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3 La Escuela Latinoamericana de Pensamiento en Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (ELAPCyTED)

Un posible camino a una tercera etapa en la sustitución de importaciones
(la tecnológica)

3.1. Introducción

En los dos capítulos anteriores hemos visto el papel prominente que jugó este movimiento o Escuela, como la hemos llamado alternativamente, del Pensamiento Latinoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo. Tanto en los comienzos de las ideas sobre políticas de ciencia y tecnología en América Latina como también en el surgimiento de la prospectiva en la región.

En el presente capítulo haremos una descripción detallada de su origen, sus realizaciones y sus ideas principales. Está basado en una serie de artículos sobre la Escuela, cuyo origen se encuentra en una idea de Carlos Martínez Vidal[1]: la de recuperar la memoria histórica de aquel grupo de pensadores y realizadores, a través de una serie de entrevistas a aquellos todavía en vida y, a partir de esta recuperación, reflexionar sobre la vigencia de su pensamiento. Así, en 1996 encargó al historiador argentino Ariel Barrios Medina un primer boceto de la historia de la Escuela[2]. Posteriormente con la colaboración del autor del presente trabajo, elaboraron una propuesta de proyecto elevada al CONICET de Argentina, la que, tal vez no curiosamente, no fue aceptada. Escribieron en colaboración dos artículos que resumían la historia y los logros de la Escuela, uno en la revista REDES y otro en la revista digital de la Organización de Estados Iberoamericanos CTS+I[3]. En ellos, y este sería el aporte (y la responsabilidad) del autor del presente trabajo, se trató de vincular el pensamiento de la Escuela con las concepciones de la escuela estructuralista latinoamericana sobre desarrollo, subdesarrollo y dependencia. Estas ideas, elaboradas por economistas y pensadores de la CEPAL, con Raúl Prebisch a la cabeza, no eran de ninguna manera ajenas al pensamiento de Jorge Sabato (editor del libro, varias veces mencionado, El pensamiento latinoamericano en la problemática ciencia-tecnología-desarrollo-dependencia) ni mucho menos de Oscar Varsavsky y sobre todo, de Amílcar Herrera, en quien se inspiran muchos de los desarrollos de este y del primer capítulo.

Posteriormente, en vísperas del fallecimiento de Carlos Martínez Vidal en 2007, Oscar Galante, entonces director nacional de Innovación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva argentino (MINCyT) propuso y consiguió que el Ministerio creara el Programa “Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Desarrollo” (PLACTED). El Programa, que sigue vigente, consiguió realizar la mayor parte de las entrevistas ideadas originalmente para el proyecto, en vistas de la publicación de un libro, tarea todavía pendiente, y se prepararon dos artículos para las Asambleas de la Asociación Ibero-Americana de Gestión Tecnológica (ALTEC), de los años 2009 y 2011. Previamente, Oscar Galante había escrito otro artículo sobre la Escuela para la Asamblea de ALTEC de 2005[4]. Además, el Programa PLACTED ha estado editando en nuevas ediciones algunos de los libros clásicos de la Escuela, hasta ahora los de Jorge Sabato, Oscar Varsavsky y Amílcar Herrera. (Ver en Anexos IV y V una cronología de los hechos más importantes en torno a la ELAPCyTED y un listado de los personajes más importantes que la conformaron).

3.2. Definiciones

En primer lugar, y a manera de definición, conviene recordar lo que se mencionó en capítulos anteriores, a saber que llamamos Escuela Latinoamericana de Pensamiento en Ciencia, Tecnología y Desarrollo (ELAPCYTED) a la corriente de pensamiento surgida en América Latina entre los años 1950 y 1970, a raíz de una serie de emprendimientos tecnológico/productivos orientados al logro de la autonomía tecnológica, del desarrollo local y endógeno de la tecnología y de su integración en el proceso de desarrollo. Se considera como autores intelectuales de esta “Escuela” a un grupo de figuras que encabezan Jorge A. Sabato, Helio Jaguaribe, Amílcar Herrera, José Pelucio Ferreira, Máximo Halty-Carrère, Carlos Martínez Vidal, Víctor Urquidi, Francisco Sagasti, Miguel Wionzcek, Osvaldo Sunkel y algunos otros representantes de CEPAL[5].

Llamamos Escuela a esta corriente de pensamiento, no en el sentido académico del término, según el cual una escuela supone una metodología y un marco teórico común dentro de una determinada disciplina científica. Nada más lejano fue esta corriente de pensadores: un pensamiento nacido fundamentalmente como reflexión a partir de una práctica, que aglutinó a tecnólogos, investigadores e intelectuales de muy distinto origen y disciplinas e iba dirigido por un lado a generar soluciones tecnológicas productivas a nivel micro y, por otro, a la inserción de políticas sectoriales y nacionales de desarrollo tecnológico como variable fundamental del desarrollo económico y social integral. Hay que entender, pues, el término “escuela”, que Martínez Vidal eligió por haber sido utilizado por Jorge Sabato en su obra El pensamiento latinoamericano[6], en un sentido laxo, como cuando se afirma de alguien que “ha creado escuela”. Otros autores, como Renato Dagnino y Hernán Thomas, desde el ámbito de los Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (ver artículos en REDES 7 y 13), prefieren hablar de “Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Sociedad” (PLACTS).

3.3. Desarrollo histórico de la Escuela: el contexto de industrialización en que nace

El contexto inmediato en que nace esta escuela de pensamiento fue la idea de industrialización que, al calor de la CEPAL, se había venido incubando en la época en América Latina.

Los primeros procesos de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) habían tenido lugar sobre todo en Argentina y Brasil entre las dos guerras mundiales, durante la crisis de 1930 y los primeros años después de la Segunda Guerra, a raíz de las dificultades que había encontrado el comercio internacional. Este proceso natural de industrialización se había visto favorecido por la gran cantidad de inmigrantes del sur de Europa, técnicos y obreros especializados que huían de las crisis y las guerras[7]. Pero la dinámica de la acumulación mundial y el progreso técnico acelerado que se originó al fin de la Segunda Guerra dejaron en evidencia las limitaciones de ese primer proceso ISI y llevaron a las dificultades que generaron, entre otros, el suicidio de Getulio Vargas y la caída de Perón a mediados de los 50.

Simultáneamente con estas dificultades, en países del Tercer Mundo (la India de Ghandi y Nehru, el Egipto de Nasser) tomaba forma la idea de la autonomía (la tercera posición) y de la necesidad de la industrialización. Junto con la independencia política, promovida por los procesos de descolonización iniciados inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, desde la academia[8] y desde los organismos internacionales se promovía la industrialización de la periferia como el camino al desarrollo. Desde la CEPAL, ya en 1949, Raúl Prebisch señaló en su obra clásica[9] como causas del atraso y del subdesarrollo del Tercer Mundo su especialización en la producción de commodities y el deterioro secular de sus términos de intercambio.

Irónicamente, la idea de la industrialización de América Latina, como la del resto del Tercer Mundo, iría a ser realizada en gran parte, y en un sentido opuesto al propugnado por la CEPAL, no por la industria nacional sino por las grandes empresas del primer mundo. Gracias a las nuevas facilidades de comunicación y transporte, estas empresas pudieron pasar de ser exportadoras de productos fabricados en sus países a ser los agentes de una industrialización perversa del Tercer Mundo. Pasaron a convertirse en las empresas multinacionales o transnacionales (ETN)[10].

Sin embargo, a raíz del nuevo impulso dado después de la guerra a las comunicaciones y a la cooperación para el desarrollo (en realidad a la asistencia técnica[11]), promovida por los organismos de Naciones Unidas, lo que incluía programas para favorecer el desarrollo científico de los países del Tercer Mundo[12], en los años 50 y 60 muchos latinoamericanos habían empezado a formarse en ramas tecnológicas y científicas en los centros más avanzados del mundo, lo que antes había estado reservado a élites mucho más reducidas. Estos latinoamericanos ayudaron mucho a generar el ambiente en que se podían hacer desarrollos tecnológicos propios en el Tercer Mundo, y constituyeron una base fundamental para construir un nuevo modelo de desarrollo tecnológico, muy superior a la de los ingenieros y obreros especializados, procedentes de emigraciones europeas, que habían estado a la base de las primeras fases del proceso ISI[13].

3.4. Inicios de las realizaciones de la Escuela

La ELAPCyTED, como lo escribió Jorge Sabato, tuvo como su principal característica que sus ideas “surgieron de una práctica”[14]. Varios acontecimientos señalan los primeros esfuerzos concretos en este sentido:

  • Argentina, Brasil y México habían iniciado su segunda fase de industrialización, como se dijo más arriba, a raíz de la crisis de 1929 y de la Segunda Guerra Mundial. En el caso de México, la nacionalización del petróleo en 1935 y de la industria de energía eléctrica significaron un gran impulso al desarrollo de una base tecnológica importante. En el caso de Argentina y Brasil, estos países habían empezado a promover desde los años 40 y 50 el desarrollo de industrias de base tecnológica avanzada: energía nuclear y aeronáutica. En ambos casos tal vez la primera motivación fuera militar, dados los regímenes que imperaban en estos dos países, pero los desarrollos fueron exclusivamente civiles. No se puede sin duda obviar el hecho de que hubo corrientes nacionalistas en las Fuerzas Armadas, particularmente en Brasil y Argentina, que fueron determinantes en algunos de estos desarrollos[15].
  • El desarrollo nuclear argentino: en el caso de Argentina, se dio la rara conjunción de un emprendimiento secreto, entre 1949 y 1951, de un científico alemán, que resultó un absoluto fraude (el famoso “affaire Richter”), y una comunidad naciente de físicos nucleares que consiguieron primero desmontar el fraude y luego iniciar un desarrollo propio en esta fuente de energía[16]. El 31 de mayo de 1950 se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Superado en 1951 el affaire Richter, la CNEA pudo comenzar desde 1952 un activo trabajo, en primer lugar en el campo de radioisótopos[17]. Poco después se inició el esfuerzo para construir centrales nucleares: en 1955 se creó el Departamento de Reactores Nucleares y el mismo año, para apoyarlo, el de Metalurgia, que entró a dirigir Jorge Sabato. Pero el paso fundamental para la creación de una capacidad tecnológica propia se dio (en palabras del propio Sabato) cuando en 1957 se decidió construir un reactor experimental, en lugar de comprarlo, como estaban haciendo muchos países del Tercer Mundo, inclusive Brasil, siguiendo las ofertas de los países nucleares que ofrecían reactores para introducir a los países del Tercer Mundo en el uso de la energía atómica con fines pacíficos, en el marco del Programa “Átomos para la paz”[18]. A esto siguió la construcción misma del primer reactor de potencia, la Central Nuclear de Atucha, entre 1964-1974. Para su construcción, encomendada a la empresa Siemens, se empezó a utilizar el concepto de desagregación del paquete tecnológico, una de las ideas centrales de la Escuela. Con esto se consiguió elevar el porcentaje del componente nacional en la construcción, del 33% originalmente planeado, a 42% (en la segunda central nuclear se elevó este porcentaje a 50%). Además el combustible nuclear fue desarrollado en la CNEA. Un elemento central de la estrategia de la CNEA fue el estímulo a la industria metalúrgica nacional para la fabricación de componentes a través del SATI (Servicio de Asistencia Tecnológica a la Industria). Gracias a este estímulo se consolidó una importante capacidad tecnológica en algunas empresas nacionales privadas, por no mencionar la creación de la empresa INVAP, que en la actualidad sigue produciendo y exportando tecnología (reactores experimentales, satélites, etc.).
  • El desarrollo aeronáutico brasileño: poco antes de la creación de la CNEA argentina, en los años 40, en Brasil[19] se empezó a estudiar por el gobierno la creación de una constructora aeronáutica propia, como parte del plan para impulsar el desarrollo tecnológico del país. Este emprendimiento se asentó sobre el Comando General para la Tecnología Aerospacial (CTA), de las Fuerzas Armadas, y el Instituto de Tecnología Aeronáutica (ITA). Como primer paso se creó, el 1º de enero de 1954, el IPD – Instituto de Pesquisas e Desenvolvimento (Instituto de Investigación y Desarrollo), actual IAE (Instituto Aeronáutico y Espacial) dentro del CTA. En los años siguientes, el IPD desarrolló varios proyectos, como por ejemplo el helicóptero Beija-Flor, que fueron vitales para desarrollos posteriores. En 1965 se diseñó un biplano turbohélice, en un proyecto que acabó convirtiéndose en el IPD-6504, o EMB-110 Bandeirante, que voló por primera vez el 26 de octubre de 1968. Ante la falta de interés por parte de las constructoras privadas para construir el avión en serie, se decidió finalmente, el 29 de julio de 1969, la creación de la empresa estatal EMBRAER, privatizada dos décadas después.
  • Hay que destacar que hubo una fuerte interrelación entre los técnicos argentinos de la CNEA y los brasileños del ITA, que contribuyó sin duda a cimentar una doctrina común de la Escuela, acerca de la necesidad de generar una capacidad tecnológica propia. Igualmente se puede mencionar el intento de fabricación del avión a reacción “Pulqui” en Argentina, otro caso de desarrollo propiciado por militares nacionalistas en tiempos de Perón, y que fue abandonado, a pesar de sus comienzos auspiciosos, a raíz del golpe militar que derrocó a Perón en 1955[20].
  • En México, como se mencionó más arriba, las políticas nacionalistas de la Revolución mexicana habían permitido el desarrollo de tecnologías propias, particularmente en el sector petrolífero, a raíz de la nacionalización del petróleo dispuesta en 1935 por el presidente Lázaro Cárdenas. El sistema eléctrico fue nacionalizado en 1960. Al mismo tiempo, se impulsó la industrialización autónoma del país y el control de la transferencia de tecnología y el sistema de patentes. Economistas formados en el Banco de México y en la universidad impulsaron estas ideas, con gran influencia en diversos ámbitos como Naciones Unidas y la OEA, al tiempo que interactuaron continuamente con los demás líderes de la Escuela de Pensamiento Latinoamericano. Cabe mencionar particularmente a Víctor Urquidi[21] y a Miguel Wionzcek[22].
  • Desarrollos tecnológicos en informática en universidades argentinas[23]: la introducción de las computadoras fue relativamente tardía en Argentina, pero ya a fines de la década de 1950 e inicios de la de 1960 podemos contabilizar diversos proyectos que, sin llegar a la relevancia y el impacto del reactor nuclear, sin embargo estaban alimentados por el mismo espíritu.

En la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Humberto Ciancaglini, director del Departamento de Electrónica desde 1956, resolvió que la mejor manera para preparar adecuadamente a los futuros ingenieros electrónicos en el dominio de las técnicas digitales era emprender la construcción de una computadora. Luego de intentar sin éxito obtener fondos de industriales para el proyecto, finalmente se realizó con fondos de la UBA pero a costa de su duración, ya que se prolongó entre 1958 y 1962. De todos modos la CEFIBA fue la primera computadora a transistores construida en América Latina, aunque se trataba de una máquina experimental, ya obsoleta cuando se presentó en sociedad en 1962 en un acto con la presencia de Risieri Frondizi, rector en ese tiempo de la UBA. Para Ciancaglini, sin embargo, el balance era positivo pues había logrado formar un equipo de ingenieros electrónicos que estaban en el estado del arte. Posteriormente Ciancaglini monta un laboratorio de semiconductores, que contó con apoyo de la Fundación Ford, pero que se desarma de facto en 1966.

En Ciencias Exactas de la UBA, Sadosky impulsa también desde 1956/57 la creación de un Instituto de Cálculo (IC), provisto de una computadora. Esta máquina, que se instaló a inicios de 1961, fue una de las primeras computadoras instaladas en el país y marcó rumbos en cuanto a promover el uso creativo de la nueva tecnología. El soporte técnico y la programación eran endógenos y hacia 1965/66 se llevó a cabo un lenguaje de programación propio, así como una serie de mejoras técnicas desarrolladas por el equipo de Ingeniería. Las actividades propias y las requeridas por terceros (como el CONADE[24]) muestran que en el IC se desarrollaban actividades del orden de las que podían encontrarse en instituciones similares de cualquier punto del planeta.[25]

En la flamante Universidad Nacional del Sur, también en 1957 se formó un Seminario de Computación en el marco del departamento de Electrotecnia. Ese grupo, dirigido por Jorge Santos y Guillermo Arango, empezó a estudiar la novedad de los circuitos digitales y, hacia 1960/61, se propuso desarrollar una computadora de bajo costo, pero como una línea consistente de desarrollo tecnológico dentro del grupo, en paralelo a resultados teóricos publicables a nivel internacional.[26] De esta máquina, denominada CEUNS, se desarrollaron todos los circuitos básicos y parte del software de base. Por suspensión de la financiación (que había sido votada por la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, luego disuelta por la intervención que siguió al golpe militar contra el presidente Frondizi), el proyecto fue disminuyendo en importancia hasta que se abandonó en 1964. En este caso el balance final (el haber conseguido un grupo de estudiantes de cursos superiores y recién egresados de alta capacitación) fue más bien un “premio consuelo”, pero, a diferencia del caso de la Universidad de Buenos Aires antes mencionado, no era el objetivo central.

En Tucumán, en la universidad y en el marco del Instituto de Ingeniería Eléctrica, se creó en 1962 una carrera de ingeniería eléctrica orientada a telecomunicaciones. Allí fue convocado el Ing. Luis Rocha, que desde 1959 hasta ese momento era la figura técnica principal de Remington Rand, empresa comercializadora de computadoras Univac, dos de las cuales se habían instalado en ese ínterin en Ferrocarriles Argentinos. En el nuevo contexto académico Rocha promovió proyectos de avanzada tecnológica como un reconocedor de voz y el desarrollo de equipos para la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales. También en el Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE) de Tucumán se desarrolló en 1963 el primer marcapasos del país.

Todos los proyectos y elementos previamente descriptos apuntan a señalar que, al menos en electrónica y computación, existían capacidades que podrían haber convertido a la Argentina en un polo de desarrollo tecnológico importante ya a principios de la década de 1960.

Finalmente este apartado podría completarse con la mención del proyecto nunca concretado, a raíz de la intervención de 1966, del Instituto Tecnológico de la UBA, diseñado en conjunto por las Facultades de Ingeniería y Ciencias Exactas.

3.5. Los vaivenes políticos de los años 60 frustran estos primeros proyectos

Una segunda ola de proyectos surge hacia el final de la década. El más destacado es el de FATE Electrónica, firma que se constituye y comienza a encarar el diseño y fabricación de calculadoras entre 1969 y 70. Allí encontramos a varios de los protagonistas del proyecto CEFIBA, en particular a Roberto Zubieta, primer gerente general de FATE Electrónica. Al mismo tiempo surgen impulsos desde la Comisión Nacional de Estudios Geoheliofísicos (CNEGH) con sede en San Miguel, Provincia de Buenos Aires[27].

  • FATE Electrónica. En el caso de FATE, sus calculadoras desplazaron a Olivetti del primer puesto que ostentaba, gracias a innovaciones técnicas y a una tenue protección estatal[28]. Luego se lanzó una línea de equipos de registro directo (máquinas de contabilidad) y el proyecto de una minicomputadora que debería estar en el nivel de avanzada del momento. La discusión sobre el nivel adecuado de integración para poder seguir el ritmo de la innovación mundial (Zubieta propiciaba una fuerte integración vertical) no llegó a saldarse por el brusco cambio de las condiciones políticas en 1975/76.

Todos los proyectos mencionados hasta aquí estaban relacionados a través de sus protagonistas. Ciancaglini, por ejemplo, de la Facultad de Ingeniería de la UBA, colaboró con el Dr. Manuel Sadosky y luego proyectó el Instituto Tecnológico con Rolando García, entonces decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la misma universidad. Santos reclutó la programación del software de base de su Centro en la Universidad del Sur (CEUNS) en el mismo Instituto de Cálculo. El Ing. Zubieta y el núcleo de FATE venían de la experiencia de CEFIBA. Además gente del laboratorio de Ciancaglini siguió los cursos panamericanos de metalurgia promovidos por la CNEA y la figura de Sabato, sus ideas y sus acciones fueron influyentes en varios de ellos. Más en general existió, como lo indican todos los entrevistados por el programa PLACTED, una sensación de potencia, de capacidad y necesidad de desarrollar la tecnología local, de evitar la dependencia en estas ramas de punta como la nuclear y la electrónico-informática[29].

3.6. Corrientes paralelas

  • La Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la UBA y la Universidad Nueva: en esa facultad se desarrolla entre 1957 y 1966 un movimiento de reforma, en la dirección de una universidad de investigación y en la línea de la Universidad Nueva de Darcy Ribeiro en Brasilia[30]. Acompaña a esta reforma la idea de crear una capacidad científica y tecnológica propia y la contribución de la universidad a un proyecto nacional[31]. Este movimiento no tuvo muchas relaciones orgánicas con el de Jorge Sabato en la CNEA, aunque sí existían relaciones entre investigadores de uno y otro ámbito. En la idea de universidad de investigación, había latente el concepto de crear una capacidad propia, muy ligado a los desarrollos de Oscar Varsavsky acerca de la contribución de la universidad a un proyecto nacional y a estilos tecnológicos propios para el país.
  • El Instituto Di Tella en Argentina[32]: al final de los 60 y comienzos de los 70 el Instituto, famoso por su apoyo a las artes de vanguardia, bajo la conducción del Dr. Enrique Oteiza apoyó investigaciones sobre el desarrollo tecnológico y el cambio técnico por parte de científicos sociales y economistas, como Jorge Katz y Francisco Sercovich, que fueron asiduos colaboradores de algunas de las actividades de la Escuela. Estas actividades se continuaron después con apoyo de BID y CEPAL, y señalaron importantes desarrollos tecnológicos, adaptativos, en sectores industriales relevantes, aunque con los límites que se señalaron más arriba.
  • La creación de institutos tecnológicos de apoyo a sectores prioritarios, como agricultura e industria, fue propuesta por Prebisch de acuerdo con los modelos de países industrializados. Estos institutos proceden también de la mitad de los 50, aunque cabría ubicarlos en la corriente ofertista, como oferentes de servicios y desarrollo tecnológicos, como el INTI e INTA argentinos. En el caso de los Centros del INTI, por más que la idea inicial de Prebisch y de los fundadores del Instituto era que fueran esenciales en el desarrollo de capacidades y de soluciones tecnológicas para la industria y la economía en general, muchos de sus centros quedaron en programas de apoyo infraestructural a las empresas, en forma de laboratorios de ensayo, con lo que vinieron a constituir políticas horizontales, que repetidamente se han criticado como insuficientes. Sólo en casos como los que se han referido aquí, en los que algunos Institutos han creado o formado parte de programas con fuerte apoyo estatal, como el de la CNEA argentina, que en un sentido es un instituto tecnológico, o como el IPD e ITA de Brasil en el nacimiento de EMBRAER, o del mismo ITA con el inicio del Programa Proalcool, se puede decir que han sido verdaderamente exitosos. Es decir, cuando han dejado de ser organismos de mero servicio infraestructural para consagrarse a apoyar un programa fuerte estatal. Es un caso diferente al de los países avanzados, en que la misma industria es la que pide apoyo a centros y universidades para sus grandes programas, en los que colaboran con sus laboratorios propios.

El caso de los institutos agrícolas es un caso aparte. Fueron muy exitosos en sus comienzos, proveyendo a la agricultura tradicional de variedades nuevas, mejoradas o híbridos, y con sus programas de extensión y capacitación agrícola. Pero con la aparición de variedades modificadas genéticamente, los grandes laboratorios y semilleras, como MONSANTO, han sustituido a los institutos, al proveer a los agricultores con paquetes tecnológicos que incluyen semillas, pesticidas, fertilizantes y apoyo técnico. Es así que estos institutos están buscando desde hace tiempo cómo encontrar su función en estas nuevas coyunturas.

3.7. Desarrollos posteriores a las primeras realizaciones de la Escuela

Si bien nacieron con posterioridad a los primeros emprendimientos reseñados hasta aquí, y cuando ya el pensamiento central de la Escuela había sido desarrollado entre mitad de los 60 y comienzos de los 70, algunos de ellos, como los casos que se describen a continuación del Brasil, proceden del mismo espíritu que animó a los representantes de la Escuela, de desarrollar tecnologías propias para resolver los problemas de sus países, y sus actores fueron en muchos casos resultado de las acciones de aquella.

  • La política brasileña de reserva de mercado informático: esta política, comenzada en 1977, fue el resultado de la iniciativa de algunos estamentos del Estado, especialmente de las Fuerzas Armadas y del Ministerio de Planificación. Asimismo, fue objeto del apoyo de importantes grupos de la comunidad científica y técnica, de los profesionales de procesamiento de datos (ver punto anterior) y luego de capitalistas locales. La política fue dirigida a una franja específica de productos: sistemas de computación de pequeño y mediano tamaño, mientras que las empresas extranjeras pudieron seguir ocupando el área de computadoras grandes.
    La reserva de mercado fue extendiéndose progresivamente hacia otros estratos, tales como componentes, semiconductores y equipos automáticos. La Ley de Informática de 1984 consagró la reserva de mercado y articuló una serie de herramientas promocionales, como fondos especiales para I&D.
    Hacia 1985, existían casi 100 firmas brasileñas en la industria del procesamiento de datos, de modo que controlaban cerca del 50% del ingreso industrial (2300 millones de dólares). Empleaban 30.000 personas, de las cuales casi el 30% provenían de las universidades brasileñas.
    Esta política fue siempre sujeto de tensiones entre empresas y consumidores, pero es posible señalar que usuarios sofisticados, por ejemplo universidades, se expresaron satisfechos con los productos locales; los precios eran comparables a los de EE.UU., el precio era menor para algunos productos, por ejemplo, microcomputadores; no existió evidencia de pérdidas serias en términos de productividad. Aunque los inicios de la década del 80 se caracterizaron por una gran recesión, la tasa de crecimiento del sector informático brasileño fue del 59% anual. Estas empresas gastaban un promedio del 11% de sus ventas en I&D (mayor al promedio de EE.UU.).
    Las tensiones ya mencionadas, la ambigüedad en el plazo límite para esta política que fijaba la ley, la ausencia de mecanismos de coordinación y finalmente el asalto de las fuerzas del neoliberalismo significaron el debilitamiento de la política y finalmente su supresión bajo el gobierno del presidente Collor de Mello. Con todo, es indudable el efecto de la ley, que permitió la existencia de empresas y de una capacidad local, que se expresó finalmente en la actual fortaleza de la industria de software y de componentes de Brasil[33].
  • El Programa Nacional del Alcohol (Proálcool): ya desde principios del siglo XX se empezó a estudiar en Brasil la utilización del alcohol de azúcar como sustituto del petróleo. Esto implicó importantes desarrollos tanto para la producción rentable del alcohol como para la adaptación del parque automotor. En 1930, se estudia la aplicación del alcohol a los motores de explosión en la Escuela Politécnica de San Pablo, en convenio con la Secretaría de Agricultura. Durante la Segunda Guerra Mundial había autos movidos a alcohol de mandioca en el Estado de Minas Gerais. En la década del 60, el Consejo Nacional del Petróleo autorizó la adición de un 10% de etanol a la gasolina, como una medida paliativa para la crisis de superproducción de azúcar entonces existente. La Secretaría de Tecnología e Industria, del Ministerio de Industria y Comercio, apoyó las investigaciones. El motor a alcohol fue desarrollado en el Centro Tecnológico de la Aeronáutica. En 1975, una caravana de autos equipados con este sistema de propulsión recorrió el país, con objetivos propagandísticos. En ese año se creó el Programa Nacional del Alcohol (Proálcool), basado en el alcohol de azúcar, debido a la presión de los usineros amenazados por la caída del precio internacional del azúcar. Después de varios intentos, se logró superar dificultades técnicas y desarrollar el auto a alcohol en 1983.
    El Programa Nacional del Alcohol fue desacelerado en 1985, en una coyuntura en la que convergieron la caída del precio del petróleo y el aumento del precio de exportación del azúcar. Se ha discutido mucho el efecto del programa, pero además de la importante elevación del nivel técnico de la industria y los profesionales brasileños del sector, parece posible afirmar que económicamente fue una solución viable, sobre todo en momentos en que Brasil era dependiente de las importaciones de petróleo.

     

Francisco Sagasti menciona también como “caso emblemático y exitoso de las políticas de apoyo tecnológico y de innovación hacia sectores y actividades económicas específicas”[34] a la Fundación Chile, creada en 1975, y a su “apoyo a las empresas responsables del auge agroexportador de Chile” en los años siguientes; es bien conocido el caso de la industria del salmón.

3.8. Formación de la Escuela y consolidación de sus ideas (desarrollos e influencias. Impacto en organismos internacionales, en proyectos de políticas científicas y tecnológicas y en proyectos de desarrollo industrial)

A través de los acontecimientos mencionados y en intercambios entre sus actores principales, como los ya mencionados entre CNEA e ITA, entre CNEA y la FCEyN/UBA y la difusión que empezó a hacer Jorge Sabato de sus ideas, se empezó a crear una comunidad que tenía un rasgo común: ideas sobre la autonomía tecnológica que nacían de una práctica, y que al mismo tiempo alimentaban nuevas prácticas. En esto fue instrumental el Departamento de Asuntos Culturales de la OEA y en particular el ingeniero uruguayo Máximo Halty Carrere (fallecido prematuramente en 1978), quien conoció a Jorge Sabato y logró que OEA financiara desde los 60 los Cursos Panamericanos de Metalurgia, impartidos por la CNEA argentina a Centros de todo el continente.

También fue determinante en la constitución del grupo humano central de la Escuela la creación de la Fundación Bariloche en 1965 por personal de la CNEA en esa ciudad patagónica. Allí confluyeron Sabato, Jaguaribe, Mallmann (creador de la Fundación), Herrera, Varsavsky, algunos de ellos expulsados de la universidad por la dictadura militar de 1966-73. Su contribución más conocida fue el Modelo Mundial Latinoamericano, al que nos hemos referido en el capítulo anterior, como el primer proyecto prospectivo de importancia en América Latina.

Un elemento importante del pensamiento de la Escuela fue el referido a la transferencia de tecnología. En este sentido fue fundamental la presencia del experto hindú, Surendra Patel, quien estableció una estrecha relación con Jorge Sabato. Asimismo fue importante la contribución hecha por los economistas mexicanos Víctor Urquidi y Miguel Wionzcek, antes mencionada. Todos estos autores promovieron que Naciones Unidas tomara interés en este tema, y en su introducción y conexión con el comercio internacional. En 1964 se celebró la I Conferencia de la UNCTAD, en Ginebra, bajo la presidencia de Raúl Prebisch. La UNCTAD tomó el tema en adelante como uno de sus ejes principales.

Durante los años 60 la OEA organizó una serie de seminarios sobre política científica y tecnológica, concepto que emergía en esos años, a los que nos hemos referido en el capítulo 1[35]. En estos seminarios surge la preocupación por la dependencia tecnológica generada por la inversión extranjera e incluso por la truncada Alianza para el Progreso del presidente Kennedy. En ese ámbito se conocieron también muchos de los actores de la Escuela, con pensadores de la CEPAL. Esto contribuyó a que, cuando la OEA decidió crear un Programa de Desarrollo Científico y Tecnológico en la Reunión de Presidentes de América de Punta del Este en 1967, el grupo de ELAPCyTED consiguió imponer sus ideas, desbaratando los planes de Estados Unidos, consistentes en la creación de grandes centros científicos y tecnológicos (el Plan Gordon), como también se refirió en el apartado 1.10.2. Los actores de la Escuela contribuyeron eficazmente en desmontar dichos planes y en la creación en cambio del Programa Regional de Desarrollo Científico y Tecnológico (PRDCyT) en la OEA, basado en gran parte en las ideas de Sabato y sus amigos. Además de otros proyectos de este Programa, entre ellos la continuación del Curso Panamericano de Metalurgia, que dio lugar al Proyecto Piloto de Transferencia de Tecnología, ya mencionado, la OEA financió en sus primeras acciones los siguientes, que consiguieron consolidar al grupo ELAPCyTED y sus ideas y que fueron mencionadas en el capítulo 1:

  • El Curso Latinoamericano de Política Científica y Tecnológica en Buenos Aires entre 1971 y 1976, donde se reunieron los actores de la Escuela y se terminó de plasmar su pensamiento.
  • El apoyo a la Junta del Acuerdo de Cartagena, del Grupo Andino, en sus trabajos pioneros de transferencia de tecnología y desarrollo industrial.
  • El Proyecto de Instrumentos de Política Científica y Tecnológica (conocido por STPI por sus siglas en inglés) entre 1971 y 1975, dirigido por Francisco Sagasti, financiado con apoyo del IDRC de Canadá. Este proyecto terminó de consolidar las ideas de la Escuela y plasmarlas en importantes documentos[36].

3.9. Otra industrialización fue posible

El movimiento hacia una industrialización basada en la generación de tecnología propia y en la creación de una capacidad de decisión autónoma en materia de tecnología (el movimiento de la ELAPCyTED) fue frustrado, como veremos en el capítulo siguiente, por una sucesión de crisis económicas y golpes militares en la década del 70 y por la crisis de la deuda y el advenimiento de la onda neoliberal en las dos décadas siguientes. La génesis de esto radicó en el fracaso del tipo de industrialización que se promovió por los políticos desarrollistas de la época, muy distinta a la de los postulados de la ELAPCyTED y también de la CEPAL.

El proceso oficial de la ISI en América Latina había sido conducido fundamentalmente por las empresas transnacionales (ETN) y sus impulsores, los políticos desarrollistas, pero paralelamente se había ido gestando otro tipo de industrialización: una industrialización basada en la generación de tecnología propia, la del movimiento al que dio forma e ideas la Escuela de Pensamiento Latinoamericano. Cabe preguntarse qué hubiera pasado si este movimiento hubiera podido continuar en lugar de ser cortado por regímenes militares, como ocurrió en Chile y en Argentina; y, sobre todo, qué hubiera podido pasar si estas realizaciones hubieran sido asumidas por los políticos de turno, como en parte ocurrió en Brasil, aun dentro de las dictaduras militares.

Justamente, un año antes de la asunción del poder en Argentina por parte del presidente desarrollista Arturo Frondizi, paradigma del desarrollismo y de la apertura a las empresas trasnacionales (ETN), alrededor de 1957 se estaban empezando a dar los hechos que reseñábamos más arriba: la búsqueda en países como Argentina, Brasil y México de un desarrollo tecnológico propio. El caso de la energía atómica y la informática en Argentina; en el caso de México, la nacionalización del petróleo en 1935 y de la industria de energía eléctrica. En Aeronáutica, Argentina y Brasil habían empezado a promover desde los años 40 el desarrollo de la aeronáutica que, en el caso de Brasil, dio como resultado el exitoso programa que dio origen a EMBRAER.

En los casos de Argentina y Brasil ya se ha señalado que tal vez la primera motivación para estos desarrollos había sido militar. Pero se unieron en este esfuerzo por un lado un ideario de militares nacionalistas, que vinculaban la defensa nacional con la industria, los recursos naturales y la tecnología y, por otro lado, el empuje de científicos jóvenes, sobre todo físicos e ingenieros, que estaban mucho más cercanos a las ideas de la industrialización y de la planificación que lo que estaban los científicos más ligados a la biomedicina, partidarios de la libertad de la ciencia[37].

Es decir, junto a la “industrialización trunca de América Latina” que describe Fajnzylber en su libro homónimo[38], aparece un movimiento, el de la Escuela ELAPCyTED, que propone un nuevo modelo de industrialización, a base de emprendimientos de alto contenido tecnológico y aun científico.

Un elemento fundamental que posibilitó esta serie de emprendimientos tecnológicos lo constituyó, como indicamos antes y ha señalado Enrique Oteiza[39], la aparición de una nueva generación de latinoamericanos que se habían formado en los mejores centros científicos y tecnológicos del mundo desarrollado, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial. Estos nuevos actores contrastan con los de la primera industrialización de América Latina, generalmente inmigrantes artesanos y técnicos de industrias tradicionales, siempre según Oteiza. La nueva generación de latinoamericanos se estaba educando en la frontera del conocimiento. Sólo así se explica el éxito en las iniciativas que emprendieron en ramas nuevas como la energía nuclear, o en la aeronáutica. En el caso de la primera, fueron científicos jóvenes los que convencieron a Perón de conformar la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y de desmontar el fraude que estaba fraguando el científico austríaco Richter, como también se ha expuesto, además fueron los que desarrollaron ciencia y tecnología de punta.

Es cierto que, al menos en el caso de Argentina, se dio la presencia de científicos alemanes que huyeron de su país después de la guerra, y que dirigieron algunos de estos emprendimientos. Pero lo mismo se puede decir que ocurrió en Estados Unidos y en la Unión Soviética. Estos tecnólogos y científicos fueron fundamentales, pero no hubieran podido hacer nada sin la presencia de jóvenes latinoamericanos con una sólida formación científica.

Es de notar también que una vez iniciados estos emprendimientos, no se conformaron con copiar: se hizo un esfuerzo notable para enviar becados a los jóvenes recién ingresados a universidades del exterior, donde además establecieron contactos que les permitieron mantenerse en la frontera del conocimiento. Había en el ambiente una conciencia de que se podía trabajar en dicha frontera, no sólo en ciencia pura, sino también en aplicaciones. Jorge Sabato, un hombre pragmático y que antes de entrar en la CNEA había trabajado en una empresa metalúrgica con una estrategia fuertemente innovadora, fue de los que más insistió entre su grupo del departamento de metalurgia de la CNEA en que había que relacionarse con los mejores centros mundiales y en que había que hacer investigación de primera línea. Es así como se pudo acometer la tarea de desarrollar los combustibles nucleares, primero para los reactores experimentales y luego para las centrales de potencia, lo que todavía se hace en el país por una empresa mixta. Para ello, promovió para sus equipos un intercambio fluido con centros de investigación de todo el mundo. Uno de los testigos de la época entrevistado por el programa PLACTED del MINCyT, el Ing. Juan Carlos Almagro, relata[40] que al regreso de uno de sus viajes le comentaba a Jorge Sabato que en los centros que había visitado no veía muchas diferencias con el nivel alcanzado por CNEA. A lo que Jorge Sabato asentía, confirmando que esa era la política que él pretendía para su Departamento de Metalurgia.

Esto se repetía en otros muchos emprendimientos. El mismo Juan Carlos Almagro relata que idéntico entusiasmo existía en la Facultad de Ingeniería de la UBA, donde se estaban desarrollando transistores, que luego eran utilizados por la industria. Otro entrevistado, el Dr. Iván Chambouleyron, ex-vicerrector de la Universidad de Campinas en Brasil, comentaba también en la entrevista que se le hizo para el programa PLACTED[41], que esa situación se repetía en muchos emprendimientos, en los que colaboraban investigadores de universidades o centros públicos e industriales. Él mismo, al volver de estudiar en Francia, se involucró en varios emprendimientos con empresas, que tal vez empezaban por sustituir importaciones pero sobre la base de esfuerzos tecnológicos propios.

Es decir, al margen de la industrialización repetitiva y sin creatividad llevada a cabo por las ETN, existió en esos años en varios países latinoamericanos, en los 50 y 60, un gran número de emprendimientos que pretendían una industrialización basada en avances tecnológicos propios, en creatividad, como proponía Fajnzylber. Es imposible adivinar qué hubiera podido pasar. Pero como decía el Dr. Paiuk en 2011, en la celebración de los 50 años de la instalación, en 1962, de la primera computadora en el Centro de cómputo de la UBA por Manuel Sadosky, de quien había sido estrecho colaborador, había por todas partes en el país una conciencia de que “se podía” haber iniciado otro tipo de industrialización, más basada en bienes de capital e insumos básicos, como años después propuso Fernando Fajnzylber.

Lo que se dice de Argentina se podría decir de Brasil, donde desde antes de los 40 se había estado trabajando en investigaciones precursoras del Programa Alcohol, y sobre todo del caso paradigmático de ese país, la empresa EMBRAER, casos reseñados más arriba.

Es imposible hacer ciencia ficción de lo que hubiera podido ocurrir en América Latina. Lo cierto es que en el caso de Argentina, en 1966 el golpe de Estado del general Onganía, un militar originalmente de la línea nacionalista pero que terminó alineado con las corrientes oligárquicas militares, provocó el éxodo de una gran cantidad de científicos, particularmente, pero no únicamente, del experimento de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA[42]. Las políticas antiindustrialistas de esa dictadura (1966-1973) y sobre todo las de la trágica dictadura de 1976-1983, terminaron de enterrar esas posibilidades, de lo cual fue un símbolo la cancelación del proyecto de desarrollo de una computadora personal que se estaba emprendiendo en la empresa FATE, como se mencionó anteriormente. Esta última dictadura utilizó el terror que acabó con 30.000 desaparecidos como medio para reinstaurar el modelo de país agroexportador que la derecha argentina anhelaba, con lo que canceló las posibilidades de un desarrollo industrial autónomo en sus capacidades de decisión, como era el ideario de ELAPCyTED. Sería necesario hacer un análisis de lo que ocurría en otros países. Fernando Fajnzylber[43] plantea algo parecido para el caso de Chile. Lo mismo podemos decir de la destrucción de las propuestas de política industrial y tecnológica de la Junta del Acuerdo de Cartagena para los países andinos, en particular desde la salida de Chile del grupo a raíz del asesinato de Allende en 1973 y desde la caída del gobierno nacionalista del general Velasco Alvarado en el Perú en 1975. Pero el caso de Brasil, donde se dio, tanto a través de regímenes militares como en la democracia posterior a 1983, una continuación de la política industrialista y nacionalista anterior, muestra que se fue llevando a cabo, con estabilidad y en una armoniosa relación entre capital nacional y extranjero, aunque no sin conflictos, un proceso de sustitución de importaciones donde se pudo pasar a lo que se llama la tercera fase de dicho proceso, la producción de medios de producción (en términos de Marx, el sector I), es decir, bienes de capital e insumos básicos; el dominio de este sector es la piedra básica de lo que se puede llamar desarrollo[44]. Tal vez este ejemplo muestra lo que hubiera podido ser América Latina, sobre todo si esos esfuerzos de una verdadera ISI tecnológica hubieran sido continuados y profundizados[45]. Por otro lado, el mismo ejemplo nos provee la experiencia de los países asiáticos, que, con las enormes diferencias que la separan de la experiencia latinoamericana (en particular por sus diferencias en la distribución del ingreso y por la ausencia en esos países de derechas oligárquicas basadas en regímenes cuasi feudales de tenencia de la tierra, como ocurría en América Latina), son los que mejor pusieron en práctica el pensamiento de ELAPCyTED.

3.10. Las ideas centrales de la Escuela[46]

En primer lugar, conviene aclarar la diversidad de ideologías y pensamiento de los autores de la Escuela: desde un pensamiento marxista como el de Theotonio dos Santos en Brasil, o neomarxista del primer Fernando Henrique Cardoso, o el marxismo libre de Oscar Varsavsky, hasta los cepalinos dependentistas como Osvaldo Sunkel, Aníbal Pinto, Víctor Urquidi o Helio Jaguaribe, o finalmente el típico pensamiento que surge de una acción y la articula en una doctrina, como Jorge Sabato, o el de un científico (geólogo) como Amílcar Herrera, convertido a través de sus estudios en un pensador social que aglutina y da forma a una serie de ideas centrales sobre ciencia, tecnología y desarrollo. Todos ellos formaron un grupo heterogéneo en cuanto a la procedencia de sus disciplinas, marcos teóricos e ideas, pero con un fondo de pensamiento común, que analizaremos a continuación, con una característica tal vez central como era la necesidad de una autonomía tecnológica y económica para su región. Es ahí donde confluyeron los que venían de una práctica (los “fierros” que decía Sabato) y los pensadores, economistas e intelectuales en general.

Jorge Sabato trató de unir todos estos aportes en la obra El pensamiento latinoamericano, donde recogió aportes de muchos de los autores mencionados, publicada en 1975[47]. Únicamente se echa en falta en esta publicación, reeditada por el MINCyT argentino en 2012, el aporte de Oscar Varsavsky. Esto se debió a que la amplitud de miras de Jorge Sabato lo llevó a incluir, en la primera parte, metodológica y epistemológica, trabajos de Mario Bunge y de Tomás Moro Simpson: estos autores, en forma según nuestro juicio muy superficial, hicieron en sus artículos una crítica despiadada de la obra de Varsavsky, obra por lo demás que ha mostrado su vigencia a través del tiempo, aun para lectores que no compartan en todo algunas de sus visiones. Lógicamente, Oscar Varsavsky tuvo que renunciar a incluir su aporte junto con el de esos dos autores, que por lo demás poco tenían que ver con el pensamiento general de la Escuela.

En el Anexo V se presenta un análisis detallado de las ideas centrales del pensamiento de la Escuela, que se pueden resumir como sigue:

  • Es un pensamiento que nace de una práctica. Como se ha observado por el desarrollo histórico de las realizaciones y las ideas de la Escuela, no se la puede entender sin tener en cuenta que para ella la puesta en práctica precede a la teorización.
  • Ruptura con el modelo lineal ofertista. Ya se comentó en el capítulo 1 la importancia de la ELAPCyTED por haber roto con este modelo. En realidad, rompe con él en su práctica[48], mucho antes de discutirlo en teoría.
  • La búsqueda y el desarrollo de una autonomía tecnológica. Es sin duda el constitutivo central del pensamiento de la Escuela; la búsqueda de un desarrollo endógeno de la tecnología que cumpla un rol clave en el proceso de desarrollo global. Esto implica:
    • capacidad de decisión propia y de negociación en la selección de tecnologías;
    • capacidad de adaptación, es decir, capacidad para incorporar tecnologías importadas de la manera más conveniente y eficaz;
    • capacidad de evaluar los cambios tecnológicos y diseñar estrategias que eviten o disminuyan el riego de obsolescencia;
    • capacidad de creación sostenida;
    • capacidad para mejorar el balance tecnológico de pagos;
    • capacidad para la apertura del paquete tecnológico o para la desagregación de tecnología (y su posterior agregación).
  • El comercio de tecnología y la transferencia de tecnología. En el punto 3.8 sobre la formación de la Escuela y consolidación de sus ideas se mencionó la introducción por Jorge Sabato y otros (Víctor Urquidi, Miguel Wionzcek) de la transferencia de tecnología como elemento central. Para Sabato, la tecnología “[…] es un elemento imprescindible para la producción y comercialización de bienes y servicios, y por lo tanto se la constituye en un objeto de comercio entre los que la poseen y están dispuestos a cederla, canjearla o venderla, y los que no la poseen y la necesitan. La tecnología adquiere así un precio y se convierte en mercancía […]”[49], una mercancía “[…] que se compra, se vende, se alquila, se fabrica o se roba, igual que cualquier otra mercancía en el sistema económico (si bien con algunas características ligeramente diferenciadas, que la hacen ‘cuasi-mercancía’).”[50]
  • Política tecnológica y régimen de tecnología. De la consideración del concepto de “comercio de la tecnología” surge el de “mercado de la tecnología”, que se caracteriza, según Sabato, por ser un mercado imperfecto, asimétrico entre vendedores y compradores de tecnología, especialmente en el comercio entre países “desarrollados” y países en “vías de desarrollo”.

De ahí, según Sabato, la necesidad, en los países en “vías de desarrollo”, de una participación fundamental del Estado en el área científico-tecnológica, a través de la planificación e implementación de una política científica y tecnológica explícita, debidamente articulada con la política de desarrollo global. Lo que él llama Régimen de tecnología, que define como “[…] el conjunto de disposiciones que normarían la producción y comercialización de la tecnología necesaria para llevar adelante la política industrial”[51].

  • Fábricas de tecnología. Un grado superior de capacidad tecnológica es la producción de tecnología, concepto que Sabato desarrolló como las fábricas de tecnología y que Carlos Aguirre[52] define como “el laboratorio de investigación que no se limita a investigar sino que tiene como objetivo la venta de sus productos, la tecnología”.
  • Los conceptos de políticas explícitas e implícitas. Fueron desarrollados en primer lugar por Amílcar Herrera en 1968, como se describe en el capítulo 1, y posteriormente por el Proyecto de Instrumentos de Política Científica y Tecnológica (STPI Project, 1974-77), iniciado por Francisco Sagasti en la OEA y financiado principalmente por IDRC de Canadá.
  • El triángulo de Sabato. Finalmente, hay que mencionar como coronación y paradigma de las ideas de la Escuela, el triángulo de Sabato[53], que apuntaba a la necesidad de vincular en proyectos estratégicos de desarrollo tecnológico los tres vértices del triángulo: el sector productivo (demanda/financiamiento parcial), el sector gobierno (políticas/regulaciones/financiamiento parcial) y el sector científico-tecnológico.

3.12. El fin de la historia

Como analizaremos en el capítulo siguiente, la ola neoliberal impulsada por el Consenso de Washington, favorecida por el fracaso del intento del socialismo real por crear una racionalidad nueva en el mundo capitalista, terminan de sepultar[54], por el momento al menos, muchas de las esperanzas de un desarrollo tecnológico propio, decretando “el fin de la historia”, casualmente en momentos en que muchas de estas ideas se empiezan a poner en práctica en el sudeste asiático. Pero no todas desaparecieron. Entre otras, se mantuvieron generaciones de científicos y técnicos que iniciaron nuevos emprendimientos, como se puso en evidencia en la truncada burbuja de las “punto.com” de fines de siglo y la ola de emprendimientos recientes en tecnologías de punta. Pero lo que sí consiguió el Consenso de Washington fue destruir en nuestros países la idea de una política industrial unida a una política tecnológica (el mensaje de ELAPCyTED, y casualmente el éxito de la experiencia coreana y de otros países del sudeste asiático), idea que empezó a renacer en el nuevo siglo XXI, aunque actualmente se haya encontrado con grandes dificultades. Frente al nuevo contexto mundial y sus nuevos desafíos, pensamos que es imperativo, como se expondrá al final de este trabajo, discutir la vigencia de las ideas de la Escuela y las posibilidades de ponerlas de nuevo en práctica.


  1. Como se dijo en capítulos anteriores, Carlos Martínez Vidal fue gran amigo y continuador en la CNEA argentina de Jorge Sabato, principal referente de esta corriente de pensamiento.
  2. Barrios, A. (1997).
  3. Martínez Vidal, C. (2001 y 2004).
  4. Galante, O. (2005, 2009 y 2011). Participaron de las entrevistas y de la elaboración de los artículos, además de Oscar Galante y Manuel Marí, los primeros miembros del grupo iniciador del Programa PLACTED, Olga Benso, Raúl Carnota y Federico Vasen. A Raúl Carnota se le deben en particular las contribuciones sobre la historia de la Informática en América Latina, incluidas en el libro sobre el tema del que fue coeditor (Carnota, R., 2011).
  5. Ver en Anexo el listado de los autores principales de la Escuela.
  6. Sabato, J. (2011): 90.
  7. Cfr. entrevista del Programa PLACTED al Dr. Enrique Oteiza, archivos electrónicos del Programa.
  8. Rostow, Hirschmann, Perroux fueron tal vez los autores más influyentes.
  9. Prebisch, R. (1949).
  10. El problema con las ETN no fue tanto su entrada en el Tercer Mundo cuanto que, al menos en América Latina, lo hicieron, por un lado, para conseguir mercados cautivos, aprovechando las políticas proteccionistas de los gobiernos, supuestamente impulsadas por CEPAL, y para ello trajeron principalmente tecnologías y plantas relativamente obsoletas, con las que no podían competir en los mercados mundiales. Por otro lado, no hicieron esfuerzos (y los gobiernos de los países no hicieron nada por presionarlos) para que la tecnología importada, traída llave en mano, fuera absorbida por los técnicos locales de las empresas, para poder replicarla. A lo más, se consiguió, desde los departamentos de ingeniería de algunas empresas, un cierto aprendizaje tecnológico para mejorar procesos y productos, lo que J. Katz y otros refieren, en sus primeros estudios sobre el cambio tecnológico local, como innovaciones incrementales. En cuanto al supuesto proteccionismo impulsado por CEPAL, se malinterpretaron sus propuestas (en forma, creemos, intencionada). Como Prebisch lo explicó en sus últimos trabajos, lo que CEPAL proponía era un proteccionismo inicial, como han hecho desde la revolución industrial todos los países menos Inglaterra (entonces el centro del mundo), que permitiera un aprendizaje tecnológico, para después pasar a ser exportadores, lo que han hecho más recientemente los países asiáticos. Pero entre las ETN, interesadas en ocupar mercados cautivos y los políticos locales, interesados en aumentar los ingresos de su país (y en muchos casos los propios) se conjugaron para echar por tierra aquellas propuestas. Cabe añadir que hoy en día las ETN, absorbidas por la brutal competencia global desatada en el último cuarto de siglo, sí han empezado a traer tecnologías y plantas modernas a los países de la periferia, atraídas por los bajos salarios y otras facilidades, que han convertido en plataformas exportadoras. Por supuesto, el aprendizaje local sigue estando ausente, mucho más ausente. Pero esta es otra historia.
  11. Hay que distinguir, como se empezó a hacer en gran parte a partir de iniciativas de la ELAPCyTED, entre la asistencia técnica usual, desde los países del Norte a los del Sur, de la cooperación horizontal entre países de un desarrollo relativo similar, para la realización de proyectos de interés común.
  12. Ya en los años 50, como se reseñó en el capítulo 1, la iniciativa Atomos para la paz. Posteriormente, en 1963 se realiza la primera Conferencia de NNUU para la Aplicación de la Ciencia y la Tecnología al Desarrollo y, en 1965, la primera Conferencia de UNESCO sobre el mismo tema para América Latina.
  13. Ver entrevista del Proyecto PLACTED al Dr. Enrique Oteiza (archivos electrónicos del Programa).
  14. Sabato, J. (1972c): 13-17.
  15. En el caso brasileño la tendencia nacionalista de las Fuerzas Armadas parece haber sido una constante. En el caso argentino, hubo desde antiguo (al menos desde los años 30) diferencias entre las Fuerzas Armadas entre los grupos más nacionalistas, industrializadores, y las corrientes conservadoras, aliadas a la oligarquía terrateniente y a su modelo de país. Como resultado de los esfuerzos de la facción de los militares nacionalistas se puede mencionar la nacionalización del petróleo y la creación de la empresa estatal YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), obra del general Mosconi, y la creación de una industria de Fabricaciones Militares, hecha por el Cnel. Savio en 1941. Las fechas decisivas para el triunfo definitivo de las facciones conservadoras se sitúan en la dictadura de Onganía (1966-70), un militar supuestamente nacionalista que cedió finalmente a las influencias de las corrientes oligárquicas.
  16. En 1949, Albert Richter, emigrado de la Alemania nazi, convenció al entonces presidente Perón de que podría desarrollar energía nuclear por fusión. Consiguió para ello que se habilitara, en el máximo secreto, unos laboratorios muy bien dotados en una isla en el lago Nahuel Huapi frente a San Carlos de Bariloche. En 1951, Perón hizo el anuncio de que se habían realizado las primeras reacciones termonucleares el 24 de marzo de ese año. Entretanto, la comunidad científica de físicos nucleares, formados recientemente en los mejores centros mundiales, cuestionaba el emprendimiento de Richter y el que se hiciera en tan absoluto secreto. Fue así como se creó en 1950 la Comisión Nacional de Energía Atómica. Cuando se descubrió la farsa, la Comisión pudo utilizar el costoso equipo que se había adquirido, lo que facilitó sobremanera sus primeros logros. Ver Mariscotti, M. (1985).
  17. Ver Martínez Vidal, C. (2002): 6, nota: “Por ejemplo, un grupo de científicos, nucleado por el eminente científico alemán Seelman Eggebert, formó una escuela de radioquímica, importantísima a nivel mundial. En 1956, en la I Reunión Internacional de Energía Atómica en Ginebra, Argentina presentó unos 14 o 15 radioisótopos nuevos, sobre un total de 20 o 25 que se habían descubierto en todo el mundo. En 1953-54, alrededor del Dr. Kurt Franz se estructuró un importantísimo Departamento de Electrónica, que posibilitó la instrumentación posterior de numerosos proyectos de CNEA”. Ver también la entrevista del Programa PLACTED a Carlos Martínez Vidal, de 1997 (archivos del programa PLACTED, MINCyT, Argentina).
  18. En 1953 el presidente de los Estados Unidos Dwight Eisenhower anunció en las Naciones Unidas el programa “Átomos para la paz” y al año siguiente, en Ginebra, al concluir la Primera Conferencia Mundial para la Utilización de Energía Atómica para Fines Pacíficos, ofreció reactores experimentales para los países subdesarrollados.
  19. Art. EMBRAER, Wikipedia (engl.) (consultado el 25.02.2015).
  20. Artopoulos, A. (2012).
  21. Víctor Urquidi (1919-2004), formado en la escuela del Banco de México, intervino en la Conferencia de Breton Woods, donde aconsejó a Lord Keynes que el recién creado Banco Mundial sirviera no sólo para la reconstrucción europea sino para apoyar a las economías del mundo subdesarrollado. Entre sus obras cabe destacar, ya en 1953, “El desarrollo económico de México y su capacidad para absorber tecnologías del exterior”. Participó en CEPAL, y en las ideas promovidas por Raúl Prebisch a raíz de su libro sobre el desarrollo latinoamericano mencionado más arriba. También participó en la Conferencia de Naciones Unidas de 1963 sobre la aplicación de la Ciencia y la Tecnología al Desarrollo, que inició la participación de los organismos internacionales en el tema. En una conferencia de la OEA, ya en 1962, como se menciona en el capítulo 1, Víctor L. Urquidi observaba que el proceso de sustitución de importaciones y sus excesos proteccionistas “habían traído una consecuencia: el capital extranjero estaba sustituyendo al capital local. Existía el peligro de que la región pudiera caer en una especie de colonialismo tecnológico”. Urquidi criticaba el tipo de transferencia tecnológica realizado a través de las subsidiarias de empresas extranjeras por dos motivos: a) esta forma de transferencia no contribuye al desarrollo de una capacidad tecnológica local; y b) da al capital extranjero una posición predominante en la industria latinoamericana, lo que no sería ventajoso “ni desde el punto de vista económico ni político”.
  22. Miguel Wionzcek también participó en la Escuela ELAPCyTED e influyó sobre todo en sus ideas sobre transferencia de tecnología y la industrialización autónoma, a través de diversos trabajos, entre ellos “Comercio de tecnología y Subdesarrollo Económico”, Wionzcek, M. (1973), que influyeron en la aprobación de la Ley mexicana de Transferencia de Tecnología de 1973.
  23. Esta sección está basada en Aguirre, J. (2009) y resumida por Raúl Carnota, para el Programa PLACTED, del MINCyT argentino.
  24. Consejo Nacional de Desarrollo, organismo oficial de planificación argentino.
  25. Como casos típicos, los modelos econométricos de Varsavsky y el cálculo de trayectorias de planetas de Zadunaisky.
  26. “A partir de 1960 el grupo adopta dos líneas de trabajo, paralelas pero interfertilizadas: la primera está relacionada con el desarrollo de tecnologías no existentes en el país, no publicables en revistas científicas, pero que hacen a la independencia tecnológica; la segunda línea se refiere a trabajos de investigación sometidos a arbitrajes rigurosos en revistas y congresos de la especialidad”, ver Santos, J. (2003).
  27. El Dr. Yván Chambouleyron, quien fuera vicerrector de la Universidad de Campinas en la primera década del presente siglo y anteriormente investigador de la CNEGH argentina en 1971-75, manifestó en una entrevista dada al Proyecto PLACTED en 2008 que eran frecuentes las consultas de empresarios argentinos que buscaban el asesoramiento de su Centro de Investigaciones y de otros similares para el desarrollo de proyectos de alta tecnología, con los que buscaban sustituir importaciones.
  28. Es cierto que el grupo FATE tenía aceitados contactos en el Estado, tanto en la fase Lanusse como en el Ministerio de Gelbard, pero “Lo único que había como protección era el derecho a importar impresores con mínimo arancel […] el día que se cae este decreto las calculadoras dejan de ser competitivas, deja totalmente de tener sentido fabricar, ensamblar nada […]” (entrevista a H. Serebrisky, en Aguirre, J., 2009).
  29. Estas dos áreas en Argentina y Brasil son las que toma Adler para su teorización en “The Power of Ideology”, Adler, E. (1987).
  30. Ver para este período el libro recientemente aparecido sobre la historia de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, Díaz de Guijarro, E. (2015): 191-231.
  31. Son conocidas las tesis de Varsavsky sobre un proyecto nacional y la definición de estilos tecnológicos propios para el país. Pero fue todo el Grupo Innovador de Exactas (GIE según la expresión de Estébanez, 2000), dirigido por Rolando García, el que empujaba en esa dirección, más allá de las disidencias políticas que pudieron existir en la época.
  32. Ver entrevista del Programa PLACTED al Ing. Enrique Oteiza en 2008, en Archivos del Programa.
  33. Ver Sagasti, F. (2011): 117-118; Schmitz, H. (1992) y Adler, E. (1987).
  34. Sagasti, F. (2011): 119.
  35. En el Seminario de 1964 se propuso “el establecimiento de una política del Estado en materia de Ciencia y Tecnología como consecuencia del reconocimiento de la íntima relación y creciente influencia de la tecnología en el nivel de vida de los pueblos” (Ing. Grieve, en Ciencia Interamericana, 1964, n° 2, p. 8). Ver ponencia del Ing. Grieve, del Grupo de los Nueve de la OEA, en Ciencia Interamericana, 1964, vol. II, p. II, citando al economista mexicano de CEPAL Urquidi (citado en Marí, M. (1982): 37): en el sistema interamericano se toma conciencia de la necesidad de desarrollos tecnológicos locales a raíz de la iniciación de los proyectos de desarrollo promovidos por la Alianza para el Progreso; en efecto, pronto se observó la falta de una contrapartida nacional para la asistencia técnica exterior y los proyectos ejecutados por firmas de ingenierías extranjeras.
  36. IDRC (1978). Ver Sagasti, F. (2011): 127-130.
  37. No se puede desconocer, sin embargo, que la investigación agrícola y biomédica en muchos países de América Latina, y respecto de la biomedicina más en el caso de Brasil que de Argentina, estuvo fuertemente direccionada a la solución de problemas nacionales de gran contenido social, si bien en relación con la biomedicina no había por aquel entonces conexión con la industria. En el caso de Brasil, como documenta en comunicación personal durante la elaboración de este trabajo la Dra. Carlota de Souza, de la Universidad de Brasilia, fue de esos esfuerzos de donde surgieron una serie de institutos de investigación de la mayor importancia, que en algunos casos sufrieron represalias durante los regímenes militares al final de los años 50. En el caso de Argentina, como lo confirma el libro de Diego Hurtado de Mendoza (Hurtado, D., 2010: 53 y ss.), el enfrentamiento de la comunidad biomédica con el gobierno de Perón contribuyó a que sus investigaciones fueran confinadas a institutos privados, de modo que se aislaron de la solución de otros problemas nacionales y se vincularon más a la investigación internacional.
  38. Fajnzylber, F. (1983).
  39. Ver entrevista realizada por el Programa PLACTED, en el marco de su proyecto de entrevistas a los autores de la Escuela ELAPCyTED.
  40. Entrevista a Juan Carlos Almagro, Biblioteca digital de PLACTED/MINCyT, 19.05.2011.
  41. Entrevista a Iván Chambouleyron, Biblioteca digital de PLACTED/MINCyT, 29.05.2009.
  42. Prego, C. (2000) y Díaz de Guijarro, E. (2015).
  43. Fajnzylber, F. (1983).
  44. Ver en el capítulo 1 (recuadro del punto 1.9.1.) la discusión sobre los elementos básicos del desarrollo y del subdesarrollo, el primero según la definición clásica de François Perroux, un clásico de estas teorías.
  45. Ver recuadro del punto 1.9.1.
  46. Este capítulo está inspirado en los siguientes documentos: Martínez Vidal, C. y Marí, M. (2002), “La Escuela Latinoamericana de Pensamiento en Ciencia, Tecnología y Desarrollo. Notas de Investigación”, Revista REDES, nº 19, y Galante, O. (2005), “La Escuela Latinoamericana de Pensamiento en Ciencia, Tecnología y Desarrollo”, ponencia en la Asamblea General de ALTEC, Brasil, 2005.
  47. Sabato, J. (1975).
  48. C. Martínez Vidal recuerda que Sabato le aconsejó cuando entró en la CNEA en 1955: “[…] que […] deje […] la física y vuelva a los fierros de la ingeniería”; en Ariel Barrios Medina (1997): 7.
  49. Sabato, Jorge A. (1979): 124.
  50. Martínez Vidal, Carlos A. (1997): 145.
  51. Sabato, J. (1997): 122.
  52. Aguirre, C. (2000): 71.
  53. Originalmente apareció en Jorge A. Sabato, N. Botana, “La ciencia y la tecnología en el desarrollo futuro de América Latina”, en Revista de la Integración, INTAL, Buenos Aires, año 1, n° 3, noviembre de 1968, pp. 15-36. Ver también en la compilación de Sabato, J. (1975) y (2011).
  54. Muchos de los autores de la Escuela habían puesto grandes expectativas en las posibilidades que brindaban las empresas estatales para favorecer un desarrollo tecnológico propio. Pero el mismo Sabato reconoció las dificultades de este intento (ver su experiencia en SEGBA).


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