencia de la Comisión de Energía Atómica de Argentina (CNEA) y de la Red creada en torno a ella de Centros Latinoamericanos de metalurgia y su vinculación con la industria, según el modelo implementado por la CNEA a través de su programa SATI (Servicio de Asistencia Técnica a la Industria), que canalizó la participación de la industria metalúrgica y electrónica argentina en la construcción de las centrales nucleares. El proyecto fue dirigido por el Dr. Ing. Carlos Martínez Vidal, también mencionado en el capítulo anterior, quien fue el sucesor de Jorge Sabato en la Dirección de Metalurgia de la CNEA e impulsor junto con él de las ideas de la Escuela de Pensamiento Latinoamericano en Ciencia y Tecnología desde finales de los 1950 (desde su entrada en la CNEA en 1955).

Este proyecto fue uno de los primeros proyectos multinacionales aprobados por el recientemente creado (en 1968) Programa Regional de Desarrollo Científico y Tecnológico (PRDCyT) de la Organización de Estados Americanos (OEA). Como se comentó en el capítulo anterior, la creación del programa PRDCyT había estado fuertemente influenciada también por el mismo grupo de Pensamiento Latinoamericano, el que había sido también el promotor del Modelo Bariloche.

El proyecto Piloto de Transferencia de Tecnología fue diseñado y aprobado en una reunión en Viña del Mar en 1969 y se desarrolló entre 1971 y 1975. Como dijimos antes, parte importante de sus esfuerzos estuvo dirigida a crear una metodología y una base de conocimientos que permitiera orientar la búsqueda de tecnologías por parte de las empresas de los países latinoamericanos participantes. Fue justamente en 1975, cuando el gobierno norteamericano, que había financiado gran parte del proyecto, se dio cuenta de que iba dirigido a aumentar la capacidad competitiva de la industria latinoamericana, que decidió cancelarlo. Era secretario de Estado Henry Kissinger[30].

2.7.2. El proyecto Prospectiva Tecnológica en América Latina (PTAL)

Volvamos al proyecto que inició Amílcar Herrera ya desde Campinas, el Proyecto Prospectiva Tecnológica en América Latina (PTAL). El proyecto se desarrolló entre 1981 y 1986 y fue financiado por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), a la que se unió después el IDRC de Canadá, que también había financiado el Modelo Bariloche.

Para su ejecución se constituyó un Comité Consultivo, compuesto por Fernando Henrique Cardoso, Leonel Corona, Celso Furtado, Gilberto Carlos Gallopín, José Agustín Silva Michelena y Theotonio dos Santos, bajo la dirección de Amílcar Herrera.

En el proyecto participaron las siguientes instituciones:

  • CENDES (Centro de Estudios del Desarrollo) de la Universidad Central de Venezuela, bajo la dirección de Hebe Vessuri: se hizo cargo del área sobre capacidad científica y tecnológica de América Latina, en particular frente al desafío de las nuevas tecnologías.
  • Núcleo de Política Científica y Tecnológica del Instituto de Geociencias, de la Universidad de Campinas (UNICAMP); además de la coordinación regional, el NPCT desarrolló dos áreas: Dinámica socio-económica, bajo la dirección de André Furtado, y Estrategia científica y tecnológica, bajo la coordinación de Amílcar Herrera.
  • CEUR (Centro de Estudios Urbanos), de Buenos Aires: tuvo a su cargo el área de la dimensión urbana del cambio tecnológico, bajo la coordinación de Pablo Gutman.
  • GASE (Grupo de Análisis de Sistemas Ecológicos), de Buenos Aires: coordinó el área de Medio Ambiente y Desarrollo, bajo la dirección de Gilberto Gallopin.
  • Universidad Autónoma de México (UNAM): tomó a su cargo el área de Economía Política de la Ciencia y la Tecnología, con la coordinación de Leonel Corona.

El proyecto contó con la colaboración de la Unión Europea, en particular de su Programa FAST (Forecasting and Assessment in Science and Technology), creado por la entonces Comisión Europea en 1980, y de su director Ricardo Petrella.

El Proyecto propuso una dinámica de trabajo flexible e interdisciplinaria, dada la cantidad de centros participantes y las temáticas abarcadas. Tal vez su efecto más importante radicó justamente en el estímulo que se dio a los estudios sobre prospectiva, que permitieron a un gran número de investigadores de América Latina trabajar en red, dominar las distintas técnicas y producir una serie de análisis sobre escenarios de futuro y estrategias económicas y tecnológicas. Lamentablemente, la finalización del proyecto coincidió con un período de descrédito de la prospectiva en la región, a lo que sin duda no fue ajeno el inicio de la década de políticas neoliberales.

Durante el curso del proyecto se elaboraron alrededor de 150 documentos. El Núcleo de Política Científica y Tecnológica de UNICAMP llevó a cabo la tarea de preparar la síntesis final, que coordinó Amílcar Herrera y redactó Renato Dagnino. En noviembre de 1990 se realizó una reunión de especialistas latinoamericanos en Campinas para discutir la versión preliminar del Informe[31]. El Informe final, que recogió las sugerencias del grupo de especialistas, fue publicado en 1994[32].

2.7.2.1 Ideas centrales del proyecto

El Proyecto surgió en el momento de la irrupción en la escena mundial de las nuevas tecnologías, cuyo impacto amenazaba con alterar los patrones productivos y las teorías del cambio técnico: la teoría de los ciclos largos tipo Kondratieff se hizo popular. El proyecto analizó estas tendencias y los estudios de futuro existentes[33].

En continuidad con el Modelo Bariloche, el proyecto se decidió por un enfoque normativo, por contraposición a los estudios de extrapolación de tendencias que dominaban en el mundo desarrollado[34]. Al igual que en aquel modelo, se definió una sociedad ideal: igualitaria, participativa, autónoma (no autárquica), de tiempo libre para las actividades creativas, sobria, intrínsecamente compatible con el medio ambiente físico.

Pero a diferencia del Modelo Bariloche (modelo normativo de simulación para mostrar la viabilidad de la sociedad ideal propuesta desde el punto de vista de los recursos naturales y el medio ambiente físico), el proyecto PTAL trabajó con varios escenarios posibles. Dos de ellos fueron calificados de inviables: uno tendencial y otro reformista. Únicamente se encontró como viable el escenario normativo, o deseable: el llamado escenario de desarrollo endógeno.

Este escenario deseable, de desarrollo endógeno, fue encontrado viable, pero con una condición: que la transformación fuera desarrollada en forma armónica y homogénea entre los países del norte y del sur. Por este motivo, el escenario deseable se planteó como tal no sólo para América Latina, sino para todo el mundo.

Finalmente, el Proyecto planteó una estrategia para llegar al escenario ideal:

  • Una estrategia socioeconómica
  • Una estrategia para la dimensión ambiental
  • Una estrategia para la dimensión urbana
  • Una estrategia científica y tecnológica

En este sentido, el Proyecto se puede caracterizar como de “prospectiva estratégica”, y se puede considerar que avanzó sobre lo que había sido el Modelo Mundial Latinoamericano, también un modelo normativo pero que explícitamente evitó proponer una estrategia para la transición a la sociedad ideal propuesta (ver en Anexo I un resumen de la metodología de este proyecto).

Dentro de la estrategia científica y tecnológica el Proyecto dedicó una gran cantidad de esfuerzos al análisis de los impactos y las posibilidades ofrecidas por los desarrollos en las nuevas tecnologías, principalmente la informática, la biotecnología y los nuevos materiales. Para esto se avanzaron lineamientos para políticas científicas y tecnológicas en cada una de esas áreas.

El Proyecto, que había sido auspiciado parcialmente por la Unión Europea, organizó en 1984 una Reunión en México, en la que participaron expertos latinoamericanos y de la Unión Europea[35]. Entre estos últimos se encontraban Ricardo Petrella, director del Proyecto FAST (Forecasting and Assessment in Science and Technology, Previsión y Evaluación en Ciencia y Tecnología)[36], Christopher Freeman, Yves Berthélot, Fernando Fajnzyber de CEPAL, Manuel Marí de la OEA, Emilio Fontela del Instituto Batelle, Leonel Corona, de la UNAM de México, Mario Waissbluth, también de la UNAM, y Theotonio dos Santos.

2.8. El amor en tiempos del cólera: nuevos esfuerzos regionales latinoamericanos, abortados por la crisis

Desde la segunda mitad de los 70 y sobre todo en los 80, cuando se desata la crisis en América Latina (las crisis de balance de pagos al final de los 70, la crisis de la deuda en los 80 y la crisis del neoliberalismo en los 90), los esfuerzos de los pensadores y tecnólogos que participaron en estudios de prospectiva tecnológica se convirtieron cada vez más en esfuerzos titánicos sin apoyo de las autoridades de política. O en los términos de Amílcar Herrera, las políticas implícitas (el proyecto o modelo de país) no concordaban con las políticas de las autoridades de los organismos de política ni mucho menos con las propuestas de los autores del Pensamiento Latinoamericano y de sus proyectos de prospectiva. Más adelante veremos cómo se abandona la prospectiva tecnológica: la prospectiva se refugia por un lado en los estudios globales y ambientales, que hacen furor; por otro lado se refugia en las empresas, que empiezan a darse cuenta de que, justamente en los tiempos de crisis, donde todo cambia y nada se puede prever, es más necesaria que nunca una visión del futuro, que no se base en predicciones inútiles, sino que plantee posibles escenarios y rutas que pueden llevar a futuros, deseados o catastróficos.

Entretanto, en los momentos en que se desencadenaron las crisis a las que aludíamos en el párrafo anterior, siguió habiendo en toda América Latina esfuerzos notables, que trataremos de reseñar, de estudios latinoamericanos de prospectiva tecnológica: ¿inercias institucionales o personales? ¿Esfuerzos desesperados por remediar la crisis?

Entre estos esfuerzos cabe mencionar:

  • El proyecto Alta Tecnología América Latina 2000 (ATAL 2000): fue un proyecto iniciado en 1987 con el apoyo de la OEA a partir de una iniciativa del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil y de COLCIENCIAS, de Colombia: pretendió incentivar las acciones de cooperación entre los organismos de ciencia y tecnología de los países de América Latina para el monitoreo de las tendencias de la investigación y la producción en el campo de cinco “altas” tecnologías (según la expresión inglesa en boga en el momento: High Technologies) (informática, comunicaciones[37], biotecnología, nuevos materiales y química fina). El proyecto fue discontinuado con la crisis de la prospectiva en Brasil y otros países.
  • El Comité de Ciencia y Tecnología (COLCyT) de SELA (Sistema Económico Latino Americano, con sede en Venezuela); con el apoyo decisivo del Ministerio de Ciencia y Tecnología de ese país, bajo la conducción de Dulce de Uzcátegui, el Comité inició a finales de los 80 y a comienzos de la década de 1990 algunas actividades en prospectiva tecnológica, en la línea del Proyecto ATAL 2000, recién mencionado, que culminaron con el lanzamiento del Programa Latinoamericano de Prospectiva Tecnológica de COLCYT. Fue dirigido, desde 1989 a 1993, por el experto argentino Dr. Jorge Beinstein. El Programa fue interrumpido tras el surgimiento de la crisis venezolana al comienzo de la década de 1990.
  • Esfuerzos nacionales: en lo que caracterizamos como un desierto de la prospectiva tecnológica en América Latina, a partir de la crisis iniciada en los años 80, no se pueden desconocer los esfuerzos que se hicieron sobre todo en algunos países para fomentar estudios prospectivos. En particular, además de Brasil, sede del proyecto PTAL ya mencionado, cabe destacar a México y Colombia en forma sistemática, y Perú y otros países en forma más incidental. Con todo, hay que decir que estos esfuerzos, en primer lugar, fueron esfuerzos estrictamente nacionales, sin implicar acciones de cooperación con otros países, como había ocurrido con las iniciativas destacadas en los primeros acápites de este capítulo. Además, fueron mayormente iniciativas de estudios prospectivos globales, aunque incluyeran aspectos tecnológicos.

En el Anexo III se pueden ver detalles de algunas de estas iniciativas que sobrevivieron en los tiempos de la crisis de la prospectiva en la región.

2.9. Con la crisis de los 80, la prospectiva tecnológica se refugia en las empresas… y en Japón

Como ya dijimos antes, desde la segunda mitad de los 70 y sobre todo en los 80, cuando se desata la crisis en América Latina (la crisis de la deuda en los 80 y la crisis del neoliberalismo en los 90), los esfuerzos de los pensadores y tecnólogos latinoamericanos que habían participado en estudios de prospectiva tecnológica se convirtieron cada vez más en esfuerzos aislados, sin apoyo de las autoridades políticas de sus países.

A nivel mundial, la prospectiva, que había nacido principalmente como prospectiva tecnológica, se había ya ampliado a otros ámbitos: por un lado, como dijimos antes, se dirigió a los estudios globales. En un recuadro anterior consignamos la cantidad de estudios orientados a visualizar el mundo, o regiones, o países, en el largo plazo: en particular, el año 2000 se convirtió en el hito obligado. De estos estudios, algunos incluían previsiones sobre las tecnologías del futuro, pero estaban orientados en un marco más amplio, como la geopolítica mundial, o escenarios macroeconómicos. También comentamos el surgimiento de los estudios ambientales (de hecho, el del Club de Roma había sido el desencadenante cercano del primer estudio de prospectiva latinoamericano, el del Modelo Mundial).

De modo muy llamativo, la prospectiva se refugió en las empresas. Lo hizo enmarcada en contextos globales, comerciales y corporativos, pero también como prospectiva tecnológica. Por no hablar de las empresas del complejo industrial militar que, al comienzo de esta historia, usufructuaron los resultados de la RAND Corp., entre las empresas pioneras en el uso de la prospectiva en su planeación, podemos mencionar:

  • En 1959, Harold Linstone, uno de los investigadores destacados de la RAND, “realizó su primer ejercicio de pronósticos tecnológicos para la empresa aeronáutica Hughes Aircraft”.
  • En 1965, “la empresa General Electric introduce técnicas de previsión en sus procesos de planeación corporativa”.
  • En 1966, “la empresa petrolera ESSO Petroleum Company publica, en su revista ESSO Magazine, el informe Gran Bretaña en el año 1990”.
  • En el mismo año, “la empresa petrolera Shell Dutch Ltd. establece un grupo para empezar a construir escenarios de largo plazo sobre el sector energético”. Es bien conocido el ejemplo y la metodología de escenarios introducidos por esta empresa, iniciada por Pierre Wack, que ha tenido gran repercusión en todo el mundo e influyó en posteriores estudios de escenarios, como así también en las estrategias empresariales. Sus escenarios plantearon en 1971 “la posibilidad de una crisis energética, la que por fin ocurriría en 1973”. Se dice que las previsiones de este grupo contribuyeron a que la empresa acumulara stocks de petróleo, que la ayudaron a superar la crisis.

De cualquier forma, es notorio que muchas empresas de clase mundial empezaron a utilizar la prospectiva en sus procesos decisorios, años antes de que la planificación estratégica incluyera en los años 90 la idea de plantear una visión de futuro de la empresa y el análisis de las amenazas y las oportunidades que el futuro les puede deparar. Estos estudios son por razones obvias privados y no tienen la difusión de otros estudios fuera del ámbito de la propia empresa, por lo que raramente se hacen públicos.

El otro lugar donde se refugia la prospectiva tecnológica en tiempos de su crisis fue en el Japón.

La prospectiva en Japón

– Ya en 1960, “el gobierno de Japón publica su informe Prospectos de Largo Plazo de la economía de Japón”, su primer estudio sobre los futuros nacionales de largo plazo.

– En 1965, “la Agencia de Planeación Económica del gobierno de Japón inicia un seminario informal sobre estudios de los futuros, en el que participan todos los jefes de sección de la Agencia”. Se publica meses después el informe Japón dentro de 20 años.

– En 1967, “se celebra el primer Simposio sobre estudios de futuro del Japón… y la Conferencia Internacional El Mundo en el Año 2000”, con participantes de todo el mundo.

– Al año siguiente se crea en Japón la Sociedad de Futurología, que organiza el simposio Perspectivas sobre la Sociedad Post-industrial, con la participación de Daniel Bell.

– En 1970, la Sociedad de Futurología de Japón organiza una Conferencia Internacional de Investigación sobre los futuros, en colaboración con la Federación Mundial de Estudios de Futuro, entonces aún en formación.

– Finalmente, en 1971, como ya se señaló, el Instituto Nacional de Políticas Científicas y Tecnológicas de Japón “realiza el primero de una serie de ejercicios Delphi”, que desde entonces repite una vez cada cinco años (recientemente ha terminado su noveno ejercicio Delphi).

No es de extrañar este protagonismo del Japón. Desde que su complejo industrial político iniciara su esfuerzo postbélico de reconstrucción y reindustrialización, el país se convirtió en la estrella del mundo moderno. Iniciándose como imitador de la tecnología más moderna, como lo había hecho un siglo antes desde su apertura al mundo occidental, terminó dominando la tecnología e imponiendo sus propios estilos y productos tecnológicos. Inclusive cambió la tónica de la industria moderna, con el toyotismo sustituyendo al taylorismo, como se empezó después a enseñar en los cursos de economía o administración de todo el mundo. Es bien sabido que Japón invitó a Deming, el gurú del movimiento de la calidad, a asesorar a sus industriales y tecnócratas. Deming no había tenido éxito en Estados Unidos: las empresas de ese país, después del éxito militar y económico de la guerra, superaban con creces en productividad a las empresas del resto del mundo, y no necesitaban de nuevos modelos industriales. Curiosamente, habían olvidado que su éxito había estado basado en la demanda bélica, y que fue a partir de esta demanda cuando se desarrollaron las conocidas “normas militares” de Estados Unidos, a cuya elaboración contribuyó Deming y que inspiraron sus técnicas de Calidad Total. Entonces Deming, ante la indiferencia de las empresas estadounidenses, aceptó una invitación del Japón y creó allí el movimiento de la Total Quality Management y sus diversas técnicas, que empezaron en los años 80 y 90 a conquistar el mundo. Inclusive amenazó Japón con convertirse en el nuevo imperio, que sucedería a Estados Unidos, a partir de las crisis de este país, comenzadas con el fracaso de la guerra de Vietnam y la crisis económica en que terminó la presidencia de Reagan. Se empezaba a hablar de aquel país como líder de lo que algunos autores, siguiendo a Braudel, llamaron el siguiente ciclo sistémico de acumulación[38]. Japón había pasado de ser el patio trasero de Estados Unidos, el que mediaba entre el mercado americano y la mano de obra barata del sudeste asiático, a ser el imperio independiente que amenazaba al que había dominado el último siglo.

Algo pasó que impidió que Japón llegara a constituirse en el nuevo imperio. En parte fue la recuperación de Estados Unidos[39], en parte el aislamiento de su economía, fruto de su cultura consumista nacionalista, tolerada largos años por los Estados Unidos. Tal vez sobre todo fue la aparición de China como la posible nueva futura potencia económica mundial la que frustró aquella amenaza. Además, desde su crisis de 1998, Japón dejó de crecer. De cualquier forma, lo que cabe rescatar aquí es que Japón tuvo una visión de futuro, lo que motivó la importancia que allí asumió la prospectiva, casi desde el primer momento. Y de hecho, la prospectiva propiamente tecnológica se refugió allí en forma prácticamente exclusiva, hasta que mediados los años 90 despertó de nuevo en Europa y, no casualmente, a imitación de Japón: en 1993 “el Instituto Fraunhofer para la Investigación de Sistemas e Innovación de Alemania realiza para el Ministerio Federal de Investigación y Tecnología, su primer estudio Delphi, basado en el quinto ejercicio Delphi del Instituto Japonés de Políticas sobre Ciencia y Tecnología”. Le seguiría una iniciativa francesa poco después, y finalmente, los países de la Unión Europea y de la OCDE en lo que llamamos la segunda ola o la resurrección de la prospectiva tecnológica.


  1. Ver, entre otros, Medina, J. (1998, 2006).
  2. Decoufle (1976; 1972). Desarrollos importantes sobre el particular están en Miklos y Tello (1991) y Moura (1994).
  3. Medina, J. (2006): 120-121.
  4. Medina, o. c., p. 124.
  5. Según el modelo simple “y=ax”, si y sólo si se da la relación “a”, se dará “y” para cada valor de “x”.
  6. De una presentación del Prof. Ian Miles, del MIOIR de la Universidad de Manchester, en un curso a funcionarios del MINCyT argentino en Londres, marzo de 2012.
  7. La sigla “RAND” corresponde a “Research AND Development” (Investigación y Desarrollo).
  8. Javier Medina la define como un proceso de anticipación y exploración de la opinión experta proveniente de redes de personas e instituciones del gobierno, la empresa y las universidades, en forma estructurada, interactiva y participativa, coordinada y sinérgica, para construir visiones estratégicas de la ciencia y la tecnología y su papel en la competitividad y el desarrollo de un país, territorio, sector económico, empresa o institución pública.
  9. IPTS (1997). La diferencia con la prospectiva es que esta trata de descubrir, partiendo del presente, qué tecnologías se prevé que predominen en el futuro; mientras que la evaluación tecnológica parte de una tecnología actual o posible y evalúa sus impactos futuros.
  10. IPTS (1997).
  11. Eric Jantsch resumió en su libro de 1967, Technology Forecasting in perspective, los principales métodos de pronóstico del futuro de los desarrollos tecnológicos.
  12. Datos tomados del trabajo de Antonio Alonso Concheiro Futuros y prospectiva: una línea de tiempo, una cronología de acontecimientos mundiales relacionados con la prospectiva desde la Antigüedad. Agradezco la generosidad de Antonio en cederme este valioso documento y permitirme hacer uso de él para el presente trabajo.
  13. Antonio Alonso Concheiro (2007): 8, recuerda, “los primeros esfuerzos latinoamericanos para explorar opciones futuras de desarrollo de largo plazo de manera más o menos sistemática se dan apenas a fines de la década de los 1960”, y cita “como ejemplos, al Séptimo Congreso de la Sociedad Interamericana de Planificación, celebrado en Lima, Perú, en 1969, que se centró en la América del año 2000”. También menciona “los trabajos de Óscar Varsavsky,[…] quien desarrolló algunos métodos de experimentación (o simulación) numérica para facilitar la exploración cuantitativa de futuros alternativos a nivel nacional, y el plan de largo plazo del gobierno militar de Perú, en 1969, mismo que se refinaría y detallaría dos años más tarde”. Recordemos también que Oscar Varsavsky fue una figura prominente del grupo o Escuela del Pensamiento Latinoamericano.
  14. “La ciencia y la tecnología en el desarrollo futuro de América Latina”, Revista de la Integración, N° 3, Buenos Aires, noviembre de 1968.
  15. Sabato, J. (1975): 216.
  16. La Fundación fue creada en 1963 en San Carlos de Bariloche, donde estaba radicada una de las sedes de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el Centro Atómico Bariloche, por científicos y empresarios argentinos para contribuir a la realización de actividades de investigación, capacitación, asistencia técnica, difusión y creación cultural (entre sus primeras iniciativas se contó el apoyo a la creación de la Camerata Bariloche, una orquesta de cámara de prestigio internacional). La idea que animó la creación de la Fundación fue la de hacer participar a la sociedad de Bariloche de todo el bagaje científico y cultural que había llevado a esa ciudad turística de la Patagonia argentina la cantidad de investigadores que habían desembarcado en ella a raíz de la creación del Centro Atómico. Su primer director fue Carlos Malman, físico argentino de la CNEA. La Fundación llevó a cabo programas interdisciplinarios de investigación aplicada y desarrollo tecnológico en exploración y explotación de recursos mineros, conservación del medio ambiente, economía de la energía, computación e informática, educación superior, problemas socio-económicos del desarrollo y modelos matemáticos de simulación. La Fundación Bariloche incluía también un Programa de Prospectiva que fue el que se hizo cargo del Modelo Mundial Latinoamericano.
  17. IDRC (International Development Research Center), Ottawa, Canada, 1977.
  18. Como comentaba Gilberto Gallopin en una presentación del modelo en la Universidad Nacional de Cuyo en 2011, el modelo se corrió en una computadora con la “enorme capacidad” de 750 kb.
  19. IDRC (2004).
  20. Dennis Meadows, Donella Meadows y Jorgen Randers (1972). Cita tomada de Sobre el Desarrollo Sustentable, Centro de Estudios para el Desarrollo Sustentable (CEDES), Escuela de Asuntos Ambientales, disponible en http://www.suagm.edu/umet/cedes/pdf/presentacion_des_sust.pdf .
  21. Miles, I. (1985), citado por Enrique Oteiza en su presentación a la edición del Informe de 2004, p. 12.
  22. Actualmente, Hugo Scolnik está iniciando un proyecto para restablecer y actualizar el modelo.
  23. International Development Research Center/IDRC (2004).
  24. Alonso Concheiro, A. (2007): 9 y ss., y (2011): 2.
  25. COLCIENCIAS, creado en 1968 como el Fondo Colombiano de Investigaciones Científicas y Proyectos Especiales “Francisco José de Caldas”, y convertido en 1994 en Departamento Administrativo Ciencia, Tecnología e Innovación, es el organismo nacional responsable de las políticas de Ciencia y Tecnología en Colombia.
  26. Medina, J. (2009): 143.
  27. Dagnino, R., (1995): 143.
  28. Ver capítulo 1, apartado 1.10.2.
  29. Ver el documento “Reflexiones sobre ‘Inteligencia Tecnológica’ y ‘Diplomacia Técnica’”, de Carlos Martínez Vidal (1975): 8. En él se define la inteligencia tecnológica como una actividad organizada para “la búsqueda y el manejo inteligente de la información tecnológica”. “Se trata de buscar información adecuada sobre la tecnología utilizada y la frontera tecnológica de la rama en que se ubica la empresa, con particular énfasis en las disciplinas básicas del camino tecnológico elegido, así como la evaluación de alternativas tecnológicas (“Technology assessment”) y la prospectiva tecnológica o predicción de futuros desarrollos y sus consecuencias (“Technology forecasting”).
  30. Según nos refirió Carlos Martínez Vidal, la orden de dar fin al proyecto vino directamente de Kissinger.
  31. Participaron en ella Sarita Albagli, Mario Albornoz, Ignacio Avalos, Sergio Buarque, Brent Herbert-Copley, Pedro Leitao, Eduardo Martínez, Hugo Notcheff, Henrique Rattner, Ana Laura Rodrigues, Tirso Sáenz y Judith Sutz.
  32. Herrera, A. (1994).
  33. En particular el “Limits to Growth”, “Interfutures” de la OCDE y el “Presidential Report on the year 2000”, del gobierno de los Estados Unidos.
  34. Herrera, A. (1994): 37. Este informe final arguye que en realidad todos los modelos son normativos: “asumir que las tendencias actuales continuarán en el futuro sin cambios significativos es, por lo menos, tan ‘normativo’ o ‘subjetivo’ ─como muestran, por ejemplo, los recientes acontecimientos en Europa Oriental─ como asumir que no son viables en el largo plazo […] En ambos casos hay elección de un futuro” (ib.). En consecuencia, son tan normativos los estudios que se han realizado en el Norte como los que Amílcar Herrera propuso para el Sur.
  35. Las ponencias se encuentran en Corona, L. (1989).
  36. El proyecto FAST fue iniciado en 1980, orientado a analizar el impacto de la informática, especialmente en el empleo (problema que empezaba a preocupar en Europa a raíz de las crisis del petróleo de 1974 y 1978 y de la lucha contra la inflación de 1979 en EE.UU).
  37. Informática y Comunicaciones todavía no habían hecho su convergencia particular, como lo hicieron después, sirviendo de modelo al concepto de convergencia NBIC, ya mencionado y que desarrollaremos más adelante.
  38. Arrighi, G. (1994): 351, 341.
  39. Cabe mencionar del lado americano iniciativas como SEMATECH, el consorcio público privado liderado por el Pentágono y la empresa INTEL para poner al día la industria electrónica americana de circuitos integrados frente a la invasión de la asiática, lo que consiguieron rápidamente, al menos para evitar el desastre.


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