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2 De mapas y cámaras

Antropología visual y mapeo colectivo, metodologías que visibilizan las experiencias y estrategias del cine comunitario y social de Córdoba

Jorgelina Barrera Pignone[1]

La cámara es un instrumento teórico que se puede tocar con las manos (Ardèvol, 2006).

Quiero empezar mi reflexión con esta frase de Elisenda Ardèvol porque en ella habita una parte fundamental para entender y abarcar el estudio del cine comunitario. Y porque esta autora ha desarrollado un trabajo de investigación en el campo de la antropología visual que es el pilar para plantear el abordaje de esa disciplina en el marco de la investigación del cine comunitario que realizamos estos años.

Se entiende por antropología visual el uso de las técnicas audiovisuales en la práctica antropológica. Ya sea como instrumento de investigación o como forma de documentación e ilustración en la transmisión de conocimiento antropológico. La antropología visual articula la experiencia del etnógrafo en el campo a través de la cámara (Ardèvol, 2006, p.11).

Cuando Andrea Molfetta comenzó a dar forma al proyecto El cine que empodera, enmarcó la antropología visual como una de las metodologías troncales para llevar a cabo el trabajo de campo y el curso de la investigación. Teniendo como principal premisa que la cámara acompañaría el proceso de la investigación desde el comienzo del trabajo de campo en los núcleos del Conurbano bonaerense y cordobés.

En el momento de decidir qué metodología utilizar para nuestra investigación debemos tener presente la relación con el objeto de estudio. Optar por la metodología de la antropología audiovisual implica haber tenido en cuenta las características del objeto en relación al medio visual en que se desarrollará el trabajo.

Hay realidades que se adaptan o que tienen en sus bases la cualidad para desarrollarse en un medio audiovisual. Dentro de esta metodología hay diferentes vertientes desde donde desarrollar la investigación. Al incluir la cámara en la exploración etnográfica, se debe tener en cuenta si la realidad socio cultural tiene en sus características formales (contexto, lugar físico y disponibilidad del grupo) una impronta o cualidad visual, desde donde ser analizada para luego definir qué características tendría ese medio audiovisual desde el que obtendremos los datos para el conocimiento de la realidad observada (entrevistas, observación participante, cine directo, observación diferida, etc.).

En el caso de este proyecto la introducción de la cámara fue pertinente dado que los grupos y colectivos entrevistados y registrados durante el trabajo de campo estaban acostumbrados a la presencia de la cámara. En la mayoría de los casos la cámara es su herramienta de trabajo. Pero es un estar habituado al “detrás de cámara” que con la entrevista etnográfica y la observación participante se invierte, generando así una nueva postura del entrevistado “frente a la cámara”.

Este texto describirá los diferentes momentos abordados por la metodología de la antropología audiovisual en el contexto de la primera etapa de la investigación, que consistió en la realización de mapeos colectivos[2] para reflejar la producción y la exhibición cinematográficas del Gran Córdoba. Estos mapeos permitieron fortalecer las redes colaborativas entre los productores y realizadores[3].

La antropología audiovisual de los mapeos nos permite desentramar los recorridos por los que la imagen fílmica participa en las diferentes etapas de la investigación. Específicamente me refiero a “las cámaras” que, por un lado nos acercan, a través de la imagen fílmica, los territorios donde se desarrollan prácticas de vinculación entre universidad-territorio, realizador-comunidad y por otro, a la instancia de reflexividad-colaborativa entre los investigadores y directores-productores de cine social y comunitario.

Comenzaré dando una introducción y descripción del campo de la antropología audiovisual en general y de los aportes que nos da en el trabajo de la investigación sobre el cine comunitario en Córdoba. Me centraré en la experiencia cordobesa porque participé registrando con la cámara el segundo mapeo y luego realicé las ediciones de los dos talleres de mapeo.

En primer lugar es importante tener en claro la distinción entre una antropología del cine y una antropología audiovisual o fílmica. La primera se refiere al estudio y análisis de películas (textos audiovisuales) ya sean de ficción o documental y al análisis de prácticas y procesos audiovisuales de la producción a la exhibición para el desarrollo de una investigación de las que se obtienen nociones de conocimiento socio-cultural. Se utiliza la producción ya existente como material empírico para investigaciones particulares.

Una antropología audiovisual o fílmica -para este proyecto en particular- parte desde el comienzo del planteo de la investigación pasando por todas sus fases. Es parte y se hace parte de toda la investigación. Y en el caso particular de El cine que empodera hay una doble implicancia relacional, por un lado la antropología audiovisual forma parte de la metodología de la investigación, y a su vez el objeto de estudio se enmarca en la imagen fílmica. Es a través de la práctica y la teoría de una antropología fílmica (trabajo de campo con la cámara y el desarrollo de textos fílmicos como documentos para el análisis desde la antropología audiovisual) enmarcada en una antropología del cine (un análisis semio-pragmático de las filmografías producidas en estos contextos).

Así la antropología audiovisual interviene a partir de la primera etapa de la investigación, en primer lugar realizando Entrevistas Etnográficas (E.E.) que permitieron armar una red de contactos. A partir de allí se genera un material de campo para un primer análisis y toma de decisiones para continuar con la selección de colectivos y actores más representativos del cine comunitario de la periferia de Buenos Aires y de Córdoba, convocando a estos a participar de los Talleres de mapeo colectivo (TMC). Para el registro de los TMC se aplicó la técnica de representación de Observación participante (OPar).

Desde estas primeras intervenciones y acercamiento al campo y con la territorialización de la práctica cinematográfica definida en los TMC, se siguió profundizando con las E.E. de grupos y actores para luego continuar con las observaciones participantes, “en la que se realizará una etnografía audiovisual de los núcleos de producción más representativos de cada región, investigando las relaciones y condiciones de trabajo, las prácticas puestas en juego con y a través del cine, los impactos subjetivos, culturales y sociales de esta práctica cinematográfica” A. Molfetta[4]. Y así alcanzar la segunda etapa donde la antropología audiovisual interviene como generadora de un tercer nivel de contenidos para su análisis a través de la Observación diferida.

Como ejemplos de estas intervenciones y acercamiento al campo podemos hablar del caso de Invicines[5], cuyos integrantes fueron contactados para una entrevista etnográfica y luego participaron de los dos mapeos realizados en la ciudad de Córdoba. Por otro lado está el caso del Colectivo de Cine comunitario de Unquillo, que participó en el primer mapeo como primer acercamiento y luego previo al segundo mapeo se realizó una entrevista etnográfica a los integrantes para obtener precisiones sobre el funcionamiento y trayectoria del grupo.

Hay una particularidad que se da en el transcurso de estas etapas donde la imagen fílmica y los procesos de filmación circulan, y en ese intercambio, circulación y manifestación de la imagen se destaca la presencia de la cámara como herramienta que nos permite observar desde distintas perspectivas aportando así diferentes niveles de análisis que van de lo macro a lo micro.

Para ser más correctos hablaría de la presencia de “las cámaras en plural”. Diferenciando las “cámaras etnográficas” (herramienta de los antropólogos cineastas) y las “cámaras comunitarias” (herramienta de los directores y productores del cine comunitario). Porque en el transcurso de la investigación se tuvieron en cuenta los registros de las cámaras en los mapeos, a su vez esos registros nos acercaron a la definición de los territorios de la producción y exhibición. Esos territorios plasmados en los mapas nos muestran en qué sectores de Córdoba operan las “cámaras comunitarias” reflejando el entramado de producciones audiovisuales del entorno socio cultural de cada barrio. Podemos tener información macro al mirar el mapa en su totalidad y un acceso a lo micro si nos detenemos en cada núcleo plasmado por cada participante del mapeo.

La figura 1 nos describe gráficamente los tres niveles de manifestación de la imagen fílmica en el contexto de la investigación El cine que empodera:

1° nivel. La observación participante de los mapeos colectivos de la producción y exhibición del cine comunitario nos refleja el territorio audiovisual de los conurbanos. Y esos registros también nos muestran los actores participantes del mapeo – agentes intermediarios y responsables de las prácticas de vinculación entre el territorio y universidad, territorio y centros de salud, territorio y organizaciones barriales, etc.-. Allí se produce un diálogo, un intercambio mediado por la presencia de la “cámara etnográfica” frente a los cineastas que trabajan con las “cámaras comunitarias”.

Es importante destacar esta instancia de la O.Par del mapeo, en el momento en que la cámara registra sus cuerpos, sus gestos, sus movimientos, su auto-puesta en escena, según De France (Comolli, 2002):

Noción esencial en cinematografía documental, que designa las diversas maneras cómo el proceso observado se presenta por sí mismo al cineasta en el espacio y en el tiempo. Se trata de una puesta en escena propia, autónoma, en virtud de la cual las personas filmadas muestran de manera más o menos ostensible o disimulan ante los demás, sus actos y aquello que los circundan, en el curso de las actividades corporales, materiales y rituales. La auto-puesta en escena es inherente a todo proceso observado.

Los cuerpos reflejan otra categoría de datos visuales, y es donde la metodología de la antropología audiovisual interviene para acercarnos a un análisis o microanálisis del flujo de manifestaciones sensibles, De France (Ardèvol, 1995) afirma que,

La descripción fílmica y la observación de la imagen ofrecen al lenguaje la materia para un análisis en detalle de las relaciones entre escena y bastidores, entre lo que las personas filmadas desean esconder, entre lo que esas personas consideran como esencial y lo que arrojan a lo accesorio.

Los actores participantes del mapeo se muestran y “posan” frente a la cámara para manifestar con gestos y palabras su práctica. Nos muestran cómo participan, explican, describen su quehacer cinematográfico, cómo defienden y definen su territorio particular dentro del cine comunitario y cómo se relacionan con sus pares en el entorno del mapeo. Esa “cámara etnográfica” que los mira, los interpela, refleja a los constructores de las producciones del cine comunitario. Visibiliza a los actores responsables de generar transformaciones en el entramado socio-cultural a través de la práctica cinematográfica. Refleja los cuerpos acostumbrados a trabajar “detrás de cámara”.

2° nivel. La información contenida en los mapas refleja el territorio ocupado por la producción y la exhibición del cine comunitario en Córdoba. Los mapas reflejan las realidades socio-culturales que miran las “cámaras comunitarias”, cuyo valor político se encuentra en las prácticas culturales desarrolladas por cada colectivo. Luego del primer TMC los actores participantes proponen, como una cuestión importante y necesaria, formar la Red de cine social y comunitario. Esta red visibiliza la gran mayoría de las producciones de cine comunitario de Córdoba y facilita el intercambio entre los colectivos para futuros proyectos conjuntos.

Aquí podemos ver cómo la investigación no solo interviene para generar datos para un núcleo interesado, sino que crea una instancia de intercambios de conocimiento y usos de los materiales que surgen de las distintas técnicas y metodologías aplicadas en el trabajo de campo.

3° nivel. A partir de la información que surgió de la observación participante de los mapeos y las auto-puesta en escena de los directores y productores, el equipo de investigación realizó una segunda “ronda” de entrevistas etnográficas a directores y productores para dar comienzo a una segunda etapa de observación participante.

figura 1 cine comunitario2-01

Barrera, J. (2017). Ilustración de los niveles de manifestación de la imagen fílmica en el contexto de la investigación. [Figura 1].

1er mapeo

Fotografía del Primer Mapeo Colectivo en Córdoba.

De cámaras en la investigación

La introducción de la cámara en la investigación para algunas autoras implica no solo un instrumento de elaboración de datos sino que comporta la transformación de la práctica antropológica. Así lo expresan Ardèvol y De France al diferenciar entre el cine de exposición etnográfica y el cine de exploración etnográfica. El cine de exposición etnográfica procura comunicar a cerca del comportamiento humano, y el cine de investigación explorativa tiene como objetivo explorar el comportamiento humano. La cámara en el proceso de exploración etnográfica, cobra importancia para todo el proceso de investigación, por lo tanto, como lo expresa Ardèvol (2006), la faceta explorativa del cine etnográfico se define como una metodología de investigación en la que la cámara se introduce desde el inicio en el trabajo de campo como instrumento de la observación participante[6]

Es en la instancia explorativa donde nos detendremos para reflexionar acerca de la experiencia del trabajo de campo a fin de fundamentar las diferentes fases del trabajo de campo y el posterior análisis de datos. De esta manera la cámara en los mapeos colectivos se posicionó:

(…) como un elemento de transformación en la práctica antropológica, tanto en el plano metodológico como en el teórico: en el diseño de la investigación, durante el trabajo de campo, en el tratamiento de los datos, en el planteamiento de hipótesis y en la elaboración de las conclusiones (Ardèvol, 2006, p.202).

Entendemos que la filmación o la grabación etnográfica forma parte del proceso de investigación y es aquí donde se define la actividad del etnógrafo o etnógrafa visual.

Los datos registrados comportan un material que puede ser analizado utilizando diferentes técnicas de la antropología visual, como la Observación diferida[7](OD), esta ha sido de gran utilidad dado que el equipo de investigación no pudo participar en su totalidad durante las grabaciones de los mapeos. Por tanto, al acceder a las grabaciones realizadas por otros integrantes del equipo, estas me permitieron acceder a las experiencias de campo de las que no había participado.

Esto favoreció a comparar los mapeos y las interacciones de los participantes, sus reacciones, su comportamiento, sus propuestas de prácticas cinematográficas que luego se verían reflejadas en el informe general y en las etnografías audiovisuales. Así la metodología de cine de investigación explorativa se adapta a los objetivos de la investigación en el sentido que permitió presentar y explorar una serie de situaciones, que pueden ser comparadas y analizadas con el fin de obtener una visión amplia del proceso de territorialización de las prácticas cinematográficas y paralelamente una visión de cada núcleo de producción de cine comunitario en particular, a través de las etnografías visuales. En este sentido, la cámara contribuye a la elaboración teórica ya que durante la grabación, y a través del material grabado, se obtiene la descripción etnográfica.

Según lo expuesto en los párrafos anteriores, la utilización de la cámara en el trabajo de campo comporta un instrumento metodológico que permite analizar el comportamiento y las prácticas de los grupos y a su vez el comportamiento y los procesos etno-observacionales por los que transitan lxs antropologxs cineastas.

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Segundo Mapeo Colectivo en Córdoba

De mapas en la investigación-filmación

Mi experiencia de trabajo de campo comienza con la OPar del segundo mapeo en la ciudad de Córdoba. No participé en el primero, pero a través de la OD de los registros realizados por las investigadoras del equipo, accedí a la información necesaria para grabar el segundo mapeo.

Es importante reconocer que la primera experiencia fue enriquecedora tanto para la investigación como para los actores participantes, porque de ella surgió la Red de cine social y comunitario y por tanto esto denota la aproximación a una instancia muy desarrollada como lo es la teoría socio-antropológica reflexiva[8], donde se comparten los saberes y resultados de la investigación.

Así los actores participantes colaboran activamente generando otro nivel de información. De esta interacción se obtienen datos con otro nivel de “detalle”. Se alcanza otro nivel de compromiso por parte de los colectivos que participaron en el primer mapeo, porque se establece un diálogo directo para la construcción y delimitación conjunta del territorio audiovisual cordobés.

Los objetivos principales de la Red de cine social y comunitario destacan la importancia del relevamiento de las producciones de cine comunitario surgidas en los últimos años y estos objetivos acompañan lo planteado desde el proyecto de investigación.

A través de estos intereses compartidos se alcanza un estadio de conocimiento más “denso”, porque se realiza una aproximación desde dos dimensiones metodológicas, primero desde la OPar de los mapeos y en segundo lugar se aborda desde el punto de vista de la teoría socio-antropológica reflexiva: entendiendo el trabajo de campo, como instancia reflexiva de conocimiento. Según Guber (2004):

Si caracterizamos al conocimiento como un proceso llevado a cabo desde un sujeto y en relación con el de otros sujetos cuyo mundo social se intenta explicar, la reflexividad en el trabajo de campo es el proceso de interacción, diferenciación y reciprocidad entre la reflexividad del sujeto cognoscente -sentido común, teoría, modelo explicativo de conexiones tendenciales— y la de los actores o sujetos/objetos de investigación (p.87).

Y según Ardèvol (2006):

entendiendo el trabajo de campo como un proceso de comunicación, en el que la máquina no es un instrumento mecánico, sino un actor más, que interactúa con los sujetos e interviene creativamente en la relación entre el investigador y el grupo social estudiado, contribuyendo a la creación del contexto de la investigación (p.243).

Diario de campo de la Observación participante del mapeo Cordobés

Diciembre, Córdoba capital. Una ciudad familiar y extraña a la vez. Familiar porque soy cordobesa y en los últimos años he frecuentado esa ciudad, y extraña porque mi infancia y adolescencia transcurrieron en el sur de la provincia, un pueblo muy alejado de Córdoba capital. Esta primera distinción entre la ciudad y el interior de la provincia, en mí resuena para dar una primera reflexión de lo que puede surgir en relación a los planteamientos de la distinción del cine y el cine comunitario del conurbano. Hay puntos de contacto y puntos lejanos. Territorios compartidos, cercanos y territorios que producen prácticas y experiencias narrativas, estilísticas que solo son dadas por el trayecto recorrido durante la creación de la pieza fílmica.

Y poniendo un poco en imágenes lo comentado anteriormente: durante el mapeo Matias Deón y Mariela Lario integrantes de Cine comunitario Unquillo[9] plasmaban su experiencia en los bordes del mapa, hacían un esfuerzo por introducir información de un territorio que no estaba impreso, esos bordes coloreados por estos participantes nos hablan de lo floreciente que pueden ser los territorios “periféricos” “aislados”, casi como la distinción entre los diferentes cines.

Existen otros cines que surgen de los márgenes para contar historias de los márgenes invisibilizados. Como el cine comunitario que hace visible la producción de un nuevo territorio donde lo importante no es tan solo el producto final de la experiencia fílmica sino el proceso de esa experiencia, porque desde lo comunitario se llega a completar un recorrido de la práctica cinematográfica que fortalece lazos, que empodera. Un cine que empodera los territorios de los márgenes en todos los sentidos de la palabra.

Matías expresaba lo siguiente en las conclusiones finales después del mapeo respecto de las periferias:

[…] dos cosas, una con lo que ha salido, con la dificultad de mapear aquello que está de alguna forma desterritorializado o que circula en otros espacios que no son espacios físicos, salió la otra vez y ahora volvió a salir. Y la otra, me agarra otra vez esta cosa de chovinismo pueblerino, esta cosa de… pucha…no entramos, tuvimos que ponernos al costado del mapa. Pusimos la experiencia de los compañeros de Cuesta Blanca y también al costado del mapa. Entonces creo […] es algo que no es menor en la historia de nuestro país la relación entre la periferia y la centralidad. Entonces creo que sería importante que eso también esté reconocido gráficamente.

Son las dos de la tarde, llego a la Casa Revolución cargada con parte del equipo para realizar el registro del mapeo. Esa sensación de familiaridad y extrañeza con la ciudad la hago extensiva para mi reencuentro con la grabación del mapeo.

Después de un largo período de no grabar con la cámara, esta experiencia de campo me llevó al reencuentro con distintos mecanismos y estrategias que hacen posible la generación de imágenes, de puestas en escena que nos hacen descubrir nuevos territorios de relaciones. Y por otro lado la extrañeza se hace extensiva para esta aproximación fílmica porque no había participado en el primer mapeo.

Sabemos ya que el cine documental, la práctica de la antropología audiovisual, señalan un camino que se recorre a través de los imprevistos, improvisaciones que se dan en el campo. Así fui conociendo y sacando conclusiones a medida que aproximaba la cámara en el contexto del mapeo… Este productor ya conoce a tal… porque están hablando de tal proyecto, algunos se mantienen expectantes porque no conocen a nadie… hay reencuentros de realizadoras que descubren la proximidad de ideas respecto al cine comunitario… y así fui recreando mi propio mapa de relaciones durante la grabación.

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A las tres de la tarde estaba previsto que comience el mapeo. La sala en la que transcurrió la reunión no tenía mesas. Dos grandes mapas de Córdoba capital y alrededores se extienden sobre el piso de la sala principal del Centro Cultural Casa Revolución. Un trípode, dos cámaras de video y un grabador de sonido ya están dispuestos para registrar el segundo taller de mapeo colectivo del cine comunitario cordobés. Marcadores de diferentes colores y listados con las referencias comienzan a ser distribuidos para que los protagonistas nos cuenten cómo se extiende y configura su experiencia con el cine social comunitario.

Poco a poco los mapas se ven rodeados de ojos atentos, los recuerdos comienzan a fluir, las manos sostienen los elementos que quedarán como marcas de esas experiencias recordadas. Pronto surgen los encuentros relacionales entre las distintas experiencias en el territorio, algunas muy próximas, otras lejanas y novedosas se visibilizan en el gran mapa. Surgen los encuentros entre los productores, las realizadoras, algunos descubren las proximidades por compartir el mismo territorio; viejos vecinos y a su vez desconocidos… Los mapas allí extendidos destilan información en muchos niveles, y no solo para el equipo de investigación sino también para las participantes.

Se encienden unos reflectores. Ubicamos una cámara fija sobre un trípode en unos de los vértices de los mapas, esta cámara no tendrá operador hará una grabación sin interrupciones. Ubicamos un micrófono en medio de los mapas. Los primeros pasos para la construcción del espacio investigación-filmación estaban en marcha.

Los participantes del mapeo comienzan a circular alrededor de los mapas. Estos contienen la información del primer mapeo. Algunos de los participantes ya habían pasado por la experiencia anterior y son los responsables de la organización de la Red de cine social y comunitario, por tanto este mapeo ya dejaba entrever una relación consolidada con intereses comunes de parte de los integrantes del equipo de investigación y los directores y productores.

Esto reafirma lo expresado en la presentación del TMC por Molfetta (2016): “El territorio es un espacio socialmente construido entre todos, es por eso que la propuesta de hacer un mapeo surgió como una metodología apta para acercarnos, comprender y conocer cómo se construye el territorio de acción del cine comunitario en Córdoba” [10] .

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Reflexiones finales

En el trabajo de montaje se priorizaron los momentos en que los actores participantes de los TMC desplegaban su gestualidad ante los mapas, en los momentos donde la memoria se hacía presente para completar con información gráfica sus experiencias de las prácticas del cine comunitario y en el trayecto final del montaje se dio lugar a las conclusiones y puesta en común de la experiencia del mapeo. De los dos filmes socio-antropológicos que surgen de la experiencia en Córdoba se puede considerar que el cine comunitario cordobés tiene en sus bases la particularidad de conjugar en un mismo actor las diferentes disciplinas que hacen posible la realización cinematográfica. Como lo expresa Cristina Siragusa (2016) en el comienzo del primer TMC:

Una de las características de Córdoba es que en un mismo sujeto hay como tres o cuatro pertenencias. Hacer cine en Córdoba no es solo estar en un lugar, sino es estar en distintos lugares. Porque Córdoba ha generado en distintos momentos espacios de encuentro asociativos para poner en juego cuestiones que tengan que ver con demandas, luchas, búsquedas para concretar prácticas de cine en Córdoba. En ese marco cada uno de ustedes se ha puesto distintos “ponchos” para pelear distintas batallas. Hoy nuestra batalla es simplemente ponerlos en común, cosas que no sabemos que están sucediendo y a veces suceden en el barrio de al lado.

En el segundo TMC surge la necesidad de reflexionar sobre la noción de cine comunitario. ¿A qué procesos y prácticas está vinculada esta noción? De esta pregunta surgen algunas reflexiones en torno a la relación entre universidad-territorio, el cine comunitario en Córdoba tiene una marcada intervención en los barrios próximos a la Universidad, donde hay un floreciente número de estudiantes de cine y es en ese contexto en que el cine comunitario interviene: en el entramado que se da entre la necesidad de lxs estudiantes de cine de proponer procesos de alfabetización a través de talleres de cine. Siragusa (2017) realiza un seguimiento de distintos casos, entre ellos se destaca el proceso de creación de la película El chavo en el marco de un taller de cine infantil[11]:

Desde el punto de vista procesual se advierte un movimiento transversal que amalgama una instancia pedagógica de acercamiento, enseñanza y apropiación del lenguaje cinematográfico (con énfasis en el enseñar-a-hacer), una práctica dialógica de (re)conocimientos de mundos de vida (entre los universitarios-talleristas y los niños) y un acto académico en el que se insertó un pensamiento político de lxs estudiantes acerca del modo de concebir al cine que nutrió el espacio de la Universidad introduciendo temáticas y estéticas que recuperaron el ejercicio del arte comunitario.

Es a través de este tipo de experiencias que la noción de cine comunitario va ganando territorios tanto emocionales, en cada actor participante de estos procesos, como los territorios en el sentido de lugares de pertenencia donde lo comunitario florece en algunos casos con pequeños impulsos porque suelen ser territorios ya germinados por una trayectoria histórica muy arraigada. Una historia colmada de luchas a veces ganadas otras perdidas, pero donde los procesos comunitarios siempre estuvieron presentes. Un ejemplo de ello es el barrio Villa El Libertador como territorio impulsor de experiencias comunitarias desde los años sesenta y setentas.

Después de todo el trayecto recorrido con… las cámaras y los mapas… podemos concluir que estos dispositivos nos acercaron a un doble juego de la imagen. Por un lado en la cartografía filmada vemos los cuerpos en acción reflejando las prácticas desarrolladas en otro tiempo (2005-2015) que se expanden en el espacio (territorio del conurbano cordobés) y por otro las imágenes “estáticas” que quedan plasmadas en el mapa y que nos permiten un análisis interpretativo de aquellos “movimientos” surgidos en el espacio-tiempo de las producciones del cine comunitario.

En este entramado la antropología audiovisual se ofrece como herramienta metodológica, y nos lleva a plantear y a preguntarnos cómo reflejar esa experiencia a través del trabajo de campo con cámaras que registren las diferentes propuestas de producción, distribución y difusión. Así la filmación del mapeo colectivo surge como una estrategia que observa nuestro objeto en todas sus dimensiones. Nos permite ver las corporalidades, las gestualidades, las interacciones entre los actores implicados (productores, directoras, realizadores), observar las interrelaciones entre los diferentes grupos y a su vez tener una puesta visual de la expansión de su trabajo en todo el territorio.

En el mismo acto (puesta en escena) descubrimos cómo se fue construyendo el cine que empodera, vemos a estos actores plasmar en el mapa su quehacer, devolviéndonos así una imagen mapeada de su actividad y su expansión en el espacio y el tiempo.

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Referencias bibliográficas

Ardèvol, E. (1996). El vídeo como técnica de exploración. En: M. García; A. Martínez Pérez (Eds.). Antropología de los sentidos: la vista (pp. 79-104). Madrid: Celeste Ediciones.

Barrera, J. (2008). Prácticas cotidianas en los límites del espacio urbano y rural en Catalunya: el caso del centro social okupado Can Masdeu. (Informe final de investigación etnográfica) Subsidio del Instituto Catalán de Antropología ICA con antena de l’Inventari del Patrimoni Etnològic de Catalunya, Barcelona.

Comolli, J.L. (2002). Filmar para ver. Escritos de teoría y crítica de cine. Buenos Aires: Simurg.

De France, C. (1995). Cuerpo, materia y rito en el cine etnográfico. En E. Ardévol y L. Pérez Tolón (Eds.). Imagen y cultura. Perspectivas del cine etnográfico (pp. 221-254). Granada: Biblioteca de Etnología.

Geertz, C. (2005). La interpretación de las culturas. Barcelona: Catalunya. Gedisa Ed.

Grau, J. (2001). Antropología social y audiovisuales: Aproximación al análisis de los documentos fílmicos como materiales docentes. Barcelona, Catalunya: Ed.Publicacions d’Antropologia Cultural, Universitat Autónoma de Barcelona.

Guber, R. (2001). La etnografía, método, campo y reflexividad. Bogotá: Grupo Editorial Norma.

Guber, R. (2004). El salvaje metropolitano. Buenos Aires: Paidós.

Molfetta, A. (s/f). Proyecto de Investigación “El cine que empodera: mapeo, antropología y análisis del cine del Conurbano porteño y cordobés (2004-2014)”. Director: Dra. Andrea C. Molfetta (UBA-CONICET). Proyecto con aval y subsidio de CONICET (PIP 0733). Período: 2015-2017.

Filmografía

UBA-CONICET. (Productor). (2016). Filme socio-antropológico. Primer Taller de Mapeo Colectivo [HD]. Córdoba.

UBA-CONICET. (Productor). (2016). Filme socio-antropológico. Segundo Taller de Mapeo Colectivo [HD]. Córdoba.


  1. Licenciada en Diseño Gráfico UBA, Magíster en Antropología y Comunicación Audiovisual de la Universidad de Barcelona, documentalista, Co-directora y fundadora del Archivo Audiovisual Observatorio Sur (www.observatoriosur.com) donde realiza trabajos de investigación y programación, este proyecto está asociado al Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires. Actualmente desarrolla investigaciones en torno a la antropología audiovisual. Doctoranda de la Facultad de Ciencias Sociales – UBA. / j@observatoriosur.com
  2. La técnica del mapeo colectivo desarrollada por el colectivo Iconoclasistas, recuperado de www.iconoclasistas.net. El mapeo colectivo, “o recurso cartográfico crítico para procesos territoriales de creación colaborativa” es una técnica cartográfica colaborativa y grupal, en la que se estimulan y activan distintas formas de comprender y señalizar el territorio del GBA a través del uso de variados tipos de lenguaje, como símbolos, gráficas e íconos, que impulsan la creación de collages, frases, dibujos y consignas que los distintos protagonistas sociales van sumando al mapa.
  3. En la ciudad de Córdoba se realizaron dos talleres de mapeo colectivo. El primero se realizó en el Centro cultural Paseo de las Artes- Casa 13 en el mes de septiembre de 2016. El segundo se realizó en el centro cultural Casa Revolución en el mes de diciembre de 2016.
  4. Proyecto de Investigación “El cine que empodera: mapeo, antropología y análisis del cine del Conurbano porteño y cordobés (2004-2014)”.
  5. Recuperado de http://invicines.blogspot.com.ar/
  6. Prácticas cotidianas en los límites del espacio urbano y rural en Catalunya: el caso del centro social okupado Can Masdeu. En Jorgelina Barrera (2008). Informe final de investigación etnográfica (p.83), subsidio del Instituto Catalán de Antropología ICA con antena de l’Inventari del Patrimoni Etnològic de Catalunya, Barcelona.
  7. La observación diferida es un concepto desarrollados por John y Malcom Collier en su obra Visual Anthropology: Photography as a Reseca Method (1986). De France se refiere a este concepto como uno de los responsables de la modificación de la relación entre lenguaje y observación. La observación diferida para este trabajo fue importante porque permitió desarrollar un microanálisis de los mapeos y analizar cada intervención de los participantes.
  8. Para una explicación de la teoría socio-antropológica reflexiva (Guber, 2001).
  9. La localidad de Unquillo está ubicada en las cercanías de las sierras chicas a pocos kilómetros de la ciudad de Córdoba. La actividad realizada por este colectivo se centra en las prácticas de producción audiovisual desde un funcionamiento de toma de decisiones desde la horizontalidad y con una impronta narrativa que destaca la vida cotidiana en relación a diferentes problemáticas de la comunidad de Unquillo (salud, educación, género, etc.). Este colectivo está integrado por estudiantes y egresados de la carrera de cine y por vecinos de la localidad de Unquillo.
  10. UBA-CONICET, (Productor). (2016). Filme socio-antropológico. Segundo Taller de Mapeo Colectivo [HD]. Córdoba.
  11. Siragusa cristina, 2017. El taller comenzó en el año 2014 en el Centro Cultural del barrio Villa El Libertador (Córdoba, Argentina) como parte de un proyecto de extensión universitaria concebido como una experiencia de cine comunitario.


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