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1 ¿Atrapadxs entre el neoliberalismo y el populismo autoritario?

Movilización iliberal, feminismo corporativo y crítica anticapitalista

Jenny Gunnarsson Payne y Sofie Tornhill[1]

Poco más de una década después de que la crisis económica y financiera agitara el sistema capitalista, una lista de movimientos iliberales y populistas de derecha, de partidos y líderes en expansión ha emergido en la escena política internacional denunciando los preciados ideales de igualdad como una conspiración global guiada por lo que llaman “ideología de género”. En medio de un creciente proteccionismo nacionalista, de consolidadas políticas antiinmigración, de ataques al feminismo, a los derechos reproductivos de las mujeres y a los derechos LGBTQ, importantes corporaciones globales están adoptando públicamente posiciones en contra del racismo, del sexismo y de la homofobia, haciendo de esos compromisos características distintivas de sus marcas. Un ejemplo notable de esta tendencia: el helado Ben & Jerry comprado por Unilever lanzó varios gustos de helado con nombres creativos en defensa de la igualdad de género y de los derechos LGBTQ, tales como “Pecan resist” (nuez resiste) (esto es, contra Trump) y “Hubby, hubby” (a favor del matrimonio igualitario). Asimismo, el comercial de la empresa de afeitadoras Gillette inspirado en #Metoo, “The best a man can be” (lo mejor que un varón puede ser), recibió tanto elogios como desprecios por instar a los varones a responsabilizar a otros varones por sus prácticas sexistas. Las corporaciones globales que son percibidas como de apoyo a las comunidades feministas, antirracistas y LGBTQ están sujetas a movilizaciones iliberales y de derecha y a boicots.

En este momento, el feminismo crítico pareciera obligado a responder a dos tendencias supuestamente contradictorias pero, como sostenemos, interconectadas: por un lado, la articulación neoliberal de la igualdad de género y de la diversidad sexual como valores de sentido común compatibles con intereses empresariales y, por el otro, la denominación iliberal de género como constructo ideológico corrompido. Para discutir cómo la crítica queer y feminista podría navegar en este nuevo paisaje político y para acentuar la necesidad de estrategias que respondan a estas dos tendencias, nos enfocamos específicamente en el rol del poder corporativo en las luchas por la igualdad de género y la diversidad sexual. Dado que las políticas antigénero están consolidando un evidente impulso, pareciera razonable formar alianzas con todas las contrafuerzas que defienden los derechos humanos básicos (y que, de todos modos, ya conforman un frente unido enemigo a los ojos de los movimientos antigénero), pero ¿qué batallas políticas se corre el riesgo de perder en tal crisis estratégica y con qué consecuencias?

La despolitización del feminismo y el crecimiento de los movimientos antigénero

Los intereses corporativos en valores “extraeconómicos”, particularmente en la igualdad de género, no son nuevos. Académicxs feministas describieron la coincidente consolidación del neoliberalismo y del creciente impacto de ciertas demandas feministas con términos tales como feminismo neoliberal, postfeminismo y feminismo corporativo. Se expresaron dudas con respecto a que lxs feministas han fallado en ver cómo algunas de sus demandas podían ser muy fácilmente reconciliadas con la flexibilización neoliberal y el consumismo (Eisenstein, 2009, 2017; Elias, 2013; McRobbie, 2009; Power, 2009). Sin embargo, lo que ahora parece cada vez más evidente es que no puede darse por sentado el consenso en torno a la igualdad de género y a los derechos LGBTQ –aunque este sea instrumental y restringido– cuando las fuerzas políticas iliberales se unen con actores religiosos y seculares conservadores y totalmente fascistas en su oposición a la “ideología de género”. Habiéndose movilizado a lo largo de las últimas décadas, su impacto en la política es cada vez más influyente en países a ambos lados del Atlántico, y así se pone en contra de la transversalización de género, del trabajo para combatir la violencia contra las mujeres, de la antidiscriminación, de la educación sexual y del aborto.

Siguiendo a pensadoras como Wendy Brown y Chantal Mouffe, sostenemos que la hegemonía neoliberal de las últimas décadas ha preparado el camino para un retorno del autoritarismo. En la situación polarizada de la que estamos siendo testigxs hoy en día, lo que Mouffe (2016, 2018) ha llamado un momento populista, el género se ha vuelto un campo de batalla central entre diferentes bloques de poder político. Construyendo una “frontera interna” que llama a la “movilización de lxs ‘desamparadxs’ contra ‘aquellxs en el poder’” (Mouffe, 2018: 11; ver también Laclau, 2005), lxs actores antigénero están ganando terreno político articulando al enemigo en términos de una “elite global políticamente correcta”. A través de su operación hegemónica, la población LGBTQ, lxs feministas y todxs quienes promueven derechos sexuales, de género y reproductivos son enmarcadxs como formando parte de un régimen opresivo (ver también Kuhar & Paternotte, 2017; Wodak, 2015).

A raíz de esto, Elzbieta Korolczuk y Agnieszka Graff (2018) argumentaron recientemente que los movimientos antigénero emergieron como críticos inesperados del orden económico. En su perspectiva, se trata de un constructo ideológico expandido que incluye específicamente una oposición al capitalismo y a los valores liberales de individualidad, que representa un desplazamiento de la política conservadora antifeminista con un enfoque más estrecho en los derechos sexuales y reproductivos. Con un claro mayor impulso que el feminismo y la crítica de izquierda al capitalismo, parece importante examinar el contenido y las implicaciones de los argumentos antigénero, especialmente si, como Korolczuc y Graff sostienen, responden en parte a las vulnerabilidades causadas por el capitalismo global.

¿La corporación como enemigo común?

En lo que sigue esbozaremos lo que consideramos dimensiones clave de la crítica antigénero al capitalismo global y más concretamente a los proyectos y al poder de las corporaciones globales. A través de este pantallazo, nos proponemos identificar la oposición en tres niveles interrelacionados que, aunque desde perspectivas radicalmente diferentes, también son centrales para la crítica feminista de la economía corporativa.

En primer lugar, se retrata el poder corporativo y la gobernanza global como un frente antidemocrático. Según Gabriele Kuby, una de lxs principales teóricxs del movimiento antigénero, las redes de gobernanza están unificadas por una agenda común: difundir la “ideología de género” y socavar las normas de género en nombre de la antidiscriminación, con el fin último de crear un “nuevx ser humanx ‘generizadx’”. Operando sutil pero coordinadamente, estos poderes compuestos están reconstruyendo la humanidad como tal y, aunque se mantiene un barniz democrático, la sociedad está cada vez más marcada por lo que ella ha influyentemente descripto como “totalitarismo blando”: dice que “hay un orden básico democrático pero hay poderes incontrolables que ejercen su voluntad en los votantes y sus representantes elegidxs: los medios de comunicación y la oligarquía financiera” (Kuby, 2015: 11).

Desde su perspectiva, mientras que “la gente ordinaria” todavía ignora los efectos, quienes obstaculizan las agendas de reestructuración de estas nebulosas redes vieron su libertad drásticamente reducida; por caso, cristianxs que son criminalizadxs y patologizadxs como “homofóbicxs”. Del mismo modo, un video producido por la organización española Profesionales por la Ética que se llama “¿Qué es la ideología de género?” muestra la destrucción de la masculinidad y de la feminidad y la normalización de la homosexualidad como efectos de la conspiración entre feministas, homosexuales, instituciones y negocios internacionales que, así, ganan tanto influencia política como beneficios económicos. “La ideología de género”, explica, “resultó ser una forma extraordinaria de obtener financiamiento, poder político y negocios de proporciones sustanciales”. En esta teoría conspirativa, se representa a las corporaciones globales como problemáticas tanto en su rol de financiadoras, especialmente a través de sus fundaciones, como en tanto que productoras directas de “ideología de género”. La influencia y la presión de las fundaciones –sostiene el jefe de redacción de la página web cristiana y conservadora LifeSite– solía ser particularmente tangible en países en vías de desarrollo con una fuerte necesidad de entrada de efectivo que los forzó a cumplir las condiciones dictadas por lxs fundadorxs: ideología de género disfrazada de derechos humanos. Sin embargo, actualmente detecta un “nuevo frente” también en los países en vías de desarrollo. Refiriéndose a la presión de los negocios a gran escala sobre lxs gobernantes estatales para revocar las leyes que autorizan la exoneración de libertad religiosa en Estados Unidos, sostiene que a través de su poder económico y en nombre de la antidiscriminación, las corporaciones están en la posición de rebasar las decisiones democráticas.

En segundo lugar, se describe el poder corporativo y la organización del trabajo como dañando la privacidad de “la familia”. Se señalan algunas corporaciones y sus productos como particularmente dañinos, entre ellos las compañías farmacológicas involucradas con anticonceptivos, aborto, la industria bio-tech, las terapias de afirmación de género y la reproducción asistida. Se considera que los beneficios de tales sectores están supeditados al éxito de la “ideología de género”, que constituye su mayor justificación económica. Por ejemplo, la Dra. Jennifer Roback Morse, fundadora del Ruth Institute, expresa sus preocupaciones en una entrevista sobre “la industria del divorcio”, cuyo único propósito sería “separar a la pareja reacia de su matrimonio”. A su vez, se describe este desarrollo como un resultado de la Revolución Sexual, que consiste en tres componentes, a saber: la ideología de la contracepción, que desvincula el sexo de la reproducción; la ideología del divorcio, que promueve la separación del sexo y la procreación del matrimonio, y la ideología de género, que sostiene que “no hay diferencias entre varones y mujeres”, todos los cuales han sido “promovidos por las elites pudientes de nuestra sociedad” (The Catholic World Report, 21 de marzo de 2017). En uno de los habituales textos antiaborto de LifeSite, se critica a la industria por vender abortos con comisión a través de técnicas de telemarketing y por distribuir contraceptivos de baja calidad junto a instrucciones inadecuadas de cómo usarlos con el propósito de incrementar las ventas. Se describe a la organización Planned Parenthood como cómplice de la industria, puesto que combinan servicios de aborto con educación sexual para niñxs pequeñxs, lo cual promueve hipócritamente prácticas sexuales que llevan a embarazos no deseados y aborto.

En un nivel más general, se ven las actividades y beneficios de todas las corporaciones como basadas en una orientación de mercado, en identidades individuales y en la generalización de la masculinidad tradicional, con consecuencias perjudiciales para las mujeres y por lo tanto para lxs niñxs y la institución de la familia (heterosexual). Aquí, se retrata a lxs feministas como actores centrales, ya que intervienen en una relación edificada sobre intereses mutuos entre el Estado y el mercado para promover la productividad y, por lo tanto, devaluar y desatender el trabajo reproductivo de cuidado. En las páginas de LifeSite casi no se critica la interferencia política en la elección de las mujeres de ser madres a tiempo completo o de trabajar medio tiempo.

También se representa a las corporaciones como guardianas en la posición de excluir a aquellxs que no exhiben el conjunto correcto de actitudes y convicciones para el mercado del trabajo. Un posteo en el blog de LifeSite lista ejemplos desde una variedad de sectores en los que la gente fue “multada y algunxs perdieron sus trabajos y sustentos por criticar la homosexualidad o el ‘matrimonio’ homosexual”. En sus roles de empleadorxs, se describe a las corporaciones como vigilando y evaluando a sus presentes y potenciales empleadxs en consonancia con la perspectiva de la ideología de género, lo que implica que las distinciones y las recompensas están basadas en creencias y no en el desempeño. Así, estar en contra de la “ideología de género” puede tener un costo alto.

En tercer lugar, lxs actores antigénero condenan a las grandes corporaciones por su habilidad única de comunicación masiva, que puede ponerse al servicio de la normalización de la homosexualidad y de expresiones de género y constelaciones familiares no normativas. A través de comerciales y de otras estrategias de marketing, diseminan mensajes antidiscriminación a la “gente común”, incentivando especialmente a lxs jóvenes a correrse de los “valores tradicionales”.

En las vísperas del referéndum 2012 sobre la definición legal del matrimonio en la Constitución del estado de Minnesota (Estados Unidos), por ejemplo, se reportó en LifeSite que la compañía de comida General Mills había anunciado públicamente su oposición a tal enmienda,[2] y ello por “diversidad e inclusión”. Por lo tanto, se argumentó, General Mills había “efectivamente declarado la guerra a sus clientxs”, es decir, a las mismas familias que estaban comprando sus productos. El director de la Minnesota for Marriage Campaign (Minnesota por la Campaña para el Matrimonio) fue citado al expresar su decepción porque General Mills hubiera “decidido jugar políticas PC (políticamente correctas) mediante la explotación de un pequeño pero poderoso grupo de interés que se vendió a la redefinición del matrimonio, la institución central de nuestra sociedad”, pero también por arriesgar así el “cuidado y bienestar de la próxima generación” (Baklinski, 2012).

Otra compañía que ha estado en la mira por promover la “ideología de género” a través de sus campañas publicitarias es Coca-Cola. LifeSite criticó una de las publicidades de la compañía que se mostró durante el Super Bowl, cuando escribió que “El Super Bowl de la publicidad de Coke es solo el último paso en la creciente campaña gubernamental-corporativa para normalizar la homosexualidad en la cultura”. Por lo tanto, sostienen, “lxs estadounidenses están condicionadxs a aceptar la perversión sexual como normal y buena, y hay mucha plata corporativa detrás de ello” (LifeSite, 4 de febrero de 2014).

En este pantallazo de la crítica antigénero a las prácticas y la influencia corporativas podemos ver en los tres niveles ciertas superposiciones con la crítica feminista del neoliberalismo y de las relaciones capitalistas de producción, reproducción y consumo. La literatura sobre políticas de género corporativas aborda el rol de lxs actorxs corporativxs en estructuras de gobernanza público-privadas, situadas en múltiples lugares, que se formaron alrededor de la justificación económica del empoderamiento de las mujeres. Al igual que la crítica arriba presentada, señalan la rentabilidad implicada en los compromisos con la igualdad de género, usualmente referidos como “economías inteligentes”, y la antidemocrática falta de posibilidad para responsabilizar a las corporaciones por sus emprendimientos. Sin embargo, mientras que lxs feministas ven las demandas por la igualdad de género instrumentalizadas por razones de crecimiento corporativo, la crítica antigénero ve a las corporaciones como peones en el avance de la “ideología de género”.

Sin dudas, la relación entre trabajo productivo e improductivo es uno de los temas de más larga data en la teorización feminista. Se considera que las corporaciones se benefician de lo que, con Nina Power (2009), puede conceptualizarse como “la laborización de las mujeres”: la incorporación a escala global de las mujeres en el trabajo pago que conlleva el remplazo de la norma del varón proveedor por la expectativa de la participación de todxs en el mercado. Sin un desplazamiento correspondiente en la organización del trabajo de cuidado no pago, el tiempo de las mujeres parece ser un recurso completamente elástico, tanto en el mercado como en la esfera privada (Keating et al., 2010; Roy, 2010: 69, Bergeron, 2011). De nuevo, hay una semejanza con la lógica antigénero: se obtienen beneficios si todxs lxs miembrxs de la sociedad se evalúan en función de su participación en el mercado y adoptan identidades orientadas al mercado, mientras se ignora la necesidad del trabajo de cuidado.

Reflexiones para concluir: crítica feminista entre la cooptación y el populismo iliberal

Por más contraintuitivo que parezca, lo que los argumentos antigénero y feministas contra las prácticas y la influencia corporativas intentan hacer es precisamente repolitizar un conjunto de fenómenos que el neoliberalismo ha despolitizado. En las discusiones sobre la cooptación del feminismo, a menudo se argumenta que lxs feministas han fallado en producir una crítica adecuada del neoliberalismo. Sin embargo, el problema no es que no haya crítica, sino que la crítica feminista que sí existe demanda una transformación a fondo del sistema capitalista como tal. En la medida en que la posición antigénero floreció en un contexto de crisis económica y creciente precariedad, por lo visto no precisaría presentar alternativas al aspecto económico del neoliberalismo para recibir amplio apoyo. Por el contrario, es perfectamente compatible con las estrategias capitalistas neoliberales de acumulación y el empeoramiento de las condiciones para la clase trabajadora.

En lugar de eso, la crítica antigénero demanda que el capitalismo se reajuste a los “valores tradicionales”. Como ha dicho Brown, esto se sigue lógicamente de la misión neoliberal de expandir la libertad “designando más y más actividad como privada, es decir, no regulada de manera apropiada y no protegida de manera apropiada por las normas democráticas” (2018: 65). Con el retorno de los “valores familiares”, la crítica antigénero del poder corporativo no apunta primariamente (si acaso lo hace) a las desigualdades económicas producidas por las políticas neoliberales o a las malas condiciones de trabajo, sino más bien a las formas en las que perciben las intervenciones políticas de las corporaciones, como aquellas que realiza el Estado, para restringir la libertad y la integridad de “la familia”.

Si, como se ha argumentado extensamente, la política neoliberal y las desigualdades socioeconómicas han preparado el camino para el giro autoritario en el cual se han desarrollado las políticas antigénero, una constante legitimación de soluciones corporativas a las desigualdades no alcanzará. De hecho, los apoyos corporativos para la igualdad de género y los derechos LGBTQ no implican un compromiso con la igualdad como tal, sino que más bien funcionan para encubrir la discrepancia entre sus afirmaciones retóricas y las persistentes desigualdades que los beneficios corporativos generan. Además, su apoyo es poco fiable porque en última instancia el beneficio sigue siendo el motivo general en la decisión de qué luchas políticas apoyar (el matrimonio igualitario es más atractivo para una publicidad de helado que el aborto). En la economía corporativa y la racionalidad neoliberal los valores de la inclusión y la libertad se separan de su sentido democrático, volviendo apolítica toda respuesta corporativa a las amenazas contra la igualdad.

Por el contrario, la movilización antigénero ofrece una respuesta política a los efectos desdemocratizantes del poder corporativo, a saber: la restauración de las identidades de género estables –y naturales–, que son vistas como los cimientos de la sociedad y la civilización humana. Esto, argumentan, solo puede hacerse restituyéndole el poder al “pueblo”, a lxs ciudadanxs ordinarixs, de las elites globales. En este complejo paisaje político, parece crucial para lxs feministas insistir en redirigir el espíritu antisistema hacia la elite económica, al mismo tiempo que declinar la “amistad” con los actores corporativos y reconfigurar la “enemistad” con ambas fuerzas, cuyo rasgo común es que se benefician de las jerarquías sociales, haciendo eternamente inalcanzable la perspectiva de la igualdad.

Bibliografía citada

Bergeron, S. (2011). “Economics, Performativity, and Social Reproduction in Global Development”. Globalizations 8 (2), pp. 151-161.

Brown, W. (2018). “Neoliberalism’s Frankenstein: Authoritarian Freedom in Twenty-First Century “Democracies”. Critical Times 1 (1), pp. 60-80.

Eisenstein, H. (2009). Feminism Seduced: How Global Elites use Women’s Labour and Ideas to Exploit the World. Colorado: Paradigm Publishers.

Eisenstein, H. (2017). “Hegemonic Feminism, Neoliberalism and Womenomics: Empowerment instead of Liberation?”. New Formations 91, pp. 35-49.

Keating, C.; Rasmussen, C. y Rishi, P. (2010). “The rationality of empowerment: Microcredit, accumulation by dispossession, and the gendered economy”. Signs: Journal of Women in Culture and Society 36 (1), pp. 153-176.

Korolczuk, E. y Graff, A. (2018). “Gender as ‘Ebola from Brussels’: The Anticolonial Frame and the Rise of Illiberal Populism”. Signs: Journal of Women in Culture and Society 43 (3), pp. 797-821.

Kuby, G. (2015). The Global Sexual Revolution: Destruction of Freedom in the Name of Freedom. Kettering: Angelico Press.

Kuhar, R. y Paternotte, D. (2017). Anti-Gender Campaigns in Europe: Mobilizing Against Equality. London: Rowman & Littlefield.

Kuhar, R. y Paternotte, D. (2017). “Introduction”. En Kuhar y Paternotte (eds.), Anti-Gender Campaigns in Europe: Mobilizing Against Equality. London: Rowman & Littlefield, pp. 1-22.

Laclau, E. (2005). On Populist Reason. London & New York: Verso.

McRobbie, A. (2009). The Aftermath of Feminism: Gender, Culture and Social Change. London: SAGE Publications.

Mouffe, C. (2016). “The populist moment”. Open Democracy, 21 November. Recuperado de https://bit.ly/2OQ9Sv8.

Mouffe, C. (2018). For a Left Populism. London & New York: Verso.

Power, N. (2009). One Dimensional Woman. Hants: O Books.

Roy, A. (2010). Poverty capital: microfinance and the making of development (1ra. ed.). New York: Routledge.

Wodak, R. (2015). The Politics of Fear: What Right Wing Populist Discourses Mean. London: Sage.

Fuentes de datos empíricos

Baklinski, T. (2012). “Bye Bye Cheerios?: General Mills announces support for gay ‘marriage’”. LifeSite (15 June). Recuperado de https://bit.ly/2Ufhj57.

Graves, J. (2017). “Fighting the ideologies of contraception, divorce, and gender”. The Catholic World Report (21 March). Recuperado de https://bit.ly/2TYubaS.

Johnson, B. (2014). “Multilingual Coke ad featuring gay couple part of ‘corporate campaign to normalize homosexualirt’”. LifeSite (4 February). Recuperado de https://bit.ly/2HZgR4i.

LifeSite (online magazine). Recuperado de www.lifesitenews.com/.

“What is Gender Ideology?”. Recuperado de https://bit.ly/2ONJ272.


  1. Traducción de Malena Nijensohn.
  2. Las autoras se refieren a la enmienda 1, también conocida como la “enmienda al matrimonio gay en Minnesota”. Es una enmienda constitucional aprobada en 2011 que prohíbe el matrimonio entre parejas del mismo sexo-género en el estado de Minnesota [NdT].


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