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Prólogo

Las páginas que siguen constituyen un relato, que pretende ser histórico, de un desarrollo que abarca apenas poco más de medio siglo: la historia de las políticas de ciencia y tecnología en América Latina o, más bien, la historia de las ideas que alimentaron estas políticas. Esto incluye también los esfuerzos, que formaron parte de aquellas, por construir, a través de la prospectiva, visiones de largo plazo acerca de cómo la tecnología podría contribuir a construir un futuro más favorable para la región.

Se trata de un relato basado sobre todo en los recuerdos de quien ha sido testigo presencial y activo de gran parte de esta historia y, por tanto, seguramente padece de los sesgos propios de quien ha participado en ella. No consiste, pues, en una historia académica, que está aún por hacer, aunque hay ya aportes de muchos historiadores y estudiosos que seguramente darán lugar en un futuro cercano, es de esperar, a trabajos históricos completos. Francisco Sagasti nos ha brindado hace pocos años, en un libro fundamental que él califica como “una reseña”[1], un adelanto y síntesis de esta historia, en lo que concierne a las “ideas, planteamiento y prácticas de los países latinoamericanos”[2] en el campo de las políticas de ciencia, tecnología e innovación.

Esta historia se inicia en el contexto de las políticas de desarrollo promovidas por las Naciones Unidas a raíz de la Segunda Guerra Mundial y de las discusiones sobre los conceptos de desarrollo, subdesarrollo y dependencia, en boga en América Latina a partir del trabajo pionero de Raúl Prebisch desde 1949 en CEPAL. Estos conceptos (sobre política científica y tecnológica, y sobre desarrollo y subdesarrollo) habían sido tema de la especialización en mis estudios de licenciatura en Sociología y Economía en la Universidad Católica de Lovaina, entre 1968 y 1972.

Por esos años surgen también en América Latina los estudios de futuro: Amílcar Herrera estaba dirigiendo en esas fechas (desde 1970) el primer estudio prospectivo importante en la región (el Modelo Bariloche).

El hecho de tratar de relacionar en este relato histórico las ideas sobre políticas de ciencia y tecnología y los estudios de futuro (o prospectivos) se debe no sólo a que han sido las actividades a las que me he dedicado a lo largo de mi carrera, sino a otras coincidencias: la de las fechas y circunstancias en el origen de ambas, la de la importancia que hoy día han tomado las tecnologías emergentes, su convergencia y la contribución decisiva que pueden hacer para el futuro de la humanidad; pero también y sobre todo se dio la coincidencia de que en América Latina los primeros esfuerzos por escudriñar el futuro de las tecnologías fueron hechos por lo que Carlos Martínez Vidal, siguiendo a Jorge Sabato, llamó la Escuela Latinoamericana de Pensamiento en Ciencia y Tecnología para el Desarrollo, seguramente la contribución latinoamericana más importante en estos campos, de la que, como afirma Francisco Sagasti en la obra mencionada, merece reafirmarse hoy día “su vigencia e importancia”[3].

Amílcar Herrera, el iniciador de la prospectiva en la región, estaba al mismo tiempo plasmando, en libros y artículos, el diagnóstico más lúcido, en mi opinión, sobre la situación de la ciencia y la tecnología en América Latina, sobre sus políticas y su relación con el subdesarrollo: fue, junto con Sabato, un autor fundamental en ese movimiento que constituyó la Escuela de Pensamiento. Tuve el gusto y el honor de conocerlo y escucharlo en charlas y clases que dio entre 1974 y 1976 en el Instituto ECLA (Estudio de la Ciencia Latinoamericana), de la Universidad de El Salvador, donde yo estaba trabajando en esos momentos: el Instituto acababa de crearse bajo la inspiración de Emilio Mignone y la dirección primero del sociólogo Francisco Suárez y luego de César Sánchez Aizcorbe, que fue quien me introdujo en la temática.

El Instituto ECLA contó en esos años con financiamiento de la OEA, a través de su División de Política Científica y Tecnológica, dentro de su Programa Regional de Desarrollo Científico y Tecnológico (el PRDCyT), creado pocos años antes (en 1968). El PRDCyT y la OEA son parte de esta historia, y de la mía particular: trabajé en la sede del Programa en Washington entre 1979 y 1997, después de unos años en Lima participando en proyectos financiados por él, tras mi salida de Argentina unos meses después del trágico golpe militar de 1976.

Los programas de la OEA eran una rara avis dentro de esa institución política, de más que dudosos antecedentes: surgieron como secuelas de la Alianza para el Progreso del Presidente Kennedy entre 1961 y 1967 y fueron financiados en sus dos terceras partes por Estados Unidos, quien apenas se ocupó de ellos ni se dio cuenta, salvo de tanto en tanto, de que habían estado acogiendo las ideas de los principales ideólogos latinoamericanos de la época, contrarias a sus intereses. En particular, el PRDCyT había sido creado según las ideas de Jorge Sabato y sus amigos (Enrique Oteiza, Helio Jaguaribe, Carlos Martínez Vidal y Aldo Ferrer entre otros), quienes, habiendo percibido la posibilidad de conseguir financiamiento para impulsar proyectos y políticas de desarrollo tecnológico acordes con las ideas de su Escuela de Pensamiento, habían conseguido sabotear las propuestas iniciales de Estados Unidos en la Reunión de Presidentes que creó el Programa en 1967 en Punta del Este.

Este Programa, sobre todo años antes de la aparición de otros programas e instituciones internacionales o regionales, fue instrumental para difundir las ideas nacientes de una nueva política tecnológica, distinta y en ocasiones enfrentada a las ideas de la comunidad científica latinoamericana, movilizada por personajes ilustres como Bernardo Houssay, Marcel Roche y José Leite Lopes, con una orientación claramente cientificista. Desde la OEA tuve la fortuna de poder conocer a la mayor parte de los autores y personajes que aparecen en esta historia.

Con las sombras de los regímenes militares del Cono Sur, las crisis del petróleo y de la deuda de los años 1970 y 1980, y con el fracaso de la ISI (la industrialización por sustitución de importaciones), también entraron en crisis los tres temas que pretendo tratar y relacionar: las políticas científicas y tecnológicas, las ideas sobre desarrollo y dependencia… y también la prospectiva tecnológica. También entró en crisis el programa de la OEA, y apareció la otra sombra, la del neoliberalismo, el Consenso de Washington y el ALCA.

A mi regreso al país que me ha acogido, Argentina, he podido participar del esfuerzo por la revitalización de las políticas en ciencia y tecnología y de la prospectiva tecnológica en la región latinoamericana en el nuevo siglo, tanto en mis trabajos como consultor de la Secretaría de Ciencia y Tecnología como del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT), creado en 2007. También he podido participar de las iniciativas de cooperación establecida entre muchos países de la región a través de la Red Iberoamericana de Prospectiva, RIAP.

Esta es la historia que pretendo narrar. A través de ella quisiera mostrar que las ideas con las que surgieron todos estos movimientos en América Latina han adquirido plena vigencia en el comienzo de este (todavía nuevo) siglo, actualizadas y remodeladas: en estos últimos años fuimos testigos de un renacer de la política, de las políticas de ciencia y tecnología y de los estudios de futuro. Es cierto que en el momento en que se escribe esto asistimos en buena parte de Latinoamérica a enfrentamientos de modelos de país que ponen en tela de juicio las ideas de los pioneros y sus propuestas políticas. Pero la experiencia de esta historia, espero, no ha sido en vano. Y que, pasados estos enfrentamientos, se podrá apreciar la rica experiencia del Pensamiento Latinoamericano en la promoción de políticas de Estado activas y visiones de futuro en ciencia, tecnología y desarrollo.


  1. Sagasti, F. (2011): 13.
  2. Ib.
  3. Ib.


1 comentario

  1. jackaim 08/02/2022 5:27 pm

    Excelente libro. Fundamental para los estudios de proespectiva.

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